Mostrando entradas con la etiqueta Perú. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Perú. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de agosto de 2018

SANTA ROSA DE LIMA, PATRONA DE PERÚ

«Una virgen se ocupa de las cosas del Señor, a fin de ser santa de cuerpo y alma». (1 Corintios 7, 34).
 
Santa Rosa de Lima

Rosa de Santa María, (1586-1617) llamada así por la virginal hermosura de su rostro, pues su nombre de pila era Isabel, fue la primera flor de santidad que produjo la América española. Nació en Lima, Perú, de padres de origen español y modestos de condición. Desde su más tierna edad, Rosa experimentaba una atracción cada día más desbordante hacia la santidad, la virginidad, la devoción, el amor al retiro, un extraordinario espíritu de penitencia. Sus padres deseaban un ventajoso matrimonio dada la belleza de su hija, pues verdaderamente era deslumbrante. Con ese fin, le hacían frecuentar fiestas y banquetes para llamar la atención de los jóvenes más ricos de la ciudad. Rosa obedecía pero sabía sacar provecho de estas fiestas. Debajo de su diadema de rosas colocaba un casquete con pinchos, en forma de corona de espinas. Y bajo sus vistosos vestidos colocaba cilicios y otros instrumentos para macerar su cuerpo. En 1616, a los 24 años, vistió el hábito negro y blanco de la Tercera Orden de Sto. Domingo. Desde entonces todavía progresó más a pasos agigantados por el camino de la perfección. Aseveró su confesor que «Jamás, ni de día ni de noche, perdía la presencia de Dios en su corazón y que su alma nunca fue mancillada por el pecado venial». El Señor le concedió la gracia de repetir en sí misma los atroces dolores de la Pasión de Cristo. En medio del dolor gritaba: «Aumentadme el dolor, pero, Dios mío, dadme paciencia». Murió el 24 de agosto de 1617 a la edad de 31 años, admirada en toda Lima y querida ya en todo Perú. El Papa Clemente X la canonizó en 1671, siendo la primera santa americana que llegó a los altares. En la Argentina ha sido establecido este día «como Fiesta nacional de Acción de gracias a la divina Providencia, por los beneficios conferidos a la Nación».
  
MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA DE SANTA ROSA
I. Trata al menos de encontrar todos los días un momento libre para dedicarte, en la soledad, a la meditación y a la oración. Ama a tus padres por Dios, y los servicios que les hagas, figúrate que los haces al mismo Jesús. Así pensarás en Él sin cesar.
   
II. San Agustín, hablando de Cristo y de la Iglesia, su Esposa inmortal, dice que son dos en una sola y misma pasión. Así debe ser en cuanto a la unión del alma con Jesucristo. Para agradar al Esposo, es menester hacerse semejante a Él; por eso Santa Rosa practica las penitencias más rigurosas, y lleva en la cabeza un aro de hierro con agudas puntas en su parte interior, semejante a la corona de espinas. «Para gozar de los castos abrazos del Esposo, se debe despreciar la propia carne». (San Jerónimo)
   
III. Sacrificar la carne y sus concupiscencias, es poco todavía. Mira a Santa Rosa. Ya la pruebe la enfermedad, ya Dios le retire sus consolaciones, a todo se resigna. Lo único que pide a su Esposo, es que aumente su amor en proporción a los sufrimientos que padece. ¡En cambio nosotros nos impacientamos ante la menor contrariedad, nos abatimos ante la menor prueba! Avergoncémonos de nuestra cobardía y adoptemos la resolución de sufrir, por lo menos con paciencia, los males que no podemos evitar. «Estáis prometidos a Cristo, le habéis consagrado vuestra voluntad». (Tertuliano)
  
El desprecio de los placeres. Orad por las vírgenes consagradas a Dios.
  
ORACIÓN
Oh Dios poderoso, dispensador de todos los bienes, que has provisto a la bienaventurada Santa Rosa con el rocío de la gracia celestial, y la hiciste brillar en las Indias con el fulgor de la virginidad y de la paciencia, concédenos a nosotros tus siervos, la gracia de correr tras el olor de sus perfumes, y merecer así llegar a ser un día el buen olor de Cristo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

miércoles, 18 de julio de 2018

VIGILIA PRO-ORTEGUISMO EN PERÚ, ORGANIZADA POR COMISIÓN DE ACCIÓN SOCIAL VINCULADA A LA CONFERENCIA EPISCOPAL

Sí, parece noticia falsa, pero NO LO ES. La noticia viene del medio conciliar ACI PRENSA (propiedad del sodalité Alejandro Bermúdez Rosell), así que proviene de una fuente “oficial”.
 
COMISIÓN EPISCOPAL PERUANA ANUNCIA VIGILIA EN APOYO AL RÉGIMEN DE ORTEGA EN NICARAGUA
Por Diego López Marina | ACI PRENSA.
 
José Daniel Ortega Saavedra, dictador de Nicaragua
   
La Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS) del Perú organizó una jornada de oración por Nicaragua en la que proponen rezar “por el sufrimiento del régimen” del presidente Daniel Ortega.
 
En su cuenta de Facebook, la comisión dependiente de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP), convocó la vigilia para el 23 de julio en la embajada de Nicaragua utilizando el lema “Nicaragua quiere Paz”.
   
Invitación a la vigilia organizada por la CEAS peruana en apoyo al régimen de Ortega-Murillo escudándose en el “pedido de oración” que hiciera Francisco I Bergoglio
 
En la publicación, decenas de usuarios denunciaron que la invitación había sido realizada por la embajada nicaragüense en Lima, afín al gobierno. La CEAS lo negó, pero aseguró que con la vigilia pretenden solidarizarse con “el dolor y sufrimiento del régimen”.
  
¡La Vigilia no la hace la embajada, la hacemos los católicos que nos solidarizamos con tanto dolor y sufrimiento del Régimen!”, respondió la cuenta oficial de la CEAS ante el reclamo de varios usuarios.
  
La plataforma internacional CitizenGO denunció este 17 de julio que “en lugar de rezar por el fin de la represión y en solidaridad con la ‘iglesia perseguida’ de Nicaragua”, la CEAS “propone rezar ‘por el sufrimiento del régimen’”.
     
Publicación de la plataforma CitizenGO en reacción a la publicación de CEAS
 
¿Es que no se han enterado que han agredido a un obispo y al nuncio?, ¿es que no saben que hace dos días pegaron un tiro en la cabeza a un joven solo por manifestarse?, ¿es que desconocen que las turbas paramilitares de Ortega están profanando iglesias un día sí y otro también?”, cuestionó la plataforma.
 
Ante las denuncias de represión policial y paramilitar en Nicaragua, que ha cobrado cerca de 300 muertes en los últimos tres meses, la CEAS respondió: “¡Gracias, lo tendremos en cuenta!”.
 
ACI Prensa intentó comunicarse este 17 de julio con María Laura Vargas Valcárcel, Secretaria Ejecutiva de CEAS, pero recibió como respuesta solo una carta titulada “Solidaridad con la Iglesia de Nicaragua”, emitida por la Conferencia Episcopal Peruana el pasado 13 de julio.
  
En la carta se expresa la condena de los obispos “ante la inaceptable represión a las protestas ciudadanas en Nicaragua por manos de agentes militares y paramilitares” ocurrida el 9 de julio en la Basílica Menor de San Sebastián en Diriamba, donde atacaron física y verbalmente al Cardenal Brenes, a Mons. Sommertag y a Mons. Báez, así como a otros sacerdotes que realizaban una visita pastoral en la ciudad.
  
Roberto Morales, Coordinador de la Comunidad Nicaragüense en Perú, dijo a ACI Prensa que recibieron la noticia de CEAS “con bastante sorpresa”, porque les es difícil creer que la Iglesia Católica esté “participando directamente con la embajada de Nicaragua”.
  
A esta vigilia la comunidad nicaragüense no ha sido invitada. Nosotros nos hemos enterado por simple casualidad. Tampoco entendemos cómo la embajada de Nicaragua, que representa a los nicaragüenses, puede hacer una convocatoria sin tomarnos en cuenta. Parece que como no somos afines al gobierno no somos invitados y, definitivamente, por voluntad propia no vamos a participar de ninguna actividad que ese régimen dictatorial esté convocando”, aseguró.
  
Probablemente –continuó– están siendo engañados o no reciben noticias internacionales. No quiero pensar mal de la Iglesia Católica. Nosotros somos católicos practicantes y no nos parece justo que la Iglesia esté apoyando a un régimen dictatorial, asesino y genocida. Estamos sumamente consternados”.
  
Además, Morales dijo que la asociación nicaragüense enviará este 18 de julio una carta a la CEAS y la Conferencia Episcopal Peruana para que aclaren la publicación.
  
Por su parte, María José Guerrero, integrante de la Comunidad Nicaragüense en Perú, dijo que “fue desconcertante ver esa posición de parte de CEAS porque está en total contradicción con la última carta de la Conferencia Episcopal Peruana, en la que condena los actos de violencia de fuerzas militares y paramilitares que son comandados por el gobierno”.
  
Finalmente, dijo que “la Iglesia Católica en Nicaragua se ha mostrado muy clara”, y por lo tanto, no entienden “por qué esta comisión está yendo en contra de sus propios sacerdotes nicaragüenses y de la Conferencia Episcopal Peruana”.
 
Es triste y muy lamentable. En algún momento consideramos que era un error o que los habían mal informado o manipulado, pero nos comunicamos a través de su página web y recibimos esa respuesta clara. Se entiende que apoyan, orando y rezando por el régimen”, lamentó.

viernes, 14 de julio de 2017

SAN FRANCISCO SOLANO, APÓSTOL DE AMÉRICA

San Francisco Solano bautizando a los indios (Johann Lucas Kracker, Seminario diocesano de Eger, Hungría)
 
De los tres santos canonizados que con su presencia santificaron estas tierras de América, San Luis Beltrán, San Pedro Claver y San Francisco Solano, este último es el que con más razón merece el título de apóstol de este Nuevo Mundo, tanto por la extensión de su labor misional como por las huellas que dejó de su paso. San Luis Beltrán no hizo sino abordar a las costas insalubres y deshabitadas de Santa Marta, evangelizó a las tribus errantes de los bordes del Magdalena y a los pocos años volvióse a España. San Pedro Claver se encerró dentro de los muros de Cartagena y allí vivió hasta su muerte, hecho esclavo de los esclavos. Solano, en cambio, recorrió gran parte del Perú de entonces y ha dejado recuerdos de su tránsito en cinco repúblicas de este continente.
  
Había nacido el 10 de marzo de 1549 en la pequeña ciudad de Montilla, en la Andalucía, del matrimonio de Mateo Sánchez Solano y Ana Jiménez Hidalga. Sus padres eran acomodados y cuando el niño estuvo en edad de estudiar lo entregaron a los jesuitas, que tenían entonces un colegio en el lugar. Allí aprendió las letras humanas y allí también sintió despertarse su vocación. A los veinte años, en plena adolescencia, decide vestir el sayal franciscano y acude al convento de San Lorenzo, en las afueras, donde el guardián, fray Francisco de Angulo, le abre las puertas de aquel cenobio, en donde va a poner los fundamentos de su futura santidad. Dios, en efecto, le había escogido para santo. Por entonces los franciscanos habían sentido renovarse su fervor y anhelaban imitar más de cerca a Jesucristo, siguiendo las huellas del Pobrecito de Asís. Solano, desde los primeros días de su vida religiosa, sintió en su corazón arder esta llama, se determinó a abrazarse estrechamente con Cristo, siguiendo desnudo al desnudo Jesús. Hizo su profesión el 25 de abril de 1570 y verdaderamente renunció a todo para vivir unido a su modelo. Unos dos años más tarde dejaba Montilla y se trasladaba al convento de Nuestra Señora de Loreto, en las proximidades de Sevilla, donde alternó el estudio de las ciencias sagradas con la oración y la penitencia. Escogió para vivienda la celda más pequeña e incómoda del convento, bien próxima al coro, en donde pasaba buena parte de su tiempo.
  
Allí recibió la unción sacerdotal y un 4 de octubre cantó su primera misa en la capilla de la Virgen, hallándose presente su padre, que muy poco después dejaba este mundo. Como tenía buena voz y era muy aficionado a la música, arte que podemos decir cultivó toda su vida, le nombraron vicario de coro y predicador. La muerte de su progenitor y la ceguera de que adoleció su madre le obligaron a volver a Montilla, pero transformado en otro hombre. De su breve estancia en su ciudad natal quedó indeleble recuerdo. Aquel joven franciscano “no hermoso de rostro, moreno y enjuto”, como nos lo describe uno de sus contemporáneos, se atrajo las miradas de todos por el espíritu con que hablaba y la santidad que emanaba de todo su ser. Aún se cuenta que hizo varias curaciones, pero el más evidente indicio de su ascendiente sobrenatural nos lo da el hecho de haber pedido la marquesa de Priego, la señora del lugar, un hábito de fray Francisco para que le sirviese de mortaja.
  
Tan sólidas eran ya sus virtudes que los superiores de la Orden le enviaron a Arrizafa, en las cercanías de Córdoba, a fin de que en esa recolección ejerciese el cargo de maestro de novicios. Nadie mejor que él para servir de guía a quienes aspiraban a realizar íntegramente el ideal del fraile menor. Tres años vivió en este convento y el 1581 pasa a San Francisco del Monte, monasterio escondido entre los breñales de la Sierra Morena. En aquélla soledad su espíritu se expande y se une más estrechamente a Dios. No olvida, sin embargo, a sus hermanos, y, cuando la peste diezma a los vecinos de Montoro, acude solícito a ayudar a los enfermos a bien morir y a curar a los atacados del mal. Le acompaña un buen hermano lego, fray Buenaventura, que al fin sucumbe también a los rigores de la peste, y Solano continúa asistiendo a sus hermanos dolientes en la iglesia de San Sebastián, transformada en hospital, donde aún se conserva un cuadro que recuerda su caridad.
  
Se le nombra guardián del convento y a los tres años se le envía al convento de San Luis de la Zubia, en la vega de Granada. Aquí termina su labor en España, porque en 1588 solicita pasar a América en compañía del padre comisario, fray Baltasar Navarro, que ha venido en busca de misioneros. Ciérrase entonces la primera etapa de su vida; la segunda le verá en las apartadas regiones del Tucumán, convertido en misionero de indios, hasta el año 1602, en que se le ordena volver al Perú, donde entabla la estricta observancia de los recoletos y donde fallece en 1610. Estas tres etapas en que podemos dividir su vida son bien marcadas y cada una de ellas tiene su carácter peculiar. En España ha alternado el estudio de la perfección religiosa con el de las ciencias y los cargos de gobierno con el ministerio apostólico, pero esto último lo hace sólo a intervalos y no de una manera metódica y continua. Es la etapa de preparación y en la cual se macizan sus virtudes. Cuando tome la carabela que le ha de conducir a Tierra Firme ya Solano es un santo, es el varón de Dios, que lo pisotea todo para unirse a su Señor.
   
El 3 de marzo de 1589 pasaba la barra de Sanlúcar la flota que conducía al nuevo virrey del Perú, don García Hurtado de Mendoza. En una de las naves, oculto a las miradas de todos, viajaba nuestro héroe, acompañado por un regular grupo de hermanos suyos que pasaban a América a conquistar para Cristo muchas almas. Con viento favorable llegaban a Cartagena el 7 de mayo y, tras unos días de espera en aquel puerto, pasaban a Portobelo y de aquí a Panamá, adonde debió llegar Solano a fines del mes de junio de 1589. La falta de embarcaciones le obligó a permanecer en aquel mortífero clima, donde perdieron la vida dos de los franciscanos que venían en su compañía, Después de cuatro meses lograron hallar una nave que los condujese al Perú, pero tan descuadernada que unos cuantos golpes de mar, como luego veremos, bastaron para dar al través con ella. Solano, en compañía del padre fray Diego de Pineda y de fray Francisco de Torres, tomó pasaje a su bordo, y la embarcación levó anclas en el puerto de Perico y se dio a la vela para el Callao.
  
La navegación desde Panamá hasta aquel puerto se hacía difícil, así por tener que vencer la corriente marina que baña aquellas costas como por la falta de viento, sobre todo en esta época del año. Así sucedió entonces, y en la vecindad de la isla de la Gorgona, frente a las costas de la actual Colombia, aquella frágil nave vino a zozobrar. En un batel lograron llegar a tierra algunos de los pasajeros y tripulantes, pero Solano permaneció sereno en los restos flotantes de la nave, alentando a los náufragos y auxiliándolos en aquel caso extremo. Cuando el batel volvió en su busca fue el último en acogerse a él, y lo hizo lanzándose al mar, después de arrollar el hábito a la cintura. Una vez en la playa, y cubierto tan sólo con la túnica, fue en busca del hábito que había perdido y lo halló en la arena. San Francisco, como él decía, le había dado aquel hábito y él también se lo había de devolver.
  
Por más de dos meses hubieron de permanecer los náufragos en la costa, desprovistos de todo auxilio. Uno de los compañeros de Solano había perecido en el naufragio, el otro, cansado de esperar, decidió salir en el batel con otros compañeros en busca de socorro. Tenían que alimentarse de peces, mariscos y hierbas silvestres, y no sin trabajo los encontraban. Solano, olvidado de sí, procuraba levantar el ánimo de sus compañeros, aliviaba sus males y les daba cuanto caía en sus manos y podía servir para su sustento. Parece que en más de una ocasión su pesca tuvo todos los contornos de milagrosa. El Señor escuchaba a su siervo. Al fin arribó el socorro tan ansiado. A últimos de diciembre una nave recogió a los náufragos y los condujo al puerto de Paita, al norte del Perú. De aquí continuó Solano su camino por tierra hasta llegar a la ciudad de los reyes, Lima. Cruzó aquella costa desierta, interrumpida, a veces por los valles que riegan los ríos que bajan de la cordillera, y en 1590 entraba en la capital del virreinato, donde ya le había precedido el virrey don García y en donde por aquel tiempo gobernaba aquella iglesia un esclarecido prelado, Santo Toribio de Mogrovejo.
  
Solano ardía en deseos de pasar a las Misiones a que estaba destinado. Fray Baltasar, que le había traído consigo, atendió sus ruegos y con otros ocho religiosos emprendió el camino que conducía al Tucumán. La distancia era enorme. Basta fijar los ojos en un mapa de América para darse cuenta del inmenso espacio que había que recorrer. Pero a esta dificultad se añadía otra mayor: la de la aspereza y rigor de la tierra. Había que trasmontar los Andes, y luego de cruzarlos, llegar hasta el Cuzco, para tomar después el camino que conduce al Callao, esto es, a la meseta frígida y desnuda casi de vegetación que domina la actual Bolivia y se prolonga casi hasta los confines del Norte argentino. Aquí comenzaba la bajada abrupta y sinuosa hasta Salta y más abajo a las llanuras del Tucumán. Solano hubo de arrostrar esta jornada caminando unas veces a pie, otras en pobres cabalgaduras, y sufriendo todas las consecuencias de la falta de abrigo de las rigideces del clima. Si por allí habían pasado los conquistadores y capitanes en busca del Dorado y del rico cerro de Potosí, ¿iban a mostrarse menos animosos los discípulos de Cristo, los conquistadores de las almas?
   
En noviembre de 1590, según la carta del comisario fray Baltasar Navarro a Su Majestad, llegaba la expedición al Tucumán (carta fechada en Santiago del Estero el 26 de enero de 1591). En todo aquel territorio no había por aquel tiempo sino dos obispados, el del Tucumán y el del Río de la Plata. El primero era tan pobre, decía su obispo, fray Fernando Trejo, en 1601, que su catedral carecía de ornamentos decentes y no tenia cómo poder levantar el seminario. Los franciscanos, dominicos y mercedarios habían penetrado en la región años hacía, pero su número era muy escaso. Tras ellos vinieron los padres de la Compañía de Jesús, pocos también. En 1610 la Orden de Santo Domingo sólo tenía un convento en Córdoba; los franciscanos tenían seis: en Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Rioja, Talavera y Salta, pero en el que más había seis o siete frailes y en el que menos dos o tres; los mercedarios tenían también seis casas, en las mismas ciudades, pero su número era menor; finalmente la Compañía sólo tenía domicilios en Córdoba y en Tucumán, aunque en el primero los religiosos pasaban de veinte. Si esto sucedía en 1610, ya podremos calcular lo que sería en 1591, o sea unos veinte años antes, en el momento en que Solano arriba a esas tierras.
  
Muy escasa es la documentación que poseemos sobre sus actividades apostólicas en el Norte argentino. Casi todos sus biógrafos, aun en la época moderna, no han hecho otra cosa sino inspirarse, no siempre con fidelidad, en las declaraciones de los procesos. Por fortuna, éstos se llevaron a cabo cuando aún vivían muchos que habían conocido y tratado al Santo, y de allí que su testimonio sea de calidad. Fray Francisco permaneció en el Tucumán sólo once años, de 1591 a 1602, primero como misionero y doctrinero de Socotonio y la Magdalena, y a partir de 1595, como custodio o viceprovincial de todos los conventos del Tucumán y del Paraguay, dependientes de la provincia del Perú.
  
La labor del misionero era ardua. No sólo había que vencer la resistencia del indígena, receloso siempre de los españoles, de quienes había recibido y recibía muchas vejaciones, sino, además, romper con las dificultades de la lengua y las que oponía la misma naturaleza, en un país cruzado por montes y ríos y en su mayor parte deshabitado. La caridad y mansedumbre de Solano y la pobreza de su hábito le ganó el corazón de los indios; se aplicó al estudio de su lengua y Dios ayudó sus esfuerzos. Se dice que poseyó el don de lenguas, pero no está de más advertir que, por las declaraciones de quienes le trataron, el capitán Andrés García de Valdés le enseñó la Tonocote y uno de sus compañeros confiesa que tardó cuatro meses en aprender otra de las lenguas indígenas. Sin embargo, en su caso se renovó el milagro del día de Pentecostés, porque, hablando en una sola lengua, sus oyentes le entendían como si les hablara en la propia.
  
El Santo se impuso a aquellas mentes casi infantiles y el secreto de sus éxitos estuvo en su perfecta unión con Dios. Hay un hecho que aparece referido por uno de los testigos de los procesos, el cura de la Nueva Rioja, don Manuel Núñez Maestro, pero sus biógrafos lo han desfigurado y hasta lo han hecho inverosímil. El Jueves Santo del año 1593 Solano se encuentra en la población, que apenas lleva dos años de fundada. Ha venido invitado por el cura. Cuarenta y cinco caciques con su respectivo séquito se dan cita en el mismo lugar y este número de indios alarma al teniente de gobernador, quien aconseja a los vecinos preparar las armas. En la noche, como era el uso de España y de muchas ciudades del Perú, va en la procesión un grupo de disciplinantes, desnudos medio cuerpo arriba, azotando sus espaldas. Los indios no salen de su asombro. Solano aprovecha la ocasión para hablarles del Redentor y de sus sufrimientos por nosotros; les cautiva y le piden que los instruya en los misterios de la fe. Algunos dieron en decir que los bautizó a poco a todos y que su número llegaría a 9.000. El cura Núñez no dice esto. Sus palabras textuales son: “Los retuvo a todos hasta que fueron bautizados”.
  
Solano no podía desconocer lo que habían ordenado sobre el particular los concilios limenses de 1567 y 1584. En el Tucumán se conocían esas prescripciones y en 1597 las hacía suyas el sínodo celebrado en Santiago del Estero por el obispo Trejo. Tampoco nos parece verosímil que fueran 9.000 los bautizados. El cura Núñez dice solamente que el número de indios llegaría a 9.000, pero es más que probable que en ese número incluía los de la región o los que estaban sujetos a los caciques que hicieron su aparición en la Rioja. Aun reduciendo el hecho a sus debidas proporciones, la acción del apóstol campea y sobresale. Tampoco creemos, como algunos afirman, que su actividad se extendiera al Gran Chaco y a otras regiones alejadas del Tucumán. No hay fundamento para asegurarlo. Santiago del Estero, la desaparecida Esteco, la Rioja y Córdoba fueron el teatro de sus hazañas, En todos estos lugares dejó las huellas de su paso y testimonios evidentes de su santidad. Cítanse las fuentes de Talavera o Esteco y la de la Nueva Rioja. En ambas brotó el agua al conjuro de la voz de Solano. De la primera apenas cabe dudar, pues cuando, en 1617, pasó por allí el visitador del Tucumán, don Francisco de Alfaro, todos le señalaron la fuente del Padre Solano que allí brotaba copiosamente.
  
En el año 1601 los superiores le llaman al Perú, Querían servirse de él para la nueva recolección de Nuestra Señora de los Ángeles, que estaba a punto de fundarse en Lima. Obediente a la voz de Dios, emprende el largo camino que le separa de aquella ciudad. Su humildad no acepta el cargo de guardián y queda como vicario. No mucho después el comisario fray Juan Venido le envía a la ciudad de Trujillo, en calidad de guardián. Esta vez no puede rehuir el cargo. En 1604 vuelve nuevamente a la recoIeta de Lima y en diciembre del siguiente año, abandonando su retiro y, con un crucifijo en la mano, sale por calles y plazas, exhortando a todos a hacer penitencia de sus pecados y amenazando a los reacios con los castigos de Dios. La vista de aquel fraile, espejo de la penitencia, el ardor de su mirada y el fuego de sus palabras, conmueve a sus oyentes. Le siguen hasta la plaza Mayor y allí el gentío se hace cada vez más numeroso. Resuenan por los aires las voces de perdón y por toda la ciudad cunde la voz de un inminente castigo del cielo. Recientes están los ejemplos de Arica y Arequipa, asoladas por un terremoto, de modo que aquélla noche hubo que dejar abiertas las iglesias, por el gran concurso de gente que pedía a gritos confesión.
  
La ciudad pasó la noche en alarma. Hasta Rosa, la virgen incomparable, azota su cuerpo sin piedad, pidiendo a Dios por los pecadores. El virrey, conde de Monterrey, manda al siguiente día hacer una averiguación del hecho. Ordena, de acuerdo con el padre comisario, que un tribunal examine e inquiera del predicador lo que ha dicho y las causas que le han movido a decirlo. Solano se presenta sereno y, como ha obrado por divino impulso, no hace sino exponer la verdad. Sin embargo, recibió una admonición, a fin de que en adelante no perturbara la tranquilidad de los habitantes.
  
En lo sucesivo su vida es más del cielo que de la tierra. Sus fuerzas van decayendo visiblemente y por esta causa se le traslada al convento de Jesús, de Lima, donde, tras breve enfermedad, causada más por las privaciones y trabajos que por el desgaste natural del organismo, fallece el día de San Buenaventura, 14 de julio de 1610, cuando se elevaba la hostia en la misa mayor. Su entierro tuvo contornos apoteósicos. El virrey, marqués de Montesclaros, y el arzobispo Lobo Guerrero son los primeros en conducir el féretro a la iglesia, donde la guardia de alabarderos apenas puede contener a la multitud. Predica sus virtudes el provincial de la Compañía, Juan Sebastián de la Farra, y se le da sepultura en la cripta de la iglesia, donde más tarde se levantará una capilla. El mismo año de su muerte, a 21 de julio de 1610, se empezaron las informaciones sobre su vida y virtudes, las cuales dieron por resultado el que la santidad de Clemente X lo beatificase en el año 1675 y Benedicto XIII lo proclamase Santo en 1726.
 
RAMÓN VARGAS UGARTE (Año Cristiano, Tomo III, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966)
  
ORACIÓN (del Misal Romano-Seráfico)
Oh Dios, que por medio del bienaventurado San Francisco condujiste a muchas gentes de América al seno de tu Iglesia, aparta, por sus méritos y oraciones, tu indignación por nuestros pecados; y a cuantos no te conocen, infunde benigno el temor de tu Nombre. Por. J. C. N. S. Amén.

sábado, 31 de octubre de 2015

MACIELISMO VERSIÓN PERUANA

Informe de Nicole Winfield para ASSOCIATED PRESS
  
EL SODALICIO DE VIDA CRISTIANA, BAJO INVESTIGACIÓN
  
LIMA, Perú (AP) - Un movimiento "católico" con presencia en diversas partes de Sudamérica y Estados Unidos ha revelado bajo presión que un investigador nombrado por el Vaticano está examinando las acusaciones de que su fundador abusó sexualmente de jóvenes reclutas.
  
El escándalo en el Sodalicio de Vida Cristiana, o Sodalítium Christiánæ Vitæ como también se le conoce, tiene paralelos con otros casos de carismáticos líderes "católicos" en Latinoamérica que han sido acusados de abuso sexual, así como de lentitud en las investigaciones eclesiásticas e intentos de evitar que los escándalos salgan a la luz.
  
Esta semana, el secretario general del Sodalicio reveló que el Vaticano efectúa una investigación después de que dos periodistas publicaran un libro que detalla las acusaciones contra su fundador Luis Fernando Figari, de 68 años. 
  
Luis Fernando Figari, fundador del Sodalicio de Vida Cristiana, acusado de abuso sexual
  
Pedro Salinas, el autor principal y exintegrante del movimiento, comenzó sus acusaciones públicas contra Figari desde 2010. El año siguiente tres hombres interpusieron quejas ante un tribunal eclesiástico peruano en las que afirmaban que el fundador de la sociedad abusó de ellos cuando eran menores de edad.
  
No hay indicios de que el tribunal haya hecho nada al respecto, incluido notificar a fiscales del gobierno. Tampoco se sabe cuándo se le informó al Vaticano.
  
El cardenal Juan Luis Cipriani, el arzobispo conservador de Lima con jurisdicción sobre el tribunal, declaró al periódico chileno El Mercurio esta semana que el "tema es lamentable y doloroso", y afirmó que "hemos actuado con absoluta transparencia y rapidez ante un suceso que atañe a un laico de una congregación de derecho pontificio", según fue citado. 
  
Juan Luis Cipriani, Arzobispo conciliar de Lima, Presidente del Tribunal Eclesiástico de Lima y miembro del Opus Dei
 
No se abrió una investigación penal en Perú sino hasta que a mediados de octubre se publicó el libro "Mitad monjes, mitad soldados". Sin embargo, los fiscales dicen que es casi seguro que los presuntos actos ilegales hayan prescrito, ya que habrían ocurrido en las décadas de 1980 y 1990.
 
Fundado en 1971, el Sodalicio tiene presencia en escuelas, iglesias e instalaciones para retiros y tiene filiales y tiene filiales en Perú, Argentina, Colombia, Brasil, Chile, Ecuador, Italia y Estados Unidos. Sus integrantes son "católicos" seculares en su mayor parte, pero también hay clérigos.
  
Después de la publicación del libro, la sociedad emitió tres comunicados de prensa sucesivos a medida que se intensificaba el clamor del público en pro de una mayor transparencia y rendición de cuentas. 
  
Portada del libro "Mitad monjes, mitad soldados", por Pedro Salinas y Paola Uguet
 
Primero, el movimiento reveló que Figari, que no es sacerdote, vive relativamente aislado en una comunidad del Sodalicio en Roma desde 2010 y desde entonces se encuentra fuera de la vida pública. Cuando dejó de ser secretario general, el Sodalicio sólo dijo que Figari dejaba el puesto por razones de salud.
 
Agregó que el actual líder de la sociedad, Alessandro Moroni, decidió en 2014 intensificar el régimen de "oración y retiro" que sigue Figari.
  
No sólo Figari está acusado: el libro dice que el segundo funcionario de mayor rango de la sociedad eclesiástica, el fallecido Germán Doig, fue acusado de agredir sexualmente a un menor de edad. Falleció en 2001. Una década después, luego de que surgieran por primera vez las acusaciones en su contra, la sociedad informó que su causa de beatificación había sido cancelada.

Germán Doig fue el vicario general del Sodalicio. Al morir en 2001 comenzó su proceso de "beatificación", que fue cancelado diez años después, cuando estalló el escándalo.
  
En un segundo comunicado el 21 de octubre, el Sodalicio indicó que las acusaciones del libro "son verosímiles" y deben ser esclarecidas "exhaustivamente". Dijo que había creado una comisión para escuchar quejas de otras posibles víctimas y pidió perdón.
  
"Nos duele y avergüenza profundamente que hechos así hubieran podido ser cometidos por Luis Fernando Figari", agregó.
 
La sociedad señaló que Figari insiste en su inocencia, aunque hizo notar que no lo ha dicho públicamente.
 
Esta semana, en el tercer comunicado, se reveló que el Vaticano nombró a un obispo peruano el 22 de abril para que investigue al Sodalicio. Tres días después, Figari partió de Lima rumbo a Europa, de acuerdo con reportes publicados por la prensa local.
  
La coautora del libro, Paola Ugaz, dijo que ella y Salinas escribieron en enero a la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica del Vaticano detallando las acusaciones contra Figari. Nunca recibieron una respuesta, señaló. Pero el funcionario al que le escribieron, el arzobispo José Rodríguez Carballo, firmó el decreto del 22 de abril.
  
El escándalo es similar a uno en Chile relacionado con el padre Fernando Karadima, un sacerdote carismático al que la Iglesia sentenció en 2011 a una vida de penitencia y oración por abusar sexualmente de jóvenes. El arzobispo local estuvo informado de las acusaciones contra Karadima durante años, negándose a creer en ellas, y sólo se las hizo saber al Vaticano después de que el escándalo estallara a nivel mundial en 2010.
     
El caso también tiene similitudes con un escándalo en la Legión de Cristo, fundada y encabezada por el fallecido sacerdote mexicano Marcial Maciel. Durante el papado de Juan Pablo II, el Vaticano hizo caso omiso de acusaciones verosímiles contra Maciel relacionadas con abusos sexuales y puso en duda lo dicho por sus víctimas. No fue sino hasta 2006 que actuó, aplicándole la misma sentencia que a Karadima.

Las acusaciones contra Figari y Doig (y el encubrimiento por parte del Sodalicio y altos prelados peruanos), recuerdan lo que en su día fue el mexicano Marcial Maciel en la Legión de Cristo, y la protección que Wojtyla le dispensara
  
El obispo peruano asignado a la investigación de Figari, el padre Fortunato Pablo Urcey, de la prelatura de Chota, recibió la orden en el decreto de "verificar la real autenticidad de todas las acusaciones formuladas tanto recientes como en el pasado" contra Figari y elaborar un informe completo.
  
Pero Urcey, secretario general de la Conferencia Episcopal Peruana, dijo en una entrevista de radio esta semana que no se considera tanto un investigador al respecto, sino más bien un "visitador".
  
"Me gusta más el título 'visitador' que 'investigador' porque no soy investigador", afirmó, señalando su título oficial como "visitador apostólico". Durante la entrevista, hizo énfasis en tres ocasiones en que haría todo lo que pudiera para "salvar el carisma de esta congregación", refiriéndose a la espiritualidad que la distingue.
  
Urcey no devolvió los mensajes telefónicos que le dejó The Associated Press. Los esfuerzos para contactar a un portavoz del tribunal eclesiástico de Lima también fueron infructuosos. Las deliberaciones de dicho organismo son secretas.
  
El líder actual del Sodalicio, Moroni, dijo en una entrevista con el periódico El Comercio esta semana que se puso en contacto con el tribunal hace más de dos años con relación a las acusaciones que enfrenta Figari. Las autoridades de dicho tribunal "respondieron que son un órgano independiente, que no tenían que darnos ningún tipo de información hasta que tomaran una decisión".
  
En un artículo publicado el viernes, Salinas instó a que se destituyera a Moroni y lo describió como cómplice en una cultura de abusos que, afirmó, incluyó un incidente en el que Figari le quemó el brazo con la llama de una vela durante aproximadamente un minuto delante de otros iniciados.
  
El Instituto de Defensa de los Derechos del Menor, una organización no gubernamental peruana, les solicitó a los fiscales la semana pasada que investiguen a Cipriani, al arzobispo de Lima y a un miembro de la congregación del Opus Dei por obstrucción de la justicia.
  
Su presidente, Daniel Vega, dijo que ninguno de los hombres que interpusieron quejas contra Figari ante el tribunal fue contactado por éste posteriormente.
  
"Hay una conducta recurrente del cardenal y todo su equipo de ocultar los delitos y no dar cuenta a la justicia ordinaria", afirmó.