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viernes, 19 de octubre de 2018

NOVENA EN HONOR A CRISTO REY

Adaptación de una novena de autor desconocido. Los Gozos fueron compuestos por el padre José Bau Burguet en 1928.

NOVENA EN HONOR A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO REY

   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Padre amoroso, Criador y Redentor mío, en quien creo, en quien espero, y a quien amo sobre todas las cosas, me pesa, Dios mío, pésame en el alma de haberos ofendido por ser Vos tan bueno, tan justo, y digno de ser siempre amado; y propongo ayudado de vuestra divina gracia de enmendarme, y de confesar todos mis pecados, perseverando en vuestro santo servicio todo el tiempo de mi vida. Amén.
  
ORACIÓN INICIAL
¡Oh Jesús! Te reconozco por Rey Universal. Todo cuanto ha sido hecho Tú lo has creado. Ejerce sobre mí todos tus derechos. Renuevo las promesas de mi bautismo, renunciando a Satanás, a sus seducciones y a sus obras; y prometo vivir como buen cristiano. Muy especialmente me comprometo a procurar, según mis medios, el triunfo de los derechos de Dios y de tu Iglesia. Divino Corazón de Jesús, te ofrezco mis pobres obras para conseguir que todos los corazones reconozcan tu sagrada realeza, y para que así se establezca en todo el mundo el Reino de tu Paz.
 
DÍA PRIMERO
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
“¿A quién buscáis? -¡A Jesús Nazareno! -Yo soy”. Señor y Rey nuestro: siempre dejas que te descubra tu amor, aun cuando tus criaturas tan amadas por Ti, te busquen para martirizarte. Sabiendo que Tú eres Jesús Nazareno, te buscamos hoy de nuevo para prenderte otra vez, mas no con cadenas y cuerdas, sino con nuestras miserias y nuestros amores, pues sabemos es lo que más ata y sujeta tu misericordioso y amante Corazón, y así preso por amor, conducirte en triunfo al trono que te han formado los corazones amantes, para que empieces tu reinado de misericordia y amor en la tierra. Amén.
  
OBSEQUIO: Cumplir con fidelidad mis obligaciones por ser lazos de amor que me unen con Jesús.
  
Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las suyas, rezaré un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
INVOCACIONES
Eterno Padre, derrama tus misericordias sobre toda la tierra, reino de tu Hijo Jesús. Amén.
¡Oh Cristo Rey!, establece tu paz en tu reino. Amén.
Espíritu Santo, abrasa al mundo en tu purísimo y ardiente amor. Amén.
Santa María, Madre querida, une cada vez más y más a tu Hijo Divino, todo misericordia, con tus hijos, todo miseria. Amén.
San José, enséñanos a amar a Jesús y a María. Amén.

GOZOS EN HONOR A CRISTO REY
  
Gloria canta, prez y honor
A Jesús la humana grey:
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
  
Cantad himnos de victoria,
Hombres y Ángeles unidos;
Todos de amor encendidos,
Cantad al Rey de la gloria.
Siglos todos de la historia,
Aclamadle triunfador:
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
  
Gloria a Ti, Jesús amado,
Rey de nuestros corazones,
Árbitro de las naciones,
En tierra y cielo adorado.
Gloria al Corazón sagrado
De nuestro Dios y Señor:
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
  
Viva el Cristo verdadero,
Al Padre consubstancial,
Rey de reyes inmortal,
Juez, Maestro, Medianero.
Viva de Dios el Cordero,
Nuestro dulce Redentor:
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
  
No quiso el pueblo judío
Tener por rey a Jesús,
Y le puso en una cruz
En su loco desvarío.
Rey eres, oh Cristo mío,
A los reyes superior:
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
  
Contemplad, fieles cristianos,
En la cruz a Cristo nuestro;
Ved su Corazón abierto,
Traspasados pies y manos,
Y rey aclamadle ufanos,
De la muerte vencedor:
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
  
Ven, Jesús, reina en el mundo
Por tu dogma, por tu ley;
Ven pronto, sé nuestro Rey,
Rey de amor, Rey sin segundo,
Y extirpe tu amor profundo
Todo vicio, todo error:
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
  
Reina en las artes y ciencias,
En las letras, en las leyes,
Los vasallos y los reyes,
Los sentidos y potencias;
Reina en todas las conciencias,
Oh Rey pacificador:
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
   
Ven pronto, Jesús divino,
Rey de la tierra y el cielo,
Nuestra luz, nuestro consuelo,
Vida, verdad y camino;
Veloz ven, Amante fino,
De los padres el Mejor:
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
    
Reina en mí, Cristo Jesús,
Paz y bien del alma mía;
Mi Dios de la Eucaristía,
Mi Dios que murió en la Cruz.
A los reinos de la luz
¿Cuándo volaré, Señor?
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
    
Oh Jesús, mi dulce encanto,
Hijo de la Virgen Madre,
A Ti gloria, gloria al Padre,
Gloria al Espíritu Santo.
Gloria al Rey paciente y santo,
Al amable Salvador:
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
    
Gloria canta, prez y honor
A Jesús la humana grey:
¡Viva, viva Cristo Rey!
Reina en mí, Dios del amor!
  
. Bendecid vuestro pueblo, oh Jesús Rey; gobernadnos y protegednos.
℟. Vivid y reinad en nuestros corazones y en los corazones de todos los hombres.
  
ORACIÓN
Omnipotente y sempiterno Dios, que en tu amado Hijo, Rey universal quisiste restaurarlo todo: concédenos propicio que todos los pueblos, disgregados por la herida del pecado, se sometan a su suavísimo imperio. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración Inicial.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
“Cristo, adivina quién te ha herido”. ¡Oh Jesús amante y bueno!, aquella noche triste de tu Pasión tus ojos divinos veían a través de los siglos todos nuestros pecados y olvidos que tan dolorosamente herían tu divino Corazón, tanto, que para que tu pureza no te hiciese huir de nosotros, no tus verdugos, sino el amor vendó tus ojos, a fin de que no vieses más que almas que se perdían si Tú las dejabas.
  
Haz que esas almas a las que tu sangre y tus lágrimas han lavado y purificado lleguen a amarte con tanto entusiasmo, que se cierren sus ojos a todo lo que no seas Tú, Rey de sus amores.
  
Haz, Señor, que los hombres te conozcan y te amen. Amén.
  
OBSEQUIO: Cerrar los ojos a todo lo que no sea Jesús.
  
Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las suyas, rezaré un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
Las Invocaciones y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA TERCERO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración Inicial.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
“Luego Tú eres Rey? -Bien dices: Yo soy Rey. Yo he venido al mundo para dar testimonio de la verdad. -¿Y qué es la verdad?”. Dios Nuestro Señor es la verdad por esencia, y es verdad encantadora, es verdad que entusiasma el corazón; que este Dios Omnipotente se hizo hombre por mí, y me amó entre desprecios, entre burlas, entre toda clase de sufrimientos, y no por ser necesario para salvarme, pues unas gotas de su sangre bastaban para eso, sino por ser necesario al amor grande e infinito que ardía en su Corazón por las almas.
  
Señor, y Rey nuestro: enséñanos a amar como Tú, sin retroceder ante el sacrificio y el dolor, pues queremos sufrir y amar, para que ni un solo corazón deje de amarte; hazlos todos tuyos. Amén.
  
OBSEQUIO: Abrazarme con lo que me haga sufrir.
  
Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las suyas, rezaré un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
Las Invocaciones y los Gozos se rezarán todos los días.
   
DÍA CUARTO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración Inicial.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
“Desprecióle Herodes con todo su ejército y vistiéndole una ropa blanca, se burló y le remitió a Pilatos”. ¡Oh Jesús, divino Rey nuestro! Cuán grande ha de ser nuestro amor hacia Ti, que por el nuestro quisiste ser burlado y tenido por loco, y en verdad, Jesús mío, locura de amor parece el que la grandeza de Dios se encierre en el cuerpecillo de un Niño, que el poder de Dios esté sujeto con clavos, que este mismo Dios y Hombre se esconda en una pequeña Hostia, y enamorado venga buscando la intimidad de nuestros corazones, para tener en ellos sus delicias; Jesús amante y bueno, que el fuego de tu amor nos convierta también en pequeñas hostias, que escondidas en tu Corazón se pierdan a todas las miradas, para que Tú seas conocido y amado. Amén.
  
OBSEQUIO: Huir de todo lo que me pueda hacer apreciar.
  
Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las suyas, rezaré un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
Las Invocaciones y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA QUINTO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración Inicial.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
“Vamos a coronarle de Rey. «Salve, Rey de los judíos», y escupiéndole le tomaban su corona y le herían su cabeza y le daban bofetadas”.  ¿Qué pensabas, Jesús mío, en aquella triste prisión? ¿Qué deseabas cuando eras coronado de espinas, cuando eras maltratado? Sólo dos cosas, ¡oh sabiduría y amor infinitos!: que tu Eterno Padre fuese glorificado, que las almas se salvasen; ¿y podremos pensar las almas en otra cosa que en Ti? ¿Podrán nuestros corazones desear otra cosa que el que se repitan por amor aquellas palabras «Salve Rey», pero no sólo de los judíos, sino de todas las naciones de la tierra conquistadas con tus sufrimientos y tu muerte? Que el grito «¡Vamos a coronarle por Rey!» resuene por amor en toda la tierra, ¡oh Dios mío! Amén.
  
OBSEQUIO: Apartar mi pensamiento lo que no sea Dios.
  
Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las suyas, rezaré un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
Las Invocaciones y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA SEXTO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración Inicial.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
“Ecce Homo. -He aquí a vuestro Rey”. ¡Oh divino Jesús!, cómo te presentan por Rey, coronada de espinas tu cabeza, tu cuerpo cubierto de heridas, llenos de lágrimas tus ojos; pero era preciso que ésa fuese tu presentación, pues no sólo eres nuestro Rey, sino nuestro modelo, y nunca mejor que entonces podías decir: «Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón». Caigan, Señor, en presencia de tanta grandeza, de tanta humildad, de tanto amor, todos los idolillos que queden en nuestros corazones. Déjanos recoger tu sangre y tus lágrimas, para que derramándolas sobre los corazones de todas las criaturas seamos de nuevo purificados y envueltos en el amor. Amén.
  
OBSEQUIO: Procurar con empeño la humildad.
  
Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las suyas, rezaré un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
Las Invocaciones y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA SÉPTIMO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración Inicial.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
“Señor, acuérdate de mí cuando vengas a tu reino. -En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. Quisiéramos, Señor, presentarte en el día de tu fiesta los corazones de todos los hombres rendidos a tu amor; pero mira, Rey nuestro, cuántos millones de ellos están envueltos en las tinieblas de la muerte y del pecado y no te conocen; por ellos te pedimos nosotros que tenemos la dicha de conocer tu Corazón, todo misericordia. «Señor, acuérdate de estos desgraciados cuando estés en tu Reino», haznos, Señor, oir: «pronto, muy pronto estarán conmigo en el paraíso». Amén.
  
OBSEQUIO: Actos de fe, esperanza y caridad.
  
Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las suyas, rezaré un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
Las Invocaciones y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA OCTAVO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración Inicial.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
“Mujer, he ahí tu hijo”. “He ahí tu Madre”. “Mas uno de los soldados le abrió el costado con una lanza y salió de él sangre y agua”. ¡La Madre de nuestro Dios es nuestra Madre querida! ¡Qué felicidad y qué confianza! El Corazón de nuestro Dios es nuestro Cielo, nuestro tesoro. Madre bendita, queremos amarte como te amaba Jesús, y a Él, como Tú le amabas; enséñanos las delicadezas del amor, la felicidad de la vida de unión, de unión íntima, confiada, amorosa; haznos pequeños, muy pequeños, para poder entrar y perdernos en el Corazón de Jesús, sin tener más móvil ni deseo que amaros y haceros amar. Amén.
  
OBSEQUIO: Consagrarme de todo corazón a la Santísima Virgen.
  
Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las suyas, rezaré un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
Las Invocaciones y los Gozos se rezarán todos los días.
    
DÍA NOVENO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración Inicial.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
“Jesús Nazareno, Rey de los judíos”. “Regnávit a ligno Deus”. “Y al nombre de Jesús doblarán la rodilla en el Cielo, en la tierra y en los infiernos”. ¡Oh Rey divino!, al presentarte en este día bendito nuestras adoraciones, te ofrecemos cuanto somos, tenemos y deseamos; no nos detiene nuestra miseria, pues eres todo misericordia; confiamos conseguir todas nuestras peticiones, pues eres todo amor y el amor atiende siempre, y te lo pedimos en unión de nuestra Reina y Madre Inmaculada y de los ángeles custodios de todas las almas.
  
¡Señor!, arroja de tu reino a los demonios y a todos tus enemigos, y concede a la Iglesia una era de paz. Lleva a Ti en este día a las almas del Purgatorio, un perdón general a todos los pecadores y poniendo luz en sus inteligencias y amor en sus corazones, prueba una vez más que es más grande tu misericordia que nuestra malicia y miseria.
  
Llena de amor y pureza a los sacerdotes, a los niños y a las almas a Ti consagradas, formando de ellas esas legiones de almas puras, humildes y amantes que Tú deseas: almas pequeñitas que como granos de trigo, formen todas en una perfecta unión de intenciones y corazones con la Víctima divina del Calvario y del altar una Hostia que aplaque al Cielo por los pecados de la tierra y haga descender sobre ella perdón y misericordia para los desgraciados pobres pecadores, de esas almas que quieres sean las delicias de tu Corazón en la tierra y tu corte de amor en el Cielo.
  
OBSEQUIO: Abandonarme en el Corazón de Dios.
  
Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las suyas, rezaré un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
  
Las Invocaciones y los Gozos se rezarán todos los días.

sábado, 30 de junio de 2018

ORACIÓN A CRISTO REY POR LA PATRIA

Oración tomada de CATÓLICOS ALERTA.
  

Señor Nuestro Jesucristo, Rey de las Naciones y de los corazones, Dios que todo lo creaste, lo redimiste, y has hecho a nuestro pueblo cristiano; mira con ojos benévolos a ésta nuestra querida Patria consagrada a Tu Santísima Madre, y escucha a tus hijos que quieren volver a Ti.
  
¡Oh Rey! Cristianos hemos nacido, y cristianos queremos ser. Nuestra Patria es su historia católica, y su destino de grandeza es llevar Tu nombre como Bandera. Atiéndenos, Señor, en esta jornada aciaga, y, si está en Tu Santísima Voluntad, aparta de nosotros este cáliz de amargura dándonos la gracia de reconquistarte (NOMBRE DE TU PAÍS).
  
Que tu Madre, Reina nuestra, Conductora y Vencedora en la Lucha Final, aplaste la cabeza del enemigo que avanza extendiendo su Poder Internacional.
  
Que el Ángel que custodia nuestro suelo aparte de nosotros la perfidia sionista, el terror comunista y la siniestra masonería.
  
Aniquilen Tus Arcángeles a las Sectas Invasoras, y guarden a nuestras juventudes de la corrupción mental y moral.
  
Pero no se haga nuestra voluntad, sino la Tuya; y si prefieres para nosotros la noche oscura de una pasión nacional, Te pedimos, Rey de los Reyes, no permitas que tu pueblo sea traidor, Antes prepáranos y danos el triunfar en el martirio, para la Gloria de Tu Divina Majestad, en reparación por tanta historia laica, y para que, bajo el Manto de la Virgen Soberana, Te adoremos en la Patria Eterna, con los que lucharon por Ti. AMÉN.

viernes, 8 de junio de 2018

ENTRONIZACIÓN DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS EN LOS HOGARES

PASOS PRELIMINARES
  1. Aprende en qué consiste y su importancia.
  2. Escoge una fecha para la Entronización en acuerdo con el Sacerdote. Es deseable que un Sacerdote presida la ceremonia, pero no es esencial para ganar las indulgencias. Por razones serias, el padre de familia, o alguien más, puede presidir y dirigir las oraciones. En todo caso, se recomienda consultar al director.
  3. Si es posible, asiste al Santo Sacrificio de la Misa y ofrécela por el reinado del Sagrado Corazón en el hogar, y como un acto de amor y reparación al Sagrado Corazón de Jesús. Toda la familia debería intentar recibir la Comunión en esta Misa, o en otra Misa.
  4. Obtén un cuadro o escultura del Sagrado Corazón, la más hermosa posible. Si ya tienes una imagen, úsala.
  5. Bajo el lugar de honor reservado para la estatua o pintura, prepara un trono o altar, esto es, una mesa (o tal vez una repisa) cubierta con un lienzo blanco, bellamente decorado con flores y velas. La imagen o estatua debería estar ubicada en una mesa pequeña cerca a este trono antes de la ceremonia.
  6. Invita a parientes y amigos para que estén presentes: así comenzarás a ser un Apóstol del Sagrado Corazón (conviene tener varios ejemplares del Ceremonial). Ten una celebración familiar después de la ceremonia, con un trato especial para los niños, quienes, por supuesto, deben estar presentes en la ceremonia, hasta los más pequeños. Es recomendable también organizar una comida o cena en la cual el Sacerdote oficiante sea convidado.
  7. Haz que este día sea uno de los eventos más destacados de la vida familiar, que sea recordado por mucho tiempo. Cada año, con la mayor solemnidad, celebra el aniversario de la Entronización con una reafirmación de tu compromiso con el Sagrado Corazón de Jesús.
  
NOTA: Aunque tu hogar ya haya sido consagrado al Sagrado Corazón, puedes hacer también la Entronización, pues las dos ceremonias no son lo mismo.
 
CEREMONIAL
  
1. Todos estarán reunidos en torno a la imagen del Sagrado Corazón de Jesús; estando el padre, la madre y los niños más cerca del Sacerdote, que estará revestido con sobrepelliz y estola blanca. Si la casa aún no está bendecida, el Sacerdote la bendice primero.
  
BENDICIÓN DE LA CASA
℣. Adjutórium nostrum in nómine Dómini [Nuestro auxilio está en el Nombre del Señor].
℟. Qui fecit cœlum et terram [Que hizo el cielo y la tierra].
℣. Dóminus vobíscum [El Señor esté con vosotros].
℟. Et cum spíritu tuo [Y con tu espíritu].
 
Orémus.
ORATIO
Bénedic Domine, Deus omnípotents, domum istam: ut sit in ea sánitas, cástitas, victória, virtus, humílitas, bónitas, et mansuetúdo, plenitúdo legis, et gratiárum áctio Deo Patri, et Fílio, et Spíritui Sancto; et hæc benedíctio máneat super hanc domum et super hábitantes in ea nunc et in ómnia sǽcula sæculórum. Amen. [Bendecid Señor, Dios Todopoderoso, esta casa: para que resida en ella la salud, la castidad, la prosperidad, la virtud, la humildad y la mansedumbre, la plenitud de la ley y de la acción de gracias a Dios Padre y el Hijo y el Espíritu Santo; y que esta bendición permanezca en esta casa y sobre los que la habitan, ahora y por todos los siglos. Amén]
 
Y se asperja agua bendita toda la casa.
 
BENDICIÓN Y ENTRONIZACIÓN DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
℣. Adjutórium nostrum in nómine Dómini [Nuestro auxilio está en el Nombre del Señor].
℟. Qui fecit cœlum et terram [Que hizo el cielo y la tierra].
℣. Dóminus vobíscum [El Señor esté con vosotros].
℟. Et cum spíritu tuo [Y con tu espíritu].
 
Orémus.
ORATIO
Omnípotens sempitérne Deus, qui Sanctórum tuórum imágines (sive effígies) sculpis aut pingi non réprobas, ut quóties illas óculis córporis intuémur, tóties eórum actus et sanctitátem ad imitándum memóriæ óculis meditémur, hanc, quǽsumus, Imáginem (seu Sculptúram) in honórem et memóriam Sacratíssimi Cordis Unigéniti Fílii tui Dómini Nostri Jesu Christi adaptátam, benedícere et sanctificáre dignéris; et præsta, ut quicúmque coram illa Cor Sacratíssimi Unigéniti Fílii tui supplíciter cólere et honoráre studúerit, illíus méritis et obténtu, a te grátiam in præsénti et ætérnam glóriam obtíneat in futúrum. Per eúmdem Christum Dóminum nostrum. Amen. [Omnipotente y sempiterno Dios, Tu que no nos prohibiste pintar ni esculpir las imágenes (o efigies) de Tus Santos, te rogamos que en Tu bondad bendigas y santifiques este cuadro (o estatua) en honor y memoria del Sacratísimo Corazón de Tu Hijo Unigénito, Nuestro Señor Jesucristo, para que, siempre que la miremos con los ojos del cuerpo, podamos con los ojos de la mente meditar Su santidad y ser llevados a imitar Sus obras. Puedan todos quienes en su presencia procuren honrar y servir humildemente a Tu Hijo Unigénito, Nuestro Señor Jesucristo, por Sus méritos e intercesión, alcanzar de Ti la gracia en la vida presente y la gloria eterna en la vida por venir. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén].
   
Y se asperja agua bendita sobre la imagen.
  
2. Entonces el padre (o en su ausencia, la madre o cualquier otro miembro de la familia) entroniza la imagen en el lugar de honor preparado para ésta. Este es el acto simbólico de Entronización.
  
3. Todos de pie recitan el Credo de los Apóstoles, como acto de fe por parte de la familia.
Credo in Deum, Patrem omnipoténtem, Creatórem Cœli et terræ. Et in Jesum Christum, Fílium ejus únicum, Dóminum nostrum: qui concéptus est de Spíritu Sancto, natus ex María Vírgine, passus sub Póntio Piláto, crucifíxus, mórtuus, et sepúltus: descéndit ad Ínferos; tértia die resurréxit a mórtuis; ascéndit ad Cœlos; sedet ad déxteram Dei Patris omnipoténtis: inde ventúrus est judicáre vivos et mórtuos. Credo in Spíritum Sanctum, Sanctam Ecclésiam Cathólicam, Sanctórum communiónem, remissiónem peccatórum, carnis resurrectiónem, vitam ætérnam. Amen.
  
4. Todos permanecen sentados mientras el Sacerdote dirige algunas palabras a los presentes, recordándole a los miembros de la familia lo que el Sagrado Corazón de Jesús espera de las familias que le han reconocido como Rey; les recuerda las magníficas promesas que el Sagrado Corazón de Jesús hiciera por Santa Margarita María; urgiéndole a la familia a vivir su Entronización y renovar frecuentemente el acto de consagración que están próximos a hacer.
  
5. Todos de rodillas, mientras el Sacerdote y el padre de familia (o el padre solo, o su representante) recitan el Acto de Consagración del Género Humano al Sagrado Corazón de Jesús, el Acto de Desagravio y la Consagración de la Familia al Sagrado Corazón de Jesús (esta oración no debe ser modificada, y se ha de rezar para ganar la Indulgencia otorgada por San Pío X el 19 de Mayo de 1908).
  
ACTO DE CONSAGRACIÓN DEL GÉNERO HUMANO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
  
Jesu dulcíssime, Redémptor humáni géneris, réspice nos ad altáre (Extra ecclesiam vel oratorium, dicitur: ante conspéctum) tuum humíllime provolútos. Tui sumus, tui esse vólumus; quo autem tibi conjúncti fírmius esse possímus, en hódie sacratíssimo Cordi tuo se quisque nostrum sponte dédicat. Te quidem multi novére nunquam; te, spretis mandátis tuis, multi repudiárunt. Miserére utrorúmque, benigníssime Jesu, atque ad sanctum Cor tuum rape univérsos.
 
Rex esto, Dómine, nec fidélium tantum qui nullo témpore discessére a te, sed étiam prodigórum filiórum qui te reliquérunt: fac hos, ut domum patérnam cito répetant, ne miséria et fame péreant.
  
Rex esto eórum, quos aut opiniónum error decéptos habet, aut discórdia separátos, eósque ad portum veritátis atque ad unitátem fídei révoca, ut brevi fiat unum ovíle et unus pastor.
 
Rex esto, eórum ómnium, qui in ténebris idololatríæ aut islamísmi adhuc versántur, eósque in lumen regnúmque tuum vindicáre ne rénuas.
  
Réspice dénique misericórdiæ óculis illíus gentis fílios, quæ támdiu pópulus eléctus fuit: et Sanguis, qui olim super eos invocátus est, nunc in illos quoque redemptiónis vitǽque lavácrum descéndat.
  
Largíre, Dómine, Ecclésiæ tuæ secúram cum incolumitáte libertátem; largíre cunctis géntibus tranquillitátem órdinis; pérfice, ut ab utróque terræ vértice una résonet vox: “SIT LAUS DIVÍNO CORDI, PER QUOD NOBIS PARTA SALUS: IPSI GLÓRIA ET HONOR IN SǼCULA”. Amen.
 
TRADUCCIÓN
Jesús, dulcísimo Redentor del género humano, míranos postrados humildemente delante de tu Altar (Fuera de la iglesia o el oratorio, decir: ante tu Presencia); tuyos somos y tuyos queremos ser, y a fin de estar más firmemente unidos a ti, he aquí que, hoy día, cada uno de nosotros se consagra espontáneamente a tu Sagrado Corazón.
  
Muchos, Señor, nunca te conocieron; muchos te desecharon al quebrantar tus Mandamientos; compadécete, Jesús, de los unos y de los otros, y atráelos a todos a tu Santo Corazón. Sé Rey, ¡Señor!, no sólo de los fieles que jamás se separaron de ti, sino también de los hijos pródigos que te abandonaron; haz que vuelvan pronto a la casa paterna, no sea que perezcan de miseria y de hambre.
  
Sé Rey de aquéllos a quienes engañaron opiniones erróneas y desunió la discordia; tráelos al puerto de la Verdad y a la unidad de la Fe, para que luego no quede más que un solo Rebaño y un solo Pastor.
  
Sé Rey de los que aún siguen envueltos en las tinieblas de la idolatría o del islamismo. A todos dígnate atraerlos a la luz de tu Reino.
  
Mira, finalmente, con ojos de misericordia, a los hijos de aquel pueblo, que en otro tiempo fue tu predilecto; que también descienda sobre ellos, como bautismo de redención y vida, la sangre que reclamó un día contra sí.
  
Concede, Señor, a tu Iglesia incolumidad y libertad segura, otorga a todos los pueblos la tranquilidad del orden; haz que del uno al otro polo de la tierra resuene esta sola aclamación: “ALABADO SEA EL DIVINO CORAZÓN, POR QUIEN HEMOS ALCANZADO LA SALUD; A ÉL GLORIA Y HONOR, POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS”. Así sea.
  
ACTO DE REPARACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
  
Jesu dulcíssime, cujus effúsa in hómines cáritas, tanta oblivióne, negligéntia, contemptióne, ingratíssime repénditur, en nos, ante altária tua (Extra ecclesiam vel oratorium, dicatur: ante conspéctum tuum) provolúti, tam nefáriam hóminum socórdiam injuriásque, quibus úndique amantíssimum Cor tuum affícitur, peculiári honóre resarcíre conténdimus.
  
Áttamen, mémores tantæ nos quoque indignitátis non expértes aliquándo fuísse, índeque vehementíssimo dolóre commóti, tuam in primis misericórdiam nobis implorámus, paráti voluntária expiatióne compensáre flagítia non modo quæ ipsi patrávimus, sed étiam illórum, qui, longe a salútis via aberrántes, vel te pastórem ducémque sectári detréctant, in sua infidelitáte obstináti, vel, baptísmatis promíssa conculcántes, suavíssimum tuæ legis jugum excussérunt.
 
Quæ deploránda crímina, cum univérsa expiáre conténdimus, tum nobis síngula resarciénda propónimus: vitæ cultúsque immodéstiam atque turpitúdines, tot corruptélæ pédicas innocéntium ánimis instrúctas, dies festos violátos, exsecránda in te tuósque Sanctos jactáta maledícta atque in tuum Vicárium ordinémque sacerdotálem convícia irrogáta, ipsum dénique amóris divíni Sacraméntum vel negléctum vel horréndis sacrilégiis profanátum, pública postrémo natiónum delícta, quæ Ecclésiæ a te institútæ júribus magisterióque reluctántur.
  
Quæ útinam crímina sánguine ipsi nostro elúere possémus! Intérea ad violátum divínum honórem resarciéndum, quam Tu olim Patri in Cruce satisfactiónem obtulísti quamque cotídie in altáribus renováre pergis, hanc eándem nos tibi præstámus, cum Vírginis Matris, óminium Sanctórum, piórum quoque fidélium expiatiónibus conjúnctam, ex ánimo spondéntes, cum prætérita nostra aliorúmque peccáta ac tanti amóris incúriam firma fide, cándidis vitæ móribus, perfécta legis evangélicæ, caritátis potíssimum, observántia, quantum in nobis erit. grátia tua favénte, nos esse compensatúros, tum injúrias tibi inferéndas pro víribus prohibitúros, et quam plúrimos potuérimus ad tui sequélam convocatúros.
 
Excípias, quǽsumus, benigníssime Jesu, beáta Vírgine María Reparatríce intercedénte, voluntárium hujus expiatiónis obséquium nosque in offício tuique servítio fidíssimos ad mortem usque velis, magno illo perseverántiæ múnere, continére, ut ad illam tandem pátriam perveniámus omnes, ubi Tu cum Patre et Spíritu Sancto vivis et regnas in sǽcula sæculórum. Amen.
  
TRADUCCIÓN
Dulcísimo Jesús, cuya caridad derramada sobre los hombres se paga tan ingratamente con el olvido, el desdén y el desprecio, míranos aquí postrados ante tu Altar (Fuera de la iglesia o el oratorio, decir: ante tu Presencia). Queremos reparar con especiales manifestaciones de honor tan indigna frialdad y las injurias con las que en todas partes es herido por los hombres tu amoroso Corazón.
  
Recordando, sin embargo, que también nosotros nos hemos manchado tantas veces con el mal, y sintiendo ahora vivísimo dolor, imploramos ante todo tu misericordia para nosotros, dispuestos a reparar con voluntaria expiación no sólo los pecados que cometimos nosotros mismos, sino también los de aquellos que, perdidos y alejados del camino de la salud, rehúsan seguirte como pastor y guía, obstinándose en su infidelidad, y han sacudido el yugo suavísimo de tu ley, pisoteando las promesas del bautismo.
  
A1 mismo tiempo que queremos expiar todo el cúmulo de tan deplorables crímenes, nos proponemos reparar cada uno de ellos en particular: la inmodestia y las torpezas de la vida y del vestido, las insidias que la corrupción tiende a las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las miserables injurias dirigidas contra ti y contra tus santos, los insultos lanzados contra tu Vicario y el orden sacerdotal, las negligencias y los horribles sacrilegios con que se profana el mismo Sacramento del amor divino y, en fin, las culpas públicas de las naciones que menosprecian los derechos y el magisterio de la Iglesia por ti fundada.
  
¡Ojalá que podamos nosotros lavar con nuestra sangre estos crímenes! Entre tanto, como reparación del honor divino conculcado, te presentamos, acompañándola con las expiaciones de tu Madre la Virgen, de todos los santos y de los fieles piadosos, aquella satisfacción que tú mismo ofrecisté un día en la cruz al Padre, y que renuevas todos los días en los altares. Te prometemos con todo el corazón compensar en cuanto esté de nuestra parte, y con el auxilio de tu gracia, los pecados cometidos por nosotros y por los demás: la indiferencia a tan grande amor con la firmeza de la fe, la inocencia de la vida, la observancia perfecta de la ley evangélica, especialmente de la caridad, e impedir además con todas nuestras fuerzas las injurias contra ti, y atraer a cuantos podamos a tu seguimiento.
  
Acepta, te rogamos, benignísimo Jesús, por intercesión de la Bienaventurada Virgen María Reparadora, el voluntario ofrecimiento de expiación; y con el gran don de la perseverancia, consérvanos fidelísimos hasta la muerte en el culto y servicio a ti, para que lleguemos todos un día a la patria donde tú con el Padre y con el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
   
CONSAGRACIÓN DE LA FAMILIA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
  
O Sacratíssimum Cor Jesu, Tu beátæ Margarítæ Maríæ desidérium regnándi super Christiánas famílias pandidísti: ecce ut tibi placeámus ádsumus hódie, ut plenum tuum super nostram famíliam impérium proclamémus.
  
Vólumus deínceps tuam vitam vívere, vólumus in sinu famíliæ nostræ florére virtútes, quibus Tu in terris pacem promisísti, vólumus longe arcére a nobis spíritum mundi, quem Tu damnásti.
  
Tu regnábis in mente nostra fídei nostræ simplicitáte, in corde nostro tui solíus amóre, quo flagrábit erga te et cujus vivam servábimus flammam frequénti divínæ Eucharistíæ receptióne.
  
Dignáre, Cor divínum, nobis præésse in unum conveniéntibus, benedícere negótiis spirituálibus et temporálibus, arcére moléstias, sanctificáre gáudia, poenas leváre. Si quando mísere quis nostrum in tantum ærúmnam incíderit ut te afflígat, fac in memóriam illi rédigas, Cor Jesu, te cum peccatóre, quem pǽnitet, plenum esse bonitátis et misericórdiæ.
   
Et quum hora separatiónis insonúerit et mors in famíliæ nostræ sinum luctum intúlerit, nos omnes, sive abeúntes sive manéntes, tuis ætérnis decrétis nos subjiciémus. Hoc solátio erit nobis, ánimo recogitáre ventúrum esse diem, in quo família nostra, in Cœlo conjúncta, tuam glóriam, tua benefícia in ætérnum cantáre póterit.
  
Dignétur Cor immaculátum Maríæ, dignétur gloriósus Patriárcha sanctus Joseph tibi hanc consecratiónem offérre, ejúsque vivam in nobis síngulis diébus vitæ nostræ conserváre memóriam. Vivat Cor Jesu, Regis et Patris nostri! Amen.
  
TRADUCCIÓN
Oh Sagrado Corazón de Jesús, que hiciste conocer a Santa Margarita María Tu deseo ardiente reinar sobre las Familias Cristianas míranos aquí reunidos hoy para proclamar Tu dominio absoluto sobre nuestro hogar.
  
De ahora en adelante nos proponemos llevar una vida como la Tuya, para que florezcan entre nosotros las virtudes por las que Tu prometiste la paz sobre la tierra, y para ese fin desterraremos de entre nosotros el espíritu mundano que Tu aborreciste tanto.
  
Reina sobre nuestro entendimiento por la simplicidad de nuestra fe. Reina sobre nuestros corazones por un amor ardiente a Ti; y esté la llama de ese amor guardada siempre ardiente en nuestros corazones por la recepción frecuente de la Sagrada Eucaristía.
  
Dígnate, Oh Divino Corazón presidir nuestras reuniones, bendecir nuestras empresas, tanto espirituales como temporales, para desterrar toda aflicción e inquietud, santificar nuestras alegrías, y aliviar nuestros pesares. Si alguno de nosotros tuviera alguna vez la desgracia de apenar a Tu Divino Corazón, recuérdale de Tu bondad y misericordia para con el pecador arrepentido.
 
Finalmente, cuando suene la hora de la separación, y la muerte hunda nuestro hogar en la aflicción, resignémonos, todos y cada uno de nosotros, a Tus eternos decretos, y busquemos consuelo en el pensamiento que algún día nos reuniremos en el Cielo, a cantar las alabanzas y bendiciones de Tu Sagrado Corazón por toda la eternidad.
 
Dígnense el Inmaculado Corazón de María, y el glorioso Patriarca San José, ofrecer a Ti esta, nuestra Consagración, y recordárnosla todos los días de nuestra vida. Gloria al Divino Corazón de Jesús, nuestro Rey y nuestro Padre. Amén.
 
6. El Sacerdote pide a los presentes que digan un Padrenuestro y un Avemaría por todos los miembros ausentes, tanto vivos como difuntos, para que todos puedan compartir las gracias de la Entronización.
  
Pater noster, qui es in Cœlis, sanctificétur nomen tuum. Advéniat Regnum tuum. Fiat volúntas tua, sicut in Cœlo et in terra. Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie. Et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris. Et ne nos indúcas in tentatiónem, sed líbera nos a malo. Amen.
 
Ave María, gratia plena; Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus, et benedíctus fructus ventris tui Jesus. Sancta María, Mater Dei, ora pro nobis peccatóribus, nunc et in hora mortis nostræ. Amen.
  
Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.
  
℣. Fidélium ánimæ defunctórum, per misericórdiam Dei requiéscant in pace.
℟. Amen.
  
℣. Dómine, salvos fac servos tuos.
℟. Deus meus, sperántes in Te.
  
7. Todos recitarán con el Sacerdote (o el jefe de familia) la siguiente oración:
 
ACCIÓN DE GRACIAS AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS POR LA ENTRONIZACIÓN
   
Gloria a Ti, ¡oh Sagrado Corazón de Jesús!, por la infinita misericordia que has mostrado sobre los privilegiados miembros de esta familia. Tú los has escogido entre otros miles, como recipientes de Tu amor y un santuario de reparación donde Tu amantísimo Corazón encontrará consolación de las ingratitudes de los hombres.
  
¡Cuán grande es, Señor Jesús, la confusión de esta porción de tu rebaño fiel en aceptar el inmérito honor de verte presidir sobre nuestra familia! Silenciosamente Te adoramos, regocijados de verte compartir bajo el mismo techo los trabajos, necesidades y alegrías de tus hijos. Es verdad, no somos dignos de que entres en nuestra humilde morada, pero Tú nos has ya prometido, cuando nos revelaste Tu Sagrado Corazón, enseñarnos a encontrar en la llaga de Tu Sagrado Costado la fuente de la gracia y la vida eterna. En este espíritu amante y confiado nos entregamos a Ti, que eres la Vida inmutable.
 
Quédate con nosotros, ¡oh Sacratísimo Corazón!, porque sentimos un deseo irresistible de amarte y hacerte amado, porque Tú eres el fuego divino que ha de abrasar al mundo para regenerarlo. ¡Ah, sí! Que nuestro hogar sea para Ti un puerto tan dulce como el de Betania, donde pudiste encontrar descanso en medio de amigos afectuosos, quienes como María han escogido la mejor parte en la amorosa intimidad de Tu Corazón!
  
Que este hogar sea para Ti, ¡oh amado Salvador!, un humilde pero hospitalario refugio, como lo fue Egipto durante el exilio impuesto sobre Ti por Tus enemigos.
  
Ven, pues, Señor Jesús, ven, aquí como en Nazaret, tenemos un tierno amor por la Virgen María, Tu dulce Madre que nos has dado para ser nuestra Madre. Ven, para llenar con Tu dulce presencia los vacíos que el infortunio y la muerte han obrado en medio nuestro.
 
¡Oh Amigo fidelísimo! Si Tú hubieras estado aquí en medio de las tristes horas de dolor y duelo, nuestras lágrimas habrían sido menos amargas: el bálsamo reconfortante de la paz fuese luego vertido en estas heridas ocultas, que son conocidas solo por Ti.
  
Ven, pues aún ahora quizás, se esté alzando ante nosotros el crepúsculo de la tribulación, y el ocaso del paso de los días de nuestra juventud y de nuestras ilusiones.
  
Quédate con nosotros, porque ya es tarde, y un mundo pervertido busca envolvernos en la oscuridad de sus negaciones mientras deseamos adherirnos solo a Ti, que eres el Camino, la Verdad y la Vida.
  
Repite para nosotros estas palabras que pronunciaste antaño: “Hoy debo hospedarme en esta casa” (Luc. XIX, 5).
  
¡Sí, amado Señor, establece Tu morada con nosotros, para que podamos vivir en Tu amor y Tu presencia, nosotros que Te proclamamos como nuestro Rey y no deseamos a ningún otro sino a Ti!
  
¡Que Tu triunfante Corazón, oh Jesús, sea siempre amado, bendito, y glorificado en este lugar! ¡Venga a nos Tu Reino! ¡Amén!
 
8. Como acto de homenaje al Inmaculado Corazón de María, recitar de pie la Salve:
Salve Regína, Mater misericórdiæ, vita, dulcédo, et spes nostra, salve. Ad te clamámus éxsules fílii Evæ. Ad te suspirámus, geméntes et flentes in hac lacrimárum valle. Eja, ergo, Advocáta nostra, illos tuos misericórdes óculos ad nos convérte. Et Jesum, benedíctum frúctum ventris tui, nobis post hoc exílium osténde. O clemens, O pia, O dulcis Virgo María. Amen.
℣. Ora pro nobis, Sancta Dei Génetrix.
℟. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
   
JACULATORIAS
℣. Cor Jesu Sacratíssimum.
℟. Miserére nobis. (Tres veces)
  
℣. Cor Maríæ Immaculátum.
℟. Ora pro nobis.
 
℣. Sancte Joseph.
℟. Ora pro nobis.
  
℣. Sancta Margaríta María.
℟. Ora pro nobis.
  
Todos: Glória Cor Jesu sacratíssimo, in ómnia sǽcula sæculórum. Amen [Gloria al Sagrado Corazón de Jesús, en todos los siglos de los siglos. Amén].
 
9. El Sacerdote (o el padre de familia) imparte la bendición:
Benedíctio Dei omnipoténtis, Patris, et Fílii , et Spíritus Sancti, descéndat super vos, et máneat semper. Amen. [Que la bendición de Dios omnipotente, Padre, Hijo , y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros, y permanezca para siempre. Amén].
  
10. Entonces los miembros de la familia y el Sacerdote firman el Certificado de la Entronización, que debería ser enmarcado y colgado cerca de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, o guardado en los archivos familiares. El Sacerdote anuncia las indulgencias otorgadas por San Pío X y Benedicto XV a todas las familias del mundo que hiciesen la Entronización del Sagrado Corazón de Jesús:
  1. INDULGENCIA DE SIETE AÑOS a todos los miembros de la familia el día en que se celebre en la propia casa la ceremonia de la Entronización si, al menos contritos de corazón, asisten devotamente a ella.
  2. INDULGENCIA PLENARIA a los mismos si, habiendo confesado y comulgado ese mismo día, visitaren una iglesia u oratorio público, rogando por las intenciones generales de la Iglesia.
  3. INDULGENCIA DE TRES AÑOS a los mismos una vez cada año en el aniversario de la Entronización, si en dicho día renovaren el Acto de Consagración ante la Imagen del Sagrado Corazón de Jesús.
  4. INDULGENCIA PLENARIA a los mismos una vez cada año en ese mismo día si, habiendo confesado y comulgado, renovaren el Acto de Consagración y visitaren una iglesia u oratorio público rogando por las intenciones generales de la Iglesia.
 
PRÁCTICAS DE DEVOCIÓN SUGERIDAS
  1. Asistencia frecuente e incluso diaria a Misa por al menos un miembro de la familia, y la Comunión Reparadora. Recitar la “Misa de San Juan” [1] durante el día.
  2. Observancia del Primer viernes de cada mes (Santa Misa, Comunión Reparadora; y renovación del acto de consagración ante la imagen entronizada).
  3. Rosario diario familiar ante la imagen entronizada del Sagrado Corazón de Jesús, con la renovación diaria de la consagración (200 días de indulgencia una vez al día, Card. Desiderio José Mercier, 16 de Enero de 1918):
    RENOVACIÓN DIARIA DE LA CONSAGRACIÓN DE LA FAMILIA
    (Para ser dicha en las oraciones de la noche en unión con todas las familias en las que ha sido entronizado el Sagrado Corazón de Jesús)
      
    Dulcísimo Jesús, humildemente postrados a Tus pies, renovamos la consagración de nuestra familia a Tu Divino Corazón. ¡Sé Tú nuestro Rey para siempre! En Ti tenemos total y entera confianza. Que Tu espíritu penetre nuestros pensamientos, nuestros deseos, nuestas palabras, y nuestras obras. Bendice nuestras empresas, ten parte en nuestras alegrías, en nuestras pruebas y en nuestras labores. Concédenos conocerte mejor, amarte más y servirte sin descanso.
     
    Por el Inmaculado Corazón de María, Reina de la Paz, venga Tu reino en nuestro país. Entra cercanamente en medio de nuestras familas y hazlas Tuyas por la solemne entronización de Tu Sagrado Corazón, para que pronto un grito pueda resonar de hogar a hogar: “¡Que el triunfante Corazón de Jesús sea amado, bendecido y glorificado para siempre en todas partes!” ¡Honor y gloria a los Sagrados Corazones de Jesús y de María!
      
    Sagrado Corazón de Jesús, protege nuestras familias.
      
  4. Celebración de la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús por toda la familia; asistencia a la Misa, Comunión ofrecida por la propagación del Reinado del Sagrado Corazón de Jesús mediante la Cruzada de Entronización; reunión familiar y celebración en el hogar, con renovación de la Entronización; y una fiesta especial para los niños.
  5. Observar el mes de Junio; mantener flores ante el “Trono”; Misa y Comunión tan frecuente como sea posible.
  6. Asistencia a la Hora Santa.
  7. Adoración Nocturna en el hogar. Cualquier hora entre las 21:00h y las 6:00h, por uno o todos los miembros de la familia al menos una vez al mes. A este fin, iniciar con la lectura de la Misa del Sagrado Corazón de Jesús, la Letanía del Sagrado Corazón de Jesús y un acto de Consagración, siguiendo con las devociones que desee realizar.
  8. Celebrar la Fiesta del Inmaculado Corazón de María (22 de Agosto); Misa, Comunión; y Consagración de la familia al Inmaculado Corazón de María.
  9. Hacer los cinco Primeros Sábados en reparación del Inmaculado Corazón de María y por la Conversión de Rusia: Misa y Comunión Reparadora; un tercio del Rosario (cinco décadas) más una meditación de quince minutos sobre los quince misterios del Santo Rosario. El Rosario y la meditación sobre sus Misterios se pueden realizar en cualquier hora del Primer Sábado; un sermón en la iglesia satisfará plenamente la obligación de la meditación.
  10. Practicar la devoción al Espíritu Santo. Recitar el Rosario del Espíritu Santo.
 
OCASIONES ESPECIALES EN QUE LA FAMILIA DEBE RENOVAR EL ACTO DE CONSAGRACIÓN
  1. Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, y día de Cristo Rey (último Domingo de Octubre).
  2. Aniversario de la Entronización.
  3. Cumpleaños de los padres y de los hijos.
  4. En los nacimientos; después del Bautismo en la iglesia, consagrar a los niños al Sagrado Corazón ante el trono.
  5. En la Primera Comunión; preparar a los niños ante la imagen del Sagrado Corazón ante el trono. Cuando regresen de la iglesia, que renueven el acto de consagración hecho en su nombre por los padres al nacer.
  6. Antes de la partida de algún integrante: para unirse al ejército, al convento, al seminario, o antes del matrimonio [2].
  7. Al retorno de un miembro ausente de la familia.
  8. En los días de grandes alegrías familiares; en tiempos de dolor, enfermedad, o muerte.
 
Fuentes: P. MATEO CRAWLEY-BOEVEY SS. CC. Jesús, Rey de Amor. Secretariado Nacional de la Entronización del Corazón de Jesús, Madrid, 1950. - P JOSEPH A. FISCHER. Our Christian Home (Nuestro hogar Cristiano). Seraphic Press, Milwaukee WI, 1954.
  
NOTAS
[1] La “Misa de San Juan” consiste en el ofrecimiento de la Hostia y el Cáliz, la Consagración, el Dómine non sum dignus -tres veces-, y las oraciones de la Comunión del Sacerdote en el Rito Romano Tradicional.
[2] Para una joven pareja, no hay forma más apropiada de comenzar su vida de casados, que entronizar el Sagrado Corazón de Jesús en su nuevo hogar.

domingo, 29 de octubre de 2017

SERMÓN DE LA FIESTA DE CRISTO REY

Tomado de RADIO CRISTIANDAD.
  
  
Es rey del mundo entero, y nada puede substraerse a su poder. Él mismo lo dijo antes de su Ascensión: “Se me ha dado todo poder en el cielo y sobre la tierra” (Mt 28, 18).
  
Jesucristo delante de Pilatos afirmó por tres veces que es Rey, y negó que sea Rey en el sentido que lo entendían Pilatos y los judíos... y como lo entienden muchos de los católicos de hoy...
  
Es cierto que Jesucristo dijo: “Mi Reino no es de aquí”...
  
Pero no dijo: “Mi Reino no está aquí”...
  
Jesucristo afirmó delante de Pilatos que su Reino no es de este mundo (S. Juan 18, 36). Eso significa que su Realeza no es originaria de este mundo...: “Mi Reino no viene de este mundo”...
  
El Reino de Jesucristo no es de este mundo, pero está en este mundo; y su Realeza se ejerce sobre la tierra.
 
Jesucristo dijo “Mi Reino no viene de este mundo”, no viene de las potencias mundanas, de los soldados, de una elección ejercida por el pueblo o por los banqueros internacionales y las grandes potencias de las Altas Finanzas...
  
Sus Derechos vienen de su carácter propio, a causa de ser Aquél que es, es decir, el Hijo de Dios. Los hombres no le dieron sus Derechos, y los hombres no pueden retirárselo.
  
Jesucristo se negó a dejarse declarar Rey para disociar su Reino de las engañosas esperas mesiánicas de los judíos: liberación del yugo romano y soberanía mundial.
  
Dirigiéndose a un gobernador romano, indica que sus Derechos, esencialmente sobrenaturales, no amenazan al emperador; no compite con los derechos terrestres, de los cuales no tiene ni los límites, ni la fragilidad, ni las ambiciones mezquinas.
  
Pío XI enseña, en efecto, en la Encíclica Quas primas que el Reino del Cristo “es principalmente espiritual y se refiere antes que todo al orden espiritual”
  
Pero Pío XI prosigue:
“Sería un error grueso rechazar a Cristo Hombre la soberanía sobre las cosas temporales, cualesquiera que sean: tiene del Padre sobre las criaturas un derecho absoluto, permitiéndole disponer de él voluntariamente”
  
Nuestro Señor quiere en primer lugar salvar las almas, reinar en ellas por su gracia. Distinguió cuidadosamente la sociedad religiosa que fundaba (la santa Iglesia) de la sociedad civil. Les dejó el poder a los reyes de la tierra.
  
Pero los Derechos de Cristo existen, y las autoridades temporales tienen el deber de reconocerlos públicamente en cuanto tengan conocimiento.
  
Para los Jefes de Estado, el reconocimiento público de los Derechos de Cristo es un deber, en primer lugar, de justicia hacia Nuestro Señor; es también un deber hacia sus súbditos, a los que ayudan así a salvarse; es, por fin, un deber para con la Iglesia, a la que debe sostener en su misión.
 
Esto es lo que se denomina la Realeza Social de Jesucristo.
  
¿Por qué hacer tanto hincapié en la Realeza Social de Jesucristo? ¿No basta con ocuparse de la parte fundamental, su reino en las almas? ¡NO!
   
El hombre no es un puro espíritu. Pío XII enseña:
“De la forma otorgada a la sociedad, en armonía o no con las leyes divinas, depende y se infiltra el bien o el mal de las almas”
 
Dios quiso crear a una sociedad propiamente religiosa (la santa Iglesia), distinta de la sociedad civil. El hombre debe pues pertenecer a estas dos sociedades. Pero el hombre sólo tiene un único fin último. No puede ir en dos direcciones a la vez.
  
Ahora bien la vida temporal se le da para preparar la vida eterna. El Estado, cuyo ámbito propio es lo temporal, no puede, pues, organizarlo independientemente del fin último.
  
No se encomienda directamente al Estado la felicidad eterna, pero sí indirectamente. Si lo descuida, olvida la parte más importante del bien común.
  
Tal es la enseñanza de los Padres de la Iglesia, de Santo Tomás y de los Papas.
 
Después de la Revolución de 1789, cuando los poderes temporales dejaron de ejercer su función, los Papas debieron tratar detenida y explícitamente este punto.
  
Todos los Papas, hasta Pío XII, son unánimes; y Pío XI instituyó la fiesta de Cristo Rey contra el “liberalismo”, que afirma la laicidad del Estado y niega los Derechos de Jesucristo.
  
La Iglesia y el Estado, ¿no deben estar separados? ¡NO!
  
La Iglesia y el Estado son dos sociedades distintas; pero su estricta separación es absurda y contra la naturaleza.
   
No se olvide que el hombre es un cristiano y un ciudadano. No debe ser cristiano solamente en su vida privada, sino también en todos los ámbitos de su vida.
  
Debe, pues, el Estado realizar una política cristiana, esforzándose en poner de acuerdo las leyes civiles con las leyes divinas.
  
Tomemos el ejemplo del hombre: es la unión de un cuerpo y de un alma. Si los separan, no hay más hombre: es la muerte.
  
El laicismo designa la separación de lo civil y de lo religioso; la separación de los poderes políticos y administrativos del Estado del poder religioso de la Iglesia.
  
El laicismo, la separación de la Iglesia y del Estado, fue condenado por varias Encíclicas y documentos romanos, incluidos Mirári Vos, Quánta Cura, Sýllabus, Veheménter, Gravíssimo Offício Múnere, Jamdúdum y Quas Primas.
  
Pío XI instituyó la fiesta de Cristo Rey. Ahí aquí lo que escribió:
“Es Nuestra resolución proveer a las necesidades del tiempo presente, de aportar un remedio eficaz a la peste que corrompió a la sociedad humana. Lo hacemos prescribiendo al universo católico el culto de Cristo Rey. La peste de nuestro tiempo es el laicismo, con sus errores y sus empresas criminales.
 
Una fiesta celebrada cada año en todo el pueblo en honor de Cristo Rey será soberanamente eficaz para incriminar y reparar de alguna manera esta apostasía pública, tan desastrosa para la sociedad, que generó el laicismo.”
  
La Historia pone de manifiesto rápidamente que el “laicismo liberal”, que se pretende neutro frente a la religión, le es realmente profundamente hostil. Terminó por deificar al Estado y se organizó esto en un sistema filosófico monstruoso e idolátrico: la “estato-latría”...
  
El liberalismo generó el modernismo, la última herejía, que, más aún que las herejías anteriores, niega de una manera feroz y radical los Derechos de Cristo.
 
Releamos a Monseñor Marcel Lefebvre:
“Y bien veis que de eso estamos muriendo: en nombre de la libertad religiosa del Vaticano II que se han suprimido los Estados todavía católicos, se los ha laicizado, se ha borrado de las constituciones de dichos Estados el primer artículo que proclamaba la sumisión del Estado a Dios, su autor, o en el cual hacía profesión de la verdadera religión. Esto es precisamente lo que los masones no querían escuchar más (...) La libertad religiosa es la apostasía legal de la sociedad: recordadlo bien; pues es eso lo que respondo a Roma, cada vez que quieren obligarme a aceptar globalmente el Concilio o especialmente la declaración sobre la libertad religiosa. Rechacé firmar ese acto conciliar el 7 de diciembre de 1965, y ahora, veinte años más tarde, las razones para no hacerlo no han hecho más que aumentar. ¡No se firma una apostasía!” (Lo destronaron, páginas 73 y 75).

¿Cuáles deben ser, por lo tanto, las relaciones entre la Iglesia y el Estado?
  
En el orden normal de las cosas, el Estado debe ser oficialmente católico. Debe pues adherirse a la religión católica y declararla religión de Estado, protegerla y favorecerla, hacer de sus fiestas días festivos y participar oficialmente, en la persona de los hombres políticos, en las celebraciones litúrgicas.
  
Debe velar para que los mandamientos de Dios encuentren su expresión en las leyes civiles, como, por ejemplo, el respeto del descanso dominical y la prohibición del divorcio, la contracepción y el aborto.
  
Debe, por otro lado, ayudar a las escuelas católicas y a los establecimientos caritativos.
  
Me dirán: eso es muy bueno, pero es un ideal y no una realidad. En nuestros días, en efecto, los que mandan son los masones.
  
Aquí se plantea una objeción lógica: “De hecho, Jesucristo no fue nunca el Rey del Mundo”.
  
Esta objeción corresponde a la pregunta irónica de Pilatos: “Entonces, ¿tú eres Rey?...”
  
Veía a Nuestro Señor en una situación bien poco compatible con cualquier derecho…
  
Mientras tanto, “no queremos que éste reine sobre nosotros”, gritaban los judíos fuera...
  
Esta objeción corresponde también a la situación actual...
  
Lo hemos dicho, hoy día Jesucristo no reina de verdad... Pero, como El mismo lo dijo, si los súbditos de un Rey se rebelan contra él, no deja, sin embargo, de ser su Rey; conserva el poder de castigarlos y de someterlos posteriormente. Si no tuviese este poder, no sería verdaderamente Rey.
 
La contraparte de la objeción y su refutación está, por lo tanto, en la respuesta de Cristo a Pilatos: “Mi Reino no viene de este mundo”.
  
Jesucristo declara aquí solemnemente, al final de su vida pública, sus Derechos ante un tribunal y a riesgo de su vida...
  
Y a esta declaración de sus Derechos, la proclama “dar testimonio de la Verdad”, y afirma que su Vida no tiene otro objetivo. Y eso le costó la vida...
  
Aparentemente han ganado los que decían: “No queremos que este reine sobre nosotros; no tenemos otro Rey que el César”...
  
Pero en la cumbre de la Cruz donde murió este Rey rechazado, había un letrero escrito en tres lenguas, hebreo, griego y latín, donde se podía leer: “Jesús de Nazareth Rey de los Judíos”...
  
Y esta Cruz es la respuesta a los que, hoy en día, se escandalizan por la impotencia del Catolicismo ante la gran crisis espiritual y material que reina sobre la tierra.
  
Creen que la crisis actual es una gran desobediencia a Jesucristo y, por consiguiente, dudan que Cristo sea realmente Rey..., como dudó Pilatos, viéndolo atado e impotente...
  
Pero la crisis actual no es una gran desobediencia a Cristo: es la consecuencia de una gran insubordinación, es el castigo de una gran rebeldía y es la preparación de la gran restauración del Reino de Cristo.
  
El Hombre Moderno, que cayó en cinco rebeliones y cinco idolatrías, es castigado ahora y es purificado por cinco castigos y cinco penitencias:
  1. Incurrió en la Idolatría de la Ciencia, con que quiso hacer otra torre de Babel que llegase hasta el cielo...; y la ciencia actualmente está muy ocupada en construir aviones, bombas y cañones para destruir las ciudades y las casas...
  2. Cometió la Idolatría de la Libertad, con que quiso hacer de cada hombre un pequeño jefe caprichoso...; y el mundo hoy se llena de déspotas..., y los propios pueblos piden brazos fuertes para salir de la confusión que generó esta loca libertad...
  3. Cayó en la Idolatría del Progreso, con que los hombres creyeron poder restablecer en poco tiempo un nuevo Paraíso Terrenal...; y ahí tenemos que el Progreso es el Becerro de oro, que hunde a los hombres en la miseria, la esclavitud, el odio, la mentira y la muerte...
  4. Reincidió en la Idolatría de la Carne, a la cual pidió el Paraíso y las delicias del Edén...; y la carne desnuda del hombre, exhibida y adorada, herida, se rasga, se pudre y se disuelve como un inmundo abono sobre los campos de batalla y en las clínicas especializadas para los abortos...
  5. Insistió en la Idolatría del Placer, con que quiere hacer del mundo un Carnaval perpetuo y transformar a los hombres en niños agitados e irresponsables...; y el placer creó un mundo de enfermedades, sufrimientos y tormentos que hacen desesperar a todas las autoridades de la medicina...
  
¡Sí!... Los males que sufrimos hoy tienen su origen en una última desobediencia; pero reconfortan, porque la guadaña ya está puesta en la raíz. Estamos al final de un proceso mórbido que dura desde hace ya siete siglos.
  
Sí, hoy en día Jesucristo no reina de verdad, pero no deja de ser Rey; conserva el poder de castigar y someter nuevamente a sus súbditos rebeldes.
  
Más allá del clamor de la batalla en la cual se destruye a los hombres, en medio de la confusión y la nube de mentiras y fraudes en la que vivimos, el corazón oprimido por las tribulaciones del mundo y por nuestras propias pruebas, la Iglesia Católica, imperecedero Reino de Cristo, está de pie como su divino Maestro para volver a dar testimonio de la Verdad y defenderla.

Más allá del tumulto y de la confusión, los ojos fijos en la Cruz, en su experiencia de veinte siglos, confiando en las profecías sobre su futuro, lista para soportar la lucha, con la certeza del triunfo, la Iglesia, por su sola presencia y su silencio, dice a todos los Caifás, a todos los Herodes y a todos los Pilatos del mundo que esta palabra de su Fundador divino no fue inútil: ¡Yo soy Rey!
 
Preparémonos para su Venida... y aceleremos su Venida por la oración y el sacrificio.
  
Podemos ser soldados de un gran Rey; nuestras vidas transitorias y pobres pueden unirse a algo grande, triunfal, absoluto.
  
Dejemos de lado el egoísmo, nuestros pequeños caprichos, las ambiciones y los objetivos personales.
  
El que puede practicar la caridad, que se sacrifique por su prójimo...
 
Aquél que puede hacer el apostolado, que confiese y predique a Cristo el Rey...
  
Aquél que puede enseñar, que enseñe...
  
Y el que puede quebrar la iniquidad, que la persiga y la requiebre, incluso a riesgo de su vida…
  
Para eso, purifiquemos nuestra vida de toda falta y de todo error.
  
Vayamos a la Inmaculada Madre de Dios, Reina de los Ángeles y de los hombres, para que se digne elegirnos para militar con su hijo Jesucristo, no sólo ofreciendo nuestras personas al trabajo, como dice San Ignacio, sino también comprometiéndonos con determinación en este combate por el Reino de Cristo contra las fuerzas del Mal...
  
Combate que es el eje de la historia del mundo, sabiendo que nuestro Rey es invencible, que su Reino no tendrá fin, que su Venida y su triunfo no están lejos, que su recompensa supera todas las vanidades de este mundo...
 
Advéniat Regnum tuum... ¡Jesucristo, que venga tu Reino!
  
Ut advéniat Regnum tuum, advéniat Regnum Maríæ... ¡A fin de que venga tu Reino, que venga el Reino de María!

lunes, 31 de octubre de 2016

ORACIÓN CONTRA LAS MAQUINACIONES DE LOS ENEMIGOS DE LA IGLESIA

Oración tomada de Carmelite Devotions and Prayers for Special Feasts of the Liturgical Year, escrito por un terciario carmelita, The Bruce Publishing Company, Milwaukee (Wisconsin), 1956. Traducción nuestra.

Oh María Inmaculada, soberana Reina de los cielos y la tierra, y nuestra bondadosa Abogada, te suplicamos dígnate interceder por nosotros. Ruega a Dios que envíe a San Miguel y todos los santos Ángeles alejar a todos los obstáculos que se oponen al reinado del Sagrado Corazón de Jesús en las almas, nuestras familias, nuestro país y el mundo entero.

Y tú, San Miguel, príncipe de la celestial milicia, te suplicamos de todo corazón que vengas a nuestro auxilio. Defiéndenos contra los ataques de satanás; y por el poder que Dios te confirió, después de asegurar la victoria de la Iglesia en este mundo, guía nuestras almas hacia las eternas moradas. Amén.

¡Sagrado Corazón de Jesús, venga a nos el tu Reino!

(El Santo Padre San Pío X, mediante rescripto del 29 de Junio de 1906, otorgó a esta oración 300 días de Indulgencia)

domingo, 25 de octubre de 2015

ACTO DE CONSAGRACIÓN DEL GÉNERO HUMANO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, COMPLETO Y VERDADERO

Esta oración de consagración al Sagrado Corazón de Jesús fue escrita por el Papa León XIII en 1899, junto con la Encíclica "Annum Sacrum"; y el Papa Pío XI ordenó que esta consagración se rezase el último Domingo de Octubre (Día de Nuestro Señor Jesucristo Rey). Además, es la AUTÉNTICA Y COMPLETA oración consagratoria al Sagrado Corazón, porque no sólo traemos el original en Latín (como fuera publicada en las Actas de la Sede Apostólica en 1927), sino también porque muchos sitios publican la traducción de la oración mutilada por la secta deuterovaticana el 18 de Julio de 1959 (eliminando la súplica por la conversión de los paganos y musulmanes, y la conversión de los judíos) para hacerla "ecuménica" y "políticamente correcta". Y como Católicos Sedevacantistas que somos, hemos de asumir la Verdad totalmente y difundirla, como efectivamente hemos resuelto hacer.
   
ACTUS CONSECRATIÓNIS HUMÁNI GÉNERIS AD SACRATÍSSIMI CORDIS JESU
 
Jesu dulcíssime, Redémptor humáni géneris, réspice nos ad altáre (Extra ecclesiam vel oratorium, dicitur: ante conspéctum) tuum humíllime provolútos. Tui sumus, tui esse vólumus; quo autem tibi conjúncti fírmius esse possímus, en hódie sacratíssimo Cordi tuo se quisque nostrum sponte dédicat. Te quidem multi novére nunquam; te, spretis mandátis tuis, multi repudiárunt. Miserére utrorúmque, benigníssime Jesu, atque ad sanctum Cor tuum rape univérsos. 
  
Rex esto, Dómine, nec fidélium tantum qui nullo témpore discessére a te, sed étiam prodigórum filiórum qui te reliquérunt: fac hos, ut domum patérnam cito répetant, ne miséria et fame péreant. 

Rex esto eórum, quos aut opiniónum error decéptos habet, aut discórdia separátos, eósque ad portum veritátis atque ad unitátem fídei révoca, ut brevi fiat unum ovíle et unus pastor. 
 
Rex esto, eórum ómnium, qui in ténebris idololatríæ aut islamísmi adhuc versántur, eósque in lumen regnúmque tuum vindicáre ne rénuas. 
  
Réspice dénique misericórdiæ óculis illíus gentis fílios, quæ támdiu pópulus eléctus fuit: et Sanguis, qui olim super eos invocátus est, nunc in illos quoque redemptiónis vitǽque lavácrum descéndat. 
  
Largíre, Dómine, Ecclésiæ tuæ secúram cum incolumitáte libertátem; largíre cunctis géntibus tranquillitátem órdinis; pérfice, ut ab utróque terræ vértice una résonet vox: “SIT LAUS DIVÍNO CORDI, PER QUOD NOBIS PARTA SALUS: IPSI GLÓRIA ET HONOR IN SǼCULA”. Amen.
  
ACTO DE CONSAGRACIÓN DEL GÉNERO HUMANO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
    
Jesús, dulcísimo Redentor del género humano, míranos postrados humildemente delante de tu Altar (Fuera de la iglesia o el oratorio, decir: ante tu Presencia); tuyos somos y tuyos queremos ser, y a fin de estar más firmemente unidos a ti, he aquí que, hoy día, cada uno de nosotros se consagra espontáneamente a tu Sagrado Corazón.
  
Muchos, Señor, nunca te conocieron; muchos te desecharon al quebrantar tus Mandamientos; compadécete, Jesús, de los unos y de los otros, y atráelos a todos a tu Santo Corazón. Sé Rey, ¡Señor!, no sólo de los fieles que jamás se separaron de ti, sino también de los hijos pródigos que te abandonaron; haz que vuelvan pronto a la casa paterna, no sea que perezcan de miseria y de hambre.
  
Sé Rey de aquéllos a quienes engañaron opiniones erróneas y desunió la discordia; tráelos al puerto de la Verdad y a la unidad de la Fe, para que luego no quede más que un solo Rebaño y un solo Pastor.
  
Sé Rey de los que aún siguen envueltos en las tinieblas de la idolatría o del islamismo. A todos dígnate atraerlos a la luz de tu Reino.
  
Mira, finalmente, con ojos de misericordia, a los hijos de aquel pueblo, que en otro tiempo fue tu predilecto; que también descienda sobre ellos, como bautismo de redención y vida, la sangre que reclamó un día contra sí.
  
Concede, Señor, a tu Iglesia incolumidad y libertad segura, otorga a todos los pueblos la tranquilidad del orden; haz que del uno al otro polo de la tierra resuene esta sola aclamación: “ALABADO SEA EL DIVINO CORAZÓN, POR QUIEN HEMOS ALCANZADO LA SALUD; A ÉL GLORIA Y HONOR, POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS”. Así sea.
 
El Papa Pío XI, en Audiencia concedida al Cardenal de la Sagrada Penitenciaría Apoostólica el 16 de Julio de 1926, concedió 300 días de Indulgencia a cuantos rezaren devotamente esta oración. Indulgencia plenaria al mes, con las condiciones de rigor, cuando se rece durante un mes. También se obtiene la Indulgencia plenaria en el Día de Nuestro Señor Jesucristo Rey, el último Domingo de Octubre.