miércoles, 29 de junio de 2016

ORACIÓN “Ante óculos tuos, Dómine”

Esta oración, poco conocida aún entre los clérigos, fue compuesta por San Agustín poco antes de morir, mientras la ciudad de Hipona estaba siendo asediada por los vándalos de Genserico arriano, reconociendo en este suceso un castigo por los pecados cometidos en su ciudad y diócesis. De acuerdo a la Historia General de los Ermitaños de la Orden de San Agustín, esta oración fue encontrada por el cardenal Jerónimo Seripando, legado papal en el Concilio de Trento, y la dio a conocer a muchos. Urbano VIII ordenó que ésta se rezara como acción de gracias posterior a la Santa Misa y se incluyera al final del Breviario Romano, junto a las jaculatorias y las oraciones siguientes; y en su Constitución Inter primárias, del 15 de Noviembre de 1630 (Bullarium Basilica Vaticana, tom. III. p. 242, Roma 1752), concedió a cuantos la rezasen indulgencia plenaria en los días relacionados a continuación, con las condiciones habituales:
  • Santísima Trinidad.
  • Todas las fiestas de Nuestro Señor y de la Bienaventurada Virgen María.
  • La fiesta de San Juan Bautista.
  • La fiesta de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y las fiestas de los demás Apóstoles.
  • Todos los Santos.
  • Todos los Viernes de Marzo.
 
Y siete años con siete cuarentenas, en cualquier momento, bastando para ello el tener firme propósito de confesarse.

ORACIÓN “Ante óculos tuos, Dómine”
  
LATÍN
Ante óculos tuos, Dómine, culpas nostras férimus: et plagas, quas accépimus, conférimus.
Si pensámus malum, quod fécimus: minus est, quod pátimur; majus, quod merémur.
Gravius est, quod commísmus: levius, quod tolerámus. ­
Peccáti pœnam sentímus: et peccándi pertináciam non vitámus.
In flagéllis tui infírmitas nostra téritur: et iníquitas non mutátur. ­
Mens ægra torquétur: et cervix non fléctitur.
Vita in dolóre suspírat: et in ópere non se eméndat‚
Si exspéctas, non corrígimur: si víndicas, nоn durámus.
Confitémur in correctióne, quod égimus: oblivíscimur post visitatiónem, quod flévimus.
Si exténderis manum, faciénda promíttimus: si suspénderis gládium, promíssa non sólvimus.
Si férias, clamámus ut parcas: si pepérceris, íterum provocámus ut férias.
Habes, Dómine, confiténtes reos: nóvimus, quod nisi dimíttas, recte nos périmas.
Præsta, Pater omnípotens, sine mérito quod rogámus, qui fecísti ex níhilo, qui te rogárent. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.
 
V. Gregem tuam, Pastor ætérne, non déseras.
R. Sed inter beátos Apóstolos tuos perpétua defensióne custódias.
 
V. Prótege, Dómine, pópulum tuum ad te clamántem, et Apostolórum tuórum patrocínio confidéntem.
R. Perpétua defensióne custódias.
 
V. Oráte pro nobis, sancti Apóstoli Dei.
R. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
 
ORATIO
Præsta, quǽsumus, omnípotens Deus: ut nullis nos permíttas perturbatiónibus cóncuti; quos in apostólicæ confessiónis petra solidásti. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.

Implóret, clementíssime Dómine, nostris opportúnam necessitátibus opem devóte a nobis proláta meditátio, qua sanctus olim Joánnes Chrysóstomus, in hac basílica cónditus, te cum beatíssimis Apóstolis Petro et Paulo repræsentávit sic colloquéntem: “Circúmdate hanc novam Sion et circumvállate eam: hoc est, custodíte, muníte, précibus firmánte; ut quando iráscor in témpore, et orbem terræ concútio, aspíciens sepúlchrum vestrum numquam desitúrum, et quæ libénter propter me géritis stígmata, iram misericórdia vincam, et ob hanc te percípiam vestram intercessiónem. Étenim quando Sacerdótium et Regnum vídeo lacrymári, statim quasi compátiens ad commiseratiónem flector, et íllius meæ vocis reminíscor: ‘Protégam urbem hanc propter David servum meum et Áaron sanctum meum’”. Dómine, fiat, fiat. Amen, Amen.

TRADUCCIÓN
Ante tus ojos, Señor, reconocemos nuestras culpas, y con ellas comparamos las llagas que hemos recibido.
Cuando pensamos en todo el mal que hemos hecho, poco es lo que sufrimos comparado con lo mucho que merecemos.
Graves son nuestras ofensas, y leve lo que toleramos.
Somos afligidos por el castigo de nuestro pecado, y no evitamos la pertinacia en el pecado.
Nuestra debilidad es triturada por tus azotes, pero nuestra iniquidad no cambia.
Nuestra alma enferma es amargamente atormentada, mas no doblamos la cerviz.
El dolor nos hace dar suspiros, y no enmendamos nuestras obras.
Si Tú nos esperas, no nos corregimos; si tomas venganza, no las sufrimos.
En nuestras correciones, confesamos cuanto hicimos; y después que nos visitas, olvidamos lo que habíamos lamentado.
Si extiendes Tu mano, hacemos promesas; si sueltas Tu espada, no cumplimos nuestras promesas.
Si Tú nos azotas, clamamos a Ti pidiendo clemencia; si Tú nos perdonas, Te provocamos nuevamente para herirnos.
Aquí tienes, Señor, la confesión de tus reos, pues bien sabemos que si no nos perdonas, justamente pereceremos.
Concédenos, Padre omnipotente, lo que inmerecidamente pedimos, pues nos creaste de la nada, para que roguemos a Ti. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

V. No abandones para siempre a tu grey, Pastor eterno.
R. Antes bien, defiéndela y custódiala por tus bienaventurados Apóstoles.
 
V. Protege, Señor, a tu pueblo que llama a Ti, y confía en el patrocinio de tus Apóstoles.
R. Defiéndela con tu protección perpetua.
 
V. Rogad por nosotros, Santos Apóstoles de Dios.
R. Para que seamos dignos de obtener las promesas de Cristo.
 
ORACIÓN
Concédenos, te suplicamos, Dios todopoderoso, que no permitas que golpeen las perturbaciones a cuantos consolidaste en la pétrea confesión apostólica. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Clementísimo Señor, que esta oración que devotamente hemos elevado hacia el trono de Tus clemencias obtenga para nosotros la ayuda oportuna en el día de la necesidad, en la cual San Juan Crisóstomo, sepultado en esta basílica, te representó a Ti dirigiéndose a los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo de esta manera: “Recorred esta nueva Sion y circunvaladla: esto es, custodiadla, fortalecedla, afirmadla con oraciones; para que en el tiempo de mi ira, y cuando golpee al orbe, pueda mirar vuestros sepulcros, y cuando me presenteis las heridas que recibisteis, mi misericordia venza la ira, y por ella reciba vuestra intercesión. Y cuando vea las lágrimas del Sacerdocio y el Reino, me moveré a compasión y conmiseración, y traeré a recuerdo mis palabras: ‘Protegeré esta ciudad por David mi siervo, y Aarón mi santo’”. Señor, hágase, hágase. Amén, Amén.

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