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lunes, 30 de septiembre de 2019

EL «Domingo de la Palabra de Dios», NUEVA FIESTA BERGOGLIANA

Noticia tomada de INFOCATÓLICA.
  
EL PAPA INSTITUYE EL «Domingo de la Palabra de Dios» POR EL MOTU PROPIO “Apéruit Illis”. SE CELEBRARÁ EL III DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.
El Papa Francisco ha instituido el «domingo de la Palabra de Dios», a través de la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio, titulada “Aperuit Illis”, estableciendo que el III Domingo del Tiempo Ordinario esté dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la Sagrada Escritura.
   
(InfoCatólica) En su carta, el Pontífice asegura que «la relación entre el Resucitado, la comunidad de creyentes y la Sagrada Escritura es intensamente vital para nuestra identidad».
  
El Papa recuerda que ya sugirió la idea de instituir un domingo del año para el fin decretado con la actual carta apostólica:
«Tras la conclusión del Jubileo extraordinario de la misericordia, pedí que se pensara en «un domingo completamente dedicado a la Palabra de Dios, para comprender la riqueza inagotable que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo» (Carta ap. Misericordia et misera, 7). Dedicar concretamente un domingo del Año litúrgico a la Palabra de Dios nos permite, sobre todo, hacer que la Iglesia reviva el gesto del Resucitado que abre también para nosotros el tesoro de su Palabra para que podamos anunciar por todo el mundo esta riqueza inagotable».
Igualmente recuerda que «el Concilio Ecuménico Vaticano II dio un gran impulso al redescubrimiento de la Palabra de Dios con la Constitución dogmática Dei Verbum» y, por tanto, «es bueno que nunca falte en la vida de nuestro pueblo esta relación decisiva con la Palabra viva que el Señor nunca se cansa de dirigir a su Esposa, para que pueda crecer en el amor y en el testimonio de fe».
   
En el punto 3 de la carta apostólica decreta:
«Así pues, establezco que el III Domingo del Tiempo Ordinario esté dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios. Este Domingo de la Palabra de Dios se colocará en un momento oportuno de ese periodo del año, en el que estamos invitados a fortalecer los lazos con los judíos y a rezar por la unidad de los cristianos. No se trata de una mera coincidencia temporal: celebrar el Domingo de la Palabra de Dios expresa un valor ecuménico, porque la Sagrada Escritura indica a los que se ponen en actitud de escucha el camino a seguir para llegar a una auténtica y sólida unidad.
Tras recordar el pasaje bíblico que describe a todo el pueblo de Israel escuchando la palabra de Dios tras regresar del exilio babilónico, afirma:
«La Biblia no puede ser sólo patrimonio de algunos, y mucho menos una colección de libros para unos pocos privilegiados. Pertenece, en primer lugar, al pueblo convocado para escucharla y reconocerse en esa Palabra. A menudo se dan tendencias que intentan monopolizar el texto sagrado relegándolo a ciertos círculos o grupos escogidos. No puede ser así. La Biblia es el libro del pueblo del Señor que al escucharlo pasa de la dispersión y la división a la unidad. La Palabra de Dios une a los creyentes y los convierte en un solo pueblo».
PAPEL DE LOS PASTORES
El Pontífice recuerda que «los Pastores son los primeros que tienen la gran responsabilidad de explicar y permitir que todos entiendan la Sagrada Escritura. Puesto que es el libro del pueblo, los que tienen la vocación de ser ministros de la Palabra deben sentir con fuerza la necesidad de hacerla accesible a su comunidad».
  
Y añade:
«La homilía, en particular, tiene una función muy peculiar, porque posee «un carácter cuasi sacramental» (Exhort. ap. Evangélii gáudium, 142). Ayudar a profundizar en la Palabra de Dios, con un lenguaje sencillo y adecuado para el que escucha, le permite al sacerdote mostrar también la «belleza de las imágenes que el Señor utilizaba para estimular a la práctica del bien» (ibíd.). Esta es una oportunidad pastoral que hay que aprovechar».
El Papa advierte que «es necesario dedicar el tiempo apropiado para la preparación de la homilía. No se puede improvisar el comentario de las lecturas sagradas». Y respecto a los catequistas, dice:
«Es bueno que también los catequistas, por el ministerio que realizan de ayudar a crecer en la fe, sientan la urgencia de renovarse a través de la familiaridad y el estudio de la Sagrada Escritura, para favorecer un verdadero diálogo entre quienes los escuchan y la Palabra de Dios».
LA MUERTE Y RESURRECCIÓN DE CRISTO NO SON UN MITO
El Santo Padre declara que «puesto que las Escrituras hablan de Cristo, nos ayudan a creer que su muerte y resurrección no pertenecen a la mitología, sino a la historia y se encuentran en el centro de la fe de sus discípulos».
  
BIBLIA Y FE
Igualmente explica que «es profundo el vínculo entre la Sagrada Escritura y la fe de los creyentes. Porque la fe proviene de la escucha y la escucha está centrada en la palabra de Cristo (cf. Rm 10,17), la invitación que surge es la urgencia y la importancia que los creyentes tienen que dar a la escucha de la Palabra del Señor tanto en la acción litúrgica como en la oración y la reflexión personal».
  
BIBLIA Y EUCARISTÍA
Tras recordar «el inseparable vínculo entre la Sagrada Escritura y la Eucaristía», el Pontífice constata que «la Sagrada Escritura y los Sacramentos no se pueden separar. Cuando los Sacramentos son introducidos e iluminados por la Palabra, se manifiestan más claramente como la meta de un camino en el que Cristo mismo abre la mente y el corazón al reconocimiento de su acción salvadora».
  
LA BIBLIA ES MÁS QUE MERA HISTORIA
El Papa afirma que «la Biblia no es una colección de libros de historia, ni de crónicas, sino que está totalmente dirigida a la salvación integral de la persona. El innegable fundamento histórico de los libros contenidos en el texto sagrado no debe hacernos olvidar esta finalidad primordial: nuestra salvación».
  
UN TEXTO NUNCA ANTIGUO
Francisco indica que «cuando la Sagrada Escritura se lee con el mismo Espíritu que fue escrita, permanece siempre nueva. El Antiguo Testamento no es nunca viejo en cuanto que es parte del Nuevo, porque todo es transformado por el único Espíritu que lo inspira».
  
MARÍA, PRIMERA EN CREER
Por último, el Pontífice explica que «en el camino de escucha de la Palabra de Dios, nos acompaña la Madre del Señor, reconocida como bienaventurada porque creyó en el cumplimiento de lo que el Señor le había dicho». Y añade:
«Ningún pobre es bienaventurado porque es pobre; lo será si, como María, cree en el cumplimiento de la Palabra de Dios. Lo recuerda un gran discípulo y maestro de la Sagrada Escritura, san Agustín: «Entre la multitud ciertas personas dijeron admiradas: «Feliz el vientre que te llevó»; y Él: «Más bien, felices quienes oyen y custodian la Palabra de Dios». Esto equivale a decir: también mi madre, a quien habéis calificado de feliz, es feliz precisamente porque custodia la Palabra de Dios; no porque en ella la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, sino porque custodia la Palabra misma de Dios mediante la que ha sido hecha y que en ella se hizo carne» (Tratados sobre el evangelio de Juan, 10,3)».

COMENTARIO: A fin de entender un poco sobre el particular, nos hemos tomado el marrón de leer en su totalidad el Motu Próprio “Apéruit Illis”, el cual dice así:
CARTA APOSTÓLICA EN FORMA DE MOTU PROPRIO DEL SANTO PADRE FRANCISCO “Apéruit Illis”, CON LA QUE SE INSTITUYE EL DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS
   
1. «Les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras» (Lc 24,45). Es uno de los últimos gestos realizados por el Señor resucitado, antes de su Ascensión. Se les aparece a los discípulos mientras están reunidos, parte el pan con ellos y abre sus mentes para comprender la Sagrada Escritura. A aquellos hombres asustados y decepcionados les revela el sentido del misterio pascual: que según el plan eterno del Padre, Jesús tenía que sufrir y resucitar de entre los muertos para conceder la conversión y el perdón de los pecados (cf. Lc 24,26.46-47); y promete el Espíritu Santo que les dará la fuerza para ser testigos de este misterio de salvación (cf. Lc 24,49).
  
La relación entre el Resucitado, la comunidad de creyentes y la Sagrada Escritura es intensamente vital para nuestra identidad. Si el Señor no nos introduce es imposible comprender en profundidad la Sagrada Escritura, pero lo contrario también es cierto: sin la Sagrada Escritura, los acontecimientos de la misión de Jesús y de su Iglesia en el mundo permanecen indescifrables. San Jerónimo escribió con verdad: «La ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo» (In Is., Prólogo: PL 24,17).
  
2. Tras la conclusión del Jubileo extraordinario de la misericordia, pedí que se pensara en «un domingo completamente dedicado a la Palabra de Dios, para comprender la riqueza inagotable que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo» (Carta ap. Misericórdia et mísera, 7). Dedicar concretamente un domingo del Año litúrgico a la Palabra de Dios nos permite, sobre todo, hacer que la Iglesia reviva el gesto del Resucitado que abre también para nosotros el tesoro de su Palabra para que podamos anunciar por todo el mundo esta riqueza inagotable. En este sentido, me vienen a la memoria las enseñanzas de san Efrén: «¿Quién es capaz, Señor, de penetrar con su mente una sola de tus frases? Como el sediento que bebe de la fuente, mucho más es lo que dejamos que lo que tomamos. Porque la palabra del Señor presenta muy diversos aspectos, según la diversa capacidad de los que la estudian. El Señor pintó con multiplicidad de colores su palabra, para que todo el que la estudie pueda ver en ella lo que más le plazca. Escondió en su palabra variedad de tesoros, para que cada uno de nosotros pudiera enriquecerse en cualquiera de los puntos en que concentrar su reflexión» (Comentarios sobre el Diatésaron, 1,18).
  
Por tanto, con esta Carta tengo la intención de responder a las numerosas peticiones que me han llegado del pueblo de Dios, para que en toda la Iglesia se pueda celebrar con un mismo propósito el Domingo de la Palabra de Dios. Ahora se ha convertido en una práctica común vivir momentos en los que la comunidad cristiana se centra en el gran valor que la Palabra de Dios ocupa en su existencia cotidiana. En las diferentes Iglesias locales hay una gran cantidad de iniciativas que hacen cada vez más accesible la Sagrada Escritura a los creyentes, para que se sientan agradecidos por un don tan grande, con el compromiso de vivirlo cada día y la responsabilidad de testimoniarlo con coherencia.
  
El Concilio Ecuménico Vaticano II dio un gran impulso al redescubrimiento de la Palabra de Dios con la Constitución dogmática Dei Verbum. En aquellas páginas, que siempre merecen ser meditadas y vividas, emerge claramente la naturaleza de la Sagrada Escritura, su transmisión de generación en generación (cap. II), su inspiración divina (cap. III) que abarca el Antiguo y el Nuevo Testamento (capítulos IV y V) y su importancia para la vida de la Iglesia (cap. VI). Para aumentar esa enseñanza, Benedicto XVI convocó en el año 2008 una Asamblea del Sínodo de los Obispos sobre el tema «La Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia», publicando a continuación la Exhortación apostólica Verbum Dómini, que constituye una enseñanza fundamental para nuestras comunidades [1]. En este Documento en particular se profundiza el carácter performativo de la Palabra de Dios, especialmente cuando su carácter específicamente sacramental emerge en la acción litúrgica [2].
  
Por tanto, es bueno que nunca falte en la vida de nuestro pueblo esta relación decisiva con la Palabra viva que el Señor nunca se cansa de dirigir a su Esposa, para que pueda crecer en el amor y en el testimonio de fe.
  
3. Así pues, establezco que el III Domingo del Tiempo Ordinario esté dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios. Este Domingo de la Palabra de Dios se colocará en un momento oportuno de ese periodo del año, en el que estamos invitados a fortalecer los lazos con los judíos y a rezar por la unidad de los cristianos. No se trata de una mera coincidencia temporal: celebrar el Domingo de la Palabra de Dios expresa un valor ecuménico, porque la Sagrada Escritura indica a los que se ponen en actitud de escucha el camino a seguir para llegar a una auténtica y sólida unidad.
  
Las comunidades encontrarán el modo de vivir este Domingo como un día solemne. En cualquier caso, será importante que en la celebración eucarística se entronice el texto sagrado, a fin de hacer evidente a la asamblea el valor normativo que tiene la Palabra de Dios. En este domingo, de manera especial, será útil destacar su proclamación y adaptar la homilía para poner de relieve el servicio que se hace a la Palabra del Señor. En este domingo, los obispos podrán celebrar el rito del Lectorado o confiar un ministerio similar para recordar la importancia de la proclamación de la Palabra de Dios en la liturgia. En efecto, es fundamental que no falte ningún esfuerzo para que algunos fieles se preparen con una formación adecuada a ser verdaderos anunciadores de la Palabra, como sucede de manera ya habitual para los acólitos o los ministros extraordinarios de la Comunión. Asimismo, los párrocos podrán encontrar el modo de entregar la Biblia, o uno de sus libros, a toda la asamblea, para resaltar la importancia de seguir en la vida diaria la lectura, la profundización y la oración con la Sagrada Escritura, con una particular consideración a la lectio divina.
  
4. El regreso del pueblo de Israel a su patria, después del exilio en Babilonia, estuvo marcado de manera significativa por la lectura del libro de la Ley. La Biblia nos ofrece una descripción conmovedora de ese momento en el libro de Nehemías. El pueblo estaba reunido en Jerusalén en la plaza de la Puerta del Agua, escuchando la Ley. Aquel pueblo había sido dispersado con la deportación, pero ahora se encuentra reunido alrededor de la Sagrada Escritura como si fuera «un solo hombre» (Ne 8,1). Cuando se leía el libro sagrado, el pueblo «escuchaba con atención» (Ne 8,3), sabiendo que podían encontrar en aquellas palabras el significado de los acontecimientos vividos. La reacción al anuncio de aquellas palabras fue la emoción y las lágrimas: «[Los levitas] leyeron el libro de la ley de Dios con claridad y explicando su sentido, de modo que entendieran la lectura. Entonces el gobernador Nehemías, el sacerdote y escriba Esdras, y los levitas que instruían al pueblo dijeron a toda la asamblea: «Este día está consagrado al Señor, vuestro Dios. No estéis tristes ni lloréis» (y es que todo el pueblo lloraba al escuchar las palabras de la ley). […] «¡No os pongáis tristes; el gozo del Señor es vuestra fuerza!» (Ne 8,8-10).
   
Estas palabras contienen una gran enseñanza. La Biblia no puede ser sólo patrimonio de algunos, y mucho menos una colección de libros para unos pocos privilegiados. Pertenece, en primer lugar, al pueblo convocado para escucharla y reconocerse en esa Palabra. A menudo se dan tendencias que intentan monopolizar el texto sagrado relegándolo a ciertos círculos o grupos escogidos. No puede ser así. La Biblia es el libro del pueblo del Señor que al escucharlo pasa de la dispersión y la división a la unidad. La Palabra de Dios une a los creyentes y los convierte en un solo pueblo.
  
5. En esta unidad, generada con la escucha, los Pastores son los primeros que tienen la gran responsabilidad de explicar y permitir que todos entiendan la Sagrada Escritura. Puesto que es el libro del pueblo, los que tienen la vocación de ser ministros de la Palabra deben sentir con fuerza la necesidad de hacerla accesible a su comunidad.
  
La homilía, en particular, tiene una función muy peculiar, porque posee «un carácter cuasi sacramental» (Exhort. ap. Evangélii gáudium, 142). Ayudar a profundizar en la Palabra de Dios, con un lenguaje sencillo y adecuado para el que escucha, le permite al sacerdote mostrar también la «belleza de las imágenes que el Señor utilizaba para estimular a la práctica del bien» (ibíd.). Esta es una oportunidad pastoral que hay que aprovechar.
   
De hecho, para muchos de nuestros fieles esta es la única oportunidad que tienen para captar la belleza de la Palabra de Dios y verla relacionada con su vida cotidiana. Por lo tanto, es necesario dedicar el tiempo apropiado para la preparación de la homilía. No se puede improvisar el comentario de las lecturas sagradas. A los predicadores se nos pide más bien el esfuerzo de no alargarnos desmedidamente con homilías pedantes o temas extraños. Cuando uno se detiene a meditar y rezar sobre el texto sagrado, entonces se puede hablar con el corazón para alcanzar los corazones de las personas que escuchan, expresando lo esencial con vistas a que se comprenda y dé fruto. Que nunca nos cansemos de dedicar tiempo y oración a la Sagrada Escritura, para que sea acogida «no como palabra humana, sino, cual es en verdad, como Palabra de Dios» (1 Ts 2,13).
  
Es bueno que también los catequistas, por el ministerio que realizan de ayudar a crecer en la fe, sientan la urgencia de renovarse a través de la familiaridad y el estudio de la Sagrada Escritura, para favorecer un verdadero diálogo entre quienes los escuchan y la Palabra de Dios.
   
6. Antes de reunirse con los discípulos, que estaban encerrados en casa, y de abrirles el entendimiento para comprender las Escrituras (cf. Lc 24,44-45), el Resucitado se aparece a dos de ellos en el camino que lleva de Jerusalén a Emaús (cf. Lc 24,13-35). La narración del evangelista Lucas indica que es el mismo día de la Resurrección, es decir el domingo. Aquellos dos discípulos discuten sobre los últimos acontecimientos de la pasión y muerte de Jesús. Su camino está marcado por la tristeza y la desilusión a causa del trágico final de Jesús. Esperaban que Él fuera el Mesías libertador, y se encuentran ante el escándalo del Crucificado. Con discreción, el mismo Resucitado se acerca y camina con los discípulos, pero ellos no lo reconocen (cf. v. 16). A lo largo del camino, el Señor los interroga, dándose cuenta de que no han comprendido el sentido de su pasión y su muerte; los llama «necios y torpes» (v. 25) y «comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a Él en todas las Escrituras» (v. 27). Cristo es el primer exegeta. No sólo las Escrituras antiguas anticiparon lo que Él iba a realizar, sino que Él mismo quiso ser fiel a esa Palabra para evidenciar la única historia de salvación que alcanza su plenitud en Cristo.
   
7. La Biblia, por tanto, en cuanto Sagrada Escritura, habla de Cristo y lo anuncia como el que debe soportar los sufrimientos para entrar en la gloria (cf. v. 26). No sólo una parte, sino toda la Escritura habla de Él. Su muerte y resurrección son indescifrables sin ella. Por esto una de las confesiones de fe más antiguas pone de relieve que Cristo «murió por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas» (1 Co 15,3-5). Puesto que las Escrituras hablan de Cristo, nos ayudan a creer que su muerte y resurrección no pertenecen a la mitología, sino a la historia y se encuentran en el centro de la fe de sus discípulos.
  
Es profundo el vínculo entre la Sagrada Escritura y la fe de los creyentes. Porque la fe proviene de la escucha y la escucha está centrada en la palabra de Cristo (cf. Rm 10,17), la invitación que surge es la urgencia y la importancia que los creyentes tienen que dar a la escucha de la Palabra del Señor tanto en la acción litúrgica como en la oración y la reflexión personal.
  
8. El «viaje» del Resucitado con los discípulos de Emaús concluye con la cena. El misterioso Viandante acepta la insistente petición que le dirigen aquellos dos: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída» (Lc 24,29). Se sientan a la mesa, Jesús toma el pan, pronuncia la bendición, lo parte y se lo ofrece a ellos. En ese momento sus ojos se abren y lo reconocen (cf. v. 31).
   
Esta escena nos hace comprender el inseparable vínculo entre la Sagrada Escritura y la Eucaristía. El Concilio Vaticano II nos enseña: «la Iglesia ha venerado siempre la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo, pues, sobre todo en la sagrada liturgia, nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el pan de vida que ofrece la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo» (Const. dogm. Dei Verbum, 21).
  
El contacto frecuente con la Sagrada Escritura y la celebración de la Eucaristía hace posible el reconocimiento entre las personas que se pertenecen. Como cristianos somos un solo pueblo que camina en la historia, fortalecido por la presencia del Señor en medio de nosotros que nos habla y nos nutre. El día dedicado a la Biblia no ha de ser «una vez al año», sino una vez para todo el año, porque nos urge la necesidad de tener familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura y con el Resucitado, que no cesa de partir la Palabra y el Pan en la comunidad de los creyentes. Para esto necesitamos entablar un constante trato de familiaridad con la Sagrada Escritura, si no el corazón queda frío y los ojos permanecen cerrados, afectados como estamos por innumerables formas de ceguera.
  
La Sagrada Escritura y los Sacramentos no se pueden separar. Cuando los Sacramentos son introducidos e iluminados por la Palabra, se manifiestan más claramente como la meta de un camino en el que Cristo mismo abre la mente y el corazón al reconocimiento de su acción salvadora. Es necesario, en este contexto, no olvidar la enseñanza del libro del Apocalipsis, cuando dice que el Señor está a la puerta y llama. Si alguno escucha su voz y le abre, Él entra para cenar juntos (cf. 3,20). Jesucristo llama a nuestra puerta a través de la Sagrada Escritura; si escuchamos y abrimos la puerta de la mente y del corazón, entonces entra en nuestra vida y se queda con nosotros.
   
9. En la Segunda Carta a Timoteo, que constituye de algún modo su testamento espiritual, san Pablo recomienda a su fiel colaborador que lea constantemente la Sagrada Escritura. El Apóstol está convencido de que «toda Escritura es inspirada por Dios es también útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar» (3,16). Esta recomendación de Pablo a Timoteo constituye una base sobre la que la Constitución conciliar Dei Verbum trata el gran tema de la inspiración de la Sagrada Escritura, un fundamento del que emergen en particular la finalidad salvífica, la dimensión espiritual y elprincipio de la encarnación de la Sagrada Escritura.
  
Al evocar sobre todo la recomendación de Pablo a Timoteo, la Dei Verbum subraya que «los libros de la Escritura enseñan firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso consignar en las sagradas letras para nuestra salvación» (n. 11). Puesto que las mismas instruyen en vista a la salvación por la fe en Cristo (cf. 2 Tm 3,15), las verdades contenidas en ellas sirven para nuestra salvación. La Biblia no es una colección de libros de historia, ni de crónicas, sino que está totalmente dirigida a la salvación integral de la persona. El innegable fundamento histórico de los libros contenidos en el texto sagrado no debe hacernos olvidar esta finalidad primordial: nuestra salvación. Todo está dirigido a esta finalidad inscrita en la naturaleza misma de la Biblia, que está compuesta como historia de salvación en la que Dios habla y actúa para ir al encuentro de todos los hombres y salvarlos del mal y de la muerte.
  
Para alcanzar esa finalidad salvífica, la Sagrada Escritura bajo la acción del Espíritu Santo transforma en Palabra de Dios la palabra de los hombres escrita de manera humana (cf. Const. dogm. Dei Verbum, 12). El papel del Espíritu Santo en la Sagrada Escritura es fundamental. Sin su acción, el riesgo de permanecer encerrados en el mero texto escrito estaría siempre presente, facilitando una interpretación fundamentalista, de la que es necesario alejarse para no traicionar el carácter inspirado, dinámico y espiritual que el texto sagrado posee. Como recuerda el Apóstol: «La letra mata, mientras que el Espíritu da vida» (2 Co 3,6). El Espíritu Santo, por tanto, transforma la Sagrada Escritura en Palabra viva de Dios, vivida y transmitida en la fe de su pueblo santo.
  
10. La acción del Espíritu Santo no se refiere sólo a la formación de la Sagrada Escritura, sino que actúa también en aquellos que se ponen a la escucha de la Palabra de Dios. Es importante la afirmación de los Padres conciliares, según la cual la Sagrada Escritura «se ha de leer e interpretar con el mismo Espíritu con que fue escrita» (Const. dogm. Dei Verbum, 12). Con Jesucristo la revelación de Dios alcanza su culminación y su plenitud; aun así, el Espíritu Santo continúa su acción. De hecho, sería reductivo limitar la acción del Espíritu Santo sólo a la naturaleza divinamente inspirada de la Sagrada Escritura y a sus distintos autores. Por tanto, es necesario tener fe en la acción del Espíritu Santo que sigue realizando una peculiar forma de inspiración cuando la Iglesia enseña la Sagrada Escritura, cuando el Magisterio la interpreta auténticamente (cf. ibíd., 10) y cuando cada creyente hace de ella su propia norma espiritual. En este sentido podemos comprender las palabras de Jesús cuando, a los discípulos que le confirman haber entendido el significado de sus parábolas, les dice: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo» (Mt 13,52).
  
11. La Dei Verbum afirma, además, que «la Palabra de Dios, expresada en lenguas humanas, se hace semejante al lenguaje humano, como la Palabra del eterno Padre, asumiendo nuestra débil condición humana, se hizo semejante a los hombres» (n. 13). Es como decir que la Encarnación del Verbo de Dios da forma y sentido a la relación entre la Palabra de Dios y el lenguaje humano, con sus condiciones históricas y culturales. En este acontecimiento toma forma la Tradición, que también es Palabra de Dios (cf. ibíd., 9). A menudo se corre el riesgo de separar la Sagrada Escritura de la Tradición, sin comprender que juntas forman la única fuente de la Revelación. El carácter escrito de la primera no le quita nada a su ser plenamente palabra viva; así como la Tradición viva de la Iglesia, que la transmite constantemente de generación en generación a lo largo de los siglos, tiene el libro sagrado como «regla suprema de la fe» (ibíd., 21). Por otra parte, antes de convertirse en texto escrito, la Sagrada Escritura se transmitió oralmente y se mantuvo viva por la fe de un pueblo que la reconocía como su historia y su principio de identidad en medio de muchos otros pueblos. Por consiguiente, la fe bíblica se basa en la Palabra viva, no en un libro.
  
12. Cuando la Sagrada Escritura se lee con el mismo Espíritu que fue escrita, permanece siempre nueva. El Antiguo Testamento no es nunca viejo en cuanto que es parte del Nuevo, porque todo es transformado por el único Espíritu que lo inspira. Todo el texto sagrado tiene una función profética: no se refiere al futuro, sino al presente de aquellos que se nutren de esta Palabra. Jesús mismo lo afirma claramente al comienzo de su ministerio: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír» (Lc 4,21). Quien se alimenta de la Palabra de Dios todos los días se convierte, como Jesús, en contemporáneo de las personas que encuentra; no tiene tentación de caer en nostalgias estériles por el pasado, ni en utopías desencarnadas hacia el futuro.
  
La Sagrada Escritura realiza su acción profética sobre todo en quien la escucha. Causa dulzura y amargura. Vienen a la mente las palabras del profeta Ezequiel cuando, invitado por el Señor a comerse el libro, manifiesta: «Me supo en la boca dulce como la miel» (3,3). También el evangelista Juan en la isla de Patmos evoca la misma experiencia de Ezequiel de comer el libro, pero agrega algo más específico: «En mi boca sabía dulce como la miel, pero, cuando lo comí, mi vientre se llenó de amargor» (Ap 10,10).
  
La dulzura de la Palabra de Dios nos impulsa a compartirla con quienes encontramos en nuestra vida para manifestar la certeza de la esperanza que contiene (cf. 1 P 3,15-16). Por su parte, la amargura se percibe frecuentemente cuando comprobamos cuán difícil es para nosotros vivirla de manera coherente, o cuando experimentamos su rechazo porque no se considera válida para dar sentido a la vida. Por tanto, es necesario no acostumbrarse nunca a la Palabra de Dios, sino nutrirse de ella para descubrir y vivir en profundidad nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos.
  
13. Otra interpelación que procede de la Sagrada Escritura se refiere a la caridad. La Palabra de Dios nos señala constantemente el amor misericordioso del Padre que pide a sus hijos que vivan en la caridad. La vida de Jesús es la expresión plena y perfecta de este amor divino que no se queda con nada para sí mismo, sino que se ofrece a todos incondicionalmente. En la parábola del pobre Lázaro encontramos una indicación valiosa. Cuando Lázaro y el rico mueren, este último, al ver al pobre en el seno de Abrahán, pide ser enviado a sus hermanos para aconsejarles que vivan el amor al prójimo, para evitar que ellos también sufran sus propios tormentos. La respuesta de Abrahán es aguda: «Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen» (Lc 16,29). Escuchar la Sagrada Escritura para practicar la misericordia: este es un gran desafío para nuestras vidas. La Palabra de Dios es capaz de abrir nuestros ojos para permitirnos salir del individualismo que conduce a la asfixia y la esterilidad, a la vez que nos manifiesta el camino del compartir y de la solidaridad.
   
14. Uno de los episodios más significativos de la relación entre Jesús y los discípulos es el relato de la Transfiguración. Jesús sube a la montaña para rezar con Pedro, Santiago y Juan. Los evangelistas recuerdan que, mientras el rostro y la ropa de Jesús resplandecían, dos hombres conversaban con Él: Moisés y Elías, que encarnan la Ley y los Profetas, es decir, la Sagrada Escritura. La reacción de Pedro ante esa visión está llena de un asombro gozoso: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías» (Lc 9,33). En aquel momento una nube los cubrió con su sombra y los discípulos se llenaron de temor.
  
La Transfiguración hace referencia a la fiesta de las Tiendas, cuando Esdras y Nehemías leían el texto sagrado al pueblo, después de su regreso del exilio. Al mismo tiempo, anticipa la gloria de Jesús en preparación para el escándalo de la pasión, gloria divina que es aludida por la nube que envuelve a los discípulos, símbolo de la presencia del Señor. Esta Transfiguración es similar a la de la Sagrada Escritura, que se trasciende a sí misma cuando alimenta la vida de los creyentes. Como recuerda la Verbum Dómini: «Para restablecer la articulación entre los diferentes sentidos escriturísticos es decisivo comprender el paso de la letra al espíritu. No se trata de un paso automático y espontáneo; se necesita más bien trascender la letra» (n. 38).
  
15. En el camino de escucha de la Palabra de Dios, nos acompaña la Madre del Señor, reconocida como bienaventurada porque creyó en el cumplimiento de lo que el Señor le había dicho (cf. Lc 1,45). La bienaventuranza de María precede a todas las bienaventuranzas pronunciadas por Jesús para los pobres, los afligidos, los mansos, los pacificadores y los perseguidos, porque es la condición necesaria para cualquier otra bienaventuranza. Ningún pobre es bienaventurado porque es pobre; lo será si, como María, cree en el cumplimiento de la Palabra de Dios. Lo recuerda un gran discípulo y maestro de la Sagrada Escritura, san Agustín: «Entre la multitud ciertas personas dijeron admiradas: «Feliz el vientre que te llevó»; y Él: «Más bien, felices quienes oyen y custodian la Palabra de Dios». Esto equivale a decir: también mi madre, a quien habéis calificado de feliz, es feliz precisamente porque custodia la Palabra de Dios; no porque en ella la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, sino porque custodia la Palabra misma de Dios mediante la que ha sido hecha y que en ella se hizo carne» (Tratados sobre el evangelio de Juan, 10,3).
  
Que el domingo dedicado a la Palabra haga crecer en el pueblo de Dios la familiaridad religiosa y asidua con la Sagrada Escritura, como el autor sagrado lo enseñaba ya en tiempos antiguos: esta Palabra «está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca, para que la cumplas» (Dt 30,14).
  
Dado en Roma, en San Juan de Letrán, el 30 de septiembre de 2019.
  
Memoria litúrgica de San Jerónimo en el inicio del 1600 aniversario de la muerte.
  
FRANCISCO

NOTAS
[1] Cf. Acta Apostólicæ Sedis 102 (2010), 692-787.
[2] «La sacramentalidad de la Palabra se puede entender en analogía con la presencia real de Cristo bajo las especies del pan y del vino consagrados. Al acercarnos al altar y participar en el banquete eucarístico, realmente comulgamos el cuerpo y la sangre de Cristo. La proclamación de la Palabra de Dios en la celebración comporta reconocer que es Cristo mismo quien está presente y se dirige a nosotros para ser recibido» (Exhort. ap. Verbum Dómini, 56).

Pues bien, aunque es cierto que «La ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo» (San Jerónimo, Prólogo al libro de Isaías), también es cierto que el centro de la Escritura es Cristo y no a la inversa: «Registrad las Escrituras, puesto que creéis hallar en ellas la vida eterna; ellas son las que están dando testimonio de mí» (San Juan V, 39), y que sólo la Iglesia Católica es la custodia, transmisora e intérprete auténtica de la Revelación, sin cuya definición auténtica no se puede creer ni en los mismos libros sagrados: «Yo, en verdad, no creería en el Evangelio si no me impulsase a ello la autoridad de la Iglesia Catolica» (Ego vero Evangélio non credérem, nisi me Cathólicæ Ecclésiæ conmœ́ret auctóritas. San Agustín, Réplica a la carta de Manes llamada “del Fundamento”, 5). Pero afortunadamente, la Iglesia Católica ha definido desde antiguo cuál es el canon de las Escrituras, y que ella es la única que ha recibido autoridad para interpretarla en los fieles.

Aparte, que Bergoglio fijara su «Domingo de la Palabra de Dios» en el III Domingo del tiempo ordinario (o Domínica III después de la Epifanía) -desconocemos por ahora si le asignarán un formulario de Misa propio, y el documento tampoco incluye prescripciones rituales para la celebración, sino que sugiere MUY VAGAMENTE una «entronización y entrega de la Biblia»- que cae en la semana del 20 al 27 de Enero es muy diciente: Bergoglio afirma que es «un momento oportuno de ese periodo del año, en el que estamos invitados a fortalecer los lazos con los judíos y a rezar por la unidad de los cristianos». Con eso se refiere a que del 18 al 25 de ese mes se realiza el Octavario por la Unidad de los Cristianos (adulteración del tradicional Octavario de la Cátedra de la Unidad), y que el mismo 27 es la conmemoración de la “liberación” del campo de concentración de Auschwitz por las tropas del 106º cuerpo de rifles de la 100ª División de infantería del Ejército Rojo soviético comandado por el ucraniano Anatoly Pavlovich Shapiro (oh casualidad, ¡JUDÍO nacido Anshel Feitelevich Shapiro!) ese mismo día de 1945 a las 15:00 h.

En conclusión, ese «Domingo de la Palabra de Dios», cuyo Motu Próprio que lo introduce es la corona y culmen del conciliar Mes de la Biblia implementado por Wojtyła, es todo menos católico, sino otra treta ecuménica del ecumenista Francisco Bergoglio, para prepararle el camino a ser el Novus Ordo Missæ un Servicio de Oración Protestante en toda regla.
  
JORGE RONDÓN SANTOS
30 de Septiembre de 2019
Fiesta de San Jerónimo, Cardenal-Presbítero, Confesor y Doctor de la Iglesia. Tránsito de Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz OCD, y de San Francisco de Borja SJ.

EL SALTERIO DE BEA, UN ATENTADO DE ADULTERACIÓN DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS

Es propósito de este artículo tratar uno de los capítulos más oscuros de la historia reciente de la Iglesia antes del Vaticano II, como es la reforma del Salterio en 1942.
    
Durante los siglos XIX y XX, los avances en el estudio de las lenguas antiguas y el posicionamiento de la arqueología como ciencia abrían nuevos horizontes para comprender la historia de las civilizaciones y documentos antiguos. Hallazgos como el de la Piedra Roseta en Egipto y de las tablillas de barro cocido con escritura cuneiforme en Asiria, Babilonia y Persia daban nuevas luces a la historia del Cercano Oriente, aportando historicidad a los relatos históricos de la Biblia.
   
En otro arista, la predicación misionera estaba en un nuevo auge por causa de la conversión de las potencias europeas en imperios coloniales: sociedades misioneras protestantes y católicas impulsaban en sus miembros el estudio de las lenguas locales de los territorios desconocidos hasta entonces (selva amazónica, África subsahariana, Lejano Oriente, Australia y las islas de los Mares del Sur); y hasta se realizaron esfuerzos de traducción del Nuevo Testamento al hebreo, para uso de la predicación entre los judíos.
   
Pero, por otra parte, surgía en Europa, como consecuencia del inmanentismo y el libre examen protestante, el liberalismo, el racionalismo, y teorías que daban al traste con la inspiración divina de la Escritura. La Alta y Baja crítica (Método histórico-crítico y criticismo textual respectivamente), la negación del origen mosaico del Pentateuco por la división entre tradiciones yavista (de los tiempos de David y Salomón), elohísta (nacida en el Reino del Norte durante el cisma), deuteronomista (contemporánea a la conversión-reforma religiosa de Josías) y sacerdotal (durante la Cautividad babilónica), cambios en la datación de los libros sagrados, la Cuestión Sinóptica [que incluye teorías como el “Evangelio Q” (por Quelle, “fuente” en alemán), la fuente doble, triple ¡o cuádruple!; un Protoevangelio o la tradición oral], el rechazo de la coma joanina y la inverosimilitud de la identidad San Juan Evangelista/Apokaleta, eran de tráfico habitual entre los estudiosos protestantes de la época, y de varios teólogos católicos inficionados primero de racionalismo, luego liberalismo y después modernismo.
  
Ante estos errores, la Iglesia Católica, depositaria de la Revelación y Esposa Inmaculada de Cristo, se vio precisada a defender la incolumidad de la doctrina: Gregorio XVI en Mirári Vos comenzó la condena al liberalismo y en Inter Præcípuas Machinatiónes advirtió sobre las Sociedades Bíblicas Protestantes, Pío IX condenó el liberalismo teológico y convocó el Concilio Vaticano I reafirmando el primado jurisdiccional del Papado de Roma. Y como a la condena del error debe acompañar el estudio y la propaganda de la verdad, León XIII publica en 1893 la encíclica Providentíssimus Deus, donde aborda el estudio bíblico dando reglas precisas para su enseñanza, y en 1902, por la Letra Apostólica Vigilántiæ stúdiique funda la Pontificia Comisión Bíblica, cuyos decretos defendían la autenticidad, historicidad e interpretación de los libros sagrados. San Pío X, mediante la Carta Apostólica Vínea elécta del 7 de Mayo de 1909, funda en Roma el Pontificio Instituto Bíblico, confiándolo a la Compañía de Jesús.
  
También para esa época nacieron la Escuela Práctica de Estudios Bíblicos (actual Escuela Bíblica y Arqueológica Francesa de Jerusalén), fundada en 1890 por el dominico Marie-Joseph Lagrange (como él aplicaba el método histórico-crítico -la Alta Crítica, condenada posteriormente mediante la encíclica Spíritus Paráclitus del Papa Benedicto XV-, fue sospechado de modernismo y su escuela cerró durante un tiempo) y en 1924 el Stúdium Bíblicum Franciscánum (actual Facultad de Ciencias Bíblicas y Arqueológicas del Colegio Antoniano) en Jerusalén, que mantuvo relaciones con su homónimo en China (fundado en Pekín en 1945 por fray Gabriel María Allegra, trasladado tres años después a Hong Kong, y que tradujo la biblia al chino).
   
Regresando con Roma, a partir de 1915 y hasta 1940, la Pontificia Comisión Bíblica comienza a alentar el estudio y las investigaciones en el tema bíblico, particularmente sobre los idiomas originales; y el 30 de Noviembre de 1943, Pío XII publica la encíclica Divíno Afflánte Spíritu, que alentó la traducción al vernáculo de la Biblia desde los idiomas originales (ejemplo de este nuevo estilo, en lengua española, son las versiones Nácar-Colunga y Straubinger) y no desde la Vulgata (como sucede con las versiones de Mons. Scío de San Miguel y la de Torres Amat), a la par que rehabilitaba la Alta y Baja Crítica en los estudios bíblicos. Es en este contexto que nace una nueva versión latina de los Salmos, que a partir de 1945 suscitarán polémica, toda vez que ese año Pío XII empleará dicha nueva versión en el Divino Oficio y en los Propios de Misa que nacerían después. Por primera vez en mucho tiempo (desconocemos si ya antes se había hecho, y de ser así, estamos prestos a darle el crédito), presentamos el Motu Próprio que dio génesis al problema, traducido al español:
MOTU PRÓPRIO «In Cotidiánis Précibus», SOBRE EL USO DE LA NUEVA TRADUCCIÓN LATINA DE LOS SALMOS PARA REZAR EL DIVINO OFICIO.
  
1. En las oraciones diarias, con las que los sacerdotes celebran la majestad y la bondad de Dios altísimo, y le recomiendan las necesidades de sí mismos, de toda la Iglesia y de toda la tierra, toman un lugar especial los cantos que el Santo profeta David y otros autores sagrados compusieron bajo la inspiración del Espíritu de Dios, y la Iglesia, siguiendo el ejemplo del divino Salvador y sus Apóstoles, desde el comienzo ha usado continuamente en sus santas celebraciones.
  
2. Estos salmos los ha recibido la Iglesia latina de los fieles de lengua griega; han sido traducidos casi verbalmente del griego al latín. A lo largo del tiempo, varias veces, especialmente por parte de San Jerónimo, el mejor maestro de la Iglesia que explica las Sagradas Escrituras, han sido cuidadosamente corregidos y pulidos. Pero los errores conocidos de la propia traducción griega, por los cuales el significado y el poder del texto original no se ocultan, no han sido eliminados por estas mejoras de tal manera que los sagrados salmos puedan ser fácilmente comprendidos por todos y en todas partes. Y todos saben que el mismo San Jerónimo no estaba muy satisfecho con la vieja traducción latina «diligentísimamente corregida» que dio a sus compañeros, pero con un cuidado aún mayor tradujo al latín los salmos de la misma «verdad hebrea» (San Jerónimo, Præfátium in librum Psalmórum juxta Hebrǽam veritátem, en Patrología Latina XXVIII, col. 1125 ss). Esta nueva traducción del Santo Doctor, sin embargo, no ha pasado al uso de la Iglesia. Por otra parte, la edición mejorada de la antigua traducción latina, llamada Psaltérium Gallicánum, se extendió tanto que nuestro predecesor, San Pío V, pensó que debía retomarla en el Breviario Romano y, por lo tanto, la introdujo de manera casi universal para su uso.
  
3. La ininteligibilidad y la inexactitud de muchos lugares en esta traducción latina no fueron eliminados de ninguna manera por San Jerónimo (su único objetivo era mejorar el texto latino según los manuscritos griegos más puros), y se hicieron aún más evidentes en tiempos más recientes, gracias a que aumentó considerablemente el conocimiento de las lenguas antiguas, especialmente del hebreo, al no poco progreso de los trabajos de traducción, examinando más de cerca las leyes métricas y rítmicas de las lenguas orientales, y con mayor observancia de las reglas de la llamada «crítica textual». Además, muchas traducciones que se hicieron del texto original a las lenguas vernáculas, con aprobación del gobierno eclesiástico de muchas naciones, mostraron cada vez más claramente cómo estos cánticos sobresalían en sus expresiones originales por su gran transparencia, su belleza poética y profundidad doctrinal.
  
4. No es de extrañar que no pocos sacerdotes, que desean rezar las Oraciones de la Hora no solo con gran devoción sino también con más comprensión, hayan elogiado el deseo loable de poseer tal traducción latina en la lectura diaria de los salmos, en la cual el pensamiento, entendido bajo la inspiración del Espíritu Santo, aparezca de manera más inteligible, se expresen más plenamente los sentimientos piadosos del Perfecto Salmista y al mismo tiempo sean más evidentes la belleza de la expresión y el sentido de las palabras. Estas aspiraciones y deseos, expresados repetidamente en los libros de eminentes eruditos y en las revistas, Nos han sido dados a conocer también por muchos sacerdotes y obispos, e incluso por algunos cardenales de la Santa Iglesia Romana.
  
5. Nos, nuevamente, debido a la gran veneración que tenemos por las palabras de la Divina Escritura, resolvimos esforzarnos para que los creyentes sean más y más conscientes del significado de los Libros Sagrados, inspirados por el Espíritu Santo y dados a expresión por la pluma del autor sagrado, como no hace mucho hemos explicado en la encíclica Divíno Afflánte Spíritu.
  
6. Por eso Nos, aunque no desestimamos las dificultades de esta empresa, y somos conscientes de la estrecha relación entre la llamada Vulgata y los escritos de los Santos Padres y las explicaciones de los Doctores, y que a través de siglos de uso en la Iglesia ha obtenido una autoridad muy alta, hemos decidido satisfacer estos deseos piadosos y, por lo tanto, hemos ordenado preparar una nueva traducción latina de los salmos, que siga al texto original de manera cercana y fiel, teniendo en cuenta tanto como sea posible la antigua y venerable Vulgata y otras traducciones antiguas, sopesando cuidadosamente las diferentes lecturas de acuerdo con las reglas de la crítica.
  
7. Después de todo, sabemos muy bien que el texto hebreo no nos viene libre de errores y de ambigüedad y, por lo tanto, debe compararse con otros textos que de antiguo hemos recibido, para encontrar una forma de expresión más precisa y correcta con la mayor diligencia e imparcialidad posible. Incluso ocurre que el significado de las palabras, aun después de usar todas las herramientas de crítica y lingüística, no está claro y debería dejarse más tarde para examinar el asunto con mayor claridad, después de un esfuerzo puesto en práctica. De ninguna manera, sin embargo, dudamos que con el uso diligente de todas las herramientas de la ciencia moderna, ya se pueda dar una traducción hoy que refleje el significado y la fuerza interior de los salmos tan claramente que los sacerdotes, rezando el Breviario, puedan entender fácilmente lo que el Espíritu Santo quiso decir por la boca del Salmista, y de esta forma, con estas divinas palabras, alcanzar efectivamente una verdadera y sincera devoción.
  
Por lo tanto, ahora que la tan deseada nueva traducción por parte de los profesores de nuestro Pontificio Instituto Bíblico se ha realizado con el celo y diligencia apropiados, la ofrecemos con benevolencia paterna a todos los que obligatoriamente rezan diariamente las Horas y, después de una cuidadosa consideración, les permitimos por propia iniciativa que, si así lo desean, puedan usar esta traducción tanto de forma privada como pública, tan pronto como sea adaptado al Salterio del Breviario, publicado por la librería del Vaticano.
  
8. En esto, nuestra ansiedad pastoral y nuestro afecto paternal hacia los hombres y mujeres devotos de Dios, confiamos en que, de ahora en adelante, la oración del Oficio divino traerá cada vez más luz, misericordia y consuelo. De esta manera, puede llegar a ser más y más apropiada en estos tiempos tan difíciles, para que la Iglesia siga los ejemplos de santidad que brillan tan brillantemente en los Salmos, y que se sientan motivados a encontrar en ellos aquellos sentimientos de amor divino, determinados para nutrir y animar el coraje y la penitencia piadosa, que el Espíritu Santo nos amonesta al leer los salmos.
  
9. Lo que hemos promulgado, decidido y determinado por esta carta, por nuestra propia iniciativa, tiene plena fuerza legal, sin que obsten las disposiciones contrarias, incluso aquellas que merecen una mención especial.
  
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 24 de marzo de 1945, año séptimo de nuestro pontificado. PAPA PÍO XII.
  
Tres meses después, se publicó un decreto aprobando el nuevo salterio, que fue comentado por el padre Gregorio Martínez de Antoñana CMF (Fuente: Boletín diocesano, Obispado de Vitoria, 2 de Febrero de 1946):
SACRA CONGREGÁTIO RÍTUUM
Approbátio novo Psaltério
Decrétum.
  
Sanctíssimi Dómini Nostri Pii Papæ XII jussu Pontifícium Institútum Bíblicum novam libri Psalmórum versionem ex hebráico origináli textu confécit, eámque idem Summus Póntifex Motu próprio «In cotidiánis précibus» die 24 Mártii 1945 probávit; paternáque volúntate concéssit «ut eádem sive in priváta sive in pública recitatióne, si libúerit, (sacerdótes) utántur, postquam ad Psaltérii Breviárii Románi accommodáta, ab offícina Librária Vaticána in lucem edíta fúerit»; quam accommodatiónem eídem Institúto absolvéndam commísit. Cum autem hunc Sanctitátis Suæ mandáto diligénti labóre obtemperátum sit, Sacra hæc Congregátio præséntem novam Ordinárii, Psaltérii et Commúnis Sanctórum juxta ritum Breviárii Romani editionem accuráte a se revísam, Constitutióni «Divíno Afflátu» Pii X in ómnibus confórmem declárat, et uti týpicam appróbat; eámque ab ómnibus, quos obligátio tenet Horas Canónicas recitándi vel concinéndi, adhíberi posse decérnit.
  
Contráriis non obstántibus quibuscúmque.
 
Romæ, die 29 Júnii 1945, in festo Apostolórum Petri et Pauli.
CARÓLUS Card. SALOTTI, Præféctus.
  
L. S.
Alfónsus Carinci SDB, Secretárius.

TRADUCCIÓN
SAGRADA CONGREGACIÓN DE RITOS
Aprobación del nuevo Salterio
Decretum.
  
Por orden de Nuestro Santísimo Señor Pío, Papa XII, el Pontificio Instituto Bíblico culminó una nueva versión del libro de los Salmos hecha del texto original hebreo, y el mismo Sumo Pontífice la aprobó por el Motu próprio «In cotidiánis précibus» el día 24 de Marzo de 1945; y con paterna voluntad concedió «que, si así lo desean, (los sacerdotes) puedan usar esta traducción tanto de forma privada como pública, tan pronto como sea adaptado al Salterio del Breviario, publicado por la librería del Vaticano»; cuya acomodación completa fue encargada al mismo Instituto. Por otra parte, por ser obedecido con diligente labor este mandato de Su Santidad, esta Sagrada Congregación valora la presente nueva edición del Ordinario, Salterio y Común de los Santos bajo el rito del Breviario Romano cuidadosamente revisada, la declara conforme en todo a la Constitución «Divíno Afflátu» de Pío X y aprueba su uso típico; e invita a todos quienes tienen como obligación recitar o cantar las Horas Canónicas, poder decidirse a ello.
  
No obstando nada en contrario.
 
Roma, 29 de Junio de 1945, en la fiesta de los Apóstoles Pedro y Pablo.
CARLOS Card. SALOTTI, Prefecto.
  
L. S.
  
Alfonso Carinci SDB, Secretario.
ANOTACIONES
El presente Decreto aprueba y promulga la acomodación de la nueva Versión latina de los Salmos, que el Papa había sancionado ya con su Motu propio «in cotidianis», como ya comentamos en estas páginas.
  1. El Salterio aprobado, impreso en la Tipografía Vaticana, lleva este título: «Psalterium Breviarii Romani cum excerptis e Communi Sanctorum, secumdum novam textibus primigeniis ínterpretationem latinam Pii Papae XII auctoritate editum». Es un volumen en 8.2, de 432 páginas, en el. cual pueden distinguirse tres partes: el Ordinario del Oficio Divino (págs. 1-56), el Salterio propiamente tal (págs. 57-263) y los extractos o Excerpta del Común de Santos, que en paginación distinta llenan 151 páginas, más los índices.
  2. El Ordinario reproduce textual e íntegramente el ya conocido del Breviario actual, con las únicas variantes introducidas en el salmo 94 del invitatorio y en los cánticos Benedíctus, Magníficat y Nunc dimíttis, las de estos tres últimos ligerísimas.
     
    También hay una pequeña variante en el invitatorio del Tiempo de Pasión, para que concuerde con el salmo 94 del que está tomado.
  3. El Salterio, parte principal, reproduce la nueva versión latina, dis­puestos los salmos por los días de la semana conforme a la distribución introducida por Pío X.
     
    Al hacerlo se han introducido algunas pequeñas correcciones en el texto de la versión publicado en la primera edición, «sive quod menda quǽdam vel quæ minus corrécta, sive quod pro vocábulis quibúsdam, quae ad recitándas Preces Horárias parum apta censéntur, ália substitúta sunt», según declaran los editores en la segunda edición de aquélla (pág. IV).
     
    Ejemplo de lo último es la restitución de las palabras «Éuge, éuge» en el salmo 39, que en la versión habían sustituido por «Vah! vah!».
       
    Comparando la nueva distribución del Salterio con la anterior convienen enteramente en cuanto al orden y a la división de algunos salmos en partes o secciones. En cambio, no conviene en la división de versículos, la cual no se acomoda—como en el Salterio anterior— a la numeral usada en las Biblias, sino que corresponde a la consignada en la nueva versión. Por la misma razón tampoco concuerda la colocación de los asteriscos, pues en el nuevo Salterio, se ha atendido principalmente a los miembros o esticos de que consta cada verso. Una novedad tipográfica se ha introducido en el nuevo Salterio, y es la colocación de una pequeña raya para indicar la división de las estrofas —esto es, de las divisiones rítmicas, literarias y lógicas— de que consta cada salmo: con ella será más hacedero recordar y seguir la marcha y sucesión de los pensamientos y afectos que se desarrollan en los salmos.
     
    Contra lo que muchos preveían, la nueva acomodación del Salterio no ha introducido modificación alguna en las antífonas salteríales, ni en los versos finales de los nocturnos, aun en aquellos casos en que la nueva versión da un sentido diverso del que enuncia o supone la antífona; así, v. gr., en el salmo 111 de las vísperas del domingo y en otros. Parece que la razón de esto hay que buscarla en el grave trastorno que cualquier variante en este punto hubiera causado en la parte musical del Oficio Divino, ya que habría sido preciso corregir, cambiar o suprimir la melodía en muchas antífonas, con la consiguiente repercusión en los libros litúrgicos musicales. En cambio, por la razón antes apuntada, ha modificado el invitatorio de las dominicas de Septuagésima, Sexagésima y Quincuagésima, y los do algunas ferias.
  4. La tercera parte, titulada Excerpta o Communi Sanctorum, reproduce el Común de los Santos con el texto de la nueva versión, pero omitiendo las lecciones, los responsorios y las oraciones de cada Común. Es la parte menos práctica y necesaria, ya porque la omisión de esos elementos obliga al manejo simultáneo del Breviario y del Salterio, ya porque los Salmos de los varios Comunes se rezan pocas veces durante el año. Aparte de los Comunes propiamente tales» trae en la misma forma lo referente al Oficio de Santa María in sabbato, al Oficio Parvo de la Virgen y al Oficio Común de Difuntos; este último íntegramente, con las lecciones, y responsorios y oraciones.

Fuera de lo indicado, el nuevo Salterio no introduce ninguna modifi­cación en las rúbricas del Breviario Romano.
  
Gregorio Martínez de Antoñana, C. M. F.
Con todo, la Santa Sede manifestó que el Nuevo Salterio era sólo para el Breviario. Al ser consultada en 1947, respondió que no podía ser usado en la Misa.
  
LATÍN [Acta Apostólicæ Sedis LIX (1947), pág. 508]
PONTIFÍCIA COMMÍSSIO DE RE BÍBLICA
DÚBIA: «De usu novi Psaltérii Latíni extra horas canónicas»
  
Cum quǽsitum fúerit utrum nova Psalmórum convérsio ex primigéniis téxtibus facta, quæ secúndum lítteras Apostólicas Motu próprio datas die 24 Mártii 1945 in cotidiánis précibus sive horis canónicis adhíberi potest, in ceteris litúrgicis précibus ac cæremóniis lícite adhibeátur.
      
Summus Póntifex Pius Papa XII, in audiéntia die 22 Octóbris 1947 infrascrípto benígne concéssa, affirmatíve respóndit, eámdem facultátem extendéndo ad omnes preces tam litúrgicas quam extralitúrgicas, dummódo de íntegris psalmis extra Missam recitándis vel cantándis agátur.
   
22 Octóbris 1947
  
Jacóbus M. Vosté, O.P.
Consúltor ab Actis
   
TRADUCCIÓN
PONTIFICIA COMISIÓN BÍBLICA
DECRETO: «Del uso del Nuevo Salterio Latino fuera de las Horas Canónicas»
  
Se ha preguntado si la nueva traducción de los Salmos hecha de los textos originales que, según la Letra Apostólica dada Motu próprio del 24 de Marzo de 1945, se puede usar en las oraciones cotidianas y en las horas canónicas, puede lícitamente ser utilizada en otras oraciones y ceremonias litúrgicas.
  
El Sumo Pontífice Pío, Papa XII, en la audiencia benignamente concedida al suscrito Reverendísimo Secretario consultor el día 22 de Octubre de 1947, ha respondido afirmativamente, extendiendo la misma facultad a todas las oraciones, tanto litúrgicas como extralitúrgicas, pero sólo de salmos enteros para recitarse o cantarse fuera de la Misa.
  
22 de Octubre de 1947
  
Santiago María Vosté, O.P.
Secretario consultor
  
Jakub Pavlík en su tesis Žaltář římského oficiav proměnách 20. století (Cambios en los Oficios en el Salterio romano en el siglo XX) plantea que en esa época se imprimió el Salterio de Bea como volumen separado para usar junto con el breviario. El decreto de 1947 reseñado y traducido ut supra concede su uso en cualquier oración, salvo en la Misa. Apenas desde 1949 el salterio de Bea fue incluido en la edítio nova týpica de los breviarios como la versión del salterio por defecto (y a menudo la única de facto), así que quienes querían usar la versión de la Vulgata tenían que usar el antiguo breviario o adquirir un volumen suplementario con el Salterio Galicano. Sólo el salmo 94 «Veníte, exsultémus Dómino» fue dado en las dos versiones, con la rúbrica explicatoria de que «en el canto solemne, sea usada la versión tradicional». Con todo, el decreto que aprueba el suplemento dice que la nueva versión del salterio no es obligatoria todavía (nondum). De hecho, NUNCA SE TOMÓ tal decisión. Incluso durante el Vaticano II, muy pocos vota enviados a la Comisión preparatoria pedían que el salterio piano fuera obligatorio «al menos en la recitación privada y en el coro, cuando el Divino Oficio es celebrado sin canto», otros sólo pedían una versión obligatoria del Salterio, sin especificar cuál. Esto prueba que no había una versión obligatoria del Salterio, y a veces la ambigüedad era la norma.
     
A la sazón, el Pontificio Instituto Bíblico era dirigido por el jesuita alemán Augustin Bea (o mejor, BEHAYIM/בְּחַיִּים), quien sería creado cardenal por Juan XXIII bis el 14 de Diciembre de 1959 y consagrado obispo el 19 de Abril de 1962. Bea era el confesor de Pío XII, y durante su enfermedad el único que podía conversar habitualmente con él, valiéndose de tal influencia para que se aprobara muchas iniciativas modernistas como la Semana Santa de 1955 y la introducción del vernáculo en varias liturgias (por algo el derecho seglar prohíbe, so pena de nulidad, designar como heredero, legatario y/o albacea fiduciario al confesor durante la última enfermedad o en la época de otorgar testamento, toda vez que se teme cooptación de voluntad por el testador).
 
Siguiendo el Texto Masorético hebreo, en el Salterio de Bea los salmos fueron cambiados radicalmente de la versión tradicional (Salterio Galicano) que seguía la Septuaginta, quedando así inteligibles para Cicerón, pero punto menos que irreconocible para San Agustín. A efectos de ilustración, analicemos el primer verso de los Salmos:
  • Hebreo (transliteración): אַשְׁרֵי הָאִישׁ אֲשֶׁר לֹא הָלַךְ בַּעֲצַת רְשָׁעִים וּבְדֶרֶךְ חַטָּאִים לֹא עָמָד וּבְמוֹשַׁב לֵצִים לֹא יָשָׁב. (’Ashre ha’ish, ’asher lo’ halakh ba‘ätsat resha‘ïm uvedérekh jata’im lo ‘äamad; uvemoshav letsim, lo’ yashav).
  • Septuaginta griega: Μακάριος ἀνήρ, ὃς οὐκ ἐπορεύθη ἐν βουλῇ ἀσεβῶν, καὶ ἐν ὁδῷ ἁμαρτωλῶν οὐκ ἔστη, καὶ ἐπὶ καθέδραν λοιμῶν οὐκ ἐκάθισεν.
  • Salterio Galicano (Vulgata Latina): Beátus vir qui non ábiit in consílio impiórum, et in via peccatórum non stetit, et in cáthedra pestiléntiæ non sedit.
Salvo la palabra pestiléntiæ, que es la traducción libre que el autor del Salterio Galicano hace del griego λοιμῶν (de los pestilentes), y a su vez es una versión libre del hebreo לֵצִים (letsim, de escarnecedores) esta traducción sigue literalmente la Septuaginta, que a su vez sigue el original hebreo. En cuanto a la palabra en cuestión, San Jerónimo en su revisión vierte como cáthedra derisórium; variante que tiene en cuenta Mons. Félix Torres Amat cuando tradujo el salmo al español:
Dichoso aquel varón que no se deja llevar de los consejos de los malos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se asienta en la cátedra pestilencial de los libertinos.
y en la nota al pie sobre este verso se lee:
Según el hebreo puede traducirse: ni toma asiento entre corrompidos mofadores; o en cátedra de pestilencia.

Veamos, pues, el Salterio de Bea: Beátus vir qui non séquitur consílium impiórum, et in viam peccatórum non ingréditur, et in convéntu protervórum non sedet.

Séquitur consílium e in viam peccatórum non ingreditur expresan la misma idea como ábiit in consílio e in via peccatórum non stetit, sólo que en una forma más clásica del latín. Y el cambio del tiempo perfecto al presente que se hizo es desafortunado, toda vez que el tiempo perfecto del latín y el hebreo (al igual que el aoristo griego) pueden representar la idea de un recurrir constantemente o una noción general (el tiempo gnómico o intemporal), que es claramente la intención de San David Profeta, autor/compilador del Salterio. El préstamo griego καθέδραν (del que deriva nuestra Cátedra) es sustituido por el latín convéntu, que equivale al hebreo moshav (מוֹשַׁב, sentarse juntos). Un ejemplo más elocuente de la clasicización/paganización del vocabulario, לֵצִים es traducido como protervórum (de los impúdicos). El adjetivo protérvus y sus derivados aparece ocho veces más frecuentemente en las obras de Ovidio, y cinco veces más en las de Horacio, que en las traducciones bíblicas de San Jerónimo. Sobre todo, donde el resultado final de la Septuaginta, el latín antiguo y la obra jeronimiana es en su mayoría muy literal y hebraica, la versión de Bea es una muy adecuada paráfrasis muy latina, apta para estudiosos mas no para almas orantes.

Un antecedente de cambios en pos de un latín más clásico paganizante podemos encontrarlo en la reforma que hiciera entre 1629 y 1631 el papa Urbano VIII sobre el Breviario, reforma que se mostró incompleta y desafortunada. Inicialmente la revisión era sobre las lecciones y homilías, pero Urbano VIII quería, como humanista que él era, que los himnos se acercaran un poco al latín de los tiempos de Augusto César tanto en el léxico como en la métrica, lo que logró a costa de su entonabilidad, y en parte a esta causa (y también por conservar sus usos litúrgicos, amenazados por una simplificación de índole jesuítica -por cierto, desde su fundación, los jesuitas no tienen obligación de coro-), los dominicos, benedictinos, cistercienses, carmelitas de antigua observancia y cartujos nunca los adoptaron.

Ahora, si el criterio de los reformadores previos al Vaticano II era el arqueologismo, la comisión dirigida por Bea cometió un error garrafal: El Texto Masorético (TM o 𝕸) en el que se basaron para traducir los Salmos fue compuesto entre los siglos VI y XI después de Cristo (y ni aún así se logró unificar la versión hasta fines del siglo XIX, porque hubo tres escuelas diferentes: la de Babilonia, la de Jerusalén y la de Tiberíades; y mucho menos el Talmud siguió la versión canónica de la Torá), mientras que la Septuaginta (LXX) fue traducida entre el siglo III y el año 123 antes de Cristo (en el caso de los Salmos, se postula que fueron traducidos al griego en torno al año 185 a.C., más de mil años antes del primer manuscrito plenamente masorético conocido). Ni siquiera podían invocar los Rollos del Mar Muerto, simplemente porque fueron descubiertos en el complejo de Qumram en 1947; y los documentos que respaldan a la Septuaginta, aunque minoría, son más antiguos que los que respaldan el texto hebreo.
  
Veamos un poco el origen de la Septuaginta, la traducción al griego de las Escrituras Hebreas:
Hubo un incidente que involucró al rey Ptolomeo de Egipto, que reunió a setenta y dos ancianos de los Sabios de Israel, y los puso en setenta y dos cámaras separadas, y no les reveló para qué propósito los congregó, para que no coordinaran sus respuestas. Él entró y se acercó a todos y cada uno, y le dijo a cada uno de ellos: “Escribe para mí una traducción de la Torá de Moisés tu maestro”. El Santo, bendito sea, derramó en el corazón de cada uno de ellos sabiduría y todos tuvieron un mismo entendimiento (Talmud de Babilonia, tratado Meguilá 9a, 11).
Flavio Josefo, el gran historiador judío, cuenta que
una vez que la Ley fue copiada y la ejecución de la traducción alcanzó su término al cabo de 72 días, Demetrio, luego de reunir a todos los judíos en el lugar en que habían sido traducidas las propias Leyes, se las leyó en voz alta, en presencia de los propios traductores. Y la multitud expresó su reconocimiento a los ancianos que les habían hecho comprender la Ley . . . en vista de que la traducción había sido ejecutada de una forma cabal y perfecta, pidieron que quedara en el estado en que se encontraba y no se modificara . . . esta disposición que tomaron fue sensata, para que el texto que una vez que había sido considerado reunir perfectas condiciones permaneciera inmutable para siempre”. (Antigüedades judías, libro XII, cap. 2, sección 13)
  
Ítem, la Septuaginta era más exacta en su lenguaje que el mismo texto masorético, con todo y tener este último un margen casi ínfimo de errores de transcripción respecto del original (garantizado por leyes estrictísimas tanto en la transcripción -una errata en una sola letra invalidaba todo el rollo de la Torá- como en la interpretación -todo manuscrito que difiriese de la interpretación rabínica debía ser destruido-). Un ejemplo de esta situación es el conocido pasaje de Isaías 7, 14, que en el hebreo original tiene la palabra almah (עַלְמָה), que puede traducirse como virgen o mujer joven, mientras que el griego tiene la palabra parthenos (παρθένος), que inequívocamente traduce virgen, lo que ratifica el sentido original del texto profético.

Finalmente, en el aspecto evangelizador, San Pablo, cuando cita pasajes del Antiguo Testamento en sus catorce cartas, lo hace sobre la Septuaginta y no sobre el masorético.
  
Alguno dirá que como lo aprobó Pío XII, es vinculante so pena de cisma. Sí, el Salterio de Bea fue proclamado por autoridad legítima (Papa Pío XII) mediante procedimiento válido (Carta Motu Próprio, publicada en latín en las páginas 65-67 del tomo XXV de las Actas de la Sede Apostólica), pero es un decreto ineficaz dado que muy pocos sacerdotes lo acogieron (no perdamos de vista que era FACULTATIVO el usarlo, y muchas comunidades monásticas y canónicas lo hallaron inadaptable al canto gregoriano; ¡HASTA RONCALLI, CON TODO Y MODERNISTA COMO FUE, LO DETESTABA Y NO LO PERMITÍA EN NINGUNA CEREMONIA DONDE ÉL ESTUVIERA PRESENTE!); y por la influencia que tuvo el modernista Bea en la nueva traduccción, el Salterio traducido a su instancia SE DEBE EVITAR AL MENOS COMO SOSPECHOSO. Muestra de ello es que ni la Neovulgata conciliar tuvo en cuenta el Salterio de Bea.

Por otra parte, las contradicciones de un mismo papa, o de éste con el Magisterio precedente, son prueba de que la Infalibilidad Pontificia sólo opera cuando el Papa se pronuncia ex cáthedra y para defender la Verdad. Y que la indefinición doctrinal por un Papa es peligrosa, está demostrado por el caso del Papa Inocencio III. Inocencio III, con todo y su caridad y celo por la Iglesia, no mantuvo sólidamente la necesidad del bautismo de agua, y esto en la hora de la muerte le causó gran problema, pues sólo la intercesión de la Virgen María (a quien le tenía gran devoción) pudo salvarle del Infierno que merecía por varios pecados cometidos (uno de ellos quizá ese):
“En De Gemítu Colúmbæ -El gemido de la paloma-, San Roberto Belarmino († 1600) nos habla de una persona que se le aparece a Santa Lutgarda toda vestida en llamas y con mucho dolor. Cuando Santa Lutgarda le preguntó quién era, él le contestó: ‘Soy [el Papa] Inocencio III, que debía haber sido condenado al fuego eterno del Infierno por varios pecados graves, si la Madre de Dios no hubiera intercedido por mí en mi agonía y obtenido la gracia del arrepentimiento. Ahora estoy destinado a sufrir en el Purgatorio hasta el fin del mundo, a menos que me ayudes. Una vez más la Madre de Misericordia me ha permitido venir a pedirte oraciones” (Fray Christopher Rengers OFM, The 33 Doctors of the Church -Los 33 Doctores de la Iglesia-, pág. 504).
El pasaje aludido es este:
Para este tiempo, el Señor Papa Inocencio III, que migró de esta vida poco después de celebrado el [IV] Concilio Lateranense, se apareció visiblemente a Lutgarda. Ella al verlo rodeado por ingentes llamas, le preguntó quién era, y respondióle que era el Papa Inocencio; y gimiendo le pregunta: ¿Por qué el Padre común de todos está atormentado así en tanto dolor? Le respondió: Por tres causas estoy padeciendo, que justísimamente me hubieran causado el suplicio eterno, pero por la intercesión de la piadosísima Madre de Dios, cuyo Monasterio construí, me arrepentí en la agonía, y evité la muerte eterna, pero debo padecer estas penas atrocísimas hasta el fin del mundo. Por eso he venido a ti, para pedirte sufragios, para que la Madre de misericordia interceda por mí ante su Hijo. Dicho esto, inmediatamente desapareció. Lutgarda llamó a sus hermanas, indicándoles que le socorrieran en su necesidad. Lutgarda nos reveló las tres causas, pero por respeto a tan magno pontífice no las damos a conocer. (TOMÁS DE CANTIMPRATO, Vida de Santa Lutgarda, libro II, visión del 16 de Julio de 1215. En SAN ROBERTO BELARMINO, De Gemítu Colúmbæ, sive de Bono lacrymárum, libro II, cap. IX, págs. 273-274.)

DISGRESIÓN: SAN PÍO X Y LA REFORMA DEL BREVIARIO
El Papa San Pío X publicó la Encíclica Divíno Afflátu, por medio de la cual se realizó una gran reforma en el Breviario y el Misal. Sobre el Breviario, realizó una nueva distribución de los Salmos correspondiente a las horas canónicas, y rescató el Propio del Tiempo, que para la época estaba poco menos que sobrando, ante la profusión de oficios propios de los Santos no solamente en el Calendario General Romano, sino también en los de las diócesis y órdenes religiosas.

Ante este cambio, algunos tradicionalistas actualmente han dado en afirmar que San Pío X contravino a su antecesor San Pío V al modificar el Breviario, haciéndolo quedar como antipapa igual en todo a Montini (incluso citando un “Juramento Papal de coronación” ¡QUE NO SE HACE DESDE HACE MIL AÑOS!). Hemos de responder que una cosa es reformar la distribución de los Salmos para facilitar su lectura y canto por quienes están obligados a rezar las Horas o que lo practican como propia devoción (algo que San Pío X legítimamente podía hacer), y otra muy distinta es suprimir Horas e incorporar himnos de origen popular o demasiado erudito en aras de imitar a los herejes protestantes, como hicieron Montini y Bugnini.
  
JORGE RONDÓN SANTOS
30 de Septiembre de 2019
Fiesta de San Jerónimo, Cardenal-Presbítero, Confesor y Doctor de la Iglesia. Tránsito de Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz OCD, y de San Francisco de Borja SJ.

BERGOGLIO NOMBRA COMISARIO PARA LOS HERALDOS

 
Luego de 2 años y 3 meses de silencio mediático sobre la intervención a los “Heraldos del Evangelio”, el pasado 25 de Septiembre, Francisco Bergoglio designó un comisario para las ramas masculina (Sociedad Clerical de Vida Apostólica “Virgo Flos Carméli”), femenina (Sociedad de Vida Apostólica “Regína Vírginum”) y seglar de los Heraldos del Evangelio (Asociación Privada de Fieles “Heraldos del Evangelio”), en la persona del cardenal y arzobispo jubilado de Aparecida (Brasil), Raymundo Damasceno Assis, de 82 años.
  
Raymundo Damasceno Assis dando a besar a Bergoglio la imagen de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida, patrona de Brasil (Aparecida del Norte-São Paulo, 24 de Julio de 2013).
  
Sus asistentes [que harán el trabajo sucio] son el obispo auxiliar de Brasilia, monseñor José Aparecido Gonçalves de Almeida, de 59 años, quien estudió Derecho Canónico con el Opus Dei en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma, y la hermana Márian Ambrósio, la superiora general de las moribundas Hermanas de la Divina Providencia de Maguncia.
  
José Aparecido Gonçalves de Almeida y Márian Ambrósio CDP
  
El paso que llevó a esta medida fue una visita apostólica ordenada por el cardenal focolar João Braz de Avis que comenzó el 23 de Junio del 2017 bajo el pretexto de quejas contra el “estilo de gobierno, la vida de los miembros del Consejo, el cuidado pastoral de las vocaciones, la formación de nuevas vocaciones, la administración, la gestión de las obras y la recaudación de recursos” entre los Heraldos. En realidad, fue por su crecimiento inusitado en medio de una debacle en vocaciones en las comunidades y diócesis conciliares, como también por las denuncias del ex-tepefé argentino Alfonso María Beccar Varela Ibarguren sobre supuestos exorcismos sin autorización del ordinario (donde se dice, entre otras, que el Vaticano -con Bergoglio  a la cabeza- está controlado por el diablo) y culto a la personalidad de João Scognamiglio Clá Dias, su fundador.
   
Los “Heraldos del Evangelio” (Evangélii Præcónes o “Caballeros de la Virgen”), fundados por João Scognamiglio Clá Dias (brasileño de padre andaluz y madre italiana) en 1995, fueron erigidos por la Santa Sede el 22 de febrero de 2001 y tienen sus raíces en el movimiento tradicionalista y anticomunista Tradición, Familia y Propiedad (TFP) fundado por el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira, de quien Clá era su secretario particular. Reconocidos por sus hábitos marrón y blanco, con una gran cruz de Santiago roja y blanca en el pecho, sus botas altas y formaciones en desfiles, como también por su apostolado mariano, sus cuatro mil miembros y unos cuarenta mil cooperadores y amigos están presentes (según sus propios fuentes) en 78 países, especialmente difundidos en Brasil, España e Italia.
  
Es el criterio de Francisco Bergoglio destruir comunidades sólidas con apariencia de catolicismo tradicional, y dejar en paz a las comunidades que son litúrgica y moralmente decadentes (la primera de ellas, los Jesuitas).
 

jueves, 19 de septiembre de 2019

LA OPOSICIÓN A NUESTRA SEÑORA DE LA SALETTE POR LEFEBVRISTAS Y MATERIÁLITER

   
El 19 de Septiembre de 1846, en las montañas de este pequeño pueblo cercano a Grenoble, a las 6 de la mañana se apareció la Santísima Virgen a dos pastorcitos, Melania Calvat y Maximino Giraud. Por instrucciones de la misma Virgen María, el secreto que entonces les confió debía permanecer oculto hasta 1858.
   
     
Esta es una de las apariciones más trascendentales de todos los tiempos, sobre todo porque la Virgen nos habla –con mucha anticipación–, de la apostasía en la Sede Romana, del Anticristo y de su época, que es la nuestra.
 
SEÑALES DEL CIELO (Fuente de las declaraciones de los obispos: “La Saleta ante la razón y el deber de un Católico”, por Dr. Amadeo Nicolás, Traducción de la 2ª edición Francesa. Barcelona, Librería Católica de Pons y Cía., 1861)
«Mellon Joli, Arzobispo de Sens, Obispo de Auxerre, Primado de las Galias y de Germania:
“Visto el informe de la Comisión nombrada por Nos el 24 de enero de 1848 para una investigación jurídica sobre una curación extraordinaria ocurrida en Avallon el 12 de noviembre de 1847 en la persona de Antoinette Bollenat después de una novena a la Stma. Virgen; invocada con el nombre de Ntra. Sra. De La Salette; vistos los interrogatorios a los testigos y médicos… habiendo pedido el parecer de mi Consejo, invocado el santo nombre de Dios, declaramos para la gloria de Dios, la glorificación de la Stma. Virgen y la edificación de los fieles, que dicha curación presenta todas las condiciones y caracteres de milagrosa” (4 de Marzo de 1849)
  
Luis Rossat, Obispo de Verdún:
“Declaramos cierto e incontestable el hecho de la curación instantánea y mantenida desde el 1 de abril de 1849 hasta el día de hoy, en la persona de Martin, alumno de nuestro Seminario Mayor, según la relación que ordenamos hacer, muy difícil de explicar por solas las fuerzas naturales; y Nos ha sorprendido que los alumnos de nuestro Seminario unánimemente lo hayan atribuido a la intervención sobrenatural de la Stma. Virgen”.
La relación citada, firmada por el superior del Seminario, el ecónomo y tres profesores, afirma que M. Martin es un edificante clérigo menor, de entera confianza. Durante el curso, hasta el 1 de abril, apenas podía apoyarse en la pierna izquierda, con dolores continuos, que no le permitían seguir los actos de la comunidad. El Obispo decidió que no se le admitiera a las órdenes menores hasta que no estuviese totalmente curado. El 1 de abril comenzó una novena a Ntra. Señora de La Salette, y su director espiritual a las 6 de la tarde le dio un frasco de agua de La Salette. A las siete andaba, subía y bajaba corriendo las escaleras. La curación produjo una fuerte impresión en todo el Seminario.” -1 de Agosto de 1849
 
Clemente Villecourt, Obispo de la Rochelle y de Saintes:
“…oído el testimonio de muchos personajes sobre la curación repentina de Madame Bonnet de una enfermedad incurable, como consecuencia de una novena que hizo a Ntra. Sra. De La Salette; examinado atentamente el proceso verbal pedido al Dr. M. Kemmerer, que atestiguó la imposibilidad absoluta de dicha curación con los remedios humanos; consultado nuestro Consejo e invocadas las luces del Espíritu Santo, pronunciamos que no puede ser atribuida nada más que a una intervención sobrenatural”. -12 de enero de 1855
  
El 19 de septiembre de 1851, Mons. Filiberto de Bruillard, Obispo de Grenoble, publica finalmente su “carta pastoral”. He aquí el párrafo esencial:
Juzgamos que la aparición de la Santísima Virgen a dos pastores, el 19 de septiembre de 1846, en una montaña de la cadena de los Alpes, situada en la parroquia de La Salette, del arciprestazgo de Corps, contiene en sí todas las características de la verdad, y que los fieles tienen fundamento para creeria indudable y cierta. Aumenta la certeza, el concurso inmenso y espontáneo al lugar de la aparición, así como la multitud de prodigios, de una gran cantidad de los cuales es imposible dudar sin ir contra las reglas del testimonio humano. Por tanto, prohibimos a los fieles y sacerdotes de nuestra diócesis hablar públicamente o escribir contra el hecho que hoy proclamamos. Finalmente, como el fin principal de la aparición ha sido recordar a los cristianos el cumplimiento de sus deberes religiosos, los conjuramos, queridos hermanos, a que sean dóciles a la voz de María que los llama a la penitencia y de parte de su Hijo los amenaza con desgracias espirituales y temporales si permanecen insensibles a sus advertencias maternales”.
  
Obispo Filiberto de Bruillard
  
La resonancia de esta carta pastoral es considerable. Numerosos obispos la hacen leer en las parroquias de sus diócesis. La prensa se hace eco en favor o en contra. Es traducida a numerosas lenguas y aparece notoriamente en el Osservatore Romano de 4 de junio de 1852. Cartas de felicitación afluyen al Obispo de Grenoble. La experiencia y el sentido pastoral de Filiberto de Bruillard no se detienen aquí. El 1 de mayo de 1852, publica una nueva carta pastoral anunciando la construcción de un santuario sobre la montaña de La Salette y la creación de un cuerpo de misioneros diocesanos que él denomina “los Misioneros de Nuestra Señora de La Salette”. Y añade: “La Santa Virgen se apareció en La Salette para el universo entero, ¿quién puede dudarlo?”. El futuro iba a confirmar y sobrepasar estas expectativas, el relevo estaba asegurado, se puede decir que Maximino y Melania han cumplido su misión.
     
Después de cinco años de un cuidadoso examen de los hechos, la Iglesia autorizó el Culto de Nuestra Señora de La Salette en 1851. [Una imponente y magnífica Basílica Menor fue construida en el lugar.]
    
El Santo Padre Pío IX aprobó la devoción a Nuestra Señora de la Salette. Pidió a los jóvenes que le fuera enviado el relato de los secretos por escrito. Tiempo después dirá el Santo Padre: “Estos son los secretos de la Salette, si el mundo no se arrepiente, perecerá”. El 24 de agosto de 1852, concedió que el altar mayor del nuevo templo de La Salette fuera ‘privilegiado’. El 7 de setiembre del mismo año erige la asociación de Nuestra Señora Reconciliadora de La Salette».
 
León XIII elevó el santuario al rango de Basílica y decretó la coronación canónica de “Nuestra Señora de La Salette”, efectuada por el Cardenal de París, el día 21 de Agosto de 1879. Por último, en 1946, centenario de la aparición, se celebró en La Salette el quinto Congreso Mariano Nacional francés.
 
EL SECRETO ARRANCADO POR EL CARDENAL BONALD
A pesar de la aprobación de la aparición de La Salette por parte de Monseñor Filiberto de Bruillard, obispo de Grenoble y quien tenía la autoridad canónica para dictaminar el suceso; el Cardenal Luis Santiago Mauricio de Bonald, Arzobispo de Lyon, se mostraba opositor y no lo ocultaba (en 1848, fue uno de los primeros en saludar la Revolución de 1848, cuyo lema, Libertad, Igualdad y Fraternidad, le pareció “favorable a los intereses de la Iglesia”; y luego llegó a ser Senador del Imperio).
  
Bonald, con engaños exigió que los niños le confiasen su secreto, con el falso argumento de que tenía un mandato oficial del Papa. Los niños accedieron a sus pretensiones, pero Melania, alarmada, recordó las exigencias de la Virgen María, e insistió firmemente en que su texto, una vez escrito, debería ser introducido en un sobre sellado y entregado directamente al Papa. Bajo esta condición el obispo de Grenoble, envió dos representantes a Roma, y el texto de los dos secretos privados se entregó al Papa Pío IX, el 18 de julio 1851.
  
Maximino Giraud escribió su Secreto en el palacio del obispo de Bruillard en Grenoble, el 3 de julio por la tarde. El Obispo de Bruillard estampó su sello en él y luego lo envió al Papa Pío IX. El sobre sellado fue firmado por dos testigos a las 7:00 PM.
   
 
Escrito de Maximino del 3 de julio de 1851:
El 19 de septiembre de 1846, vimos a una bella Dama. Nunca hemos dicho que esta Señora fuera la Virgen, sino que siempre dijimos que era una bella Dama.
  
No sé si es la Virgen María u otra persona. Yo ahora creo que era la Santísima Virgen.
  
Esto es lo que esta Señora me dijo:
Si mi pueblo continúa, lo que lo que os voy a decir llegará más pronto, si cambia un poco, llegará un poco más tarde Francia ha corrompido el universo, un día ella será castigada.
  
La Fe se extinguirá en Francia: tres partes de Francia ya no practicarán la religión, o casi, la otra parte la practicará, sin practicarla bien.
  
Poco después de esto, las naciones se convertirán, la fe se reavivará en todas partes. Un gran país del norte de Europa, ahora protestante, se convertirá: con el apoyo de este país, todos los otros países del mundo se convertirán.
  
Antes de que todo esto suceda, grandes trastornos llegarán, en la Iglesia y en todas partes. Poco después de esto, nuestro Santo Padre el Papa, será perseguido. Su sucesor será un pontífice que nadie esperará.
  
Poco después de esto, vendrá una gran paz, pero no durará mucho tiempo. Un monstruo vendrá a perturbarla.
  
Todo lo que digo llegará en el siglo siguiente o a más tardar a los dos mil años”.
  
Maximino Giraud
(Ella me dijo que lo dijera poco tiempo antes).
  
Padre Santo, su bendición a una de sus ovejas,
 
Grenoble, 3 de julio de 1851.
  
Melania Calvat escribió su propia versión del Secreto el 3 de Julio, separadamente, en Corenc, en el convento de las Hermanas de la Providencia. Lo selló a las 10:00 A.M., y fue llevado al Palacio del Obispo de Grenoble. Pero al día siguiente, ella consideró que no se había expresado bien respecto a los infortunios que caerían sobre dos ciudades (París y Marsella): éstos parecieron como simultáneos, siendo que fueron sucesivos. El Canónigo Pierre-Joseph Rousselot la hizo reescribir el Secreto el 6 de julio, luego el ingeniero Benjamin Dausse la llevó al obispo, donde Bruillard leyó el nuevo documento antes de sellarlo.
   
  
Al igual que Maximino habla del castigo que sufrirán las naciones, Melania habla de LA PERSECUCIÓN CONTRA EL PAPADO y añade el NACIMIENTO DEL ANTICRISTO, HIJO DE UNA MONJA:
JMJ
   
Secreto que me dio la Santísima Virgen en la Montaña de La Salette el 19 de septiembre 1846.
  
Secreto:
“Melania, te diré algo que no le dirás a nadie:
  
¡El tiempo de la ira de Dios ha llegado!
  
Si cuando le hayas dicho a la gente lo que te he dicho y lo que te diré aún, si, después de eso, no se convierten, (si no hacen penitencia, si continúan trabajando el domingo, si continúan blasfemando el Santo Nombre de Dios), en una palabra, si la faz de la tierra no cambia, Dios tomará venganza contra el pueblo ingrato y esclavo del demonio.
  
¡Mi Hijo manifestará su poder! París, esta ciudad manchada con toda clase de crímenes perecerá infaliblemente. Marsella será destruida en breve tiempo. Cuando sucedan estas cosas, el desorden será completo sobre la tierra. El mundo se abandonará a sus pasiones impías.
  
El Papa será perseguido de todas partes, le dispararán, querrán matarlo, pero no podrán nada contra él, el Vicario de Dios triunfará aún esta vez.
  
Los sacerdotes y las religiosas, y los verdaderos servidores de mi Hijo serán perseguidos, y muchos morirán por la fe de Jesucristo.
  
Una hambruna reinará simultáneamente.
  
Después que todas estas cosas hayan sucedido, muchas personas reconocerán la mano de Dios sobre ellas, se convertirán y harán penitencia de sus pecados.
  
Un gran rey ascenderá al trono, y reinará durante algunos años. La religión florecerá y se extenderá por toda la Tierra y la fertilidad será grande, el mundo, contento de no carecer de nada, recomenzará sus desórdenes, abandonará a Dios y se entregará a sus pasiones criminales.
  
Entre los ministros de Dios y las Esposas de Jesucristo, hay quienes se entregarán al desorden, y esto será lo más terrible.
  
Finalmente, un infierno reinará sobre la Tierra. Será entonces cuando nazca el Anticristo de una religiosa: ¡Desgracia a ella! Muchas personas creerán en él, porque se dirá venido del cielo, ¡desgracia a aquellos que le crean!
  
El tiempo no es lejano, no pasarán dos veces 50 años.
 
Hija mío, no dirás lo que acabo de decirte (no se lo dirás a nadie, no dirás que debes decirlo un día, no dirás nada que concierna a esto), finalmente, ¡no dirás nada hasta que yo te diga que lo digas!
Ruego a nuestro Santo Padre el Papa que me dé su santa bendición.
  
Melanie Mathieu, pastora de La Salette.
 
Grenoble, 6 de julio de 1851.
  
JMJ +
EL SECRETO COMPLETO
En realidad, aunque suene sospechoso (curiosamente, las versiones de 1851 fueron halladas) el texto contentivo del Secreto de Melania (el más conocido, con las quejas de la Virgen sobre la mala conducta del clero, y los males y castigos que vendrán), que contiene renglones que fueron omitidos en la edición de Marsella de 1860 (el cual, a pesar de haber sido quemado por el obispo Eugenio de Mazenod diciendo: «¡Así publicaré tu secreto!», una copia sobrevivió y fue publicada en Nápoles en 1873 por el padre Felicien Bliard, con imprimátur de la Curia del Arzobispo de Nápoles, Sixto Card. Riario Sforza de fecha 30 de Abril) dice así (el texto en cursiva no aparece en la versión de Marsella):
«Melania: Esto que Yo te voy a decir ahora no será siempre un secreto; puedes publicarlo en 1858.
  
Los sacerdotes, ministros de mi Hijo, los sacerdotes, por su mala vida, por sus irreverencias y su impiedad al celebrar los santos misterios, por su amor al dinero, a los honores y a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza. Sí, los sacerdotes piden venganza, y la venganza pende de sus cabezas. ¡Ay de los sacerdotes y personas consagradas a Dios, que por sus infidelidades y mala vida crucifican de nuevo a mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al cielo y piden venganza, y he aquí que la venganza está a las puertas, pues ya no se encuentra a nadie que implore misericordia y perdón para el pueblo; ya no hay almas generosas ni persona digna de ofrecer la Víctima sin mancha al Eterno en favor del mundo.
     
Dios va a castigar de una manera sin precedentes. ¡Ay de los habitantes de la tierra!, Dios va a derramar su cólera y nadie podrá sustraerse a tantos males juntos.
  
Los jefes, los conductores del pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias, se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer. Dios permitirá a la antigua serpiente poner divisiones entre los soberanos, en todas las sociedades y en todas las familias. Se sufrirán penas físicas y morales. Dios abandonará a los hombres a sí mismos y enviará castigos que se sucederán durante más de treinta y cinco años.
      
La sociedad está en vísperas de las más terribles calamidades y de los más grandes acontecimientos. Se verá obligada a ser gobernada por una vara de hierro y a beber el cáliz de la cólera de Dios.
      
Que el Vicario de mi Hijo, el Soberano Pontífice Pío IX, no salga ya de Roma después del año 1859; pero que sea firme y generoso; que combata con las armas de la fe y del amor. Yo estaré con él.
    
Que desconfíe de Napoléon, su corazón es doble; y cuando quiera ser a la vez Papa y Emperador, muy pronto se retirará Dios de él. Es esa águila que queriendo siempre elevarse caerá sobre la espada de la cual quería servirse para obligar a los pueblos a ensalzarlo.
   
Italia será castigada por su ambición de querer sacudir el yugo del Señor de los señores; también será entregada a la guerra. La sangre correrá por todas partes. Las iglesias serán cerradas o profanadas. Los sacerdotes y religiosos serán perseguidos; se les hará morir, y morir una muerte cruel. Muchos abandonarán la fe y el número de los sacerdotes y religiosos será grande; entre estas personas se encontrarán incluso obispos.
   
Que el Papa se ponga en guardia contra los obradores de milagros, pues ha llegado el tiempo en que los prodigios más asombrosos tendrán lugar en la tierra y en los aires.
 
En el año 1864 Lucifer, con un gran número de demonios, serán desatados del infierno. Abolirán la fe poco a poco, aun entre las personas consagradas a Dios, las cegarán de tal manera que, a menos de una gracia particular, esas personas tomarán el espíritu de esos malos ángeles: muchas casas religiosas perderán completamente la fe y perderán muchísimas almas.
    
Los libros malos abundarán en la tierra y los espíritus de las tinieblas extenderán por todas partes un relajamiento universal en todo lo relativo al servicio de Dios y obtendrán un poder extraordinario sobre la naturaleza: habrá iglesias para servir a esos espíritus. Algunas personas serán transportadas de un lugar a otro por esos espíritus malvados, incluso sacerdotes, por no seguir el buen espíritu del Evangelio, que es espíritu de humildad, de caridad y de celo por la gloria de Dios. Resucitarán algunos muertos y justos, [es decir, que estos muertos tomarán la figura de almas justas, que vivieron en la tierra, para así mejor seducir a los hombres; éstos, que diciéndose muertos resucitados no serán otra cosa que el demonio bajo sus figuras, predicarán otro Evangelio contrario al verdadero de Cristo Jesús, negando la existencia del cielo, y también las almas de los condenados. Todas estas almas aparecerán como unidas a sus cuerpos]. Habrá por todas partes prodigios extraordinarios, porque la verdadera fe se ha extinguido y la falsa luz alumbra al mundo. ¡Ay de los príncipes de la Iglesia que se hayan dedicado únicamente a amontonar riquezas sobre riquezas, a poner a salvo su autoridad y a dominar con orgullo!
       
El Vicario de mi Hijo tendrá mucho que sufrir, porque por un tiempo la Iglesia será entregada a grandes persecuciones. Esta será la hora de las tinieblas. La Iglesia tendrá una crisis espantosa.
    
Dado el olvido de la santa fe de Dios, cada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. Se abolirán los poderes civiles y eclesiásticos; todo orden y toda justicia serán pisoteados; no se verán más que homicidios, odio, envidia, mentira y discordia, sin amor por la patria ni por la familia.
     
El Santo Padre sufrirá mucho. Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio. Los malvados atentarán muchas veces contra su vida, sin poder poner fin a sus días; pero ni él ni su sucesor [que no reinará mucho tiempo] verán el triunfo de la Iglesia de Dios.
    
Los gobernantes civiles tendrán todos un mismo plan, que será abolir y hacer desaparecer todo principio religioso, para dar lugar al materialismo, al ateísmo, al espiritismo y a toda clase de vicios.
   
En el año 1865 se verá la abominación en los lugares santos; en los conventos, las flores de la Iglesia estarán corrompidas y el demonio se hará como el rey de los corazones. Que los que estén al frente de las comunidades religiosas vigilen a las personas que han de recibir, porque el demonio usará de toda su malicia para introducir en las órdenes religiosas a personas entregadas al pecado, pues los desórdenes y el amor de los placeres carnales se extenderán por toda la tierra.
     
Francia, Italia, España e Inglaterra estarán en guerra; la sangre correrá por las calles; el francés luchará contra el francés, el italiano contra el italiano; en seguida habrá una guerra universal que será espantosa. Por algún tiempo Dios no se acordará de Francia ni de Italia, porque el Evangelio de Jesucristo no es ya conocido. Los malvados desplegarán toda su malicia; se matará, se asesinará mutuamente aun dentro de las casas.
   
Al primer golpe de su espada fulminante, las montañas y la naturaleza entera temblarán de espanto, porque los desórdenes y los crímenes de los hombres traspasan la bóveda de los cielos. París será quemado y Marsella engullida. Varias grandes ciudades serán sacudidas y engullidas por terremotos. Se creerá que todo está perdido. No se verán más que homicidios, no se oirá más que ruido de armas y blasfemias.
  
Los justos sufrirán mucho; sus oraciones, su penitencia y sus lágrimas subirán hasta el cielo y todo el pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia e implorará mi ayuda e intercesión. Entonces Jesucristo, por un acto de su justicia y de su gran misericordia con los justos, mandará a sus ángeles que mueran todos sus enemigos
. De golpe los perseguidores de la Iglesia de Jesucristo y todos los hombres dados al pecado perecerán y la tierra quedará como un desierto. Entonces se hará la paz, la reconciliación de Dios con los hombres; Jesucristo será servido, adorado y glorificado; la caridad florecerá en todas partes. Los nuevos reyes serán el brazo derecho de la Santa Iglesia, que será fuerte, humilde, piadosa, pobre, celosa e imitadora de las virtudes de Jesucristo. El Evangelio será predicado por todas partes y los hombres harán grandes progresos en la fe, porque habrá unidad entre los obreros de Jesucristo, y los hombres vivirán en el temor de Dios.
  
Esta paz entre los hombres no será larga; veinticinco años de zafras abundantes les harán olvidar que los pecados de los hombres son la causa de todos los castigos que ocurren en la Tierra.

   
Un precursor del Anticristo, con sus tropas de muchas naciones, combatirá contra el verdadero Cristo, el único Salvador del mundo; derramará mucha sangre y pretenderá aniquilar el culto a Dios para ser tenido como un dios.
      
La tierra será castigada con todo género de plagas [además de la peste y el hambre, que serán generales]; habrá guerras, hasta la última que harán los diez reyes del Anticristo, los cuales tendrán todos un mismo plan, y serán los únicos que gobernarán el mundo. Antes que esto suceda habrá una especie de falsa paz en el mundo; no se pensará más que en divertirse; los malvados se entregarán a toda clase de pecados; pero los hijos de la santa Iglesia, los hijos de la fe, mis verdaderos imitadores, crecerán en el amor de Dios y en las virtudes que me son más queridas. ¡Dichosas las almas humildes guidas por el Espíritu Santo! Yo combatiré con ellas hasta que lleguen a la plenitud de la edad.
    
La naturaleza clama venganza contra los hombres y tiembla de espanto en espera de lo que debe suceder en la tierra encharcada en crímenes. Temblad, tierra y vosotros, que hacéis profesión de servir a Jesucristo y que interiormente os adoráis a vosotros mismos, temblad; pues Dios va a entregaros a su enemigo, porque los lugares santos están en la corrupción; muchos conventos no son ya casa de Dios, sino pastizales de Asmodeo y de los suyos. Durante ese tiempo ha de nacer el Anticristo de una religiosa hebraica, una falsa virgen que tendrá comunicación con la vieja serpiente y el maestro de la impureza, su padre será obispo. Al nacer, vomitará blasfemias y tendrá dientes. En una palabra, será el diablo encarnado. Dará gritos aterrorizadores, hará prodigios, solo se alimentará de impurezas. Tendrá hermanos que, sin bien no serán otros demonios encarnados como él, serán hijos del mal. A los doce años ellos se destacarán por las extraordinarias victorias que obtendrán. Luego cada uno estará a la cabeza de ejércitos, asistidos por legiones del Infierno.
    
Se cambiarán las estaciones. La tierra no producirá más que malos frutos. Los astros perderán sus movimientos regulares. La luna no reflejará más que una débil luz rojiza. El agua y el fuego causarán en el globo terrestre movimientos convulsivos y horribles terremotos que tragarán montañas, ciudades, etc.
     
ROMA PERDERÁ LA FE Y SE CONVERTIRÁ EN LA SEDE DEL ANTICRISTO.
  
Los demonios del aire, con el Anticristo, harán grandes prodigios en la tierra y en los aires, y los hombres se pervertirán más y más. Dios cuidará e sus fieles servidores y de los hombres de buena voluntad. El Evangelio será predicado por todas partes, todos los pueblos y todas las naciones conocerán la verdad
.
    
Yo dirijo una apremiante llamada a la tierra; llamo a los verdaderos discípulos de Dios que vive y reina en los cielos; llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho Hombre, el único y verdadero Salvador de los hombres; llamo a mis hijos, a mis verdaderos devotos a los que se me han consagrado a fin de que los conduzca a mi divino Hijo, los que llevo, por decirlo así, en mis brazos, los que han vivido de mi espíritu; finalmente llamo a los apóstoles de los últimos tiempos, los fieles discípulos de Jesucristo que han vivido en el menosprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento y desconocidos del mundo. Ya es hora que salgan y vengan a iluminar la tierra. Id y mostraos como mis hijos queridos, Yo estoy con vosotros y en vosotros cont al que vuestra fe sea la luz que os ilumine en estos días de infortunio. Que vuestro celo os haga hambrientos de la gloria de Dios y de la honra de Jesucristo. Pelead, hijos de la luz, vosotros, pequeño número que ahí veis; pues he ahí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines.
     
La Iglesia será eclipsada, el mundo quedará consternado. Pero he ahí a Enoc y a Elías, llenos del Espíritu de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas; harán grandes prodigios por la virtud del Espíritu Santo y condenarán los errores diabólicos del Anticristo.
    
¡Ay de los habitantes de la tierra! Habrá guerras sangrientas y hambres, pestes y enfermedades contagiosas; habrá lluvias de un granizo espantoso para los animales; tempestades que arruinarán ciudades; terremotos que engullirán países; se oirán voces en el aire; los hombres se golpearán la cabeza contra los muros; llamarán a la muerte y, por otra parte, la muerte será su suplicio. Correrá la sangre por todas partes. ¿Quién podrá resistir si Dios no disminuye el tiempo de la prueba? Por la sangre, las lágrimas y oraciones de los justos Dios se dejará aplacar. Enoc y Elías serán muertos. Roma pagana desaparecerá; caerá fuego del cielo y consumirá tres ciudades; el universo entero será presa del terror, y muchos se dejarán seducir por no haber adorado al verdadero Cristo, que vivía entre ellos. Ha llegado el tiempo: el sol se oscurece; sólo la fe vivirá.
     
He aquí el tiempo: el abismo se abre. He aquí el rey de los reyes de las tinieblas. He aquí la bestia de los súbditos, llamándose el salvador del mundo. Se remontará con orgullo por los aires para subir hasta el cielo; será sofocado por el soplo de San Miguel Arcángel. Caerá y la tierra, que llevará tres días en continuas evoluciones, abrirá su seno lleno de fuego: será hundido para siempre, con todos los suyos, en los abismos eternos del infierno. Entonces el agua y el fuego purificarán y consumirán todas las obras del orgullo de los hombres y todo será renovado: Dios será servido y glorificado».
Esta versión del Secreto (la más conocida y completa) fue publicada también por Melania, con imprimátur del Obispado de Lecce, Italia:
Nihil obstat: imprimátur.
Datum Lýciii, ex Curia Episcopáli, die 15 Nov. 1879.

Vicárius Generális,          
CARMÉLUS Archid. COSMA.
El 3 de Diciembre de 1878, el Papa León XIII recibió a Melania, pues quería que ella retornara a Francia y estableciera la Regla de la Orden de la Madre de Dios en La Salette. Melania le dijo: «Santo Padre, el Obispo [Amand-Joseph Fava] de Grenoble no me permitirá establecer su propia regla». Ante lo cual el Papa le pidió que escribiera unas Constituciones, que podrían hacer las veces de la Regla (que es parte integral del Secreto). A partir de Enero de 1879, Melania escribió las Constituciones, que fueron entregadas a la Congregación para los Religiosos, que la aprobó en Mayo.
 
El Papa movió tristemente su cabeza, al considerar que no podía ejercer su voluntad en Francia. Los obispos franceses no eran un lote obediente; se veía que estaban a punto del cisma.
  
Cuando Melania se retiró de las cámaras papales, uno de los cardenales que estuvo en la entrevista le dijo: «Espero que tengas hombros amplios, porque cuando se publique el Secreto, toda la Francia caerá sobre ellos». A lo que Melania replicó: «Prefiero disgustar a los franceses antes que a Dios Todopoderoso», y a partir de Enero de 1879, escribió las Constituciones, que fueron entregadas a la Congregación para los Religiosos, que la aprobó en Mayo. Tal demanda del Papa (y aprobación de las Constituciones) es un reconocimiento verdadero de la autenticidad del Secreto.
  
En 1922 se dio a conocer nuevamente el TEXTO COMPLETO ut supra, con Licencia del Rvdo. Padre Alberto Lepidi O.P., Maestro del Sagrado Palacio y Asistente Perpetuo de la Congregación del Santo Oficio (el reimprimátur fue concedido en Roma porque en Francia los obispos rechazaban saber siquiera de la Profecía).

Padre Alberto Lepidi OP
  
LOS ATENTADOS DE CONDENA CONTRA EL SECRETO
El diario “L’Osservatore Romano” del 25 de Diciembre de 1904, comenta que «Melania reveló su Secreto en el momento en que le fue indicado, aunque ella sabía que tal acción volvería contra ella la ira de aquellos que habiendo perdido todo sentido de moralidad estaban ligados al carro de la secta Masónica».
   
La primera condena fue atentada en 1880 por Mons. Pierre-Louis-Marie Cortet, obispo de Troyes, el cual afirmó que el folleto de Amadeo Nicolás «causa problemas en Francia» y demandó su condena en la Congregación del Índice, la cual en Junio se declara incompetente, porque «Es una cuestión de fe [y no de doctrina] saber si el clero y las órdenes religiosas están tan corrompidas o no», remitendo el caso a la Inquisición (es de advertir que entonces eran dos congregaciones distintas: la Congregación del Índice se encargaba de la evaluación de los libros o escritos denunciados ante Roma o prohibidos por las otras congregaciones romanas -y el Papa debía aprobar las actualizaciones del Índice de Libros Prohibidos-, mientras que la Inquisición -San Pío X le cambió el nombre a Santo Oficio en 1908- trataba sobre las desviaciones de la fe. En 1917, Benedicto XV suprime la Congregación del Índice y traslada al Santo Oficio sus funciones). Ítem, la Congregación del Índice aprobó el folleto de 1879 algunos meses antes de su impresión, y la Congregación de Ritos aprobó las Constituciones que Melania redactó a partir de la Regla de la Orden de la Madre de Dios.
 
Ante tal rechazo, Mons. Cortet amenaza al cardenal Prospero Caterini (secretario de la Suprema y Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición, y tío-bisabuelo de Eugenio Pacelli -el futuro Pío XII-) de retirar el Óbolo de San Pedro, «si no hacía algo en su favor». Para apaciguar la situación, el cardenal le respondió el 14 de Agosto:
Reverendísimo señor,
  
La Sagrada Congregación de la Inquisición ha recibido de la Congregación del Índice la carta que vuestra grandeza envió el 23 de Julio pasado relativa al opúsculo titulado: L’Apparition de la Très Sainte Vierge sur la montagne de la Salette. Los Eminentísimos Cardenales, conmigo Inquisidores Generales de la Fe, juzgamos digno de los más grandes elogios el celo que habéis desplegado en denunciar este opúsculo. Queremos que sepáis que el Santo Oficio está insatisfecho con la publicación de este libro. Su deseo expreso es que cada copia que se ha puesto en circulación debe, en la medida de lo posible, retirarse de las manos de los fieles, pero mantenedlo entre las manos del clero para su aprovechamiento.

Prospero Card. Caterini,
Roma, 14 de agosto de 1880.

Al recibir esta carta el día 14, Mons. Cortet se decepcionó muchísimo, porque si bien el cardenal le pidió retirar el opúsculo de la mano de los fieles, le dice que «lo mantenga en las manos del clero para su aprovechamiento». Esta última frase prueba que el Vaticano no sólo no condena el opúsculo, sino que valida en cierta forma el origen divino del Secreto (cosa que no sucedería si fuera algo nacido de la imaginación de una vidente).

Con todo y ser una carta privada no vinculante (fue escrita en un papel sin encabezado de la Congregación, sin número de registro, sin sello oficial, sólo con la firma del cardenal Caterini. No menciona la fecha de reunión de la Congregación -de rigor para casos semejantes-), dirigida SOLAMENTE AL OBISPO CORTET, éste la publica y la envía al obispo de Nîmes, Mons. François-Nicolas-Xavier-Louis Besson, que la hace publicar en la Semana Religiosa de Nîmes del 5 de Septiembre de 1880, pero truncada (la frase «pero mantenedlo entre las manos del clero para su aprovechamiento» fue remplazada por puntos suspensivos), por el comunicado siguiente:
Mons. el Obispo de Nîmes ha, como han hecho varios de sus colegas, denunciado a la Sagrada Congregación de la Inquisición un opúsculo recientemente publicado bajo este título: L’Apparition de la Très Sainte Vierge sur la Montagne de La Salette, la cual contendría el secreto de Melania. La Sagrada Congregación de la Inquisición ha expresado su juicio sobre este opúsculo en una carta dirigida a Mons. el Obispo de Troyes, por Su Eminencia el Cardenal Caterini, Prefecto de la dicha Congregación. La importancia de este decisión nos obliga a hacerla conocer sin demora:
Reverendísimo señor,
  
La Sagrada Congregación de la Inquisición ha recibido de la Congregación del Índice la carta que vuestra grandeza envió el 23 de Julio pasado relativa al opúsculo titulado: L’Apparition de la Très Sainte Vierge sur la montagne de la Salette. Los Eminentísimos Cardenales, conmigo Inquisidores Generales de la Fe, juzgamos digno de los más grandes elogios el celo que habéis desplegado en denunciar este opúsculo. Queremos que sepáis que el Santo Oficio está insatisfecho con la publicación de este libro. Su deseo expreso es que cada copia que se ha puesto en circulación debe, en la medida de lo posible, retirarse de las manos de los fieles…
 
Roma, 14 de Agosto.
 
P. Card. Caterini
No sólo el obispo de Nîmes usó esta estratagema para intentar hacer creer que el Secreto fue condenado. Una semana antes, el cardenal Caterini escribió una carta muy similar al padre Pierre Archier, primer Superior General de los Misioneros de La Salette. El texto de dicha carta fue publicado en el periódico L’Ami du clergé del 26 de Agosto de 1897, y terminaba igualmente en varios puntos suspensivos, dejando entender que no se trataba más que un extracto de la carta. Los padres de La Salette jamás quisieron publicar la carta en su integralidad.
  
Volviendo al comnicado del obispo de Nîmes, éste contiene un error: el cardenal Caterini no era el prefecto de la Congregación de la Inquisición, sino su secretario. El prefecto entonces era el Papa.
 
Adicional a los defectos señalados arriba, la expresión «los eminentes cardenales y yo» significa que era una carta personal que expresaba la advertencia del cardenal Caterini y de algunos miembros de la Congregación, y la expresión «deplora» no es una fórmula de condenación. El disgusto no es una condena formal de la Santa Sede: para ello se debía emitir un documento oficial de la Congregación del Índice, con la firma obligatoria del Papa. La carta del cardenal Caterini no podía comprometer ni a la Congregación del Índice ni a la Santa Sede, mucho menos una condena oficial de ambos (Melania y su director espiritual Mons. Salvatore Luigi Zola CRL consultaron a varias personalidades del Vaticano, sobre todo al cardenal [Innocenzo] Ferrieri y Mons. Giuseppe Pennacchi, consultor del Índice, quienes manifestaron desconocer la misiva acusada. Más tarde, el secretario del cardenal Caterini, que redactó la carta, presentó excusas formales a Mons. Zola, agregando que la redactó a la fuerza).

Mons. Salvatore Luigi Zola CRL
     
Algunos años más tarde, en una carta del 5 de Marzo de 1896, Mons. Zola revela los detalles de este asunto, precisando las circunstancias de la carta del cardenal Caterini y los prelados que reconocían la autenticidad del Secreto:
(…) Entre tanto, se presionó poderosamente ante la Santa Sede para que el opúsculo de Melania fuera puesto en el Índice. Varios dijeron que en esta circunstancia algunos cardenales se reunieron para llevar sobre él un juicio; cuánto se hizo se ignora absolutamente; pero puedo afirmar con certeza, e incluso oficialmente, que todos los esfuerzos para obtener la prohibición formal del opúsculo fueron vanos.
  
Solamente, al final, para calmar un poco a los prelados franceses que continuaron haciendo la guerra al Secreto, el cardenal Caterini, secretario del Santo Oficio, escribió una carta en la cual decía que el Santo Oficio veía con disgusto la publicación del Secreto (haciendo alusión sobre todo a la parte concerniente al clero) y no juzgando que fuera a propósito el dejarlo en manos de los fieles.
  
Esta carta decía que se retirara, si fuera posible, estos ejemplares de las manos de los fieles. He aquí lo que se pudo obtener de Roma.
  
Pero los diarios, mentirosos como de costumbre, publicaron que el Santo Oficio venía de lanzar una absoluta prohibición del opúsculo, de donde surgió pronto en las almas débiles una duda sobre la realidad misma de la aparición de Nuestra Señora de La Salette.
  
En realidad, el opúsculo de Melania jamás fue puesto en el Índice: se manifiesta solamente la voluntad de no verlo entre las manos de los fieles, precisamente a causa de la parte concerniente al clero; pero no hya en esta carta ni una palabra que pueda debilitar la autenticidad de este mismo secreto, ni el valor de las profecías que incluye.
  
Todos los prelados y otros dignatarios eclesiásticos de mi conocimiento que han conocido el Secreto, todos sin excepción, han emitido un juicio enteramente favorable al dicho Secreto, bien con relación a su autenticidad, bien desde el punto de vista divino, aprobado en el cedazo de las Sagradas Escrituras, lo que imprime al Secreto un carácter de verdad que es actualmente inseparable. Entre estos prelados, me basta nombraros al cardenal [Domenico] Consolini, el cardenal [Filippo Maria] Guidi, el cardenal [Sisto] Riario Sforza, arzobispo de Nápoles, Mons. [Mariano] Ricciardi, arzobispo de Sorrento, Mons. [Francesco Saverio] Petagna, obispo de Castellammare, y otros ilustres prelados que de momento su nombre no me regresan a la memoria.

Las supuestas condenas al secreto de La Salette (o más bien, contra los libros publicados por el padre Gilbert-Joseph-Émile Combe, sacerdote diocesano de Moulins en 1901 y 1907) fueron a instancia de prelados enemigos de La Salette: los obispos de Moulins Auguste Dubourg -para congraciarse con el cardenal Adolphe Louis Albert Perraud CO, enemigo de La Salette y liberal- y Émile Lobbedey, el obispo de Dijon Pierre Dadolle, y el cardenal Louis Henri Joseph Luçon, arzobispo de Reims -condena desmentida por el padre Lepidi el 16 de Diciembre de 1912-. En castigo, Dios permitió que la catedral de Reims fuera bombardeada a las 15:00h del 19 de Septiembre de 1914 (la misma fecha y hora en que la Virgen se apareció en La Salette), tal y como lo cuenta el mismo Padre Combe en su Diario.

En el boletín de la diócesis de Reims del 25 de Mayo de 1912, el canónigo Aimable Frézet afirmó lo siguiente:
«…Decimos en efecto… que el tejido de groserías y de necedades publicada bajo el título de Secreto de La Salette etc.… o de Secreto de Melania etc.… ha sido puesto en el Index, el 7 de Junio de 1901 y el 12 de Abril de 1907».
Sabiendo que esas afirmaciones eran al menos erróneas en parte, Henri Prévost de Sanzac, marqués de la Vauzelle, escribió el 6 de Noviembre de 1912 al Cardenal Louis Henri Joseph Luçon, Arzobispo de Reims. En su carta del 27 de Noviembre, Su Eminencia le responde: «…Los artículos del Boletín reproducen bien mi propio sentimiento», agregando que le transmitiría al Padre Lepidi, Maestro del Sacro Palacio, Miembro del Santo Oficio y del Índice, las tres preguntas planteadas por el Marqués de la Vauzelle, para saber si las puestas en el Índice de las que el Boletín de Reims dio las fechas, se dirigían al opúsculo de Melania o solamente a las obras donde era citado y comentado, y que «Luego que tenga la respuesta del Padre Lepidi, si tiene a bien responderme, os lo haré saber».
   
El 19 de Diciembre de 1912, el cardenal Luçon escribió al Marqués de la Vauzelle :
«Señor Marqués,
  
He aquí la respuesta que recibí del Rev. P. Lepidi a las tres preguntas planteadas en vuestras cartas del 6 y 25 de Noviembre y el 13 de Diciembre:
“He aquí que me ha sido dado el recoger información segura sobre el asunto del Secreto de La Salette ante las Congregaciones Romanas del Índice y el Santo Oficio:
  1. El Secreto de La Salette jamás fue condenado de una manera directa y formal por las Sagradas Congregaciones de Roma.
  2. Dos libros del sr. Gilbert-Joseph-Émile Combe han sido condenados por el Índice:
    • El uno en 1901: Le Grand Coup avec sa Date Probable, étude sur le Secret de La Salette, augmenté de la brochure de Mélanie et autres pièces justificatives.
    • El otro libro en 1907: Le Secret de Mélanie et la Crise Actuelle.
  3. Estas condenaciones conciernen directa y formalmente a los dos libros escritos por el sr. Combe y no al Secreto.
Le pido a V. E. aprobar, etc.…
 
Vaticano, 16 de Diciembre de 1912.
 
Alberto Lepidi, O. P.”
  
Transmitiéndoos esta respuesta, os pido, señor Marqués, aprobar la expresión de mis respetuosos sentimientos.

J. Card. Luçon, Arzobispo de Reims».
Durante una visita a Roma, el cardenal de Cabrières, Arzobispo de Nîmes, en 1915, pidió otra vez la condena al libro de 1879. En el número del 31 de Diciembre de 1915 de las «Acta Apostólicæ Sedis» vol VII, pág. 594, apareció un “Decreto” que no porta la firma de ninguno de los Cardenales dignatarios o miembros de la Sagrada Congregación (al menos lo debía firmar el Secretario del Santo Oficio, el Cardenal Rafael Merry del Val, y un Obispo evaluador), sino sólamente la de su notario Luis Castellano, y, además, sin ninguna mención de la fecha, ni de votación del “Decreto” en la reunión de la Congregación del Santo Oficio (la “Feria”, que se realiza los miércoles), ni su presentación para la aprobación del Papa Benedicto XV… El “Decreto” en comento dice:
SUPREMA Y SAGRADA CONGREGACIÓN DEL SANTO OFICIO
  
DECRETO SOBRE LO QUE LA GENTE LLAMA “Secreto de La Salette”
  
Ha llegado noticia a esta Congregación Suprema que no faltan algunos, incluso entre el conjunto eclesiástico, que desestimando las respuestas y las decisiones de esta Sagrada Congregación, proceden a discutir y analizar a través de libros, pequeñas obras y artículos editados en publicaciones periódicas, ya sea firmada o sin nombre, en relación con el llamado secreto de La Salette, sobre sus diversas formas y su adecuación a los tiempos actuales y futuros, y, no sólo sin el permiso de los ordinarios, sino también en contra de su prohibición.

Para que estos abusos que se oponen a la verdadera piedad y hieren grandemente la autoridad eclesiástica puedan ser contenidos, la misma Sagrada Congregación ordena a todos los fieles de cualquier región que no discutan ni investiguen bajo ningún pretexto, ni a través de libros, o de pequeñas obras o artículos, ya sea firmado o sin firmar, o en cualquier otra forma de cualquier tipo, sobre el tema mencionado. Quienquiera que viole este precepto del Santo Oficio, si son sacerdotes, se vean privados de toda dignidad y suspendidos por el Ordinario del lugar de oír confesiones y de celebrar Misa; y, si son laicos, no se les permita acceder a los los sacramentos hasta que se arrepientan.

Por otra parte, que la gente se sujete a las sanciones dadas por ambos el Papa León XIII en la Constitución “Officiórum ac múnerum” contra aquellos que publican libros que tratan de asuntos religiosos sin la autorización legítima de los superiores y por Urbano VIII, a través del decreto “Dóminus Noster Sanctíssimus” dado el 13 de marzo 1625 en contra de los que hacen públicas afirmaciones reveladas sin el permiso de los ordinarios. Sin embargo, este decreto no prohíbe la devoción hacia la Santísima Virgen bajo el título de “Reconciliadora” designada comúnmente “de La Salette”.
  
Dado en Roma, en la Sede del Santo Oficio, el día 21 de Diciembre de 1915.
    
Luis Castellano, Notario de la Sagrada Romana y Universal Inquisición.
Ahora, es verdad que este “Decreto Ad Suprémæ” (nacido a instigación del cardenal De Cabrières) prohíbe «discutir y analizar en relación con el llamado secreto de La Salette», esto es, «añadir cualquier explicación o comentario al texto mismo» (Henri Dion, en La Salette, dans Mélanie Calvat, bergère de La Salette: étapes humaines et mystiques). Pero no lleva absolutamente ninguna censura, ni sobre el opúsculo de Melania, ni sobre el Secreto en particular, ni alguna prohibición de poseerlos, leerlos y distribuirlos. El mérito radica en que se trata de acabar con los abusos de algunos autores de libros y comentarios sobre el Secreto, dejando en los católicos el gozo de las altas autorizaciones conferidas al opúsculo de Melania por los Imprimátur del Cardenal Riario Sforza, Arzobispo de Nápoles, y de Mons. Zola, Obispo de Lecce; sin contar las aprobaciones de los Cardenales FERRIERI y GUIDI, e incluso del Papa León XIII quien, no solamente aprobó por dos ocasiones el opúsculo de Melania ofrecido por el autor, sino también encarga al señor Amadeo Nicolás, abogado en Marsella, «preparar un folleto explicativo del Secreto en su totalidad a fin de que el público le comprenda bien». Y aparte, el profesor Jacques Maritain, del Institut Catholique de París, escribió un artículo sobre el espíritu y alcance del decreto, el cual fue entregado al Papa Benedicto XV el 2 de Abril de 1918 en una audiencia privada, luego del cual el Pontífice le dijo «El Secreto es de origen divino en su sustancia».

Sobre una condena aparecida en el Decreto publicado en las Acta Apostólicæ Sedis vol XV (año 1923), págs. 287 y 288, que estatuye lo siguiente:
SUPREMA Y SAGRADA CONGREGACIÓN DEL SANTO OFICIO
  
DECRETO CONDENATORIO DEL OPÚSCULO “L’apparition de la Très Sainte Vierge de La Salette”
  
Miércoles 9 de Mayo de 1923
 
En la Sesión General de la Suprema y Sagrada Congregación del Santo Oficio, los Eminentísimos y Reverendísimos Señores Cardenales prepósitos para la tutela de la Fe y las Costumbres han proscrito y condenado el opúsculo L’apparition de la Très Sainte Vierge sur la sainte montagne de la Salette le samedi 19 septembre 1845 - Simple réimpression du texte intégral publié par Mélanie, etc. Société Saint-Augustin, Paris-Rome-Bruges, 1922, ordenando, a quien tenga derecho, proceda de forma que los ejemplares del opúsculo condenado sean retirados de las manos de los fieles.
    
Y el mismo día,  Nuestro Santísimo Padre Pío, por la Divina Providencia Papa XI, en la audiencia ordinaria concedida al Reverendo Padre Asesor del Santo Oficio, aprobó según el informe que le fue hecho, la resolución de los Eminentísimos Padres.
  
Dado en Roma, en el palacio del Santo Oficio, el día 10 de Mayo de 1923.
    
Luis Castellano, Notario de la Sagrada Romana y Universal Inquisición.
   
Curiosamente, el decreto, además de presentar un título truncado (el título original era L’apparition de la Très Sainte Vierge sur la sainte montagne de la Salette le samedi 19 septembre 1846 - Simple réimpression du texte intégral publié par Mélanie, avec l’imprimatur du Sa Grandeur, Monseigneur Sauveur-Louis, comte Zola, Évêque de Lecce, en 1879, suivi de quelques pièces justificatives – Le tout publié avec l’imprimatur de R.P. A. Lépidi, O.P., Maître du Sacré-Palais, assistant perpétuel de la Congrégation de l’Index, délivré à Rome le 6 juin 1922. Société Saint-Augustin, Paris-Rome-Bruges, 1922) y omitir el Imprimátur concedido el 6 de Junio de 1922, incurre en una errata: las apariciones de La Salette fueron en 1846, no en 1845.
  
La condena anterior (que se celebró en ausencia del padre Lepidi, que estaba enfermo; una vez restablecido en salud, mantuvo el imprimátur a su obra de 1922) fue a una falsificación publicada por un comandante mayor de artillería llamado Henri Grémillon alias “Mariavé” (que introdujo en mil ejemplares que imprimió con el mismo formato del libro legítimo unas doce páginas con afirmaciones delirantes y calumniosas respecto a la Iglesia, fechado a 2 de Febrero de 1923 y enviado a varios clérigos franceses), y se ordenó recoger los ejemplares de esa edición específica (los canonistas sostienen que si una edición de un libro es señalada en el decreto del Índice, la proscripción no afecta a las anteriores ediciones). El seudónimo “Mariavé” remite a la secta polaca de los Mariavitas, fundados en 1906 por el sacerdote excomulgado Jan Maria Michał Kowalski y la falsa mística y ex-monja Feliksa Magdalena (en religión María Francisca) Kozłowska CSSF, discípulos del sacerdote laicizado y ocultista Joseph-Antoine Boullan (que protegía a una falsa mística).
   
Un último intento de condena se vio en fecha tan reciente como el 8 de Enero de 1957, toda vez que el Cardenal Giuseppe Pizzardo, Secretario del Santo Oficio, valiéndose del decreto del 10 de Mayo de 1923, le escribe al Padre Francesco Molinari, procurador general de la Congregación de los Misioneros de La Salette, diciéndole: «Debo haceros conocer que esta Suprema Congregación ha examinado y condenado, por el decreto citado, el opúsculo L’Apparition de la Très Sainte Vierge sur la montagne de La Salette, comprendiendo la versión del Secreto de 1879 editado y difundido por la Sociedad San Agustín, aunque sin la carta del Doctor Mariavé». Además de ser una carta privada sin fuerza vinculante alguna (no hubo reunión para redactar el Decreto, que según el Derecho debía publicarse en las Acta Apostólicæ Sedis), el cardenal no aporta ninguna prueba a favor de su dicho, ni explica por qué el texto había recibido un Imprimátur que no había sido revocado.
     
LA SISTEMÁTICA OPOSICIÓN POR PARTE DE LA FSSPX Y EL IMBC
No obstante las reiteradas aprobaciones del mensaje de La Salette, de la aprobación papal al culto a la Aparición y de la edificación de una basílica en su honor; las serpientes de la Fraternidad San Pío X han tratado siempre de desprestigiar dicha revelación con palabras como las siguientes del cabalista Jean-Michel Gleize, de apellido ilustre en la Sinagoga, que remata tras afirmar que cada cual tiene libertad para juzgar el Gran Secreto de La Salette de la manera como lo entienda:
«La aparición de La Salette, sucedida en 1846, fue reconocida por Monseñor Bruillard, Obispo de Grenoble, el 19 de septiembre de 1851. La aparición estuvo acompañada de un mensaje que fue publicado inmediatamente y en el que se denunciaban los pecados cometidos contra la santificación del domingo y la abstinencia cuaresmal.
  
Por otra parte, la vidente Melania Calvat puso por escrito los mensajes que afirmaba haber recibido de la Santísima Virgen, en dos redacciones cortas y tres más completas. Lo que se llama “Gran Secreto” corresponde a la última de las redacciones completas (21 de noviembre de 1878).
  
Al respecto, es preciso comenzar por reconocer que ningún acto canónico autorizó o prohibió la publicación de este texto.
  
El gran protector de la vidente, Monseñor Zola, Obispo de Lecce (Italia), se dedicó a difundir el mensaje del Gran Secreto a partir de 1879 y le concedió su “Imprimatur”. Ahora bien, el Obispo de Lecce no contaba con el poder jurisdiccional requerido para conceder la autorización de la Iglesia. Ésta debía provenir del Obispo de Grenoble, ordinario del lugar de las apariciones, o bien de la Santa Sede.
  
A veces se afirma que Pío IX y León XIII habrían dado de viva voz su asentimiento al texto. Con todo, es claro que estos comentarios oficiosos (cuya autenticidad aún no se ha probado) no pueden suplir un texto canónico promulgado en debida forma.
  
Hasta el presente el Gran Secreto de La Salette no ha sido ni aprobado ni reprobado por la Iglesia en virtud de un juicio propiamente canónico que se imponga a la adhesión de los fieles.
  
Ante la ausencia de reconocimiento oficial de parte de la Iglesia, cada cual tiene libertad para juzgar el Gran Secreto de La Salette de la manera como lo entienda, siempre y cuando sea de conformidad con las reglas de la prudencia sobrenatural.
  
De hecho, teólogos respetables han manifestado reservas fundadas.
  
En su tratado de teología mística el Padre [Augustin] Poulain lo presenta así: “Algunas personas consideran que el Secreto de Melania de La Salette sufrió modificaciones de parte de la imaginación de la vidente. Una de las razones invocadas, es que el texto contiene acusaciones muy duras y sin ningún correctivo sobre las costumbres del clero y de las comunidades religiosas desde 1846 hasta 1865. La historia nos enseña toda otra cosa, ya que muestra un período de fervor y de celo apostólico. Esa era la época de Pío IX, de Don Bosco, del Santo Cura de Ars y de la difusión de la enseñanza cristiana en Francia”.
   
El Cardenal [Louis] Billot también manifestaba las mismas prudentes reservas.
  
No cabe duda que habría razones para relativizar estas reservas, teniendo en cuenta que estos teólogos escribían en momentos en que el significado eventualmente profético del mensaje estaba aún lejos de ser evidente.
  
Con todo, es innegable que a la par de afirmaciones animadas de gran tenor apocalíptico, el texto contiene aquí y allá algunas puerilidades desconcertantes.
  
Otro pasaje sigue siendo motivo, incluso hoy, de regueros de tinta y de saliva: “Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo”. ¿Quién podría negar que, tomada en todo el rigor de sus términos, esta frase resulta sorprendente e inquietante para un católico, por más que sea consciente de la magnitud de la crisis que sacude a la Iglesia después del Concilio Vaticano II?
  
Es claro que los acontecimientos de fin del siglo XX legitiman, hasta cierto punto, el recurso a la analogía de expresión.
  
Sin embargo, ciertas analogías encierran sutilezas que pueden escapar al común de los mortales. Por eso nos parece que a la luz de la sana teología y de las reglas de discernimiento de los espíritus, los católicos deben esperar que las moniciones venidas del Cielo estén exentas de cualquier equivocidad, presentándose así con todas las garantías de autenticidad.
 
Todo esto puede ilustrarnos acerca de por qué Roma no quiso autorizar hasta ahora la publicación de este texto, confiriéndole la luz verde de un “nihil obstat” canónico.
 
La frase de Fátima “El Santo Padre tendrá mucho que sufrir” escapa a semejantes ambigüedades, porque el recurso a un circunloquio evita perjudicar la institución divina y no hay nada que choque contra nuestro espíritu de fe: aquí podemos respirar tranquilamente, en un clima perfectamente católico.
  
La frase de La Salette es, tal vez, más fuerte, aunque se podría lamentar que carezca de la debida suavidad.
  
Claro que no es exactamente la manera de hablar de Lutero, que identificaba al Papa con el Anticristo.
  
Con todo, ante la inexistencia de un pronunciamiento autorizado del magisterio, no se podría reprochar a un católico las dudas que tuviese sobre el origen divino de estas revelaciones.
 
En el sermón de las consagraciones el 30 de junio de 1988 Monseñor Lefebvre cita esta profecía de La Salette, pero evita reproducir la expresión que Mélanie atribuye a la Santísima Virgen. Se contenta con decir que “la Santísima Virgen anunció que habrá como un eclipse en Roma, un eclipse de la fe”.
 
Quizá se nos replique que nadie puede pretender ser más sabio que la Virgen María…
  
Pero toda la cuestión radica precisamente en saber si el Gran Secreto de La Salette tiene origen divino.
  
Mientras el magisterio no se pronuncie, cada uno tiene libertad para guiarse según su sabiduría. Y nos parece que la de Monseñor Lefebvre, al menos en el estado actual de cosas, representa una garantía suficiente.
  
El Gran Secreto de la La Salette no tiene aprobación alguna, ni siquiera aprobación negativa. Podría uno rehusarse a prestarle fe humana porque no tiene aprobación. O podría darle alguna credibilidad. Son palabras que, cualquiera sea su origen y veracidad, siempre habrán de valorarse a la luz de la Revelación pública y la prudencia cristiana. Nadie debería hacer de esta supuesta profecía mariana una suerte de segunda revelación o lugar teológico. Hay que rechazar de plano la frecuente manipulación y abuso de estas palabras». (“Las Revelaciones Privadas y el Secreto de La Salette”, En revista Iesus Christus, de la FSSPX-Distrito de América del Sur, nº 136, Julio-Septiembre de 2011, págs. 15-22)
  
Jean-Michel Gleize
  
Hay un sitio lefebvriano que se dice “tradicionalista” y ha intentado desacreditar el texto completo del Secreto de La Salette, argumentando que el texto verdadero es el que apareció “milagrosamente” ¡en manos de un neo cura en 1999!
  
Así lo refieren ellos:
«De hecho, gracias a un reciente descubrimiento inesperado, hecho en Roma el 2 de octubre de 1999, los “secretos” revelados por la Virgen María en La Salette a los pastores, que fueron enviados al Papa Pío IX el 18 de julio de 1851, creyéndose perdidos, se encontraron milagrosamente en los archivos del antiguo Santo Oficio por el Padre Michel Corteville…» (Le secret authentique de La Salette, Blog LA QUESTION, 19 de febrero de 2012- Traducción de Antonio Moiño Munitiz para AMOR DE LA VERDAD, 19 de febrero de 2012)
  
Previamente, en un sitio afín llamado STAT VERITAS, publicaron el artículo EL SECRETO DE LA SALETTE (Aparición reconocida y aprobada oficialmente por la Iglesia), mutilando varias secciones importantes del mismo, a saber (En negrillas el texto mutilado):
  • LOS CASTIGOS QUE SE SUCEDERÁN DURANTE 35 AÑOS POR EL ABANDONO A DIOS: «Los jefes, los conductores del pueblo de Dios, ha descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias, se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer. Dios permitirá a la antigua serpiente poner divisiones entre los soberanos, en todas las sociedades y en todas las familias. Se sufrirán penas físicas y morales. Dios abandonará a los hombres a sí mismos y enviará castigos que se sucederán durante más de treinta y cinco años».
  • ADVERTENCIA A PÍO IX SOBRE NAPOLEÓN III: «Que desconfíe de Napoléon, su corazón es doble; y cuando quiera ser a la vez Papa y Emperador, muy pronto se retirará Dios de él. Es esa águila que queriendo siempre elevarse caerá sobre la espalda de la cual quería servirse para obligar a los pueblos a ensalzarlo».
  • EL NACIMIENTO DEL ANTICRISTO COMO HIJO CARNAL DE UNA MONJA HEBREA Y DE UN OBISPO: «Durante ese tiempo ha de nacer el Anticristo de una religiosa hebraica, una falsa virgen que tendrá comunicación con la vieja serpiente y el maestro de la impureza, su padre será obispo. Al nacer, vomitará blasfemias y tendrá dientes. En una palabra, será el diablo encarnado. Dará gritos aterrorizadores, hará prodigios, solo se alimentará de impurezas. Tendrá hermanos que, sin bien no serán otros demonios encarnados como él, serán hijos del mal. A los doce años ellos se destacarán por las extraordinarias victorias que obtendrán. Luego cada uno estará a la cabeza de ejércitos, asistidos por legiones del inferno».
  • EL DEMONIO FUE DESATADO EN 1864, Y ATACA ESPECIALMENTE A LOS CONSAGRADOS: «En el año de 1864 Lucifer, con gran número de demonios, serán desatados del Infierno. Abolirán la fe poco a poco, aún entre las personas consagradas a Dios; las cegarán de tal manera que, a menos de una gracia particular, esas personas tomarán el espíritu de sus malos ángeles».
  • LA EXTINCIÓN DE LA FE CAUSARÁ PRODIGIOS FALSOS: «Habrá por todas partes prodigios extraordinarios, porque la verdadera fe se ha extinguido y la falsa luz alumbra al mundo».
  • DESAPARECERÁN LAS INSTITUCIONES Y LOS VALORES TRADICIONALES: «Se abolirán los poderes civiles y eclesiásticos; todo orden y toda justicia serán pisoteados; no se verán más que homicidios, odio, envidia, mentira y discordia sin amor por la patria y por la familia».
  • LA ABOMINACIÓN EN EL SANTUARIO: «En el año de 1865 se verá la abominación en lugares santos, en los conventos, las flores de la Iglesia estarán corrompidas y el demonio será como el rey de los corazones». (Esta profecía se verá cumplir cien años después)
  • VIOLENCIA Y HOMICIDIOS AUN EN LAS CASAS: «Los malvados desplegarán toda su malicia, se matarán, se asesinarán mutuamente aún dentro de las casas».
  • LA FALSA PAZ HARÁ OLVIDAR LOS PECADOS: «Esta paz entre los hombres no será larga: 25 años de abundantes cosechas harán olvidar que los pecados de los hombres son la causa de todos los males que suceden en la Tierra».
  • UN LÍDER QUE PRETENDERÁ ACABAR LA RELIGIÓN: «Un precursor del anticristo, con sus tropas de muchas naciones, combatirá contra el verdadero Cristo, el único salvador del mundo; derramará mucha sangre y pretenderá aniquilar el culto a Dios para ser tenido como un Dios».
  • REVOLUCIONES EN LA NATURALEZA: «La Tierra no producirá más que malos frutos. Los astros perderán sus movimientos regulares. La luna no reflejará más que una débil luz rojiza. El agua y el fuego causarán en el globo terrestre movimientos convulsivos y horribles terremotos que tragarán montañas, ciudades, etc.».
  • EL DEBER DE RESISTIR: «Pelead, hijos de la luz, vosotros, pequeño número que ahí veis; pues he aquí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines».
   
Pero no solamente se opone el padre Gleize (o por lo menos, no es el primero) en oponerse al Secreto de La Salette: En 1999, traicionando a Mons. Guérard des Lauriers, que era un gran devoto de Nuestra Señora de La Salette (hecho que obligó a las Hermanas de María Madre Compasiva Inmaculada en Crézan, grandes devotas de la Virgen de La Salette, a preferir no recibir los Sacramentos antes que apoyar a los enemigos de La Salette), el padre Francesco Ricossa (Revista Sodalitium, nros. 48 -Abril de 1999- y 52 -Enero de 2002-, edición francesa, págs. 59 y 96 respectivamente), extrapola la condenación del Secreto de una carta escrita en 1975 por el Cardenal Pizzardo. Ricossa pretende que este cardenal no era «ni modernista, ni liberal», cuando en realidad
«Era conocido por haber sido uno de los primeros patrones y uno de los mentores de Giovanni Battista Montini, el futuro Pablo VI, de quien se dice que votó por el cardenal Pizzardo en el cónclave de 1963. Aunque sus relaciones se tornaron más distantes luego que Montini accedió al trono de San Pedro, el último viaje de Pablo VI fuera de su residencia de verano antes de morir en agosto de 1978 fue en ocasión de una misa conmemorativa por el aniversario del difunto cardenal».
En su carta, el dicho cardenal afirma que el opúsculo contentivo del Secreto «fue condenado» en 1923 «aunque sin la carta del Doctor Mariavé». Carta que no prueba sino que este cardenal Pizzardo estuvo bajo la influencia de la oposición al Secreto y que él mismo pudo ser un opositor declarado, que ignora los Imprimáturs otorgados por el cardenal Sforza, Mons. Zola y el P. Lepidi, y las aprobaciones y alentamientos de los papas Pío IX y León XIII, ¿Es concebible y apropiado que la Iglesia reverse su juicio de esa forma?
  
Francesco Ricossa
  
El Padre Ricossa se esfuerza en hacer creer (y creer él mismo) que la carta privada del cardenal Pizzardo es resultado de un juicio canónico sobre el Secreto y refleja el pensamiento oficioso de la Iglesia…, y que:
  1. El secreto fue condenado por el decreto de 1923. Ahora, el decreto, citado por el mismo Ricossa en su artículo de Sodalitium, «prohíbe la posesión y la lectura»… del opúsculo por parte de los fieles, luego ¡no se condena el contenido!
  2. El decreto del Santo Oficio de 1923 trata del Secreto y no sobre las adiciones intempestivas del Dr. Grémillon (Mariavé). ¿No es eso lo que significa la expresión «aunque sin» en la carta del cardenal Pizzardo?
Extrañamente, el padre Ricossa no reproduce el Decreto de 1915 en el n°52 de su revista Sodalitium, como hizo con el de 1923. ¿Cree que el carácter dudoso y anónimo del texto escaparía incluso a los ojos del lector inadvertido? Lo que evidencia aun más su debilidad de criterio es el apoyarse en «numerosas cartas del cardenal Caterini –secretario del Santo Oficio– durante el año 1880», lo cual es una inexactitud que traiciona la ignorancia o la mala fe sobre la materia: sólo hubo dos cartas del Cardenal Caterini (una al padre Archier, Superior general de los Misioneros de La Salette, y la otra al obispo Cortet, con fechas de 8 y 14 de Agosto de 1880 respectivamente). Aunque hubiesen las «numerosas cartas», no tienen valor canónico ni legal alguno, y el sólo hecho de usarlas deja mucho que desear. Por otra parte, ¿cuándo una correspondencia privada de un cardenal tiene fuerza de ley en una materia reservada al Papa?
  
Así se constata que, como la FSSPX retoma de su cuenta todos los argumentos de los enemigos de la infalibilidad pontificia (Centuriadores de Magdeburgo, …) para justificar sus posiciones heterodoxas de “reconocer y resistir”, el padre Ricossa y el IMBC retoman los argumentos de los enemigos más recalcitrantes de La Salette con la misma mala fe…, remarcando que la FSSPX evita cuidadosamente toda referencia al Secreto de Melania («la discreción con la cual la Fraternidad prohíbe todavía el “Secreto”»). Silencio por demás, oportuno, porque sino, ¿cómo le explicarían a “sus” fieles que están negociando un acuerdo con la misma Roma que «ha perdido la fe y se ha convertido en la Sede del Anticristo», como reconoció el mismo Mons. Lefebvre? ¿Y que, como evidencia el padre Francesco María Paladino, el viraje del padre Ricossa (era sedevacantista en 1986, y creía en el Secreto) se debe precisamente a que su adopción de la tesis de Cassiciacum en 1999 reñía con la profecía?
  
En cuanto al padre Hervé Belmont (quien rechaza a los obispos consagrados sin mandato pontificio -lefebvristas y thucistas-), adopta la misma posición que el padre Ricossa y el IMBC. Dice la revista Sodalitium n°52: «nos regocijamos de no ser los únicos en nuestra posición –que es la de la Iglesia– luego de los números 134 y 135 del boletín Notre-Dame de la Sainte-Espérance, donde el padre Belmont una vez más hace la demostración de su sujeción a la enseñanza de la Iglesia y a su habitual equilibrio en tomar sobre la cuestión una posición que compartimos enteramente».
  
¿Cuál es la posición del padre Belmont? Que los decretos de 1915 y 1923 (o mejor, la interpretación de que éstos condenan el Secreto), además de la carta del cardenal Pizzardo, son vinculantes y ¡garantía del reconocimiento de la Aparición!:
«No someterse a las interdicciones, es destruir el reconocimiento [de la Aparición]. Si la Iglesia ha sido malaconsejada y engañada en este caso, ¿por qué no lo sería en el otro?». (Boletín Notre Dame de la Sainte Espérance, N° 156, Saint-Maixant 33).
Lo que se traduce en que si la Iglesia puede ser sobornada por obispos sin mandato que han conseguido suscitar falsos decretos, ¡también pudo ser engañada en 1851, al reconocer canónicamente la Aparición, en la persona del obispo de Grenoble apoyado por Pío IX! En una palabra, se vale del chantaje para hacer que los fieles rechacen el Secreto, y que la Iglesia no es asistida por el Espíritu Santo.
  
Hervé Belmont
  
Padre Belmont, Padre Ricossa, Padre Gleize, ¡el mismo combate!
    
EL TRISTE FINAL DE LOS PRELADOS QUE SE OPUSIERON A LA SALETTE
Como se ha visto, muchos prelados en Francia, corrompidos por la riqueza y el poder secular, rechazaban el mensaje de la Virgen a Melania y Maximino, y buscaban cómo hacerlo desaparecer de la tierra. Pero de entre ellos hubo quienes tuvieron que rendir cuenta de su oposición frontal a la Santísima Virgen. Por ejemplo:
  1. Mons. Jacques Marie Achille Ginoulhiac, obispo de Grenoble y succesor de Mons. De Bruillard, fue el primer perseguidor de Melania y Maximino con relación a sus secretos. Él esperaba el favor del poder político y un arzobispado con capelo cardenalicio, y para complacer al emperador Napoleón III y al cardenal De Bonald, declara el 19 de septiembre de 1855, en una homilía en La Salette, que “La misión de los pastores ha terminado, comienza la de la Iglesia”. Tristemente, sus palabras fueron hijas del racionalismo y el odio a los videntes, y a Melania la trataba de loca (un día, Melania habló con unas mujeres de La Salette, y estas le dijeron que el obispo Ginoulhiac llamaba loca a la vidente de La Salette. Él, apenas se acercó a las señoras luego de retirarse Melania, les dijo: “Ésa es la loca, con la que estábais hablando”). Sumado a ello, era liberal (en el Concilio Vaticano defendió la libertad de la ciencia y rechazó la infalibilidad papal, marchándose antes de la votación). En castigo, Ginoulhiac, luego de recibir el capelo cardenalicio anejo al Arzobispado de Lyon, muere loco el 17 de Noviembre de 1875, jugando a las muñecas y con sus propios excrementos…
  2. Mons. Amand-Joseph Fava, obispo de Grenoble y sucesor de Mons. Ginoulhiac, no parece haber sufrido de un exceso de humildad al pretender imponer su regla de preferencia a la que fue dada por la Santísima Virgen María a Melania. Al inaugurar las oficinas del rotativo La Croix de L’Isère, instala la imagen de Nuestra Señora de Lourdes, desconociendo nuevamente, vistas las circunstancias, el favor que la Santísima Virgen había hecho a su diócesis (se llegó a decir incluso que los milagros que sucederían en La Salette fueron trasladados a Lourdes como consecuencia del desprecio a la primera advocación). La velada fue feliz en las oficinas y él se retiró tarde. La mañana siguiente, 17 de Octubre de 1899, fue encontrado muerto sobre el piso, desvestido, los brazos torcidos, los puños crispados, los ojos y la cara expresaban el espanto de una horrible visión.
  3. El cardenal Adolphe Louis Albert Perraud, obispo de Autun, quería apropiarse de la capilla de la Inmaculada Concepción en la Ciudadela de Chalon (legado del padre Ronjon a Melania), trasladando el caso a la justicia civil, por un diferendo que retiró del tribunal eclesiástico al saber que no ganaría allí. Él vio que el gobierno, en virtud de la Ley de Separación del 9 de Diciembre de 1905, se apoderó de todos los bienes de su casa, y murió algunos días después, el 10 de Febrero de 1906. No le quedó ni la tumba que hizo para sí en Paray-le-Monial. Por orden del alcalde, el cortejo, a su llegada, fue conducido al cementerio. Es el único obispo en Francia que no fue enterrado en una iglesia inmediatamente a su muerte.
  4. Mons. Aimé-Victor-François Guilbert, obispo de Amiens y opositor a La Salette, decía que luego de ser arzobispo de Burdeos, sería creado cardenal. Ya tenía hechas las promesas para cuando recibiera el capelo. Se encontró, el 9 de Agosto de 1889, en Gap, un poco indispuesto… El 15 de Agosto, se le dejó solo un instante. Cuando regresaron, se vio, por las trazas, que se aferró al tapiz y a los muebles con desesperación. Había muerto. En el curso de los funerales, pomposos, la pesada carga rodó de lo alto del catafalco y cayó sobre el suelo con un ruido de trueno, repercutiendo bajo las altas bóvedas de la catedral. La multitud se retira, espantada, y no asiste al entierro que se hizo de noche.
  5. El cardenal Guillaume René Meignan, arzobispo de Tours, enemigo declarado de la Salette, murió súbitamente durante la noche del 19 de Enero de 1896, luego que el día anterior estaba en plena salud. Tres años antes, había recibido el capelo cardenalicio y el título presbiteral de la Santísima Trinidad en el Monte Pincio.
  6. Mons. Georges Darbois, arzobispo de París y uno de los últimos galicanistas (por lo que jamás recibió el capelo), no creía en la Salette. Y durante dos horas, el 4 de Diciembre de 1868, había hecho lo imposible para amenazar a Maximino a fin de declarar la falsedad de la aparición… Mons. Darbois tuvo un ataque de risa, diciendo: «¿Después de todo, ¿qué discurso como el de vuestra pretendida Hermosa Señora? No es más francés que no tiene sentido común… Es estúpido su discurso! ¡Y el Secreto no puede ser más que una estupidez… No, no puedo, yo, el arzobispo de París. autorizar una devoción semejante!». Maximino le respondió: «Monseñor, es tan verdadero que la Santísima Virgen se me apareció en La Salette y que ella me ha hablado, como que es verdad que en 1871, Vd. será fusilado por la canalla», y salió del Arzobispado. Tres años más tarde, le 4 de Abril de 1871, él fue encarcelado en la prisión Roquette por la Comuna de París. El 24 de Mayo, cayó bajo las balas por órdenes del líder comunal Théophile Charles Gilles Ferré… después de hacer una reparación de honor a Nuestra Señora de la Salette, cuando los prisioneros le querían salvar, exclamó: «Es inútil, Maximino me dijo que seré fusilado».
  7. El padre Henri Berthier, misionero de la Salette, cómplice de Mons. Fava, calificó la regla de la Santísima Virgen (que el Papa quería imponerle) de regla impraticable, que exige que los misioneros sean sin ambición sobre la menor de las cosas pasajeras. Enviado a Noruega para una fundación en 1880, encuentra práctico poner en un cinturón alrededor suyo los relojes de oro que tenía. Cayó al agua, y se hundió bajo el peso del oro.
  8. Mons. Paul-Émile Henry, obispo de Grenoble, predicando a los peregrinos el 14 de Julio de 1907, osó felicitarlos por haber venido en ese día de la fiesta de Nuestra Señora del Carmen. Él les advirtió contra el pretendido “secreto de Melania”, y so pretexto de hacer aprobar por Roma un oficio en honor de Nuestra Señora de La Salette, pero sobre todo con el fin de obtener el encubrimiento del secreto, envió al canónigo Grespellier. Un año más tarde, el 14 de Julio de 1908, el canónigo fue detenido por la muerte, en el momento en que quería tomar su sombrero para dirigirse a la Sagrada Congregación. El 14 de Julio de 1911, cuatro años más tarde, Mons. Henry, sobre su velatorio, atendió a su entierro (había muerto el 8 de Julio).
  9. Mons. Hector Irénée Sevin, arzobispo de Lyon, fue un adversario furioso del Secreto, pero sus esfuerzos fueron en vano para hacerlo poner en el Índice. Él fue golpeado de muerte súbita el 4 de Mayo de 1916, y la descomposición se acentuó, a pesar del embalsamamiento, a un punto terrorífico por toda la duración de la exposición bajo el catafalco. El interior del cuerpo, informó el doctor Leclerc que asistió a la autopsia, estaba ya devorado por los gusanos.
  10. El cardenal Léon Adolphe Amette, arzobispo de París (que antes, como obispo de Bayeux, había hecho todo para desacreditar las apariciones de la Reina del Santísimo Rosario en Tilly-sur-Seulles, y se enfrentó a la vidente Marie Martel), a quien un día la princesa de La Tour du Pin le preguntó por qué, mientras el Papa aceptaba el Secreto de La Salette, él lo rechazaba en su diócesis… Suprimió también Le Pèlerin de Marie, una pequeña revista dedicada a la defensa de La Salette. También fue golpeado de muerte súbita el 29 de Agosto de 1920. Su rostro fue enseguida estragado por la putrefacción, al punto que la exposición fue imposible. Según el diario La Croix, a ninguno le fue permitido penetrar en la cámara mortuoria: el príncipe de la Iglesia devino negro como el carbón. Cuando iban a lavar su cadáver, su propia hermana fue presionada para retirarse, sin haberlo visto.
  11. Mons. Louis Déchelette, obispo de Évreux, otro enemigo de La Salette, tuvo el mismo final que el cardenal Amette, el 11 de Abril de 1920. En esta época, varios obispos y cardenales franceses se distinguieron por este ennegrecimiento y putrefacción inmediata luego de sus decesos.
  12. Mons. Guillaume-Marie Frédéric Bouange, obispo de Langres, enemigo de La Salette: murió súbitamente el 5 de Mayo de 1884.
  13. Mons. Hector-Albert Chaulet d’Oultremont, obispo de Le Mans, que había en dos ocasiones, en la Semana Religiosa de su diócesis, protestado contra el Secreto de La Salette: murió súbitamente el 14 de Septiembre de 1884 y fue sepultado en el mismo aniversario de la aparición.
  14. Mons. Émile-Louis-Cornil Lobbedey, obispo de Moulins en 1906, obispo de Arrás en 1911. Le dijo al padre Combe que jamás le daría el imprimátur a una Vida de la Pastora de La Salette. Murió súbitamente el 24 de Diciembre de 1916. El día anterior había hecho una ordenación.
  15. El canónigo Aimable Frézet, en el Boletín de la diócesis de Reims, el 7 de Octubre de 1911 y el 25 de Mayo de 1912 proclamó francamente que el Secreto, confiado por Melania a Pío IX, jamás salió del Vaticano, que «el tejido de groserías y de necedades publicada bajo el título de Secreto de La Salette o de Secreto de Melania ha sido puesto en el Índice», y constituía un ultraje al buen sentido… Un laico, Henri Prévost de Sanzac, marqués de la Vauzelle, escribió el 6 de Noviembre de 1912 al Cardenal Louis Henri Joseph Luçon, arzobispo de Reims, exigiendo una respuesta. El cardenal respondió el 27 de Noviembre: «…Los artículos del Boletín reproducen bien mi propio sentimiento». El 16 de Diciembre, el padre Alberto Lepidi, en una carta al cardenal Luçon le declaró que el Secreto de La Salette jamás fue condenado por el Índice ni por el Santo Oficio. La respuesta fue transmitida al Marqués de la Vauzelle, pero no hubo retractación en el Boletín de Reims ni en las Semanas Religiosas que lo habían reproducido. En 1914, luego de la III República Francesa anunciara la movilización general en la “guerra universal espantosa” el 1 de Agosto (sábado de la VIII semana después de Pentecostés), el 19 de Septiembre, a las 15:00h (a esa hora tuvieron lugar las apariciones en La Salette), comienza el bombardo sistemático a la catedral de Reims. El cardenal Luçon simplemente exclamó: «Se trata de algunas coincidencias, entre otras».
  
CONCLUSIÓN
El Secreto (y más amplio, todas las profecías de Nuestra Señora de La Salette), aunque no forma parte de la Revelación Pública, ES ENTERAMENTE DIGNO DE CRÉDITO. Prueba de ello es que Mons. Bruillard, el cardenal Sisto Riario Sforza, el siervo de Dios Luigi Salvatore Zola CRL, y los Sumos Pontífices Pío IX, León XIII, San Pío X -quien en 1910, al leer los documentos, exclamó «Eh! la nostra santa!» y ordenó a Mons. Carlo Guseppe Cecchini OP iniciar el examen de la heroicidad de las virtudes de Melania Calvat- y Benedicto XV se manifestaron a favor de la credibilidad de estas profecías y las bendijeron de diversas formas (no sin tristeza y espanto). Y el hecho de que existiera la versión de 1851 fue por la presión y engaño del cardenal Bonald, que siempre se mostró enemigo de las apariciones. Por supuesto, Melania y Maximino escribieron la versión breve, temiendo desobedecer a la Hermosa Señora, pero condicionando la entrega a la persona del Papa Pío IX en cartas selladas (condición que se otorgó gracias al obispo Bruillard).
  
Ya en 1873, ya autorizada por la Virgen, Melania -o en religión Sor María de la Cruz- transcribió el secreto COMPLETO, que fue publicado con la autorización del obispo de Lecce (donde Melania residía en ese tiempo) seis años después en el libro La Aparición de la Santísima Virgen en la montaña de La Salette, con el consentimiento del Papa Pío IX.
  
Una lectura detallada confirma la armonía con las primeras versiones (que aparentemente fue archivada en la Biblioteca Vaticana y reapareció en 1999), con la realidad fáctica inmediata, las Sagradas Escrituras (particularmente la profecía de San Daniel y el Apocalipsis de San Juan), y con otras varias profecías dadas por la Virgen en distintas apariciones (El Pilar, Guadalupe, Buen Suceso, Lourdes y Fátima). Algunas de las previsiones contenidas en el mensaje de Ntra. Sra. de la Salette se han cumplido ya (Pío IX se declara prisionero en el Vaticano rechazando huir ante la invasión garibaldi-saboyana, la caída de Napoleón III y el segundo Imperio francés a manos de la luterana Prusia que arrebató a la católica Austria la influencia sobre los estados alemanes, la Comuna de París, las guerras en Francia, Alemania, España e Inglaterra, la Guerra Mundial, la Apostasía por parte del Vaticano y la corrupción moral en el estado religioso), y las demás llevan camino de cumplirse, como se cumplirá todo lo que sobre los últimos tiempos escribió el Apóstol San Juan en el Apocalipsis (el Secreto, al igual que el Apocalipsis, repite eventos descritos). Secreto que NUNCA FUE CONDENADO POR LA IGLESIA, como sí algunas malas interpretaciones que hacían algunos.
  
La actual Fraternidad San Pío X, contrariando a su fundador el Arzobispo Marcel Lefebvre, rechaza el Secreto de Nuestra Señora de La Salette porque en él se advierte que la Roma Modernista es la sede del Anticristo (y tal creencia no les conviene a ellos que están negociando la Prelatura Personal con ella), como consecuencia necesaria de la adulteración que hicieran para salvar a Ratzinger y Wojtyla (el cual, en una audiencia privada en 1982, donde recibió una documentación sobre La Salette, reconoció: «Estamos en el corazón de las profecías de La Salette») de la apostasía que se apoderó de TODO EL VATICANO. Idéntico procede el Instituto Mater Boni Consílii, abanderado de la tesis del Papado Materiáliter, traiciona a su fundador Mons. Guérard des Lauriers al rechazar el Secreto, porque tampoco les conviene que sus fieles cuestionen el absurdo teológico de su tesis.
   
Igual que los obispos franceses, que contaminados entre otras de jansenismo, galicanismo y francmasonería, perseguían a los videntes y buscaban enterrar en el olvido la advertencia y juicio que la Virgen les hacía por su mala vida, y que los responsables de la Apostasía general son los clérigos.
   
A los que rechazan el Secreto de Nuestra Señora de La Salette (a menudo malinterpretando los dos decretos inquisitoriales de 1915 y 1923, que condenaban las malas interpretaciones -NUNCA EL SECRETO en sí-), ojalá que se arrepientan, que Dios no deja impune a los que ultrajan a su Madre. NEMO ILLAM IMPÚNE LACÉSSIT!
   
¡VIVA NUESTRA SEÑORA DE LA SALETTE, VIVA SU SECRETO!
  
JORGE RONDÓN SANTOS
19 de Septiembre de 2019
Aparición de Nuestra Señora de La Salette, Reconciliadora de los pecadores. Fiesta de San Jenaro, Obispo y Mártir.