lunes, 30 de noviembre de 2015

EL GENERISMO Y LA CÁBALA

Traducción del artículo publicado por Pietro Ferrari para RADIO SPADA
  
Rebis, el primer ser acorde al generismo alquímico
  
La amenaza de la ideología de género se yergue como sulfúrea tentación esotérica, que no solo quiere forzar la ciencia, la antropología y la moral natural, sino la misma fe católica sobre la naturaleza divina y la naturaleza humana. Más allá del marxismo y el feminismo, hoy el igualitarismo roza en el mito del andrógino para destruir desde la raíz la diferencia entre el hombre y la mujer, negando que sean distintos. Para los cabalistas, Dios es bisexuado y andrógino, reuniendo en sí el principio masculino y el femenino, y produce sus emanaciones contrayéndose en sí mismo. Adán en la Cábala era autosuficiente y solo posteriormente Eva fue sacada de él, creada de su costilla. Eva estaba en él, el ‘principio femenil’ estaba en él: en su originaria perfección Adán sería hermafrodita, andrógino. Un ‘Dios andrógino’ creador de una ‘humanidad andrógina’.
 
Sabemos por la Teología Católica, en cambio, que Dios es espíritu puro, asexuado, ni hombre ni mujer. Pero, no casualmente, Dios se ha revelado a nosotros como PADRE y no como MADRE, y la segunda persona de la Trinidad, la del HIJO (y no ‘de la HIJA’), se ha encarnado en un hombre masculino, JESUCRISTO, que es el ‘Nuevo Adán’ (y no la ‘Nueva Eva’). Todo eso debía en algún modo ser puesto en discusión, sobre todo contra San Pablo (1 Cor. 11, 9): “…el hombre es imagen y gloria de Dios, la mujer es a su vez la gloria del hombre” –es por esto que el hombre reza con la cabeza descubierta y la mujer con un velo en la cabeza– porque “no procede el hombre de la mujer, sino que la mujer procede del hombre; no fue hecho el hombre por causa de la mujer, sino la mujer por causa del hombre”.
 
San Pablo (Ef. 3, 14): “Por eso doblo mis rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra, para que os conceda, según la riqueza de su gloria, que seáis fortalecidos por la acción de su Espíritu en el hombre interior”.
  
¿La Iglesia es por esto machista como lo pretende el ‘feminismo-homosexualismo-generismo’? El hombre y la mujer son a imagen de Dios, porque poseen el aspecto principal, esto es, el alma espiritual y sus potencias, pero solo el hombre lo es porque guarda los aspectos secundarios. La sumisión de la mujer no se justifica porque ella tenga menores cualidades, o porque en el orden de la gracia no pueda ser superior al hombre.
  
Aunque no sea directa ni explícitamente abrazado, no podemos dejar de evidenciar cómo el tufo ‘feminista-homosexualista-genderista’, con sus orígenes esotéricos, había al menos “condicionado” el lenguaje de algunos reclamantes al Solio Petrino.
 
Gran escándalo se suscitó cuando Juan Pablo I dijo el 10 de Septiembre de 1978 estas palabras: “Dios es padre, pero también, es madre”.
  
Karol Wojtyla en el 1994 –quizá involuntariamente (!?)– recoge la teoria cabalística de la ‘contracción divina’ y de la naturaleza bisexuada de Dios, en la ‘Carta a las Familias’en su Numeral 6:
“Antes de crear al hombre, parece como si el Creador entrara dentro de sí mismo para buscar el modelo y la inspiración en el misterio de su Ser, que ya aquí se manifiesta de alguna manera como el «Nosotros» divino. De este misterio surge, por medio de la creación, el ser humano: «Creó Dios al hombre a imagen suya; a imagen de Dios le creó; varón y mujer los creó» (Gn 1, 27).
   
Karol Wojtyla liga las dos perícopas usando el cursivo como si el texto fuese: “Creó Dios al hombre a imagen suya; varón y mujer los creó”, por tanto el ‘Nos’ divino que es expresión de la Trinidad, será imagen de la dualidad ‘hombre-mujer’”. Luego, ¡el hombre se asemeja a Dios en el ser masculino y femenino al tiempo!

Incluso en el n° 7 confirma cuanto había dicho Juan Pablo I modificando la Sagrada Escritura:
“Cuando, junto con el Apóstol, doblamos las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda paternidad y maternidad (cf. Ef 3, 14-15), somos conscientes de que ser padres es el evento mediante el cual la familia, ya constituida por la alianza del matrimonio, se realiza «en sentido pleno y específico» (Familiaris Consortio, 69). La maternidad implica necesariamente la paternidad y, recíprocamente, la paternidad implica necesariamente la maternidad: es el fruto de la dualidad, concedida por el Creador al ser humano desde «el principio»”.

También en el n° 9:
‘El Apóstol, «doblando las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda paternidad y maternidad en los cielos y en la tierra»’
  
¿Es posible agregar o quitarle cualquier cosa a la Divina Revelación? Absolutamente no, pero Wojtyla ha interpolado a San Pablo, haciéndole decir que toda maternidad viene del Padre. Dios será ahora Padre y Madre, andrógino primitivo anhelado por la tradición esotérica, en la unidad a la cual todo debería regresar.
 
Vittorio Messori, entusiasta sobre el Corriere en Enero de 1999: “Dios es también Madre”, Wojtyla como Luciani: Dios es padre y madre al mismo tiempo. El concepto, ya expresado en el ‘78 por Juan Pablo I, es recuperado ayer por el papa Wojtyla en la audiencia de los miércoles. Es necesario admitirlo: quien no solo “estudia” las cuestiones religiosas, sino que participa personalmente de la prospectiva cristiana, queda sorprendido. Sorprendido, digo, de la emoción con que el sistema mediático acoge cualquier señal en la –¿como decir?– “bisexualidad” divina. Otra vez no conseguinos ver que se esté en desconcierto en eso que el Papa Luciani recordó, justamente, como cosa obvia, de resbalón (quedando después, se dice, impedido el primero por el eco suscitado): Dios, o sea, es Padre pero es también Madre. Así, no tambaleamos verdaderamente por la emoción, encontrando una señal “en el amor materno” en Dios, en uno de los innumerables discursos de Juan Pablo II… Solo por convención, por nuestro defecto de lenguaje, llamamos “Padre” a Aquél que, para el catecismo, es la Primera Persona de la Trinidad. En realidad, desde siempre, el creyente consciente de su fe sabe que “el Dador de toda vida” es “antes” y “aparte de” toda distinción terrena: luego, es tanto Padre como Madre”.

Cortesía suya… por el campeón del conservadurismo católico Vittorio Messori, ¡¡¡la Revelación devino en “convención por defecto de lenguaje”!!!
  
Pero vamos al presente. En Enero de 2015, Bergoglio minimiza la magnitud del Gender a cuestión socio-cultural, una cuestión de colonización ideológica:
“Hace veinte años, en 1995, una señora Ministra de Educación había pedido un importante préstamo para poder construir escuelas para pobres. Le concedieron el préstamo con la condición de que en las escuelas los niños, a partir de un cierto grado, tuvieran un determinado libro. Era un libro escolar, un libro bien preparado didácticamente, en el que se enseñaba la ideología de género. Esta señora necesitaba el dinero del préstamo, pero ésa era la condición... Eso es la colonización ideológica: entrar en un pueblo con una idea que no tiene nada que ver con él; con grupos del pueblo sí, pero no con el pueblo, y así colonizar un pueblo con una idea que cambia o pretende cambiar su mentalidad o su estructura. Durante el Sínodo de los Obispos, los obispos africanos se quejaban de esto, que es como poner ciertas condiciones para conceder un préstamo. Hablo sólo de este caso que he conocido. ¿Por qué digo “colonización ideológica”? Porque aprovechan las necesidades de un pueblo o sus niños para entrar y hacerse fuertes. Pero esto no es nuevo. Lo mismo hicieron las dictaduras del siglo pasado. Llegaron con su doctrina. Recuerden a los “Balilla”, a la Juventud Hitleriana… Colonizaron al pueblo, lo querían colonizar. Pero ¡cuánto dolor! Los pueblos no pueden perder la libertad. El pueblo tiene su cultura, su historia; cada pueblo tiene su cultura. Cuando los imperios colonizadores imponen sus condiciones, pretenden que los pueblos pierdan su identidad y que se cree uniformidad. Ésa es la globalización de la esfera: todos los puntos son equidistantes del centro. Pero la verdadera globalización –me gusta decir esto– no es la esfera. Es importante globalizar, pero no como la esfera, sino como el poliedro, es decir, que cada pueblo, cada parte, conserve su identidad, su ser, sin ser colonizado ideológicamente. A esto llamo ‘colonizaciones ideológicas’”. (Rueda de prensa de regreso a Roma desde Filipinas y Corea del Sur, 19 de Enero de 2015).
 
Marzo de 2015, Bergoglio es más perentorio, pero como siempre, en clave pseudo-sociológica:
“Luego ese error de la mente humana que es la teoría del gender, que crea tanta confusión”. (Encuentro con los jóvenes en Nápoles, 22 de Marzo 2015)
 
En el mes de Abril de 2015:
“…yo me pregunto si la así llamada teoría del gender no sea también expresión de una frustración y de una resignación, orientada a cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma. La diferencia entre hombre y mujer no es para la contraposición, o subordinación, sino para la comunión y la generación, siempre a imagen y semejanza de Dios… Es necesario, en efecto, que la mujer no sólo sea más escuchada, sino que su voz tenga un peso real, una autoridad reconocida, en la sociedad y en la Iglesia”. (Audiencia general, 15 de Abril de 2015)
  
Bergoglio formula una crítica psicológica al gender más que doctrinal y moral, confunde la denuncia de la contraposición entre hombre y mujer con la doctrina paulina de la subordinación de la mujer al hombre (acusando a la Iglesia de machismo) y reafirma la idea de una divinidad de traza cabalística.
  
Por tanto es necesario evidenciar cómo también en la Iglesia, aunque en forma críptica, se están desarrollando las semillas de la revolución del gender. Denunciamos en todas partes esta locura antes que se convierta en nuevo sentido común, como ya sucedió por el divorcio, el aborto y el homosexualismo.
  
Si las tinieblas pueden insinuarse en todas partes, es siempre la Luz quien las disipa y que, aún antes, las desvela.

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