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viernes, 24 de enero de 2020

CANTO «Nous voulons Dieu!»

  
Canto compuesto por el padre François-Xavier Moreau, Cura de Sorigny en Indre y Loira, para el Peregrinaje de la Turena el 11 de Septiembre de 1882. La música es la misma del «Tú reinarás».

FRANCÉS
Nous voulons Dieu, Virge Marie,
Prête l’oreille à nos accents;
Nous t’implorons, Mère chérie,
Viens au secours de tes enfants.

REFRAIN: Bénis, ô tendre Mère,
Ce cri de notre foi:
Nous voulons Dieu, c’est notre Père;
Nous voulons Dieu, c’est notre Roi. (bis)

Nous voulons Dieu, car les impies
Contre Lui se sont soulevés,
Et dans l’excès de leur furie,
Ils Le bravent, les insensés!

REFRAIN: Bénis, ô tendre Mère,
Ce cri de notre foi:
Nous voulons Dieu, c’est notre Père;
Nous voulons Dieu, c’est notre Roi. (bis)

Nous voulons Dieu! Ce cri de l’âme,
Que nous poussons à Ton autel,
Ce cri d’amour qui nous enflamme,
Par Toi, qu'il monte jusqu’au ciel.

REFRAIN: Bénis, ô tendre Mère,
Ce cri de notre foi:
Nous voulons Dieu, c’est notre Père;
Nous voulons Dieu, c’est notre Roi. (bis)

Nous voulons Dieu dans nos familles,
Dans l’âme de nos chers enfants;
Pour que la foi s’accroisse et brille
A nos foyers reconnaissants.

REFRAIN: Bénis, ô tendre Mère,
Ce cri de notre foi:
Nous voulons Dieu, c’est notre Père;
Nous voulons Dieu, c’est notre Roi. (bis)

Nous voulons Dieu dans nos écoles,
Afin qu’on enseigne à nos fils
Sa Loi, ses divines Paroles,
Sous le regard du Crucifix.

REFRAIN: Bénis, ô tendre Mère,
Ce cri de notre foi:
Nous voulons Dieu, c’est notre Père;
Nous voulons Dieu, c’est notre Roi. (bis)

Nous voulons Dieu! Sa sainte Image
Doit présider aux jugements;
Nous Le voulons au mariage
Comme au chevet de nos mourants.

REFRAIN: Bénis, ô tendre Mère,
Ce cri de notre foi:
Nous voulons Dieu, c’est notre Père;
Nous voulons Dieu, c’est notre Roi. (bis)

Nous voulons Dieu dans notre armée
Afin que nos jeunes soldats,
En défendant la France aimée,
Soient des héros dans les combats.

REFRAIN: Bénis, ô tendre Mère,
Ce cri de notre foi:
Nous voulons Dieu, c’est notre Père;
Nous voulons Dieu, c’est notre Roi. (bis)

Nous voulons Dieu, pour que l’Église
Puisse enseigner la Vérité́,
Combattre l’erreur qui divise,
Prêcher à tous la charité́.

REFRAIN: Bénis, ô tendre Mère,
Ce cri de notre foi:
Nous voulons Dieu, c’est notre Père;
Nous voulons Dieu, c’est notre Roi. (bis)

Nous voulons Dieu! De sa Loi sainte,
Jurons d’être les défenseurs,
De Le servir libres, sans crainte;
Jusqu’à la mort à Lui nos cœurs!

REFRAIN: Bénis, ô tendre Mère,
Ce cri de notre foi:
Nous voulons Dieu, c’est notre Père;
Nous voulons Dieu, c’est notre Roi. (bis)
  
Nous voulons Dieu! Le ciel se voile
La tempête agite les flots;
Brille sur nous, ô blanche étoile,
Conduis au port les matelots.

REFRAIN: Bénis, ô tendre Mère,
Ce cri de notre foi:
Nous voulons Dieu, c’est notre Père;
Nous voulons Dieu, c’est notre Roi. (bis)
  
Nous voulons Dieu! Que sa clémence,
Exauce nos ardents désirs;
S’ils faut du sang pour ta défense,
Seigneur, nous seront tes martyrs!

REFRAIN: Bénis, ô tendre Mère,
Ce cri de notre foi:
Nous voulons Dieu, c’est notre Père;
Nous voulons Dieu, c’est notre Roi. (bis)
  
Chrétiens, notre antique alliance,
Renouons-la dans ce sainte lieu;
Et crions au nom de la France;
Oui, Dieu le veut! Nous voulons Dieu!

REFRAIN: Bénis, ô tendre Mère,
Ce cri de notre foi:
Nous voulons Dieu, c’est notre Père;
Nous voulons Dieu, c’est notre Roi. (bis)
  
TRADUCCIÓN
Queremos a Dios, Virgen María,
Presta oído a nuestras voces,
Te imploramos, Madre querida,
Ven a socorrer a tus hijos.

CORO: Bendice, oh tierna Madre,
Este grito de nuestra fe:
Queremos a Dios, es nuestro Padre;
Queremos a Dios, es nuestro Rey. (bis)
   
Queremos a Dios, porque los impíos
Contra Él se han sublevado,
Y en el exceso de su furia,
¡Ellos Le desafían, los insensatos!

CORO: Bendice, oh tierna Madre,
Este grito de nuestra fe:
Queremos a Dios, es nuestro Padre;
Queremos a Dios, es nuestro Rey. (bis)

¡Queremos a Dios! Este grito del alma,
Que ponemos en Tu Altar,
Este grito de amor que nos inflama,
Por Ti, que llegue hasta el cielo.

CORO: Bendice, oh tierna Madre,
Este grito de nuestra fe:
Queremos a Dios, es nuestro Padre;
Queremos a Dios, es nuestro Rey. (bis)

Queremos a Dios en nuestras familias,
En el alma de nuestros queridos hijos,
Para que la fe crezca y brille
En nuestros hogares agradecidos.

CORO: Bendice, oh tierna Madre,
Este grito de nuestra fe:
Queremos a Dios, es nuestro Padre;
Queremos a Dios, es nuestro Rey. (bis)

Queremos a Dios en nuestras escuelas,
A fin que se enseñe a nuestros hijos
Su Ley, sus divinas Palabras,
Bajo la mirada del Crucifijo.

CORO: Bendice, oh tierna Madre,
Este grito de nuestra fe:
Queremos a Dios, es nuestro Padre;
Queremos a Dios, es nuestro Rey. (bis)

¡Queremos a Dios! Su santa Imagen
Debe presidir los juicios;
Le queremos en el matrimonio
Como en la cabecera de nuestros moribundos.

CORO: Bendice, oh tierna Madre,
Este grito de nuestra fe:
Queremos a Dios, es nuestro Padre;
Queremos a Dios, es nuestro Rey. (bis)

Queremos a Dios en nuestro ejército
A fin que nuestros jóvenes soldados,
Defendiendo la Francia amada,
Sean los héroes en los combates.

CORO: Bendice, oh tierna Madre,
Este grito de nuestra fe:
Queremos a Dios, es nuestro Padre;
Queremos a Dios, es nuestro Rey. (bis)

Queremos a Dios, para que la Iglesia
Pueda enseñar la Verdad,
Combatir el error que divide,
Predicar a todos la caridad.

CORO: Bendice, oh tierna Madre,
Este grito de nuestra fe:
Queremos a Dios, es nuestro Padre;
Queremos a Dios, es nuestro Rey. (bis)

¡Queremos a Dios! De su Ley santa,
Juramos ser los defensores,
ServirLe libres, sin miedo;
¡A Él nuestros corazones hasta la muerte!

CORO: Bendice, oh tierna Madre,
Este grito de nuestra fe:
Queremos a Dios, es nuestro Padre;
Queremos a Dios, es nuestro Rey. (bis)
  
¡Queremos a Dios! El cielo se cubre,
La tempestad agita las olas;
Brilla sobre nosotros, ¡oh blanca estrella!
Conduce a puerto a los marineros.

CORO: Bendice, oh tierna Madre,
Este grito de nuestra fe:
Queremos a Dios, es nuestro Padre;
Queremos a Dios, es nuestro Rey. (bis)
  
¡Queremos a Dios! Que su clemencia
Cumpla nuestros fervientes deseos;
Si falta sangre por tu defensa,
Señor, seremos tus mártires.

CORO: Bendice, oh tierna Madre,
Este grito de nuestra fe:
Queremos a Dios, es nuestro Padre;
Queremos a Dios, es nuestro Rey. (bis)
  
Cristianos, nuestra antigua alianza
Renovémosla en este lugar,
Y gritemos en nombre de Francia,
¡Sí, Dios lo quiere! ¡Nosotros queremos a Dios!

CORO: Bendice, oh tierna Madre,
Este grito de nuestra fe:
Queremos a Dios, es nuestro Padre;
Queremos a Dios, es nuestro Rey. (bis)

jueves, 7 de noviembre de 2019

CONSAGRACIÓN PERSONAL A CRISTO REY



LATÍN
Dómine Jesu Christe, te confíteor Regem universálem. Omnia, quæ facta sunt, pro te sunt creáta. Omnia jura tua exérce in me. Rénovo vota Baptísmi, abrenúntians sátanæ, ejúsque pompis et opéribus, et promítto me victúrum ut bonum Christiánum. Ac potíssimum me oblígo operári quantum in me est, ut triúmphent Dei jura tuǽque Ecclésiæ. Divínum Cor Jesu, óffero tibi actiónes meas ténues ad obtinéndum, ut corda ómnia agnóscant tuam sacram Regalitátem, et ita tuæ pacis regnum stabiliátur in toto terrárum orbe. Amen. Pater Noster... Ave Maria... Gloria Patri...
 
TRADUCCIÓN
¡Oh Señor Jesucristo! Te confieso por Rey universal. Todo cuanto ha sido hecho Tú lo has creado. Ejerce sobre mí todos tus derechos. Renuevo las promesas de mi Bautismo, renunciando a satanás, a sus seducciones y a sus obras; y prometo vivir como buen Cristiano. Muy especialmente me comprometo a procurar, según mis medios, el triunfo de los derechos de Dios y de tu Iglesia. Divino Corazón de Jesús, te ofrezco mis pobres obras para conseguir que todos los corazones reconozcan tu sagrada Realeza, y para que así se establezca en todo el mundo el Reino de tu Paz. Amén. Padre Nuestro... Ave María... Gloria al Padre... 

domingo, 27 de octubre de 2019

EL DESTRONAMIENTO CONCILIAR A CRISTO REY EN EL BREVIARIO Y EL MISAL

  
Algo extraño debe estar pasando en el mundo si muchos conciliares presumen de la fiesta novusordiana de Cristo Rey y citan la encíclica Quas Primas del Papa Pío XI, como si las dos fueran compatibles en alguna forma. Para los que seguimos el ciclo litúgico romano tradicional, la Fiesta de Cristo Rey llega casi un mes antes, y en la forma en que Pío XI la estableció.
 
En la Misa de Nuestro Señor Jesucristo Rey (y el Divino Oficio del día), la Oración dice: «Omnípotens sempitérne Deus, qui in dilécto Fílio tuo, universórum Rege, ómnia instauráre voluísti: concéde propítius; ut cunctæ famíliæ géntium, peccáti vúlnere disgregátæ, ejus suavíssimo subdántur império: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus per ómnia sǽcula sæculórum» [Omnipotente y sempiterno Dios, que en tu amado Hijo, Rey universal quisiste restaurarlo todo: concédenos propicio que todos los pueblos, disgregados por la herida del pecado, se sometan a su suavísimo imperio. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos]. Amen.
  
En cambio, la Oración en el Novus Ordo para la Cristo Rey del Universo dice: «Omnípotens sempitérne Deus, qui in dilécto Fílio tuo, universórum Rege, ómnia instauráre voluísti, concéde propítius, ut tota creatúra, a servitúte liberáta, tuae maiestáti desérviat ac te sine fine colláudet. Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus per ómnia sǽcula sæculórum» [Dios todopoderoso y eterno, que quisiste recapitular todas las cosas en tu Hijo muy amado, Rey del Universo, haz que la creación entera, liberada de la esclavitud, sirva a tu majestad y te glorifique sin fin. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos]. Amen.
 
Como se puede ver, la Colecta fue mutilada intencionalmente. Aunque no hay nada de malo con la nueva oración, no coincide con la intención del Papa Ratti, cuyo lema era precisamente «Pax Christi in regno Christi» (La paz de Cristo en el reino de Cristo): proclamar el Reinado de Cristo EN LA SOCIEDAD. La nueva colecta lo que hace es esperar un reinado celestial que sólo se cumplirá al Fin de los Tiempos, como se hace ver en las lecturas de la fiesta modernista:
  1. Ciclo A:
    • Primera lectura: Ezequiel 34, 11-12, 15-17
    • Segunda lectura: 1 Corintios 15, 20-26, 28
    • Evangelio: San Mateo 25, 31-46
  2. Ciclo B:
    • Primera lectura: Daniel 7, 13-14
    • Segunda lectura: Apocalipsis 1, 5-8;
    • Evangelio: San Juan 18, 33-37 -el mismo de la Misa tradicional-.
  3. Ciclo C:
    • Primera lectura: 2 libro de Samuel 5, 1-3;
    • Segunda lectura: Colosenses 1, 12-20 -la lección de la Misa tradicional-;
    • Evangelio: San Lucas 23, 35-43.
¿Por qué este cambio de perspectiva? ¿Qué implicaciones tiene? ¿Quién está detrás de estos cambios? Volveremos después sobre esto.  
Es indiscutible, por otro lado, que Dignitátis Humánæ, la Declaración del Concilio Vaticano II sobre Libertad Religiosa, no reafirmó la auténtica enseñanza papal sobre el reinado social de Cristo Rey. Es ciertamente indiscutible que también contradice la enseñanza papal sobre la Iglesia y el estado expuesta, entre otras, por Inocencio III y Bonifacio VIII, en Annum SacrumImmortále Dei, Sapiéntiæ Christiánæ y Libértas præstantíssimum (de León XIII), Veheménter nos (San Pío X),  Ubi arcáno Dei consílioQuas Primas, Divíni Redemptóris, Mit brennender Sorge y Non abbiamo bisogno (de Pío XI), y Summi Pontificátus (de Pío XII). Enseñanza, Arma veritátis, que el cardenal Ottaviani describió como «parte del patrimonio de la doctrina católica».
 
La defensa más académica de Dignitátis Humánæ fue escrita por un presbítero conciliar australiano, Brian W. Harrison OS. Harrison, convertido del presbiterianismo, es un erudito de integridad completa, que no intenta defender lo que es indefendible. Él escribe:
«Aún más llamativo que la omisión de Dignitátis humánæ de cualquier reiteración obvia de la obligación de las autoridades públicas de reconocer el catolicismo como únicamente verdadero (sin mencionar la posterior eliminación de oraciones e himnos que expresan esta enseñanza de la nueva Misa y el oficio de Cristo Rey), es la afirmación de la Declaración conciliar de ciertas ideas que tienen al menos una apariencia prima facie de contradecir declaraciones papales anteriores. [Religious Liberty and Contraception (Melbourne, 1988), pág. 14].
Las alteraciones litúrgicas con relación a la fiesta a que hace referencia el padre Harrison en el párrafo anterior, son incluso más chocantes en el breviario. Por ejemplo, apartes de Quas Primas que fueron originalmente asignados para su lectura en Maitines han sido removidos en favor de una exhortación esjatológica del sacerdote Orígenes Adamancio de Alejandría (Texto latino tomado de https://brewiarz.pl/latin/rex/officium_lectionis.php3; traducción tomada de la Colección ‘Los Santos Padres’, nº 54. Madrid, Ed. Apostolado Mariano, 1999 https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=pa_o12790):
  
LATÍN
«Si regnum Dei, juxta verbum Dómini et Servatóris nostri, cum observatióne non venit, neque dicent: Ecce hic aut ecce illic; sed regnum Dei intra nos est, nam prope est verbum valde in ore nostro et in corde nostro: procul dúbio is qui regnum Dei adveníre precátur, de eo quod in se habet regno Dei recte orat, ut oriátur et fructus ferat et perficiátur. Nam in quólibet sanctórum Deus regnat et quílibet sanctus spiritálibus obséquitur légibus Dei, qui in ipso hábitat ut in recte administráta civitáte. Præsens ei Pater adest et conrégnat Patri Christus in illa ánima perfécta juxta illud: Ad eum veniémus, et mansiónem apud eum faciémus.
 
Tunc ergo id quod in nobis est regnum Dei perpétuo procedéntibus nobis ad summum pervéniet, cum illud implétum fúerit quod Apóstolus ait, Christum subjéctis sibi ómnibus inimícis traditúrum regnum Deo et Patri, ut sit Deus ómnia in ómnibus. Propter hoc indesinénter orántes ea ánimi affectióne, quæ Verbo divína fiat, dicámus Patri nostro, qui in cœlis est: Sanctificétur nomen tuum, advéniat regnum tuum.
 
Id quoque de regno Dei percipiéndum est: sicut non est participátio justítiæ cum iniquitáte, neque socíetas lucis ad ténebras, neque convéntio Christi ad Bélial: sic regnum Dei cum regno peccáti stare non posse.
  
Ergo si Deum in nobis regnáre vólumus, nullo modo regnet peccátum in nostro mortáli córpore, sed mortificémus membra nostra, quæ sunt super terram et fructificémus Spíritu; ut in nobis, quasi in spiritáli paradíso, Deus obámbulet regnétque solus in nobis cum Christo suo, qui sédeat in nobis a dextris virtútis illíus spiritális, quam optámus accípere: sedeátque donec inimíci ejus omnes, qui in nobis sunt, fiant scabéllum pedum ejus et evacuétur in nobis omnis principátus et potéstas et virtus.
  
Possunt enim hæc in unoquóque nostrum fíeri et novíssima inimíca déstrui mors; ut et in nobis Christus dicat: Ubi est, mors, stímulus tuus? Ubi est, inférne, victória tua? Jam nunc ígitur corruptíbile nostrum induátur sanctitátem et incorruptiónem; et mortále, evacuáta morte, patérnam induátur immortalitátem, ut in nobis, regnánte Deo, in regeneratiónis jam resurrectionísque bonis versémur». (ORÍGENES ADAMANCIO, Tratado de la Oración, cap. XXV: Venga tu reino. En MIGNE, Patrología Græca XI, cols. 495-499)
TRADUCCIÓN
«1. El reino de Dios, según palabras de nuestro Señor y salvador, “viene sin dejarse sentir. No dirán: ‘Vedlo aquí o allí’ sino que el reino de Dios está ya entre vosotros” (Lc 17,20-21). “Porque la palabra está bien cerca de ti, está en tu boca y en tu corazón para que la pongas en práctica” (Dt 30,14; Rm 10,8). Según esto, es claro que quien ora lo hace para que el reino de Dios nazca dentro de él, lleve fruto y se perfeccione. Porque toda persona santa es guiada por Dios, cumple sus leyes espirituales y permanece en sí mismo como en ciudad bien ordenada. Presente en él está el Padre y reina con el Hijo en aquel alma perfecta, según el versículo un poquito antes citado: “Y vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14,23; Mt 13,23; Mc 4,20; Lc 8,15). Pienso que ha de entenderse por reino de Dios el bienestar espiritual de la mente que regula y ordena los sabios pensamientos. El reino de Cristo consiste en las sabias palabras dirigidas a quienes escuchan y en las buenas obras y otras virtudes que llevan a cabo. “Porque el Hijo de Dios es para nosotros sabiduría y justicia” (1Cor 1,30). El pecador, en cambio, está bajo la tiranía del príncipe de este mundo (1Cor 2,6. 8; 2Cor 4,4). Todo pecador se hace amigo de este mundo, porque no se entrega a aquel “que se entregó a sí mismo por nuestros pecados para librarnos de este perverso mundo conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre”, como se dice en la Carta a los gálatas (Ga 1,4). Quien libremente se somete a la tiranía del príncipe de este mundo está dominado por el pecado. Por lo cual, Pablo nos pide que no permanezcamos más en pecado, pues nos esclaviza. Nos amonesta en los siguientes términos: “No reine, pues el pecado en vuestro cuerpo mortal de modo que obedezcáis a sus apetencias” (Rm 6,12).
 
2. Con relación a las dos peticiones “santificado sea tu nombre” y “venga tu reino” dirá alguno que si llega el momento en que su oración es escuchada, según queda dicho, habrá llegado el tiempo en que sea santificado el nombre de Dios y, por tanto, habrá llegado su reino. Si esto sucede, ¿cómo podrá continuar pidiendo razonablemente por lo que ya está presente como si aún estuviese ausente y seguir diciendo “santificado sea tu nombre, venga tu Reino”? A esto se responde. Quien pide “palabras de ciencia o palabras de sabiduría” (1Cor 12,8) siempre lo pide con rectitud, pues siendo escuchado acrecentará su sabiduría y ciencia. Pero conocerá “en parte” solamente por mucho que pueda conseguir en la vida presente. Y lo perfecto, que hace desaparecer “lo que es en parte” aparecerá “entonces” cuando la mente contemple “cara a cara” las realidades inteligibles por encima de las percepciones sensibles (1Cor 13,9-12). De igual modo ninguno de nosotros podrá lograr que sea santificado el nombre de Dios y que venga su reino mientras no alcance la perfección del conocimiento y sabiduría, y probablemente de otras virtudes también.
  
Nos hallamos en camino de perfección siempre que “olvidando lo que está detrás nos lanzamos a lo que está por delante” (Flp 3,14). A medida que progresamos alcanzaremos la cima del reino de Dios cumpliéndose la palabra del apóstol: “Cuando Cristo entregue a Dios Padre el Reino... para que Dios sea todo en todo” (1Cor 15,24-28). Por lo cual oremos “sin cesar” (1 Tes 5,17) como divinizados por el Verbo y digamos a nuestro Padre que está en el cielo: “Santificado sea tu nombre, venga tu reino”.
  
3. Aclaremos un punto sobre el reino de Dios. Como no hay “relación entre la justicia y la iniquidad, ni entre la luz y las tinieblas, ni armonía entre Cristo y Belial” (2Cor 6,14-15) no pueden darse en el mismo sujeto reino de Dios y reino del pecado. Por tanto, si queremos que Dios reine en nosotros, “no reine en modo alguno el pecado en nuestro cuerpo mortal” (Rm 6,12) ni sigamos sus preceptos cuando llama a nuestra alma para obras de la carne y cosas contrarias a Dios. Antes bien “mortifiquemos nuestros miembros terrenos” (Col 3,5) y produzcamos frutos del Espíritu (Ga 5,22; Jn 15,8. 16) para que el Señor se pasee dentro de nosotros, como si en realidad fuésemos un paraíso espiritual (Gn 3,8; 2Cor 6,16). Reine él solo sobre nosotros con su Cristo entronizado en el alma a la derecha del poder espiritual que deseamos alcanzar. Allí reine hasta que todos sus enemigos lleguen a ser escabel de sus pies. Desaparezcan sus enemigos con su autoridad y poder (1Cor 15,24; Mt 26,64; Mc 14,62; Lc 22,69; Sal 110,1; Is 66,1). Esto puede suceder en cada uno de nosotros llegando a destruir el último enemigo que es la muerte, para que Cristo pueda decir en nosotros: “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?” (1Cor 15,26. 55). Que lo corruptible en nosotros se vista de “incorruptibilidad”. “Que este ser mortal se revista de inmortalidad” (1Cor 15,53-54) para que reinando Dios en nosotros participemos de los bienes de la “regeneración y resurrección” (Mt 19,28)».
La Iglesia nunca ha dejado de pedir la venida del Reino de Dios, como quiera que en la Oración Dominical se dice: «Advéniat regnum tuum». Pero a continuación dice: «Fiat volúntas tua, sicut in cœlo et in terra». Y la voluntad de Dios es que Él debe reinar en todo hombre, aspecto, nación y lugar (incluso en el mismo Infierno), y ante su Santo Nombre se doble toda rodilla. La Voluntad de Dios también es que la Santa Madre Iglesia defina e interprete la Sana Doctrina, que se establezca el Orden Social Católico en todas las naciones, y que los Estados nacionales reconozcan que de Dios han recibido toda autoridad.
  
En cuanto a los himnos para el Divino Oficio en honor a Cristo Rey, el padre Vittorio Genovesi SJ compuso en 1925 el “Ætérna Imágo Altíssimi”, que se recita (o canta) en las Maitines:
  
LATÍN
Ætérna Imago Altíssimi,
Lumen, Deus, de Lúmine,
Tibi, Redémptor glória,
Honor, potéstas regia.
  
Tu solus ante sǽcula
Spes atque centrum témporum,
Cui jure sceptrum géntium
Pater supremum crédidit.
  
Tu flos pudícæ Vírginis,
Nostræ caput propáginis,
Lapis cadúcus vértice
Ac mole terras óccupans.
  
Diro tyránno súbdita,
Damnáta stirps mortálium,
Per te refrégit víncula
Sibíque cœlum víndicat.
  
Doctor, Sacérdos, Légifer
Præfers notátum sánguine
In veste «Princeps príncipum
Regúmque Rex Altíssimus».
  
Tibi voléntes súbdimur,
Qui jure cunctis ímperas:
Hæc cívium beátitas
Tuis subésse légibus.
    
Jesu, tibi sit glória,
Qui sceptra mundi témperas,
Cum Patre, et almo Spíritu,
In sempitérna sǽcula. Amen.
  
TRADUCCIÓN
Eterna imagen del Altísimo,
Oh Dios, Luz de Luz,
A Ti, Redentor, sea la gloria,
El honor y la potestad real.
 
A Ti solo, antes de todos los siglos,
Esperanza y centro de los tiempos,
A Ti, por derecho el Padre
Te confió el cetro de las naciones.
  
Tú, Flor de la Virgen castísima
Y Cabeza de nuestro linaje:
Tú, Piedra que cae del monte
Y Mole que ocupa las tierras.
  
Sometida a un cruel Tirano,
La raza condenada de los mortales,
Por Ti pudo romper las cadenas
Y vindicar el Cielo para sí.
  
Doctor, Sacerdote, Legislador,
Llevas en el vestido, marcado a Sangre:
«Príncipe de los príncipes
Y Altísimo Rey de los reyes».
  
A Ti, que por derecho gobiernas sobre todos,
Nos sometemos de todo corazón:
Que la felicidad de esta ciudad
Está en la sumisión a tus leyes.
  
A Ti, Jesús, que gobiernas los cetros del mundo,
Sea la gloria a Ti, con el Padre
Y el Espíritu Santo,
Por los siglos sempiternos. Amén.
  
De “Ætérna Imágo Altíssimi”, los modernistas en la Liturgia de las Horas remplazaron el segundo hemistiquio de la segunda estrofa por un admonitorio «Tibi voléntes súbdimur/Qui jure cunctis ímperas» (A ti, que por derecho imperas sobre todos, Queramos obedecer) y suprimieron las dos últimas estrofas.
   
Y aún más lejos llegaron al suprimir el himno “Vexílla Christus Ínclita” (también de la autoría del padre Genovesi, a partir del “Vexílla Regis” del Viernes Santo) de las Laudes:
  
LATÍN
Vexílla Christus ínclita
Late triúmphans éxplicat:
Gentes adéste súpplices,
Regíque regum pláudite.
  
Non Ille regna cládibus:
Non vi metúque súbdidit
Alto levátus stípite,
Amóre traxit ómnia.
  
O ter beáta cívitas
Cui rite Christus ímperat,
Quæ jussa pergit éxsequi
Edícta mundo cœ́litus!
  
Non arma flagrant ímpia,
Pax usque firmat fœ́dera,
Arrídet et concórdia,
Tutus stat ordo cívicus.
  
Servat fides connúbia,
Juvénta pubet íntegra,
Pudíca florent límina
Domésticis virtútibus.
  
Optáta nobis spléndeat
Lux ista, Rex dulcíssime:
Te, pace adépta cándida,
Adóret orbis súbditus.
  
Jesu, tibi sit glória,
Qui sceptra mundi témperas,
Cum Patre, et almo Spíritu,
In sempitérna sǽcula. Amen.
  
TRADUCCIÓN
Cristo triunfante despliega
Su ínclito estandarte:
Naciones, venid suplicantes,
Aplaudid al Rey de los reyes.
  
Él no reina es por los combates,
Ni somete por la fuerza o el miedo:
Elevado sobre una alta columna,
Atrae a todos por el amor.
   
¡Oh tres veces bienaventurada la ciudad
Donde Cristo impera plenamente,
Y que se emplea en obedecer las leyes
Que el Cielo dicta al mundo!
  
No arden las armas impías,
La paz confirma todas las alianzas,
Sonríe la concordia
Y se asegura el orden cívico.
  
La fidelidad guarda los matrimonios,
La juventud crece en la integridad,
Y florecen radiantes e intachables
Las virtudes domésticas.
    
Esta luz deseada, que brilla para nosotros,
Oh Rey dulcísimo:
Adórete el mundo sumiso,
Gozando de una paz radiante.
  
Y el himno “Te sæculórum Príncipem” (también del padre Genovesi), recitado en las Primeras y Segundas Vísperas de la Fiesta de Nuestro Señor Jesucristo, Rey:
  
LATÍN
Te sæculórum Príncipem,
Te, Christe, Regem géntium,
Te méntium, te córdium
Unum fatémur árbitrum.
  
Scelésta turba clámitat:
Regnáre Christum nólumus:
Te nos ovántes ómnium
Regem suprémum dícimus.
  
O Christe, Princeps Pácifer,
Mentes rebélles súbice:
Tuóque amóre dévios,
Ovíle in unum cóngrega.
  
Ad hoc cruénta ab árbore
Pendes apértis brácchiis,
Diráque fossum cúspide
Cor igne flagrans éxhibes.
  
Ad hoc in aris ábderis
Vini dapísque imágine,
Fundens salútem fíliis
Transverberáto péctore.
  
Te natiónum Prǽsides
Honóre tollant público,
Colant magístri, júdices,
Leges et artes éxprimant.
  
Submíssa regum fúlgeant
Tibi dicáta insígnia:
Mitíque sceptro pátriam
Domósque subde cívium.
  
Jesu, tibi sit glória,
Qui sceptra mundi témperas,
Cum Patre, et almo Spíritu,
In sempitérna sǽcula. Amen.

℣. Data est mihi omnis potéstas.
℞. In cœlo et in terra.

(In secundas Vesperas:
℣. Multiplicábitur ejus impérium.
℞. Et pacis non erit finis).
    
ORACIÓN
Omnípotens sempitérne Deus, qui in dilécto Fílio tuo, universórum Rege, ómnia instauráre voluísti: concéde propítius; ut cunctæ famíliæ géntium, peccáti vúlnere disgregátæ, ejus suavíssimo subdántur império: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus per ómnia sǽcula sæculórum. Amen
  
TRADUCCIÓN
A Ti, Príncipe de los siglos,
A Ti, oh Cristo, Rey de las gentes,
A Ti te confesamos único Señor
De las inteligencias y de los corazones.
  
Una turba criminal vocifera
“¡No queremos que reine Cristo!”,
Pero nosotros, con nuestras ovaciones,
Te proclamamos Rey supremo.
  
¡Oh Cristo, Príncipe de la Paz!
Somete a las almas rebeldes,
Y a los extraviados reúnelos con tu amor
En un solo redil.
    
Para eso estás colgado de un árbol
Sangriento con los brazos abiertos,
Y muestras tu Corazón por cruel lanza
Traspasado y ardiendo de amor.
  
Para eso te ocultas en los altares,
Bajo la figura del vino y del pan,
Derramando la salvación para tus hijos
Por tu traspasado pecho.
  
A Ti los que mandan en las naciones,
Te ensalcen con públicos honores,
Te honren los maestros y los jueces,
Te reproduzcan las leyes y las artes.
  
Las insignias regias,
Sumisas, a Ti se dediquen:
Y somete a tu suave cetro
La patria y las casas de los ciudadanos.
  
A Ti, Jesús, que gobiernas los cetros del mundo
Sea la gloria, con el Padre
Y el Espíritu Santo,
Por los siglos sempiternos. Amén.
   
℣. Me ha sido dado todo poder.
℞. En el cielo y en la tierra.

(En las segundas vísperas:
℣. Se multiplicará su imperio.
℞. Y la paz no tendrá fin).
  
ORACIÓN
Omnipotente y sempiterno Dios, que en tu amado Hijo, Rey universal quisiste restaurarlo todo: concédenos propicio que todos los pueblos, disgregados por la herida del pecado, se sometan a su suavísimo imperio. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
  
En “Te sæculórum Príncipem”, la Iglesia pide a Cristo que reúna a los extraviados en un solo redil (la Iglesia), por la cual murió en la Cruz, permanece oculto en la Divina Eucaristía e hizo brotar la gracia de la salvación, expesando en forma explícita la doctrina de Extra Ecclésiam Nulla Salus; y señala que la causa de todos los males sociales es el rechazo del mundo a la Realeza de Cristo (cf. Salmo II, 2-3), que por derecho debe gobernar sobre los poderes seculares y atrae la bienaventuranza a quienes se someten de grado a Sus mandatos (como lo expresa el himno “Ætérna Imágo Altíssimi”). Los modernistas hicieron en 1968 suprimir las palabras Scelésta turba (“Turba criminal”, o también “Turba depravada”) de la estrofa 2; y en 1971, cuando salió publicada la Liturgia de las Horas, suprimieron del todo la estrofa 2 y las tres últimas, además del cambio señalado arriba en la Oración.
     
Habíamos dicho al comienzo que luego del Vaticano II, toda referencia al Reinado Social de Cristo desapareció de un plumazo, sustituyéndola por un reinado venidero de carácter esjatológico. Y entonces, para ellos, ¿quién debe reinar hic et nunc (aquí y ahora) en la tierra? La Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, la Declararación Universal de los Derechos Humanos (y sus distintas versiones regionales en la OEA, la UE y la OUA), en última instancia, las Naciones Unidas (a la que Bergoglio dice que hay que obedecer). O lo que es lo mismo, ¡la Francmasonería (y la Judería Internacional, que está detrás de ella), que inspiró a todo lo anterior!. El padre Denis Fahey escribió:
«Que la preparación y el triunfo de la Revolución Francesa fueron obra de la francmasonería no necesita pruebas, puesto que los mismos masones presumen de ello [La Franc-Maçonnerie française et la Préparation de la Révolution, por el H∴ Gaston Martin. Cf. La dictadure des Puissances Occultes, por Léon de Poncins, págs. 80-95]. Consecuentemente, la Declaración de los Derechos del Hombre es un producto masónico. “Cuando cayó La Bastilla”, dijo Monsieur Bonnet, orador en la Asamblea del Gran Oriente en 1904, “la masonería tuvo el honor supremo de dar a la humanidad la carta que había elaborado amorosamente. Fue nuestro hermano, [Marie-Joseph Paul Yves Roch Gilbert du Motier, Marqués] de la Fayette, quien primero presentó el ‘proyecto de una declaración de los derechos naturales del hombre y del ciudadano viviente en sociedad’, para ser el primer capítulo de la Constitución. El 25 de agosto de 1789, la Asamblea Constituyente, de la cual más de 300 miembros eran masones, adoptó definitivamente, casi palabra por palabra, en la forma determinada en las Logias, el texto de la inmortal Declaración de los Derechos del Hombre”. Dado el naturalismo de la francmasonería, la Declaración, entonces, es simplemente una renuncia formal a la lealtad a Cristo Rey, a la Vida Sobrenatural, y a la membresía de su Cuerpo Místico. Por tanto, el Estado francés oficialmente declaró que no reconocía más ningun deber hacia Dios a través de Nuestro Señor Jesucristo, y no reconocía más la dignidad de miembro de Cristo en sus ciudadanos. Así se inauguró el ataque a la organización de la sociedad bajo Cristo Rey, que ha continuado hasta nuestros días» [Prólogo a Mons. GEORGE F. DILLON, Grand Orient Freemasonry Unmasked (Londres 1965), págs. 16-17].
Los cambios conciliares no sólo se reflejaron en la Misa y el Oficio de Cristo Rey, sino también en la Intercesión general del Viernes Santo: Originalmente, la invitación a orar por la Iglesia era: «Orémus, dilectíssimi nobis, pro Ecclésia sancta Dei: ut eam Deus et Dóminus noster pacificáre, adunáre, et custodíre dignétur toto orbe terrárum: subjíciens ei principátus et potestátes: detque nobis quietam et tranquíllam vitam degentibus, glorificáre Deum, Patrem Omnipoténtem» (Oremos, dilectísimos nuestros, por la Iglesia santa de Dios, para que Dios nuestro Señor se digne conservarla en la paz, unida, y defenderla por toda la redondez de la tierra: sujetando a ella los principados y las potestades, y concedernos que viviendo esta mortal vida con descanso y tranquilidad, glorifiquemos a Dios Padre todopoderoso).
  
En el Novus Ordo, esta fue cambiada a un: «Orémus, dilectíssimi nobis, pro Ecclésia sancta Dei, ut eam Deus et Dóminus noster pacificáre, adunáre et custodíre dignétur toto orbe terrárum, detque nobis, quiétam et tranquíllam vitam degéntibus, glorificáre Deum Patrem omnipoténtem» (Oremos, hermanos, por la Iglesia santa de Dios, para que el Señor le dé la paz, la mantenga en la unidad, la proteja en toda la tierra, y a todos nos conceda una vida confiada y serena, para gloria de Dios, Padre todopoderoso). Obviamente, sin la sujeción de los principados y potestades. Annibale Bugnini explica estos cambios:
«En el clima ecuménico del Vaticano II, algunas expresiones en los Orationes sollemnes del servicio del Viernes Santo les sonaron mal. Hubo solicitudes urgentes para atenuar algunas de las palabras. Siempre es desagradable tener que alterar textos venerables que durante siglos han alimentado efectivamente la devoción cristiana y tienen sobre ellos la fragancia espiritual de la época heroica de los comienzos de la Iglesia. Sobre todo, es difícil revisar las obras maestras literarias que no tienen parangón por su forma concisa. Sin embargo, se consideró necesario hacer frente a la tarea, para que nadie encontrara un motivo de incomodidad espiritual en la oración de la Iglesia. Las revisiones, limitadas a lo que era absolutamente necesario, fueron preparadas por el grupo de estudio 18 bis. En la Intercesión 1: “por la Iglesia”, la frase subjíciens ei principátus et potestátes (“sujetando a ella [la Iglesia] los principados y las potestades”) fue omitida: incluso aunque esta fue imspirada por lo que dice San Pablo sobre las “potestades angélicas” (Col. 2, 15), podría malinterpretarse como una referencia a un papel temporal que la Iglesia sí tuvo en otros períodos de la historia, pero que es anacrónico hoy» [La riforma liturgica, 1948-1975 (Edizioni Liturgiche - 00192 Roma, 1983), pág. 127].
Claro, la Realeza de Cristo y la sumisión de los principados y potestades a la Iglesia eran anacrónicos para un Pablo VI que declaró explícitamente a los gobernantes del mundo que la Iglesia no les pidió más que la libertad para perseguir su misión, para unos obispos que habían aprobado Dignitátis Humánæ, que en el aula conciliar era llamado (y con toda razón) el “Esquema Estadounidense”, por ser secuela de la herejía americanista, por ser creado casi completamente siguiendo al jesuita John Courtney Murray y contar con «el apoyo sólido y consistente de los obispos estadounidenses, y sus numerosas intervenciones», muy a pesar de las intervenciones del cardenal Giuseppe Siri:
«No podemos legitimar lo que Dios simplemente tolera; solo podemos tolerarlo, y eso dentro de los límites del bien común. Por lo tanto, no podemos aceptar el esquema propuesto en la medida en que recomienda la libertad para todos sin discriminación… Por lo tanto, deberíamos considerar más cuidadosamente la contribución de las fuentes teológicas a este problema de libertad religiosa y determinar si los contenidos de este esquema se pueden conciliar o no con la enseñanza de León XIII, Pío XI y Pío XII. De lo contrario, debilitamos nuestra propia autoridad y comprometemos nuestro esfuerzo apostólico».
el Arzobispo-Obispo de Valparaíso (Chile) Emilio Tagle Covarrubias, en nombre de 45 obispos latinoamericanos:
«Estoy muy en contra de este esquema. Simplemente reorganiza la versión anterior, y contiene una serie de contradicciones… Muchos pasajes son demasiado complacientes con las religiones falsas y corren el riesgo de ser indiferentes y de liberalismo. No parece posible otorgar los mismos derechos a todas las religiones indiscriminadamente. Solo la única Iglesia verdadera tiene derecho a la libertad religiosa, estrictamente hablando. Otras religiones solo pueden ser toleradas, dependiendo de las circunstancias y las personas».
y el cardenal Benjamín de Arriba y Castro, arzobispo de Tarragona (España):
«Este es probablemente el problema más delicado de todo el Consejo con respecto a la fe. Debemos afirmar claramente este principio básico: solo la Iglesia Católica tiene el deber y el derecho de predicar el Evangelio. Es por eso que el proselitismo por parte de los no católicos entre los católicos es ilícito y debe ser evitado por las autoridades civiles y por la Iglesia, como lo requiere el bien común… El Concilio debe tener cuidado de no decretar la ruina del catolicismo en aquellos países donde de hecho es la única religión».
  
No es exagerado decir que Courtney Murray estaba detrás de Dignitátis Humánæ, porque las intervenciones de los obispos estadounidenses escritas ¡por él mismo!, como dijera un prelado: «las voces eran las de los obispos de los Estados Unidos, pero ¡los pensamientos eran los de John Courtney Murray!», que diez años antes, en Enero de 1955, habían sido censurados por la Curia Jesuita en Roma por haber impugnado la doctrina sobre las relaciones Iglesia-Estado.
 
En conclusión, el “Cristo Rey” de los modernistas, tras de ser un mes tardío, no es el mismo de los Católicos. Y no tiene sentido la Realeza Social de Cristo en una iglesia que ha erigido como dogma de fe la Primera Enmienda constitucional de los Estados Unidos de América, país donde «la mayoría de los hombres han expulsado a Jesucristo y su santa ley de sus vidas... [donde] Nuestro Señor y Su santa ley no tienen lugar ni en la vida privada ni en la política», un estado que se ha convertido en «nada más que una multitud, que es su propio maestro y gobernante».
  
JORGE RONDÓN SANTOS
27 de Octubre de 2019
Fiesta de Nuestro Señor Jesucristo, Rey. Conmemoración de San Frumencio de Axum, Obispo y Evangelizador de Etiopía; y de San Elesbaam, rey y confesor. Víspera de los Santos Apóstoles Simón Zelote y Judas Tadeo. Aniversario de la batalla del Puente Milvio, y de la llegada de Cristóbal Colón a Cuba.

viernes, 23 de agosto de 2019

ESTADO LAICO, ESTADO ATEO

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
  
Te (Christe) natiónum prǽsides – Honóre tollant público, – Colant magístri, júdices, – Leges et artes éxprimant. [P. Vittorio Genovesi SJ, Himno “Te sæculórum Príncipem”, de las Vísperas de Nuestro Señor Jesucristo, Rey]

Francesco Salviati y Giuseppe Porta, Sumisión de Federico Barbarroja a Alejandro III, Sala Regia, Palacio Apostólico Vaticano.
  
La laicidad del Estado, o sea, la separación de éste de la Iglesia y su indiferencia hacia la verdadera Religión, es un concepto elaborado en las oscuras oficinas de las logias masónicas y llevado adelante por los falsos filósofos de las igualmente falsas luces junto a los conceptos de la libertad de conciencia, religión, prensa y demás, con las otras falsas libertades revolucionarias que libertades no son. La Iglesia Católica ha infaliblemente condenado todo esto.
   
Después arribó el Concilio con la (In)Dignitátis (In)Humánæ y se ha afirmado el derecho de toda persona a profesar cualquier religión y a no ser impedida (tesis condenada en el Sýllabus de Pío IX por ejemplo) y se ha llevado adelante, por parte del Vaticano, de una política toda tejida en la separación del Estado de la Iglesia, en la abolición de cualquier confesionalismo que pudiese ser perjudicial al respeto de las religiones diferentes a la Católica, y la laicidad sería también positiva y sana donde, posicionándose en medio entre el ateísmo de estado a la soviética y la intransigencia medieval que ha producido la Inquisición, sepa recoger lo bueno que las religiones (todas) tienen para dar.
  
Pero antes no era así.
  • BONIFACIO VIII, Bula “Unam Sanctam”, 18 de Noviembre de 1302: «Que la potestad espiritual aventaje en dignidad y nobleza a cualquier potestad terrena, hemos de confesarlo con tanta más claridad, cuanto aventaja lo espiritual a lo temporal... Quienquiera, pues, resista a este poder así ordenado por Dios, a la ordenación de Dios resiste a no ser que, como Maniqueo, imagine que hay dos principios, cosa que juzgamos falsa y herética, pues atestigua Moisés no que en los principios, sino “en el principio creó Dios el cielo y la tierra”».
  • LEÓN XIII, Encíclica “Immortále Dei”, 1 de Noviembre de 1885: «Los hombres no están menos sujetos al poder de Dios cuando viven unidos en sociedad que cuando viven aislados. La sociedad, por su parte, no está menos obligada que los particulares a dar gracias a Dios, a quien debe su existencia, su conservación y la innumerable abundancia de sus bienes. Por esta razón, así como no es lícito a nadie descuidar los propios deberes para con Dios, el mayor de los cuales es abrazar con el corazón y con las obras la religión, no la que cada uno prefiera, sino la que Dios manda y consta por argumentos ciertos e irrevocables como única y verdadera, de la misma manera los Estados no pueden obrar, sin incurrir en pecado, como si Dios no existiese, ni rechazar la religión como cosa extraña o inútil, ni pueden, por último, elegir indiferentemente una religión entre tantas. Todo lo contrario. El Estado tiene la estricta obligación de admitir el culto divino en la forma con que el mismo Dios ha querido que se le venere. Es, por tanto, obligación grave de las autoridades honrar el santo nombre de Dios. Entre sus principales obligaciones deben colocar la obligación de favorecer la religión, defenderla con eficacia, ponerla bajo el amparo de las leyes, no legislar nada que sea contrario a la incolumidad de aquélla... En materia religiosa, pensar que las formas de culto, distintas y aun contrarias, son todas iguales, equivale a confesar que no se quiere aprobar ni practicar ninguna de ellas. Esta actitud, si nominalmente difiere del ateísmo, en realidad se identifica con él».
  • SAN PÍO X, Encíclica “Veheménter Nos”, 11 de Febrero de 1906: «Que sea necesario separar al Estado de la Iglesia es una tesis absolutamente falsa y sumamente nociva. Porque, en primer lugar, al apoyarse en el princípio fundamental de que el Estado no debe cuidar para nada de la religión, infiere una gran injuria a Dios, que es el único fundador y conservador tanto del hombre como de las sociedades humanas, ya que en materia de culto a Dios es necesario no solamente el culto privado, sino también el culto público».
  • PÍO XI, Encíclica “Quas Primas”, 11 de Diciembre de 1925: «Juzgamos peste de nuestros tiempos al llamado ‘laicismo’ con sus errores y abominables intentos; y vosotros sabéis, venerables hermanos, que tal impiedad no maduró en un solo día, sino que se incubaba desde mucho antes en las entrañas de la sociedad. Se comenzó por negar el imperio de Cristo sobre todas las gentes; se negó a la Iglesia el derecho, fundado en el derecho del mismo Cristo, de enseñar al género humano, esto es, de dar leyes y de dirigir los pueblos para conducirlos a la eterna felicidad. Después, poco a poco, la religión cristiana fue igualada con las demás religiones falsas y rebajada indecorosamente al nivel de éstas. Se la sometió luego al poder civil y a la arbitraria permisión de los gobernantes y magistrados. Y se avanzó más: hubo algunos de éstos que imaginaron sustituir la religión de Cristo con cierta religión natural, con ciertos sentimientos puramente humanos. No faltaron Estados que creyeron poder pasarse sin Dios, y pusieron su religión en la impiedad y en el desprecio de Dios». 
  • PÍO XII, Encíclica “Summi Pontificátus”, 20 de Octubre de 1939: «Ahora bien, el nefasto esfuerzo con que no pocos pretenden arrojar a Cristo de su reino, niegan la ley de la verdad por Él revelada y rechazan el precepto de aquella caridad que abriga y corrobora su imperio como con un vivificante y divino soplo, es la raíz de los males que precipitan a nuestra época por un camino resbaladizo hacia la indigencia espiritual y la carencia de virtudes en las almas. Por lo cual, la reverencia a la realeza de Cristo, el reconocimiento de los derechos de su regia potestad y el procurar la vuelta de los particulares y de toda la sociedad humana a la ley de su verdad y de su amor, son los únicos medios que pueden hacer volver a los hombres al camino de la salvación [...] juzgamos deber nuestro dirigir con creciente insistencia los ojos y los corazones de cuantos conservan todavía una voluntad recta hacia Aquel de quien únicamente viene la salvación del mundo, hacia Aquel cuya mano omnipotente y misericordiosa es la única que puede poner fin a esta tempestad; hacia Aquel, finalmente, cuya verdad y amor son los únicos que pueden iluminar las inteligencias y encender los espíritus de tantos hombres que, combatidos por las olas del error y por el ansia de un egoísmo inmoderado y casi sumergidos por las ondas de las contiendas, deben ser reformados nuevamente y devueltos al gobierno y al espíritu de Jesucristo [...] Pero si el olvido de la ley, venerables hermanos, que manda amar a todos los hombres y que, apagando los odios y disminuyendo desavenencias, es la única que puede consolidar la paz, es fuente de tantos y tan gravísimos males para la pacífica convivencia de los pueblos, sin embargo, no menos nocivo para el bienestar de las naciones y de toda la sociedad humana es el error de aquellos que con intento temerario pretenden separar el poder político de toda relación con Dios, del cual dependen, como de causa primera y de supremo señor, tanto los individuos como las sociedades humanas; tanto más cuanto que desligan el poder político de todas aquellas normas superiores que brotan de Dios como fuente primaria y atribuyen a ese mismo poder una facultad ilimitada de acción entregándola exclusivamente al lábil y fluctuante capricho o a las meras exigencias configuradas por las circunstancias históricas y por el logro de ciertos bienes particulares. Despreciada de esta manera la autoridad de Dios y el imperio de su ley, se sigue forzosamente la usurpación por el poder político de aquella absoluta autonomía que es propia exclusivamente del supremo Hacedor, y la elevación del Estado o de la comunidad social, puesta en el lugar del mismo Creador, como fin supremo de la vida humana y como norma suprema del orden jurídico y moral; prohibiendo así toda apelación a los principios de la razón natural y de la conciencia cristiana. No ignoramos, es verdad, que los principios erróneos de esta concepción no siempre ejercen absolutamente su influjo en la vida moral; cosa que sucede principalmente cuando la tradición de una vida cristiana, de la que se han nutrido durante siglos los pueblos, ha echado, aunque no se advierta, hondas raíces en las almas. A pesar de lo cual, hay que advertir con insistente diligencia la esencial insuficiencia y fragilidad de toda norma de vida social que se apoye sobre un fundamento exclusivamente humano, se inspire en motivos meramente terrenos y haga consistir toda su fuerza eficaz en la sanción de una autoridad puramente externa. Donde se rechaza la dependencia del derecho humano respecto del derecho divino, donde no se apela más que a una apariencia incierta y ficticia de autoridad terrena y se reivindica una autonomía jurídica regida únicamente por razones utilitarias, no por una recta moral, allí el mismo derecho humano pierde necesariamente, en el agitado quehacer de la vida diaria, su fuerza interior sobre los espíritus; fuerza sin la cual el derecho no puede exigir de los ciudadanos el reconocimiento debido ni los sacrificios necesarios. Bien es verdad que a veces el poder público, aunque apoyado sobre fundamentos tan débiles y vacilantes, puede conseguir por casualidad y por la fuerza de las circunstancias, ciertos éxitos materiales que provocan la admiración de los observadores superficiales; pero llega necesariamente el momento en que aparece triunfante aquella ineluctable ley que tira por tierra todo cuanto se ha construido velada o manifiestamente sobre una razón totalmente desproporcionada, esto es, cuando la grandeza del éxito externo alcanzado no responde en su vigor interior a las normas de una sana moral. Desproporción que aparece por fuerza siempre que la autoridad política desconoce o niega el dominio del Legislador supremo, que, al dar a los gobernantes el poder, les ha señalado también los límites de este mismo poder. Porque el poder político, como sabiamente enseña en la encíclica Immortale Dei nuestro predecesor León XIII, de piadosa memoria, ha sido establecido por el supremo Creador para regular la vida pública según las prescripciones de aquel orden inmutable que se apoya y es regido por principios universales; para facilitar a la persona humana, en esta vida presente, la consecución de la perfección física, intelectual y moral, y para ayudar a los ciudadanos a conseguir el fin sobrenatural, que constituye su destino supremo».
 
De estas pocas pero sustanciosas y autorizadas resaltamos que el Estado –que debe ser distinto pero no separado de la Iglesia– no puede sin sacrilegio ser laico, sino que debe reconocer y rendir culto según la verdadera Religión (Católica Apostólica Romana) al verdadero Dios, que es su Creador.

viernes, 28 de junio de 2019

EL SAGRADO CORAZÓN Y ESPAÑA

Traducción hecha por don Antonio Moiño Munitiz del artículo publicado en LA CONTRE-RÉFORME CATHOLIQUE. Tomado de AMOR DE LA VERDAD.
  
En las revelaciones de Paray-le-Monial, en el siglo XVII, los jesuitas fueron elegidos para ser los apóstoles del Sagrado Corazón. Pero la demanda de Paray-le-Monial fue mal recibida en la Compañía de Jesús, al menos en Francia y Roma. (…)
 
Sin embargo, en España, gracias a una serie de acontecimientos providenciales, los miembros más prominentes de la Compañía se embarcaron en el plan divino revelado en Paray-le-Monial. Ciertamente, el Padre Bernardo de Hoyos estaba predestinado y preparado por una serie de gracias extraordinarias, en el noviciado, para hacer triunfar  la causa del Sagrado Corazón. Algunas de las apariciones y visiones con que fue favorecido, le revelaron los tesoros inagotables de la misericordia y la gracia escondida en el Sagrado Corazón.
  
Durante el reinado de Felipe V, se le manifestó la gran promesa” del Sagrado Corazón: “Reinaré en España, y con más veneración que en otras partes”. Así fue cómo España fue preservada del jansenismo. Veremos a continuación cómo el reinado del Sagrado Corazón siguió su curso durante los siglos siguientes, los eclipses temporales que sufrió, y qué principios e imperativos doctrinales condicionan hoy su restauración. (…)
  
EL REINADO DEL SAGRADO CORAZÓN, INSTAURADO Y RESTAURADO.
El Padre Hoyos conocía las promesas hechas a Santa Margarita María en favor de los que honraran el Sagrado Corazón, y dieran un lugar a su imagen en sus hogares. Por ello hizo imprimir grabados que fueron por primera vez enviados a la Corte, donde fueron recibidos con reverencia. (…) Después , se propagaron rápidamente por el país, así como una Novena en honor del Sagrado Corazón, la cual fue enviada a los miembros de la Corte y a los obispos de los reinos de España. (…) 
  
El Padre Cardaveraz, que fue uno de los directores espirituales del Padre Hoyos, escribió: “ El demonio hace todo lo posible para lograr  nuestra negligencia este apostolado, porque Nuestro Señor atendiendo a nuestras súplicas, comunicará a los hijos de Ignacio el fuego que consume su Corazón, y que consumirá el mundo”. (…)
  
CELOSOS MISIONEROS
Puede asegurarse que los grandes predicadores españoles de la Compañía respondieron con ardor a la llamada del Padre Cardaveraz. (…) Puédese juzgar el éxito de su ministerio por el testimonio del Padre Calatayud“Durante los catorce meses que duraron las misiones populares sólo en la provincia de Asturias, fueron fundadas ciento dos cofradías del Sagrado Corazón” (…). Fundada en Madrid en septiembre de 1736, la Congregación del Colegio Imperial de los Jesuitas tuvo representantes de la más alta nobleza del reino, e insufló su ardor y su vida en otras congregaciones del Sagrado Corazón. Los nobles, príncipes y princesas, la Reina y el Rey dieron su nombre y se alistaron en las cofradías. Felipe V fue el primero que se inscribió. (…)  
  
Los jesuitas no estuvieron solos en la labor: los amigos que contaban entre el episcopado hicieron de la causa del Sagrado Corazón su causa personal. Además, sólo tres años después de la muerte del Padre Hoyos, los obispos reunidos en concilio enviaron una petición al Papa para obtener su permiso para celebrar en sus diócesis, el Oficio y Misa del Sagrado Corazón. (…) 
  
El Papa Clemente XII fue renuente a la celebración litúrgica del Sagrado Corazón, y rechazó esta petición. En 1745 los obispos de la provincia de Tarragona renovaron de nuevo sus instancias con el nuevo Papa, Benedicto XIV.
 
A pesar de la persistente negativa de los Papas, la “gran promesa” ya se había logrado: “Durante diez años, desde 1735 hasta 1745, el Sagrado Corazón reinó verdaderamente en España ya ganada a su amor”.
 
SEPULTADOS CON CRISTO
El rey Fernando VI y la Reina, Doña Bárbara, y la reina madre Doña Isabel Farnesio, se inscribieron en la Cofradía del Sagrado Corazón.
  
Sin embargo, bajo su sucesor, Carlos III, tuvo lugar el destierro de los jesuitas, promulgado el 2 de abril de 1767, con la denuncia del culto del Sagrado Corazón de Jesús: “Descubrimos en las asociaciones del Sagrado Corazón, elementos de una vasta conspiración que intentaría de acuerdo con los expulsados poner en peligro el trono. Por lo tanto las manifestaciones públicas del culto del Divino Corazón quedan prohibidas”.
  
Suprimida la Compañía en Portugal en 1759, en Francia en 1764, la Compañía fue disuelta finalmente por el mismo Papa en 1773. Por no haber respondido a las demandas de Paray-le-Monial, los jesuitas sufrieron un castigo terrible. La devoción de los jesuitas españoles al Sagrado Corazón no les ahorró la persecución. (…)
 
Sin duda, la advertencia que Nuestro Señor hiciera a Santa Margarita María: “Mi Divino Maestro no me dijo que sus amigos no tendrían  que sufrir nada, sino que quiere que ellos obtengan su mayor felicidad en gustar su amargura”.

Igualmente el Padre Hoyos escribió: “Dios siente una especial satisfacción al ver que la Compañía iza el estandarte de su Nombre y le imita en el sufrimiento, en las tribulaciones, contradicciones y persecuciones que todos verán. Jamás faltará a la Compañía la persecución, y si algún día no la padeciera, que tenga un gran temor porque ella no faltó jamás a su Capitán”. 
  
RENOVACIÓN DE LA DEVOCIÓN POR FERNANDO VII
Después de los disturbios, desórdenes, y problemas causados por Napoleón en la Península, los descendientes de Felipe V reanudaron esta devoción. Carlos IV, después de su abdicación, y Fernando VII durante su encarcelamiento en Valençay, recapacitaron. Tanto el padre como el hijo volvieron sus ojos al Sagrado Corazón de Jesús y pusieron toda su confianza en Él.
  
“En su detención en Valençay, Fernando se obligó con un voto a fundar, una vez alcanzada la libertad, una cofradía del Sagrado Corazón en la capital del reino. Restaurado, contra toda esperanza, en el trono de sus padres, en 1814 llevó a cabo su promesa de fundar una cofradía del Sagrado Corazón en la iglesia del Real Monasterio de la Visitación de Madrid. El mismo Rey asistió a su inauguración, con la reina y la familia real.
  
Pero Fernando VII fue más allá: pidió al Papa Pío VII el que  aprobara formalmente para  la Iglesia de España la devoción al Sagrado Corazón. Era,  como dijo, la forma más eficaz para reactivar la devoción de sus súbditos. 
   
El Santo Padre se apresuró a aceptar la petición del monarca  y aprobó esta devoción para toda la Iglesia de los dominios españoles, ordenando que la fiesta se celebrara el viernes después de la octava de Corpus Christi, con el rito de segunda clase”.
 
Además, Fernando VII revocó por real decreto todas las medidas adoptadas en contra de la Compañía de Jesús. (…) Durante su reinado, las nuevas cofradías religiosas consagradas a la adoración de la Eucaristía y del Sagrado Corazón experimentaron un desarrollo extraordinario.
  
Este culto llegó a ser un culto público; el Estado español era un Estado oficialmente católico. Aunque la Constitución de 1812 era liberal en algunos aspectos, sin embargo, especifica: “La religión de la Nación española es y será por siempre la católica, apostólica y romana, la única verdadera religión. La Nación la protegerá por medio de leyes sabias y justas, y prohibirá el ejercicio de cualquier otra religión”.
  
ALFONSO XIII, CONSAGRADO AL SAGRADO CORAZÓN
Este rey fue favorecido en su infancia con un milagro del Sagrado Corazón. A la edad de cuatro años, en 1890, sufrió una indigestión tan perniciosa que los médicos consideraron que perdería la vida. La madre priora de un convento de Madrid, a sabiendas de que estaba para morir, envió a su madre la reina regente, María Cristina, un escapulario del Sagrado Corazón, para que se lo impusiera a su Majestad. Además le animaba a consagrarlo al Corazón de Jesús, en el caso de que obtuviera la salud. La reina impuso el escapulario a su hijo. Contrariamente a todos los pronósticos, disminuyeron los dolores, y quedó sano.
  
Seis meses más tarde, durante la novena al Sagrado Corazón, en la parroquia de San Martín, el 10 de junio de 1890, la reina solemnemente consagró a sus tres hijos al Corazón de Jesús. 
  
En Madrid, durante el Congreso Eucarístico Internacional en 1911, Alfonso XIII, que siempre llevaba el escapulario del Sagrado Corazón, realizó la consagración de España a Jesús ante la Eucaristía. Además, el Congreso reprobó la laicidad señalando que las naciones tenían obligación de dar en homenaje a Nuestro Señor Jesucristo la reparación y adoración de la Nación, reconociendo los derechos de su  soberanía sobre las personas, recibidos en heredad de su Padre Celestial”. Se trataba de luchar contra la apostasía oficial de los poderes públicos, antaño cristianos, es decir puestos en sumisión a Dios, y que hoy, bajo pretexto de neutralidad, ignoran sus leyes, en tanto que naciones, e intentan expulsarlo de la vida pública.
  
La decisión de construir un monumento al Sagrado Corazón, cerca de Madrid, en el cerro de los Ángeles, centro geográfico de la península, respondía a este deseo. (…) Alfonso XIII dio su apoyo, a pesar de las presiones y amenazas de la masonería de Madrid. (…)
   
El 30 de mayo de 1919, después de la bendición del monumento por el nuncio apostólico, el Rey, que entonces tenía treinta y tres años, rodeado por los miembros del gabinete, representantes de las Cortes y de los órganos del Estado, pronunció solemnemente, ante una multitud inmensa, un acto de consagración de España al Sagrado Corazón . (…)
  
El 19 de noviembre de 1923, en Roma, durante una audiencia papal, Alfonso XIII, acompañado por el general Primo de Rivera, hizo un discurso magnífico ante el Papa Pío XI, presentándose a sí mismo como heredero de los Reyes Católicos:
En la historia española, fluye libremente, Santo Padre, la savia de la fe. Si la cruz de Cristo ya no se levantara sobre nuestro país, ¡España dejaría de ser España!”. (…)
  
Tras recordar la consagración nacional al Sagrado Corazón, continuó: “Al pedir respetuosamente vuestra bendición para España, mi familia y los valientes soldados que luchan en África por la justicia y la civilización, solemnemente os prometemos que si un día, Su Santidad decidiera hacer una Cruzada contra los enemigos de nuestra santa Religión, España y el Rey, fiel a vuestras órdenes, no desertarían del puesto de honor que se les asignan por sus gloriosas tradiciones, del triunfo y la gloria de la Cruz, que no sólo es el  símbolo de la fe, sino también de ¡la paz, la justicia, la civilización y el progreso!”.
  
Pero ante esto el Papa, declinando su ofrecimiento de la Cruzada, le dio una amonestación paternal   invitándole a enrolarse en la vía del liberalismo: “En el noble y grande pueblo español, existen también hijos desgraciados, incluso los más amados por Nos, que se niegan a acercarse al Divino Corazón. Dígales que no les excluímos, sino que por el contrario, nuestros pensamientos y nuestro amor son para ellos”.
  
La Cruzada “contra los enemigos de nuestra santa religión”, propuesta por Alfonso XIII, la emprendería con éxito el General Franco, quince años después. (…)
  
ESTADO CATÓLICO DEL GENERAL FRANCO 
Francisco Franco recibió de su madre y de sus maestros una educación profundamente católica. Fueron muchos los soldados de su ejército que fueron a la lucha con el detente del Sagrado Corazón en el pecho.
  
Los rojos, que habían tomado el Cerro de los Ángeles, se encastillaron allí y llegaron en su funesto juego a disparar a la estatua del Sagrado Corazón que presidía el cerro. El 7 de agosto de 1936, destruyeron el monumento con dinamita. Sin embargo, el saqueo, la  profanación y el sacrilegio provocaron en el pueblo una reacción saludable. Mons. González García, el santo obispo de Palencia, escribía al párroco de Torrelobatón, el 5 de septiembre de 1936: Gracias a Dios, vemos en todas partes un gran renacer religioso, pero en esta parroquia de Torrelobatón, es todavía mayor que en otras partes la devoción y amor por el Sagrado Corazón de Jesús. Esto no podía ser de otra manera ya que son Uds. los hermanos del Santo Padre Hoyos. (…)
  
En los territorios reconquistados, el general Franco restableció la dichosa cooperación de Iglesia y Estado con perfecta armonía de los dos poderes. El historiador Claude Martin hizo un balance de las medidas de reparación adoptadas por el Caudillo:Él restauró la Iglesia en la posición  privilegiada de la antigüedad, declaró el catolicismo la religión del estado, hizo regresar a los jesuitas expulsados de España por la República, hizo obligatorio el estudio de la religión en las escuelas y universidades, derogó la ley de divorcio y restauró el valor legal del matrimonio religioso. El estado implantó la subvención de los clérigos.
  
En esta materia, dijo el Caudillo a las Cortes en 1953, no hay engaños ni fraudes. Si somos católicos, nos salen al paso las obligaciones que se derivan de este hecho. En las naciones católicas, las cuestiones de fe pasan a ser de primera importancia para el Estado. La salvación o perdición de las almas, el aumento o disminución de la verdadera fe son problemas de capital importancia que no pueden dejarnos indiferentes”.
  
A comienzos de los años 40, los obispos españoles recibieron las advertencias de nuestro Señor, por medio de la Hermana Lucía de Fátima, para reformar la moral del clero. La Virgen Peregrina de Fátima recorrió la Península y recibió “un apoteósico y extraordinario homenaje” en Madrid en mayo de 1948. A las puertas de la capital, que entonces tenía 800.000 habitantes, Nuestra Señora recibió la aclamación de un millón y medio de fieles. El 26 de mayo, Nuestra Señora fue llevada a la residencia del Generalísimo Franco, donde fue recibida por todo el personal civil y militar en la capilla del palacio. (…)
  
El  Cardenal Cerejeira, Patriarca de Lisboa, dijo en su discurso del 30 de mayo, en la ceremonia de clausura: “Fátima es al culto al Corazón Inmaculado de María, lo que Paray-le-Monial fue para el culto del Sagrado Corazón. Fátima, en cierto sentido, es la continuación, o más bien, la conclusión de Paray-le-Monial: Fátima une a estos dos corazones que Dios ha unido en la obra divina de la Redención”.
  
Después de las lluvia de gracias, en todas las regiones de España, el Caudillo, el 12 de octubre de 1954, hizo a los pies de la Virgen del Pilar una admirable consagración de la nación española al Inmaculado Corazón de María.
   
Este acto de consagración afirmó la soberanía de los Sagrados Corazones de Jesús y María en el Estado español, y contiene por ello, implícitamente, un rechazo de la doctrina de la libertad religiosa, doctrina que se basa en dos principios: primero, la dignidad trascendente y el derecho inalienable de todo ser humano a que sus creencias religiosas no sufran ningún impedimento en actos públicos, y por otro lado, la incompetencia del Estado en materia religiosa.
 
De acuerdo con la enseñanza constante de la Iglesia universal, el concordato firmado en 1953 entre la Santa Sede y el gobierno español oficialmente desaprobaba la libertad religiosa. (…)
 
Ciertamente, si quien quiera trabajar con eficacia por el reinado del Sagrado Corazón, primero tiene que rechazar la impía doctrina convertida en el “nuevo dogma” del Concilio Vaticano II, a saber, el derecho social a la libertad en materia religiosa, y todo lo que sigue, en particular la teoría del Estado democrático, neutral, indiferente a Dios y servidor de la libertad individual. 

La Suprema Verdad es Cristo, escribió el abate Georges de Nantes. Él es nuestra justicia, nuestro derecho, la belleza suprema. Pero Cristo Jesús es una Persona, Persona divina encarnada, y por lo tanto, sujeto incomparable de los derechos sociales más amplios” (CRC No. 218, enero de 1986, pág. 3).
  
Por lo tanto, principalmente a través del reconocimiento explícito y de la solemne proclamación de los derechos sociales de nuestro amado Salvador, la Iglesia y el Estado, felizmente concertados, pueden restaurar o crear, en nuestras naciones, el Reinado de su Divino Corazón.
 
Extracto de Il est ressuscité!, Volumen 4, No. 25, agosto de 2004, págs. 15-20

viernes, 19 de octubre de 2018

NOVENA EN HONOR A CRISTO REY

Adaptación de una novena de autor desconocido. Los Gozos fueron compuestos por el padre José Bau Burguet en 1928.

NOVENA EN HONOR A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO REY

   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Padre amoroso, Criador y Redentor mío, en quien creo, en quien espero, y a quien amo sobre todas las cosas, me pesa, Dios mío, pésame en el alma de haberos ofendido por ser Vos tan bueno, tan justo, y digno de ser siempre amado; y propongo ayudado de vuestra divina gracia de enmendarme, y de confesar todos mis pecados, perseverando en vuestro santo servicio todo el tiempo de mi vida. Amén.
  
ORACIÓN INICIAL
¡Oh Jesús! Te reconozco por Rey Universal. Todo cuanto ha sido hecho Tú lo has creado. Ejerce sobre mí todos tus derechos. Renuevo las promesas de mi bautismo, renunciando a Satanás, a sus seducciones y a sus obras; y prometo vivir como buen cristiano. Muy especialmente me comprometo a procurar, según mis medios, el triunfo de los derechos de Dios y de tu Iglesia. Divino Corazón de Jesús, te ofrezco mis pobres obras para conseguir que todos los corazones reconozcan tu sagrada realeza, y para que así se establezca en todo el mundo el Reino de tu Paz.
 
DÍA PRIMERO
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
“¿A quién buscáis? -¡A Jesús Nazareno! -Yo soy”. Señor y Rey nuestro: siempre dejas que te descubra tu amor, aun cuando tus criaturas tan amadas por Ti, te busquen para martirizarte. Sabiendo que Tú eres Jesús Nazareno, te buscamos hoy de nuevo para prenderte otra vez, mas no con cadenas y cuerdas, sino con nuestras miserias y nuestros amores, pues sabemos es lo que más ata y sujeta tu misericordioso y amante Corazón, y así preso por amor, conducirte en triunfo al trono que te han formado los corazones amantes, para que empieces tu reinado de misericordia y amor en la tierra. Amén.
  
OBSEQUIO: Cumplir con fidelidad mis obligaciones por ser lazos de amor que me unen con Jesús.
  
Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las suyas, rezaré un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
INVOCACIONES
Eterno Padre, derrama tus misericordias sobre toda la tierra, reino de tu Hijo Jesús. Amén.
¡Oh Cristo Rey!, establece tu paz en tu reino. Amén.
Espíritu Santo, abrasa al mundo en tu purísimo y ardiente amor. Amén.
Santa María, Madre querida, une cada vez más y más a tu Hijo Divino, todo misericordia, con tus hijos, todo miseria. Amén.
San José, enséñanos a amar a Jesús y a María. Amén.

GOZOS EN HONOR A CRISTO REY
  
Gloria canta, prez y honor
A Jesús la humana grey:
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
  
Cantad himnos de victoria,
Hombres y Ángeles unidos;
Todos de amor encendidos,
Cantad al Rey de la gloria.
Siglos todos de la historia,
Aclamadle triunfador:
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
  
Gloria a Ti, Jesús amado,
Rey de nuestros corazones,
Árbitro de las naciones,
En tierra y cielo adorado.
Gloria al Corazón sagrado
De nuestro Dios y Señor:
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
  
Viva el Cristo verdadero,
Al Padre consubstancial,
Rey de reyes inmortal,
Juez, Maestro, Medianero.
Viva de Dios el Cordero,
Nuestro dulce Redentor:
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
  
No quiso el pueblo judío
Tener por rey a Jesús,
Y le puso en una cruz
En su loco desvarío.
Rey eres, oh Cristo mío,
A los reyes superior:
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
  
Contemplad, fieles cristianos,
En la cruz a Cristo nuestro;
Ved su Corazón abierto,
Traspasados pies y manos,
Y rey aclamadle ufanos,
De la muerte vencedor:
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
  
Ven, Jesús, reina en el mundo
Por tu dogma, por tu ley;
Ven pronto, sé nuestro Rey,
Rey de amor, Rey sin segundo,
Y extirpe tu amor profundo
Todo vicio, todo error:
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
  
Reina en las artes y ciencias,
En las letras, en las leyes,
Los vasallos y los reyes,
Los sentidos y potencias;
Reina en todas las conciencias,
Oh Rey pacificador:
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
   
Ven pronto, Jesús divino,
Rey de la tierra y el cielo,
Nuestra luz, nuestro consuelo,
Vida, verdad y camino;
Veloz ven, Amante fino,
De los padres el Mejor:
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
    
Reina en mí, Cristo Jesús,
Paz y bien del alma mía;
Mi Dios de la Eucaristía,
Mi Dios que murió en la Cruz.
A los reinos de la luz
¿Cuándo volaré, Señor?
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
    
Oh Jesús, mi dulce encanto,
Hijo de la Virgen Madre,
A Ti gloria, gloria al Padre,
Gloria al Espíritu Santo.
Gloria al Rey paciente y santo,
Al amable Salvador:
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
    
Gloria canta, prez y honor
A Jesús la humana grey:
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
  
. Bendecid vuestro pueblo, oh Jesús Rey; gobernadnos y protegednos.
℟. Vivid y reinad en nuestros corazones y en los corazones de todos los hombres.
  
ORACIÓN
Omnipotente y sempiterno Dios, que en tu amado Hijo, Rey universal quisiste restaurarlo todo: concédenos propicio que todos los pueblos, disgregados por la herida del pecado, se sometan a su suavísimo imperio. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración Inicial.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
“Cristo, adivina quién te ha herido”. ¡Oh Jesús amante y bueno!, aquella noche triste de tu Pasión tus ojos divinos veían a través de los siglos todos nuestros pecados y olvidos que tan dolorosamente herían tu divino Corazón, tanto, que para que tu pureza no te hiciese huir de nosotros, no tus verdugos, sino el amor vendó tus ojos, a fin de que no vieses más que almas que se perdían si Tú las dejabas.
  
Haz que esas almas a las que tu sangre y tus lágrimas han lavado y purificado lleguen a amarte con tanto entusiasmo, que se cierren sus ojos a todo lo que no seas Tú, Rey de sus amores.
  
Haz, Señor, que los hombres te conozcan y te amen. Amén.
  
OBSEQUIO: Cerrar los ojos a todo lo que no sea Jesús.
  
Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las suyas, rezaré un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
Las Invocaciones y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA TERCERO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración Inicial.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
“Luego Tú eres Rey? -Bien dices: Yo soy Rey. Yo he venido al mundo para dar testimonio de la verdad. -¿Y qué es la verdad?”. Dios Nuestro Señor es la verdad por esencia, y es verdad encantadora, es verdad que entusiasma el corazón; que este Dios Omnipotente se hizo hombre por mí, y me amó entre desprecios, entre burlas, entre toda clase de sufrimientos, y no por ser necesario para salvarme, pues unas gotas de su sangre bastaban para eso, sino por ser necesario al amor grande e infinito que ardía en su Corazón por las almas.
  
Señor, y Rey nuestro: enséñanos a amar como Tú, sin retroceder ante el sacrificio y el dolor, pues queremos sufrir y amar, para que ni un solo corazón deje de amarte; hazlos todos tuyos. Amén.
  
OBSEQUIO: Abrazarme con lo que me haga sufrir.
  
Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las suyas, rezaré un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
Las Invocaciones y los Gozos se rezarán todos los días.
   
DÍA CUARTO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración Inicial.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
“Desprecióle Herodes con todo su ejército y vistiéndole una ropa blanca, se burló y le remitió a Pilatos”. ¡Oh Jesús, divino Rey nuestro! Cuán grande ha de ser nuestro amor hacia Ti, que por el nuestro quisiste ser burlado y tenido por loco, y en verdad, Jesús mío, locura de amor parece el que la grandeza de Dios se encierre en el cuerpecillo de un Niño, que el poder de Dios esté sujeto con clavos, que este mismo Dios y Hombre se esconda en una pequeña Hostia, y enamorado venga buscando la intimidad de nuestros corazones, para tener en ellos sus delicias; Jesús amante y bueno, que el fuego de tu amor nos convierta también en pequeñas hostias, que escondidas en tu Corazón se pierdan a todas las miradas, para que Tú seas conocido y amado. Amén.
  
OBSEQUIO: Huir de todo lo que me pueda hacer apreciar.
  
Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las suyas, rezaré un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
Las Invocaciones y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA QUINTO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración Inicial.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
“Vamos a coronarle de Rey. «Salve, Rey de los judíos», y escupiéndole le tomaban su corona y le herían su cabeza y le daban bofetadas”.  ¿Qué pensabas, Jesús mío, en aquella triste prisión? ¿Qué deseabas cuando eras coronado de espinas, cuando eras maltratado? Sólo dos cosas, ¡oh sabiduría y amor infinitos!: que tu Eterno Padre fuese glorificado, que las almas se salvasen; ¿y podremos pensar las almas en otra cosa que en Ti? ¿Podrán nuestros corazones desear otra cosa que el que se repitan por amor aquellas palabras «Salve Rey», pero no sólo de los judíos, sino de todas las naciones de la tierra conquistadas con tus sufrimientos y tu muerte? Que el grito «¡Vamos a coronarle por Rey!» resuene por amor en toda la tierra, ¡oh Dios mío! Amén.
  
OBSEQUIO: Apartar mi pensamiento lo que no sea Dios.
  
Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las suyas, rezaré un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
Las Invocaciones y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA SEXTO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración Inicial.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
“Ecce Homo. -He aquí a vuestro Rey”. ¡Oh divino Jesús!, cómo te presentan por Rey, coronada de espinas tu cabeza, tu cuerpo cubierto de heridas, llenos de lágrimas tus ojos; pero era preciso que ésa fuese tu presentación, pues no sólo eres nuestro Rey, sino nuestro modelo, y nunca mejor que entonces podías decir: «Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón». Caigan, Señor, en presencia de tanta grandeza, de tanta humildad, de tanto amor, todos los idolillos que queden en nuestros corazones. Déjanos recoger tu sangre y tus lágrimas, para que derramándolas sobre los corazones de todas las criaturas seamos de nuevo purificados y envueltos en el amor. Amén.
  
OBSEQUIO: Procurar con empeño la humildad.
  
Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las suyas, rezaré un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
Las Invocaciones y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA SÉPTIMO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración Inicial.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
“Señor, acuérdate de mí cuando vengas a tu reino. -En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. Quisiéramos, Señor, presentarte en el día de tu fiesta los corazones de todos los hombres rendidos a tu amor; pero mira, Rey nuestro, cuántos millones de ellos están envueltos en las tinieblas de la muerte y del pecado y no te conocen; por ellos te pedimos nosotros que tenemos la dicha de conocer tu Corazón, todo misericordia. «Señor, acuérdate de estos desgraciados cuando estés en tu Reino», haznos, Señor, oir: «pronto, muy pronto estarán conmigo en el paraíso». Amén.
  
OBSEQUIO: Actos de fe, esperanza y caridad.
  
Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las suyas, rezaré un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
Las Invocaciones y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA OCTAVO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración Inicial.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
“Mujer, he ahí tu hijo”. “He ahí tu Madre”. “Mas uno de los soldados le abrió el costado con una lanza y salió de él sangre y agua”. ¡La Madre de nuestro Dios es nuestra Madre querida! ¡Qué felicidad y qué confianza! El Corazón de nuestro Dios es nuestro Cielo, nuestro tesoro. Madre bendita, queremos amarte como te amaba Jesús, y a Él, como Tú le amabas; enséñanos las delicadezas del amor, la felicidad de la vida de unión, de unión íntima, confiada, amorosa; haznos pequeños, muy pequeños, para poder entrar y perdernos en el Corazón de Jesús, sin tener más móvil ni deseo que amaros y haceros amar. Amén.
  
OBSEQUIO: Consagrarme de todo corazón a la Santísima Virgen.
  
Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las suyas, rezaré un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
Las Invocaciones y los Gozos se rezarán todos los días.
    
DÍA NOVENO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración Inicial.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
“Jesús Nazareno, Rey de los judíos”. “Regnávit a ligno Deus”. “Y al nombre de Jesús doblarán la rodilla en el Cielo, en la tierra y en los infiernos”. ¡Oh Rey divino!, al presentarte en este día bendito nuestras adoraciones, te ofrecemos cuanto somos, tenemos y deseamos; no nos detiene nuestra miseria, pues eres todo misericordia; confiamos conseguir todas nuestras peticiones, pues eres todo amor y el amor atiende siempre, y te lo pedimos en unión de nuestra Reina y Madre Inmaculada y de los ángeles custodios de todas las almas.
  
¡Señor!, arroja de tu reino a los demonios y a todos tus enemigos, y concede a la Iglesia una era de paz. Lleva a Ti en este día a las almas del Purgatorio, un perdón general a todos los pecadores y poniendo luz en sus inteligencias y amor en sus corazones, prueba una vez más que es más grande tu misericordia que nuestra malicia y miseria.
  
Llena de amor y pureza a los sacerdotes, a los niños y a las almas a Ti consagradas, formando de ellas esas legiones de almas puras, humildes y amantes que Tú deseas: almas pequeñitas que como granos de trigo, formen todas en una perfecta unión de intenciones y corazones con la Víctima divina del Calvario y del altar una Hostia que aplaque al Cielo por los pecados de la tierra y haga descender sobre ella perdón y misericordia para los desgraciados pobres pecadores, de esas almas que quieres sean las delicias de tu Corazón en la tierra y tu corte de amor en el Cielo.
  
OBSEQUIO: Abandonarme en el Corazón de Dios.
  
Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las suyas, rezaré un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
Las Invocaciones y los Gozos se rezarán todos los días.