"El mundo está lleno de tontos y de astutos. Los astutos son los que trabajan y sufren para ganarse el Cielo; los tontos son los que viven su vida sin pensar en la eternidad".
SAN JUAN BOSCO
COMBATIENDO SIN TREGUA EN TODOS LOS FRENTES PARA QUE CRISTO REINE. «VIVAT JESU, AMOR NOSTER, ET MARÍA, SPES NOSTRA!»
«[San] Juan Don Bosco me comunicó el texto de una profecía por escrito que comenzaba con estas precisas palabras: Dios todo lo puede, Dios lo conoce todo, etc., recomendándome el más riguroso secreto y que no hablara de ello con nadie a no ser con el propio autor. Entre otras cosas se refería a la guerra entre Francia y Prusia, a las condiciones de la Iglesia y a la desolación que azotaba a Italia, como me explicó a mí al preguntarle sobre el particular. El [Santo] me hizo sacar una copia para enviarla a Roma a cierto prelado».
«Nos complacemos en recordar un recientísimo vaticinio que no ha sido anteriormente impreso y que es completamente desconocido para el público, vaticinio que fue comunicado desde una ciudad de Italia a un personaje de Roma el 12 de febrero de 1870. Nosotros ignoramos su procedencia.
Pero podemos dar fe de que lo hemos tenido en nuestras manos, antes de que París fuese bombardeada por los alemanes e incendiada por los comunistas. Y añadiremos que nos causó gran maravilla el ver anunciada en él también la caída de Roma, cuando no se creía próxima ni probable».
«En 1870, exponía [San] Juan Don Bosco al Papa Beato Pio IX en audiencia que le fue concedida el 12 de febrero, un resumen de la primera visión. Llevaba consigo el relato escrito para presentarlo al Santo Padre, pero como no se atreviese a hacerlo, se limitó a leer un trozo que llevaba ya preparado relacionado con la Augusta Persona del Pontífice… También en la última audiencia que le concediera Beato Pío Pp. IX en el mismo año, volvió el [Santo] a hacer referencia a los sucesos políticos con tal precisión, que el Papa no pudo disimular la impresión y el dolor que aquellos pronósticos producían en su ánimo. Poco después de la toma de Roma, al recordar la entrevista celebrada con el [Santo], por medio del Cardenal Berardi, mandó a decir a [San] Juan Don Bosco que hablase clara y positivamente. Y [San] Juan Don Bosco, que antes no había insertado en el escrito la parte leída en presencia del Romano Pontífice, la incluyó en la copia hecha por Don Berto, enviándola a Roma por conducto de un Cardenal; documento que fue conservado por Beato Pío Pp. IX junto con una carta anónima en la que se hacia constar que procedía de una “persona que en otras ocasiones ha demostrado tener ilustraciones sobrenaturales” y que sucederían “otras cosas que no se podían consignar por escrito sino verbalmente por lo delicado de la materia”; añadiendo: “y si algo es demasiado oscuro veré si es posible dar alguna explicación”; terminando con estas palabras: “Sírvase de estos datos como le plazca, solamente le rogaría no aludiese a mi nombre en manera alguna, por la razón que puede suponer».
“Ha dicho el Señor que, con la misma medida con que hayamos medido a los demás, seremos tratados nosotros, y que, si hemos tenido misericordia con los demás, el Señor la tendrá también con nosotros.
Y San Agustín escribió que, rezando por las benditas almas del Purgatorio, mientras las sacamos de aquellas penas, preparamos a la par uno más breve para nosotros.
Si oramos por los difuntos, cuando muramos también nosotros, habrá quienes, inspirados por el Señor, rezarán por nuestras almas. Que, si nosotros estamos obligados a pedir por todos los difuntos en general, mucho más lo estamos por quien paseaba con nosotros en el mismo Oratorio, rezaba con nosotros en la misma iglesia, comía con nosotros el mismo pan; en fin, era nuestro hermano.
Mañana por la mañana se celebrará el funeral, se cantará la misa y se recitará el rosario de difuntos. Todo el bien que mañana se hará en casa, servirá de sufragio para el alma de Juan Lagorio.
Todas las comuniones se reciban con este fin; el que no pueda comulgar sacramentalmente, hágalo espiritualmente, pues el Señor la aceptará también en satisfacción de las penas de las almas del Purgatorio”.
PLÁTICA XIII: EL MAHOMETISMO
Padre: Sin duda, para un católico no hay ciencia más importante que aquella que lo instruye en la religión propia. Ciencia importante, y al mismo tiempo consolantísima, porque tiene los fundamentos ciertos y claros que hacen manifestar el concurso de la Omnipotencia Divina. Esta Religión de Jesucristo, que únicamente se conserva en la Iglesia Católica Romana, de acuerdo a las palabras del mismo Salvador, puede ser en cualquier manera perseguida, pero no por ello vencida. En todo tiempo, en medio de las más sangrientas persecuciones, se ha conservado inmóvil como columna, siempre gloriosa, siempre visible, siempre victoriosa, sin usar otras armas que las de la caridad y de la paciencia. Esta su invariabilidad conservada desde los tiempos de Jesucristo hasta nuestros días, no puede atribuirse a otro factor que a la Omnipotencia Divina.
Establecidos así los fundamentos de nuestra Santa Religión Católica, quiero platicaros un poco sobre algunos curiosos avvenimenti: esto es, sobre aquellas Religiones que estaban unidas a la Iglesia Católica, y que en un tiempo se separaron.
Hijos: Buenísimo, buenísimo. Esto quise saberlo desde hace tiempo. ¿Cuáles son estas religiones que en un tiempo se separaron de la Iglesia Católica?
Padre: Antes de hablaros de las religiones que en un tiempo se separaron de la Iglesia Católica Romana, quiero resaltar que las religiones que no tienen los caracteres de la divinidad, y que nosotros llamamos falsas religiones, se pueden reducir al Hebraísmo, a la Idolatría, al Mahometismo, y a las Sectas Cristianas profesadas por los Griegos cismáticos, Valdeses, Anglicanos y Protestantes.
Creo que de la Idolatría no es oportuno hablaros, porque en nuestros días, a excepción de poquísimos países donde aún no ha llegado la luz del Evangelio, no existe más.
Del hebraísmo os he hablado bastante en la primera parte de nuestra plática.Si os place, yo quiero hablaros de las otras comenzando con el Mahometismo.Hijos: Sí, sí, comienza por decirnos ¿qué cosa se entiende por Mahometismo?Padre: Por Mahometismo se entiende una colección de máximas tomadas de varias religiones, las cuales al ser practicadas llegan a destruir cualquier principio de moralidad.Hijos: ¿En qué países se profesa este mahometismo?Padre: El mahometismo se profesa en una gran parte de Asia, y también en una parte de África.Hijos: ¿De quién debe su principio el mahometismo?Padre: El mahometismo tiene su principio en Mahoma.Hijos: ¡Oh! sobre este Mahoma tenemos tanta curiosidad de oir hablar: dinos lo que sabes de él.Padre: Lo que la historia cuenta de este famoso impostor es demasiado largo de de referir: lo que voy a daros a conocer solamente es cómo fundó su religión. Mahoma nació en una familia pobre, de padre gentil y de madre hebrea, en el año 570, en la Meca, ciudad de la Arabia. poco distante del Mar Rojo. Hambriento de gloria y deseoso de mejorar su condición anduvo vagando por muchos países, y llegó a ser agente viajero de una mercader viuda de Damasco, que enseguida lo desposó. Era tan astuto que supo aprovecharse de su enfermedad y de su ignorancia para fundar una religión. Padeciendo de epilepsia, el mal caduco, afirmaba que aquellos sus colapsos frecuentes eran otros tantos arrebatamientos para tener coloquios con el Ángel Gabriel.Hijos: ¡Qué impostor, engañar a la gente en esta manera! ¿Habrá también intentado hacer milagros para confirmar su predicación?Padre: Mahoma no podía hacer milagro alguno en confirmación de su religión, porque no era enviado de Dios. Dios solo es autor de los milagros. Dado que se vanagloriaba de ser superior a Jesucristo, se creería que pudo hacer milagros a la par de Él. De otro modo, respondería que los milagros eran hechos por Jesucristo, y que él fue levantado por Dios para restablecer la religión con la fuerza. Con todo, se vanagloriaba de haber hecho uno, y decía que, habiendo caído un pedazo de la luna en sus manos, él había sabido reponerlo; en memoria de este ridículo milagro los mahometanos portan como divisa la media luna.Reís, ¡oh hijos míos!, y con mucha razón, porque un hombre de facha similar hubiera podido considerarse cual charlatán, que no predicador de una nueva religión. Cuando por esta causa se corrió la fama de que que era un impostor y perturbador de la tranquilidad pública, sus conciudadanos quisieron apresarlo y darle muerte. Pero él se dio a la fuga, y se retiró a la ciudad de Medina con algunos libertinos que le ayudaron a convertirse en señor de la misma (1).Hijos: ¿En qué cosa propiamente consiste la religión de Mahoma?Padre: La religión de Mahoma consiste en una monstruosa mezcolanza de judaísmo, de paganismo y de cristianismo. El libro de la ley mahometana es llamado Alcorán, o sea, libro por excelencia [Alcorán significa recitación, N. del T.]. Esta religión también es llamada Turca porque está muy difundida en la Turquía [Turquía era como entonces se conocía en Europa al Imperio Otomano]; Musulmana por Musul, nombre que los mahometanos dan al director de la oración; Islamismo, del nombre de algunos de sus reformadores; pero es siempre la misma religión fundada por Mahoma.Hijos: ¿Por qué Mahoma hizo esa mezcolanza de varias religiones?Padre: Porque como los pueblos de la Arabia eran en parte judíos, en parte cristianos, y otros paganos, él, para llevarlos a todos a seguirle, tomó una parte de las religiones que profesaban, y escogió especialmente aquellos puntos que pudieran mayormente favorecer los placeres sensuales.Hijos: ¿Puede decirse propiamente que Mahoma fuese un hombre letrado?Padre: De ninguna manera, ni mucho menos sabía escribir; y para componer su Alcorán fue ayudado de un hebreo y de un monje apóstata. Hablando de la Historia Sagrada confunde un hecho con el otro; por ejemplo, atribuye a María, hermana de Moisés, más hechos que los que conciernen a María, madre de Jesucristo, con muchísimos otros despropósitos.Hijos: Esto me parece impresionante: si Mahoma era ignorante, ni hizo ningún milagro, ¿cómo pudo propagar su religión?Padre: Mahoma propagó su religión, no con milagros o con la persuasión de las palabras, sino con la fuerza de las armas. Religión que, favoreciendo toda suerte de libertinaje, en poco tiempo hizo convertir a Mahoma en jefe de una formidabile tropa de milicianos. Con ellos recorría los países del Oriente ganándose a las gentes, no con insinuarles la verdad, ni con milagros o profecías; sino que por único argumento alzaba la espada sobre las cabezas de los vencidos gritando: o creer o morir.Hijos: Qué canalla, ¿son estos los argumentos que se deben usar para convertir a la gente? Sin duda, siendo Mahoma tan ignorante, ¿hubiera diseminado en el Corán muchos errores?Padre: El Alcorán contiene una serie de errores a cual más inmensos contra la moral y contra el culto del verdadero Dios. Por ejemplo, excusa de pecado a quien niega a Dios por temor de la muerte; permite la venganza; asegura a sus secuaces un paraíso, pero lleno de solos placeres terrenos. En resumen, la doctrina de este falso profeta permite cosas tan obscenas, que el alma cristiana tiene horror de mencionar.Hijos: ¿Qué diferencia hay entre la Iglesia Cristiana y la Mahometana?Padre: La diferencia es grandísima. Mahoma fundó su religión con la violencia y con las armas: Jesucristo fundó su Iglesia con palabras de paz, sirvéndose de los pobres sus discípulos. Mahoma fomentaba las pasiones, Jesucristo mandaba el negarse a sí mismo. Mahoma no hizo ningún milagro, Jesucristo hizo muchísimos milagros a plena luz del día y en presencia de innumerables multitudes. Las doctrinas de Mahoma son ridículas, inmorales y corruptoras: las de Jesucristo son augustas, sublimes y purísimas. En Mahoma no se cumplió ninguna profecía; en Jesucristo se cumplen todas. En síntesis, la Religión Cristiana, en cierta manera, conduce al hombre feliz en este mundo para elevarlo después a los gozos del Cielo; Mahoma degrada y envilece la naturaleza humana, y cifrando la felicidad en los placeres carnales, reduce al hombre al grado de los animales inmundos.San Juan Bosco, «Il Cattolico istruito nella sua religione: trattenimenti di un padre di famiglia co’ suoi figliuoli, secondo i bisogni del tempo». Turín, 1853.