domingo, 19 de abril de 2015

COMULGAR DE PIE NO OFRECE ESPACIO PARA LA ESPIRITUALIDAD

El arte en general (y la arquitectura en particular) refleja la espiritualidad. Antes del Vaticano II, las iglesias tenían un comulgatorio, que separaba el presbiterio de la nave, y se empleaba para que los fieles se arrodillaran al comulgar. Como consecuencia del mismo, y del Novus Ordo Missae, fue eliminado al imponerse la recepción en fila, de pie (y en repetidas oportunidades, EN LA MANO). HASTA LOS MISMOS CONCILIARES SE VEN FORZADOS A RECONOCERLO: EL COMULGATORIO OFRECE UN ESPACIO PARA LA ORACIÓN (aunque de nada les vale, puesto que en el Novus Ordo Missae NO HAY TRANSUBSTANCIACIÓN).
  
 
"No hay duda de que recibir la Santa Comunión de rodillas en el comulgatorio proporciona una gran oportunidad para el recogimiento y la oración. Recibir de rodillas es lo más preferible, como lo sentencia la instrucción conciliar Eucha­rísticum Mystérium: “Cuando los fieles comulgan de rodillas no se exige de ellos otro signo de reverencia para con el Santísimo Sacramento, porque la misma genuflexión expresa adoración” (EM, no. 34.b). Puesto que la Iglesia sugiere que los fieles reverencien la Eucaristía comulgando en esta postura, resulta desaconsejable remover la oportunidad para hacerlo. Hay también una dimensión de comunidad en el hecho de arrodillarse juntos para recibir la Comunión. Una diversidad de gentes –alcaldes, amas de casa, maestros, alumnos, obreros, personas de sociedad, niños– arrodillada alineadamente en una silente profesión de fe al recibir la Sagrada Hostia. Además, el comulgatorio provee una oportunidad, aunque momentánea, para dirigir los pensamientos ante el Crucifijo y reflexionar acerca del gran misterio del Sacrificio. Hoy, con la recepción estando de pie y en fila india, es más difícil enfocarse en el significado del Sacramento cuando se comulga. También resulta imposible en este escenario el orar o meditar (aunque sea un instante) ante el Crucifijo después de recibir, toda vez que el comulgante debe inmediatamente abrirle camino a la otra persona".
 
Greg Kandra, Architecture in Communion (Arquitectura y Comunión). 1998

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