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miércoles, 25 de abril de 2018

PABLO VI, DESTRUCTOR DE LA CATOLICIDAD ESPAÑOLA

Tomado de ADELANTE LA FE, no sin antes precisar los siguientes aspectos.
  1. En aplicación del Decreto-Ley 10 del 26 de Agosto de 1975 sobre prevención del terrorismo, fueron condenados a muerte once terroristas del Frente Revolucionario Antifascista y Popular (FRAP) y del ETA Político-Militar, de los cuales seis fueron indultados por el Consejo de Ministros, mientras que los cinco restantes (José Humberto Baena Alonso, José Luis Sánchez-Bravo Solla y Ramón García Sanz -del FRAP-; Juan Paredes Manot alias Txiki, y Ángel Otaegui Etxeberria alias Caraquemada o Azpeiti -del ETA-pm-) fueron fusilados el 27 de Septiembre.
  2. En respuesta a las protestas surgidas en Europa -donde incluso la embajada española en Lisboa fue incendiada-, el 1 de Octubre de 1975 tuvo lugar la manifestación de la Plaza de Oriente, donde el Generalísimo Franco alzó su voz:
    «Todo lo que en España y Europa se ha armado obedece a una conspiración masónico-izquierdista, en contubernio con la subversión comunista-terrorista en lo social, que si a nosotros nos honra, a ellos les envilece».
    Fue su último acto público, ya que el 20 de Noviembre falleció.
  3. Vicente Enrique y Tarancón fue arzobispo de Toledo desde 1969 hasta 1971, cuando fue nombrado arzobispo de Madrid tras la muerte de don Casimiro Morcillo González (quien, vale anotar, fue parte del Cœtus Internationális Patrum, que defendía la Doctrina Católica durante el conciliábulo).
  4. Giovanni Battista Montini Alghisi fue hereje y apóstata, y en aplicación de la Bula Cum ex Apostolátus (confirmada por el Motu Próprio Inter Multíplices y el Código Pío-Benedictino de Derecho Canónico), NUNCA FUE PAPA DE LA IGLESIA CATÓLICA. Si el Generalísimo Francisco Franco Bahamonde (quien es mucho más santo que Montini) llegó a considerarlo como tal en 1963, fue porque en aquella época no existía la claridad teológica que hoy tenemos sobre el Sedevacantismo y porque nadie se imaginaba lo que sucedería posteriormente. Y en cuanto a las palabras de Montini tras la lectura del Testamento del Generalísimo, ellas NO SON MÁS QUE EXPRESIÓN DE UN ARREPENTIMIENTO TARDÍO, ESTÉRIL E INÚTIL, que hacen recordar aquel incidente del Lunes de Pentecostés de 1970.
Sin más, el artículo del doctor Mario Caponnetto (hermano de Antonio).
   
PAULO VI Y LA ESPAÑA DE FRANCO
   
     
La Santa Sede ha anunciado, como es sabido, la canonización del Papa Paulo VI el próximo mes de octubre. Con motivo de este anuncio nos ha parecido oportuno redactar esta nota sobre uno de los aspectos más controvertidos y negativos del Pontificado del Papa Montini.
  
***
  
Dicen que cuando el Cardenal Juan Bautista Montini fue elegido Papa el 21 de junio de 1963 uno de los funcionarios del Gobierno del Generalísimo Franco dirigiéndose al entonces Jefe del Estado Español exclamó: Ha ocurrido lo peor para España, el cardenal Montini es el nuevo Papa. A lo que el Caudillo habría replicado: El Cardenal Montini ya no existe; ahora es el Papa Paulo VI y España le guardará el respeto y la filial obediencia que merece.
  
La anécdota, que supongo cierta, revela dos cosas: la primera que Franco fue realmente un gobernante católico, hijo fiel de la Iglesia a la que sirvió siempre como corresponde a un Príncipe cristiano; la segunda, que se equivocó redondamente pues el nuevo Papa llevaría adelante una guerra implacable, digna de mejor causa, contra el único Estado católico de Europa hasta lograr, tras la muerte del Caudillo, su total desaparición. Una vez más pudo decirse con propiedad en la historia de España aquello del Cid: ¡Dios, qué buen vassallo! ¡si oviesse buen señor!
   
Las conflictivas relaciones de Montini con el régimen surgido tras la Cruzada del 18 de Julio de 1936 reconocen antecedentes lejanos. En su documentada obra La Iglesia y la Guerra Española (1936-1939), Blas Piñar recuerda que Juan Bautista Montini creció en el seno de una familia fuertemente comprometida con la Democracia Cristiana, de reconocida tendencia democratista y antifascista (un antifascismo, me permito acotar, no siempre fundado en las razones más correctas y acordes con la Doctrina Social de la Iglesia). El padre, Jorge, fue diputado por el Partido Popular cuyo fundador y presidente fue el sacerdote italiano Luigi Sturzo quien al llegar al poder Benito Mussolini se exilió en Estados Unidos. Este sacerdote, al igual que el filósofo francés Jacques Maritain, fue un crítico implacable del bando nacional durante la Guerra Española del 1936 a 1939 a la que negaba el carácter de Cruzada que le había sido reconocido por la casi totalidad del Episcopado Español. También un hermano suyo, Ludovico, había sido diputado por la Democracia Cristiana después de la Segunda Guerra en tanto que otro hermano, Francesco, tras emigrar a la Argentina, marchó a España donde se alistó en las Brigadas Internacionales y murió en combate del lado del bando rojo. El joven Juan Bautista, sobre el que gravaba además una fuerte influencia del pensamiento mariteniano, creció por tanto en un ambiente familiar e intelectual fuertemente hostil a Franco y a la Cruzada, hostilidad que llegaba, incluso, a apoyar abiertamente la causa republicana no obstante la feroz persecución religiosa desatada por la República y pese al explícito apoyo de la Santa Sede a la causa nacional[1].
   
En su época de Secretario de Estado de Pío XII eran conocidas las vinculaciones de Montini con Palmiro Togliatti, el histórico líder del Partido Comunista italiano, Al parecer, relata Blas Piñar, “tanto a Montini como a Togliatti les gustaba mucho el canto gregoriano”[2]. Durante la gestión de Montini como Secretario de Estado tuvo lugar un hecho escandaloso: el seguimiento y posterior detención por orden de Pío XII de Monseñor Alighiero Tondi, miembro del Partido Comunista que había ingresado al Instituto de los Jesuitas por orden del partido, por ende, un infiltrado, quien se desempeñaba como secretario particular de Monseñor Montini. Este Tondi había sido sorprendido mientras fotocopiaba documentos secretos de la Santa Sede; interrogado, confesó que era agente de la KGB y que enviaba a sus jefes moscovitas documentos robados relacionados con los sacerdotes y obispos que el Papa Pacelli enviaba secretamente a la Unión Soviética a fin de asistir a los fieles católicos y realizar ordenaciones. Gracias a este perverso espionaje (los documentos sustraídos por Tondi llegaban a destino por medio de Togliatti) aquellos sacerdotes y obispos enviados a las URSS fueron descubiertos y asesinados. De esta manera nada menos que el amigo y el secretario de Montini aparecía directamente involucrados en una acción de espionaje que costó la vida de los abnegados enviados secretos del Papa al “paraíso” comunista. Este escándalo tuvo por resultado la destitución de Montini como Secretario de Estado y su traslado a la sede arzobispal de Milán[3].
   
Como Arzobispo de Milán, Montini tuvo su primer enfrentamiento público con Franco. Fue a causa de un pedido suyo de clemencia por unos anarquistas condenados a muerte en 1963: un tal Grinau, ejecutado el 20 de abril de 1963, y otros dos, Granados y Salgado, ejecutados el 17 de agosto de ese año. El Caudillo denegó el pedido de clemencia aduciendo, lo que era estrictamente cierto, que se trataba de peligrosos agentes comunistas autores de numerosos crímenes durante la guerra. El historiador José Andrés Gallego, en su libro La época de Franco, refiriéndose a estos hechos escribe: “La petición de gracia del entonces Cardenal Montini para unos anarquistas condenados a muerte anticipó las difíciles relaciones entre Franco y Montini, después que éste fuera elegido Papa”; y añade a continuación esta interesante observación: “La negativa de Franco a renunciar al anacrónico derecho de presentación fue sólo parte del conflicto, en cuyo fondo estaba el contraste entre la Iglesia del Segundo Concilio Vaticano, que Pablo VI había llevado a puerto, y el régimen de Franco”[4].
   
Esta última observación resume la clave de todo este asunto. El Concilio Vaticano II, principalmente a través de la Declaración Dignitátis humánæ, sobre la libertad religiosa imprimió un cambio radical en el modo de concebir las relaciones de la Iglesia con los Estados. El Estado Católico (que suponía la tolerancia de los otros cultos en los casos en que ello resultara necesario en orden al bien común) fundado en lo que se conocía como “la unión del Trono y del Altar” y que hasta entonces constituía el ideal del Estado promovido y alentado por el Magisterio (con las consiguientes actualizaciones que los tiempos aconsejaban) fue directamente dejado de lado y sustituido por una nueva concepción, la llamada “libertad religiosa” que consagró, de hecho, el pluralismo indiscriminado de todas las religiones y aún del ateísmo con prescindencia de toda referencia específica de los Estados a reconocer los derechos de la verdadera religión. Pero ocurría que, precisamente, el Estado que Franco había construido tras la victoria del 39 era un Estado explícitamente confesional cuya legislación se conformaba en todo con la doctrina de la Iglesia. En 1953, y tras no pocas y laboriosas negociaciones, España había suscripto con la Santa Sede un Concordato tenido en su tiempo como modelo. Dicho Concordato reconocía en su Preámbulo que su objetivo era regular las relaciones entre la Santa Sede y el Estado Español “en conformidad con la ley de Dios y la tradición de la nación española”. El artículo primero, por su parte, declaraba que la Religión Católica “seguía siendo la única de la Nación española”. Además completaba la restauración de los privilegios del Clero, que habían sido eliminados en una parte en políticas liberales, consagraba la absoluta libertad de la Iglesia respecto de cualquier eventual control o censura de parte del Estado, sostenía el libre ejercicio en todo el territorio español de las actividades de los grupos de Acción Católica, aseguraba la independencia de la Iglesia, garantizaba el aspecto jurídico de la misma y la validez del Matrimonio Canónico. Pero el punto que finalmente resultaría el más cuestionado fue que este Concordato confería al Jefe del Estado  el derecho de presentar los Obispos para su designación por parte de Roma. Sin duda, ante los nuevos aires conciliares, todo esto resultaba anacrónico. Paulo VI fue la piqueta encargada de llevar a cabo la destrucción sistemática de este Estado visto como un inadmisible residuo de un pasado definitivamente superado.
   
Los primeros conflictos surgieron a raíz del mencionado derecho de presentación de obispos. Paulo VI presionó a Franco forzándolo a que renunciase a este derecho. El Caudillo no cedió alegando entre otras razones precisamente la existencia del Concordato que en ese caso debía ser revisado o reformado. En respuesta a esta negativa, Paulo VI puso en marcha una astuta política de designación de Obispos que, de hecho, representaba una franca violación de los términos del Concordato. Merced a esta política en poco tiempo la configuración del Episcopado Español cambió por completo con la designación de obispos fuertemente comprometidos con el progresismo y el aggiornamento conciliar y francamente desafectos al régimen franquista cuando no decididos opositores; estos obispos se hicieron con el control total de la Iglesia española reduciendo a sus pares de la “vieja guardia” a un grupo minoritario y silenciado.
   
Al respecto Blas Piñar relata en su mencionado libro una conversación que Joaquín Ruíz Giménez, al finalizar como embajador de España ante la Santa Sede mantuvo con Paulo VI. El Papa le recomendó al diplomático saliente que fundara en España la Democracia Cristiana a lo que Ruíz Giménez respondió que eso era imposible porque el Episcopado Español apoyaba a Franco con quien simpatizaba. Paulo VI fue muy claro: Usted preocúpese del Partido, porque de los obispos me encargo yo[5]. Vaya si se encargó de los obispos. El mismo Blas Piñar me dijo, en cierta ocasión, que la abolición del Estado Católico en España había sido obra casi exclusiva de los obispos designados por Paulo VI. El cambio radical del Episcopado culminó con la designación del Cardenal Vicente Enrique y Tarancón en la Sede Primada de Toledo en reemplazo del fallecido Cardenal Casimiro Morcillo. Tarancón, enemigo declarado de Franco, iba a ser la pieza clave de Paulo VI en su descabellada guerra contra un Estado católico.
   
Las tensiones fueron in crescendo. Obedeciendo a las directivas del Concilio el Estado Español confesionalmente católico se vio obligado a reformar el artículo 6 del Fuero de los Españoles dejando de lado la doctrina tradicional sobre la libertad de cultos en la que dicho artículo se había inspirado[6]. La tensión llegó a un punto máximo en 1975, poco antes de la muerte de Franco: un grupo de cinco terroristas etarras fue condenado a muerte por un Tribunal Militar en El Goloso. Paulo VI, reiterando su gesto de la época de Arzobispo de Milán, pidió el indulto de los condenados los que, pese al pedido papal, fueron ejecutados en septiembre de 1975. A raíz de esta condena se desató una indigna campaña mundial de desprestigio contra el Gobierno español que presentaba a esos terroristas, autores de brutales asesinatos de policías, mujeres y aún niños, como si fueran unos honrados opositores a la “dictadura”. El pedido del Papa, formulado no sólo a través de gestiones diplomáticas sino hecho público ante la multitud reunida en la Plaza de San Pedro durante el rezo del Ángelus, se sumaba, así a esta campaña aumentando enormemente la presión contra el Gobierno. Franco, que había indultado a cuatro de los procesados, ya que en principio eran nueve los sentenciados, respondió que con profunda tristeza se veía obligado a no acceder al pedido del Santo Padre en defensa de una elemental justicia. Pero un hecho más vendría a incrementar las tensiones: en octubre de ese mismo 1975 un policía que había sido afectado a la custodia del Tribunal de El Goloso que condenó a los cinco terroristas fue vilmente asesinado por los compañeros de andanzas de los fusilados. Todo el pueblo español esperaba ansiosamente una condena del Papa a este hecho aberrante. Fue en vano pues la única respuesta de Paulo VI fue el más sepulcral de los silencios[7].
   
Pocos meses después de estos episodios Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España, entregaba su alma a Dios. Se iniciaba, de este modo, el oscuro período de la llamada Transición que culminaría con la liquidación total del Estado erigido sobre la limpia Victoria del Primero de Abril de 1939. El mismo Blas Piñar nos cuenta que a la muerte de Franco, según testimonio del Cardenal Tarancón, Paulo VI tuvo palabras de reconocimiento hacia su figura y su obra: “Ha hecho mucho bien a España y ha proporcionado un desarrollo extraordinario y una época de larguísima paz. Franco merece un final glorioso y un recuerdo digno de gratitud”; y al leer el Testamento de Franco, exclamó: “¡Me equivoqué con este hombre!”[8].
   
Reconocimiento sin duda valioso que habla bien de Paulo VI. Pero tardío. El mal ya estaba hecho y sus consecuencias duran hasta hoy. Franco se llevó a la tumba el último Estado Católico de Occidente, un Estado fruto de una larga y paciente obra de reconstrucción, levantado sobre la sangre y el sacrificio de miles de héroes y de mártires que regaron con su sangre las tierras de España.
   
MARIO CAPONNETTO
   
NOTAS
[1] Cf. Blas Piñar, La Iglesia y la Guerra Española (1936-1938), Madrid, 2011, páginas 258 y siguientes.
[2] Ibídem.
[3] Ibídem.
[4] José Andrés Gallego, La época de Franco, Madrid, 1991.
[5] Cf. Blas Piñar, La Iglesia y…, o. c., página 270.
[6] Ibídem.
[7] Ibídem.
[8] Ibídem.

lunes, 20 de noviembre de 2017

A GOLPES DE BIEN

  
Bravamente clamaba y se insurgía José Antonio contra monstruosas desigualdades, contra abusos inveterados que parecían inconmovibles, contra la vida infrahumana de muchos españoles; y quería, con radical obsesión, que disfrutasen todos, plenariamente, de “la Patria, el Pan y la Justicia”.
 
Su expresión es lema incorporado al nuevo Fuero del Trabajo, código de avanzada justicia social. Y Franco tuvo por predilecta frase: “Ni un hogar sin lumbre, ni un español sin pan”. Y al propio tiempo que afrontaba las arduas urgencias de la guerra, quiso y logró implantar, con eficiencia admirable, reformas e instituciones que volviesen tangible el gran propósito.
 
Con más intensidad todavía prosigue en la tarea, después de la victoria. Por sobre los apremios económicos y los graves problemas internos y exteriores, persiste Franco, tercamente, con heroico denuedo, en la implantación de la justicia social.
 
Amonesta el caudillo a los que ahora, validos de lo excepcional de las circunstancias, quieren burlar la estabilización de los precios y especular con los artículos de consumo indispensable:
“Si el sentido patriótico de nuestro pueblo le ha llevado a consumar el máximo de sacrificio por la patria —dar la vida y la de los propios hijos—, ¿es mucho pedir el que sacrifiquen unos pocos los excesos de su codicia? La nueva España no puede aceptar el tipo de comerciante o productor desaprensivo que especula con la miseria ajena... En esto, como en todo, se implantará justicia, contra las murmuraciones de los unos, contra el egoísmo de los otros, contra las vanas intrigas de los politicastros para siempre caídos. Yo os dije desde el primer día de la guerra, que luchábamos por una España mejor, y que serían estériles los sacrificios nuestros si no realizábamos la Revolución indispensable a nuestro progreso económico y estabilidad política... Nada ni nadie puede torcer nuestro camino: que el tesón que pusimos en las duras batallas de la guerra, hemos de superar en las que imponga la realización de nuestra Revolución nacional”.
  
 
Y, hombre verdaderamente identificado con su pueblo, hombre que abre su corazón y comunica democráticamente sus dificultades y propósitos con la nación que rige, prosigue el gran estadista:
“Cómo lo lograremos, es lo que hoy me interesa participaros; que lo mismo que ayer vivisteis en los partes de guerra el glorioso marchar de nuestras tropas, podáis seguir mañana los avances del resurgimiento de nuestra patria, sintiéndoos partícipes de esta obra común, que hizo posible la sangre generosa de nuestros héroes, y que será el más hermoso fruto de vuestras privaciones y de vuestro trabajo. Vosotros conocéis cómo es la España que recibimos: con los grupos en lucha, con sus burgos tristes y sus viviendas míseras, sus funcionarios hambrientos y sus obreros sin trabajo; la que entregaba a la muerte, sin defensa, millares de vidas de tuberculosos por año; la que registra la más alta mortandad infantil; la que ofrece el irritante contraste de los palacios suntuosos y las viviendas míseras”.
 
 
Hubo, en las últimas décadas españolas, un gran auge económico que multiplicó las grandes fortunas. Pero “faltó el Estado previsor y justo que aprovechase este fenómeno de multiplicación de bienes, para lograr, con una más justa y equitativa distribución de la riqueza, que se elevase el bajo nivel de vida en que la mayor parte de la nación aparecía sumida”.
 
Lo que no se hizo a tiempo y fácilmente, hoy se hará a toda costa:
“Yo sé que cuando salgan a luz nuestros futuros presupuestos... no han de faltar los eternos agoreros, intentando sorprender la buena fe de los capitalistas timoratos. Yo les digo a estos espíritus apegados a los bienes, que el mejor seguro de sus caudales es la obra de redención que realizamos. Así lo sentíamos y lo anunciábamos cuando salían nuestros voluntarios para los frentes; así lo afirmamos sobre la sangre caliente de los caídos, y así lo exige el sentido profundamente católico de nuestro Movimiento”.
 
Sentido profundamente católico. Así es. Audacia católica. Reforma católica. No el tipo anquilosado y gruñón, que marcha a remolque y deja a los otros iniciar, a punta de odio, la tarea, sino el que se anticipa con alegre osadía y, rompiendo rutinas y componendas, instaura en el terreno de los hechos el Amor y la Justicia que Cristo anunció.
 
Por eso hechiza José Antonio. Por eso Franco y el Movimiento hispánico que rige, persuaden e impresionan a todo espíritu apasionado por la justicia social.
“¿Es que puede algún español permanecer indiferente ante los grandes problemas de la miseria ajena, de la tuberculosis y de tantos males como afectan a nuestras clases humildes?... Yo os aseguro que en estas recepciones que a mi presencia han tenido lugar en las provincias, cuando desfilan con los trajes raídos, su aire cansino y sus rostros macilentos por el trabajo y la vigilia tantos honrados funcionarios, siento la gran tragedia de España y el ansia de esta Revolución de que tanto se asustan los timoratos”.
 
Y ya se ha implantado la iniciación de la mejora, “en los términos discretos que los momentos aconsejan”: un aumento que fluctúa entre el cuarenta por ciento para los sueldos más modestos, y el dieciséis por ciento para los superiores.
 
Por otro lado, atácase victoriosamente la desocupación obrera, mediante la concienzuda multiplicación de obras públicas. Y tres campañas se intensifican: contra la tuberculosis; contra la mortalidad infantil; contra la vivienda sórdida.
 
Contra la tuberculosis.
“Hemos iniciado esta labor en plena guerra, y hemos de continuarla. En el campo sanitario, creamos más de siete mil camas en sanatorios, que son una quinta parte de las necesarias para la lucha antituberculosa. ¿Que para ello se imponen sacrificios mayores a la España sana? Cierto. Pero no debe importarnos el legar a nuestros hijos una carga mayor, ni cabe medida más justa. No dudemos que el juicio que en un mañana merezcamos, será muy distinto del que dolorosamente formamos de los que nos precedieron y no quisieron resolver este problema”.
 
Y todo se hará con matemática rapidez:
“¿Cuál ha de ser el tiempo necesario para realizar esta obra? El mínimo que impongan los estudios de emplazamiento y la materialidad de las construcciones”.
  
Es la enorme mortandad infantil otra causa de pérdidas humanas: son espantosas las cifras que hasta hoy alcanzaba, por descuidos y abandonos evitables. Su remedio es mucho menos costoso, y está en la propaganda, los pequeños auxilios y el admirable y amoroso cuidado, ya iniciado, de nuestra Falange femenina. Esta tiene que ser una de las grandes obras de nuestro Movimiento: llegar a los últimos lugares a donde el Estado no llega...
 
Y véase aquí cómo Franco entiende las limitaciones del Estado; cómo no piensa que el Estado lo absorba y lo haga todo; cómo quiere estimular la actividad privada, respetándole su riqueza de flexibilidad, de intimidad, de calor humano.
 
Finalmente,
“la cuestión de la vivienda constituye otra de las grandes lacras nacionales, y está intensamente ligada a la sanitaria. Más del treinta por ciento de las viviendas españolas son insalubres, según las estadísticas formuladas por nuestra Fiscalía de la Vivienda. Su sustitución por otras en excelentes condiciones no presenta dificultades, por cuanto su construcción significa la creación de una riqueza movilizable, que compensa con creces los pequeños sacrificios estatales”.
 
Ya se ha avanzado mucho, y ahora se activa la realización del inmediato programa: construir, “en diez años, más de doscientas mil casas, allí donde las necesidades son mayores”.
 
Y concluye Franco:
“Estas tres grandes obras —instituciones antituberculosas, de puericultura y viviendas— tienen en sí tal fortaleza, que cuanto pueda decirse en su favor es corto ante las realidades. Su ejecución ha de tener el más grande poder de captación entre nuestros adversarios. A estos golpes hemos de forjar la unidad de España”.
 
¡Magnífico intento! No el odio, no el simple peso material del triunfo, sino la conquista, lenta y segura, de los espíritus, a golpes de bien.
 
ALFONSO JUNCO VOIGT. El difícil paraíso.

domingo, 1 de octubre de 2017

CUANDO FRANCO SALVÓ A 2200 ‘Pied Noirs’ EN ARGELIA, Y SE GRANJEÓ LA ADMIRACIÓN DE CHARLES DE GAULLE

29-30 DE JUNIO DE 1962: FRANCO EN SOCORRO DE LOS PIEDS NOIRS: UNA PAGINA DESCONOCIDA DE NUESTRA HISTORIA
  
  
El 29 y 30 de junio de 1962, la España del General Franco acudió en socorro de los oraneses maltratados por los esbirros del General Joseph Katz, fletando dos ferrys, el “Victoria” y el “Virgen de Africa”.
   
Para arribar a los muelles de Orán, fue absolutamente necesario negociar con las reticentes autoridades francesas, e incluso poner sobre la mesa un ultimátum, arriesgándose a un grave incidente diplomático…
  
El 30 de junio, a las 10 de la mañana, a pesar de la oposición de De Gaulle, el General Franco dio la orden a sus capitanes de embarcar esta “miseria humana” que esperaba ya varios días bajo un sol tórrido, sin la menor asistencia, un hipotético embarque hacia Francia.
  
Franco hizo saber a De Gaulle que él estaba dispuesto a cualquier esfuerzo, incluso militar, para salvar a esas pobres gentes indefensas, abandonadas en los muelles de Orán y amenazados de ser ejecutados en cualquier momento por los bárbaros del FLN (Frente de Liberación Nacional). Para que la cosa no quedara en palabras, ordenó a su aviación y a su marina de guerra tomar rumbo inmediatamente hacia Orán.
   
Finalmente, gracias a la determinación del General Franco y temiendo un conflicto armado, De Gaulle cedió, y el sábado 30 de junio, a las 13:00 hs., dos ferrys españoles llegaron a la costa y embarcaron dos mil doscientos ojerosos pasajeros, 85 vehículos y un camión.
   
Con ocasión del embarque, los valientes capitanes españoles todavía tuvieron que oponerse a que se introdujera en los barcos, de pabellón español, una compañía de la CRS [Compagnie Republicaine de Securité, perteneciente a la Policía], con el fin de pasar lista a los pasajeros y detectar a los miembros fichados de la OAS (Organizaciòn Armada Secreta).
   
Estos capitanes explicaron no haber comprendido jamás la actitud arrogante e inhumana de las autoridades francesas en una situación tan dramática, ante lo que no era otra cosa que una mera “operación de asistencia a personas en peligro de muerte”.
   
Contra viento y marea, a las 15:30 hs., los muelles de Orán, abarrotados de gente, se vaciaron, y los barcos españoles, aunque con una importante sobrecarga, pudieron por fin hacerse a la mar con destino al puerto de Alicante.
  
Durante toda la travesía, se mezclaron las lágrimas de angustia, de pena… y de alegría de estas pobres gentes, rumbo hacia un nuevo exilio, conscientes de haber escapado de lo peor… Cuando por fin la costa española se apareció en el horizonte, un júbilo general se apoderó de estos “refugiados” que se desgañitaban gritando “¡Viva España! ¡Viva Franco!”. Habían escapado, un buen número de ellos, a una muerte programada por las autoridades francesas. Jamás lo olvidaron.
   
En memoria de Jean Lopez, peluquero en Aïn-El-Turck (Orán), que se hizo cargo de llevarme hasta la metrópolis y de embarcarme (yo tenía quince años). Jean fue eliminado precisamente en el puerto de Orán por los ATO (Auxiliares Temporales Ocasionales, cuerpo interino de policía del FLN). No volví a verle…
  
A su viuda y a sus dos hijas, con todo mi afecto.
  
  
Contextualicemos esta carta, publicada en el diario francés JEUNE NATION y traducida por José Antequera: Los ‘Pied Noirs’ (Pies negros) eran los franceses y descendientes de franceses residentes en Argelia desde la época del Imperio Colonial, y su apelativo se debe al uso de zapatos -cosa desacostumbrada entre los bereberes-. Ellos habían quedado atrapados en la guerra civil entre el independentista Frente de Liberación Nacional y el pro-francés Organización del Ejército Secreto (OAS por su sigla francesa), luego de que el presidente de la IV República Francesa, el general Charles de Gaulle, decidiera otorgarle la independencia a Argelia. Y en una actitud inusual, el gobierno francés había dejado a su suerte a los pied noirs; situación ante la cual Franco se decidió a realizar un rescate humanitario a como diera lugar. Pero por lo visto, De Gaulle no le tuvo mayor rencor a Franco (que por cierto, no se conocían personalmente), pues una vez se retiró de la política, fue a visitarlo en 1970 en el Palacio de El Pardo. Esta fue la impresión de De Gaulle sobre el Generalísimo, como recordara once años después Gregorio Marañón Moya:
“No conocía a Franco personalmente. Y tenía muchas ganas de hacerlo. Esta ha sido nuestra primera entrevista. Es inteligente. Tiene bastante imaginación y buena memoria. Pero le he encontrado viejo, muy viejo. ¿Sabe usted que después del rey de Suecia es el político del mundo que más dura en el poder?”

domingo, 20 de noviembre de 2016

PALABRAS DEL GENERALÍSIMO FRANCISCO FRANCO AL INFANTE JUAN CARLOS DE BORBÓN EN MARZO DE 1955

Tomado de CONCEPTOS ESPARCIDOS. De más no está decirlo, no reconocemos a la rama Puigmoltó-Borbón como reyes de España, pero el documento es imperdible y lleno de enseñanzas para la vida y el ejercicio político.
«Los reyes no deben fiarse de los aristócratas ni los cortesanos, que les adulan para obtener prebendas. Los reyes tienen que estar en contacto con el pueblo lo más directamente posible para enterarse de sus necesidades y tratar de corregirlas. No cabe duda de que es mucho más agradable el estar con gente culta y refinada, que tiene nuestros gustos y aficiones, por ejemplo deportes, para los cuales hay que disponer de tiempo y dinero, cosa que no tiene la gente modesta. Pero hay que tener en cuenta que esta gente, si no tiene refinamientos ni esa educación esmerada es porque tampoco nadie se ocupó de que la pudieran tener; la culpa no es de ellos y en países pobres como el nuestro hay una gran diferencia de bienestar y posibilidades entre el pueblo y los que están en las alturas por ley de herencia y otros privilegios. El verdadero pueblo es más sano, menos egoísta que la gente elevada y siente el patriotismo de verdad para amar a la Patria y sacrificarse por ella. Hoy se oye decir a mucha gente adinerada “yo estuve en la guerra y me sacrifiqué por España”, sin pensar que ha salvado todos sus bienes y con ello su bienestar y el de sus hijos. Pero muchas veces los que más alardean de hacer resaltar sus méritos, son los que han hecho la guerra en el Cuartel General o conduciendo coches en la retaguardia, pero muy lejos de los sitios donde otros sí se jugaban la vida y la daban con alegría, sin importarles, pues lo hacían por la Patria, aun cuando no disfrutasen de ella más que en un mísero hogar. No quiero decir con lo anterior que no hubiese héroes y españoles patriotas en la clase pudiente, y en la aristocracia también, que incluso dieron su vida en los frentes; pero era mucho mayor el mérito del sacrificio y el patriotismo del pueblo que todo lo da y nada pide. Cuando en una misma familia humilde quedan unos niños huérfanos, se los reparten entre los vecinos para educarlos y mantenerlos. En cambio, hay mucha gente pudiente que no es capaz de cobijar al pariente que queda solo y desamparado. Frecuente V.A. el trato con el pueblo, vea sus necesidades y haga siempre lo posible para remediarlas, pues así es como se sirve mejor a la Patria; y un rey siempre debe atender a los humildes. Es frecuente que los príncipes estudien una Historia amañada, en la que no se ponen de manifiesto los errores de sus antepasados y el mal que por su abandono y por no estar enterados de los negocios públicos han causado a la Patria. No se les dice que por una frivolidad de un rey como Alfonso VI, éste dejó el condado de Portugal a don Enrique de Borgoña, casado con su hija María Teresa, desmembrando y rompiendo la naciente labor que sus antepasados habían realizado con la expulsión de los árabes de España y yendo en contra de la naturaleza que, por leyes geográficas, había hecho una sola nación en toda la Península Ibérica. Otros reyes, también por no ocuparse de su alta misión y no defender el interés de su pueblo, abandonaron el gobierno del país en manos de favoritos que perdieron, esta vez para siempre, Portugal, sin darle a dicha catástrofe la menor importancia; al conde-duque de Olivares le afecta este reproche, y también a su monarca Felipe IV de Austria. Fue un error de los Reyes perder el imperio de América por el abandono en que lo tenían y que con otra política se pudieran aprovechar sus riquezas en beneficio de España. De la Historia conviene saber la verdad, para que estudiándola bien no se incurra en los mismos errores y abandonos debidos a la frivolidad de muchos monarcas que no sentían el amor y el interés debido por su pueblo.
   
Un príncipe debe tener en cuenta que toda la nación le está mirando y que debe dar pruebas de su moralidad absoluta, así como llevar una vida de verdadera austeridad. Lo que se perdona a cualquier ciudadano no se le puede perdonar a un rey del que la nación está pendiente».
 
Ricardo de la Cierva, La Historia se confiesa, Planeta, 1976, tomo VI, págs. 106-108. Cfr. Francisco Franco Salgado, Mis conversaciones privadas con Franco.

martes, 19 de mayo de 2015

POEMA: "CANTAR DEL CAUDILLO", POR ERNESTO LAORDEN

 
En el día de gloria de España y de Madrid,
cuando exultan los cielos y la tierra y el mar
en laude del Caudillo forjóse este cantar
con los versos de hierro del Poema del Cid.
   
El Caudillo entraba en Madrid vencedor.
Voltean las campanas de la Villa al clamor.
Infantes y jinetes le llevan en honor.
Hombres y mujeres le dicen loor.
   
A la iglesia santa el camino hacía.
Con palio entre candelas salió la clerecía.
El Obispo sagrado allí le bendecía.
El báculo y la mitra mucho le relucía.
   
Entraron en la iglesia delante del altar.
De hinojos el Caudillo allí se fue a postrar.
“¡Gracias al señor Dios de la tierra y el mar
que esta grande victoria nos ha querido dar!”
  
“A Santa Madre Iglesia vengo a entregar mi espada,
vencedora en las lides de la mayor cruzada.
No la moví con odio sino con fe sagrada.
Dios nos guarde en la paz. La guerra es acabada.”
   
Y el Obispo le dice: “Que bendiga el Señor
Tu trabajo pasado y tu nueva labor.
Quien fue grande en la guerra sea en la paz mayor.
Prosperen los rebaños de los que eres pastor.”
   
Hechas las oraciones, la misa terminada,
Ya cabalga el Caudillo con toda su mesnada.
¡Dios, cómo le festejan las gentes en la estrada!
Nunca viose en el mundo tan gentil cabalgada.
   
Un vocero delante va diciendo un pregón:
“Abran paso al Caudillo del grande corazón.
Ganó todas las tierras del sur al septentrión,
Y echó a los enemigos del último rincón.”
    
¡Cómo va rodeado de esforzados varones,
aviadores, marinos, jinetes y peones,
ganadores de muchas y campales acciones
cuales no se escribieron en viejos cronicones.
    
Allí se ven Varela, que Toledo tomó,
Y Yagüe, aquel que en Lérida y en Badajoz entró,
Y Aranda, el esforzado que Oviedo defendió,
Y el que fue del Alcázar alcalde, Moscardó.
   
Y Queipo, el que hizo cierta la hazaña sevillana;
Solchaga, el que ganó más tierra catalana,
Y Valiño, el guerrero de sonrisa lozana,
Vencedor de más lides en edad más temprana.
   
Y Dávila y Cervera, Saliquet y Vigón,
Y Tella y Monasterio, centauro en su bridón;
Kindelán, que entre los halcones es el mayor halcón,
Y este Martínez Campos, que es señor del cañon.
   
En una plaza abierta se llegan a un tablado
Con paños de valía muy bien aderezado.
¡Cómo prorrumpe en vítores el pueblo congregado!
¡Qué hermosamente ríe el Caudillo esforzado!
    
Sobre un alto tablado el Caudillo reposa
junto a los capitanes de su hueste gloriosa.
Otra lucida gente le saluda gozosa
y el Caudillo les habla con muy galana prosa:
    
“Dios os guarde, legados de la Roma fatal
y de la nobilísima Germania boreal
y de la bien amada y hermana Portugal,
todas tres predilectas de mi amor por igual.”
    
“Dios alargue tus días, gran Visir africano.
Saludadme al Jalifa, tu noble soberano.
Ved cuán buenos guerreros puso bajo mi mano
El Mogreb-el-Aksá, nuestro amigo y hermano”…
   
Y comienzan las huestes soberbias a pasar,
requetés y falanges de soberbio mirar,
legionarios y moros, combatientes sin par,
aviadores del aire y marinos del mar.
   
¡Dios, cuánta y qué gallarda pasa la Infantería!
¡Qué trueno dan los cascos de la Caballería!
¡Cómo crujen las losas con tanta Artillería!
La aviación en los aires nubla la luz del día.
   
¡Cómo aplauden las gentes, libres ya del terror,
y lloran las mujeres de alegría y de amor!
En el fondo de su alma musita el trovador:
¡Oh Dios, el buen vasallo ya tiene buen Señor!

miércoles, 1 de abril de 2015

HIMNOS MOZÁRABES POR EL REGRESO DEL CAUDILLO

  
El Ritual de la liturgia hispánica (Misa y Oficio mozárabe) contiene una serie de oraciones y bendiciones con las que se celebraba en tiempos del reino visigótico la acogida de los monarcas y sus ejércitos al volver de una guerra. Fueron empleadas por última vez el 20 de Mayo de 1939, en la Iglesia de Santa Bárbara en la Villa y Corte de Madrid, tras el Te Deum que presidiera el Azobispo de Madrid; y la Misa pontifical del Arzobispo de Toledo y Cardenal Primado de España, Isidro Gomá y Tomás; con motivo de la victoria del Generalísimo Franco sobre la anticristiana República.
  
El Generalísimo entregó su espada al Cardenal Gomá, tras esta oración:
«Señor, acepta complacido el esfuerzo de este pueblo, siempre tuyo, que, conmigo, por tu nombre, ha vencido con heroísmo al enemigo de la Verdad en este siglo.
Señor, Dios, en cuyas manos está todo derecho y todo poder, préstame tu asistencia para conducir este pueblo a la plena libertad del Imperio, para gloria tuya y de tu Iglesia.
Señor: que todos los hombres conozcan que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo».
   
A continuación, el Primado le bendijo diciendo:
«El Señor sea siempre contigo. Que Él, de quien procede todo derecho y todo poder, y bajo cuyo imperio están todas las cosas, te bendiga y con amorosa providencia siga protegiéndote, así como al pueblo cuyo régimen te ha sido confiado. Prenda de ello sea la Bendición que te doy en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo».
   
Y la Schola Cantorum de la Abadía de Santo Domingo de Silos entonó las antífonas siguientes, procedentes del Ritual Hispánico, que se empleaban cuando los reyes volvían victoriosos de la guerra:
 
ANTÍPHONÆ DE SUSCEPTIÓNE DUCIS QUANDO DE VICÍNA LOCA REVERTÍTUR
    
Antiphona: Adnuntiátum est vobis de vestro gáudio et honóre, gavísi sumus de intróitu vestro, quia virum sanctum suscépimus et honéstum ut sit lætítia in loco isto. 
R. Et gaudémus gáudio magno, reddéntes Deo gratiárum actiónes pro vobis. Quia virum sanctum suscépimus et honéstum in loco isto.
  
Antiphona: Benedíctus Dóminus qui diréxit gréssus vestros ad nos, pax vobis et gáudium usque in ætérnum et in sǽculum sǽculi. 
R. Vos estis genus eléctum, regale sacerdótium, gens sancta, pópulus adquisitiónis. Usque in ætérnum et in sǽculum sǽculi.
   
Antiphona: Benedíctus es in civitáte, benedíctus in agro, et benedícte relíquiæ tuæ, benedíctus es ingrédiens et egrédiens. 
R. Benedícat tibi Dóminus ex Sión. Benedíctus es ingrédiens et egrédiens.
   
Antiphona: Desiderábimus vidére advéntum vestrum cum summo gáudio, et vidímus et gavísi sumus, allelúja. 
R. Et gaudémus gaudio magno, et vidímus et gavísi sumus, allelúja.
   
Antiphona: Allelúja, occurrérunt senióres civitátis dicéntes: Pax in introítu vestro, allelúja; pacem nuntiáre venímus Dómino, allelúja; sanctificámini et gaudéte nobíscum, allelúja, allelúja.
   
Antiphona: Sancti omnes ecclésiæ Christi in ósculo sancto salutánt vos, allelúja, allelúja, allelúja.
   
Antiphona: Expectávimus fáciem vestram vidére, allelúja, cum mágno desidério, quia vos estis gáudium nostrum ante Dóminum, allelúja, allelúja.
   
Antiphona: Ecce óstium veritátis vobis apértum est; ingredímini in tabernáculo Dei, allelúja, allelúja. Intráte portas Dómini in confessióne, allelúja, allelúja. 
    
ORATIO DE REGRÉSSU DUCIS DE PRÆLIO
Rex Deus, a quo Régum régitur Regnum, quo gubernánte súblime, quo deserénte fit frágile, fámulo tuo Francisco Franco duci solers moderátor adsíste. Da ei, Dómine, Fídei rectitúdinem firmam, et Legis tuæ custódiam indeféssam. Ita morum honestáte præpólleat, ut tuæ Majestáti compláceat. Ita nunc præsit pópulis, ut coronétur post tránsitum cum eléctis. Quia te jubénte dicímus: Pater noster... (1)
    
BENEDICTIO
V. Omnípotens Deus, qui gressus vestros ad nos redúxit in pace, ánimas vestras perdúcat ad ætérnam hereditátem.
R. Amen.
V. Et qui vos hic redíre fecit cleménter, ad se vos fáciat quandóque perveníre felíciter.
R. Amen. 
V. Ut cui pro redítu vestro hic lácrimas fundítis, ei pro conláto vobis múnere ætérno perénnes grátias perágatis.
R. Amen.
   
ORATIO
Deus, cui subjácent ómnia, cui famulántur cuncta, tempóribus fidelíssimi fámuli tui Francisco Franco ducis concéde pacífica témpora, et amóve cleménter barbárica bella, ut, quem præfecísti tuo pópulo príncipem, te duce in cunctis géntibus obtíneat pacem.
    
ORATIO
Te invocámus, Dómine, précibus nostris esse propítium, qui es Rex regum et Dóminus dominátium, ut ducem nostrum Francisco Franco de sede tuæ Majestátis benígnus aspícias, et cui dedísti súbditiam in regímine plebem, tríbuas étiam in ómnibus tuam facére voluntátem.
    
BENEDICTIO
V. Christus Dóminus preces fidelíssimi fámuli sui Francisco Franco ducis nostri seréno vultu inténdat, et regnum ejus in pace custódiat.
R. Amen.
V. Thrónum ejus justítia firmet et pópulum in pace multíplicet.
R. Amen.
V. Sit in salútem terræ et in defensiónem Pátriæ suæ.
R. Amen.
  
TRADUCCIÓN (Según la invitación oficial a la ceremonia)
   
ANTÍFONAS POR EL REGRESO DEL CAUDILLO
   
Antífona: Se nos anunció vuestro gozo y vuestro honor; nos alegramos de vuestra llegada. Porque hemos recibido un varón bueno y amable(2) para que haya alegría en este lugar.
R.  Y gozamos con gran gozo dando a Dios acciones de gracias por Vos. Porque hemos recibido un varón bueno y amable en este lugar.
   
Antífona: Bendito el Señor que dirigió vuestros pasos hasta nosotros. Para Vos paz y alegría hasta la Eternidad y en los siglos de los siglos.
R. Sois una raza elegida, un sacerdocio real, gente santa, pueblo de elección. Para Vos, paz y alegría hasta la Eternidad y en los siglos de los siglos.
   
Antífona: Bendito eres en la ciudad, bendito en el campo y benditas todas tus huellas. Bendito al entrar y al salir.
R. Bendígate el Señor desde Sión. Bendito al entrar y al salir.
   
Antífona: Hemos deseado ver vuestra llegada con la mayor alegría. La vimos y nos alegramos. Aleluya.
R. Y nos alegramos con gran alegría, Y la vimos y nos alegramos, Aleluya.
  
Antífona: Aleluya. Salieron al encuentro los ancianos de la ciudad, diciendo: Paz a vuestra llegada. Aleluya; venimos a anunciar la paz al Señor. Aleluya. Santificaos y alegraos con nosotros. Aleluya. Aleluya.
   
Antífona: Todos los Santos de la Iglesia de Cristo os saludan con ósculo santo. Aleluya. Aleluya.
  
Antífona: Hemos esperado ver vuestro rostro- Aleluya, con gran deseo, porque Vos sois nuestro gozo ante el Señor Aleluya, Aleluya.
   
Antífona: He aquí que la puerta de la Verdad se os ha abierto. Entrad en el Tabernáculo de Dios. Aleluya, Aleluya; entrad por las puertas del Señor con alabanza. Aleluya. Aleluya.
   
ORACIÓN POR EL REGRESO DEL CAUDILLO DESPUÉS DE LA GUERRA:
Rey Dios, por quien se rige el Reino de los Reyes, bajo cuyo gobierno todo se hace sublime, y en cuya ausencia frágil, asiste como prudente moderador al Caudillo Francisco Franco tu siervo. Dale, señor firme rectitud en la fe y una guarda incansable de Tu ley. Sobresalga por su honestidad de costumbres, de manera que sea agradable a Tu Majestad. Y de tal modo conduzca ahora a sus pueblos que sea coronado con los elegidos después del transito. Porque, según mandato, decimos: Padre nuestro...
 
BENDICIÓN:
V. El Dios omnipotente que trajo a nosotros tus pasos en paz, lleve nuestras almas a la Heredad Eterna. 
R. Así sea.
V. Y El que nos hizo, clemente, volver aquí, nos haga siempre llegar a Él felizmente. 
R. Así sea.
V. Para que a Él, ante quien derramáis aquí lágrimas por vuestro regreso, le deis gracias perennes por el eterno don que nos ha dado. 
R. Así sea.
  
ORACIÓN: 
¡Oh Dios!, a quien todo se somete, a quien todas las cosas sirven, haz que los tiempos de tu fiel siervo el Caudillo Francisco Franco, sean tiempos de paz, y aleja con Tu clemencia las guerras bárbaras. Para que aquel a quien pusiste al frente de tu pueblo, bajo Tu guía tenga paz con todas las naciones.
  
ORACIÓN: 
Te rogamos, ¡oh, Señor! que seas propicio a nuestras preces. Tú que eres Rey de Reyes y Señor de Señores, para que mires benignamente desde el Trono de Tu Majestad a nuestro Caudillo Francisco Franco. Y al que diste un pueblo sujeto a gobierno, le des también hacer en todo Tu voluntad.
 
BENDICIÓN: 
V. Escucha, Cristo Señor, los ruegos de tu fiel siervo, nuestro Caudillo Francisco Franco, con rostro sereno, y que guarde en paz su pueblo. 
R. Así sea.
V. Fortifique su trono la justicia y multiplique en paz su pueblo. 
R. Así sea. 
V. Sirva para salvación a la tierra y para defensa de su Patria. 
R. Así sea.
 
NOTA
(1) El Padre nuestro en la Misa y Oficio hispánico se reza distinto al Romano, excepto en la preparación para la Misa. El sacerdote recita la oración y los ministros (o el coro, en misa solemne) responden según sea el caso, así:
Pater noster, qui es in cœlis:
R. Amen.
 
Sanctificétur nomen tuum:
R. Amen.
 
Advéniat regnum tuum:
R. Amen.
 
Fiat volúntas tua, sicut in cœlo, et in terra.
R. Amen.
 
Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie:
R. Quia Deus es.
 
Et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimittímus debitóribus nostris.
R. Amen.
 
Et ne nos indúcas in tentatiónem:
R. Sed líbera nos a malo.
 
TRADUCCIÓN
Padre nuestro que estás en los cielos:
R. Amén.
 
Santificado sea el tu Nombre:
R. Amén.
 
Venga a nos el tu Reino:
R. Amén.
 
Hágase tu voluntad en la tierra como en el Cielo.
R. Amén.
 
El pan nuestro de cada día dánosle hoy:
R. Porque tú eres Dios.
 
Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.
R. Amén.
 
Y no nos dejes caer en la tentación:
R. Mas líbranos del mal.
   
(2) En la invitación oficial a la Ceremonia dice "Varón bueno y amable". Pero si seguimos la literalidad en la traducción, debe ser: "Varón santo".

viernes, 18 de julio de 2014

18 DE JULIO DE 1936: ALZAMIENTO NACIONAL

    
HOMENAJE AL GENERALÍSIMO FRANCISCO FRANCO BAHAMONDE Y A LOS SOLDADOS QUE COMBATIERON EN LA GRAN CRUZADA ESPAÑOLA CONTRA EL COMUNISMO Y LA MASONERÍA
  
Desde COMO OVEJAS SIN PASTOR

General Francisco Franco Bahamonde, Comandante General en Canarias
  
EL ALZAMIENTO QUE COMENZÓ EN CANARIAS

El 17 de julio de 1936, la prensa informa de que el general Franco viajó a la isla de Gran Canaria, para representar al Ministro de la Guerra en el sepelio del general Balmes. Después de asistir a las once de la mañana al multitudinario entierro, Franco visita por la tarde varios acuartelamientos.

A las tres de la madrugada del día 18, cuando descansa en el Hotel Madrid de Las Palmas, le comunican que en Melilla el Ejército se ha «levantado en armas contra el Gobierno». A las cinco, las emisoras locales (Radio Las Palmas y Radio Club Tenerife) difunden un manifiesto de Franco que proclama el estado de guerra. Hacía días que le esperaba, para dirigirse a África, una avioneta De Havilland Dragon Rapide —alquilada en Londres, mediante intermediarios, por el financiero Juan March—. El aparato despegó de la que hoy es la Base Militar de Gando -al sureste de Gran Canaria- con Franco en su interior, a las dos del mediodía del 18 de julio...
  
Alocución radiada del general Franco, 17 de julio de 1936
   
   
¡Españoles! A cuantos sentís el santo nombre de España, a los que en las filas del Ejército y la Armada habéis hecho profesión de fe en el servicio de la patria, a cuantos jurasteis defenderla de sus enemigos hasta perder la vida, la nación os llama a su defensa. La situación en España es cada día más crítica; la anarquía reina en la mayoría de los campos y pueblos; autoridades de nombramiento gubernativo presiden, cuando no fomentan, las revueltas; a tiro de pistola y ametralladoras se dirimen las diferencias entre los asesinos que alevosa y traidoramente os asesinan, sin que los poderes públicos impongan la paz y la justicia. Huelgas revolucionarias de todo orden paralizan la vida de la población, arruinando y destruyendo sus fuentes de riqueza y creando una situación de hambre que lanzará a la desesperación a los hombres trabajadores. Los monumentos y tesoros artísticos son objeto de los más enconados ataques de las hordas revolucionarias, obedeciendo a la consigna que reciben de las directivas extranjeras, con la complicidad y negligencia de los gobernadores de monterilla. Los más graves delitos se cometen en las ciudades y en los campos, mientras las fuerzas de orden público permanecen acuarteladas, corroídas por la desesperación que provoca una obediencia ciega a gobernantes que intentan deshonrarles. El Ejército, la Marina y demás institutos armados son blanco de los más soeces y calumniosos ataques, precisamente por parte de aquellos que debían velar por su prestigio, y entre tanto los estados de excepción de alarma sólo sirven para amordazar al pueblo y que España ignore lo que sucede fuera de las puertas de sus villas y ciudades, así como también para encarcelar a los pretendidos adversarios políticos.
     
La Constitución, por todos suspendida y vulnerada, sufre un eclipse total: ni igualdad ante la ley; ni libertad, aherrojada por la tiranía; ni fraternidad, cuando el odio y el crimen han sustituido el mutuo respeto; ni unidad de la Patria, amenazada por el desgarramiento territorial, más que por regionalismos que los Poderes fomentan; ni integridad ni defensa de nuestra frontera, cuando en el corazón de España se escuchan las emisoras extranjeras anunciar la destrucción y reparto de nuestro suelo. La Magistratura, cuya independencia garantiza la Constitución, sufre igualmente persecuciones y los más duros ataques a su independencia. Pactos electorales, hechos a, costa de la integridad de la propia Patria, unidos a los asaltos a Gobiernos civiles y cajas fuertes para falsear las actas formaron la máscara de legalidad que nos presidía.
     
Nada contuvo las apariencias del Gobierno, destitución ilegal del moderador, glorificación de las revoluciones de Asturias y Cataluña, una y otra quebrantadoras de la Constitución, que en nombre del pueblo era el Código fundamental, de nuestras instituciones.
   
Al espíritu revolucionario e inconsciente de las masas, engañadas y explotadas por los agentes soviéticos, se ocultan las sangrientas realidades de aquel régimen que sacrificó para su existencia 25 millones de personas, se unen la molicie y negligencia de autoridades de todas clases que, amparadas en un Poder claudicante, carecen de autoridad y prestigio para imponer el orden en el imperio de la libertad y de la justicia.
      
¿Es que se puede consentir un día más el vergonzoso espectáculo que estamos dando al mundo? ¿Es que podemos abandonar a España a los enemigos de la Patria, con proceder cobarde y traidor, entregándola sin lucha y sin resistencia? ¡Eso, no! Que lo hagan los traidores, pero no lo haremos quienes juramos defenderla.
       
Justicia, igualdad ante las leyes, ofrecemos.
         
Paz y amor entre los españoles; libertad y fraternidad, exenta de libertinajes y tiranías.
       
Trabajo para todos, justicia social, llevada a cabo sin encono ni violencia y una equitativa y progresiva distribución de riqueza, sin destruir ni poner en peligro la economía española.
      
Pero, frente a esto, una guerra sin cuartel a los explotadores de la política, a los engaños del obrero honrado, a los extranjeros y a los extranjerizantes, que directa y solapadamente intentan destruir a España.
     
En estos momentos es España entera la que se levanta pidiendo paz, fraternidad y justicia; en todas las regiones el Ejército, la Marina y fuerzas del orden público se lanza a defender la Patria.
     
La energía en el sostenimiento del orden estará en proporción a la magnitud de la resistencia que se ofrezca.
     
Nuestro impulso no se determina por la defensa de unos intereses bastardos ni por el deseo de retroceder en el camino de la Historia, porque las instituciones, sea cuales fuesen, deben garantizar un mínimo de convivencia entre los ciudadanos, que, no obstante las ilusiones puestas por tantos españoles, se han visto defraudadas pese a toda la transigencia y comprensión de todos los organismos nacionales, con una respuesta anárquica, cuya realidad es imponderable.
       
Como la pureza de nuestras intenciones nos impide el yugular aquellas conquistas que representan un avance en el mejoramiento político social, el espíritu de odio y venganza no tiene albergue en nuestro pecho; del forzoso naufragio que sufrirán algunos ensayos legislativos, sabremos salvar cuanto sea compatible con la paz interior de España y su anhelada grandeza, haciendo reales en nuestra Patria, por primera vez y en este orden, la trilogía, fraternidad, libertad, e igualdad.
          
Españoles: ¡Viva España! ¡Viva el honrado pueblo español!
      
Tetuán (Marruecos Español), 17 de julio de 1936. 

miércoles, 16 de abril de 2014

RADIOMENSAJE DE SU SANTIDAD PÍO XII A LOS FIELES DE ESPAÑA CON MOTIVO DE LA VICTORIA NACIONAL

Con inmenso gozo Nos dirigimos a vosotros, hijos queridísimos de la Católica España, para expresaros nuestra paterna congratulación por el don de la paz y de la victoria, con que Dios se ha dignado coronar el heroísmo cristiano de vuestra fe y caridad, probado en tantos y tan generosos sufrimientos.
      
Anhelante y confiado esperaba Nuestro Predecesor, de santa memoria, esta paz providencial, fruto sin duda de aquella fecunda bendición, que en los albores mismos de la contienda enviaba «a cuantos se habían propuesto la difícil y peligrosa tarea de defender y restaurar los derechos y el honor de Dios y de la Religión» [1]; y Nos no dudamos de que esta paz ha de ser la que él mismo desde entonces auguraba, «anuncio de un porvenir de tranquilidad en el orden y de honor en la prosperidad» [2].
      
Los designios de la Providencia, amadísimos hijos, se han vuelto a manifestar una vez más sobre la heroica España. La Nación elegida por Dios como principal instrumento de evangelización del Nuevo Mundo y como baluarte inexpugnable de la fe católica, acaba de dar a los prosélitos del ateísmo materialista de nuestro siglo la prueba más excelsa de que por encima de todo están los valores eternos de la religión y del espíritu. La propaganda tenaz y los esfuerzos constantes de los enemigos de Jesucristo parece que han querido hacer en España un experimento supremo de las fuerzas disolventes que tienen a su disposición repartidas por todo el mundo; y aunque es verdad que el Omnipotente no ha permitido por ahora que lograran su intento, pero ha tolerado al menos algunos de sus terribles efectos, para que el mundo viera, cómo la persecución religiosa, minando las bases mismas de la justicia y de la caridad, que son el amor de Dios y el respeto a su santa ley, puede arrastrar a la sociedad moderna a los abismos no sospechados de inicua destrucción y apasionada discordia.
       
Persuadido de esta verdad el sano pueblo español, con las dos notas características de su nobilísimo espíritu, que son la generosidad y la franqueza, se alzó decidido en defensa de los ideales de fe y civilización cristianas, profundamente arraigados en el suelo de España; y ayudado de Dios, «que no abandona a los que esperan en Él (Judith 13, 17) supo resistir al empuje de los que, engañados con lo que creían un ideal humanitario de exaltación del humilde, en realidad no luchaban sino en provecho del ateísmo.
      
Este primordial significado de vuestra victoria Nos hace concebir las más halagüeñas esperanzas, de que Dios en su misericordia se dignará conducir a España por el seguro camino de su tradicional y católica grandeza; la cual ha de ser el norte que oriente a todos los españoles, amantes de su Religión y de su Patria, en el esfuerzo de organizar la vida de la Nación en perfecta consonancia con su nobilísima historia de fe, piedad y civilización católicas.
        
Por esto exhortamos a los Gobernantes y a los Pastores de la Católica España, que iluminen la mente de los engañados, mostrándoles con amor las raíces del materialismo y del laicismo de donde han procedido sus errores y desdichas y de donde podrían retoñar nuevamente. Proponedles los principios de justicia individual y social, sin los cuales la paz y prosperidad de las naciones, por poderosas que sean, no pueden subsistir, y son los que se contienen en el Santo Evangelio y en la doctrina de la Iglesia.
       
No dudamos que así habrá de ser, y la garantía de Nuestra firme esperanza son los nobilísimos y cristianos sentimientos, de que han dado pruebas inequívocas el Jefe del Estado y tantos caballeros sus fieles colaboradores con la legal protección que han dispensado a los supremos intereses religiosos y sociales, conforme a las enseñanzas de la Sede Apostólica. La misma esperanza se funda además en el celo iluminado y abnegación de vuestros Obispos y Sacerdotes, acrisolados por el dolor, y también en la fe, piedad y espíritu de sacrificio, de que en horas terribles han dado heroica prueba las clases todas de la sociedad española.
       
Y ahora ante al recuerdo de las ruinas acumuladas en la guerra civil más sangrienta que recuerda la historia de los tiempos modernos, Nos con piadoso impulso inclinamos ante todo nuestra frente a la santa memoria de los Obispos, Sacerdotes, Religiosos de ambos sexos y fieles de todas edades y condiciones que en tan elevado número han sellado con sangre su fe en Jesucristo y su amor a la Religión católica: «maiorem hac dilectionem nemo habet», «no hay mayor prueba de amor » (San Juan 15, 13).
     
Reconocemos también nuestro deber de gratitud hacia todos aquellos que han sabido sacrificarse hasta el heroísmo en defensa de los derechos inalienables de Dios y de la Religión, ya sea en los campos de batalla, ya también consagrados a los sublimes oficios de caridad cristiana en cárceles y hospitales.
        
Ni podemos ocultar la amarga pena que nos causa el recuerdo de tantos inocentes niños, que arrancados de sus hogares han sido llevados a lejanas tierras con peligro muchas veces de apostasía y perversión: nada anhelamos más ardientemente que verlos restituidos al seno de sus familias, donde volverán a encontrar ferviente y cristiano el cariño de los suyos. Y aquellos otros, que como hijos pródigos tratan de volver a la casa del Padre, no dudamos que serán acogidos con benevolencia y amor.
       
A Vosotros toca, Venerables Hermanos en el Episcopado, aconsejar a los unos y a los otros, que en su política de pacificación todos sigan los principios inculcados por la Iglesia y proclamados con tanta nobleza por el Generalísimo: de justicia para el crimen y de benévola generosidad para con los equivocados. Nuestra solicitud, también de Padre, no puede olvidar a estos engañados, a quienes logró seducir con halagos y promesas una propaganda mentirosa y perversa. A ellos particularmente se ha de encaminar con paciencia y mansedumbre Vuestra solicitud Pastoral: orad por ellos, buscadlos, conducidlos de nuevo al seno regenerador de la Iglesia y al tierno regazo de la Patria, y llevadlos al Padre misericordioso, que los espera con los brazos abiertos.
       
Ea pues, queridísimos hijos, ya que el arco iris de la paz ha vuelto a resplandecer en el cielo de España, unámonos todos de corazón en un himno ferviente de acción de gracias al Dios de la Paz y en una plegaria de perdón y de misericordia para todos los que murieron; y a fin de que esta paz sea fecunda y duradera, con todo el fervor de Nuestro corazón os exhortamos a «mantener la unión del espíritu en el vínculo de la paz» (Efesios 4, 2-3). Así unidos y obedientes a vuestro venerable Episcopado, dedicaos con gozo y sin demora a la obra urgente de reconstrucción, que Dios y la Patria esperan de vosotros
     
En prenda de las copiosas gracias, que os obtendrán la Virgen Inmaculada y el Apóstol Santiago, patronos de España, y de las que os merecieron los grandes Santos españoles, hacemos descender sobre vosotros, Nuestros queridos hijos de la Católica España, sobre el Jefe del Estado y su ilustre Gobierno, sobre el celante Episcopado y su abnegado Clero, sobre los heroicos combatientes y sobre todos los fieles Nuestra Bendición Apostólica.
   
NOTAS 
     
[1] Alocución "Vuestra presencia", del Papa Pío XI a los clérigos y seglares prófugos de España: AAS 28 (1936) 380.
    
[2] l. c., p. 381.

martes, 1 de abril de 2014

DÍA DE LA VICTORIA NACIONAL: 1 DE ABRIL DE 1939

HOMENAJE AL GENERALÍSIMO FRANCISCO FRANCO BAHAMONDE Y AL BANDO NACIONAL EN LA CRUZADA ESPAÑOLA
   
Último parte de la Cruzada Española (1 de Abril de 1939)
  
CUARTEL GENERAL DEL GENERALÍSIMO
-------
ESTADO MAYOR
 
"En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.
El Generalísimo
Franco
Burgos 1º Abril 1939."

miércoles, 20 de noviembre de 2013

ÚLTIMAS PALABRAS DEL GENERALÍSIMO

Francisco Franco Bahamonde

Pido perdón a todos, como de todo corazón perdono a cuantos se declararon mis enemigos, sin que yo los tuviera como tales. Creo y deseo no haber tenido otros que aquellos que lo fueron de España, a la que amo hasta el último momento y a la que prometí servir hasta el último aliento de mi vida que ya sé próximo.

[...] Os pido que perseveréis en la unidad y la paz.

[...] Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la unidad de la Patria. Quisiera, en mi último momento, unir los nombres de Dios y de España y abrazaros a todos para gritar juntos, por última vez, en los umbrales de mi muerte: ¡Arriba España! ¡Viva España!
 
Francisco Franco, Mensaje póstumo

martes, 4 de junio de 2013

FRANCISCO FRANCO, CATÓLICO HASTA LA MUERTE

“Quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir”
Testamento de Francisco Franco.

martes, 21 de junio de 2011

FRANCO, FRANCO, FRANCO

Desde La Comedia Humana (en serio)



Me da igual si se trata de una obsesión personal de nuestro mezquino presidente del gobierno, cuyo nombre prefiero no mentar para evitar las nauseas, me importa un pito si es fruto de la ilimitada estupidez de la pandilla de guarras y sinvergüenzas a los que reparte ministerios, secretarías de estado o lo que le pete, me resbala si se trata o no de una maniobra para distraer eso que llaman la opinión pública, como si a tenor de los resultados electorales pudiese afirmarse que el “público” tiene opinión, y por supuesto no me inmuta la tibieza culpable de los burgueses conservadores o liberales.

Estoy más que harto de escuchar sandeces sobre Francisco Franco y la fatídica segunda república española.

En política, como en todo lo demás, soy antes que nada católico, sencillamente porque es lo único serio que se puede ser en este mundo, a poco que uno se informe.

Aunque me considere de pensamiento carlista, o tradicionalista, o como lo quieran ustedes llamar, y en consecuencia defienda para mi amada España el restablecimiento de sus instituciones históricas, desde la Monarquía Católica Tradicional hasta las Cortes de sus Reinos y sus Fueros, pasando por los gremios y el resto de asociaciones sociales auténticas, y a pesar de que el Generalísimo Franco decidiese otorgar la sucesión en la Jefatura del Estado a Don Juan Carlos de Borbón y Borbón, hijo, nieto y bisnieto de quién es, a pesar de todo, sé que en el periodo que va del 1 de abril de 1936 al 20 de noviembre de 1975, España gozó del mejor gobierno y la mayor mejora de sus condiciones de vida que nadie hubiera podido imaginar.

Y cuando me refiero a Francisco Franco, y eso hace que los que me escuchan suelan poner los ojos como platos, coloquialmente digo simplemente “el Caudillo”, cuando no Caudillo de España por la Gracia de Dios.

El régimen del 18 de julio fue una bendición divina para nuestra Patria, reinstauró un Estado Español Confesional Católico, la máxima aspiración de los patriotas cabales, nos devolvió el orgullo de ser españoles, y sobre todo nos regaló la paz, en todos los sentidos.

Francisco Franco (con todo y la dinastía isabelina), logró rescatar la Unidad, la Catolicidad, la Grandeza y la Libertad para España

Si, claro que soy franquista, no veo porque no habría de serlo. Si a alguien le parece que no se puede ser franquista y requeté, es su problema. Pero yo sé que de no ser por el Alzamiento Nacional del 18 de julio de 1936 y la Cruzada de Liberación Nacional, España y los españoles hubiesen sufrido durante años interminables la barbarie marxista, como en Rusia. Y me importa un rábano lo que me cuenten los mamarrachos que escriben en los periódicos, publican libelos, hablan por la radio o salen en la tele, sin formación alguna, ni fundamento conocido. La segunda república fue un régimen ilegítimo desde su nacimiento, que sumió a la Patria en el caos, el crimen y la barbarie. Negarlo es estar ciego, o ser un mentiroso.

Tras su muerte por edad y enfermedad, sus enemigos, que como él mismo aclaró en su testamento no son otros que los que lo son de España, han osado destruir sus estatuas, símbolos, recuerdos y homenajes, e incluso han retirado su nombre de El Ferrol del Caudillo. Ahora sacarán pérfidamente sus restos de la Basílica del Valle de los Caídos, y luego transformarán el sagrado recinto en una mamarrachada más de las suyas. Pero no podrán arrancar de nuestros corazones agradecidos, a aquel que fue el general más joven de Europa, el héroe de África, el fundador de la Academia General Militar, el salvador indiscutible de la Patria y su fiel servidor y custodio hasta la muerte.

Que alguien, de hecho muchos, tengan la desfachatez de atreverse a comparar el gobierno de Don Francisco Franco Bahamonde, con esto que sufrimos hoy, tiene bemoles. Y yo, me parece que se ha notado, estoy más que harto.

viernes, 1 de abril de 2011

EN EL DÍA DE LA VICTORIA, ¡GRACIAS FRANCISCO FRANCO!

Desde Las Cruces de las Espadas


Bien venido, Capitán;
bien venido a tu Madrid
con la palma de la lid
y con la llave del pan.
Dios bendiga el santo afán
que tu espada desnudó
y la victoria te dio…
porque hay en esa victoria
la inmensidad de la gloria
de un mundo que se salvó.

Con esa hueste triunfal
que tras tu enseña desfila,
y que lleva en la mochila
estrellas de general,
de la barbarie Oriental
vencer supiste el espanto
y alcanza tu gloria a tanto
que, con tu invencible tropa,
fue España escudo de Europa,
como en Granada y Lepanto.

De tu soberbia campaña,
Caudillo y noble y valiente,
ha surgido nuevamente
una grande y libre España.
Que sean tu nueva hazaña
estas paces, que unirán
en un mismo y puro afán
al hermano y el hermano…
¡Con la sombra de tu mano
es bastante, Capitán!

Manuel Machado
marzo de 1939.