jueves, 10 de mayo de 2018

PROFECÍA DE SAN ÁNGEL JEROSOLIMITANO, MÁRTIR CARMELITA

San Ángel Jerosolimitano, mártir Carmelita
 
Refiere el Venerable Enoc, Patriarca de Jerusalén, en su Vida de San Ángel Carmelita, y lo repite el Padre Juan Bautista Lezzana en sus Anales de la Orden Carmelita, que en el año de gracia 1219, reinando el Papa Honorio III y el Sacro Emperador Federico IX, teniendo cinco años el fraile carmelita San Ángel Jerosolimitano de vivir en el desierto, en altísima contemplación y realizando ininterrumpidas oraciones fervientes, mereció ver a Nuestro Señor, rodeado de un gran cortejo de Ángeles y de Bienaventurados, y le dijo: 
«Bastante, ¡oh Ángel!, has permanecido en estas cuevas, bastante te has dedicado a la contemplación con provecho de tu alma. Es necesario ahora, con toda prontitud y celeridad, cumplir todo lo que te ha destinado mi Eterno Padre (que te eligió en la gloria). Prepárate pues a padecer en Licata, castillo de la diócesis de Agrigento en la isla de Sicilia, donde recibirás la corona del martirio, muchas privaciones, sudores y fatigas en la defensa de la Verdad, y en predicarle al mundo la voluntad de mi Eterno Padre.

Te dirigirás primero a Jerusalén, y en las iglesias del Oriente reafirmarás a los fieles en todo lo que es voluntad de mi Eterno Padre. A su tiempo, Atanasio, Patriarca de Alejandría, te entregará por mandato mío las reliquias de San Juan Bautista, San Jeremías, San Jorge y Santa Catalina, como también la imagen de mi Madre pintada por mi discípulo San Lucas a instancia y devoción de la virgen Santa Tecla, discípula del Apóstol San Pablo; no siendo conveniente que las mismas permanezcan en aquellos templos, los cuales serán profanados, contaminados y deshonrados por la impiedad de los bárbaros, que presto enfurecerán contra los sagrarios. Transportarás estas reliquias a Italia, en la antigua ciudad de Roma, y las entregarás al Sumo Pontífice Honorio, y a Federico de Claramonte.
  
Luego te dirigirás a Sicilia, donde, predicando el Evangelio, exclamarás con celo contra las vilezas enormes de los cristianos, a los cuales echarás en cara los horrendos sacrilegios, los execrables incestos, las durezas de corazón, las irreverencias hacia mi Nombre, la inobservancia de las leyes, su falta de temor de Dios, y la casi nula Fe que tienen.
    
Se multiplican, ¡oh Ángel!, tantos excesos, que queda sumamente ofendido mi Eterno Padre, y esto por la falta de quienes con celo católico los reprenda. Por lo cual, predicando mi ley, exclamarás en abominación y detestación de los impíos y sacrílegos; y si obstinados persisten en el mal, anúnciales que mi Eterno Padre está para desenvainar la espada y vengará con furor las ofensas hechas contra su divina Majestad».
 
Habiendo recibido las órdenes de Cristo y entendido la voluntad del Padre, San Ángel se postró reverente a los pies de Cristo, adorándole con pureza y humildad, y ofrecióse obediente a morir por la gloria del Nombre de Dios, y a dedicarse con toda fuerza y fervor para que todos conocieran la voluntad de Dios. Pero, conmiserándose por el infeliz estado de Jerusalén, los Santos Lugares y el Cristianismo, le suplicó al Redentor que los sustrajere de las manos de los bárbaros, en atención a que Él los había consagrado con su Pasión.
  
Ante esto, Jesús le predijo que los Santos Lugares serían invadidos por los Agarenos (musulmanes), y luego por el Imperio Otomano; y los males que recibirá la Cristiandad en castigo de sus culpas:
«Sabe, ¡oh Ángel, siervo mío!, y predícalo a mis seguidores con constante corazón y celo por mi Ley, que la ciudad de Jerusalén permanecerá largo tiempo bajo el dominio de los Agarenos, la cual, no mucho tiempo después de haberla poseído, será por ellos casi totalmente arrasada y destruida. La misma Judea, Samaria, Galilea y toda la Tierra de la promesa, Capadocia y Egipto, con muchos otros reinos y muchas provincias de Asia y del África, pasados pocos años, pasarán totalmente al poder de los Ismaelitas, y todos los lugares donde ves ahora celebrar mis alabanzas, esto es, los monasterios, los hospicios, las iglesias y los santuarios, serán abatidos y destruidos.
 
Los ritos cristianos quedarán casi completamente abolidos en todas partes; y, poco tiempo después, toda aquella parte del mundo denominada Asia Menor caerá bajo el dominio de Mahoma por obra de los Otomanos, cuyos sucesores invadirán la Grecia teniéndola casi totalmente ocupada y poseída, creciendo siempre más su poder por mar y tierra, e infundirán terror a casi todos los pueblos y naciones, envolviendo en su dominio hasta el reino de Albania, la Dalmacia y la Rascia (Serbia).
 
No mucho después, la misma ciudad de Jerusalén, con todo lo que está en poder de los Ismaelitas, caerá bajo la dominación de los Otomanos, los cuales seguirán expugnando las más conocidas fortalezas de los Cristianos. La Hungría misma será por ellos invadida más y más veces, asaltada y casi destruida, en señal de que Europa sentirá terror y molestia.
 
La Italia incluso, en cuyo seno yace la Sede de Pedro, vendrá por largo tiempo y muchas veces azotadas por largas y horrendas guerras, y será espectadora de incendios, derramamiento de sangre, ruina y un casi total exterminio. Pestes, carestías y divisiones precederán y acompañarán estos estragos y desastres, porque han exacerbado hasta lo sumo el corazón de mi Padre, que se vengará con ira y furor sobre los hijos ingratos e indignos.
 
Acaecerán estos castigos por las abominaciones, y principalmente por la enormidad de aquellos que hacen de la Cristiandad una Babilonia, disipan el Santuario, siembran iniquidad, odio y rencor en el pueblo, y lo escoltan y conducen hacia la impiedad, las más torpes inmundicias, maldades y pecados».
 
Afligido el Santo al escuchar de la boca de Cristo los flagelos que vendrían al Cristianismo, preguntóle con lágrimas y suspiros cuándo vendrá el enojo divino, a fin de aprovecharse con mayor celo en la predicación, a fin de enmendar a tiempo de aquellas maldades provocatrices de tan dolorosos eventos. Cristo le responde:
  • Cuando la Iglesia, gastado y perdido el antiguo esplendor, devenga a ser poco menos que una viuda, derelicta y abandonada;
  • Cuando el solio pontificio, y principalmente su reino, tenga muchos pretendientes, y vengan estos a contender entre sí;
  • Cuando, bajo manto de santidad y religión, sean engañados los pueblos por personas hipócritas, y la Iglesia esté cundida de sectas, en las cuales alzarán el trono la soberbia, la ambición y la lascivia, con toda la comitiva de los vicios;
  • Cuando los príncipes, divididos entre sí, entren a contienda el uno contra el otro por el dominio, y estén los monarcas contrarios entre sí y surja pontífice contra pontífice, será turbada plenamente la paz y quietud de los pueblos, cuyas discordias internas serán ocasión de estragos y ruinas;
  • Cuando las herejías sean prevalentes prácticamente en todas partes y la verdadera Fe poco menos que extinta, y los súbditos, con sus soberanos o regidores, estén pervertidos por las vanidades y locuras;
  • Entonces será el tiempo en el que mi Eterno Padre desfogará su ira y furor, y permitirá que sus hijos ingratos sean atormentados por los enemigos de mi Nombre.
«Todo esto, ¡oh Ángel!, predicarás con constancia e intrepidez al pueblo cristiano, para que sepan que los castigos preanunciados son debidos a sus culpas», agregó el Señor.
  
Al oir los terribles castigos amenazados, el Santo se volvió a Jesucristo conmovido y aterrado, y le oró así:
«¡Ay, Señor, ten piedad de tu Iglesia; aleja tu ira de tu pueblo, por el cual misericordiosamente has padecido tanto; libra de tales flagelos a tus hijos que redimiste a precio de sangre! Envía finalmente a quien libere Jerusalén, tu ciudad santa, y la saque de la esclavitud y del poder de sus enemigos».

Ante esto, el Divino Salvador respondió: «Luego que mi pueblo reconozca sus propios errores y contrito haga penitencia de sus pecados, abrace la justicia y persevere en ella, vendrá el que debe liberarlos y a la santa ciudad; él establecerá la paz entre las gentes, y será la consolación de los justos».
   
Profundamente conmovido, con santo ardor replicó San Ángel: «¿Quién será aquel hombre que habrá de liberar tu ciudad?». Y Cristo le respondió benignamente:
«Vendrá un Rey de la antigua gente y estirpe Francesa, insigne por su piedad ante Dios; éste será bien recibido y amado por todos los príncipes cristianos profesantes de la fe ortodoxa. Crecerá sobremanera su poder por mar y tierra, ayudará a la Iglesia a recuerar sus pertenencias más indispensables ya de hecho prácticamente perdidas, y junto al Romano Pontífice, purgará a la Cristiandad de sus errores, y restituirá a la Iglesia en aquel estado que fue siempre deseado por los buenos.
  
Él reunirá ejércitos, y los enviará a donde sea necesario; gran multitud armada le seguirá voluntariamente; en estos combates aquellos que derramen su sangre en honor de mi Nombre tendrán gloria y premio sempiterno.
  
En cuanto este monarca, habiendo alistado una poderosa flota, cruzará el mar, liberará la santa ciudad de Jerusalén, restablecerá mi culto y reedificará las iglesias destruidas».
  
Habiendo dicho Cristo todo esto, desapareció a la vista de San Ángel en una nube candidísima.
  
Fuente: Mons. CARLO DOMENICO CERRI, Misionero Apostólico (compilador). Il vaticinatore. Nuova raccolta di profezie e predizioni. Turín, Tipografía de Francesco Martinengo y Cía., 1862. págs. 268 a 274 (Traducción nuestra).
  
COMENTARIO: Sin entrar a pronunciarnos en cuanto al tema del “Gran Monarca”, hemos de admirar que la profecía de San Ángel Jerosolimitano describe detalladamente cómo se ha expandido el Islam en tierras europeas, las disensiones entre los gobernantes de los países de la antigua Cristiandad, y cómo la Fe Católica Tradicional se ha reducido a mínimas proporciones por causa de las herejías e inmoralidades de la secta deuterovaticana. Todo esto precisamente en castigo por la Apostasía que ha calado en el seno de la Iglesia.
  
Como San Ángel, nosotros los que formamos parte del Remanente Católico, debemos perseverar en el apostolado al que Dios Uno y Trino nos ha llamado en estos tiempos finales, proclamando la Oración y Creencia tradicional y combatiendo el error, aún cuando por la Fe debamos recibir el martirio.

lunes, 7 de mayo de 2018

DOS ARTÍCULOS DE LA PRENSA ITALIANA SOBRE LA HOMOSEXUALIDAD DE PABLO VI

1º EL SERVICIO SECRETO ITALIANO SABÍA DE LA HOMOSEXUALIDAD DE MONTINI/PABLO VI
 
EL DOSSIER SOBRE UN INTENTO DE CHANTAJE A PABLO VI (Diario CORRIERE DELLA SERA, 27 de enero de 2006)
 El semanario «L’Espresso» relee las cartas del general Manes, contentivas de rumores sobre una relación homosexual de Montini, y que Saragat estuvo dispuesto a aprovechar. Jannuzzi: son solamente murmuraciones.
 
Dino Martiriano
Corresponsal político de CORRIERE DELLA SERA
Las cartas secretas del general Giorgio Manes, dos valijas llenas de sobres amarillentos, sacan a relucir viejas noticias escandalosas que en 1967 describían el intento de chantajear a Pablo VI por su presunta relación homosexual, como escribiese entonces el francés Roger Peyrefitte, con el actor Paolo Carlini: «El Papa presiona sobre Aldo Moro (entonces presidente del Consejo de Ministros, N. del R.)... La Democracia Cristiana quería salvarlo, pero S. está decidido», escribía en su agenda el vicecomandante general de los Carabinieri Manes citando la fuente «Ururi», que era el lugar de origen del ministro socialdemócrata Mario Tanassi. Ahora, aquellos viejos fascículos, ya escandalosos del primer ministro Felice Casson en los tiempos de las investigaciones sobre la Operación Gladio y de la comisión Stragi, han sido individualizados por el Espresso que hoy publica un amplio artículo de Riccardo Bocca y plantea la hipótesis de un mandante excelente para aquella operación de inteligencia: «Es conjeturable que detrás de aquella “S.” esté el presidente de la República Giuseppe Saragat, que de Tanassi era compañero de partido».
 
Pablo VI y Giuseppe Saragat. Es el 21 de marzo de 1966: Pablo VI se reune con el presidente Saragat, en el Quirinal, después que éste pronunciara su discurso de posesión. En los encuentros entre los dos hubo momentos de tensión. A Nixon, en 1969, Saragat dirá que el Papa no es de fiar porque es abierto a los comunistas
  
MONSEÑOR MACCHI - Corría el año 1967, tres años después del presunto intento de golpe de Estado atribuído al general Giovanni De Lorenzo. El general Manes, escribe el semanario, confió a sus familiares otro aspecto del «íncubo de Montini». Refiere Renato Manes, hijo del alto oficial muerto en 1969: «Señaló a una relación de Montini con una monja conocida en África, una situación de la cual poquísimos estaban al corriente y que fue antes de su nombramiento como Pontífice». Eran, aquellos, tiempos difíciles para las instituciones republicanas, se respiraba en todas partes una «atmósfera de SIFAR» [Servicio de Informaciones de las Fuerzas Armadas, organismo de inteligencia italiano creado en la posguerra y disuelto en 1966, N. del T.]. Y aún hoy es difícil encontrar confirmación en aquella intriga de espionaje que habría puesto en seria dificultad al jefe de la Iglesia. No habla monseñor Pasquale Macchi, que fue cercano a Montini casi desde 1954 y después le siguió en el Vaticano hasta el año de su muerte, 1978. «Monseñor Macchi nunca se preocupó sobre estas noticias», dice su asistente, Luciano Vaccaro, que todavía refiere una frase a menudo pronunciada por el ex secretario de Pablo VI ante la circulación de ciertos rumores: «Aquí se necesitaría pasar jornadas enteras para desmentir...».
 
EL PLAN SOLO - Siempre en el 1967, Manes fue encargado por el comandante general Carlo Ciglieri de indagar sobre la fuga de noticias en el interior del Arma que permitían en el Espresso la primicia sobre el «Plan Solo» y sobre la presunta tentativa de golpe de 1964. Uno de los autores de aquel golpe periodístico es Lino Jannuzzi, que en 1969, una vez elegido diputado junto al director Eugenio Scalfari, tuvo la casualidad de ver morir entre sus brazos al general Manes: «Estábamos en la Cámara de diputados y él se cayó así, sobre un diván del Transatlántico [Salón de la Cámara de Diputados en el Palacio de Montecitorio, N. del T.], antes de poder referirse a la comisión Alessi. Fue una muerte absolutamente natural, no tenía nada que agregar al informe escrito que llegó al primer ministro Occorsio pero que no fue nunca leído por el tribunal que nos condenó». Relata Jannuzzi: «La investigación de Manes consideraba los audios de los interrogatorios de los coroneles y de los generales que habían admitido haber sido convocados por De Lorenzo para una serie de reuniones secretas». ¿Y las noticias sobre Pablo VI? Para Jannuzzi, aquella historia «era marginal en el informe Manes: eran murmuraciones. La tesis de Peyrefitte era que Carlini fuese el amigo del Papa pero no me parece que Manes hubiese indagado sobre esto. Incluso, no había prueba alguna que confirmase aquellas voces».
  
Giovanni De Lorenzo. Jefe del SIFAR por 7 años, comandante del Arma de Carabineros, en el 64 ideó el «plan Solo». Descubierto el escándalo, fue destituido.
  
2º ESCRITOR ITALIANO: «PAOLO CARLINI ME DIJO QUE ÉL Y PABLO VI FUERON AMANTES».
  
PABLO VI TUVO UN AMANTE: ERA EL ACTOR PAOLO CARLINI (Diario LA VOCE D’ITALIA, 30 de noviembre de 2009)
La relación, iniciada cuando Montini era arzobispo de Milán, prosiguió también cuando devino en Papa.
 
Marco Marsili
Fundador y director de LA VOCE D’ITALIA.
  
Paolo Carlini y Pablo VI
 
Cuando era arzobispo de Milán, Giovanni Montini tuvo una “afectuosa” relación con un actor. Es una de las historias “escondidas” de Peccati scarlatti -Pecados escarlatas- (Edizioni libreria Croce, Roma), la última novela del escritor sardo Biagio Arixi. El futuro Pablo VI (Montini subirá al solio petrino el 21 de julio de 1963) tuvo una apasionada y sincera relación con Paolo Carlini, iniciada en Milán a mitad de los años 50’, cuando Pío XII nombró a Montini arzobispo de Milán, en remplazo del desaparecido Alfredo Ildefonso Schuster. La relación prosiguió también cuando, a la muerte de Pío XII, el cónclave eligió como papa, el 28 de octubre de 1958, al anciano patriarca de Venecia, Ángelo Giuseppe Roncalli, el cuale tuvo en grande estima a Montini (entre los dos había una amistad consolidada casi desde 1925), hasta el punto de elevarlo al cardenalato. El actor romañol, según cuanto recordó en el programa Voce Arixi, le habría confesado dos tentativas para asesinarlo por parte de los servicios secretos italianos (el Presidente de la Repúbica Giuseppe Saragat habría tenido conocimiento de tal relación clandestina).
  
Carlini comenzó su carrera de actor en el cine, a los 18 años, con un papel secundario en el filme Addio giovinezza! -¡Adiós juventud!- (1940) al cual siguieron una cuarentena de películas, siempre en papeles de no gran importancia, entre las cuales están Vacanze romane -Vacaciones en Roma- (1953), La baia di Napoli -Todo comenzó en Nápoles- (1960) y Don Camillo e i giovani d’oggi -Don Camilo y los jóvenes de hoy- (1972). Luego en los años cincuenta pasó al teatro, donde tuvo buenas críticas. Pero la gran popularidad para Carlini llegó en 1957 con la televisión, gracias al dramatizado Il romanzo di un giovane povero -La novela de un joven pobre-, basado en la novela homónima de Octave Feuillet y dirigido por Silverio Blasi. Por su interpretación obtiene el premio “Micrófono de plata”. Desde entonces tuvo parte en numerosos programas televisivos exitosos, aunque en papeles no siempre protagónicos.
  
La relación secreta entre Pablo VI y Carlini fue narrada por el mismo actor –fallecido como consecuencia de una trombosis el 3 de noviembre de 1979, poco después de la muerte de Pablo VI, sucedida el 6 de agosto del año precedente– a Arixi, que ha querido así rendir homenaje al amigo desaparecido en su último libro, presentado el sábado en la librería milanesa Pier Pour Hom. La novela es la afortunada secuela de Figlio di vescovo -Hijo de obispo-, el libro-escándalo, junto a la sexta edición, que llevado al autor de Villasor a la cima en los años ’90, con 30 mil copias vendidas hasta hoy. Relaciones homosexuales entre altos prelados, sodomía, pedofilia, pero también amor y pasión son algunas de las historias narradas en la última obra del escritor sardo, que mimetiza la realidad entre las líneas de la novela. A los lectores más perspicaces sorprenderán los protagonistas de los escándalos nunca emergidos de la Curia romana.

SAN ESTANISLAO, OBISPO Y MÁRTIR

«Va a venir tiempo en que quien os matare se persuada hacer un obsequio a Dios». (Juan 16, 2)

Martirio de San Estanislao de Cracovia
   
San Estanislao, obispo de Cracovia, reprendió valientemente al rey Boleslao por su mala vida. Este príncipe, para vengarse, sobornó a dos falsos testigos y los hizo declarar que el santo poseía un terreno que no le pertenecía. San Estanislao resucitó a quien se lo había vendido, y con este testimonio irrecusable confundió a sus acusadores. Este milagro no convirtió a Boleslao; irritado éste porque el santo lo había excomulgado, le dio muerte con sus propias manos en momentos en que celebraba el Santo Sacrificio de la misa. Sucedió en 1079.
  
MEDITACIÓN SOBRE LOS PELIGROS QUE SE HALLAN EN EL MUNDO
I. Ese hombre a quien San Estanislao resucitara, prefirió morir nuevamente volviendo al Purgatorio antes que vivir entre tantas ocasiones de condenarse. Y, en verdad, tenía razón, pues hay peligro de condenarse en todas las edades y en todas las condiciones. ¿Cuál es tu edad, cuál es tu condición? ¿En qué estado de vida te alistaste? Ten cuidado con los peligros que te amenazan. Si aún estás libre de todo compromiso, elige el género de vida más seguro y más libre de las ocasiones de ofender a Dios.
  
II. No hay sitio en este mundo donde no se pueda ofender a Dios. Adán pecó en el paraíso terrenal, y los ángeles pecaron en el Cielo. Se ofende a Dios en los poblados, en la soledad, en las cabañas de los pastores, en los palacios de los magnates, en las iglesias y en las casas consagradas a Dios. En todas partes encuéntrase al demonio, en todas partes se llevan sus cadenas. Y nos holgamos en este camino en el que estamos siempre expuestos a caer en el precipicio; en este mar, en el que somos incesantemente azotados por la tempestad, sin saber a qué puerto arribaremos, ni en qué escollo naufragaremos.
 
III. Para estar seguro entre tantos peligros, apártate de la multitud, gusta de la soledad: es el ambiente de la virtud. Si no puedes llegar a tanto, frecuenta a los hombres lo menos posible, y acuérdate que Dios está en todas partes. «Si quieres cometer pecados, busca un lugar en donde no te pueda ver Dios, y haz entonces lo que quieras» (San Agustín).
 
La huida del pecado. Orad por por las almas del Purgatorio.
  
ORACIÓN
Oh Dios, en cuyo honor sucumbió el glorioso obispo Estanislao bajo la espada de un impío, haced, os lo suplicamos, que todos los que imploren su socorro consigan el saludable efecto de su pedido. Por J. C. N. S. Amén.

sábado, 5 de mayo de 2018

SUDÁFRICA SE HUNDE MÁS EN LA FRACTURA RACIAL

Artículo publicado por Jorge Soley en FORUM LIBERTAS. La imagen al final es de archivo.
  
EL EXPOLIO A LOS GRANJEROS BLANCOS EVIDENCIA LA FRACTURA RACIAL QUE ESTÁ VIVIENDO SUDÁFRICA
  
   
Aún creemos en cuentos de hadas. Como el de África del Sur: una nación que supo dejar atrás el régimen racista del apartheid y que se convirtió en la “nación arco iris”, un lugar donde todas las razas conviven fraternalmente bajo la inspiración de Nelson Mandela y sus chicos del Congreso Nacional Africano. Y vivieron felices y comieron perdices.
  
Este relato, tan bonito y que nos repiten cada vez que lanzamos la mirada hacia Sudáfrica tiene un pequeño problema: es falso. Pero lo curioso del caso es que nosotros, especialistas en deconstruir todo lo deconstruible y denunciar mitos y supuestas culpas históricas, traguemos sin pestañear con el cuento de hadas sudafricano. Nuestro espíritu crítico se detiene en el umbral: será que como no podemos echarle las culpas al viejo hombre blanco, nuestro villano oficial, preferimos mirar hacia otro lado. Se confirma que nuestra empatía e indignación moral es descaradamente selectiva.
     
Que preferimos silenciar la realidad para que no nos estropee nuestro bello cuento de hadas se hizo evidente en ocasión del reciente fallecimiento de la que fue la segunda mujer de Nelson Mandela, Winnie Madikizela. Bastante más joven que el que fuera primer presidente negro de África del Sur de 1994 a 1999, la que algunos califican como “madre de la nación” e icono de la lucha contra el racismo, tiene un pasado lleno de sombras que los medios se han encargado de silenciar. Por ejemplo, sus numerosas declaraciones públicas justificando el necklacing, la práctica de violencia política consistente en poner un neumático al cuello de la victima para después rociarlo de gasolina y prenderle fuego (una práctica que, por desgracia, ha sido exportada a otros lugares como Haití, Zimbabue o Nigeria). Cientos de víctimas, la mayor parte negras, fueron asesinadas con este tipo de linchamiento adoptado por el Congreso Nacional Africano.
  
Pero el problema con Winnie va más allá de unas declaraciones inapropiadas y llega hasta su implicación en la violación, tortura y homicidio de un chico de catorce años, James “Stompie” Seipel (1974-1989), acusado de ser un chivato de la policía. La relación final de la “South African Truth and Reconciliation Commission”, la comisión establecida por Nelson Mandela para dar luz a los crímenes del periodo del apartheid, publicada en 1998, declaraba a “la señora Winnie Madikizela Mandela política y moralmente responsable de graves violaciones de los derechos humanos”. Un juicio sobre el que ha caído una especie de pacto de silencio y que fue despachado en la prensa con genéricas alusiones a que Winnie “se había visto envuelta en algunas polémicas”.
  
Hay ejemplos más actuales de este silencio que intenta ocultar que el cuento de hadas de la República Sudafricana no es tal. Como la votación en el parlamento, el pasado 27 de febrero de 2018, que por 241 votos a favor contra 83 en contra aprobó una reforma del artículo 25 de la Constitución sudafricana para permitir la “expropiación” sin compensaciones (un verdadero expolio) de las granjas de los granjeros blancos sudafricanos, en la actualidad propietarios del 73% de las explotaciones de aquel país.
  
La medida, que no oculta su carácter racista, esta vez anti-blanco, es de una enorme gravedad. Empezando por sus consecuencias más directas: todos los experimentos de este tipo se han saldado con tremendos fracasos y hambrunas. Desde el vecino Zimbabue, donde la expropiación brutal contra los granjeros blancos a principios de este siglo sumió al país en una crisis económica de la que aún no ha salido, hasta la propia Sudáfrica, donde las expropiaciones ya realizadas en los últimos 15 años se han saldado con un sonoro fracaso que se ha caracterizado por una degradación del aparato productivo de las mismas y un retorno a una agricultura de subsistencia después del pillaje de sus activos. Así pues, los diputados que han votado este nuevo expolio no ignoran que están socavando el último sector productivo eficiente y dinámico del país ni que una crisis en el mismo tendrá efectos graves en la alimentación no solo de Sudáfrica, sino de toda el África austral (Angola, Namibia, Zambia, Mozambique, Botsuana, Zimbabue), sobre la que se cierne ahora la amenaza real de la hambruna (recuérdenlo la próxima vez que le pidan colaborar económicamente para paliar una hambruna en la región). Poco les parece importar: la revancha racial (que, hay que reconocerlo, Nelson Mandela, a pesar de sus graves errores iniciales, supo evitar) es más fuerte que la razón. En este clima, no es de extrañar el dato del medio millón de sudafricanos blancos que han abandonado su país (principalmente con destino a Australia) desde la llegada al poder del Congreso Nacional Africano. Un flujo que es probable que ahora aumente, aunque por el momento Ángela Merkel no ha propuesto aún que acojamos a estos “refugiados”, esta vez reales, pero de los que es poco probable que nos hablen los medios. ¿Cómo va a acabar mal nuestro cuento de hadas de la “nación arco iris”?
  
Pero la realidad, por mucho que se oculte, es la que es. Si el apartheid fue una política perversa y desastrosa, abrazar la revancha racial y expoliar a los granjeros blancos sus tierras es una profunda injusticia que hundirá aún más a un gran país africano que lo tenía todo para convertirse en un modelo de desarrollo pero que ha decidido sumirse en una espiral de odio racista y empobrecimiento.
  

viernes, 4 de mayo de 2018

LAS TINIEBLAS MONTINIANAS

ADVERTENCIA PREVIA
El autor del artículo que viene a continuación (publicado en ADELANTE LA FE), el profesor César Félix Sánchez, hace alusión de la seudoencíclica Humánæ Vitæ como la última respuesta de los conciliares a las objeciones por las cuales la “beatificación” e inminente “canonización” de Montini son absolutamente nulas (por el procedimiento) y moralmente inaceptables (porque Montini, quien llevó a término el Vaticano II e implementó sus reformas-demoliciones, era judío, masón, comunista, modernista -encubierto-, homosexual y asesino) toda vez que se piensa que tal documento condena las políticas de planificación familiar y los métodos anticonceptivos. Pero acontece que Pablo VI favoreció el control de la natalidad mediante la denominada “Planificación Familiar Natural” (PFN), que en últimas viene a tener la misma finalidad que los anticonceptivos artificiales: evitar DELIBERADAMENTE la concepción cuando se realiza el acto conyugal:
  • Antipapa Pablo VI, Discurso con motivo del 25º aniversario de la FAO, 16 de noviembre de 1970: “…esto, entre otros efectos, sin duda favorecerá un control racional de la natalidad por parte de las parejas…”.
  • Antipapa Pablo VI, Discurso en la apertura de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, 24 de agosto de 1968: “Esta norma [Humánæ Vitæ] no constituye una ciega carrera hacia la superpoblación; ni disminuye la responsabilidad ni la libertad de los cónyuges, a quienes no prohíbe una honesta y razonable limitación de la natalidad, ni impide las terapéuticas legítimas ni el progreso de las investigaciones cientificas”. 
  • Antipapa Pablo VI, Humánæ Vitæ, #16, 25 de julio de 1968: “Es verdad que tanto en uno como en otro caso, los cónyuges están de acuerdo en la voluntad positiva de evitar la prole por razones plausibles, buscando la seguridad de que no se seguirá” (de donde se colige que las parejas son perfectamente libres de no tener hijos si no lo desean).
  • Antipapa Pablo VI, Populórum progréssio, #37, 26 de marzo de 1967: “Al fin y al cabo es a los padres a los que toca decidir, con pleno conocimiento de causa, el número de sus hijos, aceptando sus responsabilidades ante Dios, ante ellos mismos, ante los hijos que ya han traído al mundo y ante la comunidad a la que pertenecen, siguiendo las exigencias de su conciencia, instruida por la ley de Dios auténticamente interpretada y sostenida por la confianza en él”.
 
La PNF, al igual que los demás anticonceptivos, representa el rechazo de la primera finalidad del matrimonio (la procreación y la educación de los hijos), y ha sido condenada por la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio Legítimo de la Iglesia:
  • Génesis 30, 1-2: “Pero Raquel, viéndose estéril, tenía envidia de su hermana, y así dijo a Jacob: Dame hijos, de otra manera yo me muero. A la cual Jacob enojado respondió: ¿Por ventura estoy yo en lugar de Dios, que te ha privado de la fecundidad?”.
  • Génesis 38, 8-10: “Entonces dijo Judá a Onán: Entra a la mujer de tu hermano [que había muerto], tómala, como cuñado que eres, para suscitar prole a tu hermano. Pero Onán, sabiendo que la prole no sería suya, cuando entraba a la [ex] mujer de su hermano se derramaba en tierra para no dar prole a su hermano. Era malo a los ojos de Dios lo que hacía Onán, y le mató también a él”.
  • Tobías 6, 17: “[Dijo el ángel a Tobías]: Los que abrazan con tal disposición el matrimonio, que apartan de sí y de su mente a Dios, entregándose a su pasión, como el caballo y el mulo que no tienen entendimiento; ésos son sobre quienes tiene poder el demonio. Mas tú, cuando la hubieres tomado por esposa, entrando en el aposento, no llegarás a ella en tres días, y no te ocuparás en otra cosa sino en hacer oración en compañía de ella. … Pasada la tercera noche, te juntarás con la doncella, en el temor del Señor, llevado más bien del deseo de tener hijos, que de la concupiscencia…”.
  • 1 Timoteo 2, 15: “Verdad es que [la mujer] se salvará por medio de la buena crianza de los hijos, si persevera en la fe y en la caridad, en santa y arreglada vida”.
  • San Agustín, De las costumbres de los maniqueos, libro segundo, #65: “No contentos solamente con la condenación de la unión de los sexos, realizáis también la profecía del Apóstol reprobando las nupcias, única y honesta justificación de la unión carnal. [...] De donde se sigue que, si vosotros pretendéis tener una mujer, no es para engendrar hijos, sino para satisfacer la concupiscencia. Pero el matrimonio, según las leyes nupciales, es la unión de un hombre y de una mujer con el fin de engendrar hijos; y a cualquiera que le parezca mayor crimen la generación que la unión, por esto mismo prohíbe las nupcias: hace de la mujer, más bien que esposa, una prostituta, que por regalos se entrega al hombre para satisfacción de su concupiscencia. Allí donde la mujer es esposa, allí hay matrimonio; pero no hay matrimonio donde se impide la maternidad; allí no hay esposa”.
  • San Agustín, Del matrimonio y la concupiscencia, libro primero, #17: “A veces llega a tanto esta libidinosa crueldad o, si se quiere, libido cruel, que emplean drogas esterilizantes, y, si éstas resultan ineficaces, matan en el seno materno el feto concebido y lo arrojan fuera, prefiriendo que su prole se desvanezca antes de tener vida, o, si ya vivía en el útero, matarla antes de que nazca. Lo repito: si ambos son así, no son cónyuges, y, si se juntaron desde el principio con tal intención, no han celebrado un matrimonio, sino que han pactado un concubinato. Si los dos no son así, digo sin miedo que o ella es una prostituta del varón o él es un adúltero de la mujer”.
  • San Agustín, De las uniones adulterinas, libro segundo, cap. XII: “Porque ilícita e impúdicamente yace, aun con su legítima mujer, el que evita la concepción de la prole. Que es lo que hizo Onán, hijo de Judá, por lo cual Dios le quitó la vida (cf. Gen. 38, 8-10)”.
  • San Cesáreo de Arlés, Advertencia a los que, teniendo esposa, no se sonrojan de cometer adulterio: “No le aprovecha el nombre de Cristiano a quien no solo no cumple lo que el Señor le ordena, sino también a quien perpetra el mal contra sus preceptos. Cada vez que él se une a su esposa sin un deseo de tener hijos… sin lugar a dudas que comete pecado”.
  • San Cesáreo de Arlés, Sermón 54: “Ninguna mujer debe absorber drogas para provocarse un aborto, ni matar a sus hijos que van a nacer o ya han nacido, pues la que esto hace, sepa que tendrá que debatirse ante el tribunal de Cristo con aquellos que haya matado. Ni tampoco deben absorber mezcla diabólica que las haga incapaces de concebir posteriormente. Toda mujer que haga esto sepa que se hace culpable de tantos asesinatos cuantos hijos hubiese podido dar a luz” 
  • Santo Tomás de Aquino, Comentario a las Sentencias de Pedro Lombardo, Sentencia IV, distinción 32, al inicio: “El uso contra la naturaleza del matrimonio es siempre pecado mortal, pues los hijos no pueden ser engendrados y se frustra totalmente la intención de la naturaleza”.
  • Santo Tomás de Aquino, Suma contra los gentiles, libro tercero, #122: “Después del pecado del homicidio, por el que la naturaleza humana ya existente queda destruida, el pecado más grave es el de impedir que sea engendrada una nueva naturaleza humana”. 
  • Beato Inocencio XI, Decreto contra el laxismo moral, 2 de marzo de 1679: “La proposición 9: El acto del matrimonio, practicado por el solo placer, carece absolutamente de toda culpa y de defecto venial – Condenada y prohibida, tal como está, por lo menos como escandalosa y perniciosa en la práctica”.
  • Suprema Congregación del Santo Oficio, Decreto del 21 de mayo de 1851: “1º La proposición: Es lícito a los cónyuges usar del matrimonio, por razones honestas, con el uso de Onán (Gen 38, 8 ss.) – Escandalosa, errónea y contraria al derecho natural del matrimonio.
    2º La proposición: Es probable que este uso del matrimonio no esté prohibido por el derecho natural – Escandalosa, y entre otras implícitamente condenada por Inocencio XI (Decreto del 2 de marzo de 1679, proposición 49)”. 
  • A una madre de muchos hijos, que estaba a punto de ser madre una vez más y que estaba angustiada por su avanzada edad, San Juan Vianney le dijo: “¡Consuélate, hija mía, si supieras de esas mujeres que se van al Infierno porque no trajeron al mundo esos niños que debían haber nacido!”.
  • Papa Pío XI, Casti connúbii, #20, 31 de diciembre de 1930: “Ningún motivo, sin embargo, aun cuando sea gravísimo, puede hacer que lo que va intrínsecamente contra la naturaleza sea honesto y conforme a la misma naturaleza; y estando destinado el acto conyugal, por su misma naturaleza, a la generación de los hijos, los que en el ejercicio del mismo lo destituyen adrede de su naturaleza y virtud, obran contra la naturaleza y cometen una acción torpe e intrínsecamente deshonesta”.

Disculpar lo extenso de este comentario (que ameritaría publicarse como artículo independiente), pero si hubo necesidad de abundar en las citas es por demostrar que Humánæ Vitæ es a leguas CONTRARIA A LA DOCTRINA SOSTENIDA POR LA IGLESIA CATÓLICA.
  
JORGE RONDÓN SANTOS
4 de Mayo de 2018.
Fiesta de Santa Mónica, madre de San Agustín -Doctor de la Gracia y Predestinación-; y Solemnidad de la Sábana Santa de Turín.
 
¿“SAN” PAULO VI?: LA HORA DE LAS TINIEBLAS
  

1. Introducción: entendiendo la virtud heroica
Entre la canonización de san Gregorio VII  (1015-1085) en 1728 y la de san Pío X (1835-1914) en 1954 mediaron más de dos siglos. La anterior canonización de un papa había sido la de san Pío V (1504-1572) en 1712.  El último papa beatificado, hasta las presentes locuras, había sido Inocencio IX (1611-1689), el salvador de Hungría, por Pío XII en 1956. ¿A qué se debe, que en medio de la abundante ciencia, virtud y coraje para soportar persecuciones –como es el caso del heroico Pío VI, muerto en cautiverio en 1799 luego de ser secuestrado por los revolucionarios– y muchas otras virtudes de los papas, particularmente de los postridentinos, haya sido la Iglesia tan reacia a canonizarlos? ¿E incluso, al hacerlo, haya demorado, en la mayoría de los casos, varios siglos?
   
A que la Iglesia sabía que la virtud heroica era aquella practicada por los fieles «cuyas virtudes y buenas obras grandemente sobrepasan las de las personas buenas ordinarias»[1] puesto que, en palabras de Benedicto XIV, «para que sea heroica una virtud cristiana debe permitir a su poseedor realizar acciones virtuosas con diligencia fuera de lo común, con facilidad y con agrado, por motivos sobrenaturales y sin respetos ni razonamientos humanos, con abnegación y total control de sus inclinaciones naturales»[2], es decir, un «hábito de conducta que se ha convertido en una segunda naturaleza (…) más fuerte que todas las inclinaciones innatas, capaz de hacer fáciles una serie de actos, cada uno de los cuales sería realizado por un hombre ordinario con mucha –si no irremontable– dificultad»[3]. Y, por tanto, así se explicaba cómo muchos cristianos, buenos y admirables en muchos sentidos, no accediesen nunca a la canonización, por razón, entre otras, de las dificultades en alcanzar el heroísmo en la virtud en sus deberes de estado, especialmente en puestos de mando tan delicados como el pontificado.
     
Ahora, en medio de los sainetes grotescos a los que nos tiene acostumbrados, la Santa Sede de Francisco ha anunciado algo que venía cocinado desde hace un par de años: la canonización de Paulo VI, con la rapidez y absoluta informalidad que caracteriza a estos procesos últimamente, solo cuatro años después de haber sido, por decirlo de alguna manera, beatificado. Francisco ha batido récords: es el papa que más papas ha canonizado, pues canonizó a Juan XXIII y Juan Pablo II en el 2014. ¡Qué contraste con los tiempos precedentes de la Iglesia, antes de la primavera francisquista! Parece ser que todos los papas anteriores al Concilio fueron una banda de bellacos comparados con esta troika de neosantos que ha presidido sobre el mayor colapso moral, numérico, material, doctrinal y principalmente espiritual de la Iglesia Católica en toda su historia y que aun así son presentados como modelos de virtud para los cristianos.
   
2. Un peligro para Europa….y para la Iglesia
«Si el canciller alemán Adenauer, en una conversación con un diplomático francés, había considerado con temor la elección de Montini como un ‘verdadero peligro para Europa’, su asunción al pontificado fue saludada con satisfacción por los comunistas italianos y europeos…»[4]. Lamentablemente, Konrad Adenauer no era el emperador Francisco José y el cónclave de 1963 no era el de 1903. ¿Cuál era la razón de que un personaje, para nada integrista, como don Konrad, temiese la asunción de Montini? Pues la fama explícita de personaje de simpatías izquierdistas, cuya peligrosidad era patente en un periodo en que la URSS y sus satélites pretendían expandir su dominación totalitaria y genocida por todo el globo. Si a esto se añade, las múltiples intrigas de espionaje y colaboración con poderes misteriosos que sucedieron a lo largo de su gestión como pro-secretario de la Secretaría de Estado (1953-1954), pues tenemos una perfecta justificación para considerar como pavorosa su elección al Papado y como indeciblemente vergonzosa su beatificación y canonización. Pero eso no es lo más repugnante de la historia de su pontificado (1963-1978).
   
Cabe mencionar aquí, brevemente,  las alegaciones respecto a su moral, que no son una simple calumnia singular de un novelista homosexual durante la cuaresma de 1976, sino que han sido refrendadas por al menos tres fuentes independientes (el corresponsal del New York Times, Paul Hoffman; el académico católico y antiguo corresponsal del Osservatore Romano, Franco Bellegrandi, antiguo guardia noble; así como por el recordado abate Georges de Nantes, entre otros). Incluso, entre enero y febrero de 2006, los principales medios periodísticos italianos confirmaron, a través de la consulta de los papeles póstumos del antiguo general de carabineros Giorgio Manes la existencia de un intento de chantaje a Paulo VI, tan temprano como en 1967, respecto a una relación homosexual suya con el autor Paolo Carlini. Montini  reaccionaría pidiendo ayuda a sus poderosos amigos de la Democracia Cristiana, entre ellos el misteriosísimo filocomunista Aldo Moro. La noticia, que ahora es bastante difícil de encontrar en internet (aunque se puede consultar, previa inscripción, en los archivos del Corriere della Sera, en una nota de Dino Martirano del 26 de enero de 2006, titulada Dossier su un tentato ricatto a Paolo VI –puede verse una versión copypasted en un foro ateo aquí– y la primicia de Espresso, titulada Segreti da generale, por Riccardo Bocca, del 2 de febrero del mismo año –que puede verse acá–) no puede ser más sórdida: pánico por parte del Pontífice ante la revelación de sus presuntos escándalos sexuales, mezclados con intrigas de todo tipo, del tiempo de los años de plomo.
  
¿Habrá revisado esta información la Congregación para los Santos, suficiente, aun si le negamos veracidad, para paralizar otrora cualquier proceso por muchísimo tiempo e incluso sine die? Si bien hace ya mucho tiempo que las gentes en la Santa Sede se encuentran presas de una suerte de ceguera preternatural, tanta estupidez no puede ser gratuita. ¡Quién sabe si en estos mismos instantes, el famoso expediente Montini compilado por la policía milanesa o alguna otra prueba aún más comprometedora obra en manos de alguna fuerza secreta, listo para ser  revelado inmediatamente después de la canonización, que será en octubre de este año, durante el llamado Sínodo de los Jóvenes, que ya despierta alarmas por su posible tendencia prohomosexualista! ¡Para que así, en medio del escándalo y de la vergüenza, sirva esta «revelación» de clarinada para la definitiva svolta de la Jerarquía Eclesiástica hacia posiciones favorables al homosexualismo, con Montini como «santo patrono»!
  
Pero el horror no termina ahí. Fue Montini quien, contra todo derecho humano y divino, desmanteló la vida litúrgica, disciplinar y sacramental de la Iglesia y pretendió hacernos creer el gran bulo de que la misa tradicional había sido abrogada y que su único reemplazo era el Novus Ordo (cosa que incluso Benedicto XVI negó) y que, a punta de sanciones que no se atrevía a imponer a toda suerte de heréticos, abusadores y traidores, pretendió acabar con la resistencia de sacerdotes y prelados que solo buscaban conservar la liturgia y la doctrina de su ordenación.
  
Fue Montini, además, el que invitó a su gran amigo, el mafioso y asesino convicto Michele Sindona, a «reformar» el IOR, el Banco Vaticano, convirtiéndolo en una máquina criminal de lavado de dinero y de financiamiento de operaciones encubiertas.
  
Fue también el creador de la muy infame Ostpolitik, resistida por las iglesias martiriales de la Cortina de Hierro, y que consistía en entregar a millones de fieles y clérigos al directo control de la KGB y del Partido Comunista de la URSS, condenada por prelados heroicos como József Mindszenty (maltratado villanamente) y Josyf Slipyj –el exiliado primado de la Iglesia grecocatólica de Ucrania– que, ante la perfidia montiniana, tuvo que verse obligado a consagrar obispos sin mandato papal en 1977, en aras de la supervivencia de una iglesia que no podía permitir fuera entregada a sus enemigos más feroces.
  
¿No fue durante ese pontificado que notorios y confesos homosexuales como mons. Rembert Weakland de Milwaukee –a quien Montini conocía personalmente  desde Italia cuando se desempeñó como abad mayor de los benedictinos– fueron elevados al episcopado, circunstancia que llevaría a incluso un circunspecto neocón poco sospechoso de cualquier integrismo como George Weigel a reconocer el desgobierno y absoluta incuria a la hora de nombrar a obispos ineptos moralmente durante ese pontificado[5]?
  
¿No fue durante el tiempo de Montini en que, como una maldición demoníaca, se desenvolvieron la mayoría de casos de abuso sexual homosexual en el clero? ¿No fue durante su pontificado, como el mismo Benedicto XVI se atreve a afirmar, cuando dejó de cumplirse la ley eclesiástica penal en el campo de los abusos contra sextum con las consecuencias horrorosas que todos conocemos?:
«Al respecto, me comentó algo muy interesante el arzobispo de Dublín. Dijo que el derecho penal eclesial funcionó hasta los últimos años de la década de 1950; que si bien no había sido perfecto –mucho hay en ello para criticar– se le aplicaba, pero desde mediados de la década de 1960 dejó simplemente de aplicarse. Imperaba la consciencia de que la Iglesia no debía ser más Iglesia del derecho, sino Iglesia del amor, que no debía castigar. Así, se perdió la conciencia de que el castigo puede ser un acto de amor».[6]
Aun si pretendiéramos, orwellianamente, procurar interpretar estos hechos en el sentido menos comprometedor, la negligencia quedaría patente y sería imposible presentar a Paulo VI como un papa modélico y ejemplo de «virtud heroica». Quizás él mismo, que en sus declaraciones siempre reveló los múltiples matices de su psicología atormentada, sería ahora el mayor opositor a su candidatura a santo.
  
Por si alguno sostiene que basta la Humanæ Vitæ de 1968 para considerarlo como «un gran santo», le aconsejo que se remita a las nociones de virtud heroica expuestas al inicio del artículo. ¿Hemos caído tan bajo que el solo hecho de cumplir con el mínimo deber de repetir la doctrina de la Iglesia en puntos específicos de moral constituye un acto heroico para un pastor? De ser así, mejor canonicemos a todos los papas anteriores, incluso a los del Siglo de Hierro.
   
El intento vomitivo de Francisco de canonizar el aggiornamento canonizando a los dos papas del Concilio y a uno de sus más significativos implementadores nos revela claramente que estamos en «la hora de las tinieblas» (Lucas 22:53).
 
Prof. CÉSAR FÉLIX SÁNCHEZ
  
NOTAS
[1] Joseph Wilhelm, “Heroic Virtue”. The Catholic Encyclopedia. Vol. 7. New York: Robert Appleton Company, 1910. Consultado: 13 de abril 2018 http://www.newadvent.org/cathen/07292c.htm
[2] Benedicto XIV, “De doctrína servórum Dei beatificatióne et beatórum canonizatióne”,  citado en op. cit.
[3] Joseph Wilhelm, op. cit.
[4] Roberto de Mattei, Il Concilio Vaticano II. Una storia mai scritta,  Turín: Edizioni Lindau, 2014, págs. 295-296.
[5] George Weigel, The Courage To Be Catholic: Crisis, Reform, and the Future of the Church, New York:  Basic Books, 2002, pág. 67
[6] Benedicto XVI, Luz del mundo. El Papa, la Iglesia y los Signos de los Tiempos. Una conversación con Peter Seewald, Barcelona: Herder Editorial, 2010, págs. 38-39.

jueves, 3 de mayo de 2018

POR LA CRUZ, IREMOS A LA GLORIA ETERNA

Refiere el beato Santiago de Vorágine en la Leyenda Dorada que San Andrés Apóstol, antes de ser atado a la cruz en la cual murió el día 30 de Noviembre del año 60 en Patrás de Acaya, exclamó al ver el instrumento de su martirio:
  
LATÍN
Salve Crux, quæ in córpore Christi dedicáta es, et ex membris ejus éamquam margarítis ornáta. Ántequam in te adscénderet Dóminus, timórem terrénum habuísti. Modo vero amórem cœléstem óbtinens pro voto suscíperis. Secúrus ígitur et gáudens vénio ad te, ut tu exsúltans suscípias me discípulum ejus, qui pepéndit in te: Quia amátor tuus semper fui et desiderávi ampléctite. O bona Crux, quæ decórem ex mémbris Dómini suscepísti, diu desideráta, sollícite amáta, sine intermissióne quæsíta, et aliquándo cupiénti ánimo præparáta: áccipe me ab homínibus, et redde me Magístro meo: ut per te me recípiat, qui per te me redémit. Amen.
  
TRADUCCIÓN
¡Salve, oh Cruz, inaugurada por medio del cuerpo de Cristo, y adornada de sus miembros cual perlas preciosas! Antes de que el Señor subiera a ti, provocabas un miedo terreno. Ahora, en cambio, dotada de un amor celestial, te has convertido en un don. Los creyentes saben cuánta alegría posees, cuántos regalos tienes preparados. Por tanto, seguro y lleno de alegría, vengo a ti para que también tú me recibas exultante como discípulo de quien fue colgado de ti. ¡Oh buena Cruz, que tanto honor recibiste por haber llevado los miembros del Señor, tanto tiempo deseada, con tanto esmero amada, sin descanso buscada y finalmente con tanto ánimo preparada! Recíbeme de entre los hombres y retórname a mi Maestro, para que por ti me reciba el que por ti me redimió. Amén.

miércoles, 2 de mayo de 2018

FRANCISCO, EL ABORTERO DE LA FE

Traducción del artículo publicado en portugés por RAINHA DOS MÁRTIRES.
  
    
Alguno puede preguntar: ¿pero quién determina si él es o no es el Papa?
   
La respuesta es muy simple: las mismas personas que “determinaron” que la Misa Nueva es mala y que las enseñanzas del Vaticano II son no católicas -o sea, tú y yo, mi querido tradicionalista-.
  
Así como no necesitamos de un Concilio General para percibir estas cosas, de la misma forma no precisamos de un Concilio General para determinar esa cuestión también.
   
¿Qué católico tradicional esperaría por un veredicto para determinar si un abortero es un asesino o no? Ninguno, porque es evidente para todos que el abortero viola abiertamente un mandamiento. Él comete el pecado de asesinato y nosotros no dudamos en decirlo, aunque ningún tribunal lo haya sentenciado. Así también acontece con el hereje público: él aborta un artículo del Credo. Él niega abiertamente la regla de la fe. Él comete el pecado de herejía.
  
Nosotros, tradicionalistas, no precisamos dudar en llamar a un hereje como tal -mucho antes de que un Concilio no lo tenga sentenciado-, de la misma forma que no dudamos en llamar asesino a un abortero. Ni debemos dudar en señalar las consecuencias: un hereje público no puede ser un verdadero papa. Él se depone a sí mismo.
  
Diogo Rafael Moreira

MARÍA SANTÍSIMA NO GUSTA DE LAS HEREJÍAS

«María nos conservará en la fe Católica. Ella no es liberal, ni modernista, ni ecumenista. Es alérgica a todos los errores, y con mayor razón, a las herejías y la apostasía». (Mons. Marcel Lefebvre, Itinerario Espiritual, cap. IX, in fine)

martes, 1 de mayo de 2018

ORACIÓN POR QUIENES TIENEN UNA ACTIVIDAD LABORIOSA

Oh San José bendito, que pasaste tu vida en las penosas labores de una profesión humilde, te tomamos como nuestro modelo y protector. Alcánzanos que podamos llevar pacientemente los dolores y fatigas de nuestro estado, para que santificando nuestras labores como tú lo hiciste, podamos también como tú merecer una corona en el Cielo. Amén.