A las 7:00h del pasado domingo 20 de Octubre, otros 40 obispos, presididos por el cardenal Cláudio Hummes OFM, se reunieron en la iglesia de Santa Domitila para firmar el “Pacto de las Catacumbas por la Casa Común, Por una Iglesia con rostro amazónico, pobre y servidora, profética y samaritana”, documento que a diferencia de su antecesor, incluye citas de Francisco Bergoglio:
PACTO DE LAS CATACUMBAS POR LA CASA COMÚN, POR UNA IGLESIA CON ROSTRO AMAZÓNICO, POBRE Y SERVIDORA, PROFÉTICA Y SAMARITANA
Nosotros, los participantes del Sínodo
Pan-Amazónico, compartimos la alegría de vivir en medio de numerosos
pueblos indígenas, quilombolas, habitantes de las riberas de los ríos,
migrantes y comunidades en las periferias de las ciudades de este
inmenso territorio del planeta. Con ellos hemos experimentado la fuerza
del Evangelio que actúa en los pequeños. El encuentro con estos pueblos
nos interpela y nos invita a una vida más sencilla de compartir y de
gratuidad. Marcados por la escucha de sus clamores y lágrimas, acogemos de corazón las palabras del Papa Francisco:
«Muchos hermanos y hermanas de la Amazonía cargan cruces pesadas y
esperan el consuelo liberador del Evangelio, por la caricia del amor de
la Iglesia. Por ellos, con ellos, caminemos juntos» [1].
Evocamos con gratitud a aquellos obispos que, en las Catacumbas de Domitila, al final del Concilio Vaticano II, firmaron el Pacto por una Iglesia que sirve y es pobre [2].
Recordamos con veneración a todos los mártires miembros de las
comunidades eclesiales de base, de las pastorales y los movimientos
populares; a los líderes indígenas, misioneras y misioneros, laicas y
laicos, sacerdotes y obispos, que derramaron su sangre por esta opción
por los pobres, por defender la vida y luchar por la protección de
nuestra Casa Común [3]. Nos unimos a la gratitud por su heroísmo
con nuestra decisión de continuar su lucha con firmeza y coraje. Es un
sentimiento de urgencia que se impone ante las agresiones que hoy
devastan el territorio amazónico, amenazado por la violencia de un
sistema económico depredador y consumista.
Ante la Trinidad Santa, de nuestras Iglesias particulares, de las
Iglesias de América Latina y el Caribe y de aquellas que son solidarias
con nosotros en África, Asia, Oceanía, Europa y en el norte del
continente americano, a los pies de los apóstoles Pedro y Pablo y de la
multitud de mártires de Roma, de América Latina y en especial de nuestra
Amazonía, en profunda comunión con el sucesor de Pedro, invocamos al
Espíritu Santo, y nos comprometemos personal y comunitariamente con lo
siguiente:
- Asumir, ante la amenaza extrema del calentamiento
global y del agotamiento de los recursos naturales, el compromiso de
defender en nuestros territorios y con nuestras actitudes la selva
amazónica en pie. De ella vienen los dones del agua para gran parte del
territorio suramericano, la contribución para el ciclo de Carbono y la
regulación del clima global, una incalculable biodiversidad y una rica
socio-diversidad para la humanidad y para toda la Tierra.
- Reconocer que no somos los dueños de la madre tierra, sino sus hijos e hijas, formados del polvo de la tierra (Gn 2, 7-8) [4], huéspedes y peregrinos (1 Pe 1, 17b y 1 Pe 2,11) [5], llamados a ser sus celosos cuidadores y cuidadoras (Gn 1, 26) [6].
Para ello, nos comprometemos con una ecología integral en la que todo
está interconectado, el género humano y toda la creación, porque todos
los seres son hijas e hijos de la tierra y sobre ellos aletea el Espíritu de Dios (Gn 1,2).
- Acoger y renovar cada día la alianza de Dios con todo lo creado: “Por
mi parte, voy a establecer mi alianza con ustedes y con su
descendencia, con todos los seres vivos que están con ustedes, aves,
animales domésticos y salvajes, en fin, con todos los animales de la
tierra que con ustedes saldrán del arca” (Gn 9,9-10 y Gn 9,12-17) [7].
- Renovar en nuestras iglesias la opción
preferencial por los pobres, especialmente por los pueblos originarios, y
junto con ellos garantizar el derecho a ser protagonistas en la
sociedad y en la Iglesia. Ayudarlos a preservar sus tierras, culturas,
lenguas, historias, identidades y espiritualidades. Crecer en la
conciencia de que estos deben ser respetados local y globalmente y, en
consecuencia, fomentar, por todos los medios a nuestro alcance, que sean
acogidos en pie de igualdad en el concierto mundial de los demás
pueblos y culturas.
- Abandonar, en consecuencia, en nuestras
parroquias, diócesis y grupos todo tipo de mentalidad y postura
colonialista, acogiendo y valorando la diversidad cultural, étnica y
lingüística en un diálogo respetuoso con todas las tradiciones
espirituales.
- Denunciar todas las formas de violencia y
agresión a la autonomía y a los derechos de los pueblos originarios, a
su identidad, a sus territorios y a sus formas de vida.
- Anunciar la novedad liberadora del Evangelio de
Jesucristo, en la acogida al otro y a lo diferente, como sucedió con
Pedro en la casa de Cornelio: “Bien sabes que a un judío le está
prohibido relacionarse con un extranjero o entrar en su casa. Y Dios me
ha mostrado que no se puede decir que algún hombre es profano o inmundo”
(Hch 10, 28) [8].
- Caminar ecuménicamente con otras comunidades
cristianas en el anuncio inculturado y liberador del Evangelio, y con
otras religiones y personas de buena voluntad, en solidaridad con los
pueblos originarios, con los pobres y los pequeños, en la defensa de sus
derechos y en la preservación de la Casa Común.
- Instaurar en nuestras Iglesias particulares un
estilo de vida sinodal, donde representantes de los pueblos originarios,
misioneros y misioneras, laicos y laicas, en razón de su bautismo y en
comunión con sus pastores, tengan voz y voto en las asambleas
diocesanas, en los consejos pastorales y parroquiales, y en últimas,
todo lo que concierne al gobierno de las comunidades.
- Empeñarnos en el urgente reconocimiento de los
ministerios eclesiales ya existentes en las comunidades, ejercidos por
agentes pastorales, catequistas indígenas, ministras y ministros de la
Palabra, valorando en particular su cuidado frente a los más vulnerables
y excluidos.
- Hacer efectiva en las comunidades que nos han
sido confiadas el paso de una pastoral de visita a una pastoral de
presencia, asegurando que el derecho a la Mesa de la Palabra y a la Mesa
de la Eucaristía sea efectivo en todas las comunidades.
- Reconocer los servicios y la real diaconía de
gran cantidad de mujeres que hoy dirigen comunidades en la Amazonía y
buscar consolidarlas con un ministerio adecuado de mujeres animadoras de
comunidad.
- Buscar nuevos caminos de acción pastoral en las
ciudades donde actuamos, con el protagonismo de los laicos y los
jóvenes, con atención a sus periferias y a los migrantes, a los
trabajadores y los desempleados, a los estudiantes, educadores,
investigadores y al mundo de la cultura y de la comunicación [9].
- Asumir ante la avalancha del consumismo un
estilo de vida alegremente sobrio, sencillo y solidario con los que poco
o nada tienen; reducir la producción de basura y el uso de plásticos,
favorecer la producción y comercialización de productos agroecológicos,
utilizar el transporte público siempre que sea posible.
- Ponernos al lado de los que son perseguidos por
su servicio profético de denuncia y reparación de injusticias, de
defensa de la tierra y de los derechos de los pequeños, de acogida y
apoyo a los migrantes y refugiados. Cultivar verdaderas amistades con
los pobres, visitar a las personas más sencillas y a los enfermos,
ejerciendo el ministerio de la escucha, del consuelo y del apoyo que
traen aliento y renuevan la esperanza.
Conscientes de nuestra fragilidad, de nuestra pobreza y pequeñez ante
tan grandes y graves desafíos, nos encomendamos a la oración de la
Iglesia. Que sobre todo nuestras comunidades eclesiales nos ayuden con
su intercesión, su afecto en el Señor y, cuando que sea necesario, con
la caridad de la corrección fraterna.
Acogemos con el corazón abierto la invitación del cardenal Hummes a
dejarnos guiar por el Espíritu Santo en estos días del Sínodo y en el
regreso a nuestras iglesias:
«Déjense cubrir por el manto de la Madre de Dios y Reina de la
Amazonía. No dejemos que nos venza la autorreferencialidad, sino la
misericordia ante el grito de los pobres y de la tierra. Será necesaria
mucha oración, meditación y discernimiento, así como una práctica
concreta de comunión eclesial y espíritu sinodal. Este Sínodo es como
una mesa que Dios ha preparado para sus pobres y nos pide que seamos los
que sirven a la mesa» [10].
Celebramos esta Eucaristía del Pacto como “un acto de amor
cósmico”. “¡Sí, cósmico! Porque incluso cuando tiene lugar en el pequeño
altar de una iglesia de aldea, la Eucaristía se celebra siempre, de
cierto modo, sobre en el altar del mundo”. La Eucaristía une el cielo y
la tierra, abraza y penetra toda la creación. El mundo surgido de las
manos de Dios, vuelve a él en feliz y plena adoración: en el Pan
Eucarístico “la creación tiende hacia la divinización, hacia las santas
nupcias, hacia la unificación con su propio Creador”. “Por eso, la
Eucaristía es también una fuente de luz y motivación para nuestras
preocupaciones por el medio ambiente, y nos lleva a ser guardianes de la
creación entera” [11].
Catacumbas de Domitila, Roma, 20 de octubre de 2019
CITAS
[1] Homilía del Papa Francisco en la Misa de apertura del Sínodo, Roma 6 de octubre de 2019
[2] Pacto por una Iglesia servidora y pobre: Catacumbas de Domitila, Roma 16 de noviembre de 1965. El Pacto firmado por 42 concelebrantes, recibió en seguida la adhesión de 500 padres conciliares.
[3] Documento de Aparecida 98, 140, 275, 383, 396.
[4] «Entonces Yahvé Dios Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insuflo en sus narices aliente de Vida, y resultó el hombre un ser viviente. Luego plantó Yahvé Dios un Jardín en Eden, al oriente, donde colocó al hombre que había formado».
[5] «…condúzcanse con temor durante el tiempo de su destierro» (1 Pd 1,17b; Biblia de Jerusalén) y «Queridos, los exhorto como peregrinos y forasteros…» (1 Pd 2,11; Biblia de Jerusalén)
[6] «Y dijo Dios: “Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y mande (cuide) en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las que serpean por la tierra”. Dios creo pues al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó».
[7] «Dijo Dios: “Esta es la señal de la alianza que para todas las generaciones futuras pongo entre ustedes y yo. Pongo mi arco en las nubes, y servirá de señal entre yo y la tierra. Cuando yo cubra de nubes la tierra, entonces se verá el arco en las nubes. Y me acordaré de la alianza que media entre yo y ustedes y toda alma viviente y no habrá mas diluvio para exterminar toda carne. Pues en cuanto esté el arco en las nubes yo lo veré para recordar la alianza perpetua entre Dios y todas las especies de seres vivos sobre la tierra.” Y dijo Dios a Noe: “Esta es la señal de la alianza que he establecido entre yo y toda carne que existe sobre la tierra”».
[8] «Entonces Pedro tomó la palabra y dijo: “Verdaderamente comprendo que Dios no hace acepción de personas. Sino que en cualquier nación el que le teme y practica la justica le es grato”». (Actos 10, 34-35; Biblia de Jerusalén).
[9] Cfr. Documento de Santo Domingo, 3.3.2.1.
[10] HUMMES, Card. Cláudio, 1ª Congregación General del Sínodo Amazónico, Relación Introductoria del Relator General, Roma 07 de octubre de 2019 (BO 792).
[11] Laudato Si’, 236.
Aunque firmaron 40 prelados y doscientos presbíteros y monjas, de momento se sabe que el brasileño Cláudio Auri Affonso Frank Hummes OFM (arzobispo emérito de São Paulo y presidente de la Red Eclesial Panamazónica REPAM, presidió el servicio novusordiano y dio la homilía usando la estola del “Arzobispo Rojo” de Recife Hélder Pessoa Câmara -instigador del “
Pacto de las Catacumbas por una Iglesia servidora y pobre” de 1965- y el cáliz del misionero italiano Ezequiel Ramin, “mártir de la Amazonía”), el peruano Pedro Ricardo Barreto Jimeno SJ (arzobispo de Huancayo y vicepresidente de la REPAM), el austro-brasileño Erwin Kräutler-Kräutler C.Pp.S (Prelado emérito de Xingú, Brasil. Sucedió en tal sede a su tío Eurico, segundo prelado y obispo titular de Cissa en Istria) están entre los firmantes.
A diferencia de su antecesor, que en su numeral tercero establecía «No poseeremos inmuebles ni muebles, ni cuenta bancaria, etc. a nuestro nombre…», ahora en el numeral cuatro dice «Renovar en nuestras iglesias la opción preferencial por los pobres…». Tal vez porque no quieren dejar pasar
los pingües donativos de organizaciones pro-aborto y elegetebeístas como la Fundación Ford (vinculada con los Illuminati -en especial los Rothschild-, el Consejo para las Relaciones Extranjeras y la Skull and Bones).
Cuando hablan en en nuevo Pacto que quieren «Asumir ante la avalancha del consumismo un estilo de vida alegremente sobrio, sencillo y solidario con los que poco o nada tienen; reducir la producción de basura y el uso de plásticos, favorecer la producción y comercialización de productos agroecológicos, utilizar el transporte público siempre que sea posible», sólo están siguiendo una moda, ignorando que los “productos agroecológicos” solamente favorecen a los grandes conglomerados.
Dicen querer «Caminar ecuménicamente con otras comunidades cristianas en el anuncio inculturado y liberador del Evangelio, y con otras religiones y personas de buena voluntad…». Viendo las cifras, conociendo la historia y la situación presente, que no cuenten con los protestantes (pentecostales, adventistas y testejehovistas), que están ganando más seguidores en la Amazonía.
El toque ecologista y sexual -curas casados, diaconisas y demás- no responde a ‘desarrollo doctrinal’ propio, ni siquiera erróneo: es una adaptación servil a lo que ahora pide la progresía trasnochada actual, representado, no por los humildes de la tierra y los descartados, sino la ONU o la banca internacional. Y ni hablar del “acto de amor cósmico”. Es una expresión de teilhardiano regusto.
En síntesis, este Pacto de las Catacumbas, como su antecesor, usa a los pobres y olvidados como pantalla y a las catacumbas como escenario para la pantomima, pero fue hecho por los que ostentan el poder en la Iglesia Deuterovaticana (que NO ES, NUNCA FUE, NI SERÁ JAMÁS LA IGLESIA CATÓLICA), arrodillados ante los poderes seculares en actitudes deshonestas, como la Ramera Apocalíptica que es.
JORGE RONDÓN SANTOS
23 de Octubre de 2019
Fiesta de San Antonio María Claret y Clará FCM, Arzobispo y Confesor, y del Beato Juan Bono de Mantúa, Ermitaño y Confesor.