domingo, 1 de noviembre de 2015

UNA PÉSIMA ELECCIÓN (II)

Tomado de RADIO CRISTIANDAD
 
En nuestra columna de hoy continuamos hablando acerca de la pésima elección que hizo Lot, el sobrino de Abraham, un hombre con una mentalidad diametralmente opuesta a la de su tío, porque Lot era un hombre carnal (en griego, psujikós) mientras que Abraham era un hombre espiritual (en griego, pneumatikós), y los espirituales y los carnales no tienen ningún punto en común.
  
Los espirituales gozan de paz interior (aun en medio de las luchas más crueles), tienen victoria en las tentaciones, se mantienen alejados del pecado (al menos del pecado mortal), crecen continuamente en fe, en gracia y en santidad, producen fruto en abundancia, viven separados del mundo y son sinceros y honestos y viven en unión sólida y madura con Dios.
  
En cambio, los carnales viven en una batalla incesante dentro de ellos porque están llenos de deseos de este mundo que nunca logran satisfacer, son derrotados constantemente por el enemigo y siempre andan revolviéndose en el fango del pecado, no maduran jamás (con un infantilismo espiritual permanente), no producen frutos para la gloria de Dios (siembran para la carne, y de la carne siegan corrupción), son hipócritas (sus palabras y sus obras están perennemente divorciadas) y viven en adulterio espiritual, basan su vida espiritual en ejercicios exteriores de piedad y jamás penetran en la esencia viva de la oración.
  
San Gregorio Magno, en su “Morália, sive exposítio in Job” —conocida también como “Magna Morália”—, explica lo siguiente:
“Hay hombres que se lanzan alocados a los bienes deleznables, ignorando que existen los eternos o no haciendo aprecio de ellos… Creados para contemplar la luz de la verdad, no elevan jamás hasta ella los ojos de su alma, jamás tienen un deseo, jamás intentan volar hacia la contemplación de la patria perdurable. Se abandonan a los placeres en los que se hallan sumergidos, y aman, cual si fuera su patria, el triste lugar del destierro. En el abismo de las tinieblas están tan alegres como si una luz radiante los alumbrara.
En cambio, los elegidos, no atribuyéndole ningún valor a los bienes temporales, buscan aquellos para los que sus almas fueron creadas. Aprisionados en este mundo por las ataduras de la carne, procuran remontarse por encima de este mundo y toman la saludable resolución de despreciar lo que pasa con el tiempo y de suspirar por las cosas que perduran”.
 
En una palabra, los “espirituales” buscan las cosas de arriba y los “carnales” las de abajo. Y eso fue, precisamente, lo que ocurrió con Lot.
  
Llegó el momento en que tuvieron que separarse Abraham y Lot porque no podían convivir. Volvamos a leer este pasaje en Génesis 13: 5-9:
También Lot, que iba con Abram, poseía rebaños, vacadas y tiendas. Mas el país no les permitía vivir juntos, porque era mucha su hacienda, de modo que no podían habitar juntamente. De ahí nacieron contiendas entre los pastores de las greyes de Abram y los pastores de las greyes de Lot. Además, los cananeos y los fereceos habitaban en aquel tiempo en esa región. Dijo, pues, Abram a Lot: “No haya, te ruego, contienda entre mí y ti, ni entre mis pastores y tus pastores; pues somos hermanos. ¿No está todo el país delante de ti? Sepárate, por favor, de mí. Si tú vas a la izquierda, yo iré a la derecha; y si tú vas a la derecha, yo iré a la izquierda.”
 
Sí, cuando los carnales se van por la izquierda… los espirituales toman por la derecha, y viceversa. Pero ambos NUNCA SIGUEN POR LA MISMA VÍA, porque sus objetivos, sus metas, sus miras, sus propósitos, sus deseos, sus anhelos se oponen entre sí.
 
Y, ¿qué hizo Lot? Bueno, sigamos leyendo en el capítulo 13 de Génesis:
Alzando entonces Lot sus ojos vio toda la vega del Jordán, toda ella de regadío, hasta los límites de Segor. Antes de que destruyese Yahvé a Sodoma y Gomorra era esta región como el jardín de Yahvé, como la tierra de Egipto. Eligió, pues, Lot para sí toda la vega del Jordán, y se trasladó al oriente; y así se separaron el uno del otro. Abram se estableció en la tierra de Canaán, y Lot habitó en las ciudades de la Vega, donde plantó sus tiendas hasta Sodoma. Los habitantes de Sodoma eran muy malos y pecadores contra Yahvé.
  
Lot probablemente pensó que había hecho “un negocio redondo”…. “Vio toda la vega del Jordán, toda ella de regadío” y se dijo para sus adentros: “Mi tío Abram me ha dado a elegir, y según lo que estoy mirando, mi elección está hecha…, es obvia…, no tengo ni qué pensarlo dos veces. Elijo esa vega tan fértil, verde y hermosa, tan prometedora”. Y allí plantó sus tiendas hasta llegar a Sodoma.
  
¡Qué astuto es el demonio! Nos presenta un cuadro tan bello, disfraza el pecado y la mentira con un ropaje tan espléndido que si no tenemos discernimiento espiritual caemos irremisiblemente en sus redes y trampas. ¡Bien aconsejó el Apóstol San Pablo que “no ignoráramos las maquinaciones de Satanás”! (II Corintios 2: 11).
  
Y ahí está Lot, hombre carnal que se vale únicamente de sus sentidos materiales para dirigir su vida y piensa que las cosas son lo que parecen ser. ¡Qué ajeno estaba, empero, de que de allí habría de salir muy pronto y con todos sus sueños destrozados! En cambio, Abram eligió a Canaán y allí se estableció.
 
En el capítulo 19 del Génesis leemos acerca de los resultados de esta pésima elección de Lot. Aquella ciudad de Sodoma, que había escogido por morada, resultó ser la sede y cuna de todas las inmoralidades, depravaciones y aberraciones sexuales —cosas de las cuales el mundo de hoy se gloría y enorgullece y de las que una bestia que anda ahora por Roma, con dos cuernos como “los de un cordero” pero que habla como dragón, se atrevió a decir: “¿Quién soy yo para juzgarlos?”— Tú, inicuo, no eres nadie, pero Yahvé de los Ejércitos sí los juzga y ha dicho que todas esas cosas son ABOMINACIÓN, y el verdadero pueblo de Dios se aúna al criterio de Su Dios.
  
Pues bien, Yahvé ya no pudo soportar más aquella asquerosidad de Sodoma y decidió destruir la ciudad con todos sus habitantes. Allí vivía Lot con su esposa, sus dos hijas y sus yernos. Y Dios envió “dos ángeles” para que le comunicaran a Lot Su divina decisión. A pesar de no estar en el centro de Su voluntad, Dios tuvo esa deferencia con Lot en atención a su amigo Abram. Vamos a leer la historia completa en Génesis 19: 1-23:
Llegaron los dos ángeles a Sodoma por la tarde cuando Lot estaba sentado en la puerta de Sodoma. Al verlos se levantó Lot a salirles al encuentro; y postrándose rostro en tierra, dijo: “Mirad, señores míos, os ruego que os dirijáis hacia la casa de vuestro siervo, para pernoctar y lavaros los pies, y de madrugada os levantaréis para seguir vuestro camino”. Mas ellos dijeron: “No, pues pasaremos la noche en la plaza”. Pero les instó de tal manera que se encaminaron y fueron a su casa, donde les preparó un banquete y coció panes ácimos; y comieron.
Mas antes de que fueran a acostarse, los hombres de la ciudad, los sodomitas, que habían cercado la casa, todo el pueblo junto, desde los jóvenes hasta los viejos, llamaron a Lot y le dijeron: “¿Dónde están los varones que han venido a ti esta noche? Sácanoslos para que los conozcamos”. Lot salió a la entrada donde ellos estaban, y cerrando tras sí la puerta, dijo: “Os ruego, hermanos míos, no hagáis esta maldad. Mirad, tengo aquí dos hijas que aún no han conocido varón. Os las sacaré fuera; haced con ellas como bien os parezca, pero no hagáis nada a estos varones; pues para eso se han acogido a la sombra de mi techo”. Mas ellos respondieron: “¡Quítate allá!” Y añadieron: “¡Este individuo que vino como extranjero, quiere hacerse juez! Ahora te trataremos a ti peor que a ellos”. Y arrojándose sobre el hombre, sobre Lot, con gran violencia se acercaron para forzar la puerta. Entonces los dos varones alargaron la mano y metieron a Lot dentro de la casa donde estaban, y cerraron la puerta. Y a los hombres que estaban a la puerta de la casa los hirieron con ceguera, desde el menor hasta el mayor, de modo que se fatigaron inútilmente por hallar la puerta.

Luego dijeron los varones a Lot: “¿Tienes aquí todavía alguno? Sácalos a todos de aquí: los yernos, tus hijos y tus hijas, y todo cuanto tengas en la ciudad. Pues vamos a destruir este lugar, porque se ha hecho grande su clamor delante de Yahvé, y Yahvé nos ha enviado a exterminarla”. Salió, pues, Lot y habló con sus yernos, desposados con sus hijas, diciendo: “Levantaos, salid de este lugar; porque Yahvé va a destruir la ciudad”. Mas era a los ojos de sus yernos como quien se burlaba. Al rayar el alba, los ángeles apremiaron a Lot, diciendo: “Levántate, toma a tu mujer y a tus dos hijas que se hallan contigo, no sea que perezcas por la maldad de la ciudad.” Y como él tardase, los varones lo asieron de la mano, y, por compasión de Yahvé hacia él, también a su mujer y a sus dos hijas. Lo sacaron, pues, y lo pusieron fuera de la ciudad. Y mientras los sacaban fuera, dijo uno: “Ponte a salvo, por tu vida. No mires atrás, ni te pares en ningún lugar de la Vega. Huye a la montaña, no sea que perezcas”. Pero Lot les dijo: “No, por favor, Señor mío. Veo que tu siervo ha hallado gracia a tus ojos, y le has mostrado tan grande misericordia salvándome la vida; mas no puedo escapar a la montaña, sin riesgo de que me alcance la destrucción y la muerte. He ahí cerca esa ciudad donde podría refugiarme. Es tan pequeña. Con tu permiso huiré a ella —¿No es ella tan pequeña?— y vivirá mi alma”. Le contestó: “Bien, te concedo también esta gracia de no destruir la ciudad de la cual hablas. Date prisa, refúgiate allá; pues nada podré hacer hasta que hayas entrado en ella”. Por eso fue llamada aquella ciudad Segor. Salía el sol sobre la tierra cuando Lot entraba en Segor.
  
Y entonces, ¡pobre Lot que había cifrado sus esperanzas y sueños en aquella tierra depravada y pecadora!
 
1º) PERDIÓ TODO LO QUE TENÍA EN UN SOLO INSTANTE. (Génesis 19: 24-25):
Entonces Yahvé hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego que venía de Yahvé, desde el cielo. Y destruyó aquellas ciudades, y toda la Vega, con todos los habitantes de las ciudades, hasta las plantas del suelo.
 
2º) PERDIÓ A SU ESPOSA. (Génesis 19: 26): Mas la mujer de Lot miró atrás y se convirtió en estatua de sal.
 
La esposa de Lot no pudo reprimir el deseo de volver sus ojos hacia lo que dejaba atrás. A ella no le importaba vivir en medio de abominaciones y de pecados. Añoraba el pasado y quiso tener un último recuerdo de aquello en lo que estaba centrado su corazón… pero QUEDÓ CONVERTIDA EN UN PILAR DE SAL.

3º) LAS HIJAS DE LOT APRENDIERON TODA CLASE DE INMORALIDADES. (Génesis 19: 30-36):
Subió Lot de Segor y habitó con sus dos hijas en la montaña, porque tuvo miedo de quedarse en Segor. Se estableció, por eso, en una cueva, él y sus dos hijas. Y dijo la mayor a la menor: “Nuestro padre es viejo y no hay en el país hombre que se llegue a nosotras, como es costumbre en toda la tierra. Vamos a embriagar a nuestro padre con vino, y nos acostaremos con él, a fin de conseguir de nuestro padre descendencia.” Embriagaron, pues, con vino a su padre esa misma noche; y entró la mayor y se acostó con su padre, sin que él se diera cuenta de ello, ni cuando ella se acostó ni cuando se levantó.
Al día siguiente dijo la mayor a la menor: “Mira, yo me acosté anoche con mi padre; démosle a beber vino también esta noche, y entra tú para acostarte con él, de modo que de nuestro padre consigamos descendencia.” Embriagaron, pues, con vino, también aquella noche a su padre y fue la menor a acostarse con él, sin que él se diera cuenta de ello, ni cuando ella se acostó, ni cuando se levantó. Y sucedió que las dos hijas de Lot concibieron de su padre.

La depravación de Sodoma había calado hasta la médula a aquellas dos muchachas que veían como natural la embriaguez, el incesto, etc.

4º) EL FRUTO DE AQUEL INCESTO FUE EL SURGIMIENTO DE DOS NACIONES ENEMIGAS ACÉRRIMAS DE ISRAEL –Moab y Amón. (Génesis 19: 37-38):
La mayor dio a luz un hijo, a quien llamó Moab. Es el padre de los moabitas hasta hoy. También la menor dio a luz un hijo, al cual llamó Ben-ammí. Es el padre de los ammonitas hasta hoy.
 
CONCLUSIÓN: Un don del Espíritu Santo que necesitamos en estos tiempos finales de la historia de la humanidad es el DISCERNIMIENTO.
 
Sí, necesitamos discernimiento para saber distinguir entre lo bueno y lo malo, entre lo verdadero y lo falso, entre los maestros y profetas legítimos y los pseudo maestros y profetas, entre la voluntad de Dios y nuestra propia voluntad.
  
Necesitamos discernimiento para no disfrazar de virtud el pecado. En el Salmo 94 se habla de los que “hacen agravio en forma de ley”, es decir, de los que disfrazan la soberbia más luciferina de “humildad”, el deseo de herir al prójimo de “celo por la santidad”, las doctrinas más mentirosas de “deseos de atraerlos a todos”.
 
Ha llegado la hora final —y es ésta— cuando el verdadero pueblo de Dios tiene que definirse y pronunciarse en favor de lo que es justo, santo y agradable a Dios, y rechazar abiertamente toda apariencia de santidad que provoca arqueadas en el paladar divino.
 
Lectores, esto no es juego, no es una leyenda, no es alguna historieta de la antigua Mesopotamia… El propio Jesús en su discurso escatológico en el Evangelio de San Lucas citó esta historia cuando nos dijo“ACORDAOS DE LA MUJER DE LOT”.
  
Sí, recordemos en este tiempo de confusión, de mentira, de destrucción de la verdadera catolicidad de la Iglesia, que, si no andamos absolutamente definidos, podemos perderlo todo en un instante…
  
¡¡¡ELIJAMOS BIEN!!!
 
Reynaldo

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