Mostrando entradas con la etiqueta Notas de Frater Jorge. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Notas de Frater Jorge. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de enero de 2020

MENSAJE DE AÑO NUEVO

  
Amados hermanos en Jesús y María, salud y bendición en este año 2020 de la Encarnación del Señor.
  
El año anterior significó los 50 años de implantarse el segundo Sacrificio de Caín mediante la infame Constitución “Missále Románum”, y como dijimos hacía unas semanas, vemos que se vienen nuevos cambios al mismo, a fin de hacer un Novíssimus Ordo Missæ en el que no sólo habrá talmudismo y protestantismo, sino también elementos paganos -una antesala de lo cual se presenció en el nunca suficientemente anatematizado Sínodo de Octubre-.
  
De otra arista, también hemos afrontado persecución de parte de los enemigos de la Verdad, que, so capa de piedad y valiéndose de mil argucias y amenazas, han pretendido censurarnos solamente porque han sido despojados de la máscara con que se ocultaban para engañar a muchos hermanos. Pero en medio de tantas cosas, y como el año anterior lo manifestamos en nuestro mensaje de Año Nuevo, hemos resistido firmemente con el apoyo de la oración, confiando en que Dios nuestro Señor protege siempre a los que en Él confían, y que estas persecuciones, lejos de amedrentarnos, son una medalla de honor por seguir la Santa Causa, y nos alientan a continuar hasta el último aliento en la lucha.
  
Pero también, hemos de anunciar buenas noticias: aun en medio de estas situaciones, y de quebrantos de salud que se han presentado, hemos llegado a publicar muchos más artículos que en años anteriores, promoviendo la Sana Doctrina y la Devoción Auténtica. Ítem lo anterior, nos ha sido permitido y esperamos poder celebrar los 150 años de la proclamación, por parte del Bienaventurado Papa Pío IX, del Patrocinio de San José sobre la Iglesia Católica, el 8 de Diciembre de 1870.
 
Así, proclamamos al año 2020 como “Año Santo Josefino”. Seguiremos, queriendo Dios, denunciando el error y la impiedad, como lo hemos hecho siempre; pero también promoveremos la devoción al Venerado Padre y Señor San José (como lo llamaba Santa Teresa de Ávila).
  
Concluimos este mensaje, no sin antes encomendarnos a la Santísima Virgen María y su castísimo Esposo San José, para que sigan intercediendo por esta obra, y que nos permita continuar librando el buen combate hasta conseguir la victoria final. Que Ellos sigan atrayendo más almas hacia la Verdadera Fe Católica, y a cuantos estamos en ella, nos conceda la firmeza para perseverar y defenderla.
  
En unión de oraciones, amados hermanos.
   
JORGE RONDÓN SANTOS
1 de Enero de 2020 (Año Santo Josefino).
Circuncisión de Nuestro Señor Jesucristo, Octava de la Natividad y Dedicación de Santa María Annunziata en Florencia.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

MENSAJE DE NAVIDAD

 
Amados hermanos en Jesús, María y José, salud y bendición.
  
Como tantos años ha, celebramos otra vez el Nacimiento de Nuestro Salvador según la carne. Acontecimiento tan importante (hasta el punto que parte la historia de la humanidad en dos), y Misterio que fue realizado, como dice San Ignacio de Antioquía, en el silencio de Dios (cf. Carta a los Efesios XIX, 1); y que recordamos en nuestros hogares con el belén (pesebre) y el rezo de la Novena.

Por eso, no es de recibo para nosotros los Católicos decir “felices fiestas” como lo hacen los mundanos (e incluso muchos modernistas) en pos de un ecumenismo secularista e idólatra que, si no pone en el centro al solsticio, pone entonces al satánico engendro regordete creado por una marca de refrescos llamado “Santa Claus” (“Papá Noel”, “Santi Cló”, “Viejo Pascuero” et al.) junto al despilfarro de los días previos y los banquetes pantagruélicos con ingesta de cantidades navegables de alcohol en la noche del 24, con las consecuencias de todos conocidas.
  
Hermanos, estando como estamos en unos tiempos malísimos como los actuales, que esta celebración de la Navidad (la cual engloba también la Epifanía y su respectiva Octava), nos ayude a mantener la esperanza en Jesús nuestro Señor, que un día volverá como el Rey victorioso que es, precedido también por su Santísima Madre, a quien pedimos por su intercesión y la de todos los Ángeles y Santos ante Dios Uno y Trino.

¡SANTA Y BENDECIDA NAVIDAD PARA TODOS VOSOTROS, HERMANOS DILECTOS!

JORGE RONDÓN SANTOS
25 de Diciembre de 2019
Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. Fiesta de Santa Anastasia de Roma, Virgen y Mártir.

sábado, 21 de diciembre de 2019

NOS QUIEREN CENSURAR... PERO TIENEN MIEDO

Hay quienes no quieren que digamos la Verdad, o que seamos la voz de los que por alguna circunstancia no tienen voz. A tal efecto no sólo recurren al insulto frontal o a la bajeza de la calumnia, sino que ahora pretenden con leguleyadas, subterfugios y amenazas censurar nuestras publicaciones o incluso cerrar este pequeño espacio, que tanto nos ha costado mantener por estos años, para la gloria de Dios y la salvación de las almas.

Para muestra, nos han bajado el “Manifiesto-Denuncia de los Heraldos del Evangelio” por la ridícula razón de que se menciona en él a los Heraldos, cuando es evidente que la fuente original del mismo está indicada en el mismo comienzo. Y encima de todo, vienen a reclamar ¡LUEGO DE DOS AÑOS Y CINCO MESES DE PUBLICADO! (apareció el 10 de Julio de 2017) ¿Dónde andaban metidos durante todo ese lapso los que ahora quieren venir a reclamar, escondiéndose bajo el nombre de “Amaryllis Pascual”? ¿Creen que con eso van a desmentir todo cuanto está dicho?

Sepan esos cobardes, parangonables a las ratas jesuítico-opusinas, QUE NO LES TENEMOS MIEDO. Que sus ataques rastreros solo muestran que tienen miedo a que su perversidad sea denunciada y expuesta a todo el mundo. Pero tenemos la fe puesta en Dios nuestro Señor, y sabemos que Él en su Poder no permitirá que el impío se deleite en su maldad ni que ésta quede impune; y aunque muera el mensajero, el eco de su mensaje seguirá oyéndose en todo el mundo.
  
Si algún día nos tocare irnos, VOLVEREMOS (aun en otra parte), y seguiremos haciendo lo que hemos hecho desde siempre, como está consignado en nuestro grito de guerra: COMBATIR SIN TREGUA EN TODOS LOS FRENTES PARA QUE CRISTO REINE. «VIVAT JESU, AMOR NOSTER, ET MARÍA, SPES NOSTRA!».
  
JORGE RONDÓN SANTOS
21 de Diciembre de 2019
Fiesta de Santo Tomás Apóstol y Mártir. Sábado de las Témporas de Adviento.

domingo, 15 de diciembre de 2019

EL CLAMOR POR TIERRA SANTA Y LAS PRECES DE LEÓN XIII, O LA ORACIÓN POR LAS INTENCIONES DE LA IGLESIA EN TIEMPOS DE DIFICULTAD

Antes del Concilio de Trento, se usaba insertar algunas oraciones entre el Pater noster y el Agnus Dei en una práctica piadosa llamada Clamor por la recuperación de Tierra Santa (pro recuperatióne Terræ Sanctæ). Esta práctica surgió en 1187, tras la derrota cruzada en la batalla de Hattin el 4 de Julio, a manos de Saladino.
   
Esta práctica variaba en las distintas diócesis y monasterios, como quiera que en un comienzo era una devoción privada que después pasó a la liturgia. Por ejemplo, en el Uso de Sarum, esta práctica era conocida como Preces in Postratióne, y se hacía de esta forma:
Et sciendum est, quod in omni missa, quando de feria dicitur, fiat prostratio a toto choro statim post Sanctus usque Pax Dómini, per totum annum, nisi a Pascha usque Deus ómnium. 
  
Notandum est quod a Dómine, ne in ira usque ad Cœnam Domini, et a Deus ómnium usque ad vigiliam Nativitatis Domini, dicuntur istæ preces sequentes ad missam tantum in feriis et festis trium lectionum sine regimine chori, et in octavis et infra quando chorus non regitur. Et dicuntur post Per ómnia sǽcula sæculórum et Pater noster, inter Per ómnia sǽcula sæculórum et Pax Dómini; sacerdote sic dicente, Per ómnia sǽcula sæculórum. Et choro respondente, Amen. Statim incipiat chorus Preces in prostratione, hoc modo.
 
Psalmus 78 
Deus, vénerunt gentes in hæreditátem tuam: polluérunt templum sanctum tuum, posuérunt Hierúsalem in pomórum custódiam.
Posuérunt morticína servórum tuórum escas volatílibus cœli: carnes sanctórum tuórum béstiis terræ.
Effudérunt sánguinem eórum tanquam aquam in circúitu Hierúsalem: et non erat qui sepelíret.
Facti sumus oppróbrium vicínis nostris: subsannátio et illúsio his qui in circúitu nostro sunt.
Usque quo, Dómine, irascéris in finem: accendétur velut ignis zelus tuus?
Effúnde iram tuam in gentes quæ te non novérunt: et in regna quæ nomen tuum non invocavérunt.
Quia comedérunt Jacob: et locum ejus desolavérunt.
Ne memíneris iniquitátum nostrárum antiquárum: cito antícipent nos misericórdiæ tuæ, quia páuperes facti sumus nimis.
Adjuva nos, Deus, salutáris noster, et propter glóriam nóminis tui, Dómine, líbera nos: et propítius esto peccátis nostris, propter nomen tuum.
Ne forte dicant in géntibus, Ubi est Deus eórum? et innotéscat in natiónibus coram óculis nostris.
Ultio sánguinis servórum tuórum, qui effúsus est: intróeat in conspéctu tuo gémitus compeditórum.
Secúndum magnitúdinem bráchii tui: pósside fílios mortificatórum.
Et redde vicínis nostris séptuplum in sinu eórum: impropérium ipsórum quod exprobravérunt tibi, Dómine.
Nos autem pópulus tuus et oves páscuæ tuæ: confitébimur tibi in sǽculum.
In generatióne et generatiónem annunciábimus laudem tuam.
Glória Patri.
  
Psalmus 66 
Deus misereátur nostri, et benedícat nobis: illúminet vultum suum super nos, et misereátur nostri.
Ut cognoscámus in terra viam tuam: in ómnibus géntibus salutáre tuum.
Confiteántur tibi pópuli, Deus: confiteántur tibi populi omnes.
Læténtur et exsúltent gentes, quóniam júdicas pópulos in æquitáte: et gentes in terra dírigis.
Confiteántur tibi pópuli, Deus: confiteántur tibi pópuli omnes, terra dedit fructum tuum.
Benedícat nos Deus, Deus noster, benedícat nos Deus: et métuant eum omnes fines terræ.
Glória Patri et Fílio. 
  
Psalmus 20 
Dómine, in virtúte tua lætábitur rex: et super salutáre tuum exsultábit veheménter.
Desidérium cordis ejus tribuísti ei: et voluntáte labiórum ejus non fraudásti eum.
Quóniam prævenísti eum in benedictiónibus dulcédinis: posuísti in cápite ejus corónam de lápide pretióso.
Vitam pétiit a te: et tribuísti ei longitúdinem diérum in sǽculum, et in sǽculum sǽculi.
Magna est glória ejus in salutári tuo: glória et magnum decórem impónes super eum.
Quóniam dabis eum in benedictiónem in sǽculum sǽculi: lætificábis eum in gáudio cum vultu tuo.
Quóniam rex sperat in Dómino: et in misericórdia altíssimi non commovébitur.
Inveniátur manus tua ómnibus inimícis tuis: déxtera tua invéniat omnes qui te odérunt.
Pones eos ut clíbanum ignis in témpore vultus tui: Dóminus in ira sua conturbábit eos, et devorábit eos ignis.
Fructum eórum de terra perdes: et semen eórum a fíliis hóminum.
Quóniam declinavérunt in te mala: cogitavérunt consília quæ non potuérunt stabilíre.
Quóniam pones eos dorsum: in relíquiis tuis præparábis vultum eórum.
Exaltáre, Dómine, in virtúte tua: cantábimus et psallémus virtútes tuas.
Glória Patri. 
  
Antiphona. Tua est poténtia, tuum regnum, Dómine, tu es super omnes gentes: da pacem, Dómine, in diébus nostris.
 
Kýrie eléison.
Christe eléison.
Kýrie eléison.
 
Pater noster, et hæc omnia sine nota dicuntur, tam a clericis in choro quam a sacerdote cum suis ministris. Deinde dicat sacerdos cum nota. 
℣. Et ne nos indúcas in tentatiónem.
℟. Sed líbera nos a malo. 
℣. Exsúrgat Deus, et dissipéntur inimíci ejus.
℟. Et fúgiant qui odérunt eum a fácie ejus.
℣. Non nobis, Dómine, non nobis.
℟. Sed nómini tuo da glóriam.
℣. Orémus pro afflíctis et captívis.
℟. Líbera, Deus, Israel ex ómnibus tribulatiónibus eórum.
℣. Mitte eis, Dómine, auxílium de sancto.
℟. Et de Sion tuére eos.
℣. Esto nobis, Dómine, turris fortitúdinis.
℟. A fácie inimíci.
℣. Dómine, salvum fac regem.
℟. Et exáudi nos in die qua invocavérimus te.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℟. Et clamor meus ad te véniat.
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
Orémus.
  
ORATIO. 
Deus, qui admirábili providéntia cuncta dispónis, te supplíciter exorámus, ut terram, quam Unigénitus Fílius tuus próprio Sánguine consecrávit, de mánibus inimicórum crucis Christi erípiens restítuas cúltui Christiano, vota fidélium ad ejus liberatiónem instántium misericórditer dirigéndo in viam pacis æternæ [Oh Dios, que dispones todas las cosas con admirable providencia, te pedimos suplicantes que restaures al culto Cristiano, quitándolo de las manos de los enemigos de la Cruz de Cristo, la tierra que tu Hijo Unigénito consagró con su propia Sangre, dirigiendo misericordioso las oraciones de los fieles que están presentando para su entrega en el camino de la paz eterna].
  
Rege, quǽsumus, Dómine, fámulum tuum pontíficem nostrum; et, intercedénte beáta Dei genétrice sempérque vírgine María cum ómnibus sanctis tuis, grátiæ tuæ dona in eo multíplica, ut ab ómnibus liberétur offénsis, et temporálibus non destituátur auxíliis, et sempitérnis gáudeat institútis. [Te suplicamos, Señor, que dirijas a tu siervo nuestro pontífice; y por la intecesión de la bienaventurada Madre de Dios y siempre virgen Santa María con todos tus santos, multiplica en él los dones de tu gracia, para que libre de todas las ofensas, no sea destituido de los auxilios temporales, y sea establecido en la alegría sempiterna].
  
Da, quǽsumus, omnípotens Deus, fámulo tuo regi nostro salútem mentis et córporis; ut, bonis opéribus inhæréndo, tuæ semper virtútis mereátur protectióne deféndi. Per eúndem Christum Dóminum nostrum [Concédele te suplicamos, Señor, a tu siervo nuestro rey salud de alma y cuerpo, para que, realizando siempre buenas obras, merezca siempre ser defendido por la protección de tu poder. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor] Amen.
     
Sequatur, Pax Dómini sit semper vobíscum.
  
En ocasión de la predicación de la Cruzada por Eudes de Châteauroux O. Cist., cardenal-obispo de Túsculo (actual Frascati) y Legado Apostólico del Papa Inocencio IV para la Francia, en l Capítulo General de la Abadía del Císter del año 1248 se ordenó que cada día, luego del Pater noster y sus oraciones afines en la Misa conventual, los monjes y sacerdotes oraran postrados por el Papa, el Rey San Luis de Francia «qui signum sanctæ Crucis assúmpsit» (que asumió la señal de la Santa Cruz, esto es, dirigió la Cruzada) y por Tierra Santa, recitando el Salmo 78, el Kýrie eléison, el Pater noster, seguido de:
℣. Et ne nos indúcas in tentatiónem.
℟. Sed líbera nos a malo. 
℣. Exsúrgat Deus et dissipéntur inimíci ejus.
℟. Et fúgiant qui odérunt eum a fácie ejus.
℣. Salvum fac pópulum tuum, Dómine
℟. Et bénedic hæreditátem tuam.
℣. Orémus pro afflíctis et captívis et peregrínis Christiánis.
℟. Líbera eos, Deus, ex ómnibus tribulatiónibus eórum.
℣. Mitte eis, Dómine, auxílium de sancto.
℟. Et de Sion tuére eos.
[In regno vero Franciæ, dicitur:
℣. Dómine, salvum fac regem.
℟. Et exáudi nos in die qua invocavérimus te].
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℟. Et clamor meus ad te véniat.
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
Orémus.
  
ORATIO
Deus, ómnium fidélium pastor et rector, fámulum tuum, quem pastórem Ecclésiæ tuæ præésse voluísti, propítius réspice; ut ad vitam, una cum grege sibi crédito, pervéniat sempitérnam [Oh Dios, Pastor y gobernador de todos los fieles, mira benignamente por tu siervo, que quisiste presidiese como pastor en tu Iglesia. Concédele, como te rogamos, que de tal suerte edifique a sus súbditos con la palabra y con el ejemplo, que merezca llegar a la eterna vida junto con la grey que le ha sido confiada].
  
Fámulum tuum regem nostrum, quǽsumus, Dómine, tua semper protectióne cus­tódi, ut líbera tibi mente desérviat, et te protegénte a malis ómnibus sit secúrus [Te rogamos, Señor, que guardes siempre con tu protección a tu siervo nuestro rey, para que te sirva con alma libre, y esté seguro con tu protección frente a todos los males].
  
El 30 de Septiembre de 1252, mediante la Bula “Ad liberatiónem Terræ Sanctæ” dirigida por el Papa Inocencio IV a los obispos de Inglaterra, fijó el Clamor haciéndolo consistir del salmo 78 con el Gloria Patri, los responsos y las oraciones Fámulum tuum regem nostrum y Deus, qui admirábili providéntia cuncta dispónis (de la autoría de su antecesor Inocencio III).

No sólo se oraba por la Cruzada durante la Misa. Según registra el padre Charles-Eugène Berseaux en su libro L’Ordre des Chartreux et la Chartreuse de Bosserville, Nancy 1868, los monjes cartujos, en las Laudes del Oficio de la Santísima Virgen, rezan la oración «Deus, qui ad exhibénda nostræ Redemptiónis mystéria terram promissiónis elegisti: líbera eam, quǽsumus, ab instántia paganórum et restítuæ eam cúltui Christiáno, ut gentílium incredulitáte confúsa pópulus Christiánus de tuæ virtútis poténtia gloriétur» [Oh Dios, que elegiste la Tierra de Promisión para exhibir los misterios de nuestra Redención, líbrala, te rogamos, de la presencia de los paganos y restitúyela al culto Cristiano, para que, confundida la infidelidad de los gentiles, el pueblo Cristiano pueda gloriarse del poder de tu fuerza] atribuida a su fundador San Bruno, para que haya siempre nuevas Cruzadas contra los nuevos musulmanes (que son una amenaza latente contra la Cristiandad desde el año 637, cuando Jerusalén fue conquistada por el califa musulmán Ómar ibn al-Jattab).
  
Con la codificación del Misal Romano por San Pío V, esta práctica fue suprimida (aunque igualmente se conserva la Misa contra los Paganos), quedando entre las devociones particulares (ejemplo de ello es que la oración Deus, qui ad exhibénda nostræ Redemptiónis mystéria se conservó en la Letanía de los Santos Patronos de Colonia). Tres siglos después, el Papa Pío IX hizo en 1859 que en las Misas rezadas, acabado el último Evangelio, se dijeran en los Estados Pontificios tres Avemarías y la Salve, seguidas por cuatro oraciones, concediendo 300 días de Indulgencia a cuantos la rezaren o la escucharen decir:
℣. Ave María, grátia plena; Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus, et benedíctus fructus ventris tui Jesus.
℞. Sancta María, Mater Dei, ora pro nobis peccatóribus, nunc et in hora mortis nostræ. Amen.
  
℣. Ave María, grátia plena; Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus, et benedíctus fructus ventris tui Jesus.
℞. Sancta María, Mater Dei, ora pro nobis peccatóribus, nunc et in hora mortis nostræ. Amen.
   
℣. Ave María, gratia plena; Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus, et benedíctus fructus ventris tui Jesus.
℞. Sancta María, Mater Dei, ora pro nobis peccatóribus, nunc et in hora mortis nostræ. Amen.
  
Salve Regína, Mater misericórdiæ, vita, dulcédo, et spes nostra, salve. Ad te clamámus éxsules fílii Evæ. Ad te suspirámus, geméntes et flentes in hac lacrimárum valle. Eja, ergo, Advocáta nostra, illos tuos misericórdes óculos ad nos convérte. Et Jesum, benedíctum fructum ventris tui, nobis post hoc exílium osténde. O clemens, O pia, O dulcis Virgo María. Amen.
℣. Ora pro nobis, Sancta Dei Génitrix.
℞. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
  
Orémus.
  
ORATIO
(Communis Beatæ Mariæ Viriginis) Concéde nos fámulos tuos, quǽsumus, Dómine Deus, perpétua mentis et córporis sanitáte gaudére, et, gloriósa beátæ Maríæ semper vírginis intercessióne, a præsénti liberári tristítia et ætérna pérfrui lætítia.
 
(Pro remissione peccatorum) Deus, qui nullum réspuis, sed quántumvis peccántibus, per pœniténtiam pia miseratióne placáris, réspice propítius ad preces humilitátis nostrae, et illúmina corda nostra, ut tua valeámus ímplere praecépta.
 
(Pro pace) Deus, a quo sancta desidéria, recta consília et justa sunt ópera: da servis tuis illam, quam mundus dare non potest, pacem; ut et corda nostra mandátis tuis dédita, et hóstium subláta formídine, témpora sint tua protectióne tranquílla.
 
(Pro inimicis) Deus pacis, charitatísque amátor et custos, da ómnibus inimícis nostris pacem, charitatémque veram, et cunctórum eis remissiónem tríbue peccatórum, nosque ab eórum insídiis poténter éripe. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.
   
Curiosamente, Mons. Carlos María Colina y Rubio, Obispo de Chiapas (a la sazón desterrado en Ciudad de Guatemala), extendió mediante Carta Pastoral del 2 de Febrero de 1861 esta práctica a todas las iglesias de su diócesis, concediendo por ellas otros 40 días de Indulgencia.
  
Perdidos los Estados Pontificios en 1870, la oración cambió de orientación. León XIII, mediante decreto “Jam Indem” de la Sagrada Congregación de Ritos (6 de Enero de 1884), remplazando las cuatro colectas con la oración Deus, refúgium nostrum et virtus, las extendió a toda la Iglesia “a fin de obtener de Dios la ayuda necesaria en tiempos de tanta dificultad y prueba” y ratificó la Indulgencia otorgada por su antecesor. Dos años después le agregó la oración breve a San Miguel Arcángel, y San Pío X añadió en 1904 el responso Cor Jesu sacratíssimum, Miserére nobis, surgiendo las “Preces Leoninas” (o mejor, dados los antecedentes, Pío-Leoninas), tal y como las conocemos actualmente:
℣. Ave María, grátia plena; Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus, et benedíctus fructus ventris tui Jesus.
℞. Sancta María, Mater Dei, ora pro nobis peccatóribus, nunc et in hora mortis nostræ. Amen.
  
℣. Ave María, grátia plena; Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus, et benedíctus fructus ventris tui Jesus.
℞. Sancta María, Mater Dei, ora pro nobis peccatóribus, nunc et in hora mortis nostræ. Amen.
  
℣. Ave María, gratia plena; Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus, et benedíctus fructus ventris tui Jesus.
℞. Sancta María, Mater Dei, ora pro nobis peccatóribus, nunc et in hora mortis nostræ. Amen.
  
Salve Regína, Mater misericórdiæ, vita, dulcédo, et spes nostra, salve. Ad te clamámus éxsules fílii Evæ. Ad te suspirámus, geméntes et flentes in hac lacrimárum valle. Eja, ergo, Advocáta nostra, illos tuos misericórdes óculos ad nos convérte. Et Jesum, benedíctum fructum ventris tui, nobis post hoc exílium osténde. O clemens, O pia, O dulcis Virgo María. Amen.
℣. Ora pro nobis, Sancta Dei Génitrix.
℞. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
        
℣. Orémus: Deus, refúgium nostrum et virtus, pópulum ad te clamántem propítius réspice; et intercedénte gloriósa, et immaculáta Virgine Dei Genitríce María, cum beáto Joseph, ejus Sponso, ac beátis Apóstolis tuis Petro et Paulo, et ómnibus Sanctis, quas pro conversióne peccatórum, pro libertáte et exaltatióne sanctæ Matris Ecclésiæ, preces effúndimus, miséricors et benígnus exáudi. Per eúndem Christum Dóminum nostrum. Amen.
 
℞. Sancte Míchaël Archángele, defénde nos in prœ́lio; contra nequítiam et insídias diáboli esto præsídium. Ímperet illi Deus, súpplices deprecámur: tuque, Prínceps milítiæ cœléstis, Sátanam aliósque spíritus malígnos, qui ad perditiónem animárum pervagántur in mundo, divína virtúte in inférnum detrúde. Amen.
  
℣. Cor Jesu sacratíssimum.
℞. Miserére nobis.
℣. Cor Jesu sacratíssimum.
℞. Miserére nobis.
℣. Cor Jesu sacratíssimum.
℞. Miserére nobis.
Luego de la creación del Estado de la Ciudad del Vaticano en 1929, Pío XI ordenó mediante alocución del 30 de Junio de 1930 que, en adelante, se dijeran las preces para pedir que se devolviera a la afligida población de Rusia la tranquilidad y libertad de profesar la fe Católica, intención reiterada por Pío XII el 7 de Julio de 1952 en su carta Sacro Vergénte Anno (con la cual consagró Rusia al Inmaculado Corazón de María).
  
En síntesis, aunque la forma ha cambiado durante siglos, el deber de orar por la Santa Iglesia ha sido una constante. Y en estos tiempos desgraciados en que nos encontramos actualmente, estas oraciones recobran mayor actualidad y vigencia, para que permanezcamos firmes en la Fe como Cuerpo Místico que es la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica (aunque reducida a su más mínima expresión), y merezcamos un día recibir la corona triunfal de manos del que es nuestra Cabeza y Señor, Jesucristo nuestro Salvador. A Él la gloria y el poder, con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
  
JORGE RONDÓN SANTOS
15 de Diciembre de 2019
III Domínica de Adviento. Octava de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen Santa María. Fiesta de Nuestra Señora de La Puerta de Otuzco (Perú), de San Valeriano de Abbensa, Obispo, Confesor y Mártir; de Santa Cristiana, Virgen y Apóstol de Georgia; de Santa María Crucificada de Rosa, Virgen y Fundadora de las Siervas de la Caridad; del Beato Marino de La Cava, Abad. Ordenación de San Eusebio, Obispo de Vercelli y Confesor.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

RETABLO HOMOSEXUAL EN CATEDRAL SUECA

Traducción de la noticia publicada en GLORIA NEWS.

   
La catedral luterana de San Pablo en Malmö, Suecia, instaló el domingo el primer retablo homosexual del país.
 
“Paradiset” es una guasa del “Adán y Eva” de Lucas Cranach (1528), pero presenta en vez de Adán y Eva a homosexuales blancos y negros en poses lascivas.

La pieza, pintada por la profesa lesbiana Elisabeth Ohlson Wallin, de 59 años, fue considerada “demasiado política” para la catedral de Santa María en Skara, Suecia, en 2012.

En 2014, la pastora Helene Myrstener lo quiso para San Pablo de Malmö, pero la administración de la iglesia lo rechazó. Sin embargo, cinco años después fue puesto en el coro de San Pablo.
  
Sofia Tunebro, otra pastora de San Pablo, recibió la pieza “con orgullo y alegría”.

   
COMENTARIO: No hay que olvidar que en el año 2007 (en tiempos del “Emérito”), el arzobispo conciliar Vincenzo Paglia (presidente de la Pontificia Academia para la Vida y gran canciller del Pontificio Instituto “Juan Pablo II” para el Estudio del Matrimonio y la Familia, presidente de la Conferencia Bíblica Católica Italiana, obispo emérito de Terni-Narni-Amelia y arzobispo ad persónam –nombrado por el “Emérito”, como cosa rara, cuando le nombró presidente del Pontificio Consejo para la Familia–, fundador -con el historiador Andrea Riccardi- de la Asociación Internacional de Fieles “Comunidad Sant’Egidio” y postulador de las causas de canonización de Óscar Arnulfo Romero y Gáldamez y de Félix Varela y Morales)  encargó al artista homosexual argentino Ricardo Cinalli el mural “La pesca mística” en la contrafachada de la catedral Santa María Asunta de Terni (y por ende, a la vista del presbítero que celebre el inválido y sacrílego servicio novusordiano), donde él y su representante para los bienes culturales, el presbítero Fabio Leonardis aparecen representados junto a homosexuales, transexuales, prostitutas y traficantes de droga desnudos y semidesnudos en actitudes claramente eróticas (Cinalli quería representarlos teniendo relaciones sexuales, pero Paglia no aceptó), siendo llevados en sendas redes por un “Salvador” cuya cara se basó en la de un conocido peluquero homosexual de la ciudad llamado Emiliano, hacia una Jerusalén rodeada de hombres y mujeres en actitudes nada seráficas y donde hay más minaretes de mezquitas que torres de iglesias.
   

Recordar que hace mil años, la sodomía era un mal tan extendido en el clero que San Pedro Damián exigía que a los culpables de ese crimen no se les confiriera las Órdenes Sagradas ni se les admitiera en estado monástico (y si lo habían recibido, se les expulsara) y en su Libro Gomorriano dice sin medias tintas:
«Este vicio no puede compararse en absoluto con ningún otro, pues a todos los supera enormemente. Este vicio es la muerte del cuerpo, perdición del alma; infecta la carne, apaga las luces de la mente, expulsa al Espíritu Santo del templo del corazón, hace que entre el diablo fomentador de la lujuria; induce al error, hurta la verdad de la mente, engañándola; prepara trampas al que camina, cierra la boca del pozo a quien en él cae; abre el infierno, cierra las puertas del Paraíso, transforma al ciudadano de la Jerusalén celeste en habitante de la Babilonia infernal: secciona un miembro de la Iglesia y lo arroja a las codiciosas llamas de encendida Gehenna.
 
Este vicio busca abatir los muros de la patria celeste y busca reedificar lo que fueron incendiados en Sodoma. Es algo que atropella la sobriedad, que asesina el pudor, que degüella la castidad, que destroza la virginidad con la hoja de una repugnante infección. Todo lo ensucia, todo lo ofende, todo lo mancha y como no tiene en sí nada de puro, nada exento de indecencia, no soporta que nada sea puro. Como dice el apóstol, “todo es puro para los puros, pero para los infieles y contaminados nada es puro” (Tito 1, 15). Este vicio expulsa del coro de la familia eclesiástica y obliga a rezar con los endemoniados y con aquellos que sufren a causa del demonio; separa el alma de Dios para unirla al Diablo».

martes, 3 de diciembre de 2019

FRANCISCO BERGOGLIO COMIENZA EL ADVIENTO CON UNA MISA EN LA JUNGLA AFRICANA

Noticia tomada de GLORIA NEWS.


El primer domingo de Adviento Francisco presidió en la Plaza San Pedro una Misa para la comunidad congoleña. Se llevó a cabo en el rito Zaire de 1988, el cual incorpora elementos africanos para promover la “inculturación”.
  
La Misa del Congo de Francisco marcó el 25º aniversario del establecimiento de la primera capellanía congoleña en Roma.
   
En el Ofertorio, hubo una música estilo Congo y una procesión con baile que transformó la basílica de San Pedro en una especie de jungla. Francisco pareció aburrido en los momentos en que se ululaba y se balanceaba (ver vídeo debajo).
   
Usuarios de Twitter están haciendo bromas sobre el show, pidiendo integrar jirafas, elefantes y danzas folklóricas en futuras celebraciones.
   
La Santa Comunión fue con frecuencia distribuida en la mano, aunque esta práctica es generalmente restringida o incluso negada en el interior del Vaticano.
  
DEL RITO ZAIREÑO (Por Jorge Rondón Santos)
El rito zaireño (en francés Rite zaïrois, oficialmente «Misal Romano para las diócesis del Zaire») es la adaptación congolesa del rito montiniano siguiendo la declaración Ad Gentes, fue promovido por el cardenal Joseph-Albert Malula, arzobispo de Kinshasa y padre conciliar (hizo parte de la Comisión de Liturgia), desde 1972 (en otras regiones del Zaire -antiguo Congo Belga, hoy Rep. Dem. del Congo). Fue aprobado mediante el decreto Zairénsium Diœcésium, del 30 de Abril de 1988 [Tomado de CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO, Notitiæ 264 (año 1988), pág. 457 En CONFERENCIA EPISCOPAL DEL ZAIRE (actual REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO), Présentation de la liturgie de la Messe. Supplément au Missel Romain pour les Diocèses du Zaïre, Kinshasa/Gombe, Editions du Secrétariat Général, 1989, pág. 4. Traducción propia]:
CONGREGATIO PRO CULTU DIVINO
 
Prot. 1520/85
  
DECRETO ZAIRÉNSIUM DIŒCÉSIUM, CONFIRMANDO EL MISAL ROMANO PARA LAS DIÓCESIS DEL ZAIRE
  
Después de largos años, los Obispos del Zaire, en aplicación de las normas del Concilio Vaticano II (cf. Sacrosánctum Concílium, n. 30) y en vista de promover una mejor participación en la celebración de la Eucaristía, alimentando el deseo de adaptar el Ordo Missæ a las costumbres y al genio del pueblo que les es confiado.
  
Un minucioso estudio de los dones de la tradición ha conducido a discernir, considerando bien todas las cosas, los elementos susceptibles de ser integrados en la Santa Liturgia.
  
Este estudio ha permitido a los Obispos proponer a la Sede Apostólica una nueva estructura de los ritos a fin de introducirlos, con su consentimiento, en la Liturgia de la Misa, quedando intacta la unidad fundamental del rito romano.
  
A la petición instante de Su Excelencia Monseñor Laurent MONSENGWO PASINYA, Obispo titular de Aquæ novæ in Proconsulári, Presidente de la Conferencia de los Obispos del Zaire, formulada en su carta del 24 de Septiembre de 1987, la Congregación para el Culto Divino, en virtud de las facultades concedidas a ella por el Soberano Pontífice JUAN PABLO II, aprobó voluntariamente y confirmó el texto del Ordinario de la Misa en su redacción en lengua francesa con anexo a los Preliminares, el Calendario y las Misas propias, cuyo texto está junto a este Decreto.
  
La edición hará mención de la confirmación concedida por la Sede Apostólica. Además, dos ejemplares de esta edición serán remitidos a esta Congregación. No obstando nada en contrario.
  
En la sede de la Congregación para el Culto Divino, en este Año Mariano, a 30 de Abril de 1988.
  
Paul Augustin Card. MAYER
                   Prefecto

                + Virgilio NOÈ, Arzobispo tit. de Voncaria
                   Secretario
Hay que tener en cuenta que en Bélgica (y por ende, en el Congo-Léopoldville), el Movimiento Litúrgico tuvo su mayor auge después de la guerra, y su epicentro era el monasterio de Mont-César, con su llamado a la participación activa de los fieles, y que en 1961, los obispos del Congo se quejaban de que la liturgia existente y llevada por los misioneros belgas era ajena a las culturas locales:
«La liturgia introducida en África todavía no está adaptada al carácter propio de nuestros pueblos, y por tanto ha quedado como extraña a ellos. El retorno a las auténticas tradiciones de la liturgia abre ampliamente el camino a una adaptación fundamental de la liturgia al ambiente africano. Así, una adaptación es muy necesaria para la edificación de la comunidad tradicional (pagana) en el terreno religioso, puesto que el culto es el elemento más importante que une a toda la comunidad. Solo una forma viva y adaptada de culto puede generar la indispensable profundidad de la fe que no puede ser dada por la sola instrucción… Un estudio elaborado y crítico de las costumbres religiosas como también un vivo contacto con la gente revelará las necesidades culturales fundamentales, y proporcionará los elementos necesarios para la elaboración de una liturgia africana viviente que sea sensible a las aspiraciones de los pueblos». [NWAKA CHRIS EGBULEM OP. The Power of Africentric Celebrations: Inspirations from the Zairean Liturgy. (New York: A Crossroad Publishing Company, 1996, págs. 33-34, traducción propia]
Es esencialmente el rito novusordiano, con las siguientes particularidades (todo cuanto sigue es sobre la versión solemne del rito zairense):
  • Antes de la celebración, hace presencia un anunciador diciendo: «Venid a la iglesia, traiga cada uno su ofrenda», que tocando una campana o un gong, insta a los fieles a hacer silencio. Luego anuncia el inicio de la celebración, presenta al presbítero, al diácono y los demás ministros, e invitan a los fieles y al coro a cantar.
  • El presbítero y los monaguillos (portando la cruz procesional, los ciriales y el turíbulo), ingresan danzando al templo hasta llegar al altar. El presbítero, con los brazos en U, besa la mitad de cada lado, y los ministros permanecen profundamente inclinados.
  • Hecha la señal de la cruz, se reza una letanía de los Santos, que incluye la invocación de los ancestros, así: 
    «℣. Pueblo santo del Cielo. ℟. Estad con nosotros»
    «℣. Vosotros que veis a Dios. ℟. Estad con nosotros»
    «℣. Venid, glorifiquemos juntos al Señor. ℟. Con todos los que celebramos esta Misa en este momento»
    «℣. Vosotros, nuestros antepasados con sincero corazón [N. del T. los que, sin conocer el Evangelio, vivieron según su conciencia y la ley natural]. ℟. Estad con nosotros»
    «℣. Vosotros, que ayudados por Dios le servisteis fielmente. ℟. Estad con nosotros»
    «℣. Venid, glorifiquemos juntos al Señor. ℟. Con todos los que celebramos esta Misa en este momento».
  • El Gloria es cantado y danzado (el presbítero y los ministros danzan alrededor del altar, los fieles en sus puestos). Acabado este, se canta la Oración colecta (todos con las manos levantadas).
  • Cada lector pide la bendición del celebrante antes de proclamar las perícopas correspondientes diciendo: «Padre, por favor bendíceme:/ que el Señor pueda ayudarme con su gracia,/ para que pueda proclamar bien la palabra de Dios».
    A lo que el sacerdote responde: «Que el Señor venga en tu auxilio/, para que tus ojos brillen/, para que la palabra proclamada por tu boca/ pueda consolar los corazones del pueblo».
    Y el lector dice «Amén». (El anunciador hace la introducción de la lectura).
  • Cuando el evangeliario es llevado al ambón, el que lo lleva baila. El presbítero entroniza el libro y dice:
    Presidente. Hermanos y hermanas, el Verbo se hizo carne.
    Asamblea. Y viene a habitar en medio de nosotros.
    P. Escuchémosle.
    Todos permanecen en silencio por unos instantes.P. La Buena Noticia, como San N. la ha escrito
    A. Gloria a ti, Jesucristo, gloria a ti. O: Se anuncia, se anuncia, estamos escuchando.
      
    Los fieles oyen el Evangelio sentados (en África Subsahariana, los mensajes importantes se oyen sentados, en señal de atención y respeto). Concluida la lectura:
    P. El que tenga oídos para oír,
    A. Oiga.
    P. El que tenga corazón para asentir,
    A. Asienta.
  • La homilía la hace o el presbítero o un laico, a la cual sigue el Credo (danzado también).
  • El acto penitencial (que se hace con la cabeza inclinada y las manos cruzadas sobre el pecho en forma de X, y cuya fórmula propia es la siguiente:
    «Hermanos y hermanas, la palabra de Dios nos ha iluminado. Sabemos que no siempre la hemos seguido. Pidamos al Señor que nos dé la fuerza que necesitamos para llevar una vida mejor.
      
    Señor Dios nuestro, como el insecto que se pega a nuestra piel y succiona nuestra sangre, el mal ha venido sobre nosotros. Nuestro poder de vida está debilitado. ¿Quién nos puede salvar? Nadie sino tu, oh Padre, Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
      
    Ante ti, oh Padre, ante la Virgen María, ante todos los Santos confesamos que hemos cometido errores: danos la fuerza que necesitamos para llevar una vida mejor. Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.
      
    Ante nuestros hermanos, ante nuestras hermanas, confesamos que hemos hecho mal: dadnos la fuerza para llevar una vida mejor, preservadnos de recaer en la sombra. Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.
       
    Beatísimo Padre, restablece en nosotros lo que gastamos en el mal, perdona nuestras culpas a causa del sacrificio de tu Hijo Jesucristo, tu Espíritu pueda tomar posesión de nuestros corazones y puedan ser anegados nuestros pecados en las aguas profundas y silenciosas de tu misericordia»)
    es trasladado al finalizar el Evangelio o el Credo (según el caso). Durante el mismo, el presbítero celebrante asperja a los fieles con agua bendita, al son de los tambores tam tam. Le sigue el gesto de la paz, en el que la gente generalmente sacuden sus dos manos como signo de total apertura o aceptación. A veces esta sacudida de manos es precedida por el lavado de las manos en un recipiente común.
  • La oración de fieles (que por lo general es hecha según la localidad) la hace el anunciador, y durante la misma se quema incienso.
  • Los fieles hacen procesión de ofrendas, las cuales son entregadas al celebrante, quien las presenta cantando o hablando. Primero se entregan las que no sean pan o vino, luego el pan y el vino, con estas palabras: «Oh sacerdote de Dios,/ he aquí nuestras ofrendas,/ recíbelas:/ Ellas manifiestan nuestro espíritu / de solidaridad y compartir,/ y muestran que nos amamos unos a otros,/ como el Señor nos ama».
  • Antes de la liturgia eucarística, el anunciador hace sonar tres veces la campana o el gong diciendo: «Hermanos, hermanas, escuchad atentos».
  • Aunque se pueden usar los prefacios del misal romano, el Rito Zaireño cuenta con un prefacio y plegaria eucarística propias (adaptadas de la “Plegaria Eucarística II”): 
    P. Verdaderamente, Señor Es bueno que te demos gracias, que te glorifiquemos. A ti, Dios nuestro, A ti, nuestro Padre, A ti, el sol en el cual no podemos fijar nuestros ojos, A ti, que lo ves, A ti, dominador de todos los pueblos, A ti, dueño de todas las cosas. Te damos gracias por tu Hijo Jesucristo, nuestro mediador.
    A. Amén. Él es el único mediador.
    P. Padre Santo, te alabamos por tu Hijo Jesucristo nuestro mediador. Él es tu Palabra que da vida. Por él creaste el cielo y la tierra; Por él creaste las fuentes del mundo, los ríos, las fuentes, los lagos y todos los peces que viven en ellos. Por él creaste las estrellas, las aves del cielo, los bosques, las sabanas, las llanuras, las montañas y todos los animales que viven allí. Por él creaste las cosas que vemos y las que no vemos.
    A. Amén. Por él creaste todas las cosas.
    P. Tú lo estableciste como Señor de todas las cosas. Tú lo enviaste a nosotros para que pudiera ser nuestro Redentor y nuestro Salvador. Él es el Dios hecho hombre. Por el Espíritu Santo, Él se encarnó de la Virgen María. Creemos que es así.
    A. Amén. Creemos que es así.
    P.  Tú lo enviaste para reunir a todos los hombres para que ellos puedan formar un solo pueblo. Él obedeció, Él murió en la cruz, Él venció a la muerte, Él resucitó de entre los muertos.
    A. Amén. Él resucitó. Él venció a la muerte.
    P. Por eso es que con todos los Ángeles, con todos los Santos, con todos los muertos que están contigo, te decimos (cantamos) que eres santo.
    A. Santo,…
    El sacerdote continúa solo, con las manos extendidas: Tú eres santo, Señor, Dios nuestro. Tu único Hijo, Jesucristo, es santo. Tu Espíritu, el Paráclito, es santo. Tú eres Santo, Dios omnipotente, te suplicamos, escúchanos.
      
    El [Los] sacerdote[s] extiende[s] sus manos sobre la oblata, diciendo: Mira este pan, mira este vino, míralos: Santifícalos, que el Espíritu Santo descienda sobre estas ofrendas que te hemos traído: Que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, que en la misma noche en que fue arrestado, tomó pan (toma el pan y lo sostiene para que el pueblo lo vea. Luego él[los] continúa[n]), te dio gracias, rompe el pan: y lo dio a sus discípulos, diciendo: TOMAD Y COMED, TODOS VOSOTROS, ESTE ES MI CUERPO, ENTREGADO POR VOSOTROS.
       
    Algún repique de campanas puede acompañar todas las palabras de la institución. El sacerdote muestra la hostia consagrada a los fieles. Los fieles pueden romper en aclamación a Cristo presente en el altar con una fórmula como: Oh Cristo, tú eres Dios, tú eres Señor o Señor mío y Dios mío.
       
    Luego, el sacerdote pone la hostia en el corporal. Luego el presidente (y los concelebrantes) se arrodillan o se inclinan un poco sin tocar el altar. Levantándose, continúa[n]: Así también, acabada la cena, tomó el cáliz. El presidente toma el cáliz. Dándote gracias, lo dio a sus discípulos diciendo: TOMAD Y BEBED, TODOS VOSOTROS, PORQUE ESTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, SERÁ PARA VOSOTROS Y PARA MUCHOS LA REMISIÓN DE LOS PECADOS. HACED ESTO EN MEMORIA MÍA.
      
    El sacerdote muestra el cáliz a los fieles. Los fieles pueden romper en aclamación a Cristo presente en el altar con una fórmula como: Oh Cristo, tú eres Dios, tú eres Señor o Señor mío y Dios mío.
      
    Luego, el sacerdote pone el cáliz en el corporal. Luego el presidente (y los concelebrantes) se arrodillan o se inclinan un poco sin tocar el altar. Levantándose, el presidente dice (o canta): Es grande, el misterio de la fe.
    A. Tú has muerto, Señor. Lo creemos. Tú has resucitado. Lo creemos. Tú volverás en gloria. Lo creemos.
      
    El [Los] sacerdote[s] dice[n] con las manos extendidas: Señor Dios nuestro, recordamos la muerte y resurrección de tu Hijo. Te ofrecemos el pan de vida, te ofrecemos el cáliz de salvación, te agradecemos, por hacernos tus elegidos dignos de estar en tu presencia y servirte, Señor, Dios de misericordia: He aquí que comeremos el cuerpo de Cristo; comeremos la sangre de Cristo. Te pedimos: ten misericordia de nosotros, y envía tu Espíritu sobre nosotros, que tu Espíritu nos congregue, que todos seamos uno.
    A. Señor, que tu Espíritu nos congregue, que todos seamos uno.
      
    El [Los] sacerdote[s] dice[n] con las manos extendidas: Señor, recuerda a tu Iglesia. Está extendida por todo el mundo. Que todos los cristianos se amen unos a otros como tú nos amas. Recuerda a nuestro Papa N. Recuerda a nuestro Obispo N. Recuerda a los que están fielmente guardando la fe apostólica; que vivan en justicia y santidad.
    A. Señor, recuérdalos a todos ellos.
    P. Señor, recuerda a nuestros hermanos que han muerto en la esperanza de la resurrección o para ser salvos. Recuérdalos a todos ellos. Recuerda a todos los que han dejado esta tierra, de los cuales conoces la rectitud de sus corazones. Recuérdalos a todos ellos. Recíbelos en tu presencia, que puedan ver tu rostro.
    A. Señor, recuérdalos a todos ellos.
    P. Señor, te rogamos, acuérdate de todos nosotros, para que podamos ser recibidos en tu presencia algún día. Donde moras con la Santísima Virgen María, madre de Dios, su esposo San José, los Apóstoles y los santos de todos los tiempos, todos los que amas, y los que te han amado. Que podamos estar en tu presencia para alabarte y glorificarte por tu Hijo, Jesucristo, Nuestro Señor.
    Los fieles se levantan y toman la postura de oración. El sacerdote toma la patena con la hostia y el caliz, y elevándolos al nivel de los ojos, dice o canta con los concelebrantes: Señor, que podamos glorificar tu nombre, tu honorable nombre: Padre, Hijo, Espíritu Santo.
    A. Que podamos glorificar tu nombre, hoy, mañana, y por los siglos de los siglos. Amén.
       
    O cuando cantan la doxología:
    P. Señor, que podamos glorificar tu nombre.
    A. ¡Amén!
    P. Tu nombre.
    A. ¡Amén!
    P. Muy honorable.
    A. ¡Amén!
    P. Padre.
    A. ¡Amén!
    P. Hijo.
    A. ¡Amén!
    P. Espíritu Santo.
    A. ¡Amén!
    P. Que podamos glorificar tu nombre.
    A. ¡Amén!
    P. Hoy.
    A. ¡Amén!
    P. Mañana.
    A. ¡Amén!
    P. Y por los siglos de los siglos.
    A. ¡Amén!
       
    O:
    P. Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
    A. Amén.
  • Los fieles reciben la “comunión” en la mano y se van, danzando, a sus puestos, donde la consumen.
  • Después de la oración post-comunión, se dan los anuncios y la bienvenida a los huéspedes.
  • Acabado el servicio (que puede durar 2½ horas), salen en procesión hasta fuera del templo.
  • Los ornamentos y mobiliario (y en algunos casos, hasta los vasos sagrados) se basan en la idiosincracia local. Los ornamentos tienen un arreglo cromático donde el color de fondo es dominante, y la decoración es de los colores complementarios.
Aunque se ha presentado como un intento de acercar la liturgia a la mentalidad del congoleño, la realidad es que este ritual fue el aspecto litúrgico de la “Zairenización” llevada a cabo por el dictador cleptócrata Joseph-Désiré Mobutu Sese Seko durante los 70, que produjo gran miseria en su nación (Mobutu llegó a decir: «la clave del éxito es robar poco a poco, para que los demás no se den cuenta»). Y en cuanto al mismo Mulala, cuando fue consagrado como obispo auxiliar de Léopoldville (actual Kinshasa), en Julio de 1959, prometió
«una Iglesia congoleña en un Estado congoleño, una Iglesia que se revista de un rostro verdaderamente congoleño, en su expresión teológica y filosófica, en la evangelización e igualmente en su liturgia. El hecho de que los valores congoleños los valores africanos sean insertados en la liturgia, a fin de que el pueblo comprenda de qué trata, algo que pruebe que la Iglesia es su Iglesia, y no alguna cosa importada, sino al contrario, que es algo encarnado».

domingo, 1 de diciembre de 2019

LA “CORONA DE ADVIENTO”, SÌMBOLO PAGANO

Junto con el “Árbol de Navidad” y el “Papá Noel” (“Santi Cló”, “Viejo Pascuero” o como se llame y/o quien haga sus veces), otro símbolo de origen alemán ha irrumpido en muchos hogares para el tiempo de Adviento y Navidad. Nos referimos, pues, a la Corona de Adviento. Frente a la difusión que éste ha tenido en estos tiempos, principalmente en el ámbito conciliar, cabe preguntarse si es una costumbre que puede adoptarse por un Católico, y es el tema de nuestro artículo presente.

Corona de Adviento
 
Antes de abordar el tema central, es oportuno dar un repaso histórico del tiempo de Adviento. La celebración de este tiempo litúrgico tiene su origen en la tradición bizantina como un período de ayuno de cuarenta días que comienza el 15 de Noviembre, el día posterior a San Felipe Apóstol -en el calendario bizantino, ya que en el Romano es el 1 de Mayo con San Santiago el Menor- (de ahí que se le llame también Ayuno de Felipe) y acaba el 24 de Diciembre. Se cree que esta celebración fue importada por San Gregorio Magno -que antes de ser Papa fue legado apostólico en Constantinopla- a la Iglesia occidental. Inicialmente se observaban seis semanas de preparación, comenzando el Domingo posterior a la fiesta de San Martín de Tours -práctica aún conservada en el Rito Ambrosiano donde, si el 24 de Diciembre cae en Domingo, se le considera como domínica aparte-; y en el Rito Hispano-Mozárabe de Toledo, el domingo más cercano a San Acisclo Mártir (fiesta litúrgica: 17 de Noviembre), entre el 13 y el 19 de Noviembre. Un siglo después, se recortó en dos semanas, quedando así su inicio en el Domingo más cercano a San Andrés Apóstol, como es la práctica en el Rito Romano.
   
Según el criterio de muchos historiadores y eruditos, el concepto de la Corona de Adviento tuvo su origen entre los luteranos alemanes del siglo XVI, aunque sus raíces remotas están en el paganismo nórdico, que siguiendo el esquema cíclico de las estaciones y la creencia de la muerte y renacimiento del sol durante el invierno, cortaban ramas de árboles perennifolios que eran dispuestas en forma circular y encendían fuego con la esperanza de que su dios solar Balder, asesinado por su hermano ciego Höðr con un dardo de muérdago fabricado por su tío malvado Loki, retornara con la fertilidad de los campos en la primavera. Y en ese sentido, la fiesta del Yule, en el solsticio de invierno boreal, simboliza el renacimiento del Dios solar después de su muerte en Samhain (31 de Octubre) las hojas han caído y la vida espera bajo la tierra esperando a renacer.
     
En la religión wicca existe el llamado tronco de Yule, sobre el cual se ponen cinco velas que se encienden en el siguiente orden:
  • La primera vela (que representa a la conciencia), es de color negro, ya que contiene a todos los demás colores, simboliza un comienzo nuevo y de un principio de vida tanto física, espiritual así como mental. Representa todo lo básico para ser, es la substancia y de ahí parte todo, tiene que ver el amor a la vida y al encender su luz, simbólicamente disipa cualquier oscuridad existente. En algunos lugares, en vez de velas, se prendían las hogueras y al encenderlas y estando en circulo todos, oran por el bienestar pidiendo lo básico para subsistir y más adelante poder a la vez darlo en ofrenda de vuelta.
  • La segunda vela (que representa el principio masculino, y el número dos), es de color amarillo, simboliza el pan y fruto de la cosecha. Representa la voluntad, la substancia materializada en energía, dándole capacidades como el de la voluntad e imaginación. Con ella se piden estas cualidades y la fuerza necesaria para la vida... y en su llama se quema la falta de voluntad, la cobardía, la falta de acción así como las omisiones que no han hecho bien a nadie.
  • La tercera vela (que representa lo femenino y el mar como principio de la vida, y el número tres), es de color rojo. Al encender esta tercera vela, se pide por la protección, salud, la comida y la economía del hogar, el consuelo, el descanso, la restauración, y la fuerza constructiva y destructora de aquello que no nos conviene. Simbólicamente se puede quemar en un papel todo lo que no hemos asimilado y no hemos desechado de nosotros, todo lo que hemos guardado y almacenado y no conviene más a nuestro ser.
  • La cuarta vela (que representa la gracia, la armonía y el equilibrio, y el número cuatro), es de color verde. Se le atribuyen poderes sanadores, y se considera el que se transforma, el que instruye, es maestro y discípulo a la vez, pues usa los elementos, el que llama, el que consagra, el que porta el cetro y ejerce la autoridad, el que dinamiza, el que festeja, el que maneja la energía, el que programa, así que al encender esta vela, se quema todo lo que impide recibir estos poderes y se pide la restitución de los mismos
  • La quinta vela (que representa la unificación y la conexión, y el número cinco) es de color blanco, representa la unión espiritual y la conexión con la divinidad, al encender esta vela reiteramos nuestro compromiso con la tradición y nuestro sendero, así damos la bienvenida de nuevo a la luz. Esta vela se enciende la noche de Yule (21 de Diciembre).

Representacióon artística de un tronco de Yule
   
Ahora bien, la forma más contemporánea de este paramento se adoptó tres siglos después de la rebelión de Lutero (que por alguna razón conservó el temporal del calendario litúrgico de esa “Römisch-kirche” que tanto satanizaba -otra prueba de la hipocresía de los “reformadores”-), por parte del pastor y misionero urbano Johann Hinrich Wichern, fundador de la Misión Interna de Alemania, un movimiento de apostolado social dedicado a la atención de los niños pobres y abandonados. Winchern, ante la continua pregunta de los niños de su escuela misional Rauhes Haus en la ciudad de Hamburgo de si ya había llegado la Navidad, en  el año 1839 hizo construir un gran anillo de madera a partir de una vieja rueda de carreta, sobre la cual dispuso 24 velas pequeñas de color rojo y 4 grandes de color blanco, encendiendo cada día una (las rojas de lunes a sábado, y las blancas el Domingo). A esto se le dio el nombre de Adventskranz.

Ejemplo de Adventskranz (Bundestag, año 2017)
  
Hacia 1860, se adaptó una reforma: en los hogares, escuelas, orfanatorios e iglesias luteranas que acogieron esa práctica, remplazaron la rueda de carreta por una corona con ramas de abeto (es de saber que ya el Árbol de navidad era popular en ese entonces, a partir de la difusión entre la realeza europea), y con el fin de economizar consumibles, se decidió emplear cuatro velas que se encendían cada domingo de Adviento, como se estila en la actualidad: Los colores pasaron a significar los de los ornamentos empleados en este tiempo litúrgico: tres velas moradas (entre los anglicanos y los ordinariatos creados a raíz de Anglicanórum Cœ́tibus, algunos usan velas azul índigo -un color popularizado como Azul Sarum para el Adviento, aunque el Uso de Sarum no tenía colores litúrgicos definidos hasta el siglo XV, cuando se estableció para la Cuaresma y el Adviento el color blanco apagado- y otros moradas) y una rosada que se enciende el tercer Domingo de Adviento (algunos incluso disponen una última vela blanca para el centro de la corona, que se enciende el 25 de Diciembre). Por otro lado, los miembros de la Hermandad Morava (la segunda denominación pre-protestante más antigua) usan velas del color natural de la cera de abejas, en tanto que algunos protestantes en el Reino Unido emplean el color rojo en todas las cuatro velas (en ese país es un color tradicional en la decoración festiva).
 
Ejemplo de Corona de Adviento con velas Azul Sarum -un color popularizado en medios anglicanos, pero no acorde al antiguo Uso de Sarum del que dicen descender-.
 
Como dato curioso, fue uno de los símbolos adoptados también para el Festival Yule en la Alemania nazi, con el cual pretendían remplazar la Navidad, que consideraban superpuesta a la tradición pagana germánica. La Adventskranz devino en el Sonnwendkranz (corona del solsticio) o Lichterkranz (corona de luz), que en su centro tenía el Sol Negro (símbolo nórdico del fin del mundo, y adoptado por las SS en su culto esotérico). Otra variante era el Julbogen (Arco de Yule), adornado con runas, y que se conserva aún en el neopaganismo nórdico para las fiestas del solsticio.

Arco de Yule (fuente: Partido Nacionaldemócrata de Baden-Wurtemberg, Alemania)
    
Supuesto lo anterior, ¿Cuándo se introdujo la práctica en la iglesia conciliar? Si bien se debate cuando sucedió, lo cierto es que en ella es una práctica muy arraigada junto con el Árbol en la Plaza de San Pedro Vaticano, y en el año 2006, Ratzinger Tauber/Antipapa Benedicto XVI fue noticia porque utilizó una corona con cuatro velas rojas (quizá comenzó a adoptarse en tiempo de Wojtyła, pero Ratzinger quiso plasmarle su gusto personal). Incluso existe un ceremonial específico para la bendición y posterior encendido de la corona en el templo, que llega al punto de ser insertado por algunos presbíteros entre el Acto penitencial y el Gloria en el servicio Novus Ordo [Anécdota personal: cuando estaba en la iglesia conciliar -sobre todo cuando fui monaguillo-, ése era uno de los momentos más sufridos: tener que estar de pie con la tortura que representaba escuchar la entonación de un himno (“La corona de Adviento” de Bernardo Velado Graña, o “Ven, ven, Señor, no tardes” de Cesáreo Gabaráin Azurmendi) por parte de una señora con una voz horrorosamente destemplada y sus dos hijas, que más parecían ser forzadas a interpretar música religiosa]. Y aun entre los conciliares tampoco hay acuerdo entre los colores, porque hay quienes usan una vela morada (penitencia), una verde (esperanza), una rosada (alegría por la pronta llegada del Señor), una roja (caridad) y la infaltable vela blanca para el 25 (el nacimiento de Jesús) -incluso hubo quien sustituyera el morado por el amarillo y el verde por el azul celeste, significando la fe y la aceptación de la justicia de Dios respectivamente.

Ejemplo de una Corona con cinco colores
  
Dado que es una práctica nueva, ciertos autores modernos han hecho circular que esta costumbre de la Corona de Adviento fue cristianizada en la Edad Media, o que fue compartida por los católicos alemanes del siglo XVII (lo que hace que la disposición según los colores litúrgicos expuesta arriba tenga algún sentido). Históricamente no puede ser cierto tal argumento, sobre todo si se tiene en cuenta que la Corona de Adviento sólo se comenzó a adoptar en las regiones católicas de Alemania a partir de 1920 (Colonia: 1925; Múnich: 1930), en la región de Alsacia durante el período de entreguerra, y que en Austria la primera Adventkranz apareciera en 1945 (en todos estos casos, por proselitismo protestante). Por otra parte, en los Estados Unidos esta práctica llegó con la inmigración alemana, que alcanzó su máximo entre 1840 y 1880. Y como es de esperarse, en un país tan pluralista en cuanto al origen de sus habitantes, los católicos estadounidenses lo adoptaron.
  
Otros aseguran que procede de la Cristiandad oriental, basándose en una miniatura medieval representando a San Gregorio Magno con una corona pendiendo en alto sobre su cabeza. Primeramente, el objeto pendiente sobre la cabeza de San Gregorio puede ser una lámpara o una corona votiva que se hacía colgar del baldaquino sobre el altar. En ese último caso, la donación de coronas votivas fue una práctica habitual especialmente entre los reyes y nobles desde Constantinopla hasta Toledo, siendo ejemplo de ello la famosa Corona del rey visigodo Recesvinto (conservada actualmente en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid), y posiblemente también la Corona de Hierro de Lombardía.

San Gregorio Magno dictando una carta a su secretario (Miniatura del Regístrum Gregórii, Biblioteca de Trier, Alemania)
  
Y por otra parte, la costumbre de la Corona de Adviento es muy rara entre los ortodoxos y católicos de rito oriental que viven en Europa y Estados Unidos (para no hablar de los países con importante presencia ortodoxa), y en todo caso es de muy reciente adopción. Sobre todo, teniendo en cuenta que muchos católicos de rito oriental no ven con buenos ojos la latinización litúrgica, no es de extrañar que éstos no acogen pacíficamente la Corona de Adviento.
  
En síntesis, es posible afirmar que la costumbre de la Corona de Adviento no es conveniente que sea acogida por ningún Católico verdadero, no sólo por su origen pagano-protestante, sino también porque no le favorece el hecho de haber sido precisamente adoptada por la iglesia deuterovaticana.
 
Que la Paz de Dios Uno y Trino, que supera todo entendimiento, nos acompañe siempre, y la Virgen Santa María interceda por nosotros para perseverar en la Sana Doctrina y la Espiritualidad Auténtica del Catolicismo Tradicional.

JORGE RONDÓN SANTOS
1 de Diciembre de 2019
Domingo I de Adviento Romano, fiesta de San Eligio Obispo y Confesor.

sábado, 23 de noviembre de 2019

LLAMADO A ORACIÓN

Vivimos en tiempos convulsionados. En Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, España, Honduras y otros países, los comunistas y perroflautas, siguiendo las órdenes de Venezuela y Cuba (y los poderes detrás de estos, a saber, Rusia y la China roja), están saliendo a las calles a protagonizar actos vandálicos y terroristas camuflados en el discurso pantalla de la protesta social.

Sabemos claramente que, estando en los Últimos Tiempos, el diablo está suelto buscando arrastrar consigo a los más que pueda, y para lograrlo se vale de los demonios de los aires y sus agentes en la tierra. Y todas estas conmociones son consecuencia de que el pueblo y sus gobernantes se han apartado de Dios y de su Iglesia, especialmente por causa del Vaticano II.

Pero no hay que temer: Jesucristo nuestro Señor dice: «En el mundo hallaréis tribulaciones, pero confiad en mí, que Yo he vencido al mundo». Nosotros estamos también para participar en su victoria, pero hemos de batallar en oración por nuestros países, porque estamos en tiempo de guerra espiritual (sin excluir la confrontación en el mundo material).

Con esto a la vista, exhortamos a rezar con más fervor el Santo Rosario y la oración a San Miguel Arcángel, y a hacer el exorcismo de León XIII contra Satanás y sus ángeles apóstatas. También a romper con toda idolatría y superstición, y a no ceder a los cantos de sirena de la Revolución.
   
LA VICTORIA FINAL PERTENECE A NUESTRO DIOS. A ÉL LA GLORIA Y EL PODER POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS. AMÉN.

JORGE RONDÓN SANTOS
23 de Noviembre de 2019.
Fiesta de San Clemente I, Papa y Mártir, de San Columbano Abad. Martirio del Bienaventurado Miguel Agustín Pro SJ, y aniversario de la conquista de Sevilla por San Fernando III.