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lunes, 27 de enero de 2020

ORACIÓN DE SAN JUAN CRISÓSTOMO CUANDO LEÍA, U OÍA LEER LA SAGRADA ESCRITURA


GRIEGO (Jacques-Paul Migne, Patrología Græca LXIII, cols. 923-924 recto)
Κύριε Ἰησοῦ Χριστὲ ό Θεός ἡμῶν, ἄνοιξον τὰ ὦτα καὶ τοὺς ὀφθαλμοὺς τῆς καρδίας μου, τοῦ ἀκοῦειν με τὸν λόγον σου, καὶ συνιέναι, καὶ ποιεῖν τὸ θέλημά σου, Κύριε, ὅτι «πάροικος ἐγώ εἰμι ἐν τῇ γῇ. Μὴ ἀποκρύψῃς ἀπ' ἐμοῦ τὰς ἐντολάς σου, ἀλλ’ Ἀποκάλυψον τοὺς ὀφθαλμούς μου, καὶ κατανοήσω τὰ θαυμάσια ἐκ τοῦ νόμου σου·» (). Ἐπὶ σοὶ γὰρ ἐλπίζω, ὁ Θεός μου, ἵνα σύ μου φωτίσῃς τὴν καρδίαν.  
  
LATÍN (Jacques-Paul Migne, Patrología Græca LXIII, cols. 923-924 verso)
Dómine Jesu Christe, Deus noster, áperi áures et óculos cordis mei, ut áudiam verba tua, et intélligam et exséquar mandáta tua, Dómine, quia «Advéna ego sum in terra. Ne abscóndas a me mandáta tua, sed revéla óculos meos, et considerábo mirabília de lege tua» (Psal. 118, 19 et 18). In te enim spero, Deus meus, ut tu cor meum illúmines.
  
TRADUCCIÓN
Señor Jesucristo, Dios nuestro, abre los oídos y los ojos de mi corazón, para escuchar tus palabras, y entender y ejecutar tus mandatos, Señor, porque «Peregrino soy yo sobre la tierra. No me escondas tus mandatos, sino quita el velo a mis ojos, y contemplaré las maravillas de tu ley» (Salmo 118, 19 y 18). En ti espero, Dios mío, para que ilumines mi corazón.

domingo, 27 de octubre de 2019

VIVIR SIRVIENDO A LAS PASIONES ES PEOR QUE NACER IRRACIONAL

«Peor es, como dice San Juan Crisóstomo, igualarse con los jumentos, que haber nacido jumento: “Pejus est comparári, quam nasci juméntum: nam naturáliter non habére ratiónem tolerábile est”. Porque carecer de razón por naturaleza no es cosa deshonrosa, como dice el Santo (Sobre la Ascensión del Señor, circa médium); pero el haber nacido hombre dotado de razón, y después vivir como bestia, siguiendo los apetitos de la carne sin hacer caso a la razón, es cosa que no se puede sufrir, porque es obrar peor que los animales».

SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO. Sermón para la Domínica XX después de Pentecostés “De la pasión dominante”, 4. En Sermones abreviados para todas las domínicas del año -Francisco Castelló, trad.-. Barcelona, Librería de Pons y Cía., 1865, pág. 411.

miércoles, 24 de abril de 2019

NOVENA A LA SANTA CRUZ

Novena impresa en Lima por Justo Montoya en el año 1856, con las debidas licencias. Puede rezarse en cualquier momento del año, y particularmente en preparación a las fiestas de la Santa Cruz:
  • 3 de Mayo (Invención por Santa Elena).
  • 17 de Julio (Victoria de la Santa Cruz en las Navas de Tolosa).
  • 14 de Septiembre (Exaltación de la Santa Cruz).
NOVENA EN HONOR DE LA SANTA CRUZ

   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Único Dios y Señor mío, creo firmemente estar delante de tu infinita Majestad, en cuya adorable presencia tiemblan y se postran humildes todos los Ángeles y Potestades del Cielo, y por tanto también yo vuestra miserable criatura, anonadado aquí delante de Ti, te adoro y reconozco por único Dios y Señor mío; por único Criador, Conservador y Redentor mío. Así te rindo todas las gracias que puedo con todo mi corazón, con toda mi alma, por los innumerables beneficios que me has hecho hasta ahora con tanta liberalidad y amor. Sumamente me pesa, ¡oh Padre de misericordias!, de haberos correspondido tan mal con tan graves y tan repetidas culpas, teniendo sólo presente para confusión mía, que han sido ofensas contra Ti, que eres bondad infinita: propongo firmemente desde este instante nunca ofenderte en lo futuro, mediante el auxilio de tu divina Gracia, y primero morir que quebrantar tu santa Ley. Ruégote me concedas tu Santo Espíritu para poder meditar aquí en tu presencia, con fruto de mi alma y gloria tuya, en los misteriosos bienes que contiene y encierra la Cruz preciosa en que murió tu Unigénito Hijo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
  
ORACIÓN
Señor mío Jesucristo, dame tu gracia y concédenos cuanto tienes prometido a los que hacen memoria de tu Pasión y Muerte de Cruz, os lo pedimos por tu Santísima Madre, por cuya poderosa medianera espero conseguir todo lo que deseo y pido para alivio y bien de mi pobre alma. Amén.
   
SALUTACIÓN A LA CRUZ
Oh Cruz santa y preciosa, altar de propiciación, fuente de todas las gracias, árbol de la vida y monumento eterno de las misericordias divinas: tú eres la que has llevado este sagrado depósito, la que has recibido en tus brazos al Santo de los Santos, y la que has sido rociada con esta Sangre adorable: ¡Ah! ¿Por cuántos títulos no mereces el homenaje de mi respeto y de mi veneración? Ojalá que fueses siempre grabada en mi corazón, y que obrases en él los prodigios de aquella gracia que está depositada en ti.
  
℣. Esta señal de Cruz habrá en el cielo.
℟. Cuando venga el Señor a juzgarnos.
   
Adórote Cruz bendita, deseada y amada de mi Señor Jesucristo, buscada y hallada en sus brazos, en sus espaldas cargada, con su preciosísima sangre bañada, de mi Señora la Virgen María acompañada, de las criaturas venerada, de la gloriosa Santa Elena buscada y hallada: por ti, ¡oh Cruz Santísima!, el mundo fue redimido, el infernal enemigo vencido, la misma muerte dominada, y contigo el Cielo fue comprado: suplico al Señor que en ti murió y fue crucificado, por la hiel y vinagre que en ti gustó, por las siete palabras que en ti habló, por las cinco llagas que en ti recibió, por las agonías, afrentas y tormentos que en ti sufrió, por la muerte cruelísima que en ti padeció, por los dolores y angustias que mi Señora la Virgen María a tus pies sintió, te suplico me alcances una humildad profunda y un espíritu obediente, para que muriendo con Jesucristo, logre también resucitar con Él por toda la eternidad. Amén.
  
Un Padre nuestro y Ave María gloriado a Santa Elena, dándole las gracias por habernos descubierto este madero santo, seguido por la siguiente oración:
Oh Señor mío Jesucristo, que te dignaste revelar a Santa Elena el lugar donde se ocultaba tu Cruz, para enriquecer por ella a tu Iglesia con este precioso tesoro, concédenos por su intercesión, que por el precio de este vital leño, consigamos los premios de la vida eterna. Tú que vives y reinas con Dios Padre en unidad del Espíritu Santo, y eres Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
 
DÍA PRIMERO – 24 DE ABRIL
CONSIDERACIÓN: CÓMO JESÚS RECIBIÓ LA CRUZ EN QUE HABÍA DE MORIR
Considera cómo pronunciado ya el decreto de muerte contra el Santo de los Santos, ya estaba preparada la Cruz, que había de ser el instrumento de su Pasión: mira a Jesús como lo apercibe, se postra delante de ella, la recibe y se dispone para llevarla. ¡Oh Cruz santa! ¡Oh Cruz preciosa! La había esperado y deseado el Redentor, y aun suspirado por ella ardientemente desde el primer momento de su vida. Se la carga sobre sus espaldas, y toma el camino del Calvario para consumar allí su sacrificio. ¡Oh dolor! ¡Oh espectáculo que aflige al Cielo, y al que sin embargo la tierra se manifiesta insensible!
  
Oh almas cristianas redimidas por la Sangre de un Dios, venid, unámonos de concierto, consideremos a nuestro Rey, con aquella diadema sangrienta con que le han coronado nuestras culpas; veámosle desfallecer bajo el formidable peso de la Cruz que está cargando. ¿Mas seremos insensibles al dolor que le causamos? ¿No procuraremos aliviarle sus tormentos? Ya veo a este inocente Isaac cargado con la leña de su sacrificio, conducido o arrastrado más bien hasta el lugar de su tormento. ¡Qué triste y dolorosa carrera para el Salvador! Debilitado, falto de Sangre y de fuerzas apenas puede sostenerse: cada paso que da es señalado por una caída: no hay lugar que no quede teñido con alguna gota de la corta porción de Sangre que ha quedado de sus venas: el sumo abatimiento a que se le ha reducido no sirve sino de exasperar el furor de sus enemigos. Permitidme que os acompañe, ¡oh adorable Salvador mío!, y que durante vuestro viaje al Calvario os manifieste los sentimientos de mi corazón. Amén.
   
Aquí se alienta la confianza y se pide la gracia o favor que se desee recibir, y se hace este acto de caridad:
Dios mío, Salvador mío, Redentor mío, esperanza mía, vida mía, y todas mis cosas. ¿Cómo podría yo no amaros? Sí, yo os amo, o a lo menos deseo amaros de todo mi corazón; haced que os ame únicamente por Vos mismo, y que os ame más que a todas las cosas, que no quiera a otra cosa que a Vos, que os ame con el mismo amor con que Vos me habeis amado, que os ame sobre la Cruz, como os aman los Santos del Cielo, y que os ame toda mi vida en la tierra, para amaros después más perfectamente en la eternidad.
  
GOZOS EN HONOR A LA SANTA CRUZ
   
Bendigamos, almas,
A nuestro Jesús,
Y adoremos todos
A la Santa Cruz.
  
Única esperanza
De nuestro consuelo,
Que a todos el cielo
Con firmeza afianza,
Por ti solo alcanza
El cristiano luz.
Bendigamos, almas,
A nuestro Jesús,
Y adoremos todos
A la Santa Cruz.
 
Tú eres el honor,
La gloria del mundo,
Y árbol, que fecundo
Te hizo el Salvador:
A ti todo loor,
Toda gratitud.
Bendigamos, almas,
A nuestro Jesús,
Y adoremos todos
A la Santa Cruz.
 
Oh árbol Sacrosanto,
El más excelente,
Donde está pendiente
El que es Santo, Santo,
Tu fruto por tanto
Es nuestra salud.
Bendigamos, almas,
A nuestro Jesús,
Y adoremos todos
A la Santa Cruz.
 
A ti, Cruz bendita,
El género humano
Adora, cristiano,
Contempla y medita:
Gracia solicita
De tu plenitud.
Bendigamos, almas,
A nuestro Jesús,
Y adoremos todos
A la Santa Cruz.
 
Salve, vital leño,
Que a todos das vida,
Por quien fue vencida
La muerte y su sueño,
Vos sois el diseño
De toda virtud.
Bendigamos, almas,
A nuestro Jesús,
Y adoremos todos
A la Santa Cruz.
 
Oh Cruz, cuyos brazos
Amor nos pregonan,
Y el alma aprisionan
Con sus dulces lazos,
Liberta mis pasos
De la esclavitud.
Bendigamos, almas,
A nuestro Jesús,
Y adoremos todos
A la Santa Cruz.
 
Oh Cruz adorable,
Cruz llena de gloria,
De misericordia
Fuente inagotable,
Hazme inseparable
De la rectitud.
Bendigamos, almas,
A nuestro Jesús,
Y adoremos todos
A la Santa Cruz.
 
Cordero inocente,
Tú que padeciste
Y morir quisiste
Por ser obediente,
Haz que penitente
Me goce en la Cruz.
Bendigamos, almas,
A nuestro Jesús,
Y adoremos todos
A la Santa Cruz.
 
Oh Cruz, todo honor,
Cruz, todo consuelo,
Cruz, que por modelo
Nos das al Redentor,
Haz que sea tu amor
Mi solicitud.
Bendigamos, almas,
A nuestro Jesús,
Y adoremos todos
A la Santa Cruz.
 
Señal que se ostenta
Y ha de aparecer
En el día que ha de ser
Amargo y de cuenta,
Haz mi alma sedienta
De la beatitud.
Bendigamos, almas,
A nuestro Jesús,
Y adoremos todos
A la Santa Cruz.
  
ORACIÓN
Oh buen Jesús, único amor y bien de mi alma: por aquellos dolores que padeciste en la Santísima Cruz, y señaladamente por aquella acerbísima amargura que sentiste cuando se arrancó vuestra preciosisima alma de vuestro cuerpo santísimo; os ruego Señor, tengais misericordia de mi alma, y cuando salga de mi cuerpo, os suplico la lleveis a la gloria a gozar de vuestra presencia por toda la eternidad. Amén.
  
SÚPLICA FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Santísima Cruz! ¡Oh inocente y piadoso Cordero! ¡Oh pena grave y cruel! ¡Oh pobreza de Cristo mi Redentor! ¡Oh llagas muy lastimadas! ¡Oh Corazón traspasado! ¡Oh Sangre de Cristo derramada! ¡Oh muerte de Cristo amarga! ¡Oh majestad de Dios digna de ser reverenciada! Ayúdame, Señor, a alcanzar la vida eterna a la hora de mi muerte. Amén.
  
ALABANZAS DE SAN JUAN CRISÓSTOMO A LA SANTA CRUZ
Oh Cruz, Esperanza de los cristianos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Resurrección de los muertos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Guía de los ciegos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Camino de los desesperados. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Báculo de los cojos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Consuelo de los pobres. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Freno de los ricos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Destrucción de los soberbios. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Pena de los que viven mal. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Triunfo contra los demonios. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Vencedora del diablo. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Pedagoga de los jóvenes. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Sustento de los necesitados. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Esperanza de los aburridos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Gobernadora de los navegantes. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Puerto de los que peligran. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Muro de los obsesos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Madre de los huérfanos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Defensora de las viudas. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Consejera de los justos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Consuelo de los atribulados. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Guarda de los niños. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Cabeza de los varones. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Fin de los ancianos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Luz de los que se sientan en las tinieblas. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Grandeza de los reyes. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Escudo perpetuo. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Sabiduría de los necios. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Libertad de los esclavos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Filosofía de los emperadores. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Ley de los impíos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Pregón de los Profetas. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Anuncio de los Apóstoles. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Gloria de los Mártires. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Abstinencia de los Monjes. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Castidad de las Vírgenes. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Gozo de los Sacerdotes. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Fundamento de la Iglesia. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Cautela de la redondez de la tierra. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Repulsa de ídolos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Destrucción de sus templos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Escándalo de los judíos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Perdición de los impíos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Virtud de los inválidos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Medida de los enfermos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Limpieza de los leprosos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Descanso de los paralíticos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Pan de los hambrientos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Fuente de los sedientos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
Oh Cruz, Protección de los desnudos. Por ti me reciba, quien por ti me redimió.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
 
DÍA SEGUNDO – 25 DE ABRIL
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Salutación a la Santa Cruz
 
CONSIDERACIÓN: LA CRUZ, ALTAR DEL SACRIFICIO PERFECTO
Considera, alma, cómo llegando el Salvador al lugar donde había de cumplirse la más cruel sentencia, la Cruz es para Jesucristo, como dice el Padre San Agustín, «un altar en donde se sacrifica por nosotros, y como el Sacrificio no se consuma sino por la muerte de la víctima, era necesario que Jesucristo consumase el suyo por su muerte».
 
¿Y qué holocausto más completo, ni más perfeco que el de Jesucristo sobre la Cruz? Sacrifica todo lo que tiene y todo lo que es: sacrifica su libertad reduciéndose a la condición de un siervo, su honor por los oprobios de que está cubierto, sus bienes por la desnudez que padece, su cuerpo por los vivos dolores que sufre, su corazón por las amarguras interiores de que está inundado, y finalmente su vida, por la muerte más cruel. Sacrificador y víctima se ofrece a Sí mismo a su Eterno Padre. ¡Oh prueba admirable de su amor! Sacerdote según el orden de Melquisedec, cuyo sacerdocio es eterno; sacerdote del Altisimo, que ofrece no víctimas extrañas, sino su propio Cuerpo, no la sangre de los animales, sino la Sangre del Cordero inmaculado; sacerdote Santo que descendió de los Cielos, y ha consumado la grande obra de nuestra santificación por la única oblacion de Sí mismo. La Cruz pues vino a ser como el altar de todo el mundo: por la sangre de esta Víctima por excelencia fue expiada la culpa, domada la muerte, desarmado el Infierno y abierto aquel santuario divino en el que podemos entrar fácilmente si seguimos a nuestro sacrificador: la Cruz es el camino, Jesucristo nuestro conductor, y el Cielo el término a que debemos aspirar. Salgamos pues al campo, unámonos por la fe a este sacrificador divino, llevemos con Él la ignominia de la Cruz, y hagámonos uno con él. Amén.
  
Se pide la gracia o favor que se desee recibir. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
    
DÍA TERCERO 26 DE ABRIL
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Salutación a la Santa Cruz
 
CONSIDERACIÓN: LA CRUZ, CÁTEDRA DE LAS BIENAVENTURANZAS
Considera a la Cruz como la cátedra donde Jesucristo nos instruye: y en efecto, ¿En dónde este divino Salvador nos ha enseñado tan plena y eficazmente como en la Cruz? ¿En dónde nos ha manifiestado de una manera tan sensible y admirable las verdades fundamentales, las verdades evangélicas, las verdades de la mortificación, en una palabra, las verdades de nuestra salud? La grandeza de un Dios, que no puede ser dignamente adorada sino por un Dios; el rigor de su justicia, que no puede ser aplacado sino por una víctima divina; la enormidad del pecado, que pedía una tal víctima, y la excelencia de nuestras almas, que no podían ser redimidas sino a tanto precio. ¿No son todas estas unas verdades luminosas, que salen del seno de la Cruz? ¿No fue en la Cruz, en donde más eficazmente que en la montaña, nos manifestó estas maximas grandes y sublimes de la pobreza de espíritu, hallandose desnudo; de la mansedumbre, por ser el mismo carácter del Cordero divino, que se ha dejado degollar sin quejarse; del llanto y la persecución para ser semejantes al Santo de los Santos, que ha sufrido persecuciones y ultrajes? ¿Quién sino el Espíritu de la Cruz, puede darnos una inteligencia de sí mismo, para ir en pos del Salvador, y de todo lo que posee para saber ser discipulo? ¿Qué cosa no nos dirá la Cruz, cuando el que descansa en aquella dura cama, lleno de dolores y tormentos, abre su divina boca para pedir perdon por sus enemigos? Abre, ¡oh alma mía!, tus oídos para oir, pues tu celestial Maestro abre su boca en la cátedra de la Cruz para hablar: No la abre para pedir fuego que los abrase como Elias, ni para echarles su maldición como Noé y Eliseo a los que le escarnecían, sino para rogar a su Eterno Padre que les perdonase el pecado que cometían crucificandole y escarneciendole, doliéndose más del daño que les venía por esta culpa, que de los tormentos e injurias que de ellos recibía. ¡Oh lección toda de amor! ¡Quién pudiera estudiarla desde este punto!
  
Vos, Señor, me decis: «Miradme pendiente de esta Cruz, consideradme, pero imitadme después y obrad, escuchad mi palabra, pero sobre todo seguid mi ejemplo: yo ruego, rogad vosotros conmigo; yo padezco, padeced conmigo; yo perdono, perdonad como yo y por mi amor». Concededme, Señor tal caridad como esta, para que yo también ame a mis enemigos y ore por los que me persiguen y os persiguen. Perdonad a todos, ¡oh Padre de misericordias!, para que todos gocen de ellas. Amén.
  
Se pide la gracia o favor que se desee recibir. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
     
DÍA CUARTO – 27 DE ABRIL
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Salutación a la Santa Cruz
 
CONSIDERACIÓN: LA CRUZ, TRIBUNAL DE DIOS
Considera a la Cruz como el Tribunal Supremo en donde juzgará y sentenciará el Salvador a todo el universo. Es este trono de justicia y tribunal tan espantoso en donde, ¡oh Jesús mío!, pronunciais tantos decretos, y en donde comenzareis a ejercer vuestros formidables juicios en el momento de vuestra muerte, cuando de dos criminales que teníais a vuestro lado, salvasteis al uno en virtud de una gracia inefable, y condenasteis al otro usando del rigor de vuestra justicia.
   
Desde esta Cruz será, ¡oh Dios mío!, donde me juzgareis algún día, llamareis a juicio contra mí aquellas mismas gracias que me habeis concedido por los méritos de esta Cruz: me haréis presente la obligación que me imponía de seguiros, de llevar mi Cruz, de morir a mí mismo, y de llegar a ser copia viva del gran modelo que me proponías. Si en aquel momento hallais en mí una conformidad santa con Vos clavado en un madero, ejerceréis conmigo un juicio de misericordia, y dareis a mi favor una sentencia de vida como la que disteis al ladron: «Hoy serás conmigo en el Paraíso». Pero si no fuese conforme a Vos, ¡oh Dios mío!, no tengo que esperar sino una sentencia de muerte. ¡Ah! Cuál sería entonces mi desdicha, si en Aquel que no deseaba sino ser mi Padre, no encontrase yo sino un Juez terrible; si en el que debía ser mi Salvador, no hallase yo sino un Dios lleno de venganza, y si aquella misma Cruz que según los designios de Dios debía ser el instrumento de mi salud, por el abuso que yo haya hecho de ella, llegue a ser el título de mi condenación. Oh Salvador del mundo, en cuyas manos elevadas en la Cruz está la llave de David, con la cual abrís y ninguno cierra, cerrais y ninguno abre: abridme las puertas del Cielo, que mis pecados cerraron, y cerradme las del Infierno, que ellos abrieron, para que en el día de mi muerte pueda como el buen ladrón entrar con Vos en el Paraíso. Amén.
  
Se pide la gracia o favor que se desee recibir. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
    
DÍA QUINTO – 28 DE ABRIL
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Salutación a la Santa Cruz
 
CONSIDERACIÓN: LA CRUZ, ESPEJO Y COMPENDIO DEL EVANGELIO
Considera a la Cruz como el gran libro que debes leer continuamente, y el espejo el que debes consultar: porque nada hay que ella no te enseñe. Sí, Redentor mío, así como vuestro Evangelio es una expresión fiel de la Cruz, así la Cruz es un compendio fiel de todo el Evangelio. Sí, aquí contemplo vuestro amor y la autoridad que me mostrais en medio de tantos desprecios y dolores, atiendo a las obras de piedad y misericordia, y a las obligaciones de vuestro oficio, como si no estuviérais padeciendo. Ya rogais por vuestros enemigos, como Sumo Sacerdote. Ya prometeis el Paraíso como Redentor, y ya mirais por tu Madre como Hijo, y por tu discípulo como Maestro.
 
Pondera, alma, estas lecciones que dicta Jesús en el libro de la Cruz: «Mujer, ves ahí a tu hijo», como quien dice, «no me olvido de ti, ni de la obligación que tengo como hijo, ves aqui al que concebiste por el Espíritu Santo y pariste sin dolor, al que reclinaste en un pesebre en medio de dos animales, y le diste leche con tus pechos: al que trajiste en tus brazos recreándote en mirarle y regalarle, vedlo aquí puesto en los brazos de una terrible Cruz, y en medio de dos ladrones todo desfigurado y desangrado. Mira si me conoces por hijo, y si me mandas algo como Madre; y pues callas y no me dices nada, en mi lugar te dejo a mi discipulo». ¡Oh Jesús mío! ¡Oh crucifcado mío! Gracias te doy, dulcísimo Padre mío, por haber encargado a tu Madre que nos tome por hijos, haciéndonos con esto tus hermanos. Oh Virgen benditísima, desde ahora os diré confiadamente: Veis aquí, Señora, a vuestro hijo, acordaos de que os mandó vuestro Unigenito que me tomases por hijo adoptivo, reconocedme por tal y mirad por mi remedio. Y vos, ¡oh glorioso San Juan Evangelista!, suplicad a vuestro dulce Maestro me dé el espíritu de hijo, que os dió para con su Madre, para que la sirva yo como vos la servisteis, En fin, ¡oh Salvador mío! Pues tan liberal os mostrais en la Cruz, que dais vuestro Paraíso al ladrón, y vuestra Madre al discípulo que os ama, usad conmigo de esta liberalidad, dándome en esta vida devoción cordial con vuestra Madre, por cuyo medio espero hallar entrada en el Paraíso, donde reine con Vos y con Ella por todos los siglos. Amén.
  
Se pide la gracia o favor que se desee recibir. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
    
DÍA SEXTO – 29 DE ABRIL
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Salutación a la Santa Cruz
 
CONSIDERACIÓN: LA CRUZ, LUGAR DE ORACIÓN
Considera, alma, a la Cruz Santísima como un lugar de oración. Mira cómo habiendo cumplido en ella Jesús todos los oficios de piedad, caridad y ternura para con los hombres, quiso en aquellas tres horas de tinieblas que sucedieron, ocuparse totalmente en orar, aplicando su oración por todos los fieles, que tenia presentes, de los cuales eras tú uno, ¡Oh Salvador adorable! ¡Víctima inocente!, qué multitud de objetos diferentes no se presentan aquí a vuestra vista. Los pecados, que los hombres han cometido en todos los tiempos, vienen como de tropel a colocarse al pie de vuestra Cruz, para ser lavados en vuestra Sangre preciosa, y todos los pecadores, que han existido y existirán en adelante, están presentes a vuestra vista y a vuestro Corazón. Concebís todo el horror de sus culpas, llevais todo su peso, bebeis toda su amargura, os sacrificais por ellos y por su salud, sufrís solo por librarlos de los tormentos eternos, y morís por darles la vida. ¡Qué sentimiento no se excitaría en vuestro adorable Corazón cuando discurriendo por todos los siglos, se os presentaban por una parte tantas almas que abrazaban la Cruz con Vos y por Vos, y por otra tantas que la detestaban y maldecían profanando el fruto precioso de vuestra Pasión! ¡Qué congoja al ver que os desamparo, apartandome de vuestra voluntad por cumplir la mía: que aun vuestros discipulos os dejan, el pueblo Hebreo y millares de hombres dejan la Fe, atropellan vuestros Sacramentos y desechan los frutos que de vuestra Cruz podían sacar!
  
¡Oh dulce Jesús! No me espanto que os quejéis de este desamparo, cuando también os veo desamparado en este mundo. Unas naciones no quieren recibir vuestra Fe, otras la dejan con descaro y escándalo, y otras aunque reciben vuestra ley, omiten su cumplimiento: unos en fin desamparan a otros, desamparándoos en cada uno de vuestros pequeñuelos. ¡Oh! Padre Eterno: no desampareis así a vuestro Hijo; y pues tambien lo ha trabajado en su Pasión, haced que sea de todos conocido y adorado por ella. Oh Maestro dulcísimo, no me desampares con demasía; y cuando desfalleciere mi virtud, no me abandone tu gracia. Amén.
  
Se pide la gracia o favor que se desee recibir. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
    
DÍA SÉPTIMO – 30 DE ABRIL
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Salutación a la Santa Cruz
 
CONSIDERACIÓN: LA SED DE JESÚS EN LA CRUZ POR LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS
Considera, alma, esta palabra que salió de los labios del Señor en el árbol santo de la Cruz: «Mi virtud se sacó como una teja, y mi lengua se pegó al paladar, llegué a estar como polvo al punto de perecer»: ¡oh valeroso Sansón!, que después de matar los filisteos infernales con la quijada de un jumento, cual es el hombre a quien redimiste, tenéis mortal sed; pedid a vuestro Padre que de esa Cruz en que venceis a vuestros enemigos, saque una fuente de agua, con que se apague vuestra sed. ¡Oh piedra viva, y pedernal de fuego amoroso, pues estáis herido con la vara de la Cruz, brotad como la piedra que hirió Moisés, una fuente de agua, con que refresquéis vuestra aflgida lengua! Mas yo veo, Señor, que vuestra caridad no requiere sino brotar arroyos de Sangre para lavar nuestras culpas, porque su refrigerio es padecer por librarnos de ellas.
   
Oh alma mía, mira que tu Señor pendiente de este madero está diciendo que tiene sed: sed de que seas obediente, paciente, humilde y caritativo: dale de beber lo que te pide para aliviar su trabajo: ¡Oh, y qué excelentísimas virtudes se descubren en esta sed que le aflige! Ella es una sed insaciable de obedecer, con lo cual deseó cumplir la voluntad de Dios en todas las cosas, sin dejar una jota, una tilde, ni cosa alguna por penosa que fuese; y como sabía que era voluntad del Padre que en su sed le diesen vinagre, no quiso dejar de cumplirla. Ella es una sed entrañable de padecer por amor nuestro; porque, por mucho que había padecido, deseaba padecer mucho más; y sin duda lo padeciera, si esta fuera voluntad de su Padre. ¡Oh Redentor mío!, confuso estoy de mí mismo; por que la sed que yo tengo no es de padecer dolores, sino de tener muchos regalos: quitad de mí tan penosa sed, y trocadla en otra sed como la vuestra. La sed que padece es también de la salvación de las almas que con su Pasión redimía, deseando que su Sangre aprovechase a todos y que todos sirviesen a su Padre, y le diesen la gloria y culto debido como a Dios; porque siempre el celo ardiente de la casa de Dios le comía las entrañas, que con mayores ansias padeció en la Cruz. Salvador mío, concedeme vivas ansias de obedecer a Dios, de padecer por Dios, y de que muchos sirvan a Dios: tomad, dulce Jesús, el vaso de mi corazón, en el cual Os ofrezco desde ahora al pie de este sacrosanto leño los más fervientes deseos de serviros. Bebed lo que deseas, ocultándome en vuestras entrañas de modo que nunca salga de ellas. Amén.
  
Se pide la gracia o favor que se desee recibir. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
    
DÍA OCTAVO – 1 DE MAYO
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Salutación a la Santa Cruz
 
CONSIDERACIÓN: LA CRUZ COMO CONSUMACIÓN
Alma mía, levanta los ojos hacia ese madero santo, pon tu atención con Jesús en todos los trabajos y tormentos que su Padre Eterno quiso que padeciese desde el instante de su Encarnación hasta el punto en que estaba, que era el fin de su Pasión y de su vida; pasando por la memoria los trabajos de su nacimiento y circuncisión, los de su destierro a Egipto, los de su predicación por Judea y Galilea, y últimamente los de su crucifixión, y viendo cómo todos estaban cumplidos sin faltar alguno, se consoló grandemente de ver que hubiese llegado el fin de sus trabajos tan a gusto de su Eterno Padre. Así es que lleno de reconocimiento y de gratitud exclama: «Acabado está todo».
 
¡Ah! Esta misma proporcionalmente será la voz que yo oiga en la hora de mi muerte cuando venga a juzgarme, pues para mí todo está acabado en aquel terrible instante. Entonces es ya acabado el mundo y su gloria vana, ya es acabado el tiempo de merecer y desmerecer, y ya son acabados los deleites de los malos y los trabajos de los buenos: ya es acabado el reino del demonio para tentar y engañar de nuevo a los hombres: ¿y con esta consideracion no me resolveré a vivir de tal manera que pucda decir con San Pablo: «He consumado y acabado mi carrera y en ella he guardado la fe y lealtad que debía a Dios sin desfallecer en ella»? Oh Juez supremo de los hombres, cuya justicia será tan cumplida y consumada como lo ha sido tu misericordia: completa ahora en mí llenándome de gracia y de merecimientos, para que después cumplas en mí tu justicia, dándome la corona de ellos en tu gloria. Amén.
  
Se pide la gracia o favor que se desee recibir. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
    
DÍA NOVENO – 2 DE MAYO
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Salutación a la Santa Cruz
 
CONSIDERACIÓN: LA CRUZ, SANTUARIO EN LA HORA DE LA MUERTE
Considera, alma, al que expira entre los brazos de la Cruz para volver a entrar para siempre en el seno de su Padre. Mira a Jesús cómo se ofrece de nuevo en caliz de víctima a su Padre, encomienda su alma entre sus manos, inclina la cabeza en señal de sumisión, y no espera sino el momento que debe terminar su muy triste y dolorosa carrera. ¡Ah! Astros del Cielo, negad vuestra luz a la tierra. Sol, eclípsate y oculta sus resplanores a vista del Sol de justicia cubierto con las sombras de la muerte. Tierra, estremécete y haz que tiemblen tus fundamentos. Velo del templo, rásgate y hazte mil pedazos; y tú, toda la naturaleza, entra en la desolación, y cúbrete de horror al ver padecer y morir a tu autor en medio de los más crueles tormentos.
  
Cruz Santa, Cruz bendita, alienta mi voz para que en el medio de las tinieblas que cubrieron este día, pueda yo levantar la voz, y dirigiéndome a ti, hable así a mi Señor: «Oh Jesús crucificado, por mi salud sacrificado a la divina justicia y hecho víctima de nuestras culpas, os veo tal como estuvisteis sobre el Calvario, teneis vuestra cabeza inclinada para darnos en vuestra muerte un beso de paz: vuestros brazos extendidos para convidar a todos los pecadores a que vengan a Vos: vuestro Corazón abierto para recibirnos en el seno de vuestra misericordia, y vuestro sagrado Cuerpo ensangrentado y hecho mil pedazos para salvar nuestras almas. Vuestro espíritu lo encomendais en las manos del Padre, para significar que sólo en tales manos y no en otras puede estar seguro. Estas manos criaron nuestro espíritu y en ellas nos tiene escritos para no olvidarse de nosotros. ¡Oh alma mía! Arrójate en las manos de tu Padre, en quien está tu suerte; pues que de ellas depende nuestra salvación: si en ellas te tiene escrito, no te borrará del libro de la vida. Oh dulce Jesús; así como Vos encomendais vuestro espíritu en manos de vuestro Padre, así yo encomiendo el mío en las vuestras: sí, en esas que teneis extendidas en la Cruz para abrazar a los pecadores que se acojiesen a ellas: Allí teneis a vuestros escogidos escritos con vuestra Sangre y asidos con vuestra fortaleza, de modo que ninguno podrá sacarlos de ellas. En las mías no está seguro mi espíritu, por que son muy flacas; yo lo entrego en las vuestras que son muy fuertes; y pues con ellas le habéis redimido, haced que por ellas sea glorificado. Acordaos pues de mí ahora y en la hora de mi muerte, limpiando mi alma de toda mancha de pecado, de modo que satanás no pueda prevalecer contra ella, y enviadme vuestro Santo Ángel para que me defienda, tanto que cuando sea suelta de su cuerpo, merezca ser colocada en vuestra gloria. A vuestra Cruz llego con esta confianza: ella es mi reclinatorio y santuario; este sagrado me valga, Jesús mío, para que aprendiendo en ella todas las lecciones que me has dado, mi gloria, mi consuelo y mi amparo no sea otro que la Cruz de mi Señor Jesucristo, por cuya gracia espero vivir crucificado para el mundo, y crucificar al mundo para mí». Amén.
  
Se pide la gracia o favor que se desee recibir. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.

domingo, 21 de abril de 2019

HOMILÍA PASCUAL DE SAN JUAN CRISÓSTOMO

   
¿Qué significa esto? ¡Cuanto más adelantamos en la celebración de las festividades, menos numerosas son las reuniones! Sin embargo, no por tal motivo nos volveremos más perezosos los que asistimos. Porque, si atiendes al número, son menos los asistentes; pero si adviertes a la presteza de su ánimo no son menos: ¡quiero decir que son menos en número pero más fervorosos! Se han reducido en número para que se muestre quiénes de entre vosotros son fieles; y sepamos quiénes acuden a la festividad anual por simple costumbre y quiénes por el anhelo de escuchar la palabra divina y quiénes por oír la lectura espiritual. El domingo anterior estaba aquí presente la ciudad en pleno: ¡llenos estaban los recintos y la multitud semejaba los oleajes que vienen y van! Mas, por mi parte, prefiero vuestra quietud y me es más agradable que aquellas marejadas; estimo en más vuestra tranquilidad que aquel tumulto de las turbas.
  
Podíamos entonces contar el número de asistentes; ahora contamos los afectos llenos de piedad. Si quisiéramos pesar en una balanza esta reunión de pocos hombres, compuesta en su mayor parte de gente pobre, y la otra numerosísima y compuesta en su mayor parte de ricos, encontraríamos que ésta prepondera. Aun cuando, si se tiene en cuenta el número, seáis menos, si atendemos al efecto y al empeño, debéis ser estimados en más. Así se procede en las cosas que pueden pesarse. Si se toman diez estateras de oro y se les pone en un platillo de la balanza y en el otro se echan cien monedas de bronce, ciertamente las cien monedas harán bajar el fiel en su favor. Y sin embargo, las otras diez que son de oro, si se tiene en cuenta la materia, se tendrán por de más peso y más preciosas, porque preponderan a causa de la preciosidad de su materia. De manera que puede suceder que quienes son en número menos, se hayan de estimar en más que los numerosos y tenerse por más honorables.
  
Mas ¿para qué pongo tales ejemplos tomados de las cosas triviales, cuando lo conveniente es traer al medio la sentencia pronunciada por Dios? ¿Qué dice ésta?: Mejor es uno que hace la voluntad de Dios, que infinitos pecadores! - Con frecuencia sucede que hay que equiparar un solo hombre a muchos otros. Incluso a veces se tiene a uno solo por más honorable y de mayor precio que todo el orbe de la tierra. Tomaré el testimonio de las palabras de Pablo. Como hubiera hecho mención de los pobres, afligidos y perseguidos y adoloridos, añadió: Anduvieron errantes, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, necesitados, atribulados, maltratados, aquellos de quienes no era digno el mundo?
  
¿Qué dices? ¿No era digno el mundo de unos hombres afligidos, necesitados, que no tenían ni patria? ¿No ves cómo has contrapuesto a unos pocos tan gran cantidad de otros? ¡Lo veo, responde, y precisamente por tal motivo aseguro que el mundo no era digno de ellos! ¡Conozco perfectamente la naturaleza de semejantes monedas! ¡Si pongo en la balanza por una parte la tierra, el mar, los reyes, los Prefectos, y toda la naturaleza humana, y por otra a dos o tres pobres, confiadamente aseguro que estos últimos preponderarán! ¡Eran aquéllos arrojados de su patria, pero tenían por patria la Jerusalén de allá arriba! ¡Pasaban la vida en pobreza, pero eran ricos en piedad! ¡Los odiaban los hombres, pero eran gratos a Dios!
   
¿Quiénes son esos hombres? ¡Elías, Eliseo y los demás de aquel tiempo! No te fijes en que ni siquiera tenían el suficiente sustento, sino en que Elías abrió el cielo con su boca e igualmente lo cerró; y en que su manto de piel de oveja hizo retroceder el río Jordán. Cuando tales cosas me vienen a la memoria, a veces me gozo y a veces me duelo. Me gozo por vosotros los que asistís a la reunión. Me duelo por los ausentes. ¡Me duelo intensamente y me resulta gravoso y se me atribula el corazón! Porque ¿quién será tan insensible que no se duela al ver que se pone mucho mayor empeño en las cosas del demonio? ¡No nos quedaría esperanza de perdón ni excusa suficiente con sólo que en tales cosas se pusiera un empeño igual! Pero cuando supera con mucho tal empeño en aquellas cosas ¿qué lugar a defensa puede quedarnos?
  
¡Todos los días nos solicitan los espectáculos, y nadie hay que vacile, nadie tardo en acudir, nadie que ponga como pretexto sus ocupaciones y sus negocios para no correr allá, sino todos se abalanzan como si no tuvieran negocio alguno ni cuidado, y estuvieran totalmente libres! ¡Ni el anciano reverencia sus canas, ni el joven teme el ardor de la lujuria y de su propia naturaleza, ni el rico piensa que con eso cubre de oprobio su dignidad! En cambio, si se ha de venir a la iglesia, todos se tornan tardos y perezosos, como si para venir hubiera que despojarse y descender desde una sublime honra y dignidad; y tras de venir, luego se hinchan como si hubieran hecho un favor a Dios. En cambio, cuando se apresuran al teatro en donde hay espectáculos lascivos y cantares impúdicos, no creen cubrir de vergüenza sus riquezas y sus títulos nobiliarios.
  
¡Quisiera yo saber en dónde se encuentran ahora los que el día pasado perturbaban nuestra reunión; porque su presencia trajo consigo un verdadero tumulto! ¡Yo quisiera saber qué hacen ahora, y si se ocupan en algo más útil que lo que nosotros traemos entre manos! ¡Más aún: no es ninguna ocupación la que los retiene por allá, sino sólo el humo e hinchazón del orgullo! Pero ¿hay algo más vano que eso? Pregunto: ¿por qué, oh hombre, sientes de ti tan alta y soberbiamente? ¿Te parece que nos haces un favor si cuando acá vienes nos prestas tu atención y escuchas lo tocante a la salvación de tu alma? Pregunto: ¿por qué motivo te glorías, o de qué cosa? ¿De la riqueza? ¿De los vestidos de seda? ¿Por qué no piensas mejor que son simplemente tejidos fabricados por gusanos e invenciones propias de gente bárbara? ¡Los usan las meretrices muelles y los violadores de sepulcros y los ladrones!
  
¡Advierte cuáles son las verdaderas riquezas y finalmente apéate de tu orgullo hinchado y vano! ¡Considera lo humilde de tu naturaleza! ¡Tierra eres y polvo y ceniza y pavesa y humo y sombra y heno y flor de heno! Y siendo de tal naturaleza, te pregunto ¿puedes gloriarte? Pero ¿qué cosa habrá más ridícula que ésta? ¿Es que mandas sobre muchos hombres? ¿Qué te aprovecha imperar sobre muchos hombres cuando eres esclavo de tus pasiones y te tienen aprisionado? ¡Es como si alguno en su casa fuera azotado y cubierto de golpes por sus criados, pero en saliendo a la calle y viniendo al foro se gloriara de mandar sobre muchos! Cuando te azota la codicia, cuando te cubre de heridas la lujuria, cuando eres esclavo de toda clase de pasiones ¿te glorías de imperar sobre quienes son de tu misma raza? ¡Y ojalá de verdad imperaras sobre ellos! ¡Ojalá fueras partícipe de sus mismos honores!
   
No digo tales cosas por acusar a los ricos, sino a quienes usan mal de sus riquezas. Las riquezas no son en sí malas, si queremos usarlas como conviene; lo malo es la soberbia y el orgullo. Si las riquezas fueran malas ninguno de nosotros anhelaría llegar al seno de Abraham; porque éste tuvo trescientos dieciocho criados domésticos. De manera que no son malas las riquezas. Lo malo es el abuso que de ellas hacemos. Del mismo modo que al hablaros hace poco acerca de la embriaguez no acusé al vino -puesto que toda criatura de Dios es buena y ninguna se ha de rechazar sino recibirlas con acciones de gracias-, así ahora igualmente, no acuso a los ricos ni me enojo contra los dineros, sino contra el mal uso del dinero que se gasta en torpezas y liviandades. Los dineros se han llamado para que usemos de ellos, y no abusen ellos de nosotros. Por igual motivo se llaman posesiones para que nosotros los poseamos y no ellos a nosotros. Entonces ¿por qué tienes como tu ¡señor al que es siervo? ¿Por qué has invertido el orden natural?
 
De manera que yo anhelo saber qué hacen a estas horas los que nos abandonaron y no se presentaron a esta reunión, y en qué cosas se ocupan. O juegan a los dados, o se empeñan en asuntos seculares que rebosan en tumultos. Si estuvieras acá, oh hombre, estarías en el puerto y en la tranquilidad. No te perturbaría el administrador presentándose acá, ni te molestaría el criado con los negocios del siglo. Nadie te causaría cólera. Al revés, en absoluta paz, tomarías parte en la lectura de las Sagradas Escrituras. No hay aquí llantos, no hay tumultos. Hay bendiciones, hay preces y predicación espiritual y cambio hacia el cielo. Te apartarías de este sitio llevando contigo la prenda del reino de los cielos.
  
Entonces ¿por qué motivo has abandonado esta opípara y rica mesa espiritual y te has ido a esa otra repleta de molestias? ¡Has abandonado el puerto! ¡Has cambiado la tranquilidad por el tumulto de las turbas! ¡Grave cosa es que no estén presentes los pobres que entonces estaban! Pero no lo es tanto como que no estén los ricos. ¿Por qué? Porque los pobres, al fin y al cabo, se encuentran impedidos por ocupaciones necesarias, por los diarios cuidados del taller, pues han de procurarse el sustento con el trabajo de sus manos. Tienen que cuidar de sus hijos y los han de educar y defender a sus esposas; y si no trabajan no pueden vivir. No lo digo para tejer una defensa en su favor, sino para demostrar que los ricos son dignos de mayor reprensión. Cuanto más gozan de seguridad, más quedarán condenados; puesto que ninguna cosa de las propias de los pobres, les impide venir.
  
¿Veis a los judíos que son rebeldes a Dios y resisten al Espíritu Santo y son de dura cerviz? ¡Pues los que no han acudido a la reunión son peores! Si los sacerdotes les dicen que se ha de cesar en el trabajo durante siete días o diez o veinte o treinta, no los contradicen. ¡Y eso que nada hay tan molesto como semejante inacción! Cierran sus puertas, no encienden fuego, no acarrean agua, no se les permite hacer ningún otro menester ni trabajo; sino, atados al descanso como con una cadena, en nada contradicen. Yo, en cambio, no impero tales cosas. No ordeno que te abstengas del trabajo durante siete días ni diez; únicamente que me proporciones dos horas al día, y te guardes las demás. ¡Y ni siquiera esas dos me concedes! Ni es a mí a quien las has de conceder sino a ti mismo, para que saques algún consuelo con las oraciones de los prelados, y salgas de aquí colmado de bendiciones, y en todos sentidos vayas seguro, por haberte revestido las armas espirituales y haberte vuelto invencible e inexpugnable al demonio.
  
Pregunto: ¿qué cosa habrá más deleitable que semejante ocupación? Aun cuando necesitaras pasar aquí diez días completos, ¿qué habría más excelente? ¿Qué más seguro? ¡Aquí en donde hay tantos hermanos, en donde está el Espíritu Santo, en donde está en medio Jesús juntamente con el Padre! ¿Qué otra reunión buscas que sea de semejante calidad? ¿Qué otro Senado? ¿Qué otra junta? ¡Llena está la mesa de tantos bienes! ¡Lo mismo están la lectura de las Sagradas Escrituras y las bendiciones y las preces y la conversación con los santos! Y tú ¿buscas otras reuniones y conversaciones? ¿De qué perdón serás tenido digno?
  
Todo lo anterior lo he dicho no únicamente para que lo oigáis vosotros, pues no necesitáis de semejante medicina, ya que por las obras demostráis estar sanos, ya que obedecéis y con tan gran empeño demostráis vuestro cariño a las cosas santas. He dicho tales cosas para que de vosotros las escuchen los que no están presentes. Ni les vayáis a decir que solamente me ocupé en acusar a quienes no asistieron, sino referidles íntegro mi discurso desde su principio. Traedles a la memoria a los judíos y lo de los negocios seculares. Decidles cuánto más excelente es esta reunión. Hacedles ver cuán grande empeño ponen en los negocios seculares; y cuán alta es la recompensa que espera a quienes acá se congregan. Si sólo les decís que los acusé, los moveréis a ira y les abriréis una herida en vez de procurarles la medicina.
  
En cambio, si les demostráis que yo no los acusé corno enemigos, sino que me dolí de ellos como amigo, y llegáis a persuadirlos de que: “Leales son las heridas de quien ama, más que los besos engañosos del que aborrece”, recibirán la acusación con mucho placer, porque se fijarán no en las palabras sino en la intención del predicador. ¡Curad en esta forma a vuestros hermanos! ¡A nosotros toca dar cuenta de vosotros los que estáis presentes; pero a vosotros darla de quienes están ausentes! Nosotros no podemos ir a conversar personalmente con ellos. Por esto conversamos con ellos por vuestro medio y mediante vuestra enseñanza. ¡Séanos vuestra caridad un como puente para llegar hasta ellos! ¡Haced que mediante vuestra lengua llegue hasta sus oídos nuestra predicación!
   
Suficientemente nos hemos ocupado de los que no vinieron y nada más hay que añadir. Podíamos haber dicho otras cosas. Mas para no gastar todo el tiempo en semejante acusación, de lo que no se derivaría utilidad alguna para vosotros los que estáis presentes, ¡Ea! ¡Vamos a poneros delante la mesa con un alimento nuevo y no acostumbrado! ¡Digo nuevo y no acostumbrado, teniendo en cuenta no la mesa espiritual, sino vuestros oídos!
   
En los días anteriores explicamos las palabras del apóstol y del Evangelio, al hablar de Judas, y también explicamos lo referente a los profetas. Ahora vamos a hablaros de los Hechos de los Apóstoles. Y es el motivo por el que llamé insólito y desacostumbrado este alimento. Es decir: es acostumbrado en cuanto que pertenece a las Sagradas Escrituras; pero es desacostumbrado porque vuestros oídos no están acostumbrados a esta narración. Por cierto, hay muchos que ni siquiera saben si existe el libro de los Hechos. Otros muchos lo han despreciado por creerlo demasiado claro y sencillo. De manera que para unos el conocerlo y para otros el ignorarlo, les resulta motivo de desidia. Vale la pena corregir la negligencia de unos y otros, a fin de que quienes ya lo conocen y creen claramente entenderlo y lo mismo los que no lo conocen, vean que hay en él sentencias oscuras y profundísimas.
   
Ante todo es necesario que sepamos quién escribió el libro, porque es el mejor orden en la investigación: conocer si su autor es algún hombre o es Dios. Si es un hombre, para rechazarlo, puesto que dice el Señor: “A nadie llaméis maestro sobre la tierra”; y si es Dios, para que lo recibamos y acatemos. En este último caso, el libro es del cielo y escuela nuestra. ¡Tan alta es la dignidad de la presente reunión que no aprendemos nada de los hombres, sino de Dios mediante los hombres! Tenemos que investigar quién escribió el libro, cuándo lo esescribió, de qué escribió y por qué motivo se ha ordenado que se lea en la presente festividad. Porque probablemente en todo el año no habéis oído que se lea. Saber también esto, es de provecho. Finalmente habernos de inquirir la causa de que lleve semejante título: Hechos de los Apóstoles.
   
En verdad no deben pasarse a la ligera los títulos, y entrarse desde luego por el principio del libro, sino que hay que considerar antes que nada el nombre. Así como acá en nosotros, nos resulta más claro el conocimiento del cuerpo precisamente por la cabeza, de manera que la cara que está en la parte superior nos da más clara noticia, así el título puesto en la parte superior y como en la frente del libro, hace que el resto del escrito nos sea mejor conocido. ¿No advertís lo mismo aun en las imágenes? Encima está puesta la imagen que lleva el nombre del rey, y luego en el pedestal del monumento se encuentran inscritas sus hazañas y sus empresas preclaras.
  
Lo mismo puede observarse en las Sagradas Escrituras. En la parte superior se encuentra dibujada la imagen del Rey, más abajo están escritas sus victorias, trofeos y hechos preclaros. Lo mismo procedemos al recibir una carta. No la abrimos al punto ni nos entregamos enseguida a la lectura de su contenido; sino que primero recorremos la inscripción que lleva en el exterior, y por ésta sabemos quién nos ha escrito y a quién viene dirigida la carta. Pues entonces ¿no será cosa absurda que tanto empeño pongamos en los asuntos seculares y que no nos impacientemos ni perturbemos, sino que vayamos haciendo ordenadamente cada cosa, y en cambio acá en los negocios espirituales nos impacientemos y al punto nos lancemos a los comienzos del escrito?
   
¿Queréis saber cuánta sea la fuerza del título y cuánto su poder y el tesoro inmenso que se encuentra depositado en los títulos de la Escritura? ¡Atended y escuchad, a fin de que no despreciéis los encabezados de los Sagrados Libros! En cierta ocasión Pablo entró en Atenas. La narración del hecho se contiene en este libro. Encontró en la ciudad no un libro sagrado sino un altar consagrado a los ídolos. Y en el altar halló una inscripción que decía “AL DIOS DESCONOCIDO”. Pues bien: ¡no la pasó de largo, sino que por medio de la inscripción echó abajo el altar!
   
El bienaventurado Pablo que estaba lleno de la gracia del Espíritu Santo no pasó de largo la inscripción de un altar ¿y tú pasas de largo los títulos de los Libros Sagrados? ¡No descuidó lo que los atenienses -que eran idólatras- habían escrito! ¿Y tú no crees necesario lo que escribió el Espíritu Santo? ¿Qué perdón mereces?
   
Pero veamos ya cuán grande virtud poseía la inscripción. Y cuando hayas entendido cuán grande fuerza proporcionó a Pablo aquella inscripción verás que lo mismo pueden hacer, y con mayor eficacia, los títulos de la Sagrada Escritura. Entró Pablo en la ciudad, encontró el altar con la dicha inscripción: Al Dios desconocido. Y ¿qué hizo? ¡Todos eran gentiles, todos impíos! ¿Qué convenía hacer? ¿Hablarles del Evangelio? ¡Se habrían burlado! ¿De los libros de los profetas y los mandatos de la Ley? ¡No le habrían creído! Entonces ¿qué hizo? ¡Recurrió al altar y derribó y sujetó a sus enemigos con sus mismas armas!
   
Fue lo que él mismo había ya dicho: “Me hago todo a todos. Con los judíos como judío, con los que están fuera de la Ley, como si yo estuviera fuera de la Ley”. Vio el altar, vio la inscripción, se levantó en el Espíritu Santo. ¡Porque tal es la gracia del Espíritu Santo! ¡Hace que quienes la han recibido, de todo saquen ganancia! ¡De tal calidad son nuestras armas espirituales! Porque dice: “Doblegando todo pensamiento a la obediencia de Cristo” Vio el altar y no tuvo temor. Atrajo hacia sí al altar; o por mejor decir, haciendo caso omiso de la escritura material, le cambió el sentido. Cuando en una guerra un General observa a un soldado valeroso que combate en el ejército enemigo, va y lo toma por los cabellos y lo arrastra a su campamento y lo obliga a pelear en su favor; pues del mismo modo Pablo, como se encontrara con la inscripción en el altar, la pasó a su propio ejército como si hubiera topado con un milite enemigo, y la puso a combatir a su lado contra los mismos atenienses, a fin de que no fuera a herir a Pablo juntamente con los atenienses. Porque tal inscripción era la espada de los atenienses y cuchillo de los enemigos; pero precisamente este cuchillo fue el que cortó la cabeza de los enemigos. No habría sido Pablo tan admirable si con sus armas los hubiera vencido, pues razonablemente hubiera sucedido tal cosa. Lo verdaderamente nuevo e insólito sucede cuando echamos sobre los enemigos sus propias armas como una máquina de guerra3 y les causa una herida mortal la espada que contra nosotros blandían.
     
¡Tal es la virtud del Espíritu Santo! Así procedió en otro tiempo David. Salió al combate sin armas, para que se manifestara la gracia de Dios. Como si dijera: ¡nada humano hay en esto, porque Dios lucha en nuestro favor! De manera que salió sin armas y derribó la torre del filisteo. Y luego como no tuviera espada, corrió y arrebató la de Goliat y con ésta cortó la cabeza del bárbaro. Igualmente procedió Pablo mediante la inscripción. Os voy a explicar la fuerza de la inscripción para que quede más en claro su fuerza y el modo como Pablo obtiene la victoria.
  
Entró, pues, Pablo en Atenas y encontró un altar en donde había una inscripción que decía: al Dios desconocido. Pero ¿quién era ese Dios desconocido, sino Cristo? ¿Observas cómo liberó la inscripción de la cautividad del diablo en que estaba, mas no para hacer daño con ella a quienes la habían grabado, sino para salvarlos y en provecho de ellos? Preguntará alguno: ¿acaso los atenienses habían escrito aquello en referencia a Cristo? ¡Si la hubieran escrito en referencia a Cristo, la cosa no habría sido tan admirable! ¡Lo admirable es que habiendo ellos escrito una cosa, Pablo la haya podido cambiar en otra!
  
Vale la pena explicar primero por qué los atenienses escribieron ahí: al Dios desconocido. ¿Por qué lo escribieron? Tenían abundancia de dioses o por mejor decir de demonios, puesto que: “Todos los dioses de los gentiles son demonios”. Los tenían patrios y extranjeros. ¿Observáis qué cosa tan de burla? ¡Si es Dios no es extranjero, puesto que es el Señor de todo el orbe! ¡Bien! Tenían algunos dioses recibidos de sus padres y otros recibidos de las naciones vecinas, por ejemplo de los escitas, tracios y egipcios. Si vosotros estuvierais versados en la erudición profana, os referiría todas sus historias.
   
Pues bien: como no los habían recibido todos desde los principios, sino que poco a poco se les habían ido introduciendo, unos en tiempos de sus padres y otros en su mismo tiempo, se reunieron y dijeron: “Así como desconocíamos estos segundos dioses, puesto que hasta más tarde los recibimos y conocimos, puede suceder que exista algún otro que sea de verdad dios y que nosotros desconocemos; y que sin darnos cuenta lo descuidemos y no le demos culto”. ¿Qué fue, pues, lo que hicieron? Levantaron un altar y le pusieron la inscripción: al Dios desconocido, para significar con esto que si acaso existía algún otro dios que aún no se les manifestara, también a éste le daban culto.
   
¿Observas la superstición excesiva? Pues por tal motivo Pablo les dijo al principio: “¡Os veo en todo como más religiosos!, puesto que dais culto no sólo a los dioses conocidos sino también a los que aún no conocéis”. Los atenienses habían escrito: al dios desconocido, pero Pablo les dio la interpretación. Porque ellos se referían a otros dioses, pero Pablo lo pasó a Cristo y así atrajo a su obediencia el sentido de la inscripción y la hizo colocarse bajo las órdenes de su propio ejército: “Al que dais culto sin conocerlo a ese os anuncio yo”, les dice. Porque no hay otro Dios desconocido sino Cristo. Mira su prudencia espiritual. Enseguida le iban a oponer que: “Nuevos dogmas pones en nuestros oídos, en nuevas cosas te empeñas, nos traes un dios que nosotros no hemos conocido”. Pues para quitarles semejante novedad y manifestarles que no predicaba ningún Dios nuevo, sino al mismo que ya de antemano habían determinado dar culto, añadió y dijo: “¡Al que sin saberlo adoráis vosotros a ese yo os lo anuncio!”.
  
Como si les dijera: “vosotros os habéis adelantado: vuestro culto se ha adelantado a mi predicación. No me opongáis que vengo a traeros un Dios nuevo. Yo no hago sino anunciaros al mismo a quien vosotros, sin saberlo, ya adoráis. Porque a Cristo no se le ha de erigir un altar como el vuestro, sino otro vivo y espiritual. Sin embargo, por medio de este altar puedo yo conduciros al otro. De modo semejante, anteriormente los judíos daban culto a Dios; pero después se apartaron de aquel culto material y fueron conducidos al otro espiritual cuantos creyeron”.
   
¿Ves la sabiduría de Pablo y su prudencia? ¿Ves en qué forma los venció, no usando de las sentencias de los profetas ni del Evangelio, sino de la inscripción? ¡No quieras, pues, carísimo, pasar de largo los encabezados de las Sagradas Escrituras! Si estás atento y vigilas, sacarás utilidad aun de lo que otros escribieron; pero si eres negligente y perezoso, ni aun de las Sagradas Escrituras te aprovecharás. Quien sabe lucrar, de todo saca ganancia; pero el que no sabe, aunque encuentre un tesoro se queda sin nada.
  
¿Quieres que te ponga delante otro argumento de cómo uno dijo un dicho en cierto sentido, pero luego el Evangelista trajo y aplicó la fuerza de lo dicho a su propia intención? Atended para que veáis cómo también el Evangelista trajo a los entendimientos cautivos a obedecer a Cristo! Y para que, advirtáis cómo, si podemos traer los dichos ajenos cautivos, mucho más podremos nosotros sacar provecho si negociamos con los propios. “Era Pontífice aquel año Caifás”. Porque esto fue propio de la perversidad de los judíos: manchar de tal manera la dignidad sacerdotal que el pontificado fuera venal. Anteriormente no sucedía así, sino que el Pontificado sólo se terminaba con la muerte del Pontífice. Pero en ese tiempo, aun viviendo lo despojaban de semejante honor.
   
Siendo, pues, Caifás Pontífice de aquel año, armó a los judíos contra Cristo y les decía ser conveniente que muriera. No por tener algo de que acusarlo, sino porque él se moría de envidia. ¡Tal es la condición de los envidiosos! ¡Tal el pago que suelen dar a los beneficios que se les hacen! Por tal motivo, declarando la causa de las asechanzas que le tendían a Cristo, dijo Caifás: “Conviene que muera un solo hombre y no que perezca toda la nación”. Pero mira la forma en que la fuerza de este parecer vino a favorecernos y se pasó a nuestro partido. Comprenderás cómo la sentencia ciertamente fue pronunciada por el sacerdote, pero su sentido pudo luego convertirse en espiritual. Conviene que muera un solo hombre y no que perezca toda la nación. Pero el Evangelista añade: “Esto no lo decía por sí mismo, sino que, como fuera Pontífice de ese año, profetizó que convenía morir Cristo no únicamente por los judíos, sino por todas las gentes. Por eso dijo: Conviene que muera un solo hombre y no que perezca todo el pueblo”. ¿Ves el poder de Dios y cómo obliga a las lenguas de los enemigos a hablar en favor de la verdad?
  
Con lo dicho es suficiente -si es que lo recordáis- para que no pasemos de largo los títulos de la Sagrada Escritura. Ahora quisiera yo explicaros quién es el autor del libro, y cuándo lo escribió, y por qué motivo. Pero por de pronto, guardemos en la memoria lo dicho. Lo demás, si Dios quiere, os lo pagaremos mañana. Porque tengo determinado lo que resta de la predicación de hoy aplicarlo a los recién iluminados. Y llamo recién iluminados no a quienes hace dos o tres días o hace diez han sido iluminados, sino a quienes lo han sido hace un año y más tiempo aún. Porque también a éstos es necesario llamarlos así. Aunque pongamos sumo empeño en el cultivo de nuestra alma, todavía podemos ser recientemente iluminados, si conservamos la juventud que el bautismo nos confirió. No es el tiempo lo que constituye al recién iluminado, sino la vida limpia de pecado. Puede suceder incluso que apenas pasados dos días pierdan la dignidad de semejante apelación los que no se guarden de pecado.
   
Voy a poneros un ejemplo de alguien que recientemente iluminado perdió en dos días la gracia y el honor de recién iluminado. Y traigo el ejemplo a fin de que viendo a éste caído pongáis en seguridad vuestra salvación. Es necesario que se os corrija y se os vuelva a la salud no sólo con los ejemplos de quienes se mantuvieron en pie, sino también de los que cayeron vencidos. Simón Mago, dice la Escritura, se había convertido; y una vez bautizado no se apartaba de Felipe, lleno de admiración por sus milagros. Pero al cabo de unos pocos días, se tornó a su antigua perversidad y quería alcanzar con dineros su salvación. Pues bien: ¿qué le dijo Pedro a este recién iluminado?: “Veo que estás lleno de maldad y envuelto en lazos de iniquidad. Por tal motivo ruega al Señor que te sea perdonada semejante iniquidad”. Aún no había entrado a la palestra y ya había sucumbido con una caída no digna de perdón.
   
De manera que así como tras de dos días podemos caer y perder la apelación y gracia de recién iluminados, así podemos conservar este nombre venerando y esta realidad preciosa de la iluminación durante diez y veinte años y hasta el fin de la vida. Lo testifica Pablo, el apóstol, quien precisamente resplandeció sobre todo en su ancianidad. Puesto que no es esta juventud de la iluminación propia de la naturaleza, sino que está en nuestra potestad el ser ancianos o permanecer jóvenes. En lo corporal, aun cuando se ponga todo empeño, aunque no se deje piedra por mover, aunque nunca se aflija al cuerpo, aunque lo guarde alguno en su casa, aunque no lo quebrante con perpetuos trabajos y fatigas, a pesar de todo, por ley natural, envejecerá. Mas cuanto al alma no sucede lo mismo.
  
Si tú no la arruinas, si no la atormentas con cuidados seculares y mundanas solicitudes, retendrá perpetuamente su juventud y la conservará intacta. ¿No ves las estrellas fijas en el firmamento? ¡Hace ya seis mil años que mandan su luz, y ninguna se ha oscurecido en lo más mínimo! Si pues en las cosas naturales la luz ha permanecido así tan joven y viva, ¿en las de la voluntad no podrá permanecer igual a sí misma y tal como al principio brillaba? Más aún: ¡si queremos, no sólo permaneceremos iguales, sino que nuestra luz se tornará más espléndida, hasta el punto de emular a los rayos mismos del sol!
  
¿Quieres ver en qué forma podemos durante largo tiempo ser recientemente iluminados? ¡Oye con qué palabras habla Pablo a quienes habían sido iluminados mucho tiempo antes: “Entre los cuales aparecéis como antorchas en el mundo, llevando en alto la palabra de vida, para gloria mía”! Os habéis despojado de la antigua vestidura ya desgarrada; se os ha ungido con el óleo espiritual; habéis sido liberados todos: ¡que nadie se torne a la primitiva esclavitud! Todo esto es como una guerra y certamen. En un certamen no toma parte ningún esclavo, ningún siervo. Si se descubre que es esclavo se le castiga y excluye del catálogo del ejército. Ni es semejante costumbre exclusiva de nuestra milicia, sino común con los certámenes olímpicos. Una vez que los atletas han pasado en la ciudad treinta días, se les lleva en torno por los suburbios, y estando presente la multitud el pregonero clama: “¿Hay alguien que acuse a este hombre?” De manera que removida toda sospecha acerca de su condición servil, finalmente es admitido a la palestra.
  
Pues si el demonio para sus certámenes no admite a los esclavos ¿cómo tú, hecho esclavo del pecado, te atreves a entrar en el certamen de Cristo? ¡Allá clama el pregonero: “¿Hay alguien que acuse?”! Acá en cambio, no clama así Cristo, sino que, aun cuando todos acusen al reo antes del bautismo, El dice: “¡Yo lo recibiré en mi servicio y lo libraré de la esclavitud; y una vez liberado lo presentaré en la palestra!” ¿Observas la benignidad del que preside los certámenes? ¡No investiga la vida precedente! ¡Sólo exige cuentas de lo que luego va a seguirse! Cuando eras esclavo tenías infinitos acusadores: la conciencia, los pecados, todos los demonios. Cristo dice: “ninguno de tus acusadores me ha irritado en contra tuya, de manera que yo no te he juzgado indigno de mis certámenes; sino que te he admitido a la lucha, no por tu dignidad, sino por mi benignidad. ¡Permanece en el estadio y combate ya sea en la carrera, ya en el pugilato o en el pancracio; y no pelees escondido ni en vano y sin objetivo!”.
   
¡Oye lo que hizo Pablo! En cuanto salió del bautismo comenzó al punto a combatir y a predicar afirmando que este es el hijo de Dios; y ya desde el día primero confundía y refutaba a los judíos. ¿No puedes tú predicar, ni tienes la ciencia del Evangelio? ¡Pues enseña mediante tus obras y conversaciones, y con el brillo de tus procederes! Porque dice Cristo: “Así luzca vuestra luz delante de los hombres, para que viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.
  
¿No puedes confundir con tu palabra a los judíos? ¡Confúndelos con tu modo de vivir! ¡Haz que los gentiles se conmuevan e inclinen a creer mediante tu cambio de vida! Si ven al que era lascivo, perverso, desidioso, corrompido, cambiar de pronto; y que una vez que ha cambiado por la gracia, también muestra su cambio en el modo de vivir, ¿no quedarán confundidos y dirán lo que del ciego decían los judíos: “¡Es él! ¡No es él! ¡De verdad es el mismo!” ¡Semejantes palabras son propias de hombres que han quedado confundidos! ¡Dudar de un hombre que les es conocido, discutirlo, no creer a su propia conciencia ni a sus propios ojos, significa estar confundidos!
  
Aquel ciego echó de sí la ceguedad corporal, tú echa la espiritual. El miró hacia el sol sensible, tú mira al Sol de justicia. Ya conociste al Señor. ¡Procede en forma digna de tal conocimiento, para que logres conseguir el reino de los cielos, por gracia y benignidad de nuestro Señor Jesucristo, por el cual y con el cual sea al Padre la gloria, el honor y el imperio juntamente con el Santo y vivificante Espíritu, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.
 
SAN JUAN CRISÓSTOMO, Homilía sobre el principio de los Hechos de los Apóstoles. En Homilías de San Juan Crisóstomo (Traducción del P. Rafael Ramírez Torres SJ), Tomo I. Editorial TRADICIÓN S.A. México D. F., Agosto de 1976.