miércoles, 26 de octubre de 2011

EL PURGATORIO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Desde Ecce Christianus tomamos este artículo que demuestra que, contrario a lo que afirman los herejes protestantes, EL PURGATORIO SÍ EXISTE, ES DOCTRINA BÍBLICA Y ES DEBER DE LOS QUE ESTAMOS VIVOS ORAR POR LAS ÁNIMAS QUE ALLÁ ESTÁN.
El Purgatorio es el lugar donde las almas que son dignas de salvación expían sus culpas antes de entrar a la Gloria celestial

El único lugar del Antiguo Testamento que ofrece una seria garantía en torno a la existencia del Purgatorio es el clásico y tradicional segundo libro de los Macabeos. Tan claro es, que el mismo Lutero, dándose perfecta cuenta de que con él se venía abajo su rotunda negación de que la Biblia hable del Purgatorio, soslayó la dificultad insuperable negando el carácter canónico del famoso libro.
El rebelde Lutero excluyó de SU "Biblia" todos los libros que estaban en contra de su herejía (v. g., el Libro  II de los Macabeos)

Nos advierte que, aparte de lo gratuito e infundado de su afirmación, todavía, negada su canonicidad, sería un testimonio histórico de primer orden para probar la fe del pueblo israelita en las purificaciones de ultratumba.

He aquí el famoso episodio relatado en el libro segundo de los Macabeos:

En el libro II de los Macabeos está la prueba bíblica (en el Antiguo Testamento) de la existencia del Purgatorio (Grabado "Judas Macabeo frente al ejército de Nicanor", Gustave Doré)

Al día siguiente de su victoria sobre Gorgias, Judas Macabeo descubrió bajo las túnicas de sus soldaos caídos en el campo de batalla algunos objetos idolátricos procedentes del pillaje de Jamnia, ciudad que habían destruido y saqueado poco antes. Estos objetos, según la ley judía, eran esencialmente impuros, por haber sido consagrados a los ídolos. Los soldados caídos habían cometido, por consiguiente, un pecado por haberlos retenido junto a sí. Todos vieron en su muerte un castigo de Dios por tal pecado.

Entonces:

“Todos bendijeron al Señor, justo juez, que descubre las cosas ocultas. Volvieron a la oración, rogando que el pecado cometido les fuese totalmente perdonado; y el noble Judas Macabeo exhortó a la tropa a conservarse limpios de pecado, teniendo a la vista el suceso de los que habían caído, y mandó hacer una colecta en las filas, recogiendo hasta dos mil dracmas, que envió a Jerusalén para ofrecer sacrificios por el pecado; obra digna y noble, inspirada en la esperanza de la resurrección; pues si no hubiera esperado que los muertos resucitarían, superfluo y vano era orar por ellos. Más creía que a los muertos piadosamente les está reservada una magnífica recompensa.OBRA SANTA Y PIADOSA ES ORAR POR LOS MUERTOS. Por eso hizo que fuesen expiados los muertos, para que fuesen absueltos de los pecados.” (2 Mach. 12, 41-46).

Toda la tradición cristiana ha considerado este texto como demostrativo de la existencia del purgatorio. Sin duda ninguna, Judas Macabeo vió ante todo la futura resurrección de los soldados caídos; pero para que en la futura resurrección puedan tener parte entre el pueblo de Dios es preciso que se purifiquen antes del pecado cometido. Tal es la finalidad de la colecta que envió a Jerusalén para ofrecer sacrificios por aquel pecado. Los soldados caídos no estaban, por consiguiente en el infierno, donde no hay remisión posible. Habían cometido una culpa que necesitaba el perdón de Dios; pero ese perdón podía ser obtenido en la otra vida a base de expiaciones ofrecidas acá en la tierra. No se trataba, pues, de un pecado grave -que les hubiera acarreado la condenación eterna-, sino de un pecado leve (por ignorancia de la ley o por conciencia errónea) o, al menos, de un pecado grave del que se arrepintieron antes de morir, como ocurrió con muchos de los que murieron anegados por las aguas del diluvio. He ahí con toda claridez y nitidez la doctrina católica sobre el Purgatorio, aunque no se emplee materialmente esa palabra. La situación en que se encontraban las almas de los soldados caídos es precisamente la que nosotros designamos con la palabra Purgatorio: un lugar o estado donde se purifican las almas buenas, pero no exentas de toda mancha, antes de entrar en el cielo, y las cuales podemos ayudar con nuestras oraciones y sufragios.

El mejor sufragio que a las ánimas del Purgatorio le podemos dar es: EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA

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