Mostrando entradas con la etiqueta San Juan Bautista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta San Juan Bautista. Mostrar todas las entradas

miércoles, 29 de agosto de 2018

DEGOLLACIÓN DE SAN JUAN BAUTISTA

  “Herodes, enviando un alabardero, ordenó traer la cabeza de Juan en una bandeja”. (San Marcos 6, 27).
   
Martirio de San Juan Bautista
 
San Juan Bautista había dejado el desierto para amonestar a Herodes que no le era lícito tener como esposa a Herodías, la mujer de su hermano. Irritado el tirano de su audacia, lo hizo arrojar en una prisión. Un día, mientras daba un festín, la hija de Herodías danzó en presencia de los convidados con tanta gracia, que Herodes le prometió concederle todo lo que le pidiese. Pidió ella la cabeza de Juan Bautista. Un soldado, enviado a la prisión, cortó la cabeza al Precursor y la trajo en una bandeja, como si fuese el último plato de este fúnebre festín. Esto sucedió en Samaria el 25 de Marzo del año 32, un año antes de la Crucifixión, así que hoy se conmemora una traslación de sus reliquias hasta Pantakion (actual Pendik, suburbio de Estambul) por el emperador Valente.
  
MEDITACIÓN SOBRE SAN JUAN, MÁRTIR DE LA CASTIDAD, DE LA CARIDAD Y DE LA VERDAD 
I. San Juan vivió y murió de la castidad. Para conservar esta virtud angelical, dejó, a edad tierna, la casa de su padre, y se retiró al desierto, donde sujetó su cuerpo mediante continuas austeridades. Si comprendieses tú la belleza de esta virtud, la amarías e imitarías a San Juan. Pero, para conservar la castidad hay que huir del mundo, amar la soledad, practicar la mortificación. Si no puedes morir mártir de la castidad como San Juan, vive como él en inviolable castidad. “Algo más grande es vivir en la castidad que morir por ella”. (Tertuliano).
    
II. San Juan fue también mártir de la caridad. El celo que tenía por la salvación de las almas le hizo dejar la soledad, puesta la mira en convertir a Herodes. ¡Cuán feliz serías tú si pudieses, como el santo precursor, derramar tu sangre por la salvación del prójimo! Si no puedes imitarle, reza al menos por los pecadores, exhórtalos a penitencia, haz abundantes limosnas para obtener su conversión.
     
III. San Juan fue también mártir de la verdad: reprochó intrépidamente a Herodes sus escandalosos desórdenes, y prefirió morir antes que traicionar la verdad. Aunque tuvieses que perder la vida nunca debes disfrazar tus sentimientos, ni tolerar el vicio por cobarde complacencia cuando tu deber sea corregirlo. “Los hombres aman la verdad cuando ella los halaga, pero sienten aversión por ella cuando les reprende sus defectos”. (San Agustín).

La castidad. Orad por las vírgenes.
 
ORACIÓN
Haced, os lo suplicamos, Señor, que la piadosa solemnidad del bienaventurado Juan Bautista, vuestro precursor y mártir, nos obtenga gracias eficaces de salvación. Vos que, siendo Dios, vivís y reináis en unidad con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

domingo, 24 de junio de 2018

NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA

“En verdad, os digo, ninguno de entre los hijos de mujer ha sido mayor que Juan Bautista”. (San Mateo 11, 11)
 
Nacimiento de San Juan Bautista
 
Toda la tierra se alegra del nacimiento de San Juan; pero, ¿no debemos nosotros afligirnos al comparar lo que él ha hecho con lo que hacemos nosotros? Él deja el mundo y se retira al desierto para hacer penitencia; su alimento es un poco de miel silvestre con langostas; su vestidura, la piel de un camello. Sus ejemplos, más aun que sus palabras, son una exhortación a la penitencia. Viendo a Jesucristo, exclama: “He ahí el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo”; y el Salvador quiere ser bautizado por él.
 
MEDITACIÓN SOBRE SAN JUAN BAUTISTA
I. He aquí un penitente que no es culpable de pecado alguno y a quien la presencia de Jesús, oculto en el seno de su Madre, ha purificado antes de su nacimiento hasta de la mancha original. ¿Qué falta había cometido él cuando se retiró al desierto a hacer penitencia? Nos enseña con ello que el hombre, aun el más inocente, debe hacer penitencia. ¿Comenzaste tú este ejercicio? Te parece muy penoso y he aquí un niño que lo hace como juego. Pon manos a la obra y pronto experimentarás cuán indecible satisfacción reserva Dios a los que renuncian al placer para darse a Él. “¡Cuán instantáneamente pareció dulce a mi corazón privarse de las dulzuras de las vanidades del mundo! Temía perderlas, y dejarlas llegó a ser para mí la fuente de la dicha” (San Agustín).
   
II. Temprano comienza este santo su penitencia y la prolonga hasta el fin de su vida. No basta que te mortifiques por algún tiempo, hay que hacerla hasta la muerte. Siempre tienes contra ti a tu cuerpo, al demonio y al mundo. El único medio para triunfar de estos tres enemigos es combatirlos sin descanso hasta el fin. Piensa en el infierno que debes evitar, en el paraíso que debes ganar, y nunca te cansarás de hacer penitencia.
   
III. Si la humildad no las acompaña, tus austeridades no te servirán sino para atormentarte. San Juan rechaza los honores que le rinden los judíos llamándole Profeta y Mesías; se humilla delante de Jesucristo. Humíllate tú ante Dios y los hombres. Lo que haces, lo que sufres, nada es comparado con los trabajos y sufrimientos de los santos. “¿De qué sirve mortificar el cuerpo por la paciencia, si el espíritu está hinchado de orgullo?” (San Jerónimo).
  
La humildad. Orad por la conversión de los pecadores.
  
ORACIÓN
Oh Dios, que habéis solemnizado este día con el nacimiento de San Juan Bautista, conceded a vuestro pueblo la gracia de los gozos espirituales, y dirigid las almas de los fieles por el camino de la salvación eterna. Por J. C. N. S. Amén.

miércoles, 24 de junio de 2015

HIMNO "Ut queant laxis", EN HONOR DE SAN JUAN BAUTISTA

San Juan Bautista
   
El liturgista Guillermo Durando refiere en su obra "Rationále Divinórum Officiórum" que el himno "Ut queant laxis" fue compuesto un Sábado Santo por el monje e historiador longobardo Pablo Diácono OSB en agradecimiento a San Juan Bautista, pero dejemos que sea él mismo quien lo relate: 
"Paulus historiógraphus, Románæ Ecclésiæ diáconus, Cassinénsis monáchus, quædam die cum vellet Paschálem céreum consecráre rauce facte sunt fauces ejus, cum prius vocáles essent; ut ergo vox sibi restituerétur, compósuit in honórem beáti Joánnis hymnum "Ut queant laxis", in cujus princípio petit vocis restitutiónem, quam obtínuit sicut et mérito sancti Joánnis restauráta est Zacharíæ". (El historiador Pablo, diácono de la iglesia de Roma, monje de Montecassino, cierto día cuando iba a consagrar el cirio pascual le vino ronquera a la garganta, estando en el canto anterior; entonces para recuperar la voz, compuso en honor de San Juan [Bautista] el himno "Ut queant laxis", en cuyo inicio pide recuperar la voz, la cual obtuvo así como a Zacarías le fue restablecida por mérito de San Juan). [Guillermo Durando, Rationale Divinorum Officiorum, lib. 7, cap. 14, fol. 145 v].
  
Este himno a San Juan Bautista se hizo famoso porque de las primeras sílabas de los hemistiquios (mitad métrica) de la primera estrofa, el monje Guido de Arezzo OSB, creó la notación latina (las notas musicales), a saber: UT, RE, MI, FA, SOL, y LA (en el siglo XVI Anselmo de Flandes creará la nota SI al combinar las iniciales de Sancte Ioánnes; y en la centuria siguiente, el musicólogo Giovanni Battista Doni remplazará UT por DO, para facilitar el solfeo -entrenamiento musical-).
  
Dejando a un lado lo anterior, la Iglesia recita este himno en el Oficio Divino durante la Natividad de San Juan Bautista (24 de Junio), dividido en tres partes: "Ut queant laxis" (estrofas 1-4 y 14) en las Vísperas, "Antra desértis" (estrofas 5-8 y 14) en Maitines, y "O nimis felix" (estrofas 9-13), en Laudes; recordando respectivamente su concpeción milagrosa y su nacimiento, su retiro eremítico en el desierto y el don inigualable de haber señalado visiblemente al Divino Redentor anunciado y esperado por los Profetas, alabarle por sus excelencias y suplicar su intercesión ante el Señor.
   
HIMNO "Ut queant laxis" (LATÍN)
   
Ut queant laxis resonáre fibris
Mira gestórum fámuli tuórum,
Solve pollúti lábii reátum,
Sancte Joánnes.
    
Núntius celso véniens Olympo,
Te patri magnum fore nascitúrum,
Nomen, et vitæ sériem geréndæ
Órdine promit.
   
Ille promíssi dúbius supérni,
Pérdidit promptæ módulos loquélæ:
Sed reformásti génitus perémptæ
Órgana vocis.
   
Ventris obstrúso récubans cubíli,
Sénseras Regem thálamo manéntem:
Hinc parens nati méritis utérque
Ábdita pandit.
   
Antra desérti tenéris sub annis
Cívium turmas fúgiens, petísti,
Ne levi posses maculáre vitam
Crímine línguæ.
   
Prǽbuit durum tégumen camélus
Artúbus sacris, stróphium bidéntes:
Cui latex haustum, sociáta pastum
Mella locústis.
  
Céteri tantum cecínere Vatum
Corde præságo jubar affutúrum:
Tu quidem mundi scelus auferéntem
Índice prodis.
   
Non fuit vasti spátium per orbis
Sánctior quisquam génitus Joánne,
Qui nefas sæcli méruit lavántem
Tíngere lymphis.
    
O nimis felix, meritíque celsi,
Nésciens labem nívei pudóris,
Prǽpotens Martyr, nemorúmque cultor,
Máxime Vatum.
   
Serta ter denis álios corónant
Aucta creméntis, duplicáta quosdam;
Trina te fructu cumuláta centum
Néxibus ornant.
    
Nunc potens nostri méritis opímis
Péctoris duros lápides revélle,
Ásperum planans iter, et refléxos
Dírige calles.
   
Ut pius mundi Sator et Redémptor,
Méntibus culpæ sine labe puris,
Rite dignétur véniens beátos
Pónere gressus.
  
Láudibus cives celébrent supérni
Te Deus simplex, paritérque trine,
Súpplices et nos véniam precámur:
Parce redémptis.
   
Sit decus Patri, genitǽque Proli,
Et tibi compar utriúsque virtus
Spíritus semper, Deus unus, omni
Témporis ǽvo.
Amen.