miércoles, 31 de enero de 2018

CONCILIARES: O CRUZ O CARAMELOS

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
 
En 2018, los feligreses conciliares serán REALMENTE puestos a prueba.
Sabemos que ellos no son más Católicos, pero ellos tratarán de persuadirse de que lo son.
Supuestamente deben guardar ayuno y abstinencia el Miércoles de Ceniza, pero ese día cae en el secular “Día de los enamorados” en 2018.
San Valentín fue suprimido del Calendario conciliar en 1969, junto con otros 200 Santos venerados desde los primeros tiempos de la Iglesia Católica.
  
El 14 de Febrero del año 2018 tendrá lugar una situación insólita: la fiesta de San Valentín cae en Miércoles de Ceniza, primer día de la temporada penitencial de Cuaresma, día de estricto ayuno y abstinencia. Puesto que el Miércoles de Ceniza rota anualmente, entre el 4 de Febrero y el 10 de Marzo, en función de la fecha de la Pascua, y porque el 14 de Febrero cae en Miércoles una vez cada siete años, es raro que la fiesta de San Valentín caiga el Miércoles de Ceniza.
 
Pero si los conciliares van a escoger entre el Miércoles de Ceniza o San Valentín, según su propio calendario fabricado deberían escoger los caramelos porque el Sacerdote y Mártir San Valentín no es realmente un santo para ellos; el 14 de Febrero es meramente el secular “Día de los Enamorados”. En su “Matanza del día de San Valentín”, el antipapa Montini Alghisi/Pablo VI impuso el 14 de Febrero de 1969 a la iglesia conciliar un nuevo calendario anticatólico que vaya conforme a su anticatólica e inválida “Nueva Misa”. Los Catorce Santos Auxiliadores, incluidos San Cristóbal, San Blas, San Jorge, Santa Bárbara y Santa Catalina de Alejandría, tan altamente venerados desde los primeros tiempos de la Iglesia Católica por su asistencia a todos cuantos les rezaban, fueron eliminados del Novus Ordo Kalendárii, junto con Santa Filomena, San Valentín, y otros 200 Santos.
 
San Valentín no es ninguna ridícula fantasía de tortolitos. Él fue un sacerdote y mártir de los primeros tiempos de la Iglesia Católica, que padeció durante una gran persecución por el gobierno romano. San Valentín fue también un médico y fue golpeado con garrotes y finalmente decapitado por ayudar a los Cristianos en Roma. Lejos de representar simple sentimentalismo, el color rojo y los corazones tan prevalentes en este día recuerdan el hecho de que San Valentín dió su rubro corazón y su sangre como Mártir de su fe Católica. Los deuterovaticanos, si fueran Católicos, se arrodillarían pidiendo la intercesión de este Sacerdote Mártir.
  
Así que ahora los fieles deuterovaticanos están en un dilema. Como los Protestantes que son, no observan más las leyes cuaresmales sobre el Ayuno y la Abstinencia -excepto, supuestamente, el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo-. Hubo un año en el cual la apertura de la temporada de béisbol en Estados Unidos cayó en Viernes Santo, y los fieles conciliares tuvieron la temeridad de pedir una “dispensa”, para poder embutir sus caras con hot dogs y cacahuates en lugar de reconocer el día en que Cristo murió para salvarlos de sus pecados. Irónico, pero así de corruptos se han convertido los deuterovaticanícolas. Ellos y su secta ciertamente NO SON CATÓLICOS.

martes, 30 de enero de 2018

ESTADOS UNIDOS TAMBIÉN PUDO EJERCER SU INFLUENCIA EN EL CÓNCLAVE DE 1958

No es un misterio que 1958 fue el año de quiebre para la Iglesia Católica en su aspecto institucional, ya que significó la muerte de Pío XII y el inicio de la Sede Vacante que hoy existe, y que durará hasta la Parusía. Y que el Cónclave de ese año arrojó un resultado a todas luces viciado por injerencias externas (en términos canónicos, ejercer Jus Exclusívæ, prohibido y eliminado por la Constitución Commíssum nobis de San Pío X) y acuerdos secretos de los cardenales modernistas y perjuros, por ende, fue una elección nula a la luz de la Constitución Vacántis Apostólicæ Sedis de Pío XII, que en su artículo 93 prohíbe realizar pactos electorales, y en los artículos 95 y 96 prohíbe y declara írrito cualesquier pactos y juramentos obligando a votar o abstenerse de votar por un candidato, so pena de excomunión.
  
Todos miran hacia la Unión Soviética como el poder externo detrás de la elección de Roncalli para ser Juan XXIII bis (ya hubo un antipapa Juan XXIII, Baltasar Cossa). Pero lo que muchos desconocen es que Estados Unidos también tuvo su parte de responsabilidad, como se deduce del documento que veremos a continuación.
  
Apenas en la mañana encontramos en el blog RADTRAD THOMIST, administrado por Peter Chojnowski PhD, un telegrama enviado a John Foster Dulles, Secretario de Estado norteamericano, por el embajador en Italia James David Zellerbach Baruh (judío), el cual comenta que una fuente interna del Vaticano le describía el ambiente en torno a aquellos fatídicos días de 1958.
  
Hay quien pretenda ver ante esto una prueba de que Giuseppe Siri era el verdadero electo, pero que fue obligado a renunciar y que de ahí salió Roncalli. A cuantos consideren así, es de recordarles que ante las actuaciones durante y posterior al Vaticano II, Siri no actuó de otra manera que reconociendo y acatando las órdenes de los usurpadores y del conciliábulo (cosa que no se espera de un gobernante derrocado).
  
Nos decidimos a traducirlo al español, y dejamos al lector la tarea de sacar sus conclusiones.
  
Advéniat regnum tuum, Jesu: advéniat per Maríam.
   
JORGE RONDÓN SANTOS
30 de Enero de 2018
Martes de Septuagésima, y fiesta de Santa Martina virgen y mártir.
  
DESCLASIFICADO: ¡DOCUMENTO DEL DEPARTAMENTO DE ESTADO REVELA PLAN DEL GOBIERNO ESTADOUNIDENSE PARA DETENER ELECCIÓN DE UN PAPA TRADICIONALISTA EN EL CÓNCLAVE DE 1958!
 
He aquí el texto de un documento desclasificado del Departamento de Estado norteamericano proveniente de Roma concerniente al Cónclave de Octubre de 1958 -el mes más crítico de la historia de la Iglesia Católica desde la Crucifixión, Resurrección y Pentecostés-.
  
Primero transcribiré el documento mismo. Después de todo, es el escaneo de la copia, que tengo, del documento desclasificado del Departamento de Estado. Al amigo que dio con esto, muchas gracias por ayudar a aclarar la situación eclesiástica que existió en 1958.
  

TELEGRAMA ENTRANTE       DEPARTAMENTO DE ESTADO
  
Clasificación: Secreta
   
Control: 7008
Recibido: 11 de Octubre, 1958
11:39 AM
 
De: Roma
Para: Secretario de Estado
No: 1166, 11 de Octubre, 2PM
 
DISTRIBUCIÓN LIMITADA.
  
Durante conversación con un Oficial de Embajada, una fuente del Vaticano expresó su opinión personal de que el próximo Papa será “electo” fuera del Cónclave por acuerdo entre cardenales. La fuente dijo que Pío XII fue elegido de esta manera, y recordó que cuando los cardenales fueron entrando al Cónclave de 1939 el cardenal [Giuseppe] Pizzardo le llamó aparte y pidió preparar borrador biográfico de Pacelli. Agregó que consultó con Mons. Montini y ambos decidieron por obvias razones no seguir adelante con la demanda de Pizzardo.
 
Especulando sobre el sucesor de Pío XII, la fuente dijo que el Colegio podría perfectamente escoger un cardenal anciano cuyo breve pontificado podría ser dedicado enteramente a la reorganización de la Curia romana dejada por el papa fallecido en “deplorable estado”. La fuente indicó que la elección de [Giuseppe] Siri, [Ernesto] Ruffini, o [Alfredo] Ottaviani sería “desafortunada para la Iglesia” puesto que estos tres cardenales tienen un enfoque poco realista a los grandes problemas que enfrenta el mundo de hoy. La fuente dijo que la elección de cualquiera de los tres dependería de la influencia de los cardenales estadounidenses, y voluntariamente sugirió a las autoridades estadounidenses que sería bueno ejercer subrepticiamente “su propia influencia sobre ciertos cardenales estadounidenses”.
 
[JAMES DAVID] ZELLERBACH                   
  
Archivado: 5 de Noviembre de 1958
Desclasificado: 26 de Marzo de 1990

lunes, 29 de enero de 2018

DE CÓMO OIR LA SANTA MISA, POR SAN FRANCISCO DE SALES

No te he hablado aún del sol de los Ejercicios espirituales, que es el santísimo y soberano Sacrificio de la Misa, centro de la Religión cristiana, alma de la devoción, vida de la piedad, misterio inefable que comprende el abismo de la caridad divina, por el cual, Dios, uniéndose realmente a nosotros, nos comunica con magnificencia sus gracias y favores.
 
La oración, unida con este divino Sacrificio, tiene una indecible fuerza, de modo que por este medio abunda el alma de celestiales favores, como apoyada sobre su amado, el cual la llena tanto de olores y suavidades espirituales, que parece una columna de humo producida de las maderas aromáticas de mirra y de incienso y de todos los polvos que usan los perfumadores, como se dice en los Cantares.
  
Procura, pues, con toda diligencia oír todos los días Misa para ofrecer con el sacerdote el sacrificio de tu Redentor a Dios, su Padre, por ti y por toda la Iglesia. Allí están presentes muchos ángeles, como dice San Juan Crisóstomo, para venerar este santo misterio; y así, estando nosotros con ellos y con la misma intención, es preciso que con tal compañía recibamos muchas influencias propicias. En esta acción divina se vienen a unir a nuestro Señor los corazones de la Iglesia triunfante y los de la Iglesia militante, para prendar con El, en El y por El el corazón de Dios Padre, y apoderarse de toda su misericordia. ¡Oh, qué felicidad es para un alma contribuir devotamente con sus afectos a un bien tan necesario y apetecible!
  
Si por algún estorbo inexcusable no puedes asistir corporalmente a la celebración de este soberano Sacrificio, a lo menos envía allá tu corazón, asistiendo espiritualmente. Para esto, a cualquiera hora de la mañana mira con el espíritu a la Iglesia, ya que no puedes de otro modo; une tu intención con la de todos los cristianos y haz desde el lugar en que te halles los mismos actos interiores que harías si te hallases realmente presente en la iglesia al santo Sacrificio.

Para oír Misa como conviene, ya sea real, ya espiritualmente, has de seguir este método:
  1. Desde el principio hasta que el sacerdote sube al altar, prepárate juntamente con él, lo cual harás poniéndote en la presencia de Dios, reconociendo tu indignidad y pidiéndole perdón de tus defectos.
  2. Desde que el sacerdote suba al altar hasta el Evangelio, considera sencillamente y en general la venida de nuestro Señor al mundo y su vida en él.
  3. Desde el Evangelio, hasta concluido el Credo, considera la predicación del Salvador, protesta que quieres vivir y morir en la fe y obediencia a su santa palabra y en la unión de la Santa Iglesia Católica.
  4. Desde el Credo hasta el Pater noster contempla con el espíritu los misterios de la Pasión y muerte de nuestro Redentor, que actual y esencialmente se representan en este santo Sacrificio, que has de ofrecer, juntamente con el sacerdote y con el resto del pueblo, a Dios Padre para honra suya y salvación de tu alma.
  5. Desde el Pater noster hasta la Comunión, esfuérzate a excitar en tu corazón muchos y ardientes deseos de estar siempre junta y unida a nuestro Señor con un amor eterno.
  6. Desde la Comunión hasta el fin, da gracias a su Divina Majestad por su encarnación, vida, Pasión y muerte, y por el amor que nos muestra en este santo Sacrificio, pidiéndole por él que te sea siempre propicio a ti, a tus parientes, a tus amigos y a toda la Iglesia, y humillándote de todo corazón recibe devotamente la bendición divina que te da nuestro Señor por medio de su ministro.
Pero si quieres tener mientras la Misa la meditación de los misterios que vas siguiendo por orden todos los días, no es necesario que te diviertas en hacer estos actos particulares: bastará que al principio hagas intención de que el ejercicio de meditación y oración que tienes sirva para adorar y ofrecer este santo Sacrificio, puesto que en cualquiera meditación se encuentran los actos arriba dichos o ya expresos, o a lo menos implícita y virtualmente.

SAN FRANCISCO DE SALES, La Filotea o Introducción a la Vida Devota, Parte Segunda, capítulo XIV.

domingo, 28 de enero de 2018

ORACIÓN AL BIENAVENTURADO CARLOMAGNO

   
¡Salve, oh Carlomagno, bienamado de Dios, Apóstol de Cristo, defensor de su Iglesia, protector de la justicia, guardián de las buenas costumbres, terror de los enemigos del nombre Cristiano! La diadema contaminada por los Césares, mas purificada por las manos del Papa León, corona vuestra frente augusta; el orbe imperial reposa en vuestra vigorosa mano; la siempre victoriosa espada combatiente del Señor pende a vuestro flanco; y la unción imperial vino a unirse a la unción real de la mano del Pontífice que ya había consagrado vuestro brazo poderoso. Devenido en la imagen de Cristo en su realeza temporal, vos quisisteis que Él reinara en vos y por vos. Ahora Él os recompensa por el amor que le tuvisteis, por el celo que mostrasteis por su gloria, por el respeto y la confianza que vos mostrasteis a su Esposa. Por una realeza de la tierra, caduca y perecedera, vos recibisteis una realeza inmortal, en medio de la cual millones de almas, arrancadas por vos de la idolatría, os honran como el instrumento de su salvación.
  
En estos días en que celebramos el nacimiento de nuestro Señor por medio de la Virgen, vos le presentáis el hermoso y magnífico templo que vos elevásteis en su honor (la basílica de Aquisgrán), que aún hoy es nuestra admiración en la tierra. Es en este santo lugar que vuestras piadosas manos pusieron los envoltorios de su divino Hijo, y en retorno, el Emmanuel quiso que vuestros huesos sagrados reposaran con gloria, a fin de recibir los testimonios de la veneración de los pueblos. Glorioso heredero de la fe de los tres Reyes Magos del Oriente, presentadnos a Aquél que se dignó recibir estas humildes prendas. Impetrad para nosotros una parte de esta humildad con la cual vos pos postrasteis ante el Pesebre, de esta piadosa alegría que gozó vuestro corazón en las solemnidades que celebramos, de ese celo ardiente que os hizo emprender tantos trabajos para la gloria del Hijo de Dios, de esta fuerza que nunca os abandonó jamás en la conquista de su Reino.
   
Poderoso Emperador, que desde antiguo fuisteis el árbitro de la familia europea reunida por entero bajo vuestro cetro, tened compasión de esta sociedad que hoy en día se está destruyendo en todas partes. Luego de mil años, el Imperio que la Iglesia había confiado a vuestras manos ha caído: tal ha sido el castigo de su infidelidad hacia la Iglesia que lo fundó. Pero las naciones han permanecido, y se agitan en la inquietud. La Iglesia sola puede retornarle la vida por la fe; solamente ella ha permanecido como depositaria de las nociones del derecho público; solo ella puede gobernar a los poderosos y consagrar la obediencia. Haced que llegue el día bienaventurado en que la sociedad, restablecida en sus fundamentos, cese de demandar el orden y la libertad por medio de las revoluciones. Proteged con amor especial a la Francia, el florón más rico de vuestra espléndida corona. Mostrad que vos siempre sois su Rey y su Padre. Detened los progresos de los falsos imperios que se levantaron en el Norte bajo el cisma y la herejía, y no permitáis que los pueblos del Sacro Imperio Romano sean prisioneros de ellos. Amén.
 
DOM PRÓSPER GUERANGER OSB. El Año Litúrgico (edición francesa), tomo III. Tipografía Oudin, Poitiers 1911, págs. 531-533. Traducción nuestra.

sábado, 27 de enero de 2018

SOBRE EL CAMBIO BERGOGLIANO DEL PADRENUESTRO

El pasado 3 de Diciembre, se hizo oficial para uso litúrgico de la iglesia conciliar francófona una nueva versión de la Oración Dominical en la cual se cambió la sexta petición a «Et ne nous laisse pas entrer en tentation» (No nos dejes entrar). Por supuesto, la nueva versión (ni tan nueva, ya que la versión francesa de la Biblia de Jerusalén desde el año 2000 la incluye) fue aprobada en el 2013 en las versiones bíblicas francesas. Y el día 12 del mismo mes, Bergoglio en su programa (irónicamente llamado “Padre Nostro”) en la cadena televisiva TV2000 (propiedad de la Conferencia Episcopal Italiana), sugirió idéntica alteración para la traducción al italiano: sustituir “non ci indurre in tentazione”, a “non abbandonarci alla tentazione”.
  
Al igual que hicieron en 1966, cuando los obispos franceses cambiaron la traducción a Ne nous soumets pas à la tentation (No nos sometas), no se limitaron a cambiar una palabra: ¡SE FUERON A POR TODA LA INVOCACIÓN, y con la venia de los protestantes! Porque hay que reseñar que la nueva versión adoptada por la deuterovaticanidad gabacha surgió de la traducción ecuménica de 1965, que también cambió la quinta petición remplazando la palabra deudas a ofensas (como sucedió también en la traducción española desde el 27 de Noviembre de 1988).
   
A Dios gracias, no pueden meterse con los idiomas originales en que se escribiera la Biblia, ni mucho menos con el latín, el idioma oficial de la Iglesia Católica tradicional. Veréis, en la Vulgáta de San Jerónimo, que fue una traducción casi literal desde los idiomas originales, el pasaje de Mateo 6, 13, que en griego dice καὶ μὴ εἰσενέγκῃς ἡμᾶς εἰς πειρασμόν, fue traducido por San Jerónimo como «Et ne nos indúcas in tentatiónem». Pero, desde luego, Nuestro Señor no predicaba en griego, sino en arameo (siríaco), y en ese idioma fue escrito originalmente el Evangelio según San Mateo (los demás libros del Nuevo Testamento todos fueron escritos en griego). Aprovechamos pues, para presentar cómo era en el idioma original y su transliteración (leer de derecha a izquierda):
ܐܰܒ݂ܽܘܢ ܕ݁ܒ݂ܰܫܡܰܝܳܐ (Abuna di bishemaya),
ܢܶܬ݂ܩܰܕ݁ܰܫ ܫܡܳܟ݂ (Itqaddash shemak),
ܬ݁ܺܐܬ݂ܶܐ ܡܰܠܟ݁ܽܘܬ݂ܳܟ݂ (Tete malkutak).
ܢܶܗܘܶܐ ܨܶܒ݂ܝܳܢܳܟ݂ ܐܰܝܟ݁ܰܢܳܐ ܕ݁ܒ݂ܰܫܡܰܝܳܐ ܐܳܦ݂ ܒ݁ܰܐܪܥܳܐ (Titabed reutak kedi bi shemaya kan baara).
ܗܰܒ݂ ܠܰܢ ܠܰܚܡܳܐ ܕ݁ܣܽܘܢܩܳܢܰܢ ܝܰܘܡܳܢܳܐ (Lajmana hab lana sekem yom beyoma).
ܘܰܫܒ݂ܽܘܩ ܠܰܢ ܚܰܘܒ݁ܰܝܢ ܐܰܝܟ݁ܰܢܳܐ ܕ݁ܳܐܦ݂ ܚܢܰܢ ܫܒ݂ܰܩܢ ܠܚܰܝܳܒ݂ܰܝܢ (Ushebok lana jobeina, kedi af anajna shebakna lejeibina).
ܘܠܳܐ ܬ݁ܰܥܠܰܢ ܠܢܶܣܝܽܘܢܳܐ (Weal taalna lenision).
ܐܶܠܳܐ ܦ݁ܰܨܳܢ ܡܶܢ ܒ݁ܺܝܫܳܐ (Ela peshina min bisha).
ܐܰܡܺܝܢ ܀ (Amen)
    
En el francés, las traducciones han sido varias por lo menos desde el siglo XII, pero una de las versiones más tradicionales es la del padre Augustin Crampon, que dice así:
Notre Père, qui êtes dans les cieux,
que votre nom soit sanctifié.
Que votre règne arrive;
que votre volonté soit faite sur la terre comme au ciel.
Donnez-nous aujourd'hui le pain nécessaire à notre subsistance.
Remettez-nous nos dettes, comme nous remettons les leurs à ceux qui nous doivent.
Et ne nous induisez point en tentation,
mais délivrez-nous du Malin.
Ainsi soit-il.
  
Y la española, que encontrábamos en los Catecismos y en las traducciones bíblicas de Mons. Felipe Scío de San Miguel y Mons. Félix Torres Amat:
Padre nuestro que estás en los Cielos,
santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu Reino,
hágase tu voluntad así en la Tierra como en el Cielo.
El pan nuestro de cada día dánosle hoy
y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores,
y no nos dejes caer en la tentación,
mas líbranos del mal.
Amén.
 
Los obispos conciliares aducen que la palabra griega εἰσενέγκῃς (vertida en latín como indúcas) se entiende como hacer entrar o conducir, y que por tanto la traducción antigua es teológicamente errónea porque Dios no tienta a nadie, sino el diablo, aferrándose a Santiago 1, 13-15. Ciertamente Dios no puede tentar a nadie, porque Él no inspira al mal; pero sí puede permitir que seamos probados (pero nunca por encima del límite de nuestras fuerzas). De ahí que el significado teológico de la oración en los idiomas originales (arameo y griego) y su traducción al Latin implica el reconocimiento de que nuestras solas fuerzas humanas no son suficientes para lidiar con las tentaciones (o pruebas) que afrontamos en la vida, y que por ello necesitamos el auxilio de la gracia divina para resistir y vencer. Pero la recensión oficializada actualmente en francés parece que disminuye el poder de Dios y refuerza el del hombre, como si éste pudiera resistir por sí solo o le bastase su propia determinación. Y esa actitud tiene un nombre: PELAGIANISMO.
     
Las críticas a la reforma del Padrenuestro por parte de Bergoglio no se han hecho esperar: El teólogo protestante estadounidense Richard Albert Mohler Jr., presidente del Seminario Teológico Bautista del Sur, se pronunció así en una entrevista telefónica al New York Times: “Estuve conmocionado y aterrado. Esta es la Oración del Señor. No es, y nunca ha sido la oración del papa, y tenemos las mismas palabras de Jesús en el Nuevo Testamento. Son esas palabras las que el papa propone cambiar. No sólo es algo profundamente problemático, es casi pasmoso”. Así mismo, Anthony Esolen, profesor de literatura clásica en el Colegio de Artes Liberales “Thomas More”, de Estados Unidos, señaló que el texto griego del Padre nuestro no es ambiguo, ya que dice “no nos induzcas a la tentación”, y que la nueva versión francesa representa también un problema gramatical: “no podemos ir de un verbo activo, que está en modo indicativo, en tiempo presente, en segunda persona del singular, con una objeto directo claro, a un verbo totalmente diferente -‘no permitir’- completado con un infinitivo que no está en ningún lugar del texto -‘caer’- sin pasar de la traducción a una exégesis teológica”, dijo.
  
Ciertamente a Bergoglio le parece que no existe realidad absoluta ni objetiva, y que es alérgico a toda definición. En pocas palabras, él es adepto del NOMINALISMO, que es una corriente filosófica que niega la existencia de los universales fuera de la mente del sujeto cognoscente (por lo que también se conoce a esta corriente como PARTICULARISMO),  y  que la relación significante-significado es arbitraria, una convención aceptada por una colectividad, y a veces incluso es el producto de una conspiración. Como consecuencia de ello, las personas comienzan a sospechar “que alguien, en algún lugar esta simplemente produciendo cosas e imponiendo su voluntad al resto de nosotros”.
  
Un elemento desconocido, y que empeora el problema frente a la nueva versión del Padre Nuestro: El marrano Yohanán Cohen (Juan Calvino) decía que la palabra griega εἰσενέγκης en esta petición significa lo mismo que “impeler”, lo que equivale a inculpar a Dios, Suma Bondad, de nuestra separación de y por Él si nos impeliese a la tentación. El trasfondo de esta afirmación es consistente con la doctrina calvinista de la doble predestinación (Dios hace a algunos hombres ser vasos de elección para manifestar sus misericordias y salvarlos, mientras que otros lo son de reprobación para manifestar su justicia, sin importar lo que hagan; y en todo caso, dicha predestinación se manifiesta en el plano terrenal), que ha sido consistentemente condenada por la Iglesia Católica.
 
Verdaderos Católicos: la iglesia deuterovaticana intenta nuevamente cambar el significado de la Sagrada Escritura, que -es cuestión dogmática- nadie en la Iglesia, ni siquiera un verdadero Papa, tiene el poder de cambiar. Tales desecraciones de la Sagrada Escritura son posibles no tanto porque las traducciones no pueden transmitir exactamente el sentido propio del texto en su idioma original, sino porque el Vaticano II introdujo las lenguas vernáculas en los servicios litúrgicos y permitió que las Conferencias Episcopales manejen al garete la liturgia y las traducciones bíblicas. Los Católicos Tradicionales han evitado tales desecraciones manteniendo el Latín como idioma litúrgico de la Iglesia y siguiendo el consejo de San Francisco de Asís y otros Santos: rezar en Latín las oraciones comunes de la Iglesia aun cuando las oraciones sean rezadas en un contexto privado.
   
JORGE RONDÓN SANTOS
27 de Enero de 2018.
Fiesta de San Juan Crisóstomo, Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia.

jueves, 25 de enero de 2018

EL LAMENTABLE ESTADO DE LA ORTODOXIA GRIEGA TRAS EL CISMA DE 1054

Frente a la situación actual de apostasía en la Iglesia por causa del Concilio Vaticano II, hay quienes miran a Oriente para escapar (de la cruda realidad): unos deciden pasar a los Ritos Bizantino, Copto, Siríaco o Armenio (cosa inadmisible desde todo punto), o peor, se convierten de plano al cisma. A estas personas, un cuadro de primera mano por parte de alguien que los conoció mejor que nadie porque le tocó vivir y ejercer su sacerdocio y obispado rodeado de los cismáticos focianos:
Eminentísimos y reverendísimos Obispos, eminentísimos y reverendísimos Padres. […] He nacido en Grecia, he pasado la mayor parte de mi vida en Grecia y, aunque no soy de rito griego, amo a la Iglesia griega y estaría dispuesto a dar la vida por su retorno al centro de la Unidad. Aunque, con gran dolor de mi alma, os debo confesar una cosa. Hasta el día de hoy, hasta que no brille la aurora de aquel día tan deseado tanto por mí como por vosotros, quien es impaciente se maravillará de que el Oriente pueda ser despertado de aquel letargo de muerte y de tinieblas, en el cual se ha precipitado hacía ocho siglos, a una nueva vida y nueva luz, sometiéndose a la Iglesia romana que es fuente de verdadera vida y verdadera luz.
  
¡Qué suerte terrible y miserable la de la Iglesia griega, en un tiempo tan grande, tan ilustre, tan fecunda, que era el decoro y el esplendor de la religión Católica. Ahora es vil, estéril, se volvió oscura y permanece como un monumento terrible de la venganza divina! Pecó la hija de Jerusalén, y hoy su belleza ha desaparecido. ¡Con qué pena formidable Dios humilla la soberbia de los pueblos!
 
Aquella iglesia que en los tiempos de los primeros ocho concilios, entre las otras por doctrina, erudición y doctrina despuntaba, a duras penas tiene ahora en este Concilio Ecuménico a uno de los suyos que la represente y que derrame lágrimas de su alma por una caída tan ignominiosa, por las laceraciones tan graves como inveteradas.
 
Esta es la situación, eminentísimos y reverendísimos Padres, a pesar de que mueva mis ojos atentos en toda esta aula conciliar, ellos no encuentran la consolación de ver obispos verdaderamente griegos. ¡Oh pena! En Oriente las doctísimas plumas de los Naciancenos, los Cirilos, los Gregorios de Nisa, yacen despedazadas en tierra, las voces en otro tiempo elocuentísimas de los Crisóstomos, los Atanasios, los Basilios están enmudecidas, ahora quizá el eco de aquellas voces se apagó. Una crasa ignorancia y una torpe simonía dominan hoy al clero cismático griego.
 
Los presbíteros griegos han perdido también el nombre de predicadores. Si por ventura quisiéseis oir un sermón en una iglesia griega, podríais difícilmente escucharlos en pocas ciudades importantes y en los días más solemnes. Entonces, dejando un poco aparte a los curas predicadores, veréis un abogado salir sobre el ambón y éste intentará explicaros el santo Evangelio del día; o quizá, lo que sucede más frecuentemente, un farmacista, limpiándose las manos que poco antes confeccionaban los fármacos, sube a la tribuna para explicaros a los santos Padres. ¿Qué celo por las almas se puede encontrar en un clero que padece de tanta ignorancia y soberbia?
 
El presbiterado para ellos no es más que un medio para ganar dinero, para llevar el pan a la mujer y los hijos. Para ellos la simonía no es solamente lícita, sino que es casi un derecho y un oficio inherente al encargo sacerdotal. ¿Qué harán estos pastores, estos mercenarios, si por ejemplo una enfermedad contagiosa afligiera al pueblo a ellos confiado? Huirán de allí y se esconderán, en una sola palabra, dedicando todo su celo a sustraerse del contagio, mientras que sus fieles, enfermos y abandonados por sus sacerdotes, exhalarán el último suspiro a la manera de los irracionales.
 
Frecuentemente, y cada año sucede en mi diócesis, el gobierno da orden a los militares para salvaguardar la tranquilidad pública, de ir a recuperar en las inmediaciones a los sacerdotes fugitivos y llevarlos, incluso con la fuerza, con sus fieles, golpeados de crueles epidemias. Razón por la cual un clero, privado de toda doctrina y de toda conciencia del deber propio, un clero infectado por esta mancha simoníaca, un clero como este, ¿tendrá la ciencia suficiente y seria voluntad de cooperar con el retorno de la Iglesia griega al centro de la Unidad?
 
Si el efecto de esta unión no se puede esperar del clero, mucho menos se deberá ver de los laicos. Respecto a la religión, el pueblo griego, es primeramente griego y después cristianos. Los Griegos tienen el culto de adoración por su nacionalidad como si fuese un ídolo, una nacionalidad que en un tiempo llamaban étnica, y que ahora llaman cristiana. Desde siempre, pero aún más después de las expediciones de los cruzados y de la caída del imperio bizantino, consideran al Catolicismo como un enemigo inexorable del helenismo o de la nacionalidad griega que para ellos es el sumo bien, mientras que el Catolicismo es detestado como el mayor de los males.
  
Por esa razón, sea por la observación de la mísera condición del clero griego, o por considerar el leve ingenio del pueblo, se dice que el tiempo del retorno de la Iglesia griega a la unidad Católica está lejano, quizá dista muchísimo de nosotros. El cisma, generado por la soberbia, es alimentado constantemente por la soberbia misma y por la ignorancia, evadiendo en cierto modo la necesidad natural de los griegos. […]
 
Por tanto, estando tan petrificados los griegos en su cisma, por la fuerza de su soberbia, difícilmente darán un paso hacia la unidad. Aunque os podría mostrar otro camino: cuando las enseñanzas del racionalismo y las ideas que dominan nuestra época respecto de la libertad de conciencia y la indiferencia en materia religiosa, y otras similares hayan invadido al pueblo griego, lo que no podrá tardar, entonces será vista la fuerza casi mágica y supersticiosa de sus principios falaces. Entonces la iglesia griega, para no ser abatida y destruida por el ateísmo que cava en su seno, entonces quizá en ese horrendo naufragio, se aferrará a la única tabla que siempre permanece inconmovible, tabla de salvación, retornando al puerto seguro de la religión Católica. O tal vez, cuando sea obtenida por el pueblo griego la tan vehementemente anhelada potencia imperial, entonces ellos, no teniendo más necesidad del fanatismo religioso que hoy es el más válido instrumento para propugnar este presunto perfeccionamiento de su nacionalidad, lo despreciarán y lo apartarán de sí, e internamente, para llegar a la altura de otras naciones civilizadas, abracen las seductoras ideas del progreso y la libertad, y eventualmente por eso dejen campo abierto para la salutífera acción de la Iglesia Católica.
   
He dicho estas cosas, considerando el estado infeliz de esta iglesia con los ojos de la humana prudencia. Lo que humanamente hablando parece imposible, ¿quién negará que Dios omnipotente y misericordioso pueda cumplirlo en poco tiempo? La mano de Dios no ha sido cerrada y Dios sanará a las naciones. […]

Por eso los griegos, en el supuesto de que con ánimo sincero abracen la religión Católica, sea por la tradición de sus Padres, por las Actas de sus Concilios ecuménicos orientales, o por la consideración de los monumentos litúrgicos de su Iglesia, es necesario que admitan la infalibilidad del Magisterio Supremo de la Iglesia.
 
Ad majórem Dei glóriam.
 
SPIRIDIONE MADDALENA, Arzobispo de Corfú. Discurso en el marco de la LV Congregación General durante el Concilio Vaticano I (20 de Mayo de 1870). En Giovanni Domenico Mansi, Sacrórum Conciliórum Nova Amplíssima Colléctio (Louis Petit AA & Jean-Baptist Martin, eds.), tomo LII. Arnhem y Leipzig 1927, cols. 151-155. Traducción nuestra.

OBSERVACIÓN FINAL
Lástima es que muchas almas hoy en día, queriendo buscar la tabla de salvación que es la Iglesia Católica, solamente vean el espejismo de la iglesia deuterovaticana que sólo conduce a la eterna damnación. Pero más indignante es que haya quienes, sabiendo esto, las guíen hacia ese engaño. Es por ello que como miembros de la Resistencia Católica DEBEMOS, en unidad y sin capellanismos inútiles, insistir con ocasión y sin ella en develar los engaños del enemigo judeomasónico-comunista deuterovaticano, y al mismo tiempo promover y vivir la Doctrina y Espiritualidad Católica Tradicional.
  
Pidámosle a la Santísima Virgen María y a San Pablo Apóstol que por su intercesión nos obtenga de Dios Uno y Trino la perseverancia en la fe y la Unidad en la Verdad.
  
JORGE RONDÓN SANTOS
25 de Enero de 2018.
Conversión de San Pablo Apóstol.

miércoles, 24 de enero de 2018

ORACIÓN POR LAS ALMAS OLVIDADAS

   
Oh Dios misericordioso, ten piedad de aquellas almas que no tienen amigos e intercesores particulares que las recomienden a Ti, quienes, o por la negligencia de los vivos, o por el paso del tiempo, son olvidadas por sus amigos y por todos. Auxílialas, Señior, y acuérdate de tu propia misericordia, cuando otros se olviden de pedirla. No permitas que las almas que Tú has creado sean apartadas de Ti, que eres su Creador. Ellas son Tu obra, y aunque pecaron, han sido redimidas por Ti. Dígnate, por tanto, volverte a ellas y liberarlas del intolerable dolor de estar lejos de Ti, luz y amor de todas Tus creaturas. ¡Oh!, ponlas en el número de tus Santos y ciudadanos, por Jesucristo su Salvador. Amén.
   
Padre eterno, te ofrecemos la preciosa Sangre de Jesús por la remisión de nuestros pecados y las necesidades de la Santa Iglesia. (100 días de Indulgencia cada vez)

BULA “Pia mater Ecclésia”, INSTITUYENDO LA MISA “Ad tolléndum schisma”

En anterior oportunidad había sido publicado en APOSTOLADO CABALLERO DE LA INMACULADA la Misa Votiva por el fin del cisma, compuesta a instancias del Papa Clemente VII de Aviñón en el año 1292, e hízose alusión a la bula que determinó su implementación. Hoy publicamos en español el contenido de esta bula que es poco conocida fuera de los especialistas (ni buscarla tampoco en la página del Vaticano, toda vez que tras el Concilio de Constanza se consideró ilegítima la línea pontificia aviñonesa).
  
En su momento, fue comentado, muy ciertamente, que los tiempos del Cisma de Occidente eran radicalmente distintos a los presentes, puesto que:
  1. Durante el Gran Cisma de Occidente no existía una defección de la fe de parte de la jerarquía.
  2. La usurpación del oficio pontificio no había originado la aparición de una nueva Iglesia con una nueva doctrina anticristiana.
  3. Todos los obispos, religiosos y sacerdotes eran fieles, en líneas generales, a la Doctrina Católica.
  4. No había duda de la validez sacramental de los obispos y por lo tanto, los que se decían sacerdotes eran sacerdotes católicos, aún cuando fueran cismáticos por seguir a uno de los reclamantes al Papado en oposición al otro.
  5. Para restaurar la Sede Apostólica (aunque ello es humanamente imposible y estamos en los últimos tiempos), lo necesario es que todos los Católicos tradicionales depongan sus rivalidades.
Sin ánimo de apelar al conclavismo (porque esperamos la Gran Parusía Apocalíptica de Nuestro Señor Jesucristo, luego de la cual serán restauradas todas las cosas y la Iglesia triunfará sin oposición), publicamos el contenido de esta letra pontificia. Reiteramos una vez más a nuestros hermanos de armas que la Unidad es una de las cuatro notas de la Iglesia de Cristo, y que frente al enemigo común hay que deponer todas esas diferencias capellanistas que lo único que logran es fortalecer al enemigo deuterovaticano.
   
BULA “Pia mater Ecclésia”, INSTITUYENDO LA MISA “Ad tolléndum schisma”
 
   
CLEMENTE, Obispo, Siervo de los siervos de Dios, a su venerable hermano el Arzobispo de Reims, salud y bendición apostólica.
  
La santa madre Iglesia, vehementemente afligida por causa del detestable cisma que por obra del maligno se ha sembrado en el mundo, se encuentra inmersa en la angustia y amargura de inefables dolores, y deplora con asidua compasión la traición de los hijos delirantes que pretenden desgarrar la túnica inconsútil del Señor, que es la unidad de la misma Iglesia. Nos mismos, en efecto, que por disposición de la divina clemencia, presidimos sus destinos a pesar de nuestros méritos insuficientes, y que deseamos apasionadamente la salvación de todos los que nos han sido confiados, nos vemos estrechados con acerbísima ansiedad a la vista de este cisma que nosotros vemos engendrar un gran detrimento en las almas. Esta es la razón por la cual Nos buscamos ardientemente las miras y medios para emplear para que los extraviados, removida la oscuridad que les causa su ceguera, regresen al camino recto de la salvación y se reúnan con los hijos devotos de la Iglesia.
  
Considerando por tanto, que los fieles solicitan y esperan una solución menos de un medio humano insustancial que de la instancia de una humilde y confiada oración, después de haber tomado consejo de nuestros hermanos los Cardenales, Nos hemos hecho componer una misa especial para la cesación del cisma, y hemos ordenado que este nuevo oficio sea copiado en el misal de todas las iglesias. Esta misa deberá ser cantada todos los primeros jueves de mes tanto en nuestra capilla pontifical y en las de nuestros venerables hermanos los Cardenales de la Santa Iglesia Romana como en todas las iglesias susodichas; y será además celebrada sin canto cada semana por Nos mismos, nuestros hermanos los Obispos y todos los sacerdotes, y los Diáconos las harán celebrar de la misma manera en su presencia. Y si por alguna casualidad el jueves en cuestión cayere en una fiesta o solemnidad mayor, que impida la celebración prescrita de esta misa, será celebrada el jueves siguiente o el día que se estime oportuno. Por otro lado, las oraciones de esta misa serán recitadas obligatoriamente en todas las misas mayores celebradas en las catedrales metropolitanas, las iglesias colegiatas y conventuales, seculares y regulares, y en aquellas iglesias que sean servidas por al menos seis sacerdotes residentes, ellos tendrán además la obligación de celebrar sin canto esta misa cada semana.
  
Luego que la predicha misa mayor sea celebrada el primer jueves de mes, o el día en que tenga lugar, se hará en las dichas iglesias o en otros lugares adecuados una procesión en la cual se recitarán las letanías, los himnos, los cánticos, las jaculatorias y las oraciones acostumbradas. En las grandes ciudades y en las basílicas insignes deberá también realizarse dos beses por año, el domingo in albis y el domingo infraoctava de Todos los Santos, una procesión general que involucre las mismas letanías, himnos y cánticos que se cantan en las procesiones conventuales: realizada dicha procesión, se celebrará muy solemnemente dicha misa, y durante la misma se proclamará al clero y al pueblo un sermón adecuado. Ítem lo anterior, se añadirá cada día al fin de Maitines el salmo Deus, in adjutórium meum inténde, y el salmo Deus, in nómine tuo al final de las Vísperas, seguidos con el rezo de la Oración de la misa referida.
  
Nos pedimos a todos los predicadores y confesores informar, exhortar y persuadir a todos los que estén bajo su cargo, en los límites de su ministerio pastoral, a que oren fervorosamente al Seór por la cesación del cisma, y ello tanto por sus sermones, como por sus discursos y palabras. Para propagar mejor esta devoción entre los fieles, y para que obtengan de ella grandes beneficios espirituales, concedemos benévolos, por la misericordia de Dios omnipotente y la autoridad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, indulgencia de cien días a los que, contritos y confesados, oren por el fin de la separación. A los que celebren o hagan celebrar misas, o los que ayunen una vez (sin contar los ayunos obligatorios de la Iglesia), que hagan la limosna de un gros de plata en favor de una obra pía o incluso quienes asistan a la celebración mensual de dicha misa, concedemos un año y una cuarentena. Los que participaren también personalmente en las procesiones generales arriba mencionadas se beneficiarán de tres años y tres cuarentenas, siempre que vayan con espíritu de penitencia y de súplica.
  
A todos los que, durante la duración del cisma celebren o hagan celebrar la misa, ayunen o den un grueso, o acaben de hacer lo dicho, les concedemos a todos los confesores el poder de impartirles la indulgencia plenaria y la remisión de todos sus pecados, en la medida en que ellos permanezcan en la unidad de la Santa Iglesia Romana y obedezcan con devoción a Nuestra persona y a nuestros sucesores los Romanos Pontífices canónicamente elegidos. Esta indulgencia plenaria podrá también concederse una sola vez in artículo mortis a todos los que, contritos de corazón, se encuentren confesados, en el entendido de que en este último caso, la satisfacción por el pecado se cumplirá por la misma persona si llegare a sobrevivir, o por sus herederos o por otros si falleciere. Mas si alguno tuviese la improdencia de hacerse remitir sus pecados por este medio sin estar en el artículo de la muerte, la absolución y el perdón serán nulos de pleno derecho.
 
Nos hemos recientemente hecho publicar solemnemente, en la iglesia de los Franciscanos de Aviñón el tenor de esta bula por nuestro queridísimo hijo Tomás, cardenal-presbítero del título de Santa Práxedes, en el curso de la celebración solemne de la dicha misa, luego de predicar la palabra de Dios ante una inmensa multitud de fieles. Nos, por tanto, ordenamos a vuestra fraternidad, por las presentes letras apostólicas, hacer publicar por vos o por las personas que designéis, la misa susodicha que os comunicamos en el texto anexo a esta bula, como también todas las prescripciones que hemos enumerados, y por nuestra autoridad a lo largo de la villa y de la diócesis de Reims. Así mismo, os prescribimos enseñar estas cosas con toda prudencia al clero y los fieles, invitándoles a medir, por saludables meditaciones, cuán mortal y pernicioso es este cisma, y cómo traspasa las almas. Exhortadles a celebrar esta misa con espíritu de humildad y con corazón contrito, a fin de que Dios inunde con la luz de su verdad los corazones de aquellos que están ciegos por este cisma, que brille sobre ellos un rayo de la verdadera claridad y se reúnan con sus almas en la unidad renovada de la Iglesia.
   
Nos queremos también que hagáis enviar a todos vuestros sufragáneos, por cartas patentes selladas con vuestro sello, el tenor de esta bula y de esta misa, para que en cada una de ellas se publiquen en las iglesias de sus ciudades episcopales y en sus diócesis, y que exhorten y eduquen también, como se ha dicho, al clero y al pueblo, para que guarden y se conformen a estas instrucciones.
  
Dado en Aviñón, a 4 de las Calendas de Noviembre (29 de Octubre) del año 1292 de Nuestro Señor, año decimoquinto de nuestro pontificado. CLEMENTE PP. VII.

lunes, 22 de enero de 2018

DE LA “OPCIÓN DE LOS RITOS ORIENTALES”

Traducción de la sección “¿Cómo explicas estas creencias católicas tradicionales?” de los Padres de TRADITIO.
   
   
Surge a menudo la pregunta de si el Rito Oriental ofrece una alternativa para los Católicos Romanos tradicionales frente al Novus Ordo. La respuesta a ella es NO. En primera instancia, generalmente a los Católicos se les prohíbe canónicamente el cambiar de ritos. Esto es particularmente cierto en el caso de los Católicos de Rito Romano (tradicional), que ya son miembros del rito precedente de la Iglesia. Por tanto, en los raros casos de que el cambio de rito es permitido, la transición es casi siempre desde el Oriental al Romano (de San Pedro).
  
En segunda instancia, los Ritos Orientales han abandonado, en muchos casos, su forma apostólica. En un tiempo, los Orientales tuvieron ritos apostólicos, pero muchos han desaparecido por las guerras constantes y las conquistas de invasores en el Este (de lo cual la Iglesia Occidental providencialmente ha sido salvada). El sacerdote Patrick Joseph Griffin, citando al P. Adrian Fortescue, escribió una vez:
La implacable destrucción de los ritos antiguos en favor de la uniformidad ha sido obra no de Roma, sino de los patriarcas cismáticos de Constantinopla. Desde el siglo XIII, Constantinopla, en su intento de hacerse el único centro de la Iglesia Ortodoxa, ha apartado las más venerables y antiguas Liturgias de Antioquía y Alejandría, y ha compelido a todos los ortodoxos a usar su propio rito derivado posteriormente. La Liturgia griega de San Marcos ya no existe; la de San Santiago [el Menor] ha sido revivida para uno o dos días en el año (23 de Octubre y primer Domingo después de Navidad), y solamente en Zante (Grecia) y Jerusalén. Los ortodoxos en todo el mundo deben seguir el Rito de Constantinopla. En esta injustificable centralización tenemos un desafío al antiguo principio de que Antioquía, Jerusalén, Alejandría y Chipre, en forma alguna pertenecen al Patriarcado Bizantino. Los que acusan al Papado de sacrificar todo en aras de la uniformidad, olvidan al verdadero ofensor, el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla” (PATRICK J. GRIFFIN, entrada “Rites”, en The Catholic Encyclopedia, tomo XIII. Nueva York, Robert Appleton Co., 1912. Imprimátur de John Card. Farley, Arzobispo de Nueva York -Traducción nuestra-)
    
Finalmente, desde el Vaticano II muchas de las Iglesias Orientales adoptaron un servicio de culto más vernacular y novusordianizado, especialmente en los Estados Unidos. Los Católicos de Rito Romano son fácilmente engañados por estos Ritos orientales modernizados porque son ignorantes del Rito Oriental y sus lenguas litúrgicas (Griego bíblico, Siríaco, etc.). Adviértase que los Ritos Orientales son practicados por los Ortodoxos Orientales, que son formalmente cismáticos respecto de la Iglesia Católica Romana, y por los Uniatos Orientales, que son parte de la Iglesia Católica Romana. Una forma particularmente virulenta del Cisma Oriental es el autodenominado rito “Ortodoxo occidental”, que es una farsa para engañar a los Católicos Romanos para que crucen la cerca hacia el Cisma Oriental. Y en los uniatos, el problema es la corrupción litúrgica por los neomodernistas que introdujeron o quitaron elementos a sus ritos luego del Vaticano II.
  
Por ejemplo, hace décadas el Vaticano II comenzó a invadir el Rito Maronita (de la familia litúrgica de Antioquía). El prólogo del Misal Maronita de 1969 (The Divine Liturgy according to the Maronite Antiochian Rite - La Divina Liturgia según el Rito Antioqueno Maronita, Oficina de la Cancillería Maronita, Detroit) dice:
“Es un pequeño paso hacia la revisión total de nuestra Liturgia, porque nuestro Misal Maronita debería afrontar cambios incluso más drásticos que los presentes. Estamos esperando ansiosamente las revisiones de la Comisión Litúrgica Patriarcal. Ellos han comenzado a trabajar en la revisión total de nuestro Misal, Ritual, Pontifical, Calendario, Breviario, y las oraciones públicas”.
  
El actual Misal Maronita (Qurbono: The Book of Offering, © 1994 por la Diócesis de Saint Maron, Brooklyn) declara en su prólogo que la nueva liturgia Maronita está basada en los decretos del Vaticano II.
   
Sí, hay una rara Iglesia de Rito Oriental con una liturgia en Rito Oriental que no ha sido corrompida por la historia o el Vaticano II, ¡pero esta iglesia es mucho más la proverbial aguja en el pajar que la Misa Latina Tradicional!
   
Un engaño similar salió recientemente con el servicio en el “Uso Anglicano” para los ordinariatos creados luego de Anglicanórum Cœ́tibus. Para ser exactos, está vestido en un Inglés más fino que el usual servicio Novus Ordo, que frecuentemente usa un Inglés casi vulgar. Pero es el mismo servicio de la Iglesia de Inglaterra que el Papa León XIII declaró inválido en Apostólicæ Curæ. Es completamente consonante con el Novus Ordo y por eso está “permitido” por las “autoridades” deuterovaticanas donde la verdadera Misa, la Misa Latina Tradicional, no lo es.

domingo, 21 de enero de 2018

BULAS APROBATORIAS DE LA ORDEN DE PREDICADORES

Honorio III aprobando la Orden de Predicadores (Leandro Bassano)
  
Nuestro Padre Santo Domingo de Guzmán, habiendo recibido del Obispo de la aprobación para la Orden de Predicadores, solicitó al Papa Honorio III la aprobación de su Orden, que había adoptado la regla de San Agustín. Dicha aprobación fue concedida mediante la Bula Vitam religiósam, el 22 de Diciembre de 1216.
  
BULA Vitam Religiósam, APROBATORIA DE LA ORDEN DE PREDICADORES
 
Honorio, obispo, siervo de los siervos de Dios, a los amados hijos Domingo, prior de San Román de Tolosa, y a sus frailes tanto presentes como venideros, profesos en la vida regular, a perpetuidad.
 
Conviene que a los que han elegido la vida religiosa se les dé la protección y amparo apostólico, no sea que la incursión temeraria de algunos o los aparte de su propósito regular de portarse como religiosos o debilite, Dios no lo quiera, la ener­gía o vigor de la sagrada religión.
  
Atendiendo a esto, amados hijos en el Señor, Nos asen­timos con clemencia a vuestras justas súplicas y recibimos bajo la protección de San Pedro y nuestra la iglesia de San Román, en la que estáis entregados totalmente al servicio divino y lo corroboramos con el privilegio del presente escrito.
  
Y en primer lugar ciertamente establecemos que la Orden Canonical, que está allí instituida según Dios y según la Re­gla de San Agustín, se mantenga y guarde en el mismo lugar en todos los tiempos de manera inviolable.
  
Mandarnos, además, que se conserven firmes y en su inte­gridad en favor vuestro y de vuestros sucesores, todas las po­sesiones o cualquiera de los bienes que dicha iglesia posee en la actualidad justa y canónicamente, y del mismo modo los que en el futuro podáis recibir bien sea a través de conce­siones pontificias, bien sea de donaciones de los reyes o de los príncipes, o de las oblaciones de los fieles o de cualquier otro justo modo. Y entre ellos, Nos queremos hacer mención ex­presa: del lugar donde está asentada la susodicha iglesia con todas sus pertenencias, de la iglesia de Prulla con sus perte­nencias, de la villa de Casseneuil con todas sus pertenencias y de la iglesia de Santa María de Lescure, con todas su perte­nencias, del hospital llamado Arnaud‑Bernard, con sus perte­nencias, de la iglesia de la Santísima Trinidad de Loubens, con sus pertenencias, y los diezmos concedidos a vosotros piadosa y providamente, por el venerable hermano nuestro Fulco, obispo de Toulouse, con el consentimiento de su capítulo, conforme se contiene en sus letras de una manera plena.
  
Nadie presuma exigir de vosotros o quitar a la fuerza diezmos de los frutos nuevos de vuestros huertos, cultivados con vuestras propias manos y a vuestra costa, ni de los pastos de vuestros animales.
  
Os está permitido ciertamente recibir clérigos y laicos li­bres y sin obligación que, huyendo del mundo, desean ingre­sar en la vida religiosa y también retenerlos entre vosotros sin ninguna contradicción.
   
Prohibimos, además, que ninguno de vuestros frailes, hecha la profesión en vuestra iglesia, se atreva a dejar vuestro grupo sin licencia de su prior, a no ser que se trate de ingre­sar en una religión más austera. Nadie, sin embargo, se atreva a retener al que se separa de vosotros sin la previsión de vuestras letras dimisorias.

En las iglesias parroquiales que tenéis os está permitido elegir sacerdotes y presentarlos al obispo diocesano, y si son considerados idóneos el obispo les encomendará el cuidado de las almas, para que éstas respondan ante él de las cosas espirituales y ante vosotros de las temporales.
  
Establecemos además que nadie pueda imponer nuevas e injustas exacciones o contribuciones a vuestra iglesia o pro­mulgar sobre vosotros o la mencionada iglesia sentencias de excomunión o entredicho, a no ser que se dé una causa razonable y manifiesta. Cuando se diere un entredicho general, se os permite celebrar los divinos oficios a puerta cerrada, sin tocar las campanas y en voz baja, pero están excluidos los exco­mulgados y los sujetos al entredicho.
   
Pero el crisma, el óleo sagrado, la consagración de los al­tares o de las basílicas, las ordenaciones de los clérigos promovidos a las órdenes sagradas, los recibiréis del obispo dio­cesano, si éste fuere ciertamente católico y tuviere la comu­nión y gracia de la Sede Romana, y si quisiere ofrecérosla sin malicia alguna. De lo contrario, tenéis licencia para acudir cuando quisiereis a cualquier obispo católico que tenga la gracia y comunión de la Sede Apostólica y éste os dará lo que se le pide contando ya con nuestra autoridad.
  
Determinamos también que sea libre la sepultura en dicho lugar, a fin de que nadie ponga obstáculos a quienes hayan resuelto ser allí enterrados, movidos por devoción o lo haya expresado en su última voluntad. No se podrán enterrar allí los excomulgados o sujetos a entredicho.
   
A tu muerte, ahora prior de dicho lugar, o a la muerte de tus sucesores, nadie sea nombrado superior antepuesta cual­quier clase de astucia o violencia a no ser que sea la persona que los frailes, de común acuerdo o al menos con el consenti­miento de la mayoría o de la parte más sana, hayan elegido según Dios y según la Regla de San Agustín.
   
Confirmamos también las libertades e inmunidades antiguas y las costumbres razonables concedidas a vuestra iglesia y observadas hasta hoy; las tenemos como buenas y sancio­namos que deben observarse en su integridad en todos los tiempos.
  
Decretamos que nadie, sea la persona que fuere, se per­mita perturbar la susodicha iglesia de modo temerario o se atreva a usurpar sus posesiones o retener lo usurpado, a me­noscabarlas o a fatigarlas con cualquier clase de gravámenes o vejaciones. Se conservarán todas estas cosas en su integridad entre aquellos a quienes fueron concedidas para su gobierno o sustento y dadas para su uso, pero se tendrán en cuenta la autoridad apostólica o la justicia según el derecho canónico del obispo.
  
Si, pues, en lo venidero alguna persona, eclesiástica o se­glar teniendo conocimiento de esta página de nuestra consti­tución, atentara temerariamente contra la misma, amonestada segunda y tercera vez, a no ser que corrigiere su delito de manera satisfactoria, incurrirá en la pérdida de su potestad y de su honor, se reconocerá reo del juicio divino y se hará digno de ser privado del sacratísimo cuerpo y sangre de Dios y de nuestro Señor y Redentor Jesucristo, y estará sujeta al castigo en el último juicio.
  
La paz de nuestro Señor Jesucristo sea, pues, para todos los que guarden los derechos del susodicho lugar, y perciban ya en la tierra el fruto de la buena acción y ante el juez supremo hallen los premios de la paz eterna. Amén. Amén. Amén.
  
Mantened, Señor, mis pasos en tus caminos [Salmo 16,5].
  
(Lugar del sello). Yo Honorio, obispo de la Iglesia Católica, lo subscribo.
  • Yo Nicolás, obispo de Túsculo, lo subscribo.
  • Yo Guido, obispo de Palestrina, lo subscribo.
  • Yo Hugolino, obispo de Ostia y Velletri, lo subscribo.
  • Yo Pelagio, obispo de Albano, lo subscribo.
  • Yo Cintio, del título de San Lorenzo en Lucina, cardenal presbítero, lo subscribo.
  • Yo León, del título de la Santa Cruz en Jerusalén, cardenal presbítero, lo subscribo.
  • Yo Roberto, del título de San Esteban en Monte Celio, cardenal presbítero, lo subscribo.
  • Yo Esteban de la Basílica de los Doce Apóstoles, cardenal presbítero, lo subscribo.
  • Yo Gregorio, del título de Santa Anastasia, car­denal presbítero, lo subscribo.
  • Yo Pedro, del título de San Lorenzo en Dámaso, cardenal presbítero, lo subscribo.
  • Yo Tomás, del título de Santa Sabina, cardenal presbítero, lo subscribo.
  • Yo Guido, de San Nicolás en la cárcel Tulliana, cardenal diácono, lo subscribo.
  • Yo Octavio, de los santos Sergio y Baco, cardenal diácono, lo subscribo.
  • Yo Juan, de los santos Cosme y Damián, cardenal diácono, lo subscribo.
  • Yo Gregorio, de San Teodoro en el Palatino, cardenal diácono, lo subs­cribo.
  • Yo Rainiero, de Santa María en Cósmedin, cardenal diácono, lo subscribo.
  • Yo Román, de Sant Ángel en Pesquería, cardenal diácono, lo subscribo.
  • Yo Esteban, de San Adriano al Foro, cardenal diácono, lo subs­cribo.
  
Dado en Roma por mano de Rainiero, prior de San Fri­diano de Lucca, vicecanciller de la Santa Iglesia Romana, el día 22 de diciembre, en la indicción V, en el año de la Encar­nación del Señor 1216, año primero del pontificado del Señor Honorio Papa III.
  
***
  
Un mes después, el Papa le envía la carta Nos attendéntes a Santo Domingo, donde le exhorta a la Orden a perseverar en el apostolado como dignos luchadores de la Fe.
 
BULA Nos Attendéntes, EXHORTANDO A LA ORDEN DE PREDICADORES A PERSEVERAR EN SU APOSTOLADO
  
Honorio, obispo, siervo de los siervos de Dios, a los amados hijos el prior y los frailes de San Román de la región de Tolosa, salud y bendición apostólica.
 
Damos dignas acciones de gracias al dispensador de todos los dones [1 Cor. I, 4] por la gracia que os ha sido otorgada por Dios, y en la que estáis y estaréis hasta el final como esperamos, porque inflamados interiormente con la llama de la caridad difundís en el exterior el perfume de la buena fama que deleita a las almas sanas y fortalece a las débiles. Con ello os mostráis como médicos diligentes que para que las mandrágoras espirituales no permanezcan estériles las fecundáis con la semilla de la Palabra de Dios con vuestra saludable elocuencia. Y así como siervos fieles repartiendo los talentos confiados a vosotros para que reporten su fruto al Señor (y como invictos atletas de Cristo armados con el escudo de la fe y el yelmo de la salvación) [cf. 1 Tes. V, 8], sin temer a los que pueden matar el cuerpo, salid al encuentro del enemigo de la fe con generosidad proclamando la Palabra de Dios, que es más tajante que una espada de doble filo [Heb. IV, 12], pues así despreciando vuestras almas en este mundo, las guardáis para la vida eterna.
  
Por lo demás, ya que el fin no corona el combate y solamente la perseverancia de los que corren en el estadio con todas sus fuerzas consiguen el premio reservado, Nos rogamos y exhortamos a vuestra caridad atentamente, mandándoos por los escritos apostólicos, y adjuntando la remisión de vuestros pecados, que cuanto más y más os entreguéis, confortados en el Señor, a la predicación de la Palabra de Dios, insistiendo a tiempo y a destiempo [2 Tim. IV, 2]. Y así cumpliréis laudablemente la tarea de evangelista. Si a causa de esto padeciereis algunas tribulaciones, no solamente las toleraréis con ecuanimidad, sino que os gloriaréis con el apóstol, contentos por ser considerados dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jesús [Act. V, 41]. Pues esta momentánea y ligera tribulación prepara un peso eterno de gloria [2 Cor. IV, 17], y en su comparación los padecimientos del tiempo presente no son nada [Rom. VIII, 18].
  
Nos, mirándoos como hijos muy especiales de la Iglesia, así lo favorecemos y os pedimos que ofrezcáis al Señor el sacrificio de vuestros labios por nosotros, y así, si acaso lo que no conseguimos por nuestros propios merecimientos, lo consigamos con vuestros sufragios.
    
Dado en Letrán, en el día 21 de enero de 1217, año primero de nuestro pontificado. HONORIO PP. III.

sábado, 20 de enero de 2018

ACTOS DE FE, ESPERANZA Y CARIDAD, EN LATÍN Y ESPAÑOL

Las Virtudes Teologales (Vidriera de la iglesia de St. Andrew’s en Greystoke, condado de Cumbria, Inglaterra)

ACTUS FÍDEI
Dómine Deus, firma fide credo et confíteor ómnia et síngula quæ sancta Ecclésia Cathólica propónit, quia tu, Deus, ea ómnia revelásti, qui es ætérna véritas et sapiéntia quæ nec fállere nec falli potest. In hac fíde vívere et mori státuo. Amen. (Dios mío, con fe firme creo y confieso todas y cada una de las verdades que propone la santa Iglesia Católica, porque tú, oh Dios, que eres la verdad y la sabiduría eterna que no engaña ni puede ser engañada, se las has revelado completamente. En esta fe deseo vivir y morir. Amen).
  
ACTUS SPEI
Dómine Deus, spero per grátiam tuam remissiónem ómnium peccatórum, et post hanc vitam ætérnam felicitátem me esse consecutúrum: quia tu promisísti, qui es infiníte potens, fidélis, benígnus, et miséricors. In hac spe vívere et mori státuo. Amen. (Dios mío, espero por tu gracia la remisión de todos mis pecados, y conseguir luego de esta vida la felicidad eterna que has prometido, pues tú eres infinitamente poderoso, fiel, benigno y misericordioso. En esta esperanza deseo vivir y morir. Amén).
   
ACTUS CARITÁTIS
Dómine Deus, amo te super ómnia et próximum meum propter te, quia tu es summum, infinítum, et perfectíssimum bonum, omni dilectióne dignum. In hac caritáte vívere et mori státuo. Amen. (Dios mío, te amo sobre todas las cosas, y a mi prójimo por ti, que eres el bien sumo, infinito y perfectísimo, digno de toda dilección. En esta caridad deseo vivir y morir. Amén).
  
El Papa Benedicto XIV, considerando cuán útil, o mejor, cuán indispensablemente necesario es para la salvación eterna de los Cristianos que hagan frecuente uso de los actos de Fe, Esperanza y Caridad, en orden a motivarles a un ejercicio más frecuente de los referidos actos, mientras confirmaba las indulgencias ya otorgadas a este efecto por el Papa Benedicto XIII el 15 de Enero de 1728, concedió mediante decreto de la Sagrada Congregación de Indulgencias, fechado a 28 de Enero de 1756:
  1. Indulgencia plenaria una vez al mes a cuantos diariamente reciten devotamente los dichos actos, y al mismo tiempo los hagan con sus corazones. Indulgencia que puede ganarse cualquier día en que, verdaderamente arrepentidos de sus pecados, oren por las intenciones de la Iglesia después de confesarse y comulgar.
  2. Indulgencia plenaria in artículo mortis, y de siete años y siete cuarentenas cada vez que hagan con cordial devoción estos actos, y  los digan con sus labios.
Si bien existe la forma arriba indicada, Benedicto XIV, en su decreto, declaró que puede usarse cualquier forma de palabras o expresiones para ganar las indulgencias, siempre que “éstas expresen y expliquen los motivos particulares de cada una de las tres virtudes teologales”.

viernes, 19 de enero de 2018

“ACADÉMICOS” CONCILIARES: «LA EUCARISTÍA ES UN ACTO ERÓTICO»

Andrea Grillo, periodista afín a Bergoglio, de unos meses acá se ha dado ínfulas de “teologo” sólo para expresar su odio a lo sagrado (él, por ejemplo, anhela la creación de la Prelatura San Pío X para que la “Misa del Motu” se circunscriba únicamente en ella). Pero ahora en su blog Come se non no solamente publica sus propias sandeces: quiere publicar artículos de teología. Y qué mejor comienzo que un artículo del presbítero Manuel Belli, profesor de Teología Sacramental en el Seminario de Bérgamo, que lleva el título “Eucaristia: Corpo, pasto ed eros” (Eucaristía: Cuerpo, cena y eros). Con el título se puede deducir, sin necesidad de leerlo (cosa que aconsejamos NO HACER), el programa de sendos autoproclamados “teologos”.
  
Don Manuel Belli (foto tomada de su perfil de Twitter) 
 
Tras un exordio en el cual hace un recorrido por la teología sacramental desde el Concilio de Trento hasta el Movement liturgique que inspiró la demolición deuterovaticana, dice el energúmeno Belli acerca del Cuerpo de Cristo:
«no es difícil naufragar en consideraciones semi-mágicas: “El sacerdote dice esto es mi cuerpo; yo no veo ni toco ningún cuerpo, sino solamente el pan y el vino; ¡admitámoslo!”. No debemos esconderlo: a menudo en la tradición hemos corrido el riesgo de poner específicamente tanto énfasis en la idea de que el pan y el vino no son más sino el cuerpo y la sangre de Jesús, y sobre el hecho de que los sentidos no deben engañarnos aunque se vean solamente el pan y el vino, que nos hemos arriesgado a pensar en un modo un poco mágico la realidad de la presencia del cuerpo de Cristo. La doctrina clásica distinguía “sustancia” y “accidentes”, exaltando la primera y poniendo un poco en sordina a los segundos. Pero estamos tan seguros que una rehabilitación de los “accidentes” eucarísticos deba necesariamente deshonrar la doctrina eucarística. […] Es todo lo que tenemos del cuerpo de Jesús, y no es poco. Solo un vacío intelectualismo podría pensar que un símbolo es solamente una realidad de serie B. Nosotros vivimos de símbolos. Y el cuerpo de Jesús no es distinto a un buen pan partido. Es difícil imaginar lo que veremos cuando podamos verdaderamente contemplar el cuerpo del Señor, pero quizás no veremos algo muy diferente a un pan partido y a un buen cáliz de vino».
  
Tal afirmación es APOSTASÍA pura y dura. No cabe otro calificativo. ¿Creer en la Presencia Real y Sustancial de Nuestro Señor en las especies eucarísticas es hacer magia? ¿Cómo está eso de que el Cuerpo de Cristo no es distinto a cualquier pan, cuando precisamente el primer requisito para acceder al Sacramento es saber distinguir entre uno y otro? Pero claro, estamos frente a la iglesia deuterovaticana y su Novus Ordo Missæ, un rito inválido en el cual la Transubstanciación NO EXISTE porque adulteraron las palabras consecratorias (de ahí que sólo reciban y adoren un pan común y corriente, como en las sectas protestantes), una iglesia que no tiene sacerdotes sacrificantes sino laicos que presiden una cena comunal. Con razón es que van hacia la “Missa Œcuménica”, donde no tendrán que preocuparse por si se improvisa o no en la Consagración ¡PORQUE NO HABRÁN LAS PALABRAS CONSECRATORIAS! 
  
Eso es sólo el comienzo de horrores. Leed lo referente a la “cena”:
«La misa es una cena ritualizada […] Pero no podemos olvidar que en la Misa nos sentamos a la mesa con otros. También la dimensión comunitaria no es poca cosa. Lo primero que sucede participando en la eucaristía es que nos encontramos: la celebración inicia propiamente con el acto de reunirse. ¡Y no es una cosa tan simple! Una de las más grandes dificultades de los celebrantes es la de presidir una misa cuando los fieles se sientan de a uno por banca, ocupando tendenciosamente las bancas al fondo de la iglesia, exponiendo en la dislocación una gran dificultad al encontrarse, al ser cercanos. […] No es fácil la proximidad física. Pero, ¿no es más hermoso estar rodeados de hermanos y hermanas que aventurarse entre enemigos? La eucaristía como mesa nos pide también el verificarnos sobre la calidad de nuestras relaciones como Iglesia».
  
El Santo Sacrificio de Cristo reducido a una “cena ritualizada”. Afirmaciones que no llevarían menos ni a un manicomio. No señor, están completamente imbuidas del protestantismo continental (luteranismo, calvinismo y anglicanismo), que no conciben el culto sin presencia de más personas diferentes al celebrante y sus ministros. ¡Y eso es EXACTAMENTE LO QUE ENSEÑAN EN LOS SEMINARIOS NOVUSORDIANOS! Claro, habida cuenta que el Novus Ordo fue confeccionado por seis pastores protestantes, y en él las “Misas privadas” (sin pueblo) son punto menos que prohibidas.
  
PERO LO QUE SIGUE AL FINAL ES LO MÁS GRAVE Y DIABÓLICO:
«“Tomad, esto es mi cuerpo” es una frase que sin ningua dificultad puede ser contextualizada en lo que un hombre le dice a su mujer o viceversa. Escribe Timothy Radcliffe: “Quisiera hablar de la última cena y de la sexualidad. Puede parecer un poco extraño, pero pensemos un momento. Las palabras centrales de la Última Cena fueron: “Esto es mi cuerpo, entregado por vosotros”. La eucaristía, como el sexo, está centrada sobre la donación del cuerpo […] Comprendamos la eucaristía a la luz de la sexualidad y la sexualidad a la luz de la eucaristía”.
 
Hay, por tanto, un componente erótico de la eucaristía que no debe ser omitido. Entre dos amantes hay una entrega del cuerpo que excede el orden de las palabras».
  
Es tanto el asco, que no quisimos continuar leyendo el artículo, y nos compelió a terminar aquí nuestra indignada exposición. ¿¿¿Erotismo, sexo, amantes??? Vincular la Eucaristía a lo anterior señalado, BLASPHÉMIA EST! ¿Por qué cosa toman los conciliares a Jesucristo, principio y medio de toda virtud? Un lenguaje tan PERVERTIDO sólo tiene un autor: ¡SATANÁS EL MALDITO, instigador de toda lascivia e impuridad! Y esta “teología” (o mejor, PORNOTEOLOGÍA) es lo que enseñan hoy en día en los seminarios del Nuevo Orden. Ex abundántia cordis, os lóquitur (Mateo 6, 34). Así las cosas, se entiende por qué tienen en su seno tan escasas vocaciones, tantos presbíteros pedófilos y sodomitas, y que a la Iglesia Conciliar del Vaticano II le queda el apelativo de LA GRAN FORNEGUERA.
  
JORGE RONDÓN SANTOS
19 de Enero de 2018
Fiesta de los Santos Mario, Marta, Audifax y Abaco, Mártires.

“LA OBRA” TIENE PRELADO, PERO ESE PRELADO AÚN NO ES “OBISPO”

Noticia publicada por Gabriel Ariza en INFOVATICANA
  
FERNANDO OCÁRIZ CUMPLE UN AÑO AL FRENTE DEL OPUS DEI SIN HABER SIDO CONSAGRADO OBISPO
El silencio del Vaticano sobre su elevación a la dignidad episcopal genera incertidumbre en la Obra, que ha tenido que recurrir a otros obispos para ordenar a sus presbíteros. En el Opus Dei se considera “conveniente” que el prelado sea elevado a la dignidad episcopal.
   
Fernando Ocáriz Braña, III sucesor de José María Escriba y Albás en el mando de “La Obra”
  
El prelado del Opus Dei, Fernando Ocáriz, cumple el próximo lunes un año al frente de la Prelatura, pero nada se sabe sobre su consagración episcopal. InfoVaticana ha tratado de obtener una explicación de la Santa Sede pero los responsables de la Oficina de Prensa han optado por el silencio sobre si se prevé, en el corto plazo, que el Papa consagre obispo a Fernando Ocáriz como hizo San Juan Pablo II con sus dos predecesores -el Beato Álvaro del Portillo fue nombrado obispo de la diócesis de Vita y Javier Echevarría, fallecido el 12 de diciembre de 2016, obispo de Cilibia [Ambas son sedes titulares -geográficamente inexistentes en la actualidad- en África Proconsular, la actual Túnez, N. del E.] pocos meses después de haber sido elegido prelado- y como se esperaba hiciera Francisco a lo largo de 2017.
  
El Opus Dei afirma ahora que su prelado no necesita en absoluto ser consagrado obispo para tener las facultades plenas de su cargo al frente de una asociación de fieles con una personalidad canónica hasta ahora única. Sin embargo, tal nombramiento sería plenamente congruente y no solo por el hecho de que los anteriores dos prelados formales de la institución lo han sido, sino por lo que explica la propia prelatura y puede leerse aún en su página web:
“Que el prelado reciba la plenitud del sacerdocio ministerial no sólo es congruente, sino que también es conveniente porque introduce sacramentaliter al titular de un oficio de gobierno, con función y potestad vere episcopales y ejercitadas ad instar Episcopi, en el órgano específico de la communio hierarchica de los pastores de la Iglesia, es decir, el Colegio de los Obispos; y porque el obispo prelado se sitúa en relación sacramental de communio con los obispos diocesanos de las iglesias locales en las que la prelatura desarrolla la propia misión pastoral”.
   
El propio Fernando Ocáriz, por su parte, escribía hace años un artículo en la revista Palabra en el que comentaba la ordenación episcopal de Álvaro del Portillo y, citando la nota de prensa de la Prelatura, afirmaba que “la consagración de Mons. Del Portillo pone en evidencia de modo más claro aún la naturaleza jurídica de la Prelatura” y añadía que “el Prelado ha sido ordenado Obispo porque el episcopado es conveniente a su función eclesial en cuanto Prelado”.
  
Sin embargo, el silencio del Vaticano sobre su ordenación trae a la memoria la vieja disputa teológica sobre la naturaleza -carismática vs. jerárquica- de las prelaturas personales, disputa en la que se encontraron hace años el propio Ocáriz y el actual prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Luis Ladaria. Un Ladaria sobre cuya obra Teología del pecado original y de la gracia advertía la propia Prelatura por contener, doctrinalmente, “elementos discutibles importantes”.
  
Mientras tanto, para las ordenaciones sacerdotales, la Obra ha tenido que recurrir al auxilio de algún obispo o cardenal, como Jaume Pujol o Giuseppe Bertello.

jueves, 18 de enero de 2018

PIETRO PAROLIN, PROBABLE SUCESOR DE BERGOGLIO

Por Sandro Magister para SETTIMO CIELO
  
Pietro Parolin y Francisco Bergoglio
  
El discurso que el Papa dirige siempre al inicio de cada año al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede ha revelado, el 8 de enero, una huella inconfundible: la del secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin.
  
Ha sido el discurso característico de un gran profesional de la diplomacia, en el que estaban totalmente ausentes esas recriminaciones tercermundistas que tanto le gustan a Jorge Mario Bergoglio. Señal que el “desquite” de Parolin, que le ha llevado a reconquistar el pleno control de la curia vaticana, ha hecho mella incluso en Francisco.
  
Al inicio del pontificado las cosas no estaban así. Francisco había formado a su alrededor un gran consejo de ocho cardenales, entre los que no estaba el secretario de Estado; de hecho, la reforma de la curia sobre la que se fabulaba tenía como objetivo precisamente su oficina, que desde los tiempos de Pablo VI concentraba muchísimo poder; demasiado, según dicen muchos en la curia.
  
Y, de hecho, los primeros pasos de la reforma se movieron precisamente en esta dirección. En marzo de 2014, un año después de su elección, Bergoglio creó una novísima secretaría para la economía a la que le asignó el control futuro de todos los patrimonios del conjunto de oficinas vaticanas, incluidas las conspicuas sumas, que nunca han aparecido en los balances públicos de la Santa Sede, administradas por la omnipotente oficina de la secretaría de Estado, a la que obedecía también el APSA (Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica), la caja fuerte de los bienes muebles e inmuebles del Vaticano.
  
El cardenal George Pell, australiano, puesto por Francisco a la cabeza del nuevo organismo, no se anduvo con sutilezas. Mostró públicamente el total del dinero no contabilizado que estaba en posesión de la secretaría de Estado y de otras oficinas vaticanas, 1.4 mil millones de dólares, reivindicó el control de dicho importe y dio por inminente la absorción del APSA en la propia secretaría.
  
Pero nada de todo esto sucedió. Silenciosamente, los centros de poder puestos bajo asedio por Pell resistieron y, después, contraatacaron, mientras el Papa escuchaba y atendía cada vez más a estos que al cardenal australiano. Con Parolin, al que Francisco había incluido en el grupo de ocho cardenales del gran consejo, moviendo los hilos de la contraofensiva.
  
Los resultados están hoy a la vista de todos.
   
Pell está retirado desde hace meses en Australia, involucrado en un proceso en el que parece ser más víctima que culpable, sin que el Papa haya nombrado su sucesor a la cabeza de la secretaría para la economía.

Y desde el mes de junio pasado ha quedado vacante, también, el segundo cargo clave, el de revisor general de cuentas, tras haber expulsado de forma brutal a su primer y último titular, Libero Milone, acusado de investigar donde no debía.
  
El cardenal prefecto del APSA, Domenico Calcagno, ha ocupado el cargo de ambos, con el pleno apoyo de Bergoglio, que lo tiene a menudo como comensal en el refectorio de la Casa Santa Marta.
    
Y Parolin tiene más poder que nunca, gracias también a la predilección del Papa Francisco por eclesiásticos que, como él, pertenecen al cuerpo diplomático.
  
De hecho, hay otros dos cardenales clave de este pontificado que proceden de la diplomacia: Lorenzo Baldisseri, nombrado por Bergoglio secretario del sínodo de los obispos, y Beniamino Stella, puesto por el Papa a la cabeza de la congregación para el clero. No tienen ninguna competencia específica, pero son ejecutores muy obedientes de la voluntad de Francisco para pilotar las cosas en la dirección prefijada: desde la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar, a los sacerdotes casados.
   
En la secretaría de Estado es el “sustituto” Angelo Giovanni Becciu, otro diplomático de carrera, el que hace de ejecutor de los deseos papales y de cortador de cabezas, como ha hecho, por ejemplo, con Milone y los Caballeros de Malta.
  
En este último caso, Parolin incluso se involucró en primera persona para expulsar al Gran Maestro. Pero es raro que él se exponga. Deja que el trabajo sucio lo hagan otros. Él vuela alto. Tan alto que parece que, ahora, es el único candidato a la sucesión de Francisco, con posibilidades serias de ser elegido Papa.