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jueves, 20 de septiembre de 2018

DEL MARTIRIO INTERIOR

Colaboración de la hermana María Trinidad Caballero Buteler para CATÓLICOS ALERTA

   
«Muchos me persiguen y me afligen: pero no me he apartado de tus mandamientos». (Salmo 118, 157)
  
Los peores perseguidores no son los que se manifiestan como tales, sino aquellos que no se ven. ¡Y de éstos hay muchos! Pues del mismo modo que un rey perseguidor ordenaba muchos mandatos de acosamiento y los hostigadores se desparramaban por todas las provincias y ciudades, el diablo lanza a muchos de sus ministros, para que persigan a todas las almas, no sólo por fuera sino también por dentro.
  
De estas persecuciones se dijo: todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo, sufrirán persecución (2 Tim 3, 12). El Apóstol escribió todos; no exceptuó ninguno. Pues, ¿quién puede ser exceptuado cuando el mismo Señor toleró las tentativas de persecución?
 
Persigue la avaricia; persigue la ambición; persigue la lujuria; persigue la soberbia y persiguen los placeres de la carne. No olvides que el Apóstol dijo: huid de la fornicación (1 Cor 6, 18). ¿Y de qué huyes, sino de aquello que te persigue?: el mal espíritu de la lujuria, el mal espíritu de la avaricia, el mal espíritu de la soberbia.
  
Los perseguidores temibles son aquellos que, sin el terror de la espada, destruyen con frecuencia el espíritu del hombre; aquellos que, más con halagos que con espanto, someten las almas de los fieles. Éstos son los enemigos de los que te debes guardar, éstos son los tiranos más peligrosos, por los que Adán fue vencido. Muchos, coronados en públicas persecuciones, cayeron en estas persecuciones ocultas. Por fuera, dijo el Apóstol, luchas; por dentro, temores (2 Cor 7, 5).
  
Adviertes qué duro es el combate que hay en el interior del hombre, para que se bata consigo mismo y luche contra sus pasiones. El mismo Apóstol vacila, duda, es atenazado y manifiesta que está sujeto a la ley del pecado y reducido por su cuerpo de muerte, y no podría evadirse, si no fuera liberado por la gracia de Cristo Jesús (cfr. Rm 7, 23-25)
  
Y del mismo modo que hay muchas persecuciones, así también hay muchos martirios. Todos los días eres testigo de Cristo. Eres mártir de Cristo si sufriste la tentación del espíritu de lujuria, pero, temeroso del futuro juicio de Cristo, no pensaste en profanar la pureza del alma y del cuerpo.
  
Eres mártir de Cristo si fuiste tentado por el espíritu de la avaricia para apoderarte de los bienes de los inferiores o no respetar los derechos de las viudas indefensas, pero juzgaste que era mejor alcanzar la riqueza por la contemplación de los preceptos divinos, que cometer la injusticia. Cristo quiere estar cerca de tales testigos, según está escrito: aprended a obrar el bien, buscad lo justo, respetad al agraviado, haced justicia al huérfano, y amparad a la viuda: venid y entendámonos (Is 1, 17-18)
  
Eres mártir de Cristo si fuiste tentado por el espíritu de soberbia, pero viendo al débil y desvalido, te compadeciste con piadoso espíritu, y amaste la humildad más que la arrogancia. Y aún más si diste testimonio no sólo de palabra, sino también con obras. Pues ¿quién es testigo más fiel, que aquél que confiesa que el Señor Jesús se ha encarnado, al tiempo que guarda los preceptos del Evangelio? Porque quien escucha y no pone por obra, niega a Cristo. Aunque lo confiese de palabra, lo niega por las obras. Pues a muchos que dicen: Señor, Señor, ¿acaso en tu nombre no hemos profetizado, arrojado demonios y obrado muchas virtudes? (Mt 7, 22), les dirá en aquel día: apartaos de mí todos los que hayáis obrado la iniquidad (Ibid., 23). Porque es testigo aquél que, haciéndose fiador con sus hechos, confiesa a Cristo Jesús.
 
¡Cuántos, todos los días, son mártires de Cristo en oculto, y confiesan al Señor Jesús con sus obras! El Apóstol conocía este martirio y testimonio fiel de Cristo, cuando afirmaba: ésta es nuestra gloria: el testimonio de nuestra conciencia (2 Cor 1, 12) (...).
  
Muchos me persiguen, y me afligen. Quizá Cristo dice esto, y lo dice con la voz de cada uno de nosotros: el adversario lo persigue dentro de nosotros. Si pretendes que nadie te persiga, apartas a Cristo, que sufrió tentación para vencerla. Donde el diablo lo ve, allí prepara insidias, allí maquina los ardides de la tentación, allí urde sus engaños, para rechazarlo si pudiera. Pero donde el diablo combate, allí está presente Cristo; donde el diablo asedia, allí Cristo está encerrado y defiende los muros de la fortaleza espiritual. Así pues, el que retrocede ante la llegada del perseguidor, expulsa también al defensor.
  
Por tanto, cuando oigas: muchos me persiguen y me afligen, no temas, que también puedes decir: si Dios está con nosotros ¿quién contra nosotros? (Rm 8, 31). Esto afirma con verdad aquél que, por los testimonios del Señor, se aparta sin rodeos de la senda de los vicios.
 
SAN AMBROSIO DE MILÁN. Exposición sobre el Salmo 118, XX, 45-48, 51.

lunes, 30 de julio de 2018

RENACEMOS DEL AGUA Y DEL ESPÍRITU SANTO A TRAVÉS DEL BAUTISMO

  
¿Qué es lo que viste en el bautisterio? Agua, desde luego, pero no sólo agua; viste también a los diáconos ejerciendo su ministerio, al obispo haciendo las preguntas de ritual y santificando. El Apóstol te enseñó, lo primero de todo, que no hemos de fijarnos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno (II Cor. IV, 18). Pues, como leemos en otro lugar, desde la creación del mundo, las perfecciones invisibles de Dios, su poder eterno y su divinidad son visibles por sus obras (Rom. I, 20). Por esto, dice el Señor en persona: Aunque no me creáis a mí, creed a las obras (Juan X, 38). Cree, pues, que está allí presente la divinidad. ¿Vas a creer en su actuación y no en su presencia? ¿De dónde vendría esta actuación sin su previa presencia?
  
Considera también cuán antiguo sea este misterio, pues fue prefigurado en el mismo origen del mundo. Ya en el principio, cuando hizo Dios el cielo y la tierra, el espíritu -leemos- se cernía sobre la faz de las aguas (Gén. I, 2). Y si se cernía es porque obraba. El rey David nos da a conocer esta actuación del espíritu en la creación del mundo, cuando dice: La palabra del Señor hizo el cielo; el espíritu de su boca, sus ejércitos (Sal. XXXII, 3). Ambas cosas, esto es, que se cernía y que actuaba, son atestiguadas por la palabra profética. Que se cernía, lo afirma Moisés; que actuaba, David.
  
Tenemos aún otro testimonio. Toda carne se había corrompido por sus iniquidades. Mi espíritu no durará por siempre en el hombre -dijo Dios-, puesto que es de carne (Gén. VI, 3). Con las cuales palabras demostró que la gracia espiritual era incompatible con la inmundicia carnal y la mancha del pecado grave. Por esto, queriendo Dios reparar su obra, envió el diluvio y mandó al justo Noé que subiera al arca (Gén. VII, 1 ss). Cuando menguaron las aguas del diluvio, soltó primero un cuervo, el cual no volvió, y después una paloma que, según leemos, volvió con una rama de olivo (Gén. VIII, 7-8). Ves cómo se menciona el agua, el leño, la paloma, ¿y aún dudas del misterio?
  
En el agua es sumergida nuestra carne, para que quede borrado todo pecado carnal. En ella quedan sepultadas todas nuestras malas acciones. En un leño fue clavado el Señor Jesús, cuando sufrió por nosotros su pasión. En forma de paloma descendió el Espíritu Santo, como has aprendido en el nuevo Testamento (Mat. III, 16), el cual inspira en tu alma la paz, en tu mente la calma. El cuervo es la figura del pecado, que se va y no regresa, si, en ti, también, es preservada la rectitud tanto interior como exteriormente.
  
SAN AMBROSIO DE MILÁN. Tratado sobre los Misterios, cap. III, nros. 8-11.
 
ORACIÓN (del Domingo III después de Pascua)
Oh Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que andan extraviados para que puedan volver al buen camino, concede a todos los cristianos rechazar lo que es indigno de este nombre y cumplir cuanto en él se significa. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

jueves, 31 de diciembre de 2015

HIMNO “Te Deum laudámus”, EN ACCIÓN DE GRACIAS POR EL AÑO TRANSCURRIDO

  
El “Te Deum laudámus” es un himno compuesto por San Ambrosio de Milán y San Agustín durante el Bautismo de éste último, el Sábado Santo del año 387, que había caído el día 24 de Abril (en aquella época, la formación de los catecúmenos era durante la Cuaresma, y el Sábado Santo recibían el Bautismo, la Confimación y la Comunión). La Iglesia lo recita en el Divino Oficio, finalizadas las Maitines, con las mismas rúbricas que el Glória in excélsis en la Misa. Además, hay otorgada indulgencia por rezarlo el 31 de Diciembre como acción de gracias por el año transcurrido.
 
Te Deum laudámus:
Te Dóminum confitémur.
Te ætérnum Patrem,
Omnis terra venerátur.
   
Tibi omnes Ángeli, tibi cæli,
Et univérsæ potestátes.
Tibi Chérubim et Séraphim
Incessábili voce proclámant:
     
Sanctus, Sanctus, Sanctus
Dóminus Deus Sábaoth.
Pleni sunt Cœli et terra
Majestátis glóriæ tuæ.
      
Te gloriósus Apostolórum chorus,
Te Prophetárum laudábilis númerus,
Te Mártirum candidátus laudat exércitus.
   
Te per orbem terrárum
Sancta confitétur Ecclésia:
Patrem imménsæ majestátis,
Venerádum tuum verum et únicum Fílium:
Sanctum quoque Paráclitum Spíritum.
    
Tu rex glóriæ, Christe.
Tu Patris sempitérnus es Fílius.
Tu, ad liberándum susceptúrus hóminem,
Non horruísti Vírginis úterum.
   
Tu, devícto mortis acúleo,
Aperuísti credéntibus regna cœlórum.
Tu ad déxteram Dei
Sedes in glória Patris.
  
Judex créderis esse ventúrus.
Te ergo quǽsumus,
Tuis fámulis súbveni,
Quos pretióso sánguine redemísti.
Ætérna fac cum Sanctis tuis in glória numerári.
   
Salvum fac pópulum tuum, Dómine,
Et bénedic hereditáti tuæ.
Et rege eos,
Et extólle illos usque in ætérnum.
   
Per síngulos dies benedícimus te;
Et laudámus nomen tuum in sǽculum,
Et in sǽculum sǽculi.
   
Dignáre, Dómine, die isto
Sine peccáto nos custodíre.
Miserére nostri, Dómine,
Miserére nostri.
   
Fiat misericórdia tua, Dómine, super nos,
Quemádmodum sperávimus in te.
In te, Dómine, sperávi:
Non confúndar in ætérnum.
  
V. Benedíctus es, Dómine, Deus patrum nostrórum.
R. Et laudábilis, et gloriósus in sǽcula.
  
V. Benedicámus Patrem et Fílium cum Sancto Spíritu.
R. Laudémus et su­per­exal­témus eum in sǽcula.
  
V. Benedíctus es, Dómine, in firmaménto cæli.
R. Et laudábilis, et gloriósus, et su­per­exal­tátus in sǽcula.
  
V. Bénedic, ánima mea, Dómino.
R. Et noli oblivísci omnes re­tri­bu­tiónes ejus.
  
V. Dómine, exáudi oratiónem meam.
R. Et clamor meus ad te véniat.
   
[Sacerdótes addunt:
V. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spí­ri­tu tuo.]
  
Orémus.

ORATIO
Deus, cujus misericórdiæ non est númerus, et bonitátis infinítus est thesáurus: piíssimæ Majestáti tuæ pro collátis donis grátias ágimus, tuam semper cleméntiam exorántes; ut, qui peténtibus postuláta concédis, eósdem non déserens, ad prǽmia futúra dispónas.
  
Deus, qui corda fidélium Sancti Spíritus il­lus­tra­tióne docuísti, da nobis in eódem Spíritu recta sápere, et de ejus semper con­so­latióne gaudére.

Deus, qui néminem in te sperántem nímium afflígi permíttis, sed pium précibus præstas audítum: pro pos­tu­la­tiónibus nostris, votísque suscéptis grátias ágimus, te piíssime deprecántes; ut a cunctis semper muniámur advérsis. Per Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

TRADUCCIÓN
A ti, oh Dios, te alabamos,
A ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
Te venera toda la creación.
 
Los Ángeles todos, los cielos
Y todas las Potestades te honran.
Los Querubines y Serafines
Te cantan sin cesar:
 
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios de los ejércitos.
Los cielos y la tierra
Están llenos de la majestad de tu gloria.

A ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
La multitud admirable de los Profetas,
El blanco ejército de los Mártires.
 
A ti la Iglesia santa,
Extendida por toda la tierra, te aclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, defensor.
 
Tú eres el Rey de la gloria, oh Cristo.
Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre,
Aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
 
Tú, rotas las cadenas de la muerte,
Abriste a los creyentes el Reino de los Cielos.
Tú estás sentado a la derecha de Dios
En la gloria del Padre.
 
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
A quienes redimiste con tu preciosa Sangre.
Haz que en la gloria eterna
Nos asociemos a tus santos.
  
Salva a tu pueblo, Señor,
Y bendice tu heredad.
Sé su pastor
Y ensálzalo eternamente.
 
Día tras día te bendecimos
Y alabamos tu nombre para siempre,
Por eternidad de eternidades.
  
Dígnate, Señor, en este día
Guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor,
Ten piedad de nosotros.
  
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
Como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié,
No me veré defraudado para siempre.
  
V. Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres.
R. Y alabado y glorificado por siempre jamás.
  
V. Bendigamos al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Alabémosle y exaltémoslo por siempre jamás.
  
V. Bendito seas, Señor, en el firmamento del Cielo
R. Y alabado, glorificado y exaltado por siempre jamás.
  
V. Bendice, alma mía, al Señor.
R. Y no olvides todos sus beneficios
  
V. Señor, escucha mi oración
R. Y mi clamor llegue hacia ti.
   
[Los Sacerdotes agregan:
V. El Señor sea con vosotros.
R. Y con tu espí­ri­tu.]
  
Oremos.
 
ORACIÓN
Oh Dios, cuya misericordia no tiene número, y los tesoros de tu bondad son infinitos: damos gracias a tu piadosísima Majestad por los dones recibidos, rogando siempre a tu clemencia que, pues concedes lo pedido en la oración, no nos desampares, sino que nos hagas dignos de los premios futuros.

Oh Dios, que has instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos por el mismo Espíritu conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos.

Oh Dios, que no permites sea afligido en demasía cualquiera que en Ti espera, sino que atiendes piadoso a nuestras súplicas: te damos gracias por haber aceptado nuestras peticiones y votos, suplicándote piadosísimamente que merezcamos vernos libres de toda adversidad. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

jueves, 30 de abril de 2015

ORACIÓN DE SAN AMBROSIO DE MILÁN PARA ANTES DE LA MISA

   
ORÁTIO SANCTI AMBRÓSII EPÍSCOPI ANTE MISSAM, SÍNGULIS HEBDOMÁDÆ DIÉBUS DISTRIBÚTÆ
  
DIE DOMÍNICA
Summe Sacérdos et vere Póntifex, Jesu Christe, qui te obtulísti Deo Patri hóstiam puram et immaculátam in ara Crucis pro nobis míseris et peccatóribus, et qui dedísti nobis Carnem tuam ad manducándum et Sánguinem tuum ad bibéndum, et posuísti mystérium istud in virtúte Spíritus Sancti tui, dicens: “Hæc quotiescúmque fecéritis, in mei memóriam faciétis”: rogo per eúmdem Sánguinem tuum, magnum salútis nostræ prétium, rogo per hanc miram et ineffábilem caritátem, qua nos míseros et indígnos sic amáre dignátus es, ut laváres nos a peccátis nostris in Sánguine tuo.
   
[Sacerdos dixit: Doce me servum tuum indígnum, quem inter cétera dona tua étiam ad offícium sacerdotále vocáre dignátus es, nullis meis méritis, sed sola dignatióne misericórdiæ tuæ;] doce me, quǽso, per Spíritum Sanctum tuum, tantum tractáre mystérium ea reveréntia et honóre, ea devotióne et timóre, quibus opórtet et decet. Fac me per grátiam tuam semper illud de tanto mystério crédere et intellígere, sentíre et fírmiter tenére, dícere et cogitáre quod tibi placet et éxpedit ánimæ meæ. Intret Spíritus tuus bonus in cor meum, qui sonet ibi sine sono, et sine strépitu verbórum loquátur omnem veritátem. Profúnda quippe sunt nimis, et sacro tecta velámine. Propter magnam cleméntiam tuam concéde mihi Missárum sollémnia mundo corde et pura mente celebráre [si fuerit laicus, vel minister, dicat: assístere].
   
Líbera cor meum ab immúndis et nefándis, vanis et nóxiis cogitatiónibus. Muni me beatórum Angelórum pia et fida custódia ac tutéla fortíssima, ut hostes ómnium bonórum confúsi discédant. Per virtútem tanti mystérii, et per manum sancti Ángeli tui, repélle a me et a cunctis servis tuis duríssimum spíritum supérbiæ et cenodóxiæ, invídiæ et blasphémiæ, fornicatiónis et immundítiæ, dubietátis, et diffidéntiæ. Confundántur qui nos persequúntur, péreant illi qui nos pérdere festínant.
  
FÉRIA SECÚNDA
Rex vírginum et amátor castitátis et integritatis, cœlésti rore benedictiónis tuæ exstíngue in córpore meo fómitem ardéntis libídinis, ut máneat in me tenor castitátis córporis et ánimæ. Mortífica in membris meis carnis stímulos omnésque libidinósas commotiónes, et da mihi veram et perpétuam castitátem, cum céteris donis tuis, quæ tibi placent in veritáte: ut sacrifícium láudis casto córpore, et mundo corde váleam tibi offérre.
   
Quanta enim cordis contritióne, et lacrimárum fonte, quanta reveréntia et tremóre, quanta córporis castitáte et ánimæ puritáte istud divínum et cœléste sacrifícium est celebrándum, ubi Caro tua in veritáte súmitur, ubi Sanguis tuus in veritáte bíbitur, ubi ima summis, terréna divínis jungúntur, ubi adest sanctórum Angelórum præséntia, ubi tu es Sacrifícium et Sacérdos mirabíliter et ineffabíliter constitútus!
  
FÉRIA TÉRTIA
Quis digne hoc sacrifícium celebráre [si fuerit laicus, vel minister, dicat: assístere] póterit, nisi tu, Deus omnípotens, offeréntem féceris dignum? Scio, Dómine, et vere scio, et idípsum pietáti tuæ confíteor, quia non sum dignus accédere ad tantum mystérium propter nimia peccáta mea et infinítas negligéntias meas. Sed scio, et veráciter ex toto corde meo credo, et ore confíteor, quia tu potes me fácere dignum, qui solus potes fácere mundum de immúndo concéptum sémine, et de peccatóribus justos et sanctos.
   
Per hanc omnipoténtiam tuam te rogo, Deus meus, ut concédas mihi peccatóri hoc sacrifícium celebráre [si fuerit laicus, vel minister, dicat: assístere] cum timóre et tremóre, cum cordis puritáte et lacrimárum fonte, cum lætítia spiritáli et cœlésti gáudio. Séntiat mens mea dulcédinem beatíssimæ præséntiæ tuæ, excúbias sanctórum Angelórum tuórum in circúitu meo.
   
FÉRIA QUÁRTA
Ego enim, Dómine, memor venerándæ passiónis tuæ, accédo ad altáre tuum, licet peccátor, ut ófferam tibi sacrifícium quod tu instituísti et offérri præcepísti in commemoratióne tui, pro salúte nostra. Súscipe illud, quǽso, summe Deus, pro Ecclésia sancta tua, et pro pópulo quem acquisivísti Sánguine tuo.
   
[Sacerdos dixit: Et quoniam me peccatórem, inter te et eúmdem pópulum tuum, médium esse voluísti, licet in me áliquod boni óperis testimónium non agnóscas, offícium saltem dispensatiónis créditæ non recúses; nec, per me indígnum, eórum salútis péreat prétium, pro quibus víctima salutáris dignátus es esse et redémptio.]
   
Prófero etiam, Domine, si dignéris propítius intuéri, tribulatiónes plébium, perícula populórum, captivórum gémitus, misérias orphanórum, necessitátes peregrinórum, inópiam debílium, desperatiónes languéntium, deféctus senum, suspíria júvenum, vota vírginum, laménta viduárum.
   
FÉRIA QUÍNTA
Tu enim miseréris ómnium, Dómine, et nihil odísti eórum quæ fecísti. Memoráre quæ sit nostra substántia; quia tu Pater noster es, quia tu Deus noster es, ne irascáris satis, neque multitúdinem víscerum tuórum super nos contíneas. Non enim in justificatiónibus nostris prostérnimus preces ante fáciem tuam, sed in miseratiónibus tuis multis. Aufer a nobis iniquitátes nostras, et ignem Sancti Spíritus in nobis cleménter accénde.
    
Aufer cor lapídeum de carne nostra, et da nobis cor cárneum, quod te amet, te díligat, te delectétur, te sequátur, te perfruátur. Orámus, Dómine, cleméntiam tuam, ut seréno vultu familíam tuam, sacri tui Nóminis offícia præstolántem, aspícere dignéris; et nullíus sit írritum votum, nullíus vácua postulátio, tu nobis preces súggere, quas ipse propítius audíre et exaudíre delectéris.
   
FÉRIA SEXTA
Rogámus etiam te, Dómine, sancte Pater, et pro spirítibus fidélium defunctórum, ut sit illis salus, sánitas, gáudium et refrigérium, hoc magnum pietátis sacraméntum.
  
Dómine, Deus meus, sit illis hódie magnum et plenum convívium de te pane vivo, qui de cœlo descendísti et das vitam mundo, de tua Carne sancta et benedícta, Agni vidélicet immaculáti, qui tollis peccáta mundi, quæ de sancto et glorióso beátæ Vírginis Maríæ útero est assúmpta et de Spíritu Sancto concépta; ac de illo pietátis fonte, qui per lánceam mílitis ex tuo sacratíssimo látere emanávit: ut, exínde refécti et satiáti, refrigeráti et consoláti, exsúltent in láude et glória tua.
   
Peto cleméntiam tuam, Dómine, ut descéndat super panem tibi sacrificándum plenitúdo tuæ benedictiónis, et sanctificátio tuæ divinitátis. Descéndat étiam, Dómine, illa Sancti Spíritus tui invisíbilis incomprehensibilísque majestátis, sicut quondam in patrum hóstias descendébat; qui et oblatiónes nostras Corpus et Sánguinem tuum effíciat, et me indígnum sacerdótem [si fuerit laicus, vel minister, dicat: nos indígnos servos] dóceat tantum tractáre mystérium cum cordis puritáte et lacrimárum devotióne, cum reveréntia et tremóre, ita ut plácide ac benígne suscípias sacrifícium [Sacerdos dixit: de mánibus meis] ad salútem ómnium tam vivórum quam defunctórum.
   
SÁBBATO
Rogo étiam te, Dómine, per ipsum sacrosánctum mystérium Córporis et Sánguinis tui, quo quotídie in Ecclésia tua páscimur et potámur, ablúimur et sanctificámur, atque uníus summæ divinitátis partícipes effícimur. Da mihi virtútes tuas sanctas, quibus replétus bona consciéntia ad altáre tuum accédam, ita ut hæc cœléstia sacraménta efficiántur mihi salus et vita. Tu enim dixísti ore tuo sancto et benedícto: “Panis quem ego dabo, caro mea est pro mundi vita. Ego sum panis vivus, qui de cœlo descéndi. Si quis manducáverit ex hoc pane, vivet in ætérnum”.
   
Panis dulcíssime, sana palátum cordis mei ut séntiam suavitátem amóris tui. Sana illud ab omni languóre, ut nullam præter te séntiam dulcédinem. Panis candidíssime, habens omne delectaméntum et omnem sapórem, qui nos semper réficis et numquam in te déficis: cómedat te cor meum, et dulcédine sapóris tui repleántur víscera ánimæ meæ. Mandúcat te Ángelus ore pleno: mandúcet te peregrínus homo pro módulo suo, ne defícere possit in via, tali recreátus viático.
   
Panis sancte, panis vive, panis munde, qui descendísti de cœlo et das vitam mundo, veni in cor meum, et munda me ab omni inquinaménto carnis et spíritus. Intra in ánimam meam, sana et munda me intérius et extérius. Esto tutámen et contínua salus ánimæ et córporis mei. Repélle a me insidiántes mihi hostes; recédant procul a præséntia poténtiæ tuæ, ut, foris et intus per te munítus, recto trámite ad tuum regnum pervéniam; ubi non in mystériis, sicut in hoc témpore ágitur, sed fácie ad fáciem te vidébimus, cum tradíderis regnum Deo et Patri, et eris Deus omnia in ómnibus. Tunc enim me de te satiábis, satietáte mirífica, ita ut nec esúriam, nec sítiam in ætérnum: Qui cum eódem Deo Patre et Spíritu Sancto vivis et regnas per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

ORACIÓN DE SAN AMBROSIO PARA ANTES DE LA MISA, DISTRIBUIDA PARA CADA DÍA DE LA SEMANA
   
DOMINGO
Sumo Sacerdote y Pontífice verdadero, Jesucristo, que te ofreciste al Padre como Hostia pura e inmaculada en el altar de la Cruz por nosotros miserables pecadores, y que nos diste tu Carne como alimento y tu Sangre como bebida, y que pusiste este misterio bajo el poder del Espíritu Santo diciendo: “Cuantas veces hagáis esto, hacedlo en memoria mía”: te ruego, por tu misma Sangre, precio magno de nuestra salvación, te ruego, por esta admirable e inefable caridad, que a nosotros miserables e indignos, a quienes te has dignado amar, laves nuestros pecados en tu Sangre.
 
[El Sacerdote dice: Enséñame a mí, indigno siervo tuyo, a quien, entre otros dones, llamaste al oficio de Sacerdote, sin ningún mérito de mi parte, sino sólo por tu misericordia], enséñame, te suplico, por tu Espíritu Santo, a tratar este misterio con el honor y reverencia, la devoción y temor que se requiere y conviene. Haz que por tu gracia, en este santo misterio, siempre crea y confiese, sienta y afirme, diga y piense, lo que a Ti te agrada y a mi alma aprovecha. Entre tu buen Espíritu a mi corazón, que suena sin emitir sonido, y sin estrépito de palabras comunica toda verdad. Por tu gran misericordia y clemencia concédeme celebrar [Si fuere laico, o ministro, decir: asistir a] esta Misa con mente limpia y corazón puro.
  
Libra mi alma de todos pensamiento vano y nocivo, inmundo y nefando. Envíame la custodia fiel y piadosa y la fortísima protección de tus santos Ángeles, para que se alejen confundidos los enemigos de todo bien. Por la fuerza de tan grande misterio y por mano de tus santos Ángeles, aparta de mí y de tus siervos el durísimo espíritu de soberbia y cenodoxia, envidia y blasfemia, fornicación e inmundicia, duda y difidencia. Confundidos sean quienes nos persiguen, perezcan aquellos que se apresuran a perdernos.
 
LUNES
Rey de las vírgenes, y amante de la castidad y la integridad, extingue en mi cuerpo, con la bendición del rocío celestial, el incendio de la libidinez, para que permanezca en mí la pureza de cuerpo y alma. Apaga en mis miembros los estímulos de la carne y las conmociones libidinosas, y dame la verdadera y perpetua castidad, junto con tus otros dones que te complacen en la verdad: para que sea digno de participar en este sacrificio de alabanza con un cuerpo casto y un corazón limpio.
  
¡Con cuanta contrición de corazón y ríos de lágrimas, con cuánta reverencia y temor, con cuánta castidad de cuerpo y pureza de alma, debe celebrarse este divino y celeste Sacrificio, donde tu Carne verdaderamente se come y tu Sangre verdaderamente se bebe, donde la bajeza y la alteza, y lo terreno y lo divino se unen, donde los santos Ángeles están presentes, donde Tú admirable e inefablemente eres Sacerdote de tu mismo Sacrificio!
  
MARTES
¿Quién podría dignamente celebrar [Si fuere laico, o ministro, decir: asistir a] este Sacrificio, si Tú, Señor Dios Omnipotente, no lo hicieras digno? Sé, Señor, y verdaderamente lo sé, y lo confieso ante tu misericordia, que no soy digno de acercarme a tan grande Misterio, porque son muchos mis pecados e incontables mis negligencias. Pero sé, y creo verdaderamente con todo mi corazón, y lo confieso con mis labios, que Tú puedes hacerme digno, ya que puedes hacer limpio lo que fue concebido de inmunda simiente, y hacer de los pecadores justos y santos.
  
Por este tu admirable poder, te ruego, Dios mío, que me concedas a mí pecador, celebrar [Si fuere laico, o ministro, decir: asistir a] este Sacrificio con temor y temblor, con pureza de corazón y manantiales de lágrimas, con alegría espiritual y gozo del cielo. Haz que mi mente sienta la dulzura de tu beatísima presencia, y que el coro de tus santos Ángeles permanezca a mi alrededor.
  
MIÉRCOLES
Oh Señor, trayendo a mi memoria tu Sagrada Pasión, me acerco, aunque pecador, a tu altar, y quiero ofrecerte el sacrificio que Tú instituiste, y que mandaste que fuera ofrecido, en tu recuerdo, para nuestra salvación. Te pido, altísimo Dios, que lo recibas, por tu Iglesia Santa y por el pueblo que rescataste con tu Sangre.
  
[El Sacerdote dice: Y puesto que Tú has querido que yo, pecador, esté en el medio entre Ti y tu pueblo, aunque no encuentres en mí evidencia de buenas obras, al menos no rechaces el servicio del ministerio que me has dado; ni por mi indignidad se pierda en ellos el precio de su salvación, cuya Víctima salvadora y redención te dignaste ser].

También te ofrezco, Dios mío, si benigno te dignas considerarlos, las tribulaciones de los pueblos, los peligros de las naciones, los gemidos de los cautivos, las miserias de los huérfanos, las necesidades de los peregrinos, la inopia de los débiles, los dolores de los enfermos, las molestias de los ancianos, los anhelos de los jóvenes, los votos de las vírgenes y los lamentos de las viudas.
  
JUEVES
Tú, Señor, eres compasivo y nunca desprecias nada de lo que creaste. Acuérdate de qué sustancia fuimos hechos, que tú eres nuestro Padre, que tú eres nuestro Dios, no te enojes con nosotros para siempre, ni retraigas tu Misericordia de nosotros. Porque no es por nuestra justificación que nos postramos suplicantes ante tu presencia, sino por tu gran compasión. Aparta de nosotros nuestras iniquidades, y graciosamente enciende en nosotros el fuego de tu Espíritu Santo.
  
Aparta de nuestra carne el corazón lapídeo y danos un corazón de carne, que te ame, que te prefiera, que tenga en Ti su delectación, que te siga y se goce en Ti. Te rogamos, Señor, por tus clemencias, que te dignes volver propicio tu rostro sobre tu familia, expectante en servir a tu santo Nombre, y para que no sean írritos sus votos, ni vacías sus peticiones, sugiérenos las preces que Tú dilectamente escucharás y atenderás propicio.
     
VIERNES
Rogámoste también, Señor, Padre santo, por las almas de todos los fieles difuntos, para que este magno Sacramento de piedad sea para ellos motivo de salvación, salud, gozo y refrigerio.
  
Señor y Dios mío, que sea hoy el magno y pleno alimento de Ti, el Pan vivo, que descendiste del Cielo y das vida del mundo, de tu Carne santa y bendita, ¡oh Cordero inmaculado, que quitas el pecado del mundo!, que fue tomada del vientre santo y glorioso de la bienaventurada Virgen María y concebido por el Espíritu Santo; de cuyo sacratísimo Costado, abierto por la lanza del soldado, brotó una fuente de piedad: para que, alimentadas y saciadas, refrigeradas y consoladas, se regocijen en la alabanza de tu gloria.
  
Pido, Señor, a tu clemencia, que la plenitud de tu bendición y la santificación de tu Divinidad decienda sobre este pan que será sacrificado en tu honor. Descienda también, Señor, la invisible e incomprensible majestad de tu Santo Espíritu, como descendía sobre los sacrificios de nuestros padres, para que nuestra oblación se convierta en tu Cuerpo y Sangre; y a mí, indigno sacerdote [Si fuere laico, o ministro, decir: a nosotros, siervos indignos], enséñame a tratar este misterio con corazón limpio y lágrimas devotas, con reverencia y temor, y así recibas [El Sacerdote dice: de mis manos] con beneplácito el Sacrificio que se ofrece por la salvación de todos, tanto los vivos como los difuntos.
  
SÁBADO
Te ruego, Señor, por el sacrosanto Misterio de tu Cuerpo y de tu Sangre, que sea yo diariamente apacentado y alimentado, purificado y santificado en tu Iglesia, y así ser hecho digno partícipe de la una y suma divinidad. Dame tus santas virtudes con las que, colmada mi alma, me acerque con buena conciencia a tu altar, y así este Sacramento celestial sea para mí salud y vida. Tus labios santos y benditos dijeron: “El pan que Yo os daré es mi Carne, para la vida del mundo. Yo soy el pan vivo, que ha bajado del cielo. El que coma de este pan, vivirá para siempre”.
 
Pan dulcísimo, ablanda la dureza de mi corazón para que sienta la suavidad de tu amor. Sánalo de toda enfermedad, y que no busque otra dulzura fuera de Ti. Pan candidísimo, que tiene en sí todo deleite y todo sabor, que siempre nos sacia y nunca defrauda: quiero que mi corazón te reciba y todo mi ser se llene de tu dulce sabor. El Ángel te recibe plenamente, recíbate el hombre peregrino con esa medida, para que fortalecido por tal Viático, no desfallezca en el camino.
  
Pan santo, Pan vivo, Pan inmaculado, que descendiste del Cielo y das vida al mundo, ven a mi corazón, y límpialo de toda mancha de la carne y del espíritu. Entra en mi alma, sana y purifícame exterior e interiormente. Sé mi protección y la contínua salud de mi alma y de mi cuerpo. Repele las insidias de mis enemigos, que huyan ante la presencia de tu poder, para que protegido por Ti por dentro y por fuera llegue hasta Ti por un camino recto, donde, no en enigma como en el tiempo presente, sino cara a cara, te contemplemos, cuando entregues el reino a Dios Padre, y seas, oh Dios, todo en todos. Sáciame siempre de Ti con admirable abundancia, para que no desfallezca de hambre ni sed eternamente. Tú, que con el mismo Dios Padre y el Espíritu Santo vives y reinas por los todos los siglos de los siglos. Amén.
    
El Papa León XIII, mediante rescripto del 20 de Diciembre de 1884, otorgó indulgencia de un año a cuantos rezaren devotamente la oración correspondiente a cada día de la semana como preparación a la Santa Misa.

miércoles, 18 de febrero de 2015

HIMNO “Parce Dómine”, PARA LA CUARESMA

El himno “Parce Dómine” consta de dos partes: La antífona “Parce, Dómine, parce pópulo tuo: Ne in ætérnum irascáris nobis” se inspira en la profecía de Joel II, 17 (“Perdona, oh Señor, perdona a tu pueblo: no estés airado para siempre con nosotros” ); y el himno en sí (“Flectámus iram víndicem...”) fue compuesto por San Ambrosio de Milán. Este himno es recitado usualmente el Miércoles de Ceniza, dada la referencia al ayuno que es exigido durante la Cuaresma, pero también puede emplearse en cualquier acto de reparación a Nuestro Señor.

HIMNO “PARCE DÓMINE”
  
Antífona: Parce, Dómine, parce pópulo tuo:
Ne in
ætérnum irascáris nobis.
  
Flectámus íram víndicem,
Plorémus ante Júdicem,
Clamémus ore súpplici,
Dicámus omnes cernúi:
 
Parce, Dómine, parce pópulo tuo:
Ne in
ætérnum irascáris nobis.
  
Nostris malis offéndimus
Tuam Deus cleméntiam:
Effúnde nobis désuper
Remíssor indulgéntiam.
  
Parce, Dómine, parce pópulo tuo:
Ne in
ætérnum irascáris nobis.
  
Dans tempus acceptábile,
Da lacrimárum rívulis
Laváre cordis víctimam,
Quam lǽta adúrat cáritas.
   
Parce, Dómine, parce pópulo tuo:
Ne in ætérnum irascáris nobis.
   
Audi, benígne Cónditor,
Nostras preces cum flétibus
In hoc sacro jejúnio
Fusas quadragenário.
  
Parce, Dómine, parce pópulo tuo:
Ne in ætérnum irascáris nobis.
 
Scrutátor alme córdium,
Infirma Tu scis vírium:
Ad Te revérsis éxhibe
Remissiónis grátiam.
 
Parce, Dómine, parce pópulo tuo:
Ne in ætérnum irascáris nobis.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

DE LA RAIZ DE JESÉ, POR SAN AMBROSIO DE MILÁN


“La raíz (de Jesé) es la estirpe de Judá, la vara es María, la Flor de María es Cristo. Ella es justamente llamada ‘vara’, porque Ella pertenece al linaje real, a la casa y familia de David. Su Flor es Cristo, quien destruyó el hedor de la corrupción mundana y derramó la fragancia de la vida eterna. Como Él mismo dijo, ‘Yo soy la rosa de Sarón, el lirio de los valles’”.
  
San Ambrosio, Comentario a Isaías XI, 1.

domingo, 8 de diciembre de 2013

SAN AMBROSIO SOBRE LA IMITACIÓN DE LAS VIRTUDES DE NUESTRA SEÑORA

“Fue tal María, que su sola vida es para todos una clara enseñanza y un perfecto ejemplo de vida santa”. (San Ambrosio de Milán)

San Ambrosio de Milán, Padre y Doctor de la Iglesia

“Traed siempre delante de los ojos, como pintada en una imagen, la virginidad y la maternidad y la vida toda de la Bienaventurada Virgen María, en la cual, como en un espejo, resplandece la hermosura de la perfecta pureza, y la forma y modo de ejercitar todas las virtudes. De Ella habéis de tomar los ejemplos de bien vivir; donde, como en dechado, hallaréis magisterios expresos de toda santidad; y que os enseñarán lo que habéis de corregir y huir, y, sobre todo, lo que habéis de abrazar y poner en práctica. Lo primero con que se enciende el deseo de aprender es la excelencia del Maestro. Y ¿qué Maestro más excelente que la Madre de Dios?” (San Ambrosio de Milán, De virginitate, L. 1).

sábado, 7 de diciembre de 2013

SAN AMBROSIO DE MILÁN, OBISPO, CONFESOR, PADRE Y DOCTOR DE LA IGLESIA

“Considera bien el ministerio que has recibido en nombre del Señor, a fin de cumplir todos sus deberes”. (Colosenses 4, 17)

San Ambrosio de Milán

A la muerte de Aujencio, obispo herético de Milán, católicos y arrianos estaban a punto de llegar a las manos en la iglesia con motivo de su sucesor, cuando Ambrosio, gobernador de la ciudad, se trasladó a ella para apaciguar los ánimos. Un niño exclamó entonces por tres veces: ¡Ambrosio obispo! y toda la concurrencia súbitamente lo aclamó. Nacido en las Galias hacia el año 340, Ambrosio tenía entonces 34 años y sólo era catecúmeno. Ilustre por su nacimiento, llegó a serlo mucho más por sus virtudes, su ciencia y su caridad. Contribuyó poderosamente a la conversión de San Agustín. Después de la masacre de Tesalónica, negó al emperador Teodosio la entrada a la iglesia, hasta que hubo hecho penitencia. Murió en el año 397.

MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA DE SAN AMBROSIO

I. San Ambrosio, en su cargo de gobernador de Milán, defendió los intereses del César, pero supo al mismo tiempo dar a Dios lo que era de Dios. Imita la prudencia de San Ambrosio en tus asuntos temporales: hay que contentar a los hombres, cuando ello es posible sin ofender a Dios. Se puede y se debe ser hombre de honor y buen cristiano a la vez. La honestidad es el fundamento de la virtud cristiana.

II. Elegido obispo de Milán por inspiración divina, huyó San Ambrosio a Pavía, pero Dios extravió sus pasos y se encontró al día siguiente por la mañana a las puertas de Milán; comprendió entonces el llamado de Dios. Huye de los honores a imitación de este santo, pero no te opongas a los designios de Dios sobre ti; haz, por el contrario, lo que esté en tu poder para cooperar con ellos.

III. Este gran santo decía al morir: “No he vivido entre vosotros de modo que tenga aprensión de permanecer durante más tiempo con vosotros; pero tampoco temo morir, porque debo comparecer ante un Juez lleno de bondad”. ¿Podrías tú hablar con esta santa confianza? ¿Nada deberían reprender los hombres en tu conducta ? ¿Nada tendría que reprocharte Dios? ¿Qué te dice tu conciencia? “La conciencia es un juez insobornable; cuando se levanta contra los hombres, grita en alta voz, acusa y escribe, por decirlo así, ante los ojos de los pecadores, la magnitud de sus ofensas” (San Juan Crisóstomo).

La dulzura. Orad por vuestro Obispo.

ORACIÓN
Oh Dios, que habéis instruido a vuestro pueblo acerca de la salvación eterna por ministerio del bienaventurado Ambrosio, dignaos hacer que, después de haberlo tenido en la tierra como doctor y guía, lo tengamos como intercesor en el cielo. Por J. C. N. S. Amén.