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lunes, 11 de marzo de 2019

ASTUCIA VERDADERA ES LUCHAR POR SALVAR EL ALMA


"El mundo está lleno de tontos y de astutos. Los astutos son los que trabajan y sufren para ganarse el Cielo; los tontos son los que viven su vida sin pensar en la eternidad".
   
SAN JUAN BOSCO

jueves, 7 de febrero de 2019

PROFECÍA DE SAN JUAN BOSCO SOBRE PARÍS Y ROMA

Tomado de ECCE CHRISTIANUS.
  
El seis de enero, fiesta de la Epifanía o de la manifestación del Señor, se celebró la segunda Sesión del Concilio Vaticano I, en la cual los Padres, según el rito, hicieron uno después de otro, comenzando por el Sumo Pontífice, la solemne profesión de fe. La víspera de aquella memorable solemnidad [San] Juan Don Bosco vio en sueño cuanto vamos a exponer a continuación: fue el mismo [Santo] quien escribió lo que vio y oyó.
 
*****

Sólo Dios lo puede todo, lo conoce todo y lo ve todo. Dios no tiene ni pasado ni futuro, para Dios no hay nada oculto; todas las cosas le son presentes y para El no hay distancia de lugar o de persona. Sólo El en su infinita misericordia y para su gloria puede manifestar las cosas futuras a los hombres. La víspera de la Epifanía del corriente año de 1870 desaparecieron todos los objetos materiales de mi habitación y me encontré ante la consideración de cosas sobrenaturales. Fue algo que duró breves instantes, pero fueron muchas las cosas que vi. Aunque de forma y de apariencias sensibles, no se pueden comunicar a los demás sino con mucha dificultad con signos exteriores o sensibles.

Cuanto sigue podrá dar una idea de ello. En todo esto se encuentra la palabra de Dios acomodada a la palabra del hombre.

«Del Sur viene la guerra, del Norte viene la paz.

Las leyes de Francia no reconocen ya al Creador y el Creador se hará conocer y la visitará tres veces con la vara de su furor.
 
La primera abatirá su soberbia, con las derrotas, con el saqueo y con los estragos en las cosechas, en los animales y en los hombres.
 
En la segunda, la gran prostituta de Babilonia, aquella a la que los buenos llaman, suspirando, el prostíbulo de Europa, será privada del jefe y entregada al desorden.
  
¡París! ¡París! En vez de armarte con el nombre del Señor te rodeas de casas de inmoralidad. Estas serán por ti misma destruidas: tu ídolo, el Panteón, será reducido a cenizas, para que se cumpla lo que está escrito: mentíta est iníquitas sibi. Tus enemigos te colmarán de angustias, de hambre, de espanto y quedarás convertida en la abominación de las naciones. Pero ¡ay de ti si no reconoces la mano qué te hiere! Quiero castigar la inmoralidad, el abandono, el desprecio de mi ley, dice el Señor.

En la tercera caerás bajo una mano extranjera: tus enemigos verán desde lejos tus palacios incendiados, tus casas convertidas en montones de ruinas, bañadas en la sangre de tus héroes, que ya no existen. Pero he aquí que un gran guerrero del Norte llevará un estandarte; sobre la diestra que lo sustenta está escrito: “Irresistible es la mano del Señor”.
  
En aquel instante el Venerando Anciano del Lacio le salió al encuentro flameando una antorcha de luz vivísima. Entonces el estandarte se extendió y de negro que era se trocó blanco como la nieve. En el centro del estandarte estaba escrito con caracteres de oro el nombre de Quien todo lo puede.
  
El guerrero y los suyos hicieron una profunda inclinación al Anciano y se estrecharon la mano. Ahora la voz del cielo se dirige al Pastor de los pastores. Tú ahora estás en la gran conferencia con tus asesores; pero el enemigo del bien no guarda un momento de reposo; estudia y practica toda clase de argucias contra ti. Sembrará la discordia entre tus asesores; suscitará enemigos entre mis hijos. Las potencias del siglo vomitarán fuego y querrían que las palabras fuesen ahogadas en las gargantas de los custodios de mi ley. Pero esto no sucederá. Harán el mal, pero en perjuicio de sí mismos. Tú date prisa; si las dificultades no se resuelven, corta por lo sano. Si te sientes angustiado, no te detengas, sino al contrario, continúa adelante hasta que le sea cercenada la cabeza a la hidra del error. Este golpe hará temblar a la tierra y al infierno, pero el mundo recobrará la seguridad y todos los buenos se alegrarán.
   
Conserva, pues, junto a ti solamente a dos asesores, pero a cualquier parte que vayas, continúa y termina la obra que te fue confiada.
  
Los días corren velozmente y tus años se acercan al número establecido; pero la gran Reina será siempre tu auxilio y como en los tiempos pasados, también en el porvenir será siempre magnum et singulare in Ecclesia proesidium.
   
Y a ti, Italia, tierra de bendiciones, ¿quién te ha sumergido en la desolación?… No digas que tus enemigos, sino tus amigos. ¿No oyes a tus hijos pidiendo el pan de la fe sin encontrar quien se lo parta? ¿Qué haré? Heriré a los pastores, ahuyentaré el rebaño, a fin de que los que se sientan sobre la cátedra de [San] Moisés busquen buenos pastos y la grey escuche dócilmente y se alimente.
   
Pero sobre la grey y sobre los pastores caerá mi mano; la carestía, la peste, la guerra, harán de manera que las madres lloren la sangre de los hijos y de los esposos muertos en tierra enemiga.
  
¿De ti, oh Roma, que será? Roma ingrata, Roma afeminada, Roma soberbia. Has llegado al punto que no buscas ni admiras en tu soberano más que el lujo, olvidando que tu gloria y la suya está sobre el Gólgota. Ahora él está viejo, achacoso, inerme, despojado de todo; sin embargo, con tu esclava palabra, todavía hace temblar el mundo.
   
Roma… Yo vendré cuatro veces sobre ti.
   
En la primera castigaré la tierra y tus habitantes.
  
En la segunda llegará la ruina y el exterminio hasta tus murallas.
 
¿Todavía no abres los ojos? Vendré la tercera vez y destruiré las defensas y los defensores y al dominio del Padre sucederá el reino del Terror, del espanto y de la desolación. Pero mis sabios huyen, Mi ley es todavía pisoteada; por eso te haré la cuarta visita.
  
¡Ay de ti, si Mi Ley es todavía para ti un nombre vano! Se darán prevaricaciones entre los doctos y los ignorantes. Tu sangre y la sangre de tus hijos lavará las manchas que tú infieres a la ley de tu Dios.
  
La guerra, la peste, el hambre, serán los flagelos con que será castigada la soberbia y la malicia de los hombres. ¿Dónde están, oh ricos, vuestra magnificencia, vuestras villas, vuestros palacios? Convertido se han en la basura de las plazas y de las calles.

Pero vosotros sacerdotes, ¿por qué no corréis a llorar entre el vestíbulo y el altar, pidiendo que cesen los castigos? ¿Por qué no tomáis el escudo de la fe y no vais por los tejados, por las casas, por las calles, por las plazas y por todo lugar, incluso al inaccesible a llevar la semilla de mi palabra? ¿Ignoráis que es terrible la espada de dos filos que abate a mis enemigos?

Estas cosas deberán venir inexorablemente una después de la otra.

Pero la Augusta Reina de los cielos está presente. El poder de Dios está en sus manos; disipa como niebla a sus enemigos. El venerado anciano está revestido de todas sus antiguas vestiduras.

Sobrevendrá todavía un violento huracán. La iniquidad se ha consumado, el pecado tendrá fin y antes de que transcurran dos plenilunios en el mes de las flores, el iris de la paz aparecerá sobre la tierra.
 
El gran Ministro verá a la esposa de su Rey vestida de fiesta.
  
En todo el mundo aparecerá un sol, tan luminoso, que jamás existió desde las llamas del Cenáculo hasta hoy, ni se verá otro semejante hasta el fin de los días».
  
SAN JUAN BOSCO, Sueño 75 (5 de Enero de 1870). (Memorias Biográficas, Tomo IX. págs. 779-783; Tomo X, págs. 59-63)
 
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[San] Juan Don Bosco hizo sacar una copia de este escrito a Don Julio Barberis, que fue la que llevó consigo a Roma.
 
Hizo hacer otra copia algunas semanas después, a Don Joaquín Berto, el cual dejó consignado en su Memoria:
«[San] Juan Don Bosco me comunicó el texto de una profecía por escrito que comenzaba con estas precisas palabras: Dios todo lo puede, Dios lo conoce todo, etc., recomendándome el más riguroso secreto y que no hablara de ello con nadie a no ser con el propio autor. Entre otras cosas se refería a la guerra entre Francia y Prusia, a las condiciones de la Iglesia y a la desolación que azotaba a Italia, como me explicó a mí al preguntarle sobre el particular. El [Santo] me hizo sacar una copia para enviarla a Roma a cierto prelado».

La Civiltá Cattolica, año XXIII, volumen VI, serie octava, año 1872, en las páginas 299 y 303, hace referencia a este vaticinio y transcribe algunos párrafos del texto del mismo haciéndolos preceder de estas autorizadas palabras:
«Nos complacemos en recordar un recientísimo vaticinio que no ha sido anteriormente impreso y que es completamente desconocido para el público, vaticinio que fue comunicado desde una ciudad de Italia a un personaje de Roma el 12 de febrero de 1870. Nosotros ignoramos su procedencia.
 
Pero podemos dar fe de que lo hemos tenido en nuestras manos, antes de que París fuese bombardeada por los alemanes e incendiada por los comunistas. Y añadiremos que nos causó gran maravilla el ver anunciada en él también la caída de Roma, cuando no se creía próxima ni probable».

Hemos conservado varias copias de esta profecía. La más autorizada es un manuscrito de Don Berto. Ofrece al principio la siguiente nota: «Fue comunicada el 12 de febrero de 1870 al Santo Padre», al margen se leen algunas notas o apostillas autógrafas del mismo [San] Juan Don Bosco y al final algunas aclaraciones, evidentemente escritas o dictadas con anterioridad a los hechos y revisadas nuevamente después por el [Santo]. Dichas apostillas y aclaraciones explicaban o determinaban los acontecimientos predichos, los cuales, como veremos, se cumplieron en gran parte poco después y parte de ellos, al menos hasta hoy, no se han cumplido.

Francia perdió su jefe y fue vencido por Prusia en 1870. En París tuvieron lugar los horrores que todos conocen.

Es de notarse que interrogado inmediatamente sobre el cumplimiento de dichos hechos, [San] Juan Don Bosco contestó que tal vez no se llegaran a realizar jamás, porque el Señor en su misericordia, suele a veces indicar simplemente a los hombres el camino que podrían seguir en tal y en tal circunstancia para vencer ciertas dificultades y nada más; por tanto, cuando no se siguen las directrices trazadas, es evidente que no puede verificarse lo que ha sido indicado.

Las Memorias Biográficas en el tomo X nos ofrecen los siguientes datos relacionados con el sueño o visión precedente:
«En 1870, exponía [San] Juan Don Bosco al Papa Beato Pio IX en audiencia que le fue concedida el 12 de febrero, un resumen de la primera visión. Llevaba consigo el relato escrito para presentarlo al Santo Padre, pero como no se atreviese a hacerlo, se limitó a leer un trozo que llevaba ya preparado relacionado con la Augusta Persona del Pontífice… También en la última audiencia que le concediera Beato Pío Pp. IX en el mismo año, volvió el [Santo] a hacer referencia a los sucesos políticos con tal precisión, que el Papa no pudo disimular la impresión y el dolor que aquellos pronósticos producían en su ánimo. Poco después de la toma de Roma, al recordar la entrevista celebrada con el [Santo], por medio del Cardenal Berardi, mandó a decir a [San] Juan Don Bosco que hablase clara y positivamente. Y [San] Juan Don Bosco, que antes no había insertado en el escrito la parte leída en presencia del Romano Pontífice, la incluyó en la copia hecha por Don Berto, enviándola a Roma por conducto de un Cardenal; documento que fue conservado por Beato Pío Pp. IX junto con una carta anónima en la que se hacia constar que procedía de una “persona que en otras ocasiones ha demostrado tener ilustraciones sobrenaturales” y que sucederían “otras cosas que no se podían consignar por escrito sino verbalmente por lo delicado de la materia”; añadiendo: “y si algo es demasiado oscuro veré si es posible dar alguna explicación”; terminando con estas palabras: “Sírvase de estos datos como le plazca, solamente le rogaría no aludiese a mi nombre en manera alguna, por la razón que puede suponer».

[San] Juan Don Bosco impuso también al secretario que hizo la copia del documento la obligación del más riguroso silencio.

sábado, 12 de enero de 2019

SAN JUAN BOSCO SOBRE LA VIRGEN SANTÍSIMA

  
“Hay que predicar a todos, grandes y chicos, que son hijos de María santísima, que ella los quiere librar de los peligros del mundo y llevarlos a la gloria celestial, y que a los que la honran con sus oraciones y con el cumplimiento exacto de su deber, ella les concederá infinitas gracias y favores”.
  
SAN JUAN BOSCO

viernes, 2 de noviembre de 2018

IMPORTANCIA DE ORAR POR LOS DIFUNTOS

San Juan Bosco
“Ha dicho el Señor que, con la misma medida con que hayamos medido a los demás, seremos tratados nosotros, y que, si hemos tenido misericordia con los demás, el Señor la tendrá también con nosotros.
 
Y San Agustín escribió que, rezando por las benditas almas del Purgatorio, mientras las sacamos de aquellas penas, preparamos a la par uno más breve para nosotros.
 
Si oramos por los difuntos, cuando muramos también nosotros, habrá quienes, inspirados por el Señor, rezarán por nuestras almas. Que, si nosotros estamos obligados a pedir por todos los difuntos en general, mucho más lo estamos por quien paseaba con nosotros en el mismo Oratorio, rezaba con nosotros en la misma iglesia, comía con nosotros el mismo pan; en fin, era nuestro hermano.
 
Mañana por la mañana se celebrará el funeral, se cantará la misa y se recitará el rosario de difuntos. Todo el bien que mañana se hará en casa, servirá de sufragio para el alma de Juan Lagorio.
  
Todas las comuniones se reciban con este fin; el que no pueda comulgar sacramentalmente, hágalo espiritualmente, pues el Señor la aceptará también en satisfacción de las penas de las almas del Purgatorio”.
 
Palabras de San Juan Bosco a los alumnos del Oratorio ante el fallecimiento de un hermano de la Pía Sociedad de San Francisco de Sales, el 15 de Diciembre de 1864. En Memorias Biográficas de Don Bosco (Padre Juan Bautista Lemoyne SDB et al., compiladores), Volumen 7, capítulo LXXX, página 712 de la traducción española (837 del original italiano).

domingo, 31 de enero de 2016

SAN JUAN BOSCO ENSEÑA SOBRE EL ISLAM

San Juan Bosco escribió un libro de apologética llamado «Il Cattolico istruito nella sua religione: trattenimenti di un padre di famiglia co’ suoi figliuoli, secondo i bisogni del tempo» (El Católico instruido en su religión: Conversaciones de un padre de familia con sus hijos, según las necesidades del tiempo) en 1853. En dicho libro habla en forma dialogada para los fieles sencillos, de la veracidad de la Fe Católica y expone los errores de las sectas, herejías y demás religiones falsas. Mención en especial merece la Plática XIII, que versa sobre el islam, y que traducimos a continuación:

Ilustración de la traducción francesa del libro La Vida de Mahoma, o cómo se descubre ampliamente la verdad de la impostura, escrito por Humprey Prideaux
  
PLÁTICA XIII: EL MAHOMETISMO
 
Padre: Sin duda, para un católico no hay ciencia más importante que aquella que lo instruye en la religión propia. Ciencia importante, y al mismo tiempo consolantísima, porque tiene los fundamentos ciertos y claros que hacen manifestar el concurso de la Omnipotencia Divina. Esta Religión de Jesucristo, que únicamente se conserva en la Iglesia Católica Romana, de acuerdo a las palabras del mismo Salvador, puede ser en cualquier manera perseguida, pero no por ello vencida. En todo tiempo, en medio de las más sangrientas persecuciones, se ha conservado inmóvil como columna, siempre gloriosa, siempre visible, siempre victoriosa, sin usar otras armas que las de la caridad y de la paciencia. Esta su invariabilidad conservada desde los tiempos de Jesucristo hasta nuestros días, no puede atribuirse a otro factor que a la Omnipotencia Divina.
Establecidos así los fundamentos de nuestra Santa Religión Católica, quiero platicaros un poco sobre algunos curiosos avvenimenti: esto es, sobre aquellas Religiones que estaban unidas a la Iglesia Católica, y que en un tiempo se separaron.
Hijos: Buenísimo, buenísimo. Esto quise saberlo desde hace tiempo. ¿Cuáles son estas religiones que en un tiempo se separaron de la Iglesia Católica?
Padre: Antes de hablaros de las  religiones que en un tiempo se separaron de la Iglesia Católica Romana, quiero resaltar que las religiones que no tienen los caracteres de la divinidad, y que nosotros llamamos falsas religiones, se pueden reducir al Hebraísmo, a la Idolatría, al Mahometismo, y a las Sectas Cristianas profesadas por los Griegos cismáticos, Valdeses, Anglicanos y Protestantes.
Creo que de la Idolatría no es oportuno hablaros, porque en nuestros días, a excepción de poquísimos países donde aún no ha llegado la luz del Evangelio, no existe más.
Del hebraísmo os he hablado bastante en la primera parte de nuestra plática.
Si os place, yo quiero hablaros de las otras comenzando con el Mahometismo.
Hijos: Sí, sí, comienza por decirnos ¿qué cosa se entiende por Mahometismo?
Padre: Por Mahometismo se entiende una colección de máximas tomadas de varias religiones, las cuales al ser practicadas llegan a destruir cualquier principio de moralidad.
Hijos: ¿En qué países se profesa este mahometismo?
Padre: El mahometismo se profesa en una gran parte de Asia, y también en una parte de África.
Hijos: ¿De quién debe su principio el mahometismo?
Padre: El mahometismo tiene su principio en Mahoma.
Hijos: ¡Oh! sobre este Mahoma tenemos tanta curiosidad de oir hablar: dinos lo que sabes de él.
Padre: Lo que la historia cuenta de este famoso impostor es demasiado largo de de referir: lo que voy a daros a conocer solamente es cómo fundó su religión. Mahoma nació en una familia pobre, de padre gentil y de madre hebrea, en el año 570, en la Meca, ciudad de la Arabia. poco distante del Mar Rojo. Hambriento de gloria y deseoso de mejorar su condición anduvo vagando por muchos países, y llegó a ser agente viajero de una mercader viuda de Damasco, que enseguida lo desposó. Era tan astuto que supo aprovecharse de su enfermedad y de su ignorancia para fundar una religión. Padeciendo de epilepsia, el mal caduco, afirmaba que aquellos sus colapsos frecuentes eran otros tantos arrebatamientos para tener coloquios con el Ángel Gabriel.
Hijos: ¡Qué impostor, engañar a la gente en esta manera! ¿Habrá también intentado hacer milagros para confirmar su predicación?
Padre: Mahoma no podía hacer milagro alguno en confirmación de su religión, porque no era enviado de Dios. Dios solo es autor de los milagros. Dado que se vanagloriaba de ser superior a Jesucristo, se creería que pudo hacer milagros a la par de Él. De otro modo, respondería que los milagros eran hechos por Jesucristo, y que él fue levantado por Dios para restablecer la religión con la fuerza. Con todo, se vanagloriaba de haber hecho uno, y decía que, habiendo caído un pedazo de la luna en sus manos, él había sabido reponerlo; en memoria de este ridículo milagro los mahometanos portan como divisa la media luna.
Reís, ¡oh hijos míos!, y con mucha razón, porque un hombre de facha similar hubiera podido considerarse cual charlatán, que no predicador de una nueva religión. Cuando por esta causa se corrió la fama de que que era un impostor y perturbador de la tranquilidad pública, sus conciudadanos quisieron apresarlo y darle muerte. Pero él se dio a la fuga, y se retiró a la ciudad de Medina con algunos libertinos que le ayudaron a convertirse en señor de la misma (1).
Hijos: ¿En qué cosa propiamente consiste la religión de Mahoma?
Padre: La religión de Mahoma consiste en una monstruosa mezcolanza de judaísmo, de paganismo y de cristianismo. El libro de la ley mahometana es llamado Alcorán, o sea, libro por excelencia [Alcorán significa recitación, N. del T.]. Esta religión también es llamada Turca porque está muy difundida en la Turquía [Turquía era como entonces se conocía en Europa al Imperio Otomano]; Musulmana por Musul, nombre que los mahometanos dan al director de la oración; Islamismo, del nombre de algunos de sus reformadores; pero es siempre la misma religión fundada por Mahoma.
Hijos: ¿Por qué Mahoma hizo esa mezcolanza de varias religiones?
Padre: Porque como los pueblos de la Arabia eran en parte judíos, en parte cristianos, y otros paganos, él, para llevarlos a todos a seguirle, tomó una parte de las religiones que profesaban, y escogió especialmente aquellos puntos que pudieran mayormente favorecer los placeres sensuales.
Hijos: ¿Puede decirse propiamente que Mahoma fuese un hombre letrado?
Padre: De ninguna manera, ni mucho menos sabía escribir; y para componer su Alcorán fue ayudado de un hebreo y de un monje apóstata. Hablando de la Historia Sagrada confunde un hecho con el otro; por ejemplo, atribuye a María, hermana de Moisés, más hechos que los que conciernen a María, madre de Jesucristo, con muchísimos otros despropósitos.
Hijos: Esto me parece impresionante: si Mahoma era ignorante, ni hizo ningún milagro, ¿cómo pudo propagar su religión?
Padre: Mahoma propagó su religión, no con milagros o con la persuasión de las palabras, sino con la fuerza de las armas. Religión que, favoreciendo toda suerte de libertinaje, en poco tiempo hizo convertir a Mahoma en jefe de una formidabile tropa de milicianos. Con ellos recorría los países del Oriente ganándose a las gentes, no con insinuarles la verdad, ni con milagros o profecías; sino que por único argumento alzaba la espada sobre las cabezas de los vencidos gritando: o creer o morir.
Hijos: Qué canalla, ¿son estos los argumentos que se deben usar para convertir a la gente? Sin duda, siendo Mahoma tan ignorante, ¿hubiera diseminado en el Corán muchos errores?
Padre: El Alcorán contiene una serie de errores a cual más inmensos contra la moral y contra el culto del verdadero Dios. Por ejemplo, excusa de pecado a quien niega a Dios por temor de la muerte; permite la venganza; asegura a sus secuaces un paraíso, pero lleno de solos placeres terrenos. En resumen, la doctrina de este falso profeta permite cosas tan obscenas, que el alma cristiana tiene horror de mencionar.
Hijos: ¿Qué diferencia hay entre la Iglesia Cristiana y la Mahometana?
Padre: La diferencia es grandísima. Mahoma fundó su religión con la violencia y con las armas: Jesucristo fundó su Iglesia con palabras de paz, sirvéndose de los pobres sus discípulos. Mahoma fomentaba las pasiones, Jesucristo mandaba el negarse a sí mismo. Mahoma no hizo ningún milagro, Jesucristo hizo muchísimos milagros a plena luz del día y en presencia de innumerables multitudes. Las doctrinas de Mahoma son ridículas, inmorales y corruptoras: las de Jesucristo son augustas, sublimes y purísimas. En Mahoma no se cumplió ninguna profecía; en Jesucristo se cumplen todas. En síntesis, la Religión Cristiana, en cierta manera, conduce al hombre feliz en este mundo para elevarlo después a los gozos del Cielo; Mahoma degrada y envilece la naturaleza humana, y cifrando la felicidad en los placeres carnales, reduce al hombre al grado de los animales inmundos.
San Juan Bosco, «Il Cattolico istruito nella sua religione: trattenimenti di un padre di famiglia co’ suoi figliuoli, secondo i bisogni del tempo». Turín, 1853. 

NOTA DEL AUTOR
(1) Esta fuga de Mahoma, llamada Hégira (هِجْرَة), que significa huída, es el punto inicial de la era musulmana, y corresponde al año de Cristo 622.

sábado, 24 de mayo de 2014

MARÍA SANTÍSIMA, AUXILIO DE LOS CRISTIANOS

María Auxilio de los Cristianos

Cuando San Juan se llegó a Éfeso, y desde allí regía la Iglesia de Asia, fundada por él, María Santísima, en memoria del testamento de Cristo siguió al discípulo predilecto, al hijo predilecto.
   
De todas partes la gente venía a María. Los paganos, atraídos por la fama de su sabiduría y virtudes y no hay duda de que muchos de éstos, o por la eficacia persuasiva de sus palabras, o sólo por aquélla luz divina que iluminaba toda su persona, se convirtiesen a la fe de Cristo. Los creyentes, para venerar a la Madre del Salvador, al ver, a María se hacían la ilusión de ver a Jesús; en las facciones de la Madre resplandecía la belleza del Hijo. Muchas jóvenes partieron de la casa de María con el propósito de consagrar a Dios su virginidad; los vacilantes se confirmaron en la fe; los débiles cobraron ánimo, prontos a medirse con los perseguidores y sufrir el martirio; los perezosos se animaron a una santa actividad; los tibios se sintieron enfervorizados; todos se separaron de Ella mejorados. Porque -aseguran los santos Padres- bastaba fijar los ojos en el rostro de María para sentir en el corazón deseos del bien, propósitos de virtud, llama de caridad.
      
María Santísima recibe entre sus brazos a esta Iglesia recién nacida, la alimenta, la calienta con su afecto, la defiende de sus enemigos y la lleva a aquélla plenitud de vida, a aquel desarrollo de fuerzas que la harán la Reina de los pueblos. Así actúa la Auxiliadora en el plan de Dios.
    
HISTORIA DE LA DEVOCIÓN A MARÍA AUXILIADORA EN LA IGLESIA ANTIGUA
Los cristianos de la Iglesia de la antigüedad en Grecia, Egipto, Antioquía, Éfeso, Alejandría y Atenas acostumbraban llamar a la Santísima Virgen con el nombre de Auxiliadora, que en su idioma, el griego, se dice con la palabra “Boetéia” (Βοήθεια), que significa «La que trae auxilios venidos del cielo». Ya San Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla nacido en 345, la llama «Auxilio potentísimo» de los seguidores de Cristo. Los dos títulos que más se leen en los antiguos monumentos de Oriente (Grecia, Turquía, Egipto) son: Madre de Dios y Auxiliadora (Teotocos y Boetéia). En el año 476 el gran orador Proclo decía: «La Madre de Dios es nuestra Auxiliadora porque nos trae auxilios de lo alto». San Sabas de Cesarea en el año 532 llama a la Virgen «Auxiliadora de los que sufren» y narra el hecho de un enfermo gravísimo que llevado junto a una imagen de Nuestra Señora recuperó la salud y que aquélla imagen de la «Auxiliadora de los enfermos» se volvió sumamente popular entre la gente de su siglo. El gran poeta griego Romano Meloda, año 518, llama a María «Auxiliadora de los que rezan, exterminio de los malos espíritus y ayuda de los que somos débiles» e insiste en que recemos para que Ella sea también «Auxiliadora de los que gobiernan», y así cumplamos lo que dijo Cristo: «Dad al gobernante lo que es del gobernante», y lo que dijo Jeremías: «Orad por la nación donde estáis viviendo, porque su bien será vuestro bien». En las iglesias de las naciones de Asia Menor la fiesta de María Auxiliadora se celebra el 1 de octubre, desde antes del año mil (en Europa y América se celebra el 24 de mayo). San Sofronio, Arzobispo de Jerusalén, dijo en el año 560: «María es Auxiliadora de los que están en la tierra y la alegría de los que ya están en el cielo». San Juan Damasceno, famoso predicador, año 749, es el primero en propagar esta jaculatoria: «María Auxiliadora rogad por nosotros». Y repite: «La Virgen es auxiliadora para conseguir la salvación. Auxiliadora para evitar los peligros, Auxiliadora en la hora de la muerte». San Germán, Arzobispo de Constantinopla, año 733, dijo en un sermón: «Oh María, Tú eres Poderosa Auxiliadora de los pobres, valiente Auxiliadora contra los enemigos de la fe. Auxiliadora de los ejércitos para que defiendan la patria. Auxiliadora de los gobernantes para que nos consigan el bienestar, Auxiliadora del pueblo humilde que necesita de tu ayuda».
   
LA BATALLA DE LEPANTO
En el siglo XVI, los mahometanos estaban invadiendo a Europa. Y ellos a donde llegaban imponían a la fuerza su religión y destruían todo lo que fuera cristiano. Cada año invadían nuevos territorios de los católicos, llenando de muerte y de destrucción todo lo que ocupaban y ya estaban amenazando con invadir a la misma Roma. Fue entonces cuando el Sumo Pontífice San Pío V, gran devoto de la Virgen María convocó a los Príncipes Católicos para que salieran a defender a sus colegas de religión. Pronto se formó un buen ejército y se fueron en busca del enemigo. El 7 de octubre de 1572, se encontraron los dos ejércitos en un sitio llamado el Golfo de Lepanto. Los mahometanos tenían 282 barcos y 88.000 soldados. Los cristianos eran inferiores en número. Antes de empezar la batalla, los soldados cristianos se confesaron, oyeron la Santa Misa, comulgaron, rezaron el Rosario y entonaron un canto a la Madre de Dios. Terminados estos actos se lanzaron como un huracán en busca del ejército contrario. Al principio la batalla era desfavorable para los cristianos, pues el viento corría en dirección opuesta a la que ellos llevaban, y detenían sus barcos que eran todos barcos de vela o sea movidos por el viento. Pero luego -de manera admirable- el viento cambió de rumbo, batió fuertemente las velas de los barcos del ejército cristiano, y los empujó con fuerza contra las naves enemigas. Entonces nuestros soldados dieron una carga tremenda y en poco rato derrotaron por completo a sus adversarios. Es de notar, que mientras la batalla se llevaba a cabo, el Papa San Pío V, con una gran multitud de fieles recorría las calles de Roma rezando el Santo Rosario. En agradecimiento de tan espléndida victoria San Pío V mandó que en adelante cada año se celebrara el siete de octubre, la fiesta del Santo Rosario, y que en las letanías se rezara siempre esta oración: «MARÍA AUXILIO DE LOS CRISTIANOS, RUEGA POR NOSOTROS».
      
EL PAPA Y NAPOLEÓN
El siglo XIX sucedió un hecho bien lastimoso: El emperador Napoleón llevado por la ambición y el orgullo se atrevió a poner prisionero al Sumo Pontífice, el Papa Pío VII. Varios años llevaba en prisión el Vicario de Cristo y no se veían esperanzas de obtener la libertad, pues el emperador era el más poderoso gobernante de ese entonces. Hasta los reyes temblaban en su presencia, y su ejército era siempre el vencedor en las batallas. El Sumo Pontífice hizo entonces una promesa: «Oh Madre de Dios, si me libras de esta indigna prisión, te honraré decretándote una nueva fiesta en la Iglesia Católica». Y muy pronto vino lo inesperado. Napoleón que había dicho: «Las excomuniones del Papa no son capaces de quitar el fusil de la mano de mis soldados», vio con desilusión que, en los friísimos campos de Rusia, a donde había ido a batallar, el frío helaba las manos de sus soldados, y el fusil se les iba cayendo, y él que había ido deslumbrante, con su famoso ejército, volvió humillado con unos pocos y maltrechos hombres. Y al volver se encontró con que sus adversarios le habían preparado un fuerte ejército, el cual lo atacó y le proporcionó total derrota. Fue luego expulsado de su país y el que antes se atrevió a aprisionar al Papa, se vio obligado a pagar en triste prisión el resto de su vida. El Papa pudo entonces volver a su sede pontificia y el 24 de mayo de 1814 regresó triunfante a la ciudad de Roma. En memoria de este noble favor de la Virgen María, Pío VII decretó que en adelante cada 24 de mayo se celebrara en Roma la fiesta de María Auxiliadora en acción de gracias a la Madre de Dios.
     
SAN JUAN BOSCO Y MARÍA AUXILIADORA
El 9 de junio de 1868, se consagró en Turín, Italia, la Basílica de María Auxiliadora. La historia de esta Basílica es una cadena de favores de la Madre de Dios. Su constructor fue San Juan Bosco, humilde campesino nacido el 16 de agosto de 1815, de padres muy pobres. A los tres años quedó huérfano de padre. Para poder ir al colegio tuvo que andar de casa en casa pidiendo limosna. La Sma. Virgen se le había aparecido en sueños mandándole que adquiriera “ciencia y paciencia”, porque Dios lo destinaba para educar a muchos niños pobres. Nuevamente se le apareció la Virgen y le pidió que le construyera un templo y que la invocara con el título de Auxiliadora.
   
Empezó la obra del templo con tres monedas de veinte centavos. Pero fueron tantos los milagros que María Auxiliadora empezó a hacer en favor de sus devotos, que en sólo cuatro años estuvo terminada la gran Basílica. El santo solía repetir: «Cada ladrillo de este templo corresponde a un milagro de la Santísima Virgen». Desde aquel santuario empezó a extenderse por el mundo la devoción a la Madre de Dios bajo el título de Auxiliadora, y son tantos los favores que Nuestra Señora concede a quienes la invocan con ese título, que ésta devoción ha llegado a ser una de las más populares.
     
San Juan Bosco decía: «Propagad la devoción a María Auxiliadora y veréis lo que son milagros», y recomendaba repetir muchas veces esta pequeña oración: «María Auxiliadora, rogad por nosotros». El decía que los que dicen muchas veces esta jaculatoria consiguen grandes favores del cielo.
    
ORACIÓN
Oh Dios omnipotente y misericordioso que en la Santísima Virgen María Auxiliadora estableciste maravillosamente una continua ayuda para defensa del pueblo cristiano; concédenos propicio que luchando en esta vida al amparo de tal protección, en la hora de la muerte podamos alcanzar la victoria sobre el maligno enemigo. Por J. C. N. S. Amén.