sábado, 6 de junio de 2020

LA IGLESIA EMBARCADA: LOS CAPELLANES EN LA ARMADA ESPAÑOLA DE 1588

Por Pedro Luis Chinchilla para ARMADA INVENCIBLE.
  
 
Carmelitas descalzos, franciscanos, trinitarios, jesuitas… Muchas órdenes religiosas embarcaron con su fe, su voluntad de entrega al prójimo, sus conocimientos médicos y también con sus ansias de expansión en la Gran y Felicísima Armada de 1588.
   
La Empresa de Inglaterra se concibe en gran medida como una empresa religiosa, casi como una cruzada. El duque de Medina Sidonia ya afirmaba en su orden general:
“El principal fundamento con que S. M. se ha movido a hacer y emprender esta jornada ha sido, y es, a fin de servir a Dios nuestro Señor y reducir a su Iglesia y gremio muchos pueblos y almas que oprimidos por los herejes enemigos de nuestra Santa Fe Católica los tienen sujetos a sus se[c]tas y desventuras”.
Por ello, todos los participantes deberían de embarcar “confesados y comulgados, con gran contrición de sus pecados, como yo espero que lo harán todos”.
 
Y, efectivamente, así se hizo. El 15 de julio de 1588 el propio duque informaba al rey de cómo había dispuesto que, en una isla existente en La Coruña (islote de San Antón), se instalasen tiendas y altares para que todos los frailes que iban embarcados en la Armada Invencible pudiesen confesar y dar la comunión a todas las dotaciones que hasta allí se habían dirigido.
  
Reafirmando el sentido espiritual de la Jornada de Inglaterra se había incluido en la orden general que:

“Ningún soldado, marinero, ni otra persona que sirva y ande en esta Armada, no blasfeme ni reniegue de nuestro Señor, ni de nuestra Señora, ni de los Santos”.
También se prohibía la presencia a bordo de “mujeres públicas y particulares”, circunstancia que no se cumplió en el caso de las “particulares” como ya comentamos en nuestro artículo de “las mujeres de la Armada Invencible”.
  
Además de las mujeres embarcadas en la urca Santiago, tenemos noticias de otras mujeres a bordo. De hecho, Fernández Duro afirma que la explosión que ocurrió a las cuatro de la tarde del 31 de julio de 1588 en la nao San Salvador, la almiranta de Oquendo, y provocada por un artillero de la misma nao, fue consecuencia de un ataque de celos de este. Esos celos se llevaron por delante la vida más de 200 hombres y ocasionó la captura de la San Salvador por los ingleses.
  
La segunda misión que tenían los religiosos embarcados era la atención sanitaria a los enfermos y heridos. La mejor prueba de ello es que el libro de asientos del personal de hospital de la Gran Armada es la que incluye a todos los religiosos embarcados.
  
Las referencias al cometido sanitario de los religiosos son constantes incluso antes de la partida de la Armada Invencible. A Lisboa se mandaron frailes de San Agustín y el Carmen para cuidar de los enfermos aquejados de la epidemia que se propagaba en las naves allí ancladas en julio de 1587.
  
Los religiosos garantizaban a bordo una adecuada asistencia a los heridos mientras marineros y soldados realizaban sus tareas. Los hermanos de San Juan de Dios tenían, de hecho, esa tarea como única misión.
  
Ahora bien, había un tercer cometido que viene, en gran medida, a justificar la presencia en la Armada de 1588 de miembros de prácticamente todas las órdenes religiosas españolas del periodo.
  
Es el General de la Orden de los Dominicos el que nos da las pistas sobre este tercer cometido:
“Y si nuestro Señor fuere servido, que mediante la sobredicha Armada, se conquisten algunos reinos y provincias de infieles que hayan de reducir a la Cristiandad, donde ahora o en tiempos pasados, hay o haya monasterios de nuestra orden, encargo y mando me dé aviso de ello, para que los dichos monasterios se reduzcan a la orden que antiguamente tenían (…) y procure reducir los dichos monasterios a la orden como antes estaban, tomando posesión de ellos y de los bienes y hacienda temporal que posea”.
Muy posiblemente otras órdenes religiosas dispusieron de esas mismas instrucciones, por lo que es fácil deducir que estas tenían como objetivo, en el caso de ocupar Inglaterra, el hacerse cargo de sus antiguos monasterios.
 
Virgen de la Almudena, imagen muy unida a la historia de la Gran Armada de 1588
   
Carmelitas, franciscanos de España y Portugal, franciscanos descalzos, carmelitas descalzos, mercedarios, trinitarios, jesuitas y padres de la Victoria, hasta un total de 149 miembros de las distintas órdenes se fueron sumando a la Gran Armada anclada en Lisboa en 1588.
  
Durante la permanencia de la Armada en La Coruña, en los meses de junio y julio de 1588, se incorporaron también 26 nuevos religiosos, entre ellos 3 de la Orden Tercera y 7 de la recientemente creada por el antiguo soldado Bernardino de Obregón, los “Obregones”, una orden ya desaparecida y que mantuvo durante su existencia una vinculación muy fuerte con la Armada.
 
En total, 175 hombres de fe dispuestos a cuidar, sanar y curar, proporcionar los sacramentos y dar apoyo espiritual, pero también con la misión de retornar a la fe católica los monasterios de tierras conquistadas.
  
Religiosos que padecieron junto a marineros, nobles y soldados las mismos avatares y las mismas penalidades. Era, por eso mismo, justo recordarlos.
  
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Bibliografía:

  • La sanidad en la Jornada de Inglaterra. Manuel Gracia Rivas. Ed.Naval 1990
  • Los Oquendo: historia y mito de una familia de marinos vascos. Manuel Gracia Rivas. Revista de Estudios Marítimos del País Vasco. 2009
  • La Armada Invencible. Cesáreo Fernández Duro. Madrid 1885

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