domingo, 11 de octubre de 2015

UNA AUTÉNTICA VIDA DE PIEDAD

Tomado de RADIO CRISTIANDAD
 
Proseguimos analizando la vida de Abrahán, el “amigo de Dios”, y en nuestra columna de hoy vamos a hablar acerca de su “vida devocional”.
  
Según mencionamos ya, Abram era oriundo de un lugar llamado “Ur de los Caldeos”, una región entregada a la adoración de dioses paganos, y él y su familia no constituían ninguna excepción. Sin embargo, a Yahvé le plugo llamar a Abrahán y convertirlo de la adoración de aquellos ídolos a la adoración del Dios verdadero –una experiencia similar a la de los tesalonicenses y a la que San Pablo hace alusión en I Tesalonicenses 1: 9 con estas palabras: “… os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero”.
 
Un rasgo distintivo que pone de relieve la devoción de Abrahán hacia Yahvé –objeto ahora de su adoración, centro de su amor y dueño de su vida– es la “edificación de altares” –dondequiera que Abrahán acampaba, edificaba un altar. Veamos este hecho tan singular y significativo en algunos pasajes tomados de la traducción de Monseñor Dr. Juan Straubinger:
  1. Génesis 12: 4-8: “Marchó, pues, Abram, como se lo había mandado Yahvé; y con él partió Lot. Tenía Abram setenta y cinco años cuando salió de Harán. … Habitaban entonces los cananeos en el país. Entonces se apareció Yahvé a Abram y dijo: “A tu descendencia daré esta tierra”. Allí erigió un altar a Yahvé que se le había aparecido. Pasó de allí a la montaña, al oriente de Betel, donde asentó su tienda, teniendo a Betel al occidente y Hai al oriente. Allí construyó un altar a Yahvé e invocó el nombre de Yahvé”.
  2. Génesis 13: 3-4: “Y se volvió, caminando por etapas, desde el Négueb hasta Betel, donde había acampado al principio, entre Betel y Hai, hasta el lugar del altar que alzara allí anteriormente, e invocó allí Abram el nombre de Yahvé.”
  3. Génesis 13: 14-18: “Dijo Yahvé a Abram, después que Lot se hubo separado de él: ‘Alza tus ojos y mira desde el lugar donde estás, hacia el norte y hacia el mediodía, hacia el oriente y hacia el occidente; pues toda la tierra que ves, te la daré a ti y a tu descendencia para siempre’. …. Y levantó Abram las tiendas y vino a establecerse en el encinar de Mamré, cerca de Hebrón, donde edificó un altar a Yahvé.”
  
La vida espiritual está sembrada de altares… y pobre de aquél cuya vida espiritual no lo esté…
  
En esos altares –que no son altares materiales ni visibles a los ojos de los demás– presentamos ofrendas espirituales a Dios: Le entregamos nuestra voluntad (como hizo Nuestra Señora en Nazaret y Jesús en Getsemaní), presentamos nuestras acciones de gracias, aceptamos la voluntad de Dios sin reservas, le damos a Dios lo que Él nos pide, hacemos promesas de mayor consagración, etc. Los altares son muy diversos y cada uno de ellos es un punto de encuentro de nuestra alma con Dios…. Le damos algo y Él nos bendice, si nuestra dádiva fue sincera… Esos altares son lugares de intimidad en nuestro corazón donde nos comunicamos con Dios de una manera especial y le ofrecemos algo. La vida espiritual es así: un holocausto vivo que presentamos a Dios.
  
Sí, en los altares se sacrifica, y en la Sagrada Escritura se habla de cuatro grandes sacrificios muy agradables delante de Dios:
  
1) SACRIFICIO DE ARREPENTIMIENTO Y CONVERSIÓN. En el Salmo 50 (51):19, David dijo estas palabras: “Mi sacrificio, oh Dios, es el espíritu compungido; Tú no despreciarás, Señor, un corazón contrito y humillado”.
  
En una columna anterior hablamos acerca del arrepentimiento. Sin arrepentimiento no hay conversión. Ese es el primer paso, y a él le sigue otro sacrificio –a saber:
  
2) SACRIFICIO DE CONSAGRACIÓN TOTAL: En Romanos 12: 1, el Apóstol San Pablo escribió: “Os ruego, hermanos, por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios en un culto espiritual vuestro”.
  
Cuando al Señor le preguntaron acerca del mandamiento más grande, él dijo con toda claridad: Amarás al Señor tu Dios con TODO tu corazón, con TODA tu alma, con TODA tu mente, conTODAS tus fuerzas… Dios no se conforma con menos que TODO. Él se nos dio “COMPLETO” en la cruz, se nos da “COMPLETO” en la Eucaristía, y por consiguiente exige que nosotros nos entreguemos a Él por completo.
  
Y ahora, vienen dos sacrificios más que se derivan de los anteriores.
  
3) SACRIFICIO DE ALABANZA: En Hebreos 13: 15 leemos: “Ofrezcamos a Dios por medio de Él (de Cristo) un continuo sacrificio de alabanza, esto es, el fruto de los labios que bendicen Su Nombre”.
 
La alabanza es acción de gracias. En los salmos se habla de dos cosas: (1) de alabanza, y de (2) sacrificio de alabanza. La alabanza es para cuando todo nos va bien y nos sentimos contentos. El sacrificio de alabanza, empero, es para cuando tenemos que hacer un sacrificio para alabar a Dios.
  
El santo Job, después de perder en un solo día toda su hacienda y sus siete hijos, ofreció un sacrificio de alabanza diciendo: “El Señor dio, el Señor quitó, BENDITO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR”.
  
El santo rey David, perseguido por su propio hijo Absalón, ofreció un sacrificio de alabanza cuando “subió la cuesta de los Olivos; y la subió llorando, llevando la cabeza cubierta y los pies descalzos… Cuando llegó a la cumbre del monte, adoró a Dios…” (II Samuel 15: 30 y 32).
  
San Pablo y Silas “oraban y cantaban himnos a Dios” (Hechos 16: 25) después de haber sido azotados y torturados.
  
Y el propio San Pablo nos enseña que “demos gracias a Dios en TODO” (Efesios 5: 20, I Tesalonicenses 5: 18).
  
4) SACRIFICIO DE AYUDA MUTUA: En Hebreos 13: 16 dice el Señor: “Y del bien hacer, y de la mutua asistencia, no os olvidéis, en sacrificios tales se complace Dios”.
  
CONCLUSIÓN: En II Samuel capítulo 24: 24, el Rey David dijo estas palabras: “… no quiero ofrecer a Yahvé mi Dios holocaustos que no me cuesten nada”.
  
Lo que Dios quiere que tú le ofrezcas es precisamente lo que menos deseos tú tienes de ofrecer… Sin embargo, si quieres crecer espiritualmente, no busques ofrecer cualquier cosilla para mitigar tu conciencia. Las almas generosas no Le niegan nada a Dios. Dile con sinceridad: “Señor, dime qué quieres que Te ofrezca y dame la voluntad que necesito para ofrecértelo”.
  
Reynaldo

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