jueves, 31 de mayo de 2018

EL ROSARIO EUCARÍSTICO, O CÓMO LA DEVOCIÓN PRIVADA NO DESENTONA CON EL SANTO SACRIFICIO

Tomado de RORÁTE CÆLI. Traducción nuestra.

EL ROSARIO EUCARÍSTICO -UNA DEVOCIÓN QUE SE AJUSTA EN LA SANTA MISA Y EN LA HORA SANTA.
  
El Santo Rosario, un resumen de las meditaciones sobre los misterios en la vida de Nuestro Señor y de la Santísima Virgen, que hacemos mientras lo recitamos, es una de las devociones más útiles mientras asistimos a Misa, o, en conexión con nuestras visitas al Santísimo Sacramento y la Hora de Adoración.
  
El Rosario Eucarístico es especialmente recomendado para este propósito, porque une los sagrados misterios del Rosario con reflexiones sobre la vida de Nuestro Señor en la Sagrada Eucaristía. El Rosario es una de las devociones más admirables y beneficiosas practicadas en la Iglesia Católica. Se sabe que su método y diseño han sido revelados a Santo Domingo por la Bienaventurada Virgen María, quien le exhortó predicarlo con todo el fervor de su alma como un remedio singularmente eficaz para la derrota de la herejía y la extirpación del vicio. Y Ella le dijo: "Debes informarle a mi pueblo que es la devoción más agradable para mi Hijo y para Mí". Está adaptada tanto para los letrados y los incultos, para el claustro y para el mundo, y para toda capacidad, las palabras son tan sencillas que el más iletrado puede aprenderlas, y los misterios tan sublimes como para proveer material de contemplación y solaz para los intelectos más elevados. Ningún Cristiano podría desairarlo sin irreverencia o descuidar su uso frecuente sin serio detrimento a la piedad. Las numerosas indulgencias vinculadas a la recitación del Rosario hacen de esta forma de devoción un poderoso instrumento para el alivio de las pobres almas del Purgatorio.
  
... Si tú perseveras en esta práctica piadosa crecerás diariamente en el amor a Jesucristo, y en la imitación de las virtudes de la Sagrada Familia, Jesús, María y José...

Los Misterios del Rosario aplicados al MISTERIO DEL ALTAR en el Rosario Eucarístico, o La Recitación del Santo Rosario en Presencia del Santísimo Sacramento
  
MISTERIOS GOZOSOS
  
PRIMER MISTERIO GOZOSO: La Anunciación.
Oh Jesús, nacido del Padre desde toda la eternidad; movido de incomprensible amor a los hombres, Vos os hicisteis hombre en el seno de la Bienaventurada Virgen María a través de la operación del Espíritu Santo, humillándoos a tal grado que tomasteis la forma de siervo. La misma caridad os movió a perpetuar, en la Eucaristía, este misterio de aniquilación y amor, hasta to improve on it by convirtiéndoos en alimento para nuestras almas.

Divino Jesús, os adoramos en estos insondables abajamientos, y os suplicamos, por intercesión de vuestra santísima Madre, una profunda y cordial humildad.

SEGUNDO MISTERIO GOZOSO: La Visitación.
Divino Salvador, desde el seno de María, donde Vos os encarnásteis, os dignásteis infundir santidad en Juan el Bautista y sobre la casa toda de Isabel. Desde la Hostia donde morais, irradiáis sobre todo el mundo la influencia de vuestra Gracia y Amor a través de la Iglesia.

Oh divino Jesús, llenos de amor y ternura, Os adoramos y suplicamos, por intercesión de vuestra santísima Madre, la perfecta caridad a nuestros prójimos.

TERCER MISTERIO GOZOSO: La Natividad de Nuestro Señor.
¡Oh Rey de reyes! De hecho pobre, aunque muy amable en el pesebre de Belén, Vos llamasteis a los sencillos y los pobres para ser vuestros primeros adoradores: más pobre y no menos amable a los ojos de los fieles en el Sacramento de vuestro amor, Vos aún os deleitais en ver en torno a vuestra persona a los humildes y los pequeños.
 
Oh Jesús, en vuestra destitución adoramos a Aquel a quien pertenecen los tesoros de la divinidad, y os pedimos, por la intercesión de vuestra santísima Madre, el desprendimiento de los bienes del mundo.
 
CUARTO MISTERIO GOZOSO: La Presentación de Nuestro Señor en el templo.
Cordero de Dios, que quitáis los pecados del mundo, Os ofrecisteis con perfecta obediencia y amor a vuestro Padre, a través de las manos del alto sacerdote Simeón como la Víctima que será inmolada en la Cruz; y todos los días también Os ofrecéis sobre el Altar por manos del sacerdote, con la misma obediencia y amor como nuestra Víctima siempre sacrificada y siempre viviente.

Oh dulce Víctima, os adoramos y pedimos, por la intercesión de vuestra Santísima Madre, el espíritu de obediencia y sacrificio.

QUINTO MISTERIO GOZOSO: El hallazgo de Nuestro Señor en el templo.
Oh Jesús, Vos os alejasteis y dejasteis a María y José en lágrimas para hacer la obra de vuestro Padre; pero los llenasteis de gozo cuando Os encontraron en medio de los Doctores de la Ley sorprendidos ante vuestro conocimiento y sabiduría. Velado en la Eucaristía, impartís aquí divinas enseñanzas y llenáis de gozo a aquellos que Os buscan con todo su corazón.
  
¡Oh Dios oculto en la Hostia! Os adoramos, y pedimos por la intercesión de vuestra Santísima Madre, la gracia de buscaros con fe viva y perseverante en el Sacramento de vuestro amor.
 
MISTERIOS DOLOROSOS

PRIMER MISTERIO DOLOROSO: La Agonía de Nuestro Señor en el Huerto de los Olivos.
Divino Salvador, bajo el peso del dolor y la angustia causada por nuestros pecados, Vos caísteis, bañado en sudor sanguinolento, y enfrentasteis una mortal agonía. En el Santísimo Sacramento, también, Vos sois aún más humillado y aniquilado por causa de nuestros pecados.
 
Os adoramos y compadecemos de vuestra Agonía de sufrimientos en el huerto de Getsemaní, como también de vuestra Agonía de humillación en la Eucaristía, y os suplicamos por la intercesión de vuestra Santísima Madre, un cordial dolor de nuestros pecados.
 
SEGUNDO MISTERIO DOLOROSO: La Flagelación.
¡Oh buen Jesús azotado y cubierto de heridas!, los pecados cometidos por los hombres contra la santa virtud de la pureza torturan vuestra inocente carne; y en el Santísimo Sacramento Os insultan los corazones impuros por sus comuniones sacrílegas.
Oh Víctima sangrienta, azotada en la columna, Víctima paciente, abusada en el Sacramento, os adoramos y pedimos, por la intercesión de vuestra Santísima Madre, la gracia de la mortificación de los sentidos.

TERCER MISTERIO DOLOROSO: La Coronación de espinas.
¡Oh Rey de la gloria, coronado con espinas y proclamado en burla como Rey de los judíos por brutales soldados que ignominiosamente escupen sobre vuestra Faz adorable!, Vos caísteis como víctima de los pecados cometidos por la soberbia; y en el Santísimo Sacramento también lleváis corona de ignominia hecha por los muchos actos de irreverencia, desprecio, hipocresía y vanidad cometidos por muchos cristianos en vuestro Santuario.
 
¡Oh Rey amable, saturado de insultos tanto en vuestra Pasión como en la Hostia consagrada! Os adoramos y suplicamos, por la intercesión de vuestra Santísima Madre, la gracia de mortificar nuestro amor propio.
 
CUARTO MISTERIO DOLOROSO: La Cruz a cuestas.
Las maldiciones, ultrajes, maltratamientos, angustias de corazón y los sufrimientos de todos los reyes, nada puede, ¡oh carísimo Redentor!, alterar la mansedumbre y paciencia con la cual cargasteis vuestra pesada Cruz; con semejante dulzura y paciencia habéis cargado en el largo curso de los siglos las dudas, falta de confianza, murmuraciones, insultos y desalientos de parte de vuestros hijos.
 
¡Oh Jesús! Os adoramos cargando con amor la Cruz preparada para Vos por vuestro Padre, y Os suplicamos, por la intercesión de vuestra Santísima Madre, la paciencia en las pruebas de esta vida.
 
QUINTO MISTERIO DOLOROSO: La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor.
¡Oh Salvador bueno y misericordioso! Vuestro amor, más que los férreos clavos, Os mantuvieron colgado en la Cruz donde expiabais nuestros pecados en medio de indecibles tormentos; y Os encontramos también con el mismo amor en el Sacramento del Altar, continuando incruentamente vuestro Sacrificio hasta el fin de los tiempos para aplicar en nosotros los frutos de éste.
 
Dulcísimo Cordero, perpetuamente inmolado por nosotros, Os adoramos y pedimos, por la intercesión de vuestra Santísima Madre, tal odio al pecado que prefiramos la muerte del cuerpo antes que manchar nuestras almas.

MISTERIOS GLORIOSOS

PRIMER MISTERIO GLORIOSO: La Resurrección de Nuestro Señor.
¡Oh Cristo Jesús! Vos salísteis glorioso de la tumba, y victorioso sobre todos los poderes infernales; por tanto los sufrimientos y la muerte han perdido su imperio sobre vuestra humanidad gloriosa. ¡Qué consolación para nosotros saber que, aunque confinado a la humilde condición de vuestro Sacramento, Vos estáis en plena posesión de la vida, gozo y gloria de vuestra resurreción!
 
Os adoramos, ¡oh inmortal Rey de los siglos!, y os suplicamos, por la intercesión de vuestra Santísima Madre, una Fe viva y amante en vuestra Presencia real y vivificante en el Santísimo Sacramento.

SEGUNDO MISTERIO GLORIOSO: La Ascensión.
¡Oh divino Salvador! ¡Vuestro triunfo en este misterio ha alcanzado su perfección! Elevándoos al Cielo por vuestro proprio Poder, habéis tomado posesión de vuestro Reino, y estáis sentado a la diestra de vuestro Padre para ser siempre el gozo de los Ángeles y los Santos. Cada día también, sin abandonar vuestro trono, venís a nuestros altares bajo la forma del pan, para darnos un anticipo de la celestial beatitud.
  
Vos, que sois la delectación de las almas puras, os adoramos y suplicamos, por la intercesión de vuestra Santísima Madre, nos concedáis un ardiente deseo de poseeros aquí bajo el eucarístico velo, y poseeros en el esplendor de vuestra gloria en el Cielo.

TERCER MISTERIO GLORIOSO: La Venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles.
Oh Jesús, hacía poco entrásteis en vuestra gloria a la diestra de vuestro Padre, cuando mostrasteis vuestra munificencia enviando el Espíritu Santo con sus muchos y distintos dones para vuestra Iglesia creciente. Desde la Eucaristía, como desde otro cielo, donde Vos establecisteis vuestro trono de amor, impartís a las almas el espíritu de vida y fortaleza, e inflamáis en ellas el fuego de vuestra divina caridad.

Oh Jesús, Rey en el Cielo, y también Rey en la Eucaristía, os adoramos y suplicamos, por la intercesión de vuestra santísima Madre, la fidelidad a la gracia con el fin de recoger todos los frutos producidos en las almas de los hombres por los dones del Espíritu Santo.

CUARTO MISTERIO GLORIOSO: La Asunción de Santa María.
O Jesus, no pudisteis dejar aquí abajo a vuestra santísima Madre por más tiempo; nada más escuchó vuestra vos llamándola, y en medio de los transportes de una comunión inefable, el amor arrebató su alma de esta tierra de exilio. Pero su cuerpo virginal, como el de su divino Hijo, no debía conocer la corrupción, y la levantásteis de la dormición, y, brillante cual sol, ella voló sobre angélicas alas al lugar de eterna gloria.
  
Oh Jesús, resurrección y vida nuestra, os adoramos y rogamos que, por la intercesión de vuestra santísima Madre, podamos morir en brazos de la que es también nuestra propia Madre, luego de haber recibido en una comunión ferviente la promesa de nuestra gloriosa resurrección.

QUINTO MISTERIO GLORIOSO: La Coronación de Santa María en el Cielo.
Divino Hijo de María, para hacer a vuestra santísima Madre compartir vuestra propia gloria, la coronásteis como reina de Cielos y tierra y designasteis como abogada nuestra y canal viviente de vuestras gracias. No menos que desde el Cielo, desde la Eucaristía, Vos quereis que toda gracia que debamos recibir las recibamos por sus manos maternales.
  
Oh Jesús, os adoramos en vuestra indecible gloria, de la cual hicisteis a vuestra Madre copartícipe con Vos, y os suplicamos, por su intercesión, una gran confianza en su poderosa protección y great earnestness en imitar sus virtudes; en particular su pureza, humildad, y fidelidad a la gracia.

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