miércoles, 5 de marzo de 2014

CARTA PROFÉTICA DEL CARDENAL GIUSEPPE MELCHOR SARTO -FUTURO PAPA SAN PÍO X-

Prácticas piadosas durante la Cuaresma: Oración, Limosna, Ayuno, Abstinencia y Penitencia
   
Desde CATOLICIDAD- Vía RADIO CRISTIANDAD
  
Interesantísima y vigente carta fechada el 17 de febrero de 1895, perteneciente al Cardenal Giuseppe Sarto, siendo entonces Patriarca de Venecia, quien luego sería el Papa San Pío X. En esta carta exhortaba a su grey a la práctica de las virtudes y a la resistencia contra los errores que se avecinaban sobre el orbe católico y si bien está dirigida en la cuaresma, su mensaje trasciende no sólo este tiempo litúrgico sino también su época, cobrando ahora una actualidad mayor que en la fecha en que se escribió.
   
La carta resulta profética y digna de ser reflexionada en estos tiempos, ya que los enemigos de la Verdad, se encuentran disfrazados de falsos cristianos revestidos de una falsa piedad acomodada a los slogans modernos que el mundo levanta como banderas incuestionables, falsos cristianos que, en el fondo, desconocen la fe con profundidad y que “pretenden erigirse en maestros de la Iglesia afirmando que debe adaptarse a las exigencias de los tiempos”. Nunca tan profética esta carta de quien luego sería el último pontífice canonizado.
 
Carta del Cardenal Giuseppe Sarto.
  
Teniendo como deber, por exigencias de mi ministerio apostólico, exhortar a todos a observar puntualmente el cumplimiento de la Santa Cuaresma, y de esta forma estar en actitud digna de recibir a Jesucristo en la solemnidad pascual, se abren mis labios espontáneamente con esas palabras con las que la Santa Liturgia inicia este tiempo de retiro, de ayuno y de oración.

“Transcurrido el pasado tiempo en medio de la somnolencia y de una detestable indiferencia y ociosidad, levantémonos con presteza de nuestro sueño y cubrámonos de ceniza, puesto el cilicio y con ayunos y llantos invoquemos al Señor; haciendo penitencia para enmendarnos del mal que por ignorancia o malicia hayamos cometido”.
Mas si esta exhortación al ayuno, al cilicio y a la penitencia supusiese demasiado para el espíritu mundano, entremos no obstante en el espíritu de la Iglesia que como Madre benigna, y con el deseo de adaptarse a la fragilidad de sus hijos, ha mitigado todas estas prácticas santas, por lo cual no puedo dejar de traer aquí las palabras de San Pedro dirigidas a los cristianos de su tiempo: “Sed sobrios y vigilad, porque vuestro adversario el diablo da vueltas a vuestro alrededor, como león rugiente, buscando a quien devorar: resistidle fuertes en la Fe” (I San Pedro V, 8-9); y sin ninguna duda, si practican estos santos consejos, la Santa Cuaresma será un tiempo aceptable, será el tiempo de la salvación.
  
Necesidad de la Penitencia.
  
La recta razón y la Fe nos manifiestan conjuntamente esta verdad: fue precisamente en el momento en que se rompió la amistad con Dios en el Paraíso terrenal, cuando se suscitó dentro de nosotros la concupiscencia, incentivo y alimento de las más escondidas pasiones, germen de los vicios y causa fatal de la guerra entablada entre la carne y el espíritu, la cual con magistrales trazos y elocuentes palabras fue descrita por San Pablo de la forma siguiente: “Me complazco en la Ley de Dios según el hombre interior: mas llevo otra ley en mis miembros opuesta a la ley del espíritu, que me hace esclavo de la ley del pecado, y esta ley está impresa en mis miembros. ¡Infeliz de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?”
  
El único remedio para obtener esta liberación es combatir en nosotros esa raíz que es la causa principal de nuestros vicios y de nuestras pasiones, y como nuestro gran enemigo es el cuerpo, habrá que esforzarse en humillarlo para reconducirlo a su verdadero fin, dada la carga de pereza que lleva consigo, y mediante esta humillación se adquirirá una vida más vigorosa en perfecta armonía con el espíritu.
  
Templanza corporal.
  
¿Cómo podrá llevarse a cabo este prodigio? Por el amor cristiano y la virtud de la penitencia, la abnegación del propio yo, el abandono del mundo, las mortificaciones y la cruz. Para todos aquellos cristianos que no tienen el valor de imponerse otros sacrificios, se tornan necesarias aquellas virtudes prácticas ya en los círculos paganos, pero conocidas solamente desde un punto de vista natural, tales como la templanza que regula el uso de las cosas puestas a nuestro servicio y que afectan nuestros sentidos, sin quedar prohibido el placer, pero limitándolo a ponerlo en conformidad con la razón y la santa ley de Dios. Virtudes que en la Sagrada Escritura vienen plasmadas en la abstinencia que modera el uso de los alimentos, la sobriedad que nos aleja del exceso en el consumo de bebidas alcohólicas, la castidad que lleva a sus justos términos, dentro del deber, la inclinación carnal, el pudor que nos defiende contra todo aquello capaz de dañar la pureza, la humildad que nos hace que otorguemos a Dios todo el bien que podamos hacer y la dulzura que mantiene el alma serena en la tranquilidad. Todas estas virtudes, elevadas así al rango de su verdadera dignidad, deben ser practicadas.
    
Entiéndase bien que cuando recomendamos la templanza no exhortamos a que se deje el mundo alejándose del propio hogar, solamente queremos decir que permaneciendo en el mundo no sigan sin embargo sus preceptos, opuestos a una vida santa, ni practiquen sus obras, sino que dentro del mundo vivan con un cristiano distanciamiento.
  
Tampoco quiero decir que maceren con austeridad sus cuerpos, sino que procediendo en toda obra con la necesaria virtud, mortifiquen las pasiones de tal manera que rindan un buen servicio al espíritu en lugar de oprimirlo y acallarlo. Tampoco deseo exhortar a que ayunen durante un número de días superior a lo ya establecido, sino que observen un ayuno discreto, el prescrito por la Santa Iglesia, que conoce bien la fragilidad de sus hijos: ayuno que desde la época antigua no nos recuerda sino que debemos sentirnos confundidos y humillados.
  
Templanza espiritual.
  
Dado que el hombre está compuesto de cuerpo y de espíritu, conviene añadir a la templanza de tipo corporal la templanza espiritual, la cual es más y más larga y penosa en la medida que resulta indispensable para resistir a ciertos impulsos, cortar ciertos afectos o poner orden en determinadas inclinaciones.
  
La templanza mesura el uso de las cosas de la tierra, nos pone en guardia en cuanto a la vestimenta, amor de los placeres, el deseo de conocer y saberlo todo, en guardia respecto a espectáculos, amistades, modas y demás aspectos de la vida. No concuerda bien con la templanza el espíritu de impaciencia que trae consigo la discordia, e igualmente si existe rechazo hacia una determinada persona, con la templanza este espíritu se cambia en una actitud de dulzura, de amor, de buena voluntad, decidiéndose a actuar con corazón sincero y generoso. Con la templanza se llega a desarraigar también cualquier afecto desordenado, como el que a veces ciertos padres sienten por sus hijos, queriendo poseerlos exclusivamente, desarraigar también los conatos de envidia por lo que no llegamos a tolerar a los demás, situando nuestro bien en el mal ajeno: desarraigar nuestro orgullo que domina tal vez nuestros pensamientos, haciendo inflexibles nuestras decisiones, no pudiendo tolerar cualquier consejo o aviso por parte de los otros. La templanza siempre está vigilante para hacer valer la ley, las formas y las buenas maneras en todos los arranques de nuestro corazón, no permitiendo ir más allá de los límites de la razón y de la Fe.
  
El camino y el medio más seguro para que no nos dominen las pasiones es de conservar la templanza y no dejarnos sorprender; y así nos lo recomienda el Apóstol cuando nos dice que vigilemos frente al enemigo: “vigilad porque el diablo, vuestro adversario, da vueltas en torno vuestro buscando a quien devorar”. Y démonos cuenta que cuanto abarca nuestra mirada todo puede ser nuestro enemigo: nuestra propia casa y nuestra propia persona, lo más cercano a nosotros puede ser nuestro adversario más encarnizado, alimentando nuestras pasiones y deseos, y por eso nuestra propia carne es la que con más furor nos asalta, sin tregua, existiendo hasta la muerte esa enemistad entre ella y el espíritu.
  

Amadísimos hijos, estad vigilantes para que no seáis presa de las sugestiones de la carne que se lamenta de su propia impotencia para guardar la práctica del ayuno y de la abstinencia, y por lo tanto no olvidéis que un cuerpo demasiado bien alimentado es enemigo de lo espiritual.
  
Cuidad vuestra mirada ya que por lo ojos entran las funestas imaginaciones en la mente y los afectos perversos invaden el corazón. Preservad los oídos ya que a través de ellos el espíritu puede verse atrapado en sugestiones maliciosas. Igualmente mucha atención con la lengua, porque aquel que habla mucho no estará exento de culpa; y de forma especial tengamos sumo cuidado con nuestro enemigo más recalcitrante, el amor propio, que finge, seduce y engaña, valiéndose de mil maneras para no ser reconocido.
  
No olvidemos que una simple antipatía –así nos parece– que sentimos por algunos de nuestros hermanos puede convertirse sin pasar mucho tiempo en una abierta enemistad. Si se siente una inclinación especial hacia una determinada persona, afecto inocente por otra parte, no bajemos la guardia, pues en caso contrario se verá afectada la castidad, y tanto en el trato como en las expresiones seamos puros y moderados. En cuanto a los bienes materiales guardémoslos como conviene pero estando muy atentos que este cuidado no acabe en una dañina avaricia. Aunque se afirme que ciertos espectáculos y lecturas no son peligrosos, conviene recordar que la serpiente maligna permanece oculta e incluso en las flores y en el aire que se respira puede haber un veneno mortal.
    
No olvidemos nunca que nuestro adversario, que se esconde para atacarnos, no nos presente desde el primer momento el mal, sino que después de mostrarnos algún bien nos lleva poco a poco a un espíritu de tibieza en el servicio divino y tras esto nos hunde en la disipación y la ruina o apatía.
  
Firmeza en la verdad.
   
Si existe un tiempo en el cual debemos estar vigilantes de una forma especial es el de nuestros días, pues el mundo, con espíritu diabólico, favorece y ayuda a los perversos planes, sobre todo dirigidos contra la Iglesia, con el fin de provocar sentimientos antirreligiosos, y así disminuir el prestigio y la reputación respecto a los hombres que la gobiernan, haciendo resaltar todos los defectos, en todos los grados de la jerarquía, por lo cual concluimos con el Apóstol: resistid fuertes en la fe. Permaneced firmes en la verdad que se encuentra substancialmente en Jesucristo, a quien Dios Padre ha constituido piedra angular en la edificación de la nueva Jerusalén, la Iglesia Católica, y todo aquel que tenga en Él cimentada su Fe no será confundido. Fuente de gracia para los que son fieles, esta piedra misteriosa se convierte sin embargo en piedra de escándalo y de ruina para todos los que pretenden edificar sin ponerla como base en sus sistemas.
   
Estad alertas, queridísimos hijos, y mantened viva la Fe; guardaos de sus enemigos declarados, que han dejado arrinconado en el pasado el carácter secreto de sus conciliábulos, y ahora, con banderas desplegadas, se esfuerzan por arrebatar al pueblo su joya más valiosa: La Fe; y esto, con sutiles artimañas intentan socavar la autoridad de la Iglesia y de sus ministros denunciándolos como perturbadores, blanco de todas las sospechas y extremistas, hasta tal punto que no pocos católicos, ingenuos o hipócritas, acaban por admitir todas estas cosas, y se creen cuando les dicen que no se combate a la religión, sino que únicamente se quiere liberarla de los abusos que se han introducido, separar la Religión y la política; no se quiere perseguir a la Iglesia, pero hay que saber –dicen ellos- que no se puede actuar rectamente si se desconoce el espíritu de los tiempos. Deseamos el bien de los pueblos, afirman, para lo cual nos empeñamos en la paz de todas las naciones.
   
Resistid fuertes en la fe, decimos de aquellos cristianos que conociendo sólo superficialmente la ciencia de la Religión, y practicándola menos, pretenden erigirse en maestros de la Iglesia afirmando que debe adaptarse a las exigencias de los tiempos, sacrificando para ellos algún punto de la integridad de sus santas leyes; que (erróneamente afirman que) el derecho público de la cristiandad debe mostrarse sumiso entre los grandes Principios de la era moderna, y manifestar esta sumisión ante el nuevo vencedor, incluso la moral evangélica, demasiado severa, debe adaptarse a estas nuevas normas más complacientes y acomodaticias. Finalmente (también sostienen falsamente que) la disciplina eclesiástica debe prescindir de sus prescripciones que resultan molestas a la naturaleza humana, para abrir paso al progreso de la ley en la libertad y amor.
   
Resistid fuertes en la fe, contra todos aquellos que pretenden dirigir y guiar a la Iglesia en provecho de sus propios intereses y decisiones, juzgando sus enseñanzas e impidiendo sus censuras y condenas; todo esto constituye un pecado enorme de soberbia, y para no ser víctimas de su gran castigo, tengamos el valor de luchar en nuestra sociedad contra todos estos enemigos, descubriendo la malicia de sus ideas perniciosas y haciendo frente al terror de sus maquinaciones o desafiando sus ironías o insultos.
   
Resistid fuertes en la fe, especialmente los que se glorían en verdad del nombre de católicos, sobre todo para no dejarse seducir por los falsos apóstoles que como Satanás se disfrazan de ángeles de luz, y fingen lamentos, temores e inquietudes por los males de la Iglesia y por los peligros por los que atraviesa, y en virtud de una caridad fingida y con un corazón hipócrita aceptan las máximas que poco a poco llevan a la Iglesia a una situación de enfermedad y de males mortales. Aunque es cierto que ciertos triunfos de la moderna iniquidad pueden escandalizarnos y poner a prueba nuestra fe en la providencia, sin embargo la fuerza misma de los acontecimientos va serenando la inquietud de la Fe. Las Sagradas Letras nos advierten así: “¡Ay de los que al mal llaman bien, que de la luz hacen tinieblas y de las tinieblas luz, y dan lo amargo por lo dulce y lo dulce por lo amargo! ¡Ay de los que son sabios a sus ojos, y son prudentes delante de sí mismos! ¡Ay de los que son valientes para beber vino, y fuertes para mezclar licores; de los que por cohecho dan justo al impío y quitan al justo su justicia!” Y en otro pasaje dice: “¡Ay de ti, Asur, vara de mi cólera, bastón de mi furor! Yo le mandé con una gente impía, le envié contra el pueblo objeto de mi furor, para que saquease e hiciera de él su botín, y le pisase como se pisa el polvo de las calles, pero él no tuvo los mismos designios, no eran éstos los pensamientos de su corazón, su deseo era desarraigar, exterminar pueblos en gran número”.
     
¡Como los acontecimientos que contemplamos en la Iglesia se ven iluminados con estos pasajes! Meditémoslos, queridísimos hijos, y aceptemos todo lo que sucede como una prueba y una expiación; convirtámonos al Señor y respondamos con prontitud a la paternal llamada de su misericordia. Que estos días de la Santa Cuaresma sean para nosotros días de propiciación y así nos encontremos algo más dignos para celebrar con Nuestro Señor Jesucristo la gloriosa Pascua de Resurrección.
     
Cardenal Giuseppe Sarto, carta fechada el 17 de febrero de 1895, siendo entonces Patriarca de Venecia y venerado hoy en todo el orbe católico como San Pío X, Papa.

martes, 4 de marzo de 2014

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA - MIÉRCOLES DE CENIZA

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA
  
Tomado de "Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles", P. Andrés Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo: desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de Pascua. Segunda edición argentina, Editorial Guadalupe, Buenos Aires, 1962.
  
MIÉRCOLES DE CENIZA
   
RESUMEN PARA LA VÍSPERA EN LA NOCHE
Meditaremos mañana cómo la ceremonia de la Ceniza nos convida a santificar la Cuaresma; 1º Por la penitencia y la mortificación; 2º Por el pensamiento de la muerte.
  
— Tomaremos enseguida la resolución: 1° De abrazar con gusto las mortificaciones propias de este santo tiempo, el ayuno y la abstinencia, con todas las cruces que la Providencia quiera mandarnos; 2° De acostumbrarnos a hacer bien todas estas cosas conforme a las palabras de San Bernardo: "Si tuvieses ahora que morir, ¿harías esto o aquello?"
   
MEDITACIÓN DE LA MAÑANA
     
Adoremos la bondad de Dios, que inspiró a la Iglesia la ceremonia de la Ceniza, para enseñarnos las disposiciones piadosas con que debemos pasar el santo tiempo de Cuaresma. Agradezcámosle tan sabia instrucción y roguémosle que nos la haga comprender y poner en práctica.
    
PUNTO PRIMERO - LA CEREMONIA DE LA CENIZA NOS PREDICA LA PENITENCIA Y LA MORTIFICACIÓN
Desde los tiempos más antiguos, la ceniza puesta en la cabeza ha sido un emblema de penitencia y de dolor. Job, doliéndose de haber defendido la causa de su inocencia en un lenguaje algo menos mesurado, exclamó: "¡Me acuso, Señor, y hago penitencia de mi falta en el polvo y en la ceniza!". En penitencia del robo sacrílego cometido por Acán en la toma de Jericó, Josué y los ancianos israelitas se cubrieron la cabeza de ceniza. Más adelante, Judit, Ester, Mardoqueo y Judas Macabeo emplearon este medio para aplacar la ira del cielo, Jeremías y todos los profetas aconsejaron esta práctica a los judíos castigados por Dios. En fin, Nuestro Señor Jesucristo presentó la ceniza como un símbolo de penitencia cuando dijo que si los habitantes de Tiro y de Sidón hubiesen visto los milagros obrados por Él en el seno de la Judea, "habrían hecho penitencia con el cilicio y la ceniza". Eso es lo que explica por qué la Iglesia primitiva distinguía por la ceniza a los penitentes de los fieles, y el primer día de la Cuaresma cubría la cabeza de todos sus hijos, sin distinción ninguna, por la razón de que todo cristiano, como dice Tertuliano, ha nacido para vivir en la penitencia. La ceremonia de la Ceniza es como un sello que nos lleva a la penitencia, de tal manera que recibir la ceniza en la cabeza sin tener la contrición en el corazón, es aparentar un sentimiento que no se tiene, es una hipocresía. Entremos con gusto en el espíritu de penitencia desde el primer día de esta santa Cuaresma. El interés de nuestra salvación lo exige; Jesucristo lo declara formalmente con estas palabras: "Si no hiciereis penitencia, todos igualmente pereceréis": y nos lo enseñó aún mejor con su ejemplo, porque toda su vida no fue sino una penitencia continua. Todos los santos, a su imitación, han hecho penitencia, y nosotros ¿con qué derecho nos dispensaríamos de ella? Hemos pecado mucho, y todo pecado, aunque perdonado, exige penitencia. Tenemos pasiones que vencer, tentaciones que combatir, y la penitencia es la defensa más segura contra las unas y las otras. Interroguemos aquí nuestra conciencia: ¿tenemos el espíritu de penitencia que reclama el santo tiempo de Cuaresma?
    
PUNTO SEGUNDO - LA CEREMONIA DE LA CENIZA NOS TRAE A LA MEMORIA EL PENSAMIENTO DE LA MUERTE
"¡Mortales, nos dice hoy la Iglesia, acordaos que sois polvo y que en polvo os convertiréis!" El cristiano que oye estas palabras a los pies del altar, se presenta allí como la víctima que, sometida al fallo, viene a ofrecerse para ser, cuando quiera el soberano Árbitro de la vida y de la muerte, reducida a ceniza y sacrificada a su gloria. Por este acto parece decirle a Dios: "Señor, vengo a cumplir en espíritu lo que acabaréis en realidad. Habéis resuelto, en castigo de mis pecados, reducirme un día a ceniza. Vengo pues yo mismo a hacer el ensayo, porque desde hoy preveo el fallo de vuestra justicia y lo ejecuto". La Iglesia, haciéndonos principiar la santa Cuaresma por esta aceptación solemne de la muerte, por el gran sacrificio de todo lo que tenemos y de todo lo que somos, nos da a entender que mira el pensamiento de la muerte como lo más a propósito para hacernos pasar santamente la Cuaresma, es decir, en el alejamiento del mal, en la práctica de la penitencia y de todas las virtudes. En efecto, ¿quién puede pensar seriamente en la muerte y no estar siempre pronto para comparecer delante de Dios, y no velar sobre sus acciones y sus palabras, y no mortificarse para expiar sus faltas pasadas y satisfacer a la justicia divina, y no multiplicar sus buenas obras y acrecentar sus méritos, y no desprenderse de todo lo que puede durar tan poco y tener presentes a cada momento las palabras de San Bernardo: "Si muriera después de esta Confesión, ¿cómo lo haría? Después de esta Comunión, ¿cómo me dispondría? Después de esta conversación, ¿cómo hablaría? Al fin de esta semana, de este mes. ¿Cómo me conduciría?" Pidamos a Dios nos haga comprender esta lección de la muerte y deducir las consecuencias prácticas propias para la santificación de la Cuaresma.

lunes, 3 de marzo de 2014

PARALELOS DE LOS INFANTES

Con Jesús...
   
Con Bergoglio...

Che, ¿Será que el pibe es Tradi?

UNA NUEVA ARMA EN LA DEMONÍACA "JUSTICIA DE MENORES": LA LEY "GRAN HERMANO" DE ESCOCIA

Desde SIGNOS DE ESTOS TIEMPOS-FOROS DE LA VIRGEN

El Estado espiará los conflictos familiares para secuestrar a los menores y adoctrinarlos
 
Una organización de derechos cristianos en el Reino Unido se ha comprometido a organizar un ataque a lo que llaman “la política de Gran Hermano con mayúsculas”, una ley adoptada en Escocia que asigna un supervisor legal para cada niño que nace.
  
“Es claro que este proyecto de ley infringe las normas europeas a través de su ataque a la familia. […] Los escoceses normales deben tener mucho miedo”, anunció Colin Hart, director del Instituto Cristiano tras la adopción de la ley parlamentaria en una votación 105-0.
  
“No tenemos más remedio que desafiar esta Ley, ilegal hasta el final”, dijo Hart: “Esta es una extensión terrible de los tentáculos del Estado en la vida familiar.”
  
LO QUE PIDE LA LEY
  
La ley exige que el Servicio Nacional de Salud nombre a un trabajador de la salud como una “persona designada” con responsabilidades de supervisar a cada niño que nace. A los cinco años, la responsabilidad de la “persona designada” se trasladaría a los gobiernos locales.
   
Según el Instituto,
   
La persona nombrada empleada por el Estado sería capaz de compartir información con una amplia gama de autoridades públicas y puede intervenir sin consentimiento de los padres”.
   
La organización había obtenido un dictamen jurídico de Aidan O’Neill QC (Consejero Real), quien encontró que de la forma en que el gobierno ha puesto en marcha el programa “Persona designada”, el gobierno estaría tomando decisiones que “cortaría” los derechos de los padres.
   
Aiden O'Neill, Consejero Real de Escocia, se opone al proyecto "Persona designada", considerando que éste es una interferencia del Estado en los hogares
   
Él fue el experto legal, quien sugirió que el Convenio Europeo de Derechos Humanos, que obliga a los gobiernos a respetar la “vida privada y familiar”, no permitiría esta ley.
   
De acuerdo con un informe de The Telegraph, el Proyecto de Ley de Infancia y Juventud está bajo fuego por sobrepasar los derechos al gobierno.
    
El informe explicó:
   
“Los conservadores, sin éxito, argumentaron que un tutor sólo debería intervenir donde hubiera preocupaciones sobre temas de bienestar o seguridad de un niño”.
    
Liz Smith, joven escocesa Tory, dijo al periódico:
    
“Esto va a inclinar la balanza de la responsabilidad de la familia lejos de los padres y hacia el Estado –algo que la mayoría de los padres encuentran completamente inaceptable-”.
     
“Obligar a todos los jóvenes a tener una persona designada, inevitablemente diluirá los recursos disponibles para nuestros niños más vulnerables”.
    
La Iglesia Católica, la Iglesia (Presbiteriana) de Escocia y una serie de organizaciones legales se han opuesto a la idea.
      
Los planes del Instituto para la acción legal se anunciaron apenas horas después que el parlamento de Escocia aprobó la ley, y sólo unos días después de que se reveló que el gobierno ya estaba, de hecho, operando bajo alguna de las disposiciones de la ley.
     
El Instituto informó de unos 8.000 niños que ya habían sido señalados para la “intervención dirigida” por el gobierno.
     
En un informe del Instituto, Nick Pickles, director de Big Brother Watch, dijo que las cifras sugieren que “miles de familias ya tienen su privacidad interferida sobre una base diaria.”
     
NO ES UNA LEY INOCENTE
     
WND informó anteriormente de que un profesor de sociología estaba advirtiendo que el plan podría dar lugar a la focalización del estado sobre los padres.
    
El plan de "Gran Hermano" es establecer vigilancia sobre TODAS y CADA UNA de las actividades diarias
    
El Profesor Stuart Waiton dijo al Instituto,
    
Va a tomar muy poco para iniciar una investigación sobre un niño y desde allí una imagen falsa puede ser fácilmente construida”.
     
Cuestiones inocentes como lo que come un niño, o las opiniones que expresa, podrían generar malos juicios sobre “buenos padres” por los “fanáticos de salud y la seguridad, obsesionados con la gestión de riesgos”, dijo.
     
WND reportó más temprano que los padres en Escocia estaban desafiando la propuesta “anti-padre”. De acuerdo con la Home School Legal Defense Association, la medida es parte de una iniciativa que pide “Todo el derecho para todos los niños”.
    
Pero el Scottish Expresss informó que un experto describió la idea como “siniestra”.
     
Las propuestas podrían interferir con el artículo referido al derecho de respeto de la vida privada y familiar, ya que existe la posibilidad de interferencia entre el papel de la “persona designada” y el ejercicio de los derechos y responsabilidades de los padres”, dijo el escocés Morag Driscoll especialista en Derecho de la Sociedad.
      
Podría ser interpretado como una interferencia estatal desproporcionada”, dijo.
       
La Asociación para la Educación en el Hogar dijo que la legislación
     
“está abierta a los abusos y malas interpretaciones y muchos padres podrían caer en desgracia con los agentes del Estado con exceso de celo o personas que busquen entrometerse
       
Los críticos del plan dicen que también permitiría a los niños que están enojados con sus padres informar a su persona designada, con consecuencias potencialmente devastadoras.
      
El gobierno ha defendido la idea, explicando que
       
“La protección y promoción del bienestar de los niños de Escocia y nuestro objetivo de hacer de nuestra nación el mejor lugar para que los niños crezcan se encuentra en el corazón de la propuesta. Nuestra atención se centra en la seguridad y la protección de los niños. La persona designada, que es probable que sea un visitante de la salud, por lo general ya conoce al niño, será un primer punto de contacto si se necesita ayuda. Esto está formalizando lo que ya debería suceder y hay pruebas de que funciona bien en muchas áreas. Estamos seguros de que es compatible con la legislación europea”.
       
WND reportó que William Estrada, director de relaciones federales para el HSLDA, cree que la idea es consecuencia de la creencia general de organizaciones tales como las Naciones Unidas de que el gobierno sabe lo mejor para todos.
       
Este es un ejemplo de por qué HSLDA se opone a la ratificación de [varios] tratados de la ONU”, dijo Estrada.
      
El argumento de que estos tratados son meras expresiones altruistas se desvanece cuando uno mira lo que está sucediendo en las legislaturas de los países que ratifican los tratados y tratan de vivir de acuerdo con sus obligaciones del tratado. ¿Una ‘persona nombrada’ para todos los niños y bases de datos nacionales? No, gracias”.

sábado, 1 de marzo de 2014

¿CUÁNDO "BEATIFICARÁN" A PABLO VI?

Desde SIGNOS DE ESTOS TIEMPOS-FOROS DE LA VIRGEN
  
Parece ser que a Pablo VI lo beatificarán en medio del viaje de Francisco Bergoglio a Tierra Santa
  
La consulta de los expertos teológicos de la Congregación de los Santos reconoció la intercesión de Pablo VI en la curación de un niño que no había nacido, con lo que su beatificación está más cerca
  
A principios de la semana pasada, la consulta de los peritos teólogos de la Congregación para las Causas de los Santos aprobó por unanimidad un milagro atribuido a la intercesión de Giovanni Battista Montini, Pablo VI. La curación ya había sido juzgada como «inexplicable» por la consulta médica en el 2013.
  
El postulador de la causa, el padre Antonio Marrazzo, eligió hace tiempo, de entre todas los hechos recibidos, un caso de curación «inexplicable» según los primeros análisis clínicos. El 20 de diciembre de 2012, poco antes de su histórica renuncia al papado, Benedicto XVI proclamó la «heroicidad de las virtudes» de Pablo VI, dando por concluido el proceso canónico. Para la beatificación se necesitaba solamente el reconocimiento de un milagro.
  
El presunto milagro que Marrazo presentó a la consulta tiene que ver con la curación de un niño que no había nacido, que se habría verificado durante los primeros años de la década de los noventa en California.
   
Durante el embarazo, los médicos habían identificado un grave problema en el feto.
   
Debido a las consecuencias cerebrales que pueden aparecer en esos casos, habían sugerido como única posible solución el aborto. La joven madre se opuso y quiso concluir el embarazo encomendándose a la intercesión de Pablo VI, el Papa que en 1969 escribió la encíclica “Humanae vitae”, a pesar de que le habían asegurado que el niño habría nacido con serios problemas tanto a nivel físico como cerebral.
   
Sin embargo, el niño nació sin problemas. Para constatar la ausencia de consecuencias y su perfecta curación, los médicos esperaron a que fuera adolescente.
   
Se trata, dijo Marrazzo en 2012 a la Radio Vaticana, de un «suceso verdaderamente extraordinario y sobrenatural, que se verificó gracias a la intercesión de Pablo VI».
   
Una curación, continuó el postulador de la causa, «en línea con el magisterio» del Papa que escribió la “Humanae vitae”, un milagro relacionado con la «defensa de la vida, expresada en la encíclica, pero también en defensa de la familia, porque aquel documento habla del amor conyugal y no solo sobre la vida que está por nacer».
  
Se especula que la beatificación de Pablo VI podría coincidir con la visita de Francisco a Tierra Santa, que está prevista entre el 24 y 26 de mayo de 2014, como forma de honrarlo por su pionero viaje al mismo lugar, del que este año se cumplen 50 años.

LOS ACOMPAÑANTES ECUMÉNICOS DE BERGOGLIO

Ya sabíamos que el antipapa Bergoglio/Francisco I viajaría a Jordania, Palestina e "Israel" el próximo 24 de Mayo para encontrarse con Bartolomé I de Constantinopla, a los cincuenta años del coloquio entre Montini/Pablo VI con Atenágoras I de Constantinopla. Pero lo que no se sabía es que ¡lo acompañarán un judío y un musulmán. Así se infiere de una noticia publicada en la página macielista ZENIT.
  
El rabino Julio Schlosser, que visitó a Bergoglio el jueves pasado, confirmó este deseo francisquista:
  
“El Papa(sic) --indicó-- agradeció este tipo de gestión, nos dijo que tiene mucha esperanza en el viaje a Medio Oriente pero que no va a ir solo, sino acompañado por un musulmán y un judío: 'Me van a acompañar un musulmán y un judío, solo no voy', nos dijo”.

ORACIÓN ANTIQUÍSIMA A SAN JOSÉ

San José
   
Esta oración a San José fue encontrada en el año 50 de Nuestro Señor. Y fue enviada en 1505 por el Papa al Emperador de Alemania antes de una batalla. Quien haga esta oración, o la oiga o la guarde consigo, no morirá súbitamente, ni se ahogará, ningún veneno le hará efecto; ni caerá en manos de sus enemigos; ni se calcinará en incendios, ni será vencido en batalla.
 
ORIGINAL
O, Sancti Joseph, tanta mole tam, ita prompta ante thronum Dei. Ponam te in omni stúdio.

O, Sancti Joseph, valída intercessióne tua adjuvábunt me, et impétra mihi a Fílio Dei in omni benedictióne spirituáli, per Jesum Christum Dóminum nostrum. Ut, hic occupári virtútem cœléstem, ut patres amantíssimi homágium et grátia prǽbeo.
 
O Beáti Joseph, fatiscébant contemplándum, et dormit in sinu Jesu, dum quiéscit non áudeo accedére ad cor. Preme in nómine meo, haec étiam osculári ósculum mihi interrogáre redíre cum móriens duco.
 
Sancti Joseph, Patron de egréssi ánimas, Ora pro me. Amen.
 
TRADUCCIÓN
San José, cuya protección es tan grande, tan poderosa y eficaz ante el Trono de Dios, en vuestras manos entrego todos mis intereses y mis deseos.
 
San José, asistidme con vuestra poderosa intercesión. Obtened por mi, de vuestro Divino Hijo, Nuestro Señor, todas las bendiciones espirituales que necesito. A fin de que, habiendo conseguido aquí en la tierra la ayuda de vuestro poder celestial, pueda ofrecer mi gratitud y homenaje al Padre más amoroso.
 
San José, nunca me cansaré de contemplaros con el Niño Jesús dormido en vuestros brazos. No me atrevo a acercarme mientras que el Niño reposa sobre vuestro corazón. Abrazadle fuertemente en mi nombre; y de parte mía, besad su fina y delicada Cabecita. Luego, suplicadle que me devuelva ese beso a la hora de mi último suspiro.
 
San José, Patrón de los moribundos, rogad por mí. Amén.

HERMENÉUTICA DE LA CONTINUIDAD

Foto tomada de la página DOM ANTÔNIO DE CASTRO-MAYER
  
El que vea, entienda:
 

HORA SANTA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, POR EL PADRE MATEO CRAWLEY-BOEVEY (llamado a los amigos del Sagrado Corazón)

HORA SANTA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS    
    
   
IV Para los amigos del Sagrado Corazón
  
Señor y Amigo, Jesús adorable: he aquí a tus hermanos, que te buscan...; tus íntimos llaman esta tarde, con insistencia, a las puertas del Sagrario, deseosos de hablarte sin testigos, lejos de la muchedumbre... Quieren conversar contigo a solas...; tienen más de una confidencia que hacerte...
  
Te ruegan, pues, que les permitas hablar contigo, con la dulce intimidad de Juan, con el abandono y la confianza de Lázaro, de Marta y de María, con la sinceridad de Nicodemo...
  
Ábrenos, Jesús, ábrenos de par en par las puertas del cielo de tu Corazón...
  
Ábrenos..., pues, bien sabes, Jesús, que es la sed ardiente de amarte y de hacerte amar, que nos arrastra irresistible, hasta tus plantas... Y Tú que lo sabes todo, sabes ya, que no venimos a pedirte que nos hagas disfrutar de los resplandores ni de las delicias del Tabor... No venimos a pedirte que te presentes a nosotros como a los tres apóstoles predestinados en la Transfiguración de una majestad de gloria, ¡oh, no!... Otra ambición nos trae y es el que nos reveles, en esta Hora Santa, las bellezas de inmolación y de agonía, las profundidades del dolor de tu Corazón adorable en el patíbulo de la Cruz y en el calabozo en que moras, ¡oh Dios Sacramentado!... Ansiamos, Jesús amado, penetrar en los secretos de tu amor doliente y crucificado... Lo anhelamos tus amigos, pues queremos abrasarnos en las llamas de una caridad más fuerte que la muerte...
  
Ábrenos, Jesús, ábrenos la herida del Costado... Mira que somos los hijos de María; somos, pues, tus hermanos pequeñitos, los colmados de tus gracias. ¡Deseamos tanto desahogarnos contigo, hablándote en el idioma que Tú mismo enseñaste a tus amigos íntimos, cuando los llamaste a grandes voces, desde Belén y el Calvario, y, siglos más tarde, desde el altar de Paray-le-Monial!...
  
No tardes en abrirnos, Jesús, no nos dejes por más tiempo en los dinteles del Sagrario de tu dulce Corazón... Mira que se hace tarde y que anochece... Mira cómo las creaturas se afanan por disiparnos..., y con qué empeño los dolores pretenden abatirnos..., y el infierno turbar nuestra paz y arrebatarnos de tus brazos.
  
Acuérdate, Jesús adorable, que Tú mismo nos invitaste a esta Hora Santa, cuando la pediste a Margarita María... Recuerda, ¡oh Rey de amor!, que, según tus propios designios, es ésta la hora de Gracia por excelencia, ya que en ella ofreciste confiar tus secretos, en retorno de las confidencias de tus consoladores y amigos...; confidencias recíprocas que labrarán la eterna intimidad entre tu Corazón y los nuestros...
  
De rodillas, pues, Señor, y sobrecogidos, no de temor, sino de felicidad y de amor, te adoramos, con los Pastores y los Reyes... ¡Oh!, mejor aún que ellos, te adoramos en unión con la Reina Inmaculada y en su Corazón de Virgen-Madre... Y para suplir nuestra indigencia, nos acercamos al Sagrario, con los divinos ardores de Magdalena, el día venturoso en que la perdonaste..., con la fe de tus discípulos en el día de tu Ascensión gloriosa, y con la caridad de tus apóstoles en la hora de Pentecostés... Con todos ellos te adoramos, la frente en el polvo, ¡oh Rey Hermano, oh Salvador-Amigo, oh Dios de misericordia!, en el Santo de los Santos del solitario Tabernáculo...
  
Y ya que nuestros labios apenas saben balbucir una plegaria, y puesto que nuestros corazones pobrecitos son tan incapaces de amar de veras y de expresar su amor, encargamos con filial confianza a la Reina del Amor Hermoso que Ella te hable por nosotros, sus hijos y tus amigos...
  
Pero conociendo tu infinita bondad y tu condescendencia, te rogamos, Jesús, con inmensa confianza y con profunda humildad, que hables sobre todo Tú en esta Hora Santa... Mucho más que a hablarte nosotros, venimos a escucharte. ¡Sabiduría increada!... Jesús, Verbo Divino, Palabra eterna del Padre, vibra, resuena una vez más en esta tierra de tinieblas... habla, pronunciando aquellas palabras arrobadoras, que embriagan en la eternidad de eternidades a tus Santos... Habla, Jesús, confiándonos aquellas palabras de vida que conservó en su Corazón la Virgen-Madre y que recogieron tus apóstoles para la redención del mundo...
  
Sí, háblanos, Maestro, ya que sólo Tú tienes palabras de vida eterna... Jesús, Amor de amores, habla a los amigos que te escuchan de rodillas anhelantes, conmovidos...
  
(Y ahora escuchémoslo con un gran recogimiento... Oigámoslo como si lo viéramos con nuestros propios ojos, ahí en esta Hostia Divina... Presentémosle el homenaje de una adoración ferviente, en un acto de fe ardorosa en su Presencia real, y al adorarlo así, ofrezcámosle, sobre todo, un homenaje del corazón, es decir, todo nuestro amor, en espíritu de solemne reparación).
  
(Pausa)
  
Breve consideración. 
Ya que no nos es dado suprimir en la tierra la raza de los traidores y de los verdugos, propongámonos el multiplicar, al menos, la raza bendita de los amigos fieles del Señor crucificado, la falange esforzada de aquéllos que, afrontando todos los peligros y todos los oprobios, le seguirán hasta el Calvario...
  
¡Cuán pocas veces meditamos la misteriosa y cruel angustia de Getsemaní, agonía más cruel por cierto que la de la Cruz!... Ved por qué al lado del patíbulo, tinto en sangre, de pie, está María, la Madre del Señor ajusticiado. ¡Madre incomparable y única!... Y cerca de ella, la invencible, la fidelísima Magdalena, bañada en llanto... A dos pasos está Juan, el apóstol regalado, y con él unos cuantos, un rebaño reducido, de amigos leales... ¡Ah!... No así en Getsemaní... La soledad más angustiosa oprime ahí y despedaza el Corazón del Divino Agonizante... Ha segregado con predilección a los tres favorecidos del Tabor, para que le consuelen... pero éstos, vencidos por la fatiga, más fuerte que su amor, duermen... ¡Oh, sí!, duermen, y entre tanto, a unos cuantos pasos su Maestro, abandonado... solo, lucha en las convulsiones de una horrenda agonía... Jesús solo y desamparado, sosteniendo el peso abrumador, mortal, de la congoja que provoca la visión espantable de todos los crímenes de la tierra... ¡Oh, dolor! Si los amigos del Señor duermen, porque flacos en el amor, no así los enemigos, celosos y resueltos en su odio... Esta vez la presa ansiada no escapará de sus manos sacrílegas, y para que esa misma noche el Rey divino caiga prisionero en sus redes, velan animosos, capitaneados y envalentonados por el único apóstol que no duerme... ¡Judas!
  
Por esto la hora de guardia de esta Hora Santa debe ser una reparación de inmenso amor de parte de los amigos fieles... Ofrezcámosle como un solemne desagravio por tantos amigos desleales, tibios, apáticos..., por tantos que se dicen amigos, que debieran serlo, pero que en vez de amar, viven de temor y de transacciones de cobardía... Son tantos los mezquinos en el amor y que están lejos, muy lejos de aquella medida de amor con que ellos fueron amados... No nos engañemos; la culpa que más lastima el Corazón del Salvador, es la que parte, como dardo de fuego, de un corazón amigo... ¡Cuán contados son los verdaderos amigos del Señor, los que lo conocen de veras, los que de veras le aman, en pago y en retorno del don gratuito, de la amistad divina que Él les brinda!... A menudo son los hijos de su propia casa los que más le hieren... Cabalmente por esto, en reparación de este gran pecado, agrupémonos en esta Hora Santa en compañía de la Reina Dolorosa, de San Juan y de Margarita María, estrechémonos alrededor de Jesús Agonizante para recoger con santa emoción, conmovidos en lo más hondo del alma, sus quejas amorosas, sus blandos reproches y también sus peticiones y deseos... Que aquel sitio quemante que brotó de sus labios moribundos, reclamando nuestro amor, resuene en nuestras almas, las conmueva y nos resuelva a apagar su sed ardiente con la nuestra devoradora, inmensa...
  
(Y ahora, para oír su voz divina, que todo calle, que todo desaparezca, todo, menos Jesús... Bebed ansiosos sus palabras).
 
(Muy lento y con unción)

VOZ DE JESÚS: Hace ya tanto tiempo, tanto, que vivo entre vosotros y todavía no me conocéis... Sabed, amigos muy queridos, que una infinita tristeza agobia mi alma y que una angustia de muerte oprime mi Divino Corazón... Os lo confío a vosotros, tan fieles, oídme: La amargura de mis amarguras la provoca aquella constante infidelidad, aquel desconocimiento tan corriente, aquella inconcebible mezquindad de los que Yo elegí y amé como amigos de mi Sagrado Corazón... ¿dónde están?... ¿Qué se han hecho mis verdaderos e íntimos amigos?... Como en Getsemaní, cuando se acerca la hora de las tinieblas y del combate, miro a mi alrededor... llamo... tiendo la mano... y me encuentro casi siempre abandonado y solo... ¡Ay... cuán contados son en todo tiempo aquéllos que se resuelven por amor a velar conmigo en la hora de agonía!...
 
Cuando mis amigos se encuentran en la cuesta del Calvario, Yo prevengo su clamor y sus gemidos suplicantes. Yo mismo me adelanto y me ofrezco a ellos como el amable Salvador y consuelo... Pero cuando los traidores vociferan en contra mía, cuando me agobian bajo la pesadumbre de la cruz, si llamo en mi socorro a los amigos... ¡ay!, éstos no me oyen..., mis amigos duermen...
 
¿Será verdad entonces, hijos míos que el odio de mis adversarios es más animoso y fuerte que la caridad de mis amigos?... ¡Qué tristeza para mi corazón el ver constantemente que mientras los míos descansan tranquilos, los sicarios preparan afanosos los azotes, los clavos, la diadema de espinas... la Cruz!...
 
Tanto celo de parte de éstos para incrementar a porfía el ejército, ya tan numeroso, de los que me abandonan..., tanta abnegación y desprendimiento de su parte al pagar con largueza las cobardías y traiciones, la gritería de blasfemia social y el ultraje legal de la autoridad humana en contra mía... ¡Y entre tanto, mis amigos dormitan... descansan, callan! Podría llamar en mi socorro legiones de ángeles, y el Padre me las enviaría; pero no... en la hora de las agonías y tristezas quiero tener muy cerca, a mi lado, amigos capaces de amar llorando..., corazones como el mío, corazones de hermanos que compartan los dolores que por ellos sufro... En la hora de Getsemaní os aguardo a vosotros los amigos... ¡Ay, no queráis abandonarme entonces!... rodeadme con amor ardiente, fidelísimo... Ofrecedme el corazón como un apoyo para mi corazón agonizante... Mi alma está triste, triste hasta la muerte... Desfallezco y muero porque no me siento amado de los míos...
 
(Breve silencio)
 
LAS ALMAS: Ese lamento nos parte el alma... ¡Escúchanos, Jesús!... Sabemos que lo que Tú afirmas es siempre la verdad y toda la verdad... Pero ya que los que estamos ante este altar somos los amigos íntimos que venimos a consolarte y a reparar, háblanos, Señor, con absoluta libertad... Te pedimos, te rogamos que formules por entero tu justa acusación... No temas, Jesús, el lastimarnos, dinos sin reticencias cuáles son las faltas que más te hieren de parte de los tuyos..., explícanos aquella amargura que llena tu adorable Corazón, pues queremos compartirla y endulzarla...
 
¡Habla, Jesús, habla abiertamente a tus amigos verdaderos!
 
VOZ DE JESÚS: ¡Filioli! ¡Oh, sí, hijitos amadísimos! Quiero descubriros en toda intimidad todo el secreto de mi infinita tristeza... Pero, prometedme que, al escuchar mis quejas y reproches, lejos de alejaros con temor insensato de mi lado, buscaréis, por el contrario, una intimidad mayor con vuestro Amigo del Sagrario... Prometedme que en adelante acudiréis con más confianza a mi Corazón en busca del único remedio para todas vuestras flaquezas.
 
Al oírme, dulce y bueno, recordad que aquí, en este trono de gracia, soy el Juez de verdad y mansedumbre, a fin de ser mañana, en los dinteles de vuestra eternidad, un Salvador benigno y el Juez amigo... Oídme: ¿Queréis saber qué faltas son aquéllas que más me hieren?...
  
Falta de generosidad y de gratitud
Ante todo, la mezquindad en el amor de mis amigos, ¡la falta de generosidad!... Tengo hambre... ¿No tenéis algo que darme de comer, hijitos míos?... No tenéis por qué preocuparos de comprarme pan y víveres, como los apóstoles en Samaria, ¡oh, no!... El pan que anhelo es vuestro amor... Tengo hambre de vosotros... Pero quiero y exijo que ese don de vosotros mismos sea total, sin particiones... Daos a Mí, daos sin reservas... Tengo hambre, no de una mirada vuestra, no de una sonrisa, ni de una palabra..., tengo hambre de vuestras almas, quiero que éstas me pertenezcan como Yo os pertenezco... En canje de mi Corazón Divino, quiero los vuestros y los quiero para Mí solo...
 
Os he dado tanto, ¡oh, tanto!..., y en retorno, ¿qué me habéis dado vosotros?... ¿Por qué ese prurito de medirme siempre vuestro amor, ya tan limitado y pobre?... ¡Cuán distante de mi suerte es la de las creaturas!... ¡Para ellas vuestras preferencias..., para ellas todo!... De ahí que Yo vuestro Señor ocupe con frecuencia en el banquete de vuestra vida el puesto del servidor, del pobre y del mendigo...
  
¡Cuánto tiempo hace, almas queridas, que aguardo el obsequio del don total de vosotros mis amigos, don al cual tengo pleno derecho y sólo Yo!... Y después de esperar largos meses, aun largos años, recibo con frecuencia, no ese don total sino... la migaja pobrecita que cae de la mesa, lo que sobra de las creaturas, siempre atendidas, agasajadas...
 
Los ángeles se asombran al ver que acepto esa migaja, porque me habla de vosotros, pero... al llevarla a mis labios, estalla de pena el corazón, lloran mis ojos... ¡Cuánto tiempo hace que pido y aguardo que se me dé un lugar, y el primero, en vuestras almas y en vuestros hogares!... ¡Ay!... Las criaturas más afortunadas que vuestro Dios ocupan ya ese puesto de honor... y Yo debo resignarme a un puesto secundario... ¡Si supierais cómo siento que mi Persona divina molesta, estorba..., que se me tolera por temor, a Mí, un Dios de amor!...
 
Las creaturas llaman a vuestras puertas, y como se impacientan..., y como no os resignaríais a que se fueran y os dejaran, ellas que son polvo, pasan en primer lugar... Y a Mí me tenéis llamando y esperando un turno que tarde o nunca llega... Pero porque sólo Yo os amo, con amor verdadero, me siento entonces en el umbral de vuestras puertas, y con paciencia vuelvo a llamar a golpes redoblados, y sigo aguardando con dulzura inalterable, porque soy Jesús, la Misericordia infinita, inagotable... Y entre tanto que yo pueda darme a vuestras almas, en el banquete que os tengo preparado de toda eternidad, vivo de las migajas que me arrojan tantos que se llaman mis amigos...
 
¿No es, por ventura, una migaja de vuestra vida, por ejemplo, los breves instantes, los contados momentos que distraéis de negocios y de creaturas para dármelos a Mí?... ¡Y decir que, en canje de esos segundos, os estoy preparando una eternidad de siglos, un sin fin de gloria!...
  
(Pausa)
 
¿Queríais una prueba manifiesta, consoladores míos, de esa falta de amor generoso de parte de mis amigos?... Hela aquí: ¡su poca gratitud!... No se paga, así, por cierto, con esa vil moneda a los bienhechores de la tierra... Para éstos, por natural nobleza, por delicadeza de educación o de sentimientos, para ellos, la efusión expresiva de vuestra acción de gracias... En cuanto a Mí, el Bienhechor de vuestros bienhechores, no me cuento siempre en esa categoría..., ¡y quedo eliminado!... ¡Cuántos leprosos del alma, sanos por milagro, y que no agradecen, cuántos!...
  
Decidme, hijos de mi Corazón, ¿es justo tratar así a un Dios que os ha colmado con mil liberalidades y ternuras, que os ha prodigado a torrentes luces divinas y consuelos inefables, que os ha perdonado, que quiere seguiros perdonando? ¿Qué ha sido de aquellas solemnes promesas de eterna gratitud que me hicisteis cada vez que implorábais con apremio nuevas gracias –¿qué digo?– prodigios de misericordia?...
 
¡Ah, sí! Más de una vez os tornáis a Mí en demanda de milagros. Sabedlo, quiero otorgarlos, pero los reservo para los amigos generosos, que me lo dan todo... Los reservo para aquéllos que me lo arrebatan con la dulce violencia de su inmensa gratitud...
  
Pero quiero perdonar aun ese pecado vuestro..., he aquí la hora propicia del verdadero arrepentimiento, de la reparación cumplida y de la gran misericordia... Protestadme, pues, ahora mismo que, de aquí en adelante, me amaréis todos como amigos verdaderos; esto es, con nobleza de gratitud y con generosidad a toda prueba...
  
No temáis a quien no os llama y os aguarda sino para perdonaros y además enriqueceros... Tengo hambre de amor, hambre del pan de vuestros corazones... Dádselo al Dios de caridad, que se goza con el título de Hermano y de Amigo vuestro...
  
(Aquí puede cantarse el “Magníficat” en acción de gracias al Sagrado Corazón, o cualquier otro himno en su honor).
 
LAS ALMAS: Maestro muy amado, si en el cáliz de tu Corazón hubiera todavía la amargura de otra queja en contra nuestra, dánosla a beber ahora mismo, Jesús, que a eso venimos... ¡Oh!, sí, esos reproches suavísimos desahogan tu alma, Jesús...; al brotar como fuego de tus labios, queman también con divinos ardores y fortifican nuestras almas frías y enfermas...
 
Háblanos, pues, Señor, y cura nuestras llagas, mostrándonos la tuya del Costado...
 
Falta de confianza
VOZ DE JESÚS: Rebañito de mis amores, subid más y acercaos a mi pecho herido para confiaros en toda intimidad a vosotros, los predilectos, otra pena, pena muy honda; ¡la falta de confianza de parte de mis amigos!... Éstos no me aman con el abandono de sencillez y de paz que tanto anhelo... Se diría que desconfían, que recelan de este Señor de Caridad... No creen lo bastante, ¡oh no!, en mi inmenso amor... Me temen, tiemblan y se alejan... ¡Qué dolor el mío, al no sentirme realmente amado, habiendo sido para esos hijos rebeldes un Dios de caridad y de perdón!...
 
¿Qué más podría hacer todavía para curar ese mal de desconfianza, que hace estragos horrorosos en la viña rica y elegida, en el campo de mis amigos predilectos?... ¡Cómo me duele el ver que no se atreven a considerarme ni, menos, a tratarme como amigo!... ¡Ay! ¿Por qué?... En vano les repito la afirmación del Evangelio cuando dije a mis apóstoles: “No temáis, soy Yo... Vosotros sois de veras mis amigos...”. Todo en vano, pues, dichas almas se empeñan en resistir a ese llamamiento de ternura, y con un sentimiento de temor que Yo no acepto, no se atreven a tomar para sí ese título que es gloria mía... no quieren, no se atreven a saborear el néctar delicioso de una amistad que Yo mismo les ofrezco... ¿Falta algo, por ventura, a la obra de mi amor para inspirar a dichas almas la confianza, que reclamo?...
 
Alma querida, pero desconfiada, óyeme:

He dejado por ti, hace siglos, el manto de majestad que hubiera podido justamente aterrarte..., y con todo sigues temblando y temiendo...
  
Pon los ojos en mi cuna...; mírame en ella, pobre, manso y pequeñito, más pequeño que tú mismo, para presentarme como Hermano tuyo y atraerte a mis brazos... Y con todo sigues temblando y temiendo...
  
Ven, penetra conmigo en la casita humilde de Nazaret: medita esa vida, sencilla como la tuya, y mucho más todavía... Dime: ¿qué encuentras en esa vida de oscuridad, de llaneza y de trabajo, que espanta?... ¿Qué?... Y con todo, sigues temblando y temiendo...
 
¿Será, tal vez, el esplendor de mi vida pública que te atemoriza?... ¿Por qué? Mira, por el contrario, cómo al hablar, al tender los brazos, al llamar, las turbas me siguen... Mira cómo los pequeñitos y los enfermos, los mendigos y los pecadores y todos los desdeñados, todos los leprosos morales, acuden, se precipitan hacia Mí y se disputan el honor y la dicha de estar a mi lado... ¿Y tú, alma querida?... Bien sabes que soy el mismo Jesús, ¡y con todo, sigues temblando y temiendo!...
 
Si tomara en cuenta tu desconfianza, no me atrevería, por cierto, a invitarte con Zaqueo, con Simón y Leví, y en unión con tantos otros publicanos y pecadores al banquete de mi divina misericordia...; pues tal vez por temor me harías un desaire, rechazando la amorosa invitación... ¿Olvidas entonces que he venido para salvar todo lo que había perecido: los que yacían en el abismo..., los cadáveres del espíritu..., el desecho de la sociedad..., los leprosos del corazón?; ¿lo has olvidado?... ¿Crees tú ser uno de esos desventurados?... Debieras por ello mismo acudir presurosa... ¡Y, con todo, sigues temblando y temiendo!...
 
¡Qué! ¿Has olvidado, por ventura, las maravillas de mi amor y mi ternura, realizadas en la última Cena?... ¿No te acuerdas ya de mis postreras palabras de esperanza y de perdón, en el Calvario, en las que legué a mi Madre, que es la tuya, el supremo testamento de mi caridad?... Oh, sí. Tú conoces, alma querida, dicho testamento. ¡Y con todo... sigues temblando y temiendo!...
 
Y, en fin, aquí me tienes en la Hostia más aniquilado aún que en mi cuna; más pobre que en Nazaret, más dulce, si es posible, más paciente, tierno y misericordioso que en Samaria, Cafarnaúm y Galilea... –¿lo creerás?...–, ¡más Salvador, si cabe, que en la misma Cruz!... Aquí, en la Sagrada Eucaristía, soy más que nunca un Dios-Amor; y con todo... ¡sigues temblando y temiendo!...
 
Dime, pues, ¡oh!; dime, alma muy amada, ¿qué más debo hacer para disipar tus temores, para provocar y alentar la confianza inmensa que exijo de aquéllos a quienes llamo mis amigos?... ¡Esta debe ser la prueba por excelencia de tu amor! Piensa que la virtud que salva es esta Caridad...
  
En mi Divino Corazón esta virtud toma el nombre de misericordia, y en el corazón de mis verdaderos amigos, se llama virtud de confianza y de abandono.
 
¡Ah! Sin que tú me lo declares, porque Yo sé leer en las almas, leo en la tuya la razón aparente de este temor; antes que me lo digas, te lo diré Yo mismo: ¡son los pecados de tu vida pasada!...
 
Pobrecita, palideces con sólo nombrarlos, y su recuerdo te tortura con exceso, en desmedro de mi amor... ¿Tus pecados?... Confíalos a mi Corazón, y no dudes que ya estás perdonada... Lo que necesitas, en vez de tanto temor, es creer, pero creer con fe inmensa en mi amor y... amar...
 
Ven, acércate, arrójate en el abismo de ternura de mi amante Corazón; no temas. ¡Qué!... ¿Arguyes todavía que eres miserable?... Yo lo sé mejor que tú, y por eso dispones de mi paciencia, que no se cansa; de mi bondad, que no se agota... ¿Aludes también a tu gran debilidad?... Bien sé cuán grande es ésta; pero ¿por qué te olvidas que dispones de mi omnipotencia, de mi gracia, con la que lo puedes todo?... ¿Quieres todavía –lo veo– justificar tus temores excesivos con el principio de mi justicia?... ¡Ah! Pero no olvides nunca que ésta será terrible, inexorable, sólo para aquéllos que, rechazando el amor y la misericordia, no se confiaron en Mí...
 
Aprovecha, alma querida; aprovecha con usura la gracia de la hora presente, hora bendita, de luz, de fuerza y de piedad... Sábete que tus pecados que fueron, los he arrojado en el abismo de un eterno olvido...; ya no son...; los he aniquilado... ¡Oh, hazme el honor y dame el inmenso placer de creer con fe sin límites que soy Jesús...; esto es, Salvador!...
  
(Pausa)
 
VOZ DE LAS ALMAS: Estamos confundidos, Señor Jesús, al considerar la verdad tan amarga y triste de esos reproches, por no haber correspondido al título incomparable de amigos de tu Divino Corazón... ¡Cuántas y cuántas veces al tendernos Tú, Jesús, los brazos, al brindarnos tu adorable Corazón, nosotros retiramos los nuestros, cediendo a temores que te hieren, negándote aquella expansión de dulcísima confianza a que sólo Tú tienes derecho soberano!... Perdona, Señor, una vez y para siempre; perdona esa desconfianza, que no es sino falta de fe en tu amor y el desconocimiento de la ley de tu misericordia... Y en testimonio tan sincero como elocuente de nuestro arrepentimiento, dígnate escuchar una plegaria que regocijará el Corazón del Amigo incomparable que Tú eres:
 
Jesús amado, no sólo a pesar, sino a causa de nuestros pecados.
(Todos) Creemos con fe inmensa en tu amor.
 
Jesús amado, no sólo a pesar, sino a causa de nuestras ingratitudes.
(Todos) Creemos con fe inmensa en tu amor.
 
Jesús amado, no sólo a pesar, sino a causa de nuestras debilidades.
(Todos) Creemos con fe inmensa en tu amor.
 
Jesús amado, no sólo a pesar, sino a causa de nuestras tinieblas.
(Todos) Creemos con fe inmensa en tu amor.
 
Jesús amado, no sólo a pesar, sino a causa de nuestras tentaciones.
(Todos) Creemos con fe inmensa en tu amor.
 
Jesús amado, no sólo a pesar, sino a causa de nuestra pobreza moral.
(Todos) Creemos con fe inmensa en tu amor.
 
Jesús amado, no sólo a pesar, sino a causa del abuso de tantas bondades.
(Todos) Creemos con fe inmensa en tu amor.
 
Jesús amado, no sólo a pesar, sino a causa de nuestras grandes cobardías.
(Todos) Creemos con fe inmensa en tu amor.
 
Jesús amado, no sólo a pesar, sino a causa de tantas recaídas.
(Todos) Creemos con fe inmensa en tu amor.
 
Sí, Jesús misericordioso y dulcísimo, para probarte en adelante cuánto creemos en tu amor, cuya medida sobrepasa infinitamente nuestra miseria, por grande que ésta sea, te prometemos con toda el alma arrojarnos en tus brazos y acudir a tu Corazón con confianza ilimitada...

Cada vez que sintamos el aguijón de un remordimiento saludable..., iremos a Ti... Volaremos a la herida del Costado, en vez de retraernos y alejarnos con una distancia que desconoce y ofende tu Bondad... ¿Qué más anhelas?... ¿Qué más reclamas, Señor, de tus amigos?... ¡Habla, Dios de amor!...

Falta de intimidad
VOZ DE JESÚS: Sí, amigos y hermanos; ¡oh!, sí, quiero más todavía..., no sólo un amor grande, sino una amistad íntima y estrecha entre vosotros y Yo... No temáis, pues no sois vosotros los que me elegís como el Amigo íntimo, sino Yo, Jesús... No sois vosotros quienes, por pretensión inaceptable, pedís un título de gloria inmerecida, no... Seréis mis íntimos por condescendencia mía... Soy Yo quien se inclina hacia vosotros... Yo, quien os ruega que aceptéis la dulce intimidad de mi Divino Corazón.
 
Desde esta Hora Santa las distancias que podrían separarnos, quedan, pues suprimidas por voluntad mía... Pero ¿a qué asombraros, hijitos míos, como de una novedad, con este lenguaje?... Meditad lo que mi Eucaristía os ha predicado siempre... Considerad con qué abandono y con qué perfecta intimidad, suprimidas todas las distancias, me entrego en la Hostia Santa a vosotros... Penetrad en el misterio augusto del altar...; ved cómo mi Sabiduría, en perfecto acuerdo con mi infinita misericordia, ha salvado para siempre y ha colmado el abismo insondable que nos separaba...
 
Si pues Yo mismo he colmado dicho abismo, conociendo a fondo vuestra ruindad y miseria...; si, no obstante vuestra indignidad y vuestros pecados, mantengo mi derecho de llamaros mis amigos íntimos y os hago una obligación de descansar confiados en la paz y amistad de mi adorable Corazón... ¿con qué derecho rehusaríais este título que es mi gloria y volveríais a abrir en nosotros un abismo de distancia?... ¿Pretenderíais acaso darme a Mí, vuestro Hermano-Salvador, vuestro Dios y Maestro, una lección de justicia austera o de sabiduría?... ¿Por qué no ha de obtener mi Corazón amantísimo la dulce intimidad con que tratáis todos a una madre, a una hermana, a un amigo íntimo?... ¿Ellos tendrán, por ventura, ese privilegio, y no Yo, vuestro Jesús?... ¿Habéis olvidado que soy un Amo celoso de mis derechos?... ¡Cómo!... ¿les daríais a ellos vuestra intimidad y la rehusaríais al Amigo divino de los pobres, de los débiles, de los pequeños y los pecadores?...
 
¿No sabéis, acaso, que todos éstos fueron siempre los primeros invitados al banquete de mi intimidad y de mis ternuras?... No terminéis esta Hora Santa sin hacerme esta gran promesa... ¡Si supierais con qué ansias del Corazón la aguarda este Dios que no quiere esclavos entre vosotros, sino amigos que le sirvan con amor y que se den a Él en las expansiones de la confianza..., en la intimidad del abandono!... ¡Prometédmelo, hijitos míos!...
  
(Sí, prometámoselo en un momento de plegaria y de silencio... Digámosle con el corazón en los labios que, en realidad, seremos sus amigos, sus íntimos, ya que Él así lo pide... Prometámosle una amistad que le abandone el corazón sin reservas, que se lo dé con una confianza ilimitada, con un perfecto abandono...).

(Y ahora como manifestación solemne de esta promesa íntima, digamos cinco veces, en honor de las cinco llagas del Señor Crucificado, tres jaculatorias sencillas, pero hermosísimas, en su significado... Al oírlas palpitará de júbilo el Corazón del Rey Prisionero del Sagrario).

(Todos en voz alta)
 
¡Te amamos, Jesús, porque eres Jesús! (Cinco veces)
 
¡Corazón de Jesús, en Ti confiamos! (Cinco veces)
 
¡Creemos, Jesús en tu amor! (Cinco veces)
 
Falta de sacrificio
VOZ DE JESÚS
: Acudid amigos, venid vosotros los preferidos, los colmados con mercedes singulares, venid y ved si hay un dolor semejante a mi dolor...
  
¡Hace siglos que subo por amor vuestro la cuesta del Calvario... ¡ay!, y cuán rara vez encuentro en ese camino de amargura al Cireneo-amigo que me aligere la pesadumbre de la Cruz!... ¿Dónde están?... ¿Qué se han hecho en la hora de la tribulación los que me protestaban de su amor? Cuando multiplico milagrosamente los panes es inmensa la muchedumbre que me sigue... En la apoteosis del Domingo de Ramos se dan cita todos, ¡oh, sí!, todos mis discípulos... Cuando rasgo el velo y muestro el esplendor de mi divinidad en el Tabor..., ¡ah!... no duermen entonces mis amigos... ¡Éstos me son fieles, se muestran animosos en la Cena!...
 
Pero ¿dónde están... por qué enmudecen, en Getsemaní?... ¿dónde están... por qué han desaparecido en el Pretorio y en el camino del Calvario?... Se me pide un puesto de honor, el derecho a sentarse a un lado y otro de mi trono en el Reino de los cielos, se quisiera una virtud fácil y una piedad acomodaticia... ¡Ah!... Todo ello me prueba que no se ama con un amor hondo y verdadero, con amor de cruz y sacrificio...
  
¡Cuántas y cuántas veces recibo protestas y promesas que no son sino entusiasmos artificiales, fruto de un amor de veleidad caprichosa, antojadiza, y no de aquel amor fuerte como la muerte que espero con derecho de los míos!...
 
¡Ah, cuántas veces éstos, los mejores del rebaño, temen con pavor la Cruz y recelan de Mí, el Dios Crucificado!...
  
¡Cuántas veces, al presentarme a ellos como el Hombre-Dios de los dolores, tal como me presentó Pilatos..., cuántas veces, al proponer con dulzura a mis amigos la gloria de cubrirlos con la púrpura divina de mi sangre y mis dolores... ¡ay!, me encuentro abandonado de ellos!... ¡Y quedaría solo, enteramente solo, si no fuese por la compañía fidelísima de mi Madre, de Juan y Magdalena!... Decidme, consoladores míos, ¿no querríais uniros vosotros con amor de sacrificio a ese rebaño pequeñito, pero esforzado y resuelto, que me siguió hasta la cima del Calvario? ¿Tendríais también vosotros el valor de abandonarme en la vía Dolorosa?... Dadme el consuelo de comprender vosotros, los íntimos, que Yo nunca soy más dulce y tierno, nunca más amante ni más Jesús que, cuando confiando en vosotros, os hago entrega del tesoro de mi Cruz y de mis lágrimas, tesoro vuestro y mío... Y ahora, contestadme: ¿Os sentís con valor de comer de mi pan y beber de mi cáliz?... Aguardo la respuesta.
  
(Sin vacilación, y poniendo en vuestra voz las vibraciones de un corazón leal y a prueba de sacrificios, contestémosle que sí, que puede contar con estos amigos como con otros tantos Cireneos... Prometámosle seguirle hasta el Gólgota con la fidelidad con que le seguiremos un día al Tabor eterno que su Corazón nos reserva).
 
LAS ALMAS: Sí, Jesús: con tu gracia podremos y deseamos beber de tu cáliz... Y por esto, Señor Crucificado, te adoramos con adoración la más rendida y amorosa en la transfiguración sangrienta de tu Cruz... por esto cantamos ahora la gloriosa ignominia y la gloria dolorosa de reproducir en nosotros los estigmas de tu Pasión sacrosanta... Bien sabemos que ello es indispensable, Jesús, para seguirte de cerca... y por esto, pensando desde ahora en nuestros pesares y cuitas de familia..., en los posibles reveses de fortuna..., en las crueles y constantes decepciones de la vida, te decimos todos, Señor, poniendo el corazón en los labios:
 
Cuando Tú permitas o mandes, Jesús, que nos crucifiquen la enfermedad y los dolores del cuerpo; te amaremos más todavía, Señor...
(Todos) Te amaremos más todavía, Señor, ¡Hosanna al Rey del Calvario!
      
Cuando Tú permitas o mandes, Jesús, que nos torturen las angustias, los tedios y las grandes tristezas; te amaremos más todavía, Señor...
(Todos) Te amaremos más todavía, Señor, ¡Hosanna al Rey del Calvario!
     
Cuando Tú permitas o mandes, Jesús, que nos asedien penas y muy hondas, penas secretas, y que entonces nos sintamos abandonados y solos; te amaremos más todavía, Señor.
(Todos) Te amaremos más todavía, Señor, ¡Hosanna al Rey del Calvario!
     
Cuando Tú permitas o mandes, Jesús, que nos laceren el alma penas de hogar y aquellas espinas que redimen a los mismos que nos las hacen sufrir; te amaremos más todavía, Señor…
(Todos) Te amaremos más todavía, Señor, ¡Hosanna al Rey del Calvario!
    
Cuando Tú permitas o mandes, Jesús, que la tormenta rompa lazos muy fuertes o que nos desengañen los mejores amigos; te amaremos más todavía, Señor…
(Todos) Te amaremos más todavía, Señor, ¡Hosanna al Rey del Calvario!
   
Cuando Tú permitas o mandes, Jesús, que nos fustigue y purifique el rigor de la justicia, siempre buena y misericordiosa; te amaremos más todavía, Señor...
(Todos) Te amaremos más todavía, Señor, ¡Hosanna al Rey del Calvario!
    
Cuando Tú permitas o mandes, Jesús, que el vendaval eche por tierra nuestros proyectos y cuando nos hagas beber el cáliz amargo de la injusticia humana; te amaremos más todavía, Señor...
(Todos) Te amaremos más todavía, Señor, ¡Hosanna al Rey del Calvario!  
     
(Pausa)

Nos acercamos ya al final de la Hora Santa. ¡Oh! Aprovechemos los instantes que todavía nos quedan, acerquémonos a Jesús sin temor, nuestro puesto es el de Juan en la última Cena... No perdamos ni una gota del cáliz de su Corazón, que nos ofrece fuego divino y luz del cielo.
    
Falta de celo
VOZ DE JESÚS
: “Sitio”, me abraso, amigos queridos, ¡oh!, me abraso en una sed ardiente, devoradora, que podríais apagar vosotros con un celo ardiente e inmenso por mi gloria...
 
Recordad y ponderad los tesoros inapreciables que os he confiado con largueza inagotable... Y ¿dónde están, amigos míos, los intereses de ese capital sagrado?... ¿Dónde los intereses sacrosantos de mi gloria?... ¿Queríais saldar la cuenta y cancelar la deuda de amor que me debéis?... Pues entonces a la obra todos... ¡Oh, dadme almas, muchas, muchas almas!... ¡Sitio!...
  
¿Queréis, con voluntad generosa, reparar los crímenes de tantos desdichados y, al mismo tiempo, reparar vuestros propios pecados?... Pues entonces, a la brecha todos, sí, todos, y con denuedo de caridad, trabajad en extender y afianzar el reinado de mi amor... ¡Sitio!...
  
¿Tenéis verdadero interés de amor, en que mi Corazón sea más vuestro todavía... querríais estrechar el lazo de nuestra amistad, obligándome así a enriqueceros con una nueva y mayor efusión de gracia y de misericordia?... Pues convertíos todos sin demora en los apóstoles de fuego de mi Sagrado Corazón... ¡Sitio!...
  
Dadme almas, infinitas almas en retorno del amor inmenso y gratuito que predestinó las vuestras...
 
No penetráis, no meditáis bastante, los deseos vehementes que tiene mi Corazón de servirse de vosotros los amigos para distribuir sus tesoros... Prometedme en esta Hora Santa que seréis en adelante los dóciles instrumentos de que Yo me valga para atraer, con fuerza irresistible, las almas, las familias y la sociedad entera a mi Divino Corazón... Que si alegarais vuestra incapacidad para desempeñar una misión de tanta gloria, volved los ojos al campo de los enemigos y confundíos... Tomad ejemplo del celo que el odio les inspira... ¡Ah, ellos jamás alegan su incapacidad, jamás!... ¡Cómo!... ¿Se encontrarían ellos capaces y dispuestos para prepararme un Calvario, y vosotros no lo estaríais para convertir ese Calvario en un Tabor?... ¡Si supierais tan sólo el océano insondable de favores que reservo a los apóstoles celosos de mi Sagrado Corazón! Sabedlo: todos sus tesoros infinitos de omnipotencia y de ternura, os pertenecen, todos...
  
Venid, pues, acudid presurosos, hacedlos vuestros y distribuidlos entre los pobres y los hambrientos, dadlos con largueza a los ignorantes, a los ciegos, a tantos infelices que nunca recibieron lo que recibisteis vosotros, que jamás supieron, que jamás oyeron lo que estáis aprendiendo ahora de mi boca... ¡No saben ellos cuán bueno soy, porque soy Jesús!... Id a decírselo... Recordad que esos malaventurados son hijos míos; son, pues, hermanos vuestros... ¡Oh! Tenedme piedad en la persona de esos vuestros hermanos que están a punto de perecer...
  
Qué... ¿Querríais acaso que, no encontrando encendido vuestro celo, acuda a otros que comprendan mejor los secretos y los intereses de mi gloria?... ¡Sitio! El tiempo apremia, pues ha sonado ya la hora solemne de mi gran misericordia..., la hora prometida del triunfo y del Reinado Social de mi Divino Corazón en la omnipotencia de su amor... Sí, lo prometí yo mismo y sabré hacer honor cumplido a mi palabra... El mundo, con sus afirmaciones fatuas, con sus palabras huecas, pasará, pero mis palabras y promesas no pasarán jamás... Yo soy la fidelidad misma. Yo soy el Rey de amor...
  
¡Sitio!... Tengo sed de ser amado... Tomad, pues, del horno encendido de mi pecho, las centellas de apostolado, e id todos, id resueltos a conquistar el mundo, incendiándolo en mi caridad... Sembrad, ¡oh!, sembrad la doctrina tan poco comprendida de mi amor..., sembrad ese fuego...
  
¡Sitio!... Tengo sed de ser amado; amadme vosotros, mis amigos, con amor apasionado, amadme con amor inmenso y conseguid que muchos otros me amen también como Yo los he amado. Oídme, amigos, reparadores y apóstoles; os confío mi Corazón, os lo doy con sus tesoros y su gloria; sabed que quiero reinar por la omnipotencia de mi amor...
 
“¡Sitio!”...

(Respondamos a tan hermosa e irresistible invitación con una última plegaria, dicha con el fuego que Jesús acaba de prender en el corazón de sus amigos, los que desde hoy serán apóstoles celosos de su Sagrado Corazón).

Oración Final
  
Rey de amor y de misericordia, Jesús amado, apoyándonos en las promesas que Tú mismo hiciste a Margarita María, en favor de las almas consagradas a tu Sagrado Corazón, te suplicamos en esta hora decisiva que afiances el Reinado de tu Corazón adorable... Dígnate, Señor, interesar más y más en esta causa de tu gloria a los ministros de tu altar y a todos tus apóstoles... ¿Cómo podríamos, Jesús, llamarnos tus amigos y desentendernos de tu gloria?... Te pedimos, pues, Señor, en especial una bendición de privilegio para la Cruzada que te entroniza en los hogares, que pregona tu Realeza social e íntima, obra que, con la bendición de tu Iglesia, ha conquistado ya tantas almas, devolviéndola a tu amante Corazón... Haz que esta obra sea en todas partes el grano de mostaza, convertido pronto en árbol gigante y frondoso, a cuya sombra bienhechora se cobijen, en todas las latitudes de la tierra, millares de familias que en penas y alegrías entonen al Corazón del Rey-Amigo un himno de perenne amor...
  
Bendice, Jesús, con especial ternura esta empresa, a fin de que ella realice plenamente las peticiones que Tú mismo hiciste en Paray-le-Monial; bendícela con tanta largueza, Jesús, que ella te fuerce dichosamente a cumplir con nosotros, tus apóstoles, aquellas palabras tuyas tan consoladoras: “¡Yo quiero reinar por mi Sagrado Corazón, y reinaré!”.
  
Bendice este apostolado con gracias de fecundidad, Jesús amado, y haz que los depositarios de la autoridad en la Iglesia bendigan y alienten esta Cruzada, ya que por ella bendecirás especialmente las almas consagradas que promuevan el Reinado de tu amor.
  
¡Señor, tu gloria es nuestra sola gloria; tus intereses, nuestros únicos intereses: tu amor, nuestro amor supremo, porque según tu gran misericordia, tu Corazón es centro, corazón y vida nuestra!
  
Y para reforzar nuestra humilde petición, te suplicamos por la Virgen Inmaculada, Reina de los hogares consagrados; por Margarita María, tu confidente y discípula tan amada; por las plegarias, sacrificios y el celo ardiente de tus apóstoles, que te dignes realizar, Señor, en nosotros y por nosotros las incomparables promesas de tu Sagrado Corazón... Reconocemos que somos pobrecitos, pero así y todo, dígnate aceptarnos como instrumentos de buena voluntad en el cumplimiento de los designios de tu amor misericordioso.
  
Te prometemos en cambio nosotros, Maestro adorable, ser, por cuantos medios están a nuestro alcance y en toda ocasión y lugar, los apóstoles de la Cruzada que predica como una Redención, en esta hora sombría, tu Realeza social: ¡oh, Jesús, la Realeza de tu Divino Corazón, que pide reinar por el amor!
  
¡Gracias, Señor Jesús! ¡Oh, gracias por la vocación de gloria inmerecida al constituirnos, a pesar de nuestra pobreza, los dispensadores del amor y de la gloria de tu Corazón misericordioso!...
 
(Padrenuestro y Avemaría por las intenciones particulares de los presentes. Padrenuestro y Avemaría por los agonizantes y pecadores. Padrenuestro y Avemaría pidiendo el reinado del Sagrado Corazón mediante la Comunión frecuente y diaria, la Hora Santa y la Cruzada de la Entronización del Rey Divino en hogares, sociedades y naciones).
  
(Cinco veces) ¡Corazón Divino de Jesús, venga a nos tu reino!
  
(Aclamaciones)
 
Creemos, Jesús, en el triunfo de la Cruz. (Dos veces y en voz alta)
 
Creemos, Jesús, en el triunfo de tu Eucaristía. (Dos veces y en voz alta)
 
Creemos, Jesús, en el triunfo de tu Iglesia. (Dos veces y en voz alta)
 
Creemos, Jesús, en el triunfo de tu Sagrado Corazón. (Dos veces y en voz alta)
 
Reina, Señor, a pesar de satán. (Dos veces y en voz alta)
 
(Cinco veces) ¡Corazón de Jesús: venga a nos tu reino!

(Cántese al final un himno al Corazón de Cristo-Rey).
  
HIMNO "TÚ REINARÁS"
  
Tú reinarás, éste es el grito
Que ardiente exhala nuestra Fe.
Tú reinarás, ¡oh Rey bendito!,
Pues Tú dijiste: "Reinaré"
   
CORO: Reine Jesús por siempre,
Reine su Corazón
En nuestra patria, en nuestro suelo
Que es de María, la nación.
     
Tú reinarás, dulce esperanza
Que al alma llenas de placer,
Habrá por fin paz y bonanza,
Felicidad habrá doquier.
  
Tú reinarás, dichosa era
Dichoso pueblo con tal Rey,
Será tu Cruz nuestra bandera,
Y tu Evangelio nuestra ley.
   
Tú reinarás, en este suelo
Y entonces sí siempre jamás,
Rey inmortal, como en el Cielo,
En nuestra patria reinarás.
   
Tú reinarás, reina ya ahora,
En esta tierra y población,
Libra del mal a quien te implora,
Danos, Jesús, tu bendición.
   
Tú reinarás, toda la vida,
Trabajaremos con gran fe,
En realizar y ver cumplida
La gran promesa ¡Reinaré!

EXHORTO

"¿No habrá ninguno que tenga piedad de Mí y quiera compadecerse y tomar parte en mis dolores, viendo el lastimoso estado en que Me ponen los pecadores, sobre todo en este tiempo de Carnaval?" (Nuestro Señor Jesucristo a Santa Margarita María Alacoque)

Rezar el Santo Rosario completo (150 Avemarías), el llamado a la Hora Santa para los amigos del Sagrado Corazón, y el Santo Vía Crucis, para expiar los pecados e irreverencias que se cometen en tiempos de Carnaval.