viernes, 13 de diciembre de 2013

SAN SANTIAGO DE LA MARCA, UN SANTO EXCOMULGADO

Traducción del artículo escrito en Italiano por Cristina Siccardi para CORRISPONDENZA ROMANA (AQUÍ el artículo original)
 
San Santiago de la Marca

El tiempo que precedió la reforma protestante fue caracterizado por la sólida y grandiosa obra de algunos predicadores, entre ellos uno que fue grande y fue también excomulgado, que se llamó San Santiago de la Marca (1393-1476), cuya fiesta litúrgica cae el 28 de noviembre. Hacia el siglo XIV y XV la Iglesia estaba sujeta a la corrupción y al mismo tiempo muchos herejes andaban engañando tanto la Fe como la doctrina. Aunque se estaba preparando el terreno sobre el cual habría actuado el heresiarca Lutero, un poco de orden fue establecido por estos impávidos predicadores.

Nacido en Monteprandone (Ascoli Piceno); a los 22 años, en Santa María de los Ángeles (La Porciúncula), recibe el sayo franciscano de mano de San Bernardino de Siena. Su vida fue de extrema penitencia. Se sometía a siete cuaresmas durante el año y en los otros días su refacción consistió en una escudilla de habas cocidas en agua.

Estando enfermo, recibió seis veces la Extrema Unción, pero pudo persistir en la fatigosa vida del predicador itinerante. Sólo temía una cosa durante su existencia, que el dolor físico lo distrajera de la oración. De la catequesis de San Bernardino (en torno al cual se formaron otros valientes predicadores como San Juan de Capistrano, Alberto de Sarteano, Mateo de Girgenti), conjugó la técnica vocal y gestual, y el contenido y la estructura del sermón, prefiriendo la discusión de los temas ético-políticos, utilizando materiales provenientes de los textos de la teología moral y del derecho canónico; hacer ampio uso de ejemplos, a menudo presentados en forma dramatizada; valiéndose del idioma vernáculo; se comprometió a sostener la difusión de la devoción al Nombre de Jesús e insistió sobre algunos temas polémicos recurrentes: la práctica supersticiosa, el abuso, el lujo, la blasfemia, y la usura (ideó los Montes de Piedad para librar a las víctimas de los usureros).

Sus homilías fueron atronadoras y conmovían hasta el espíritu más recalcitrante. Estas se nutren de referencias bíblicas, pero el santo se inspiraba también de las obras de Dante. Nadie podía dormir o distraerse cuando se asistía a estas predicaciones de formidable eficacia, aún de las representaciones teatrales, pero que tenían un solo objetivo: convertir. Es un franciscano fuera de lo común por su carácter: seguro y determinado, que sabe conciliar la caridad y el fuego del Juicio de Dios; es teologo e inquisidor severo, pero piadoso. Su predicación, además de suscitar aprecio y entusiasmo inmediato de parte de los fieles, se traduce en la reforma de los Estatutos de algunas ciudades y en numerosas fundaciones de confraternidades. Entre 1423 y 1425 predica con más ímpetu en la zona de Jesi, donde habían presente grupos adherentes a la secta de los fraticelli y en 1426 el Papa Martín V lo encarga de predicar contra esta secta en toda Italia y viene asistido del hermano Juan de Capistrano.

En 1432 es enviado a Europa oriental y el éxito no se hace esperar, así, a fines del 1435, Segismundo de Luxemburgo, rey de Hungría, lo recibe en su residencia de Tata, cerca a Buda, como consultor en el encuentro entre los delegados del Concilio de Basilea y representante del Reino de Bohemia, donde aún estaba viva la herejía husita. Desde aquel momento su acción antiherética se extiende desde la Bosnia a Hungría, donde predica contra los husitas que se habían fugado de la Bohemia.

En Agosto de 1436 el Papa lo nombra inquisidor de Austria y Hungría concediéndole amplios poderes y permitiéndole erigir nuevos conventos en aquellos países. El apoyo del Emperador y del Pontífice, sumado al título de legado del Concilio de Basilea, no fueron suficientes para garantizarle la intocabilidad y no sólo recibió persecuciones de parte del clero local, no sólo intentaron asesinarlo en muchas ocasiones, sino que afrontó una excomunión de parte de Simón, archidiácono de Bacs. Participó en la labor de predicar a favor de la cruzada contra los Turcos: a este fin, en 1443 fue nombrado por Eugenio IV nuncio apostólico.

Le propusieron ser Arzobispo de Milán, pero rechazó el encargo. Entre las actividad de la última fase desu vida se recueda la constitución de la biblioteca del convento de Santa María delle Grazie de Monteprandone, para la cual el Santo logró reunir casi doscientos códices; cxonvirtiéndose así en una verdadera y apropiada oficina del predicador, conteniendo modelos y esquemas de sermones, colecciones de pasajes de las Escrituras, ejemplos y autoridades teológicas y jurídicas. Todo con el fin de combatir los errores y salvar las almas. Hoy, bajo la tiranía del relativismo, San Santiago de la Marca no sería considerado un combatiente por la Fe, sino, probablemente, digno de excomunón, como algunos individuos de esa época.

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