viernes, 10 de octubre de 2014

LOS PRIMEROS CRISTIANOS CREÍAN EN EL PURGATORIO Y ORABAN POR SUS DIFUNTOS

Traducción del artículo publicado en Inglés por Tomas Mac Donald en GOD AND THE MACHINE (Aquí el original).
 
Los Padres de la Iglesia estaban familiarizados con los difuntos, visiones del Purgatorio y apariciones. Dos ejemplos notables en la literatura de la iglesia primitiva muestran cómo tendían a funcionar y como eran considerados.
  
EL CASO DE SANTA PERPETUA
  
Santas Perpetua y Felicidad
 
Nuestro primer fantasma aparece en la Pasión (Historia del Martirio) de las Santas Perpetua y Felicidad, un importante relato sobre el martirio en los primeros tiempos de la Iglesia.
  
Antes de su ejecución en Cartago el 7 de marzo de 203, Perpetua experimenta algo inusual. Mientras que está en espera en la cárcel, el nombre de su pequeño hermano muerto Dinócrates viene a su mente de forma espontánea durante la oración, y ella piensa que esto es significativo. Esa noche, ella tiene una visión de él:
Yo veía a Dinócrates saliendo de un lugar oscuro, donde estaban otros muchos; sintiendo a la vez calor y sed, con un vestido sucio y color pálido; y la herida en su cara que él tenía cuando murió. Este Dinocrates había sido mi hermano en la carne, de siete años de edad, quien estaba enfermo de úlceras de la cara y había tenido una muerte horrible, por lo que su muerte fue abominada por todos los hombres. Por él, por tanto, yo había hecho mi oración; y entre él y yo había un gran abismo, de manera que ninguno podía ir de un lugar a otro. Había además en el mismo lugar donde estaba Dinócrates, una fuente llena de agua, cuyo borde más alto era de la estatura del niño; y Dinócrates se estiraba como si quisiera beber. Me lamentaba de que la fuente tenía agua, pero sin embargo la altura del borde le impedía beber.
  
Ella reza por su hermano cada día y noche para que pueda ser liberado de este tormento. Es interesante que el lenguaje evoca claramente la historia del hombre rico y Lázaro, lo que sugiere la imposibilidad de Dinócrates de obtener ningún alivio en el más allá. No obstante, Perpetua sigue rezando por él.
  
Días más tarde, ella tiene otra visión:
Vi ese lugar que antes había visto, y a Dinócrates ya limpio del cuerpo, bien vestido, con comodidad; y la fuente que había visto antes, tenía el borde a la altura del ombligo del niño; y había allí agua que fluía sin cesar. Y en el borde había un cáliz de oro lleno de agua; y Dinócrates se acercó y comenzó a beber de él. Y quedando satisfecho partió lejos del agua y empezó a jugar como un niño lo haría, con alegría.
  
Y me desperté. Entonces entendí que fue liberado de sus dolores.
  
Esta es una poderosa escena para un importante texto cristiano temprano. Aquí tenemos una visión de los muertos que sugiere el destino de los difuntos en el otro mundo, con una imagen del agua viva que “fluía sin cesar”. El estado de Dinócrates y la capacidad de las oraciones intercesoras de Perpetua para liberarlo, son un poderoso testimonio temprano acerca del Purgatorio y de las oraciones por los difuntos.
  
Estas apariciones de los muertos en sueños –casi siempre llenas de significado y simbolismo cristianos– se repiten en la literatura fantasmagórica y visionaria en los próximos mil años y más allá.
  
EL CASO DE SANTA TECLA
   
Santa Tecla, discípula de San Pablo
  
Hay otra visión de sueño fantasmal en los apócrifos Hechos de Pablo y Tecla, compuesto en el siglo II.
  
Santa Tecla (quien por cierto, fue “descanonizada” luego del Vaticano II aduciendo “falta de historicidad”), inspirada en San Pablo para seguir una vida de virginidad, sobrevive  a varios intentos de ejecutarla por su fe.
  
Después de su sentencia de muerte, se le da al cuidado de una “rica reina” de nombre Trifena a fin de preservar su virginidad hasta la ejecución. Las autoridades tratan de alimentar con Tecla a los leones, pero éstos se niegan a atacar, y en su lugar ellos lamen sus pies.
 
Después de este primer intento de matarla, Tecla retorna al cuidado de Trifena, quien había perdido una hija llamada Falconila. La hija viene a Trifena en sueños diciendo:
“Madre, tú hablarás con Tecla la extranjera que está desolada, ella puede orar por mí para que yo sea trasladada al lugar de los justos”.
  
Cuando Trifena la recibió después de la procesión, que por igual hacían lamentandose por Tecla porque ella iba a combatir a las bestias en la mañana, y amando a su propia hija Falconila le dijo: “Tecla, mi segunda hija, ven, ruega tú por mi hija para que ella pueda vivir para siempre; esto lo he visto en un sueño”. Y ella sin demora levantó la voz y dijo: “¡Oh, mi Dios, Hijo del Altísimo que estás en los cielos, concede a ella su deseo, que su hija Falconila pueda vivir para siempre”. Y después de haber dicho esto, Trifena se lamentó por ella, teniendo en cuenta que tan gran belleza debía ser arrojada a las bestias.
  
Trifena se había encariñado con Tecla como una segunda hija. Cuando Tecla sobrevive a un segundo intento de matarla, la reina llega a creer en el Dios de Tecla y cree que el alma de su hija ha sido redimida por las oraciones de Tecla. Todo su hogar se convierte.
  
Así vemos la oración de intercesión por los difuntos y una referencia del Purgatorio en otra pieza de la literatura cristiana primitiva. En estas dos historias, los fantasmas actúan como testigos del estado de los muertos en el más allá, ya que apelan por oraciones para llevarlos a la salvación.
  
Es un motivo que veremos repetido durante siglos, desde fantasmas a visiones fantasmales. Aún más interesante es que tenemos claro los primeros indicios del Purgatorio y las oraciones por los difuntos un milenio antes de lo que algunos estudiosos (como Jacques de le Goff) piensan al afirmar que el Purgatorio fuera “inventado” en la “Edad Media”.

2 comentarios:

  1. No entiendo muy bien las historias que se narran, porque en los dos relatos los difuntos a los que se refieren no parecen que hayan sido bautizados... sobre todo en el caso de Santa Tecla... ¿o me estoy perdiendo algo de esas historias?

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  2. Es un tema de amplio debate, pero personalmente considero que habían de estar bautizados, porque si no fuera así, no tendría razón de ser que dichas santas oraran por ellos, ya que en el Infierno no vale intercesión. Pero estas historias son pruebas adicionales, que no afectan en mucho ni poco el dogma de fe sobre el Purgatorio.

    Lo importante es que la Santa Iglesia Católica enseña como Dogma que el Purgatorio existe, que en la Escritura se habla de él, que muchas almas al morir van allí a expiar por el remanente de sus pecados, y que hay que sufragar por ellas para que puedan descansar en paz.

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