domingo, 6 de diciembre de 2015

"LA MASONERÍA Y EL JUDAÍSMO SON COMPATIBLES" (RABINO)

  
Por el Ven. H. Rabino Dr. Raymond Apple, Oficial de la Orden de Australia, Decoración de las Fuerzas de Reserva, ex Gran Maestro encargado de la Gran Logia Unida de Nueva Gales del Sur y del Territorio de la Capital Australiana, y Rabino emérito de la Gran Sinagoga de Sidney.
  
Traducido del inglés en el sitio OzTORAH
   
La Francmasonería es la más antigua y mejor conocida entre las organizaciones fraternales del mundo. Dicen ser tan antiguos como la Biblia. En su forma presente surgieron en la Edad Media cuando los albañiles trabajaban juntos, a menudo durante años, en la construcción de castillos y catedrales, desarrollando fuertes lazos de camaradería y honrando altos estándardes de craftsmanship. En dicho discurso fueron aceptados miembros “especulativos” en el movimiento –esto es, hombres que no necesariamente eran “operativos” o constructores activos, pero que abrazaron los ideales masónicos y usaron las herramientas de construcción, especialmente la escuadra y el compás, para simbolizar el camino correcto para regular la conducta humana y edificar un mundo ético.
  
Especialmente en los países angloparlantes, el movimiento siempre tuvo una alta proporción de miembros eminentemente judíos, incluyendo a reconocidos rabinos. Entre los rabinos australianos, el más alto cargo masónico lo ostentan el Rabino Shalom Coleman de Perth, el Rabino Chaim Gutnick de Melbourne y yo en Sydney. Otros rabinos y ministros son ex-Venerables maestros de sus logias.
  
Todo esto indica claramente que los judíos no encontraron que la francmasonería era incompatible con su judaísmo. Los masones judíos se sienten en casa con el movimiento porque incluye entre sus mandatos que un masón debe creer en Dios, y el hecho que la Biblia ocupa un lugar de honor en el salón de la logia.
 
El ritual masónico está basado principalmente en palabras, eventos y personalidades bíblicas, y en general enfatizan en la ética, la amistad y las buenas obras.
 
Lo admitimos, algunas de las palabras hebreas que figuran en las ceremonias masónicas están mal pronunciadas y las referencias a eventos bíblicos ocasionalmente hacen erróneas sus historias, pero eso es recordado por los francmasones judíos como asuntos incidentales. Ningún desafío relevante a la fe judía se ve en ser masón o promover los ideales masónicos.
 
A menudo se ve lo contrario entre los cristianos. Durante largo tiempo, la Iglesia Católica Romana vivió en estado de conflicto, o en el mejor caso, de una difícil tregua, aunque la posición católica (sic) hoy en día tiende a ser positiva. En años recientes, sin embargo, la Iglesia de Inglaterra ha tomado una actitud crítica hacia el movimiento, tanto en la Gran Bretaña como en la Comunión Anglicana.

En 1988, el sínodo de la Iglesia Anglicana en Australia declaró que la francmasonería es “básicamente incompatible con el Cristianismo”.

El problema cristiano con la francmasonería es tanto general (hay una percepción incorrecta de que el movimiento es una religión rival), como particular, en que no hace referencia alguna a Jesús o al Nuevo Testamento, al menos en los tres grados básicos donde muchos masones progresan.
 
La masonería responde insistiendo en que es religiosa sin ser una religión y que generalmente fomenta una actitud religiosa ante la vida, pero no tiene doctrina teológica, interpretaciones mandatorias o modos de adoración.

Se define a sí misma como “un peculiar sistema de moralidad, velada en la alegoría e ilustrada por los símbolos”. No es iglesia ni sinagoga; no compite con la iglesia o la sinagoga; y urge a los masones a ser miembros completamente comprometidos y practicantes del grupo de fe al que adhieran.
 
La omisión de Jesús y del Nuevo Testamento es implícita en el hecho de que la francmasonería está abierta a hombres de todas las creencias. Judíos, musulmanes, hinduístas y otros son tan bienvenidos como los cristianos. Pero cada uno entra a la masonería con sus propias creencias y compromisos religiosos, y cuando escuchan la palabra “Dios” en el ritual de la logia, lo vinculan a su interpretación teológica.
 
Un judío entenderá el nombre divino en términos del puro e indivisible monoteísmo del judaísmo: para él, “Dios” es “HaShem” (“el Eterno”). Un cristiano es libre de importar la palabra “Dios” a su propio concepto y entender cristiano.
 
La historia de la francmasonería sugiere una gran y trágica paradoja. En parte de la Europa continental, especialmente en la Alemania decimonónica, hubo grandes objeciones a la membresía de judíos en el movimiento.
 
El antisemitismo era entonces endémico en sectores de la francmasonería alemana. Todavía el antisemita nunca fue racional o consistente, y hace mucho la francmasonería era regularmente atacada como “demasiado judía”, y por ende, peligrosa para la sociedad.
  
Acusaciones de conspiraciones judeo-masónicas para minar y controlar el mundo jugaron un rol en el escándalo de Dreyfus. Ellas salieron a la luz en ese notorio fraude, “Los Protocolos de los Sabios de Sión”. Y la derecha alemana y los Nazis agregaron acusaciones similares a su arsenal antisemita.
  
Para los judíos, el derecho de participar en la francmasonería se convirtió en una piedra de toque de la libertad religiosa, y un agente de emancipación e integración social. Por ello, en la libre atmósfera de los países británicos, los judíos estuvieron bien representados en membresías de logias, y muchos líderes de la comunidad judía fueron prominentes masones.
  
Es difícil decir que el desarrollo masónico está creciendo o declinando entre los judíos; no existen estadísticas de ello, aunque esto pueda ser un objeto útil para investigación. Pero sin importar los números, los judíos masones están orgullosos de su contribución a la francmasonería, y orgullosos de la amistad e inspiración ética que ellos obtuvieron del movimiento.

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