miércoles, 8 de marzo de 2017

DEL PLAN FEMINISTA CONTRA LA IGLESIA CATÓLICA

Traducción tomada de VIDA HUMANA INTERNACIONAL del artículo escrito por Cornelia R. Ferreira
 
Para comprender mejor el feminismo en la Iglesia y su evolución como una religión, nos convendría estudiarlo primero considerándolo como una rama del árbol feminista completo que comparte con él las mismas raíces y tronco; es decir, que tiene los mismos presupuestos básicos, metas y filosofía de la otra rama del feminismo: el feminismo secular.

‘¡Igualdad!’ es el grito de guerra del feminismo secular, que se ha estado organizando continuamente desde el siglo XIX. Al principio, este movimiento buscó y obtuvo reformas que eran realmente necesarias en favor de las mujeres, especialmente en el campo de los derechos civiles. Pero pasado un período de calma, después de la segunda guerra mundial, el movimiento resurgió, convirtiéndose en una verdadera revuelta contra la naturaleza femenina misma. Esto se ha debido en gran parte al estimulante libro The Feminine Mystique (‘La mística femenina’) de la psicóloga Betty Friedan, en el que declara que las mujeres han sido engañadas y se les ha lavado el cerebro para que consideren elpapel de su sexo’ de esposa y madre como la única meta deseable. Fue en este libro que el término ‘ama de casa’ se convirtió en algo despectivo con respecto a las mujeres que dedican todo su tiempo a los deberes de madre y esposa. Es interesante anotar que en el pensamiento de la Friedan influyó Abraham Maslow[1], uno de los primeros directores de los movimientos de potencialidad humana y de la Nueva Era, que cree que los individuos se convertirón en dioses y serán independientes de la autoridad de los gobiernos y de las jerarquías religiosas tradicionales. 
  
The Feminine Mystique les enseñó a las mujeres que la vida les ofrecía más que un marido, niños y un hogar[2]. La Friedan proponía una revolución social cuando dijo: “necesitamos una reforma drástica de la imagen de la feminidad que permita a las mujeres alcanzar madurez, identidad y el ser completas en sí mismas, sin el conflicto de la satisfacción sexual”[3]. Esta reforma supuestamente era necesaria porque la cultura existente no permitía a las mujeres “satisfacer su necesidad básica de crecer y desarrollar sus potencialidades como seres humanos, necesidad que no está definida solamente por su papel sexual”[4]. 
  
Betty Friedan fue signataria del Manifiesto Humanista II, cuyo preámbulo declara que nuestra última meta debe ser la realización del potencial de crecimiento de cada personalidad humana”, libre de las reglas morales tradicionales” y de una fe pasada de moda” en un Dios que oye oraciones”[5]. La lectura cuidadosa de este documento revela que las demandas de la Friedan son puro Humanismo (cuyos principios han vuelto a circular como el Movimiento de la Nueva Era)[6] Así, el Humanismo Secular alimentó el movimiento de la liberación de la mujer cuando las mujeres educadas comenzaron a mirar fuera del hogar para realizarse. El matrimonio ya no era una vocación a la que una se entregaba desinteresadamente (como sucede con cualquier otra vocación); ser esposa y madre se consideraban solamente como ‘papeles’ en el drama de la vida, y el concepto cristiano de la feminidad fue desechado. 

Las mujeres atacan a otras mujeres 
En cambio, el ideal comunista de la feminidad obtuvo preferencia cuando la Friedan citó la ‘inquieta’ observación del experto más famoso del mundo en la crianza de niños, el Dr. Benjamin Spock, en el sentido de que los niños rusos, cuyas madres tienen alguna meta en sus vidas fuera de la maternidad y trabajan en la medicina, la ciencia, la educación, la industria, el gobierno, el arte, parecían por alguna razón más estables, equilibrados y maduros que los niños americanos, cuyas madres que permanecían en casa, no hacían nada fuera de preocuparse por ellos[7]. Tanto el Dr. Spock como Betty Friedan se preguntaban si las mujeres rusas eran por alguna razón mejores porque tenían un propósito serio en sus vidas[8]. 
  
La Friedan trabajó mucho para promover la idea de que las madres que trabajan son mejores madres que las que se dedican totalmente a sus deberes maternos. Ella presentó estudios que demostraban que los niños de las mujeres que trabajan eran más equilibrados emocionalmente que los de las amas de casa, y que las madres que trabajan tenían una mayor tendencia a sentirse ‘encantadas’ de estar embarazadas y menos dispuestas a sufrir un conflicto sobre su ‘papel de madre’ que las amas de casa[9]. En otras palabras, bajo la influencia del Humanismo marxista (una rama del Humanismo, reconocida por el Manifiesto Humanista)[10], mujeres como la Friedan comenzaron a atacar otras mujeres (las esposas y madres tradicionales); éste es un aspecto del feminismo que la generación de la Friedan pasó por alto y que la generación actual ni siquiera parece conocer.
  
La Friedan, que tenía amigos en la organización Planned Parenthood[11], también se preocupaba porque para el final de la década de 1950, la proporción de nacimientos en los EE.UU. estaba excediendo la proporción de la India[12]. Los matrimonios más temprano y las familias más grandes, formadas por amas de casa, realmente la desconcertaron[13], y por eso fundó la Organización Nacional de Mujeres, que hoy día dirige la lucha en favor del aborto, los derechos de las lesbianas y los esfuerzos para sacar a las mujeres del hogar e incorporarlas a las fuerzas laborales[14] El movimiento feminista secular se convirtió en algo dedicado totalmente a la ‘libertad de escoger’ (el lema familiar de Planned Parenthood, aparentemente tomado del artículo 5 del Manifiesto Humanista II)[15]. ¿Matrimonio, carrera, niños? Nada es tan fundamental para la libertad de la mujer como el derecho a ‘escoger’ el aborto[16].
  
Previendo la resistencia de la ortodoxia religiosa (especialmente el catolicismo y el judaísmo) a sus ideas humanistas, la Friedan tomó la ofensiva. La mujer -declaró- debe enfrentarse a los ‘prejuicios (y) al temor erróneo, al ministro, sacerdote o rabino…’ La imagen del ama de casa… está entronizada en los cánones de su religión y en las definiciones dogmáticas de la Iglesia con respecto al matrimonio y la maternidad. La Friedan hasta logró sugerir que la ortodoxia religiosa estaba rebajándose, usando la técnica manipuladora de la psicoterapia para asegurar la resistencia a la liberación de la mujer[17]. 
  
Explícitamente la Iglesia Católica fue considerada por las feministas como el principal baluarte de resistencia a la nueva mentalidad femenina, destructora de la familia; por lo tanto, la Iglesia tenía que ser destruida. Pero el feminismo secular se encontró con que era difícil hacer esto desde afuera. Por eso, a comienzos de la década de 1970, surgió otra rama del feminismo que, como el feminismo secular, había tenido un comienzo tentativo en el siglo XIX. Al llamarse de varias maneras -feminismo espiritual, religioso o cristiano- esta rama se convirtió en el instrumento para llevar a cabo la reforma feminista secular de la Iglesia, destruyendo su ortodoxia desde adentro. Hasta el 1985, estuve consiente de que el movimiento feminista se estaba haciendo sentir en la Iglesia Católica (conciliar), a través de las exigencias en favor del sacerdocio para la mujer, las monaguillas, etc. Pero en 1985, una serie de ensayos titulado ‘Las mujeres en la iglesia’, fue publicada por la Conferencia de Obispos Católicos del Canadá[18]. Se publicaron para distribuirlos a mujeres en las parroquias a través del Canadá, con el propósito de hacerlas cuestionar su papel en la iglesia. Cuando me preguntaron si podía dar mi opinión sobre esa serie que estaba causando mucha división, consideré necesario estudiar su bibliografía, pues los ensayos estaban tan abreviados que era necesario estudiar las fuentes, para así determinar la filosofía que había detrás de cada sesión.
  
Dicha bibliografía, compuesta casi únicamente de obras de religiosas feministas, lo lanza a uno al centro del pensamiento feminista en la iglesia. Pronto se me hizo obvio que este movimiento que es muy poderoso, tiene ramificaciones verdaderamente alarmantes. En libro tras libro, los avanzados grados académicos de las autoras daban credibilidad a distorsiones de la verdad presentándolas como nuevos conocimientos, una alteración de los hechos para apoyar sus teorías, que un verdadero científico no haría, sino a riesgo de perder toda credibilidad. También vi claro que el feminismo religioso estaba influyendo en las religiosas, los sacerdotes y los obispos en tal grado, que éstos estaban tratando (posiblemente sin darse cuenta), de presentar esta filosofía a los laicos (como por ejemplo a través de la serie ya mencionada)[19].
  
El objetivo de este ensayo es presentar un resumen del plan feminista en la Iglesia, un plan que a menudo está oculto pero que ahora está en su pleno apogeo. Las citas son ejemplos representativos -no extremos- de la vasta literatura religiosa de las feministas. Hay dos grandes ramas en el feminismo. La primera es el feminismo secular, cuyas principales líderes son personas como Betty Friedan, Germaine Greer y Simone de Beavuoir. Luego, desde los inicios de los años setenta, las feministas lograron introducirse en las escuelas de teología, seminarios y conventos para luchar por la igualdad, dando origen a la segunda rama conocida como el feminismo espiritual, religioso o cristiano. El feminismo secular se ocupa más que nada de la forma en que se trata a las mujeres en el mundo. Sin embargo, dado que el feminismo religioso está poblado por monjas [en España, Lucía Caram OP y Teresa Forcades Vila OSB, y en Brasil, Ivone Gebara OSA N del E.], ex-monjas, teólogas [en Colombia, Carmiña Navia Velasco, N del E.] e historiadoras, se preocupa mucho de las prácticas religiosas y del trato que se les da a las mujeres en la Iglesia. Este grupo de mujeres es el que nos preocupa, puesto que bajo el pretexto de la justicia social han rechazado a Dios y parece que han querido tomar su lugar, tratando de crear una nueva Iglesia y una sociedad según su propia imagen y semejanza[20]. 

El feminismo espiritual es solo la cúpula del ‘iceberg’ 
Este feminismo se puede comparar con un témpano de hielo que trata de hundir la barca de Pedro. La parte de arriba, que representa las exigencias de las mujeres con respecto al ministerio sacerdotal, es visible y evitable. La verdadera amenaza proviene de la parte más grande del témpano, que está sumergida y que representa la filosofía de este feminismo religioso. Esta conlleva un grave peligro para las almas, por lo que debemos hacernos conscientes de él para evitarlo. De acuerdo con feministas católicas como Rosemary Ruether (quien firmó en 1984 un anuncio a favor del aborto en el New York Times)[21] y Eleanor McLaughlin, este movimiento comenzó en el siglo pasado. En su libro Women of Spirit (Mujeres de Espíritu)[22] afirman que el ideal ya sea masculino o femenino del Nuevo Testamento, dejó de ser visto por las feministas del siglo XIX como algo más allá de la naturaleza (esto es, refiriéndose a la unidad espiritual de aquellos que viven en la fe, como enseña la Iglesia)[23]; y se ha convertido en un ideal de reforma social”. El liberalismo del siglo XIX consideraba al paraíso como la meta de… la evolución y la mejora de las injustas condiciones sociales” y lo situaba en la tierra, no en el cielo. Fue la teología liberal del siglo XIX la que trasladó el concepto de igualdad espiritual del Cristianismo, a una demanda a favor de la reforma institucional, que incluyera…la ordenación de mujeres al sacerdocio”.
  
Así es que hoy escuchamos que la Iglesia debe moverse hacia adelante[24], hacia una Nueva Humanidad”[25], o hacia la nueva visión de la comunidad cristiana[26] Pero ¿dónde dijo Cristo que su religión llevaría a una utopía terrenal? Lo que dijo fue que su reino no es de este mundo, que su mensaje iba a causar división y que sus seguidores serían perseguidos[27]. Más aún, la Iglesia enseña que la Revelación ocurrió una sola vez[28], y que el cristianismo no es un proceso de evolución o de descubrimiento de nuevas verdades[29]. Cuando rehusaron ordenarlas al sacerdocio, las feministas religiosas de nuestros días se enojaron tanto, que comenzaron a lanzar epítetos. A la Iglesia la llamaron ‘patriarcal’, tal vez reflejando la idea de Ruether que dice que la jerarquía consiste en ancianos y célibes italianos que no pueden entender los asuntos de las mujeres[30]. También llamaron a la iglesia ‘sexista’, otro improperio feminista. En 1979, dos religiosas feministas muy influyentes: Carol Christ y Judith Plaskow, en su libro, Womenspirit Rising (Surgimiento del espíritu femenino), declararon que el patriarcado es un monstruo de muchas cabezas y por tanto debe ser atacado con todas las estrategias a nuestro alcance[31]. Con esta declaración de guerra pensada, el feminismo espiritual se autoproclamó enemigo de la Iglesia católica y de cualquier religión cristiana o judía que no admita a las mujeres a posiciones de poder.
   
La primera línea de ataque fue declarar que las mujeres estaban siendo oprimidas por la Iglesia[32]. Necesitaban ser ‘liberadas’ del patriarcado y así la teología feminista surgió como una ‘sobrina’ de la teología de la liberación[33], que incluía el llamado Marxista a la revolución para alcanzar la reforma social en la Iglesia[34] Esta liberación incluye no sólo el alcanzar poder en la Iglesia, sino una liberación total en asuntos de moral, y un control autónomo sobre el propio cuerpo, con respecto a la anticoncepción, el aborto, el lesbianismo y así sucesivamente[35] Otra líder del movimiento feminista espiritual, Elisabeth Schüssler Fiorenza, en su libro ‘In Memory of Her’ (En memoria de ella), afirmó que “en el corazón de la búsqueda feminista espiritual está la búsqueda del poder, la libertad y la independencia para la mujer[36].

La palabra de Dios considerada una mentira 
Las feministas rechazaron cualquier idea de aceptar las enseñanzas de la Iglesia acerca de la ordenación, con una actitud sufrida y humilde como la de Cristo. Fiorenza dijo que no debe atribuirse dicho sufrimiento a la voluntad de Dios, y que los textos bíblicos que se prestan a esta interpretación, fueron escritos para justificar la opresión patriarcal[37]. Esto implica que la palabra de Dios es una mentira, una colección de mitos, y por ello, la conclusión natural de Fiorenza es que la Biblia debe ser ‘desmitologizada’[37]; esto es, reescrita desde la perspectiva feminista.
  
La palabra ‘mito’ se entiende normalmente como una narración ficticia que explica fenómenos naturales[38]. Por lo tanto, la Biblia, Palabra de Dios, no puede contener ningún mito, pues ello implicaría que los autores sagrados no siempre estuvieron inspirados por Dios, y usaron su imaginación cuando quisieron[39] Pero las feministas llamaron a las partes que ellas no aceptan, como por ejemplo la creación de un mundo por un Dios masculino[40] y el pecado de Eva[41], ‘mitos’. Volvieron a escribir estos relatos, que después vinieron a ser su ‘palabra’[42] Pero entonces, tal vez para disimular su ataque directo a la veracidad de la Palabra de Dios, han redefinido la palabra mito. Según la teóloga canadiense Sor Virginia Varley SSJ: el mito no es una mentira o algo irreal, sino una historia que da una norma de vida, una interpretación de una verdad inexpresable[43]. Puesto que la interpretación de una persona vale tanto como la de otra, se justifica el volver a escribirlas[44], y la palabra de las feministas se vuelve igual a la palabra de Dios. Pero es una falacia el ver la verdad como una colección de mitos, pues, como ha señalado el Cardenal Ratzinger, la verdad es algo por lo que se puede morir, pero, ¿quién muere por mitos que son intercambiables?[45].
  
La reinterpretación de la historia bíblica -la palabra de las feministas- llegó a conocerse como la ‘historia de ella’ (herstory)[45] Según Sheila Collins, al hacer de la historia algo relativo, la ‘historia de ella’, socava la autoridad de la revelación bíblica como el único canal de la verdad[46] Christ y Plaskow añadieron que la tradición es solamente una serie de decisiones humanas que pueden revocarse usando la imaginación…[47] De este modo la ‘palabra de la mujer’ y/o la ‘historia de ella’, se han convertido en un arma para atacar el fundamento mismo de la enseñanza de la Iglesia: la verdad revelada por la Escritura y la Tradición.
  
La ‘historia de ella’ se hizo útil también de una segunda forma. Ruether dijo que, para que uno pueda afirmar una idea en contra de la cultura dominante, debe formarse un subgrupo cultural para apoyar la otra posición. La ideología dominante (el ‘jerarquismo’) y el orden social tuvieron que primero ser desacreditados y debilitados, para que los grupos contra-cultura pudieran aumentar y sobrevivir[48] (esto se parece mucho a las tácticas comunistas[49]). Provocaron a las mujeres a la ira para que abandonaran la Iglesia, y formaran nuevas comunidades para liberarse del patriarcado[50] El método se utiliza para debilitar a la Iglesia, y fortalecer la nueva ‘Iglesia Mujer’ (Womanchurch como la llaman Ruether [51] y Mary Malone [52]), elevar el nivel de conciencia es la técnica de manipulación psicológica conocida como hacer concientes. El arma que se utiliza es la ‘historia de ella, empleada en este caso para revivir las experiencias personales de mujeres que perciben opresión y sexismo en la Iglesia y en la sociedad[53].

Hasta las brujas sufrieron opresión 
Las reuniones para contar historias, que ponen énfasis en heridas pasadas y presentes, garantizan la producción de ira. Las experiencias actuales de las mujeres se combinan extensamente con una historia reescrita, para mostrar que las mujeres siempre han sido oprimidas. Según dicen, hasta las brujas sufrieron en el pasado debido a la ‘opresión patriarcal’, porque eran mujeres poderosas, y no porque estaban promoviendo el mal. Este tema ocupa cerca de la cuarta parte de la película del Consejo Nacional de Filmes del Canadá producida por mujeres, denominada ‘Behind the Veil: Nuns’ (Detrás del Velo: Las Monjas)[54]. Fiorenza dice que mantener vivos los recuerdos de los sufrimientos de las hermanas que nos precedieron les da a las feministas cristianas un ‘poder subversivo’ y una solidaridad con las mujeres del pasado, del presente y del futuro[55]. Desafortunadamente, cualquier filosofía que fomente la ira y el odio para atacar a Dios y a su Iglesia, está abierta a convertirse en arma del demonio.
  
La ‘historia de ella’ es la base de la así llamada ‘teología feminista’, que según Collins, no se puede iniciar con abstracciones, sino con historias de mujeres, para que pueda tener más significado[56]. Esta teología de liberación de la mujer subyace la espiritualidad feminista[57], que se interesa por el espíritu humano y el mundo, y no por el alma o por un mundo más allá de la tierra[58]. El feminismo anímico o espiritual es, por lo tanto, una nueva religión, totalmente anti-católica. Su única pretensión a alguna semejanza con la cristiandad parece estar basada en las comunidades gnósticas (herejes y pseudo-cristianas) de los dos primeros siglos, como explicaré en breve.
  
Ahora bien, si el feminismo religioso es anti-católico, ¿por qué algunas de sus seguidoras alegan ser católicas? Hay dos posibles razones. La primera es que para algunas mujeres es difícil romper. Tienen esperanzas de que la Iglesia cambiará, pero mientras más se apegan al feminismo, menos pueden soportar el lenguaje no inclusivo y las misas celebradas por hombres[59], y eventualmente tendrán que dejar la Iglesia, o permanecerán en ella por la segunda razón. Esta segunda razón, es parte del juego feminista y de su plan oculto. La hermana Donna Quinn OP (otra de las personas que firmó el anuncio del New York Times), la resumió cuando dijo que ella permanece en la Iglesia para cambiarla, de modo que deje de ser sexista y pecaminosa.
  
Este plan fue presentado por Ruether en su libro Sexism and God Talk(El sexismo y el lenguaje de Dios)[60]. Primero, se deben crear las ‘comunidades feministas de base’ para concientizar, estimular nuevas ideas y rendir culto. Ella también les llama a estos grupos aquelarres como si fueran reuniones de brujas. Fiorenza y la hermana Diann Neu SP las llaman ‘eclesias’ (iglesias)[61] y el nombre más reciente es Womanchurch (la Iglesia de la Mujer o Mujer Iglesia). Segundo, estas mujeres asisten ex-profeso a iglesias institucionales, de manera que las liturgias transformadas, la reflexión teológica y la acción social que se desarrollan en los grupos de base”, puedan ejercer su influencia en la Iglesia. Tercero, la iglesia entonces se convierte en un ‘campo misionero’ de las comunidades de base. Los miembros de la Mujer Iglesia (Womanchurch), al permanecer en la Iglesia tradicional, mantienen las líneas de comunicación” abiertas entre esta y la comunidad de base, de manera que puedan anunciar su ‘buena nueva’ a un mayor número de gente: el Evangelio como algo que nos redime del patriarcado”.
  
En estos grupos de adoración Mujer Iglesia, las feministas celebran su ‘palabra’ y su ‘revelación[62] obtenida a través de sueños y fantasías, al estilo de Carl Jung[63] y contada a través de ‘la historia de ella’. Se perdonan las unas a las otras a través de su propio sacramento de la penitencia, celebran su propia eucaristía, que no es la transformación del pan y el vino en el cuerpo y sangre de Cristo, sino la transformación de la comunidad en el cuerpo de la nueva humanidad, infusa en la sangre de la nueva vida y ‘simbolizada’ al compartir el pan y el vino juntas[64] Esta es una nueva religión a la que quieren convertir a la Iglesia Católica (sic). Es una nueva comunidad cristiana, hacia la cual estamos siendo impulsados. 
   
En su búsqueda de material que emplear para reescribir las Escrituras y la Tradición y para desarrollar su propio culto, las feministas admiten haber comenzado a rebuscar material hereje y anti-canónico[65] Fue así como encontraron apoyo en las creencias gnósticas y heréticas sobre la vida comunitaria, de las que parecen haber tomado mucho; y de los ritos del ocultismo, de la brujería y del paganismo, a fin de desarrollar su teología y sus liturgias[66].
 
Eva mostró sabiduría, no orgullo
Siguiendo el pensamiento gnóstico, creen en un creador femenino[67], o un dios que es a la vez hombre y mujer[68]. Se consideran a sí mismas divinas, puesto que el propio conocimiento, es conocimiento de lo divino[69]. Una persona divina no puede pecar, por lo tanto, la única salvación necesaria es la liberación del sexismo, que es el único pecado que existe[70] y esto lo pueden alcanzar por sí mismas, según decía la teóloga canadiense Elisabeth Lacelle[71], gerente del Comité ad-hoc que produjo la serie de folletos. Siguiendo esta línea de razonamiento, no hubo pecado original, así que Eva mostró sabiduría, y no orgullo y desobediencia, al querer llegar a alcanzar la misma sabiduría que Dios,72 por lo que la declararon una feminista.
  
Cristo vino sólo para darnos un mejor conocimiento, y uno llega a ser igual a él cuando alcanza este nivel de sabiduría y en ese instante, lo mismo que en el gnosticismo, la persona no necesita aceptar la autoridad de una iglesia institucional[73]. Como los gnósticos se hacían llamar cristianos[74], las feministas citan libremente los propios evangelios gnósticos como revelación cristiana[75] y como tanto los hombres como las mujeres ejercían el ministerio en su vida religiosa[76], la comunidad gnóstica llegó a ser un modelo importante para las feministas. Algunos precedentes más modernos del gnosticismo pueden observarse en los cuáqueros, quienes también seguían esta línea de pensamiento y de vida[77].
  
Finalmente, en la búsqueda de algún ritual que reflejara la experiencia de la teología feminista, descubrieron que los rituales centrados en la adoración a las diosas eran apropiados. Adaptaron estos ritos para sentar las bases de una comunidad religiosa centrada en lo femenino[78]. Esta teología, que ahora incorpora la brujería, es la base de la liturgia feminista pseudo-cristiana. Pero, ¿qué cosa ven en la brujería las mujeres modernas educadas? Simplemente les hace sentirse poderosas, disfrutan de igualdad y autonomía en cada reunión, tienen una rica fuente de simbolismos y ceremonias que llenan sus sentidos. La brujería las hace sentirse plenamente humanas, y las ayuda a alcanzar metas materiales[79]. En el desarrollo de sus liturgias, las feministas religiosas han recibido ayuda de verdaderas brujas y la más influyente es una mujer llamada Starhawk [cuyo verdadero nombre es Miriam Simos Goldfarb -מִרְיָם שִׁמְעוֹץ גוֹלְדְפַרְבּ-, judía y bisexual. N. del E.][80].
  
La brujería oculta en las liturgias feministas
Los rituales propios de la brujería (en los cuales participan las feministas)[81] son fáciles de identificar, pero la brujería que está oculta en esta religión pseudo-cristiana, es difícil de detectar. Una de las liturgias más conocidas actualmente es la Letanía pseudo-católica[82] en la cual las heroínas feministas vivas o muertas, incluyendo a una mujer demonio[83] y hasta a la propia Ruether[84], son elevadas a niveles de santas o diosas[85] y por lo menos en dos de estas letanías, se pide la posesión de alguna persona para fortalecer a los miembros del grupo ‘como iglesia’. En vista de todo esto, es imposible que esta iglesia sea otra cosa más que Womanchurch[86] Según las enseñanzas de la Iglesia Católica, sólo los espíritus malignos pueden responder a este tipo de oraciones[87], lo cual deja a las participantes abiertas a ser poseídas por el demonio[88]. Estas ‘letanías pseudo-católicas’ son exactamente iguales a las que se llevan a cabo en un ritual de brujería del libro de Starhawk titulado Dreaming the Dark (Soñando con la oscuridad)[89] Se bendicen unas a otras imponiéndose las manos con comidas ritualizadas, con bailes y cantos, y llevan a cabo ceremonias que constan de 13 personas dentro de un círculo: todo esto indica ritos de brujería, como lo es también el contar historias para hacer surgir la ira[90]. La verdadera prueba está en saber si la ‘liturgia’ realmente da culto a Dios y a su Iglesia, que es la única razón de ser de la práctica católica[91]. Incluso la veneración a los santos y a la Madre de Dios están dirigidas para la gloria de Dios, puesto que reconocemos que su excelencia sobrenatural se deriva de Dios mismo por los méritos de Jesucristo[92].
  
Muchas brujas feministas, concientes de su carrera profesional, dicen ser miembros del ‘movimiento del espíritu de la mujer’[93], pero la expresión ‘espíritu de la mujer’ (Womanspirit), es solo un eufemismo que quiere decir brujería -de ahí que el tema de la brujería surja tan fuerte en este libro titulado Womanspirit Rising(Surgimiento del espíritu de la mujer), que aparece en la bibliografía de la serie de folletos, en las cuales feministas religiosas muy importantes (también Starhawk), han publicado al menos un ensayo[94].
  
No se tiene conocimiento acerca de cuántas feministas están involucradas en la brujería. En el Canadá, la película ‘Detrás del Velo’, se vale de las religiosas para ayudar a crear un clima de aceptación. Existen evidencias de que bajo este disfraz pseudo-cristiano, la liturgia de esta brujería feminista ha pasado inadvertida para la jerarquía y la hacen llegar a los laicos sin que se den cuenta[95] De todas formas, el número de feministas que practican la brujería hoy en día no es lo que importa, ya que la brujería siempre ha tenido adeptos. Lo que sí es de extrema importancia es el darse cuenta de que la brujería que estamos viendo surgir en la Iglesia, es el fruto y el resultado final del camino que ha tomado el feminismo espiritual. Este camino comienza con la necesidad de emplear el lenguaje inclusivo[96], que progresa a través de un rechazo de Dios debido a su masculinidad y lo sustituye por una deidad femenina: ‘la diosa interior’; y finalmente encuentra la necesidad de adorar a esta deidad; una necesidad que sólo se puede expresar mediante la brujería[97]. Las feministas que se hallen en cualquier punto de este camino, deben considerar muy cuidadosamente dónde es que termina este camino, y el hecho de que la lógica seductora y la falsa espiritualidad de este movimiento, pueden llevarlas rápidamente fuera de la Iglesia y hacia el mundo del ocultismo.
  
El feminismo cristiano, al abrazar el ocultismo, no podrá durar por mucho tiempo, pues el demonio siempre destruye a quienes se le unen. Existen muchas advertencias bíblicas contra los falsos profetas que tergiversan la verdad[98], que han abandonado las aguas vivas y las han cambiado por cisternas rotas (Jer. 2, 13) y “han seguido de largo[99] y se apartan de Dios (Jer. 2, 31), para adorar a ídolos que pueden estar dentro o fuera de ellos mismos. San Pablo en Colosenses 2, 8 nos previene de seguir “filosofías vacías y seductoras que siguen meramente tradiciones humanas y se basan más en los poderes cósmicos que en Cristo. En el versículo número 18 nos llama a no “basarnos solamente en la propia experiencia”, ya que esto nos lleva a “hincharnos de un orgullo vacío sobre nuestras propias reflexiones”. Cristo prometió que las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia fundada sobre Pedro[100]. Pero cada miembro de su Cuerpo Místico debe ayudar a mantener la barca de Pedro a flote e impedir que las almas se pierdan. ¿Cómo podemos entonces, impedir que las falsas doctrinas feministas engañen a las almas, especialmente las de los niños de esta generación, puesto que esta filosofía está siendo promovida hasta en los primeros grados de las escuelas católicas?
   
Bueno, siempre que Dios ha querido preservar a su gente de la herejía y del error, ha enviado a Nuestra Señora para urgirnos a que recemos el Rosario. Por ejemplo, ella se apareció a Santo Domingo de Guzmán, quien por medio del poder del rosario, peleó con éxito contra la herejía albigense[101]. Muchos Papas han predicado esta devoción; el Papa León XIII dijo que nos mantendría libres del peligro de caer en el error[102] Por lo tanto, las múltiples apariciones de Nuestra Señora en Fátima en este siglo, son de gran significado. Sor Lucía nos dijo que la Virgen predijo estos tiempos de desorientación diabólica”, en que el demonio entablaría una lucha decisiva contra Ella. En todas sus apariciones la Virgen, nos pide que recemos el Rosario diariamente, para que no caigamos en las falsas doctrinas[103].
  
Si escuchamos las palabras de la Reina del Cielo, podemos estar seguros de que por medio de su intercesión, el Espíritu Santo guiará con seguridad la barca de las almas a través de estas aguas peligrosas. 
 
La Sra. Cornelia R. Ferreira reside en los suburbios de Scarborough en Toronto, con su esposo y sus cuatro hijos. Tiene un B.Sc. en Química de la Universidad de Marianopolis y un N. Sc. de la Universidad Sir George Williams (Concordia) en Montreal. A pesar de sus ocupaciones como madre de familia, la Sra. Ferreira reserva parte de su tiempo para pintar, tocar el piano y escribir. Ella es miembro de la organización Women for Faith and Family en el Canadá. Este folleto es una traducción autorizada del original titulado The Feminist Agenda within the Catholic Church”, publicado por Marian Press, Life Ethics Centre en Ontario, Canadá, junio de 1987. Incluye también partes de otro folleto publicado en 1989 por Marian Press de la misma autora, titulado The Emerging Feminist Religion”. Vida Humana Internacional (VHI) los ha editado y reproducido en español con la autorización del editor, el Padre Alphonse de Valk CSB.

NOTAS
[1]. Betty Friedan, The Feminine Mystique (New York: Dell Publishing Co., Inc. 1963), p. 8, 305-315.
  
[2]. Ibid p. 27.
  
[3]. Ibid, p. 351.
  
[4]. Ibid., p. 69.
  
[5]. Paul Kurtz (editor), Humanist Manifestos I and II (Buffalo, N.Y.: Prometheus Books, 1973), p. 28 y 13-14.
  
[6]. De hecho, en la revista humanista The Futurist (septiembre/octubre de 1987), Betty Friedan aparecía como una de las oradoras en un anuncio para la conferencia humanista y New Age ‘Education for the Twenty-first Century’ (p. 46).
  
[7]. Friedan, p. 188-189.
  
[8]. Ibid., p. 189.

[9]. Ibid., pp. 185-194.
  
[10]. Kurtz, p. 15.
  
[11]. Friedan, p. 9.
  
[12]. Ibid. p. 12.
  
[13]. Ibid., p. 26, 42 y 52-53, por ejemplo.
  
[14]. Alphonse de Valk CSB, ‘Feminism’s Basic Values’, The Interim (Toronto), octubre de 1985, p. 16. Estas exigencias se encuentran en los artículos 6 y 11 del Humanist Manifesto II (p. 18-21).

[15]. Kurtz, p. 18. Fijarse en que el anterior presidente de Planned Parenthood Federation of America, Alan Guttmacher, también firmó el Manifesto (ibid., p. 25).
  
[16]. de Valk, ibid.
  
[17]. Friedan, p. 338-339.
  
[18]. Conferencia Canadiense de Obispos Católicos (Canadian Conference of Catholic Bishop-CCCB), ‘Women in the Church: Discussion Paper’ (Ottawa: CCB Publishing Service, 1985): esta publicación en lo sucesivo será llamada el ‘Kit’.
  
[19]. Muchas escritoras feministas y conferencistas son religiosas o ex-religiosas. En la Primera Conferencia para la Ordenación de la Mujer en 1975, se reconoció que la conversión de las religiosas al feminismo espiritual era ‘crucial’ para el éxito del movimiento en favor de la ordenación (Rosemary Ruether, ‘Ordination: What is the Problem?’ en Anne Marie Gardiner SSND (editora), Women and Catholic Priesthood: An Expanded Vision [New York, Paulist Press, 1976], p.32). El número de religiosas presentes en esta conferencia superaba el de mujeres laicas en 5 a 1; una tercera parte de estas monjas buscaban la ordenación (Patricia Hughes, ‘Who are These Women?…’, en Women and Catholic Priesthoood, p. 175). Sacerdotes que emplean el lenguaje inclusivo en las liturgias o permiten a las mujeres re-escribir la Liturgia de la Misa (ver C. Virginia Finn, ‘A Mass for Freedom for Women’, de Arlene Swidler (editora), Sister Celebrations: Nine Worship Expriences [Philadelphia: Fortress Press, 1974], p. 27-34 están siendo agitados por el feminismo. En la XV Asamblea General de la Conferencia Católica Canadiense, realizada en Cartierville (Quebec), 1984, varios obispos norteamericanos fueron nombrados como ‘feministas cristianos’ (Mary Ellen Sheehan IHM, ‘When Sleeping Women Awake…’, en Women for What World? In What Church? [Ottawa: Canadian Religious Conference, 1985], p. 72-75). Los obispos cuyas declaraciones aparecen en el ‘Kit’ (Apéndices 2-4) también simpatizan con las religiosas feministas (cf. Elisabeth Lacelle, ‘Women in the Catholic Church of Canada,’ en la revista The Ecumenist, Vol. 23, No. 4 [Mayo-Junio de 1985], 49).
  
[20]. Patricia Wilson-Kastner, Faith, Feminism, and the Christ (Philadelphia: Fortress Press, 1983), pp. 20-35*; Mary Daly, ‘After the Death of God the Father…’, en Carol P. Christ y Judith Plaskow, eds., Woman Spirit Rising: A Feminist Reader in Religion (San Francisco: Harper and Row, 1979), p. 56-60*; Rosemary Radford Ruether, Sexism and God-Talk; Toward a Feminist Theology (Boston: Beacon Press, 1983), p. 31-33*; Mary T. Malone, Women Christian: New Vision (Dubuque, Iowa: Wm C. Brown, 1985), p. 134-136.
  
[21]. Alphonse de Valk CSB, ‘Pro-abortion Feminists and Nuns’. The Interim (Toronto), Mayo de 1985, p. 14-15.
  
[22]. Rosemary Ruether y Eleanor McLaughlin, ‘Women’s Leadership in the Jewish and Christian Traditions: Continuity and Change’, en Ruether y McLaughlin (editoras), Women of Spirit: Female Leadership in the Jewish and Christian Traditions (New York: Simon and Schuster, 1979), p. 24-25*.
  
[23]. Gal. 3, 23-29. Pie de página, de The New American Bible, Pope John Paul II edition (Nashville: Memorial Bibles International, 1977), p. 1295.
  
[24]. ‘Celebration of the Word’, Sesión 12 del Kit, p. 2 y su fuente material, Diann Neu SP, ‘Our Name is Church: The Experience of the Catholic-Christian Feminist Liturgies’, Concilium, No. 152 (1982), 75.
  
[25]. Elisabeth Lacelle, ‘Should the Church Come Forward as a Project for a New Humanity’, en What World?, p. 85-103; ver también el ‘Kit’, Apendice 4, p. 2 y conclusión de la Sesión 9.
  
[26]. ‘Some Women from Our Group Astounded Us’, en What World?, p.114.
   
[27]. Juan 18, 36; Mateo 10, 34-37 y 5, 10-11 y notas al pie de la página de New American Bible, p. 1079; Lucas 21, 12-18.
  
[28]. Canónigo George D. Smith, ‘Faith and Revealed Truth’, en su obra The Teaching of the Catholic Church (London: Burns and Oates, 1969). p. 28.
  
[29]. John A. Hardon, SJ, The Catholic Catechism (Garden City, N.Y.: Doubleday & Co., 1975), p. 49-50.
  
[30]. Ruether, ‘Ordination: Problem?’ p. 31. Ver como Ruether conecta sutilmente el ‘patriarcado’ jerárquico a los sistemas de opresión social en Sexism, p. 61*.
   
[31]. Christ y Plaskow, Introducción de Womanspirit Rising, p. 15. Ellas se están refiriendo a las líneas obscuras que dividen las distintas ramas del feminismo espiritual, las cuales se pueden usar para atacar al patriarcado*.
  
[32]. Elisabeth Schüssler Fiorenza, In Memory of Her: A Feminist Theological Reconstruction of Christian Origins (New York: Crossroad, 1983), p. 30-31, 350; Sexism, p. 32.

[33]. Elisabeth Schüssler Fiorenza, ‘Feminist Spirituality, Christian Identity, and Catholic Vision’, en Woman Spirit Rising, p. 146-47*; y Ruether, Sexism, p. 157.
  
[34]. Ruether, Sexism, p. 21-22, 103-4, 134*.
  
[35]. Ibid., p. 217, 228-20*; Fiorenza, en In Memory, p. 350-51, dice que el cuerpo físico de la mujer constituye el cuerpo de Cristo y es la Iglesia; de aquí que, negarle a la mujer control autónomo de su cuerpo es un acto ‘violento’ y ‘sacrílego’*; Lise Baroni, ‘The Creative Emergence of Women Working in the Church’, y Virginia Varley CSJ, ‘The Story of Woman…’en What World?, p. 50, 41.
  
[36]. Ver p. 18-19*.
  
[37]. Ibid., p. 32; Ruether, Sexism, p. 23.
  
[38]. The Concise Oxford Dictionary, quinta edición (1964).
  
[39]. Esto contradice directamente 2 Pe. 1, 20-21, 16-17 y 2 Tim. 3, 16.

[40]. Merlin Stone, ‘When God Was a Woman’, en Woman Spirit Rising, p. 120, 123; ver también la blasfema sátira de Ruether ‘The Kenosis of the Father’ en Sexism, p. 1-3.
  
[41]. Merlin Stone, ‘When God was a Woman’ (New York: Hartcourt, Brace, Jovanovich, 1968), p. 198-223; Hallie Iglehart, Womanspirit: A Guide to Women’s Wisdom (San Francisco: Harper and Row, 198), P. 99; Grupo de Planeación del Centro ecuménico de mujeres (EWC), ‘A Celebration on the Opening of the Ecumenical Women’s Centers’, en Sister Celebrations, p.40.
  
[42]. Nelle Morton, ‘The Dilemma of Celebration’, en Woman Spirit Rising, p. 164-65, dice que la ‘palabra’ feminista las crea y está en ellas, lo mismo que los cristianos creen que la palabra de Dios creó el universo y está en Él; esto, por supuesto, destaca la ‘divinidad’ de las feministas; Elaine Sonosky, ‘The Liturgical theme’, en Maureen Dwyer (editora), ‘Proceedings of the Second Women’s Ordination Conference’, 1978, en New Women, New Church, New Priestly Ministry (Rochester, New York: Kirkwood Press, 1980), p. 147-48; Neu, p. 77 (‘Theological Reflections….’); la ‘Celebration of the Word’ en la Sesión 12 del Kit es una celebración de la palabra feminista; observa que la ‘W’ mayúscula se usa aquí y al final de la otra sesión y cf. la ‘w’ minúscula para la Palabra de Dios (Sesiones 7 y 10, y Apéndice 3).
  
[43]. Varley, p. 35.
  
[44]. Carol Christ, ‘Spiritual Quest and Women’s Experience’, en Woman Spirit Rising, p. 241.
  
[45]. Joseph Ratzinger, Discurso presidencial, Universidad de St. Michael’s College, Toronto, 14 de Abril de 1986, publicado en el suplemento de The Catholic Register, ‘The Church in the 80′s’, Vol. 7, No. 8 (17 de Mayo de 1986), p. 7.
  
[46]. Carol Christ y Judith Plaskow, ‘The Past: Does it Hold a Future for Women?’, en Womanspirit Rising, p. 64; Sheila D. Collins, A Different Heaven and Earth (Valley Forge, Pa.: 1983), p. 94.
  
[47]. Collins, p. 141.
  
[48]. Ruether, Sexism, p. 184*.
  
[49]. Ver el documento comunista ‘The Catholic Church and Cuba-Program of Action’ de Li Wei Han (Pekín: Foreign Languages Press, 1959), como aparece reimpreso en ‘The Secret Red Plan to Take Over the Catholic Church’ The Fatima Crusader, No. 19 (febrero-abril de 1986), p. 6.

[50]. Ruether, Sexism, p. 186-87,205.
  
[51]. Rosemary Ruether, ‘Emerging Woman Church: the Challenge of Feminist Liturgical Communities’, discurso de apertura en la IV Conferencia Anual sobre Mujeres y Espiritualidad, Mankato (Minnesota), Octubre de 1985, según reportó Donna Steichen, en ‘From Convent to Coven: Catholic Neo-Pagans at the Witches’ Sabbath’, Fidelity, Vol. 5, No. 1 (Diciembre de 1985), p. 28.
  
[52]. Malone, p. 135-137. Nótese que Malone fue miembro del Comité ad-hoc que produjo el Kit.
  
[53]. Judith Plaskow, ‘The Coming of Lilith: Toward a Feminist Theology’ en Woman Spirit Rising, p. 198-200, 204 y 208. Es interesante cómo Plaskow dice que las emociones generadas en un aumento de concientización nos ‘lleva adelante’. Elisabeth Schüssler Fiorenza, ‘To comfort or to Challenge…’, y Patricia Hughes, ‘Strategies for Transformation: Healing a Church’, en New Woman, p. 50 y 135; también Sonoski, nota 25.
  
[54]. ‘Behind the Veil: Nuns’. Producida por Signe Johansson, Women’s Studio D. National Film Board of Canada, 1984; cf. Starhawk, ‘Witchcraft and Women’s Culture’, Christ and Plaskow, ‘The Past’ y ‘Creating New Traditions’, en Woman Spirit Rising, p. 260-62, 67 y 196; también de Ruether: ‘Hallow-Mass Liturgy’ en memoria de las brujas que han sido quemadas (nota 34): Halloween es el día de descanso de las brujas (ver Charles Bowness, The Witch’s Gospel [Londres: Robert Hale, 1979].p 75; Iglehart, p. 159).
  
[55]. In Memory, p. 31.
  
[56]. Sheila Collins, ‘Theology in the Politics of Appalachian women’, en Woman Spirit Rising, p. 151-152; en la p. 153, Collins dice que Herstory ‘nos impulsa hacia adelante’ (cf. Plaskow, nota 36).

[57]. Fiorenza, nota 16.
  
[58]. Starhawk, ‘The Spiral Dance: A Rebirth of the Ancient Religion of the Great Goddess’ (San Francisco: Harper and Row, 1979). p. 186, y 196-198; Wilson-Kastner, p. 27-28 y 34*; Rosemary Ruether, ‘Mother Earth and the Megamachine: A Theology of Liberation…’, y Collins, ‘Appalachian Women’, en Woman Spirit Rising, p. 52 y 156*; Collins, Different Heaven, p. 211.
  
[59]. Malone, p. 133; Ruether, Sexism, p. 193-194.
  
[60]. Ver. p. 205-206*.
  
[61]. Fiorenza, ‘In Memory’, p. 343-351*; Neu, p. 80-83 (‘Claiming Our Power’). Nótese que Fiorenza está ahora ‘comprometida con Mujer e Iglesia’ (Concilium, No. 182 [Diciembre de 1985], 125) y cf. notas 34 y 35.
  
[62]. Fiorenza, ‘In Memory’, p. 32-33*.
  
[63]. Naomi R. Goldenberg; ‘Dreams and Fantasies as Sources of Revelation: Feminist Appropriation of Jung’, en Woman Spirit Rising, p. 219-227*; Catherine F. Smith, ‘Jane Lead: The Feminist Mind and Art of a Seventeenth-Century Protestant Mystic’, en Women of Spirit, p. 200*. Ver también Wilson-Kastner, p. 22 y 24-25.
  
[64]. Ruether, Sexism, p. 209.
  
[65]. Ibid., 21-22, 34*; Christ and Plaskow, nota 29*; Fiorenza, ‘Word, Spirit and Power: Women in Early Christian Communities’, en Women of Spirit, p. 20-39*; Collins, nota 30.
  
[66]. Elaine H. Pagels, ‘What Became of God the Mother? Conflicting Images of God in Early Christianity’, en Woman Spirit Rising, p. 112-117*; Ruether, Sexism, p. 34-35 y 38-41*. Aquí en 1983, Ruether vacila en usar las palabras brujería/paganismo en la espiritualidad feminista, no por su maldad inherente (p. 40), sino porque ella se pregunta si puede ser usada en una forma ‘liberadora’ (p. 41) sin convertirse en un “vehículo del poder masculino”, como lo fue en el pasado (p. 39). Para 1985, ella obviamente había superado sus dudas acerca del uso de la brujería (ver la nota 34).
  
[67]. Sobre creencias gnósticas, ver Pagels, p. 113*; para sus efectos acerca de Ruether, ver la nota 23*; también, Stone, nota 23*; y Wilson-Kastner, p. 20-23.
  
[68]. Ruether, Sexism, p. 100-101*; Daly, p. 59. Es el concepto de un Dios masculino/femenino lo que yace debajo de las demandas feministas para un lenguaje inclusivo (ver Paule Cantin SC, ‘Opening Address’, en What World?, p. 16; y Malone, p. 135 y 141-145.
  
[69]. Para la creencia gnóstica, ver Elaine Pagels, The Gnostic Gospels (Nueva York: Random House, 1979), p. xviii-xix. Esta creencia encuentra su aplicación en la actividad básica feminista de concientizar, la cual tiene conocimiento propio de sus objetivos (ver ‘Pre-Conference Process’, en New Woman, p. 159); este objetivo se sobreentiende en el título de la sesión 12 del ‘Kit’, ‘Who Am I? Who Are We?’. El símbolo de la diosa conecta muy bien con la creencia de la divinidad del gnosticismo a la brujería/paganismo (ver Carol Christ, ‘Why Women Need the Goddess…’, y Zsuzanna E. Budapest, ‘Self Blessing Ritual’, en Woman Spirit Raising, p. 273, 277 y 271).
  
[70]. Lise Baroni (nota 18), al apelar a la ‘ternura’ y ‘apoyo’ para los que viven en situaciones difíciles y que la Iglesia considera pecaminosas (basada en los mandamientos de Dios), v. g., homosexualismo y concubinato, hacen esta presuntuosa declaración en nombre de las mujeres: “Para la mayoría de las mujeres, primero son las personas, no las normas y códigos de leyes; Fiorenza, ‘To Comfort’, p. 52-53,56,60; Sheehan, p. 82-83; New, p. 78, 80, 82-83. Observar que Neu incluye clasismo, racismo, terrorismo y heterosexismo como ‘expresiones diferentes’ del pecado del ‘sexismo patriarcal’ (p. 75) Ver también de Fiorenza, ‘Feminist Spirituality’, p. 147.
  
[71]. Lacelle, ‘Church Come Forward’, en What World? p. 103; Collins, ‘Appalachian Women’, op. cit., p. 155-156.
  
[72]. Ann Fremantle, Woman’s Way to God (Nueva York; St. Martin’s Press, 1977), p. V, IX y propaganda de la cubierta al frente del libro; Fremantle considera la desobediencia de Eva ser inteligente, no pecaminosa.
  
[73]. Pagels, Gnostic Gospels, p. xx y 161. Parece ser que el rechazo de las feministas hacia la autoridad de la Iglesia es reforzado por su creencias de que el gnosticismo y no los cristianos ortodoxos, poseen la verdadera visión de la comunidad cristiana.
   
[74]. Ibid., p. xxxviii; Christ y Plaskow, God the Mother, p. 108-115.
  
[75]. Ver por ejemplo a Ruether, Sexism, p. 59*; y Pagels, God the Mother, p. 108-115.
   
[76]. Fiorenza, In Memory, p. 51-56 (véase como Fiorenza también cita los textos gnósticos como revelaciones cristianas)*; Ruether, Sexism, p. 101*; y Pagel, God the Mother, p. 115.
  
[77]. Ruether, Sexism, p. 21-22, 34-36 y 60*; Elaine C. Huber, ‘A Woman Must Not Speak: Quaker Women in the English Left Wing’, y Barbara Brown Zikmund, ‘The Feminist Thrust of Sectarian Christianity’, en Women of Spirit, p. 153-181 y 205-224.
  
[78]. Christ and Plaskow, ‘New Traditions’, Christ, ‘Women Need the Goddess’, y Starhawk, ‘Witchcraft’, en Woman Spirit Rising, p. 193-194, 196-197, 276 y 262.
  
[79]. Wilson-Kastner, p. 22; Christ (nota 61), Christ y Plaskow, ‘New Traditions’ y Starhawk, ‘Witchcraft’, en Woman Spirit Rising, p. 197, 263-265 y 267. Ver el ejemplo dramático de ganancia material descrita por Steichen, p. 35 y 37.
  
[80]. Cuando digo ‘verdadera’ bruja, me refiero a alguien cuya religión es la brujería solamente, lo cual es también el centro de su vida. Las brujas feministas espirituales, por otra parte, mantienen lazos con iglesias institucionales y ven la brujería como una de tantas formas de adoración, incorporándola en distintos grados dentro de sus liturgias. Desde luego, una bruja feminista puede eventualmente convertirse en una verdadera bruja. A Starhawk, una ‘verdadera’ bruja (ver Christ and Plaskow, ‘New Traditions’, p. 196), se le había dado respetabilidad en los medios católicos (sic) por ser una maestra regular de los ritos empleados en el Instituto de Cultura y Espiritualidad de la Creación en el Holy Names College (Oakland, California), fundado y dirigido por el sacerdote dominico Matthew Fox [ahora presbítero episcopaliano, N. del E.]. (Ver Steichen, p. 32).
  
[81]. El servicio de adoración llamado ‘The Wiccan’ llevado a cabo en la conferencia sobre espiritualidad de Mankato no pretendía ser cristiano, y fue un ritual de brujería camuflajeado. (Ver Steichen, p. 33-35).
  
[82]. Ver el ‘Kit’, sesión 12 y Neu, p. 76-77; hay varias letanías en Swidler; ver también la que se usó en la II Conferencia sobre Ordenación (Dolly Pomerlau, ‘Harbor Event’, en New Woman, p. 150).
  
[83]. Lilit, invocada en la letanía de Neu (p. 76), se cree que es reina de los demonios (Encyclopedia Americana, 1984, tomo XVII, p. 478) y llegó a ser conocida como la primera bruja (Herbert B. Greenhouse, The Book of Psychic Knowledge [Nueva York, Taplinger Publishing Co., 1973], p. 224-225).

[84]. Maurine Stephens, ‘Sistercelebration: To Cultivate the Garden’, en Sistercelebrations, p.54.
  
[85]. Collins, ‘Apalachian Women’, op. cit., p. 158.
   
[86]. Rut, Rebeca, Eva, Lilit y María, son invocadas en la sesión 12 del ‘Kit’, y en las letanías de Neu (nota 65) son consideradas como diosas. Ver Smith, p. 192; Ruether, Sexism, p. 168; Fiorenza, Feminist Spirituality, p. 139.

[87]. Abad Anscar Vonier OSB, ‘Death and Judgement’, y el Rev. J.P. Arendzen, ‘Eternal Punishment’, en Teaching of the Catholic Church, p. 1121-1122 y 1209-1210. Además, los católicos reconocen que solo las tres personas de la Trinidad pueden estar en nosotros y con nosotros (Juan 14, 16-17 y 23; Gálatas 2, 20) y que únicamente la Iglesia fundada por Pedro tendrá siempre fortaleza (Mateo 16, 17-18) y por eso, en sus letanías ella pide a María o a los Santos que ‘rueguen por nosotros’, nunca ‘en nosotros’ o ‘fortalécenos como a la Iglesia’ (sesión 12 y Neu, nota 65); cf. Canónigo Edward Myers, ‘The Mystical Body of Christ’, en Teaching of the Catholic Church, p. 686-687.
  
[88]. Daniel Logan, America Bewitched (New York: William Morrow & Co., 1974), p. 73-74.
  
[89]. Starhawk, Dreaming the Dark: Magic, Sex & Politics (Boston: Beacon Press, 1982), p.31.
  
[90]. Starhawk, Witchcraft, p. 263-267 y Spiral Dance, p. 45; Iglehart, p. 105-106, 135 y 139-144. La brujería utiliza energía emocional como la ira (Starhawk, Dreaming, p. 29), de modo que contar historias es una forma buena para las feministas de practicar los servicios de adoración incorporando la brujería al comienzo. (Starhawk, Spiral Dance, p. 42; Plaskow, ‘Lilith’, p. 204*; Ilgehart, p. xiv); cf. Sesión 12 y Neu (nota 65); los símbolos ‘feministas’ empleados en estas liturgias provienen de la brujería (cf. Starhawk, Spiral Dance, p.26, 81-82 y 84-85).
  
[91]. Hardon, p. 442-43.
   
[92]. Myers, Mystical Body, p. 685. El canónigo Edward Myers también observa que la Iglesia no venera al justo hasta que ella haya declarado infaliblemente que estos han alcanzado el premio eterno; por lo tanto en este punto solamente, los católicos yerran al recitar letanías que veneran a quienes no han sido canonizados, aún cuando no se tratase de brujería.
  
[93]. Christ y Plakow, New Traditions, p. 196*.
  
[94]. No es de sorprenderse que Woman Spirit de Iglehart (notas 24 y 73) trata acerca de la brujería. La frase ‘sabiduría de las mujeres’, que se encuentra en el título del libro, tradicionalmente se refiere a la brujería. Iglehart define ‘Woman Spirit’ como la “síntesis de feminismo y espiritualidad” (p. xii).
  
[95]. La nota 73 aclara que la sesión 12 del ‘Kit’ y la liturgia de Neu contienen brujería. Uno presume que los obispos canadienses no sabían esto cuando aprobaron el kit de la CCCB.
  
[96]. Morton, ‘Dilemma’, p. 159-60*.
  
[97]. Daly, Death of God, p. 56-59*; Wilson-Kastner, p. 20-23*.
   
[98]. Es interesante que el feminismo cristiano se declara a sí mismo un movimiento profético (ver Fiorenza, ‘Feminist Spirituality’, p.145-146; Ruether, Sexism, p. 23-24 y 31-33; Lacelle, ‘Church Come Forward’ y Anne Harvey SC, ‘Looking Ahead’, en What World?, p. 13, 93 y 127-131.
  
[99]. Ver la similitud de esta frase con la llamada de las feministas de “seguir adelante” (notas 7 y 39*; y Plaskow, 36*).
  
[100]. Mateo 16, 18. Traducción de la Biblia por Ronald Knox (Cambridge, University Press, 1956).
  
[101]. San Luis María de Montfort, El Secreto del Rosario, traducción de Mary Barbour TOP (Bay Shore, N.Y. Montfort Publications, 1981), p. 27.
  
[102]. Como aparece citado, ibid., dentro de la cubierta del frente.

[103]. Fray Miguel de la Santísima Trinidad, ‘The Third Secret Revealed…’, en The Fatima Crusader, No. 20 (junio-julio de 1986), p. 22-23.

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