jueves, 3 de abril de 2014

HORA SANTA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, POR EL PADRE MATEO CRAWLEY-BOEVEY (del mes de Abril)

HORA SANTA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
  
     VI Abril
  
En una Hora Santa como ésta, hora de silencio y de plegaria íntima, confió Jesús-Eucaristía los anhelos de su Corazón a Margarita María, su primer apóstol. ¡Oh!, qué momento de ventura, qué solemne instante aquél, en que la tierra volvió a resonar con la súplica ardorosa del Dios-Hombre, que, gimiendo, mendigaba amor... Sí, pedía amor, y ofrecía en pago, no los tesoros ya entregados en la Cruz..., regalaba, en esa noche radiante y deliciosa más que el cielo, nos entregaba su adorable Corazón...
   
Cristianos fervorosos: ¡Hosanna en las alturas!... ¡Él nos pertenece desde entonces por entero!...
  
Almas reparadoras: ¡Hosanna acá en la tierra!... ¡Él es nuestro en la vida y será nuestro más allá de los umbrales de la muerte!...
   
Oremos, hermanos, y si lo amamos, levantemos un clamor de fe y de caridad, roguémosle nos descubra, en esta Hora Santa, las ansias vehementes de su apasionado Corazón... “Revélanos, Señor Jesús, a tus amigos, descúbrenos aquí, como a tu dichosa confidente los anhelos, los propósitos de triunfo que encerraste en esta prodigiosa devoción.
  
Di, Señor, ¿qué pides?... Habla sin tardanza, reclama con imperio, exige..., pues ya ves cómo esperamos sedientos tu palabra... Somos tus consoladores..., queremos ser el nido blando en que descanse tu cabeza destrozada; y acéptanos, como a Gabriel, de aliento y de sostén en tu agonía redentora... Míranos, Señor, como miraste a la Verónica, pues nuestras almas deben ser el lienzo de pureza que recojan tus hermosas lágrimas... Aquí estamos los fidelísimos, los resueltos, que hemos querido velar una hora con tu Corazón agonizante... Habla, Jesús Sacramentado, ya que todos éstos que rodean el Calvario del altar solicitan, como el Cireneo, el premio anticipado de llevar tu Cruz.
    
Corazón Divino, cuéntanos en este instante de divina confidencia tus ambiciones de reinado, confíanos tus anhelos de victoria... Ordena, Jesús, que muramos por tu amor, y moriremos. Háblanos por esa herida del Costado, que, desde hace ya tres siglos, está venciendo con ternura y con perdón al mundo... Que no nos hablen otros... háblanos Tú, Jesús-Eucaristía, y viviremos...”.
   
(Pausa)
    
(Pedidle gracia para escuchar su voz divina)
        
VOZ DE JESÚS: Acércate, alma querida, soy Yo, no temas... No traigo majestad que te espante... vengo pobre, me llego a ti desamparado... no tengo en este instante más resplandores de gloria que mis llagas, ni más tesoro que este Corazón que te ha querido tanto... Soy el Nazareno, hijo del pueblo, nacido en un establo... He sido un artesano humilde y pobrecito... he caminado descalzo y he sufrido incertidumbres y penurias infinitas por el amor del pueblo. Quiero reinar en él..., quiero ser su Soberano..., quiero que los humildes, que los que trabajan, que los que sufren, acepten la realeza amabilísima de mi Corazón Divino... ¡Oh, sí!... Quiero que el pueblo sea mío, conquistado en la desnudez de Belén y del Calvario..., quiero y reclamo que la muchedumbre que llora, que padece hambre de pan y sed de justicia, adore, crea, espere y ame..., quiero que sea mía... Vosotros, mis amigos íntimos, preparadme esa Pascua y el trono y la diadema en la Hora Santa... Clamad ante el altar, rogad sin tregua y devolvedme así el alma de ese pueblo, que me arrebatan indignados los que reniegan de la Cruz y de mi sangre. Haced venir a mí a los pobres...; entronizadme en sus hogares, soy Jesús, el Nazareno pobre...
    
(Pausa)
    
LAS ALMAS: Sí, Jesús, Tú reinarás entre los pobres, y el pueblo, vencido por tu dulce Corazón, te aclamará su Rey... Cediendo, pues a tu reclamo, recoge la plegaria que va a resonar ahora mismo en tu Sagrario.
   
Por tus lágrimas vertidas en la cueva humilde de Belén.
(Todos en voz alta) Triunfa entre los pobres, tus amigos, ¡oh Divino Corazón!
      
Por tus lágrimas derramadas en secreto en el Nazaret de tus cariños.
(Todos en voz alta) Triunfa entre los pobres, tus amigos, ¡oh Divino Corazón!
      
Por tus lágrimas lloradas en la muerte de tu amigo Lázaro.
(Todos en voz alta) Triunfa entre los pobres, tus amigos, ¡oh Divino Corazón!
      
Por tus lágrimas sentidas que te arrancaron la ruina de tu pueblo y de tu patria.
(Todos en voz alta) Triunfa entre los pobres, tus amigos, ¡oh Divino Corazón!
      
Por tus lágrimas de sangre que empaparon el huerto de Getsemaní, mil veces venturoso.
(Todos en voz alta) Triunfa entre los pobres, tus amigos, ¡oh Divino Corazón!
      
Por tus lágrimas amargas, arrancadas por la pérfida traición de Judas.
(Todos en voz alta) Triunfa entre los pobres, tus amigos, ¡oh Divino Corazón!
      
Por tus lágrimas de desengaño, lloradas en la triple negación de Pedro y en el abandono de todos tus apóstoles.
(Todos en voz alta) Triunfa entre los pobres, tus amigos, ¡oh Divino Corazón!
      
Por tus lágrimas de desconsuelo, derramadas al ver destrozado el Corazón de tu Madre en la Vía Dolorosa.
(Todos en voz alta) Triunfa entre los pobres, tus amigos, ¡oh Divino Corazón!
      
Por tus postreras lágrimas con que, en el Calvario, te despediste de la tierra, y en especial, de los pobres tus amigos.
(Todos en voz alta) Triunfa entre los pobres, tus amigos, ¡oh Divino Corazón!
      
(Pausa)

VOZ DE JESÚS: ¡Cómo os bendice mi Corazón, consolado por la súplica ardorosa que acabáis de hacerle!... Sí, triunfaré; soy Rey; para esto nací y vine al mundo. Ese mundo ingrato, como un mar embravecido, me rechaza... En la barca de mi Iglesia atravieso las edades ofreciendo la calma, la libertad, la paz a los humanos... ¡Ay, la tempestad arrecia!... Hay gobernantes que quieren el naufragio de la Iglesia, esta Arca salvadora... y hay muchos hombres ricos, sabios, poderosos, que, como el inicuo Sanedrín, traman la ruina del sacerdocio y de mi templo... Mi Vicario está afligido... mi soberanía, desconocida oficialmente... dispersos, por el huracán del odio, y desterrados mis apóstoles y amigos... Profanados muchos lugares de retiro y oración...; conculcados mis derechos y mi Ley... Soy Rey porque soy Jesús, el Hijo del Dios vivo.
     
¡Ah!, los que amáis de veras la gloria de mi nombre... vosotros, al menos, mis amigos, pedid conmigo, pedid al cielo la victoria sacrosanta de mi Iglesia... no olvidéis que sus congojas son las mías... Quien la ultraja, ultraja y hiere mi Divino Corazón...
       
(Pausa)
       
LAS ALMAS: Hemos oído, Jesús, la sentencia de blasfemia contra Ti y tu santa Iglesia... y también el grito de dolor que te arranca esa ingratitud de los poderosos, a quienes diste autoridad... y de las naciones a quienes otorgaste libertad por tu Evangelio...
    
Perdona, Monarca escarnecido, y confunde a tus enemigos... te lo pedimos con apremio fervoroso.
    
Por la desnudez y el desamparo de tu maravilloso nacimiento.
(Todos, en voz alta) Triunfa en tu Iglesia, ¡oh Divino Corazón!
      
Por la oscuridad en que viviste tantos años en el taller de Nazaret.
(Todos, en voz alta) Triunfa en tu Iglesia, ¡oh Divino Corazón!
      
Por tu fuga tan penosa hasta el Egipto, perseguido por encarnizados enemigos.
(Todos, en voz alta) Triunfa en tu Iglesia, ¡oh Divino Corazón!
      
Por tu retiro de cuarenta días de plegaria y penitencia en las soledades del desierto.
(Todos, en voz alta) Triunfa en tu Iglesia, ¡oh Divino Corazón!
      
Por el desdén de los Doctores de Israel, por las afrentas con que recibían la predicación de tu Evangelio.
(Todos, en voz alta) Triunfa en tu Iglesia, ¡oh Divino Corazón!
      
Por la ingratitud con que te lastimaron tantos a quienes bendijiste con bendición de milagros portentosos.
(Todos, en voz alta) Triunfa en tu Iglesia, ¡oh Divino Corazón!
      
Por la veleidad incomprensible de ese pueblo que pagaba tus favores pidiendo para Ti la sentencia de la Cruz...
(Todos, en voz alta) Triunfa en tu Iglesia, ¡oh Divino Corazón!
      
(Pausa)
     
VOZ DE JESÚS: Almas fervorosas, si por lo menos, tuviera mi Corazón; ya tan lastimado y perseguido, el refugio tan ambicionado del hogar... el calor de la familia. ¡Ay, ese santuario caería hecho pedazos si satán y el mundo consiguieran desterrarme de él, a Mí, que soy la vida en el amor! ¡Oh, preguntad a Lázaro, a Marta y a María, mis amigos de Betania, qué mal resiste, qué dolor no se endulza, qué herida no se cicatriza, cuando Yo, Jesús, traslado mis reales al seno de un hogar que adora y ama!... Padres que arrastráis una vida fatigosa, abrumados por el peso de incertidumbre y responsabilidades, dejadme entrar a vuestro hogar... Yo soy el sol de paz, de fuerza: Yo soy el alma de una vida nueva...
       
Madres acongojadas..., que sufrís por vosotras y por vuestros hijos... madres dolorosas, como mi dulce Madre..., ¿por qué no me invitáis a bendecir la aurora y el crepúsculo, la paz y la tribulación, las risas y las lágrimas del hogar querido?... Vosotros, testigos cariñosos de la mística agonía de mi Corazón en el Sagrario, sabed que vuestra fe y que vuestro apostolado podrán abrirme las puertas del hogar, que se me cierran culpablemente tantas veces. Velad por mis derechos, y orad... pedid que reine en la familia cristiana y a pesar del infierno, triunfará mi Corazón...
     
(Breve pausa)
     
LAS ALMAS: Jesús, errante Peregrino... ven... No quedes en el umbral de nuestras casas, empapados tus cabellos y tu túnica en el rocío de la noche... Ven... y entra..., y avasalla las familias de nosotros todos, que te amamos... ¡Oh, sí! Jesús Esposo, Jesús Hermano, Jesús Amigo..., ven... Reina en todos los hogares..., te lo rogamos.
    
Por el amor filial que profesaste a tu divina Madre, por las ternuras y los desvelos de su Corazón Inmaculado.
(Todos en voz alta) Triunfa en los hogares, ¡oh Divino Corazón!
      
Por el afecto de santa intimidad que profesaste al Carpintero humilde, a quien llamaste padre.
(Todos en voz alta) Triunfa en los hogares, ¡oh Divino Corazón!
      
Por el cariño de predilección con que trataste a Juan, el apóstol de tus inefables confidencias...
(Todos en voz alta) Triunfa en los hogares, ¡oh Divino Corazón!
      
Por la simpatía que tuviste siempre por los pequeñitos del rebaño, por los niños, tus amigos fidelísimos...
(Todos en voz alta) Triunfa en los hogares, ¡oh Divino Corazón!
      
Por aquella amistad envidiable, deliciosa, de Betania..., donde no había sino un solo sufrimiento insoportable y era el de tu ausencia.
(Todos en voz alta) Triunfa en los hogares, ¡oh Divino Corazón!
      
Por la fineza que gastaste con los esposos de Caná y por tu ternura con la arrepentida Magdalena.
(Todos en voz alta) Triunfa en los hogares, ¡oh Divino Corazón!
      
Por la deferencia que tuviste con Zaqueo, y con Simón el Fariseo... y, en fin, por la sed que despertaste en el alma de la feliz Samaritana.
(Todos en voz alta) Triunfa en los hogares, ¡oh Divino Corazón!
      
(Breve pausa)
      
VOZ DE JESÚS: Puesto que habéis venido a consolarme, que no termine esta Hora Santa sin recordar aquí, a mis plantas, a los preferidos de mi Corazón piadoso: son los caídos, los pródigos, los extraviados del redil...
      
¡Ah, cómo pasan delante de esta Hostia, que me oculta a vuestros ojos, cómo desfilan los soberbios que ultrajan mi humildad..., los blasfemos que me escarnecen con el fango..., los apóstatas y los impíos que llegan hasta mí con la hiel de su sarcasmo...! ¡Ay!, qué numerosa es la legión de los ingratos... e infinito es el número de los que me atormentan con glacial indiferencia... ¡Quién lo diría!... los veo desde aquí; hay también amigos traidores, desleales... Sí, y también hay niños..., oídme, madres, hay niños que maldicen el Corazón de Jesús, su amigo.
       
Mi alma está triste hasta la muerte, por la muerte del alma de tantos infelices pecadores... Escuchadme: en este momento mismo están agonizando muchos de ellos... Caed de rodillas..., cerradles el infierno con una plegaria fervorosa, y abridles el cielo de mi Corazón, que los aguarda con perdón y misericordias infinitas... Salvadlos..., son almas que me pertenecen..., su redención os la confío.
      
(Pausa)
        
LAS ALMAS: Gracias, buen Jesús, por el don precioso de esas almas extraviadas...; las quiero como mías, las amo como lágrimas de tus divinos ojos... No pueden condenarse, no, mientras no cierres esa herida hermosa de tu pecho... ¡Ah!, esa llaga, que es el Paraíso ha de quedar eternamente abierta como el Cielo... Acoge, pues, benigno y manso, la súplica que por el Corazón Inmaculado de María te presentamos en favor de los desventurados pecadores... ¡Ay, y no olvides, Jesús, que los hay también en mi propio hogar!...
      
Por tu frente despedazada con la corona de espinas crudelísimas.
(Todos en voz alta) Triunfa en los pecadores, ¡oh Divino Corazón!
         
Por tus manos perforadas en castigo de habernos bendecido y perdonado.
(Todos en voz alta) Triunfa en los pecadores, ¡oh Divino Corazón!
         
Por tus pies divinos traspasados, que dejaron en la tierra las huellas de la paz y del amor.
(Todos en voz alta) Triunfa en los pecadores, ¡oh Divino Corazón!
         
Por tus labios, que hablaron sublime caridad, y sintieron sed de nuestras almas pobrecitas.
(Todos en voz alta) Triunfa en los pecadores, ¡oh Divino Corazón!
         
Por tus ojos divinales, que prendieron la luz del Paraíso y que lloraron para no ver las culpas, sino para lavarlas para siempre.
(Todos en voz alta) Triunfa en los pecadores, ¡oh Divino Corazón!
         
Por tu cuerpo sacrosanto, convertido en llaga viva para dar la vida al mundo.
(Todos en voz alta) Triunfa en los pecadores, ¡oh Divino Corazón!
         
Por tu Costado, abierto por la lanza venturosa, y en el que queremos guarecernos en la vida, en la muerte y en la eternidad.
(Todos en voz alta) Triunfa en los pecadores, ¡oh Divino Corazón!
         
(Pausa)
      
VOZ DE JESÚS: No quiero que os alejéis de este Sagrario, amigos de mi Corazón, sin recordaros una queja, siempre viva como el llanto que me arrancaron tantos, que se llaman y que son mis amigos; tantos justos..., que me corresponden con tibieza... que me ofenden, midiéndome su amor. ¡Ay!..., si supierais cómo llora, angustiado, el Corazón de vuestro Dios, mirado con cortés indiferencia y con respetuosa frialdad por los hijos de la propia casa... por aquellos que he sentado, día a día, al banquete de mis gracias... por aquéllos que han vivido, hace años, al sol de mis favores... por millares de almas que serían santas con sólo hundirse en el abismo de mi pecho, en que nacieron, y en que han crecido, por predilección gratuita de mi amor, tan mal correspondido... ¡Ah!, son almas que me pertenecen, pero a quienes la tibieza abate..., son corazones buenos, pero sin celo por mi gloria; me ven llorar en mi patíbulo y no lloran...; me encuentran solitario en esta cárcel..., y se cansan de mi soledad...; no me hablan..., hay un hielo que las mata y que me hiere... Se van y, como mis apóstoles, me dejan a solas con mis angustias y mis ángeles.
     
Almas-verónicas que estáis aquí, sedientas de beber mis lágrimas amargas, hacedme un desagravio, por la herida tan cruel que me infiere la falta de fineza, de generosidad y de celo de tantos de los míos... Cantadme amor, y amor apasionado, y amor ardiente...; cantad el triunfo de mi gloria, el triunfo de mi Corazón, a fin de que olvide la tristeza de verme tantas veces lastimado de los hijos predilectos..., herido cruelmente, en mi propio hogar... Vosotros, que ardéis en mi caridad y en fervor de celo..., tened piedad de aquel Jesús que busca confidentes, apóstoles y amigos... y no los encuentra..., porque hablo, redimo y santifico con la Cruz... Vosotros, que me amáis de veras, consoladme con celo y amor de santidad.
     
(Breve pausa)
   
LAS ALMAS: También yo, Señor Jesús, he sido de los tibios que se mantuvieron a distancia de tu Corazón, por temor del sacrificio... He temido las santas exigencias de tu caridad y de tu ternura...; he temido verme prendido en las redes de tu hermosura...; he recelado de caer en tus brazos, y tener que rendirme sin reserva y para siempre a tu Corazón, irresistible, vencedor...
     
Perdona, Jesús..., perdona también y olvida esa culpa de apatía, de pobreza en el cariño, de irresolución en el sacrificio, de tantos amigos que Tú predestinaste a mucha gloria y santidad... Perdónanos y triunfa...
      
Por las primeras palabras de ternura con que, cuando niño, hiciste sonreír a tu dulce Madre.
(Todos) Triunfa en los justos, ¡oh Divino Corazón!
       
Por tus palabras de bienaventuranza en el sermón de la Montaña.
(Todos) Triunfa en los justos, ¡oh Divino Corazón!
       
Por tus palabras de intimidad y de consuelo a tus amigos tan amados de Betania.
(Todos) Triunfa en los justos, ¡oh Divino Corazón!
       
Por tus palabras vencedoras de los doce apóstoles, simiente y esperanza de tu Iglesia.
(Todos) Triunfa en los justos, ¡oh Divino Corazón!
       
Por tus palabras de inefable bendición para la infancia, siempre predilecta.
(Todos) Triunfa en los justos, ¡oh Divino Corazón!
       
Por tus palabras de caridad y de esperanza que recogieron los enfermos, los tristes y los pobres.
(Todos) Triunfa en los justos, ¡oh Divino Corazón!
       
Por tus palabras de promesa incomparable para los atribulados, los humildes y los desprendidos de la tierra.
(Todos) Triunfa en los justos, ¡oh Divino Corazón!
       
Por tus palabras de infinita dulcedumbre con que te despediste de los tuyos en la noche del incomparable Jueves Santo.
(Todos) Triunfa en los justos, ¡oh Divino Corazón!
       
Por las siete últimas palabras con que nos legaste tu espíritu y tu Madre, al expirar en la cima del Calvario.
(Todos) Triunfa en los justos, ¡oh Divino Corazón!
       
VOZ DE JESÚS: He venido a prender fuego a la tierra, y ¿qué he de querer sino que arda? Con ese fin de caridad, he aquí en esta Hostia, el Corazón que ha amado a los hombres hasta la muerte, y muerte permanente de altar, de Eucaristía... Me encadené por vosotros a la tierra... y la tierra me tiene relegado en cautiverio de indiferencia, de desdén y de cruel olvido: mi cárcel es de hielo. ¿Dónde están mis redimidos?... ¿Dónde las almas consoladas y libradas de la muerte? ¿Dónde los que alimenté con pan milagroso en el desierto?... ¿Qué se han hecho los ciegos del alma, los leprosos de corazón, sanados en esta fuente prodigiosa, que es mi pecho atravesado?... ¡Ah, gemid conmigo, vosotros mis amigos, que habéis venido a interrumpir el silencio doloroso de mi prisión de amor! Estoy encarcelado y habéis venido a visitarme... ¡Oh, no me dejéis!... Llevadme, ahora al mundo y contadle mi amor y mi cautiverio de vuestros amantes corazones... Id ahora al mundo y contadle mi amor y mi abandono... Traedlo aquí... Que venga dolorido, ansioso de consuelo... Traedme almas, despertad en ellas sed de comulgar...
      
Predicad mi Santa Eucaristía... y glorificad la Hostia donde vivo Yo, Jesús de Nazaret, de Betania y del Calvario... Venid a mí, en este Sacramento; honradme en él, amad y haced amar mi entristecido Corazón.
    
(Pausa)
      
LAS ALMAS: No es otra, Jesús-Eucaristía, nuestra ambición de amor sino arrastrar las almas hasta el Sagrario... y conseguir que, enamoradas de ti, busquen asilo eterno en tu Sagrado Corazón. Por esto, colocamos en un altar de oro, en el Corazón Inmaculado de María, una plegaria que endulzará las amarguras de tu prisión... Escúchanos, Jesús Sacramentado:
      
Por el ultraje de tu prisión del Huerto, y por el beso inicuo que te entregó.
(Todos) Triunfa en tu Eucaristía, ¡oh Divino Corazón!
     
Por la bofetada cruel que afrentó la hermosura de tu faz divina.
(Todos) Triunfa en tu Eucaristía, ¡oh Divino Corazón!
     
Por la irrisión cruel y la sangrienta befa de que fuiste objeto toda la noche angustiosa del Jueves Santo.
(Todos) Triunfa en tu Eucaristía, ¡oh Divino Corazón!
     
Por la ignominia de la flagelación de esclavo, a que te condenó un juez cobarde.
(Todos) Triunfa en tu Eucaristía, ¡oh Divino Corazón!
     
Por el vilipendio a la majestad de tu persona al ser vestido y tratado como loco.
(Todos) Triunfa en tu Eucaristía, ¡oh Divino Corazón!
     
Por la afrenta crudelísima de ser equiparado y aun pospuesto a un villano criminal.
(Todos) Triunfa en tu Eucaristía, ¡oh Divino Corazón!
     
Por la fiereza del verdugo que, sin respetarte en la agonía blasfemando, colocó en tus labios moribundos la hiel de nuestra ingratitud.
(Todos) Triunfa en tu Eucaristía, ¡oh Divino Corazón!
     
(Breve pausa)
     
Señor, Tú reinarás por tu Divino Corazón, a pesar de Satán y sus secuaces; ¡sí, Tú reinarás!
      
El pueblo será tuyo, pues le dominarás con cetro blando de misericordia y él, tranquilo o agitado, te cantará como el mar y te aclamará su Rey... Apresura, pues, Jesús, el triunfo prometido de tu dulce Corazón.
     
Señor, Tu reinarás, glorificado por tu Santa Iglesia... Ella pondrá en tu frente una diadema de almas, y Tú serás exaltado por encima de todas las potestades del cielo, de la tierra y del abismo... Apresura, pues, Jesús, el triunfo prometido de tu dulce Corazón.
       
Señor, Tú reinarás, cantado y bendecido en el hogar creado por tus dolores y santificado por tu Madre... En él serás “entronizado”, por tus ternuras. Apresura, pues, Jesús, el triunfo prometido de tu dulce Corazón.
      
Señor, Tú reinarás, atrayendo al abismo de la vida, a tu Corazón, los empedernidos pecadores, que no adoran y que no aman... Tú quebrantarás sus cadenas y los harás libres, en el cautiverio de tu amor... Apresura, pues, Jesús, el triunfo prometido de tu dulce Corazón.
        
Señor, Tú reinarás desde la Hostia Sacrosanta, Tú vencerás en el comulgatorio, dominarás la tierra por la amable omnipotencia de tu Divina Eucaristía... Sí, por ella recobrará los dominios que conquistó tu amor hasta la sangre, hasta la muerte de Cruz, hasta el exceso de tu inmolación sacramental... Apresura, pues, Jesús, el triunfo prometido de tu dulce Corazón... Apresúrate, Maestro, y sálvanos por él...
     
(Padrenuestro y Avemaría por las intenciones particulares de los presentes. Padrenuestro y Avemaría por los agonizantes y pecadores. Padrenuestro y Avemaría pidiendo el reinado del Sagrado Corazón mediante la Comunión frecuente y diaria, la Hora Santa y la Cruzada de la Entronización del Rey Divino en hogares, sociedades y naciones).
     
(Cinco veces) ¡Corazón Divino de Jesús venga a nos tu reino!
     
Acto final de consagración
          
El divino fuego que viniste a prender en la tierra, se ha encendido, Jesús, amado, en nuestras almas, y llevados de él, ya no sabemos pedir ni desear sino tu gloria.
    
Tú lo dijiste al revelar las maravillas de tu Corazón; él es el supremo y el último recurso de redención humana. Apoyados, pues, en tus revelaciones, acudimos a tu altar en busca de palabras de vida eterna, y a tu Corazón adorable, anhelosos de aquellas aguas que deben regenerar el mundo, inflamándolo en tu caridad.
    
¡Oh!, sé Rey de los ingratos, que te miran como un Soberano derrocado en sus almas infelices; reconquístalos, Jesús, por tu perdón. Sé Rey de los apóstatas que te miran como Monarca de escarnios, y que ríen, desdeñosos, al quebrar el cetro de tu divina realeza; vuélveles la luz perdida y véngate de sus ofensas, perdonando esas traiciones.
       
Sé Rey de las muchedumbres soliviantadas por aquellos sanedritas, Jesús, que te aborrecen... Calma ese océano rugiente de almas pervertidas, desorientadas..., impera por tu Evangelio y gana el corazón del pueblo por tu Sagrado Corazón.
      
Sé Rey de tantos buenos, pero tímidos y apáticos, que temen exagerar en el tributo de amor encendido que te deben... Derrite el hielo, sacude el sopor maligno en que viven tantos, mientras el mundo te juzga y te condena.
     
Sé Rey en los hogares, ¡oh, sí!; traslada a ellos tus reales, inspira Tú la vida de trabajo, de amores y de penas de las familias que te han brindado el sitial de honor entre los padres y los hijos...
        
Sé Rey, en fin, en los Sagrarios; rompa ya el silencio de tu cárcel un himno inmenso, universal, de familias, de pueblos y naciones, himno de amor que diga, del uno al otro confín de la tierra redimida: ¡Alabado sea el Divino Corazón, por quien hemos alcanzado la salud!... ¡A él, sólo a él, gloria y honor por los siglos de los siglos!... ¡Venga a nos tu reino!... Amén.
           
(Cinco veces, en voz alta) ¡Corazón Divino de Jesús, venga a nos tu reino!

miércoles, 2 de abril de 2014

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA - JUEVES DE LA CUARTA SEMANA DE CUARESMA

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA
     
Tomado de "Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles", P. Andrés Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo: desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de Pascua. Segunda Edición argentina, Editorial Guadalupe, Buenos Aires, 1962.
             
JUEVES DE LA CUARTA SEMANA DE CUARESMA
    
RESUMEN PARA LA VÍSPERA EN LA NOCHE
    
Mañana meditaremos sobre la parte tercera del Sacramento de la Penitencia, la satisfacción, y veremos: 1° Su importancia; 2° Su extensión; 3° Cómo conducirnos en este particular.
   
—En seguida, tomaremos la resolución: 1º De cumplir siempre nuestra penitencia lo más pronto posible después de la confesión, acompañándola de un gran deseo de hacernos mejores; 2º De sufrir pacientemente todas las cruces que la Providencia nos mande y añadir algunas mortificaciones voluntarias, por ejemplo, en nuestras comidas, en nuestras curiosidades o deseos de ver, en el amor a las comodidades. Nuestro ramillete espiritual serán las palabras del Concilio de Trento: “Toda la vida cristiana deber ser una perpetua penitencia”.
    
MEDITACIÓN DE LA MAÑANA
   
Adoremos a Jesucristo satisfaciendo nuestras culpas y abrazando para ello una vida de padecimiento. Nace en extrema pobreza, vive en continuos trabajos y muere en los más crueles suplicios. ¡Oh admirable modelo de penitencia! Hermoso ejemplo para los que, animados del celo de la justicia de Dios contra sí mismos, quieren satisfacerle enteramente por sus propios pecados.
   
PUNTO PRIMERO - IMPORTANCIA DE LA SATISFACCIÓN AÚN DESPUÉS DE PERDONADO EL PECADO
    
Toda falta merece un castigo, y toda injuria exige una reparación. Nuestra falta, si es grave, merece una pena eterna; Dios, por el sacramento de la Penitencia, nos perdona la pena eterna, pero queda por satisfacer la pena temporal. “Vos perdonáis, Señor, dice San Agustín, al pecador que confiesa su falta, pero a condición de que el mismo se castigue”. Y, ¿Qué cosa más justa? ¿Es equitativo que el inocente, el Hombre-Dios, sufra por el pecado la más cruel de las muertes y que el culpable recoja el precio de la muerte sin tener parte en la expiación? San Pablo no pensaba de otra manera, cuando decía: “Yo completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Jesucristo. No nos veremos, glorificados con Jesucristo, si no hemos sufrido con Él”. La Iglesia tampoco piensa de otra manera, cuando llama a la penitencia un bautismo laborioso, que no justifica al alma, sino a costa de muchas lágrimas y penas. Así Dios, en su bondad perdona; pero en su justicia exige satisfacción. La satisfacción del hombre es incapaz por su sólo mérito de satisfacer a su justicia; pero en su bondad autoriza al hombre para aprovecharse de las obras satisfactorias del Salvador, añadiéndolas a las suyas y apropiándose por medio de esta unión su valor infinito. De esta manera la justicia y la bondad quedan plenamente satisfechas. Admiremos y bendigamos esta maravillosa economía de la sabiduría divina.
    
PUNTO SEGUNDO - EXTENSIÓN DE LA SATISFACCIÓN DADA AL PECADO PERDONADO
    
Si la penitencia impuesta por el confesor es ordinariamente muy ligera, es únicamente por temor de desalentar al penitente exigiéndole más. Pero, en realidad, se debe una satisfacción muy diferente. “Se debe a Dios, dice Tertuliano, una penitencia que sea una compensación o abreviación de las penas eternas”. Y el Concilio de Trento añade que TODA LA VIDA CRISTIANA DEBE SER UNA PERPETUA PENITENCIA. Si Dios perdonó a Adán y a David, fue sólo con la condición de que serían castigados con penas terribles: El uno en sí mismo y en toda su posteridad, el otro en su persona y en su pueblo. Los santos, aun después de haber recibido el perdón, se consagran para toda la vida a austeras penitencias; en fin, los justos en el Purgatorio, aunque Dios les perdonó la culpa, siempre tienen que soportar penas en cuya comparación todos los padecimientos de la vida son ligeros. ¡Oh justicia de Dios, cuán severa eres, cuán enemigos somos de nosotros mismos, haciendo tan poca penitencia en este mundo!
    
PUNTO TERCERO - MANERA DE SATISFACER A DIOS POR NUESTROS PECADOS
    
1° ES PRECISO CUMPLIR EXACTAMENTE LA PENITENCIA IMPUESTA POR EL CONFESOR. Esta lleva consigo algunas gracias particulares, por formar parte integrante del sacramento; y, por otra parte, faltar a ella sería mutilar el sacramento y, por consiguiente, ofender a Jesucristo. Retardarla sería retardar el mérito, que nos sirve para vivir mejor; sería disminuir la gracia contra los pecados veniales que cometiéramos en el intervalo; sería aún perderla enteramente, si en ese intervalo cayéramos en pecado mortal. Puesto que a menudo ella se nos da como preservativo contra la recaída, o medio de santificar ciertos días de fiesta. 2° ES PRECISO RECIBIR ESTA PENITENCIA CON RESPETO Y SUMISIÓN, como impuesta por Jesucristo en la persona de su ministro, estimarla como infinitamente menor que la que mereceríamos por nuestros pecados y cumplirla devotamente, con aspiración a una vida mejor y con vivos sentimientos de lo pasado. 3º A ESTA PENITENCIA SACRAMENTAL ES NECESARIO AÑADIR LA ACEPTACIÓN DE TODAS LAS MOLESTIAS DE NUESTRA POSICIÓN O DE NUESTRO ESTADO, de todas las enfermedades de nuestro cuerpo, del rigor de las estaciones, de las diversas contradicciones de la vida, de las molestias que nos ocasionan los defectos del prójimo, aceptando todas estas cruces con espíritu de penitencia y diciéndonos a menudo: “¿Qué es esto en comparación con el infierno, donde he merecido arder para siempre?” 4° En fin, ES PRECISO, CON EL MISMO ESPÍRITU DE PENITENCIA, RENUNCIAR LA DELICADEZA Y SENSUALIDAD, A LOS ENTRETENIMIENTOS PELIGROSOS, E INÚTILES O DEMASIADO PROLONGADOS, a las satisfacciones de la curiosidad, de la propia voluntad, del amor propio y del carácter, y poner nuestro placer en el cumplimiento del deber y privamos de lo demás, diciendo con aquel santo penitente a quien le proponían placeres, banquetes y juegos: “Dejo todo eso para las almas justas; pero yo que he pecado y que estoy en peligro de pecar aún, no tengo otro destino que gemir y hacer penitencia” ¿Ponemos nosotros en práctica estas diversas maneras de satisfacer a la divina justicia?

"SOMETE TUS ORACIONES A MI DIVINA VOLUNTAD" (JESÚS A SANTA BRÍGIDA)

No toda oración es del agrado de Dios, puesto que muchas veces pedimos sin tener en cuenta la Voluntad de Dios. Ese es el mensaje que Nuestro Señor le dio a Santa Brígida, y por ella, a nosotros, para que sometamos nuestras oraciones a la Divina Voluntad.
   
Revelaciones de Santa Brígida, Libro I, cap. 14: "Palabras de Cristo a su esposa sobre la manera y respeto con que se debe conducir en la oración, y sobre tres clases de personas que sirven a Dios en este mundo"
    
“Yo soy tu Dios, el que fue crucificado en la cruz, verdadero Dios y hombre en una persona, y el que está presente todos los días en las manos del sacerdote. Cuando me ofrezcas una oración, termínala siempre con el deseo de que se haga mi voluntad y no la tuya. Cuando rezas por alguien que ya está condenado no te escucho. A veces tampoco te oigo si deseas algo que pueda ir contra tu salvación. Es, por ello, necesario que sometas tu voluntad a la mía, porque como Yo sé todas las cosas, no te proveo de nada más que de lo que es beneficioso. Hay muchos que no rezan con la intención correcta y es por esto que no merecen ser atendidos. Hay tres tipos de personas que me sirven en este mundo.
     
Los primeros son los que creen que soy Dios y el proveedor de todas las cosas, que tiene poder sobre todo. Estos me sirven con la intención de conseguir bienes y honores temporales, pero las cosas del Cielo no les importan y están hasta dispuestos a perderlas con tal de obtener bienes presentes. El éxito mundano se ajusta completamente a su medida, según sus deseos. Puesto que han perdido los bienes eternos, Yo les compenso con consuelos temporales por cualquier buen servicio que me hagan, pagándoles hasta el último cuadrante y hasta el último punto.
     
Los segundos son los que creen que soy Dios omnipotente y Juez estricto, pero me sirven por miedo al castigo y no por amor a la gloria celestial. Si no me temieran no me servirían. Los terceros son los que creen que soy el Creador de todas las cosas y Dios verdadero y los que me creen justo y misericordioso. Estos no me sirven por miedo al castigo sino por divino amor y caridad. Preferirían soportar cualquier castigo, por duro que fuese, antes que provocar mi enfado. Éstos merecen verdaderamente ser escuchados cuando rezan, pues su voluntad coincide con mi voluntad. El primer tipo de sirvientes nunca saldrá del castigo ni llegará a ver mi rostro. El segundo, no será tan castigado, pero tampoco alcanzará a ver mi rostro, a menos que corrija su temor mediante la penitencia”.

EN ARABIA SAUDÍ, SER ATEO ES SER TERRORISTA

Traducción de la noticia publicada en O GLOBO (Brasil).
   
NUEVA LEY SAUDITA TRANSFORMA EL ATEÍSMO EN TERRORISMO
La monarquía aprieta el cerco a disidentes pacíficos y grupos independientes.
  
Agencias internacionales/O GLOBO
2 de Abril de 2014
  
Musulmanes rezan en la Meca: prohibido cuestionar bases del Islam (Foto: Marwan Naamani/AFP, 27-2-2001)
   
LONDRES — La Arabia Saudí introdujo una serie de nuevas leyes que definen la propagación del pensamiento ateo como terrorismo, indica um relatori de la ONG Human Rights Watch. Con una serie de decretos, en una nueva legislación sobre terrorismo, el rey Abdullah apretó el cerco contra todas las formas de disidencia política y protestas que podrían “perjudicar el orden público”.

Las leyes han sido ampliamente usadas para combatir el número creciente de saudíes que viajaron para participar en la guerra civil en la Siria, y supuestamente, vuelven con formación reciente e ideas sobre la caída de la monarquía. El rey Abdullah emitió entonces el Decreto Real 44, que torna crimen “participar de hostilidades fuera del reino”, con penas de prisión previstas de entre tres y 20 años, según Human Rights Watch.
  
En el mes pasado, sin embargo, nuevas reglas fueron emitidas por el Ministerio del Interior saudí, identificando una amplia lista de grupos que el gobierno considera organizaciones terroristas (incluyendo la Hermandad Musulmana).
  
El primer artículo de las nuevas providencias define el terrorismo como “propagar el pensamiento ateo, bajo cualquier forma, o poner en cuestionamiento los fundamentos de la religión islámica en que el país se basea”.
  
—Las autoridades saudíes nunca toleraron críticas sobre sus políticas, mas estas leyes recientes transforman casi toda expresión crítica o asociación independiente en crimen de terrorismo— dice Joe Stork, vicedirector de Human Rigths Watch para Oriente Medio y Norte de África. — Esas iniciativas acaban con cualquier esperanza de que el rey Abdullah pretenda abrir un espacio para la disidencia pacífica o grupos independientes.
  
La Human Rights Watch afirma que la novedad representa también un revés para las campañas para la protección y liberación de una serie de activistas de derechos humanos hoy presos en la Arabia Saudí.
 
La ONG cita los casos de Waleed Abu al-Khair y Mikhlif al-Shammari, que recientemente perdieron las apelaciones y en breve comenzaron a cumplir los tres meses y los cinco años de sus respectivas sentencias por criticar a las autoridades saudíes.
   
La organización dice que las nuevas providencias sobre terrorismo siguen una tendencia ya usada por promotores y jueces para procesar y condenar activistas independientes y disidentes pacíficos.

martes, 1 de abril de 2014

ANTÍTESIS "A la gauche": IMPONER EL LAICISMO Y FINANCIAR MEZQUITAS

Traducción del Francés del artículo publicado en OBSERVATORIE DE L'ISLAMISATION (AQUÍ el original)
       
"Quiero que el dinero público pueda destinarse para  la construcción de mezquitas" Manuel Valls en Nouvel Obs (2009)
    
Manuel Valls (el republiqueto masón), nuevo Primer Ministro francés
   
En la publicación de su libro "Los hábitos de la nueva izquierda" (ed. Robert Laffont, 2009), Manuel Valls (nuevo Primer ministro francés) dio una entrevista a LE NOUVEL OBSERVATEUR, entrevista suprimida de los archivos de éste como "demasiado comprometedora". Encontramos y publicamos un breve extracto:
     
Nouvel Observateur: "Como herramienta de igualdad, ofrecen una integración compacta...
Manuel Valls: "La integración es un término obsoleto (...) El modelo republicano no pudo dar representación a las comunidades que conforman nuestra diversidad. Sin embargo, se resistió a los defensores del velo (islámico), que recusaron la igualdad ante la ley y el principio del secularismo. Quiero un cambio en la ley de separación (religión-estado) de 1905 para que algo del dinero público sea destinado a la construcción de mezquitas". (VER AQUÍ entrevista completa en francés)
    
Como marchan las cosas en Francia, cuando vayamos al Louvre, veremos a la Gioconda de Leonardo... ¡USANDO VELO!

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA - MIÉRCOLES DE LA CUARTA SEMANA DE CUARESMA

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA
     
Tomado de "Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles", P. Andrés Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo: desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de Pascua. Segunda Edición argentina, Editorial Guadalupe, Buenos Aires, 1962.
            
MIÉRCOLES DE LA CUARTA SEMANA DE CUARESMA
   
RESUMEN PARA LA VÍSPERA EN LA NOCHE
    
Mañana meditaremos sobre la confesión, y veremos que ella debe ser: 1° Humilde; 2° Sincera; 3° Completa.
   
Tornaremos la resolución de cumplir estas tres condiciones en nuestras confesiones, y tomaremos como ramillete espiritual el consejo del Espíritu Santo: “No os ruboricéis de confesar vuestros pecados”.
    
MEDITACIÓN DE LA MAÑANA
   
Adoremos a nuestro Señor Jesucristo, que instituyó, llevado de su amor a nosotros, el sacramento de la Penitencia; démosle gracias por una institución tan preciosa. Es ella como un baño sagrado que lava nuestras manchas, como un canal, divino que hace correr la gracia sobre nosotros; es una escuela de sabios consejos y de impulsos hacia el bien; es, en fin, el medio más eficaz de corregir nuestros defectos y de hacernos avanzar en la práctica de la virtud.
   
¡Ojalá siempre sepamos hacer buen uso de esta maravillosa invención del amor divino!
    
PUNTO PRIMERO - NUESTRAS CONFESIONES DEBEN SER MUY HUMILDES
    
Debemos presentarnos ante el sacerdote llenos de respeto y de confusión, como un pecador ante el ángel de Dios, o ante otro Jesucristo; como un enfermo cubierto de horrorosas llagas ante el médico que puede curarlas, si se las declara tales como son; como un criminal de lesa majestad divina ante el Juez supremo, que tiene en sus manos la sentencia de nuestra vida o de nuestra muerte eterna. No pudiendo obtener nada a título de justicia, sino solamente a título de clemencia y de misericordia, no debemos presentarnos sino con una profunda humildad interior y exterior, confesando humildemente nuestras faltas y declarándolas, no con la indiferencia del que relata una historia, sino con la vergüenza y el dolor de un alma que comprende sus errores; no excusándonos para evitarnos la confusión de parecer culpables, sino acusándonos sin esas precauciones que tienden a hacer las faltas menores de lo que son ante Dios; no con orgullo y con arrogancia, como si hubiéramos hecho una buena acción, sino con modestia y gemidos en vista de nuestra miseria, temiendo más los juicios de Dios que los de los hombres. ¿Es así como nos confesamos?
    
PUNTO SEGUNDO - NUESTRAS CONFESIONES DEBEN SER SINCERAS
    
La sinceridad de la acusación consiste en confesar con todo candor y simplicidad lo que recordamos, sin inquietarnos de lo que pueda olvidarse, puesto que la falta de memoria no es falta ante Dios. Es malo exagerar las propias faltas con el pretexto de que vale más decir más que menos: No hace bien el enfermo que exagera al médico lo que sufre. Es más malo aún velar las faltas envolviéndolas artificiosamente con otras acusaciones menos penosas y pasando rápidamente sobre lo que cuesta más confesar, para que el sacerdote no lo perciba bien. El penitente sincero no aspira sino a darse a conocer tal cual es, y aborrece la malicia y el artificio. Es igualmente malo excusar las faltas, aun diciéndolas tales como son, o tratando de hacerlas parecer menores, imputándolas a otro como hicieron Adán y Eva; eso no es franqueza. Pero el grado supremo del mal es ocultar las faltas por falsa vergüenza. Entonces el sacramento de misericordia se convierte en anatema; la obra de salvación en obra de reprobación, y la sentencia de vida es sentencia de muerte. Valdría mil veces más no confesarse. Se puede engañar al hombre, pero no se puede engañar a Dios, que conoce el secreto de los corazones; por un pecado grave callado al confesor, todos los que se han cometido aparecerán un día a las miradas del universo, y por un poco de vergüenza que se piensa evitar en esta vida, seremos cubiertos en la otra de eterna confusión. Examinemos aquí nuestras confesiones. ¿Hemos declarado nuestras culpas sin disfraz, sin excusa, sin darles ingeniosamente colores que encubran su deformidad? ¿Hemos declarado las cosas ciertas como ciertas, las dudosas como dudosas, y evitando las palabras superfinas e inútiles, los términos vagos, oscuros o equívocos que impiden que el confesor vea bien la verdad?
    
PUNTO TERCERO - NUESTRAS CONFESIONES DEBEN SER COMPLETAS
    
Para que tenga la integridad requerida, no es bastante confesar los pecados mortales; importa también: 1° Decir cuántas veces se ha caído en ellos, declarar las circunstancias que mudan la especie del pecado; las malas consecuencias que ha traído, por ejemplo, si ha ocasionado escándalo, si la maledicencia ha sido en materia grave, ante muchas personas, contra un superior o un sacerdote; si ha sido inspirado por odio, resentimiento o venganza; y cuando se confiese una desobediencia, si ésta ha sido acompañada de arrogancia, desprecio o mal humor. Sin eso, el confesor no conoce lo bastante el estado del penitente para formar juicio acerca de él. Importa, 2º, Confesar los pecados veniales. Aunque no sea de precepto riguroso, es siempre más ventajoso hacerlo; 1º Porque no confesar un pecado que no se sabe si es mortal o venial, sería un sacrilegio, y a menudo hay lugar a duda; 2º Porque el confesor, no conociendo bien al penitente, no podría dirigirlo con seguridad, ni para los otros actos de la vida cristiana, ni para la reforma de sus defectos y la adquisición de las virtudes; 3º Porque la confesión de los pecados veniales hace que el penitente ponga más cuidado en evitarlos; y para esto ayudarán la gracia del sacramento, los consejos del confesor y la vergüenza de la acusación. Examinemos si han sido tales nuestras confesiones.

DÍA DE LA VICTORIA NACIONAL: 1 DE ABRIL DE 1939

HOMENAJE AL GENERALÍSIMO FRANCISCO FRANCO BAHAMONDE Y AL BANDO NACIONAL EN LA CRUZADA ESPAÑOLA
   
Último parte de la Cruzada Española (1 de Abril de 1939)
  
CUARTEL GENERAL DEL GENERALÍSIMO
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ESTADO MAYOR
 
"En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.
  
El Generalísimo
Franco

(Sellado) CUARTEL GENERAL DEL GENERALÍSIMO - ESTADO MAYOR

Burgos 1º Abril 1939."