lunes, 15 de mayo de 2017

FRANCISCO VS. NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

Del viaje de Francisquito a Fátima (Portugal), no hemos seguido el itinerario ni la cobertura mediática porque hemos estado redactando nuestro análisis sobre el Tercer Secreto y la Hermana Lucía, pero bueno, algo hay que comentar. Abramos este artículo con la siguiente caricatura de Ignace para Médias-Presse.Info (de nuevo reiteramos que ya la Consagración de Rusia fue hecha, aunque tardíamente, por Pío XII en 1952):
 
Francisco I: “¿La consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María? ¡Perdón, eso no está en las promesas de mi quinquenio”.
   
Cuando Francisco Bergoglio, que se veía incómodo y fuera de lugar (como siempre pasa cuando no está con sus amigos los comunistas, protestantes, ateos, musulmanes y judíos) saludó la noche del 12 de Mayo a cuantos estaban presentes para la procesión con velas que se hace cada noche en la explanada de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, dijo:
“[...] a todos os abrazo y os confío a Jesús, «especialmente a los más necesitados» —como la Virgen nos enseñó a pedir (Aparición, julio de 1917)—. Que ella, madre tierna y solícita con todos los necesitados, les obtenga la bendición del Señor. Que, sobre cada uno de los desheredados e infelices, a los que se les ha robado el presente, de los excluidos y abandonados a los que se les niega el futuro, de los huérfanos y las víctimas de la injusticia a los que no se les permite tener un pasado, descienda la bendición de Dios encarnada en Jesucristo”.
supeditando por una parte al acomodar el mensaje de la Virgen a sus propios intereses oenegeísticos. Mintiendo, porque en la aparición del 13 de Julio de 1917, la Virgen le enseñó a los pastorcitos a que después de cada decena del Rosario se dijera esta oración:
“Oh mi Jesús, perdónanos, líbranos del fuego del Infierno y alivia a las almas del Purgatorio, especialmente a las mas abandonadas” [1].
  
Acto seguido, se despachó:
Peregrinos con María... ¿Qué María? ¿Una maestra de vida espiritual, la primera que siguió a Cristo por el «camino estrecho» de la cruz dándonos ejemplo, o más bien una Señora «inalcanzable» y por tanto inimitable? ¿La «Bienaventurada porque ha creído» siempre y en todo momento en la palabra divina (cf. Lc 1,45), o más bien una «santita», a la que se acude para conseguir gracias baratas? ¿La Virgen María del Evangelio, venerada por la Iglesia orante, o más bien una María retratada por sensibilidades subjetivas, como deteniendo el brazo justiciero de Dios listo para castigar: una María mejor que Cristo, considerado como juez implacable; más misericordiosa que el Cordero que se ha inmolado por nosotros?
Desglosemos este párrafo:
  1. “María, [que es] una maestra de vida espiritual”. Hasta donde nos da la insipiencia, la definición “Maestro de vida espiritual” es precisamente el significado del vocablo “gurú”, tan de moda por causa de la hinduizante Nueva Era. Gurúes que son sabios en su propia opinión, a los cuales engañadas las naciones acuden a ellos y rinden culto de latría. ¿A la Inmaculada Madre de Dios pretende equiparar con estos agentes de satanás?
  2. “Una santita (o image pieuse, según la traducción francesa) a la que se acude para conseguir gracias baratas”. Palabras salidas de la boca de sir “No soy quién para juzgar”, prejuzgando las intenciones de aquellos Católicos que le tienen cordial devoción a la excelsa Madre de Dios, y posponiéndola en favor de la delicuescente “Virgen María del Evangelio” que tanto se empeñan los herejes protestantes en buscar.
  3. “Una María mejor que Cristo, considerado como juez implacable; más misericordiosa que el Cordero que se ha inmolado por nosotros”. ¡Ni al más fanático se le ocurriría tal despropósito respecto de la Virgen, de San José o de cualquier otro santo! Y que Ella precisamente esté “deteniendo el brazo justiciero de Dios listo para castigar”, eso no tiene nada de descabellado: Santo Domingo de Guzmán y San Francisco de Asís vieron a Nuestra Señora intercediendo cuando Cristo iba a lanzar las tres lanzas (hambre, peste y guerra) sobre el mundo -y Ella encomendóles mediante su celo en la oración, predicación y penitencia la conversión de los pecadores-, y los venerables Melánia Calvat y Maximino Giraud pueden dar fe de que la Virgen de La Salette les dijo que eran tantos los pecados de la humanidad que ya no podía detener más el brazo justiciero de su Hijo.
Párrafo seguido:
Cometemos una gran injusticia contra Dios y su gracia cuando afirmamos en primer lugar que los pecados son castigados por su juicio, sin anteponer —como enseña el Evangelio— que son perdonados por su misericordia. Hay que anteponer la misericordia al juicio y, en cualquier caso, el juicio de Dios siempre se realiza a la luz de su misericordia. Por supuesto, la misericordia de Dios no niega la justicia, porque Jesús cargó sobre sí las consecuencias de nuestro pecado junto con su castigo conveniente. Él no negó el pecado, pero pagó por nosotros en la cruz. Y así, por la fe que nos une a la cruz de Cristo, quedamos libres de nuestros pecados; dejemos de lado cualquier clase de miedo y temor, porque eso no es propio de quien se siente amado (cf. 1 Jn 4,18)”.
  
Además de contradecir el angustioso llamado que hizo la Santísima Virgen, concerniente a que es necesario convertirse y ofrecer reparación, Bergoglio insiste en la misericordia incondicional, que es hija del solafideísmo protestante expresado perfectamente en el “Esto peccátor et pecca fórtiter, sed fórtius fide et gaude in Christo” del satánico Lutero. Y honestamente, no sabemos a qué Evangelio se refiere, a pesar de ser este (permitidnos algo de locura, como pidiera San Pablo Apóstol a los corintios) este nuestro décimo año consecutivo leyendo seis capítulos diarios de la Sagrada Escritura. Porque Nuestro Señor Jesucristo dijo claramente que él volverá a juzgar a vivos y muertos, dando a cada uno el pago de sus obras (Mateo 25). Así lo confirman los Apóstoles,
  • San Pedro, en casa del centurión Cornelio, dijo: “Él [Dios] nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio de que Éste es Aquel que ha sido destinado por Dios a ser juez de los vivos y de los muertos” (Hechos 10,42).
  • San Pablo, ante el Areópago de Atenas, dijo: “Pasando, pues, por alto los tiempos de la ignorancia, Dios anuncia ahora a los hombres que todos en todas partes se arrepientan; por cuanto Él ha fijado un día en que ha de juzgar al orbe en justicia por medio de un Hombre que Él ha constituido, dando certeza a todos con haberle resucitado de entre los muertos” (Hechos 17,30-31).
  • “Conforme a tu dureza y tu corazón impenitente, te atesoras ira para el día de la cólera y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual dará a cada uno el pago según sus obras: a los que, perseverando en el bien obrar, buscan gloria y honra e incorruptibilidad, vida eterna; mas a los rebeldes, y a los que no obedecen a la verdad, pero sí obedecen a la injusticia, ira y enojo” (Romanos 2,5-8).
  • “Pues todos hemos de ser manifestados ante el tribunal de Cristo, a fin de que en el cuerpo reciba cada uno según lo bueno o lo malo que haya hecho” (II Corintios 5,10).
  • “Ahora se extrañan de que vosotros no corráis con ellos a la misma desenfrenada disolución y se ponen a injuriar; pero darán cuenta a Aquel que está pronto para juzgar a vivos y a muertos [...] Porque es ya el tiempo en que comienza el juicio por la casa de Dios. Y si comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de los que no obedecen al Evangelio de Dios?” (I Pedro 4,4-5;17).
  • “Y díjome el Ángel: No selles las palabras de la profecía de este libro, pues el tiempo está cerca. El inicuo siga en su iniquidad, y el sucio ensúciese más; el justo obre más justicia, y el santo santifíquese más. He aquí que vengo presto, y mi galardón viene conmigo para recompensar a cada uno según su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin. Dichosos los que lavan sus vestiduras para tener derecho al árbol de la vida y a entrar en la ciudad por las puertas. ¡Fuera los perros, los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras y todo el que ama y obra mentira!” (Apocalipsis 22,12-15).
  • “Y vi un gran trono esplendente y al sentado en él, de cuya faz huyó la tierra y también el cielo; y no se halló más lugar para ellos. Y vi a los muertos, los grandes y los pequeños, en pie ante el trono y se abrieron libros –se abrió también otro libro que es el de la vida– y fueron juzgados los muertos, de acuerdo con lo escrito en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; también la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron arrojados en el lago de fuego. Esta es la segunda muerte: el lago de fuego. Si alguno no se halló inscrito en el libro de la vida, fue arrojado al lago de fuego” (Apocalipsis 20,11-14).
y lo ha enseñado la Iglesia, guardiana infalible de la Verdad:
  • “Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos [...] y otra vez ha de venir con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos: y su reino no tendrá fin”. (Símbolo de Nicea y Constantinopla)
  • La fe verdadera consiste en que creamos y confesemos que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y Hombre. [...] Que padeció por nuestra salvación: descendió a los Infiernos y al tercer día resucitó de entre los muertos. Subió a los Cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso: desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Y cuando venga, todos los hombres resucitarán con sus cuerpos, y cada uno rendirá cuentas de sus propios hechos. Y los que hicieron el bien gozarán de vida eterna, pero los que hicieron el mal irán al fuego eterno. Esta es la Fe Católica, y quien no la crea fiel y firmemente no se podrá salvar”. (Símbolo de San Atanasio)
  • “[Firmemente creemos y simplemente confesamos que Cristo…] también sufrió y murió en el madero de la cruz por la salud del género humano, descendió a los infiernos, resucitó de entre los muertos y subió al cielo; pero descendió en el alma y resucito en la carne, y subió juntamente en una y otra; ha de venir al fin del mundo, ha de juzgar a los vivos y a los muertos, y ha de dar a cada uno según sus obras, tanto a los réprobos como a los elegidos: todos los cuales resucitarán con sus propios cuerpos que ahora llevan, para recibir según sus obras, ora fueren buenas, ora fueren malas; aquéllos, con el diablo, castigo eterno; y éstos, con Cristo, gloria sempiterna”. (IV Concilio de Letrán, Definición de fe contra los albigenses).
Es cierto que Dios muestra sus misericordias a quien sinceramente se arrepiente de sus pecados y da frutos dignos de penitencia. Pero también es cierto que la obstinación en el pecado y la presunción de la misericordia de Dios son pecados contra el Espíritu Santo, pecados que no tienen absolución posible. Pero no tiene ya caso (de hecho, nunca lo tuvo) seguir insistiendo a gente que más que sorda, es necia y busca componendas entre Dios y el diablo. San Pablo declaró el anatema, la maldición que condena en vida al Infierno, contra todo el que anuncia el Antievangelio:
“Mas aun cuando nosotros mismos o un ángel del cielo os anuncie un evangelio diferente del que nosotros os hemos anunciado, sea anatema. Así como ya os lo dijimos, ahora os lo repito: Si alguno os anuncia un evangelio diferente de aquel que recibisteis, sea anatema”. (Gálatas 1, 8-9)
  
NOTA
[1] Esta fue la versión original de la oración que Nuestra Señora le enseñó a los pastorcitos, segn declararon los propios videntes y sus conocidos. Para profundizar en relación a cómo y por qué la cambiaron, recomendamos leer el artículo LA ORACIÓN DE FÁTIMA FUE MODIFICADA.

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