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jueves, 24 de octubre de 2019

SOBRE LA EXHUMACIÓN DEL GENERALÍSIMO POR EL DICTADOR PEDRO SÁNCHEZ, EN CONTUBERNIO CON LA JERARQUÍA APÓSTATA

Hoy se llevó a cabo el acto de mayor bajeza de toda la democracia, hoy el PSOE llevó a termino un acto de venganza, profanando la tumba de Francisco Franco, el hombre que salvó a España del mayor genocidio católico de la historia, llevado a cabo por los socialistas del PSOE durante la segunda república.
   
Lo triste es que no sólo nadie ha salido en su defensa, sino que los que provocaron la guerra,  quedan impunes con monumentos, calles, colegios y plazas en su memoria, Largo Caballero, La Pasionaria, Carrilo y un largo etcétera, a pesar de que la Unión Europea los equipara al nazismo y deben de quitarse.
   
Esto también invalida la amnistía de la transición, pues se beneficia continuamente a un bando en detrimento del otro.
   
El PSOE no causó la guerra sólo: tuvo a la URSS, al PCE y a los separatistas vascos y catalanes. Y hoy, 80 años después de perder la guerra que ellos mismos crearon, ha llevado a cabo la profanación con el apoyo del PP, Podemos, los separatistas vascos y catalanes, la obsecuencia de un Tribunal Supremo politizado e incensado por el Vaticano comunista y la ingrata Conferencia Episcopal Española. Pero Dios es el Juez supremo, y con toda justicia a cada quien pondrá en su sitio.
  
🙋🏻‍♂🇪🇸

JORGE RONDÓN SANTOS
24 de Octubre de 2019
Fiesta de San Rafael Arcángel

martes, 24 de septiembre de 2019

EL SATÁNICO BERGOGLIO APOYA LA EXHUMACIÓN DE FRANCO ORDENADA POR EL GOBIERNO PEPESOE

Hoy, los seis magistrados de la Sala Tercera-Sección Cuarta del Tribunal Supremo de España (conformado por Jorge Rodríguez-Zapata Pérez, Celsa Picó Lorenzo -catalana, amiga de la minstra de defensa Margarita Robles y miembro de Jueces y Juezas para la Democracia, José Luis Requero Ibáñez -opusino-, María del Pilar Teso Gamella, Segundo Menéndez Pérez y Pablo María Lucas Murillo de la Cueva -cercano al Partido Nacionalista Vasco, y ponente de la sentencia- y que sesiona en el antiguo convento de las Salesas Reales de Madrid) votaron unánimes que, en aplicación de la «Ley de “Memoria histórica”» (promulgada por José Luis Rodríguez Zapatero, sancionada por Juan Carlos Puigmoltó-Borbón y no derogada por Mariano Rajoy Brey), los restos del Generalísimo Francisco Franco Bahamonde fueran exhumados de la Abadía del Valle de los Caídos para ser inhumados en el cementerio de Mingorrubio-El Pardo, secundando uno de los objetivos politiqueros y demagógicos del golpista Pedro Sánchez Pérez-Castejón, quien aspira a ser refrendado tras las elecciones generales del 10 de Noviembre. Este es un capítulo más entre la lucha de los epígonos de los republiquetos que CAUSARON y PERDIERON la guerra civil, en reconstruir la Historia a su conveniencia, y ahora con la bendición de Francisco Bergoglio (quien imita a Roncalli y Montini en su odio a España, otrora Baluarte del Catolicismo).
  
Tomamos de ALERTA DIGITAL este análisis.
  
Profanación de la iglesia del Carmen
  
Como es sabido, el Frente Popular fue esencialmente una alianza de separatistas, totalitarios y golpistas, con fuertes rivalidades y odios internos, manifiestos en represalias, torturas y asesinatos entre ellos, cosa que se trata de olvidar, borrando arbitrariamente parte significativa de la realidad histórica. No obstante esos odios, había al menos una cosa en la que estaban todos de acuerdo: la Iglesia católica debía ser aniquilada y erradicada del presente y en lo posible del pasado de España.
   
Las «7.000 rosas» asesinadas durante la represión republicana de las que el PSOE no se acuerda
  
En consecuencia, el Frente Popular organizó durante la guerra civil y aún antes, el exterminio, menudo con sadismo extremado, del clero y de muchas personas distinguidas por su catolicismo, la destrucción sistemática de templos, a menudo de gran mérito artístico, monasterios de poso histórico, bibliotecas valiosísimas y hasta cruces de los cementerios. Se trató, técnicamente, de un genocidio. Esa labor fue acompañada del saqueo de bienes y tesoros artísticos, utilizados luego para asegurar un exilio bien llevadero a los dirigentes. En esa tarea participaron todos los partidos, unos con más intensidad que otros, y alguno encubriendo o justificando la persecución ante el exterior. Una persecución que acarreó un grave descrédito al Frente Popular en los países democráticos, incluso en aquellos tradicionalmente hostiles al catolicismo, donde la mayor parte de la opinión pública la vio como la explosión de barbarie que sin duda fue.
  
La puerta de Alcalá de Madrid con el retrato de Stalin durante la II República
  
La razón de esa política que, mirada en retrospectiva, deja una impresión de alucinamiento, estribaba y estriba en la noción ideológica de que la Iglesia era la causante de un atraso español muy exagerado por la propaganda de esos partidos; y de todos los males sociales concebibles. Por tanto su influjo debía ser sustituido por el de unas ideologías que traerían al país, o a algunas de sus regiones separadas, una brillante ilustración, libertad y prosperidad. De hecho se trataba de ideologías importadas y vulgarizadas al nivel de simples consignas, que no solo originaban odio a la Iglesia, sino entre esas mismas ideologías. Quizá fue ello lo que llevó al escritor liberal Gregorio Marañón, uno de “los padres espirituales de la república”, a tacharlas acremente de “estupidez y canallería”. No hará falta extenderse sobre las realidades que han generado en varios países europeos.
  
Militantes socialistas profanan una iglesia durante la II República.
   
Pero cualquiera sea la opinión sobre la Iglesia o las ideologías hostiles a ella, el hecho histórico evidente es que el cristianismo constituye la base y raíz de la cultura tanto española como europea, habiendo generado una acumulación simplemente gigantesca de arte, ciencia y pensamiento manifiesta en la obra de miles de escritores, arquitectos, pintores, pensadores o científicos. Este mero hecho exige, tanto para creyentes como para no creyentes, una actitud de esencial respeto, cualquiera sea su criterio sobre la relación actual entre religión y política. La experiencia prueba que la pérdida de ese respeto conduce directamente a la barbarie, como ocurrió en España.
  
Quema de iglesias durante la Segunda República
    
Pues bien, los católicos, y los no católicos que admitimos de estas evidencias, tenemos la absoluta obligación moral y política de reconocer la importancia histórica de Francisco Franco en el salvamento de la Iglesia y de la cultura cristiana. Esta obligación corresponde en primer lugar al papa, los obispos y otras jerarquías eclesiásticas. Y por tanto, debemos denunciar y oponernos con energía a los planes del actual gobierno de ultrajar los restos de aquel gran personaje histórico. No deben admitirse en modo alguno sus pretensiones de encubrir con la bandera de la democracia unos designios radicalmente antidemocráticos, provocadores de odios que nos retrotraen precisamente a aquellos tiempos de barbarie.
  
EL VATICANO: «NADA MÁS QUE AÑADIR»

  
El Vaticano mantiene su postura sobre la exhumación de Franco y precisa que no tiene «nada más que añadir» ante el fallo del Tribunal Supremo (TS), que ha avalado por unanimidad la decisión de Gobierno de Pedro Sánchez de sacar los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos y su posterior inhumación en el cementerio de El Pardo-Mingorrubio, que había sido recurrida por la familia del dictador.
  
Los Franco se oponían y reclamaban que, en todo caso, la reinhumación se produjese en la Catedral de la Almudena, donde compraron una cripta. El recurso ha sido rechazado en su totalidad.
  
Los seis magistrados no solo deben pronunciarse sobre la exhumación, sino también sobre el nuevo emplazamiento, con la premisa de que la familia solo ha dado la cripta de la catedral como opción
  
«La Santa Sede se ha manifestado ya en su momento sobre el caso Franco. No hay nada más que agregar», han señalado fuentes de la Santa Sede.
    
  
El Vaticano se ha pronunciado en varias ocasiones en relación a la exhumación de Franco, y concretamente a través de una carta que el Secretario de Estado, Cardenal Pietro Parolin, envió el pasado mes de febrero a la vicepresidenta del Gobierno español, Carmen Calvo. En definitiva, la Santa Sede defiende que la decisión «concierne a la familia, al Gobierno español y a la Iglesia local». Asimismo, señalaba que la exhumación es «competencia del Estado español y está sometido al Derecho y a la Justicia española».

El Juzgado de lo Contencioso-Administrativo 3 suspendió de forma cautelar el informe con el que se aprueban las obras en el Valle de los Caídos, escollo que el Gobierno todavía tiene que superar
  
Posteriormente, en julio de este mismo año, el Vaticano también se refirió a la declaraciones del ya exnuncio en España, Renzo Fratini, que aseguró en una entrevista con Europa Press que con su medida el Gobierno había conseguido «resucitar a Franco». La Santa Sede aseguró que estas declaraciones se realizaban «a título personal».
 
El entonces director «ad interim» de la Oficina de Prensa, Alessandro Gisotti, reiteró que la posición de la Santa Sede sobre el tema de la exhumación de Franco «es clara» y «ha sido ya expresada oficialmente». Recientemente, se ha conocido que el próximo nuncio en España será el hasta ahora observador del Vaticano ante la ONU, el filipino Bernardito Azúa, aunque su nombramiento oficial aún está pendiente por parte de la Santa Sede.
   
NO LLEGÓ A PRONUNCIARSE SOBRE LA ALMUDENA
 
Catedral de la Almudena.
   
Aunque el Vaticano ha mantenido reiteradamente que la exhumación de Franco es una cuestión que compete a Gobierno y familia, no ha llegado a pronunciarse sobre una posible inhumación en la Catedral de La Almudena.
  
De hecho, en octubre de 2018, tras la reunión mantenida entre la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, y el secretario de Estado de la Santa Sede, Pietro Parolin, la Santa Sede precisó en un comunicado que no se opone a la exhumación de Francisco Franco, «si así lo han decidido las autoridades competentes».
  
Pero también aclaró que en ningún momento se había pronunciado sobre el lugar de la inhumación, ante la posibilidad de que fuera enterrado en la catedral de La Almudena. En el comunicado del Gobierno español, Calvo afirmaba que había manifestado su preocupación por la posible sepultura en la catedral de la Almudena y su deseo de explorar otras alternativas, también a través del diálogo con la familia» y que al cardenal secretario de Estado «le pareció oportuna esta solución».
  
ABADÍA DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
    
Asistentes al Valle de los Caídos
  
Por su parte, fuentes de la Abadía del Valle de los Caídos, al frente de la cual está el prior Santiago Cantera, han señalado que hasta que no estudien el fallo no podrán valorarlo. En su recurso, la comunidad benedictina considera que no hay razones objetivas para llevar a cabo la exhumación de Franco.
  
Los monjes benedictinos del Valle de los Caídos son los gestores de la basílica y gozan de autonomía, de forma que sobre el prior solo tienen autoridad el abad de la Abadía de Solesmes, Philippe Dupont, y el Papa.

viernes, 28 de junio de 2019

EL SAGRADO CORAZÓN Y ESPAÑA

Traducción hecha por don Antonio Moiño Munitiz del artículo publicado en LA CONTRE-RÉFORME CATHOLIQUE. Tomado de AMOR DE LA VERDAD.
  
En las revelaciones de Paray-le-Monial, en el siglo XVII, los jesuitas fueron elegidos para ser los apóstoles del Sagrado Corazón. Pero la demanda de Paray-le-Monial fue mal recibida en la Compañía de Jesús, al menos en Francia y Roma. (…)
 
Sin embargo, en España, gracias a una serie de acontecimientos providenciales, los miembros más prominentes de la Compañía se embarcaron en el plan divino revelado en Paray-le-Monial. Ciertamente, el Padre Bernardo de Hoyos estaba predestinado y preparado por una serie de gracias extraordinarias, en el noviciado, para hacer triunfar  la causa del Sagrado Corazón. Algunas de las apariciones y visiones con que fue favorecido, le revelaron los tesoros inagotables de la misericordia y la gracia escondida en el Sagrado Corazón.
  
Durante el reinado de Felipe V, se le manifestó la gran promesa” del Sagrado Corazón: “Reinaré en España, y con más veneración que en otras partes”. Así fue cómo España fue preservada del jansenismo. Veremos a continuación cómo el reinado del Sagrado Corazón siguió su curso durante los siglos siguientes, los eclipses temporales que sufrió, y qué principios e imperativos doctrinales condicionan hoy su restauración. (…)
  
EL REINADO DEL SAGRADO CORAZÓN, INSTAURADO Y RESTAURADO.
El Padre Hoyos conocía las promesas hechas a Santa Margarita María en favor de los que honraran el Sagrado Corazón, y dieran un lugar a su imagen en sus hogares. Por ello hizo imprimir grabados que fueron por primera vez enviados a la Corte, donde fueron recibidos con reverencia. (…) Después , se propagaron rápidamente por el país, así como una Novena en honor del Sagrado Corazón, la cual fue enviada a los miembros de la Corte y a los obispos de los reinos de España. (…) 
  
El Padre Cardaveraz, que fue uno de los directores espirituales del Padre Hoyos, escribió: “ El demonio hace todo lo posible para lograr  nuestra negligencia este apostolado, porque Nuestro Señor atendiendo a nuestras súplicas, comunicará a los hijos de Ignacio el fuego que consume su Corazón, y que consumirá el mundo”. (…)
  
CELOSOS MISIONEROS
Puede asegurarse que los grandes predicadores españoles de la Compañía respondieron con ardor a la llamada del Padre Cardaveraz. (…) Puédese juzgar el éxito de su ministerio por el testimonio del Padre Calatayud“Durante los catorce meses que duraron las misiones populares sólo en la provincia de Asturias, fueron fundadas ciento dos cofradías del Sagrado Corazón” (…). Fundada en Madrid en septiembre de 1736, la Congregación del Colegio Imperial de los Jesuitas tuvo representantes de la más alta nobleza del reino, e insufló su ardor y su vida en otras congregaciones del Sagrado Corazón. Los nobles, príncipes y princesas, la Reina y el Rey dieron su nombre y se alistaron en las cofradías. Felipe V fue el primero que se inscribió. (…)  
  
Los jesuitas no estuvieron solos en la labor: los amigos que contaban entre el episcopado hicieron de la causa del Sagrado Corazón su causa personal. Además, sólo tres años después de la muerte del Padre Hoyos, los obispos reunidos en concilio enviaron una petición al Papa para obtener su permiso para celebrar en sus diócesis, el Oficio y Misa del Sagrado Corazón. (…) 
  
El Papa Clemente XII fue renuente a la celebración litúrgica del Sagrado Corazón, y rechazó esta petición. En 1745 los obispos de la provincia de Tarragona renovaron de nuevo sus instancias con el nuevo Papa, Benedicto XIV.
 
A pesar de la persistente negativa de los Papas, la “gran promesa” ya se había logrado: “Durante diez años, desde 1735 hasta 1745, el Sagrado Corazón reinó verdaderamente en España ya ganada a su amor”.
 
SEPULTADOS CON CRISTO
El rey Fernando VI y la Reina, Doña Bárbara, y la reina madre Doña Isabel Farnesio, se inscribieron en la Cofradía del Sagrado Corazón.
  
Sin embargo, bajo su sucesor, Carlos III, tuvo lugar el destierro de los jesuitas, promulgado el 2 de abril de 1767, con la denuncia del culto del Sagrado Corazón de Jesús: “Descubrimos en las asociaciones del Sagrado Corazón, elementos de una vasta conspiración que intentaría de acuerdo con los expulsados poner en peligro el trono. Por lo tanto las manifestaciones públicas del culto del Divino Corazón quedan prohibidas”.
  
Suprimida la Compañía en Portugal en 1759, en Francia en 1764, la Compañía fue disuelta finalmente por el mismo Papa en 1773. Por no haber respondido a las demandas de Paray-le-Monial, los jesuitas sufrieron un castigo terrible. La devoción de los jesuitas españoles al Sagrado Corazón no les ahorró la persecución. (…)
 
Sin duda, la advertencia que Nuestro Señor hiciera a Santa Margarita María: “Mi Divino Maestro no me dijo que sus amigos no tendrían  que sufrir nada, sino que quiere que ellos obtengan su mayor felicidad en gustar su amargura”.

Igualmente el Padre Hoyos escribió: “Dios siente una especial satisfacción al ver que la Compañía iza el estandarte de su Nombre y le imita en el sufrimiento, en las tribulaciones, contradicciones y persecuciones que todos verán. Jamás faltará a la Compañía la persecución, y si algún día no la padeciera, que tenga un gran temor porque ella no faltó jamás a su Capitán”. 
  
RENOVACIÓN DE LA DEVOCIÓN POR FERNANDO VII
Después de los disturbios, desórdenes, y problemas causados por Napoleón en la Península, los descendientes de Felipe V reanudaron esta devoción. Carlos IV, después de su abdicación, y Fernando VII durante su encarcelamiento en Valençay, recapacitaron. Tanto el padre como el hijo volvieron sus ojos al Sagrado Corazón de Jesús y pusieron toda su confianza en Él.
  
“En su detención en Valençay, Fernando se obligó con un voto a fundar, una vez alcanzada la libertad, una cofradía del Sagrado Corazón en la capital del reino. Restaurado, contra toda esperanza, en el trono de sus padres, en 1814 llevó a cabo su promesa de fundar una cofradía del Sagrado Corazón en la iglesia del Real Monasterio de la Visitación de Madrid. El mismo Rey asistió a su inauguración, con la reina y la familia real.
  
Pero Fernando VII fue más allá: pidió al Papa Pío VII el que  aprobara formalmente para  la Iglesia de España la devoción al Sagrado Corazón. Era,  como dijo, la forma más eficaz para reactivar la devoción de sus súbditos. 
   
El Santo Padre se apresuró a aceptar la petición del monarca  y aprobó esta devoción para toda la Iglesia de los dominios españoles, ordenando que la fiesta se celebrara el viernes después de la octava de Corpus Christi, con el rito de segunda clase”.
 
Además, Fernando VII revocó por real decreto todas las medidas adoptadas en contra de la Compañía de Jesús. (…) Durante su reinado, las nuevas cofradías religiosas consagradas a la adoración de la Eucaristía y del Sagrado Corazón experimentaron un desarrollo extraordinario.
  
Este culto llegó a ser un culto público; el Estado español era un Estado oficialmente católico. Aunque la Constitución de 1812 era liberal en algunos aspectos, sin embargo, especifica: “La religión de la Nación española es y será por siempre la católica, apostólica y romana, la única verdadera religión. La Nación la protegerá por medio de leyes sabias y justas, y prohibirá el ejercicio de cualquier otra religión”.
  
ALFONSO XIII, CONSAGRADO AL SAGRADO CORAZÓN
Este rey fue favorecido en su infancia con un milagro del Sagrado Corazón. A la edad de cuatro años, en 1890, sufrió una indigestión tan perniciosa que los médicos consideraron que perdería la vida. La madre priora de un convento de Madrid, a sabiendas de que estaba para morir, envió a su madre la reina regente, María Cristina, un escapulario del Sagrado Corazón, para que se lo impusiera a su Majestad. Además le animaba a consagrarlo al Corazón de Jesús, en el caso de que obtuviera la salud. La reina impuso el escapulario a su hijo. Contrariamente a todos los pronósticos, disminuyeron los dolores, y quedó sano.
  
Seis meses más tarde, durante la novena al Sagrado Corazón, en la parroquia de San Martín, el 10 de junio de 1890, la reina solemnemente consagró a sus tres hijos al Corazón de Jesús. 
  
En Madrid, durante el Congreso Eucarístico Internacional en 1911, Alfonso XIII, que siempre llevaba el escapulario del Sagrado Corazón, realizó la consagración de España a Jesús ante la Eucaristía. Además, el Congreso reprobó la laicidad señalando que las naciones tenían obligación de dar en homenaje a Nuestro Señor Jesucristo la reparación y adoración de la Nación, reconociendo los derechos de su  soberanía sobre las personas, recibidos en heredad de su Padre Celestial”. Se trataba de luchar contra la apostasía oficial de los poderes públicos, antaño cristianos, es decir puestos en sumisión a Dios, y que hoy, bajo pretexto de neutralidad, ignoran sus leyes, en tanto que naciones, e intentan expulsarlo de la vida pública.
  
La decisión de construir un monumento al Sagrado Corazón, cerca de Madrid, en el cerro de los Ángeles, centro geográfico de la península, respondía a este deseo. (…) Alfonso XIII dio su apoyo, a pesar de las presiones y amenazas de la masonería de Madrid. (…)
   
El 30 de mayo de 1919, después de la bendición del monumento por el nuncio apostólico, el Rey, que entonces tenía treinta y tres años, rodeado por los miembros del gabinete, representantes de las Cortes y de los órganos del Estado, pronunció solemnemente, ante una multitud inmensa, un acto de consagración de España al Sagrado Corazón . (…)
  
El 19 de noviembre de 1923, en Roma, durante una audiencia papal, Alfonso XIII, acompañado por el general Primo de Rivera, hizo un discurso magnífico ante el Papa Pío XI, presentándose a sí mismo como heredero de los Reyes Católicos:
En la historia española, fluye libremente, Santo Padre, la savia de la fe. Si la cruz de Cristo ya no se levantara sobre nuestro país, ¡España dejaría de ser España!”. (…)
  
Tras recordar la consagración nacional al Sagrado Corazón, continuó: “Al pedir respetuosamente vuestra bendición para España, mi familia y los valientes soldados que luchan en África por la justicia y la civilización, solemnemente os prometemos que si un día, Su Santidad decidiera hacer una Cruzada contra los enemigos de nuestra santa Religión, España y el Rey, fiel a vuestras órdenes, no desertarían del puesto de honor que se les asignan por sus gloriosas tradiciones, del triunfo y la gloria de la Cruz, que no sólo es el  símbolo de la fe, sino también de ¡la paz, la justicia, la civilización y el progreso!”.
  
Pero ante esto el Papa, declinando su ofrecimiento de la Cruzada, le dio una amonestación paternal   invitándole a enrolarse en la vía del liberalismo: “En el noble y grande pueblo español, existen también hijos desgraciados, incluso los más amados por Nos, que se niegan a acercarse al Divino Corazón. Dígales que no les excluímos, sino que por el contrario, nuestros pensamientos y nuestro amor son para ellos”.
  
La Cruzada “contra los enemigos de nuestra santa religión”, propuesta por Alfonso XIII, la emprendería con éxito el General Franco, quince años después. (…)
  
ESTADO CATÓLICO DEL GENERAL FRANCO 
Francisco Franco recibió de su madre y de sus maestros una educación profundamente católica. Fueron muchos los soldados de su ejército que fueron a la lucha con el detente del Sagrado Corazón en el pecho.
  
Los rojos, que habían tomado el Cerro de los Ángeles, se encastillaron allí y llegaron en su funesto juego a disparar a la estatua del Sagrado Corazón que presidía el cerro. El 7 de agosto de 1936, destruyeron el monumento con dinamita. Sin embargo, el saqueo, la  profanación y el sacrilegio provocaron en el pueblo una reacción saludable. Mons. González García, el santo obispo de Palencia, escribía al párroco de Torrelobatón, el 5 de septiembre de 1936: Gracias a Dios, vemos en todas partes un gran renacer religioso, pero en esta parroquia de Torrelobatón, es todavía mayor que en otras partes la devoción y amor por el Sagrado Corazón de Jesús. Esto no podía ser de otra manera ya que son Uds. los hermanos del Santo Padre Hoyos. (…)
  
En los territorios reconquistados, el general Franco restableció la dichosa cooperación de Iglesia y Estado con perfecta armonía de los dos poderes. El historiador Claude Martin hizo un balance de las medidas de reparación adoptadas por el Caudillo:Él restauró la Iglesia en la posición  privilegiada de la antigüedad, declaró el catolicismo la religión del estado, hizo regresar a los jesuitas expulsados de España por la República, hizo obligatorio el estudio de la religión en las escuelas y universidades, derogó la ley de divorcio y restauró el valor legal del matrimonio religioso. El estado implantó la subvención de los clérigos.
  
En esta materia, dijo el Caudillo a las Cortes en 1953, no hay engaños ni fraudes. Si somos católicos, nos salen al paso las obligaciones que se derivan de este hecho. En las naciones católicas, las cuestiones de fe pasan a ser de primera importancia para el Estado. La salvación o perdición de las almas, el aumento o disminución de la verdadera fe son problemas de capital importancia que no pueden dejarnos indiferentes”.
  
A comienzos de los años 40, los obispos españoles recibieron las advertencias de nuestro Señor, por medio de la Hermana Lucía de Fátima, para reformar la moral del clero. La Virgen Peregrina de Fátima recorrió la Península y recibió “un apoteósico y extraordinario homenaje” en Madrid en mayo de 1948. A las puertas de la capital, que entonces tenía 800.000 habitantes, Nuestra Señora recibió la aclamación de un millón y medio de fieles. El 26 de mayo, Nuestra Señora fue llevada a la residencia del Generalísimo Franco, donde fue recibida por todo el personal civil y militar en la capilla del palacio. (…)
  
El  Cardenal Cerejeira, Patriarca de Lisboa, dijo en su discurso del 30 de mayo, en la ceremonia de clausura: “Fátima es al culto al Corazón Inmaculado de María, lo que Paray-le-Monial fue para el culto del Sagrado Corazón. Fátima, en cierto sentido, es la continuación, o más bien, la conclusión de Paray-le-Monial: Fátima une a estos dos corazones que Dios ha unido en la obra divina de la Redención”.
  
Después de las lluvia de gracias, en todas las regiones de España, el Caudillo, el 12 de octubre de 1954, hizo a los pies de la Virgen del Pilar una admirable consagración de la nación española al Inmaculado Corazón de María.
   
Este acto de consagración afirmó la soberanía de los Sagrados Corazones de Jesús y María en el Estado español, y contiene por ello, implícitamente, un rechazo de la doctrina de la libertad religiosa, doctrina que se basa en dos principios: primero, la dignidad trascendente y el derecho inalienable de todo ser humano a que sus creencias religiosas no sufran ningún impedimento en actos públicos, y por otro lado, la incompetencia del Estado en materia religiosa.
 
De acuerdo con la enseñanza constante de la Iglesia universal, el concordato firmado en 1953 entre la Santa Sede y el gobierno español oficialmente desaprobaba la libertad religiosa. (…)
 
Ciertamente, si quien quiera trabajar con eficacia por el reinado del Sagrado Corazón, primero tiene que rechazar la impía doctrina convertida en el “nuevo dogma” del Concilio Vaticano II, a saber, el derecho social a la libertad en materia religiosa, y todo lo que sigue, en particular la teoría del Estado democrático, neutral, indiferente a Dios y servidor de la libertad individual. 

La Suprema Verdad es Cristo, escribió el abate Georges de Nantes. Él es nuestra justicia, nuestro derecho, la belleza suprema. Pero Cristo Jesús es una Persona, Persona divina encarnada, y por lo tanto, sujeto incomparable de los derechos sociales más amplios” (CRC No. 218, enero de 1986, pág. 3).
  
Por lo tanto, principalmente a través del reconocimiento explícito y de la solemne proclamación de los derechos sociales de nuestro amado Salvador, la Iglesia y el Estado, felizmente concertados, pueden restaurar o crear, en nuestras naciones, el Reinado de su Divino Corazón.
 
Extracto de Il est ressuscité!, Volumen 4, No. 25, agosto de 2004, págs. 15-20

martes, 20 de noviembre de 2018

AUNQUE LO DIGA FELIPE VI, FRANCO NO FUE UN DICTADOR

Tomado del Blog de Emilio Utges Huerta.
   
AUNQUE LO DIGA FELIPE VI, FRANCO NO FUE UN DICTADOR, SINO TODO LO CONTRARIO: UN LIBERTADOR Y UN CAUDILLO POR LA GRACIA DE DIOS.

 
Que los herederos del Régimen del 18 de Julio, sean los que acabaran con él. Que después de muerto lo traten de dictador. Que los que acusan de dictador a Franco, sean precisamente dictadores natos. Que los herederos que acusan a Franco de “dictador” se hayan morreado con Carrillo, los hermanos Castro, Chávez, Maduro. Que acepten como “demócratas” a la patulea de Mas, Puigdemont, Torrá, Pablo Iglesias y toda su patulea como Carmena, Colau, Monedero, Echenique, Errejon.., Pedro Sánchez (dictadores en potencia). ¿Cómo pueden tachar a Franco de “dictador”?
   
  
El Alzamiento Nacional cívico-militar no surgió para establecer una dictadura, si no para derribar la dictadura rojo-separatista de la II República ilegal e ilegitima, impuesta tras un golpe de Estado. Esta es la primera premisa. Que los golpistas republicanos atribuyan al Alzamiento de golpistas, no tiene sentido. Es como si unos atracadores, trataran a la policía que los detiene de delincuentes.
   
  
Pero si ya es escandaloso que el emérito se cargara el Régimen de Franco que re-instauró la monarquía. Mas lo es, que además se posicione del lado de los que mediante un golpe de Estado, acabaran con la monarquía. Es como si unos okupas te echan de tu casa por las bravas, un militar los echa a la calle y entrega la vivienda a su legitimo dueño. Y ese dueño traiciona al militar para que vuelvan los okupas.
   
  
¿Cómo Franco podía ser un “dictador” si España entera lo amaba, como nunca antes? Murió en una cama de un hospital de la Seguridad Social, y lo lloró un 85% de los españoles.
 
    
En Cataluña era la región de España donde era más amado. No había separatismo alguno, más que de cuatro corruptos como Jordi Pujol que quería hacer de esta región su cortijo y robar a los catalanes al por mayor.
  
  
Ya en los años sesenta, Franco aministió a todos por delitos de la guerra civil. Pudieron regresar los exiliados con las manos manchadas de crímenes. España estaba reconciliada, porque el bando nacional quiso olvidar y perdonar.
    
Los tribunales de Franco dictaron 13.000 penas de muerte y la mayoría no fueron ejecutadas (Gral. Larrazabal). Frente a 70.000 crímenes en la retaguardia del bando rojo. A esto le llaman represión, los que se ufanan de pertenecer a partidos marxistas que tienen sobre sus espaldas 150 millones de crímenes. Para ser un “dictador”, mucho le tembló la mano. Lo de la gente que esta enterrada en fosas comunes, hasta la fecha todas las que abren las tienen que cerrar porque solo aparecen victimas del bando nacional. Dan por “desaparecidas y sepultadas” a los que se exiliaron y no les dio la gana de regresar. Yo conocí en España a desaparecidos de Chile y Argentina. Así que ya me sé el cuento de estas bandas criminales.
  
 
¿Que no había partidos políticos? En esto tienen toda la razón. Pero la respuesta es muy sencilla. Lo hizo por el bien de la clase media. Los partidos políticos no solo no solucionan nada, si no que arrasan con todo y solo están para generar conflictos y enfrentamientos para luego postularse como la solución. Es el empobrecimiento y envilecimiento de una sociedad. Con Franco eramos la 8ª potencia mundial. Se creó la clase media. Los trabajadores tuvieron las mayores conquistas sociales del mundo. La mejor Sanidad también del mundo. No había paro. Estaba prohibida la usura. No había pobreza. Dejó las cárceles con 6000 presos (ahora hay mas de 80.000). Había libertad de expresión, que no libertinaje. Eran por miles los chistes de Franco que hasta él mismo contaba. Ahora no hay humoristas porque todos los temas están prohibidos.
  
 
¿Había censura? ¡Si! Para no exaltar y hacer homenajes y proselitismo a los terroristas. Para que el cine no fuera una escuela de violencia, degradación humana y fomento de todos los vicios.
     
¿Había aborto? ¡No! Porque el Estado apoyaba a las familias en todos los ordenes. Para que hubiese relevo generacional y se pudiesen pagar las pensiones mucho más elevadas que ahora. La Seguridad Social cubría todo el importe de los medicamentos y ahora hasta los pensionistas tienen que pagar con el eufemismo del copago. Ante el peligro de la vida de la madre, los médicos salvaban a ella en todos los casos que era necesario elegir. Un trabajador podia mantener a la esposa y 16 hijos y hoy una pareja no puede mantener un hijo.
  
  
¿Había divorcio? ¡No! Para que los hijos no sufrieran los espantosos dramas que hoy por cientos de miles acaban con trastornos psiquiatras que serán crónicos. Pero se podían separar. Que yo recuerde, nunca escuché jamás que una mujer muriese por violencia machista.
  
¿Había libertad sindical? ¡Si! Siempre ganaba el trabajador frente al empresario, salvo casos extremos.
     
¿Había desahucios? ¡Rotundamente no! Una porque la Ley lo prohibía. Dos porque la gente trabajaba. Tres porque estaba la usura prohibida. Con la mierdocracia ¿saben que ley se cambio? Pues la legalización de la usura.
  
 
No les voy a agotar más. El tema daría para varios libros. Pero después de 40 años adoctrinando noche y día a todos los ciudadanos por tierra, mar y aire para que crean que viven en el mejor de los mundos y antes una dictadura. Solo unos breves datos. El régimen “democrático” ha costado la muerte a unos tres millones de españoles. Más de dos por los abortos (ahora lo pagamos los pensionistas). El resto por las drogas, alcohol, terrorismo, la delincuencia en general. O sea, seis veces más de muertes que en la contienda. Esta es la cruda realidad.
 
 
Franco nunca fue un dictador. Todo lo contrario. Un libertador. El más grande de los santos que ha parido España, que no este canonizado es debido a la decadencia de la propia Iglesia. La profanación de su tumba, es el segundo magnicidio que cometerá este vil y depravado sistema. Ya vimos cuantos españoles tuvieron la dignidad y lealtad hacia España misma, en no asistir al acto de desagravio en “El Valle de los Caídos”, entre otros La Voz de su Amo. Un “dictador” no da sepultura a los del bando rojo-separatista junto a los del bando vencedor. Tampoco reinstaura una monarquía, sino que pone los mecanismos para perpetuar el régimen por él creado. Así mismo, hubiese decretado ser enterrado en la Basílica de El Valle.
  

miércoles, 25 de abril de 2018

PABLO VI, DESTRUCTOR DE LA CATOLICIDAD ESPAÑOLA

Tomado de ADELANTE LA FE, no sin antes precisar los siguientes aspectos.
  1. En aplicación del Decreto-Ley 10 del 26 de Agosto de 1975 sobre prevención del terrorismo, fueron condenados a muerte once terroristas del Frente Revolucionario Antifascista y Popular (FRAP) y del ETA Político-Militar, de los cuales seis fueron indultados por el Consejo de Ministros, mientras que los cinco restantes (José Humberto Baena Alonso, José Luis Sánchez-Bravo Solla y Ramón García Sanz -del FRAP-; Juan Paredes Manot alias Txiki, y Ángel Otaegui Etxeberria alias Caraquemada o Azpeiti -del ETA-pm-) fueron fusilados el 27 de Septiembre.
  2. En respuesta a las protestas surgidas en Europa -donde incluso la embajada española en Lisboa fue incendiada-, el 1 de Octubre de 1975 tuvo lugar la manifestación de la Plaza de Oriente, donde el Generalísimo Franco alzó su voz:
    «Todo lo que en España y Europa se ha armado obedece a una conspiración masónico-izquierdista, en contubernio con la subversión comunista-terrorista en lo social, que si a nosotros nos honra, a ellos les envilece».
    Fue su último acto público, ya que el 20 de Noviembre falleció.
  3. Vicente Enrique y Tarancón fue arzobispo de Toledo desde 1969 hasta 1971, cuando fue nombrado arzobispo de Madrid tras la muerte de don Casimiro Morcillo González (quien, vale anotar, fue parte del Cœtus Internationális Patrum, que defendía la Doctrina Católica durante el conciliábulo).
  4. Giovanni Battista Montini Alghisi fue hereje y apóstata, y en aplicación de la Bula Cum ex Apostolátus (confirmada por el Motu Próprio Inter Multíplices y el Código Pío-Benedictino de Derecho Canónico), NUNCA FUE PAPA DE LA IGLESIA CATÓLICA. Si el Generalísimo Francisco Franco Bahamonde (quien es mucho más santo que Montini) llegó a considerarlo como tal en 1963, fue porque en aquella época no existía la claridad teológica que hoy tenemos sobre el Sedevacantismo y porque nadie se imaginaba lo que sucedería posteriormente. Y en cuanto a las palabras de Montini tras la lectura del Testamento del Generalísimo, ellas NO SON MÁS QUE EXPRESIÓN DE UN ARREPENTIMIENTO TARDÍO, ESTÉRIL E INÚTIL, que hacen recordar aquel incidente del Lunes de Pentecostés de 1970.
Sin más, el artículo del doctor Mario Caponnetto (hermano de Antonio).
   
PAULO VI Y LA ESPAÑA DE FRANCO
   
     
La Santa Sede ha anunciado, como es sabido, la canonización del Papa Paulo VI el próximo mes de octubre. Con motivo de este anuncio nos ha parecido oportuno redactar esta nota sobre uno de los aspectos más controvertidos y negativos del Pontificado del Papa Montini.
  
***
  
Dicen que cuando el Cardenal Juan Bautista Montini fue elegido Papa el 21 de junio de 1963 uno de los funcionarios del Gobierno del Generalísimo Franco dirigiéndose al entonces Jefe del Estado Español exclamó: Ha ocurrido lo peor para España, el cardenal Montini es el nuevo Papa. A lo que el Caudillo habría replicado: El Cardenal Montini ya no existe; ahora es el Papa Paulo VI y España le guardará el respeto y la filial obediencia que merece.
  
La anécdota, que supongo cierta, revela dos cosas: la primera que Franco fue realmente un gobernante católico, hijo fiel de la Iglesia a la que sirvió siempre como corresponde a un Príncipe cristiano; la segunda, que se equivocó redondamente pues el nuevo Papa llevaría adelante una guerra implacable, digna de mejor causa, contra el único Estado católico de Europa hasta lograr, tras la muerte del Caudillo, su total desaparición. Una vez más pudo decirse con propiedad en la historia de España aquello del Cid: ¡Dios, qué buen vassallo! ¡si oviesse buen señor!
   
Las conflictivas relaciones de Montini con el régimen surgido tras la Cruzada del 18 de Julio de 1936 reconocen antecedentes lejanos. En su documentada obra La Iglesia y la Guerra Española (1936-1939), Blas Piñar recuerda que Juan Bautista Montini creció en el seno de una familia fuertemente comprometida con la Democracia Cristiana, de reconocida tendencia democratista y antifascista (un antifascismo, me permito acotar, no siempre fundado en las razones más correctas y acordes con la Doctrina Social de la Iglesia). El padre, Jorge, fue diputado por el Partido Popular cuyo fundador y presidente fue el sacerdote italiano Luigi Sturzo quien al llegar al poder Benito Mussolini se exilió en Estados Unidos. Este sacerdote, al igual que el filósofo francés Jacques Maritain, fue un crítico implacable del bando nacional durante la Guerra Española del 1936 a 1939 a la que negaba el carácter de Cruzada que le había sido reconocido por la casi totalidad del Episcopado Español. También un hermano suyo, Ludovico, había sido diputado por la Democracia Cristiana después de la Segunda Guerra en tanto que otro hermano, Francesco, tras emigrar a la Argentina, marchó a España donde se alistó en las Brigadas Internacionales y murió en combate del lado del bando rojo. El joven Juan Bautista, sobre el que gravaba además una fuerte influencia del pensamiento mariteniano, creció por tanto en un ambiente familiar e intelectual fuertemente hostil a Franco y a la Cruzada, hostilidad que llegaba, incluso, a apoyar abiertamente la causa republicana no obstante la feroz persecución religiosa desatada por la República y pese al explícito apoyo de la Santa Sede a la causa nacional[1].
   
En su época de Secretario de Estado de Pío XII eran conocidas las vinculaciones de Montini con Palmiro Togliatti, el histórico líder del Partido Comunista italiano, Al parecer, relata Blas Piñar, “tanto a Montini como a Togliatti les gustaba mucho el canto gregoriano”[2]. Durante la gestión de Montini como Secretario de Estado tuvo lugar un hecho escandaloso: el seguimiento y posterior detención por orden de Pío XII de Monseñor Alighiero Tondi, miembro del Partido Comunista que había ingresado al Instituto de los Jesuitas por orden del partido, por ende, un infiltrado, quien se desempeñaba como secretario particular de Monseñor Montini. Este Tondi había sido sorprendido mientras fotocopiaba documentos secretos de la Santa Sede; interrogado, confesó que era agente de la KGB y que enviaba a sus jefes moscovitas documentos robados relacionados con los sacerdotes y obispos que el Papa Pacelli enviaba secretamente a la Unión Soviética a fin de asistir a los fieles católicos y realizar ordenaciones. Gracias a este perverso espionaje (los documentos sustraídos por Tondi llegaban a destino por medio de Togliatti) aquellos sacerdotes y obispos enviados a las URSS fueron descubiertos y asesinados. De esta manera nada menos que el amigo y el secretario de Montini aparecía directamente involucrados en una acción de espionaje que costó la vida de los abnegados enviados secretos del Papa al “paraíso” comunista. Este escándalo tuvo por resultado la destitución de Montini como Secretario de Estado y su traslado a la sede arzobispal de Milán[3].
   
Como Arzobispo de Milán, Montini tuvo su primer enfrentamiento público con Franco. Fue a causa de un pedido suyo de clemencia por unos anarquistas condenados a muerte en 1963: un tal Grinau, ejecutado el 20 de abril de 1963, y otros dos, Granados y Salgado, ejecutados el 17 de agosto de ese año. El Caudillo denegó el pedido de clemencia aduciendo, lo que era estrictamente cierto, que se trataba de peligrosos agentes comunistas autores de numerosos crímenes durante la guerra. El historiador José Andrés Gallego, en su libro La época de Franco, refiriéndose a estos hechos escribe: “La petición de gracia del entonces Cardenal Montini para unos anarquistas condenados a muerte anticipó las difíciles relaciones entre Franco y Montini, después que éste fuera elegido Papa”; y añade a continuación esta interesante observación: “La negativa de Franco a renunciar al anacrónico derecho de presentación fue sólo parte del conflicto, en cuyo fondo estaba el contraste entre la Iglesia del Segundo Concilio Vaticano, que Pablo VI había llevado a puerto, y el régimen de Franco”[4].
   
Esta última observación resume la clave de todo este asunto. El Concilio Vaticano II, principalmente a través de la Declaración Dignitátis humánæ, sobre la libertad religiosa imprimió un cambio radical en el modo de concebir las relaciones de la Iglesia con los Estados. El Estado Católico (que suponía la tolerancia de los otros cultos en los casos en que ello resultara necesario en orden al bien común) fundado en lo que se conocía como “la unión del Trono y del Altar” y que hasta entonces constituía el ideal del Estado promovido y alentado por el Magisterio (con las consiguientes actualizaciones que los tiempos aconsejaban) fue directamente dejado de lado y sustituido por una nueva concepción, la llamada “libertad religiosa” que consagró, de hecho, el pluralismo indiscriminado de todas las religiones y aún del ateísmo con prescindencia de toda referencia específica de los Estados a reconocer los derechos de la verdadera religión. Pero ocurría que, precisamente, el Estado que Franco había construido tras la victoria del 39 era un Estado explícitamente confesional cuya legislación se conformaba en todo con la doctrina de la Iglesia. En 1953, y tras no pocas y laboriosas negociaciones, España había suscripto con la Santa Sede un Concordato tenido en su tiempo como modelo. Dicho Concordato reconocía en su Preámbulo que su objetivo era regular las relaciones entre la Santa Sede y el Estado Español “en conformidad con la ley de Dios y la tradición de la nación española”. El artículo primero, por su parte, declaraba que la Religión Católica “seguía siendo la única de la Nación española”. Además completaba la restauración de los privilegios del Clero, que habían sido eliminados en una parte en políticas liberales, consagraba la absoluta libertad de la Iglesia respecto de cualquier eventual control o censura de parte del Estado, sostenía el libre ejercicio en todo el territorio español de las actividades de los grupos de Acción Católica, aseguraba la independencia de la Iglesia, garantizaba el aspecto jurídico de la misma y la validez del Matrimonio Canónico. Pero el punto que finalmente resultaría el más cuestionado fue que este Concordato confería al Jefe del Estado  el derecho de presentar los Obispos para su designación por parte de Roma. Sin duda, ante los nuevos aires conciliares, todo esto resultaba anacrónico. Paulo VI fue la piqueta encargada de llevar a cabo la destrucción sistemática de este Estado visto como un inadmisible residuo de un pasado definitivamente superado.
   
Los primeros conflictos surgieron a raíz del mencionado derecho de presentación de obispos. Paulo VI presionó a Franco forzándolo a que renunciase a este derecho. El Caudillo no cedió alegando entre otras razones precisamente la existencia del Concordato que en ese caso debía ser revisado o reformado. En respuesta a esta negativa, Paulo VI puso en marcha una astuta política de designación de Obispos que, de hecho, representaba una franca violación de los términos del Concordato. Merced a esta política en poco tiempo la configuración del Episcopado Español cambió por completo con la designación de obispos fuertemente comprometidos con el progresismo y el aggiornamento conciliar y francamente desafectos al régimen franquista cuando no decididos opositores; estos obispos se hicieron con el control total de la Iglesia española reduciendo a sus pares de la “vieja guardia” a un grupo minoritario y silenciado.
   
Al respecto Blas Piñar relata en su mencionado libro una conversación que Joaquín Ruíz Giménez, al finalizar como embajador de España ante la Santa Sede mantuvo con Paulo VI. El Papa le recomendó al diplomático saliente que fundara en España la Democracia Cristiana a lo que Ruíz Giménez respondió que eso era imposible porque el Episcopado Español apoyaba a Franco con quien simpatizaba. Paulo VI fue muy claro: Usted preocúpese del Partido, porque de los obispos me encargo yo[5]. Vaya si se encargó de los obispos. El mismo Blas Piñar me dijo, en cierta ocasión, que la abolición del Estado Católico en España había sido obra casi exclusiva de los obispos designados por Paulo VI. El cambio radical del Episcopado culminó con la designación del Cardenal Vicente Enrique y Tarancón en la Sede Primada de Toledo en reemplazo del fallecido Cardenal Casimiro Morcillo. Tarancón, enemigo declarado de Franco, iba a ser la pieza clave de Paulo VI en su descabellada guerra contra un Estado católico.
   
Las tensiones fueron in crescendo. Obedeciendo a las directivas del Concilio el Estado Español confesionalmente católico se vio obligado a reformar el artículo 6 del Fuero de los Españoles dejando de lado la doctrina tradicional sobre la libertad de cultos en la que dicho artículo se había inspirado[6]. La tensión llegó a un punto máximo en 1975, poco antes de la muerte de Franco: un grupo de cinco terroristas etarras fue condenado a muerte por un Tribunal Militar en El Goloso. Paulo VI, reiterando su gesto de la época de Arzobispo de Milán, pidió el indulto de los condenados los que, pese al pedido papal, fueron ejecutados en septiembre de 1975. A raíz de esta condena se desató una indigna campaña mundial de desprestigio contra el Gobierno español que presentaba a esos terroristas, autores de brutales asesinatos de policías, mujeres y aún niños, como si fueran unos honrados opositores a la “dictadura”. El pedido del Papa, formulado no sólo a través de gestiones diplomáticas sino hecho público ante la multitud reunida en la Plaza de San Pedro durante el rezo del Ángelus, se sumaba, así a esta campaña aumentando enormemente la presión contra el Gobierno. Franco, que había indultado a cuatro de los procesados, ya que en principio eran nueve los sentenciados, respondió que con profunda tristeza se veía obligado a no acceder al pedido del Santo Padre en defensa de una elemental justicia. Pero un hecho más vendría a incrementar las tensiones: en octubre de ese mismo 1975 un policía que había sido afectado a la custodia del Tribunal de El Goloso que condenó a los cinco terroristas fue vilmente asesinado por los compañeros de andanzas de los fusilados. Todo el pueblo español esperaba ansiosamente una condena del Papa a este hecho aberrante. Fue en vano pues la única respuesta de Paulo VI fue el más sepulcral de los silencios[7].
   
Pocos meses después de estos episodios Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España, entregaba su alma a Dios. Se iniciaba, de este modo, el oscuro período de la llamada Transición que culminaría con la liquidación total del Estado erigido sobre la limpia Victoria del Primero de Abril de 1939. El mismo Blas Piñar nos cuenta que a la muerte de Franco, según testimonio del Cardenal Tarancón, Paulo VI tuvo palabras de reconocimiento hacia su figura y su obra: “Ha hecho mucho bien a España y ha proporcionado un desarrollo extraordinario y una época de larguísima paz. Franco merece un final glorioso y un recuerdo digno de gratitud”; y al leer el Testamento de Franco, exclamó: “¡Me equivoqué con este hombre!”[8].
   
Reconocimiento sin duda valioso que habla bien de Paulo VI. Pero tardío. El mal ya estaba hecho y sus consecuencias duran hasta hoy. Franco se llevó a la tumba el último Estado Católico de Occidente, un Estado fruto de una larga y paciente obra de reconstrucción, levantado sobre la sangre y el sacrificio de miles de héroes y de mártires que regaron con su sangre las tierras de España.
   
MARIO CAPONNETTO
   
NOTAS
[1] Cf. Blas Piñar, La Iglesia y la Guerra Española (1936-1938), Madrid, 2011, páginas 258 y siguientes.
[2] Ibídem.
[3] Ibídem.
[4] José Andrés Gallego, La época de Franco, Madrid, 1991.
[5] Cf. Blas Piñar, La Iglesia y…, o. c., página 270.
[6] Ibídem.
[7] Ibídem.
[8] Ibídem.

lunes, 20 de noviembre de 2017

A GOLPES DE BIEN

  
Bravamente clamaba y se insurgía José Antonio contra monstruosas desigualdades, contra abusos inveterados que parecían inconmovibles, contra la vida infrahumana de muchos españoles; y quería, con radical obsesión, que disfrutasen todos, plenariamente, de “la Patria, el Pan y la Justicia”.
 
Su expresión es lema incorporado al nuevo Fuero del Trabajo, código de avanzada justicia social. Y Franco tuvo por predilecta frase: “Ni un hogar sin lumbre, ni un español sin pan”. Y al propio tiempo que afrontaba las arduas urgencias de la guerra, quiso y logró implantar, con eficiencia admirable, reformas e instituciones que volviesen tangible el gran propósito.
 
Con más intensidad todavía prosigue en la tarea, después de la victoria. Por sobre los apremios económicos y los graves problemas internos y exteriores, persiste Franco, tercamente, con heroico denuedo, en la implantación de la justicia social.
 
Amonesta el caudillo a los que ahora, validos de lo excepcional de las circunstancias, quieren burlar la estabilización de los precios y especular con los artículos de consumo indispensable:
“Si el sentido patriótico de nuestro pueblo le ha llevado a consumar el máximo de sacrificio por la patria —dar la vida y la de los propios hijos—, ¿es mucho pedir el que sacrifiquen unos pocos los excesos de su codicia? La nueva España no puede aceptar el tipo de comerciante o productor desaprensivo que especula con la miseria ajena... En esto, como en todo, se implantará justicia, contra las murmuraciones de los unos, contra el egoísmo de los otros, contra las vanas intrigas de los politicastros para siempre caídos. Yo os dije desde el primer día de la guerra, que luchábamos por una España mejor, y que serían estériles los sacrificios nuestros si no realizábamos la Revolución indispensable a nuestro progreso económico y estabilidad política... Nada ni nadie puede torcer nuestro camino: que el tesón que pusimos en las duras batallas de la guerra, hemos de superar en las que imponga la realización de nuestra Revolución nacional”.
  
 
Y, hombre verdaderamente identificado con su pueblo, hombre que abre su corazón y comunica democráticamente sus dificultades y propósitos con la nación que rige, prosigue el gran estadista:
“Cómo lo lograremos, es lo que hoy me interesa participaros; que lo mismo que ayer vivisteis en los partes de guerra el glorioso marchar de nuestras tropas, podáis seguir mañana los avances del resurgimiento de nuestra patria, sintiéndoos partícipes de esta obra común, que hizo posible la sangre generosa de nuestros héroes, y que será el más hermoso fruto de vuestras privaciones y de vuestro trabajo. Vosotros conocéis cómo es la España que recibimos: con los grupos en lucha, con sus burgos tristes y sus viviendas míseras, sus funcionarios hambrientos y sus obreros sin trabajo; la que entregaba a la muerte, sin defensa, millares de vidas de tuberculosos por año; la que registra la más alta mortandad infantil; la que ofrece el irritante contraste de los palacios suntuosos y las viviendas míseras”.
 
 
Hubo, en las últimas décadas españolas, un gran auge económico que multiplicó las grandes fortunas. Pero “faltó el Estado previsor y justo que aprovechase este fenómeno de multiplicación de bienes, para lograr, con una más justa y equitativa distribución de la riqueza, que se elevase el bajo nivel de vida en que la mayor parte de la nación aparecía sumida”.
 
Lo que no se hizo a tiempo y fácilmente, hoy se hará a toda costa:
“Yo sé que cuando salgan a luz nuestros futuros presupuestos... no han de faltar los eternos agoreros, intentando sorprender la buena fe de los capitalistas timoratos. Yo les digo a estos espíritus apegados a los bienes, que el mejor seguro de sus caudales es la obra de redención que realizamos. Así lo sentíamos y lo anunciábamos cuando salían nuestros voluntarios para los frentes; así lo afirmamos sobre la sangre caliente de los caídos, y así lo exige el sentido profundamente católico de nuestro Movimiento”.
 
Sentido profundamente católico. Así es. Audacia católica. Reforma católica. No el tipo anquilosado y gruñón, que marcha a remolque y deja a los otros iniciar, a punta de odio, la tarea, sino el que se anticipa con alegre osadía y, rompiendo rutinas y componendas, instaura en el terreno de los hechos el Amor y la Justicia que Cristo anunció.
 
Por eso hechiza José Antonio. Por eso Franco y el Movimiento hispánico que rige, persuaden e impresionan a todo espíritu apasionado por la justicia social.
“¿Es que puede algún español permanecer indiferente ante los grandes problemas de la miseria ajena, de la tuberculosis y de tantos males como afectan a nuestras clases humildes?... Yo os aseguro que en estas recepciones que a mi presencia han tenido lugar en las provincias, cuando desfilan con los trajes raídos, su aire cansino y sus rostros macilentos por el trabajo y la vigilia tantos honrados funcionarios, siento la gran tragedia de España y el ansia de esta Revolución de que tanto se asustan los timoratos”.
 
Y ya se ha implantado la iniciación de la mejora, “en los términos discretos que los momentos aconsejan”: un aumento que fluctúa entre el cuarenta por ciento para los sueldos más modestos, y el dieciséis por ciento para los superiores.
 
Por otro lado, atácase victoriosamente la desocupación obrera, mediante la concienzuda multiplicación de obras públicas. Y tres campañas se intensifican: contra la tuberculosis; contra la mortalidad infantil; contra la vivienda sórdida.
 
Contra la tuberculosis.
“Hemos iniciado esta labor en plena guerra, y hemos de continuarla. En el campo sanitario, creamos más de siete mil camas en sanatorios, que son una quinta parte de las necesarias para la lucha antituberculosa. ¿Que para ello se imponen sacrificios mayores a la España sana? Cierto. Pero no debe importarnos el legar a nuestros hijos una carga mayor, ni cabe medida más justa. No dudemos que el juicio que en un mañana merezcamos, será muy distinto del que dolorosamente formamos de los que nos precedieron y no quisieron resolver este problema”.
 
Y todo se hará con matemática rapidez:
“¿Cuál ha de ser el tiempo necesario para realizar esta obra? El mínimo que impongan los estudios de emplazamiento y la materialidad de las construcciones”.
  
Es la enorme mortandad infantil otra causa de pérdidas humanas: son espantosas las cifras que hasta hoy alcanzaba, por descuidos y abandonos evitables. Su remedio es mucho menos costoso, y está en la propaganda, los pequeños auxilios y el admirable y amoroso cuidado, ya iniciado, de nuestra Falange femenina. Esta tiene que ser una de las grandes obras de nuestro Movimiento: llegar a los últimos lugares a donde el Estado no llega...
 
Y véase aquí cómo Franco entiende las limitaciones del Estado; cómo no piensa que el Estado lo absorba y lo haga todo; cómo quiere estimular la actividad privada, respetándole su riqueza de flexibilidad, de intimidad, de calor humano.
 
Finalmente,
“la cuestión de la vivienda constituye otra de las grandes lacras nacionales, y está intensamente ligada a la sanitaria. Más del treinta por ciento de las viviendas españolas son insalubres, según las estadísticas formuladas por nuestra Fiscalía de la Vivienda. Su sustitución por otras en excelentes condiciones no presenta dificultades, por cuanto su construcción significa la creación de una riqueza movilizable, que compensa con creces los pequeños sacrificios estatales”.
 
Ya se ha avanzado mucho, y ahora se activa la realización del inmediato programa: construir, “en diez años, más de doscientas mil casas, allí donde las necesidades son mayores”.
 
Y concluye Franco:
“Estas tres grandes obras —instituciones antituberculosas, de puericultura y viviendas— tienen en sí tal fortaleza, que cuanto pueda decirse en su favor es corto ante las realidades. Su ejecución ha de tener el más grande poder de captación entre nuestros adversarios. A estos golpes hemos de forjar la unidad de España”.
 
¡Magnífico intento! No el odio, no el simple peso material del triunfo, sino la conquista, lenta y segura, de los espíritus, a golpes de bien.
 
ALFONSO JUNCO VOIGT. El difícil paraíso.

domingo, 1 de octubre de 2017

CUANDO FRANCO SALVÓ A 2200 ‘Pied Noirs’ EN ARGELIA, Y SE GRANJEÓ LA ADMIRACIÓN DE CHARLES DE GAULLE

29-30 DE JUNIO DE 1962: FRANCO EN SOCORRO DE LOS PIEDS NOIRS: UNA PAGINA DESCONOCIDA DE NUESTRA HISTORIA
  
  
El 29 y 30 de junio de 1962, la España del General Franco acudió en socorro de los oraneses maltratados por los esbirros del General Joseph Katz, fletando dos ferrys, el “Victoria” y el “Virgen de Africa”.
   
Para arribar a los muelles de Orán, fue absolutamente necesario negociar con las reticentes autoridades francesas, e incluso poner sobre la mesa un ultimátum, arriesgándose a un grave incidente diplomático…
  
El 30 de junio, a las 10 de la mañana, a pesar de la oposición de De Gaulle, el General Franco dio la orden a sus capitanes de embarcar esta “miseria humana” que esperaba ya varios días bajo un sol tórrido, sin la menor asistencia, un hipotético embarque hacia Francia.
  
Franco hizo saber a De Gaulle que él estaba dispuesto a cualquier esfuerzo, incluso militar, para salvar a esas pobres gentes indefensas, abandonadas en los muelles de Orán y amenazados de ser ejecutados en cualquier momento por los bárbaros del FLN (Frente de Liberación Nacional). Para que la cosa no quedara en palabras, ordenó a su aviación y a su marina de guerra tomar rumbo inmediatamente hacia Orán.
   
Finalmente, gracias a la determinación del General Franco y temiendo un conflicto armado, De Gaulle cedió, y el sábado 30 de junio, a las 13:00 hs., dos ferrys españoles llegaron a la costa y embarcaron dos mil doscientos ojerosos pasajeros, 85 vehículos y un camión.
   
Con ocasión del embarque, los valientes capitanes españoles todavía tuvieron que oponerse a que se introdujera en los barcos, de pabellón español, una compañía de la CRS [Compagnie Republicaine de Securité, perteneciente a la Policía], con el fin de pasar lista a los pasajeros y detectar a los miembros fichados de la OAS (Organizaciòn Armada Secreta).
   
Estos capitanes explicaron no haber comprendido jamás la actitud arrogante e inhumana de las autoridades francesas en una situación tan dramática, ante lo que no era otra cosa que una mera “operación de asistencia a personas en peligro de muerte”.
   
Contra viento y marea, a las 15:30 hs., los muelles de Orán, abarrotados de gente, se vaciaron, y los barcos españoles, aunque con una importante sobrecarga, pudieron por fin hacerse a la mar con destino al puerto de Alicante.
  
Durante toda la travesía, se mezclaron las lágrimas de angustia, de pena… y de alegría de estas pobres gentes, rumbo hacia un nuevo exilio, conscientes de haber escapado de lo peor… Cuando por fin la costa española se apareció en el horizonte, un júbilo general se apoderó de estos “refugiados” que se desgañitaban gritando “¡Viva España! ¡Viva Franco!”. Habían escapado, un buen número de ellos, a una muerte programada por las autoridades francesas. Jamás lo olvidaron.
   
En memoria de Jean Lopez, peluquero en Aïn-El-Turck (Orán), que se hizo cargo de llevarme hasta la metrópolis y de embarcarme (yo tenía quince años). Jean fue eliminado precisamente en el puerto de Orán por los ATO (Auxiliares Temporales Ocasionales, cuerpo interino de policía del FLN). No volví a verle…
  
A su viuda y a sus dos hijas, con todo mi afecto.
  
  
Contextualicemos esta carta, publicada en el diario francés JEUNE NATION y traducida por José Antequera: Los ‘Pied Noirs’ (Pies negros) eran los franceses y descendientes de franceses residentes en Argelia desde la época del Imperio Colonial, y su apelativo se debe al uso de zapatos -cosa desacostumbrada entre los bereberes-. Ellos habían quedado atrapados en la guerra civil entre el independentista Frente de Liberación Nacional y el pro-francés Organización del Ejército Secreto (OAS por su sigla francesa), luego de que el presidente de la IV República Francesa, el general Charles de Gaulle, decidiera otorgarle la independencia a Argelia. Y en una actitud inusual, el gobierno francés había dejado a su suerte a los pied noirs; situación ante la cual Franco se decidió a realizar un rescate humanitario a como diera lugar. Pero por lo visto, De Gaulle no le tuvo mayor rencor a Franco (que por cierto, no se conocían personalmente), pues una vez se retiró de la política, fue a visitarlo en 1970 en el Palacio de El Pardo. Esta fue la impresión de De Gaulle sobre el Generalísimo, como recordara once años después Gregorio Marañón Moya:
“No conocía a Franco personalmente. Y tenía muchas ganas de hacerlo. Esta ha sido nuestra primera entrevista. Es inteligente. Tiene bastante imaginación y buena memoria. Pero le he encontrado viejo, muy viejo. ¿Sabe usted que después del rey de Suecia es el político del mundo que más dura en el poder?”

domingo, 20 de noviembre de 2016

PALABRAS DEL GENERALÍSIMO FRANCISCO FRANCO AL INFANTE JUAN CARLOS DE BORBÓN EN MARZO DE 1955

    
Tomado de CONCEPTOS ESPARCIDOS. De más no está decirlo, no reconocemos a la rama Puigmoltó-Borbón como reyes de España, pero el documento es imperdible y lleno de enseñanzas para la vida y el ejercicio político.
«Los reyes no deben fiarse de los aristócratas ni los cortesanos, que les adulan para obtener prebendas. Los reyes tienen que estar en contacto con el pueblo lo más directamente posible para enterarse de sus necesidades y tratar de corregirlas. No cabe duda de que es mucho más agradable el estar con gente culta y refinada, que tiene nuestros gustos y aficiones, por ejemplo deportes, para los cuales hay que disponer de tiempo y dinero, cosa que no tiene la gente modesta. Pero hay que tener en cuenta que esta gente, si no tiene refinamientos ni esa educación esmerada es porque tampoco nadie se ocupó de que la pudieran tener; la culpa no es de ellos y en países pobres como el nuestro hay una gran diferencia de bienestar y posibilidades entre el pueblo y los que están en las alturas por ley de herencia y otros privilegios. El verdadero pueblo es más sano, menos egoísta que la gente elevada y siente el patriotismo de verdad para amar a la Patria y sacrificarse por ella. Hoy se oye decir a mucha gente adinerada “yo estuve en la guerra y me sacrifiqué por España”, sin pensar que ha salvado todos sus bienes y con ello su bienestar y el de sus hijos. Pero muchas veces los que más alardean de hacer resaltar sus méritos, son los que han hecho la guerra en el Cuartel General o conduciendo coches en la retaguardia, pero muy lejos de los sitios donde otros sí se jugaban la vida y la daban con alegría, sin importarles, pues lo hacían por la Patria, aun cuando no disfrutasen de ella más que en un mísero hogar. No quiero decir con lo anterior que no hubiese héroes y españoles patriotas en la clase pudiente, y en la aristocracia también, que incluso dieron su vida en los frentes; pero era mucho mayor el mérito del sacrificio y el patriotismo del pueblo que todo lo da y nada pide. Cuando en una misma familia humilde quedan unos niños huérfanos, se los reparten entre los vecinos para educarlos y mantenerlos. En cambio, hay mucha gente pudiente que no es capaz de cobijar al pariente que queda solo y desamparado. Frecuente V.A. el trato con el pueblo, vea sus necesidades y haga siempre lo posible para remediarlas, pues así es como se sirve mejor a la Patria; y un rey siempre debe atender a los humildes. Es frecuente que los príncipes estudien una Historia amañada, en la que no se ponen de manifiesto los errores de sus antepasados y el mal que por su abandono y por no estar enterados de los negocios públicos han causado a la Patria. No se les dice que por una frivolidad de un rey como Alfonso VI, éste dejó el condado de Portugal a don Enrique de Borgoña, casado con su hija María Teresa, desmembrando y rompiendo la naciente labor que sus antepasados habían realizado con la expulsión de los árabes de España y yendo en contra de la naturaleza que, por leyes geográficas, había hecho una sola nación en toda la Península Ibérica. Otros reyes, también por no ocuparse de su alta misión y no defender el interés de su pueblo, abandonaron el gobierno del país en manos de favoritos que perdieron, esta vez para siempre, Portugal, sin darle a dicha catástrofe la menor importancia; al conde-duque de Olivares le afecta este reproche, y también a su monarca Felipe IV de Austria. Fue un error de los Reyes perder el imperio de América por el abandono en que lo tenían y que con otra política se pudieran aprovechar sus riquezas en beneficio de España. De la Historia conviene saber la verdad, para que estudiándola bien no se incurra en los mismos errores y abandonos debidos a la frivolidad de muchos monarcas que no sentían el amor y el interés debido por su pueblo.
   
Un príncipe debe tener en cuenta que toda la nación le está mirando y que debe dar pruebas de su moralidad absoluta, así como llevar una vida de verdadera austeridad. Lo que se perdona a cualquier ciudadano no se le puede perdonar a un rey del que la nación está pendiente».
 
Ricardo de la Cierva, La Historia se confiesa, Planeta, 1976, tomo VI, págs. 106-108. Cfr. Francisco Franco Salgado, Mis conversaciones privadas con Franco.

martes, 19 de mayo de 2015

POEMA: "CANTAR DEL CAUDILLO", POR ERNESTO LAORDEN

 
En el día de gloria de España y de Madrid,
cuando exultan los cielos y la tierra y el mar
en laude del Caudillo forjóse este cantar
con los versos de hierro del Poema del Cid.
   
El Caudillo entraba en Madrid vencedor.
Voltean las campanas de la Villa al clamor.
Infantes y jinetes le llevan en honor.
Hombres y mujeres le dicen loor.
   
A la iglesia santa el camino hacía.
Con palio entre candelas salió la clerecía.
El Obispo sagrado allí le bendecía.
El báculo y la mitra mucho le relucía.
   
Entraron en la iglesia delante del altar.
De hinojos el Caudillo allí se fue a postrar.
“¡Gracias al señor Dios de la tierra y el mar
que esta grande victoria nos ha querido dar!”
  
“A Santa Madre Iglesia vengo a entregar mi espada,
vencedora en las lides de la mayor cruzada.
No la moví con odio sino con fe sagrada.
Dios nos guarde en la paz. La guerra es acabada.”
   
Y el Obispo le dice: “Que bendiga el Señor
Tu trabajo pasado y tu nueva labor.
Quien fue grande en la guerra sea en la paz mayor.
Prosperen los rebaños de los que eres pastor.”
   
Hechas las oraciones, la misa terminada,
Ya cabalga el Caudillo con toda su mesnada.
¡Dios, cómo le festejan las gentes en la estrada!
Nunca viose en el mundo tan gentil cabalgada.
   
Un vocero delante va diciendo un pregón:
“Abran paso al Caudillo del grande corazón.
Ganó todas las tierras del sur al septentrión,
Y echó a los enemigos del último rincón.”
    
¡Cómo va rodeado de esforzados varones,
aviadores, marinos, jinetes y peones,
ganadores de muchas y campales acciones
cuales no se escribieron en viejos cronicones.
    
Allí se ven Varela, que Toledo tomó,
Y Yagüe, aquel que en Lérida y en Badajoz entró,
Y Aranda, el esforzado que Oviedo defendió,
Y el que fue del Alcázar alcalde, Moscardó.
   
Y Queipo, el que hizo cierta la hazaña sevillana;
Solchaga, el que ganó más tierra catalana,
Y Valiño, el guerrero de sonrisa lozana,
Vencedor de más lides en edad más temprana.
   
Y Dávila y Cervera, Saliquet y Vigón,
Y Tella y Monasterio, centauro en su bridón;
Kindelán, que entre los halcones es el mayor halcón,
Y este Martínez Campos, que es señor del cañon.
   
En una plaza abierta se llegan a un tablado
Con paños de valía muy bien aderezado.
¡Cómo prorrumpe en vítores el pueblo congregado!
¡Qué hermosamente ríe el Caudillo esforzado!
    
Sobre un alto tablado el Caudillo reposa
junto a los capitanes de su hueste gloriosa.
Otra lucida gente le saluda gozosa
y el Caudillo les habla con muy galana prosa:
    
“Dios os guarde, legados de la Roma fatal
y de la nobilísima Germania boreal
y de la bien amada y hermana Portugal,
todas tres predilectas de mi amor por igual.”
    
“Dios alargue tus días, gran Visir africano.
Saludadme al Jalifa, tu noble soberano.
Ved cuán buenos guerreros puso bajo mi mano
El Mogreb-el-Aksá, nuestro amigo y hermano”…
   
Y comienzan las huestes soberbias a pasar,
requetés y falanges de soberbio mirar,
legionarios y moros, combatientes sin par,
aviadores del aire y marinos del mar.
   
¡Dios, cuánta y qué gallarda pasa la Infantería!
¡Qué trueno dan los cascos de la Caballería!
¡Cómo crujen las losas con tanta Artillería!
La aviación en los aires nubla la luz del día.
   
¡Cómo aplauden las gentes, libres ya del terror,
y lloran las mujeres de alegría y de amor!
En el fondo de su alma musita el trovador:
¡Oh Dios, el buen vasallo ya tiene buen Señor!