domingo, 15 de diciembre de 2013

INFLUENCIA DEL CRISTIANISMO EN EL ARTE

La Creación, por Miguel Ángel (Capilla Sixtina del Vaticano)

Hacía ya mucho tiempo que los que fueron suntuosos palacios en Babilonia, muestras de un poder y una grandeza superbas, yacían por los suelos como ejemplos de un arte ya extinguido; hacía también ya mucho tiempo que el Egipto había dejado de existir en la grandiosidad de su monumental arquitectura, y sus jeroglíficos, grabados para hacer loa de príncipes y reyes vanidosos, habían perdido su significado; y Roma, en la juventud de imperio, era la reina del mundo, cuando apareció Jesucristo. El templo de Jesuralén era el orgullo del pueblo judío y el testimonio de su glorioso pasado. Cerrando los ojos a la luz de la verdad, no quiso creer a la verdad, en el Mesías que, en lugar de presentarse radiante de majestad y conduciendo ejércitos de ángeles para libertarlos de la opresión romana, se presentaba predicando la mansedumbre contra la violencia, el amor al prójimo, el perdón de los enemigos, y que declaraba a la mujer “reina del hogar”, sacándola de la servidumbre en que entonces había estado. Lo desconocieron y lo crucificaron, haciéndose acreedores a la maldición que creó su ruina. Esta se cumplió en la devastación de Jerusalén y la destrucción de su maravilloso templo, del cual no quedó, en efecto, piedra sobre piedra; que fue el principio del fin de las tribus de Israel como nación y el comienzo de su doloroso éxodo hasta hoy.

De las Siete maravillas del Mundo antiguo, que fueron hitos en su tiempo, sólo queda el recuerdo. MIENTRAS EL MUNDO GIRA...

“Este es mi hijo muy amado en quien he puesto todas mis complacencias”, se oyó en los cielos, cuando Juan el Bautista vertía sobre la cabeza del Salvador el agua del Jordán. Y a estas palabras hizo coro un himno que brotó del corazón de todos los hombres. Himno que fue cantado por el poeta en las hermosas palabras “Utqueant laxis”, que fue arrancando a la dura piedra con el cincel y el martillo, por el artista que nos brindó esos magníficos templos y monumentos, joyas superbas del Arte Cristiano; himno cantado en mil y un lienzos y frescos por los Bounarrotis, los Leonardos, los Rafaeles y los Tizianos; himno, en fin, cantado por el músico, a quien no bastándole los coros al unísono, hubo de crear la polifonía para que fuera más glorioso. Hasta entonces la música no había sido un arte cuyo poder de expresión se limitaba a coros que cantaban a una sola voz. Se desconocía toda cantidad de recursos que nos brindaban la armonía, porque para el pensamiento oriental, enemigo de lo nuevo; la música era una tradición. Sus modos principales (dorio, lidio, frigio, y los que de estos se derivan), estaban contenidos en nuestra escala natural, sin ninguna alteración. Sólo los caracterizaba y distinguía la colocación de sus tetra-cordos, y bastaba a su gusto las bellas melodías contenidas en estos. La música, como se ve por lo antes dicho, estaba en estado cuasi elemental, mientras las otras artes ya habían progresado.

El Bautismo de Jesús ha sido uno de los temas más representados en todos los géneros artísticos, y la música no podía ser la excepción.

Muy poco podemos decir de la música en los primeros años del Cristianismo. Pero sí podemos decir que el Cristianismo le brindó al músico y a las artes en general el más inmenso campo de inspiración que ha existido. El tema de la Pasión es y será siempre tema inagotable para músicos, pintores, arquitectos, escultores y poetas. Con la venida del Cristianismo parece como que las artes, en decadencias en Grecia y Roma, hubieran encontrado la parte humana que les faltaba; en la elevación del alma de la criatura hacia el Supremo Hacedor, elevación que solo su Hijo consiguió, las artes, al hacerse humanas, tiende un maravilloso vuelo en viaje hacia lo infinito.

Entre los compositores dignos de mención y que más influencia han tenido en el desarrollo del Arte Católico, citaremos a San Ambrosio, obispo de Milán. Nacido San Ambrosio en Treves, en 333 y murió en Milán el 4 de abril del año 397. Contribuyó al desenvolvimiento del canto cristiano, al introducir en Italia diversos modos del canto litúrgico tal como estaban en uso en las iglesias de oriente. Se le considera como el creador del “canto responsorial”.

San Ambrosio introdujo el responso en el canto cristiano, y compuso varios himnos presentes en la Liturgia

No contento con introducir en Italia el canto de los himnos se dedica a componer un gran número de ellos. De él toma su nombre el “canto Ambrosiano”, que comprende todo lo que San Ambrosio recopiló y compuso para las iglesias de su Diócesis. Mas si el nombre de San Ambrosio refulge en las páginas de la historia de la música, no menos brilla el del Papa Gregorio I, llamado El Grande. A este santo varón que reino desdel el año 590 hasta 604 debe la cristiandad el canto litúrgico, aún hoy en uso en las Iglesias Católicas, que lleva en su honor el nombre de “Canto Gregoriano”, conocido comúnmente como el “canto llano”.

San Gregorio Magno, gran creador y codificador del Canto de la Liturgia Romana

Al progreso de la polifonía siguió el caos y a ésta la corrupción, por la impiedad de compositores tan poco escrupulosos que hicieron alternar en el culto muchas veces cantos de dudosa procedencia, temas profanos y hasta la canción popular. Esto puso en peligro de ser excluida del culto a la polifonía en el famoso Concilio de Trento, ya que se abogaba, por la monodía, con exclusión aun de la música instrumental, pero gracias al Príncipe de la Música Giovanni Perluigi da Palestrina, ésta se salvó para bien del arte, salvándose así también muchas obras maestras que, sin su milagrosa intervención, no se hubiera escrito y que son hoy en día orgullo de Europa y modelos inimitables del ritual católico. Triunfante Palestrina en dicho Concilio, se adoptó por modelo a toda música que en tal estilo se escribiese, y por lo cual le dieron el título de “Maestro Compositor” de la Capilla Pontificia.

El Concilio de Trento encontró que la mala polifonía atentaba contra la Iglesia. Palestrina supo encauzar nuevamente la armonía de las voces, salvando así la Música Sacra para el Santo Sacrificio de la Misa.

Giovanni Pierluigi da Palestrina, de quien puede decirse que para la polifonía en el Canto Litúrgico fue lo que San Pío V para el Santo Sacrificio de la Misa

Las obras del arte cristiano son eternas, como eterno es todo lo que en gloria de Dios se haga.

Fuente: Adolfo Mejía, la Musicalia de Cartagena. Enrique Luis Muñoz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Preferiblemente, los comentarios (y sus respuestas) deben guardar relación al contenido del artículo. De otro modo, su publicación dependerá de la pertinencia del contenido. La blasfemia está prohibida.