miércoles, 19 de abril de 2017

LA CUESTIÓN DEL PAPA: ¿“SÓLO UNA OPINIÓN”?

Artículo publicado por Mons. Donald J. Sanborn en la revista Catholic Restoration, Mayo-Junio de 2004, y en TraditionalMass.org en el año 2006. Traducción tomada de CATÓLICOS ALERTA.
  
La vacancia de la Sede Apostólica, el no-papado de Francisco I, y por lo mismo también el de Benedicto XVI, Juan Pablo II, Juan Pablo I, Pablo VI y aún el de Juan XXIII, es una cuestión que siempre ha dividido a los tradicionalistas en los últimos cincuenta años, quizás más que cualquier otra.
  
Entre los que han tomado el camino de la resistencia a las reformas del Concilio Vaticano II, una mayoría se declara SEDEPLENISTA, es decir, sostiene que Francisco I es el verdadero Romano Pontífice. Ellos siguen normalmente esta posición bajo la dirección de la Fraternidad San Pío X [o al menos están influidos por su mentalidad]. Otros, una minoría, aunque no insignificante, son SEDEVACANTISTAS, es decir, sostienen que Francisco I no es el verdadero Romano Pontífice, ni tampoco sus predecesores del Vaticano II.
 
Esta diferencia de posición teológica ha causado un gran dolor en todo el mundo entre quienes resisten a las Reformas Conciliares. Cada una de las partes afirma que su propia posición es la correcta, y ciertamente necesaria para mantener la posición Católica. Ambas posiciones se acusan mutuamente de ser cismáticas.
 
En el otoño de 1979, Mons. Lefebvre hizo pública una declaración en la que afirmaba que no toleraría en la Fraternidad San Pío X a quienes se rehusaran a nombrar a Juan Pablo II en el canon de la Misa. Expulsó a algunos sacerdotes en Europa porque se negaron a observar esta disciplina. En la primavera de 1980 llegó a Estados Unidos con la misma intención: expulsar de la Fraternidad a todos los que no querían nombrar a Juan Pablo II en el canon.
 
Sin embargo, en el curso de las negociaciones con los sacerdotes norteamericanos, Mons. Lefebvre llegó a una especie de compromiso. El no iba a echar de la Fraternidad a los sacerdotes, si ellos estaban de acuerdo en conservar su sedevacantismo para sí mismos. Ellos podían omitir el nombre de Juan Pablo II en el canon, a condición de no hacer de ello algo público. El OPINIONISMO había nacido. El Arzobispo mismo había formulado el principio fundamental del opinionismo: “YO NO DIGO QUE EL PAPA NO ES PAPA, PERO TAMPOCO DIGO QUE UNO NO PUEDA DECIR QUE EL PAPA NO ES PAPA”.

El propósito del presente artículo es examinar el opinionismo y dar un juicio sobre si es o no una posición legítima para ser sostenida. ¿Es posible que la identidad del Romano Pontífice sea una cuestión meramente de opinión?

I. ¿QUÉ ES UNA OPINIÓN?
Una opinión es una idea o doctrina que uno sostiene como PROBABLEMENTE verdadera. Sin embargo, uno tiene al mismo tiempo un temor fundado de que la idea contraria sea verdadera. Indudablemente la inteligencia se inclina hacia una idea y rechaza la contraria, pero no completamente. No acepta totalmente la propia como verdadera ni rechaza totalmente su contraria como falsa.
 
A menudo también, entre grandes médicos existe sólo una opinión de los diagnósticos que hacen. Ellos no tienen una absoluta certeza, a causa de la falta de suficientes pruebas para obtener tal certeza. Así pues, PIENSAN u OPINAN que sus pacientes pueden tener tal enfermedad, pero no se sorprenderían mucho si con el pasar del tiempo encontraran algo diferente.
 
II. ¿QUÉ ES UNA OPINIÓN TEOLÓGICA?
Una opinión teológica es una doctrina que alguien sostiene, concerniente a una cuestión teológica, con el temor de que su contraria pueda ser verdadera. No se trata de algo que ya fue definido por la Iglesia. Se trata de una cuestión “libre”, es decir, que no hay una obligación, por declaraciones de la Iglesia, de sostener una parte o la otra.
 
Muchos, sin embargo, confunden OPINIÓN teológica con CONCLUSIÓN teológica.
 
Una conclusión teológica, que en latín es SENTÉNTIA THEOLóGICA, es una doctrina teológica firme y cierta, deducida de los principios tomados de la revelación y de la recta razón.
  
El problema es que SENTÉNTIA en latín, es comúnmente traducido [en inglés] como OPINIÓN. Sin embargo, hay muchas, muchísimas conclusiones teológicas absolutamente ciertas que en latín se llamarían SENTÉNTIA, pero que de ningún modo son opiniones en el sentido [inglés] de la palabra. Así por ejemplo, es una conclusión teológica que Dios da a todos los hombres la gracia suficiente para salvarse. Este hecho no está directamente revelado ni fue declarado por la Iglesia, pero es sostenido por todos los teólogos como absolutamente cierto. No podría ser calificado como una “opinión teológica”.
 
No obstante, la Teología Moral está llena de opiniones teológicas, en el verdadero sentido de la palabra. Los principios morales son en sí mismos ciertos, y en muchos casos DE FIDE, pero algunas veces, sin embargo, son difíciles de aplicar. Por lo mismo surgen fácilmente diferentes escuelas de pensamiento acerca de muchas cuestiones. Estas se llaman típicamente OPINIONES PROBABLES, es decir, posiciones probablemente verdaderas, pero no cierta y absolutamente verdaderas.
 
A veces la teología moral no nos permite ir más allá de lo probable. Los actos humanos son tan complicados con sus circunstancias, que a menudo no se puede llegar a una certeza completa; uno llega entonces a una opinión teológica con un cierto temor de que la contraria sea verdadera. Es por esta razón que una opinión puede diferir de un sacerdote a otro, en cuanto a la aplicación de un principio moral en particular. No se pone en discusión el principio, pero puede haber un desacuerdo en cuanto a su aplicación.
  
Por el contrario, es una falacia decir que por el hecho de que la Iglesia no definió o no enseñó tal doctrina, deba ser considerada en la categoría de opinión teológica.
 
La Teología es una ciencia, y como todas las ciencias, saca sus conclusiones a partir de sus principios generales. La Teología toma sus grandes principios de la revelación misma, verdades enseñadas por Dios a los hombres tal como se encuentran contenidas en las Sagradas Escrituras y en la Tradición, y son propuestas para ser creídas por la Iglesia Católica. De estas verdades que nosotros sostenemos de Fe, los teólogos sacan sus conclusiones que, aunque no han sido reveladas por Dios, derivan sin embargo cierta y razonablemente de las verdades reveladas por Dios.
 
Hay algunas conclusiones teológicas tan ciertas y con tanta autoridad, que si uno las niega, estaría lógicamente obligado a negar la Fe misma. Aún si la Iglesia nunca las ha definido ni enseñado en su Magisterio Ordinario. Ellas son sólo conclusiones teológicas, pero ligadas íntimamente a la revelación.
 
Ahora bien, muchos aplican la falacia de la “opinión teológica” al problema del papado de Bergoglio. Ellos alegan que “porque la Iglesia no lo ha declarado papa inválido, entonces es una legítima opinión teológica sostener que él sea o no papa, es decir, sostener lo que uno prefiera. Ninguna de las dos posiciones es ofensiva a la Fe”.
 
Esta afirmación está LLENA de errores.
 
El primer error está en poner la identidad del Romano Pontífice, si Bergoglio es o no el Vicario de Cristo, en la categoría de las “opiniones teológicas”. El segundo error consiste en relegar la cuestión de la identidad del Romano Pontífice a una mera opinión teológica, como si fuera una discusión entre los teólogos acerca del número de ángeles que pueden entrar en la cabeza de un alfiler. El tercer error es confundir una conclusión teológica con una opinión teológica. El cuarto error es que uno pueda ser libre de sostener que Bergoglio es o no es papa por el SÓLO hecho de que la Iglesia no ha dicho nada al respecto. El quinto error es pensar que ninguna de las dos posiciones sea ofensiva a la Fe.
 
Examinaré detalladamente cada uno de estos errores.

III. CINCO ERRORES DEL OPINIONISMO
ERROR 1°: EL OPINIONISMO PONE LA IDENTIDAD DEL ROMANO PONTÍFICE, SI BERGOGLIO ES O NO EL VICARIO DE CRISTO, EN LA CATEGORÍA DE “OPINIÓN TEOLÓGICA”
 
El mismo término OPINIÓN indica que no es un hecho cierto que él sea o no papa. Sin embargo, es imposible sostener que exista una falta de certeza acerca de esta cuestión.
 
Los que sostienen que ES papa, señalan absolutamente algunos signos ciertos: 1) la elección legal de Bergoglio universalmente aceptada; 2) su propia aceptación de dicha elección; 3) Bergoglio actúa como papa; 4) la aceptación universal de Bergoglio como papa.
 
Ninguna de estas cosas es incierta. Si alguien usa estos argumentos como pruebas de su papado, ¿dónde cabe algún lugar a dudas al respecto?
 
Los que argumentan EN CONTRA de este papado usan argumentos ciertos e incontestables en sí mismos: 1) que ha promulgado falsas doctrinas, enseñado una falsa moral, y disciplinas pecaminosas para la Iglesia universal; 2) que ha dicho cosas heréticas y obrado como hereje, y más aún como apóstata, en muchísimas ocasiones; 3) que ha designado a herejes y/o apóstatas en la Curia Romana y sedes episcopales, los mantiene en sus cargos y está en comunión con ellos.
 
Ninguno de estos hechos es discutible o dudoso. Ellos son suficientes en sí mismos, particularmente el nº 1, para impedirle que sea papa.
 
Así pues, si uno sostiene que él ES papa por las razones alegadas, ¿cómo podría admitir que decir que no es papa sea una opinión legítima? Si por el contrario, uno sostiene que NO es papa por las razones alegadas, ¿cómo podría admitir que decir que es papa sea una opinión legítima? ¿Dónde está la duda? ¿Dónde existe en estos argumentos algún temor a que la parte contraria pueda ser verdadera?
 
El apuntalamiento teológico y la justificación moral del movimiento tradicionalista es que el Concilio Vaticano II y sus reformas son falsas y malas. Ellas son una tergiversación substancial del Catolicismo. ¿Por qué entonces establecemos un apostolado contra Bergoglio y el obispo local modernista, sino porque las doctrinas, los ritos y las disciplinas del Vaticano II y sus reformas son contrarias a la Fe y a la moral? Si ellas no son contrarias a la Fe y a la moral, ¿por qué entonces tenemos un movimiento tradicionalista? ¿Por qué pues estamos haciendo todo esto? ¿Qué justificación tendríamos para hacerlo ante los ojos de Dios?
  
Si por el contrario, es cierto que el Concilio Vaticano II y sus reformas son contrarias a la Fe y a la moral, entonces es también cierto que ellas no fueron promulgadas por la Iglesia. Pero si es cierto que ellas no fueron promulgadas por la Iglesia, entonces es también cierto que quienes las promulgaron no representan a la Iglesia Católica. Por consiguiente, es cierto que Bergoglio no es papa.
 
La conclusión que Bergoglio es papa comporta NECESARIAMENTE algunas conclusiones: que las doctrinas, las disciplinas y los ritos que él ha universalmente promulgado son Católicos y no pecaminosos. Si Bergoglio es papa, entonces, por la indefectibilidad e infalibilidad de la Iglesia, la religión que él aprueba y promulga es la verdadera Fe Católica. Uno podría practicarla con toda tranquilidad de conciencia; más aún, uno DEBE hacerlo.
 
La conclusión que las doctrinas, las disciplinas y los ritos del Concilio Vaticano II son falsos y pecaminosos, contrarios a la Fe, a la religión y a las buenas costumbres, comporta NECESARIAMENTE una conclusión: que la persona o personas que los han promulgado no poseen la autoridad de Cristo. La infalibilidad e indefectibilidad de la Iglesia, que derivan de la asistencia de Cristo prometida solemnemente, no pueden permitir que tales cosas sucedan. Uno DEBE concluir en el no-papado de Bergoglio, si se concluye que el Concilio Vaticano II es una defección de la Fe.
 
Así pues, es lógica y teológicamente imposible decir: “yo acepto a Bergoglio como papa, pero rechazo el Concilio Vaticano II y sus reformas”. Del mismo modo, es lógica y teológicamente imposible decir en el sentido opuesto: “yo rechazo el Concilio Vaticano II y sus reformas, pero acepto a Bergoglio como papa”.
 
La Fraternidad San Pío X [y otros] es culpable de la primera falacia, aceptando a Bergoglio como papa pero rechazando al mismo tiempo su religión. Ellos montan en todo el mundo un desafío a Bergoglio, estableciendo un apostolado paralelo, en el que intentan apartar a las almas de él y de su jerarquía.
 
El opinionista es culpable de la segunda falacia. Rechaza el Concilio Vaticano II y sus reformas, pero admite la aceptación de Bergoglio como teológicamente viable. Esto no tiene sentido.
 
Si uno ha emprendido la resistencia al Concilio Vaticano II y sus reformas, no puede decir que es una opinión legítima sostener que Bergoglio es papa. Decir esto significa admitir implícitamente que uno no está seguro que el Concilio Vaticano II y sus reformas sean verdaderamente contrarias a la Fe y a la moral. Ser opinionista acerca de Bergoglio significa ser opinionista (y por lo mismo incierto) acerca de la base misma de la resistencia al Vaticano II.
 
Si es posible que Bergoglio sea papa, entonces también es posible que el Vaticano II, la Misa Nueva, los nuevos sacramentos, el nuevo derecho canónico y el ecumenismo sean católicos. Si es posible que Bergoglio sea papa, entonces también es posible que estemos todos equivocados con respecto al Vaticano II.
    
ERROR 2°: EL OPINIONISMO RELEGA LA CUESTIÓN DE LA IDENTIDAD DEL ROMANO PONTÍFICE A UNA MERA OPINIÓN TEOLÓGICA, COMO SI FUERA UNA DISCUSIÓN ENTRE LOS TEÓLOGOS ACERCA DEL NÚMERO DE ÁNGELES QUE PUEDEN ENTRAR EN LA CABEZA DE UN ALFILER
Es como si la cuestión del Romano Pontífice no tuviera efectos dogmáticos y morales.
 
La identidad del Romano Pontífice tiene enormes efectos dogmáticos y morales. En primer lugar, nuestra fe depende de su enseñanza. Estamos obligados a dar asentimiento a las enseñanzas de la Iglesia. Ahora bien, la autoridad de esta enseñanza proviene de una sola fuente, la autoridad de San Pedro. Sin esta autoridad, no hay ninguna doctrina que obligue; no habría lugar para ningún magisterio, ya sea solemne u ordinario.
 
Por consiguiente, nuestra salvación depende de nuestra sumisión al Romano Pontífice. Si le desobedecemos en materia grave vamos al infierno, o lo que es peor aún, si no estamos sometidos a él.
  
Ahora bien, ¿cómo podría alguien estar hastiado de la identidad del Romano Pontífice, a tal punto de decir que en el orden práctico no hay realmente ningún problema en pensar lo que uno quiera acerca de él? Es como si el Romano Pontífice fuera meramente un decorativo en la Iglesia Católica, algo de lo cual la Iglesia podría aún prescindir, un accesorio puramente accidental, una bagatela. Los opinionistas son muy buenos para decirnos que la cuestión del papa no debería dividirnos. Piensan que todos los tradicionalistas deberían estar unidos, sin preocuparse de lo que cada uno piense acerca del papa.
 
Tal actitud, sin embargo, no es católica. La misma identidad y unidad de la Iglesia Católica Romana está íntima y esencialmente ligada al Romano Pontífice, y ser opinionista acerca de su identidad equivaldría a ser indiferente acerca de cual iglesia sea la verdadera.
 
ERROR 3°: EL OPINIONISMO CONFUNDE UNA CONCLUSIÓN TEOLÓGICA CON UNA OPINIÓN TEOLÓGICA
Una CONCLUSIÓN teológica es, como dije antes, absolutamente cierta, y a veces también conectada con las verdades de Fe, de tal modo que si aquella es negada, se tendría que negar también la Fe. Una OPINIÓN teológica es una posición que tiene pruebas defectuosas e insuficientes en su favor, de modo que alguien no se sorprendería si encontrara que la posición opuesta es verdadera.
 
Como expliqué antes, los argumentos a favor o en contra del papado de Bergoglio quedan en el plano de las CERTEZAS. Ninguna de las partes niega los hechos. Se discute sobre las conclusiones sacadas de los hechos, pero no hay ninguna controversia acerca de los principios constitutivos de los argumentos.
  
Por lo tanto, cada una de las partes debe producir, lógicamente, no una “opinión”, sino UNA CONCLUSIÓN TEOLÓGICA CIERTA. Esto es verdadero porque la conclusión debe ser tan fuerte como sus premisas (principios). Si no hay ninguna duda en las premisas (principios), tampoco tendría que haber ninguna duda en las conclusiones, a condición que, naturalmente, el proceso lógico no tenga ningún defecto.
  
ERROR 4°: UNO PUEDE SER LIBRE DE SOSTENER QUE BERGOGLIO ES O NO ES PAPA POR EL SOLO HECHO QUE LA IGLESIA NO HA DICHO NADA AL RESPECTO
Las causas del papado o no-papado de Bergoglio son principalmente teológicas y no meramente legales. En otras palabras, si Bergoglio no es papa, esto no es debido A CAUSA DE que la Iglesia lo haya declarado no-papa.
  
Más bien lo opuesto es verdadero: la Iglesia lo declara no-papa A CAUSA DE que REAL Y VERDADERAMENTE él no es papa. La declaración de la Iglesia en este caso, daría solamente una certeza LEGAL a un hecho ya existente. Pero la Iglesia no podría declarar nunca algo LEGALMENTE cierto, si antes no fuera REAL y VERDADERAMENTE cierto.
  
La Iglesia, por ejemplo, declara que un matrimonio es nulo. No es la declaración que causa la nulidad; es la nulidad la que causa la declaración.
  
La declaración hace un hecho meramente legal de un hecho de nulidad realmente existente. La nulidad no puede tener efecto LEGAL hasta que no sea declarada, pero la nulidad ya existe realmente antes de su declaración. Mucho antes de la declaración de nulidad, el hombre y la mujer NO son marido y mujer. Ellos estarían obligados a los efectos MORALES de su no-matrimonio, desde el momento en que son concientes de su nulidad; la declaración legal podría llegar años más tarde.
   
Así pues, nosotros estamos obligados a la conclusión teológica cierta del no-papado de Bergoglio, basada en pruebas ciertas existentes, y esto mucho antes de una futura declaración de su no-papado. Una pareja que está segura de la invalidez de su matrimonio, no podría comportarse como marido y mujer con la excusa de que “porque todavía no hay una declaración de nulidad, entonces ¡podemos hacer lo que queramos!” Así también, en nuestro caso, nosotros que obramos sobre la premisa que el Vaticano II y sus reformas son contrarias a la fe y la moral, no podemos reconocer el papado de Bergoglio con la excusa de que “porque todavía no hay una declaración, entonces ¡podemos pensar lo que queramos!
 
Por consiguiente, yo agregaría que quienes argumentan que él es papa, no podrían sostener justamente que la Iglesia no ha hecho una declaración al respecto, o que es una cuestión de opinión teológica, como si hubiera alguna duda sobre eso.
 
Si los motivos para reconocerlo como papa son algunos de los que he enumerado antes, por ejemplo, su elección y aceptación general por parte de la gente, ¿entonces cómo podría haber alguna duda? ¿Cómo podría uno admitir que sea legítimo decir que él no es papa, a no ser que se de crédito a los principios del sedevacantismo?
 
Pero los principios del sedevacantismo argumentan con certeza que él no es papa, y no meramente con probabilidad. En otras palabras, o se deben negar los principios del sedevacantismo, o bien se debe decir que sus conclusiones son verdaderas.
 
ERROR 5°: PENSAR QUE NINGUNA DE LAS DOS POSICIONES SEA OFENSIVA A LA FE
No es verdad. Es ofensivo a la Fe sostener que una persona es Papa, el Vicario de Cristo en la tierra, y al mismo tiempo llevar a cabo en todo el mundo un apostolado en desafío contra él. Es ofensivo a la Fe decir que las doctrinas, las disciplinas y los ritos litúrgicos promulgados por el Romano Pontífice son erróneos, heréticos, falsos, malos y/o pecaminosos.
  
Ahora bien, ésta es justamente la posición de los sedeplenistas tradicionalistas de la Fraternidad San Pío X [y otros]. Peor aún, es la posición de los sedevacantistas opinionistas que sostienen que Bergoglio no es papa, pero al mismo tiempo dicen que la posición que he apenas descrito no es ofensiva a la Fe.
 
Es igualmente ofensivo a la Fe el hecho de identificar con la autoridad de Cristo la promulgación de una doctrina falsa y una disciplina mala. Es ofensivo a la Fe el hecho de identificar con la Iglesia Católica Romana las creencias y observancias en todo el mundo del Vaticano II y sus reformas.
  
Al contrario, si Bergoglio es verdaderamente papa, entonces es ofensivo a la Fe el hecho de sostener que él no sea papa, y/o sostener que sus doctrinas y disciplinas sean contrarias a la Fe y la moral.
  
Por lo tanto, el sedeplenista convencido no puede, en buena conciencia, considerar la posición sedevacantista como una posición teológica sostenible sin ofender a la Fe. De igual modo, el sedevacantista convencido no puede, en buena conciencia, considerar la posición sedeplenista como una posición teológica sostenible sin ofender a la Fe.
  
Identificar la defección del Vaticano II y sus reformas con la autoridad de la Iglesia, como lo hacen los sedeplenistas, es destruir completamente la naturaleza misma de la Iglesia, institución divina que goza de la perpetua asistencia de Cristo mediante el Espíritu Santo. Si la Iglesia pudiera hacer un tal desastre como el Vaticano II y sus efectos, desastre en contra del cual debemos reaccionar con una tenaz resistencia para salvar nuestras almas, entonces ¿dónde está la asistencia de Cristo? El sedevacantista resuelve el problema diciendo que “estas reformas no vienen de la autoridad de la Iglesia”. Pero el sedeplenista no tiene ninguna respuesta sin recurrir a una interpretación y rechazo privado del Vaticano II y sus reformas. Ésta es una actitud protestante.
 
El sedevacantista no puede sostener la posición sedeplenista como una posición teológica viable, como si ella tuviera algún mérito probable. Si alguien es verdaderamente sedevacantista y convencido de ello, debería considerar al sedeplenista como alguien que defiende una posición absolutamente insostenible.
 
IV. UNA OBJECIÓN: ¿QUÉ SE DEBE HACER SI UNO DUDA ACERCA DEL PAPADO DE BERGOGLIO?
En primer lugar, respondo diciendo que la duda existe sólo en la mente y nunca en el mundo real. En la realidad, en efecto, Bergoglio es papa o no lo es.
 
¿Podemos permanecer moralmente en la duda? No. Como he explicado antes, LA IDENTIDAD DEL ROMANO PONTÍFICE CONSTITUYE ESENCIALMENTE LA IDENTIDAD DE LA IGLESIA CATÓLICA ROMANA, y es el fundamento de su unidad. Estando obligados a profesar la verdadera Fe y a pertenecer a la verdadera Iglesia, sin permanecer indiferentes, así pues ESTAMOS TAMBIÉN OBLIGADOS A RESOLVER NUESTRA DUDA CON RESPECTO A LA IDENTIDAD DEL ROMANO PONTÍFICE. Permanecer en la duda acerca de él, es permanecer en la duda acerca de la identidad misma de la Iglesia. Estamos, por consiguiente, OBLIGADOS A OBEDECERLE BAJO PENA DE PECADO. No podemos quedarnos satisfechos en la duda acerca de su identidad.
 
La teología moral nos exige que resolvamos nuestra duda con una INDAGACIÓN DILIGENTE. En muchos casos, tal indagación remediará la duda acerca de Bergoglio en favor del SEDEVACANTISMO. En efecto, si uno duda acerca de él, es porque ya ha sido movido por los horrores del Vaticano II a cuestionarse sobre la ortodoxia de quienes lo promulgaron. Una investigación meramente exhaustiva revelará que nuestras sospechas son más que confirmadas, y la duda claudicará rápidamente ante la certeza.
  
Si por alguna razón legítima, no podemos hacer una indagación hasta obtener las pruebas en contra de Bergoglio, entonces DEBEREMOS RESOLVER LA DUDA A TRAVÉS DE LOS PRINCIPIOS REFLEJOS, es decir, por medio de ciertos principios generales de moralidad y de la ley que nos dan una certeza, cuando no podemos resolver la duda por nuestra cuenta. Los principios reflejos harían que la duda se vuelva EN FAVOR DEL PAPADO DE BERGOGLIO, por el hecho de gozar, al menos aparentemente, de una elección válida y de la aceptación general de lo que comúnmente es considerado como la Iglesia Católica.
 
Entonces, EL SEDEVACANTISTA PUEDE SER SEDEVACANTISTA SOLAMENTE SI ESTÁ SEGURO DEL NO-PAPADO DE BERGOGLIO, porque la duda irresoluble lo pondría inevitablemente en el campo del sedeplenismo. Además, EL SEDEVACANTISTA NO PUEDE CONSIDERAR LA POSICIÓN DEL SEDEPLENISTA COMO TEOLÓGICAMENTE SOSTENIBLE, como si se tratara de una cuestión dudosa.
 
V. LA HIPOCRESÍA DE LA FRATERNIDAD SAN PÍO X
Por lo que he escuchado de personas fidedignas, tanto dentro como fuera de la Fraternidad San Pío X, ellos ofrecen a los sacerdotes que se rehúsan a mencionar el nombre de Bergoglio en el canon, la posibilidad de ser sedevacantistas en secreto pero sedeplenistas en público. Así pues, en el altar omiten el nombre del Modernista en el silencio del canon. Pero al mismo tiempo, dan pública adhesión a su pontificado con signos exteriores. En sus escritos consideran a los sedevacantistas como cismáticos, pero permiten a los sacerdotes sedevacantistas circular en sus filas y actuar como sacerdotes bien considerados.
 
Esta solución permitió a la Fraternidad evitar otra escisión más grande dentro de sus filas. Ellos no admiten públicamente que tienen sedevacantistas entre las filas de sus sacerdotes. Su posición pública es que el sedevacantismo es cismático. Esto es para mí una completa falta de honradez.
 
“DIRÉIS SOLAMENTE: SÍ, SÍ; NO, NO. TODO LO QUE EXCEDE A ESTO, VIENE DEL MALIGNO” (Mat. V, 37).
 
VI. RESUMEN Y CONCLUSIÓN
El opinionismo está basado, a mi parecer, en un indiferentismo hacia el Romano Pontífice.
 
Los opinionistas quieren vivir en un mundo de Misa y sacramentos tradicionales sin ninguna alusión al Romano Pontífice. Para ellos no hay ningún problema en el orden práctico si Bergoglio es o no es el papa. Ellos asisten a la Misa de cualquier sacerdote, a condición que diga la Misa tradicional, sin ninguna preocupación en lo concerniente al Romano Pontífice.
  
Tal actitud es extremadamente peligrosa. EN EFECTO, ESO QUITA AL ROMANO PONTÍFICE DEL CATOLICISMO, y reduce nuestra adhesión a la Fe tradicional a una forma de “elige y toma” protestante.
 
Hubo momentos en la historia de la Iglesia en los cuales, para ser católico, uno tenía que ser sedevacantista. Me refiero al interregno de la muerte de un Papa, que en un momento llegó a durar hasta tres años. Si un católico reconociera a un papa durante la vacancia de la Sede Apostólica, sería cismático. Del mismo modo, un católico sería cismático si no reconociera a un Papa verdaderamente reinante.
 
Así pues, en la situación presente, o es cismático el sedeplenismo o lo es el sedevacantismo. Ambos se excluyen mutuamente.
 
Sin embargo, estos dos sistemas opuestos no pueden ser considerados ambos como “legítimas opiniones teológicas”.

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