martes, 22 de octubre de 2013

REFUTACIÓN DEL ANTIMILENARISMO DEL P. ÁLVARO CALDERÓN, POR EL PADRE BASILIO MÉRAMO

EL CEREBRO GRIS ANTIAPOCALÍPTICO Y ANTIMILENARISTA DE LA REJA AL FIN PELA EL COBRE

Muy lamentablemente en su libro: “Prometeo”, el Padre Álvaro Calderón, fija su posición antimilenarista y antiapocalíptica, y espero, puesto que no he tenido tiempo de leerlo completamente, no tenga los errores y las imprecisiones sobre el Magisterio de la Iglesia contenidos en su libro: “La Lámpara bajo el Celemín”, donde contradictoriamente califica el magisterio del Concilio Vaticano II como un magisterio auténtico no infalible. Esto es un adefesio, teológicamente hablando, que no se puede concebir, pues todo legítimo y auténtico Concilio Ecuménico es por definición y principio infalible, como se puede por lo que afirma un teólogo como Marín Sola O.P.: “Está revelado que ‘todo Concilio ecuménico es infalible’, o lo que es lo mismo, está revelado que ‘todo Concilio es infalible si es ecuménico’. Es así que tal Concilio es ciertamente ecuménico: Luego tal Concilio es infalible”. (La Evolución Homogénea del Dogma Católico, ed. BAC Madrid 1963, p.435), o también: “La proposición universal de que ‘todo Concilio ecuménico es regla de fe’ tiene el sentido de que ‘todo Concilio es regla de fe, si es ecuménico’”. (Ibídem, p. 435). Queda claro y más que claro: clarísimo, a menos que se posea una deficiencia neuronal, que no puede existir un Concilio Ecuménico no infalible, si es ecuménico es por definición (de fe) infalible, y si no es infalible, no es un Concilio de la Iglesia. ¿Qué es, entonces, el atípico Concilio Vaticano II no infalible?: es un Pseudo Concilio o Conciliábulo, y si me apuran el Gran Conciliábulo de la Nueva Iglesia Conciliar o Pseudo-Iglesia del Anticristo Religioso (el Pseudo-Profeta una la Bestias infernales del Apocalipsis).

Sería, además, un grave desliz teológico imperdonable el considerar el Magisterio Extraordinario Universal de la Iglesia, (cual es el de todo legítimo, auténtico y verdadero Concilio Ecuménico) como un magisterio simplemente auténtico no extraordinario ni infalible. Esto es confundir los términos conceptuales y teológicos, y además no saber que todo magisterio de la Iglesia que sea extraordinario y universal es auténtico e infalible, no pudiendo existir un puro Magisterio Extraordinario Universal auténtico que no sea a la vez infalible, como debe ser todo Concilio Ecuménico legítimo y verdadero. Pensar lo contrario es herético.

Portada del libro “La Lámpara bajo el Celemín”, del padre Álvaro Calderón. En él se presenta al Vaticano II como “un magisterio auténtico e infalible” (AFIRMACIÓN QUE EN SÍ MISMA ES FLAGRANTE HEREJÍA)

Por si fuera poco el P. Calderón formula la siguiente herejía, al decir: “Que no todo el magisterio extraordinario solemne es infalible”. (Lámpara bajo el Celemín, p.36); esto es una herejía, pues como dice el Código de Derecho Canónico (de 1917): “Hay que creer con fe divina y católica todo lo que se contiene en la palabra de Dios escrita o en la tradición divina y que la Iglesia por definición solemne o por magisterio ordinario y universal propone como divinamente revelado. El dar definiciones solemnes pertenece tanto al Concilio Ecuménico como al Romano Pontífice cuando habla ex cathedra”. (Canon 1323). Es evidente que todo Magisterio Extraordinario o solemne, que es lo mismo, es infalible, sea el Magisterio Extraordinario Universal o solemne del Papa solo, llamado ex cathedra, o el Magisterio Extraordinario Universal de la Iglesia en los Concilios Ecuménicos legítimos. ¡Cómo es que a un profesor de reputado calibre teológico, se le escapa tamaño error! Pero no quiero seguir con el análisis de ese libro, pues no es el objeto de este escrito, el cual quiere poner los puntos sobre las íes con respecto al tema del Milenarismo que niega el susodicho profesor, quien goza de reputación teológica para libar, no la miel, sino el pestífero veneno antiapocalíptico y antimilenarista, valiéndose quizás de un supuesto prestigio intelectual como quien es rey en país de ciegos siendo tuerto.

Pues dicho sea de paso, y para muestra un botón, en el campo filosófico y metafísico, el P. Calderón no ha llegado a captar con su entelequia el valor y profundidad del metafísico, quizás el más grande de la historia después de Santo Tomás de Aquino, el Padre Cornelio Fabro, quien contaba como anécdota lo que de él decía el P. Meinvielle, según refiere uno de sus biógrafos: “Cerrando la conferencia que pronunciara en la Pontificia Universidad ‘Angelicum’, con ocasión del homenaje a sus 80 años, el P. Fabro comentó a modo anecdótico: ‘Me acuerdo de nuestro querido amigo el P. Meinvielle; el P. Meinvielle decía: -¿Es posible, es posible que después de siete siglos de tomismo tan sólo el Padre Fabro haya vuelto a entender el acto de ser? ¿Es posible…?’”. (P. Elvio Fontana, In Memoriam R.P. Cornelio Fabro, p.31). Afirmación ésta, cuya exactitud me tomé el trabajo de averiguar, ante uno de sus discípulos, el profesor universitario Andrea Dalledonne, quien me lo confirmó como totalmente cierto.

Y ahora, el P. Calderón pela el cobre (pues podría haberlo esquivado ya que el tema de su libro no está directamente relacionado con el milenarismo, pero su fobia no pudo contenerse y de algún modo tenía que aflorar tarde o temprano). No fue capaz de manifestar su antimilenarismo cuando, ya hace varios años en el Seminario de la Reja, le hiciera de frente, el cuestionamiento diciéndole: Padre, cuál es su problema con el P. Castellani, y él muy suavemente dijo que no tenía ningún problema con el P. Castellani, que incluso no lo conocía bien. Y esto se lo pregunté, porque ya se rumoraba un cierto negativismo de parte suya, llegando a decir que el P. Castellani no era un teólogo, siendo que su mismo padre, don Rubén Calderón Bouchet, no dejaba de manifestar con gran admiración el calibre teológico del P. Castellani, como se puede ver en el estudio preliminar que este hiciera al libro Las Canciones de Militis: “Castellani es un teólogo en el sentido cabal del término, uno de esos que, sin ser dominico, ha hecho suyo el lema de aquella orden: ‘contemplari et contemplata aliis tradere’. Insistiendo: “Repetimos que Castellani, es ante todo un teólogo…”. Y más adelante vuelve a repetir: “Castellani es nuestro teólogo y también nuestro profeta”. (ed. Dictio, Buenos Aires 1977, p. 9-10 y 12). Pero como no hay peor cuña que la del mismo palo, el hijo contradice a su propio padre, que creo que sabía un poquito más que él al respecto. Y como es sabido la ignorancia es atrevida y la juventud presuntuosa, hoy en día cualquiera se permite decir cualquier cosa y los hijos contradecir a sus padres.

Ahora, para colmo el P. Calderón se atreve a decir que el: “milenarismo ha sido una ilusión judaizante, que ha tentado siempre a los inconformes con el estado actual de cosas”. (Prometeo, p.83). Y en la nota de pie de página le adjudica todo este error al iluminado abad Joaquín de Fiore, como si el milenarismo no hubiera tenido nada que ver como doctrina común de la Iglesia durante sus tres o cuatro primeros siglos, nada que ver con San Juan, y a través de San Policarpo, con San Ireneo, lo cual evidencia que la doctrina milenarista viene en línea directa de San Juan.

El Apóstol San Juan fue el primero en hablar de que satanás el diablo será encadenado por mil años, y que durante ese tiempo Jesús reinará con sus Santos (cf. Apocalipsis XX, 1-6). Por ello, el Milenarismo desciende directamente de él.

Además el P. Calderón, habla de milenarismo, sin hacer ninguna clase de distinción, ya sea porque para él se trata de uno solo, o que meta a todos en el mismo saco sin distinguir que hay un milenarismo patrístico que fue doctrina común en la Iglesia primitiva y otro el milenarismo craso y carnal del hereje judaizante Cerinto.

El no distinguirlo es grave y un error imperdonable en alguien que se las da de maestro y para que quede refutada la insulsa y estulta aseveración del eminente profesor, baste citar las siguientes palabras del P. Castellani retrucando: “En fin, los milenistas son ‘judaizantes’. ¿Pero, qué cosa más judaizante que esperar un gran triunfo terreno de la Iglesia antes de la segunda venida de Cristo? El actual socialismo comunista, por ejemplo, es netamente milenista carnal (y ateo), es decir, ‘judaizante’ ”. (El Apokalypsis, ed. Paulinas 1963, p.87).

En “Prometeo, la religión del hombre”, Álvaro Calderón se muestra decididamente defensor de sus errores expuestos en su libro anterior, y califica el Milenarismo de los Padres de la Iglesia como “ilusión judaica”

Los antimilenaristas, como hace ver el P. Castellani, son milenaristas al revés, como se puede observar: “Doctores de la Fe se pretenden estos, y son tenidos de muchos por tales: incluso publican libros con aprobaciones episcopales: en gran peligro de ser engañados andan hoy los fieles. Uno de ellos muy famoso del siglo XIX (muchos de ellos hoy día) enseñó que la Iglesia, antes del Juicio Universal, tiene que llegar a un triunfo y prosperidad completas, en que no quedará sobre el haz de la tierra un solo hombre por convertir (‘un solo rebaño y un solo Pastor’) y sin más ni más, se cumplirán todas las exuberantes profecías viejotestamentarias. De acuerdo a algunas profecías privadas, se imaginan al Papa (al ‘Pastor Angélico’ que debería haber sido Pío XII) reinando sobre todo el mundo apoyado en un Monarca Católico vencedor (que los franceses dicen ser francés, ¿Enrique V? o ¿Luis Carlos I? pues hasta el nombre le saben; los alemanes que será alemán, etc.) el cual sin embargo mandará menos que el Papa, pues el Papa mandará en todo el mundo y así en Santas Pascuas y grandes fiestas ¡hasta la resurrección de la carne¡ y después a mayores fiestas.… Es el mismo sueño carnal de los judíos, que los hizo engañarse respecto a Cristo. Estos son milenistas al revés. Niegan acérrimamente el Milenio metahistórico después de la Parusía, que está en la Escritura; y ponen un Milenio que no está en la Escritura, por obra de las solas fuerzas históricas, o sea una solución infrahistórica de la Historia; lo mismo que los impíos ‘progresistas’, como Condorcet, Augusto Comte y Kant; lo cual equivale a negar la intervención sobrenatural de Dios en la Historia; y en el fondo, la misma inspiración divina de la Sagrada Escritura”. (Ibídem, p.366-367).

Por esta razón, es que el P. Castellani dice que el remedio es el Apokalypsis: “El Apokalypsis es el único antídoto actual contra esos ‘pseudoprofetas’”. (Ibídem, p.367).

El tema del Milenarismo es de gran trascendencia, como lo podemos ver por lo que sigue: “El Reino de los Mil años: es la parte más dura, difícil y discutida de la Profecía de San Juan; pero es a donde toda ella confluye. La verdad es que si Dios se hizo hombre en la persona de Jesús de Nazareth, no cabe asustarse de cosa alguna por grande y extraordinaria que sea (pues más que estotra no puede serlo) con tal que se encuentre realmente en las Sagradas Letras; como se encuentra el Reino Milenario”. (Ibídem p.296).

El Reino Milenario de Cristo es el eje central del Apocalipsis

Y por esto advierte el P. Castellanni que: “La otra alternativa, la de interpretar alegóricamente las profecías mesiánicas y aplicarlas a la Iglesia actual, tiene un efecto pavoroso: la Biblia se convierte en literatura; y por cierto, en mala literatura”. (Ibídem, p.296-297).

En cambio, si nos atenemos al sentido literal, la cosa cambia: “Si se tiene sinceramente que la Biblia es ‘la palabra de Dios’, entonces hay que aceptar que su sentido literal responde a cosas, que son tan grandes o más de lo que suenan las palabras; esas cosas no se han verificado todavía muchas dellas; y que se habrán de verificar; y por cierto, PRONTO, como dice siete veces Juan Apokaleta. La ‘palabra de Dios’ no puede ser un centón de metáforas extravagantes y adivinanzas desaforadas de unos pobres rapsodas orientales a medio civilizar. Blasfemia es esto”. (Ibídem, p.297).

El grave problema, es que los restauracionistas antiapocalípticos, aun siendo tradicionalistas, no se dan cuenta que caen en el error de la falsa esperanza progresista (dialéctica y judaica) modernista: “… pero también y paralelamente, el proceso de defensa y de final Restauración, dependiente no de las fuerzas humanas, sino de la potencia suprahistórica que gobierna la Historia; la cual debe ser por hipótesis, infaliblemente triunfante. La Profecía medica por lo tanto las dos actitudes de orden profano que permean el mundo actual, tan visibles en su literatura: la del terror sin esperanza, y la de la pseudo-esperanza alocada de los ‘progresistas’ y ‘evolucionistas’”. (Ibídem, p.374).

No olvidemos que una de las características del Anticristo Religioso, la Bestia de la Tierra, que tiene el nombre propio de Pseudoprofeta, es la siguiente: “Y la Bestia de la tierra se parece al Cordero, ‘hace prodigios y portentos’, promete la felicidad y habla palabras hermosas, llenas de halago. Promete el Reino en este mundo, como Cristo. El Reino en este mundo, por las solas fuerzas del hombre, como el Dragón le prometía a Cristo, en el Monte de la Tentación”. (Ibídem, p.260-261). Tal como está haciendo hoy Francisco con tanto éxito, aclamado por todos los medios de información mundial, y como han hecho Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Francisco Bergoglio es un Pseudoprofeta antiapocalíptico que, como Juan Pablo II y Benedicto XVI, opone al Reino de Dios por un Nuevo orden mundial.

Es evidente que estos agentes del mal lo que buscan es el Paraíso Terrenal: “El Capitalismo y el Comunismo, tan diversos como parecen, coinciden en su fondo; digamos en su, núcleo ‘místico’: ambos buscan el Paraíso Terrenal por medio de la Técnica; y su ‘mística’ es un mesianismo tecnólatra y antropólatra, cuya difusión vemos hoy en día por todos lados, y cuya dirección es la deificación del Hombre; la cual un día se encarnará en Un Hombre”. (Ibídem, p.347).

Capitalistas y comunistas buscan un sólo deseo: establecer la deificación del Hombre. Por ello se da el culto a la personalidad, precursor del Anticristo.

Por esto hay que tener presente que se trata de una lucha eminentemente religiosa, doctrinal, de fe, más que de guerras, aunque las puede haber: “Actualmente existe una crisis mayor que todas las precedentes. Ella es gravísima y universal. Una cantidad de instituciones se han derrumbado, y de barreras han caído. El mundo se ha nivelado (‘y montañas ya no hay’) y tiende a amalgamarse. Fenómenos nefastos de gran calibre, dos Guerras Mundiales, hemos sido testigos de ellas. La nueva ‘Era Atómica’. Contemplemos otros puntos. Los judíos sabían mucho del Reino del Mesías, pero no sabían claramente de los Dos reinos de Cristo, o sea de sus Dos Venidas. Los Profetas hablaban de ambas per modum uníus, unitariamente; sea porque así fue la inspiración divina, sea porque las profecías escritas están ‘amontonadas’, por decirlo así, por los escribas que recogieron y recibieron los diversos recitados orales; en las cuales quizá se distinguían los dos géneros: ‘profecías mesiánicas’, y ‘profecías esjatológicas’, como hacemos hoy día; ya que sabemos el Mesías vino y fundó un Reino, y no siguió de inmediato el triunfo temporal y el OTRO Reino perfecto, las Bodas del Cordero, y la Restauración del Trono de David (‘y le dará Dios el trono de David su padre, y su Reino no tendrá fin’ - dice el Ángel a Nuestra Señora) de donde la Exégesis de inmediato debió después de Cristo distinguir los dos sucesos. (…) Sea como fuere, cuando vino el Mesías, los judíos SE EQUIVOCARON. Este es uno de los fenómenos más asombrosos y la tragedia más grande que ha habido en el mundo. Estaban bastante preparados a equivocarse desde tiempo hacía. Habían dejado caer de su vista los vaticinios del Mesías sufrido y manso, redentor de pecados, impartidor de conocimiento religioso, y jefe de un reino pacífico y paciente; y esperaban (y exigían) el Rey triunfante de la Segunda Venida. En suma, quisieron la Segunda Venida, sin la Primera, pasando por alto las indicaciones que en los Profetas, aunque sea de paso, las distingue; y muy claramente en Daniel. (…) Una vez hubieron decidido, el Mesías TENÍA QUE SER ASÍ, como ellos lo soñaban, inevitablemente los Judíos tenían que matar al Mesías real”. (Ibídem, p.363-364).

Comentando el P. Castellani sobre la Iglesia de Thyatira, una de las Siete Iglesias del Apocalipsis, señala: “El ‘premio’ prometido a esta Iglesia, a los que vencieren (de hecho el poder mundial de la Monarquía Cristiana se manifiesta al final de ella) a diferencia de todos los otros seis: es TEMPORAL, como ya está notado. Para los que tienen la teoría milenista, esta anomalía no hace dificultad ninguna: TODAS las promesas de Cristo ‘a los que vencieren’ se cumplen en el período de paz, triunfo y esplendor religioso (el Milenio) que seguirá a la Parusía y al derrocamiento del Anticristo; y son a la vez como si dijéramos temporales y eviternos”. (Ibídem, p.54).

Y como hace ver el P. Castellani: “Cristo debe volver. Debe volver pronto. Y a medida que su retorno se aproxima, por fuerza se deben hacer más claras las Promesas de sus Santos y las Visiones de sus Videntes. Volverá no ya a ser crucificado por los pecados de muchos, sino a juzgar a todos, no como Cordero de Dios, sino como Rey del Siglo Futuro. Volverá para poner a sus enemigos de alfombra de sus pies, a restaurar y restituir para su Padre todas las cosas, arrojado de ellas y amarrado el Príncipe de este mundo; volverá en el clímax de la más horrenda lucha religiosa que han visto los siglos, en el ápice mismo de la Gran Apostasía y de la tribulación colectiva más terrible después del Diluvio, cuando sus fieles estén por desfallecer y esté por perecer toda carne”. (Ibídem, p. 90-91).

Tenemos que la única restauración verdadera es la realizada por Cristo Rey en el Gran Día, lo cual descarta de plano las falsas restauraciones por mano de los hombres: “El término de la historia será una catástrofe, pero el objetivo divino de la historia será alcanzado en una metahistoria, que no será una nueva creación, sino una ‘trasposición’; pues ‘nuevos cielos y nueva tierra’ significa ‘renovadas todas las cosas’ de acuerdo a su prístino patrón divinal”. (Ibídem, p.149).

El Milenarismo Patrístico claramente enseñado por San Ireneo lo podemos apreciar con este y los siguientes textos: “(…) vendrá entonces el Señor desde los cielos y sobre las nubes, en la Gloria de su Padre, y mandará al estanque de fuego al Anticristo con sus fieles; inaugurará al mismo tiempo para los justos, los tiempos del Reino, es decir el descanso, el séptimo día que fue santificado y entregará a Abraham la herencia prometida: es el Reino en que, según la palabra del Señor, ‘Muchos de Oriente y del Occidente vendrán y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob’”. (Contra las Herejías, Libro V, ed. Apostolado Mariano, Sevilla 1999, p.114).

Y este Reino Milenario, es el Gran Banquete de las Bodas Nupciales: “Tales promesas significan por tanto, claramente el banquete, que proporcionará esta creación en el reino de los justos y que Dios nos ha prometido servir él mismo”. (Ibídem, p.126).

Estas son las Bodas del Cordero y por si alguno las quiere interpretar alegórica y no literalmente se verán divididos, he aquí la advertencia que hace San Ireneo: “Si algunos tratan de interpretar estas profecías en el sentido alegórico, no lograrán ponerse de acuerdo entre sí en todos los puntos”. (Ibídem, p.127).

Y continúa explicando el Santo Mártir y Padre de la Iglesia: “Todas las profecías de este género se refieren sin discusión a la resurrección de los justos, que tendrá lugar después de la venida del Anticristo y destrucción de las naciones sometidas a su autoridad: entonces reinarán los justos sobre la tierra, cuando crezcan a causa de la aparición del Señor; y , gracias a él, se irán acostumbrando a asir la Gloria del Padre, en el Reino, y tendrán acceso al trato con los santos ángeles, así como a la comunión y unión con las realidades espirituales”. (Ibídem p.127).

San Ireneo dice que el Milenio es el Séptimo día que está expresado en los días de la creación: “Esto se encuentra ya en el libro del Génesis, según el cual, la consumación de este siglo tendrá lugar el día sexto, es decir el año 6000; después vendrá el séptimo día, día de descanso, del cual dice David: ‘Aquí está mi reposo, los justos entraran por él’: este séptimo día es el séptimo milenio, el del reino de los justos en que todos se ejercitarán para la incorruptibilidad, después que haya sido renovada la creación, para los que hayan sido guardados para este fin. Es lo que confiesa el Apóstol cuando dice que la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción, para tener parte en la libertad gloriosa de los hijos de Dios”. (Ibídem p. 133).

Tenemos que el milenio corresponde al séptimo día de la creación y que él constituye la Gran Esperanza Apocalíptica de la Parusía y de la Apocatástasis, de la Palingenesia, es decir, del nuevo nacimiento, renacimiento, regeneración, es el retorno de todas las cosas a su estado primigenio, esta renovación o restablecimiento universal es la gran restauración cósmica apocalíptica-parusíaca, es el gran día por el cual todas las creaturas (animadas e inanimadas) gimen esperando el día de su redención, viéndose libres de la corruptela; es la Bienaventurada Esperanza de San Pablo, la Parusía.

Y para terminar, debe quedarnos claro que el que se opone al Milenarismo Patrístico, está siguiendo los pasos del impío, pérfido y traidor apóstol que vendió a Cristo, Judas, por lo que afirma San Ireneo en este texto: “La bendición que acabamos de hablar se refiere por tanto, sin discusión a los tiempos del reino: cuando reinen los justos después de haber resucitado entre los muertos y (haber sido, por el hecho de esta misma resurrección, colmados de honor por Dios); cuando incluso la creación liberada y renovada produzca en abundancia toda clase de alimentos, gracias al rocío del cielo y a la fertilidad de la tierra. Esto es lo que los presbíteros, que habían visto a Juan, discípulo del Señor, recuerdan haber oído de él, cuando evocaba la enseñanza del Señor relacionada con aquellos tiempos. (…)

He aquí lo que Papías, oyente de Juan, compañero de Policarpo, hombre venerable, atestigua por escrito en su libro cuarto -pues hay cinco libros compuestos por él-. Y añadió: “Todo esto es creíble para los que tienen fe. Porque, prosigue él, como Judas el traidor siguiese incrédulo y preguntase: ¿Cómo podrá Dios crear tales frutos? - el Señor le respondió: Verán quienes vivan hasta entonces”. (Ibídem, p.121-122). Queda claro que Judas no creía en el Reino predicado por Nuestro Señor en su Segunda Venida y lo quería antes, y por eso lo traiciona.

Tengamos presente la advertencia que propina el santo mártir, padre y obispo de la Iglesia: “Si alguien no acepta estas cosas como del reino, caerá en infinidad de contradicción y dificultades, tal como los judíos caen y se debaten”. (Ibídem, p.120-121). Ser milenarista no es ser judaizante como afirma el P. Calderón, sino que se es judaizante por ser antimilenarista o milenarista al revés.

Esperamos que con esto, el Padre Calderón pueda reconsiderar su posición antiapocalíptica y antimilenarista, o que por lo menos no impugne lo que desconoce, y no sea ni un judaizante, ni siga los pasos de un traidor como Judas.


+ P. Basilio Méramo
Bogotá, 7 de Agosto de 2013

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