Mostrando entradas con la etiqueta San Juan Evangelista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta San Juan Evangelista. Mostrar todas las entradas

jueves, 27 de diciembre de 2018

BENDICIÓN DEL VINO EN LA FIESTA DE SAN JUAN EVANGELISTA

San Juan Evangelista bebiendo el cáliz envenenado (Bernardo Martorell, fragmento del Retablo de los Santos Juanes)
  
Hay una costumbre piadosa en torno a la fiesta de San Juan Evangelista, que es la bendición del vino. Esta práctica se origina en la siguiente historia, recogida por el beato Santiago de Vorágine OP en la Leyenda Dorada:
Estando San Juan Apóstol en Éfeso predicando el Evangelio, sus enemigos movieron al pueblo para que le llevaran al templo de Diana, a fin de adorar a los ídolos. A esto, San Juan dijo: «Si creéis que esa vuestra diosa Diana tiene tan grande poder, invocadla y requeridle que por su poder subvierta y derribe la Iglesia de Cristo, y si lo hace, yo sacrificaré a ella; y si no, dejadme entonces orar a mi Dios Jesucristo para que derribe su templo, y si lo hace, creed entonces en Él». A estas palabras, la mayor parte del pueblo accedió, y salieron todos del templo. Entonces el Apóstol oró a Cristo, y se colapsaron los fundamentos del templo y la estatua de Diana cayó destrozada al suelo.
 
Mas Aristodemo, primer sacerdote del templo de Diana, lleno de un espíritu maligno agitó la sedición entre las gentes de modo que unos se dispusieron a luchar contra los otros. Y Juan se volvió hacia él y le dijo: «Dime, Aristodemo, ¿qué puedo hacer para quitar el enojo de tu alma?». Y Aristodemo dijo: «Si quieres que crea en tu Dios, te daré a beber veneno, y si lo bebes y no mueres, me parecerá que tu Dios es el verdadero». El apóstol respondió: «Cuando me des a beber veneno, si pronuncio el nombre de mi Señor, no podrá dañarme». Aristodemo dijo de nuevo: «Quiero que veas cómo otros beben y mueren enseguida para que hasta tu corazón retroceda ante esta copa».
 
Aristodemo fue entonces al procónsul y le pidió dos condenados que iban a cumplir sentencia de muerte. Y tan pronto como estuvieron en medio de la plaza del mercado, delante de todo el pueblo y a la vista del apóstol les hizo beber el veneno: y así como lo bebieron, entregaron su alma. Aristodemo luego se volvió hacia Juan y le dijo: «Escúchame y deja de instigar a la gente para que se aparte de la adoración a los dioses; o toma y bebe esto para demostrar que tu Dios es todopoderoso si después de beberlo puedes permanecer sano». A continuación, el bendito Juan, mientras yacían muertos los que habían bebido el veneno, tomó la copa como un hombre valiente que a nada teme, y haciendo la señal de la cruz, habló así: «Mi Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, por cuya palabra se hicieron los cielos, a quien todo lo creado está sujeto, a quien sirven las criaturas, ante quien todo poder se inclina, teme y tiembla cuando reclamamos auxilio: cuyo nombre deja inmóvil a la serpiente, hace huir al dragón. Tú, digo, saca el veneno de esta ponzoña, arranca la muerte con que trabaja y prívala de la fuerza que alberga en su interior: y otorga a estas gentes reunidas ojos para que vean y oídos para que oigan y un corazón que pueda comprender tu grandeza».
 
Y habiendo dicho esto, persignó su boca y todo su cuerpo con la señal de la cruz y bebió cuanto había en la copa. Y después de haber bebido, dijo: «Pido que aquellos por cuya causa he bebido se vuelvan a ti, Señor, y con tu iluminación reciban la salvación que está en ti. Y después de que por espacio de tres horas la gente observara que Juan permanecía con el rostro alegre, y que no había en él ni la más mínima señal de palidez ni miedo, comenzaron a gritar en alta voz: «Él es el único Dios verdadero, el que Juan adora».
 
Pero aún así Aristodemo no lo creía, aunque la gente se lo reclamaba: se volvió a Juan y le dijo: «Una cosa me falta: si tú en el nombre de tu Dios levantas a estos que han muerto por el veneno, mi mente se limpiará de toda duda». Juan se acercó a Aristodemo y le dio su capa. Aristodemo le dijo: «¿Por qué me diste tu capa?». Juan le contestó: «Para que así confuso depongas tu infidelidad». Repuso él: «¿Acaso tu capa me hará creer?». Y el Apóstol replicó: «Ve y colócala sobre los cuerpos de los muertos, y dirás así: “El Apóstol de nuestro Señor Jesucristo me ha enviado para que en su nombre podáis levantaros de nuevo, de modo que todos sepan que la vida y la muerte son siervas de mi Señor Jesucristo”». Cuando Aristodemo hubo hecho esto y vio que se levantaban, creyó y le contó lo ocurrido al procónsul, quien se convirtió junto con toda su familia, y haciéndoles ayunar una semana, San Juan los bautizó en nombre de Jesucristo; y construyeron una iglesia en honor de San Juan.
 
Por esta causa, se representa a San Juan Evangelista tambien con un cáliz del que emerge una serpiente (o dragón).
 
San Juan Evangelista (Piero di Cosimo)
   
En la Edad media, se acostumbraba antes de partir a un largo viaje, o a la batalla, e incluso antes de recibir la pena capital, beber el vino bendecido el día de San Juan Evangelista. Posteriormente se redactó la forma litúrgica de esta bendición, apareciendo por primera vez en el Ritual del Arzobispado de Esztergom, Sede Primada de la Hungría, publicado en el año 1485, como Benedíctio vini seu amóris Sancti Joánni tértio die post Dómini nativitátem (Bendición del vino o amor de San Juan, al tercer día después de la Natividad del Señor); y luego fue incorporado en el Ritual Romano tradicional.
 
BENEDÍCTIO VINI IN FESTO S. JOÁNNIS APÓSTOLI ET EVANGELÍSTÆ
  
En la Fiesta de San Juan Apóstol y Evangelista, realizada la Misa mayor, esto es, después del último Evangelio, el Sacerdote, reteniendo todos sus ornamentos, excepto el manípulo, le entrega el vino al pueblo, en memoria y honor de San Juan, que bebió inocuamente el vino envenenado que le dieron sus enemigos, bendiciéndolo de este modo:
  
℣. Adjutórium nostrum in nómine Dómini.
℟. Qui fecit cœlum et terram.
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum Spiritu tuo.
  
Orémus.
  
Bene ✠︎ dícere et conse ✠︎ cráre dignéris, Dómine Deus, déxtera tua hunc cálicem vini et cujúslibet potus: et præsta; ut per mérita sancti Joánnis Apóstoli et Evangelístæ, omnes in te credéntes et de cálice isto bibéntes benedicántur, et protegántur. Et sicut beátus Joánnes de cálice bibens venénum, illǽsus omníno permánsit, ita omnes, hac die in honórem beáti Joánnis de cálice isto bibéntes, méritis ipsíus ab omni ægritúdine venéni, et nóxiis quibúsvis absolvántur, et córpore ac ánima se offeréntes, ab omni culpa liberéntur. Per Christum Dóminum nostrum [Dígnate, Señor Dios, ben ✠︎ decir y con ✠︎ sagrar este vaso de vino y de cualquier bebida por el poder de tu diestra; y concédenos que, por los méritos de San Juan Apóstol y Evangelista, todos tus fieles que beban de él puedan encontrar auxilio y protección, y así como el bienaventurado San Juan bebió la bebida envenenada sin ningún efecto dañoso, que todos los que hoy beban el vino bendecido en su honor sean librados de envenenamientos y de similares cosas nocivas. Y como ellos mismos se ofrecen de alma y cuerpo a Ti, que ellos puedan obtener el perdón de todos sus pecados, por Jesucristo nuestro Señor].
℟. Amen.
   
Béne ✠︎ dic, Dómine, hanc creatúram potus: ut sit remédium salutáre ómnibus suméntibus: et præsta per invocatiónem sancti nóminis tui; ut, quicúmque ex eo gustáverint, tam ánimæ quam córporis sanitátem, te donánte, percípiant. Per Christum Dóminum nostrum [Ben ✠︎ dice, Señor, esta creatura bebida, para que pueda ser una bebida saludable para todo quien la use, y concédele por tu gracia que todos los que gusten de ella puedan disfrutar de salud de alma y cuerpo invocando tu santo Nombre, por Jesucristo nuestro Señor].
℟. Amen.
  
Et benedíctio Dei omnipoténtis, Patris, et Fílii, ✠︎ et Spíritus Sancti, descéndat super hance creatúram vini, et cujúslibet potus, et máneat semper [Y la bendición de Dios omnipotente, Padre, Hijo, ✠︎ y Espíritu Santo, descienda sobre esta creatura vino, y cualquier bebida, y permanezca siempre].
℟. Amen.
  
Y se asperja con agua bendita.
  
Si la bendición se hace privadamente fuera de la Misa, el Sacerdote, revestido de sobrepelliz y estola, procederá del modo anteriormente señalado.
  
ÁLIA BENEDÍCTIO VINI IN FESTO S. JOÁNNIS APÓSTOLI ET EVANGELÍSTÆ
 
Al final de la Misa, después del Evangelio de San Juan In princípio erat Verbum (Juan I, 1-14), decir:
 
Salmo 22
Dóminus regit me, et nihil mihi déerit: * in loco pásquæ ibi me collocávit.
Super aquam refectiónis educávit me: * ánimam meam convértit.
Dedúxit me super sémitas justítiæ, * propter nomen suum.
Nam, et si ambulávero in medio umbræ mortis, * non timébo mala: quóniam tu mecum es.
Virga tua, et báculus tuus: * ipsa me consoláta sunt.
Parásti in conspéctu meo mensam, * advérsus eos, qui tríbulant me.
Impinguásti in óleo caput meum: * et calix meos inébrians quam præclárus est!
Et misericórdia tua subsequétur me* ómnibus diébus vitæ meæ:
Et ut inhábitem in domo Dómini, * in longitúdinem diérum.
 
Kýrie, eléison.
Christe, eléison.
Kýrie eléison.
  
En baja voz: Pater noster, qui es in cœlis, sanctificétur nomen tuum. Advéniat Regnum tuum. Fiat volúntas tua, sicut in cœlo et in terra. Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie. Et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris.
℣. Et ne nos indúcas in tentatiónem.
℟. Sed líbera nos a malo.
℣. Salvos fac servos tuos.
℟. Deus meus, sperántes in te.
℣. Mitte eis, Dómine, auxílium de sancto.
℟. Et de Sion tuére eos.
℣. Nihil profíciat inimícus in eis.
℟. Et fílius iniquitátis non appónat nocére eis.
℣. Et si mortiférum quid bibérint.
℟. Non eis nocébit.
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℟. Et clamor meus ad te véniat.
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
  
Orémus.
 
ORATIO
Dómine sancte, Pater omnípotens, ætérne Deus: qui Fílium, tuum tibi coætérnum et consubstantiálem de cœlis descéndere, et de sacratíssima Vírgine María in hoc témpore plenitúdinis incarnári temporáliter voluísti, ut ovem pérditam et errántem quǽreret, et in húmeris própriis ad ovíle reportáret; nec non ut eum, qui in latrónes íncidit, a vúlnerum suórum dolóre, infúndens ipsi vinum et óleum, curáret; béne ✠︎ dic et sanctí ✠︎ fica hoc vinum: quod de vite in potum hóminum produxísti, et præsta: ut, quisquis in hac sacra solemnitáte de eo súmpserit vel bíberit, salútem ánimæ et córporis consequátur: et si in peregrinatióne fúerit, ab eódem, tua grátia mediánte, confortétur; ut via ejus in omni prosperitáte dirigátur. Per eúmdem Christum Dóminum nostrum [Señor Santo, Padre omnipotente y eterno Dios, que quisiste que tu Hijo, coeterno y consubstancial contigo, bajase del cielo y en la plenitud de los tiempos se hiciera carne temporalmente de la bienaventurada Virgen María, a fin de buscar las ovejas perdidas y descarriadas y llevarlas sobre sus homros al redil, y para sanar vertiendo aceite y vino sobre las heridas del hombre caído entre salteadores; ben ✠︎ dice y santi ✠︎ fica este vino que has producido de la vid para bebida del hombre. Que todos los que prueben o beban de él en esta santa festividad tengan salud de alma y cuerpo, que por tu gracia pueda ser refrigerio para el hombre que está de viaje y le conduzca prósperamente en su camino. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor]. ℟. Amen.
 
Orémus.
 
ORATIO
Dómine Jesu Christe, qui te vitem veram, et sanctos Apóstolos tuos pálmites appellári, et de ómnibus te diligéntibus víneam eléctam plantáre voluísti; béne ✠︎ dic hoc vinum, et virtútem ei tuæ benedictiónis infúnde: ut, quicúmque ex eo súmpserit vel bíberit, intercedénte dilécto discípulo tuo Joánne Apóstolo et Evangelísta, síngulis morbis et venénis pestíferis effugátis, sanitátem inde córporis et ánimæ consequátur: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum [Oh Señor Jesucristo, que hablaste de Ti mismo como la vid verdadera y los Apóstoles como los sarmientos, y que quisiste plantar una viña elegida de todos los que amas, ben ✠︎ dice este vino y e infúndele virtud con tu bendición, para que todos los que prueben o beban de él puedan por la intercesión de tu amado discípulo San Juan Apóstol y Evangelista, ser librados de toda aflicción mortal y venenosa, y consigan sanidad de cuerpo y alma. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos]. ℟. Amen.
 
Orémus.
 
ORATIO
Deus, qui humáno géneri panem in cibum, et vinem in potum procreásti, ut panis corpus confórtet, et vinum cor hóminis lætíficet; quique beáto Joánni prædilécto discípulo tuo tantam grátiam contulísti, ut non solum haustum venéni illǽsus eváderet, sed étiam in tua virtúte venéno prostrátos a morte resusitáret: præsta ómnibus hoc vinum bibéntibus, ut spirituálem lætítiam et vitam conséqui mereántur ætérnam. Per Jesum Christum Dóminum nostrum [Oh Dios, que creaste para el género humano el pan como alimento y el vino como bebida, para que el pan alimente el cuerpo y el vino alegre el corazón del hombre, y que conferiste al bienaventurado San Juan, tu discípulo amado, tan grande favor que no solamente él mismo escapó ileso de la bebida envenenada, sino que por tu poder pudo resucitar a otros que fueron muertos por el veneno; concédele a todos los que beban este vino que merezcan conseguir gozo espiritual y la vida eterna. Por Jesucristo nuestro Señor]. ℟. Amen.
  
Y se asperja con agua bendita.
  
***
 
Ya en casa, el vino bendecido es servido en una copa por el padre de familia, quien lo bebe y lo pasa primero a la madre, y luego alrededor de la mesa a los hijos e invitados, en conmemoración del discípulo de la caridad, saludando de esta forma, mostrando que la caridad es lo que une a la familia: «bibíte amóris Sancte Joánnes Apóstoli in nómine Patris, et Fílii, ✠︎ et Spíritus Sancti. Amen» (Bebe la caridad de San Juan Apóstol, en el nombre del Padre, y del Hijo, ✠︎ y del Espíritu Santo. Amén), respondiendo el siguiente en la mesa «Ubi cáritas et amor, Deus ibi est» (Donde hay caridad y amor, ahí está Dios), tomando la copa y bebiendo.
  
POST SCRIPTUM: En las iglesias de Alemania, hasta los años 1920 se acostumbraba llevar a bendecir una o dos botellas de vino (generalmente tinto), y el vino bendecido se administraba como medicina a los enfermos. Y en Hungría se acostumbra decir en los brindis: «Igyuk meg a Szent János-áldását!» (¡Bebamos la bendición de San Juan!), queriendo expresar así que cualquier veneno se aleje de lo que se esté bebiendo.

SAN JUAN, APÓSTOL Y EVANGELISTA

San Juan Evangelista
 
Nació este Santo Apóstol en Betsaida, ciudad de Galilea, que se interpreta casa de frutos o mantenimientos. Los Griegos le llaman el Teólogo, y con razon; pues es el mayor que ha tenido la Iglesia de Dios. Fue Apóstol, Profeta, Evangelista, Doctor, Virgen y Mártir: fue hermano de Santiago el mayor, e hijo de Zebedeo. Estando pescando en el mar de Galilea con su hermano, fue llamado por el Redentor para elevarle a la alta dignidad de Apóstol y Pescador de las almas. En el momento mismo dejó a sus padres, juntamente con Santiago, abandonaron ambos las redes, barca y cuanto tenían, y fueron en seguimiento de Jesucristo. Los dos se hallaron en las Bodas de Caná, en la curacion de la suegra de San Pedro, fueron testigos de la resurreccion de la hija de Jairo, y merecieron que el Salvador les diese el renombre de Hijos del trueno, para denotar la grandeza de su fe y de su celo.
 
San Juan fue el más joven de todos los Apóstoles, y conservó toda su vida ilesa su preciosa virginidad, a cuya virtud se atribuye la singular predileccion que mereció al Redentor. Él fue uno de los tres Apóstoles que eligió Jesucristo para ser testigos de su gloriosa Transfiguración en el monte Tabor.
 
Así como el Señor amó a San Juan mas que a otro Apóstol, así tambien fue San Juan el más amante del divino Maestro, de lo qual dio patentes pruebas, ya quando quiso estorbar a un hombre que lanzase los demonios en el nombre de Jesucristo, y ya cuando pidió al Redentor que hiciese bajar fuego del Cielo para abrasar a los que no quisieron recibirle en su ciudad.
  
El espíritu de desprendimiento de las dignidades, aunque sean de la Iglesia, es el que inspira el Evangelio: y no parece que San Juan y Santiago estaban bastantemente penetrados de él, cuando instaron a su madre que pidiese para ellos los dos más preeminentes asientos de la Iglesia. El Señor refuta esta pretensión, diciendo: «No sabéis lo que pedís», añadiendo «¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo que yo he de ser bautizado?». «Podemos», respondieron ellos. En cuya respuesta está patente la preparación de su ánimo para padecer por Jesucristo; y en efecto, en su consecuencia el divino Maestro les anuncia que serán participantes de su sacrosanta Pasión. Estos dos hermanos preguntaron al divino Maestro, cuándo sería la ruina del Templo, y su pregunta dio ocasión a Jesucristo para pronosticar la ruina de Jerusalén, y lo que sucedería en su última venida.

San Juan fue enviado con San Pedro a preparar lo necesario para la Pascua, que Jesucristo celebró con sus Apóstoles. En esta última cena, en la que el divino Redentor nos dejó tantas, tan grandes y tan maravillosas pruebas de su amor, dio a San Juan una del muy singular y tierno que le profesaba, permitiéndole que se reclinase en su pecho. Estando en esta postura, le preguntó el Santo Apóstol ¿quién le habia de entregar? y Jesus tuvo la bondad de manifestárselo privadamente. El Evangelista San Juan fue tambien uno de los tres Discípulos que llevó Jesucristo consigo al Huerto de Getsemaní, para hacerlos testigos de su agonía y tristeza, de los cuales Juan fue el único que siguió al Redentor hasta la Cruz.

Estando al pie del sacrosanto madero en el Calvario recibió otra prueba no menos singular de lo mucho que le amaba. Con efecto, poco antes de consumar su sacrificio, viendo a su Madre y al fiel y amante Discípulo dijo, hablando con su Madre: «Mujer, he ahí tu hijo», señalando al Discípulo; y a éste: «he ahí tu Madre», señalando a María: sobre cuyas palabras fundan los Santos Padres el título de hijos adoptivos de la Virgen Santísima propio de todos los fieles; pero el especial hijo adoptivo de la Virgen María fue San Juan, y el que más exáctamente cumplió con sus deberes, y con el encargo de su Maestro, llevándosela en su compañía para cuidarla y consolarla. San Juan permaneció al lado de la Cruz despues de muerto Jesucristo, y el único que testificó haber visto correr sangre y agua del divino sacrosanto Costado.
 
San Juan Evangelista, por su elevado amor a Jesús, mereció no solamente ser el primero en conocer el misterio de su Sagrado Corazón, sino también el ser designado hijo adoptivo y capellán de la Virgen María.
   
Aunque San Pedro y San Juan corrieron juntos para certificarse si habian con efecto robado del Sepulcro el cuerpo del Salvador, segun testificaba María Magdalena, Juan llegó el primero, pero Pedro entró antes en el sagrado Sepulcro. Algunos días después de resucitado el Redentor, hallándose este Santo Apóstol con otros Discípulos, pescando en el mar de Galilea se les apareció el Señor, y Juan fue el primero que dijo: «El Señor es».
 
Era tan excesivo el amor entre San Pedro y San Juan, que aquel no quería apartarse de éste. Entrando juntos a orar en el Templo de Jerusalén, sanaron milagrosamente a un hombre que había estado siempre impedido. Juntos fueron presos por anunciar la Resurrección de Jesucristo, juntos protestaron con la mayor entereza y sin temor a las amenazas de los Judíos, que primero era obedecer a Dios que a los hombres; juntos los libró un Ángel, juntos fueron a Samaria para que recibiesen al Espíritu Santo los que habían sido bautizados por el Diácono Felipe, juntos predicaron por diferentes pueblos de aquellas regiones la fe del Crucificado, juntos se volvieron a Jerusalén y finalmenmente asistieron al Concilio celebrado en esta ciudad, como columnas de la santa Iglesia.

Cumplió con su ministerio recorriendo el Asia y predicando en ella el Evangelio. No hubo ciudad ni pueblo en las dilatadas provincias del Asia menor que no iluminase con las luces de su fe. Todas las Iglesias de ella, dice San Jerónimo, las fundó, las rigió y gobernó como Doctor y Maestro, asignando a cada una su respectivo Pastor.

En la bárbara y cruel persecucion de Domiciano, fue conducido a Roma, dice Tertuliano, y metido en una tina de aceite hirviendo delante de la puerta Latina. En ella entró deseoso de apurar el cáliz que le habia anunciado Jesucristo; pero Dios le conservó la vida milagrosamente, y lejos de recibir lesión alguna, salió de la tina más vigoroso y sano que había entrado en ella. En seguida fue desterrado a la isla de Patmos para trabajar en las minas y canteras. Aquí tuvo las maravillosas visiones y revelaciones que escribe en su Apocalipsis, que como dice San Agustín, conciernen al estado de la Santa Iglesia desde la primera hasta la última venida de Jesucristo.
 
Martirio de San Juan Evangelista

Visión del Apocalipsis de San Juan.
  
Por muerte de Domiciano fueron rescindidas y anuladas por el Senado las actas de su gobierno, y de consiguiente libre San Juan de su destierro. Volvióse pues a Éfeso, en cuya ciudad hizo su principal residencia como la había tambien hecho anteriormente, después de sus dilatadas peregrinaciones. En esta ciudad fue, donde rogado de sus Discípulos, de muchos Obispos, y de todos los Fieles de las Iglesias que habia fundado, escribió su Evangelio, para confutar los errores de Ebión y Cerinto, que negaban la divinidad de Jesucristo. Su pluma es la más elevada y sublime entre todos los Evangelistas; porque empezando uno su Evangelio por la generacion temporal de Jesucristo, otro por la profecia de Malaquías, otro por el Sacerdocio de Zacarías, San Juan como Águila entre todos ellos se remonta al seno mismo de la Divinidad, y su Evangelio da principio por la eterna generacion del Verbo. Habla también de la predicación de Jesucristo; y aunque muy breve, comprehende varias particularidades que omitieron los otros Historiadores sagrados. En sus cartas se descubre todo el fuego de la caridad que le abrasaba.
  
A los últimos días de su vida era conducido de sus Discípulos a la Iglesia a causa de su ancianidad y flaqueza, y no pudiendo hacer largos discursos, repetia con frecuencia esta sentencia y precepto del Señor: «hijitos mios, amaos mutuamente». Precepto que observado exactamente es muy bastante para justificarnos y salvarnos. Finalmente, este Santo Apóstol, Evangelista, Profeta, Virgen y Mártir, murió en Éfeso de edad de cerca de cien años.
  
Muerte de San Juan Evangelista

Frey JULIÁN ANTONIO DE ALIQUE Y ESTEBAN OSSJ. Novena del Glorioso Apóstol y Evangelista San Juan, con un resumen de su santa vida. Madrid, Imprenta de Benito Cano, 1803.
  
MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA DE SAN JUAN
I. He aquí al amigo íntimo de Jesús, aquél que descansó sobre su pecho en la última Cena, ya quien el divino Salvador hizo partícipe de sus más grandes secretos. La primera condición de una verdadera amistad es no tener secretos para el amigo. ¿Está abierto tu corazón para Jesús? ¿No tomas ninguna resolución sin haberlo consultado? En todo tiempo puedes penetrar en su corazón por la adorable llaga de su costado; ¡Y Él no puede hacerlo en el tuyo, lleno como está totalmente de las creaturas! «Os amo, oh Dios mío, y deseo amaros siempre más». (San Agustín).
 
II. La segunda cualidad de la amistad es compartir con el amigo lo que se posee. Ahora bien, Jesús durante su vida dióse todo entero a San Juan y, al morir, le dio a su madre. "Hijo mío, dijo, he aquí a tu Madre". San Juan se había dado por entero a Jesús, había abandonado todo para seguirlo. Date del mismo modo todo entero a Jesús, si quieres ser su amigo. ¿A quién destinas tu corazón? el mundo es indigno de poseerlo. ¿Qué has dado a Jesús en retribución de su ternura? ¿Le has consagrado tu cuerpo, tu voluntad, tu inteligencia, en una palabra todo lo que eres y todo lo que posees?
  
III. En fin, la tercera cualidad de la amistad es la semejanza: el amor hace semejantes a los amigos, si ya no lo son. Fue también este amor el que hizo a San Juan semejante a Jesús, lo hizo también hijo espiritual de María. Jesús te amará, si te asemejas a Él. Para lograrlo, es menester, no que te recuestes visiblemente sobre el corazón de Jesús, sino que Jesús venga a tu corazón, y que no tengas tú otra voluntad que la suya. «Tener los mismos gustos, y las mismas repugnancias, he ahí la verdadera amistad». (San Jerónimo).
  
El amor de Dios. Orad por el aumento de la caridad.
 
ORACIÓN
Dignaos, oh Dios de bondad, derramar sobre vuestra Iglesia los rayos de vuestra luz celestial, a fin de que iluminada con las enseñanzas de San Juan, vuestro Apóstol y Evangelista, alcance las recompensas eternas. Por J. C. N. S. Amén.

martes, 18 de diciembre de 2018

NOVENA EN HONOR DE SAN JUAN EVANGELISTA

Novena compuesta por frey Julián Antonio de Alique y Esteban, capellán de la orden de San Juan de Jerusalén y del cabildo de San Ildefonso, y prior de la iglesia de San Gil en Huete (Cuenca); e impresa en Madrid por Benito Cano en 1803. Don Luis María de Borbón y Vallabriga, Cardenal protopresbítero de Santa María de la Escala, Arzobispo de Toledo y Primado de las Españas, y administrador apostólico del Arzobispado de Sevilla, concedió cien días de Indulgencia a todos los fieles que concurran devotamente a esta Novena; y Mons. Ramón Falcón y Salcedo, Obispo de Cuenca, concedió además otros cuarenta días de Indulgencia. Puede rezarse en cualquier momento del año, especialmente en preparación al 27 de Diciembre (fiesta litúrgica) y al 6 de Mayo (martirio en la Puerta Latina de Roma).
  
NOVENA DEL GLORIOSO APÓSTOL Y EVANGELISTA SAN JUAN
   

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Dulcísimo Jesús mío, por ser tan bueno como sois, me pesa en el alma de haberos ofendido, y propongo con vuestra divina gracia nunca más pecar, prefiriendo antes perder mil vidas que tuviera, que cometer un solo pecado. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Omnipotente Señor, que sin dejar la diestra de tu eterno Padre, bajaste de los Cielos a la tierra, y tomando carne mortal en el vientre de María, te apropiaste nuestras miserias, sin menoscabo de tu infinita majestad, y fundaste la Santa Iglesia sobre el fundamento de los Profetas y Apóstoles, para que sirviese de redil al pueblo cristiano, que debía congregarse en ella de todas las naciones del mundo, yo te suplico por los infinitos méritos de tu Pasión Sacrosanta, por los de tu Sacratísima Madre María, y por los de los Santos Apóstoles, primeras columnas de la militante Iglesia, y fieles mensajeros de tu sagrada doctrina, finalmente, por los de todos los Santos y Santas de la Corte celestial, que defiendas a esta misma Iglesia de todas las borrascas con que sus enemigos la combaten, alejes de ella toda iniquidad, des celo a sus Pastores, y luz sobrenatural, para mantener la pureza de la fe y la integridad de las costumbres. También te pido por la prosperidad de todos los reinos católicos, y señaladamente el de España, por la salud de nuestros católicos reyes, por el buen orden de los pueblos y familias, por la paz y concordia de los príncipes cristianos, y por la extirpación de todas las herejías en el mundo, para que en él sea reverenciado y adorado solamente tu santo y terrible nombre. Y para apoyar mi confianza, yo te presento los grandes merecimientos de tu más querido discípulo, el Apóstol y Evangelista San Juan, por cuya intercesión espero conseguir lo que en esta santa novena pido y suplico, si ha de ser para mayor honra tuya y bien de mi alma. Amén.
  
Se rezará tres veces el Padre nuestro, Ave María, y Gloria Patri: Después haciendo una breve pausa, cada uno pedirá a Dios por la intercesión del Santo Evangelista aquello que más necesite, y es el fin de hacer la novena, advirtiendo que los bienes espirituales se piden absolutamente, y los temporales bajo la condición de si convienen.
   
DÍA PRIMERO – 18 DE DICIEMBRE
ORACIÓN PARA EL DÍA PRIMERO
¡Oh glorioso Apóstol y sagrado Evangelista San Juan, fiel discípulo de la sabiduría del Eterno Padre, escogido de Dios para el alto ministerio de enseñar al mundo la ley y la doctrina del Crucificado, y uno de los primeros llamados para seguir a Jesucristo, yo te suplico por aquella prontitud con que abandonaste tus redes y ejercicio de pescador, con el que ayudabas al mantenimiento de tus pobres padres, y seguiste las divinas inspiraciones, que me alcances de la infinita bondad un ánimo pronto y resuelto para dejar por Dios todas las cosas de este mundo, anteponiendo su amor y servicio a todo lo terreno y caduco, siguiendo sus santas inspiraciones y cooperando con todas mis fuerzas, sentidos y potencias a su mayor honra y gloria: obediencia y sumisión a mis mayores y superiores, respetándolos y reverenciándolos como depositarios de la autoridad y superioridad de mi Dios y Criador, en cuyo nombre mandan y gobiernan los grandes potentados del mundo, los superiores y jefes de la Iglesia, los padres de familia, y todos los que ejercen justamente alguna superioridad sobre sus semejantes, para que cumpliendo yo a imitación tuya con todos estos deberes que enseña y manda la religión cristiana a todos sus profesores, sea digno de acompañarte después de esta vida mortal por toda la eternidad en la gloria. Amén.
   
GOZOS DEL SANTO EVANGELISTA SAN JUAN
  
Discípulo el más amado
Juan, del Divino Maestro,
Te hacemos Protector nuestro,
Evangelista sagrado.
    
Virgen Juan tan escogido
Fuiste tan privilegiado,
Que quedas santificado,
Aun antes de haber nacido,
Otro Juan favorecido
Solo fue en el mismo grado*. 
Te hacemos Protector nuestro,
Evangelista sagrado.
    
Lugar de tu nacimiento
Fue Betsaida, en Galilea,
Que entiende la frase hebrea
Casa de mantenimiento.
Belén por raro portento
Lo es del pan más regalado.
Te hacemos Protector nuestro,
Evangelista sagrado.
    
Eres claro descendiente
De David: deudo cercano
Del Redentor Soberano,
Su Discípulo eminente
Y en todo perfectamente
Es de tu amor imitado.
Te hacemos Protector nuestro,
Evangelista sagrado.
    
Juan te pusieron por nombre,
Juan que gracia significa,
Como el suyo Cristo explica,
Siendo Salvador del hombre.
Y por lo mismo el renombre
Te conviene de agraciado.
Te hacemos Protector nuestro,
Evangelista sagrado.
    
Estabas alrededor
De tu barco y de tus redes
Con tu hermano, y las mercedes
De Jesús, pesca mejor
Os prepara, y pescador
Te hicieron más consumado.
Te hacemos Protector nuestro,
Evangelista sagrado.
    
Pues que todo lo dejaste,
Dijo Jesús de amor lleno,
«Llamaráste Hijo del trueno,
Si hasta aquí Juan te llamaste».
Así lo verificaste
Con celo el más abrasado.
Te hacemos Protector nuestro,
Evangelista sagrado.
    
En la amenidad frondosa
De la Iglesia militante
Es azucena fragante
Tu virginidad preciosa:
Puro lirio, intacta rosa,
Y adorno el más delicado.
Te hacemos Protector nuestro,
Evangelista sagrado.
    
Quiso tu abrasado celo
Contra los habitadores
De Samaria, abrasadores
Rayos bajasen del cielo,
No dando entrada su suelo
Al Salvador adorado.
Te hacemos Protector nuestro,
Evangelista sagrado.
    
Ser testigo mereciste
De la gloria del Tabor;
Fue justo, pues del dolor
También del Gólgota fuiste:
De él al mundo entero diste
Testimonio nunca dado.
Te hacemos Protector nuestro,
Evangelista sagrado.
    
¡Oh qué singulares dones!
¡Oh qué sublimes dulzuras!
¡Oh qué caricias tan puras!
¡Oh qué inmensas perfecciones!
Cuando en la cena te pones
Contra el pecho de tu amado.
Te hacemos Protector nuestro,
Evangelista sagrado.
    
Cristo de la cruz pendiente,
Cerca ya de la agonía,
Hijo te hace de María,
Y a esta Señora, clemente
Madre tuya: reverente
La admites regocijado.
Te hacemos Protector nuestro,
Evangelista sagrado.
    
Qué bien que verificaste
Lo que al Señor ofreciste,
Cuando su cáliz bebiste,
Y al pie de la cruz te hallaste.
Todo a pechos te le echaste
Mirando al crucificado.
Te hacemos Protector nuestro,
Evangelista sagrado.
    
Desde tan feliz momento
Veinte y tres años viviste
Con tan dulce Madre; y fuiste
Cual Obededom, contento
Del arca del Testamento
Guarda más afortunado.
Te hacemos Protector nuestro,
Evangelista sagrado.
    
Plausible convencimiento
Diste al pueblo congregado,
Que es Dios el crucificado,
Dando a un cojo movimiento,
Que lo era de nacimiento,
Juan, de Pedro acompañado.
Te hacemos Protector nuestro,
Evangelista sagrado.
    
El cáliz que tu deseo
Quiso en la puerta Latina
En una ferviente tina
Apurarle, según creo,
Para ti en dulce recreo
Celestial fue transformado.
Te hacemos Protector nuestro,
Evangelista sagrado.
    
Después en las soledades
De Patmos cuando escribiste
Tu Apocalipsis, nos diste
Las recónditas verdades
De sabias profundidades,
Profeta el más elevado.
Te hacemos Protector nuestro,
Evangelista sagrado.
    
Águila te remontaste
Con el más rápido vuelo
Desde la tierra hasta el cielo
Virgen Juan, cuando formaste
Tu Evangelio y nos dejaste
Tesoro tan acendrado.
Te hacemos Protector nuestro,
Evangelista sagrado.
    
Cierto joven afligido
Con necesidad acerba
Miró un puñado de hierba
En tu mano convertido
En oro, y fue socorrido
De tu paternal agrado.
Te hacemos Protector nuestro,
Evangelista sagrado.
    
Un número prodigioso
De muertos resucitaste,
Y a todo el Asia admiraste,
Taumaturgo milagroso:
Su padre el más afectuoso
Y su más digno prelado.
Te hacemos Protector nuestro,
Evangelista sagrado.
    
Tu ancianidad determina
Morir en la sepultura,
Y allí mismo una luz pura
Y radiante te ilumina.
Muerte no: fue expresión fina
Del amante con su amado.
Te hacemos Protector nuestro,
Evangelista sagrado.
    
Antífona: Veis aquí a mi querido niño, a quien yo escogí, y sobre el que puse mi Espíritu.
℣. San Juan bienaventurado mucho debe ser honrado.
℟. Porque en la cena del Señor sobre su pecho fue recostado.
 
ORACIÓN
Oh Dios, que miras que por todas partes nos cercan nuestros males: concédenos propicio que seamos defendidos de ellos por la intercesión de San Juan, tu Apóstol y Evangelista. Por los méritos de nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO – 19 DE DICIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días, los tres Padre nuestros con Ave María y Gloria, y pedir la gracia que se desea recibir.
  
ORACIÓN PARA EL DÍA SEGUNDO
Oh gloriosísimo Evangelista San Juan, luz de la Iglesia y honor del Colegio apostólico, yo te venero y reverencio recostado en el pecho de tu Amorosísimo Maestro, mi Señor Jesucristo, después de haber recibido en la postrera cena su Cuerpo santísimo, favor no concedido a otro alguno de los escogidos, donde bebiendo de aquella fuente de la vida eterna los más admirables y recónditos misterios de la Divinidad, de tal suerte y con tanta abundancia te llenaste de ellos, que rebosaron por toda la Iglesia, siendo tus palabras y tu pluma el arcaduz por donde todos los fieles los gozamos, fecundando a la misma santa Iglesia con tan divinas y soberanas corrientes. Suplícote, amado de mi corazón, que por tu intercesión alcance yo a beber de aquella agua de la vida, que corre del soberano pecho de Jesús, y que todos los cristianos nos aprovechemos de tan inmensos e inestimables raudales para lavar y purificar con ellos todas nuestras manchas e imperfecciones, y recibir en esta vida dignamente el Santísimo Sacramento del altar. Amén.
   
Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
 
DÍA TERCERO – 20 DE DICIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días, los tres Padre nuestros con Ave María y Gloria, y pedir la gracia que se desea recibir.
  
ORACIÓN PARA EL DÍA TERCERO
Oh águila remontada y celestial, no solo por la sublimidad de tu ciencia, sino también por la grandeza de tu amor, que anidaste en el monte Calvario, colocando tu amante corazón sobre la palma de la santísima Cruz, en compañía de la Serenísima Reina de los Cielos, cuando viste padecer en ella a la majestad de tu amante y amado Jesucristo, Señor nuestro: donde fueron tus tormentos tan crecidos, que a un mismo tiempo padeciste tres cruces: la de Jesús viéndole padecer tan sin culpa; la de la Virgen Santísima, considerando atravesada su alma, y herido su corazón con el cuchillo que profetizó Simeón, y la tuya que hirió tu alma llenándola de compasión a vista de tan inocentes víctimas, no como el ingrato Absalón, sino como el más agradecido y fiel discípulo del Soberano Maestro. Suplícote, amado de mi alma, que me alcances del Señor un profundo sentimiento de sus acerbísimos dolores, de los de la Virgen María, y de los tuyos; y que sea tan vehemente, que parta mi corazón de pesar por haber ofendido con mis culpas a tan amable e infinita bondad, siendo ellas la causa de tan crecidos tormentos. Amén.
   
Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
  
DÍA CUARTO – 21 DE DICIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días, los tres Padre nuestros con Ave María y Gloria, y pedir la gracia que se desea recibir.
  
ORACIÓN PARA EL DÍA CUARTO
Oh regalado discípulo de mi Señor Jesucristo, que lograste aquel favor tan grande, que no alcanzó a otro alguno de los nacidos, como fue que el soberano Redentor (aun en medio de tantos tormentos como padecía) cuidase tanto de ti, en atención a tu virginidad y pureza, que estando al pie de la cruz te dio por madre a su misma Santísima Madre, señalándote por hijo de tan soberana Reina, y por hermano suyo, para que hicieses sus veces, y suplieses su ausencia sirviendo de alivio y consuelo a tan sola, dolorida y afligida Señora, y fueses su fidelísimo Capellán y Custodio mientras estuviese en este mundo. Suplícote por aquel amor con que la Reina del mundo te amó, y por aquel con que tú la serviste, reverenciaste y veneraste, trayéndola siempre en tu compañía, me alcances de su divina Majestad una devoción grande, tierna y fervorosa con la Santísima Virgen María, a fin de que conservándome en toda pureza pueda alistarme en el número de sus hijos. Amén.
   
Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
    
DÍA QUINTO – 22 DE DICIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días, los tres Padre nuestros con Ave María y Gloria, y pedir la gracia que se desea recibir.
  
ORACIÓN PARA EL DÍA QUINTO
Oh Apóstol santo, en quien con particularidad admirable descansó el Espíritu del Señor, por aquella indecible alegría que recibió tu bendita alma cuando habiendo llegado a tu noticia la gloria, triunfo y resurrección de tu Maestro, saliste corriendo con el Apóstol San Pedro a visitar el sepulcro en que fue depositado el cuerpo del Redentor y tú cómo más amante le ganaste en la carrera, porque tu grande amor te dio alas para volar, si a Pedro el suyo le dio pies para correr; y si entró Pedro primero en el sepulcro fue porque había de morir primero. Suplícote humildemente me alcances de tu amante y amado Jesús un amor que no solo corra, sino que vuele para hacer las cosas pertenecientes a su santo servicio, para que cuando este miserable cuerpo descanse en la sepultura, mi alma sea conducida al paraíso de las eternas delicias. Amén.
   
Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
    
DÍA SEXTO – 23 DE DICIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días, los tres Padre nuestros con Ave María y Gloria, y pedir la gracia que se desea recibir.
  
ORACIÓN PARA EL DÍA SEXTO
Oh sagrado Evangelista y diligente sembrador de la palabra de Dios, que habiendo fundado las siete Iglesias de Asia, de las cuales eres reconocido por Patriarca y fundador, y que estando, en Éfeso en compañía de la Reina de los Cielos y Madre tuya, fuiste aprisionado por el cruel Domiciano, y desde allí conducido a Roma, ligado con una fuerte y pesada cadena: donde, como dice Tertuliano, te metieron en una tina de aceite hirviendo, para que allí perdieses la vida por invencible Confesor de la fe del Crucificado, mas por un patente milagro de la Omnipotencia de Dios, no solo saliste vivo y sin lesión, sino más remozado, más puro y vigoroso: lo cual fue causa de que fueses desterrado a la Isla de Patmos: suplícote con todas las veras de mi alma, que aquella cadena de tu prisión me ponga en libertad de toda culpa por tu intercesión, y el aceite de tu martirio me sirva de fomento, para que siempre arda en mi alma la lámpara de la caridad de Dios y de mi prójimo, y así mismo en todos vuestros devotos: y finalmente, que por vuestro destierro seamos conducidos a la compañía de los Ángeles y Santos, para alabar a Dios por eternidades perpetuas. Amén.
   
Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA SÉPTIMO – 24 DE DICIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días, los tres Padre nuestros con Ave María y Gloria, y pedir la gracia que se desea recibir.
  
ORACIÓN PARA EL DÍA SÉPTIMO
Oh hombre celestial, y Ángel en la tierra, a quien la Soberana Majestad de nuestro Dios reveló el estado de la Santa Iglesia hasta el fin del mundo con tantas y tan admirables visiones, cuales jamás experimentó justo alguno, por más eminente que haya sido en la virtud y santidad, a quien los Ángeles llamaron consiervo suyo, no permitiendo se humillase tu persona a ninguno de ellos, por más elevado que fuese; y a quien finalmente preservó la divina Providencia del tósigo mortífero con que tus enemigos intentaron quitarte violentamente la vida; yo te suplico humildemente me alcances del Dios de la Sabiduría el puro conocimiento de su santa ley, para arreglar todas las acciones de mi vida por este indefectible nivel, esfuerzo para rebatir y no prestar adoraciones al ídolo de mis pasiones, luz para conocer las astucias de mis enemigos y evitar las venenosas sugestiones del mundo, del demonio y de la carne, que con tan terrible batería intentan desalojar de mi alma la gracia y las virtudes: y últimamente te suplico que afianzada mi alma en las verdades de la santa fe, sostenida del áncora de la esperanza en las promesas de la infinita bondad, logre eternizar el amor y caridad de mi Señor Jesucristo en la patria celestial. Amén.
   
Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA OCTAVO – 25 DE DICIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días, los tres Padre nuestros con Ave María y Gloria, y pedir la gracia que se desea recibir.
  
ORACIÓN PARA EL DÍA OCTAVO
Oh Querubín científico, luz del mundo por tu admirable doctrina, Águila de los Evangelistas, que subiendo hasta el seno del eterno Padre, hallaste en él el principio sin principio de todas las cosas, y confundiste los errores y falsos dogmas de los enemigos de la religión cristiana, que negaban la divinidad de nuestro adorable Redentor Jesucristo, Hijo unigénito de María Santísima y del Eterno Padre, igual a Él y consustancial, tan eterno, tan inmenso y omnipotente como Él, y una de las tres divinas personas de la Trinidad beatísima: Doctor consumado de la Católica Iglesia, el primero, el mayor y el más profundo Teólogo de la escuela de Jesús, Maestro de las más altas verdades que defendiste a presencia de las potestades terrenas, sin que te aterrasen las amenazas ni los más crueles tormentos, persecuciones, destierros y demás calamidades de la vida; suplícote que me alcances del Padre de las luces, conocimiento para discernir el error, ciencia para rebatirle, constancia en la profesión de las verdades reveladas, fortaleza para confesar el nombre de Jesús y hacer pública profesión de su doctrina delante de los hombres, aunque sea a costa de mi propia vida: para que siendo fiel imitador tuyo en la firmeza de la fe, sea tu compañero en el premio de esta fe, que es la visión clara de Dios en el reino de la gloria. Amén.
   
Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
 
DÍA NOVENO – 26 DE DICIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días, los tres Padre nuestros con Ave María y Gloria, y pedir la gracia que se desea recibir.
  
ORACIÓN PARA EL DÍA NOVENO
Oh Serafín amante, abrasado en la hoguera del divino pecho de Jesús, que desde el momento de tu vocación hasta el último instante de tu vida ejercitaste las más heroicas obras de amor y caridad, cuya virtud fue tu principal empleo, sacrificando a ella tu reposo y tranquilidad, despreciando por el amor de tu Maestro los peligros, las cárceles, los destierros, las persecuciones, y aun la misma muerte, fomentando esta virtud en tus discípulos, insinuándote en sus corazones del modo más suave y apacible, amándolos a todos con un amor entrañable y sincero, y enseñándolos a que ellos se amasen mutuamente, pues en los últimos años de tu dilatada vida jamás se apartaba de tu boca aquella santísima máxima: «Hijos míos, amaos mutuamente», en la que consiste la suma de la ley de Jesucristo, y el mayor de todos sus preceptos. Suplícote, bendito Apóstol, Evangelista sagrado, Mártir invicto, inocente Virgen, Doctor iluminado, Serafín encendido, que me alcances del Señor su caridad, amor a mis prójimos, principalmente a mis mayores enemigos y a los que conspiran contra mi opinión y fama, a los que me aborrecen; para que volviéndoles bien por mal en esta vida, merezca ser participante con vos del premio eterno de la gloria. Amén.
    
Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
 
* Aunque se dice en el primer Gozo de esta Novena que San Juan Evangelista fue santificado antes de haber nacido, como lo fue el Bautista, no se entienda por eso que este elogio se le atribuye con igual certeza que al glorioso Precursor de Jesucristo; sino solo se afirma este privilegio del Discípulo amado por una especie de piadosa conjetura, fundada en el alto ministerio a que le destinó su Maestro estando en la cruz para morir: como del Patriarca San José lo dijo el docto y devoto Juan Gerson, de Santa Asela San Jerónimo, de Santo Domingo de Guzmán y de otros Santos varios Autores Católicos. Y en este mismo sentido lo han afirmado de nuestro Santo algunos Escritores de su vida.

viernes, 6 de mayo de 2016

MARTIRIO DE SAN JUAN EVANGELISTA EN LA PUERTA LATINA

"Mi cáliz sí que lo beberéis; pero el asiento a mi diestra o siniestra no me toca concederlo a vosotros, sino que será para aquellos a quienes ha destinado mi Padre". (Mateo 20, 23)
    
Martirio de San Juan Evangelista
  
Estas palabras de Jesucristo anunciando al discípulo muy amado que bebería, también él, el cáliz de dolor, cumpliéronse cuando, a pesar de su mucha edad, Domiciano lo hizo venir de Éfeso, desde donde gobernaba las iglesias de Asia, a Roma. Por no querer obedecer a Domiciano ni adorar los falsos dioses, le azotaron, lo desnudaron y fue llevado fuera de la ciudad, frente a la puerta llamada Latina, y se lo sumergió en una caldera llena de aceite hirviendo ante la presencia del Senado y de la ciudad entera. Entró con gran alegría y seguridad el glorioso evangelista, acordándose las palabras de Cristo nuestro Señor, pero ¡oh milagro!, aunque se abrasaron algunos de los ministros impíos que atizaban el fuego, salió el santo de la caldera como de un baño refrescante, más fuerte y vigoroso de lo que entrara, lo cual causó gran alegría a los cristianos que allí se hallaban, algunos de los cuales confesaron su fe. Domiciano desterró al santo Apóstol a la isla de Patmos, donde escribió el Apocalipsis y convirtió a muchos a la fe de Jesucristo.

REFLEXIÓN
San Juan evangelista es el único apóstol que no murió mártir; pero mira con qué generoso corazón se ofrecía a la muerte, entrando en la caldera con aceite hirviendo. ¿Quién no recibirá pues con toda confianza el divino Evangelio que escribió? ¿Quién rehusará darle fe después de habernos él dado su ilustre testimonio por estas palabras: "Os anunciamos lo que hemos visto por nuestros ojos, lo que hemos oído por nuestros oídos, lo que hemos palpado con nuestras manos acerca del Verbo de eterna vida, a fin de que creyendo en él alcancéis la vida eterna"?. Quien menosprecie este testimonio, merece ser despreciado; quien lo repruebe, merece ser eternamente reprobado.
    
MEDITACIÓN SOBRE LA LEGÍTIMA Y SANTA AMBICIÓN
I. No busques los honores y las dignidades de este mundo; son pesadas cargas que abrumarán tu flaqueza. Huye de esos honores; no viniste a este mundo para mandar a los hombres, sino para obedecer a Dios. La cuenta que deberás rendir por ti mismo es ya bastante pesada, no te recargues sin necesidad con el alma de tu prójimo. Con todo, si Dios te llama a esas dignidades, obedece; Él te dará las gracias necesarias para llevar la carga que te haya puesto sobre los hombros.
   
II. Tu ambición debe limitarse a desear los primeros lugares en el cielo e imitar, en la medida de tus fuerzas, a los santos más grandes del paraíso. No digas con algunos cristianos cobardes: “Bastante es para mí si Dios quiere colocarme en el pórtico del paraíso”; aspira a la más alta perfección que puedas. No podrás amar a Dios y al prójimo con exceso; nunca se harán demasiados esfuerzos para llegar al cielo. Alma cristiana, eleva tus pensamientos, la tierra no es digna de ti. "El mundo no está hecho para ti; no ames, pues, al mundo; no es digno de ti, vales mucho más" (San Bernardo).
   
III. Ardientemente desea sufrir por Jesucristo, beber su cáliz, ser humillado como Él: es un honor que puedes perseguir ardorosamente con toda intrepidez. Si conocieses las recompensas que están preparadas para las humillaciones y los sufrimientos, los buscarías con más ahínco que el que ponen los ambiciosos para conseguir las posiciones más brillantes. Fue un honor el que hizo Jesús a su discípulo predilecto, haciéndole beber del cáliz en que había bebido Él mismo.
 
El amor a los sufrimientos. Orad por la conversión de los infieles.
 
ORACIÓN
Oh Dios, que veis cuán turbados estamos por los males que nos rodean por todas partes, haced que seamos protegidos por la gloriosa intercesión de vuestro Apóstol y Evangelista San Juan. Por J. C. N. S. Amén.

sábado, 4 de abril de 2015

LAMENTACIONES DE NUESTRA SEÑORA Y DEL APÓSTOL SAN JUAN

     
¡Ay dolor, dolor,
por mi Hijo y mi Señor!
Yo soy aquella María
del linaje de David.
Oíd, señores, oíd,
la gran desventura mía.
  
¡Ay dolor!
   
A mí dijo Gabriel
que el Señor era conmigo,
y dejóme sin abrigo,
amarga más que la hiel.
Díjome que era bendita
entre todas las nacidas
y soy de las afligidas
la más triste y más aflicta.
   
¡Ay dolor!
   
¡O vos, hombres que transitáis
por la vía mundanal,
decidme si jamás visteis
igual dolor que mi mal!
Y vosotras que tenéis
padre, hijos y maridos,
acorredme con gemidos,
si con llantos no podéis.
   
¡Ay dolor!
   
Llorad conmigo, casadas;
llorad conmigo, doncellas,
pues que véis las estrellas
oscuras y demudadas,
véis el templo destruido,
la luna sin claridad.
Llorad conmigo, llorad
un dolor tan dolorido.
   
¡Ay dolor!
   
Llore conmigo la gente
de todos los tres estados,
por lavar cuyos pecados
mataron al inocente,
a mi Hijo y mi señor,
mi Redentor verdadero.
¡Cuitada! ¿Cómo no muero
con tan extremo dolor?
   
¡Ay dolor!
   
¡Ay dolor, dolor,
por mi primo y mi Señor!
Yo soy aquel que dormí
en el regazo sagrado,
y grandes secretos vi
en los Cielos sublimado.
   
Yo soy Juan, aquel privado
de mi Señor y mi primo;
yo soy el triste que gimo
con un dolor extremado.

¡Ay dolor!
   
Yo soy el primo hermano
del Hacedor de la luz,
que por el linaje humano
quiso subir en la Cruz.
¡Oh, pues, hombres pecadores,
rompamos nuestros vestidos!
¡Con dolorosos clamores
demos grandes alaridos!
   
¡Ay dolor!
   
Lloremos al compañero
traidor porque le vendió.
Lloremos aquel Cordero
que sin culpa padeció.
Luego me matara yo,
cuitado, cuando lo vi,
si no confiara de mí
la Madre que confió.
    
¡Ay dolor!
   
Estando en el agonía
me dijo con gran afán:
"Por madre tendrás tú, Juan,
a la Santa Madre mía".
¡Ved qué troque tan amargo
para mí de grande cargo!
   
¡Ay dolor!
    
¡Oh hermana Magdalena,
amada del Redentor!
¿Quién podrá con tal dolor
remediar tan grave pena?
¿Cómo podrá dar consuelo
el triste desconsolado
que vio crucificado
al muy alto Rey del Cielo?
  
¡Ay dolor!
   
¡Oh Virgen Santa María,
Madre de mi Salvador!
¡Qué nuevas de gran dolor
si pudiese os diría!
Mas, ¿quién las podrá decir,
quién las podrá recontar,
sin gemir, sin sollozar,
sin prestamente morir?
    
¡Ay dolor!
   
Vos, mi hijo adoptivo,
no me hagáis más penar.
Decidme sin dilatar
si mi Redentor es vivo,
que las noches y los días,
si de Él otra cosa sé,
nunca jamás cesaré
de llorar con Jeremías.
   
Señora, pues de razón
conviene que lo sepáis,
es menester que tengáis
un muy fuerte corazón,
y vamos, vamos al huerto,
donde veréis sepultado
vuestro Hijo muy preciado
de muy cruda muerte muerto.
  
Gómez Manrique, Lamentaciones hechas para la Semana Santa