jueves, 2 de mayo de 2019

LAS CONDENAS A MARÍA VALTORTA ANTES Y DESPUÉS DEL CONCILIO

Traducción del artículo publicado por Giuliano Zoroddu para RADIO SPADA.
   
   
El affaire María Valtorta (Caserta, 14 de marzo de 1897 – Viareggio, 12 de octubre de 1961) se arrastra por más de sesenta años en el panorama eclesiástico y la presunta mística cobra ciertamente curiosidad, si no también veneración entre los católicos. Del resto, en un período como el nuestro, con una Iglesia víctima de una cincuentenal ocupación modernista siempre más claramente tal, es natural que el pueblo sea zarandeado por los vientos e incluso se sumerja de cabeza en revelaciones privadas (verdaderas o presuntas) que dan explicaciones inmediatas al drama en curso, olvidando sin embargo que solo una es la Revelación que cuenta, aquella hecha por Dios en la Tradición y/o en la Sagrada Escritura, fielmente enseñada por el bimilenario magisterio de la Iglesia Católica. Iglesia Católica que se ha pronunciado varias veces sobre la obra de María Valtorta. Lo ha hecho por ejemplo en 1959, cuando el Santo Oficio inscribió en el Índice de los Libros Prohibidos los cuatro volúmenes de El Poema del Hombre-Dios (ver foto):
 
Suprema Congregación del Santo Oficio
 
Decreto
Proscripción de libros
  
Miércoles, 16 de Diciembre de 1959
 
Los Eminentísimos y Reverendos Cardenales de la Suprema Congregación del Santo Oficio, a quienes ha sido confiada la salvaguardia de las cosas de la Fe y la Moral, luego de recibir las opiniones previas de los Consultores, han unánimemente condenado y ordenado que los libros de un autor anónimo, en cuatro volúmenes, sean inscritos en el Índice de Libros Prohibidos, siendo el primero de esos libros:
  • Il Poema di Gesù [El Poema de Jesús] (Tipografia Editrice M. Pisani, Isola del Liri); 
seguido por,
  • Il Poema dellUomo-Dio [El Poema del Hombre-Dios] (Ibidem). 
  
El día Viernes de ese mismo mes y año, el muy santo y digno señor Juan XXIII, Papa por gracia de la Divina Providencia, en una audiencia dada al Eminentísimo y Reverendo Cardenal Secretario del Santo Oficio, tras escuchar el reporte de los reverendísimos padres, aprobó esta resolución y mandó que sea publicada.
  
Dado en Roma, en la sede del Santo Oficio, 5 de Enero de 1960.
  
Sebastián Masala, Notario
  
Y de tal condena daba explicación el Osservatore Romano del miércoles 6 de enero de 1960 en el artículo “Una vita di Gesù malamente romanzata” (Una vida de Jesús malamente novelada):
En otra parte de nuestro Diario se ha informado el Decreto del Santo Oficio con el cual viene puesta en el Índice una Obra en cuatro volúmenes, de autor anónimo (al menos en esta prensa) editada en ll’Isola del Liri. Aunque tratando exclusivamente de argumentos religiosos, dichos volúmenes no tienen algún “imprimatur”, como requiere el Can. 1385, 1 n.2 C.I.C. El Editor, que en un breve prefacio, escribe que el Autor, “a semejanza de Dante nos ha dado una obra en la cual, adornados de espléndidas descripciones de tiempos y de lugares, se presentan innumerables personajes los cuales se dirigen y nos dirigen su dulce, o fuerte, o amonestadora palabra. Ha resultado ua Obra humilde e imponente: el homenaje literario de un dolorante enfermo al Gran Consolador Jesús”. En cambio, a un atento lector estos volúmenes aparecen nada más que una larga y prolija vida novelada de Jesús. En parte la vanidad del acercamiento a Dante y no obstante que ilustres personalidades (cuya indudable buena fe fue sorprendida) habían dado su apoyo a la publicación, el Santo Oficio ha creído necesario ponerla en el Índice de los Libros prohibidos. Los motivos son fácilmente identificables por quien tenga la cartuja paciencia de leer las casi cuatro mil páginas de tan apretada impresión. Sobre todo el lector es golpeado por la largueza de los discursos atribuidos a Jesús y a la Virgen Santísima; por los interminables diálogos entre los múltiples personajes que pueblan aquellas páginas. Los cuatro Evangelios nos presentan a Jesús humilde, reservado; sus discursos son sencillos, incisivos, pero de la máxima eficacia. En cambio en esta especie de historia novelada, Jesús es locuaz al máximo, casi reclamístico, siempre pronto a proclamarse Mesías e Hijo de Dios y a impartir lecciones de teología con los mismos términos que usaría un profesor de nuestros días. En el relato de los Evangelios admiramos la humildad y el silencio de la Madre de Jesús; en cambio para el autor (o la autora) de esta obra la Virgen Santísima tiene la elocuencia de una moderna propagandista, está siempre presente en todas partes, está siempre pronta a impartir lecciones de teología mariana, actualizadísima hasta en los ultimísimos estudios de los actuales especialistas en la materia. El relato se desarrolla lento, casi chismoso; encontramos nuevos hechos, nuevas parábolas, nuevos personajes y tantas, tantas mujeres siguiendo a Jesús. Algunas páginas, pues son más que todo escabrosas y recuerdan ciertas descripciones y ciertas escenas de novelas modernas, como, para traer solo algún ejemplo, la confesión hecha a María por una tal Áglae, mujer de malas costumbres (vol. I, pág. 790 ss.), el relato poco edificante en la pág. 887 ss. del I vol., un baile hecho, no púdicamente precisamente, ante Pilato, en el Pretorio (vol. IV, pág. 75), etc. En este punto viene, espontáneamente una particular reflexión: la Obra por su naturaleza y en conformidad con las intenciones del autor y del Editor, podría fácilmente llegar a las manos de las religiosas y las alumnas de sus colegios. En este caso, la lectura de fragmentos del libro, como los citados, difícilmente podría ser realizada sin peligro o daño espiritual. Los especialistas de estudios bíblicos encontrarán ciertamente muchos errores históricos, geográficos y similares. Pero tratándose de una… novela, estas intenciones evidentemente aumentan lo pintoresco y lo fantástico del libro. Mas, en medio de tanta ostentada cultura teológica, se pueden tomar algunas… perlas que no brillan precisamente por la ortodoxia católica. Aquí y allá se expresa, sobre el pecado de Adán y Eva, una opinión más que todo peregrina e inexacta. En el vol. I, en la pág. 63 se lee este título: “María puede ser llamada la secundogénita del Padre”: afirmación repetida en el texto en la página siguiente. La explicación limita el significado, evitando una auténtica herejía; pero no quita la fundada impresión que se quería construir una nueva mariología, que pasa fácilmente los límites de la conveniencia. En el II vol., en la pág. 772 se lee: “El Paraíso es Luz, perfume y armonía. Pero si en él se disfruta al Padre contemplando la Suma Belleza que hace de la Tierra un paraíso, pero si el Paraíso debiese no tener el Lirio vivo en cuyo seno los Tres pistilos de fuego de la divina Trinidad, luz, perfume, armonía, alegría del Paraíso, sería menos de la mitad”. Aquí se expresa un concepto hermetico y cuanto más confuso, por fortuna; porque si se debiese tomar literalmente, no se salvaría de una severa censura. Para finalizar, veamos otra afirmación extraña e imprecisa, en la que se dice de la Virgen: “Tú, en el tiempo que dures sobre la Tierra, segunda a Pedro como jerarquía eclesiástica...”. La Obra, pues, habría merecido una condena también si se tratara solamente de una novela, no por otro motivo que la irreverencia. Pero en realidad la intención del autor pretende más. Descorriendo los volúmenes, aquí y allá se leen las palabras “Jesús dice…”, “María dice…”; o: “Yo veo…” y similares. También, al final del IV volumen (pág. 839) el autor se revela … una autora y escribe ser testigo de todo el tiempo mesiánico y de llamarse María (Valtorta). Estas palabras hacen recordar que, hace casi diez años, rodaban algunas voluminosas mecanografías, que contenían pretendidas visiones y revelaciones. Consta que entonces la competente Autoridad Eclesiástica había prohibido la impresión de estas mecanografías y había ordenado que fuesen retiradas de la circulación. Ahora las vemos reproducidas casi totalmente en la presente Obra. Por eso esta pública condena de la Suprema Sagrada Congregación es tanto más oportuna, en motivo de la grave desobediencia.
  
Pero se objetará que después del Concilio Pablo VI abolió el Índice de los Libros Prohibidos, luego la obra valtortiana, liberada de la proscripción, había obtenido alguna rehabilitación. Y efectivamente la duda es posible, y para resolver la cuestión el Cardenal Giuseppe Siri, Arzobispo de Génova, en 1985 le escribió al Cardenal Joseph Ratzinger, entonces Prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, el cual, el 31 de enero de aquel mismo año, así respondía:
Eminencia reverendísima, con carta del 18 de mayo próximo pasado, el Reverendo… pedía a esta Sagrada Congregación una claridad sobre los escritos de María Valtorta, recogidos bajo el título el título: “El Poema del Hombre Dios“, y si existía una valoración del Magisterio de la Iglesia sobre la publicación en cuestión con la correspondiente referencia bibliográfica.
  
En mérito me precio de significar a Vuestra Eminencia –la cual valorará la oportunidad de informar al reverendo …– que efectivamente la obra en comento fue puesta en el Índice el 16 de diciembre de 1959 y definida por L’Osservatore Romano del 6 de enero de 1960 como “Vida de Jesús malamente novelada”.
  
Las disposiciones del decreto fueron republicadas con nota explicativa también en el Osservatore Romano del 1º de diciembre de 1961, como resalta en la documentación aquí allegada. Habiendo después algunos considerado lícita la impresión y difusión de la Obra acusada, luego de la acaecida abrogación del Índice, siempre en el Osservatore Romano (15 de junio de 1966) se hizo presente cuanto fue publicado en la A.A.S. (1966) que, aunque abolido, el Index conservaba todo su valor moral, por lo que no se considera oportuna la difusión y recomendación de una Obra cuya condena no fue tomada a la ligera, sino luego de ponderadas motivaciones a fin de neutralizar los daños que tal publicación puede reportar a los fieles más ingenuos.
   
Agradezco toda su cortés disposición sobre el propósito, aprovechando la ocasión para confirmarme con sentimientos de profunda estima de vuestra Eminencia reverendísima.
   
Devotísimo,
  
Joseph Cardenal Ratzinger
  
La cuestión es bastante clara: ¡la Iglesia nos invita a no leerlo!

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