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lunes, 13 de enero de 2020

EL BAUTISMO DEL SEÑOR, EN UN PREFACIO DE LA LITURGIA AMBROSIANA

   
En el Missále Ambrosiánum (codificado por San Ambrosio y usado en la Archidiócesis de Milán), el Prefacio de la Epifanía se basa en el relato del Bautismo del Señor, haciendo una exposición teológica de este Misterio, por el cual recibió el agua la virtud sobrenatural de borrar de las almas el pecado original en el Sacramento del Bautismo, haciéndolas hijas de Dios, coherederas de Cristo y miembros de la Iglesia Católica:
 
LATÍN
Vere quia dignum et justum est, ǽquum et salutáre, nos tibi semper hic, et ubíque grátias ágere, Dómine sancte, Pater omnípotens, ætérne Deus; qui te nobis super Jordánis álveum de cœlis in voce tonítrui præbuísti, ut Salvatórem cœli demonstráres, et te Patrem Lúminis ætérni ostendéres. Cœlos aperuísti, áёrem benedíxisti, fontem purificásti, et tuum únicum Fílium per spéciem colúmbæ Sancto Spíritu declarásti. Suscepérunt hódie fontes benedictiónem tuam, et abstulérunt maledictiónem nostram: ita ut credéntibus purificatiónem ómnium delictórum exhíbeant, et Deo fílios generándo adoptíve fáciant ad vitam ætérnam. Nam quos ad temporálem vitam carnális natívitas fúderat: quos mors per prævaricatiónem céperat: hos vita ætérna recípiens, ad regni cœlórum glóriam revocávit. Per eúndem Christum Dóminum nostrum. Quem una tecum, omnípotens Pater, et cum Spíritu Sancto láudant Ángeli, venerántur Archángeli: Throni, Dominatiónes, Virtútes, Principátus, et Potestátes adórant. Quem Chérubim et Séraphim sócia exultatióne concelébrant. Cum quíbus et nostras voces, ut admítti júbeas deprecámur, súpplici confessióni dicéntes: Sanctus…
  
TRADUCCIÓN
Es verdaderamente digno y justo, equitativo y saludable que nosotros te demos gracias siempre, aquí y en todo lugar, oh Señor Santo, Padre omnipotente y eterno Dios; que te revelaste a nosotros sobre el río Jordán, hablando desde los Cielos con voz de trueno, a fin de manifestarnos al Salvador celestial, y mostrarte como Padre de la Luz eterna. Tú que has abierto los cielos y bendecido el aire, purificado las fuentes, y le has anunciado como tu Único Hijo por el Espíritu Santo en forma de paloma. En este día las fuentes reciben tu bendición y retiran nuestra maldición, para que ellas den a los creyentes la purificación de todos sus delitos, y haciéndolos, por adopción, hijos de Dios par a la vida eterna. Porque los que que nacieron por la carne para la vida terrenal, y por la prevaricación fueron hechos sujetos de la muerte, han sido recibidos para la vida eterna para ser reivindicados a la gloria del reino de los cielos, por el mismo Cristo, Señor nuestro. Al que junto a ti, Padre Omnipotente, y con el Espíritu Santo, alaban los Ángeles, veneran los Arcángeles, y adoran los Tronos, las Dominaciones, las Virtudes, los Principados y las Potestades. Al que con común exultación celebran los Querubines y los Serafines. Te rogamos admitas asociar nuestras voces a las suyas, aclamando con fe sincera: Santo…

domingo, 5 de enero de 2020

DE POR QUÉ EN LA HOMILÍA EL SACERDOTE SE REMUEVE LA CASULLA Y EL MANÍPULO

San Pedro Canisio predicando
 
Cuando hay que dar sermón en medio de la Misa, el Sacerdote Católico tradicional se quita el manípulo y la casulla (usualmente el manípulo solamente por razones de conveniencia). La razón por la que se quita tales ornamentos es porque son precisamente ornamentos de Misa, y el sermón no es parte de la Misa, sino una interrupción de ésta. Por eso no hay rúbricas en el Missále Románum para esto, porque el Sacerdote celebrante abandona el altar (donde actúa in persóna Christi) para dar el sermón a los fieles (normalmente en lengua vernácula en vez del Latín, la lengua litúrgica), actuando aquí in própria persóna Sacérdos.
   
Un tratadista escribe al respecto:
DE CONCIÓNE. Si ipse Célebrans sit concionatúrus in cáthedra, semper casúlam et manípulum depónit vel in sacristía, vel pótius in plano ad cornu Epístolæ, et minus congrue in Altári ad cornu Epístolæ. (...) Si Celébrans concionétur ad Altáre, vel retínet casúlam et manípulum, vel illa depónit super Altáre in cornu Epístolæ, et pótius in plano ad cornu Epístolæ” [DE LA CONCIÓN. Si el mismo celebrante da el sermón en la cátedra, siempre se depondrá la casulla y el manípulo en la sacristía, o mejor en el suelo del lado de la Epístola, y muy significativamente en el Altar del lado de la Epístola. (...) Si el celebrante predica en el Altar, o retiene la casulla y el manípulo, o los depone sobre el Altar en el lado de la Epístola, y mejor en el suelo del lado de la Epístola]. (PADRE JUAN BAUTISTA DE HERDT, Sacræ Litúrgiæ Praxis juxta Ritum Románum, I Edición Española. Imprenta de los herederos de Pablo Riera, Barcelona 1865).
No es apropiado, por tanto, que durante el sermón vista la casulla y el manípulo, por ser ornamentos específicos para la Misa. Cosa distinta sucede con el amito, alba, cíngulo y estola, que no son ornamentos exclusivos para la Misa.

jueves, 2 de enero de 2020

DECRETO SOBRE EL USO DE VERSIONES VERNÁCULAS DE LA SAGRADA ESCRITURA EN LA MISA

Algunos sacerdotes acostumbran por motivos pastorales que, luego de hacer en lengua latina las lecturas de la Misa Tradicional, leen el mismo pasaje en lengua vernácula. Sobre esto, la Pontificia Comisión Bíblica se pronunció en la siguiente forma:
  
LATÍN [Acta Apostólicæ Sedis LV (1943), pág. 270]
PONTIFÍCIA COMMÍSSIO DE RE BÍBLICA
DECRÉTUM: «De versiónibus Sacræ Scriptúræ in línguas vernáculas»
  
Pontifícia Commíssio de Re Bíblica ad solvéndam quæstiónem sibi propósitam de usu et auctoritáte versiónum biblicárum in línguas vernáculas, præsértim ex téxtibus primigéniis, atque ad suum decrétum De usu versiónum Sacræ Scripturæ in Ecclésiis datum die 30 aprílis 1934 magis declarándum, sequéntes normas reférre et commendáre opportúnum duxit:
  
Quandóquidem a Leóne XIII felix recordátio, Pontífice Máximo, in Lítteris encýclicis Providentíssimus Deus (Acta Leónis XIII, vol. 13, pág. 342) commendátumt fuit, ut ad penitiórem cognitiónem et declaratiónem uberiórem verbi divíni adhibeántur primigénii Bibliórum textus; éaque commendatióne, sane non in solum cómmodum exegetárum et theologórum facta, visum est ac vidétur propemódum consúltum, ut íidem quóque textus in línguas commúniter notas seu vernáculas, útique sub vígili competéntis auctoritátis ecclesiásticæ cura, juxta probátas sciéntiæ sacrae adæque profánæ leges vertántur;
   
quóniam porro ex Vulgáta editióne, quam unam et solam inter Latínas versiónes tunc témporis circumlátas Sýnodus œcuménica Tridentína declarávit authénticam (Concílium Tridentínum, séssio IV, decrétum De editióne et usu Sanctórum Librórum; Ench. Bibl., n. 46), desúmptæ ut plúrimum sunt perícopæ bíblicæ in litúrgicis Ecclésiæ Latínæ libris ad sacrosánctum Missæ Sacrifícium et ad offícium divínum públice legéndæ;
   
servátis servándis:
  1. Versiónes Sacræ Scriptúræ in línguas vernáculas sive ex Vulgáta sive ex téxtibus primigéniis factæ dummódo competéntis auctoritátis ecclesiásticæ licéntia edítæ sint ad normam can. 1391, a fidélibus pro priváta ipsórum pietáte rite adhíberi et legi possunt; atque étiam, si qua vérsio, diligénti tum textus tum adnotatiónum exámine a viris bíblica et theológica sciéntia excelléntibus perácto, magis fida et apta invénta sit, hanc Epíscopi sive sínguli sive in convéntibus provínciæ vel natiónis suæ congregáti, fidélibus suæ curæ commíssis peculiáriter, si plácuerit, commendáre possunt.
  2. Pericopárum biblicárum in línguam vernáculam vérsio quam forte Sacerdótes santam Missam celebrántes, pro consuetúdine vel pro opportunitáte, post lectum ipsum textum litúrgicum, pópulo prælectúri sint, juxta respónsum Commissiónis Pontifíciæ de Re Bíblica (Acta Apostólicæ Sedis, 1934, pág. 315), téxtui latíno, nempe litúrgico, confórmis sit opórtet, íntegra manénte facultáte illam ipsam versiónem, si expédiat, ope textus originális vel álterius versiónis magis perspícuæ apte illustrándi.
  
Quod respónsum Sanctíssimus Dóminus Noster Pius Papa XII, in audiéntia die 22 Augústi annno 1943 infrascrípto Reverendíssimo Consultóri ab Actis benígne concéssa, ratum hábuit et públici juris fíeri mandávit.
   
22 Augústi 1943
  
Jacóbus M. Vosté, O.P.
Consúltor ab Actis
   
TRADUCCIÓN
PONTIFICIA COMISIÓN BÍBLICA
DECRETO: «De las versiones de la Sagrada Escritura en lenguas vernáculas»
  
La Pontificia Comisión Bíblica, para resolver la cuestión que le fue propuesta concerniente al uso y la autoridad de las versiones bíblicas en las lenguas vivas, especialmente de los textos originales, y para aclarar mayormente su decreto Sobre el uso de las versiones de la Sagrada Escritura en las Iglesias del 30 de Abril de 1934 ha juzgado oportuno dar y recomendar las siguentes normas:
  
Desde el momento que por León XIII de feliz memoria, Pontífice máximo, en la letra Encíclica Providentíssimus Deus (Acta Leónis XIII, vol. 13, pág. 342) fue recomendado que se utilicen los textos originales de la Biblia para un más profundo conocimiento y para una más perfecta proclamación de la palabra divina, y esta recomendación no fue precisamente hecha para la sola comodidad de los exegetas y de los teólogos, ha parecido bien que aquellos mismos textos sean traducidos, en todo caso vigilante de la competente autoridad eclesiástica, en las lenguas comúnmente conocidas o vulgares, según las reconocidas leyes de la ciencia sacra como de la profana;
  
por otra parte, desde el momento en que la edición Vulgáta, que el Concilio ecuménico Tridentino ha declarado como única y sola auténtica entre las versiones latinas que circulaban en ese tiempo (Concilio de Trento, sesión IV, decreto De editióne et usu Sanctórum Librórum), fueron casi siempre escogidas en los libros litúrgicos de la Iglesia latina para el sacrosanto sacrificio de la Misa, las perícopas bíblicas que deben ser leídas públicamente;
 
Respecto de las normas que seguir:
  1. Las versiones de la Sagrada Escritura en las lenguas vivas, hechas tanto de la Vulgata como de las lenguas originales, aunque sean editadas con el permiso de la competente autoridad eclesiástica en conformidad con el canon 1391, pueden ser utilizadas y leídas por los fieles para su piedad privada; e incluso, si una versión cualquiera, luego de un diligente examen del texto y de las anotaciones realizadas por personas competentes en ciencia bíblica y teológica, es hallada más fiel y adecuada, los Obispos, tanto singularmente, como reunidos en conferencias provinciales o nacionales, pueden, si lo tienen a bien, recomendarla en modo particular a los fieles confiados a su cuidado.
  2. La traducción en lengua viva de las perícopas bíblicas que los sacerdotes que celebran la santa Misa acostumbran leer al pueblo, después de haber leído el mismo texto litúrgico, según costumbre u oportunidad, debe ser conforme al texto latino, evidentemente de la liturgia, según la respuesta de la Pontificia Comisión Bíblica (Acta Apostólicæ Sedis, 1934, pág. 315), permaneciendo íntegra la facultad de ilustrar en manera adecuada, si es necesario, aquella misma versión con la ayuda del texto original o de otra versión más clara.
  
En la audiencia benignamente concedida al suscrito Reverendísimo Secretario consultor el día 22 de Agosto de 1943, nuestro Santísimo Señor Pío Papa XII ha ratificado esta respuesta y ha ordenado publicarla.
  
22 de Agosto de 1943
  
Santiago María Vosté, O.P.
Secretario consultor

SECUENCIA «Appáruit hódie» EN HONOR A LA CIRCUNCISIÓN DEL SEÑOR

La Circuncisión de Jesús (Giovanni Bellini)
  
Secuencia compuesta por Juan Gersón, Doctor de Teología y Canciller de la Universidad de París.
    
LATÍN
Appáruit hódie
Mira virtus grátiæ,
Quæ Deum circúmcidit.
  
Nomen ei cœ́licum,
Nomen et salvíficum,
Quod est Jesus, indídit.
   
Nomen salus hómini,
Nomen quod os Dómini
Ab ætérno nóminat.
  
Dudum Matri Núminis
Hoc et sponso Vírginis
Ángelus denúntiat.
  
Tu néquam vim Zábuli,
Tu peccátum sǽculi
Nomen sacrum súperas.
  
Jesu, nostrum prétium,
Jesu, spes mœréntium,
Mentes sana míseras.
  
Quod deest in hómine
Supple tuo nómine,
Quod est salutíferum.
  
Tua circumcísio
Cordis sit præcísio,
Éfficax cautérium.
  
Sánguis fusus sórdidos
Lavet, riget áridos,
Mœstis det solátium.
  
Anni nunc inítio,
Pro felíci xénio
Para, Jesu, prǽmium.
Amen. Allelúja.
   
TRADUCCIÓN
Apareció hoy
La admirable virtud de la gracia
En la Circuncisión de un Dios.
  
Le es dado el Nombre de Jesús,
Un Nombre célico,
Un Nombre que es salvífico.
   
Este nombre importa la Salvación al hombre:
Es el Nombre que la boca del Señor
Ha pronunciado desde la eternidad.
   
El Ángel lo reveló,
Meses atrás, a la Madre de Dios,
Y al Esposo de la Virgen.
  
¡Oh Nombre Sagrado!, tú vencerás
El poder maligno de satanás,
Y los pecados del mundo.
  
¡Jesús, nuestro rescate!,
¡Jesús, esperanza de los afligidos!,
Sana nuestras almas enfermas.
  
Lo que carece el hombre,
Súplelo por tu Nombre,
Que es salutífero.
 
Que tu Circuncisión
Purifique nuestro corazón
Y cauterice sus llagas.
 
Que tu Sangre derramada lave nuestra sordidez,
Riegue nuestra aridez,
Y consuele nuestras aflicciones.
 
En este comienzo de año,
Por una feliz hospitalidad,
Prepara, ¡oh Jesús!, nuestra recompensa.
Amén. Aleluya.
 
DOM PRÓSPERO GUÉGANGER OSB. El Año Litúrgico (1ª Edición francesa), Sección segunda “Tiempo de Navidad”, parte I. Le Mans-París 1845, págs. 443-444. Traducción propia.

viernes, 22 de noviembre de 2019

MONS. LEFEBVRE: LA MISA EN VERNÁCULO ES FRUTO DEL RACIONALISMO

 
Un ejemplo de la penetración del racionalismo en la nueva liturgia, es que precisamente se pretende que los fieles entiendan todo. El racionalismo no acepta que haya algo que no se pueda comprender. Todo tiene que ser juzgado por la razón.   
 
Por supuesto que durante nuestros actos litúrgicos hay mucha gente que no entiende el latín, la lengua sagrada, o las oraciones que se dicen en voz baja, pues el sacerdote está de cara al crucifijo y los fieles no ven lo que hace, ni pueden seguir todos sus gestos. Hay cierto misterio.
   
Es verdad que hay un misterio y una lengua sagrada, pero aunque los fieles no entienden el misterio, la conciencia del misterio de Nuestro Señor les aprovecha mucho más que escuchar en voz alta y en su idioma toda la misa.
  
En primer lugar, aun en el propio idioma, algunos textos suelen ser difíciles; a veces cuesta entender las verdades. Hay que tener en cuenta la falta de atención; la gente se distrae, escucha un poco, entiende una frase y después nada... No pueden seguirlo ni entenderlo todo. La misma gente se queja que se cansa cuando se habla todo el tiempo en voz alta; no pueden recogerse ni un momento.
   
La oración, antes que nada, es una acción espiritual, como le dijo Nuestro Señor a la Samaritana: “Los verdaderos adoradores que pide mi Padre son los que lo adoran en espíritu y en verdad”. La oración es más interior que exterior. Si hay una oración exterior es para favorecer la oración interior de nuestra alma, la oración espiritual, la elevación de nuestra alma a Dios.
  
El Papa Pablo VI decidió abandonar el latín
El 7 de marzo de 1965, el papa Pablo VI [declaraba] a la multitud de fieles reunidos en la plaza de San Pedro (…): “Es un sacrificio de la Iglesia el renunciar al latín, lengua sagrada, bella, expresiva, elegante. Ella ha sacrificado siglos de tradición y de unidad de la lengua por una creciente aspiración a la universalidad”.
  
Y el 4 de mayo de 1967, el “sacrificio” era consumado mediante la Instrucción Tres abhinc annos que establecía el uso de la lengua vernácula para la recitación en voz alta del Canon de la misa.
  
Ese “sacrificio”, en el espíritu de Pablo VI, parece haber sido definitivo. Lo explica nuevamente el 26 de noviembre de 1969 al presentar el nuevo rito de la misa:
“Ya no es el latín sino la lengua vernácula, la lengua principal de la misa. Para quien conoce la belleza, el poder del latín, su aptitud para expresar las cosas sagradas, será ciertamente un gran sacrificio el verlo reemplazado por la lengua vernácula.
  
Perdemos la lengua de los siglos cristianos, nos volvemos como intrusos y profanos en el aspecto literario de la expresión sagrada. Perdemos así en gran parte esta admirable e incomparable riqueza artística y espiritual que es el canto gregoriano. Evidentemente, tenemos razón de sentir pesar y casi desconcierto”. (...) [Sin embargo], “La respuesta parece trivial y prosaica –dice– pero es buena, porque es humana y apostólica. La comprensión de la oración es más preciosa que los vetustos vestidos de seda, galanura real con que estaba revestida. Más preciosa es la participación del pueblo, de ese pueblo de hoy que quiere que se le hable claramente, de una manera inteligible que pueda traducir en su lenguaje profano. Si la noble lengua latina nos separase de los niños, de los jóvenes, del mundo del trabajo y de los negocios, si fuese una pantalla opaca en lugar de ser un cristal transparente ¿haríamos un buen cálculo, nosotros pescadores de almas, conservándole la exclusividad en el lenguaje de la oración y de la religión?”.

Mons. MARCEL LEFEBVRE, La Misa de siempre.

lunes, 23 de septiembre de 2019

REGLA DEL PADRE PÍO

Fragmentos del artículo Saint Padre Pío, del Rev. Padre Jean de Morgon, OFM. Cap.
  
I. CONFESIÓN SEMANAL
“La confesión es el baño del alma. Debes ir al menos una vez a la semana. No quiero que las almas estén alejadas de la confesión más de una semana. Incluso una habitación limpia y desocupada acumula polvo; ¡Vuelve después de una semana y verás que tienes que limpiarle el polvo otra vez!”.
   
II. COMUNIÓN DIARIA
A aquellos que se declaran indignos de recibir la Sagrada Comunión, él responde: “Es muy cierto, no somos dignos de tal regalo. Sin embargo, acercarse al Santísimo Sacramento con pecado mortal es una cosa, y ser indigno es otra. Todos nosotros somos indignos, pero es Él quien nos invita. Es Él quien lo desea. Humillémonos y recibámosle con un corazón contrito y lleno de amor”.
 
III. EXAMEN DE CONCIENCIA CADA NOCHE
A otro, que le dijo que el examen de conciencia cada noche le parecía inútil porque su conciencia le mostraba claramente en cada acción si era buena o mala, el Padre Pío replicó: “Es bastante cierto. Pero todo comerciante experimentado en este mundo no solo hace seguimiento del día sino también sobre si ha ganado o perdido en cada venta. Por la noche, lleva la contabilidad del día para determinar qué debería hacer al día siguiente. De lo que se sigue que es indispensable hacer un riguroso examen de conciencia, breve pero lúcido, cada noche”.
 
IV. LECTURA ESPIRITUAL DIARIA
“El daño que viene a las almas por la falta de la lectura de libros santos me hace estremecer… Qué poder tiene la lectura espiritual para llevar al cambio de vida, y para hacer incluso que los mundanos entren en el camino de la perfección”.

Cuando el Padre Pío fue condenado a no ejercer ningún ministerio, pasaba su tiempo libre no leyendo el períodico –lo llamaba “el evangelio del diablo”–, sino libros de doctrina, historia y espiritualidad. A pesar de esto, todavía decía: “Uno busca a Dios en los libros, pero Lo encuentra en la oración”.
 
V. ORACIÓN MENTAL DOS VECES AL DÍA
Sus consejos para la oración mental son sencillos: “Si no logras meditar bien, no dejes de hacer tu deber. Si las distracciones son numerosas, no te desanimes; haz la meditación de la paciencia, y tendrás beneficios. Determina el tiempo de tu meditación y no dejes el sitio antes de acabar, incluso si tienes que ser crucificado. ¿Por qué te preocupas tanto por no saber cómo meditar como te gustaría? La meditación es un medio de alcanzar a Dios, pero no es un fin en sí mismo. La meditación tiene por objeto amar a Dios y al prójimo. El amor de Dios con toda tu alma sin reservas, y el amor al prójimo como a uno mismo, y habrás cumplido la mitad de tu meditación”.
  
SOBRE LA ASISTENCIA A LA SANTA MISA
Lo mismo sostiene para la asistencia al Santo Sacrificio de la Misa: estar más preocupado a hacer actos (de contrición, Fe, Esperanza, Caridad, &c.;) que reflexiones intelectuales o consideraciones. A alguien que le preguntó si era necesario seguir la Misa en un misal, el Padre Pío le respondió que solamente el sacerdote necesita un misal. Según él, la mejor manera de asistir al Santo Sacrificio es unirse a la Virgen Dolorosa al pie de la Cruz, en compasión y amor.
 
SOBRE LA VIRGEN MARÍA Y EL ROSARIO
El Padre Pío nunca estaba sin un rosario, e incluso tenía uno bajo la almohada. Durante el día, rezaba varias docenas de rosarios. Horas antes de morir, dijo: “Amad a la Virgen y hacedla amar. Rezad siempre su Rosario. Esa es una armadura contra los males del mundo de hoy”.
 
“Satanás quiere destruir esta oración, pero en esto nunca triunfará. El Rosario es la oración de los que triunfan sobre todo y sobre todos. Fue Nuestra Señora quien nos enseñó esta oración, así como fue Jesús quien nos enseñó el Padre nuestro”.
 
“Cuando uno conoce la importancia de la Madre Santísima en su Inmaculada Concepción, está dando el primer paso en el camino de salvación”.

sábado, 29 de junio de 2019

SECUENCIA “Laetabúnda, canant pie”, DEL CORAZÓN DE MARÍA

  
San Juan Eudes, en el tomo XI de sus Obras Completas, compuso una Misa y Oficio en honor del Corazón de María, que era celebrada inicialmente el día 8 de Febrero en la diócesis de Coutances y en la orden Eudista.
  
SECUENCIA “Lætabúnda, canant pie”

LATÍN
Lætabúnda,
Canant pie,
Corda cuncta,
Cor Maríæ.

Cor amándum,
Omni corde:
Cor laudándum,
Omni mente.

Cor ætérni Núminis
En factum est Vírginis
Cor ætérnum.

Hæc est Virgo sápiens,
Hæc est Virgo rápiens
Cor divínum.

Consors Patris déxteræ,
Fit Matris Deíparæ
Cor et Natus.

Flos cordis Altíssimi,
Flos cordis Vírginei,
Flos et fructus.

Cordis nostri gáudium,
Exílii solátium,
Cor Maríæ.

Amóris oráculum,
Vexíllam, signáculum;
Liber vitæ.

Charitátis spéculum;
Thesáurus charismátum;
Thronus Christi.

Rubus ignem proférens,
Incombústus permánens,
Fornax cœli.

O fornax mirífica!
In te manent sócia,
Ros, et flamma.

Ros mire vivíficans,
Flamma beatíficans
Corda pura.

Infundátur ómnibus
Ros ille pectóribus:
Accendátur córdibus:
Flamma sacra.

O Jesu, Cor Maríæ!
Ros, ignis, fons grátiæ,
Ure, purga, pósside
Corda cuncta.

O amor, própera,
Ubíque ímpera
In terris, ut super sídera.

Nova præcórdia,
Nova fac ómnia:
Ut Jesum láudent, cum María.
Amen. Allelúja.

TRADUCCIÓN
Exulten de gozo
Las almas todas,
Con piadosos cánticos,
Al Corazón de María.
   
Corazón que es digno de ser amado
Por todo corazón:
Corazón que es digno de ser alabado
Por toda alma.
 
¡Mirad! La Voluntad eterna de Dios
Ha hecho eterno el Corazón
De la Virgen.
  
Esta es la Virgen sabia,
Esta es la Virgen que guía
Al Corazón divino.
 
El que está a la diestra del Padre,
Se hizo de la Virgen Madre
Alma e Hijo.
 
El corazón del Hijo del Altísimo,
Ornamento es del virginal corazón,
Flor y fruto.
 
Es el Corazón de María
El gozo de nuestros corazones
Y consuelo en nuestro exilio.
  
Oráculo de amor,
Bandera y señal;
Libro de la vida.
  
Espejo de caridad;
Tesoro de la gracia;
Trono de Cristo.
  
Zarza que aunque porta fuego
Permanece incombusta,
Horno del Cielo.
  
¡Oh admirable horno!
En ti permanecen juntos
El rocío y la llama.
 
Admirable rocío vivificante,
Llama que santifica
Y purifica los corazones.
 
Infunde el rocío
En todos los corazones:
Enciende en las almas
La llama de Amor Santo.
 
¡Oh Jesús, Corazón de María!
Rosa, fuego, fuente de gracia,
Inflama, purifica y toma el control
De todos los corazones.

Oh amor, acelera
Tu imperio en todas partes
En la tierra, como sobre el Cielo.
 
Renueva los corazones,
Haz nuevas todas las cosas:
Para que alaben a Jesús con María.
Amen. Aleluya.

lunes, 24 de junio de 2019

PREFACIO DE LA NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA

El nacimiento de San Juan Bautista (Maestro de Miraflores, parte del retablo de San Juan Bautista. Madrid, Museo del Prado).

En Francia, especialmente en la Sede Primada lugdunense (Lyon tiene por patrono de su catedral a San Juan Bautista), en el día de su Natividad y durante la Octava -siempre que no se ordene otro en el Propio de la Misa del día- se reza este prefacio, que resumen las gracias recibidas y el ministerio que realizara el Precursor de Nuestro Salvador, al que reconoció y señaló desde antes de nacer.

LATÍN: Vere dignum et justum est, ǽquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque gratias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Et tuam in beáto Joánne Baptísta Præcursóre magnificéntiam collaudáre, qui vocem Matris Dómini nondum éditus sensit, et adhuc clauso útero, advéntum salútis humánæ prophética exsulatióne significávit. Qui et genetricis sterilitátem concéptus ábstulit, et patris linguam natus absólvit, solúsque ómnium prophetárum Redemptórem mundi, quem prænuntiávit, osténdit. Et ut sacrae purificatiónis efféctum aquárum natúra concíperet, sanctificándis Jordánis fluéntis, ipsum baptísmo baptísmatis lavit auctórem. Et ídeo cum Ángelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia cœléstis exércitus hymnum glóriæ tuæ cánimus, sine fine dicéntes:

TRADUCCIÓN: Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable darte gracias siempre y en todo lugar, Señor Santo, Padre omnipotente y eterno Dios. Y alabar tu magnificencia también en el bienaventurado Juan el Bautista, el Precursor, quien, aún no nacido, oyó la voz de la Madre del Señor y, todavía en el seno materno, anunció con profética exultación el advenimiento de la salvación de los hombres: Cuya concepción removió la esterilidad de su madre, y cuyo nacimiento desató la lengua de su padre: quien entre todos los profetas fue el único que señaló al Redentor del mundo, al cual anunció: y, para que la naturaleza del agua pudiese tener el efecto de sagrada purificación para los que serán santificados en la corriente del Jordán, lavó en el bautismo al mismo Autor del Bautismo. Y por eso, con los Ángeles y los Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, cantamos un himno a tu gloria diciendo sin cesar: Santo...

viernes, 21 de junio de 2019

MANNING SOBRE EL SANTÍSIMO SACRAMENTO

   
«El Santísimo Sacramento para los sentidos es pan y vino; para el intelecto, un símbolo; para la fe, el Cuerpo y la Sangre de Cristo». (Card. HENRY EDWARD MANNING, sermón La Intuición de la Fe -sobre 2 Cor. III, 18-).
  
NOTA: Para cuando dio este sermón, Manning era anglicano, pero ya en 1850, al concluir que el Anglicanismo era solamente una institución humana y política, estaba ponderando su conversión al Catolicismo, la cual tuvo lugar el 6 de Abril de 1851.

TESOROS EUCARÍSTICOS DE LIEJA

Refiere Édouard Lavalleye en su libro La Fête-Dieu, sainte Julienne et l’église Saint Martin à Liége, esquisses historiques (Corpus Christi, Santa Juliana y la iglesia de San Martín en Lieja), escrito con motivo del sexto centenario de la institución de la Fiesta del Santísimo Sacramento en la diócesis de Lieja (año 1246), que en su antiguo Misal diocesano de 1552 había una Misa propia que tenía la secuencia Laureáta plebs fidélis en lugar de la tomista Lauda Sion Salvatórem presente en la Misa Romana.

LATÍN
Laureáta plebs fidélis
Sacraménto Christi carnis,
Laude regem glóriæ.
Nam cum regnans sit in cœlis,
Cum efféctu suæ mortis
Se præbet cotídie.
   
Ut prétium pro peccátis
Fiat virtus Passiónis
Et augméntum grátiæ,
Missa confert ista nobis;
Ergo digne sit solémnis
Missæ cultus hódie.
  
Hoc signávit vitæ lignum,
Melchísedech panem vinum,
Ut placáret Trinum-Unum,
Ófferens altíssimo;
Aser quóque pínguis cibus
Delícias dans régibus,
Nam regális est hic cibus
Pane sacratíssimo.
 
Et hoc quidem designávit
Agnus sine mácula,
Quem edéndum immolávit
Quóndam lex mosáica.
Agnus legis jam cessávit,
Supérvenit grátia,
Christi Sánguis dum manávit
Mundi tollens crímina.
  
Caro cujus tam seréna
Nobis esca sit amœ́na
Fídei mystério.
Quam próvide manna cœli
Figurávit Israëli
Nóbili præságio.
  
Esca fuit temporális
In desérto datum manna,
Christus panis est perénnis
Dans ætérna gáudia.
Hic est panis salutáris,
Per quem datur nobis vita,
Hic est calix speciális
Cujus potus grátia.
 
Hic est esus páuperum,
Nullum quǽrens prétium
Sed mentes fidélium,
Pacis præbens cópiam.
O dulce convívium
Supernórum cívium,
In terris viáticum
Nos ducens ad Pátriam.
 
Vitæ via, lux perénnis,
Sátians reféctio,
Christe, confer vitam nobis
Hoc sacro convívio.
Ut ætérno cum supérnis
Perfruámur gáudio,
Quod osténdet deitátis
Manifésta vísio.
 
Vive panis, vivax unda,
Vera vitis et fœcúnda,
Vitæ da subsídia.
Sic nos pasce, sic nos munda,
Ut a morte nos secúnda
Tua salvet grátia.
  
Nam efféctus tuæ mortis
Nos emúndat a peccátis
Per Missæ mystéria.
Summæ templum Trinitátis
Sempitérnam confer nobis
Glóriam in pátria.
 
Jesu, decus Angelórum,
Spoliátor Infernórum
Humíli victória,
Honor Cœli, lux Sanctórum,
Salus mundi, fons bonórum,
Tibi laus et glória. Amen.
  
TRADUCCIÓN
Tu corona es, pueblo fiel,
El Sacramento del Cuerpo de Cristo,
Alaba al Rey de la Gloria.
Aunque reina en el Cielo,
Con el fruto de su muerte
Se entrega cada día.
   
El rescate por los pecados
Se vuelve en virtud de la Pasión
Y aumento de gracia,
La Misa nos concede esto;
Por eso hágase con solemnidad
Hoy el culto de la Misa.
  
Figurado en el árbol de la vida,
En el pan y vino que Melquisedec
Ofreció al Altísimo
Para aplacar al Dios Trino y Uno;
En el pingüe pan de Aser
Que es grato a los reyes,
Pero real alimento es
Este sacratísimo Pan.
 
Y también fue figurado
En el cordero sin defecto,
Que para comerse fue inmolado
Bajo la Ley de Moisés.
Cesó ya el cordero de la ley,
Superado por la gracia,
La Sangre que Cristo derramó
Quita los pecados del mundo.
  
Su carne sin mácula
Sea nuestro ameno alimento
En el Misterio de la Fe,
Del cual el maná provisto del Cielo
Para el pueblo de Israel
Figura y noble presagio fue.
  
El maná que en el desierto se dio
Era un alimento temporero,
Cristo es el Pan perenne
Que nos da el gozo eterno.
Este es el pan salvífico
Que nos da la vida,
Este es el cáliz precioso
Del que se bebe la gracia.
 
Este es el alimento de los pobres,
No busca otro precio
Que las almas de sus fieles,
Y les retorna abundante paz.
Oh dulce convivio
De los célicos moradores
Y Viático en la tierra,
Condúcenos a la eterna Patria.
 
Camino de la vida, Luz eterna,
Oh Cristo, confiérenos la vida
En este sacro banquete
Que sacia plenamente.
Para que en la eternidad obtengamos
Con los bienaventurados el gozo
De contemplar claramente
La visión beatífica de Dios.
 
Pan vivo, bebida vivificante,
Vid verdadera y fecunda,
Reanima nuestra vida.
Apaciéntanos y purifícanos,
Para que tu gracia nos salve
De la muerte segunda.
  
En el Misterio del Altar,
Que el fruto de tu muerte
Nos remita nuestros pecados.
Templo de la suma Trinidad,
Concédenos la sempiterna gloria
En la Patria celestial.
 
A Ti, Jesús, decoro de los Ángeles,
Que por tu humildad venciste
Y al Infierno despojaste,
Honor del Cielo, Luz de los Santos,
Salvador del mundo, fuente de todo bien,
Sea la alabanza y la gloria. Amen.

jueves, 20 de junio de 2019

LAUDES DIVINAS EN DESAGRAVIO AL SANTÍSIMO SACRAMENTO

La adoración de la Sagrada Forma (detalle; copia por Vicente López del original pintado por Claudio Coello).
   
Las “Alabanzas Divinas” (Laudes Divínæ) son una serie de aclamaciones en alabanza a Dios, a Jesucristo, al Espíritu Santo, la Santísima Virgen, San José y todos los Ángeles y Santos. Originalmente fueron escritas en 1797 por el sacerdote Luigi Felici SJ (1736-1818) para hacer reparación contra la blasfemia y las malas palabras, mal tan común en la sociedad y que atrae la ira de Dios. Pío VII, el 23 de Mayo de 1801, las aprobó y extendió a toda la Iglesia, enriqueciendo con indulgencias este acto piadoso.
   
A menudo, las Alabanzas Divinas son usadas luego de la Bendición con el Santísimo Sacramento (el Sacerdote comienza y los fieles repiten) antes de ser guardada la Sagrada Hostia en el tabernáculo, pero también pueden decirse después de escuchar, ver, pronunciar o pensar inadvertidamente alguna blasfemia o cualquier palabra malsonante.
  
LATÍN
Benedíctus sit Deus!
Benedíctus Nomen Sanctum ejus!
Benedíctus Jesus Christus, verus Deus et verus homo!
Benedíctum Nomen Jesu!
Benedíctum Cor ejus sacratíssimum!
Benedíctus Sanguis ejus pretiosíssimus!
Benedíctus Jesus in sanctíssimo altáris Sacraménto!
Benedíctus Sanctus Spíritus Paráclitus!
Benedícta excélsa Mater Dei, María sanctíssima!
Benedícta sancta ejus et immaculáta Concéptio!
Benedícta ejus gloriósa Assúmptio!
Benedíctum nomen Maríæ, Vírginis et Matris!
Benedíctum Cor ejus immaculátum!
Benedíctus sanctus Joseph, ejus castíssimus Sponsus!
Benedíctus Deus in Ángelis suis, et in Sanctis suis! Amen.
  
TRADUCCIÓN
¡Bendito sea Dios!
¡Bendito sea su Santísimo Nombre!
¡Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre!
¡Bendito sea el Nombre de Jesús!
¡Bendito sea su sacratísimo Corazón!
¡Bendita sea su preciosísima Sangre!
¡Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar!
¡Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito!
¡Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima!
¡Bendita sea su santa e inmaculada Concepción!
¡Bendita sea su gloriosa Asunción!
¡Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre!
¡Bendito sea su Inmaculado Corazón!
¡Bendito sea San José, su castísimo Esposo!
¡Bendito sea Dios en sus Ángeles y Santos! Amén.
  
Pío VII, mediante rescripto del 23 de Mayo de 1801, otorga indulgencia de un año cada vez que se rece devotamente y con corazón contrito, indulgencia también aplicable a las Benditas Ánimas. Pío IX, mediante decreto del 8 de Agosto de 1847, concedió Indulgencia Plenaria al mes, con las condiciones de rigor, y aplicable también a las Benditas Ánimas.

PREFACIO DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

   
A diferencia del Rito Romano (que asigna para el Corpus Christi y su octava el prefacio de la Natividad), la liturgia neogalicana (en particular el Rito de Lyon y los usos de Poitiers y Beauvais) tiene un Prefacio propio para el Corpus Christi (y su Octava) y la Misa de Desagravio al Santísimo Sacramento, el cual es una rescensión del antiguo Sacramentario Gelasiano. En este prefacio, se expresa y reafirma la doctrina sobre el Sacrificio de Cristo en la Cruz, Oblación pura y perfecta que abolió para siempre las innumerables víctimas prescritas en la Ley mosaica, Sacrificio que es renovado de modo incruento en la Santa Misa:
  
PRÆFÁTIO DE SANCTÍSSIMO SACRAMÉNTO: Vere dignum et justum est, ǽquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine sancte, Pater omnípotens, ætérne Deus, per Christum Dóminum nostrum. Qui, remótis carnálium victimárum inánibus umbris, Corpus et Sánguinem suum nobis in Sacrifícium commendávit: ut in omni loco offerátur nómini tuo, quæ tibi sola complácuit, Oblátio munda. In hoc ígitur inscrutábilis sapiéntiæ, et imménsæ caritátis mystério, idípsum quod semel in Cruce perfécit, non cessat mirabíliter operári, ipse Ófferens, ipse et Oblátio. Et nos, unam secum hóstiam efféctos, ad sacrum invítat convívium, in quo ipse cibus noster súmitur, recólitur memória Passiónis ejus, mens implétur grátia, et futúræ glóriæ nobis pignus datur. Et ídeo cum Ángelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia cœléstis exércitus, hymnum glóriæ tuæ cánimus, sine fine dicéntes. [Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar, oh Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios, por Cristo, Señor nuestro. Que habiendo removido la sombra de las inútiles víctimas, nos encomendó como Sacrificio su Cuerpo y su Sangre, para que en todo lugar se ofrezca en tu Nombre la única Ofrenda pura que Te complace. Pues en este misterio de su inescrutable Sabiduría e inmensa Caridad, no cesa de operarse maravillosamente el Sacrificio realizado en la Cruz, donde Él se mismo se ofreció como Oblación. Y a nosotros, hechos con Él una misma hostia, nos invita a este sagrado banquete en el cual se nos da por alimento, renovando la memoria de su Pasión, para llenar nuestras almas de su Gracia y darnos la prenda de la Gloria futura. Por eso, unidos a los Ángeles y los Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, junto con toda la celestial milicia, cantamos un himno a tu Gloria diciendo sin cesar].

domingo, 26 de mayo de 2019

PREFACIO DE SAN FELIPE NERI

 
Prefacio aprobado por el Papa Pío VI para la Congregación del Oratorio mediante decreto de la Sagrada Congregación de Ritos del 11 de Septiembre de 1798:
   
LATÍN: Vere dignum et justum est, ǽquum et salutáre nos tibi semper et ubíque grátias ágere, Dómine sancte, Pater omnípotens, ætérne Deus. Qui beátum Philíppum grátiæ tuæ munéribus, amóris igne æstuáre fecísti: qua ineffábili charitáte inflammátus, novam ad animárum lucrum Congregatiónem instítuit, et quæ áliis dedit salútis mónita, óperum exhibitióne complévit. Quǽsumus cleméntiam tuam, ut íllius nos Festivitáte (vel Commemoratióne) lætífices, exémplo piæ conversatiónis exérceas, verbo prædicatiónis erúdias, gratáque tibi supplicatióne tueáris. Et ídeo cum Ángelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia cœléstis exércitus, hymnum glóriæ tuæ cánimus, sine fine dicéntes: Sanctus...
 
TRADUCCIÓN: Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable darte gracias siempre y en todo lugar, Señor santo, Padre omnipotente y eterno Dios, que por los dones de tu gracia has hecho arder al bienaventurado Felipe con la llama de tu amor: quien inflamado por esa inefable caridad, instituyó una nueva Congregación para ganar a las almas, y que habiendo dado a otros tan salutíferos preceptos, los cumplió con obras ejemplares; y suplicamos a tu clemencia, que a cuantos nos alegramos por su Fiesta (o Conmemoración), podamos ejercitarnos por el ejemplo de su piadosa conversación, instruirnos por la palabra de su predicación, y protegernos por su agradecida suplicación a Ti. Y por eso, con los Ángeles y los Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, cantamos un himno a tu gloria diciendo sin cesar: Santo...

miércoles, 24 de abril de 2019

MISAL SAN PÍO X VS. MISAL RONCALLIANO: COMPARACIÓN

Tomado de TRADITIONAL MASS. El Misal de San Pío X está en rojo, a fin de distinguirlo de aquél de Juan XXIII bis (o “roncalliano”) de 1962.
  
  1. El Misal de San Pío X fue promulgado por un santo Papa canonizado que condenó el Modernismo y comuesto con la colaboración de sacerdotes absolutamente ortodoxos, cultos y piadosos por igual. El misal roncalliano fue promulgado por un papa ya sospechoso de modernismo en su juventud, el mismo papa que dirigió el “Vaticano II” para “consagrar el ecumenismo” y abrió las ventanas de la Iglesia a una engañosa “renovación”. Fue compuesto bajo la dirección de Ferdinando Antonelli que después suscribió la “nueva misa” y de Annibale Bugnini, “el gran Arquitecto” de la “nueva misa”, notorio modernista y sospechoso francmasón.
       
  2. El Misal de San Pío X está basado sobre los principios del Catolicismo en materia litúrgica, seguidos siempre y en toda circunstancia por los Papas. Este misal fue utilizado, sin manumisiones, hasta el ascenso del autodenominado “Movimiento Litúrgico” en los años Cincuenta. El misal roncalliano fue basado en cambio sobre los principios del “movimiento litúrgico”, muchas veces condenados por los Papas: fue un mero trabajo de transición y de compromiso para preparar el adviento de la Nueva Liturgia. Fue utilizado solo cuatro años.
      
  3. El Misal de San Pío X no innova nada, sino que permanece estrechamente vinculado a la Tradición (para usar las palabras de Benedicto XIV Lambertini). El misal roncalliano es un “puente que abre el camino a un futuro prometedor” (para usar las palabras de Bugnini).
      
  4. En el Misal de San Pío X siempre se dicen las oraciones al pie del altar. En el misal roncalliano son omitidas en la fiesta de la Purificación después de la Procesión, el Miércoles de ceniza después de la distribución de las cenizas mismas, el Sábado Santo, en el Domingo de Ramos después de la Procesión, en los cuatro días de las Rogativas después de la Procesión, y en otras Misas según las “nuevas rúbricas” del “pontifical romano”.
      
  5. En el Misal de San Pío X, en los días de menor rango litúrgico, además de la colecta del día, se dicen las colectas de Nuestra Señora, Nuestra Señora y Todos los Sanctos, contra los perseguidores de la Iglesia, por el Papa o por los fieles difuntos, etc., etc.… En el “misal roncalliano” son abolidas todas las colectas.
      
  6. Las conmemoraciones de una fiesta de rango menor de un santo o de una domínica se hacen de acuerdo con las rúbricas en el Misal de San Pío X. En cambio, en el misal roncalliano las conmemoraciones de una fiesta de rango menor (Santo o Domínica) son abolidas o minimizadas, en tal modo que en una domínica la mayor parte de las fiestas de los santos desaparecen.
     
  7. En el Misal de San Pío X las lecciones sobre las Cuatro Témporas siempre se dicen. En el misal roncalliano, todo el bloque de estas lecturas devino facultativo.
       
  8. En el Misal de San Pío X, la Epístola siempre es leída por el Celebrante en una Misa Solemne, como fue establecido por San Pío V. En el “misal roncalliano” el celebrante se sienta en un lado y escucha la Epístola, como sucede también en la “misa montiniana”.
     
  9. En el Misal de San Pío X la secuencia del “Dies írae” debe cantarse siempre en una Misa de difunto. En cambio, en el “misal roncalliano” devino totalmente opcional.
        
  10. El Evangelio siempre es leído por el Celebrante en una Misa Solemne, como fue establecido específicamente por San Pío V. En el misal roncalliano en cambio, el celebrante puede escuchar el Evangelio, mientras otro lo lee.
      
  11. El Credo, en el Misal de San Pío X, es dicho en muchísimas fiestas, según las rúbricas. El Credo, en el misal roncalliano, es abolido en muchísimas fiestas (Doctores de la Iglesia, Santa María Magdalena, los Ángeles…).
      
  12. El Canon, en el Misal de San Pío X, permanece invariable como en los tiempos de San Gregorio Magno. En el misal roncalliano el nombre de San José fue insertado en el Canon, en tal manera que el canon finalmente deviene en plasmable y mutable.
      
  13. En el Misal de San Pío X, siempre se deben decir el Confíteor, Misereátur e Indulgéntiam antes de dar la Santa Comunión a los fieles. En cambio, en el misal roncalliano están ABOLIDOS [1].
      
  14. En el Misal de San Pío X el “Benedicámus Dómino” se dice en lugar del “Ite, Missa est” en las domínicas y en las semanas de Cuaresma y Adviento, en las Vigilias y en las Misas votivas. En el misar roncalliano está ABOLIDO, excepto para cuando hay una procesión después de la misa.
      
  15. El Último Evangelio en el Misal de San Pío X debe decirse siempre al final de la Misa: puede ser el inicio del Evangelio según San Juan o el propio de la fiesta. En el misal roncalliano está ABOLIDO el último Evangelio propio de la Fiesta, con una sola excepción. Y el último Evangelio NO se lee en: la Tercera misa de Navidad, el Domingo de Ramos, en el Jueves Santo, en el Sábado Santo, en cada Misa seguida por una Procesión, en toda Misa de Réquiem seguida por una Absolución y en otros casos según las “rúbricas” del nuevo “pontifical romano” [2].
       
  16. En el misal roncalliano están ABOLIDAS las siguientes fiestas [3]:
    • Cátedra de San Pedro en Roma (18 de Enero).
    • Invención de la Santa Cruz (3 de Mayo).
    • San Juan en la Puerta Latina (6 de Mayo).
    • Aparición de San Miguel Arcángel (8 de Mayo).
    • San León II Papa (3 de Julio).
    • San Anacleto I Papa (13 de Julio).
    • San Pedro ad Víncula (1 de Agosto).
    • Invención de San Esteban (3 de Agosto).
    • Conmemoración de San Vital (28 de Abril).
    • Santa Filomena (11 de Agosto).
      
    En el misal roncalliano las siguientes fiestas fueron transformadas:
    • San José Patrono de la Iglesia Universal (Miércoles posterior al 2º domingo después de Pascua) → San José obrero (1 de Mayo).
    • Circuncisión de Nuestro Señor (1 de Enero) → Octava de Navidad.
    • Cátedra de San Pedro en Antioquía (22 de Febrero) → Cátedra de San Pedro.
    • Santo Rosario de la Bienaventurada Virgen María (7 de Octubre) → Nuestra Señora del Rosario.
      
    Fueron degradadas las siguientes fiestas:
    • San Jorge (23 de Abril; de Semidoble a Conmemoración).
    • Nuestra Señora del Carmen (16 de Julio, de Doble mayor a Conmemoración).
    • San Alejo (17 de Julio, de Semidoble a Conmemoración).
    • Santos Ciriaco, Largo y Esmaragdo (8 de Agosto, de Semidoble a Conmemoración).
    • Impresión de los Estigmas de San Francisco (17 de Septiembre, de Doble a Conmemoración).
    • San Eustaquio y compañeros (20 de Septiembre, de Doble a Conmemoración).
    • Nuestra Señora de la Merced (24 de Septiembre, de Doble mayor a Conmemoración).
    • Santo Tomás Becket (29 de Diciembre, de Doble a Conmemoración).
    • San Silvestre (31 de Diciembre, de Doble a Conmemoración).
    • Siete Dolores de la Bienaventurada Virgen María (Viernes de Pasión, de Doble mayor a Conmemoración).
        
  17. Fueron ABOLIDAS en el misal roncalliano las siguientes Octavas:
    • Epifanía (siglo VII).
    • Corpus Christi (1294).
    • Ascensión (siglo VIII).
    • Sagrado Corazón de Jesús (1928).
    • Inmaculada Concepción (1693).
    • Asunción (siglo IX).
    • San Juan Bautista (siglo VIII).
    • San Pedro y San Pablo (siglo VII).
    • Todos los Santos (ca. 1480).
    • Natividad de la Virgen María (1245).
    • San Esteban (siglo VIII).
    • San Juan Evangelista (siglo VIII).
    • Santos Inocentes (siglo VIII).
    • Dedicación de una Iglesia (siglo VIII).
       
  18. En el misal roncalliano fueron ABOLIDAS las siguientes Vigilias:
    • Epifanía.
    • San Matías Apóstol.
    • San Santiago Apóstol, patrono de España.
    • San Bartolomé Apóstol.
    • San Mateo Apóstol.
    • Todos los Santos.
    • San Andrés Apóstol.
    • Inmaculada Concepción.
    • Santo Tomás Apóstol.
       
  19. En el Misal de San Pío X, los tres tonos de voz del celebrante son: audible, secreto, y audible solo a los que están en el altar. En el misal roncalliano este tercer tono está ABOLIDO.
      
  20. En el Misal de San Pío X el celebrante, sea que esté del lado de la Epístola o en el del Evangelio, hace siempre la reverencia a la Cruz, cuando menciona el Santo Nombre de Jesús. En el misal roncalliano esta prescripción está ABOLIDA.
      
  21. Los ritos de la Semana Santa aparecen fielmente en el Misal de San Pío X, según las prescripciones de San Pío V. En el misal roncalliano la semana santa prácticamente no es la Semana Santa del rito Romano Tradicional. De hecho se hicieron necesarias pocas modificaciones para trasvasarla en el misal montiniano.

NOTAS
[1] Algunos sacerdotes, que declaran adherir a los cambios de Juan XXIII por motivos de“autoridad papal”, con todo, se rehúsan a suprimir el Confíteor, Misereátur e Indulgéntiam antes de la comunión de los fieles, como está prescrito por Juan XXIII.
[2] El padre Bugnini ha expresado el deseo “de muchos” que la práctica de recitar el último Evangelio debía ser gravemente reducida o suprimida del todo. Debía solamente esperar algunos años.
[3] Advertir el prejuicio modernista contra el culto de los santos y contra las fiestas que se refieren a las prerrogativas papales o apariciones aprobadas por la Iglesia. Durante la Cuaresma, el Misal de Juan XXIII suprime la mayor parte de las misas de los Santos.
  

jueves, 18 de abril de 2019

LAS OBRAS DE NUESTRO SEÑOR EN EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA

   
Todo cristiano está obligado a creer que el Señor Jesús, el Jueves Santo, ordenó e instituyó el Santo Sacramento de la Misa, a los santos Apóstoles presentes, y Él les mandó que hicieran lo mismo con gran reverencia y perpetua memoria, según lo que dice San Lucas (Lucas 22, 19), y San Pablo a los corintios: “Haced esto en memoria mía” (1ª Corintios 11, 24). Concretamente: tú deberías traer y recordar devotamente, al oir Misa, la entera vida bendita de Jesucristo. Por esta razón el sacerdote, cuando eleva el cáliz dice: “Hæc quotiescúmque fecéritis, in mei memóriam faciétis”. Él no dice: “En memoria de mi Pasión”, si no “en mi memoria”, significando que la Misa comprende no solo la sacratísima muerte de Jesucristo, si no también, calladamente [tácite] su bienaventurada vida, comenzando desde su Encarnación hasta la santa Ascensión.
   
Alguno puede decir: “Este mandamiento fue dado e impuesto solamente a los sacerdotes y no a los laicos”. Replico que este mandamiento fue dado también a los laicos. A los sacerdotes les fue ordenado que recuerden la santa vida de Jesucristo celebrando devotamente la Misa, a los laicos, sin embargo, mediante la escucha devota, con atento oído y contemplación.

Y encuentro que el Hijo de Dios, desde su descendimiento del Cielo y asunción de la carne humana en el seno virginal de la Bienaventurada Virgen María, hasta el día en el cual Él ascendió a los Cielos, hizo treinta obras principales que son comprendidas y representadas en la Misa. Y son las siguientes:
 
1. La primera obra que nuestro Señor y Salvador Jesucristo hizo por nosotros en este mundo fue su sublime y admirable Encarnación, cuando descendió del Cielo y se estableció en el seno de la Virgen María, poniéndose nuestra vestidura, esto es, nuestra humanidad; porque la divinidad estaba oculta bajo la humanidad. Y esta maravillosa obra es simbolizada y representada en la Misa Solemne, cuando el sacerdote entra a la sacristía, significando la entrada del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María, donde fue vestido con nuestra humanidad.

Aquí el devoto cristiano debe contemplar tres cosas: primero, que como en la sacristía hay reliquias, joyas y otros ornamentos eclesiásticos, así en esta gloriosa sacristía, que es el seno virginal, había reliquias, específicamente el poder de Dios Padre operante, la sabiduría y la persona de Dios Hijo encarnándose y la gracia del Espíritu Santo informando. Hubo joyas, concretamente de gracia y virtudes, porque en la Virgen María mora la plenitud de la gracia y las virtudes; y ornamentos con los cuales nuestro sumo Sacerdote se dispuso a celebrar Misa, el Viernes Santo, en el altar de la Cruz verdadera, en el sagrado y santificado cuerpo de Jesucristo, formado y encarnado de la purísima y castísima sangre de la Virgen María.

Segundo, cuando el sacerdote es revestido en la sacristía, ninguna persona laica lo ve; pero ellos creen que está vestido y esperan que saldrá en breve. Porque debe advertirse que cuando [dum] nuestro sumo sacerdote Jesucristo se revistió en el seno virginal de la Virgen María, nadie del pueblo judío lo vió ni conoció; en esa misma forma en que su Encarnación fue oculta y mantenida en secreto, los creyentes sin embargo creyeron y esperaron que debería revestirse él mismo, esto es, que se ha encarnado y nacido de la Virgen, justo como ha sido profetizado por muchos profetas.
 
Tercero, que el sacerdote en la sacristía se pone siete vestiduras, a saber: la sobrepelliz, si es un simple sacerdote –un roquete si es obispo, un escapulario si es monje–; amito, alba, cíngulo, manípulo, estola y casulla. Así, nuestro sumo sacerdote se revistió en el seno de la Virgen María, que es llamada sacristía, con siete vestidos, esto es, los siete dones del Espíritu Santo, que son los vestidos que el santísimo cuerpo de Jesucristo fue vestido y revestido (cf. Isaías 11, 2-3). Esta es la primera obra en el simbolismo de la Misa.

2. La segunda obra que nuestro Salvador Jesús hizo fue cuando en la noche de su Natividad, el Hombre-Dios salió del vientre virginal y se reveló al universo mundo, y la noche, que había sido oscura, cual día es iluminada. Y Él deseó nacer ante José y María, y ser puesto en medio de dos animales, el asno y el buey. Y una multitud de Ángeles estuvo cantando: “Glória in excélsis Deo!” (Lucas 2, 14). Y los pastores le adoraron.

Secretamente permaneciendo en la gloriosa sacristía, esto es, en la Virgen María, después de su nacimiento, abierta y públicamente se manifestó a Sí mismo. Esto se manifiesta cuando el sacerdote sale de la sacristía. El Diácono representa a la Virgen María, el Subdiácono a San José, y dos acólitos al buey y el asno. La luz que ellos llevan significa el resplandor que se mostró al nacer Jesucristo nuestro Salvador. Los sacerdotes que con velas y en alta voz cantan “Glória Patri…” cuando el sacerdote sale de la sacristía representan a la multitud angélica cantando: “Glória in excélsis Deo, etc.”. Los címbalos suenan y se tañen las campanas, que representan el gran gozo de los pastores cuando celebraron al son de flautas [tibiárum] el nacimiento de nuestro Salvador y Sumo Sacerdote. Cuando el sacerdote sale de la sacristía, vestido con ornamentos brillantes, el sacerdote simboliza la pureza de Jesucristo, que puro y resplandeciente permaneció sin mancha de pecado.

3. La tercera obra admirable que Jesucristo realizó fue cuando al octavo día de su natividad quiso ser circuncidado. Por causa del pecado original la circuncisión sucedió, y de ello no hubo manera en que Jesucristo fuera obligado porque Él no vino por aquella generación corrompida de Adán, si no que vino sin mancha de pecado, pero la aceptó para enseñarnos un gran ejemplo de humildad, deseando aparecer como un pecador y en semejanza de pecado.

Y esto es simbolizado por el sacerdote cuando haciendo una profunda inclinación confiesa que es un pecador, diciendo: “Confíteor Deo omnipoténti,...”. Aunque el sacerdote está sacramentalmente absuelto, con todo está obligado a declararse pecador, incluso si fuera más santo que San Juan el Bautista; para demostrar y significar que Jesucristo, que es el comienzo y plenitud de toda santidad y perfección, deseó parecer pecador, sujetándose a la ley de la circuncisión, para poder finalizarla y darle su cumplimiento; o significar el cuerpo místico de la Iglesia y toda la humanidad.

4. La cuarta obra que Él hizo fue cuando los tres Reyes Magos, guiados por una estrella desde oriente, fueron conducidos al establo del buey y el asno, en medio de los cuales Le adoraron y confesaron ser Dios y Señor del universo, ofreciéndole oro, franquincienso y mirra (Mateo 2, 11).
 
Esto es simbolizado cuando el sacerdote, después de la confesión, asciende al altar y lo besa, inclinando profundamente su cabeza diciendo: “Aufer a nobis, quǽsumus, Dómine, iniquitátes nostras: ut ad Sancta sanctórum puris mereámur méntibus introíre”, y justo como los tres reyes le presentaron tres regalos, el sacerdote ofrece, inclinándose, el incienso de la oración devota, el oro de la adoración reverente, y la amarga mirra signándose con el signo de la Santa Cruz en memoria de la dolorosa y amarga Pasión de Jesucristo, como diciendo con el profeta Jeremías en las Lamentaciones, según el tercer lamento (Trenos 3, 20-21): “Lo recuerdo, lo recuerdo y se hunde mi alma en mí. Esto revelaré en mi corazón, por ello esperaré”.

5. La quinta obra que Jesucristo hizo en este mundo, fue cuando deseó presentarse en el templo. Su Madre gloriosa Le llevó y presentó allí, y estuvieron presentes Simeón y la santa viuda Ana, alabando a Dios.

Esto es simbolizado cuando el sacerdote llega al cuerno del altar, recibe el misal y lee la antífona de entrada [Introito] de la Misa. El Diácono y el Subdiácono y su asistente simbolizan al glorioso Simeón y a la profetisa Ana. Los acólitos y demás, que no deberían acercarse al altar, simbolizan a la Virgen María y a San José, y los demás ancianos y padres, que estaban de pie a la distancia escuchando y prestando atención con devoción. Verdaderamente la Virgen María era enteramente digna de acercarse al altar, mas escogió no hacerlo, para darle un ejemplo a los laicos que, aunque sean tan santos y justificados, no deberían ascender al altar a menos que haya una urgente necesidad, de otra manera, no sin pecado [non sine damno]. Cuando el santo varón Simeón recibió al glorioso Hijo de Dios, cantó el Nunc dimmítis, que tiene cuatro versos (Lucas 2, 29-32), significando las cuatro acciones que el sacerdote hace: la lección del Introito, el Kýrie eléison, que es lo mismo que implorar la misericordia de Dios por sí y por los demás, el Glória in excélsis, y la Oración.
 
6. La sexta obra que Nuestro Señor Jesucristo hizo en este mundo fue cuando huyó de la tierra prometida a la tierra de Egipto, escapando de la ira de Herodes. Y allí permaneció con su gloriosa Madre y San José por siete años exiliado y escondido.

Y esto se representa en la Misa solemne cuando el Subdiácono con un acólito va a leer la Epístola, el sacerdote permanece en el altar con el otro y el Diácono, y entonces se apartan del altar y se sientan; y sentados, hacen siete cosas, que representan los siete años que Jesucristo pasó en Egipto: Primero, la epístola es leída, segundo, el Responsorio, tercero el Aleluya (una palabra hebrea que significa “Alabamos a Dios” y el verso, cuarto, una secuencia [prosa]; quinto: se prepara un servicio para sí mismo, el agua y el vino [1]; sexta: bendice el incienso; séptima: da la bendición al Diácono. Estas siete cosas las hace permaneciendo en el mismo sitio para demostrar que el Salvador permaneció siete años en Egipto, y la última la realiza de pie, significando así que al séptimo año Jesucristo regresó a su tierra.

7. La séptima obra que Él hizo en este mundo, fue cuando, habiendo retornado de Egipto hacia la tierra de Promisión, habiendo muerto el rey Herodes, su Madre y José le condujeron al Templo de Jerusalén para sacrificar y allí se perdió y después de tres días fue hallado entre los doctores de la ley; y era preguntado de cualquier cuestión y como dice San Jerónimo en el prólogo de la Biblia: “Enseña mucho más que prudentemente pregunta”.
 
Y esto representa el Sacerdote, cuando levantándose de su sede, va al altar y con devota atención escucha el canto del Evangelio, y enseña mucho más, cuando medita escucha, con lo que puede decirse que así Jesucristo en el Templo escuchaba a los judíos y los interrogaba. Y así mismo san Lucas en su Evangelio (Lc. 2, 46) dice: escuchándoles atentamente y preguntándoles. De la misma manera la contemplación que hace el Sacerdote oyendo el Evangelio no es sino una interrogación, significando que en el templo Jesucristo escuchó a los judíos y Él, habiendo interrogado prudentemente, estuvo instruyéndoles en la fe del Mesías. Y así, acabado el Evangelio, el Sacerdote entona el Credo: “Credo in unum Deum...”, donde se contienen los principios de la fe.
 
8. La octava obra que Jesucristo nuestro Salvador hizo en este mundo, fue que cuando Él fue encontrado por su Madre y San José en el templo, tanta fue su alegría que no fueron capaces de evitar las lágrimas y bendecir al Señor. A continuación mirad qué hizo el glorioso Señor y cuánta fue su abundantísima y gran humildad, que inmediatamente que vio a su madre bendita, dejó a los doctores y se acercó a ella y a José y confortaba su sacratísima Madre, secándole las lágrimas, y vino con ellos a Nazaret donde, a fin de poder consolarles por la tristeza que tuvieron en su pérdida, no obstante ser él mismo el Rey de Reyes y Señor de todo el mundo, sin embargo quería ser súbdito de su Madre y José, según el evangélico pasaje que dice: “Estuvo sujeto a ellos” (Lucas 2, 51).

Y este humilde servicio y consolaciones que hacía Jesús a su Madre lo simboliza el Sacerdote cuando, habiendo dicho el Credo, se vuelve al pueblo diciendo: Dóminus vobíscum, y entonces él dispone la hostia y el cáliz, y las otras cosas pertinentes al Santo Sacrificio, simbolizando la deferencia y servicio de Jescristo hacia la Virgen María y San José; como fue dicho por San Pablo y San Mateo: “el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino a servir” (Mateo 20, 28).
 
9. La novena obra que Él hizo en este mundo fue cuando a los treinta años, dejó Nazaret donde había servido a su Madre y a San José, y en muchas maneras: porque junto con los otros chicos él acostumbraba ir a la fuente, que estaba a largo camino de Nazaret justo como el monasterio de la Zaidía está respecto de la ciudad de Valencia. De este servicio el Maestro de Historia de la Iglesia (Pedro Coméstor, 1178) hace explícita mención. También pudo ayudar a San José en su trabajo de carpintero, tal como San Mateo lo dice en el capítulo 13, 55 y San Marcos en el capítulo 6, 3, y según la Glosa que hiciera Nicolás de Lira en estos Evangelios, puesto que él en su ancianidad no podía manejar la sierra y por lo tanto le ayudaba a manejarla. Por esta razón decían los judíos: ¿No es este el hijo del carpintero? Porque nuestro Señor Jesucristo ayudaba a José para que pudieran vivir, por eso creían los judíos que era su hijo. ¡Qué estúpidos! Y luego que hubo cumplido los treinta años, les dejó y se fue al río Jordán, y recibió el bautismo, el cual de hecho no era necesario para Él, pero lo aceptó para que por el contacto con su sagrado Cuerpo pudiera ser comunicado al agua el poder regenerativo para salvar a quienes creyeran en Él y Le obedecieran.
 
Y esto lo representa el Sacerdote cuando se lava los dedos, no por necesidad, puesto que está puro en su conciencia por la confesión sacramental y también lavó sus manos antes de la Misa, pues sin esas cosas diría la Misa para la condenación de su alma. Por tanto, buena gente, el Sacerdote lava sus manos no porque necesite la limpieza, sino para representar al Salvador y a nuestro Señor Jesucristo, que tiene la plenitud de toda santidad y que no necesitaba el bautismo, pero por humildad y por nuestra utilidad Él mismo quiso bautizarse y darnos la virtud del agua para lavarnos. Y por eso el Sacerdote, no obstante que está confesado sacramentalmente, aunque sea santo y sin ninguna mancha de pecado, debe lavarse las manos. Por eso dice el Sacerdote: Lavábo inter innocéntes manus meas: et circúmdabo altáre tuum, Dómine... (Salmo 25, 6-12) súplica de un justo perseguido. Porque quiero decir: “consistía en que yo sea puro y limpio de toda mancha de pecado, por lo cual sea contado entre los inocentes; y en que Señor, para representar aquel baño de nuestro bautismo, vos que sois plenitud de santidad, sin embargo quisisteis ser lavado y por eso yo me lavaré ahora”
  
10. La décima obra que nuestro Salvador hizo en este mundo fue, según San Lucas, San Marcos y San Mateo, que luego del bautismo se fue al desierto y ayunó cuarenta días y cuarenta noches, sin comer ni beber, sino que estuvo siempre en oración, no para Sí mismo (que no la necesitaba), sino por nosotros los pecadores.

Y esto es simbolizado cuando el Sacerdote en medio del altar se inclina profundamente y dice: “In spíritu humilitátis et in ánimo contríto”, orando para que en el Santo Sacrificio podamos ofrecer una hostia agradable al Señor nuestro Dios. Esta oración conmemora las humillaciones y postraciones que hacía nuestro Salvador en el desierto cuando oraba. El Sacerdote, sin embargo, se vuelve al pueblo diciendo “Oráte, fratres: ut meum ac vestrum sacrifícium acceptábile fiat apud Deum Patrem omnipoténtem”, para mostrar que Jesucristo oraba por nosotros. Y los ministros asistentes deben decir: “Et cum spíritum tuum”. Advertid que la oración de Jesucristo en el desierto era secreta; y así como las oraciones no las escuchaba ningún otro hombre, así esta oración Secreta el Sacerdote debe decirla de tal manera que ni el Diácono ni el Subdiácono la puedan oir.

11. La undécima obra que Jesús el Salvador hizo fue que después de ayunar comenzó a predicar, exclamando: “¡Haced penitencia, porque el reino de Dios está cerca!” (Mateo 4, 17). Antes del ayuno no se manifestó, sino que escondido y oculto quiso hacer penitencia en el desierto. Saliendo del desierto, instruía a las gentes diciendo: “Haced penitencia” y qué vida debían hacer y les instruía cómo podían evitar los pecados. Y esto lo hacía recorriendo villas, ciudades y castillos. Y así como con las mismas palabras enseñaba su santa doctrina, así también con sus obras la demostraba. Por eso dice el libro de los Hechos de los Apóstoles, en el primer verso del capítulo 1: Lo que Jesús hizo y enseñó desde un principio. Buena gente, sería grande la benignidad del rey de Aragón, si él mismo fuera por todo el Reino y en las plazas él mismo publicara y encomiara su ley o sus ordenaciones. Pues así hizo Jesús, Rey de Reyes y Señor de los señores, iba encomiando su ley y no le detenía el que no hubiera púlpito, ni catafalco, sino que subía sobre cualquier podio o escalera de las plazas y allí exponía su ley; pero al principio no tenía tanta reputación entre los judíos y los fariseos para que se detuvieran a escuchar sus predicaciones, pero después, como iba en aumento, querían quitarlo de en medio.
 
Y el Sacerdote simboliza esto al decir en alta voz: “Sursum corda”, para enseñarnos que Jesucristo enseñaba tanto con la palabra como con el ejemplo. Y así cuando canta el Prefacio, él mantiene sus manos alzadas, y no bajas [elevátas et non demíssas], para mostrar que él, que predica la palabra de Dios debe demostrar con el ejemplo y las obras aquellas palabras que predica y que habla. Por eso decía San Pablo atribuyendo a Jesucristo todo esto: Pues no me atreveré a hablar de cosa alguna que Cristo no haya realizado por medio de mí para conseguir la obediencia de los gentiles de palabra y de obra, en virtud de señales y prodigios, en virtud del Espíritu de Dios (Romanos 15, 17). Así todo aquel que predica, etc.
 
12. La duodécima obra que realizó nuestro Salvador y Señor Jesucristo fue que no solamente mostraba con sus obras lo que predicaba, sino también confirmaba su doctrina con los milagros, que nadie, a no ser Dios, podía hacer. Y esto lo realizaba principalmente como Señor. A los ciegos les daba la luz; a los paralíticos que no tenían carnes se llenaban de carnes y salían como jóvenes tiernos; a los sordos les devolvía el oído; los mudos hablaban y los muertos resucitaban (cf. Mateo 11, 5).
 
Y esto el Sacerdote lo conmemora cuando en la Misa dice “Sanctus, Sanctus, Sanctus Dóminus Deus Sábaoth...”. Tres veces dice “Sanctus”, denotando que los milagros que Jesucristo hacía no los realizaba por virtud humana sino en virtud de las tres divinas personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, un único y poderoso Dios. Finalmente dice el “Hosánna” -que es como decir “sálvanos”- para mostrar que Jesucristo hacía los milagros, y esto para nuestra salvación.
 
13. La decimotercia obra que nuestro Salvador Jesucristo hizo en este mundo fue cuando después de predicar y hacer muchos milagros, a los treinta y tres años de edad, viendo que se la acercaba el tiempo de su pasión, vino a Jerusalén para poder cenar con sus discípulos. Y secretamente muchas cosas fueron necesarias para la redención de la humanidad, especialmente dos: la institución del Santísimo Sacramento del Altar y el gran sermón que aparece en los capítulos del 13 al 17 del Evangelio según San Juan.
  
Y esto es simbolizado cuando el Sacerdote dice el Canon secreto y lo dice tan en secreto que nadie lo oye, a no ser los que están con él, esto es el diácono y el subdiácono. Porque aquel sermón que hizo Jesús en el altar de la Cena, también fue secreto, pues nadie lo oyó, a no ser aquellos que estaban sentados a la mesa junto con él, es decir, los Apóstoles.
  
14. La decimocuarta obra que hizo nuestro Salvador y Señor Jesucristo es que después de la predicación de aquel gran sermón a los Apóstoles, salió hacia el huerto para hacer oración y oró tres veces a Dios Padre diciendo: Padre mío, si es posible que pase de mí este cáliz… El espíritu está pronto, pero la carne es débil (Mateo 26, 39 y 41). Y él mismo en cuanto Dios no temía a la muerte, pero sí en cuanto hombre. Y por lo tanto siendo consciente de las pasiones que él iba a padecer, decía: Padre mío, si es posible que pase, etc. Esta amargura de la pasión se basa en la sensualidad que está enferma, pero el espíritu está pronto. En la tercera vez que oró, y le sobrevino un temblor y el sudor de sangre, es cuando vino el Ángel a confortarlo (cf. Lucas 22, 43-44). No como si él mismo necesitara el ánimo, sino como el escudero que conforta a su señor, diciendo por si acaso: “Señor esforzaros, porque ahora alcanzaréis la victoria sobre vuestros enemigos”; así el Ángel le decía a nuestro Salvador: “Señor mirad a las almas santas, que os esperan en el Limbo del infierno y ya ansían la gloria, y así confortaréis vuestra humanidad”. Y el clementísimo Señor oró por él mismo y por nosotros. Por él mismo rogando al Padre Dios por su resurrección; no es que estuviera dudoso de su resurrección, o impotente para resucitar, sino que así convenía que lo hiciera. Y esto lo hacía como hombre. También oró por nosotros, para que constante y voluntario recibiera la muerte por nosotros, para que nosotros estemos ardientes y firmes para sostener la muerte por él mismo y resucitemos gloriosos.
 
El Sacerdote simboliza estas tres oraciones haciendo tres cruces sobre la oblación diciendo: “Benedíctam, ascríptam, ratam…” y finalmente otras dos cruces, una de ellas sobre el caliz diciendo “et Sánguis”, para que conozcamos que Jesús en su Pasión rogaba por sí mismo en cuanto hombre, y por nosotros los pecadores.

15. La décima quinta obra que nuestro Salvador y Señor Jesucristo hizo en este mundo fue que después de la oración del huerto, vino una gran multitud de gentes con gran clamor, con espadas y palos, para prender a Jesús. Y Él calmadamente [benevolénter] deseaba ser preso y atado, y conducido ante Pilato, quien lo sentenció a muerte de cruz: sentencia que el benigno Señor no quiso apelar, sino que antes bien cogiendo la Santa Cruz, la cargó sobre sus hombros y la llevó hasta el lugar donde iba de ser crucificado.
 
Y esto es representado en la Misa cuando el Sacerdote toma la hostia para consagrarla, sosteniéndola en sus manos, diciendo: “Et elevátis óculis in cœlum ad te, Deum…”. Y justo aquí hay un grande ruido de campanas y de la rueda de campanas [rotæ] significando el tumulto y voces de los judíos cuando arrestaron a Jesús. Entonces el Sacerdote signa con la cruz la hostia diciendo: “Benedíxit, fregit,”, significando la sentencia de muerte aprobada por Pilato.
 
16. La decimosexta obra fue cuando, sentenciado a muerte, Jesucristo fue conducido a morir en el Calvario y allí fue crucificado en medio de dos ladrones: uno a su derecha llamado Dimas, y el otro a la izquierda llamado Gestas. Y fue elevado a lo alto hasta suspender todo su cuerpo fijado por los clavos de sus dos manos.
 
Y esto es significado cuando el Sacerdote eleva la hostia en la cual está Cristo, Dios y hombre, sosteniéndola con ambas manos. La derecha significa el buen ladrón, y la izquierda el malo. Y la blancura de la hostia significa que Jesús en la cruz palideció y perdió el color y la Sangre. Después el Sacerdote eleva el cáliz que representa cuando Jesucristo en la cruz ofreció su Sangre, diciendo: “Padre mío, acepta mi Sangre, que te ofrezco para la remisión de los pecados de todo el género humano”. Por esta razón el Sacerdote, elevando la preciosa Sangre, pareciera decirle: “Te ofrecemos, Señor, el inestimable precio de nuestra redención”.
 
17. La decimoséptima obra que Jesucristo hizo consistió en que, cuando fue crucificado, no cesó de orar. Y primero dijo en alta voz “Eli! Eli! Lamma sabachtáni?”, esto es, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Salmo 21, 1; en Mateo 27, 6). Dice San Jerónimo que desde allí comenzó a rezar todo el salmo, y continuó su oración diciendo los siguientes salmos hasta el verso: “En tus manos encomiendo mi espíritu” (Salmo 30, 6; en Lucas 23, 46) Y en total fueron 150 versos los que Cristo recitó en la Cruz, tantos cuantos Salmos hay en el davídico Salterio, esto es, 150.

Y mientras Él estuvo en la Cruz, los malditos judíos no cesaron de lanzarle injurias y maldiciones, diciéndole: “¡Oh tú, malvado, que has engañado al mundo! ¡Embaucador!, que a otros salvó y no puede ahora salvarse a sí mismo”. Otro decía: “¡Falso profeta!, que dijiste que destruirías el Templo de Dios y en tres días lo reedificarías”. Otro decía: “Si es el Hijo de Dios, que descienda inmediatamente de la cruz” (cf. Mateo 27, 40-42). Y otras injurias le decían. Y el benigno Señor, calmado, no les respondió, sino que continuó con gran paciencia en oración.
  
El Sacerdote simboliza esto cuando manteniendo los brazos en cruz, ora diciendo “Unde et mémores, Dómine, nos servi tuis,”. Así mismo el Sacerdote, no cesa de decir estas palabras para mostrarnos que Jesús en la cruz continuaba la oración y no cesaba

18. La decimoctava obra que Jesucristo hizo en este mundo fue cuando, aunque ya había sido herido con cuatro Llagas, específicamente en sus manos y pies, sin embargo, deseó que su sagrado Costado fuese traspasado con una lanza después de su Muerte, brotando de ella sangre y agua (cf. Juan 19, 34). Cosa que sucedió milagrosamente, contrario al orden natural, porque su Sangre fue derramada en el sudor y la flagelación, y en la colocación de la corona de espinas, y también en la perforación de las manos y los pies.

Y estas cinco llagas son significadas cuando el Sacerdote signa cinco veces con la Hostia diciendo: “Per ipsum, et cum ipso, et in ipso”.
 
19. La decimonovena obra fue cuando Cristo crucificado dijo siete palabras en voz alta. La primera palabra fue cuando rogó por todos los que le crucificaban, diciendo: Padre, perdónales, porque no saben la que hacen (Lucas 23, 34), pues creían que estaban colgando de la Cruz a un embaucador u hombre pecador, y crucificaban al mismo Hijo de Dios Redentor. La segunda palabra cuando dijo al ladrón: Hoy, estarás conmigo en el Paraíso (Lucas 23, 43). La tercera palabra es, o fue, cuando mirando a su Madre, quien se estaba muriendo de un admirable dolor -¡qué maravilla era aquella que no se rompía el corazón!, y decía: “¡Oh Señor e hijo mío carísimo! ¿al ladrón le hablas y a mí no quieres? ¿no quieres hablar? Que le plazca a vuestra clemencia decir alguna palabra a vuestra madre tan desolada”. Y entonces el Señor dijo: Mujer, ahí tienes a tu hijo (Juan 19, 26). Y después de esto, vuelto a San Juan dijo: Ahí tienes a tu madre (Juan 19, 27). La cuarta palabra fue cuando dijo: “Eli! Eli! Lamma sabachtáni?”, esto es, Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Mateo 27, 6). No que lo abandone en su divinidad, sino que lo era abandonado por los parientes, amigos y Apóstoles. La quinta palabra fue cuando dijo: Tengo sed (Juan 19, 28). La Virgen María cuando oyó que su hijo tenía sed, desearía que en aquel instante sus entrañas se convirtieran en agua para que pudiera él beber. Y entonces, díjole ella: “Hijo mío carísimo, y Señor, no tengo agua, pero si quieres las lágrimas, recibe este velo que está lleno de lágrimas”. La sexta palabra fue cuando dijo: Todo está consumado (Juan 19, 30), es decir, toda la redención humana. La séptima palabra fue cuando dijo: Padre, en tus manos, encomiendo mi espíritu (Lucas 23, 46). E inclinó la cabeza, como si dijera: “Madre mía, consuélate con el discípulo y vigilad bien y os encomiendo a Dios porque ya me muero y me voy al otro mundo”.
 
Se conmemora en la Misa cuando el Sacerdote dice el “Padre nuestro”, en el cual hay siete peticiones significando las siete palabras que Jesús pronunció en la Cruz. Así mismo, él no lo dice secretamente, sino cantando, porque Cristo en la Cruz hablaba en alta voz.
 
20. La vigésima obra fue que Cristo, no contento con la muerte y las llagas que soportaba en la Cruz, quiso que su sacratísima humanidad fuera dividida en tres partes, a saber: el cuerpo en la Cruz, la Sangre derramada en las torturas y al pie de la Cruz, y el alma que descendió al limbo de los Patriarcas. Y de este modo fue dividida la humanidad de Jesucristo.
 
Y esto es representado en la Misa cuando el Sacerdote divide la hostia en tres partes. Debe advertirse, sin embargo, que él las sostiene juntas, porque, aun cuando la sacratísima humanidad de Jesucristo ha sido dividida, la Divinidad nunca se separó de ella; además que estuvo unida a cada parte, como dice San Pablo: “Lo que él asumió una vez, no lo dividió”. Es similar a cuando un fragmento de cristal es expuesto al sol, y luego es dividido en muchos más fragmentos, el sol ilumina cada parte en la misma manera que ilumina el cristal entero; pues todas las partes están llenas de la claridad del sol, tanto en una como en otra. Así, cada parte de la humanidad de Cristo estaba llena personal y sustancialmente de la Divinidad, justo como el fragmento de cristal es llenado con el sol.
 
21. La vigésima primera obra que Cristo realizó fue cuando convirtió a los muchos tipos de personas, deseando mostrarles los frutos de su Pasión. Y primero, convirtió al ladrón, que era un hombre de mala vida y obras malvadas; segundo, a un centurión, un lider de soldados que dijo: “Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios” (Mateo 27, 54; Marcos 15, 39); y tercero, a gente ordinaria, según dijo San Lucas: “Y todas las gentes que habían acudido a aquel espectáculo, al ver lo que pasaba”, específicamente los milagros que sucedieron, “se volvieron golpeándose el pecho” (Lucas 23, 48). Nótese que dice “todas las gentes”, no las turbas maliciosas como los escribas o fariseos, sino las gentes sencillas e ignorantes que viendo el milagro que ocurría, se golpeaban el pecho diciendo: “¡Miserables! que crucificamos al Salvador”.
  
Estas varias personas son simbolizadas en la Misa cuando el Sacerdote dice tres veces el “Agnus Dei”, primero por cada pecador, significando que Dios nuestro Señor desea perdonarle justo como perdonó al ladrón, igualmente a mí que soy pecador. Segundo, significando que así como Jesucristo iluminó y abrió los ojos al centurión, así también desea que los gobernadores de las gentes, sea espirituales o temporales sean iluminados y perdonados, para que las almas alcancen la salvación. Y así como las almas movidas por la Pasión de Cristo vienen a salvación, así el Sacerdote, diciendo el tercer Agnus Dei, pide en favor de todo el pueblo Cristiano, para que el Señor se digne guardarlo en paz y salud, para que perdone sus pecados, y les haga dignos partícipes de su santa Gracia.
  
22. La vigésimo segunda obra que Cristo hizo en este mundo fue que, después de su sagrada Pasión no quiso ascender inmediatamente al Cielo, sino que su más profunda humildad deseó primero descender secretamente a los Infiernos, para dar la gloria a los santos padres, quienes al verlo recibieron la gloria. Y los santos padres decían: “¡Glorioso Señor!, son tantos los años que esperábamos”, pues hasta cinco mil años le esperaban con grandes suspiros y gemidos. En ese mismo momento en que Lo vieron, se llenaron de grande exultación, disfrutando de gloria esencial, libres de cualquier dolor ahora y para siempre.
 
Y esto lo representa el Sacerdote cuando deja caer una partícula de la Hostia en el cáliz para denotar cómo el Alma sacratísima de Cristo descendió al Limbo, regocijando y confirmando a los santos Patriarcas, que difícilmente sabían qué les pasó al experimentar tal plenitud de gozo. Y de esa dulcedumbre y amor alababan a Dios diciendo: “Bendito el Señor Dios de Israel, porque ha visitado y traído la redención a su pueblo” (Lucas 1, 68).
 
23. La vigésimotercera obra que hizo Jesucristo en este mundo fue cuando, después de su dolorosa Muerte, deseó y ordenó que su cuerpo fuera bajado de la Cruz por sus amigos, José de Arimatea, Nicodemo y Gamaliel, habiendo recibido permiso de Pilato, y le pusieron en la losa del sepulcro, que aún podemos ver hoy en la iglesia del Santo Sepulcro. Y la bienaventurada Virgen María con otras santas mujeres, parientes y amigos, estaba alrededor del cuerpo. Y la Virgen María besando los ojos, decía: “¡Oh ojos gloriosos, que escudriñaban los corazones de los hombres y los pensamientos de sus corazones!”. Y besaba los oídos, diciendo: “¡Oh oídos que escuchaban los cantos que hacen en el cielo los ángeles!”. Después besaba la nariz, diciendo: “¡Oh nariz que percibiste la fragancia del olor de la gloria del paraíso!”. Después besaba su rostro, diciendo: “¡Oh rostro que das la gloria a los ángeles!”. Después besaba la herida del costado, diciendo: “¡Oh puerta gloriosa por la cual tenemos la entrada al Paraíso! ¡Fieles cristianos que anheláis entrar al Paraíso, venid, aquí está la puerta abierta, pues mi hijo os la ha abierto para vosotros!”. Después besaba las manos, diciendo: “¡Oh manos que crearon cielo y tierra y todo lo que contienen!”. Después besaba sus pies, diciendo: “¡Oh pies benditos midieron la gloria del Paraíso!”. Y San Lázaro, Santa María Magdalena, Santa Marta, San José de Arimatea y todos los otros fieles se acercaban a aquel cuerpo sacratísimo y pensaban el momento propicio para poderlo adorar y brindarle toda reverencia.
 
Y esto es representado en la Misa cuando el Sacerdote, habiendo dado el signo de la paz, por un corto período de tiempo en el cual sostiene el Cuerpo de Cristo en sus manos antes de comulgar, y entonces, si es devoto, debe pensar en el dolor de la Virgen Maríaa, de la Magdalena y de la otra María y de los buenos cristianos que hacían aquel circulo en torno al cuerpo de Cristo, viendo las llagas y las heridas que Cristo por la redención del género humano soportó, y debe derramar muchas lágrimas y concebir un especial dolor pos sus pecados.
 
24.La vigésima cuarta obra que nuestro Salvador realizó en este mundo fue que quiso ser ungido con bálsamo y mirra y envuelto en una sábana blanca y limpia, y ser puesto y encerrado en un monumento de piedra nuevo y sin ninguna corrupción y fractura.
 
Y esto es representado en la Misa cuando el Sacerdote recibe el Cuerpo de Cristo, porque el corazón del Sacerdote debe ser un monumento nuevo. Y hago notar que digo nuevo, sin corrupción, porque en el cuerpo del Sacerdote no debe existir ninguna mancha, o inmundicia de pecado como en el monumento de Jesucristo en el que nadie todavía había sido depositado (Juan 19, 41), Pues debe ser nuevo por la pureza y la castidad. Y así como el monumento era de piedra firme, así el Sacerdote debe ser fuerte y firme en la fe y la virtud. Y así como el Cuerpo de Cristo fue envuelto en una sábana blanca y limpia, así el cuerpo del Sacerdote debe ser blanco y limpio por la castidad, porque dentro reposa el Cuerpo de Cristo. Y así como el Cuerpo de Cristo fue todo embalsamado, así el cuerpo del Sacerdote debe estar lleno de virtudes, de justicia y de perseverancia en la penitencia. Y así como Cristo reposa envuelto en aquella tela blanca, así reposa en la conciencia del Sacerdote. Y no solamente el Sacerdote, sino también todo Cristiano que escucha la Misa, con estos pensamientos está preparado para alimentar su devoción.

Así mismo podemos creer de una manera racional, aunque no se encuentra en los textos de la Biblia, que la bienaventurada Virgen y los otros fieles cristianos, creyendo que Cristo resucitaría el tercer día, recogieron la sangre que había sido derramada a los pies de la Cruz y fue puesta en algún vaso limpio y fue depositado en el sepulcro con el cuerpo, pues la Virgen María sabía que la sangre junto con el cuerpo resucitaría al tercer día. Y por eso el Sacerdote como sepulcro de Jesucristo que es santo y precioso como el sepulcro de Jerusalén, pues aquel es de piedra y tú eres a imagen y semejanza de Dios, y el cuerpo del Sacerdote ha sido consagrado todo, y ungido y más santo. También, en aquel sepulcro fue puesto el cuerpo de Cristo muerto y en el cuerpo del Sacerdote se pone vivo. También, fue puesto una vez, y el Sacerdote lo recibe muchísimas veces y algunos diariamente lo reciben. También, el cuerpo de Cristo no se ensució en aquel sepulcro porque estaba envuelto en la sábana y por eso aquel sepulcro se dice santo: mucho más santo se dice el cuerpo del Sacerdote, donde el cuerpo de Cristo no se pone envuelto, sino que todas las carnes, huesos y muslos le tocan. ¡Oh Sacerdote!, diligentemente medita en esto.
 
25. La vigésimo quinta obra que Cristo hizo que resucitó al tercer día de la muerte a la vida inmortal, y su sepulcro fue encontrado abierto.
 
Y el Sacerdote lo representa transitando del medio a la esquina del altar, significando que Cristo pasó de este mundo mortal a la vida inmortal. Y mostrando el cáliz vacío, representando el sepulcro abierto y vacío, y que Cristo ha resucitado por su infinito poder. Y el Diácono pliega el corporal, en rememoración de cómo la Sábana Santa en la que el sagrado cuerpo de Jesús fue cubierto, fue encontrada en la tumba (cf. Juan 20, 5-7).

26. La vigésimo sexta obra que realizó Jesucristo en este mundo fue que después de su gloriosa resurrección se apareció a santa María Magdalena y a los Apóstoles, pero primero se apareció a la Virgen María. No sólo se apareció él solo, como ocurrió con Santa María Magdalena, sino con todos los santos Patriarcas y Profetas y otros santos Padres. Y ahora meditad, buena gente, qué consolación debía tener la Virgen María cuando veía a su glorioso Hijo con aquella multitud de santos. Aunque esto no es mencionado en el Evangelio, los santos Doctores lo afirman expresamente, especialmente San Ambrosio en su libro Sobre las vírgenes; y de hecho era adecuado que Cristo, antes que a cualquier otro, visitara y consolara a su Madre, que sufrió por su muerte más que cualquiera otra persona.
 
Y esto es representado por el Sacerdote cuando dice, de cara a los fieles: “Dóminus vobíscum”. Y a continuación recita la Postcomunión, que es una oración de gran consolación, representando las palabras consoladoras que Cristo dijo a su Madre, y cómo los santos Padres alababan a nuestro Salvador y suyo. Y a continuación hacían reverencias a su Madre diciendo: “Regína cœli, lætáre...”.
 
27. La vigésima séptima obra que realizó Jesucristo fue cuando en este mundo se apareció a los Apóstoles en el aposento alto y mostrándose en medio de ellos dijo: “Paz a vosotros” (Juan 20, 19).
 
Y esto es representado en la Misa cuando el Sacerdote, volviéndose nuevamente hacia el pueblo, dice “Dóminus vobíscum”, que casi quiere decir “Paz a vosotros”.
 
28. La vigésima octava obra que Jesucristo hizo en este mundo fue que cuando debía subir al Cielo, llamando a los Apóstoles, les dijo: Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda creatura; diciendo también: El que crea y sea bautizado se salvará (Marcos 16, 15-16 y Mateo 28, 19-20).
   
Y esto es simbolizado en la Misa cuando el Sacerdote dice: “Ite, Missa est”, dando permiso al pueblo para que regresen a las casas para cumplir sus deberes, porque se ha completado el oficio y el sacrificio, como Cristo dio a los Apóstoles el permiso de ir por el mundo habiendo sido cumplido el sacrificio.
 
29. La vigésimo novena obra que hizo Jesucristo en este mundo fue cuando cumplió la promesa hecha a Pedro y a los Apóstoles, específicamente poniendo a San Pedro en posesión real del Papado por estas palabras: “Apacienta mis corderos”. Entonces, según todos los Doctores, verdaderamente le constituyó cabeza visible de la Iglesia Católica. Y a los otros Apóstoles les dijo: “Recibid el Espíritu Santo, a quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados...” (Juan 20, 22-23), dándoles el poder de perdonar los pecados, que es una potestad divina.
 
Y esto es representado al final de la Misa cuando el Sacerdote, humillándose profundamente, inclina su cabeza tanto como puede ante el altar y dice: “Pláceat tibi, sancta Trínitas…”, pidiéndole a la Trinidad que el Santo Sacrificio sea agradable a Dios y beneficioso para todo el pueblo. Y entonces da gracias por la inclinación que hace besando el altar para denotar la infinita misericordia de nuestro Dios, que no consideró indigno humillar su divino poder, pasando a hombres pecadores el poder de perdonar los pecados, porque “¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?” (Marcos 2, 7). Y por eso se inclina, para mostrar que delante de Dios se inclinaría [Jesucristo] en cuanto hombre, pues los hombres no tenían este poder. Consecuentemente besa el altar reconociendo esta gracia y finalmente haciendo la señal de la Cruz sobre el pueblo significa que sus pecados son perdonados por la Sagrada Pasión de Cristo.
 
30. La trigésima y última obra de Cristo en este mundo fue cuando, en presencia de su Madre y de los santos Apóstoles, y casi cincuenta personas, según San Pablo, estando de pie en el monte de los Olivos, ascendió al Cielo. Y por eso dice el bienaventurado Lucas: Alzando sus manos, los bendijo… y fue llevado al cielo (Lucas 24, 50). Entonces decía la Virgen María, llorando: “¡Oh, hijo mío! ¿no voy contigo? ¿Me dejas aquí entre los judíos?”. De la misma manera los Apóstoles lloraban, diciendo: “¡Señor! ¿cuándo te volveremos a ver, y cuando regresarás?”. Y entonces, he aquí que Cristo dio la bendición y subió al cielo, de donde había salido.
 
Y esto es significado en la Misa cuando el Sacerdote, habiendo dado la bendición, retorna a la sacristía de la cual había salido.
 
Y así es abarcada en el sacrosanto Sacrificio de la Misa la vida entera de nuestro Redentor. El cual nos pueda conducir a la gloria, donde vive y reina por siempre jamás. Amén.
  
SAN VICENTE FERRER. Sermón de la Domínica II post-Epifanía: “De la vida de Cristo representada en la Misa Solemne”.

NOTA
[1] A diferencia del Rito Romano Tradicional, en el que el Cáliz es preparado durante el Ofertorio, en el Rito Dominico (el cual era una variación del Rito Romano de comienzos del siglo XIII, y en el cual celebraba San Vicente Ferrer) la preparación del Cáliz tiene lugar antes de comenzar la Misa privada -si es Misa solemne, durante la lección de la Epístola-.