jueves, 29 de junio de 2017

SACERDOTES: PERSEVERAD EN LA CASTIDAD

Desde luego, este no es el título original del texto, pero es el mensaje central de esta confesión que hiciera el demonio sacerdotal Verdi Garandieu (vale aclarar, también EXISTEN DEMONIOS HUMANOS), al Padre Ernest Fischer durante un exorcismo realizado el día 5 de Abril de 1978. (Compilado en el libro Advertencias del Mas Allá por el Padre Arnold Renz)

Antes de leer, rezad la oración a San Miguel Arcángel y un Ave María (Lo que vas a leer es parte de un exorcismo, de ahí que debes estar orando para que no te ataquen los demonios, ES EN SERIO... HAY EXORCISTAS QUE RECONOCEN ESTO QUE LES DIGO EN PARENTESIS, Y POR EXPERIENCIA LO SÉ)

TESTIMONIO DE UN DEMONIO SOBRE LA CASTIDAD SACERDOTAL

Después del exorcismo del Papa León XIII y numerosas oraciones, se hizo oír el demonio humano Verdi Garandieu de una forma completamente inequívoca, por lo que fue conjurado a decir solamente lo que Dios, por medio de la Santa Virgen, le ordenaba decir en el día de su fiesta y solamente eso (la fiesta de la Anunciación de María había sido retrasada hasta el 5 de abril de 1978, en razón de que ese año coincidió el 25 de Marzo con el Sábado de Gloria).

Ernest Fischer: “¡Tienes que hablar en honor de Dios y para la salvación de las almas, te lo ordena San Vicente Ferrer, el gran cazador de almas, que te ha arrancado tantas!”.
 
Verdi Garandieu (demonio humano): “¡No a mí, sino al viejo! Yo solamente soy uno entre muchos. Un miserable entre muchos. ¡Hay que ver los disparates que he hecho! ¿Por qué no he sido un sacerdote como los quieren Los de ahí arriba? ¿Por qué no he correspondido a su misericordia? ¿Por qué emprendí la vida sacerdotal, sabiendo que no era capaz de cumplir con este cargo tan pesado y de tanta responsabilidad? He pecado por malos ejemplos, como ahora dan malos ejemplos miles de sacerdotes. He mirado más hacia las faldas que a los mandamientos de Dios. El de ahí arriba ha dicho en mi caso textualmente: «Quiero escupirte de mi boca, porque no eras ni caliente ni frío». En mi juventud todavía era bueno. Pero después me convertí en un indolente. Abandoné el camino de la virtud, y ya no correspondí a la gracia. Al principio confesaba de vez en cuando. Quise retroceder más de una vez y luché contra mis grandes faltas; pero ya no lo pude conseguir, porque había rezado demasiado poco. No he correspondido lo suficiente a la voz de la clemencia. Ya casi era frío. Ahora tenéis a miles que como yo, son indolentes y ya no corresponden a la voz de la clemencia. A esos no les irá mejor que a mí si no se convierten y no admiten el fuego del Espíritu Santo y lo hacen actuar en sí mismos. ¡A mí, Verdi, no me va bien en el infierno! ¡Si pudiera, no quisiera haber vivido! ¡Cómo quisiera hacer mejor mi misión! ¡Cómo estaría dispuesto a estar de rodillas día y noche rezando Al de ahí arriba y pedir misericordia! ¡Invocaría a todos los Ángeles y santos para que me ayudaran, para que no volviese a ir por el camino de la perdición! ¡Pero ya no puedo volver atrás, estoy condenado! Los sacerdotes no saben lo que significa estar condenado. ¡No saben lo que es el infierno! Creen que ya no se puede modificar nada del modernismo, lo llaman ir con el tiempo. Sus superiores: cardenales y obispos, tampoco les dan mejor ejemplo. ¿O es que viven ante pobres mesas, con escasos manjares, como lo ha hecho Cristo? Esto no corresponde a la imitación de Cristo. Él dio ejemplo de pobreza y virtud.

Yo tenía intención de ser un buen sacerdote. Pero hay que tener en cuenta que un sacerdote se encuentra en mayor peligro de ser seducido por los de ahí abajo. Pensé: «Ahora ya soy sacerdote. Conseguí mi propósito». Al principio cumplí bien mis obligaciones. Pero de pronto, me resultó demasiado monótono. Empecé por descuidar la oración del celibato. Llegué a un punto que pensé: «Esas oraciones tan aburridas del Breviario, me quitan muchísimo tiempo». El no rezar la oración del breviario fue mi perdición. Cuando dejé de rezarlo, fui cayendo sucesivamente en el pecado. Cuando caí en el pecado de deshonestidad, ya no he leído la misa con devoción. Y siguió toda una cadena de reacciones. Ya no estaba en estado de gracia. La Biblia era un reproche para mí. Tampoco quería realizar bien la enseñanza de los niños. ¿Cómo hubiera podido instruirlos sobre lo bueno, si ya no seguía ese camino? Por eso tengo que decirles a los modernistas, que les irá igual que a mí. ¿Cómo pueden predicar algo que ellos mismos no siguen en su vida? Tendrían que mentir. Los corazones de muchos se han convertido en antros de asesinos. La tragedia es tanto mayor, cuanto que su sacerdote, que ya no da buen ejemplo y abandona el camino de la virtud, lleva tras sí una cantidad de personas.

Se habla mucho del amor al prójimo, y olvidan que el amor al prójimo resulta del perfecto amor a Dios. El primero y más importante Mandamiento es «Amar al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas». Solamente después viene «al prójimo como a tí mismo». Si esos sacerdotes hiciesen las paces con el de arriba, vendría por sí mismo el amor al prójimo.

Si hubiera dicho «¡Te seguiré en la cruz! ¡Dame cruces para mis ovejas! ¡Todas las que pueda soportar para que pueda seguirte!». Pero me olvidé de decir eso porque ya no lo quería. Hoy se olvidan hablar del camino de la cruz, de que hay que expiar y hacer penitencia. Deberían rezar intensamente para conseguir la virtud de la constancia y seguir hasta el fin. El sacerdote debería decir desde el púlpito: «Sed constantes, seguid el camino hasta el fin, seguid el camino de la cruz, soportad con paciencia, porque el premio estará en el Cielo».

Miles de sacerdotes se han condenado por causa de las mujeres. No lo hubiera sido si rezasen. Deberían coger diariamente el Breviario como se hacía antes. Miles ya no viven en gracia, porque no rezan el breviario, como yo, Verdi, dejé de hacerlo. ¡Si hubiera rezado y permanecido en el camino de la virtud! Mi Ángel hubiera venido y me hubiera ayudado. Tampoco he rezado a mi ángel. El de ahí arriba no cambia de repente las leyes, como quisieran los hombres de hoy. Él es siempre el mismo y será el mismo. Es el hombre el que modifica. La perdición de muchos sacerdotes de hoy ha sido el sexto mandamiento y el lujo”.
  
Verdi Garandieu fue un sacerdote del siglo XVII, que pudo ejercer su ministerio en alguna aldea de los Pirineos franceses perteneciente a la diócesis de Tarbes. Él abandonó el rezo del Divino Oficio, lo que lo debilitó espiritualmente. Viviendo en pecado mortal, acomodaba las predicaciones a su vida relajada y ofrecía el Santo Sacrificio de la Misa sin disposición ni intención.

1 comentario:

  1. Excelente articulo y sobre todo ahora que se descubrio a un alto cargo del Vaticano envuelto en una orgia sodomita en su apartamento amen de que el numero tres del Vaticano tambien embarrado en casos de pedofilia. Castidad?. ¿Como se come eso?, dirian los nuevos curas del Novus Ordo. Una verguenza. ¿El papa Francisco?. Bien gracias, todo sigue igual.....

    ResponderEliminar

Preferiblemente, los comentarios (y sus respuestas) deben guardar relación al contenido del artículo. De otro modo, su publicación dependerá de la pertinencia del contenido. La blasfemia está prohibida.