sábado, 5 de enero de 2019

EL FALSO PATRIOTISMO DE BOLSONARO O EL GLOBALISMO DISFRAZADO

Traducción del artículo publicado por el profesor Rafael Gonçalvez de Queiroz en CATOLICIDADE (Brasil). Haciendo la salvedad de que Rusia asumió el puesto de súperpotencia política y militar que ocupaba la URSS, la reflexión es enteramente pertinente para nuestros países.

   
Desde que el nuevo gobierno Bolsonaro tomó posesión, él mismo asumió un discurso oficial de apariencia nacional-patriótica. Tanto el presidente, como su ministro de exteriores, buscan pasar la impresión de que están en lucha contra el globalismo para colocar los intereses patrios en primer plano. Como dice el viejo adagio las apariencias engañam y las masas, como de costumbre, se dejan llevar por lo que ellas indican. La creencia en el tono nacional-populista de este gobierno es partilhada hasta por los media extranjeros que hacen comparaciones entre Bolsonaro, Viktor Orbán y Trump (mientras Orbán y Trump protegen la industria nacional de sus respectivos países, Bolsonaro quiere apertura total para acabar de desindustrializar el Brasil; luego la comparación está en el máximo posible como método de comunicarse a las expensas de los medios tradicionales, uso de verborrea autoritaria, etc., pero nunca en el plano ideológico).
  
Evidentemente que todo esto no pasa de fuego fatuo y de vulgaridad analítica. El hecho es que Bolsonaro y su ministro –Ernesto Araújo– no pasan de tapetes del interés estadounidense. Y para que esto quede claro, vamos a los hechos reales.
 
1- ¿Qué es el globalismo?
Según Daniel Fraga, “Globalismo es la globalización económica que pasó a ser pilotada por el marxismo cultural”.
 
Por esta frase bien se ve la influencia de Olavo de Carvalho sobre Fraga, cuya tesis es que los meta-capitalistas, al conquistar el dominio de la economía global, se volvieron socialistas deseosos de control estatal máximo y gobierno global para instaurar el “comunismo”. ¡Comunismo con monopolios capitalistas! Lénin, a comienzos del siglo 20, llamaba al sistema de monopolio mundial de las megaempresas capitalistas la fase avanzada del imperialismo capitalista, y decía que la revolución socialista pondría fin a esto en breve. En suma: el pensamiento ortodoxo marxista jamás endosó la idea de sistema comunista al lado de empresas capitalistas monopolistas. Olavo y sus pupilos dirán que el comunismo cambió, que él es un movimiento camaleónico que no tiene más los mismos atributos de antes: ¿entonces qué sería el comunismo en este caso? Según Olavo, ¡un “proyecto de poder”! Pues lo es: reid a voluntad. ¿Qué no podría ser definido como proyecto de poder? ¡Todo! Si el comunismo es eso, ¿lo que no es comunismo?
  
Socialismo significa, rigurosamente hablando, un régimen económico-social y político donde tenemos colectivización de los medios de produción, dictadura del proletariado, partido único y planificación. Sin estos elementos constitucionales, no hay que hablar de régimen socialista o de socialismo. Tener un partido com intenciones socialistas dentro de un régimen constitucional-liberal no es socialismo, regulación estatal sobre actividades privadas no es socialismo, impuesto no es socialismo. Si la derecha del sr. Olavo y Bolsonaro pueden usar el término “socialismo" fuera de este marco de rigor conceptual, ¿por qué la izquierda no puede dejar de ser rigurosa cuando usa el término hombre/mujer? Sócrates muestra en el diálogo “Górgias” que fue cuando los partidos políticos comenzaron a usar las palabras conforme a su conveniencia, que el sentido de verdad y justicia se corroyó en Atenas. El paso siguiente fue la decadencia final de la Grecia.
  
Pero volviendo al tema, precisamos decir que globalismo y marxismo cultural no son sinónimos. Creer en eso es loucura. El ideario y la praxis globalizante es una síntesis de liberalismo e igualitarismo, colectivismo e individualismo. No entender esto es imperdonable para un diplomático com formación intelectual de alto nivel. El propio concepto de marxismo cultural repugnaría a Marx, que consideraba a la cultura mero subproducto de las fuerzas económicas y de la lucha de clases y no algo dotado de autonomía propia que pudiese servir de motor a una revolución. El término más cierto sería neo-marxismo o deconstruccionismo.
     
Es verdad que Fraga rechaza los conciertos internacionales al decir que “La aplicación de esa ideología a la diplomacia produce la obsesión en seguir los “reglamentos internacionales”. Produce una política externa donde no hay amor a la patria sino apenas apego al “orden internacional basado en reglas”... El remedio es volver a querer grandeza. Saca pecho y di: Brasil Grande y Forte", pero la cuestión no es solo esta: el discurso es bonito y pomposo, pero no se engañen.
  
En verdad un Brasil fuerte o flaco perpasa lo siguiente: en un régimen de uni-polarismo, donde los EUA actúan como única potencia global, situación impuesta al mundo desde 1991 con la caída de la URSS, es imposible un país grande y fuerte bajo las asas de USA. Régimen internacional para olavetes es apenas la ONU cuando, en verdad, es también los EUA donde todo eso fue parido. Al final, ¿quién es el mayor financiador de la ONU sino USA? ¿Bajo que auspicios la ONU actúa sino bajo los de los derechos individuales llevados a todo globo, lo que es nada más que la expansión de la revolución americana de 1776? Olavo acostumbra separar a EUA del Globalismo, pero no hay separación absoluta a no ser en la cabeza hueca de los trumpistas brasileños que creen en el “nacionalismo americano”. El nacionalismo de los EUA solo tiene sentido internamente en los EUA, como no sometimiento del gobierno de Washington a mociones de la ONU, como independencia del Estado Americano en el plano internacional (algo que G. W. Bush hizo cuando atacó Iraq y Afganistán sin consentimiento del Consejo de Seguridad de la ONU). Nacionalismo estadunidense es EUA como mayor player internacional, al contrario de los órganos globales, es “pax imperial/global estadunidense” en vez de “pax imperial de la ONU”, es Trump mandando misil a la Siria sin pasar por la ONU.
  
Precisamos comprender que hay dos formas de globalismo: uno a la derecha, otra a la izquierda. La diferencia es pequeña, hasta existe, pero al final la globalización acaba siendo, siempre, la americanización del mundo. La derecha republicana de los EUA defiende una globalización vía imperialismo nacional de USA. Ocupaciones militares en Oriente Medio y el uso del “hard power” han sido los métodos preferidos por los republicanos. Al fin y ak cabo tales métodos acaban dando en estabelecimiento de regímenes democráticos liberales, en la expansión de la economía capitalista occidental y en el dominio financiero de Wall Street sobre tales regiones. La izquierda demócrata quiere globalización con derechos humanos, el “soft power”, defensa de minorías, humanitarismo ámplio, expansión de mercado junto con igualitarismo legal, etc.
 
La diferencia está ahí, pero siempre resulta en la misma cosa; donde la globalización llega tenemos apertura de los mercados, flujo libre de capitales, derechos individuales, igualdad jurídica, cultura igualitaria (hombre y mujer son iguales, todos deben tener la misma oportunidad, quiebra de las jerarquías sociales tradicionales basadas en la religión o la familia, etc.), en suma tenemos el estabelecimiento de la cultura política de EUA.
 
Así, el pensamiento de Fraga, expresa la contradicción del patriotismo típico de los olavetes de guardia: quieren un Brasil fuerte y combate al globalismo con el Tío Sam al lado. Algo imposible.
  
2- ¿Por qué los EUA son hoy la cabeza del globalismo?
No sólo la estructura del Estado de EUA, sino su estructura económica son el eje en torno del cual el globalismo se desarrolla.
   
Desde Reagan el sistema financiero americano fue desarrollado para garantizar el flujo más libre posible de capital. Reagan junto con la Reserva Federal, trabajó para que los bancos comunes o bancos de depósito, pudiesen aplicar sus capitales fuertemente en especulación, en los mercados futuros y de derivativos, asegurando, dentro de un modelo neoliberal en que el Estado desregulaba el sector bancario acabando con la vieja distinción entre bancos de inversión y bancos populares, las estructuras para que el capital se expandiese sin límites por el globo.
  
Después de la caída de la URSS en 1991, el modelo financiero de Reagan expandióse rápidamente en el mundo, garantizando a los fondos financieros de EUA el control definitivo del flujo financiero mundial dado que no había más un bloque socialista. Los ex-países socialistas adoptaron el capitalismo y el dólar, abriendo de una vez el camino para un sistema mundo en términos de economía, circulación de información y de patrones culturales, que es lo que llamamos globalización o globalismo. Las empresas de internet y computación consolidaron en seguida esta tendencia, empresas cuyo eje gira en torno del Valle de Silicio en EUA. Todo eso contribuyó para que grupos financieros se tornasen megapoderosos y extendiesen sus tentáculos por el planeta. La mayoría de ellos tienen sede en Wall Street.
  
Un ejemplo es Carlyle: es la mayor empresa de private equity (capital inversión) del mundo, que controla más de 56 billones de dólares y tiene filiales en 18 países. Empresas de private son fondos que compran participaciones en empresas con el fin de alavancá-las en el mercado. Carlyle, hoy, tornóse el controlador del mayor flujo de caja de la economía global. Mucha gente invirtió dinero en Carlyle si saber que estaba invirtiendo. Por Carlyle pasaron grandes figuras de la política americana: el ex-secretario de Estado James Baker, el ex-secretario de defensa Frank Carlucci, el ex-director de presupuesto de la Casa Blanca Dick Darman, el ex-jefe de la Comisión Federal de Comunicaciones, Willian Kennard, el ex-presidente de la comisión de cambio, Arthur Levitt. La sede de Carlyle queda en Washington, entre la Casa Blanca y el Capitolio. Su influencia sobre el establishment político americano es notoria. Desde el 11 de septiembre la empresa lucró con la guerra contra el terrorismo. Ella invirtió en la U. S. Information Services (USIS) una compañía particular de investigación que actúa en el departamento federal de aviación, en las aduanas, y en el ministerio de defensa. Rubenstein, el mayor accionista de Carlyle, forma, junto com sus socios, una poderosa red global con la capacidad de invertir dinero en países, mercados, sectores, de apoyar candidatos em elecciones por el mundo, de participar de foros de definición de prioridades políticas, etc. La actuación de Carlyle deja claro cómo existe en EUA, una sociedad entre políticos y megaempresarios de las finanzas para moldear la política estadounidense en el sentido de exportar, por ejemplo, mecanismos de conducción de mercado que favorezcan la facilidad de los intercambios financieros globales que, evidentemente, favorecen al dólar y los grandes fondos de equity en las manos de la super-élite financiera de EUA.
 
Todo esto prueba, sin necesidad de insistir mucho, que un patriotismo antiglobalista que elige a los EUA como amigo preferencial es nada más que una farsa, un engodo tremendo. No es preciso insistir que Bolsonaro y su equipo quieren estrechar lazos con EUA, esto es notorio. Dentro de esto la visión de Brasil de Bolsonaro es la siguiente: se pauta en la idea de Brasil como um binomio de “Menas/Tierras cultivables”. Las patriotadas de Jair y su ministro –en verdad un mero fantoche del sr. Carvalho, un sujeto sin autonomía intelectual alguna– se fundan en la idea de la “grandeza del Brasil” (idea meramente retórica con fines demagógicos al estilo pluma bic mientras se alía al rentismo mundial) como mina y hacienda, algo que nos lleva, directamente de vuelta no a 1964 sino a la época de la República Vieja (I República de Brasil, 1889-1930) en que nuestra élite, sin ningún proyecto nacional, se contentaba con las ganancias del café mientras el país naufragaba en el atraso técnico de cara a las grandes naciones. La historia se repite como tragedia o farsa. Ahora se repite como farsa, sobre todo ante un pueblo que no consigue ver que, en una época de aceleración de las innovaciones científicas en el campo de la informática, robótica, electrónica, etc., invertir en un proyecto de “Brasil Grande” vía minas y bananas es suicidio nacional, y colocar las futuras generaciones condenadas al atraso eterno e insuperable, destinadas a vivir de sub-empleos poco rentables.
  
3- ¿Por qué aliarse a EUA siempre fue un mal negocio para el Brasil?
En los tiempos del presidente Juscelino Kubitschek (JK), el Brasil buscó un nuevo modelo de crecimiento. El café, en la época, sufrió una caída brusca en las exportaciones para EUA: en 1956 tuvimos una ganancia de 1 millardo de dólares contra 845 millones de dólares en 1957. Eso, en pleno boom industrial nacional, forzó al Brasil a buscar nuevos mercados. En este mismo momento, el FMI impuso al Brasil medidas monetaristas que impedían a JK tomar préstamos, atrasando nuestro crecimiento. El gobierno de EUA afianzó la decisión del FMI que forzaba, entonces, a toda la América Latina a entrar en políticas de combate a la inflación lo que significaba reducir inversions en la industria. Esta política trajo violentas protestas en el Perú y en Venezuela. Eso llevó a JK a encuadrar los EUA exigiendo nueva política económica para América Latina bajo el riesgo de verla cayendo bajo la bota del comunismo. Se formó entonces la Operación Panamericana que buscaba hacer a EUA estabilizar los precios de compra de nuestras commodities o a reinvertir nuestros excedentes en préstamos que promoviesen nuestro crecimiento. Para la OPA, las desigualdades profundas dentro del Continente Americano reforzaban el subdesarrollo generando las condiciones sociales para una revolución comunista.
  
El Brasil quería, como dijo entonces JK, “formar al lado de Ocidente, pero no deseamos constituir su proletariado”. El interés americano aquí era, únicamente, garantizar el acesso a las reservas de petróleo de Venezuela, de cobre de Chile, de estaño de Bolívia y de uranio, torio y manganeso de Brasil, a fin de garantizar el abastecimiento de sus industrias. Lo que preocupaba a los estadounidenses era mantener un clima de estabilidad en estos países que proporcionasen la exploración privada de estos yacimientos dado que aventuras comunistas o nacionalistas podían significar estatizaciones que harían a su industria perder materia prima basilar. Los americanos interferían siempre y apenas en pro de la manutención del buen clima para los negocios de su industria.
  
En la misma época, de cara a la insensibilidad de EUA a los apelos de la OPA, JK pensó en buscar acuerdos comerciales con la URSS que elevó, en el año de 1957, en 1,6 millardos de dólares, la ayuda a los países subdesarrollados con intereses bajos y facilidad de flujo de productos agrícolas. El Objetivo de JK y de Itamaraty [nombre informal del Ministerio de Exteriores de Brasil, y en general, de la diplomacia brasileña N. del T.] era retomar lazos con la URSS usando tal medio como anzuelo para conseguir concesiones de lado de los EUA frente a las exigencias de la OPA. El clima de guerra fría y el miedo del comunismo llevaron a la opinión pública brasileña a no apoyar la idea de aproximación con la URSS, que no fue aplicada mucho también por que EUA, ante la revolución cubana, acabó aceptando algunas condiciones de la OPA, destinando 500 millones de dólares para proyectos asistenciales de colonización de tierras, higiene y habitación para los países de América Latina. Todavía eso quedó por debajo de lo esperado por JK, que reivindicaba capitales públicos de EUA para dinamizar la industria nacional y el mercado brasileño. Nada de esto aconteció. Este hecho ejemplifica bien la continuidad de la política de EUA frente a América Latina, siempre vista como su quintal, como su mercado consumidor de productos de alto valor agregado y proveedor de materias primas baratas. Si el peligro comunista no hizo a EUA enfriarse en esta su tradicional política de dependencia impuesta a los países latinoamericanos, ¿por qué lo enfriaría ahora?
 
4- Conclusión
Algunos podrían objetar que los intereses de China y de Rusia podrían ser usados, estratégicamente, por el gobierno Bolsonaro, para obtener ventajas al Brasil en el contexto de una relación bilateral con la USA. Pero esto no sería posible si tuviésemos un ministro de exteriores que no fuese ideológicamente cooptado por un pseudofilósofo que sirve bovinamente a los intereses de EUA a cambio de su estadía confortable por allá. En la época de JK, la reorientación de Itamaraty, en el sentido de presionar a USA, fue obra de Augusto Frederico Schmidt y Francisco Clementino de San Tiago Dantas que, oriundos de la derecha nacionalista, luego ambos integralistas, influenciaron a JK para tomar la iniciativa verdaderamente patriótica. Pero con esta derecha apátrida que tenemos aquí ahora, una derecha que lame las botas de Trump, es imposible que esto se dé, pues le falta la debida independencia ideológica.
 
Todo esto prueba que el gobierno Bolsonaro es todo menos patriótico. Seguir creyendo en eso, después de todo lo que expusimos, es cretinismo intelectual o comprometimiento espurio con un plan de desguace del país.

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