sábado, 6 de octubre de 2018

SAN BRUNO DE COLONIA, FUNDADOR DE LOS CARTUJOS

«Estos hombres -de quienes el mundo no era digno- anduvieron errantes, extraviados por desiertos y montañas, en cuevas y cavernas de la tierra» (Hebreos 11, 37-38).
 
San Bruno
 
San Bruno, nacido en 1035 en Colonia, de padres nobles y virtuosos, llegó a ser rector de las escuelas de Reims, donde brilló como orador, poeta, filósofo y teólogo; se propuso después, con seis amigos suyos, ir a pedir un retiro a San Hugo de Grenoble, que les dio la Cartuja, donde puso los cimientos de la Orden fervorosa, austera y sabia de los Cartujos. Murió en un retiro de Calabria en 1101.
  
MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA DE SAN BRUNO
I. Resolvióse San Bruno a prepararse para la muerte mediante una vida santa, dejó el mundo y se retiró a la soledad, El mundo es uno de los más grandes enemigos de nuestra salvación, y la soledad nos proporciona el medio para triunfar de él, alejándonos de los objetos que nos incitan al pecado, ¡Oh amable soledad! Si los hombres conociesen la inefable alegría de que colmas a tus dichosos moradores, las ciudades se despoblarían y los hombres irían a buscar a Jesús en el seno de los desiertos más inhóspitos. «La soledad es la morada habitual del Salvador». (Tertuliano)
  
II. Después de haber vencido al mundo, hay que someter a la carne, este enemigo que nos sigue a todas partes y lleva contra nuestra virtud asaltos incesantes. Para hacerse señor de ella, San Bruno se sirvió del cilicio, del ayuno y otras austeridades. No creas que la penitencia conviene sólo a los religiosos: tú que estás en el mundo, la necesitas más que ellos, sea para expiar tus pecados, sea para resistir las tentaciones que continuamente te atacan.
  
III. Al demonio, que es el tercer enemigo que debemos vencer, este ilustre ermitaño opuso la oración. Gran parte del día y de la noche la pasaba en oración y contemplación; los consuelos que gustaba en estos piadosos ejercicios trocaban su soledad en un verdadero paraíso. Retírate, siguiendo su ejemplo, para escapar al peligro del mundo y gustar los encantos del amor de Dios. «Encontré la contradicción en la ciudad y me alejé de ella huyendo y habité en la Soledad». (El Salmista).
   
El amor a la soledad. Orad por la Orden de los Cartujos.
   
ORACIÓN
Haced, os lo suplicamos, Señor, que los méritos de San Bruno, Vuestro confesor, acudan en nuestra ayuda, y que su intercesión nos obtenga el perdón de las graves ofensas que hemos cometido contra vuestra Majestad. Por J. C. N. S. Amén.

viernes, 5 de octubre de 2018

SOBRE EL BÁCULO DE BERGOGLIO EL BRUJO

Reflexión de Elías Bautista sobre el “báculo” que le obsequiara un grupo de peregrinos italianos a Bergoglio el pasado 11 de Agosto de los corrientes en el Circo Máximo de Roma, y que este usó en el servicio novus ordo que dio apertura a la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos (el tantas veces mentado “Sínodo sobre los Jóvenes y la Vocación”) el día 3 de Octubre, con la presencia de dos de los nuevos obispos oficializados del Partido Comunista Chino: Joseph Guo Jincai (de la recién creada diócesis de Chengde) y John Baptist Yang Xiao-ting (de la diócesis de Yan’an). RECOMENDAMOS REZAR LA ORACIÓN A SAN MIGUEL ARCÁNGEL Y UN AVE MARÍA ANTES DE CONTINUAR.
  
 
«EL STANG, o conocido en español como “LA HORCA DE LAS BRUJAS” es una herramienta mágica propia de la brujería. Es un palo de más de 1.20 metros de altura con terminación bifurcada. Se puede ver en innumerables ilustraciones y pinturas a brujas volando sobre este artefacto.
  
Para la brujería tradicional el stang, en sí mismo, es un altar movible y discreto donde la bruja o el brujo pueden llevar su devoción, por lo que no es necesaria parafernalia wiccana para trabajar con él, ya que para su activación basta con abrir un compás y clavarlo en la tierra, al centro del mismo.
 
Para otros el Stang es un portal de comunicación directa con EL SEÑOR OSCURO. De igual forma representa el “Axis Mundi” el eje de la tierra, del universo, representa el árbol de la vida, la serpiente sabía que se eleva al cielo».
Esto lo encontré en un sitio sobre brujería. Las ilustraciones son similares TODAS COMO LA VARA del Che BerGo-Lío. Y como ven, pueden llevar sus devociones insertas en ella, plumas, piedras, o, en el caso DEL BRUJO Francisco, un clavo.
  
Sobre la relación entre el clavo y la vara o stang del brujo encuentro este texto:
No sabemos si EL BRUJO Francisco es consciente de esta brujería que le han metido, pero estamos ante un sacrilegio gravísimo que pretende presentar la apertura del Sínodo como LA OBRA DE UN GRAN BRUJO que domina la fe en contacto con “EL SEÑOR OSCURO”.
  
El que lo puso de moda fue un brujo de los años sesenta llamado Robert Cochrane (nacido Roy Leonard Bowers) que es el refundador del wiccanismo. Se suicidó en 1966 justo al terminar el concilio.
 
El “stang” debe ser consagrado con rituales. ¿Habrá sido así con el BRUJO de Francisco? Sea como sea, el AntiPapa jamás debería haber aceptado este objeto tan indigno para el culto y mucho menos ahora que se sospecha este signo oculto de brujería sobre el rito católico y el sínodo.
  
Dios nos ayude.

ANACLETO II, PRIMER ANTIPAPA JUDÍO

Tomado de LAS LENGUAS CATÓLICAS.
 
YA HABÍA SUCEDIDO ANTES: EL PRIMER ANTIPAPA JUDÍO
 
Antipapa Anacleto II, primer Antipapa judío
 
En la historia de la Iglesia ha habido hombres maliciosos que guiados por sus mundanos intereses o que por aversión a la Santa Fe Católica han pretendido ocupar el Sagrado Trono de Pedro con el fin de usar de tan magno y sagrado cargo para sacar provecho económico-político o para disolver los sagrados fundamentos en los que se asienta la Iglesia: la fe y la Doctrina. Así también sabemos que éstos hombres que han alcanzado sus viles objetivos de ocupar el trono pontificio con esas sacrílegas intenciones han sido declarados por verdaderos Pontífices como Antipapas, ya sea por la irregularidad o invalidez de sus procesos electores, sea ya por al pérdida de potestad a causa de la profesión de herejías. En toda la historia de la Iglesia ha habido en total un lista de 41 antipapas como tal declarados, más los 6 antipapas que desde 1958 han usurpado la Sede Romana desde 1958 comenzando con el “bonachón” comunista y masón de Angelo Roncalli (Juan XXIII) y terminando con este actual Bergoglio, el peor de todos, heresiarca por excelencia.
  
Entre los antipapas los ha habido de procedencia judía, destacándose el más reciente, Giovanni Battista Montini Alghisi (Pablo VI), pero se ignora el hecho de que un desgraciado hijo de la raza maldita haya usurpado ya mucho antes el Papado. “La meta suprema de la quinta columna judía introducida en el clero católico ha sido siempre adueñarse del papado, colocando en la silla de San Pedro a un judío secreto que les permita utilizar a la Iglesia en beneficio de los planes imperialistas revolucionarios de la sinagoga y causar a nuestra santa religión todos los daños que permitan facilitar su destrucción“La Croix” (Maurice Pinay, “Complot contra la Iglesia”, t. III, pág. 395). Para una mayor comprensión de la cuestión judía ver aquí, aquí y aquí.
  
Entre los antipapas que figuran en esta lista se halla Anacleto II, de nombre secular Pietro Pierleoni cuya imagen está al principio de nuestro post. La familia Pierleoni era una poderosa familia judía asentada en Roma que adquirió fama y prestigio gracias a la milenaria práctica judía: la usura. El bisabuelo de éste antipapa, judío de pura cepa de nombre Baruch, sacó a su familia de las estrecheces del Ghetto judío de Roma gracias a los préstamos a interés que realizaba con los más eminentes nobles, incluso clérigos, de la Ciudad Eterna, quienes en sus apuros económicos acudían a la casucha de este ávido judío para solventarlos, sin saber que éste viejo lobo de la usura se enriquecería a costa de esos préstamos. Para evitar la mira de las autoridades civiles y eclesiásticas se hace bautizar y adopta el nombre de Benedictus Cristianus, convirtiéndose falsamente al catolicismo para atraer mayores beneficios, más seguía bajo tela de juicio: porque si bien el judío “Cristianus” había logrado enriquecerse y salir del ghetto colocándose en un provechoso matrimonio con una noble romana los nobles lo aborrecían por el descarado robo que hizo de sus bienes y el pueblo desconfiaba de él, ya que muchos romanos comunes habían sufrido también las estafas de Cristianus.
  
El blanqueamiento de la familia Pierleoni vendría con el nieto de Cristianus: Pietro Leoni (quien fue el primero en llevar éste apellido), quien había heredado el oficio de comerciante y usurero y cuya exaltación vino por el problema de la Querella de las Investiduras eclesiásticas, problema que consistió en la disputa entre Emperadores del Sacro Imperio Germánico y los Sumos Pontífices por la potestad sobre las investiduras y cargos eclesiásticos, donde dos bandos se enfrentaron a favor de cada uno de los querellantes, por un lado los gibelinos, que apoyaban las pretensiones imperiales alemanas, y los güelfos, que apoyaban la causa papal. Pietro Leoni y su familia (aparentemente cristiana) vino a apoyar la causa güelfa y a subvencionar económicamente a los ajetreados movimientos del Papa Pascual II; éste Papa tan afanado por este grave problema no dudó en aceptar una ayuda más, y mucho menos si esta ayuda era también económica, de estos criptojudíos que aparentaron ser fervientes cristianos y defensores de la causa Pontificia; fue así que los Pierleoni obtuvieron gracia de la Corte Pontificia y respeto y afecto del pueblo romano, y desde aquí se viene a engrandecer de manera exorbitante la riqueza de esta familia judía y su posición en la Sociedad Romana.
  
Pietro Leoni “... dejó mucha descendencia y que tan maravillosa como una fábula fue la fortuna de estos vástagos del ghetto, que uno de sus hijos llegó a ser Papa, otro fue hecho patricio de Roma y una hija se casó con Rogerio de Sicilia” (Ferdinand Gregorovius, “Geschichte der Stadt Rom im Mittelalter”, vol. II, tomo II, cap. III, pág. 74). Fue tanta la influencia de los Pierleoni que uno de sus hijos, también llamado Pietro, fue a estudiar a la Universidad de París, ingresó en la Abadía de Cluny y allí vistió los hábitos eclesiásticos, mas por una condescendencia con su padre el Papa Pascual II lo llamó a Roma y le nombró Cardenal cura de San Cosme y San Damián, el Papa Gelasio II (1118-1119) le hizo Embajador Apostólico en Francia y el Papa Calixto II (1119-1124) lo elevaría a la dignidad de Cardenal de Santa María Maggiore. Como se puede observar, el Cardenal criptojudío Pierleoni hizo una espectacular carrera eclesiástica, asumiendo los mayores cargos y aumentando las riquezas de su familia a costa del Patrimonio de la Iglesia; sólo le faltaba la ocasión perfecta para el último golpe: la usurpación del Pontificado, situación que se presentó con la muerte del Papa Honorio II (1124-1130), pues de los 30 cardenales electores, Pierleoni tenía comprado, chantajeado y amenazado el voto de 23 cardenales; pero no contó con la apostólica prudencia de los 7 cardenales restantes que, en un movimiento audaz, aprovechando la ausencia de Pierleoni en Roma llevaron al enfermo Papa al Monasterio de San Gregorio, y una vez muerto procedieron a las exequias y al cónclave, en el que resultaría elegido el Cardenal Gregorio Papareshi (Cardenal de Sant’Angelo) siendo inmediatamente consagrado y eligiendo el nombre de Inocencio II.
  
Enterado Pierleoni de la situación: “asistido por sus hermanos León, Giordano, Rogerio, Uguccione y de numerosos clientes, marchó hacia San Pedro, abrió las puertas con violencia y se hizo consagrar Papa por Pietro di Porto, tomó por asalto el Laterano, y se sentó sobre los tronos papales que estaban en aquella Iglesia y fue a Santa María la Mayor y secuestró el tesoro de la Iglesia. Toda Roma resonó con el estruendo de la guerra civil, ahí mismo donde millares de manos se extendían ávidamente para recoger el oro que Anacleto derrochaba” (Ferdinand Gregorovius, “Geschichte der Stadt Rom in Mittelalter”. vol. II, tomo II, cap. III, pág. 76). El criptojudío Pierleoni se impuso el nombre de Anacleto II (en mofa del Papa Anacleto, tercer Papa de la Iglesia y discípulo directo de San Pedro) y se impuso sobre la ciudad de Roma y los Estados Pontificios gracias a la ayuda militar del Rey Rogerio de Sicilia (recordemos que una hermana suya estaba casada con él... Ésta es la más vieja estrategia de la Sinagoga: poner a mujeres judías en las camas de los poderosos gentiles para seducirlos y hacerlos propicios a sus inicuos planes) y desterró y “excomulgó” al verdadero Papa Inocencio II, quien al verse desprotegido y abandonado de la nobleza huyó al norte de Italia y parecía temporalmente que el Antipapa judío había prevalecido. Cabe destacar que durante el reinado de este Antipapa se fueron confabulando postulados heréticos que luego eran presentados como doctrina segura de la Iglesia, con el fin de extraviar a las almas: “El principal factor para la preparación del estallido de la herejía judaizante durante el siglo XII, fue la elección de Anacleto II, un miembro de la casa judía de los Pierleoni, a la silla pontifical en el año de 1130” (Louis Israel Newman, “Jewish Influence on Christian Reform Movements”, Libro II, cap. IV, pág. 248)
   
En esta deshonrosa situación para la Santa Iglesia Dios Nuestro Señor inspiró a dos hombres para devolverle la Paz y la Libertad: San Bernardo Abad de Clairvaux (Francia) y San Norberto, fundador de la Orden norbertina (Sacro Imperio Germánico), quienes desde el púlpito y desde la acción política predicaban la sujeción al Papa Inocencio y la obligación de la Cristiandad de restituirlo a la Sede Romana. San Bernardo acudió con esta petición al Rey Luis VI de Francia, quien para asegurarse reunió un Concilio en Étampes, en el que por supuesto predicó San Bernardo, decidiendo así al Episcopado Francés a apoyar al Papa Inocencio; otro tanto hacía San Noberto con el Emperador alemán Lotario quien convocó un Concilio en Wurzburgo, donde también se decidió el Episcopado alemán por el Papa Inocencio, y en el gravísimo Concilio de Reims los obispos de Inglaterra, Castilla y Aragón también se decidieron por el Papa Inocencio, quedando así sólo Rogerio de Sicilia del lado de su cuñado el Antipapa judío.
    
En 1131 las tropas imperiales alemanas ocupan Roma replegando a las tropas sicilianas hasta el sur e instalando en la Ciudad Eterna al verdadero Papa, más poco después de la retirada de Lotario las tropas sicilianas volvieron a reconquistarlo casi todo y el Papa Inocencio se vió en la obligación de huir de nuevo, uniéndose esta vez algunos rebeldes condes de los Estados Pontificios y de Lombardía, lo cual hizo posible un muro de defensa contra las tropas francesas y alemanas en la bota itálica. Anacleto II murió en Roma en 1138 sucediéndole inmediatamente el Antipapa Víctor IV, filojudío y cliente de la banca Pierleoni; más poco después el Papa Inocencio volvió al Trono Papal con ayuda militar franco-alemana restituyéndose de esta manera el Sumo Pontificado en Roma; los hermanos Pierleoni capitularon y fingieron arrepentimiento, por lo cual fueron perdonados en un acto de clemencia por el Papa Inocencio pero diezmados en sus riquezas, continuando con la subversión anticristiana desde el ghetto al que volvieron.
  
¿Acaso no se nos hace conocida esta historia? ¿No es pues idéntico el proceder en la usurpación del Papado en estos últimos tiempos? Si el judío tiene una virtud (o si por lo menos a eso podemos llamar virtud) es la perseverancia, una diabólica perseverancia para el mal, logrando conseguir poner a sus pies a gobiernos, países y hasta el mismo aparato externo de la Iglesia; contrastando con el cristiano que abandona la empresa al primer revés que encuentra. Sírvanos este ejemplo histórico de reflexión y de acción.
  
PAX VOBIS.

jueves, 4 de octubre de 2018

LETANÍA DE SAN FRANCISCO DE ASÍS


Tomada del libro Oráte, fratres: seu euchológium ad usum sacerdótum et clericórum, por fray Gaudencio Guggenbichler OFM, ed. Herder, Friburgo de Brisgovia 1901. Traducción nuestra.

LATÍN
Kýrie, eléison.
Christe, eléison.
Kýre, eléison.

Christe, áudi nos.
Christe, exáudi nos.
  
Pater de cœlis, Deus, miserére nobis.
Fili, Redémptor mundi, Deus, miserére nobis.
Spíritus Sancte, Deus, miserére nobis
Sancta Trínitas, unus Deus, miserére nobis.
 
Sancta María, immaculáte concépta, ora pro nobis.
Sancta María, Advocáta Seráphici Religiónis, ora pro nobis.
Sancte Francísce Seráphice, ora pro nobis.
Sancte Francísce, Pater prudentíssime, ora pro nobis.
Sancte Francísce, Patriárcha páuperum, ora pro nobis.
Sancte Francísce, despíciens mundum, ora pro nobis.
Sancte Francísce, exémplum pœniténtiæ, ora pro nobis.
Sancte Francísce, vincens mundi vítia, ora pro nobis.
Sancte Francísce, imitátor Salvatóris, ora pro nobis.
Sancte Francísce, ferens Christi stigmáta, ora pro nobis.
Sancte Francísce, Jesu charactéribus insígnite, ora pro nobis.
Sancte Francísce, norma castitátis, ora pro nobis.
Sancte Francísce, forma humilitátis, ora pro nobis.
Sancte Francísce, via errántium, ora pro nobis.
Sancte Francísce, médela infirmórum, ora pro nobis.
Sancte Francísce, colúmna Ecclésiæ, ora pro nobis.
Sancte Francísce, fídei defénsor, ora pro nobis.
Sancte Francísce, athléta Christi, ora pro nobis.
Sancte Francísce, propugnáculum militántium, ora pro nobis.
Sancte Francísce, scutum inexpugnábile, ora pro nobis.
Sancte Francísce, málleus hæreticórum, ora pro nobis.
Sancte Francísce, convérsio paganórum, ora pro nobis.
Sancte Francísce, erígens cláudos, ora pro nobis.
Sancte Francísce, suscítans mórtuos, ora pro nobis.
Sancte Francísce, mundans leprósos, ora pro nobis.
Sancte Francísce, exstírpator vitiórum, ora pro nobis.
Sancte Francísce, procurátor divínae grátiæ, ora pro nobis.

Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi. Parce nobis, Dómine.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi. Exáudi nos, Domine.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi. Miserére nobis.

Christe, áudi nos.
Christe, exáudi nos.

Kýrie, eléison.
Christe, eléison.
Kýre, eléison.
  
Pater noster, qui es in Cœlis, sanctificétur Nomen tuum. Advéniat Regnum tuum. Fiat Volúntas tua, sicut in Cœlo et in terra. Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie, et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris. Et ne nos indúcas in tentatiónem, sed líbera nos a malo. Amen.

℣. Ora pro nobis, Beáte Patris Nostri Francísce.
℟. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.

℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℟. Et clamor meus ad te véniat.

ORATIO
Extíngue in nobis desidérium mundanárum rerum, omnípotens Deus, et intercedénte beáto Francísco Patre páuperum concéde propítius, ut sorte nostra conténti in hoc sǽculo ætérna fórtius appetámus.

Omnípotens sempitérne Deus, infúnde córdibus nostris stúdium castæ humilitátis et húmilis castitátis, ut imitándo Beáto Patre Nostrum Francíscum tibi mundo corde et córpore serviámus.

Deus, cujus Ecclésia sánguine crevit fidélium, infúnde propítius sancti Patris Francísci spíritum supplícibus tuis: ut vel sánguinem pro tui Nóminis confessióne profúndere cupiámus, vel per obœdiéntiæ virtútem, gratam tibi de nobis víctimam offerámus.

Dómine Jesu Christe, qui frigescénte mundo ad inflammándum corda nostra tui amóris igne, in carne beatíssimi Patris nostri Francísci Passiónis tuæ sacra Stigmáta renovásti: concéde propítius, ut ejus méritis et précibus crucem júgiter ferámus, et dignos fructus pœniténtiæ faciámus. Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum. Amen.
  
TRADUCCIÓN
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
  
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Trinidad Santa, que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.
 
Santa María, concebida sin mancha original, ruega por nosotros.
Santa María, Abogada de la Religión seráfica, ruega por nosotros.
San Francisco seráfico, ruega por nosotros.
San Francisco, Padre prudentísimo, ruega por nosotros
San Francisco, Patriarca de los pobres, ruega por nosotros.
San Francisco, despreciador del mundo, ruega por nosotros.
San Francisco, ejemplar de penitencia, ruega por nosotros.
San Francisco, vencedor de los vicios del mundo, ruega por nosotros.
San Francisco, imitador del Salvador, ruega por nosotros.
San Francisco, portador de los estigmas de Cristo, ruega por nosotros.
San Francisco, marcado con los caracteres de Jesús, ruega por nosotros.
San Francisco, norma de castidad, ruega por nosotros.
San Francisco, modelo de humildad, ruega por nosotros.
San Francisco, camino de los errantes, ruega por nosotros.
San Francisco, remedio de los enfermos, ruega por nosotros.
San Francisco, defensor de la fe, ruega por nosotros.
San Francisco, atleta de Cristo, ruega por nosotros.
San Francisco, baluarte de los soldados, ruega por nosotros.
San Francisco, escudo inexpugnable, ruega por nosotros.
San Francisco, martillo de los herejes, ruega por nosotros.
San Francisco, convertidor de los paganos, ruega por nosotros.
San Francisco, que levantas a los paralíticos, ruega por nosotros.
San Francisco, que resucitas a los muertos, ruega por nosotros.
San Francisco, que limpias a los leprosos, ruega por nosotros.
San Francisco, extirpador de los vicios, ruega por nosotros.
San Francisco, procurador de la divina gracia, ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
  
Padre nuestro, que estás en los Cielos, santificado sea el tu Nombre. Venga a nos el tu Reino. Hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el Cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy, y perdónanos nuestras deudas, así como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal. Amén.

℣. Ruega por nosotros, bienaventurado Padre nuestro San Francisco.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue a Ti mi clamor.

ORACIÓN
Extingue en nosotros, ¡oh Dios omnipotente!, el deseo de las cosas mundanas, y concédenos propicio, por la intercesión del bienaventurado San Francisco, padre de los pobres, que estando contentos con nuestra suerte en este mundo, podamos desear más fuertemente las cosas eternas.

Omnipotente y sempiterno Dios, infunde en nuestros corazones el celo por una casta humildad y una hunilde castidad, para que imitando a nuestro bienaventurado padre San Francisco, te sirvamos con corazón y cuerpo puros.
 
Oh Dios, cuya Iglesia florece con la sangre de los fieles, infunde benigno en nosotros suplicantes el espíritu de padre San Francisco para que, o deseando derramar nuestra sangre por la confesión de tu Nombre, o por la virtud de la obediencia, podamos ofrecer de nosotros mismos una víctima grata para ti.

Señor Jesucristo, que, para sacar al mundo de la tibieza en que había caído e inflamar nuestros corazones con el fuego de vuestro amor, hais impreso en el cuerpo del bienaventurado padre San  Francisco las Sagradas llagas de tu Pasión, dígnate, en vista de sus méritos y de su intercesión, concedernos la gracia de llevar constantemente la cruz y hacer dignos frutos de penitencia. Tú que vives y reinas en los siglos de los siglos. Amén.

LA ORACIÓN QUE SAN FRANCISCO NUNCA ESCRIBIÓ

Tomado de RADIO CRISTIANDAD.
  
A San Francisco le han creado una imagen falsa, parcial y mítica, a pesar de los avances habidos hacia un mejor conocimiento del personaje y de su tiempo.

También le atribuyen al santo composiciones inexistentes. Un ejemplo de ello es la llamada “Oración Simple”, que todos le atribuyen a él (y que no se encuentra en ningún escrito suyo), pero que es de autor anónimo.

Investigaciones posteriores realizadas por el académico francés Christian Renoux permitieron entrever los verdaderos orígenes de la oración, cuya autoría continúa siendo incierta.

En la búsqueda del origen de la oración no se puede ir más allá de diciembre de 1912, cuando fue publicada en “La Clochette” (La campanilla), una “petite revue catholique pieuse”, fundada por el sacerdote y periodista normando Esther (o Esiher) Auguste Suquerel (+ 1923). Entre las hipótesis dadas, suponen que el autor fue el mismo Suquerel.
 
La siguiente es la primera versión que se ha encontrado (en la revista parisina La Clochette, Nº 12, diciembre de 1912, pág. 285, en idioma francés):
Seigneur, faites de moi un instrument de votre paix.
Là où il y a de la haine, que je mette l’amour.
Là où il y a l’offense, que je mette le pardon.
Là où il y a la discorde, que je mette l’union.
Là où il y a l’erreur, que je mette la vérité.
Là où il y a le doute, que je mette la foi.
Là où il y a le désespoir, que je mette l’espérance.
Là où il y a les ténèbres, que je mette votre lumière.
Là où il y a la tristesse, que je mette la joie.
Ô Maître, que je ne cherche pas tant à être consolé qu’à consoler,
à être compris qu’à comprendre,
à être aimé qu’à aimer,
car c’est en donnant qu’on reçoit,
c’est en s’oubliant qu’on trouve,
c’est en pardonnant qu’on est pardonné,
c’est en mourant qu’on ressuscite à l’éternelle vie.
Una traducción de la oración al idioma español es la siguiente:
Señor, haz de mí un instrumento de tu paz:
donde haya odio, ponga yo amor,
donde haya ofensa, ponga yo perdón,
donde haya discordia, ponga yo unión,
donde haya error, ponga yo verdad,
donde haya duda, ponga yo la fe,
donde haya desesperación, ponga yo esperanza,
donde haya tinieblas, ponga yo luz,
donde haya tristeza, ponga yo alegría.
Oh Maestro, que no busque yo tanto
ser consolado como consolar,
ser comprendido como comprender,
ser amado como amar.
Porque dando se recibe,
olvidando se encuentra,
perdonando se es perdonado,
y muriendo se resucita a la vida eterna.
[En algunas versiones se agrega un «amén» final, para darle más verosimilitud como oración cristiana].
    
En 1913 la descubre el padre Louis Boissey (+ 1932), apasionado por el problema de la paz, y la publica en los “Annales de Notre Dame de Paix” (Tinchebray, Francia), en enero de ese año, citando como origen “La Clochette”.

El mismo año, Estanislao de la Rochethoulon Grente (+ 1941), fundador de “Le Souvernir Normand”, la publica en su revista.

El 20 de enero de 1916 aparece en “L’Osservatore Romano”, donde se dice que “Le Souvenir Normand” había enviado al Santo Padre “el texto de algunas oraciones por la paz. Entre ellas nos complace reproducir una, dirigida especialmente al Sagrado Corazón. He aquí el texto, con su conmovedora sencillez”.

El 3 de febrero del mismo año, “La Croix” de París daba a conocer que el 25 de enero, el cardenal Gasparri había escrito al marqués de La Rochethoulon Grente, agradeciéndole el envío hecho a su Santidad. Tres días después, el mismo periódico reproducía el texto publicado por el Osservatore Romano.

Fue por aquel entonces cuando el Padre capuchino Étienne (Benoît) de París, director de la Orden Tercera, hizo imprimir en Reims una estampa de San Francisco, con la invocación al Sagrado Corazón en su reverso. Al pie de la página subrayaba que aquella oración, tomada de “Le Souvenir Normand”, era una síntesis perfecta del ideal franciscano que había que promover en el mundo de hoy.

Los primeros que relacionaron la oración con San Francisco fueron los “Chevaliers de la Paix” (caballeros de la paz), una organización protestante, en vísperas del VII centenario de la muerte del santo (1926).
  
A partir de 1925 empezó a difundirse en todo el mundo, en especial en Estados Unidos y Canadá y siguieron los países germánicos. En los medios católicos franceses no empezaron a atribuirla a S. Francisco hasta 1947.
 
En la segunda mitad del siglo XX la “Oración Simple”, como la llaman en Asís, empezó a hacerse popular, sobre todo, cuando los frailes del Sacro Convento la imprimieron en diversas lenguas, bajo su nombre, en las estampas de San Francisco.

El resto de la historia es conocido: difusión mundial, infinidad de versiones en cada lengua y muchos cantos inspirados en ella. Se ha convertido casi en la oración oficial de los scouts y de las familias franciscanas; los herejes anglicanos la consideran la oración ecuménica por excelencia; algunas sectas protestantes la han adoptado incluso como texto litúrgico; ha sido pronunciada en una sesión de las Naciones Unidas y, últimamente, está teniendo una gran acogida entre las religiones no cristianas, sobre todo desde que Asís se ha convertido en el centro mundial del falso ecumenismo y del diálogo interreligioso.

El éxito se debe a la manipulación del nombre y fama de San Francisco (y a esto hay que agregar la aparición de Bergoglio, el usurpador de turno del Trono de San Pedro y su falsa bondad y misericordia), pero también a la riqueza del contenido, junto con su sencillez; y es precisamente el contenido y el título original: Invocación al Sagrado Corazón, lo que permite atribuir su composición a un autor de principios del siglo XX.
 
Giuseppe Lanza del Vasto, filósofo, poeta, activista de la no violencia, fue uno de los difusores de la falsa «Oración de san Francisco».
 
Fuente de inspiración pudo haber sido la siguiente fórmula de consagración al Sagrado Corazón, promulgada por León XIII en 1899, y recomendada por San Pío X en 1905 para ser recitada cada año:
“Sé el rey de los que viven en el error o que la discordia ha separado de ti; llévalos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe, para que no haya más que un único pastor.
  
Sé el rey de todos los que viven en las viejas supersticiones populares, no te resistas a atraerlos de las tinieblas a la luz y al reino de Dios.
  
Concede, Señor, a tu Iglesia una libertad segura y sin obstáculos, concede a todos los pueblos el orden y la paz”.
En esta oración anónima hay cierta concordancia con el espíritu y el estilo franciscano. Para comprobarlo es suficiente leer, por ejemplo, la Admonición 27 de San Francisco, escrita a modo de estribillo:
Donde hay amor y sabiduría, allí no hay temor ni ignorancia.
Donde hay paciencia y humildad, allí no hay ira ni turbación.
Donde hay pobreza con alegría, allí no hay ambición ni avaricia.
Donde hay quietud y meditación, allí no hay preocupación ni disipación.
Donde está el temor de Dios guardando la casa, allí el enemigo no puede encontrar la puerta de entrada.
Donde hay misericordia y discreción, allí no hay soberbia ni dureza.
O, mejor aún, los siguientes “Dichos” del beato Gil de Asís, tercer compañero del santo:
Dichoso el que ama y no desea, en cambio, ser amado.
Dichoso el que teme y no desea, en cambio, ser temido.
Dichoso el que sirve, y no desea ser servido.
Dichoso el que se comporta bien con los demás, y no desea que los demás se comporten bien con él.
   
Un Ermitaño urbano, devoto de San Francisco

FUENTES
  • Díaz, Alejandro Francisco (1998). Instrumento de tu paz: comentario a la “Oración simple” de San Francisco de Asís.
  • Renoux, Christian (2001). La prière pour la paix attribuée à saint François, une énigme à résoudre (en francés) (1ª edición). París: Editions Franciscaines. págs. 92-95. La misma obra fue publicada en italiano: Renoux, Christian (2003). La preghiera per la pace attribuita a san Francesco, un enigma da risolvere. Padua: Messaggero. El título puede traducirse como: La oración por la paz atribuida a San Francisco, un enigma por resolver.
  • Renoux, Christian. «The Origin of the Peace Prayer of St. Francis». The Franciscan Archive (en inglés).
  • Van Dijk, Willibrord Christiann (1975). «Une prière en quête d’auteur» (Una oración en busca de un autor). Evangile Aujourd’hui (París: Les Editions Franciscaines).

martes, 2 de octubre de 2018

EL OPUS DEI, ¿UN FARISEÍSMO, UN SADUCEÍSMO, UN HERODIANISMO?

Tomado de CATÓLICOS ALERTA
  
EL OPUS DEI, ¿UN FARISEÍSMO, UN SADUCEÍSMO, UN HERODIANISMO?
Padre Raúl Sánchez Abelenda

Giovanni Battista Montini Alghisi (Antipapa Pablo VI) “bendiciendo” a Álvaro del Portillo Díez de Solano (sucesor de José María Escriba y Albás, y primer Prelado del Opus Dei).

PRIMERA PARTE: ORDEN GENERAL
La Iglesia católica hoy está sumergida en múltiples problemas. Lamentablemente estos problemas se han ido encarnando de quince años a esta parte y ya está institucionalizados, han tomado carta de ciudadanía y forman parte de la mentalidad de la gente. Ahora es muy difícil sacarla de allí. Cuando el último Cónclave, hablaba con amigos de Buenos Aires, y les decía que, si por un milagro Dios nos diera un Papa como San Pío X, que con mano enérgica y con celo quisiera arreglar las cosas, restituyendo, por ejemplo, el verdadero culto, que está en la Misa de siempre y cuya existencia tiene por lo menos, 1500 años (...) si quisiera arreglar eso, ese Sumo Pontífice se quedaría con diez personas, porque la misma gente que quiere que las cosas estén bien ya tiene la mentalidad cambiada. En la nueva misa, por ejemplo, lo único que no quieren es que haya guitarras, y el problema de la nueva misa nunca fue de guitarras. El problema es si se conserva o no se conserva el rito (...).
   
A raíz del Concilio Vaticano II, que fue la eclosión de algo muy sedimentado, la Iglesia se ha empapado de liberalismo, y no constituye una ofensa para nadie decirlo, porque en las mismas proclamas de las autoridades oficiales está el liberalismo. Incluso algunas emplean fórmulas que son marxistas, como la del “hombre nuevo” (también San Pablo habla del “hombre nuevo”), pero el “hombre nuevo” que ahora se menciona, nunca es colocado en una perspectiva sobrenatural, a ese “hombre nuevo” lo simplifican y ponen siempre en cosas temporales.
   
Dentro de ese liberalismo, decía, que tiene carta de ciudadanía en la Iglesia, está el llamado “liberalismo de tercer grado”.
   
El “liberalismo de primer grado” es el laicismo. El de “segundo grado”, que fue el que primó en los últimos ochenta años de nuestra cultura argentina, consistía en respetar un catolicismo de conciencia (que se enseñara el catolicismo en las parroquias, en las escuelas públicas después de las horas de clase, y también alguna provincia admitió la enseñanza religiosa, etc., etc.). De manera que se trata de un “liberalismo católico”.
   
Ahora bien, el “liberalismo de tercer grado” es el catolicismo liberal, y el catolicismo liberal ha sido condenado por la Doctrina de la Iglesia, y me remito a los Papas Gregorio XVI con la Mirári Vos, Pío IX con la Quánta Cura y con el Sýllabus (proposición 80).
   
Yo coloco al Opus Dei en el “liberalismo de tercer grado”: es un catolicismo liberal, y entre el liberalismo y el catolicismo no hay acuerdo posible. Me remito a la obra, que sigue vigente, “El liberalismo es pecado”, de Sardá y Salvany, y también a la formidable obrita del Cardenal Billot “El error del liberalismo”.
   
Y las tres tentaciones de nuestro Señor Jesucristo dan sentido a los múltiples problemas que vive la Iglesia. Fijémonos que el demonio no puede presentar la última tentación de golpe, tuvo, en cambio, que ir gradualmente (...) El demonio no pudo presentarle abiertamente la tercera tentación a Cristo; en cambio, es muy fácil que un católico con cierta espiritualidad, ejercitando vencer las pasiones, rehuya las tentaciones sensibles y no pueda resistirse a la invitación a “conquistar el mundo”. El diablo le dice entonces: «¡Conquista el mundo, porque tú, cuando conquistes el mundo, lo conquistarás para Cristo!».
   
Entonces yo pregunto: ¿con qué tipo de tentación está mechado el Opus Dei? Está mechado con la tercera tentación, que el diablo no puede presentar abiertamente ante nosotros. No se olviden de que eso de querer ganar al mundo para Cristo, aparece como muy apostólico...
   
Yo sostengo que el Opus Dei hace una síntesis de tres cosas que no son cristianas, y me remito en esto a la historia. ¿Cuáles fueron los enemigos clásicos de Jesucristo mientras vivió su vida pública? El fariseísmo, el saduceísmo y el herodianismo. Los herodianos aparecen menos, sin embargo dialectizan la obra de Jesucristo. «¿Hay que pagar el tributo al César?»... Se lo cuestionaron los herodianos, porque no querían la dominación romana, y entonces dialectizan a Nuestro Señor con los problemas de este mundo, y Nuestro Señor, la Sabiduría infinita, manda «dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». O sea, que esa dialéctica entre lo temporal y lo sobrenatural, es de cuño herodiano.
   
El Opus Dei, dice Monseñor Escrivá de Balaguer, tiene que volcarse al mundo y secularizarse, y agrega que no debe haber dialéctica entre progresismo e integrismo, entre mundo y espiritualidad (...)
   
¿Cuáles son las objeciones que los saduceos le ponen a Jesucristo? los saduceos no creen en la resurrección de la carne (...) El saduceísmo es algo puramente temporal, y el Opus Dei tiene un cuño saduceísta con esa apetencia de lo temporal, de los poderes de la política, de la economía, el poder que da el dinero, etc., etc.
   
Y el fariseísmo, como dice el Padre Castellani repitiendo a San Gregorio Papa, es la corrupción de lo religioso. Y creer que yo me salvo porque pertenezco al Opus Dei, acusa una religiosidad muy malsana.
   
Pero pienso que, entre este herodianismo, este saduceísmo y este fariseísmo, la clave la da (y esto se le puede escapar a la gente del Opus Dei y a los que simpatizan con él) el saduceísmo. El saduceísmo fue algo que ya en tiempos de Jesucristo se arrastraba del Antiguo Testamento; por eso, al decir que el Opus Dei propugna un neosaduceísmo en los católicos militantes o practicantes, decimos que el Opus Dei está resucitando algo del Antiguo Testamento.
   
Y el saduceismo, aunque existan matices, viene a ser un sinónimo del calvinismo. El calvinismo aparece en el siglo XVI, recoge la reforma luterana, con su cultura clásica se propone darle un sentido clásico a eso burdo y salvaje que fue la doctrina de Lutero, y fundamenta la salvación estableciendo la predestinación.
   
¿Cómo hace Calvino para fundamentar esa predestinación? De un modo gráfico, él se pregunta: «¿Cómo me consta a mí, o cómo les consta a los cristianos calvinistas, que estoy, o que están salvados?». Se vale de, y recoge un contexto del Antiguo Testamento. Ustedes saben que Nuestro Señor tuvo que aplicar con los judíos, que eran de dura cerviz, una pedagogía que iba de lo interno a lo externo, de lo sensible a lo espiritual (pedagogía que luego irá depurando). Así, hacía uso de bienes materiales: quien es fiel a Dios, tiene bienes materiales (que en esa época estaban representados por la prole, manadas de ovejas, campos, embarcaciones, etc.). La bendición de Dios, en ese contexto, se manifiesta con bienes materiales, otorga poder.
   
Y en el libro de Job, encontramos un ejemplo claro. El protagonista, que no es hebreo, puede ser semita, y los especialistas sostienen que pudo haber sido idumeo, es probado por Dios. Dios permite que se quemen sus campos, que se mueran sus animales y sus hijos, que hasta se vuelva leproso y termine rascándose las úlceras con una teja en un estercolero, mientras sus amigos le reprochan: «Tú que fuiste siempre tan bueno con Dios y tan fiel a la Ley, ¿cómo es que Dios te castiga?». Claro ante sus contemporáneos, Job aparecía como maldito, ya que la señal de estar bendecido por Dios era ser rico. Job reniega del día de su nacimiento, pero -como dicen las Sagradas Escrituras-nunca pecó. Pasada la prueba, Dios bendice a Job devolviéndole aquello de lo que lo había privado, pero multiplicado. De manera que, en el Antiguo Testamento, el bendecido por Dios, era el hombre favorecido temporalmente. Y esto nos lleva a Calvino.
   
Max Weber señala al protestantismo como promotor del capitalismo liberal. Pero, ¿qué protestantismo? El protestantismo calvinista: no en balde el calvinismo influyó mucho en Inglaterra -dueña de dos mares y de la Commonwealth-, y en los Estados Unidos, tanto en su constitución como en su sistema de gobierno, y luego en su espíritu imperialista, que los impulsó a buscar extenderse hacia el oeste y hacia dominios mejicanos, españoles, etc.
   
Así entonces, el calvinismo recoge la figura del Antiguo Testamento y sostiene que el cristianismo calvinista (el “cristianismo verdadero”) que cree en el poder temporal, podrá sentirse seguro de estar salvado. La señal, entonces, es tener poder de las finanzas, los controles de la cultura, integrar un gabinete, fundar universidades, integrar los directorios de bancos, etc., etc. El calvinismo es una expresión depurada, y un poquito refinada, de ese saduceísmo brutal que existía en tiempos de Nuestro Señor, y que forma parte de la mentalidad judía.
   
Es la característica del Opus Dei: esa apetencia de dominar lo temporal, para luego, mediante ese dominio de lo temporal, hacer apostolado. Obviamente ellos no lo van a decir claramente porque suena un poco fuerte, pero sí van a insistir en que su espiritualidad es laical, es secular, en que hay que lograr una armonía con el mundo.
   
Bien, si yo procuro una armonía con el mundo, tengo que servirme de todo lo que me da el mundo. Es cierto que “para santificarlo”, como dice el Opus Dei, pero no puedo dejar de valerme de aquello que no solamente me brinda, sino que constituye la estructura del mundo. ¿Y cual es esa estructura que constituye el mundo? El poder.
   
El poder del dinero, de la cultura, de las influencias. El mundo es poder. Porque el mundo sabe que, después de él, no hay nada más. Decía San Pablo que «si no resucitamos para nuestra fe, comamos y bebamos» o sea, vivamos el espíritu del mundo, vivamos el poder, el poder material... con mucho “equilibrio”, por cierto, con mucha eutrapelia (buen humor), pero son esas las cosas “del mundo”, y esa es la postura del Opus Dei, que insiste en una espiritualilidad laical y en un compromiso con el mundo.
   
Se puede hacer frente a esto con tres frases del Evangelio. En primer lugar, Jesucristo pone como norma de oro que rige nuestra conducta aquello de «buscar primero el Reino de Dios», su ordenamiento, su santidad, eso significa la justicia, que es el objetivo de todo cristiano, lo que me hace justo ante Dios, y me hace justo porque la Sabiduría de Dios (no la voluntad de Dios), lo ha establecido como justo (la Sabiduría de Dios lo establece y la Voluntad divina lo impera), y lo demás «se dará por añadidura». El espíritu secular, mundano, calvinista, insiste y pone el tono en la “añadidura”, más que en el “Reino de Dios”.
   
¿De manera que yo busco primero la añadidura, canonizo, santifico, primordializo la añadidura, para luego buscar el Reino de Dios y su justicia? ¡Jesucristo no nos ha enseñado eso!
   
Otra frase del Señor: «No ruego por el mundo, sino por estos que están en el mundo». Fueron las palabras testamentarias de Nuestro Señor, las que usó en su sermón de despedida con sus íntimos, cuando el Corazón del Salvador se abrió de par en par, antes de entregarse con plena libertad y por amor a su Padre y a nosotros, a su Pasión.
   
Y aquélla otra frase que pertenece a Nuestro Señor, aunque la dice San Pablo: «No queráis conformaros con este siglo». Esto lo dice la Palabra Revelada, y junto a ella, todas las éticas cristianas, tan múltiples, tan variadas, desde los Padres del desierto, pasando por todas las corrientes de espiritualidad legítimas, algunas muy fieles, otras quizás no tanto, han presentado esta separación del mundo.
   
Cuando la Iglesia orienta correctamente al individuo, evitando el clericalismo, siempre le dice que el cristiano, si bien tiene que cumplir sus tareas, sus deberes de estado en este mundo, no puede identificar su fin, su salvación eterna, su felicidad total, con el espíritu del mundo, O sea que el cristiano, aunque está en el mundo, no debe dejarse avasallar por el espíritu del mundo, porque el espíritu del mundo es contagioso y nos aparta del espíritu de Cristo.
   
Ahora bien, el calvinismo tiene otra inflexión, que resulta un poco más sutil.
   
El calvinismo se caracteriza por un voluntarismo. La teología y la filosofía cristianas, siempre han defendido la primacía de la inteligencia sobre la voluntad. No el primado racionalista cartesiano, que ya corresponde al mundo moderno (...). «Volúntas séquitur intelléctum», es decir, «La voluntad sigue al entendimiento», es un adagio, un apotegma de la filosofía y de la teología católica. El objeto de la voluntad es el bien, pero la voluntad no lo conoce, quien le presenta a la voluntad el bien para que lo desee, lo apetezca y lo alcance, es la inteligencia. La sana teología, y la espiritualidad se basa siempre en una sana teología, no es voluntarista, es intelectualista.
   
El calvinismo, por el contrario, se basa en un voluntarismo a ultranza. El voluntarismo ya empezó a manifestarse en la decadencia de la Edad Media, sobre todo el la obra de Guillermo de Ockam. Todo el pensamiento moderno no surge de pronto y por obra de René Descartes, sino que se arrastra de la misma corrupción de la escolástica medieval (en ella tuvo su causa y su proceso).
   
De tal voluntarismo se valdrá Calvino para fundamentar la teoría de la predestinación.
   
La teoría de la salvación calvinista es horrorosa, porque hace depender la salvación del antojo de Dios. Dios hace nacer a algunos hombres para que se condenen y a otros para que se salven. El que está destinado a salvarse, aunque sea un granuja, se salva; y el que está destinado al Infierno, aunque sea un santo varón, se condena.
   
La predestinación calvinista ha sido condenada por la Iglesia católica, felizmente y con términos claros, como debe proceder la autoridad cuando condena algo, y se debe proceder “dogmáticamente”, no “pastoralmente” (que es un término que han inventado ahora y que se presta a cualquier cosa). Cuando se defiende algo, se debe precisar la tesis y se debe obligar a los fieles, por lo menos intrínsecamente, a seguir esa definición si se quiere seguir siendo católico.
   
Pues bien, hay una predestinación católica, por supuesto que la hay, a ustedes les basta con ver el prólogo de esa bellísima carta de San Pablo a los Efesios. ¿Cómo Dios va a ignorar, en su acto simplísimo de saber, Dios que conoce la omnipotencia de su Sabiduría los futuros contingentes, si alguien está salvado o no? Y quienes se salvan, se salvan por los méritos de Jesucristo. ¿Qué diferencia la predestinación católica de la luterana? La predestinación católica salva la justicia divina: la Sabiduría divina rige a la voluntad divina, aunque todo se aúne en la simplicidad divina.
   
En cambio, para Calvino, la voluntad divina está sobre y se impone a la inteligencia divina. Y eso se manifiesta al comparar a Dios como legislador y como juez. Para nosotros, los católicos, y conforme a la doctrina de Santo Tomás de Aquino, Dios primero es Legislador, en el orden natural y en el orden sobrenatural. La inteligencia divina ha establecido un orden en el mundo. Creó al mundo y al hombre, rey de la creación, conforme a un orden. Un orden querido por Dios, pero no querido arbitrariamente. Cuando se dice orden, se está haciendo alusión directa a la inteligencia: es propio, y le corresponde al sabio, al que conoce, ordenar (...) De manera entonces que en la concepción católica permanece Dios como Legislador. Dios es nuestro juez, juzgará si nosotros, haciendo buen uso de la libertad en el tiempo, hemos o no hemos cumplido su ley. Dios nos juzgará en virtud de las leyes que nos hadado. No estamos obligados a obedecer ciegamente sus leyes: nos ha hecho libres de acatar o no sus órdenes. Si las hemos acatado, si hemos observado la ley divina, nos juzgará premiándonos. Si no la hemos observado (somos libres de no hacerlo), en ese caso, y no por un antojo, seremos condenados.
   
En Calvino las cosas se invierten: prevalece el “Dios-juez” sobre el “Dios-legislador”. Incluso extenderá esta idea a la concepción del Derecho, y llega a decir que al Derecho “lo hace la voluntad de los jueces”. No hay normas objetivas en el Derecho, aún en el Derecho humano, y con mayor razón no las habrá en el divino.
   
Este calvinismo voluntarista tiene que refugiarse en algo que implique y asegure el ejercicio del poder, del dominio, en una concepción prometeica y voluntarista del hombre, porque la base de esa horrible predestinación de Calvino es su concepción voluntarista de Dios y de la economía de la salvación. Entonces Dios condena porque prevalece en Él la voluntad y hace lo que se le antoja, y lo que Dios hace es santísimo e inapelable.
   
Ahora bien, ¿cómo se asegura a un cristiano que está salvado?, ¿cómo se refleja en lo temporal esa Voluntad eterna?, ¿cómo se manifiesta que Dios ha decretado desde su “santísimo antojo” salvarme y no condenarme aunque yo sea un granuja? Dios me beneficiará con bienes materiales, poder, influencias, etc. O sea, se resucita la vieja concepción judía (que antes de Cristo le valió a Dios como pedagogía) trasladada ahora a una visión cristiana.
   
Esta idea del paralelismo entre el calvinismo y el “opusdeísmo” no es mía. El profesor Elías de Tejada y Espínola la expuso claramente en una de sus glosas, la número 3 de la lección 4, página 149 del segundo tomo de su “Filosofía del Derecho”. En ella, y a propósito de la concepción jurídica de un prominente hombre del Opus Dei, Álvaro d’Ors, hace notar que tiene su antecedente en el calvinismo, en el voluntarismo y saduceismo calvinistas. Elías de Tejada no emplea exactamente la palabra “saduceísmo”, pero en cambio ésta sí aparece en el libro de Wast, en la página 78, a propósito del poder de las finanzas de que se vale el Opus Dei.

Hago un resumen antes de pasar a la parte instrumental:
  • Hay múltiples problemas institucionalizados en la Iglesia, que la Iglesia oficial hoy quiere galvanizar, canonizando todo lo que se ha hecho con y a partir del Concilio Vaticano II.
  • En este momento de pseudoequilibrio que puede imantar, hipnotizar, adormecer a tantos católicos que son justos, que viven de su fe, que quieren ser católicos desde las entrañas, se introduce con peligro el Opus Dei, que recoge siempre, en los países católicos, sus feligreses, sus socios, en la derecha (no me gusta hablar de “derecha” e “izquierda”, ni siquiera en política, porque es un modo liberal de expresarse, pero como estos términos se usan, los tomo a modo instrumental), en nuestro ambiente de derecha tradicional, los cautiva con ese orden de fomentar la propia espiritualidad, de prepararlos para conquistar el mundo, porque ese mundo se conquista para Dios, y hay que tener “influencias en el mundo”.
  • El Opus Dei no acepta hacer dialéctica entre tradición y esta nueva postura ante el mundo, esta “apertura apostólica” que nos ha legado el Concilio Vaticano II.
  • Hay también un marcado herodianismo en ese compromiso con el mundo, que es el olvido de las palabras divinas: «buscad primero el Reino de Dios...»; y un fariseísmo con ese espíritu de ghetto que los caracteriza y que hace que les importe salvarse ellos y no a los demás, cuando el genuino espíritu católico es tener afán apostólico de salvar a todos, porque aún el monje, el anacoreta en el desierto, buscan la salvación de las otras almas. No en balde Pío XI declaró “Patrona de las Misiones Católicas” a Santa Teresita, una monjita recluida en un Carmelo, que, sin embargo, hizo tanto por las misiones como el incansable San Francisco Javier, que sí se esforzó materialmente. Todo espíritu de oración y de sacrificio no es de ghetto, sino que es para todos.
  • Y en esa perspectiva se inscribe el Opus Dei especialmente con su característica de “saduceísmo calvinista”, o de “neocalvinismo” que resucita al saduceísmo. con esa impronta, con esa tónica, con esa dominante, especialmente en el afán de lo temporal, por más que la gente del Opus Dei diga que se trata de conquistar el mundo para Cristo.
  • Es un calvinismo voluntarista, de ahí la convicción de estar salvado por la pertenencia al grupo, y que los demás revienten (disculpen la expresión un poco brusca), y que responde a esa concepción calvinista de la predestinación por la que Dios salva a quien quiere, y a quien quiere condena.
  
SEGUNDA PARTE: PARTE INSTRUMENTAL
Entre las cosas que el Opus Dei defiende, está el pluralismo.
    
Una santa doctrina católica no puede defender el pluralismo. Y en eso me acoto a lo que dice San Agustín: «Sólo la verdad tiene derecho, el error no tiene derechos». Me dirán: «Padre, el Concilio Vaticano II sacó un documento sobre la libertad religiosa, que canoniza en la letra, y no sólo en el espíritu, el pluralismo y la libertad religiosa».
   
Según esto, parece que el error tiene tanto derecho como la verdad... Y bien, ante este decreto del Concilio Vaticano II yo levanto la Quánta cura, en la que Pío IX comprometió su infalibilidad.
   
Como se ha dicho desde la suprema cátedra romana, lo ha dicho el Sumo Pontífice, este Concilio no fue dogmático, fue pastoral, y lo dogmático prevalece sobre lo pastoral. Cuando veo que lo pastoral va en contra de lo dogmático y lo oscurece, yo me atengo a lo dogmático, y Pío IX, como ya dije, en la Quánta cura compromete su infalibilidad.
   
De manera entonces, que el pluralismo no se puede defender (...).
   
El pluralismo está rechazado por la doctrina católica, mientras que el Opus Dei en el libro “Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer”, defiende el pluralismo.
   
Jesucristo nos manda que confesemos públicamente nuestro catolicismo. Es evidente que un católico no tiene necesidad de andar con un altavoz diciendo en todas las esquinas del pueblo: «¡Soy católico!». Pero Santo Tomás de Aquino en la “Suma Teológica”, cuando habla de la confesión de la fe (que es un acto de fe externo), sostiene que, cuando se pone en duda, cuando se tergiversa, cuando se enturbia la fe, hay obligación de confesar la fe. Y Jesucristo dice en San Lucas (hay lugares paralelos también en San Mateo y San Marcos): «A aquel que me confesare delante de los hombres, Yo lo confesaré delante de mi Padre».
   
Así que Nuestro Señor nos pide la confesión pública de nuestra fe católica: cuando esta fe católica se ve atacada o enturbiada, yo no me puedo cruzar de brazos. Y aquí Monseñor Escrivá de Balaguer dice que no hay que confesar públicamente el catolicismo. Está en la página 72 y siguientes de la obra citada.
   
Con respecto a la libertad personal, encontramos una libertad personal hipertrofiada, que no está comprometida con nuestra fe católica.
   
En buena hora que usemos de nuestra libertad personal; hay que usarla, que para eso Dios nos hizo hombres. No habría historia humana si no existiera el agente de la historia que es el hombre, agente racional y libre (...). Pero nuestra libertad no es absoluta. Lo único absoluto es la verdad, y Jesucristo ha dicho “la verdad os hará libres”.
   
Yo no le voy a discutir a quien me hable de “dignidad humana”, pero según nuestro catecismo de la infancia, según Santo Tomás de Aquino, lo correcto es hablar de “dignidad de la naturaleza humana”. Sin duda, la naturaleza hunama se manifiesta en nosotros desde que somos personas, pero la oración que bendice el agua, la segunda oración hermosísima del Ofertorio de la Misa tradicional dice: «Oh Dios, que maravillosamente creaste la naturaleza humana y más maravillosamente la restituiste, bendice...», etc., vemos que habla de la “naturaleza humana”, y exalta la obra de restitución por encima de la de creación.   Pero aún en esa naturaleza humana primero está la verdad, primero está nuestra inteligencia, que está hecha para la verdad. Y si al hombre se le concedió libertad, será para que libremente busque y alcance el bien. Porque el hombre no puede buscar y abrazar la verdad si no es libremente. El modo de ser humano ante las grandes cosas es libre (a diferencia de las funciones vegetativas, que prescinden de la libertad).
   
Promover como un ideal, como un desideratus, como la esfera suprema del hombre, la libertad personal, al margen de la verdad católica, promover ese “liberalismo de tercer grado”, está patente en la obra que cité (“Conversaciones con...”) del fundador del Opus Dei, páginas 55 y 59 como así también en otra obra: “El Opus Dei y la libertad religiosa y de conciencia”, página 70.
   
A nosotros nos toca defender la escuela católica (...) no podemos a que nuestra universidad, nuestra escuela pública (primaria y secundaria) sea católica, porque el catolicismo debe primar en la enseñanza, como debe primar en toda la estructura cultural y política del país. Pues bien, el Opus Dei rechaza o hace caso omiso de la escuela católica. Llama la atención que ninguno de los colegios o universidades que han abierto en nuestro país lleven nombre religioso, y que no haya restos externos de pertenecer a un grupo que se dice católico.
   
Habla de la “autonomía universitaria”. Yo soy el primero en defender la autonomía de cátedra, siempre que se conforme a la verdad (una autonomía de cátedra para la subversión es inadmisible). Sin embargo el Opus Dei defiende una autonomía universitaria no comprometida con la verdad católica (página 117 y siguientes de la citada obra). Es la dialéctica que apunté al principio, a propósito, a propósito del herodianismo, dialéctica entre integrismo y progresismo. Dice Escrivá de Balaguer: «No tenemos que dejarnos llevar de la falsa dialéctica entre integrismo y progresismo, nosotros estamos por encima de esa dialéctica». Está en la página 43.
   
En cuanto al ecumenismo, hace gala del mismo.
   
Acabo de leer, en “Itineraires” nº 220, página 159, de febrero de 1978, que Louis Salleron habla del ecumenismo y dice: «el ecumenismo es la parte más importante y misteriosa del pontificado de Pablo VI» (que es cita de las mismas palabras de Pablo VI, quien dijera: «El ecumenismo es la parte más importante y misteriosa de mi pontificado»).
   
Entonces se pregunta el mencionado autor: «¿Por qué ese misterio? ¡Si lo más importante para un Pontífice, aquello que marca su pontificado, no puede tener un sentido misterioso, tiene que ser clarísimo!».
   
Ya sabemos para qué ha servido ese ecumenismo posconciliar. Y ese ecumenismo se conforma a la dinámica y realiza el espíritu del Opus Dei.
   
En la definición del Opus Dei está latente ese espíritu secularizante, universalizante (los protestantes y los no cristianos pueden integrar la filas del Opus Dei). “Amar apasionadamente”, son palabras de una homilía de Monseñor Escrivá de Balaguer, pronunciada el 8 de octubre del año 1967, en el campus de la Universidad de Navarra (...).
   
Siguiendo con la obra que venimos analizando (“Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer”), el periodista que entrevista a Monseñor hace la siguiente pregunta: «¿Cómo se inserta el Opus en el ecumenismo?
   
Responde Monseñor Escrivá de Balaguer: «Ya le conté el año pasado a un periodista francés, y sé que la anécdota ha encontrado eco incluso en publicaciones de hermanos nuestros separados, lo que una vez le comenté al Santo Padre Juan XIII, movido por el encanto afable y paterno de su trato: “Padre Santo, en nuestra Obra siempre encontramos todos los hombres, católicos o no, un lugar amable, y no he aprendido el ecumenismo de Vuestra Santidad”. Él se rió emocionado porque sabía que ya desde 1950 la Santa Sede había autorizado al Opus Dei a recibir como asociados cooperadores a los no católicos y aún a los no cristianos. Son muchos, efectivamente, y no faltan entre ellos pastores y obispos de sus respectivas confesiones, los hermanos separados que se sienten atraídos por el espíritu del Opus Dei y colaboran en nuestro apostolado. Y son cada vez más frecuentes, las manifestaciones de simpatía y de cordial entendimiento a que da lugar el hecho de que los socios del Opus Dei centren su espiritualidad en el sencillo propósito de vivir responsablemente los compromisos y exigencias bautismales del cristiano».
   
Dice Monseñor Escrivá de Balaguer que el “Camino”, que es el libro de espiritualidad del Opus, es como el Libro de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Así, “Camino” sería un libro “de los Ejercicios del siglo XX”.
   
Tuve la dicha de hacer los Ejercicios Espirituales de San Ignacio en un retiro de treinta días y, a pesar de admirarlos, no afirmo que sea la única forma de espiritualidad. Si "Camino" se asemeja al Libro de los Ejercicios ignacianos, no lo sé, lo que sí puedo afirmar es que no tiene nada de la “Imitación de Cristo” atribuida a Kempis.
   
Comprendo que la “Imitación...” pueda chocarle a algunas personas, ya que su visión antropológica, su concepción del hombre y su contorno, es un poco pesimista. Después de todo, es una obra escrita a fines del siglo XV, cuando ya la decadencia de la filosofía escolástica se manifestaba en el voluntarismo y se presagiaba la tormenta de la Edad Moderna. Admito todo eso. Pero no se puede negar que la “Imitación de Cristo” separa el espíritu del mundo del espíritu de Cristo. El Libro II de la “Imitación...”, tiene una bomba H de la vida espiritual, que si cumplimos, nos hacemos santos. Allí nos dice que «en aquello que vales y no te aprecien, si lo haces por amor a Cristo, poco te importará, y te quedarás en paz, y con la paz que te da Dios».
   
Bien, esta idea de la “Imitación...”, este “ama ser ignorado”, no se compagina con esas pequeñas pinchaduras de vanidad que nos da el “Camino”, cuando dice: «¡sé águila!»... Seremos águilas o seremos lo que Dios quiera cuando nos ubique en su gloria, si por su misericordia nos salvamos.
   
Respecto al pluralismo, en la página 101 del libro que venimos estudiando (de Editoral Rialp, que dicho sea de paso, es del Opus Dei) del año 1968, dice el entrevistador: «Aclarado este punto, quisiera preguntarle, Monseñor, cuáles son las características de la formación espiritual de los socios que hacen que quede excluido cualquier tipo de interés contemporal en el hecho de pertenecer al Opus Dei». Entre otras cosas, responde Escrivá de Balaguer: «Como consecuencia del fin exclusivamente divino de la Obra, su espíritu es un espíritu de libertad, de amor a la libertad personal de todos los hombres. Y como ese amor a la libertad es sincero y no un mero enunciado teórico, nosotros amamos la necesaria consecuencia de la libertad, es decir, el pluralismo». En el Opus Dei, como vemos, el pluralismo es querido y amado, no solamente tolerado, y en modo alguno, dificultado. Así que aquí Monseñor Escrivá de Balaguer habla expresamente de pluralismo.
   
Respecto a la confesión pública de la fe, una cita de la página 72: «Tuve ocasión, Monseñor, de escuchar sus respuestas a las preguntas que le hacía un público de más de dos mil personas reunidas hace año y medio en Pamplona. Insistió usted entonces en la necesidad de que los católicos vivan como ciudadanos libres y responsables y que no vivan de ser católicos. ¿Qué importancia y qué proyección le da usted a esa idea?».
   
Y contesta Monseñor: «Nunca ha dejado de molestarme la actitud del que hace profesión de llamarse católico, como la de quienes niegan el principio de la responsabilidad personal, sobre la que se basa toda la moral cristiana. El espíritu de la Obra y de sus socios es servir a la Iglesia y a todas las criaturas sin servirse de la Iglesia. Me gusta que el católico lleve a Cristo, no en el nombre, sino en la conducta, dando testimonio de vida cristiana. Me repugna el clericalismo” (¡Bueno!, hay muchas clases de clericalismo, a mí también me repugna “cierto” clericalismo). Y comprendo que, frente a un anticlericalismo malo, hay también un anticlericalismo bueno que procede del amor al sacerdocio, que se opone a que el simple fiel o el sacerdote use de una misión sagrada para fines terrenos. Pero no piense que con esto me declaro contra nadie, No existe en nuestra Obra ningún afán exclusivista, sino el deseo de colaborar con todos los que trabajan para Cristo y con todos los que, cristianos o no, hacen de su vida una espléndida realidad de servicio.
   
Por lo demás, lo importante no es sólo la proyección que le he dado a estas idas especialmente en 1928 (fecha de fundación de la Obra) sino la que le da el Magisterio de la Iglesia. Y no hace mucho, con una emoción para este pobre sacerdote que es difícil de explicar El Concilio ha recordado a todos los cristianos en la Constitución dogmática “Gáudium et Spes”, que deben sentirse plenamente ciudadanos de la ciudad terrena, trabajando en todas las actividades humanas con competencia profesional y con amor a todos los hombres, buscando la profesión humana a la que son llamados por el sencillos hecho de haber recibido el bautismo».
   
Evidentemente que aquí no nos conmina el ilustre Monseñor a que hagamos una confesión pública de nuestra Fe. Más bien dice que “no conviene”, porque cristianos o no, basta con que se trabaje con responsabilidad personal. Hay otros textos concordantes, pero los dejo para no extenderme.
  
Sobre la escuela católica
En la página 119 del libro le preguntan: «¿No opina usted que después del Vaticano II han quedado anticuados los conceptos de “colegios de la Iglesia”, “colegios católicos”, “universidades de la Iglesia”, etc.? ¿No le parece que tales conceptos comprometen indebidamente a la Iglesia o suenan a Privilegio?».
   
A esto Escrivá de Balaguer contesta, entre otras cosas: «He de confesar por otra parte, que no simpatizo con expresiones tales como “escuela católica”, “colegio de la Iglesia”, etc., aunque respeto a quienes piensan lo contrario. Prefiero que las realidades se distingan por sus frutos, no por sus nombres. Un colegio será efectivamente cristiano cuando, siendo como los demás, tratando de superarse, realice una labor de formación completa, también cristiana con el respeto de la libertad personal y con la promoción de la urgente justicia social».
   
Dice claramente entonces: «Yo no me comprometo con la expresión “escuela católica”», cuando nuestra obligación, máxime de un país liberal, es promover la escuela católica.
   
Sobre la dialéctica entre integrismo y progresismo
La posición del Opus Dei está en la página 43, y dice: «Cambiando de tema, nos importaría saber su opinión respecto del actual momento de la Iglesia, concretamente, ¿cómo lo calificaría usted? ¿Qué papel cree que pueden tener en esta hora las tendencias que, de modo general, han sido llamadas progresista e integrista?».
   
Y la respuesta que da Monseñor Escrivá de Balaguer: «En cuanto a las tendencias que usted llama progresista e integrista, me resulta difícil opinar sobre el papel que pueden desempeñar en este momento porque siempre he rechazado la conveniencia e incluso la posibilidad de que puedan hacerse catalogaciones de este tipo. Esa división que a veces se lleva hasta extremos de verdadero paroxismo o se intenta perpetuar como si los teólogos o los feligreses en general estuvieran destinados a una continua orientación bipolar, me parece que se debe en el fondo al convencimiento de que el progreso doctrinal y vital del pueblo de Dios sea resultado de una perpetua tensión dialéctica. Yo, en cambio, prefiero creer con toda mi alma en la acción del Espíritu Santo, que sopla donde quiere y sobre quien quiere».
   
En otras palabras, Monseñor rechaza esa oposición porque es bipolar, dialéctica. No quiere dialécticas porque el Espíritu de Dios está por sobre la dialéctica. O sea que él asume toda la virulencia de la dialéctica y le da un aspergeo de agua bendita.
   
Otro tema interesante: “amar al mundo apasionadamente”. La encontramos en toda la homilía pronunciada en el campus de la Universidad de Navarra, es más, así se llama el texto en cuestión: “Amar al mundo apasionadamente”.

Sobre el fariseísmo de los socios 
Nos remitimos otra vez a la obra “Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer”. Pregunta el entrevistador: «¿De qué manera estima usted que la realidad eclesial del Opus Dei se inserte en la acción pastoral de toda la Iglesia y en el ecumenismo?».
   
Responde Escrivá de Balaguer: «Más que considerar, porque una completa exposición doctrinal sería larga, que al Opus Dei no le interesen ni votos, ni promesas, ni forma alguna de consagración para sus socios, diversa de la consagración que ya todos recibieron con el santo Bautismo. Nuestra asociación no pretende de ninguna manera que sus socios cambien de estado, que dejen de ser simples fieles iguales a otros para adquirir el peculiar status perfectiónis”. Al contrario, lo que sí procura es que cada uno haga su apostolado, y se santifique dentro de su propio estado en el mismo lugar y condición que tiene en la Iglesia y en la sociedad civil. No sacamos a nadie de u sitio, ni alejamos a nadie de su trabajo o de sus empeños y nobles compromisos de orden temporal».
   
Ustedes saben que a Monseñor Escrivá de Balaguer le costó mucho inscribir su instituto en la Próvida Mater Ecclésia de febrero del año 1947. Cundo Pío XII da carta de ciudadanía a los institutos seculares, porque no quería el Obispo que fuera una “Pía Unión”, ni que fuera un instituto secular. Le había dado una expresión sui generis, él lo llamaba “asociación de fieles”, o sea que, de jure el Opus Dei es un instituto secular, aunque de facto (que es donde ellos ponen la tónica) lo niegan.
   
Y agrega Monseñor: «No es quizás éste el momento histórico para hacer una valoración global de este tipo. A pesar de que se trata de problemas sobre los que se ha ocupado mucho, ¡con cuánto gozo de mi alma! el Concilio Vaticano II, a pesar de que no pocos conceptos y situaciones referentes a la vida y misión del laicado, han recibido ya del Magisterio suficiente confirmación y luz, hay todavía sin embargo un núcleo considerable de cuestiones que constituyen, aún para la generalidad de la doctrina, verdaderos problemas límites de la teología. A nosotros, dentro del espíritu que Dios le ha dado al Opus Dei, y que procuramos vivir con fidelidad, a pesar de nuestras intervenciones personales, nos parecen ya dignamente resueltos la mayor parte de los problemas discutidos, pero no pretendemos presentar esas soluciones como las únicas posibles».
   
O sea que, en buen romance, el Opus Dei nos dice: nuestros miembros son iguales que los otros, pero por otra parte sabemos que los caracteriza una obediencia total, un secreto total, un espíritu de ghetto, de grupo “ya salvado de antemano”. O sea, aparecen como los mejores cumplidores del Evangelio, pero con un espíritu de elite (y no estoy en contra de las élites, siempre en el mundo tiene que haber elites para todo) de muy extraño sabor evangélico. Y esto se inscribe en la actitud que observaban los fariseos en la época de Jesucristo. Jesucristo nunca dijo que los fariseos no cumplieran la ley, lo que les reprochó fue la motivación, el espíritu que los movía a hacer sus ayunos. Cuando Cristo señala en su parábola que el publicano salió justificado y el fariseo no, no dijo que el fariseo mentía, sin embargo no salió justificado (...).
   
Lo mismo podemos decir de las riquezas, las riquezas deberán honrar a Dios (lo ponen de manifiesto las palabras que Nuestro Señor pronuncia en el pasaje evangélico en el que la pecadora derrama óleo en sus pies). Ese espíritu de jerarquización, aún en las cosas materiales, tendrá que poner a Dios por encima de todo y esto no está claro en el Opus Dei, que incita a procurar los primeros puestos en todos los órdenes para luego (y si queda memoria) buscar la gloria de Dios. Existe entonces ese segmento de fariseísmo den esta actitud del Opus Dei.
  
Quiero terminar mi exposición con una frase del Reverendo Padre Meinvielle.
  
En el año 1974, la Editorial Dictio publicó en un solo tomo tres obras del Padre Meinvielle. Estas son: “La concepción católica de la política”, “Los tres pueblos bíblicos en su lucha por la dominación del mundo” y “El comunismo en la Argentina” (que es una compilación de conferencias pronunciadas entre los años 1958 y 1962). Bien, en la página 292 de esta edición encontramos esta frase:
«…el pueblo judío aprendió tan sólo una lección: la raza hispánica es imbatible de frente, pero sólo de frente. Puede ser traicionada si se acierta en proporcionarle un tratamiento debidamente dosificado de “cristianismo y mundo moderno”, con el que, bajo la apariencia de apostolado, se le inoculen los virus de la antirreligión y de la antipatria. Tal iba a ser la misión en la España franquista del Opus Dei. La heroica España del ’36 ha sido totalmente emputecida y envilecida, y hoy, en la década del 70, ha quedado totalmente ganada para el mundo judío».
  
El Padre Raúl Sánchez Abelenda nació en 1929 en Nogoyá, provincia de Entre Ríos, Argentina. Fue ordenado Sacerdote en 1953. Obtuvo el Doctorado en Filosofía en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, y a partir del año 1968 pasó a depender de la Arquidiócesis de Buenos Aires. Durante el Concilio Vaticano II, donde participó como perito, defendió las tesis tradicionales frente al avance modernista. Defensa que se plasmó no sólo en las letras sino en su indeclinable defensa y permanencia en la Misa Romana Tradicional. Activo en la docencia y en la vida pública nacional, ocupó el cargo de decano de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires, durante el gobierno justicialista derrocado en marzo de 1976. Apasionado defensor de la Fe de Siempre, falleció el 25 de Febrero de 1996. Sus restos descansan en el Seminario Nuestra Señora Corredentora de La Reja.

ORACIÓN AL ÁNGEL DE GETSEMANÍ

Santo Ángel de Getsemaní, que consolaste a Jesús cuando agonizante oraba y sudaba sangre en el Huerto, consuélame hoy en mi angustia. Alcánzame del Señor la fortaleza para resistir en este trance, y aleja todo espíritu de desesperación. Socorre especialmente a cuantos se ven tentados a acabar con su vida y cuantos se encuentran atrapados por los vicios. Consérvanos de pie para abrazar y llevar valerosamente la cruz que Dios nos envíe. Amén

lunes, 1 de octubre de 2018

ORACIÓN DE LEÓN XIII A SAN JOSÉ

San José Patrono de la Iglesia (Giuseppe Rollini)
 
LATÍN
Ad te beáte Joseph, in tribulatióne nostra confúgimus, atque, imploráto Sponsæ tuæ sanctíssimæ auxílio, patrocínium quoque tuum fidénter expóscimus. Per eam, quǽsumus, quæ te cum immaculáta Vírgine Dei Genitríce conjúnxit, caritátem, perque patérnum, quo Púerum Jesum ampléxus es, amórem, súpplices deprecámur, ut ad hereditátem, quam Jesus Christus acquisívit Sánguine suo, benígnus respícias, ac necessitátibus nostris tua virtúte et ope succúrras.
   
Tuére, o Custos providentíssime divínæ Famíliæ, Jesu Christi sóbolem eléctam; próhibe a nobis, amantíssime Pater, omnem errórum ac corruptelárum luem; propítius nobis, sospítator noster fortíssime, in hoc cum potestáte tenebrárum certámine e cœlo adésto; et sicut olim Púerum Jesum e summo eripuísti vitre discrímine, ita nunc Ecclésiam sanctam Dei ab hostílibus insídiis atque ab omni adversitáte défende: nosque síngulos perpétuo tege patrocínio, ut ad tui exémplar et ope tua suffúlti, sancte vívere, pie émori, sempiternámque in cœlis beatitúdinem ássequi possímus. Amen.
  
TRADUCCIÓN
A Vos recurrimos en nuestra tribulación, bienaventurado San José, y después de implorar el auxilio de vuestra Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente vuestro Patrocinio. Por el afecto que os unió la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, por el amor paternal que profesasteis al Niño Jesús, humildemente os suplicamos que volváis benigno los ojos a la herencia que con su que Jesucristo conquistó con su Sangre y que nos socorráis con vuestro poder en nuestras necesidades.
  
Proteged, oh prudentísimo Custodio de la Sagrada Familia, el linaje escogido de Jesucristo; preservadnos, Padre amantísimo, de todo contagio de error y corrupción, sednos propicio y asistidnos desde el Cielo, poderosísimo Protector nuestro, en el combate que al presente libramos contra el poder de las tinieblas. Y del mismo modo que, en otra ocasión, librasteis del peligro de la muerte al Niño Jesús, defended ahora a la Iglesia Santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y contra toda adversidad. Amparad a cada uno de nosotros con vuestro perpetuo patrocinio; a fin de que, siguiendo vuestros ejemplos y sostenidos por vuestro auxilio, podamos vivir santamente, morir piadosamente y obtener la felicidad eterna del Cielo. Amén.
  
El Papa León XIII, mediante rescripto del 20 de Octubre de 1885, concedió Indulgencia de siete años y siete cuarentenas por cada vez que se rece devotamente después del rezo público del Rosario durante el mes de octubre; y 300 días de indulgencia una vez al día, en cualquier otro tiempo del año.