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viernes, 18 de mayo de 2018

NOVENA EN HONOR DE LA SANTISIMA TRINIDAD

Novena compuesta por un sacerdote de la Compañía de Jesús, con Imprimátur otorgado por Mons. Pedro Espinosa y Dávalos, gobernador de la Mitra (luego Obispo) de Guadalajara (México), el 19 de Agosto de 1853. Los Gozos son de la autoría del Beato Diego José de Cádiz OFM Cap.
 
MODO DE PRACTICAR LA NOVENA.
El tiempo de hacer esta novena puede ser cualquiera del año, pues todos los días son del Señor; pero principalmente se podrá hacer nueve días antes de la fiesta de la Santísima Trinidad, en el cual tiempo, con la dirección del confesor, comulgará tres veces, ayunará si pudiere, los tres días de las témporas de aquella semana (Miércoles, Viernes y Sábado infraoctava de Pentecostés), y frecuentará entre día actos de fe, esperanza y caridad de este sacrosanto misterio.
  
NOVENA EN HONOR DE LA SANTISIMA TRINIDAD

   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
Puesto de rodillas delante de alguna imagen de la Beatísima Trinidad, hará con todas veras este Acto de Contrición:
Amorosísimo Dios, Trino y Uno, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en quien creo, en quien espero, a quien amo con todo mi corazón, cuerpo y alma, potencias y sentidos, por ser Vos mi Padre, mi Señor y mi Dios, infinitamente bueno y digno de ser amado sobre todas las cosas: me pesa, Trinidad Santísima; me pesa, Trinidad misericordiosísima; me pesa, Trinidad amabilísima, de haberos ofendido, sólo por ser quien sois; propongo y os doy palabra de nunca más ofenderos y de morir antes que pecar; espero en vuestra suma bondad y misericordia infinita, y en la poderosísima intercesión de vuestra querida Hija, Madre y Esposa María Santísima mi Señora, que me habéis de perdonar todos mis pecados y me daréis gracia para perseverar en un verdadero amor y cordialísima devoción de vuestra siempre amabilísima Trinidad. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Augustísima e inefable Trinidad, Eterno Dios Trino y Uno: humildemente postrado ante tu divina presencia como hijo de la Iglesia católica, creo y confieso que eres un solo Dios en la Esencia y Trino en las Personas. Yo te adoro Padre Ingénito, Hijo Unigénito y Espíritu Santo Consolador, tres Personas distintas y un solo Dios verdadero, te deseo alabar, servir y amar, corno te aman, sirven y alaban los espíritus angélicos, que dividió tu sabiduría en tres jerarquías, y cada jerarquía en tres coros, para que fueran sombra de tu Trinidad admirable. Yo te pido me des una fe firme de este altísimo Misterio, un aborrecimiento eficaz a toda ofensa tuya, especialmente mortal, un vivísimo dolor de las muchas que contra ti he cometido y un amor ardientísimo tuyo, con el cual observe tus divinos preceptos y solo atienda a agradarte y servirte, de modo que merezca verte, como deseo, por toda la eternidad; y juntamente te pido, misericordiosísima Trinidad, me concedas el favor que deseo alcanzar en esta novena, si ha de ser para gloria tuya y bien de mi alma. Amén.
 
Aquí se rezan tres Credos, y al fin de cada uno un Gloria Patri.
  
DÍA PRIMERO
Benignísimo Dios Trino y Uno, Criador amantísimo de los hombres: yo te ofrezco el ardientísimo amor con que los Serafines todos se abrasan en tu purísimo amor, con el cual incesantemente se consagran en sentidos afectos a tu mayor obsequio, ¡ojalá yo te amara tan fina y puramente como estos amantes espíritus! Concédeme, amabilísimo Dios, una centella de tu amor, y pues los Serafines al amarte, alaban tu santidad, repitiendo «Santo, Santo, Santo»; haz que yo solo tenga aprecio a la virtud y santidad, y que la conserve en esta vida, para merecer amarte con los Serafines eternamente en la gloria. Amén. Aqui se pedirá a la Santísima Trinidad lo que se desea.
   
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS.
Misericordiosísimo Dios, Uno en la Esencia y Trino en las Personas, que me criaste a imagen y semejanza tuya, para que en esta vida te conozca y te ame, y en la otra te goce eternamente: yo te suplico por ti mismo, y por los méritos de mi Redentor Jesucristo, no permitas que por la culpa se borre en mi alma tu divina Imagen, sino que solo atienda en todos mis pensamientos, palabras y obras a agradarte, para que siendo morada tuya, siempre habites en mí por la gracia. A ti, pues, Eterno Padre, que me diste a tu Hijo para mi remedio; a ti, Hijo Unigénito, que te hiciste Hombre para redimirme; a ti, Espíritu Santo consolador, que santificas el alma para hacerla hija de Dios; a ti, Trinidad Divina, con todo afecto te pido me des tus eficaces auxilios, para vencer mis desordenadas pasiones y borrar mis culpas por medio de una verdadera confesión, y que en lo venidero no ame otra cosa sino a ti, perseverando en tu gracia hasta la muerte.

Gloria te sea dada, Trinidad Santísima, dulcísima, hermosísima, nobilísima, excelentísima, resplandeciente, serena y ajena de toda turbación: imperial Majestad, por las rubicundas Llagas de mi amador, amado y escogido entre millares mi Señor Jesucristo. Amén.
  
GOZOS EN HONOR DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
    
Dios Uno y Trino a quien tanto
Arcángeles, Querubines,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
 
Gózate, amable Deidad,
En tu incomprensible esencia,
Y de que por tu clemencia
Perdonas nuestra maldad;
Por esta benignidad,
En místico dulce canto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
 
¡Oh inefable Trinidad,
Bien sumo, Eterno, Increado,
Al hombre comunicado
Por exceso de bondad!
Y porque en la eternidad
De tu ser te gozas tanto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
  
Gózate, pues tu luz pura,
Con ser tan esclarecida,
No llega a ser comprendida
Por alguna criatura;
Por eso al ver tu hermosura,
Con sagrado horror y encanto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
 
Eres Todopoderoso,
Sabio, Inmenso, Criador,
Justo, Remunerador,
Bueno, Misericordioso;
En tus Santos prodigioso
Has sido y eres; por tanto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
 
Gózate de que en tu ser
Todo es sumo, todo igual;
Que perfección desigual
En Ti no puede caber;
Llegando esto a conocer
El Trisagio sacrosanto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
 
Aunque ciega, nuestra fe
Se aventaja a la razón,
Pues con la revelación
Iluminada se ve;
Enigma es todo lo que
Ahora vemos; entretanto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
  
Fiada nuestra esperanza
En tu promesa divina
Hacia la patria camina
Con segura confianza;
Entretanto que esto alcanza,
Con el más melifluo canto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
  
Tu suma amable bondad
Nuestro corazón inflama,
Derivándose esta llama
De tu inmensa caridad;
Amad, criaturas, amad
A quien por amarlo tanto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
 
Sea ya nuestro consuelo
El Trisagio que Isaías
Con suaves melodías
Oyó cantar en el Cielo,
Donde con ferviente anhelo,
Por dar al Infierno espanto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
  
Dios Uno y Trino a quien tanto
Arcángeles, Querubines,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
      
Antífona: Bendita sea la Santa e individua Trinidad, que todas las cosas cría y gobierna, ahora y siempre, y por infinitos siglos de los siglos.
. Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo.
℟. Alabémosle y ensalcémosle en todos los siglos.
  
ORACIÓN
Omnipotente y sempiterno Dios, que concediste a tus siervos el conocer la gloria de tu eterna Trinidad en la confesión de la verdadera fe y el adorar la Unidad en tu augusta Majestad; Te rogamos, Señor, que por la fuerza de esa misma fe nos veamos siempre libres de todas las adversidades. Por Cristo, Señor nuestro. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días y los tres Credos.
  
Sapientísimo Dios Trino y Uno, fuente y origen de toda la verdadera sabiduría: yo te ofrezco la admirable ciencia con que adornaste a los Querubines, para que conociendo tus infinitas perfecciones, te amen y alaben eternamente por lo que de ti conocen: concédeme, Señor, luz para que conociéndote te admire, alabe y ame, a ti únicamente como a quien únicamente es digno de ser alabado y amado. ¡Ojalá que tuviera yo el conocimiento de estos sabios espíritus, solo para encender mi voluntad en tu amor, y aborrecer todo aquello que tú aborreces y que me puede apartar de conocerte y amarte eternamente en la gloria! Amén.
   
Pídase la gracia que se desea. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
      
DÍA TERCERO
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días y los tres Credos.
  
Altísimo Dios Trino y Uno, que tienes tu asiento en los purísimos Tronos: yo te ofrezco la santidad y pureza con que enriqueciste a estos soberanos espíritus, para que fueran digno solio de tu santidad infinita, y para habitar en ellos como en asiento digno de tu inmensa gloria: concédeme, mi Dios, una pureza y santidad semejante a la de estos felicísimos espíritus, para que habites perpetuamente en mi alma, y mi corazon sea digno solio de tu Majestad. ¡Ojalá mi pecho fueta un trono de fuego de amor tuyo, que consumiera los infernales ardores de la concupiscencia, y estuvieras de asiento en él, llenándome de tu gracia! Amén.
 
Pídase la gracia que se desea. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
  
DÍA CUARTO
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días y los tres Credos.
  
Omnipotente Dios Trino y Uno, absoluto Señor de cielo y tierra: yo te ofrezco la profunda obediencia con que rendidas a tu imperio te obedecen las supremas Dominaciones, ejecutando prontamente en todo tu divina voluntad. Concédeme, Señor, un perfectísimo dominio sobre todas mis pasiones y desordenados apetitos, una exacta obediencia a tu santísima ley, que en nada quebrante tus divinos preceptos, y que sujetando mi alma y potencias a tu soberano imperio, no sea esclavo del Demonio y de la culpa, sino que goce el dominio y libertad que gozan los que son hijos tuyos por la gracia. Amén.
   
Pídase la gracia que se desea. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
      
DÍA QUINTO
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días y los tres Credos.
  
Clementísimo Dios Trino y Uno, yo te ofrezco el admirable poder que concediste al coro de las Virtudes, con el cual ejecutan a honra y gloria tuya singulares maravillas, empleando toda su virtud únicamente en obras de tu amor, agrado y obsequio. Concédeme, mi Dios, el que yo no ultraje la virtud ni poder sobrenatural que tan libremente me das en tus divinos auxilios y demás dones sobrenaturales, sino que siempre coopere a tu poderosísima gracia, negándome a toda operación ajena de tu soberana virtud, ejecutando solamente obras dignas de hijo tuyo, con las cuales aumente las virtudes y méritos para gozarte en la gloria. Amén.
  
Pídase la gracia que se desea. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
  
DÍA SEXTO
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días y los tres Credos.
  
Fortísimo Dios Trino y Uno, que adornaste a las Potestades angélicas con un singular poder contra el Infierno y contra sus potestades de tinieblas: yo te ofrezco los excelentes merecimientos de estos poderosos espíritus, y las admirables victorias que a honor tuyo consiguen de los ejércitos infernales, y te suplico me concedas poder para servirte y amarte, para vencerme a mí mismo y a los enemigos de mi alma, y sujetar la rebeldía de mis pasiones; para que venciendo todas las tentaciones del Demonio, me emplee todo en tu divino servicio y gloria. Amén.
  
Pídase la gracia que se desea. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
  
DÍA SÉPTIMO
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días y los tres Credos.
 
Eterno Rey y Supremo Señor de todas las cosas, Dios Trino y Uno, que encomendaste a los Principados el cuidado y guarda de los reinos: yo te ofrezco los servicios todos con que estos soberanos espíritus atienden por tu obediencia al cuidado y guarda de los reinos de la tierra, amparándolos y procurando conducirlos a tu conocimiento. Yo te pido me concedas el que solo domine en el reino de mi alma la razón y tu ley, y que no sea esclava vilísima por la culpa, sino que haciéndome violencia y obedeciendo tu suave imperio, alcance el reino de la gloria. Amén.
  
Pídase la gracia que se desea. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
  
DÍA OCTAVO
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días y los tres Credos.
  
Misericordiosísimo Dios Trino y Uno, yo te ofrezco los merecimientos de todos los Arcángeles, a los cuales destinaste para guarda de las ciudades y para embajadores de tus más altos secretos: concédme, Señor, tus eficaces auxilios para que conserve la cuidad de mi alma libre del poder del Demonio, y resista los continuos asaltos del común enemigo, y que solo reine en mí tu gracia y amor, con el cual merezca el que me reveles el altísimo misterio de tu Trinidad Inefable, en la ciudad celestial por toda la eternidad. Amén.
 
Pídase la gracia que se desea. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
  
DÍA NOVENO
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración para todos los días y los tres Credos.
  
Benignísimo Dios Trino y Uno, que tan dignaste señalar a cada uno de los hombres guarda y defensa del coro de los Ángeles todos, y el desvelo con que por tu amor defienden y patrocinan a los redimidos de tu Jesús: yo y te suplico me concedas el que de tal suerte oiga y ejecute los saludables consejos de mi Ángel Custodio, que no le atropelle quebrantando tu santísima ley, antes sí le obedezca en todo, de manera que merezca pasar a verte en su compañía en la gloria. Amén.
 
Pídase la gracia que se desea. Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.

domingo, 22 de mayo de 2016

LA SANTÍSIMA TRINIDAD, FUENTE DE LA VIDA INTERIOR

Padre Réginald Garrigou-Lagrange, OP. "Las Tres Edades de la Vida Interior", Capítulo IV: LA SANTISIMA TRINIDAD, PRESENTE EN NOSOTROS, FUENTE INCREADA DE NUESTRA VIDA INTERIOR 
    
  
EL TESTIMONIO DE LA SAGRADA ESCRITURA
La Escritura nos enseña que Dios está presente en todas las criaturas con una presencia general llamada con frecuencia presencia de inmensidad. Léese en particular en el Salmo 138, 7: "¿A dónde iré, Señor, que me esconda de tu espíritu? ¿A dónde huir para escapar a tu mirada? Si me remonto hasta los cielos, allí estás tú; si desciendo a la morada de los muertos, también estás allí". Es lo que hace decir a San Pablo predicando en el Areópago: "Dios que creó el mundo y es Señor del cielo y de la tierra... no está lejos de cada uno de nosotros, porque en él vivimos, nos movemos y somos" (Act. Apost., XVII, 28). 
  
Dios, en efecto, lo ve todo, conserva todas las cosas en su existencia e inclina a cada criatura a los actos que le convienen. Es él como el foco de donde dimana la vida de la creación y la energía centrar que todo lo atrae a sí. "Rerum, Deus, tenax vigor, immotus in te permanens". 
   
Pero la Sagrada Escritura no nos habla solamente de esta presencia general de Dios en cada cosa; nos habla también de otra presencia especial de Dios en los justos. Así, ya en el Antiguo Testamento, en la Sabiduría, I, 4 está escrito: "La sabiduría divina no penetrará en un alma perversa, ni habitará en un cuerpo sujeto al pecado". ¿Serán solamente la gracia creada o el don creado de sabiduría los que vendrán a habitar en el alma del justo? 
   
Las palabras de Nuestro Señor nos ofrecen nueva luz y nos enseñan que las mismas Personas divinas vienen a aposentarse en nosotros. "Si alguien me amare, dice, cumplirá mis mandamientos, y mi Padre le amará y vendremos a él y en él haremos nuestra morada" (Juan, XIV, 23). Cada una de estas palabras es muy de considerar: "Vendremos". ¿Quién va a venir? ¿Serán sólo los efectos creados: la gracia santificante, las virtudes infusas, los dones? No; vienen los mismos que aman, las tres divinas Personas, el Padre y el Hijo, de los que jamás se separa el Espíritu Santo, prometido por Nuestro Señor y enviado visiblemente el día de Pentecostés. Vendremos a él, al justo que ama a Dios; y vendremos no de una manera transitoria, pasajera, sino que estableceremos en él nuestra morada, es decir, habitaremos en él, mientras permanezca en la justicia o en estado de gracia, mientras conserve la caridad. Así habla Nuestro Señor. 
  
Estas palabras son confirmadas por aquellas otras de la promesa del Espíritu Santo: "Yo rogaré a mi Padre y os dará otro Consolador, para que eternamente permanezca en vosotros; éste es el Espíritu de verdad, que el mundo no puede recibir, porque ni lo ve ni lo conoce; pero vosotros lo conocéis, ya que mora en medio de vosotros, y él estará en vosotros... Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he enseñado" (Juan, XIV, 26). Estas palabras no fueron dichas solamente a los Apóstoles; en ellos fueron realidad el día de Pentecostés, que se renueva en nosotros en la Confirmación. 
  
Este testimonio del Salvador es clarísimo y precisa admirablemente lo dicho en el libro de la Sabiduría, I, 4. Las tres divinas Personas vienen a habitar en las almas justas. 
  
Así lo entendieron los Apóstoles. San Juan escribe (I Juan, IV, 9-16): "Dios es caridad... y el que permanece en la caridad, en Dios permanece y Dios en él". Ese tal posee a Dios en su corazón, pero más lo posee Dios a él y lo contiene en sí, conservándole, no sólo su existencia natural, sino la vida de la gracia y la caridad. 
  
San Pablo dice también: "La caridad de Dios se ha derramado en vosotros por el Espíritu Santo que se os ha dado" (Rom., V, 5). Y no es solamente la caridad creada lo que hemos recibido, sino que nos ha sido dado el mismo Espíritu Santo. San Pablo habla especialmente de él, porque la caridad nos asimila más a ese Santo Espíritu, que es el amor personal, que al Padre y al Hijo. Ambos residen igualmente en nosotros, según testimonio de Jesús, pero no seremos totalmente asimilados a ellos, sino cuando recibamos la luz de la gloria que nos sellará asemejándonos al Verbo, que es esplendor del Padre.
  
En muchas ocasiones vuelve San Pablo sobre esta consoladora doctrina: "¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?" (I Cor., III, 16). "¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros que habéis recibido de Dios, y que ya no os pertenecéis? Porque habéis sido rescatados por gran precio. Glorificad pues a Dios en vuestro cuerpo". (I Cor., VI, 19.) 
  
Así pues, con toda claridad, nos enseña la Escritura que las tres Personas divinas habitan en todas las almas justas, en todas las almas en estado de gracia.

domingo, 31 de mayo de 2015

SÍMBOLO DE SAN ATANASIO, CONFESIÓN DE FE TRINITARIA

"Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo: alabémoslo y exaltémoslo en todos los siglos"

El Símbolo Quicúmque (o Símbolo Atanasiano) es una profesión de fe (como el Credo de Nicea, el Credo de los Apóstoles y la Profesión del Concilio de Trento), que fue redactado por San Atanasio el Grande, Arzobispo de Alejandría. A pesar de no haber sido redactado por ningún concilio ecuménico, «de hecho, este símbolo alcanzó tanta autoridad en la Iglesia, tanto occidental como oriental, que entró en el uso litúrgico y ha de tenerse por verdadera definición de fe». Recibe el nombre de Quicúmque por la palabra con la que comienza.
   
San Atanasio el Grande, autor del Símbolo Quicúmque
  
Escrito en Latín, el Quicúmque es un resumen didáctico de la doctrina cristiana y se centra especialmente en el dogma de la Santísima Trinidad. Gozó de gran autoridad en la Iglesia Católica Romana (que llegó a ser citado en el Concilio de Florencia) y su uso se extendió rápidamente a todos los ritos de Occidente. Está preceptuado rezarlo (para cuantos tienen por devoción o están obligados a recitar el Divino Oficio) en la Hora prima del Oficio de los Domingos posteriores a Epifanía y Pentecostés, en especial en la Solemnidad de la Santísima Trinidad, como signo de adoración y alabanza a la Trinidad Beatísima, y como protesta perpetua contra los herejes que niegan o mutilan el Dogma de la Trinidad.
 
Santa Teresa de Ávila nos cuenta en su autobiografía cómo meditando este símbolo recibió gracias especiales para penetrar en este inefable misterio:
“Estando una vez rezando el Quicúmque vult -escribe la santa-, se me dio a entender la manera de cómo era un solo Dios y tres personas tan claramente, que yo me espanté y me consolé mucho. Hízome tan grandísimo provecho para conocer más la grandeza de Dios y sus maravillas…”
   
SÍMBOLO DE SAN ATANASIO (Quicúmque vult)
   
LATÍN
   
 In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.
  
Antíphona: Glória tibi, Trínitas æquális, una Déitas, et ante ómnia sǽcula, et nunc, et in perpétuum. (T. P. Allelúja).
  1. Quicúmque vult salvus esse, ante ómnia opus est, ut téneat Cathólicam fidem:
  2. Quam nisi quisque íntegram inviolátamque serváverit, absque dúbio in ætérnum períbit. 
  3. Fides autem Cathólica hæc est: ut unum Deum in Trinitáte, et Trinitátem in unitáte venerémur. 
  4. Neque confundéntes persónas, neque substántiam separántes. 
  5. Alia est enim persóna Patris, ália Fílii, ália Spíritus Sancti. 
  6. Sed Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti una est divínitas, æquális glória, coætérna majéstas. 
  7. Qualis Pater, talis Fílius, talis Spíritus Sanctus. 
  8. Increátus Pater, increátus Fílius, increátus Spíritus Sanctus. 
  9. Imménsus Pater, imménsus Fílius, imménsus Spíritus Sanctus. 
  10. Ætérnus Pater, ætérnus Fílius, ætérnus Spíritus Sanctus. 
  11. Et tamen non tres ætérni, sed unus Ætérnus. 
  12. Sicut non tres increáti, nec tres imménsi, sed unus Increátus et unus Imménsus. 
  13. Simíliter omnípotens Pater, omnípotens Fílius, omnípotens Spíritus Sanctus. 
  14. Et tamen non tres omnipoténtes, sed unus Omnípotens. 
  15. Ita Deus Pater, Deus Fílius, Deus Spíritus Sanctus. 
  16. Et tamen non tres Dii, sed unus est Deus. 
  17. Ita Dóminus Pater, Dóminus Fílius, Dóminus Spíritus Sanctus. 
  18. Et tamen non tres Dómini: sed unus est Dóminus. 
  19. Quia, sicut singillátim unamquámque persónam Deum ac Dóminum confitéri Christiána veritáte compéllimur: ita tres Déos aut Dóminos dícere Cathólica religióne prohibémur. 
  20. Pater a nullo est factus: nec creátus, nec génitus. 
  21. Fílius a Patre solo est: non factus, nec creátus, sed génitus. 
  22. Spíritus Sanctus a Patre et Fílio: non factus, nec creátus, nec génitus, sed procédens. 
  23. Unus ergo Pater, non tres Patres: unus Fílius, non tres Fílii: unus Spíritus Sanctus, non tres Spíritus Sancti. 
  24. Et in hac Trinitáte nihil prius aut postérius, nihil majus aut minus: sed totæ tres persónæ coætérnæ sibi sunt et coæquáles. 
  25. Ita ut per ómnia, sicut jam supra díctum est, et únitas in Trinitáte, et Trínitas in unitáte veneránda sit. 
  26. Qui vult ergo salvus esse, ita de Trinitáte séntiat. 
  27. Sed necessárium est ad ætérnam salútem, ut Incarnatiónem quoque Dómini nostri Jesu Christi fidéliter credat. 
  28. Est ergo fides recta ut credámus et confiteámur quia Dóminus noster Jesus Christus, Dei Fílius, Deus et homo est. 
  29. Deus est ex substántia Patris ante sǽcula génitus: et homo est ex substántia matris in sǽculo natus. 
  30. Perféctus Deus, perféctus homo: ex ánima rationáli et humána carne subsístens. 
  31. Equális Patri secúndum divinitátem: minor Patre secúndum humanitátem. 
  32. Qui, licet Deus sit et homo, non duo tamen, sed unus est Christus. 
  33. Unus autem non conversióne divinitátis in carnem: sed assumptióne humanitátis in Deum. 
  34. Unus omníno, non confusióne substántiæ: sed unitáte persónæ. 
  35. Nam sicut ánima rationális et caro unus est homo: ita Deus et homo unus est Christus. 
  36. Qui passus est pro salúte nostra: descéndit ad Ínferos: tértia die resurréxit a mórtuis. 
  37. Ascéndit ad Cælos, sedet ad déxteram Dei Patris omnipoténtis: inde ventúrus est judicáre vivos et mórtuos. 
  38. Ad cujus advéntum omnes hómines resúrgere habént cum corpóribus suis: et redditúri sunt de factis própriis ratiónem. 
  39. Et qui bona egérunt, ibunt in vitam ætérnam: qui vero mala, in ígnem ætérnum. 
  40. Hæc est fides Cathólica, quam nisi quisque fidéliter firmitérque credíderit, salvus esse non póterit.
   
Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.
  
Antíphona: Glória tibi, Trínitas æquális, una Déitas, et ante ómnia sǽcula, et nunc, et in perpétuum. (T. P. Allelúja).
  
V. Dómine, exáudi orationem meam.
R. Et clámor meus ad te véniat.
  
(Sacerdótes áddint:
V. Dóminus vobíscum.  
R. Et cum spíritu tuo.)
  
Orémus:
Omnípotens sempitérne Deus, qui dedísti fámulis tuis, in confessióne véræ fídei, ætérnæ Trinitátis glóriam agnóscere, et in poténtia majestátis adoráre unitátem: quǽsumus; ut, ejúsdem fídei firmitáte, ab ómnibus semper muniámur advérsis. Per Dóminum nóstrum Jesum Chrístum Fílium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
  
 In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.

TRADUCCIÓN
   
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
  
Antífona. Gloria a ti, Trinidad igual, única Deidad, antes de los siglos, y ahora, y siempre. (T. P. Aleluya).
  1. Todo el que quiera salvarse, es preciso ante todo que profese la Fe Católica:
  2. Pues quien no la observe integra y sin tacha, sin duda alguna perecerá eternamente. 
  3. Y ésta es la Fe Católica: que veneremos a un solo Dios en la Trinidad santísima y a la Trinidad en la unidad. 
  4. Sin confundir las personas, ni separar la sustancia. 
  5. Porque una es la persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo. 
  6. Pero el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son una sola divinidad, les corresponde igual gloria y majestad eterna. 
  7. Cual es el Padre, tal es el Hijo, tal el Espíritu Santo. 
  8. Increado el Padre, increado el Hijo, increado el Espíritu Santo. 
  9. Inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso el Espíritu Santo. 
  10. Eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo. 
  11. Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo Eterno. 
  12. De la misma manera, no tres increados, ni tres inmensos, sino un Increado y un Inmenso. 
  13. Igualmente, omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente el Espíritu Santo. 
  14. Y, sin embargo, no tres omnipotentes, sino un Omnipotente. 
  15. Del mismo modo, el Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios. 
  16. Y, sin embargo, no son tres Dioses, sino un solo Dios. 
  17. Así, el Padre es Señor, el Hijo es Señor, el Espíritu Santo es Señor. 
  18. Y, sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor. 
  19. Porque así como la verdad cristiana nos obliga a creer que cada Persona es Dios y Señor, la religión Católica nos prohíbe que hablemos de tres Dioses o Señores. 
  20. El Padre no ha sido hecho por nadie, ni creado, ni engendrado. 
  21. El Hijo procede solamente del Padre, no hecho, ni creado, sino engendrado. 
  22. El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, no hecho, ni creado, ni engendrado, sino procedente. 
  23. Por tanto hay un solo Padre, no tres Padres; un Hijo, no tres Hijos; un Espíritu Santo, no tres Espíritus Santos. 
  24. Y en esta Trinidad nada hay anterior o posterior, nada mayor o menor: pues las tres personas son coeternas e iguales entre sí. 
  25. De tal manera que, como ya se ha dicho antes, hemos de venerar la unidad en la Trinidad y la Trinidad en la unidad. 
  26. Por tanto, quien quiera salvarse, es necesario que crea estas cosas sobre la Trinidad. 
  27. Pero para alcanzar la salvación eterna es preciso también creer firmemente en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo. 
  28. La fe verdadera consiste en que creamos y confesemos que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y Hombre. 
  29. Es Dios, engendrado de la misma sustancia que el Padre, antes del tiempo; y hombre, engendrado de la sustancia de su Madre santísima en el tiempo. 
  30. Perfecto Dios y perfecto hombre: que subsiste con alma racional y carne humana. 
  31. Es igual al Padre según la divinidad; menor que el Padre según la humanidad. 
  32. El cual, aunque es Dios y hombre, no son dos Cristos, sino un solo Cristo. 
  33. Uno, no por conversión de la divinidad en cuerpo, sino por asunción de la humanidad en Dios. 
  34. Uno absolutamente, no por confusión de sustancia, sino en la unidad de la persona. 
  35. Pues como el alma racional y el cuerpo forman un hombre; así, Cristo es uno, siendo Dios y hombre. 
  36. Que padeció por nuestra salvación: descendió a los Infiernos y al tercer día resucitó de entre los muertos. 
  37. Subió a los Cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre todopoderoso: desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. 
  38. Y cuando venga, todos los hombres resucitarán con sus cuerpos, y cada uno rendirá cuentas de sus propios hechos. 
  39. Y los que hicieron el bien gozarán de vida eterna, pero los que hicieron el mal irán al fuego eterno. 
  40. Esta es la Fe Católica, y quien no la crea fiel y firmemente no se podrá salvar.
   
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
  
Antífona. Gloria a ti, Trinidad igual, única Deidad, antes de los siglos, y ahora, y siempre. (T. P. Aleluya).
  
V. Señor, escucha mi oración. 
R. Y llegue a ti mi clamor.
  
(Los sacerdotes añaden:
V. El Señor sea con vosotros.
R. Y con tu espíritu.)
   
ORACIÓN
Oh Dios todopoderoso y eterno, que con la luz de la verdadera fe diste a tus siervos conocer la gloria de la Trinidad eterna, y adorar la Unidad en el poder de tu majestad: haz, te suplicamos, que, por la firmeza de esa misma fe, seamos defendidos siempre de toda adversidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo. Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.

sábado, 11 de enero de 2014

TRISAGIO A LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Tomado del devocionario Camino Recto y Seguro para llegar al Cielo, de San Antonio María Claret.
  
Bendita y alabada sea la Absolutamente Santa e Indivisa Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, Tres divinas Personas, Un sólo y verdadero Dios
  
ORIGEN DEL TRISAGIO
No es invención del ingenio humano el santísimo Trisagio, sino obra del mismo Dios, que lo inspiró al profeta Isaías cuando oyó como lo cantaban los Serafines para enaltecer la gloria del Creador.
En la escuela de los mismos Serafines y demás coros celestiales fue donde lo aprendió milagrosamente un niño de corta edad que, a la manera de San Pablo, fue arrebatado al cielo como lo refieren las historias eclesiásticas.
   
El 24 de Septiembre del año 447, y siendo Teodosio el Joven emperador de Oriente, se experimentó un terremoto casi universal y muy violento, y que por su duración y espantosos estragos se hizo el más notable de cuantos hasta entonces se habían visto. Fueron incalculables los daños que seis meses de sacudimientos casi continuos causaron en los más suntuosos edificios de Constantinopla y en toda la famosa muralla del Quersoneso. Se abrió la tierra en muchos puntos, y quedaron sepultadas en sus entrañas ciudades enteras; secáronse las fuentes, y manifestábanse otras nuevas; y era tal la violencia de los sacudimientos, que arrancaban árboles muy corpulentos, aparecían montañas donde había antes llanuras y profundas concavidades donde antes había montañas. El mar arrojaba a las playas peces de gran magnitud, y las playas y los barcos se quedaban sin aguas, que iban a inundar grandes islas.
   
Ante esta situación, se creyó prudente abandonar las poblaciones, y así lo hicieron los moradores de Constantinopla, con el emperador Teodosio, su hermana Pulqueria, San Proclo, patriarca entonces de aquella Iglesia, y todo su clero.
   
Reunidos en un paraje llamado el Campo, dirigían al cielo fervorosas súplicas y grandes clamores, pidiendo socorro en necesidad tan apurada, cuando un día, entre ocho y nueve de la mañana, fue tan extraordinario el sacudimiento que dio la tierra, que faltó poco para que causase los mismos estragos que el diluvio universal. A este susto sucedió la admiración del prodigio siguiente: Un niño de pocos años fue arrebatado por los aires, a la vista de todos los del Campo, que le vieron subir hasta perderle de vista. Después de largo rato, descendió a la tierra del mismo modo que había sido arrebatado al cielo; y luego, puesto en presencia del Patriarca, del emperador y de toda la multitud, pasmada, contó cómo, siendo admitido en los coros celestiales, oyó cantar a los Ángeles estas palabras: “Agios o Theós, Agios ischyrós, Ágios athánatos, eléison imas” (Santo es Dios, Santo fuerte, Santo inmortal, tened misericordia de nosotros); y cómo se le había mandado poner esta visión en conocimiento de todos los allí reunidos. Dichas estas palabras, el niño murió.
   
San Proclo y el emperador, oído este relato, mandaron unánimemente que todos entonasen en público este sagrado cántico, e inmediatamente cesó el terremoto y quedó quieta toda la tierra. De aquí provino el uso del Trisagio, que el Concilio General de Calcedonia prescribió a todos los fieles, como un formulario para invocar a la Santísima Trinidad en tiempos funestos y de calamidades. De aquí ha venido el merecer la aprobación de tantos Prelados de la Iglesia, que han apoyado su práctica enriqueciéndola con el tesoro de las indulgencias, y de aquí, finalmente, ha venido que se haya impreso y reimpreso tantas veces, siempre con universal aplauso y aceptación de todos, teniéndolo como un escudo impenetrable contra todos los males que Dios envía a la tierra en castigo de nuestros pecados.
  
NOTAS:
En los tiempos actuales, el Padre Pío de Pietrelcina exhortaba a sus fieles a tener gran devoción a la Santísima Trinidad, especialmente el rezo del Trisagio.
  
San Antonio María Claret, después de una locución que tuvo en la Granja (Segovia), el día 27 de Agosto de 1851, en la Iglesia del Rosario, dijo que “la salvación de España se cifraba en tres devociones: el Trisagio, el Santísimo Sacramento y el Rosario”. La hermana Lucía de Fátima, durante su estancia en Tuy (Pontevedra), en Junio de 1929, tuvo una visión de la Santísima Trinidad e igualmente era muy amante de esta devoción.
  
TRISAGIO A LA SANTÍSIMA TRINIDAD
 
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
   
OFRECIMIENTO
Rogámoste, Señor, por el estado de la Santa Iglesia y Prelados de ella; por la exaltación de la fe Católica, extirpación de las herejías, paz y concordia entre los Príncipes cristianos, conversión de todos los agonizantes y caminantes; por las Benditas Almas del Purgatorio y demás piadosos fines de nuestra santa madre la Iglesia. Amén.
  
V/. Bendita sea la santa e individua Trinidad, ahora y siempre, y por todos los siglos de los siglos.
R/. Amén.
V/. Abrid, Señor , mis labios.
R/. Y mi voz pronunciará vuestras alabanzas.
V/. Dios mío, en mi favor, benigno entiende.
R/. Señor, a mi socorro, presto atiende.
V/. Gloria sea al Padre, Gloria al eterno Hijo, Gloria al Espíritu Santo.
R/. Como era en el principio y ahora y siempre y en los siglos de los siglos. Amén. En tiempo de cuaresma, en lugar del Aleluya se dice: Alabanza sea dada a ti, Señor, rey de la eterna gloria.
    
ACTO DE CONTRICIÓN
Amorosísimo Dios, Trino y Uno, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en quien creo, en quien espero, a quien amo con todo mi corazón, cuerpo y alma, potencias y sentidos, por ser Vos mi Padre, mi Señor y mi Dios, infinitamente bueno y digno de ser amado sobre todas las cosas: me pesa, Trinidad Santísima; me pesa, Trinidad misericordiosísima; me pesa, Trinidad amabilísima, de haberos ofendido, sólo por ser quien sois; propongo y os doy palabra de nunca más ofenderos y de morir antes que pecar; espero en vuestra suma bondad y misericordia infinita, que me habéis de perdonar todos mis pecados y me daréis gracia para perseverar en un verdadero amor y cordialísima devoción de vuestra siempre amabilísima Trinidad. Amén.
   
HIMNO
Ya se aparta el sol ardiente,
Y así, ¡oh luz perenne!, unida,
Infunde un amor constante
A nuestras almas rendidas.
En la aurora te alabamos,
Y también al mediodía,
Suspirando por gozar
En el Cielo de tu vista.
Al Padre, al Hijo y a Ti,
Espíritu que das vida,
Ahora y siempre se den
Alabanzas infinitas. Amén.
   
ORACIÓN AL PADRE 
   
 
¡Oh Padre Eterno!: fuera de vuestra posesión, yo no veo otra cosa que tristeza y tormento, por más que digan los amadores de la vanidad. ¿Qué me importa que diga el sensual que su dicha es el gozar de sus placeres? ¿Qué me importa que también diga el ambicioso que su mayor contento es el gozar de su gloria vana? Yo, por mi parte, no cesaré jamás de repetir, con vuestros Profetas y Apóstoles, que mi suma felicidad, mi tesoro y mi gloria es el unirme a mi Dios y mantenerme inviolablemente junto a Él.
Rezar un Padrenuestro y Avemaría; y nueve veces: Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de vuestra gloria.
Y el coro responde: Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo.
     
ORACIÓN AL HIJO 
   
 
¡Oh Verdad eterna!, fuera de la cual yo no veo otra cosa que engaños y mentiras: ¡Oh, cómo todo me parece desabrido a vista de vuestros suaves atractivos! ¡Oh, cómo me parecen mentirosos y falaces los discursos de los hombres, en comparación de las palabras de vida con las cuales Vos habláis al corazón de aquellos que os escuchan! ¡Ah! ¿Cuándo será la hora en que Vos me trataréis sin enigma y me hablaréis claramente en el seno de vuestra gloria? ¡Oh, qué trato! ¡Qué belleza! ¡Qué luz!...
Rezar un Padrenuestro y Avemaría; y nueve veces: Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de vuestra gloria.
Y el coro responde: Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo.
    
ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO 
    
   
¡Oh Amor! ¡Oh Don del Altísimo, centro de las dulzuras y de la felicidad del mismo Dios! ¡Qué atractivo para un alma el verse en el abismo de vuestra bondad y toda llena de vuestras inefables consolaciones! ¡Ah placeres engañadores! ¿Cómo habéis de poder compararos con la mínima de las dulzuras que un Dios, cuando le aparece, sabe derramar en un alma fiel? ¡Oh!, si una sola partícula de ellas es tan gustosa, ¿cuánto más será cuanto Vos la derraméis como un torrente sin medida y sin reserva? ¿Cuánto será esto, ¡Oh mi Dios!, cuándo será?
Rezar un Padrenuestro y Avemaría; y nueve veces: Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de vuestra gloria.
Y el coro responde: Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo.
   
ANTÍFONA
A Ti, Dios Padre ingénito; a Ti, Hijo unigénito; a Ti, Espíritu Santo paráclito, santa e individua Trinidad, de todo corazón te confesamos, alabamos y bendecimos. A Ti se dé gloria por los siglos de los siglos, Amén.
   
V/. Bendigamos al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R/. Alabémosle y ensalcémosle en todos los siglos.
  
ORACIÓN
Señor Dios, Uno y Trino: dadnos continuamente vuestra gracia, vuestra caridad y la comunicación de Vos, para que en tiempo y eternidad os amemos y glorifiquemos. Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, en una deidad por todos los siglos de los siglos. Amén.
  
DEPRECACIÓN DEVOTA A LA SANTÍSIMA TRINIDAD
  
V/. Padre Eterno, omnipotente Dios:
R/. Toda criatura te ame y glorifique.
V/. Verbo divino, inmenso Dios.
R/. Toda criatura te ame y glorifique.
V/. Espíritu Santo, infinito Dios.
R/. Toda criatura te ame y glorifique.
V/. Santísima Trinidad y un solo Dios verdadero.
R/. Toda criatura te ame y glorifique.
V/. Rey de los Cielos, inmortal e invisible.
R/. Toda criatura te ame y glorifique.
V/. Criador, conservador y gobernador de todo lo criado.
R/. Toda criatura te ame y glorifique.
V/. Vida nuestra, en quien, de quien y por quien vivimos.
R/. Toda criatura te ame y glorifique.
V/. Vida divina y una en tres personas.
R/. Toda criatura te ame y glorifique.
V/. Cielo divino de celsitud majestuosa.
R/. Toda criatura te ame y glorifique.
V/. Cielo supremo del Cielo, oculto a los hombres.
R/. Toda criatura te ame y glorifique.
V/. Sol divino e increado.
R/. Toda criatura te ame y glorifique.
V/. Círculo perfectísimo de capacidad infinita.
R/. Toda criatura te ame y glorifique.
V/. Manjar divino de los Ángeles.
R/. Toda criatura te ame y glorifique.
V/. Hermoso iris, arco de clemencia.
R/. Toda criatura te ame y glorifique.
V/. Luz primera y triduana, que al mundo ilustras.
R/. Toda criatura te ame y glorifique.
 
V/. De todo mal de alma y cuerpo.
R/. Líbranos, Trino Señor.
V/. De todos los pecados y ocasión de culpa.
R/. Líbranos, Trino Señor.
V/. De vuestra ira y enojo.
R/. Líbranos, Trino Señor.
V/. De repentina y de improvisa muerte.
R/. Líbranos, Trino Señor.
V/. De las asechanzas y cercanías del demonio.
R/. Líbranos, Trino Señor.
V/. Del espíritu de deshonestidad y de sugestión.
R/. Líbranos, Trino Señor.
V/. De la concupiscencia de la carne.
R/. Líbranos, Trino Señor.
V/. De toda ira, odio y mala voluntad.
R/. Líbranos, Trino Señor.
V/. De plagas de peste, hambre, guerra y terremoto.
R/. Líbranos, Trino Señor.
V/. De tempestades en el mar o en la tierra,
R/. Líbranos, Trino Señor.
V/. De los enemigos de la fe Católica.
R/. Líbranos, Trino Señor.
V/. De nuestros enemigos y sus maquinaciones.
R/. Líbranos, Trino Señor.
V/. De la muerte eterna,
R/. Líbranos, Trino Señor.
V/. Por vuestra unidad en Trinidad y Trinidad en unidad.
R/. Líbranos, Trino Señor.
V/. Por la igualdad esencial de vuestras Personas.
R/. Líbranos, Trino Señor.
V/. Por la alteza del misterio de vuestra Trinidad.
R/. Líbranos, Trino Señor.
V/. Por el inefable nombre de vuestra Trinidad.
R/. Líbranos, Trino Señor.
V/. Por lo portentoso de vuestro nombre, Uno y Trino.
R/. Líbranos, Trino Señor.
V/. Por lo mucho que os agradan las almas que son devotas de vuestra Santísima Trinidad.
R/. Líbranos, Trino Señor.
V/. Por el gran amor con que libráis de males a los pueblos donde hay algún devoto de vuestra Trinidad amable.
R/. Líbranos, Trino Señor.
V/. Por la virtud divina que en los devotos de vuestra Trinidad Santísima reconocen los demonios contra sí.
R/. Líbranos, Trino Señor.
 
V/. Nosotros pecadores.
R/. Te rogamos, óyenos.
V/. Que acertemos a resistir al demonio con las armas de la devoción a vuestra Trinidad.
R/. Te rogamos, óyenos.
V/. Que hermoseéis cada día más con los coloridos de vuestra gracia vuestra imagen, que está en nuestras almas.
R/. Te rogamos, óyenos.
V/. Que todos los fieles se esmeren en ser muy devotos de vuestra Santísima Trinidad.
R/. Te rogamos, óyenos.
V/. Que todos consigamos las muchas felicidades que están vinculadas para los devotos de esa vuestra Trinidad inefable.
R/. Te rogamos, óyenos.
V/. Que al confesar nosotros el misterio de vuestra Trinidad se destruyan los errores de los infieles.
R/. Te rogamos, óyenos.
V/. Que todas las almas del Purgatorio gocen mucho refrigerio en virtud del misterio de vuestra Trinidad.
R/. Te rogamos, óyenos.
  
Santo es Dios, Santo fuerte, Santo inmortal, líbranos, Señor, de todo mal. (Tres veces.)
     
OBSEQUIOS Y OFRECIMIENTOS A LA SANTÍSIMA TRINIDAD
¡Oh beatísima Trinidad!, os doy palabra de procurar con todo esfuerzo y empeño salvar mi alma, ya que la creasteis a vuestra imagen y semejanza y para el Cielo. Y también por amor vuestro procuraré salvar las almas de mis prójimos.
Para salvar mi alma y daros gloria y alabanza, sé que he de guardar la divina ley. Os doy palabra de guardarla como la niña de mis ojos, y también procuraré que los demás la guarden.
Aquí, en la tierra, me ejercitaré en alabaros, y espero que después lo haré con más perfección en el Cielo; y por esto, con frecuencia rezaré el Trisagio y el verso: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Y también procuraré que los demás os alaben. Amén.
  
GOZOS PARA EL TRISAGIO COMPUESTOS POR EL BEATO DIEGO JOSÉ DE CÁDIZ
    
Dios Uno y Trino a quien tanto
Arcángeles, Querubines,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
 
Gózate, amable Deidad,
En tu incomprensible esencia,
Y de que por tu clemencia
Perdonas nuestra maldad;
Por esta benignidad,
En místico dulce canto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
 
¡Oh inefable Trinidad,
Bien sumo, Eterno, Increado,
Al hombre comunicado
Por exceso de bondad!
Y porque en la eternidad
De tu ser te gozas tanto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
  
Gózate, pues tu luz pura,
Con ser tan esclarecida,
No llega a ser comprendida
Por alguna criatura;
Por eso al ver tu hermosura,
Con sagrado horror y encanto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
 
Eres Todopoderoso,
Sabio, Inmenso, Criador,
Justo, Remunerador,
Bueno, Misericordioso;
En tus Santos prodigioso
Has sido y eres; por tanto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
 
Gózate de que en tu ser
Todo es sumo, todo igual;
Que perfección desigual
En Ti no puede caber;
Llegando esto a conocer
El Trisagio sacrosanto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
 
Aunque ciega, nuestra fe
Se aventaja a la razón,
Pues con la revelación
Iluminada se ve;
Enigma es todo lo que
Ahora vemos; entretanto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
  
Fiada nuestra esperanza
En tu promesa divina
Hacia la patria camina
Con segura confianza;
Entretanto que esto alcanza,
Con el más melifluo canto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
  
Tu suma amable bondad
Nuestro corazón inflama,
Derivándose esta llama
De tu inmensa caridad;
Amad, criaturas, amad
A quien por amarlo tanto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
 
Sea ya nuestro consuelo
El Trisagio que Isaías
Con suaves melodías
Oyó cantar en el Cielo,
Donde con ferviente anhelo,
Por dar al Infierno espanto,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
  
Dios Uno y Trino a quien tanto
Arcángeles, Querubines,
Ángeles y Serafines
Dicen: Santo, Santo, Santo.
  
V/. Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo.
R/. Alabémosle y ensalcémosle en todos los siglos.
  
ORACIÓN
Omnipotente y sempiterno Dios, que concediste a tus siervos el conocer la gloria de tu eterna Trinidad en la confesión de la verdadera fe y el adorar la Unidad en tu augusta Majestad; Te rogamos, Señor, que por la fuerza de esa misma fe nos veamos siempre libres de todas las adversidades. Por Cristo, Señor nuestro. Amén. (1)
    
En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén
    
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(1) Por esta oración sola, indulgencia de cinco años cada vez; plenaria, al mes, con las condiciones acostumbradas, si se reza diariamente.