domingo, 25 de octubre de 2015

UNA PÉSIMA ELECCIÓN (I)

Tomado de RADIO CRISTIANDAD
   
Queremos dedicar nuestra columna de hoy a hablar de la “carga” de Abram –es decir, de su sobrino Lot-. Hay ciertos aspectos en la vida de Lot que nos tocan muy de cerca, y al contemplarnos en el espejo de lo que ocurrió con él, podemos esforzarnos para que no nos suceda lo mismo a nosotros.
  
En nuestra primera reflexión acerca del Patriarca observamos que un gran error que cometió fue llevar consigo a alguien a quien Dios no había incluido en su llamamiento, a Lot. Esa decisión errada trajo aparejadas muchas desdichas a lo largo de la vida de Abraham, hasta que llegó un punto en el que tuvieron que separarse.
 
Vamos a repasar este pasaje que se encuentra en Génesis 13: 5-9:
También Lot, que iba con Abram, poseía rebaños, vacadas y tiendas. Mas el país no les permitía vivir juntos, porque era mucha su hacienda, de modo que no podían habitar juntamente. De ahí nacieron contiendas entre los pastores de las greyes de Abram y los pastores de las greyes de Lot. Además, los cananeos y los fereceos habitaban en aquel tiempo en esa región. Dijo, pues, Abram a Lot: “No haya, te ruego, contienda entre mí y ti, ni entre mis pastores y tus pastores; pues somos hermanos. ¿No está todo el país delante de ti? Sepárate, por favor, de mí. Si tú vas a la izquierda, yo iré a la derecha; y si tú vas a la derecha, yo iré a la izquierda.”
  
El Apóstol San Pablo nos enseña que los “espirituales” y los “carnales” no pueden convivir, y por eso aconseja que “no nos unamos en yugo desigual con los incrédulos (en griego ápistos; y significa “persona indigna de confianza”, “infiel”, “pagano”), y eso se aplica no sólo al matrimonio sino a las amistades y a cualquier otra relación de compañerismo, concordia o acuerdo que establecemos con otra persona.
  
En Romanos 8: 5-8 dice:
Pues los que viven según la carne, piensan en las cosas de la carne; mas los que viven según el espíritu, en las del espíritu. Y el sentir de la carne es muerte; mas el sentir del espíritu es vida y paz. Pues el sentir de la carne es enemistad contra Dios, porque no se sujeta a la Ley de Dios ni puede en verdad hacerlo. Y los que viven en la carne no pueden, entonces, agradar a Dios.
  
La primera parte de este pasaje en el koiné original dice lo siguiente:
“Porque los que son de la carne PIENSAN en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, PIENSAN en las cosas del Espíritu”.
 
Cuando la Escritura habla de “carne” no se refiere únicamente a los apetitos sexuales, sino a todo lo que compete a la naturaleza física del hombre cuando está fuera de control —la gula, la avaricia, la ira, la codicia, etc. En una palabra, todos los pecados capitales con todas sus ramificaciones, consecuencias, corolarios y acápites-. La Biblia clasifica como “carnal” a un ser humano cuando éste se deja arrastrar por sus apetitos, por sus deseos, que busca satisfacer a toda costa.
  
Eso fue precisamente lo que ocurrió con Lot… Se dejó guiar por sus sentidos materiales y eso lo incitó a hacer una PÉSIMA ELECCIÓN.
  
En Génesis 13: 9 comienza el resto de la historia que dejamos inconclusa:
Alzando entonces Lot sus ojos vio toda la vega del Jordán, toda ella de regadío, hasta los límites de Segor. Antes de que destruyese Yahvé a Sodoma y Gomorra era esta región como el jardín de Yahvé, como la tierra de Egipto. Eligió, pues, Lot para sí toda la vega del Jordán, y se trasladó al oriente; y así se separaron el uno del otro. Abram se estableció en la tierra de Canaán, y Lot habitó en las ciudades de la Vega, donde plantó sus tiendas hasta Sodoma.
  
Lot “levantó los ojos y vio”. Basó su elección únicamente en lo que “vieron sus ojos” –es decir, se dejó guiar por la vista de sus ojos, por sus sentidos materiales, y en eso estribó la esencia de su fracaso.
  
En esta columna no vamos a hablar de su fracaso (eso lo haremos la semana próxima). Queremos dedicar este espacio a analizar lo peligroso que resulta para un cristiano guiarse puramente “por lo que sus ojos ven”.
  
Los grandes pecados de los que hablan la Biblia tienen su origen ahí. Voy a dar unos cuantos ejemplos:
  1. Génesis 3: 6.Y VIO la mujer (Eva) que el árbol era bueno para comer, y que era agradable A LOS OJOS, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido (Adán), el cual comió así como ella. COMENTARIO: Todos sabemos lo que pasó… Nada más y nada menos que el pecado hizo su entrada en el mundo; y, junto con el pecado, la enemistad con Dios, la muerte, la enfermedad y todas las catástrofes habidas y por haber.
  2. Génesis 6: 1-2. Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que VIENDO los hijos de Dios (es decir, la descendencia de Set) que las hijas de los hombre (la descendencia de Caín) eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas. COMENTARIO: De esa mezcla surgieron “gigantes” (nefilim), una raza adulterada.
  3. Génesis 37: 4. (Los patriarcas). Y VIENDO sus hermanos que su padre lo amaba (a José) más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente. COMENTARIO: De lo que vieron, la envidia se posesionó de sus corazones y tramaron el asesinato de José.
  4. Génesis 32: 1. VIENDO el pueblo (de Israel) que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros… COMENTARIO: el pueblo cayó en el paganismo, hicieron un becerro y lo adoraran.
  5. II Samuel 11: 1-2. Aconteció al año siguiente en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se quedó en Jerusalén. Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y VIO desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa. COMENTARIO: La deseó, la mandó a traer, no le importó que fuera una mujer casada. Y lo que de ahí se originó fue que David mandó a asesinar al esposo de esta mujer para ocultar su pecado.
  6. Ester 3: 5. Y VIO Amán que Mardoqueo ni se arrodillaba ni se humillaba delante de él; y se llenó de ira. COMENTARIO: Amán salió de allí tramando un complot contra el pueblo de Israel, que sólo la intervención divina logró deshacer.
  7. Hechos 8: 18. Cuando VIO Simón (el mago de Samaría) que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero. COMENTARIO: Ése fue el nacimiento del “pecado de simonía”, es decir, pretender comprar con dinero los dones espirituales.
  
Y podría continuar citando ejemplos y más ejemplos tomados de las Escrituras para ilustrar la misma idea.
  
¿Por qué creen ustedes que vano que Jesús dijo que “si tu ojo te escandaliza, sácatelo y échalo de ti”, y que “basta mirar a una mujer con codicia para que el adulterio ya sea cometido en el corazón”? El ojo —también dice Jesús— es la lámpara del cuerpo (Mateo 6: 22).
 
¿Qué conclusión podemos sacar de todo esto?
  
Dice el Apóstol San Pablo en Colosenses 3: 1-2: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. PONED LA MIRA en las cosas de arriba, no es las de la tierra”.
 
Y en Hebreos 12: 2 dice el oráculo divino cómo debemos vivir “PUESTOS LOS OJOS EN JESÚS, el autor y consumador de la fe…”
  
Cada día, a cada hora, en cada coyuntura de nuestra vida, tenemos que tomar decisiones —algunas más importantes que otras— y es necesario que en esos momentos no basemos nuestras decisiones en la “vista de nuestros ojos”, es decir en “nuestro parecer humano”, sino en la voluntad de Dios. Las decisiones que se toman en base a un criterio puramente humano tienen consecuencias desastrosas.
  
En el segundo misterio glorioso (la Ascensión del Señor), yo siempre le pido que fije mis ojos en Él y que me ayude a contemplarlo todo a través de los Suyos. Cuando miramos a través de los ojos de Cristo —desde su perspectiva— la victoria está garantizada.
  
Digámosle a Nuestra Señora hoy y cada día:
“Oh Señora y Madre mía, yo me ofrezco todo a Vos, y en prueba de mi filial afecto os consagro en este día MIS OJOS, MIS OÍDOS, MI LENGUA, MI CORAZÓN, en una palabra, TODO MI SER. Ya que soy todo Vuestro, oh Madre de Bondad, guardadme y defendedme como cosa y posesión Vuestra. Amén”.
  
Reynaldo

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