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sábado, 15 de febrero de 2020

¿POR QUÉ EL VATICANO II IGNORÓ EL COMUNISMO?

Traducción del artículo publicado en CORRISPONDENZA ROMANA. El artículo es del 2012, pero por su importancia y porque la actitud del Vaticano II hacia la URSS se refleja en Bergoglio y la China comunista, se trae a publicación.
 
   
(Edward Pentin, The Chatolic Word Report) Mientras la Iglesia celebra el 50º aniversario de la inauguración del Concilio Vaticano II, hay un aspecto menos conocido —y alguno diría altamente perturbador— del Concilio que ha tendido a ser pasado por alto: la ausencia de cualquier referencia a, o condenación del comunismo en los documentos conciliares, a pesar del hecho de que la Unión Soviética estaba en ese tiempo en la cima de su poder.
  
Con los años, muchos han especulado sobre las causas de la omisiòn, mientras que otros han ponderado las consecuencias, tanto para la Iglesia Católica como para el mundo de hoy.
  
En años recientes, se ha levantado gradualmente el velo del misterio sobre la omisión, mientras que los historiadores han descubierto evidencia irrefutable que explica cómo tuvo lugar la ausencia de cualquier referencia al comunismo en los documentos.
  
La omisión fue sorpresiva en esa época, como quiera que hasta el Vaticano II, la Iglesia en sus enseñanzas había hablado repetidamente contra el comunismo. Sus condenas fueron claras e inequívocas, consistentes con las del Papa Pío XII, que fue incansable en sus denuncias del comunismo hasta su muerte en 1958.

En los vota (votos) de los Padres Conciliares —miles de recoendaciones reunidas de figuras claves de la Iglesia justo antes de las sesiones conciliares—, el comunismo tenía un alto puesto en la lista de preocupaciones. De hecho para muchos, parecía ser el área individual más importante que se debía condenar.
  
Los historiadores discuten que varios factores contribuyeron a que el comunismo no fuera mencionado en absoluto durante el Concilio. El primero fue la desafortunada época del Concilio. “Eran los sesentas, y el mundo estaba abrazando un nuevo espíritu de optimismo”, explica el historiador de la Iglesia Roberto De Mattei, autor de Il Concilio Vaticano II – Una storia mai scritta (El Concilio Vaticano II – Una historia nunca escrita). “Fue durante este período que se presentó un ‘deshielo’ de realidades, ya definidas como antitéticas por el Magisterio”.

En particular, se pensó que la última encíclica del Papa Juan XXIII, Pacem in Terris, jugó un papel clave en este cambio de perspectiva sobre el comunismo. Para De Mattei, la encíclica fue “probadamente decisiva”, pues dio la impresión de “querer superar la posición de la Iglesia contra el comunismo, removiendo, de hecho, toda condenación, aun verbal”. Se creyó que la política vaticana del “Ostpolitik” (apertura de la Iglesia a los países comunistas del Este mediante el diálogo) tuvo sus raíces en la encíclica de 1963. Esta fue tomada por Mons. Agostino Casaroli, quien, en ese tiempo, era el viceministro de exteriores de la Santa Sede, pero después se convertiría en Secretario de Estado del Vaticano.
  
¡Pero por qué Juan XXIII permitiría tal ruptura con la hasta entonces firme línea contra el comunismo? Algunos creen que le tuvo, si no simpatía, sí predisposición de ver al comunismo con algo de optimismo malfundado.

“Una teoría comúnmente sostenida, que no se puede probar, es que Juan XXIII tuvo buenas relaciones con el presidente soviético Jrushchov”, dice el padre Norman Tanner, un jesuita experto sobre el Concilio en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Ciertamente, se tiene constancia de que Jrushchov visitó al Papa en el Vaticano, y que Juan XXIII se alegró de recibir del líder soviético felicitaciones por su cumpleaños al cumplir los 80. En respuesta, Juan XXIII le pidió a Jruchov que demostrara la sinceridad del líder soviético para mejorar las relaciones mejorando la situación de los Católicos (en particular, permitiéndole emigrar al prisionero Arzobispo Jozsef Slipyj, jefe de la Iglesia Uniata Ucraniana), solicitud que Jrushchov concedió en 1963.

Pablo VI también se reunió varias veces con funcionarios soviéticos. Estos encuentros, en su mayoría, tuvieron lugar después del Concilio, sin embargo, y los esfuerzos fueron en vano: las concesiones soviéticas al Vaticano probaron ser en su mayoría pobres en los años subsiguientes.
  
Pero hubo otro motivo detrás de este impulso hacia la distensión: el de alimentar mejores relaciones ecuménicas con la Iglesia Ortodoxa Rusa. Como parte de su deseo por una mayor apertura de la Iglesia a los otros Cristianos y religiones, Juan XXIII quería fuertemente que los miembros de la Iglesia Ortodoxa Rusa (entonces fuertemente atrincherada con el Kremlin y la KGB) tomaran parte en el Concilio. El Papa también quiso que los Obispos Católicos de Rusia y sus Estados satélite tuvieran permitido asistir a las sesiones del Concilio. Esto sería “un tipo de quid pro quo”, dice Tanner. Pero para lograr esos objetivos, parece que Juan XXIII tenía preparado hacer una concesión extraordinaria: que el Concilio se abstendría de hacer “declaraciones hostiles” sobre Rusia.
  
En un libro de 2007 llamado El Acuerdo de Metz, el veterano ensayista francés Jean Madiran recopiló una serie de afirmaciones citadas, testificando que un acuerdo fue logrado durante las conversaciones secretas acordadas con los soviéticos en 1962. Dice Maridan que el encuentro tuvo lugar en Metz de Francia, entre el metropólita Nicodemo, el entonces “ministro de exteriores” de la Iglesia Ortodoxa Rusa, y el cardenal Eugène Tisserant, un alto oficial francés del Vaticano. Según los archivos de Moscú, el metropólita Nicodemo era un agente de la KGB.

Desde entonces, varias fuentes han confirmado que se logró un acuerdo, instruyendo al Concilio no hacer ningún ataque directo al comunismo. Los ortodoxos entocnes aceptaron la invitación del Vaticano a enviar algunos observadores al Concilio.
  
Siendo un acuerdo secreto verbal, ha resultado elusiva cualquier evidencia concreta, pero De Mattei dice que encontró “una nota manuscrita” de Pablo VI en el Archivo Secreto del Vaticano confirmando la existencia de este acuerdo. Maridan también apoya la afirmación de De Mattei, diciendo que en el memorando, Pablo VI declaró que mencionaría explícitamente “los cometidos del Concilio”, incluyendo el de “no hablar sobre el comunismo (1962)”. Maridan refuerza que la fecha entre paréntesis es significativa, porque se refiere directamente al acuerdo de Metz entre Tisserant y Nicodemo.
  
El Vaticano adheriría firmemente al acuerdo durante el Concilio, insistiendo que el Vaticano II permanecería neutral políticamente. Incluso fue rechazada una petición de más de 400 padres conciliares, representando a 86 países diferentes, de incluir una condenación formal del comunismo en losdecretos. Dice De Mattei que la petición, presentada durante la sesión final del Concilio el 9 de Octubre de 1965, “ni siquiera fue enviada a la comisión que trabajaba en el documento, resultando en un gran escándalo”. Sorpresivamente, incluso el obispo Karol Wojtyła, que después se convertiría en Juan Pablo II pero que entonces era un obismo en el Concilio, fue uno de los que rechazó la petición.
  
El resultado es que la constitución Gáudium et Spes, el 16º y último documento promulgado por el Concilio y entendido como una definición enteramente nueva sobre las relaciones entre la Iglesia y el mundo, careció de cualquier forma de condenación del comunismo. “De hecho, el silencio conciliar sobre el comunismo fue una impresionante omisión del encuentro histórico”, dice De Mattei.

En vista del actual consenso entre los historiadores sobre la existencia de este acuerdo secreto con los soviéticos, quizá la pregunta más interesante que se formula hoy es: ¿Qué efecto tuvo sobre la Iglesia y el mundo desde entonces? ¿El Concilio contribuyó a la caída del comunismo soviético, o la falta de cualquier condena prolongó actualmente la brutal ideología atea?
   
Alguno tiene poca duda de que el Concilio Vaticano II jugó un papel clave en el final del experimento marxista-leninista. La iglesia postconciliar, arguyen algunos historiadores, puso un nuevo énfasis en la libertad religiosa que aceleró la caída del comunismo, mayormente por la insistencia del obispo Wojtyła, que ayudó a convencer a un dubidativo Pablo VI a firmar el decreto Dignitátis Humánæ. Y por primera vez, el Concilio permitió a los obispos tras la Cortina de Hierro reunirse entre sí y hablar juntos fuera de sus países.
     
“Esto les dio un sentido de influencia y unidad”, dice el teólogo estadounidense Michael Novak, quien informó sobre la segunda sesión del Concilio. Él agrega que cuando los obispos regresaron a sus países, pudieron disponer las iglesias como lugares de reunión para personas de todas las religiones o ninguna, gracias al nuevo espíritu de diálogo y apertura del Concilio (algo particularmente cierto en Polonia): “Se formó una gran alianza de aquellos que amaban la libertad y querían resistir al ‘Régimen de la mentira’”, explica Novak, agregando que los obispos de la Cortina de Hierro “ahora tenían amigos cercanos en el Occidente y otros lugares con los cuales se reunieron en el Concilio”.
  
Permanecer “silente” sobre el comunismo y al mismo tiempo estar abierto al diálogo también fue visto como un camino digno de intentarlo si, como pensaban muchos en ese tiempo, el comunismo, el comunismo durara cientos de años más (Pablo VI repudió explícitamente el comunismo en su encíclica de 1964 Ecclésiam Suam, aunque ese no era, por supuesto, un documento conciliar).
  
El padre Tanner, autor de un nuevo libro sobre el Concilio llamado Vatican II: The Essential Texts (Vaticano II: Los textos esenciales) señala que así como no hubo condenación del comunismo, tampoco hubo ninguna condenación formal de cualesquiera otras ideologías políticas malvadas en los 16 decretos conciliares. “No hay condenaciones formales [de estas ideología]. Hubo condenaciones a la guerra y así, pero no del nazismo y del fascismo, que fueron de recuerdo reciente en ese tiempo”, dice.

Pero él concede que esos movimientos políticos fueron diferentes del comunismo, el cual estaba “todavía muy vivo”, y agrega que “muchas personas y obispos en esos países lo sufrieron horrendamente”.
  
“Ellos querían una condenación formal, y urgieron al Papa a hacer una”, dijo.
   
Este punto fue tomado elocuentemente por el cardenal Giacomo Biffi, arzobispo emérito de Bolonia. En su autobiografía de 2010, Memorias y Disgresiones de un cardenal italiano, el cardenal señala que el comunismo fue “el fenómeno histórico más imponente, más duradero y más abrumador del siglo XX” y todavía el Concilio, que contuvo un decreto sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, “no habló sobre él”.

Agrega que por primera vez en la historia, el comunismo había “virtualmente impuesto el ateísmo sobre el pueblo súbdito, como una suerte de filosofía oficial y una paradójica ‘religión de Estado’, y el Concilio, aunque habla en el caso de los ateos, no habla de ello”.

Además, él subraya que en 1962, las prisiones comunistas eran “todavía lugares de indecibles sufrimientos y humillaciones infligidas sobre numerosos ‘testigos de la fe’ (obispos, sacerdotes y laicos que eran creyentes convencidos en Cristo), y el Concilio no habla de ello. ¡Y algunos quieren hablar sobre el supuesto silencio hacia las aberraciones criminales del nazismo, por elcual incluso algunos católicos (incluso entre los activos en el Concilio) han criticado a Pío XII!”.
   
Y que la omisión, junto con la Ostpolitik, se orientaba a acabar con el comunismo soviético más rápidamente que otros enfoques, algunos historiadores dudan que ese fuera el caso. Los líderes eclesiásticos permanecieron encancelados, torturados y perseguidos por los regímenes comunistas después del Concilio y el marxismo soviético resistió hasta la caída del Muro de Berlín, casi 25 años después de reunirse la sesión final (y por supuesto, el comunismo continúa en China, Corea del Norte, y otros lugares).
  
Dice De Mattei: “Si el Concilio Vaticano II hubiese condenado el comunismo, eso habría ayudado a acelerar su declinar. Sucedió lo contrario. La Ostpolitik vaticana prolongó la supervivencia del verdadero socialismo en los países del Bloque del Este por 20 años promoviendo un puntal para los regímenes comunistas en crisis. Hoy debemos preguntar ¿fueron profetas aquellos que denunciaron en el Concilio la opresión del comunismo, llamando por su solemne condenación? ¿O lo fueron aquellos que creyeron, como los arquitectos de la Ostpolitik, que era necesario llegar a un acuerdo con el comunismo —un compromiso— porque el comunismo interpretaba las ansias de la humanidad sobre la justicia y habría sobrevivido uno o dos siglos, mejorando el mundo?”.
   
Incluso en el denominado mundo poscomunista soviético, algunos ven la omisión de cualquier condena como teniendo enormes consecuencias negativas sobre la Iglesia y la sociedad actual. Christopher Gillibrand, un respetado comentarista Católico en el Reino Unido, cree que la falta de una condena por el Concilio Vaticano II significa en tiempos modernos “que la respuesta de la Iglesia a los asaltos de la dignidad humana por el Estado arbitrario y todopoderoso ha sido inefectiva”.

Otros añaden que la no individualización del comunismo como la ideología que ha impedido a la Iglesia reconocer el pensamiento socialista dentro de sus rangos. “La gente está preocupada por salvar el planeta, el calentamiento global, y hay algo de legítima preocupación aquí, pero hemos perdido una previsión de la salvación del alma. Eso es lo que el comunismo, eso es el socialismo, y eso es lo que [Antonio] Gramsci [uno de los pensadores marxistas más importantes del siglo XX] querían”, dice Edmund Mazza, profesor de historia y ciencia política en la Azusa Pacific University en Los Ángeles.
  
También, en la sociedad más vasta, el profesor Mazza nota que una sociedad crecientemente secular esprecisamente lo que los comunistas desearon.
  
“El principal error de nuestros tiempos es que hemos perdido lo trascendente. ¿Qué ha pasado en los úlltimos 50 años? Los errores del ateísmo y el socialismo, un mundo sin Dios, han ‘marxizado’ al mundo tanto que estamos ya dispuestos a abrazar el socialismo si es presentado en los términos correctos. Si necesitas un trabajo, cupones de comida y dinero, entonces cuando el gobierno promete cuidar de ti, te irás con él”, dice.

martes, 21 de enero de 2020

EL LADO OCULTO DE VLADÍMIR LENIN

Tomado de ABC (España).
  
LENIN, EL MACHISTA Y REPRIMIDO SEXUAL QUE VIVIÓ CON SU MADRE HASTA LOS 40 AÑOS
En pleno aniversario de la Revolución de Octubre (1917) analizamos el lado más personal del líder soviético. Un abogado que vivió durante años gracias al dinero y la comida que le enviaba su progenitora y que, a pesar de estar rodeado siempre de mujeres (no se fiaba de sus adversarios políticos) siempre fue algo retraído en lo que se refiere a las relaciones íntimas.

Manuel P. Villatoro.
Actualizado:
  
La figura del Lenin anterior a la Revolución jamás estuvo ligada a la bonanza económica. Más bien todo lo contrario. Tal y como afirma la popular historiadora Diane Ducret en su obra «Las mujeres de los dictadores», cuando nuestro protagonista no superaba las 24 primaveras era un abogado afincado en San Petesburgo que apenas tenía clientela suficiente como para pagar un plato de comida. Por entonces, la frase que más solía repetir en las cartas que enviaba a su progenitora era la siguiente: «He superado mi presupuesto, y no espero poder salir de apuros por mis propios medios. Si es posible, mándame unos 100 rublos más».
  
Vladímir Ilich Uliánov Blank, alias “Lenin”
 
Un político decidido que ayudó a poner en jaque al gobierno zarista. A día de hoy, la imagen que ha prevalecido de Vladimir Ilich Uliánov (más conocido por Lenin, su nombre de guerra) es la de un mito con barba de chivo. Un icono para el pueblo soviético (primero), y ruso (después). Sin embargo, el líder comunista tuvo también una cara privada que suele pasarse por alto en los libros de Historia. Ejemplo de ello es que, a nivel personal, dejó su libido a un lado en favor de la Revolución y, a pesar de que se rodeaba de «compañeras», jamás creyó en la liberación sexual de la mujer.
  
Pero no solo eso, sino que este mito de la URSS también vivió una buena parte de su adultez a costa de su madre (a quien desangró económicamente) y, según una nueva biografía sobre su persona, carecía de amistades masculinas debido a que solía cambiar drásticamente de opinión.
  
Este Lenin más escondido (el menos conocido por la sociedad) es hoy noticia debido a que, en pleno 2017 como estamos, Rusia celebra el centenario de la Revolución de 1917. Un año en que los rusos se alzaron para derrocar al zar Nicolás II en un movimiento que costó más de un millar de muertos al país. En base a todo ello, queremos recordar la otra cara de este curioso personaje.

    
«Envíame todo el dinero que puedas» 
Ella jamás dudó en lo referente al «cash» si era su pequeño quien se lo pedía. Para María Aleksándrovna Blank el futuro líder revolucionario era el niño de sus ojos. Por él estaba dispuesto a hacer cualquier cosa. Y no era raro pues, al fin y al cabo no quedaba otro hombre en la familia (pues tanto su padre como su hermano mayor habían fallecido).
   
María Aleksándrovna Blank Essen, madre de Lénin
      
María Aleksándrovna demostró el apoyo incondicional a su hijo cuando vendió la vivienda familiar en la que había visto nacer a sus pequeños allá por 1887. Una medida que tomó para conseguir dinero con el que comprar una granja por 7.500 rublos. El mismo lugar en el que esperaba que Lenin se ganase un porvenir a golpe de azadón y trabajo duro. Sin embargo, su joven hijo tenía otros planes. «Mamá quería que me ocupase de los trabajos del campo. Lo intenté, pero aquello no funcionaba», dijo posteriormente el revolucionario. Por el contrario, cuando el calendario marcaba 1895, Vladimir abandonó todo y se marchó a vivir a Europa. ¿Cómo se costeó los gastos? Simple: con la pensión de su madre.
   
Durante aquel viaje no fue extraño que enviase misivas a su madre pidiéndole dinero para poder sufragar sus gastos. Entre otros, caprichos como comprar libros. «Con gran susto veo que sigo teniendo dificultades financieras. El placer de comprar libros es tan grande que el dinero se va como el agua. Me veo obligado una vez más a pedir ayuda: si es posible, mándame 50 o 100 rublos», escribió en una ocasión. Y es que, el futuro líder rojo devoraba realmente los textos de los grandes filósofos rusos.
   
Por entonces Lenin ya había hecho sus pinitos en lo que política se refiere. Y no se sentía atraído precisamente por los mandamientos de los zares. Por ello -y porque se había dedicado a visitar a multitud de personalidades revolucionarias en su viaje a través de Europa- fue detenido poco después de regresar a su hogar, allá por septiembre de 1895.
  
Poco después de pisar la tierra que le había visto nacer, tuvo que ver como le encarcelaban de forma preventiva mientras esperaba juicio. Durante ese tiempo, su madre y su hermana mayor (Anna) volvieron a demostrar por enésima vez que Vladimir era el niño de sus ojos al enviarle multitud de trajes, ropa blanca, mantas o chalecos de lana.
  
 
Tampoco le faltó la comida a Lenin. Al fin y al cabo, se la llevaba habitualmente mamá Aleksándrovna. Así lo dejó claro el futuro líder en varias cartas: «Tengo una reserva de víveres, podría abrir por ejemplo un comercio de té». El hombre de la barba de chivo habló incluso, con cierto desprecio de los alimentos que recibía de su familia. Algo que dejó claro a su hermana en una misiva: «Pan como muy poco, intento seguir una dieta. Y tú me has traído tal cantidad que necesitaré una semana para acabarlo». Otro tanto sucedía con los trajes antes mencionados: «No me envíes más ropa blanca, no se donde ponerla», señalaba.
 
Tanto Ducret como Danilkin (autor de una nueva biografía sobre Lenin y entrevistado por el medio internacional «Russia Today» hace apenas unas jornadas) son partidarios de que María y Anna fomentaron en Lenin una actitud negativa con respecto a las mujeres. La autora belga es la más específica con respecto a esta idea, tal y como determina en su obra: «Este apoyo femenino del cual se vio rodeado le parecía tan habitual y obvio que los esfuerzos de quienes le mimaban apenas merecían su gratitud». Se convirtió, en definitiva, en un «niño mimado» a pesar de que, como señala el autor ruso, jamás conoció la bonanza económica.
   
Un reprimido sexual
Después de casi un año en prisión, Lenin fue juzgado y deportado a Siberia en 1887. Allí pasó tres años que no fueron del todo malos, pues los sufrió junto a una de sus admiradoras: Nadejda Krupskaia. Una mujer que -a pesar del frío y las malas condiciones- decidió pasar con el líder revolucionario su exilio. Ambos se casaron en el verano de ese mismo año. Sin embargo, la explosión de amor que vivieron en primera instancia no duró demasiado y terminó transformándose rápidamente en complicidad y cariño. Así lo afirma la belga en su obra: «Muy pronto el deseo se desvaneció. Lenin pareció dejar su libido a un lado durante varios años, pues prefería invertir su energía en la tarea revolucionaria».
  
Nadejda Konstantínovna Krúpskaya Tristova, esposa de Lenin
  
En palabras de la experta, Nadia vivió entonces una situación difícil en lo que respecta a su feminidad. Un sentimiento que se acrecentó cuando supo que, por un problema médico, tendría serias dificultades para dar un hijo a su esposo.
   
«Siberia acabó con su vida íntima [la de ambos], pero a cambio les dio una complicidad que duraría hasta la muerte. A partir de entonces, Vladimir jamás podría separarse ni un solo día de ella», añade la historiadora. En lo que a sexualidad se refiere, la vida entre ambos no mejoró después de la liberación de Lenin. Y es que, ni en Zúrich primero, ni en París después, pasaron mucho tiempo a solas. Por el contrario, el revolucionario prefería dedicar las horas que podría haber invertido en sus relaciones íntimas, a la Revolución.
   
La misma Nadia así lo dejó escrito en multitud de cartas, como bien recoge la historiadora en su obra: «Para encontrar un momento de intimidad y estar a solas con él, Nadia no tenía más remedio que arrastrar a Lenin hasta el Jardín público de la esquina». La mujer, en sus misivas, tampoco escondió su frustración y el aburrimiento que -en ocasiones- sentía al estar con su esposo: «Por la noche no sabíamos como matar el tiempo. No teníamos ningunas ganas de quedarnos en nuestra habitación fría e incómoda, y salíamos todas las noches al cine y al teatro».
   
Su posterior viaje a Francia no modificó nada la situación. De hecho, en él quedó claro que Lenin no había cambiado ni un ápice en ningún ámbito de su vida. Ejemplo de ello es que (aunque por entonces ganaba algo de dinero escribiendo artículos), en diciembre de 1908 volvió a pedir dinero a su madre para alquilar una vivienda de la que se había encaprichado en París. Más y más monedas a pesar de que ya casi rozaba las cuatro décadas de vida.
  
En los meses posteriores, además, recibió multitud de paquetes de su madre. En ellos, María le envió desde tocino, hasta pescado ahumado, jamón o mostaza. «Golosinas», como señala Ducret, para  que a su pequeño no le faltase absolutamente de nada.
 
El extraño trío
Por si aquella fuese una situación poco extraña para Nadia, la esposa de Lenin tuvo que ver como su marido se echaba una amante frente a sus narices durante la estancia de ambos en París. La nueva pareja del revolucionario fue Inessa Armand, una mujer cuatro años menor que él que cautivó instantáneamente a nuestro protagonista. Lo más preocupante es que la mujer que había pasado más de tres años en Siberia junto a Vladimir tuvo que convivir desde ese momento junto a la amante de su esposo.
  
Inessa Armand (nacida Elisabeth Inés Stéphane de Herbenville Wild). Amante de Lenin
   
El historiador español Iñigo Bolinaga afirma en su obra «Breve historia de la Revolución rusa» que Nadia conocía perfectamente la relación de su marido con Inessa. «Armand fue amante de Lenin, con el conocimiento de su esposa. El mito del líder-héroe de moralidad intachable que quiso legar el estalinismo se rompe entonces para dar paso a un hombre lleno de pasiones y debilidades».
   
Desde que conoció a Inessa, Lenin inició una relación con ambas. Nadia, de hecho, llegó a proponerle en varias ocasiones que se fuera con su nueva amante. Sin embargo, el revolucionario se negó, pues siempre consideró a la que oficialmente fue su esposa como un pilar básico de su vida. Al final, parece que los tres se acostumbraron a esta extraña situación. 
   
Ducret llega a tildar al líder revolucionario, a Nadia y a Inessa como un «trío» cuyo pegamento no solo era nuestro protagonista, sino también la buena relación de amistad que mantenían ambas. A ellas, de hecho, les unía el carácter y su pasión por el feminismo. Este raro triángulo amoroso queda perfectamente definido en una carta escrita por la misma Nadia: «Todos queríamos mucho a Inessa, siempre parecía estar de buen humor. Todo parecía más cálido y más vivo cuando ella estaba presente».
  
«¡Chorradas!» sexuales
Ya con aquellas dos mujeres de la mano, y después de cientos de discursos hablando de revolución e injusticias, Lenin comenzó a ganarse una legión de seguidores a comienzos del siglo XX. Lo curioso es que muchos de ellos eran mujeres que se sentían atraídas, como afirma Ducret, «de forma hipnótica por él». Nuestro protagonista, sabedor de que era como un imán para el sexo opuesto, explotó esta faceta haciéndose pasar por un defensor del feminismo. «No puede haber un verdadero movimiento de masas sin las mujeres», solía señalar. Sin embargo, la realidad es que únicamente apoyaba el levantamiento de las hembras en el trabajo, y no en el ámbito sexual.
    
La autora llega incluso a afirmar que su forma de actuar da a entender que no tenía empatía por el sexo contrario. Así lo demuestran varios comentarios que hizo sobre la liberación sexual de la mujer: «Considero esa superabundancia de teorías sexuales, la mayor parte de las cuales son hipótesis, y a menudo hipótesis arbitrarias, como procedentes de una necesidad personal de justificar ante la moral burguesa la propia vida anormal o hipertrofiada».
    
No se dejó influir, ni quiera, por las teorías de Freud ni de sus seguidores, como él mismo señaló: «El texto más difundido en este momento es el folleto de un joven camarada de Viena sobre la cuestión sexual. ¡Chorradas! La discusión sobre las hipótesis de Freud le confiere un aire “culto” e incluso científico, pero en el fondo no es más que una vulgar redacción escolar».
   
A su vez, Lenin se dedicó a cargar contra la idea de la libertad sexual. Y es que, para él, aquello era una mera excusa burguesa para satisfacer los más bajos instintos. «Aunque yo no sea un asceta, esa pretendida “nueva vida sexual” de la juventud —y a veces también de la edad madura— me parece puramente burguesa, como una extensión del burdel burgués. [...] Sin duda conocéis esa famosa teoría según la cual la satisfacción de las necesidades sexuales será, en la sociedad comunista, tan sencilla como un vaso de agua; ha enloquecido totalmente a nuestra juventud».
   
El líder revolucionario llegó, incluso, a señalar que las mujeres no podían aspirar a una liberación sexual debido a que no contaban con «conocimientos profundos y variados sobre el tema». A Clara Zetkin, una popular teórica del feminismo, le espetó que jamás había conocido a una hembra capaz de leer «El Capital», consultar un horario de trenes o jugar al ajedrez. Así lo afirma, al menos, la autora en su obra «Las mujeres de los dictadores».
   
Sin embargo, y a pesar de todo ello, Lenin solía estar rodeado siempre de mujeres. Al parecer, porque se fiaba más de ellas que de los hombres. Así lo afirmaba Danilkin a «Russia Today» hace apenas unas jornadas: «Era un polemista. Daba mucha importancia a los matices, a las pequeñas diferencias. Por eso su entorno le detestaba. Era un compañero poco fiable. Por ejemplo, cuando era presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, en una sesión podía apoyar un punto de vista, pero cambiar de opinión con facilidad poco después. Se puede decir que no tenía amigos. Sin embargo, esto quedó compensado con una gran cantidad de amistades femeninas».

lunes, 23 de diciembre de 2019

LA GUERRA DE LOS CIEN AÑOS EN CONSTANTINOPLA

Reflexión publicada en PRAVOSLAVIE.RU - Traducción propia.
 
LA “GUERRA DE LOS CIEN AÑOS” CONSTANTINOPOLITANA
La cuestión ucraniana del Fanar no es una banal venganza por la ausencia de la Iglesia ortodoxa rusa en el Concilio de Creta, sino un elemento de una estrategia plurienal dirigida a eliminar cualquier otro centro de influencia en la ortodoxia fuera de la Iglesia de Estambul.

El Patriarca Bartolomé y el Papa Francisco
  
Cuanto más se desarrolla el conflicto entre el Patriarcado de Constantinopla y la Iglesia rusa, más claro resulta que el problema principal del mundo ortodoxo no es tanto la “cuestión ucraniana” en sí, sino, más que todo, la crisis de los mecanismos interactivos entre las modernas Iglesias ortodoxas.
  
Casi desde el inicio de las activas acciones del patriarca Bartolomé en Ucrania, muchos expertos han notado que su objetivo principal no era la ayuda desinteresada a los “cismáticos” fuera de los confines de la Iglesia, sino la afirmación de su autoridad sobre todo el mundo ortodoxo. El tomos ucraniano se ha convertido sólo en la punta de diamante que el patriarca Bartolomé ha lanzado contra sus adversarios, adversos al completo dominio de Constantinopla en la Iglesia ortdoxa.
  
Es necesario afirmar la actual existencia de una lucha entre dos modelos alternativos de estructura eclesial, cada uno de los cuales afirma ser exclusivamente conforme a la tradición ortodoxa y al derecho canónico. El Patriarcado de Constantinopla promueve activamente una de estas alternativas, la segunda es menos activamente propuesta por la Iglesia ortodoxa rusa, también por un cierto número de jerarcas de Iglesias locales.
  
La Ucrania en este contexto es un campo de “batalla general” cuyo resultado, sin exagerar, depende del futuro de la Ortodoxia en su conjunto y de la Iglesia ortodoxa rusa en particular. Este artículo intentará explicar el por qué
  
La Guerra de los cien años
Para los lectores que no conocen a todo la historia de la Iglesia, podría surgir la pregunta: ¿por qué hoy aparece la cricis en las relaciones de las Iglesias ortodoxas? ¿Es una especie de conflicto local limitado que desaparecerá en el tiempo y después todo recuperará su equilibrio?
  
En efecto, se puede decir que la crisis asociada a las ambiciones de Constantinopla, en un modo o en el otro, se ha desarrollado desde… el IV Concilio Ecuménico (451). Y si hablamos de la actual fase de existencia de la Iglesia, el fundamento de la oposición fue puesto a inicio del siglo XX por el Patriarca de Constantinopla Melecio [Meletios Metaxakis].
  
La ruina del Imperio otomano y la revuelta del nacionalismo griego, que Melecio sostiene con entusiasmo, desencadenó otra crisis. Todavía, las ideas utópicas por el renacimiento del Imperio bizantino colapsaron y para “sobrevivir” los fanariotas deberán cambiar su estrategia. En cuanto tal, la internacionalización de las actividades de Constantinopla fue escogida sobre la base de la idea del primado del patriarca ecuménico en la Iglesia ortodoxa. Al mismo tiempo, los fanariotas contaban activamente sobre la ayuda de los países occidentales y obtuvieron de la Turquía un status especial para el Patriarcado griego, si bien con derechos limitados.
  
Por entonces, la lógica de la supervivencia (y de la orientación hacia los países occidentales) se convirtió en uno de los principales motores de la política del Fanar. Si, en el interior del Imperio otomano, su dominación eclesiástica fue lograda por medio de los otomanos (gracias a la cual los griegos de Estambul llegaron a asimilar los viejos patriarcados orientales –Antioquía, Alejandría y Jerusalén– y asumir el control de las iglesias serbias, búlgaras y rumanas), sin el soporte de los emperadores y de los sultanes, fueron constreñidos a seguir un camino de falsificación de sus particulares “privilegios” y primados en el mundo ortodoxo.
  
Fue durante el Patriarcado de Melecio aparecieron las primeras tesis propagandistas de que Constantinopla es el “centro de toda la Ortodoxia”, la voz universal de la Iglesia, “la Iglesia madre y el centro hacia el cual todas las Iglesias ortodoxas locales convergen y se originan” y que el Patriarca de Constantinopla es, ni más ni menos, “el primado de los primados de todas las Iglesias ortodoxas”.
  
Aparte de las reivindicaciones históricas y canónicas del primado, el Fanar inició a difundir agressivamente su influencia administrativa en todo el mundo, abriendo nuevas diócesis y absorbiendo a los no griegos.
    
Como ejemplo más destacado de la agresión fanariota, podemos citar sus acciones contra la Iglesia rusa. Aprovechándose de la persecución contra la Iglesia ortodoxa rusa por parte de los bolcheviques, Constantinopla intentó destruirla casi completamente, quitándole la Iglesia de Finlandia, concediendo ilegalmente la autocefalia a la Iglesia polaca y sosteniendo a los “renovadores” rusos [la denominada ‘Iglesia Viva’ –Живая Церковь, Zhiváya Tsérkov– (sic) de siniestra memoria].
  
Por tanto, la “guerra” de Constantinopla contra la Iglesia ortodoxa rusa no es una venganza ordinaria por no haber participado en el Concilio de Creta. Es una estrategia a largo plazo que quiere eliminar todos los otros centros de influencia en la Ortodoxia, a excepción del Fanar. Este es el motivo por el cual Constantinopla no se detendrá hasta cuando haya completamente destruido la Iglesia multinacional rusa: después de Finlandia, Estonia y Ucrania, probará hacer lo mismo en Bielorusia, Moldavia, en Kazajistán, etc.
   
El Fanar puede producir una destrucción similar ante la Iglesia serbia y, en general, en cualquier Iglesia que se interponga en su camino. Va notado que el Fanar busca someter la autocefalia apenas creada imponiendo un tomos en el cual son prescritos los especiales “privilegios” de Constantinopla. El tomos ucraniano en este contexto es un buen ejemplo. La autocefalia de tales Iglesias adquiere así un carácter relativo y su soberanía se vuelve casual.
  
Afortunadamente, al inicio del siglo pasado, el Fanar no logró realizar plenamente sus planes y la crisis fue de nuevo puesta en segundo plano. Todavía, implícitamente, el asunto Metaxakis ha continuado viviendo y desarrollándose.
   
En 1948, el hermano de armas de Melecio, Atenágoras (Spira) deviene patriarca de Constantinopla con el apoyo de los Estados Unidos. Él ha reasumido todas las actividades de Metaxakis en particular, realizando los preparativos para el Concilio pan-ortodoxo y abriendo las puertas al ecumenismo radical. Sucesivamente, el curso de Constantinopla no ha cambiado.
    
La trampa cretense.
   
Catedral de Creta
  
Después de muchos años de preparación, el Concilio de Creta fue la apoteosis de los planes “papistas” de Constantinopla. No obstante la ausencia de cuatro Iglesias, el patriarca Bartolomé ha conseguido parcialmente resolver su objetivo principal: imponer un nuevo modelo de relaciones interortodoxas.
  
Un atento estudio de las reglas de tal Concilio asegura los límites, considerablemente en el principio de colegialidad, y afirma la dictatura de los patriarcas de Constantinopla.
  
En primer lugar, Constantinopla tiene el derecho exclusivo de convocar concilios pan-ortodoxos, si bien ningún canon de los concilios ecuménicos le confiere tal derecho (históricamente, los emperadores han siempre convocado concilios, también cuando era necesario deponer a los mismos patriarcas).
   
En segundo lugar, el procedimiento para el examen de los documentos presentados al Concilio es sorprendente. A la vista del artículo 11, parágrafo 2, no es tomado en consideración todo el documento en su conjunto, sino solamente las enmiendas que pueden ser adoptadas solo por consenso (luego Constantinopla goza del veto universal sobre cualquier modificación).
  
En tercer lugar, para someter una cuestión en el Concilio para ser examinada o para tener el derecho de hablar, es necesario pasar por medio del “cedazo” de una comisión especial, luego obtener la autorización del presidente del Concilio (al ejemplo, el Patriarca de Constantinopla).
   
Todas estas esfumaduras han provocado el rechazo a participar en el Concilio por parte de la Iglesia búlgara. En junio de 2016, en una entrevista el metropólita Gabriel Lovchansky, ha explicado las acciones de la IBC [Iglesia Ortodoxa Búlgara]:
«Estamos invitados a la catedral, donde todo está previsto. Sí, también, hasta ahora –hasta en el último momento– no había decisión alguna de ir al Concilio. Pero ahora, en todo caso, la verdad es clara».
Según el metropólita Gabriel, los proyectos de los documentos del Concilio de Creta fueron preparados también antes de la adopción de los reglamentos, y los representantes de las Iglesias han pensado poderlos modificar sustancialmente o rechazarlos durante el encuentro, por tanto han cedido a las presiones de los fanariotas. Todavía, después de la adopción del reglamento, esto se ha convertido en algo casi imposible.
«Se esperaba que estas cosas pudiesen ser revisadas en el Concilio. Por consecuencia, la Sinaxis adopta el estatuto que –te lo he dicho– no consiente ninguna modificación en el Concilio».
Se agrega que la comisión para la preparación de los documentos fue controlada –y en el caso su renovación continuará siendo controlada– por los fanariotas. Algunas fuentes sostienen que en la preparación del Concilio, han ignorado abiertamente los comentarios de cierto número de Iglesias locales, insistiendo constantemente sobre su versión de los textos, hasta cuando las firmas de los representantes de la Iglesia sobre los documentos no fueran puestas.
  
Hoy, hay un misterio sobre cómo la mayor parte de las Iglesias locales habían aceptado tales reglamentos dictatoriales y fueron al Concilio. ¿Bajo qué influencia hipnótica han perdido de vista el evidente peligro asociado a la concesión de poderes injustificados a Constantinopla? Parece que para ellos la catástrofe de Creta está comenzando a suceder solo ahora.
   
La publicación griega Oukraniko ha recientemente publicado la transcripción de una conversación con uno de los denominados primados de la iglesia “griega”. Probablemente estamos hablando del Patriarca Teófilo de Jerusalén.
«Toda la responsabilidad espera a nosotros los primados. ¡Debemos inculparnos por haber creído en la institución! [Al Patriarca constantinopolitano] Lo habíamos elevado al tercer cielo, dándole el primado. […] Habíamos cometido un error y fuimos al Concilio de los Príncipes. Cierto, entonces teníamos buenas intenciones, no pensábamos a dónde habrían llevado los eventos… Ahora nos dicen: “Has reconocido el primado del patriarca y no se puede volver atrás”», le explicaron al obispo.
Por tanto, las Iglesias que desean preservar el principio católico de la Ortodoxia y, en el complejo, preservar la Ortodoxia en cuanto tal, son simplemente obligadas a elevar la cuestión de la revisión de las reglas de los Concilios pan-ortodoxos.
  
Para renegar de los reglamentos cretenses, existen todos los motivos.
  
En primer lugar, no fueron firmados por la Iglesia de Antioquía (que se puede también elevar la cuestión de la legitimidad del Concilio mismo, que según las reglas debería ser convocado con el consenso de todas las Iglesias sin excepciones).
  
En segundo lugar, no fueron aprobados por el Concilio mismo, por tanto no pueden y no deben ser vistos como una suerte de “dogma”.
    
Unión en marcha.
  
     
Aparte de la amenaza de destrucción del sistema católico ortodoxo, hay otro peligro que no es siempre visible tras los combates en en torno a los detalles. Esto puede parecer paradójico para algunos, pero la afirmación del Fanar sobre su status de “primero sin iguales” en el mundo ortodoxo está estrechamente ligada a sus planes ecuménicos para una nueva unión con la Iglesia católica.
  
Esto es demostrado por numerosos hechos que no son solamente los recientes y frecuentes encuentros entre los fanariotas y los católicos o las declaraciones sobre la inevitable unificación de las Iglesias. No son siempre visibles, pero estos procesos clave requieren una atención especial.
   
Sobre todo, en el ámbito del mencionado Concilio de Creta, fue adoptado un documento sobre la conducta de la Iglesia ortodoxa ante el resto del mundo cristiano. Muchos expertos han observado que, aparte de hacer valer su derecho de convocar los concilios, la adopción de este documento fue uno de los objetivos principales del patriarca Bartolomé.
  
Sus formulaciones vagas y ambiguas consienten la metamorfosis de la teología ortodoxa y legalizan el ecumenismo radical rechazando usar los conceptos de cisma y herejía en relación a los cristianos heterodoxos.
 
Notemos también algunos puntos (9º y 10º) vinculados al diálogo con los heterodoxos.
  
¡Tal diálogo es presentado como un resultado que puede ser anulado solo por consenso! Vale decir, la misma lógica perversa es aplicada aquí como en el voto sobre la enmienda a los documentos: es casi imposible influenciar la salida del diálogo, porque la última palabra será siempre del Fanar. Incluso si algunas Iglesias abandonaren este proceso, el diálogo continuará.
  
Además, Constantinopla asume el status injustamente elevado de una comisión que conduce el diálogo con los católicos. Desde su punto de vista, los documentos que son el resultado del trabajo de tal comisión son obligatorios para todas las Iglesias locales, incluso si no es claro cuándo la representación en estas comisiones ha iniciado a significar una implicación en algo más que una simple discusión teórica.
  
Controlando esta comisión, el Fanar lleva esencialmente a las Iglesias locales a reconocer el primado del Papa.
  
Desde el 2006, luego de una larga interrupción de los trabajos y después que la comisión fuese presidida por el metropólita Juan de Pérgamo [Zizioulas], el tema de sus encuentros se ha concentrado solo sobre el primado del jefe del Vaticano. En junio de este año, el patriarca Bartolomé en su carta al papa Francisco ha anunciado el completamiento de los trabajos respecto al primado del papa. La decadencia está prevista para noviembre del próximo año.
   
En segundo lugar, en la vigilia del Concilio de Creta, el copresidente de la comisión mixta para el diálogo ortodoxo-católico, el arzobispo Job (Getcha) (sucesor de Zizioulas en el 2016) ha publicado un artículo que puede ser considerado una declaración programática de la iglesia de Constantinopla. En tal documento, ha afirmado que ¡entre la Iglesia ortodoxa y la religón católica romana, no hay cisma, sino solo una interrupción de comunicación!
  
Estos dos hechos indican que el Patriarca Bartolomé está preparando una unión con la Iglesia católica bajo forma de restauración de la comunión eucarística y reconocimiento del primado del Papa sobre la base de una fórmula que será preparada para el próximo año.
  
Parece difícil: ¿cómo combinar las pretensiones de primado y la concesión de este primado a Roma? En realidad, no hay contradicción.
  
En primer lugar, la imposición agresiva de la idea de la existencia obligatoria de un único primado en la Igleisa [ortodoxa] es un paso intermedio hacia la unión con los católicos. Los fanariotas enseñan que tal primado es algo natural para la Iglesia, lo que significa que el primado del papa en caso de restablecimiento de la unidad con los católicos, según su opinión, no debería provocar indignación.
  
En segundo lugar, probablemente entre Roma y Constantinopla, hay algunos acuerdos que dejarán a este último [Bartolomé] como “primero” en el mundo ortodoxo. Los grandes griegos no lo necesitan. Además, en la fase inicial, el primado de Roma será formulado en términos sencillos, a fin de no provocar un rechazo inmediato por las Iglesias locales. Los fanariotas pueden incluso afirmar que Roma ha aceptado la Ortodoxia, no que Constantinopla ha concluido una unión con Roma.
  
En tercer lugar, como habíamos dicho, el Fanar está motivado por la “lógica de la supervivencia”. El hecho es que los griegos son un pueblo relativamente pequeño. Su peso político y económico en la Unión europea deja mucho que desear y la diáspora estadounidense se está disolviendo gradualmente en el ambiente angloparlante. Para no quedar al margen de la historia durante el proceso de globalización, están obligados a buscar un patrocinador frente a los Estados Unidos y al Vaticano, que son capaces de ofrecerles un “puesto en el sol”.
  
Por tanto, la Ortodoxia de los fanariotas es una suerte de “mercancía” exclusiva, con la cual negocian para el “mundo griego” un boleto para el “tren de la historia”, hasta cuando este “tren” no les sea completamente desaparecido.
  
“La última batalla es la más difícil”
A la luz de lo anterior, es necesario traer algunas conclusiones prácticas.
  1. No debemos olvidar que un compromiso no resolverá el problema, y Constantinopla no se detendrá sobre el camino de la destrucción de la Iglesia ortodoxa rusa, así como sobre la afirmación de la plenitud de su poder en el mundo ortodoxo. El único modo para detener la promoción de los fanariotas en sus respectivos campos es condenar sus errores teológicos. El inicio de esto puede ser establecido por el Concilio de los obispos de nuestra Iglesia, durante el cual es necesario presentar la cuestión de la apropiación ilegal, por parte de Constantinopla, del status de “primero sin iguales” y del “privilegio” de recibir apelaciones del clero de otras iglesias locales.
  2. No podemos aceptar tener un Concilio pan-ortodoxo sobre las condiciones del Fanar, porque es una de las partes en conflicto y no puede fungir como organizador de la revisión de sus propias acciones en Ucrania. Volver al “formato cretense” será un error. Tenemos necesidad de nuevos reglamentos y reglas para la interacción de las Iglesias locales. El escenario más ventajoso sería un encuentro pan-ortodoxo presidido por una tercera parte. 
  3. En ningún caso el “problema ucraniano” puede ser reducido a la cuestión de la legalidad de la “jerarquía” de la “Iglesia ortodoxa cismática ucraniana”, omitiendo el hecho de la invasión de Constantinopla en la jurisdicción de la Iglesia ortodoxa rusa. A juzgar por las declaraciones de los albaneses, chipriotas, rumanos y de otras iglesias, se ignora la abrogación de la ley del 1686 y se reconoce indirectamente el derecho de Constantinopla a conceder la autocefalia en Ucrania. Es necesario evitar ignorar este problema y exigir la creación de una comisión pan-ortodoxa para estudiar los documentos históricos ligados a la transferencia de la metrópolis de Kiev al Patriarcado de Moscú.
  4. Deben ser desarrolladas las críticas teológicas a la nueva eclesiología del Fanar. En nuestros tiempos, la teología no debería permanecer confinada, sino que debería tener el valor práctico de proteger la fe ortodoxa. En particular, se deberá prestar atención al análisis de la teología modernista del metropólita Juan (Zizioulas), cuyas debilidades son evidentes y que son un cómodo objetivo de críticas. Es también necesario crear plataformas internacionales para el diálogo teológico, alternativas a aquellas controladas por los fanariotas.
  5. La Iglesia ortodoxa rusa debe formular principios eclesiológicos comprensibles a todas las Iglesias locales y se puede erigir como un estandarte en torno al cual se unirán todos aquellos que se oponen al “papismo” de Estambul. Estos principios deberán ser: la verdadera soberanía de las Iglesias locales, independientemente de los caprichos de Constantinopla; el respeto de los confines canónicos de las Iglesias y –cosa aún más importante– el primado de una colegialidad real y no falsa en la Iglesia. En particular, es necesario garantizar el derecho para cualquier Iglesia local de dirigir la convocación de un Concilio pan-ortodoxo.
  
ALEXÉI SMIRNOV,
Grupo analítico del canal de Telegram ‘Pravblog’, especialmente para “Pravoslavie.ru”
11 de Diciembre de 2019

martes, 10 de diciembre de 2019

MENTIRAS “ORTODOXAS”: EL CASO DE PEDRO EL ALEUTA

Traducción del artículo publicado por Charlie Bunga Banyangumuka en RADIO SPADA.
   
  
Con la crisis actual del Modernismo, siempre más almas, descontentas del nuevo rito y de las derivas rahnerianas de buena parte de los vértices eclesiásticos, miran con simpatía a Oriente, a los llamados “ortodoxos”, los cuales desde un milenio niegan algunas de las más fundamentales verdades de fe testificadas por la Escrituras, por los Padres y por la Tradición.
 
Su perpetuo asedio a la Cátedra de San Pedro se apoya además en hechos mentirosos y ficticios acerca del comortamiento de los católicos frente a ellos.
 
Una de estas mentiras respecta al martirio, o presunto tal, de algunos “santos” que ellos veneran como mártires del cisma contra el Papado.
 
“San” Pedro el Aleuta es uno de esos casos.
 
Los sucesos de este joven aleuta (tribu piel roja) se desarrollan en el Alaska del XIX, precisamente en 1815, territorio entonces contenido entre el Imperio Español, ahora en decadencia, y el Imperio Ruso, que tenía mucho interés en el área.
 
Cungagnaq, cuyo es el nombre del joven, fue bautizado por los cismáticos de la misión “San Germán”. Como muchos, se dedicaba a la caza.
 
Según el relato, él fue capturado durante una batida ilegal en los territorios españoles y llevado a la misión de San Pedro donde, entre varias cosas, le pidieron hacerse católico. Pedro se negó y por esto fue torturado y destripado por los Jesuitas, ayudados por los nativos locales.

¿Dónde está el error?
 
Antes que todo, no existían misiones en San Pedro.
  
Segundo: el relato, redactado por Simeón Ivánovich Yanovski, está basado sobre pesadas incongruencias. Los Jesuitas apenas fueron reconstituidos en 1814 con la bula “Sollicitúdo ómnium ecclesiárum” del Papa Pío VII [y no los había en California, toda vez que en el Virreinato de la Nueva España, la Compañía de Jesús fue restablecida en 1816, N. del T.]. Muchos, en defensa del relato, objetan que el cronista pudo haberse confundido con otras órdenes religiosas.
 
Ahora bien, también esta es una objeción falaz puesto que en Rusia los Jesuitas sobrevivieron a la supresión, ocupando sus puestos acostumbrados que tenían antes de la letra apostólica “Dóminus ac Redémptor”.
 
Finalmente, Yanovski asegura de haber comunicado enseguida el hecho a sus superiores, pero la primera mención que él hace es en la carta a la Oficina central de la compañía rusa, datada a 15 de febrero de 1820.
 
En resumen, Pedro –admitido y no concediendo que haya existido realmente– fue víctima de un trágico interrogatorio por caza furtiva que acabó mal.
  
Pero su tremendo suceso no autoriza a los enemigos de la Iglesia, culpables tantas veces de símiles atrocidades contra los creyentes, a empuñar sus vidas para combatir su vana batalla contra el Catolicismo.

sábado, 12 de octubre de 2019

EL EUROPARLAMENTO CONDENA AL COMUNISMO Y AL NAZISMO, Y LOS COMUNISTAS SE ENFADAN

Elementos tomados de CONFILEGAL, OK DIARIO y CONTANDO ESTRELLAS. Nosotros claramente desconfiamos de la UE, pero la noticia es de importancia histórica y actual.

En pleno debate sobre la memoria histórica en España, donde un Gobierno socialista, con sus aliados neocomunistas de Podemos, los comunistas históricos de Izquierda Unida y los separatistas del Partido Nacionalista Vasco y de la Esquerra Republicana de Cataluña, trata de imponer una versión sectaria del pasado, el Parlamento Europeo, en su sesión plenaria del jueves, 19 de septiembre, 80º aniversario del inicio de la Segunda Guerra Mundial, aprobó una resolución en la que pidió a los 28 estados miembros de la Unión Europea que desarrollen una «cultura común de memoria histórica que rechace los crímenes de los regímenes fascistas y estalinistas»:
RESOLUCIÓN DEL PARLAMENTO EUROPEO, DE 19 DE SEPTIEMBRE DE 2019, «SOBRE LA IMPORTANCIA DE LA MEMORIA HISTÓRICA EUROPEA PARA EL FUTURO DE EUROPA» [2019/2819(RSP)]
 
El Parlamento Europeo,
 
–  Vistos los principios universales de los derechos humanos y los principios fundamentales de la Unión Europea como una comunidad basada en valores comunes,
–  Vista la declaración realizada por el vicepresidente primero Frans Timmermans y la comisaria Vĕra Jourová el 22 de agosto de 2019, víspera del Día Europeo en Conmemoración de las Víctimas del Estalinismo y del Nazismo,
–  Vista la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, adoptada el 10 de diciembre de 1948,
–  Vista su Resolución, de 12 de mayo de 2005, sobre el 60.º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial en Europa el 8 de mayo de 1945(DO C 92 E de 20.4.2006, p. 392),
–  Vista la Resolución 1481 de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, de 26 de enero de 2006, sobre la necesidad de una condena internacional de los crímenes de los regímenes comunistas totalitarios,
–  Vista la Decisión Marco 2008/913/JAI del Consejo, de 28 de noviembre de 2008, relativa a la lucha contra determinadas formas y manifestaciones de racismo y xenofobia mediante el Derecho penal(DO L 328 de 6.12.2008, p. 55),
–  Vista la Declaración de Praga sobre la Conciencia Europea y el Comunismo, adoptada el 3 de junio de 2008,
–  Vista su Declaración sobre la proclamación del 23 de agosto como Día Europeo Conmemorativo de las Víctimas del Estalinismo y del Nazismo, adoptada el 23 de septiembre de 2008(DO C 8 E de 14.1.2010, p. 57),
–  Vista su Resolución, de 2 de abril de 2009, sobre la conciencia europea y el totalitarismo(DO C 137 E de 27.5.2010, p. 25),
–  Visto el informe de la Comisión, de 22 de diciembre de 2010, sobre la memoria de los crímenes cometidos por los regímenes totalitarios en Europa (COM(2010)0783),
–  Vistas las Conclusiones del Consejo, de 9 y 10 de junio de 2011, sobre la memoria de los crímenes cometidos por los regímenes totalitarios en Europa,
–  Vista la Declaración de Varsovia pronunciada el 23 de agosto de 2011, con ocasión del Día Europeo Conmemorativo de las Víctimas del Estalinismo y el Nazismo,
–  Vista la declaración conjunta realizada el 23 de agosto de 2018 por representantes del Gobierno de los Estados miembros en conmemoración de las víctimas del comunismo,
–  Vista su histórica Resolución sobre la situación en Estonia, Letonia y Lituania, aprobada el 13 de enero de 1983 como respuesta al «Llamamiento Báltico» de 45 ciudadanos de esos países,
–  Vistas las resoluciones y declaraciones sobre los crímenes de los regímenes comunistas totalitarios adoptadas por varios Parlamentos nacionales,
–  Visto el artículo 132, apartados 2 y 4, de su Reglamento interno,
  
A.  Considerando que este año se conmemora el 80.º aniversario del estallido de la Segunda Guerra Mundial, que provocó un sufrimiento humano sin precedentes y dio lugar a la ocupación de varios países europeos durante décadas;
B.  Considerando que hace 80 años, el 23 de agosto de 1939, la Unión Soviética comunista y la Alemania nazi firmaron un Tratado de no Agresión, conocido como el Pacto Molotov-Ribbentrop, y sus protocolos secretos, por el que Europa y los territorios de Estados independientes se repartían entre estos dos regímenes totalitarios y se agrupaban en torno a esferas de interés, allanando así el camino al estallido de la Segunda Guerra Mundial;
C.  Considerando que, como consecuencia directa del Pacto Molotov-Ribbentrop, al que le siguió el Tratado de Amistad y Demarcación nazi-soviético de 28 de septiembre de 1939, la República de Polonia fue invadida en primer lugar por Hitler y, dos semanas después, por Stalin, lo que privó al país de su independencia y conllevó una tragedia sin precedentes para el pueblo polaco; que la Unión Soviética comunista comenzó, el 30 de noviembre de 1939, una agresiva guerra contra Finlandia y, en junio de 1940, ocupó y se anexionó partes de Rumanía (territorios que nunca fueron devueltos) y se anexionó las repúblicas independientes de Lituania, Letonia y Estonia;
D.  Considerando que, tras la derrota del régimen nazi y el fin de la Segunda Guerra Mundial, algunos países europeos pudieron reconstruirse y acometer un proceso de reconciliación, pero otros siguieron sometidos a dictaduras, a veces bajo la ocupación o la influencia directa de la Unión Soviética, durante medio siglo, y continuaron privados de libertad, soberanía, dignidad, derechos humanos y desarrollo socioeconómico;
E.  Considerando que, mientras que los crímenes del régimen nazi fueron evaluados y castigados gracias a los juicios de Núremberg, sigue existiendo la necesidad urgente de sensibilizar sobre los crímenes perpetrados por el estalinismo y otras dictaduras, evaluarlos moral y jurídicamente, y llevar a cabo investigaciones judiciales sobre ellos;
F.  Considerando que, en algunos Estados miembros, las ideologías comunista y nazi están prohibidas por ley;
G.  Considerando que, desde su inicio, la integración europea ha sido una respuesta a los sufrimientos provocados por dos guerras mundiales y por la tiranía nazi, que condujo al Holocausto, y a la expansión de los regímenes comunistas totalitarios y antidemocráticos en la Europa Central y Oriental, así como una manera de superar las profundas divisiones y hostilidades en Europa mediante la cooperación y la integración y de acabar con las guerras y consolidar la democracia en Europa; que para los países europeos que sufrieron la ocupación soviética y las dictaduras comunistas, la ampliación de la Unión, que comenzó en 2004, supuso su regreso a la familia europea, a la que pertenecen;
H.  Considerando que deben mantenerse vivos los recuerdos del trágico pasado de Europa, con el fin de honrar la memoria de las víctimas, condenar a los autores y establecer las bases para una reconciliación basada en la verdad y la memoria;
I.  Considerando que recordar a las víctimas de los regímenes totalitarios y reconocer y divulgar el legado común europeo de los crímenes cometidos por las dictaduras comunista, nazi y de otro tipo es de vital importancia para la unidad de Europa y de los europeos, así como para consolidar la resiliencia europea frente a las amenazas externas actuales;
J.  Considerando que hace treinta años, el 23 de agosto de 1989, se celebró el 50.º aniversario del Pacto Molotov-Ribbentrop y se recordó a las víctimas de los regímenes totalitarios mediante la Cadena Báltica, una manifestación sin precedentes en la que participaron dos millones de lituanos, letones y estonios que, tomándose de la mano, formaron una cadena humana desde Vilna hasta Tallin, pasando por Riga;
K.  Considerando que, a pesar de que el 24 de diciembre de 1989 el Congreso de los Diputados del Pueblo de la URSS condenó la firma del Pacto Molotov-Ribbentrop, junto con otros acuerdos celebrados con la Alemania nazi, las autoridades rusas negaron, en agosto de 2019, ser responsables de este acuerdo y de sus consecuencias, y en la actualidad están fomentando la idea de que Polonia, los Estados bálticos y Occidente fueron los verdaderos instigadores de la Segunda Guerra Mundial;
L.  Considerando que recordar a las víctimas de los regímenes totalitarios y autoritarios, y reconocer y divulgar el legado común europeo de los crímenes cometidos por las dictaduras estalinista, nazi y de otro tipo es de vital importancia para la unidad de Europa y de los europeos, así como para consolidar la resiliencia europea frente a las amenazas externas actuales;
M.  Considerando que grupos y partidos políticos abiertamente radicales, racistas y xenófobos incitan al odio y a la violencia en la sociedad, por ejemplo mediante la difusión de discursos de incitación al odio en línea, lo que a menudo genera un aumento de la violencia, la xenofobia y la intolerancia;
  1. Recuerda que, tal como se consagra en el artículo 2 del TUE, la Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías; recuerda, asimismo, que estos valores son comunes a todos los Estados miembros;
  2. Pone de relieve que la Segunda Guerra Mundial, la guerra más devastadora de la historia de Europa, fue el resultado directo del infame Tratado de no Agresión nazi-soviético de 23 de agosto de 1939, también conocido como Pacto Molotov-Ribbentrop, y sus protocolos secretos, que permitieron a dos regímenes totalitarios, que compartían el objetivo de conquistar el mundo, repartirse Europa en dos zonas de influencia;
  3. Recuerda que los regímenes nazi y comunista cometieron asesinatos en masa, genocidios y deportaciones y fueron los causantes de una pérdida de vidas humanas y de libertad en el siglo XX a una escala hasta entonces nunca vista en la historia de la humanidad; recuerda, asimismo, los atroces crímenes del Holocausto perpetrado por el régimen nazi; condena en los términos más enérgicos los actos de agresión, los crímenes contra la humanidad y las violaciones masivas de los derechos humanos perpetrados por los regímenes comunista, nazi y otros regímenes totalitarios;
  4. Expresa su profundo respeto por cada una de las víctimas de estos regímenes totalitarios y pide a todas las instituciones y agentes de la Unión que hagan todo lo posible para asegurarse de que los atroces crímenes totalitarios contra la humanidad y las graves violaciones sistemáticas de los derechos humanos sean recordados y llevados ante los tribunales, y que garanticen que estos crímenes no vuelvan a repetirse jamás; hace hincapié en la importancia de mantener viva la memoria del pasado, puesto que no puede haber reconciliación sin memoria, y reafirma su posición unida contra todo régimen totalitario sea cual sea su ideología de base;
  5. Pide a todos los Estados miembros de la Unión que hagan una evaluación clara y basada en principios de los crímenes y los actos de agresión perpetrados por los regímenes comunistas totalitarios y el régimen nazi;
  6. Condena toda manifestación y propagación de ideologías totalitarias, como el nazismo y el estalinismo, en la Unión;
  7. Condena el revisionismo histórico y la glorificación de los colaboradores nazis en algunos Estados miembros de la Unión; expresa su gran preocupación ante la creciente aceptación de ideologías radicales y la regresión al fascismo, el racismo, la xenofobia y otras formas de intolerancia en la Unión Europea; manifiesta su inquietud ante los casos que se han denunciado, en algunos Estados miembros, de colusión entre, por un lado, líderes políticos, partidos políticos y fuerzas de seguridad y, por otro, movimientos radicales, racistas y xenófobos de distintas denominaciones políticas; pide a los Estados miembros que condenen estos actos de la forma más enérgica posible, ya que menoscaban los valores de paz, libertad y democracia de la Unión;
  8. Pide a todos los Estados miembros que conmemoren el 23 de agosto como Día Europeo Conmemorativo de las Víctimas del Estalinismo y del Nazismo a escala tanto nacional como de la Unión, y que sensibilicen a la nueva generación con respecto a estas cuestiones incluyendo la historia y el análisis de las consecuencias de los regímenes totalitarios en los planes de estudios y los libros de texto de todas las escuelas de la Unión; pide a los Estados miembros que apoyen la documentación del turbulento pasado de Europa, por ejemplo mediante la traducción de los procedimientos de los juicios de Núremberg a todas las lenguas de la Unión;
  9. Pide a los Estados miembros que condenen y contrarresten todas las formas de negación del Holocausto, incluidas la trivialización y la minimización de los crímenes cometidos por los nazis y sus colaboradores, y que eviten su banalización en el discurso político y en los medios de comunicación;
  10. Pide una cultura común de memoria histórica que rechace los crímenes de los regímenes fascistas y estalinistas, y de otros regímenes totalitarios y autoritarios del pasado, como medio para fomentar, en particular entre las generaciones más jóvenes, la resiliencia ante las amenazas modernas que se ciernen sobre la democracia; anima a los Estados miembros a promover, a través de la cultura en general, la educación relativa a la diversidad de nuestra sociedad y nuestra historia común, incluida la enseñanza de las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, como el Holocausto, y la deshumanización sistemática de sus víctimas durante años;
  11. Pide, además, que el 25 de mayo (aniversario de la ejecución del capitán Witold Pilecki, héroe de Auschwitz) sea declarado Día internacional de los héroes de la lucha contra el totalitarismo, que será una muestra de respeto y un homenaje hacia todos aquellos que, al luchar contra la tiranía, demostraron su heroísmo y su sincero amor por la humanidad, y también ofrecerá a las generaciones futuras un claro ejemplo de la actitud que se debe asumir ante la amenaza de esclavización totalitaria;
  12. Pide a la Comisión que preste apoyo efectivo a los proyectos que promueven la memoria histórica y el recuerdo en los Estados miembros y a las actividades de la Plataforma de la Memoria y la Conciencia Europeas, y que asigne recursos financieros suficientes en el marco del programa Europa para los Ciudadanos, con el fin de apoyar la conmemoración y el recuerdo de las víctimas del totalitarismo, tal y como se establece en la posición del Parlamento sobre el programa Derechos y Valores 2021-2027;
  13. Declara que la integración europea como modelo de paz y reconciliación ha sido una opción libre de los pueblos de Europa para comprometerse en favor de un futuro compartido y que la Unión Europea tiene la responsabilidad especial de promover y proteger la democracia, el respeto de los derechos humanos y el Estado de Derecho, no solo dentro sino también fuera de la Unión Europea;
  14. Señala que, a la luz de su adhesión a la Unión y a la OTAN, los países de Europa Central y Oriental no solo han regresado a la familia europea de países democráticos libres, sino que también han demostrado el éxito, con la ayuda de la Unión, de las reformas y el desarrollo socioeconómico; subraya, no obstante, que la posibilidad de adhesión debe seguir abierta a otros países europeos, como estipula el artículo 49 del TUE;
  15. Sostiene que Rusia sigue siendo la mayor víctima del totalitarismo comunista y que su evolución hacia un Estado democrático seguirá obstaculizada mientras el Gobierno, la élite política y la propaganda política continúen encubriendo los crímenes comunistas y ensalzando el régimen totalitario soviético; pide, por tanto, a la sociedad rusa que acepte su trágico pasado;
  16. Muestra su profunda preocupación por los esfuerzos de los actuales dirigentes rusos por distorsionar los hechos históricos y ocultar los crímenes perpetrados por el régimen totalitario soviético, esfuerzos que constituyen un peligroso elemento de la guerra de la información librada contra la Europa democrática con el objetivo de dividirla, y pide a la Comisión, por tanto, que luche firmemente contra ellos;
  17. Expresa su preocupación por el hecho de que se sigan usando símbolos de los regímenes totalitarios en la esfera pública y con fines comerciales, y recuerda que varios países europeos han prohibido el uso de símbolos nazis y comunistas;
  18. Señala que en algunos Estados miembros siguen existiendo en espacios públicos (parques, plazas, calles, etc.) monumentos y lugares conmemorativos que ensalzan los regímenes totalitarios, lo que facilita la distorsión de los hechos históricos sobre las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y la propagación del sistema político totalitario;
  19. Condena el hecho de que las fuerzas políticas extremistas y xenófobas en Europa recurran cada vez más a la distorsión de los hechos históricos y utilicen símbolos y retóricas que evocan aspectos de la propaganda totalitaria, como el racismo, el antisemitismo y el odio hacia las minorías sexuales y de otro tipo;
  20. Insta a los Estados miembros a que garanticen el cumplimiento de las disposiciones de la Decisión Marco del Consejo, con el fin de hacer frente a las organizaciones que difunden discursos de incitación al odio y a la violencia en los espacios públicos y en línea y que prohíban efectivamente los grupos neofascistas y neonazis y cualquier otra fundación o asociación que exalte y glorifique el nazismo y el fascismo o cualquier otra forma de totalitarismo, dentro del respeto del ordenamiento jurídico y la jurisdicción nacionales;
  21. Destaca que el trágico pasado de Europa debe seguir sirviendo de inspiración moral y política para afrontar los retos del mundo actual y, en particular, luchar por un mundo más justo, crear sociedades abiertas y tolerantes y comunidades que acepten a las minorías étnicas, religiosas y sexuales, y fomentar unas condiciones en las que todos puedan beneficiarse de los valores europeos;
  22. Encarga a su presidente que transmita la presente Resolución al Consejo, a la Comisión, a los Gobiernos y los Parlamentos de los Estados miembros, a la Duma rusa y a los Parlamentos de los países de la Asociación Oriental.
A pesar del intento de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas -a la que pertenece el PSOE- para impedir (por tercera vez) la condena de los crímenes comunistas -incluso mediante una proposición de las eurodiputadas Kati Piri (40, del Partido Laborista holandés) y Maria Isabel Coelho Santos (51, del Partido Socialista portugués)-, la propuesta ue una votación aplastante: 535 votos a favor, 66 en contra y 52 abstenciones.
  
La resolución (aprobada dos días después del 80º aniversario de la invasión soviética de Polonia, prevista en el pacto secreto firmado por Adolfo Hitler y  José Stalin en agosto de 1939 y por el que ambos dictadores se repartieron tanto Polonia como Lituania, Estonia, Letonia y Finlandia) honra al capitán Pilecki, el cual fue miembro de la resistencia polaca contra la Alemania nazi y después contra la ocupación soviética de Polonia: fue ejecutado por los comunistas en 1948. Sin embargo, ha pasado desapercibida en la mayor parte de países de la Unión, sobre todo en España, donde:
  • En virtud de la ley de “Memoria Histórica” impuesta por el PSOE el 26 de Abril de 2006 y ratificada por el usurpador y traidor Juan Carlos I Puigmoltó-Borbón, se retiran los reconocimientos, honores y calles a Francisco Franco Bahamonde [y ahora se busca exhumarlo del Valle de los Caídos], José Antonio Primo de Rivera y Sanz de Heredia, José Millán Astray y los Caídos por Dios y por la Patria, mientras que se conservan los reconocimientos, honores y calles a todos sus agentes en España (Santiago José Carrillo Solares “el asesino de Paracuellos”, María de los Dolores Isidora Ibárruri y Gómez “la sanguinaria Pasionaria” -una adúltera que abandonó a sus hijos para seguir al comunismo estalinista, en el cual creía tanto como sus padres Antonio y Juliana en el Catolicismo-, Juan Negrín López, Francisco Largo Caballero, las “Trece Rosas”, Brigadas Internacionales…)
  • Informar en los Colegios, Centros Educativos y Televisiones de los crímenes del Comunismo (Tren de la Muerte, las Checas, Paracuellos de Jarama, …).
  • El concejal carmenista Mauricio Valiente Otz exhibía un retrato de Lenin en su despacho, y Enrique Santiago Romero, secretario general del PCE y miembro del equipo negociador de Podemos en la investidura de Pedro Sánchez, sigue luciendo la hoz y el martillo y ensalzando a Lenin
  • Pablo Iglesias Turrón canta ‘La Internacional’ con la bandera de la URSS tras un concierto.
  • Alberto Carlos Garzón Espinosa viste prendas como homenaje a la Unión Soviética.
  
La resolución del Parlamento Europeo pone el acento en una cuestión fundamental: la doble vara de medir que durante décadas ha existido a la hora de enjuiciar el nazismo y el comunismo. Así, dice que “mientras los crímenes del régimen nazi fueron evaluados y castigados gracias a los juicios de Nremberg, sigue existiendo la necesidad urgente de sensabilizar sobre los crímenes perpetrados por el estalinismo”. Por tanto, anima a los Estados a “evaluarlos moral y jurídicamente, y llevar a cabo investigaciones judiciales sobre ellos” y pide a los Estados de la Unión que “hagan una evaluación clara y basada en principios de los crímenes” tanto del comunismo como del nazismo y anima a mantener “vivos los recuerdos del trágico pasado de Europa, con el fin de honrar la memoria de las víctimas, condenar a los autores y establecer las bases para una reconciliación basada en la verdad y la memoria”.
   
Y entre esas verdades está que el comunismo fue, como el nazismo, un régimen liberticida y de asesinatos en masa, que ha matado a más de 100 millones de personas y contando. Aunque en democracias como la española haya políticos y comunistas que sigan defendiendo una interpretación falsa del pasado por medio de la mal llamada “memoria histórica” [o mejor: “LOBOTOMÍA HISTÉRICA”] se han mostrado indignadas contra esa resolución de la Eurocámara, entre ellas la Federación Estatal de Foros por la Memoria, que publicó un manifiesto en el que acusa a la Unión Europea de “promover burdamente el anticomunismo”, como si rechazar una ideología totalitaria y antidemocrática como ésa fuese algo malo. El manifiesto afirma que “en la lectura del texto nos encontramos con una serie de manipulaciones y tergiversaciones históricas de inspiración ultra-reaccionaria, en un intento de equiparar fascismo y comunismo, minimizando los crímenes del nazismo” (cuando la resolución cita cuatro veces el “Holocausto” y media docena de veces al nazismo, recordando que fueron condenados en los Juicios de Núremberg, tal como está citado en el considerando E y en el artículo 8).
 
Los citados Foros de la Memoria afirman, por ejemplo, que la resolución europea pone al mismo nivel a invasores y a libertadores, a los SS que custodiaban el campo de aniquilación de Auschwitz con el Ejército Rojo, que lo liberó cuando el NKVD soviético instaló gulags en antiguos campos de concentración alemanes, como por ejemplo Sachsenhausen, encerrando no sólo a prisioneros de guerra alemanes o criminales nazis, sino también a los socialdemócratas alemanes (por el solo hecho de ser los rivales históricos de los comunistas).
  
Súmase a lo anterior que Stalin impuso en los países europeos que estuvieron bajo el yugo nazi y que fueron “liberados” por el Ejército Rojo regímenes comunistas que se comportaron como auténticas fuerzas de ocupación. En Polonia, los “libertadores” soviéticos apresaron, torturaron y asesinaron a muchos miembros de la resistencia polaca contra el nazismo, con masacres como la de Uroczysko Baran, en la que fueron asesinados entre 1.300 y 1.800 prisioneros polacos a manos del NKVD, y los soldados soviéticos violaron a más de 100.000 mujeres y niñas polacas, motivo por el cual en Polonia recuerdan la ocupación soviética con la expresión “Czerwona Zaraza” (la Plaga Roja).
      
Y si de “antisemitismo” se trata, cabe recordarles a estos rojos que calumnian a Estonia, Letonia, Lituania y Polonia al decir que allá han llevado a cabo “la rehabilitación y el elogio histórico del fascismo y la glorificación de los colaboracionistas con el nazismo” (cuando por ejemplo, en Polonia se conmemora cada año a los patriotas que combatieron a los alemanes, es el país con más “Justos entre las naciones” reconocidos por Israel -más de 6.800-, y que la apología al nazismo está prohibida por los §2, 3 y 4 del artículo 256 del código penal), que antes de la “Operación Barbarroja”, el régimen soviético colaboró con los nazis incluso mediante la entrega por el NKVD a la Gestapo de unos 4.000 judíos y comunistas alemanes que habían huido a la URSS, que que entre los 21.768 masacrados por los comunistas en Katyn entre el 3 de Abril y el 19 de Mayo de 1940 se cuentan 434 oficiales polacos judíos, entre ellos el Rabino Jefe del ejército Baruch Steinberg. Además, el Ejército Rojo desfiló con la Wehrmacht en Polonia tras la agresión conjunta y coordinada, y tanto la NKVD como la Gestapo trabajaban en conjunto contra la resistencia polaca, hasta el punto de que en la Masacre de Katyn, los agentes soviéticos usaron pistolas semiautomáticas alemanas Walther PPK y cargaron sus revólveres Nagant M1895 con munición calibre .22 enviada por Alemania desde Moscú.
  
A decir verdad, esos Foros nunca han ocultado sus tendencias ideológicas. José María Pedreño, fundador de los Foros, es militante del PCE, partido que nunca ha condenado los crímenes comunistas y sostiene al régimen cubano. A ese mismo partido pertenecía Arturo Peinado Cano, actual presidente de los Foros, y hace sólo unos días participó en la fiesta de ese partido en Rivas Vaciamadrid. Tal vez ese extremismo ideológico explique ciertas ocurrencias salvajes de dicha entidad, como pedir en 2010 la voladura del Valle de los Caídos, equiparando la cruz cristiana de ese monumento con la esvástica nazi del estadio de Nüremberg, en enero de este año, su sitio web tachó “mito” la persecución religiosa en el bando republicano antes y durante la Guerra Civil Española, y eso a pesar de que está documentado el asesinato de miles de sacerdotes y religiosos por razón de su fe. Y luego grupos como ése se dedican a lanzar acusaciones de “negacionismo” y de “revisionismo”. Menuda cara. ¿Se dan cuenta de que por mucho menos que eso, ellos mismos piden ilegalizar a otros?
   
Un apunte sobre la resolución: a pesar de los aciertos señalados en la entrada, el texto adolece de ciertas incoherencias. Por ejemplo, su punto 20 reclama la prohibición de “los grupos neofascistas y neonazis y cualquier otra fundación o asociación que exalte y glorifique el nazismo y el fascismo o cualquier otra forma de totalitarismo”. ¿Por qué aquí se cita el nazismo y el fascismo pero no el comunismo, ni tan siquiera el estalinismo -y al comunismo en general, sea maoísta, titista, castrista, chavista-, que mató a muchos más que el nazismo? ¡Claro! Ese punto fue presentado por el eurodiputado Reinhard Hans Bütikofer (66, miembro de Alianza 90 / Los Verdes), exmilitante de la maoísta Liga Comunista de Alemania Occidental.