miércoles, 3 de julio de 2019

BUGNINI ERA MASÓN, Y EL VATICANO LO ENCUBRIÓ: DOCUMENTOS VARIOS

Elementos tomados de VEJA y de RADIO CRISTIANDAD.
  
En la revista católica de lengua inglesa “Inside the Vatican”, el periodista Robert Moynihan describe su entrevista con un “monseñor” anónimo que le fue presentado por el cardenal Édouard Gagnon poco antes de la muerte de este último. El “monseñor” es el depositario del misterio relativo a la afiliación masónica de Bugnini (conocido también en los trabajos con el nombre código “BUAN”).
 
¡Pero no sólo! Sabemos de hecho por el libro de Mons. Marinelli (Via col vento in Vaticano) que Gagnon fue redactor de un detalladísimo dossier sobre los Masones en el Vaticano. Comentan “i Millenari”: «El material reunido era interesante, casi revolucionario. El presidente de la comisión monseñor Gagnon se pasó tres meses redactando el voluminoso informe que a la masonería vaticana le pareció de inmediato tremendamente grave y peligroso: se mencionaban los nombres y las actividades secretas de ciertos personajes de la Curia».
 
Este dossier fue robado entre el 31 de Mayo y el 1 de Junio de 1974 del escritorio de Mons. Mester (colaborador de Gagnon). El cardenal también rehizo el dossier de puño y letra, y pidió audiencia. No se le concedió, entendió la antífona y luego de algunos años regresó a Canadá.
  
Pero la cuestión de Bugnini es fundamental. Las cartas citadas y dirigidas a Bugnini por el Gran Maestro fueron publicadas por “30 Giorni” en 1991 en un artículo firmado por Andrea Tornielli. No logrando recuperar la edición italiana, se señala un artículo donde está traducido en inglés y otro en el que es legible en portugués.
  
El reportaje-entrevista de Inside the Vatican (tomado de FIDES ET FORMA, Parte 1 y Parte 2) fue desarrollado posteriormente y se afirma con certeza que Bugnini, autor de la Reforma Litúrgica, era estipendiado de la Masonería Italiana. Libertè, Egalitè, Fraternitè!
   
EL NOMBRE CÓDIGO: BUAN (EL CONCILIO VATICANO II, Mons. BUGNINI, LA MASONERÍA Y EL BABEL DE LA INFORMACIÓN)


Aníbal Bugnini CM (fecha de iniciación en la masonería: 23 de Abril de 1963, matrícula iniciática 1365/75, nombre código: BUAN)
  
La cuestión de la influencia masónica en los trabajos del Concilio Vaticano II fue ampliamente debatida: aquí quiero solamente proponeros un punto –que dejo a vuestra consideración- sobre un personaje que estuvo al centro de la reforma litúrgica y del cual hasta hoy permanecen dudas sobre su pertenencia masónica.
  
Distinguir entre noticias y contra-noticias no es sencillo, especialmente en sucesos tan complejos: y es precisamente esta confusión uno de los medios utilizados por la masonería, pero también por los servicios secretos, para hacer que las personas se cansen de buscar y no pregunten. Cosa que debemos en cambio hacer más a menudo y con mucha más obstinación.
  
Monseñor Annibale Bugnini, del que pude encontrar información biográfica en la Provincia Romana de la Congregación de la Misión (Padres paúles) y en Wikipedia, fue nombrado por el papa Pablo VI secretario de la Comisión para la Liturgia por el Concilio Vaticano II. Este crucial evento tuvo comienzo en 1962 bajo Juan XXIII y terminó en 1965 bajo Pablo VI. Los resultados fueron tanto imponentes como radicales en muchos aspectos: de la reforma que consideraba inicialmente más los aspectos formales de la modernización de la Iglesia, se transformó en una reforma que mutaba pasajes fundamentales de la liturgia destruyendo a menudo su significado.
 
Un vídeodocumental que trata este punto es por ejemplo “Lo que hemos perdido”, que ofrece aún detalles interesantes aunque un poco antiguos, visible en streaming con RealPlayer.
  
Protagonista del Concilio fue propiamente Mons. Bugnini, que aportó las modificaciones principales a la liturgia definiendo las “líneas guía” para el nuevo rito de la Misa, de la que salió el Missale Romanum de 1969 (Novus Ordo Missæ, Nuevo Ordinario de la Misa), que fue publicada por Pablo VI.
  
No se trata, como a menudo se dice, de solo cambios de forma, por ejemplo, el abandono del latín y la adopción de las lenguas nacionales, sino también de reformas sustanciales del rito, entre esas el acercamiento a las ideas protestantes con la abolición o la modificación de varias frases claves del rito eucarístico, por el cual el dogma de la transubstanciación, fundamento de la Misa católica, devino algo evanescente e “interpretable”: de aquí el descentramiento del tabernáculo (que conserva las hostias consagradas y por tanto subraya la presencia real de Cristo en medio de los fieles), quitado del puesto central y relegado siempre más a los márgenes de la iglesia. Las iglesias post-conciliares son reconocibles también por esto, más que por un ambiguo concepto de “creatividad arquitectónica”.
   
“Altar” de la iglesia de San Agustín en Galway (Irlanda)
 
Un examen de la nueva liturgia post-conciliar es el “Breve examen crítico del Novus Ordo Missæ” presentado a Pablo VI por los cardenales Alfredo Ottaviani y Antonio Bacci, rechazado por el entonces Prefecto de la Fe, el cardenal Franjo Seper.
 
Durante los trabajos de la Comisión Litúrgica, diversos grupos externaron sus propias protestas (por ejemplo, la Fraternidad San Pío X fundada por Mons. Marcel Lefebvre, cuyos sacerdotes fueron suspendidos de sus funciones por los conciliares): ellos criticaban en particular las excesivas concesiones al Protestantismo en nombre del ecumenismo y la prohibición de celebrar la Misa según el antiguo rito tridentino, en vigor antes del Concilio Vaticano II.
  
Pero volvamos a mons. Annibale Bugnini y a su rol de promotor de la reforma litúrgica.
  
Su desarrollo se enlaza estrechamente con la del Concilio, por eso he decidido dar dos palabras sobre eso y hacer entender qué cosa estaba en juego.
  
Y aquí inicia también la parte más nebulosa de los hechos. Busquemos por tanto aclarar los puntos principales siguiendo un orden cronológico.
 
Según se afirmó en “Via col vento in Vaticano”, entre el 31 de Mayo y el 1 de Junio de 1974 un voluminoso dossier sobre la presencia masónica en el Vaticano fue robado del escritorio de mons. Mester, colaborador del autor del dossier, el cardenal Édouard Gagnon.
 
Édouard Card. Gagnon PSS
  
Mons. Gagnon no pierde el ánimo: reescribe él mismo todo el dossier y pide audiencia. No le es concedida.
 
Es el verano del 1975 cuando Mino Pecorelli, afiliado a la P2, publica en la revista “Osservatorio Politico” la fotografía de una carta, con tanto de matriz, del Gran Maestro del Gran Oriente de Italia, Lino Salvini. La asignación es en favor de Annibale Bugnini.
 
Grandes Maestros del Gran Oriente de Italia en los años 60 y 70: Giordano Gamberini y Lino Salvini
  
El mismo Mino Pecorelli informará enseguida los extremos de la afiliación de Bugnini al GOI (Gran Oriente de Italia): iniciado el 23 de Abril de 1963 con el número 1365/75 y el nombre código BUAN.
 
Recomiendo esta página web para profundizar los roles de los prelados presentes en la “lista Pecorelli” y los oscuros sucesos que le siguieron.
  
En Abril de 1976 el escritor católico Tito Casini publica un artículo donde sostiene que Pablo VI habría recibido informaciones sobre la afilación de Bugnini a la masonería. Estas acusaciones aparecen al día siguiente del alejamiento de Bugnini del Vaticano, siendo después nombrado nuncio apostólico en Irán.
  
Hubo que esperar hasta Octubre de 1976 para una desmentida de parte del Vaticano, luego que en Junio otros cien prelados vinieron acusados de hacer parte de la masonería (la “lista Pecorelli” aparece en la revista Panorama).
   
Pasa otra veintena de años antes de la enésima revelación: en el número del 19 de Julio de 2009 de “Inside the Vatican”, el dr. Robert Moynihan publica una conversación acaecida en el otoño del 2007 con un anónimo monseñor presentado por el cardenal Gagnon.
  
Es posible leer la traducción a continuación:
UNA CONVERSACIÓN INTERESANTE
Hace algunos años, un monseñor del Vaticano me dijo: «¿Cuál es tu objetivo?».
  
Estábamos sentados en una oficina del Vaticano, en salas donde otros hombres se sentaron y hablaron en siglos pasados, y si Dios quiere, se sentarán y hablarán en tiempos venideros.
  
«¿Qué quiere decir?», pregunté.
  
«¿Cuál es el objetivo de tu escrito?», repuso.
  
Sentí que quería saber, no solamente para sí, sino también para otros, para el Vaticano, digámoslo...
  
«La verdad», repliqué.
  
«¡Ah! ¡La verdad! Bueno, debías mejor ser cuidadoso…», dijo.
  
«¿Qué quiere decir?», dije.
  
«Primero que todo, la verdad es difícil de encontrar», respondió.
  
Asentí, pensando, bueno, tiene razón…
  
Continuó: «Puedes solamente encontrar una parte de ella, sólo fragmentos de verdad. ¿Qué harás entonces?»
  
«Bueno, escribiré la parte que veo", respondí.
  
«¿Pero qué de la parte que no veas?».
  
«No puedo escribir lo que no veo», dije.
  
«¡Ah! ¿Y si la parte que ves pudiera ser dañosa para la Iglesia?», dijo.
 
Estuve en silencio por un momento. «¿Por qué me está preguntando esto?», me pregunté. Le respondí, tratando de escoger mis palabras cuidadosamente, pero también persuadido de mi propio coraje y compromiso por la verdad completa: Bueno, la verdad nunca hará daño a la Iglesia. Aún escribiría la verdad, sabiendo que “la verdad os hará libres”… Como dijo el mismo Jesús…».
  
Dijo el monseñor: «Ah. Bueno, haz lo que pienses correcto, pero recuerda, hay almas en la balanza, las almas de los fieles sencillos. Y recuerda, la Iglesia es la Esposa de Cristo, debemos protegerla de los que la quieren dañar…».
  
Pregunté, perplejo: «¿Cómo puede una verdad ser usada contra la Iglesia, si es verdadera? Uno puede tener miedo a la mentira, porque puede causar daño injustamente. Pero… ¿la verdad?».
  
Monseñor estaba silencioso. «A veces, si es parcial, puede herir», repuso.
  
«Bueno, si le entiendo correctamente, quizás tenga que encontrar un camino para decir la verdad, sin causar daño…».
  
Dijo: «Sé prudente. Y siempre ama a la Iglesia sobre todo».
 
EL PORTAFOLIO ABANDONADO
He comenzado mi conversación con monseñor István Mester [1], que me fue presentado por el cardenal Édouard Gagnon antes de su muerte en agosto del 2007. Esta conversación tuvo lugar a finales del 2007.
 
«He quedado muy entristecido por la muerte del cardenal Gagnon», dije.
 
«Sí, también yo», dice el monseñor. «Fue un gran siervo de la Iglesia. Ha sufrido mucho».
  
«Lo conocí. Siempre me ha ayudado, especialmente en los inicios», dije.
 
«Era un hombre gentil».
 
Y pues habíamos comenzado nuestra acostumbrada conversación sobre el estado de la Iglesia, las últimas noticias del Vaticano y otras cosas. Nuestra plática se encaminó naturalmente a la publicación del Motu Proprio Summórum Pontíficum del 7 de Julio de 2007, que promovía un más amplio uso del rito antiguo de la Misa.
  
«Estoy confundido», dije.
  
«¿Por qué?», repuso.
  
«Por toda la cuestión. Lo que ha sucedido en el Concilio Vaticano II, la Constitución sobre la Liturgia, la Comisión establecida para revisar la Misa, Monseñor Bugnini... y ahora, 40 años después, parecemos todavía en un estado de confusión. Parece que todas las cosas que considerábamos sagradas -todas las cosas que amábamos- hubiesen sido alteradas».
  
«Estás demasiado triste», dijo, haciendo girar las manos como para querer desestimar mis conclusiones. «Sí, muchas cosas han sido cambiadas, pero lo esencial permanece. No se ha perdido el corazón».
  
«¿Lo esencial permanece? Mire a su alrededor. Tenemos algunos que no se interesan de hecho en alguna tradición, miran a la “Iglesia Antigua” con sentimiento de culpa y harían de todo para no volver atrás. Y tenemos muchos tradicionalistas que parecen focalizarse solamente sobre las cosas exteriores -y eso tal vez se asemeja a una idolatría del ritual…».
  
«No lo veo así en blanco y negro. Estás olvidando a todos los individuos, todos sus actos de sacrificio, su buen humor, sus oraciones. Has caído en la trampa. En la batalla por la verdad, no te olvides de la gracia. Recuerda que existe Dios, el Espíritu Santo, la Virgen…».
  
«¿Pero por qué tantos parecen indiferentes?».
  
«Algunos no tienen una opinión, algunos están persuadidos de que la Iglesia debía ser cambiada. Algunos simplemente han seguido la marea. Algunos están motivados por el dinero. Y después están los que sirven a los patrones. Este era el caso de Bugnini…».
   
Así comenzamos. No por lo que dice, visto que se trata de una antigua acusación, sino por el modo en que lo dice, como si fuese una cosa indiscutible y ahora consolidada.
  
«Naturalmente, he oído de eso, ¿pero por qué lo dice tan francamente, como si fuese cierto? ¿Pensaba que era solo una acusación?», dije.
  
«Es cierto, al menos, cierto como lo son las cosas de este mundo. Él se dirigió a una reunión con el Secretario de Estado con su portafolio. Era 1975. Más tarde aquella tarde, cuando todos se habían ido a casa, un monseñor encontró el portafolio que Bugnini había dejado. El monseñor decide abrirla para ver quién era su prorietario. Y cuando la abrió, encontró cartas dirigidas a Bugnini, llamado “hermano”, de parte del Gran Maestro de la Masonería Italiana [2]…», me dijo.
  
Pregunté: «¿Pero es posible que estas cartas fuesen falsas? ¿Alguno no podría haber abierto el portafolios, visto que era de Bugnini, y luego sembrado las cartas falsas, para difamarlo?».
  
«Bueno, teóricamente, supongo que sea posible [Nota a los lectores, tomada del original: Bugnini mismo siempre decía que las alegaciones eran falsas, que nunca fue masón, y que las acusaciones hechas contra él provenían de conservadores indignados que se oponían a su trabajo realizado en la liturgia]. Pero Pablo VI, al menos, no lo pensaba así. Cuando le fue llevada esta prueba, llegó a la conclusión de que Bugnini debía ser removido inmediatamente de su puesto. Así Bugnini fue nombrado nuncio apostólico en Irán. Después de más de 25 años dirigiendo la reforma litúrgica, fue despedido bruscamente y enviado a una nación en la cual de hecho no hay católicos. Era una forma de exilio».
   
«Eso es verdaderamente triste».
  
«No, es verdaderamente humano… Y hoy, 35 años después, pertenece al pasado. Es algo sobre lo cual no podems hacer nada», dice.
    
«Pero si es realmente verdadero, ¿entonces Pablo VI habría podido aprobar la Nueva Misa bajo “falsas pretensiones”, así como era? ¿Esto no habría debido suscitar preguntas sobre toda la reforma litúrgica? ¿Y por qué entonces Pablo VI no relevó a toda la Comisión preparatoria, si creía que cuandto Vd. me está diciendo fuese cierto?», dije.
  
«Mira, no importa cuántas derrotas sufra la Iglesia, no importa cuántas traiciones hayan, siempre habrá la esperanza…», dijo el monseñor.
  
«Pero las pérdidas son imensas, es como si nuestro vínculo con el pasado fuese interrumpido…», dije.
  
Me miró con fiereza: «¡No! Tú mismo eres la prueba de que ese vínculo no está roto. Y también lo soy yo. Y te digo que aunque tú caigas y traiciones la fe, y también si yo caigo, y aún si todos en el mundo cayesen, la Iglesia no será derrotada. ¡Ella prevalecerá! Non prævalébunt!»
  
Y lo miraba maravillado por su fe. Pero no le pregunté entonces sobre el dossier Gagnon.
  
«Mire, hay otra cosa que quisiera preguntarle…».
  
«¿Sí?», dice.
 
Hice una pausa. «Es una cuestión delicada».
  
Monseñor me miró tenso, esperando que yo hablase.
  
«Bien, antes debería relatarle sobre algo que ya había hecho. Fui a ver al cardenal Gagnon pocas semanas antes de su muerte. Partí a Montréal y le hice una visita…».
  
El monseñor estaba silencioso. Me parecía que tenía toda su atención.
  
«Y habíamos tenido una breve plática, no obstante que estuvo muy debilitado. Durante la conversación, le hice una pregunta sobre su delicada misión realizada para Pablo VI en relación a la Curia...».
  
Monseñor me interrumpe: «Y para Juan Pablo II, cuando fue a visitar la comunidad de Monseñor Lefebvre en Suiza, Francia y más allá. Sé de sus visitas...».
 
«Bueno, no estaba interesado en estas visitas. Quería sobre todo saber más acerca de sus investigaciones sobre la Curia Romana en los años ’70, para Pablo VI», respondí.
  
«Sí, él se ocupó de estas investigaciones», dice cauteloso el monseñor.
   
«Bueno, he aquí la cuestión: cuando pregunté al Cardenal Gagnon sobre estas investigaciones, me dice que le fue ordenado destruir todas las copias de su reporte, y que él había obedecido...». Monseñor quedó en silencio.
 
Agregué: «Así, él destruyó todas las copias, y no quedó ninguna. Pero después le pregunté si había alguien vivo que conociese el contenido de aquel Reporte, alguien con quien hubiera podido hablar, alguno que hubiese trabajado a su lado... Y él asintió y me dio un nombre. Al comienzo no alcancé a oírlo, y él dijo el nombre otra vez, y era el suyo, Monseñor Mester».
  
Monseñor se irrigidì e stava per dire qualcosa, ma non disse nulla. «Él me dijo que Vd. trabajó con él, y conocía el contenido de su reporte. Por eso he querido preguntarle, si no está atado por el secreto pontificio, si hay algo que pueda decirme sobre aquel reporte».
  
«No», responde. «Nada. Sobre el Reporte, nada. Yo sé que él hizo las investigaciones, y escribió el Reporte, pero no conozco su contenido. Más tarde sé que visitó la comunidad de Lefebvre en 1987. Conozco el reporte que escribió en esa ocasión, pero no el otro». Fui sorprendido.
  
«Pero... le pido me perdone, pero no entiendo. Su Eminencia me ha dicho que él ha trabajado con Vd. cuando preparó el primer Reporte para Pablo VI en los años ’70», dije.
  
«No. No, no has escuchado correctamente el nombre», dijo firmemente el monseñor.
  
«Pero es cierto. Él hablaba de su nombre. No me equivoco», insistí.
  
«No. Estás equivocado, o tal vez Su Eminencia se equivocó, o cometió un error y confundió los dos reportes. Yo no he trabajado con él sobre la primera investigación... Solo muchos años después...», dijo el monseñor.
  
Pregunté: «¿Así que Vd. no sabe nada sobre el contenido del reporte?».
  
En el verano del 2009, llamé por teléfono otra vez al monseñor que me había indicado el cardenal Gagnon.
 
Durante una conversación global, me repitió que no tenía ningún conocimiento específico sobre el informe perdido, y no había prestado ninguna ayuda en su realización, pero ahora decía conocer en general su contenido.
 
«Contenía propuestas para una reforma general de la Curia Romana. Las propuestas pretendían modernizar, simplificar y racionalizar las operaciones de la Curia. Pienso que una de las sugerencias de Gagnon era que el Osservatore Romano, que estaba teniendo muchas pérdidas económicas, debía ser reestructurado o cerrado. Otra era que también la Radio Vaticana debía ser reorganizada o cerrada. Y además proponía una reforma general del Instituto para las Obras de Religión. Se trataba de una evaluación administrativa».
  
«¿Pero se trataba, como muchos han afirmado, de una investigación sobre posibles masones en el Vaticano?», pregunté.
  
Respondió «No. Podía ser de los masones, naturalmente. Todo es posible. Mas no fue compilada lista alguna. Su objetivo era otro. Supongo que estás pensando en estas listas de masones en el Vaticano que fueron publicadas…»
  
Lo interrumpí. «Sí, recuerdo una lista con casi 120 nombres…».
    
Dijo: «Si. Aunque aquellas listas son ciertamente poco creíbles. Incluso, nada. Fueron redactadas para crear confusión en la Iglesia. Mezclan nombres de toda clase. Deberíamos ser poco sabios para tomarlas seriamente... y acabaremos de hacerle el juego a los enemigos de la Iglesia. Después de todo, nuestros mismos pecados y debilidades son los más grandes peligros que encontramos: ¡nosotros somos nuestros peores enemigos! Esta es la amarga verdad, pero conforta en cierto sentido. Significa que la continua existencia de la Iglesia es el real trabajo del Señor y del Espíritu Santo».
 
Así en esta conversación aprendí un poco más acerca del reporte Gagnon y comprendí que ambicionaba una grande transformación de la administración del Banco Vaticano y a una revisión de la Curia Romana, en particular de la Secretaría de Esado -hechos que nunca sucedieron-.
  
En la conversación, el monseñor da por hecho la afiliación de Annibale Bugnini a la masonería:
«Algunos no tienen una opinión, algunos están persuadidos de que la Iglesia debía ser cambiada. Algunos simplemente han seguido la marea. Algunos están motivados por el dinero. Y después están los que sirven a los patrones. Este era el caso de Bugnini…»
 
[…]
 
«Él se dirigió a una reunión con el Secretario de Estado con su portafolio. Era 1975. Más tarde aquella tarde, cuando todos se habían ido a casa, un monseñor encontró el portafolio que Bugnini había dejado. El monseñor decide abrirla para ver quién era su prorietario. Y cuando la abrió, encontró cartas dirigidas a Bugnini, llamado “hermano”, de parte del Gran Maestro de la Masonería Italiana…»).
Luego de esta publicación se desencadena de nuevo la locura, como se puede leer por ejemplo en los blogs de Francesco Colafemmina y del Padre Giovanni Scalese, que vuelve sobre los hechos seguido de críticas lanzadas por el Padre Matias Augé.
  
Ahora.
Imagino será un hilo confuso.
   
Si no lo es, permitidme exponer algunos de los motivos por los cuales considero natural sentirse confundido luego de semejante profluvio de fechas, eventos y personajes.
  
(Si tenéis también la sensación de que vuestras neuronas están próximas a hacer harakiri, ¡es el momento justo para prepararos un buen té antes de proseguir la lectura!)
  
Hay algunas preguntas que no son fáciles de responder con los pocos e inciertos elementos en nuestro poder. Y cada pregunta parece contradecir algún punto firme logrado anteriormente.
  
1) La cuestión del portafolio
Es este el punto más nebuloso de todo el relato. Parece incluso un típico elemento insertado ad hoc para despistar y confundir.
 
Sobre todo: si yo fuese un alto prelado afiliado a la masoneria y estuviese trabajando para subvertir la tradición católica, ¿traería conmigo cartas comprometedoras? Y si fuese tan tonto, ¿sería también tan despistado para olvidar mi portafolio con su precioso contenido precisamente en la “boca del lobo”, tanto que cualquiera pueda descubrirme? Por otro lado, las dos cartas son talmente brutales en su claridad que resultan grotescamente ingenuas. Si no olía esto a quemado, no sé qué otra cosa podía hacerlo.
   
Iglesia Nueva de San Pablo en Foligno (Italia)
  
En segundo lugar: ¿por qué las cartas son fotocopias sin encabezado? Si hubiese querido llevarme un documento que pudiese probar mi afiliación, habría escogido -si no los originales- al menos una copia fiel (pero volvamos al punto: ¿por qué llevar consigo en el Vaticano documentos tan candentes?).
  
Y finalmente: ¿por qué mons. Bugnini fue despedido a hacer de nuncio apostólico en un país como Irán? Si Pablo VI se convenció de su afiliación a la masonería, habría debido excomulgarlo. De otro modo, habría podido mantenerlo en el Vaticano, como signo evidente que consideraba infundadas todas las acusaciones.
  
2) La “lista Pecorelli”
 
Carmine “Mino” Pecorelli
  
Verdadero o no, la lista contiene los nombres de los más altos prelados vaticanos, cardenales del entorno papal que tenían en sus manos la dirección de la Iglesia. Si Pablo VI consideraba infundadas las acusaciones, ¿por qué no hubo alguna querella frente a quien publicó la lista, ni de los prelados individualmente considerados, ni mucho menos en forma de solicitud de investigación judicial? Si en cambio las acusaciones eran verdaderas, como parece al menos en el caso de algunos cardenales, ¿por qué no hubo una “depuración general” en las filas del círculo papal?
  
Pero, que “el humo de satanás” se había infiltrado en el Vaticano era claro al mismo Pablo VI ya de tiempo (“Por medio de alguna grieta el humo de satanás ha entrado en la Iglesia”, 29 de Junio de 1972). Y su sucesor, el papa Luciani, que declaró querer hacer una purga de prelados masones, murió después de 33 días de pontificado en aquel terrible Septiembre del 1978.
  
Pero son coincidencias…
   
3) La reforma litúrgica
Y volvemos al punto fundamental. Si el papa Pablo VI se convenció de las acusaciones contra Bugnini (recordemos que en el ’76 lo mandó a Irán), ¿por qué no rechazó la reforma que claramente era creatura suya? ¿Por qué no ponerla nuevamente en discusión, reabriendo el debate? Si la implantación de la reforma litúrgica fue ideada por un masón, hubiera sido necesario ante los fieles y de la misma Iglesia volver sobre los propios pasos y revisar todo. Por otra parte estaba en juego la esencia misma del rito de la Misa y el futuro de la religión católica.
  
Y si Pablo VI consideaba a mons. Bugnini un masón, ¿por qué enviarlo a Irán y no excomulgarlo, como habría debido hacer? Las pruebas de su afiliación parecían muy sólidas, después de todo. Las referencias a las fechas y a los códigos de iniciación tenían la apariencia de ser algo más que un montaje (y si era montaje, ¿a quién favorecería?).
  
Si consideramos el comportamiento ante el cardenal Gagnon y de su dossier sobre la masonería en el Vaticano, a quien no le fue concedida audiencia, todo el operar de Pablo VI ciertamente es iluminado por una nueva luz.
   
Pensemos también cuánto debía estar infiltrada la masonería en el Vaticano si estuvo en grado de sustraer el dossier del escritorio de Gagnon cuando comenzó a tornarse demasiado sustancial…
  
Ciertamente la historia de la maleta parece inventada a propósito para poner descrédito sobre mons. Bugnini. Pero las circunstancias en la cual este acontecimiento está inmerso son sin duda turbias. Tengamos presente además que aquellos eran los años del IOR, de Paul Marcinkus, Roberto Calvi y Michele Sindona: ya hacía tiempo que se hablaba de la masonería en el Vaticano.
  
Tal vez se atrevieron a deshacerse de todo antes que alguno tuviese en mente hacer verdaderamente la “limpieza de primavera” en el Vaticano. O tal vez, la parte más ligada a la tradición cristiana fue siempre una minoría en aquellas áureas lides…
  
En el mar de informaciones ambiguas que integran este suceso, emerge claro tal vez solo un punto: es esencial plantearse preguntas, preguntarse siempre el “por qué” de las cosas. A menudo la respuesta es simple, frente a un caos informativo puesto en buen lugar: es necesario buscar las justas conexiones lógicas.
  
ANNIBALE BUGNINI (1912-1982)
“No se trata solamente de retocar una valiosa obra de arte sino, a veces, de dar estructuras nuevas a ritos enteros. Se trata, en realidad, de una restauración fundamental, diría casi de una refundición y, en ciertos puntos, de una verdadera creación nueva.” (Annibale Bugnini, Declaración de la Congregación de Ritos y del Consilium de liturgia del 4 de enero de 1967, citado por Louis Salleron en La Misa Nueva, Iction 1978, p. 217)
[…]
 
¿Quién era el Padre Bugnini?
Director de las Ephemerides liturgicæ, el Padre Annibale Bugnini, C.M. había sido miembro de la Commissio piana (1948-1960) y luego Secretario de la comisión preconciliar (1960-1962). Vale la pena mencionar que también era un profundo admirador de los trabajos del Centro de Pastoral Litúrgica francés. Pero en 1962, a instancias del Cardenal Arcadio Larraona C.M.F., Presidente de la comisión conciliar de la liturgia, Juan XXIII relevó a Annibale Bugnini de su cátedra de docencia de liturgia en Letrán: “me acusaban de iconoclasta”, confesó Bugnini (Citado por Mons. Bernard Tissier de Mallerais en Marcel Lefebvre, une vie, Clovis 2002).
 
Juan XXIII no quiso guardarlo en sus funciones de secretario de la comisión conciliar, y nombró en su lugar al Padre Ferdinando Antonelli. Pero Pablo VI nombró a Bugnini Secretario del Consilium en 1968.
 
Monseñor Lefebvre solía contar a sus seminaristas una anécdota:
“En diciembre de 1967, durante una asamblea de la Unión Mundial de los Superiores Generales a la que asistió Monseñor Lefebvre, el Padre Annibale Bugnini fue invitado a exponer su misa normativa. Lo hizo con gran tranquilidad: para la participación de los fieles —dijo— había que cambiar toda la primera parte de la misa, suprimir el Ofertorio (que sobraba al lado del Canon) y las oraciones del sacerdote antes de la comunión, cambiar y diversificar las oraciones eucarísticas, etc. Mientras oía esa conferencia, que duró una hora (contaba Monseñor Lefebvre), me decía a mí mismo: ‘¡No puede ser que ese hombre tenga la confianza del Santo Padre, y que el Papa lo haya elegido para hacer la reforma de la liturgia!’. Teníamos ante nosotros a un hombre que pisoteaba la liturgia antigua con un desprecio y un descaro inimaginables. Yo, que suelo tomar la palabra con facilidad, como lo había hecho en el Concilio, no tuve valor para ponerme de pie; estaba consternado; las palabras se me atragantaban. Sin embargo, se levantaron dos Superiores Generales. El primero dijo: ‘¡Padre, si entiendo bien, después de suprimir el Confiteor y el Ofertorio, acortar el Canon, etc., una misa privada durará entre diez y doce minutos!’. El Padre Bugnini respondió: ‘¡Siempre se puede añadir algo más!’.
 
Bien se veía la poca importancia que le daba a la Misa y a la manera de decirla.
  
El segundo, un abad benedictino, intervino: ‘La partcipación activa, ¿es una participación corporal o espiritual? (Buena pregunta). La misa normativa está prevista en función de una asistencia de los fieles, pero nosotros, benedictinos, que decimos nuestra misa sin fieles, ¿qué haremos ahora?’. La respuesta de Bugnini fue la siguiente: ‘A decir verdad, no habíamos pensado en ello’. Eso dice bastante sobre el espíritu de esa reforma”. (Citada por Mons. Bernard Tissier de Mallerais en Marcel Lefebvre, une vie, Clovis 2002, p. 414-425)
 
Otro día, el Arzobispo escuchó de boca de Monseñor Cesario D’Amato, Abad de San Pablo Extramuros (nombrado en 1960 miembro de la Comisión preparatoria para la reforma litúrgica, de la que formaban parte Antonelli y Bugnini): “Monseñor, no me hable del Padre Bugnini, sé demasiado sobre él, ¡no me pregunte quién es!”.
  
Ante la insistencia del Prelado, el Abad le repitió: “No puedo hablarle de Bugnini”.
  
“Pero ¿quién es este Bugnini?”, se preguntaba Mons. Lefebvre. El Card. Antonelli decía de él:
“Podría decir muchas cosas de este hombre. Debo añadir que siempre ha sido sostenido por Pablo VI. No quisiera equivocarme, pero la laguna más notable en el P. Bugnini es su falta de formación y de sensibilidad teológica” (Revista Sí Sí No No de abril de 2000, Preciosa contribución a la historia de la Reforma litúrgica).
 
El Canónigo Andrea Rose, que trabajó a su lado, decía que
“Bugnini carecía de profundidad de pensamiento. Fue grave nombrar a un veleta como él en el puesto que desempeñaba. ¡Que la gestión de la liturgia estuviera en manos de un hombre semejante, de un superficial…! (…) Manipulaba a Pablo VI: iba a informarle, pero le contaba las cosas a su sabor. Luego volvía diciendo: ‘El Santo Padre desea esto, el Santo Padre desea aquello’; pero era él quien, por debajo de cuerda…” (Revista Sí Sí No No de marzo de 2005, Otra preciosa contribución a la historia de la Reforma litúrgica).
 
En una visita al Cardenal Amleto Cicognani, que aún era Secretario de Estado, en febrero de1969, para expresarle su inconformidad por los nuevos cánones, Monseñor Lefebvre le preguntó: “Eminencia, ¡no puede dejar pasar esto! Es una revolución en la liturgia y en la Iglesia”. “¡Ya lo sé, Monseñor! —le respondió el Cardenal, con la cabeza entre las manos—, pienso exactamente igual que usted. Pero ¿qué quiere que haga? ¡El Padre Bugnini entra y sale del despacho del Santo Padre y le hace firmar lo que quiere!”.
   
Pasando luego a la Congregación de Ritos, Monseñor Lefebvre habló de la comunión en la mano (cuyo decreto de autorización estaba en preparación en el Consilium con el Cardenal Benno Walter Gut, O.S.B., que le confesó: “Soy Prefecto de la Congregación de Ritos, pero no soy yo quien manda aquí. Adivine usted quién es el que manda… El omnipotente Padre Bugnini…”.
 
La influencia de Annibale Bugnini sobre Pablo VI y el modo “dictatorial” de sus decisiones, pasando por encima de los prefectos de la Congregación de Ritos, siguen siendo un enigma. “Es indudable —decía Mons. Lefebvre en 1974— que entre el Santo Padre y los organismos que están en manos de Monseñor Bugnini han sucedido algunas cosas inadmisibles. Algún día se sabrá todo”.
 
El Arzobispo creyó “saberlo” cuando Pablo VI, con motivo de la fusión de la Congregación del Culto Divino con la de los Sacramentos, el 11 de julio de 1975, puso fin a las actividades de Monseñor Bugnini, para nombrarlo, sólo seis meses después, Pro-nuncio en Teherán. Corrió la noticia de que una cartera comprometedora, que Annibale Bugnini había extraviado, revelaba su pertenencia a la masonería. Sin embargo, él aseguró a Pablo VI que no sabía nada sobre la masonería, “ni qué es, ni qué se hace, ni cuáles son sus fines” (Carta a Pablo VI, 22 de octubre de 1975, citada por el mismo Bugnini en La reforma de la Liturgia (1948-1975), p. 81).
 
En el año 1976 circuló la correspondencia apócrifa entre Bugnini y un supuesto Gran Maestre, y también circularon listas de afiliaciones de muchos prelados de la Curia y otros a una sociedad secreta romana, de 1963 a 1971.
 
Bugnini, “Buan” para los iniciados, se habría inscrito el 23 de abril de 1963. Monseñor Lefebvre dio crédito al rumor y a esos documentos sospechosos, y publicó lo siguiente: “Nos hemos enterado en Roma de que quien fue el alma de la reforma litúrgica es un masón”. El misterio o la mistificación perduran.
 
Incompetente, sin formación doctrinal, superficial, manipulador, sospechoso de masonería, “iconoclasta” y lleno de desprecio por la liturgia tradicional: tales parecen ser las “cualidades” del principal autor del N.O.M. Que se nos perdone la ironía, pero se nos viene a la mente el dicho: “A tal palo, cual astilla…”.
 
  
NOTAS
[1] La identidad de este prelado húngaro (quien fuera vicerector del Pontificio Instituto Eclesiástico Húngaro entre 1951 y 1953 y vocero de la Conferencia Episcopal  Católica Húngara hasta 1964) con el que habló el periodista Robert Moynihan está confirmada por Mons. Luigi Marinelli, quien bajo el seudónimo I Millenari escribió el libro Via col vento in Vaticano (traducido al español como El Vaticano contra Dios), en donde relata este episodio:
«Pablo VI, que no ocultaba la asfixia del humo satánico en el centro de la Iglesia, se vio obligado a principios de 1974 a crear una restringida comisión oficialmente encargada de estudiar la reorganización administrativa de la Curia romana; en realidad, le confió la secreta misión de averiguar la podredumbre que hervía en la olla.
   
Se eligió como presidente de la misma a un prelado canadiense tan cabal como recto y sincero, el arzobispo Edouard Gagnon, quien eligió como secretario, o más bien se lo endilgaron, al monseñor alemán (sic) István Mester, jefe de la Congregación para el Clero. Ambos pasaron por casi todos los departamentos de la Curia, invitando a los funcionarios a manifestar libremente sus opiniones acerca de sus superiores y de la marcha del despacho.
   
En cuanto se sintieron a sus anchas, fueron muchos los funcionarios que se atrevieron a denunciar las irregularidades y los delitos que conocían. El material reunido era interesante, casi revolucionario. El presidente de la comisión monseñor Gagnon se pasó tres meses redactando el voluminoso informe que a la masonería vaticana le pareció de inmediato tremendamente grave y peligroso: se mencionaban los nombres y las actividades secretas de ciertos personajes de la Curia. Tenían que inventarse algo para que la relación inquisitorial no llegara al papa Montini, que ya no andaba muy bien de salud. Todo se tenía que hacer con la máxima reserva. Forjaron el plan y lo pusieron en práctica: «Nessun dorma!», «¡que nadie duerma!».
   
Monseñor Gagnon, una vez terminado en todos sus distintos aspectos el duro trabajo de conjunto acerca del resultado conclusivo de la investigación, pidió, a través de la Secretaría de Estado, ser recibido por Pablo VI para exponerle personalmente y de palabra sus reflexiones acerca de ciertos desvíos en el interior del Vaticano. Pasaban los días y la respuesta no llegaba. Al final le comunicaron que, dado el carácter extremadamente reservado del asunto, convenía que entregara todo el dossier del informe a la Congregación para el Clero, donde el secretario monseñor István Mester se encargaría de guardarlo todo en un sólido arcón de doble cerradura del despacho. El valeroso arzobispo no comprendió la razón, pero obedeció la orden.
   
La mañana del lunes 2 de junio de 1974 monseñor Mester abrió la puerta y de inmediato comprendió que algo había ocurrido en la estancia: papeles esparcidos por el suelo, libros fuera de su sitio, legajos cambiados. Después observó que el gran arcón situado al lado del escritorio tenía las cerraduras desencajadas: en el estante faltaban los expedientes relativos a la investigación llevada a cabo por Gagnon. Dos días a disposición de los ladrones, la tarde del sábado 31 de mayo y el domingo 1 de junio, suficientes para trabajar con calma y discreción en el robo de los documentos.
   
Para empezar, se impone a todo el mundo el secreto pontificio acerca de lo ocurrido; nadie tiene que hablar. A continuación, son debidamente informados la Secretaría de Estado y el presidente Gagnon, quien, sin sorprenderse en absoluto, promete estar en condiciones de redactar en muy poco tiempo una copia del informe ya redactado. Por toda respuesta, lo dispensan de la tarea y le dicen que, en caso necesario, se lo pedirán enseguida. El mismo jefe de la oficina de vigilancia Camillo Cibin recibe el encargo de llevar a cabo la inspección, haciendo constar en acta el resultado de la misma y enviándolo todo a la Secretaría de Estado. Se informa al Papa del grave robo y de la desaparición del expediente. Entretanto, se haría caer el más absoluto silencio sobre lo ocurrido.
   
Pero la noticia del robo empieza a circular a primera hora de la tarde del martes 3 de junio: al parecer, unos ladrones habían forzado una caja de seguridad, se insinúa la desaparición de unos documentos redactados por encargo. Los periodistas reciben con escepticismo el desmentido del portavoz de la sala de prensa vaticana, doctor Federico Alessandrini. Los enterados saben que allí, cuando se apresuran a declarar que no saben nada acerca de lo que se dice, significa que hay algo oculto de lo que están al corriente, aunque lo desmientan. Es lo que se llama reserva mental sobre una verdad distinta. No siendo mentira, tampoco es un pecadillo.
   
La noticia se extiende como una mancha de aceite hasta el punto de que el Osservatore Romano, el órgano de prensa casi oficial de la Santa Sede, es invitado a facilitar una información acomodaticia: «Se ha tratado de un auténtico y vergonzoso robo. Unos ladrones desconocidos han penetrado en el despacho de un prelado y han robado unos expedientes guardados en un sólido arcón de doble cerradura. Un auténtico escándalo». La logia masónica conoce a los mandados y a los mandantes, que no eran del todo desconocidos para muchos. La situación de la Curia romana era por aquel entonces muy tensa y la comisión de monseñor Gagnon no contribuyó precisamente a tranquilizar el ambiente. El jefe de un dicasterio extranjero puso de patitas en la calle a cinco miembros de dicha comisión mientras otro cardenal declaró no estar dispuesto a permitir semejante investigación sobre el personal de su dicasterio. Lo cual significa que el dossier debía de contener opiniones y apreciaciones sobre el personal, los superiores y la marcha de toda la Curia. El robo había sido, por tanto, selectivo.
   
A pesar de que no se lo pidieron, el prelado Gagnon preparó otro informe similar al anterior; pidió ser recibido en audiencia privada por el Papa y una vez más no le fue concedida. Entonces rogó a la Secretaría de Estado que hiciera llegar en secreto el expediente a Pablo VI, pero el paquete tampoco llegó a su destino, pues le habían dicho al Pontífice que los documentos robados ya eran ilocalizables. La conspiración palaciega había decidido mantener al Papa al margen de los trapicheos de la Curia. Monseñor Gagnon, al verse engañado, consideró terminada su misión de permanencia en Roma, pidió el parecer de personas prudentes y rectas y tomó la radical decisión de regresar a Canadá, donde ya tenía pensada su jubilación. Volvió a su país considerándose un jubilado a todos los efectos. Sin embargo, el papa Wojtyla, enterado de la rectitud del personaje, lo mandó llamar de nuevo a Roma y lo nombró cardenal para poder servirse de sus consejos acerca de la limpieza del ambiente vaticano, desgraciadamente impregnado de dioxina satánica».
  
[2] Las dos cartas comprometedoras fueron publicadas en la revista italiana 30 Giorni. Aunque no contamos con el artículo original, el contenido de las mismas fue traducido al portugués, y son estas:
«Querido Buan, comunicamos el encargo que el Consejo de los Hermanos estableció para ti, de acuerdo al Gran Maestro y los Príncipes Asistentes al Trono, y te obligamos (…) a difundir la descristianización de los ritos y de las lenguas, y a poner a los sacerdotes, obispos y cardenales unos contra otros. La Babel lingüística y ritual será nuestra victoria, como la unidad lingüística y ritual fue la fuerza de la Iglesia (…) Todo debe acontecer en el plazo de diez años». [Carta a Annibale Bugnini, 14 de Junio de 1964].
  
«Gran Maestro incomparable (…) la desacralización prosigue rápidamente. Fue publicada otra Instrucción, que entró en vigor el día 29 de Junio próximo pasado. Ya podemos cantar victoria, porque la lengua vulgar es soberana en toda la liturgia, inclusive en las partes esenciales (…) Fue dada máxima libertad de escoger entre los distintos formularios, a la creatividad y al… ¡caos! (…) En resumen, con ese documento creo haber diseminado el principio del máximo libertinaje, según vuestras disposiciones. Luché duramente contra mis enemigos de la Congregación para los Ritos, y tuve que recurrir a toda mi astucia para que el Papa lo aprobase. Por suerte, encontramos el apoyo de los amigos y hermanos de Univérsa Laus [Asociación Internacional para el Estudio de la Música Litúrgica, N. del T.], que son fieles. Agradezco por la suma enviada y esperando veros en breve, os abrazo. Vuestro Hermano Buan» [Carta de Annibale Bugnini al Gran Maestro del Gran Oriente de Italia, 2 de Julio de 1967].
En los años ’60, época en que tuvo lugar este curioso intercambio epistolar, el Gran Maestro del GOI era Giordano Gamberini (valdense, fue expulsado del GOI en 1986 por sus vínculos con la P2), mientras que Lino Salvini era miembro del Supremo Consejo del Rito Escocés Antiguo y Aceptado del GOI. El estilo de las cartas parecerá demasiado directo y grosero, pero Bugnini era reconocido por su carácter autoritario y pedante, y sumado a que el contenido se reflejó en los hechos posteriores, se colige de ello su veracidad.

martes, 2 de julio de 2019

MÁS PRUEBAS DEL IMPOSTAJE DE “LUCÍA DE COÍMBRA”

Traducción de artículos del Dr. Peter Chojnowski en RADTRAD THOMIST.
Dijimos cuanto vimos en el caso en una forma científica y tenemos. Este fin de semana, publicaremos en sisterlucyimposter.org el informe del reconocimiemto facial sobre Sor Lucía I y II. La Universidad Estatal de Michigan es la única universidad en los Estados Unidos con un laboratorio de reconocimiento facial, y el Dr. Arun Ross es un eminente profesional en ese campo, ver su página biográfica en https://www.egr.msu.edu/people/profile/rossarun.
  
Aunque todos los misterios alrededor de la desaparición de la verdadera Sor Lucía no han sido, en forma alguna, resueltos, ha pasado exactamente un año desde que el análisis científico de reconocimiento facial identificó a la impostora a fin de investigar más adelante el aparente remplazo y para buscar establecer el hecho, al menos otras 4 pruebas de reconocimiento facial que fueron comisionadas usando una variedad de los últimos programas y algoritmos. Otros análisis sobre las imágenes fueron hechos por ortodoncistas, cirujanos plásticos, odontólogos, artistas forenses, detectives privados, y sobre sus manuscritos reales y supuestos por analistas grafológicos. Mucho de los análisis grafológicos restantes se publicarán muy pronto. 
  
Lo estamos logrando, amigos. La verdad está siendo descubierta, lenta pero segura.
 

Recordar, esta “Sor Lucía” copia y pega apareció en un periódico en Junio de 1967, un mes después del evento. ¡Vaticano, ven a limpiar!
   
Giovanni Battista Montini, ¡Sal con las manos en alto!
 
TRANSCRIPCIÓN (Fuente: O Segredo de Fátima. Irmã Lúcia; Edições Loyola, São Paulo, 1991. Pág. 189)
«J+M
  
Coímbra, 27-12-1969
  
Senhor Dr. Alcino
  
Pax Christi
  
Muito agradecida pela lembrança enviada á Comunidad e que ela muito agradece reconhecida, juntando aos meus os seus agradecimentos. Pedimos a Jesús Menino que recompense o Sr. Doctor con um santo y feliz año (sic) de 1970, que ele seja para o Sr. Doctor um ano de graça, de aumento de Fé firme em Deus e na Sua Igreja, nos Seus representantes que permanecem unidos ao Chefe supremo que es O Papa Paulo VI, não há outro que seja verdadeiro, nem escolhido por Deus para cabeça do Seu Corpo Místico sobre a terra. Ele é o guia do Seu povo. Povo de Deus, o que constitui a Igreja militante, da qual nós temos a felicidade de ser membros; precisamos manter-nos fiéis, firmes na Fé, na Esperança e na Caridade, unidos ao representante de Cristo na Terra, seguindo a Sua doutrina, os Seus ensinamentos, as Suas directrizes: – se alguém lhe disser o contrário, não lhe dê crédito, porque esses tais estão em erro; são os de quem fala Nosso Senhor no Seu Evangelho: As varas que, separadas da cepa, murcham, secam e só servem para ser lançadas ao fogo e arder. Permaneçamos unidos à videira, para que a seiva Divina corra nas nossas almas e nos salve. 
  
Agradecida e dedicada em união de orações.
  
Sr. Lúcia, i.c.d.»
 
TRADUCCIÓN
«J+M
  
Coímbra, 27-12-1969
  
Señor Dr. Alcino
  
Pax Christi
  
Muy agradecida por el recuerdo enviado a la Comunidad y que ella agradece muy reconocida, juntando a los míos sus agradecimientos. Pedimos al Niño Jesús que recompense al Sr. Doctor con un santo y feliz año de 1970, que él sea para el Sr. Doctor un año de gracia, de aumento de Fe firme en Dios y en Su Iglesia, en Sus representantes que permanecen unidos al Jefe supremo que es El Papa Pablo VI, no hay otro que sea verdadero, ni escogido por Dios para cabeza de Su Cuerpo Místico sobre la tierra, Él es el guía de Su pueblo, pueblo de Dios que constituye la Iglesia Militante de la cual nosotros tenemos la felicidad de ser miembros, precisamos mantenernos fieles, firmes en la Fe, en la Esperanza y en la Caridad, unidos al representante de Cristo en la tierra, siguiendo Su Doctrina, Sus enseñanzas, Sus directrices: –si alguno le dice lo contrario, no le dé crédito, porque esos tales están en error- ellos son de los que habla Nuestro Señor en Su Evangelio, Las varas que, separadas de la cepa, se marchitan, secan y sólo sirven para ser lanzadas al fuego y arder. Permanezcamos unidos a la vid, para que la savia Divina corra por nuestras almas y nos salve.
  
Agradecida y dedicada en unión de oraciones.
  
Sr. Lucía i.c.d.»
   
La carta que Bart Baggett ha analizado, transcrita arriba, ha probado ser un FRAUDE astutamente atentado. Obviamente, Pablo VI no acabó usando la persona de “Sor Lucía” para silenciar la oposición a su agenda posterior al 13 de Mayo de 1967. Notar que en una carta de agradecimiento a un hombre que le dio un regalo al convento de Coímbra, ella gaste el 80% de la carta diciéndote que obedezca probablemente al más grande revolucionario y modernista en la historia de la Iglesia Católica. En lugar de ser la líder de la oposición, o deberíamos decir “profeta de desastres”, la “Sor Lucía” de 1969 es la mayor defensora de Pablo VI, urgiendo completa obediencia a uno que habla por Dios y para objetar a los que dicen que está separado de la Viña de la Iglesia Católica y enfrenta las llamas del Infierno. La importancia de este hallazgo no puede ser exagerada. 
  
La versión revisada de la declaración legal del Sr. Bart Baggett saldrá en breve en sisterlucyimposter.org

  
TRANSCRIPCIÓN
«J+M
  
Rve.do. Senhor P. Humberto (sic)
  
Respondendo à sua pergunta esclareço: ssia.
  
Nossa Senhora, em Fátima, no Seu pedido, só Se referiu à Consagração da Rússia.
  
Na carta que escrevi ao Santo Padre Pio XII —por indicação do confessor—, pedi a Consagração do mundo com menção explícita pela Rússia.

Dedicada sua em união de orações.
 
Coímbra, 13-IV-1980
  
Sr. Lúcia»

TRADUCCIÓN
«J+M
  
Rvdo. Señor P. Humberto
  
Respondiendo a su pregunta aclaro:
  
Nuestra Señora, en Fátima, en Su pedido, solo Se refirió a la Consagración de Rusia.
  
En la carta que escribí al Santo Padre Pío XII —por indicación del confesor—, pedí la Consagración del mundo con mención explícita por Rusia.

Dedicada suya en unión de oraciones.
 
Coímbra, 13-IV-1980
  
Sr. Lucía»
 
ADENDA (por el traductor).
Esta carta surge tras pedirle el padre Umberto Maria Pasquale SDB a “Sor Lucía” que le refiera por escrito cuanto le dijo verbalmente en una entrevista hecha el 5 de Agosto de 1978 (reproducida en L’Osservatore Romano -edición italiana-, 12 de Mayo de 1982), en el sentido de que la Virgen no pidió la consagración del mundo a su Inmaculado Corazón, sino sólo la de Rusia:
«En cierto momento le dice: “Hermana, me gustaría hacerle una pregunta. Si no me puede responder, vale. Pero si me pudiera responder, le quedaría muy agradecido. [...] ¿Nuestra Señora alguna vez le habló sobre la Consagración del mundo a su Inmaculado Corazón?”.
  
“¡No, Señor Padre Umberto! ¡Nunca! En la Cova da Iria en 1917 Nuestra Señora prometió ‘Vendré a pedir la Consagración de Rusia’. [...] En 1929, en Tuy, tal como prometiera, Nuestra Señora volvió para decirme que llegara el momento de pedir al Santo Padre la Consagración de aquel país [Rusia]”».
  
La versión revisada de la declaración legal del Sr. Bart Baggett saldrá en breve en sisterlucyimposter.org. Pero desde antes se comprueba la falsedad ideológica, pues la Verdadera Lucía sabría (y de haber vivido para la época de la entrevista, le habría dicho al padre Umberto) que la Consagración de Rusia ya tuvo lugar el 7 de Julio de 1952 mediante la carta “Sacro Vergénte Anno” del papa Pío XII.
  
Decimos que «se cae el reclamo de los gruneritas de “Fátima Center”» porque ellos adulteran el mensaje de la Virgen poniéndole palabras que no ha dicho, y piden constantemente al antipapa de turno la “Consagración de Rusia”, afirmando en una palabra que «¡TODO ESTO TOMA SÓLO CINCO MINUTOS DE ORACIÓN!» y el mundo alcanzará la paz total, insultando así a la Virgen (y a cualquier inteligencia promedio), cuando Ella dijo que tras la Consagración vendría ALGÚN TIEMPO” de paz, pero que luego tendría lugar la Apostasía.

lunes, 1 de julio de 2019

DESFILE DE MODAS EN UN CONVENTO

«Los lugares santos están en la corrupción; muchos conventos no son ya casa de Dios, sino pastizales de Asmodeo y de los suyos» (Secreto de Nuestra Señora de La Salette).

Noticia tomada de HERALDO DE ARAGÓN (España).
    
MODA Y RELIGIÓN COMULGAN EN EL SANTO SEPULCRO
Alumnos del Centro Superior de Diseño convierten el monasterio zaragozano en pasarela creativa en un desfile de fin de curso.

 
ACTUALIZADA 01/07/2019 A LAS 11:50
   
  
Sor Ana María Martín, canonesa del Monasterio del Santo Sepulcro, no podía ocultar ayer su emoción al ver el claustro convertido en pasarela creativa. Desde hace meses, las canonesas tienen una misión: salvaguardar el patrimonio material, pero también el espiritual. «Este desfile forma parte de diversas colaboraciones que estamos haciendo con el Centro Superior de Diseño Hacer Creativo. Es la primera vez en la historia de nuestra comunidad, y llevamos ya 700 años aquí, que el claustro recibe a creativos de la moda».
  
Al ritmo de una versión monástica del ‘Dancers’ de The Killers, se presentó el desfile, que abrió Nieves Casaus, creativa tras Cachito Spain, que se inspiró en los ángeles protectores. La suave melodía de ‘My Immortal’ del grupo Evanescence combinaba con los tonos pastel y las plumas, que culminaron en una peculiar Inmaculada, con manto incluido.
  
Cachito Spain dio paso a Guillermo Díaz y sus ‘Memorias de Géminis’, inspirado en los chamanes, la religión politeísta africana y el vudú centroamericano, que desarrolló mediante cortes asimétricos, mangas abullonadas y capas a media altura. A continuación, Teresa Gasca, ‘Darkbeetle’, presentó la propuesta ‘Souls’, inspirada en el purgatorio, en la que reinterpretó prendas y añadió cadenas.
   
China, Ra y Judas Iscariote
Cantal Comín, ‘Naimok’ viajó con sus ‘Cápsulas’ hasta Oriente, para mezclar lana y origami y crear unas prendas que destacaban por su fuerte color y el volumen. Y, de Japón, el ‘Amanecer’ de la diseñadora Ariana Higueras hizo la luz en el antiguo Egipto, donde Ra triunfa frente a la oscuridad de Apofis. Higueras apostó por los flecos, los tules y los cuellos de fantasía.
  
Ángeles inspiran a Cachito Spain.[FRANCISCO JIMENEZ
  
Llegó el momento de regresar al cristianismo y Judas Iscariote sirvió de inspiración a Patricia Calvo, ‘Lescarboura’, en su colección ‘Por 30 denarios’, que comenzó con un diseño inspirado en el hábito monacal y que (seguramente, tras recibir los 30 denarios de plata) se transformó en una alegoría del lujo, con brillantes y reflejos metálicos en los que no faltaban los bolsos donde guardar el dinero.
  
La Semana Santa fue la base de los diseños de Sofía Cabrera, ‘Sophie CDA’, que mostró unos diseños donde jugó con el morado nazareno, el blanco y rojo del cofrade, las espinas de la corona y la mantilla.
  
Guillermo Díaz, con uno de sus modelos[FRANCISCO JIMENEZ
   
Y tras el viaje cristiano, Brenda Sulay mostró las diferentes facetas del sintoísmo y el inicio de la creación. El caos, guerra y amor lo mostró a través de la superposición de tejidos, cinturones y kimonos. Así se cerró el desfile, en una jornada que «sirve de aprendizaje para los alumnos, un incentivo que les lleva a completar diseños y a organizar su propio desfile de moda», resumió Cruz Burillo, directora de Diseño de Hacer Creativo.
    
La fiesta continuó con la ceremonia de graduación de la promoción, tras cuatro años de estudio en el centro, y una degustación de vino en el jardín del claustro. Que nunca, en sus 700 años de historia, estuvo tan animado.

SIETE GLORIAS A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR (oración que rezaba San Benito José Labre)

Tomado de COMO OVEJAS SIN PASTOR.

SÚPLICA DE LOS SIETE GLORIAS A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR

 
Padre Eterno, por la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, Misericordia: márcanos con la Sangre del Cordero Inmaculado Cristo Jesús, como señalaste al pueblo de Israel para librarle de la muerte. Y Tú, Madre de Misericordia María Santísima, ruega a Dios por nosotros: aplácale y alcánzanos la gracia que pedimos... (pedir aquí por nuestras particulares necesidades, espirituales y temporales; también por las de alguien que se haya encomendado a nuestras oraciones y por el descanso eterno de nuestros Difuntos).
   
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, y ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
   
Padre Eterno: por la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, Misericordia: sálvanos del naufragio del mundo, como salvaste a Noé del Diluvio Universal y Tú, Arca de Salud, María Santísima, ruega a Dios por nosotros, aplácale y alcanzanos la gracia que pedimos.
   
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, y ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
 
Padre Eterno, por la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, Misericordia: líbranos de los azotes que merecemos, como libraste a Lot del incendio de Sodoma. Y Tú, Abogada Nuestra, ruega a Dios por nosotros, aplácale y alcánzanos la gracia que pedimos.
   
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, y ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
   
Padre Eterno, por la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, Misericordia: consuélanos en las presentes necesidades y tribulaciones, como consolaste a Job, Ana y Tobías en sus aflicciones. Y Tú, Consoladora de los afligidos, María Santísima, ruega a Dios por nosotros, aplácale, y alcánzanos la gracia que pedimos.
   
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, y ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
   
Padre Eterno, por la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, Misericordia: Tú, que no quieres la muerte del pecador, sino que se convierta y viva: danos por Tu Misericordia espacio de penitencia para que, reconocidos y arrepentidos de nuestros pecados, causa de todo mal, vivamos en la Santa Fe, Esperanza, Caridad y Paz de Nuestro Redentor. Y Tú, Refugio de los pecadores, María Santísima, ruega a Dios por nosotros, aplácale, y alcánzanos la gracia que pedimos.
   
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, y ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
 
¡Oh Sangre Preciosa de Jesús nuestro amor! Clama a Tu Divino Padre: Misericordia, Perdón, Gracia y Paz.
   
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, y ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
   
¡Oh María, Madre y Esperanza Nuestra! Ruega por nosotros, y alcánzanos la gracia que pedimos.
   
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
℟. Como era en el principio, y ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
 
ORACIÓN FINAL
Padre Eterno, yo Te ofrezco la Sangre de Jesucristo en descuento de mis pecados, por las necesidades de la Santa Iglesia y por la conversión de los pecadores.
  
Inmaculada María, Madre de Dios, ruega a Jesús por nosotros.
  
¡Jesús y María, Misericordia! San Miguel Arcángel, San José, San Pedro y San Pablo, Protectores de todos los Fieles de la Iglesia de Dios, y Vosotros todos, Ángeles, Santos y Mártires del Paraíso, rogad por nosotros y alcanzadnos Gracia y Misericordia. Así sea.

BERGOGLIO ENTREGA RELIQUIAS DE SAN PEDRO AL CISMÁTICO BARTOLOMÉ

Traducción del artículo publicado en RADIO  SPADA.
  
  
Continúa sin pausa el ecuménico comercio de reliquias por parte de los modernistas. Precisamente anteayer –lo anunció alegremente VaticanNews– una reliquia de San Pedro fue donada por Bergoglio al “patriarca” Bartolomé de Costantinopla, salvo prueba en contrario formalmente herético y cismático en cuanto negador de las prerogativas del beatísimo Príncipe de los Apóstoles no en comunión con su Sede Romana.
  
Con todo, trátase de una tradición continuada:
 
– el 26 de septiembre de 1964 Pablo VI, por medio del cardenal Bea SJ, restituía al metropólita cismático de Patrás Constantino III Platis la cabeza de San Andrés que se veneraba en San Pedro desde 1462 (ver aquí);
  
  
– respectivamente el 22 de mayo de 1968 y el 6 de mayo de 1973, Pablo VI restituía a Shenouda III de Alejandría “papa de la Iglesia ortodoxa copta”, negador de la doble naturaleza de Cristo, algunas reliquias de San Marcos y de San Atanasio;
  
  
– el 27 de noviembre de 2004 Juan Pablo II, durante una pomposa ceremonia en el Vaticano organizada por el cardenal Kasper, consignaba a nuestro Bartolomé la casi totalidad de las reliquias de los santos Juan Crisóstomo y Gregorio Nacianceno, que ciertamente habrían preferido quedarse junto a la tumba del Príncipe de los Apóstoles antes que junto a los negadores de su divina autoridad;
  
  
– el 9 de mayo de 2017 finalmente el actual Sedente sobre el solio petrino consignaba al ya mencionado Bartolomé –con el cual comparte muchas ideas modernistas– algunas reliquias de los santos Apóstoles Felipe y Santiago el Menor.
  
  
Contra todos estos que comercian reliquias a personas ajenas a la Iglesia de Cristo, a los profanos (según expresión de San Jerónimo) truena el sencillo y puro dictado evangélico: ¡“No queráis dar las cosas santas a los perros, y no arrojéis vuestras perlas a los cerdos”!
 
¡Pero ellos en el Evangelio (tal vez) no creen!

ACTUALIZACIÓN: Las reliquias que Francisco Bergoglio regaló a Bartolomé fueron halladas envueltas en un paño púrpura con hilos dorados dentro de un monumento funerario que tenía la inscripción griega “ΠΈΤΡΟΣ ἜΝΙ” (Pedro está aquí), luego de una excavación hecha en 1939 bajo la Basílica de San Pedro, por órdenes de Pío XII, confirmando que la basílica actual (y la antigua de Constantino, por supuesto), fue construida sobre la tumba del Príncipe de los Apóstoles, meta de peregrinaciones desde fines del siglo I. En 1968, tras comprobarse científicamente por la arqueóloga italiana Margherita Guarducci (que dirigió las excavaciones de 1939) su autenticidad, Montini declaró la autenticidad de las mismas en la Audiencia General del 26 de junio y encargó un relicario de bronce para ellas y lo depositó en la capilla privada del Palacio Apostólico (donde Bergoglio JAMÁS ha puesto el pie desde su espuria elección como jefe de la Secta Conciliar). El relicario (expuesto al público por primera y última vez -para el mundo y los conciliares- el 24 de noviembre de 2013 en el marco de la clausura del ratzinger-bergogliano “Año de la Fe”) tiene tallada en altorrelieve la Comisión de Nuestro Señor Jesucristo a San Pedro como su Vicario: “TU ES PETRUS, ET SUPER HANC PETRAM ÆDIFICÁBO ECCLÉSIAM MEAM” [Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia] (San Mateo XVI, 18, Vulgáta de San Jerónimo).

  
Según el “arzobispo” Job de Telmeso (nacido Igor Vladimirovitch Getcha), representante del patriarca Bartolomé constantinopolitano ante el Consejo Mundial de Iglesias en Ginebra y decano del Instituto de Estudios Teológicos Ortodoxos en Chambésy (Suiza), éste fue “un evento extraordinario e inesperado”, toda vez que ellos nunca han reclamado que les ‘retornen’ reliquias de San Pedro ¡PORQUE NUNCA HAN HABIDO RELIQUIAS DE SAN PEDRO EN CONSTANTINOPLA, SÓLO EN ROMA!, y afirmó que representa “otro paso gigante hacia la unidad concreta” entre Roma y Constantinopla.
  
Las reliquias fueron escoltadas por “monseñor” Andrea Palmieri, subsecretario del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, quien las entregó a Bartolomé, el cual luego de una Divina Liturgia (la Misa bizantina) el 30 de junio, las depositó en la catedral patriarcal de San Jorge del Fanar, sede del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla.

Por su parte, un observador en Roma ve algo ominoso en este ‘gesto’: “Sospecho fuertemente que con esta señal la protección de San Pedro se ha ido del Vaticano. Lo que viene, siguiendo esta misma línea lógica de movimientos, es que Francisco dé las reliquias de San Pablo a los protestantes. Y removida esta divina protección, está preparando a [la Basílica de] San Pedro para una devastación nunca vista desde el Saco de Roma en 1527. El papa Francisco está dejando ir a San Pedro”.
  
Al proceder así, Bergoglio hace recordar a cuando su antecesor en la usurpación Montini renunció a la tiara de tres coronas en la clausura del Anticoncilio Deuterovaticano, diciendo simbólicamente con él “Yo no soy Papa, y renuncio al oficio papal” (oficio que NUNCA TUVIERON, ya que siguiendo la bula Cum Ex Apostolátus, el motu próprio Inter Multíplices y el canon 188 §4 del Código Pío-Benedictino de Derecho Canónico, ningún hereje, cismático o apóstata puede ser prelado ni Papa y su elección es nula de pleno derecho, y en caso de que un clérigo incurra en dichos delitos contra la Fe, deja vacante el oficio y dignidad ipso facto y látæ senténtiæ).

SAN AARÓN, SACERDOTE DEL ANTIGUO TESTAMENTO

“Ensalzó [Dios] a Aarón, hermano de Moisés, y semejante a él, de la tribu de Leví. Asentó con él un pacto eterno; y diole el sacerdocio de la nación, y le llenó de felicidad y gloria”. (Eclesiástico 45, 7-8)
  
San Aarón (Juan de Juanes, Museo del Prado)
  
San Aarón fue hermano de San Moisés y de Santa María, hijos de Amram y Jocabed, de la tribu de Leví. La Sagrada Escritura afirma que Moisés y Aarón, junto con su linaje paterno, disfrutaron inicialmente de la longevidad de los setitas antediluvianos y los semitas posdiluvianos (que sin embargo disminuyó hasta que sus descendientes llegaron a ser iguales que los demás hombres), lo que explica que en tiempos del Éxodo, Moisés (de 80) y Aarón (de 83) tuvieran el mismo vigor que un hombre actual de cincuenta años. El papel aarónico a comienzos del Éxodo era el ser el vocero de su hermano Moisés, el cual era tartamudo, ante el pueblo de Israel y la corte de Faraón. En la célebre batalla en Rafidim contra Amalec, Aarón y su cuñado Hur (abuelo de Bezalel, quien construyera el Arca de la Alianza) sostuvo los brazos de San Moisés hasta la puesta del sol, dándole la victoria a las armas de San Josué; mas al poco tiempo, mientras su hermano recibió las tablas de la Ley, cedió a la presión de sus compatriotas para fabricar un becerro de oro (la tradición judía dice que por miedo a correr la misma suerte que su cuñado, al cual asesinaron), pecado del cual se arrepintió.
  
Pero la elección que Dios hizo de él como “primer sacerdote del orden levítico” (Martirologio Romano, 1 de Julio) es lo que le ameritó mejor recordación a San Aarón, y el celo con que desempeñó su ministerio como intercesor aplacando la ira de Dios contra su pueblo rebelde (Números 1), le concedió que sólo los varones que probaran descender de él servirían como Sacerdotes y Sumos Sacerdotes (San Zacarías, padre de San Juan Bautista, era descendiente de Aarón por parte de Abía, nieto de Eleázar). De él descendieron los sumos sacerdotes Helí, Abiatar, Sadoc, Jehoyada, Helcías y Josué/Jesús hijo de Josedec, como también Judas Macabeo y sus hermanos y la dinastía Asmonea. El requerimiento de demostrar linaje desde San Aarón motivó a las familias sacerdotales judías a llevar cuidadosa cuenta de su genealogía, como vemos en los primeros capítulos del libro I de los Paralipómenos (Crónicas), de las cuales se valió después de la Cautividad babilónica el gobernador Nehemías para apartar del sacerdocio a una familia que no pudo probar parentesco (Esdras; Nehemías 7, 63-65).
  
El sacerdocio aarónico funcionó entre mediados del siglo XIV antes de Cristo hasta el año 33 AD, cuando se cumplió la profecía de Zacarías 6, 11-13, que anunciaba la fusión de la realeza y el sacerdocio en la persona de Jesús el Cristo, figurado en San Melquisedec de Salem (Génesis). Claro está que antes del cumplimiento de la profecía, el sacerdocio levítico quedó desprestigiado con los sacerdotes apóstatas y usurpadores Jasón, Menelao, Lisímaco y Alcimo, llegando a ser en tiempos de la dominación romana un mero puesto político del que disponía el gobernador (lo que explica que Anás fuera despojado de su cargo y remplazado por varios hijos suyos y su yerno Caifás). El sacerdocio sempiterno de Jesús fue inaugurado el 24 de Marzo del 33 cuando instituyó el Santo Sacrificio de la Misa y el Sacramento del Orden Sacerdotal, y al día siguiente, cuando Jesús derrama su Sangre preciosa en la Cruz del Calvario, Caifás deja vacante irremisiblemente el sacerdocio veterotestamentario y el velo del Templo se rasga en medio. La destrucción del Templo por las tropas de Tito César en el año 70 será el punto final.
  
ORACIÓN
Oh Dios, que mandaste a tu siervo Moisés constituir como sacerdote a Aarón con la infusión del óleo sagrado: concédenos a nosotros tus siervos que se renueve la efusión del Espíritu de santidad en nuestras entrañas por medio de la unción de tu gracia. Por J. C. N. S. Amén.