viernes, 28 de abril de 2017

¡FRANCISCO BERGOGLIO, “CANONIZADO” EN VIDA!

«Existen entre nosotros fulanos que piensan es devoción al Sumo Pontificado decir que el Papa “gloriosamente reinante” en cualquier tiempo “es un santo y un sabio”, “ese santazo que tenemos de Papa”, aunque no sepan un comino de su persona. Eso es fetichismo africano, es mentir sencillamente a veces, es ridículo; y nos vuelve la irrisión de los infieles». (P. Leonardo Castellani, Las Parábolas de Cristo)
  
Es verdad que desde la antigüedad, a los Papas se les ha profesado devoción, en especial en Roma (Santa Catalina de Siena, por ejemplo, llamaba al Papa “el Dulce Cristo en la Tierra”). Pero desde Juan Pablo II a esta parte, la devoción que muchos muestran al reclamante del Solio Petrino ha tomado una desviación rayana en la idolatría, que bien merece el nombre de “Papolatría”. Pero ahora, la situación ha pasado a más:
  
En la basílica de San Pedro y San Pablo en Acireale (provincia de Catania, Italia), no pudieron encontrar mejor idea para su sepulcro del Jueves Santo que colocar en el altar el retrato del Antipapa Francisco I Bergoglio.
 
  
Y en la catedral San Pedro de Alcántara en Petrópolis (Brasil), en el servicio dominical de la Pascua, se presentó una estatua de cera de Bergoglio, notable por su gran similitud con el personaje. Esta figura de cera, luego de ser objeto de fotografías y veneración por los feligreses y curiosos presentes en el lugar, fue trasladada al Museo de Cera de dicha ciudad, donde permanece en exposición desde entonces.
  

Bien vale recordar ante estos hechos (símiles al omnipresente culto de la personalidad en los regímenes totalitarios de Cuba, Venezuela y Corea del Norte) que la Sana Teología prohíbe la veneración de imágenes de personas vivas; adicional a que esto parece una nueva fase del cumplimiento del pasaje del Apóstol: “El hombre de iniquidad, el hijo de la perdición, que se contrapone y se levanta sobre todo lo que es llamado Dios o es objeto de veneración, al punto de sentarse en el templo de Dios, proclamándose a sí mismo Dios” (2 Tesalonicenses 2, 4).

¡VERDADERAMENTE, CUANDO DIOS QUIERE CASTIGAR LA APOSTASÍA, REDUCE A LOS HOMBRES A SER BESTIAS!

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