viernes, 4 de mayo de 2018

LAS TINIEBLAS MONTINIANAS

ADVERTENCIA PREVIA
El autor del artículo que viene a continuación (publicado en ADELANTE LA FE), el profesor César Félix Sánchez, hace alusión de la seudoencíclica Humánæ Vitæ como la última respuesta de los conciliares a las objeciones por las cuales la “beatificación” e inminente “canonización” de Montini son absolutamente nulas (por el procedimiento) y moralmente inaceptables (porque Montini, quien llevó a término el Vaticano II e implementó sus reformas-demoliciones, era judío, masón, comunista, modernista -encubierto-, homosexual y asesino) toda vez que se piensa que tal documento condena las políticas de planificación familiar y los métodos anticonceptivos. Pero acontece que Pablo VI favoreció el control de la natalidad mediante la denominada “Planificación Familiar Natural” (PFN), que en últimas viene a tener la misma finalidad que los anticonceptivos artificiales: evitar DELIBERADAMENTE la concepción cuando se realiza el acto conyugal:
  • Antipapa Pablo VI, Discurso con motivo del 25º aniversario de la FAO, 16 de noviembre de 1970: “…esto, entre otros efectos, sin duda favorecerá un control racional de la natalidad por parte de las parejas…”.
  • Antipapa Pablo VI, Discurso en la apertura de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, 24 de agosto de 1968: “Esta norma [Humánæ Vitæ] no constituye una ciega carrera hacia la superpoblación; ni disminuye la responsabilidad ni la libertad de los cónyuges, a quienes no prohíbe una honesta y razonable limitación de la natalidad, ni impide las terapéuticas legítimas ni el progreso de las investigaciones cientificas”. 
  • Antipapa Pablo VI, Humánæ Vitæ, #16, 25 de julio de 1968: “Es verdad que tanto en uno como en otro caso, los cónyuges están de acuerdo en la voluntad positiva de evitar la prole por razones plausibles, buscando la seguridad de que no se seguirá” (de donde se colige que las parejas son perfectamente libres de no tener hijos si no lo desean).
  • Antipapa Pablo VI, Populórum progréssio, #37, 26 de marzo de 1967: “Al fin y al cabo es a los padres a los que toca decidir, con pleno conocimiento de causa, el número de sus hijos, aceptando sus responsabilidades ante Dios, ante ellos mismos, ante los hijos que ya han traído al mundo y ante la comunidad a la que pertenecen, siguiendo las exigencias de su conciencia, instruida por la ley de Dios auténticamente interpretada y sostenida por la confianza en él”.
 
La PNF, al igual que los demás anticonceptivos, representa el rechazo de la primera finalidad del matrimonio (la procreación y la educación de los hijos), y ha sido condenada por la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio Legítimo de la Iglesia:
  • Génesis 30, 1-2: “Pero Raquel, viéndose estéril, tenía envidia de su hermana, y así dijo a Jacob: Dame hijos, de otra manera yo me muero. A la cual Jacob enojado respondió: ¿Por ventura estoy yo en lugar de Dios, que te ha privado de la fecundidad?”.
  • Génesis 38, 8-10: “Entonces dijo Judá a Onán: Entra a la mujer de tu hermano [que había muerto], tómala, como cuñado que eres, para suscitar prole a tu hermano. Pero Onán, sabiendo que la prole no sería suya, cuando entraba a la [ex] mujer de su hermano se derramaba en tierra para no dar prole a su hermano. Era malo a los ojos de Dios lo que hacía Onán, y le mató también a él”.
  • Tobías 6, 17: “[Dijo el ángel a Tobías]: Los que abrazan con tal disposición el matrimonio, que apartan de sí y de su mente a Dios, entregándose a su pasión, como el caballo y el mulo que no tienen entendimiento; ésos son sobre quienes tiene poder el demonio. Mas tú, cuando la hubieres tomado por esposa, entrando en el aposento, no llegarás a ella en tres días, y no te ocuparás en otra cosa sino en hacer oración en compañía de ella. … Pasada la tercera noche, te juntarás con la doncella, en el temor del Señor, llevado más bien del deseo de tener hijos, que de la concupiscencia…”.
  • 1 Timoteo 2, 15: “Verdad es que [la mujer] se salvará por medio de la buena crianza de los hijos, si persevera en la fe y en la caridad, en santa y arreglada vida”.
  • San Agustín, De las costumbres de los maniqueos, libro segundo, #65: “No contentos solamente con la condenación de la unión de los sexos, realizáis también la profecía del Apóstol reprobando las nupcias, única y honesta justificación de la unión carnal. [...] De donde se sigue que, si vosotros pretendéis tener una mujer, no es para engendrar hijos, sino para satisfacer la concupiscencia. Pero el matrimonio, según las leyes nupciales, es la unión de un hombre y de una mujer con el fin de engendrar hijos; y a cualquiera que le parezca mayor crimen la generación que la unión, por esto mismo prohíbe las nupcias: hace de la mujer, más bien que esposa, una prostituta, que por regalos se entrega al hombre para satisfacción de su concupiscencia. Allí donde la mujer es esposa, allí hay matrimonio; pero no hay matrimonio donde se impide la maternidad; allí no hay esposa”.
  • San Agustín, Del matrimonio y la concupiscencia, libro primero, #17: “A veces llega a tanto esta libidinosa crueldad o, si se quiere, libido cruel, que emplean drogas esterilizantes, y, si éstas resultan ineficaces, matan en el seno materno el feto concebido y lo arrojan fuera, prefiriendo que su prole se desvanezca antes de tener vida, o, si ya vivía en el útero, matarla antes de que nazca. Lo repito: si ambos son así, no son cónyuges, y, si se juntaron desde el principio con tal intención, no han celebrado un matrimonio, sino que han pactado un concubinato. Si los dos no son así, digo sin miedo que o ella es una prostituta del varón o él es un adúltero de la mujer”.
  • San Agustín, De las uniones adulterinas, libro segundo, cap. XII: “Porque ilícita e impúdicamente yace, aun con su legítima mujer, el que evita la concepción de la prole. Que es lo que hizo Onán, hijo de Judá, por lo cual Dios le quitó la vida (cf. Gen. 38, 8-10)”.
  • San Cesáreo de Arlés, Advertencia a los que, teniendo esposa, no se sonrojan de cometer adulterio: “No le aprovecha el nombre de Cristiano a quien no solo no cumple lo que el Señor le ordena, sino también a quien perpetra el mal contra sus preceptos. Cada vez que él se une a su esposa sin un deseo de tener hijos… sin lugar a dudas que comete pecado”.
  • San Cesáreo de Arlés, Sermón 54: “Ninguna mujer debe absorber drogas para provocarse un aborto, ni matar a sus hijos que van a nacer o ya han nacido, pues la que esto hace, sepa que tendrá que debatirse ante el tribunal de Cristo con aquellos que haya matado. Ni tampoco deben absorber mezcla diabólica que las haga incapaces de concebir posteriormente. Toda mujer que haga esto sepa que se hace culpable de tantos asesinatos cuantos hijos hubiese podido dar a luz” 
  • Santo Tomás de Aquino, Comentario a las Sentencias de Pedro Lombardo, Sentencia IV, distinción 32, al inicio: “El uso contra la naturaleza del matrimonio es siempre pecado mortal, pues los hijos no pueden ser engendrados y se frustra totalmente la intención de la naturaleza”.
  • Santo Tomás de Aquino, Suma contra los gentiles, libro tercero, #122: “Después del pecado del homicidio, por el que la naturaleza humana ya existente queda destruida, el pecado más grave es el de impedir que sea engendrada una nueva naturaleza humana”. 
  • Beato Inocencio XI, Decreto contra el laxismo moral, 2 de marzo de 1679: “La proposición 9: El acto del matrimonio, practicado por el solo placer, carece absolutamente de toda culpa y de defecto venial – Condenada y prohibida, tal como está, por lo menos como escandalosa y perniciosa en la práctica”.
  • Suprema Congregación del Santo Oficio, Decreto del 21 de mayo de 1851: “1º La proposición: Es lícito a los cónyuges usar del matrimonio, por razones honestas, con el uso de Onán (Gen 38, 8 ss.) – Escandalosa, errónea y contraria al derecho natural del matrimonio.
    2º La proposición: Es probable que este uso del matrimonio no esté prohibido por el derecho natural – Escandalosa, y entre otras implícitamente condenada por Inocencio XI (Decreto del 2 de marzo de 1679, proposición 49)”. 
  • A una madre de muchos hijos, que estaba a punto de ser madre una vez más y que estaba angustiada por su avanzada edad, San Juan Vianney le dijo: “¡Consuélate, hija mía, si supieras de esas mujeres que se van al Infierno porque no trajeron al mundo esos niños que debían haber nacido!”.
  • Papa Pío XI, Casti connúbii, #20, 31 de diciembre de 1930: “Ningún motivo, sin embargo, aun cuando sea gravísimo, puede hacer que lo que va intrínsecamente contra la naturaleza sea honesto y conforme a la misma naturaleza; y estando destinado el acto conyugal, por su misma naturaleza, a la generación de los hijos, los que en el ejercicio del mismo lo destituyen adrede de su naturaleza y virtud, obran contra la naturaleza y cometen una acción torpe e intrínsecamente deshonesta”.

Disculpar lo extenso de este comentario (que ameritaría publicarse como artículo independiente), pero si hubo necesidad de abundar en las citas es por demostrar que Humánæ Vitæ es a leguas CONTRARIA A LA DOCTRINA SOSTENIDA POR LA IGLESIA CATÓLICA.
  
JORGE RONDÓN SANTOS
4 de Mayo de 2018.
Fiesta de Santa Mónica, madre de San Agustín -Doctor de la Gracia y Predestinación-; y Solemnidad de la Sábana Santa de Turín.
 
¿“SAN” PAULO VI?: LA HORA DE LAS TINIEBLAS
  

1. Introducción: entendiendo la virtud heroica
Entre la canonización de san Gregorio VII  (1015-1085) en 1728 y la de san Pío X (1835-1914) en 1954 mediaron más de dos siglos. La anterior canonización de un papa había sido la de san Pío V (1504-1572) en 1712.  El último papa beatificado, hasta las presentes locuras, había sido Inocencio IX (1611-1689), el salvador de Hungría, por Pío XII en 1956. ¿A qué se debe, que en medio de la abundante ciencia, virtud y coraje para soportar persecuciones –como es el caso del heroico Pío VI, muerto en cautiverio en 1799 luego de ser secuestrado por los revolucionarios– y muchas otras virtudes de los papas, particularmente de los postridentinos, haya sido la Iglesia tan reacia a canonizarlos? ¿E incluso, al hacerlo, haya demorado, en la mayoría de los casos, varios siglos?
   
A que la Iglesia sabía que la virtud heroica era aquella practicada por los fieles «cuyas virtudes y buenas obras grandemente sobrepasan las de las personas buenas ordinarias»[1] puesto que, en palabras de Benedicto XIV, «para que sea heroica una virtud cristiana debe permitir a su poseedor realizar acciones virtuosas con diligencia fuera de lo común, con facilidad y con agrado, por motivos sobrenaturales y sin respetos ni razonamientos humanos, con abnegación y total control de sus inclinaciones naturales»[2], es decir, un «hábito de conducta que se ha convertido en una segunda naturaleza (…) más fuerte que todas las inclinaciones innatas, capaz de hacer fáciles una serie de actos, cada uno de los cuales sería realizado por un hombre ordinario con mucha –si no irremontable– dificultad»[3]. Y, por tanto, así se explicaba cómo muchos cristianos, buenos y admirables en muchos sentidos, no accediesen nunca a la canonización, por razón, entre otras, de las dificultades en alcanzar el heroísmo en la virtud en sus deberes de estado, especialmente en puestos de mando tan delicados como el pontificado.
     
Ahora, en medio de los sainetes grotescos a los que nos tiene acostumbrados, la Santa Sede de Francisco ha anunciado algo que venía cocinado desde hace un par de años: la canonización de Paulo VI, con la rapidez y absoluta informalidad que caracteriza a estos procesos últimamente, solo cuatro años después de haber sido, por decirlo de alguna manera, beatificado. Francisco ha batido récords: es el papa que más papas ha canonizado, pues canonizó a Juan XXIII y Juan Pablo II en el 2014. ¡Qué contraste con los tiempos precedentes de la Iglesia, antes de la primavera francisquista! Parece ser que todos los papas anteriores al Concilio fueron una banda de bellacos comparados con esta troika de neosantos que ha presidido sobre el mayor colapso moral, numérico, material, doctrinal y principalmente espiritual de la Iglesia Católica en toda su historia y que aun así son presentados como modelos de virtud para los cristianos.
   
2. Un peligro para Europa….y para la Iglesia
«Si el canciller alemán Adenauer, en una conversación con un diplomático francés, había considerado con temor la elección de Montini como un ‘verdadero peligro para Europa’, su asunción al pontificado fue saludada con satisfacción por los comunistas italianos y europeos…»[4]. Lamentablemente, Konrad Adenauer no era el emperador Francisco José y el cónclave de 1963 no era el de 1903. ¿Cuál era la razón de que un personaje, para nada integrista, como don Konrad, temiese la asunción de Montini? Pues la fama explícita de personaje de simpatías izquierdistas, cuya peligrosidad era patente en un periodo en que la URSS y sus satélites pretendían expandir su dominación totalitaria y genocida por todo el globo. Si a esto se añade, las múltiples intrigas de espionaje y colaboración con poderes misteriosos que sucedieron a lo largo de su gestión como pro-secretario de la Secretaría de Estado (1953-1954), pues tenemos una perfecta justificación para considerar como pavorosa su elección al Papado y como indeciblemente vergonzosa su beatificación y canonización. Pero eso no es lo más repugnante de la historia de su pontificado (1963-1978).
   
Cabe mencionar aquí, brevemente,  las alegaciones respecto a su moral, que no son una simple calumnia singular de un novelista homosexual durante la cuaresma de 1976, sino que han sido refrendadas por al menos tres fuentes independientes (el corresponsal del New York Times, Paul Hoffman; el académico católico y antiguo corresponsal del Osservatore Romano, Franco Bellegrandi, antiguo guardia noble; así como por el recordado abate Georges de Nantes, entre otros). Incluso, entre enero y febrero de 2006, los principales medios periodísticos italianos confirmaron, a través de la consulta de los papeles póstumos del antiguo general de carabineros Giorgio Manes la existencia de un intento de chantaje a Paulo VI, tan temprano como en 1967, respecto a una relación homosexual suya con el autor Paolo Carlini. Montini  reaccionaría pidiendo ayuda a sus poderosos amigos de la Democracia Cristiana, entre ellos el misteriosísimo filocomunista Aldo Moro. La noticia, que ahora es bastante difícil de encontrar en internet (aunque se puede consultar, previa inscripción, en los archivos del Corriere della Sera, en una nota de Dino Martirano del 26 de enero de 2006, titulada Dossier su un tentato ricatto a Paolo VI –puede verse una versión copypasted en un foro ateo aquí– y la primicia de Espresso, titulada Segreti da generale, por Riccardo Bocca, del 2 de febrero del mismo año –que puede verse acá–) no puede ser más sórdida: pánico por parte del Pontífice ante la revelación de sus presuntos escándalos sexuales, mezclados con intrigas de todo tipo, del tiempo de los años de plomo.
  
¿Habrá revisado esta información la Congregación para los Santos, suficiente, aun si le negamos veracidad, para paralizar otrora cualquier proceso por muchísimo tiempo e incluso sine die? Si bien hace ya mucho tiempo que las gentes en la Santa Sede se encuentran presas de una suerte de ceguera preternatural, tanta estupidez no puede ser gratuita. ¡Quién sabe si en estos mismos instantes, el famoso expediente Montini compilado por la policía milanesa o alguna otra prueba aún más comprometedora obra en manos de alguna fuerza secreta, listo para ser  revelado inmediatamente después de la canonización, que será en octubre de este año, durante el llamado Sínodo de los Jóvenes, que ya despierta alarmas por su posible tendencia prohomosexualista! ¡Para que así, en medio del escándalo y de la vergüenza, sirva esta «revelación» de clarinada para la definitiva svolta de la Jerarquía Eclesiástica hacia posiciones favorables al homosexualismo, con Montini como «santo patrono»!
  
Pero el horror no termina ahí. Fue Montini quien, contra todo derecho humano y divino, desmanteló la vida litúrgica, disciplinar y sacramental de la Iglesia y pretendió hacernos creer el gran bulo de que la misa tradicional había sido abrogada y que su único reemplazo era el Novus Ordo (cosa que incluso Benedicto XVI negó) y que, a punta de sanciones que no se atrevía a imponer a toda suerte de heréticos, abusadores y traidores, pretendió acabar con la resistencia de sacerdotes y prelados que solo buscaban conservar la liturgia y la doctrina de su ordenación.
  
Fue Montini, además, el que invitó a su gran amigo, el mafioso y asesino convicto Michele Sindona, a «reformar» el IOR, el Banco Vaticano, convirtiéndolo en una máquina criminal de lavado de dinero y de financiamiento de operaciones encubiertas.
  
Fue también el creador de la muy infame Ostpolitik, resistida por las iglesias martiriales de la Cortina de Hierro, y que consistía en entregar a millones de fieles y clérigos al directo control de la KGB y del Partido Comunista de la URSS, condenada por prelados heroicos como József Mindszenty (maltratado villanamente) y Josyf Slipyj –el exiliado primado de la Iglesia grecocatólica de Ucrania– que, ante la perfidia montiniana, tuvo que verse obligado a consagrar obispos sin mandato papal en 1977, en aras de la supervivencia de una iglesia que no podía permitir fuera entregada a sus enemigos más feroces.
  
¿No fue durante ese pontificado que notorios y confesos homosexuales como mons. Rembert Weakland de Milwaukee –a quien Montini conocía personalmente  desde Italia cuando se desempeñó como abad mayor de los benedictinos– fueron elevados al episcopado, circunstancia que llevaría a incluso un circunspecto neocón poco sospechoso de cualquier integrismo como George Weigel a reconocer el desgobierno y absoluta incuria a la hora de nombrar a obispos ineptos moralmente durante ese pontificado[5]?
  
¿No fue durante el tiempo de Montini en que, como una maldición demoníaca, se desenvolvieron la mayoría de casos de abuso sexual homosexual en el clero? ¿No fue durante su pontificado, como el mismo Benedicto XVI se atreve a afirmar, cuando dejó de cumplirse la ley eclesiástica penal en el campo de los abusos contra sextum con las consecuencias horrorosas que todos conocemos?:
«Al respecto, me comentó algo muy interesante el arzobispo de Dublín. Dijo que el derecho penal eclesial funcionó hasta los últimos años de la década de 1950; que si bien no había sido perfecto –mucho hay en ello para criticar– se le aplicaba, pero desde mediados de la década de 1960 dejó simplemente de aplicarse. Imperaba la consciencia de que la Iglesia no debía ser más Iglesia del derecho, sino Iglesia del amor, que no debía castigar. Así, se perdió la conciencia de que el castigo puede ser un acto de amor».[6]
Aun si pretendiéramos, orwellianamente, procurar interpretar estos hechos en el sentido menos comprometedor, la negligencia quedaría patente y sería imposible presentar a Paulo VI como un papa modélico y ejemplo de «virtud heroica». Quizás él mismo, que en sus declaraciones siempre reveló los múltiples matices de su psicología atormentada, sería ahora el mayor opositor a su candidatura a santo.
  
Por si alguno sostiene que basta la Humanæ Vitæ de 1968 para considerarlo como «un gran santo», le aconsejo que se remita a las nociones de virtud heroica expuestas al inicio del artículo. ¿Hemos caído tan bajo que el solo hecho de cumplir con el mínimo deber de repetir la doctrina de la Iglesia en puntos específicos de moral constituye un acto heroico para un pastor? De ser así, mejor canonicemos a todos los papas anteriores, incluso a los del Siglo de Hierro.
   
El intento vomitivo de Francisco de canonizar el aggiornamento canonizando a los dos papas del Concilio y a uno de sus más significativos implementadores nos revela claramente que estamos en «la hora de las tinieblas» (Lucas 22:53).
 
Prof. CÉSAR FÉLIX SÁNCHEZ
  
NOTAS
[1] Joseph Wilhelm, “Heroic Virtue”. The Catholic Encyclopedia. Vol. 7. New York: Robert Appleton Company, 1910. Consultado: 13 de abril 2018 http://www.newadvent.org/cathen/07292c.htm
[2] Benedicto XIV, “De doctrína servórum Dei beatificatióne et beatórum canonizatióne”,  citado en op. cit.
[3] Joseph Wilhelm, op. cit.
[4] Roberto de Mattei, Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta,  Turín: Edizioni Lindau, 2014, págs. 295-296.
[5] George Weigel, The Courage To Be Catholic: Crisis, Reform, and the Future of the Church, New York:  Basic Books, 2002, pág. 67
[6] Benedicto XVI, Luz del mundo. El Papa, la Iglesia y los Signos de los Tiempos. Una conversación con Peter Seewald, Barcelona: Herder Editorial, 2010, págs. 38-39.

3 comentarios:

  1. Que la Humanae Vitae hay que contabilizarlo en las cosas "buenas" que hizo Montini es simplemente de risa floja: tal panfleto lo que hizo fue "legalizar" los metodos anticonceptivos. Se dira que solo los "metodos naturales"... Pero que me expliquen que hay de natural en que un matrimonio se cierre a la vida que Dios le quiere donar, aunque sea por metodos "naturales".

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    1. De hecho, le suma deméritos, porque es la canonización (por llamarla así) DEL CAMBIO DEUTEROVATICANO QUE HICIERON EN CUANTO LA FINALIDAD DEL MATRIMONIO.

      Además, ese profesor, en cuanto intelectual que es, debe definirse de alguna manera, porque claramente es un rallié.

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  2. Ni Montini ni Roncalli merecen la santidad. No se que le vieron los de la Congregacion para la promocion de los Santos para indicar que tiene virtudes heroicas para la santidad.
    Veamos.
    1. Ambos masones. La masoneria es incompatible con la catolicidad. Con solo eso quedan fuera.
    2. Ambos homosexuales. Ambos fuera.
    3. Anticatolicos ambos. Ni Roncalli ni Montini mostraron siquiera un minimo de piedad cristiana. Montini escondia como si tuviera verguenza el crucifijo que llevaba y era alergico al Santo Rosario. Roncalli?. Nunca dio muestra de piedad cristiana ambos. Ni hablar de lo que hicieron en el CV II.
    4. Nunca llevaron una vida de virtud cristiana. Nadie conoce que ellos llevaran una vida intachable. Muy por el contrario, se rodearon de masones y anticristianos. Montini tenia como secretario a un mason y homosexual que luego tuvieron que echarlo a patadas de alli.
    En sintesis, si estos dos fueran analizados por la Iglesia de antes para ser santos, ad portas, serian rechazados.

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