miércoles, 2 de octubre de 2019

NOVENA EN HONOR DE LA DIVINA MATERNIDAD DE MARÍA SANTÍSIMA

Novena compuesta por María Josefa Amalia de Sajonia de Borbón, reina consorte de España, y publicada por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl en la imprenta de José Rubio en Barcelona, con aprobación del Cardenal-Arzobispo de Toledo en 1828. Los Gozos son de la autoría de Josep Martí Folguera.
  
PRÓLOGO
Siendo la Encarnación del Verbo el principio de nuestra felicidad, el fundamento de los otros beneficios Divinos, en el orden de la Gracia y de la gloria, y uno de los misterios en que más resplandecen las perfecciones del Señor, y singularmente su infinita Bondad y amor a los hombres: justo es que estos procuren honrarla con particular devoción y reverencia.. Es el primero de todos los misterios de la Nueva Ley, y el fin de la Antigua: es el beneficio de Dios, del cual son consecuencia los otros: pues en su Humanidad Sacratísima pagó Jesucristo la deuda del género humano; bajo su velo anduvo por el mundo iluminándole con su celestial Doctrina y dándonos en su admirable vida un perfecto dechado de todas las virtudes. El beneficio de la Encarnación disminuye en cierto modo el pasmo que habían de causarnos los que a él se siguieron, pues un Dios, cuyo amor a los hombres llega hasta el punto de vestirse de su misma carne, y cargarse con todas sus miserias, excepto las de ignorancia y malicia; ¿que no hará por aquellos a quienes mostró tan gran ternura, y que ya, después de este principio; cuenta por sus hermanos y particioneros con él de una misma naturaleza? La creencia de este Misterio es una de las primeras bases de nuestra Fe, cuyo principal objeto es un solo Dios en tres personas, de las cuales la segunda es al mismo tiempo Hombre verdadero; es el cimiento sólido de nuestra Esperanza, pues cuando este Señor se hizo Hijo del Hombre, nosotros fuimos adoptados por hijos de su Eterno Padre, por hermanos del Hombre Dios, y por coherederos de su gloria. Por él fuimos consagrados para Templos del Espíritu Santo; limpios de nuestras culpas, y adornados de su Gracia. Por él somos mirados de Dios con ojos de misericordia; pues si este Señor estaba pronto a perdonar al culpado pueblo de Sodoma, como encontrase en él diez justos; ¿con qué ojos no mirará a la naturaleza humana, a aquel pueblo en cuyo número cuenta, no ya solo diez justos, sino la justicia y la Santidad por esencia, que es su Unigénito Hijo, objeto de sus eternas complacencias? La Encarnación de este dulcísimo Redentor de nuestras almas es también incentivo de la caridad, pues si con nada se enciende mejor un fuego que con otro fuego, ¿qué mayor motivo para que nuestros corazones se abrasen en amor de este Señor, que ver una prueba tan asombrosa del suyo como es hacerse hombre y morir por salvarnos? Ella es también la gloria de nuestra naturaleza, pues siendo esta por sí baja y terrestre, y habiendo decaído por la culpa de su primera excelencia, se ve tan elevada en la Divina persona de Jesucristo, que los más altos Serafines del Cielo se postran delante de ella para adorar el propio cuerpo y Alma de su Dios y Criador. Ella también nos abre la puerta segura y fácil camino para la unión con Dios y contemplación de sus perfecciones infinitas, pues como el espejo ustório recoge los rayos del Sol y los atrae a la tierra, así los atributos divinos, que resplandecen en la Humanidad Sagrada del Hijo de Dios, cual en espejo clarísimo, como que se acercan a nuestra vista y se acomodan más a nuestro flaco entendimiento, Aquel que habita la luz inaccesible ya se presenta a nuestros ojos, y vestido de nuestra carne, podemos conversar con él y llegarnos como un hombre se llega a otro hombre, a aquel Dios ante cuyo acatamiento tiemblan y encogen sus alas las potestades Angélicas , para que, como canta la Iglesia, cuando conocemos a Dios visiblemente, seamos arrebatados por él al amor de las cosas invisibles; pues aquí se empezó a descubrir el Velo del Santuario, que había de rasgarse del todo en la muerte de este Señor. En el día dichoso de la Encarnación se presenta la victima, que había de servir para nuestro rescate, y se preparó el grano de trigo precioso, del cual se había de amasar el Pan del Cielo para nuestro alimento, se alegraron los Ángeles porque iba a poblarse el Empíreo de nuevos ciudadanos; y se llenaron de rabia los demonios, porque iban a perder su presa, y ver ocupar a los hombres los puestos que ellos habían perdido por su soberbia. Este misterio es nuestro consuelo, nuestro esfuerzo, y nuestra alegría, por sellar la Fe de los puntos concernientes a él murieron invictos mártires, y desafiaron los gloriosos Confesores la ira de los Cesares; él triunfó de todas las herejías que se levantaron contra él, que no trato de referir aquí, antes.... ¡Ojalá fuera posible sepultarlas en un eterno olvido! pero solo sirvieron para ponerlo en más clara luz, y para que la Iglesia declarase con mas solemnidad y publicase con más esforzado grito entre todos sus hijos, cómo en la Divina Persona de Jesucristo están reunidas en uno las dos naturalezas Divina y humana; en uno digo, no por conversión de la Divinidad en carne, sino por asuncion de la Humanidad en Dios; uno absolutamente, no por confusión de la sustancia, sino por unidad de la Persona; pues como el alma racional y la carne es un solo hombre, así Dios y el hombre, es un solo Cristo. Siendo, pues, tal la grandeza de este Misterio; y tan notables las ventajas que se nos siguieron de él; es bien justo, como ya dije al principio, que todos los cristianos que nos preciamos de pueblo escogido del Hombre Dios, le tributemos en él particular culto y adoración; y habiendo tenido tanta parte en él María Santísima, y siendo su Maternidad Divina el origen de todas sus otras prerogativas, también es debido nos alegremos con ella, y la demos el parabien de su dicha, y nos gocemos y gloriemos de que sea Madre nuestra la Madre del mismo Dios; el cual, no contento con habernos hecho hijos de su Padre Celestial, y dado su vida por nuestro rescate, y su Cuerpo y Sangre por alimento, también nos hizo desde la Cruz este precioso legado, cuando nos dijo a todos en cabeza de San Juan: «Mira ahí a tu Madre». Por esto he dispuesto yo en esta Novena que la consideración y oración particular de cada día, trate de una de las perfecciones de Dios y una de las virtudes de María Santísima, que singularmente respladecen en este misterio de la Encarnación. Tambien me ha parecido hacer cada día alguna memoria particular del glorioso Arcángel San Gabriel, que fue el mensajero escogido para traernos la embajada más interesante que se hizo jamás del Cielo a la tierra: y de alguno de los nueve coros de los Angeles, a quienes mandó el Padre eterno que adorasen a su Unigénito cuando de nuevo le introdujo en el mundo. Todas estas circunstancias, unidas a la dignidad del asunto, y lo mucho que hay que decir sobre él, me ha hecho extender en la Novena más de lo que algunos les permitirán sus ocupaciones; por lo cual pueden, los que quieran, abreviarla, no diciendo más que los tres Credos y nueve Ave Marías en la forma susodicha, nombrando cada día la perfección de Dios de que trate al decir: «Bendita sea la Sacrosanta e Individua Trinidad, cuya (aquí se dice la perfección) tanto resplandece en este Misterio»; excepto el tercer dia, que se dirá esto, conforme está puesto; y al decir; «La Humanidad Sacratísima de nuestro Señor Jesucristo, en la cual está todo nuestro remedio», se añadirá; «y la profunda Humildad, de la cual nos dio tan maravilloso ejemplo»; y al decir: «la fecunda integridad de María Santísima», se nombrará tambien cada dia la virtud que le toque, diciendo, «La fecunda integridad (y se nombra la virtud) de María Santísima».
    
Bueno será confesar y comulgar en alguno de los nueve días, especialmente el primero y el último en que se trata del amor de Dios a los hombres; y también podrá leerse este prologo, para prepararse antes de empezarla; pero siendo mi principal objeto, excitar los corazones a un ardiente amor y profunda gratitud hacia el Divino Verbo Encarnado; sobre todo, encargo a cuantos la hicieren, procuren encender en su corazon este fuego celestial con frecuentes y fervorosos actos de Caridad, y con pedirle los abrase en él a ellos y a todos los hombres, no olvidando en particular a la última de las Siervas de este Señor, la Autora, María Josefa Amalia de Sajonia - Borbón.

NOVENA EN HONOR DE LA ENCARNACIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, Y DE LA DIVINA MATERNIDAD DE MARÍA SANTÍSIMA


  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN.
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador y Redentor mío y de todos los hombres, por amor de todos los cuales os dignasteis bajar del Cielo a la tierra tomando carne en las purísimas entrañas de María Santísima, y sujetándoos a una muerte afrentosa y cruel: postrado a vuestros pies Divinos, confieso que he merecido mil veces el Infierno por haber despreciado tamaños beneficios y hollado vuestra Sangre preciosa, derramada por mí en la Cruz; pero fiado en vuestra misericordia, que tanto manifestasteis en esta obra, y apoyado en los méritos de esa misma Sangre adorable; me vuelvo a Vos, Salvador mío, y os pido humildemente perdón de todos mis pecados, arrepintiéndome de ellos de todo corazón, solo por ser Vos quien sois tan infinitamente perfecto, bueno y amable: propongo firmemente de nunca más pecar y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos: de confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta, con el auxilio de vuestra Divina gracia, la cual os pido por vuestros méritos y por la intercesión de María Santísima, a quien, dignandoos elegirla por Madre, la constituísteis al mismo tiempo por Reina del Cielo, Madre de misericordia, y refugio de pecadores. Amén.

ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Abrid, Señor, mis labios, para bendecir vuestro Santo Nombre; purificad mi corazón de todo vano, ajeno y perverso pensamiento: iluminad mi entendimiento, e inflamad mi voluntad, para que digna, atenta y devotamente pueda hacer esta Novena, y merezca en ella ser oído de vuestra Divina Majestad, por Cristo nuestro Señor. Amén.
  
Señor, en unión de aquella Divina intención, con la cual en la tierra dirigisteis vuestras alabanzas a Dios, os dirijo estas oraciones.

DÍA PRIMERO - 2 DE OCTUBRE
CONSIDERACIÓN: SANTIDAD DE DIOS, Y PUREZA DE MARÍA SANTÍSIMA.
Considera la santidad de Dios, que singularmente resplandece en este misterio de su Encarnación; pues habiéndose hecho verdadero hombre, y querido nacer de mujer, no quiso elegir por su Madre a ninguna que no estuviese enteramente libre de toda mancha de pecado; eximiéndola por singular privilegio, por los méritos de su muerte prevista, hasta de la misma culpa original, con la cual todos venimos al mundo; pues si este Señor no quiso tomar carne de una madre, que alguna vez hubiese tenido alguna mancha ni aun original o venial, ¿cómo piensas que ha de querer habitar en un corazón lleno tal vez de gravísimos pecados actuales, si no procura el hombre borrarlos con el dolor y la penitencia?
 
Considera tambien el amor que este Dios de pureza mostró a esta angelical virtud, eligiendo encarnar en el seno de una Virgen Purísima, y conservándola la gloriosa calidad de tal, antes del parto, en el parto, y después del parto; y repara cómo la Señora por su parte, era tan celosa de esta virtud, que no solo se turbó a la vista de un Ángel, en figura de hombre, sino que aun despues de oído el honorífico mensaje, lejos de hacerla olvidar del cuidado de su virginidad el augusto título de Madre de Dios, su primera respuesta a las palabras del Celestial Paraninfo, fue preguntar: «¿Cómo se hará esto, pues yo no conozco varón?».
  
Alabarás a Dios en esta perfeccion suya, y virtud de Maria Santísima, diciendo la siguiente Oración:
Dios de santidad, que sois aquel Esposo Celestial que solo se complace entre las cándidas azucenas de la pureza, por lo cual también quisisteis nacer de Madre Virgen, e Inmaculada desde su misma Concepción; yo os adoro en esta perfección vuestra, que tanto resplandece en el Misterio de vuestra Encarnación, y junto mis adoraciones a las que os rindieron los Ángeles desde el primer instante de ella, y también a las que os rindió vuestro Arcángel San Gabriel que tuvo la dicha de anunciar a María Santísima la elección que habíais hecho de ella para Madre vuestra, y asegurarla al mismo tiempo de la conservación de su pureza virginal; y os suplico por vuestros méritos y la intercesión de la misma Señora y del glorioso Arcángel, que preservéis mi corazán y mi cuerpo de toda mancha, para que sea templo vivo del Espíritu Santo, y aposento hermoso, aparejado y adornado para recibiros dignamente en el Santísimo Sacramento del Altar; a fin de que alimentada mi alma de este divino Maná, camine por el desierto de este siglo, apoyada sobre su amado, como la Esposa de los Cantares; y así llegue a aquel reino de pureza eterna, donde no entra ninguna cosa manchada. Amén.
 
Ahora se rezarán tres credos en honor de la Santísima Trinidad, en la forma siguiente: se dirá: «¡Bendito sea el Padre Eterno que nos dio su Unigénito Hijo!» y se rezará un Credo; luego se dirá: «¡Bendito sea el Hijo Eterno, que se dignó tomar nuestra naturaleza!», y se rezará el segundo Credo; luego se dirá: «¡Bendito sea el Espíritu Santo, por cuya obra y gracia fue concebido el Hijo!», y rezará el tercer Credo.
  
Después se añadirá: «Bendita sea la Sacrosanta e individua Trinidad cuyas perfecciones tanto resplandecen en este Misterio, la Humanidad Sacratísima de nuestro Señor Jesucristo, en la cual está todo nuestro remedio, y la fecunda integridad de María Santísima, por cuyo medio nos vino tanto bien: a la cual saludamos con el Ángel diciendo»: Aquí se rezarán nueve Ave Marías, en reverencia de la Preñez de María Santísima, y luego se dirá la siguiente oración.
 
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS DE LA NOVENA.
Señor mío Jesucristo, Verbo Divino, engendrado del Padre antes de todos los siglos, que gozando en su seno de una bienaventuranza cumplida, y no teniendo ninguna necesidad de los hombres, os dignasteis, por nuestro remedio, bajar del Cielo a la tierra, tomando carne en las purísimas entrañas de María Santísima y sujetándoos a la muerte y a todos nuestros dolores y miserias, excepto a las de ignorancia y malicia: postrado a vuestros pies, confieso, que aunque tuviera infinitas lenguas para alabaros, infinitos corazones para amaros, a infinitas vidas para sacrificarlas todas por vuestro amor, todo esto no bastaría para agradeceros tamaño beneficio; pero a lo menos, esto poco que en mí hay, y puedo yo ofreceros (que tambien es don de vuestra liberalidad) sea todo dedicado a vuestro servicio: empléense todas las potencias de mi alma en bendeciros y glorificaros por el medio tan admirable que escogisteis para nuestra santificación y redención; junto mis adoraciones y las que os rindieron los nueve Coros de los Ángeles desde el primer instante de vuestra vida mortal, y las que os rendirán por toda la eternidad: y os suplico, por el infinito amor que me mostrasteis en esta obra me miréis benignamente, desde el alto trono donde gozáis la Gloria tan debida a la dignidad de vuestra adorable Persona, y a las profundas humillaciones, a las cuales os Sujetasteis por nuestro bien; que me comuniquéis las gracias que merecisteis con vuestro sacrificio, dándome una Fe viva, una Esperanza firme, y una caridad ardiente; adornando mi alma de todas las virtudes cristianas, y consiguiéndome, sobre todo la gracia final; para que después de pasar esta vida miserable en amaros con todo mi corazón, y serviros con todas mis fuerzas, pueda en la Eterna veros y alabaros para siempre, como a mi Criador, mi Redentor, Padre amantísimo, y fuente de todo bien.

Mirad también, Señor, por la Iglesia que fundasteis con vuestra Sangre, y el supremo Pastor que la gobierna: os pido, Dios mío, su exaltación; la extirpación de las herejías, y la paz y concordia entre los Príncipes Cristianos; reducid al gremio de la Iglesia a todos los que viven descarriados de ella; acordaos, Redentor dulcísimo, que también por ellos tomasteis nuestra naturaleza, y que tanto os han costado sus almas, como las de los mayores Santos que reinan con Vos en el Cielo. Mirad tambien por nuestro Rey, Reina, su Real Familia y Reino; y en fin por todos los hombres, y particularmente los que estamos haciendo esta Santa Novena, concedednos el favor que os pedimos en ella, si es para mayor gloria vuestra y bien de nuestras almas; y si no una perfecta resignación a vuestra Divina voluntad: así os lo suplicamos por vuestros méritos y la intercesión de Maria Santísima, vuestra Madre y nuestra, en quien, después de Vos, ponemos toda nuestra confianza. Amén.
  
Aquí se pide la gracia que se pretende conseguir, poniendo por intercesora a María Santísima.   
GOZOS
  
Virgen santa y bendecida,
Marde del que os ha creado:
Vos hicisteis brotar la vida
Restañada por el pecado
.
 
Vuestra divina planta
Tiende del pecado el puente:
«Salve Regína se os canta
En las cuatro partes del mundo.
Vuestro auxilio siempre grita
El hijo de Eva desdichado:
Vos hicisteis brotar la vida
Restañada por el pecado.
Virgen santa y bendecida,
Marde del que os ha creado:
Vos hicisteis brotar la vida
Restañada por el pecado
.

¡Dios os salve! ¡Toda llena
De la gracia del Señor!
¡Todas las nubes serena
Vuestra mirada plena de claror.
Por esto es tan débil
El amor con que os han pagado,
Porque a Vos deben la vida
Estañada por el pecado.
Virgen santa y bendecida,
Marde del que os ha creado:
Vos hicisteis brotar la vida
Restañada por el pecado
.
 
Inútilmente la serpiente horrenda
Rodaba por todas partes.
Vos le aplastasteis la cabeza
Con vuestro santísimo pie.
Nunca más, oh serpiente maldecida,
Verán vuestra cabeza en alto:
Nunca más la fuente de la vida
Nunca más quedará estañada.
Virgen santa y bendecida,
Marde del que os ha creado:
Vos hicisteis brotar la vida
Restañada por el pecado
.
   
¡Oh dulzura y esperanza.
Oh santa Madre de Dios!
Piedad y bienaventuranza,
Más blanca y pura que nieve.
Todo a loaros convida,
Mas no hay digno dictado
Para Vos, fuente de la vida
Que a todo el mundo ha salvado.
Virgen santa y bendecida,
Marde del que os ha creado:
Vos hicisteis brotar la vida
Restañada por el pecado
.
 
Por Vos brillan las estrellas
Sobre el mar tempestuoso,
Y todas las cosas bellas
Existen sólo por Vos.
Por Vos, crece como oro, el trigo
Por Vos, la luz de la vida
Deshace la sombra del pecado.
Virgen santa y bendecida,
Marde del que os ha creado:
Vos hicisteis brotar la vida
Restañada por el pecado
.
    
Por Vos, las flores traen aroma:
Por Vos cantan los pájaros,
Y por Vos, llenan el aire
Tantos ecos de cánticos bellos.
Por Vos, la tierra iluminada
Está cuando el sol elevado
Sale a escampar rayos de vida
Por toda la inmensidad.
Virgen santa y bendecida,
Marde del que os ha creado:
Vos hicisteis brotar la vida
Restañada por el pecado
.
  
Cuando la mar se pone inflada,
Os invoca el marinero:
Os invocan en la sequía
El campesino y el jornalero.
Entre la batalla os grita,
Oh Virgen, el pobre soldado;
Todos en Vos, buscan la vida,
El socorro y la piedad.
Virgen santa y bendecida,
Marde del que os ha creado:
Vos hicisteis brotar la vida
Restañada por el pecado
.
   
Los niños, ya en la cuna, tienen
Vuestro escapulario al pecho,
Y uno de los primeros nombres que aprenden
Es vuestro nombre bendito.
¿Qué son los cantos de la aya
Sino preces de amor sagrado?
¿Qué son sino raudales de vida
Que bebe el niño embelesado? 
Virgen santa y bendecida,
Marde del que os ha creado:
Vos hicisteis brotar la vida
Restañada por el pecado
.
 
Cuando en el tiempo de primavera,
Florecen los rosales,
Las doncellas con fallera
Guarnecen vuestros altares.
La feliz y la afligida
Por Vos despullan el prado,
Y las flores cobran más vida
Estando a vuestro costado.
Virgen santa y bendecida,
Marde del que os ha creado:
Vos hicisteis brotar la vida
Restañada por el pecado
.
  
Madre a quien todo hombre venera,
No nos apartéis vuestro amor,
Seguidnos intercesora
Ante Nuestro Señor.
Que sin trabas redimida
El alma vuela pronto.
El alma ama la vida,
Mas sólo en la eternidad.
Virgen santa y bendecida,
Marde del que os ha creado:
Vos hicisteis brotar la vida
Restañada por el pecado
.
 
Virgen santa bendecida,
Madre del que os ha creado,
El espíritu se añora y grita
Entre suspiros: ¡Libertad!
    
Antífona: Hoy se ha declarado tan admirable misterio: Renovando la naturaleza, Dios se ha hecho hombre; permaneciendo en lo que fue y asumiendo lo que no era, sin padecer conmixtión ni división.
℣. Benditas sean las entrañas de la Virgen María, que portaron al Hijo del Eterno Padre.
℟. Y benditos los pechos que lactaron a Cristo el Señor.

ORACIÓN
Oh Dios, que quisiste que, al anuncio del ángel, tu Verbo se encarnase en el seno de la Bienaventurada Virgen María: suplicárnoste hagas que, los que creemos que ella es verdadera Madre de Dios, seamos ayudados ante ti por su intercesión. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
DÍA SEGUNDO - 3 DE OCTUBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración preparatoria.
 
CONSIDERACIÓN: BONDAD Y PROVIDENCIA DE DIOS, Y ESPERANZA DE MARÍA SANTÍSIMA.
Considera la Bondad y providencia de Dios, que singularmente resplandece en este Misterio de la Encarnación, queriendo venir Él mismo en persona, a trabajar en nuestro remedio y santificación. Dijo David en otro tiempo: «Dóminus de Cœlo in terram aspéxit»; el Señor miró desde el Cielo a la tierra: pues en el Cielo es donde se manifiesta más particularmente, aunque está presente en todas partes; pues véisle aquí manifestarse visiblemente en la tierra, y andar entre los hombres como uno de ellos, para instruirlos con su doctrina, guiarlos con sus ejemplos, sanarlos con sus llagas, y vivificarlos con su muerte. Pues ¿cómo no ponemos en él toda nuestra confianza? ¿Cómo no nos decimos en todos los reveses de la vida: el que me envía este trabajo es el mismo que se hizo hombre y murió en una Cruz por mí? Unus omníno; uno absolutamente; pues siendo obra del mismo Señor lo uno y lo otro, ¿puedo yo dudar que es la misana bondad, la que en lo uno y en lo otro le guía? Tomemos por modelo de nuestra esperanza a Maria Santísima, que no dudó un momento que Dios conservaría su virginidad, mantendría la paz con su Esposo, y la la sostendría en todos los trabajos que había de pasar con el Hijo adorable que iba a dar a luz.    
Alabarás a Dios en esta perfeccion suya, y virtud de Maria Santísima, diciendo la siguiente Oración:
Dios de bondad, inefable en vuestra providencia, que dijisteis, que aun cuando una madre se olvidara del hijo de sus entrañas, Vos no os olvidaríais de los hombres, y probasteis la verdad de esta palabra, haciendo por ellos aquello a que nunca llegaría el amor de la madre más tierna, yo os adoro en estas vuestras perfecciones infinitas, juntando mis adoraciones a las que os rindieron los Arcángeles en el mismo instante de vuestra Encarnación, y particularmente a las de vuestro Arcángel San Gabriel, dichoso mensajero de los decretos de vuestra bondad eterna. A vuestros pies me postro; en vuestros brazos me arrojo, y corro a descansar en vuestro seno paternal; allí pongo todos mis cuidados; en la firme confianza que por esa bondad y providencia infinita, que os trajo de él a la tierra por nuestro remedio, me consolaréis en las aflicciones, me defenderéis en los peligros, y me guiaréis por los caminos de esta vida miserable, adonde vea yo y goce por siempre de vuestra bondad no ya en sus obras, sino en sí misma, no ya en los efectos, sino en la causa; no ya en los arroyos sino en la fuente: así os lo suplico, poniendo por intercesora a María Santísima, Madre de la Santa Esperanza, y después de Vos, vida y dulzura de los hijos de Eva en este miserable destierro. Amén.
 
Ahora se rezarán los tres credos y las nueve Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
      
DÍA TERCERO - 4 DE OCTUBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración preparatoria.
 
CONSIDERACIÓN: HUMILDAD DEL HIJO DE DIOS Y DE SU MADRE SANTÍSIMA.
Considera la humildad del Hijo de Dios en el misterio de su Encarnación. ¿Qué cosa más admirable que el que aquel que está sentado sobre los tronos del Cielo, y ante cuyo acatamiento encogen sus alas los más elevados Serafines, quiera bajar del Cielo, y tomar carne en las entrañas de una doncella? ¿Qué mayor maravilla que el que Aquel que es igual en todo consustancial al Padre, pueda ya decir con verdad: «El Padre es mayor que yo según mi humanidad»; que Aquel que era antes que Abrahán, ya es hijo de Abrahán, en cuanto hombre: que el que es Eterno tenga principio, y que sea hecho hombre el que es hacedor de todo lo criado? Considera al mismo tiempo cuán profundamente este Maestro de la humildad imprimió tan celestial virtud en el Corazón de su Madre Santísima, y cuán dócil la encontró para recibir sus lecciones, pues en el momento de verse elevada a la mayor dignidad, que puede tener una pura criatura, tan sublime honra no altera su modestia. El Señor la hace su Madre, y María Santísima solo se llama esclava suya: Santa Isabel a poco tiempo la aclama bendita entre todas las mujeres, y María Santísima da toda la gloria a Dios porque miró la humildad de su Sierva.
      
Alabarás al Señor en su asombrosa humildad, y la de María Santísima, diciendo la siguiente Oración:
Dios de gloria, Rey de los Reyes y Señor de los Señores, que por nuestro remedio os dignasteis humillar vuestra grandeza hasta la condicion de hombre y de niño. Yo os adoro con todo mi corazón en este vuestro estado de humillación, y junto mis adoraciones a las que en el mismo instante de vuestra Encarnación os rindieron aquellos Espíritus Celestiales que en el Cielo sirven como de trono a vuestra Majestad; y también a las que os rindió el Arcángel San Gabriel, que tuvo la dicha de ser elegido por Vos para anunciar a los hombres este Misterio de vuestro anonadamiento. En vuestra humilde flaqueza adoro la omnipotencia de Dios: en vuestro profundo silencio la sabiduría increada; y bajo el velo del cuerpo de un niño recién concebido, a aquel Dios inmenso para quien son estrecho espacio Cielos y tierra.
  
Os suplico, Divino Maestro y modelo mío, que por el mérito de vuestra humildad os digneis imprimir esta virtud en mi corazón, para que, confundido de mis muchos pecados y mi mala correspondencia a vuestros beneficios, a lo menos, sufra, con paciencia las humillaciones que merezco, pues Vos, merecedor de toda gloria, os sujetasteis a tantas por mi amor; así os lo suplicio, por la intercesión de María Santísima vuestra Madre, que habiendo sido en la tierra la más perfecta imitadora de vuestra humildad, está ahora la más cercana al trono de vuestra gloria. Amén.
 
Ahora se rezarán los tres credos y las nueve Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
    
DÍA CUARTO - 5 DE OCTUBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración preparatoria.
 
CONSIDERACIÓN: JUSTICIA DE DIOS, RELIGIÓN Y TEMOR DE DIOS DE MARÍA SANTÍSIMA.
Considera la justicia de Dios que singularmente resplandece en este Misterio de la Encarnación, pues siendo el pecado un mal infinito, por ser ofensa de su Majestad Suprema, solo una víctima de infinito valor pudo ser bastante para alcanzar el perdón de ella; y para este efecto quiso que tomase carne su Unigénito Hijo, para que, como verdadero hombre, pudiese satisfacer y merecer: y como verdadero Dios tuviese virtud infinita para satisfacer perfectamente.

Considera al misma tiempo la Religión y santo temor y resignación con que estaba dispuesta María Santísima para recibir en su seno a este Dios de Justicia, pues a pesar de estar concebida sin pecado original, criada en el templo desde la edad de tres años, y confirmada en gracia desde el primer instante de su existencia, estaba tan temerosa de las ocasiones de pecar, que la vista de un Ángel en forma de hombre sobresaltaba su pureza, y sus elogios bien que celestiales, estremecían su humildad.
    
Alabarás a Dios en esta perfeccion suya, y virtud de Maria Santísima, diciendo la siguiente Oración:
Dios de Justicia, que no dejáis el pecado sin castigo, y cuya justa ira no pudo aplacar la sangre de los becerros, sino solo la de aquella Victima inefable, que al mismo tiempo es el Sacerdote Eterno, según el orden de Melquisedec, engendrado en vuestro seno antes del lucero de la mañana; yo os adoro en esta vuestra perfección infinita, que tanto resplandece en el Misterio de la Encarnación de vuestro Unigénito juntando mis adoraciones a las de las Dominaciones, y a las de vuestro Arcángel San Gabriel, elegido de Vos para anunciarnos la dichosa nueva de que ya iba a aparecer en la tierra este Cordero Divino, que solo podía quitar los pecados del mundo: yo os suplico que iluminéis mi entendimiento para que, por el precio infinito de nuestro rescate, conozca yo cuán grave mal es el pecado; que huya las ocasiones de él; que tema vuestra Justicia, y obre mi salvación con temor y temblor: yo os lo pido así por la intercesión de María Santísima, vuestra hija predilecta y Madre de mi Salvador, que siempre os fue fiel y obediente, y con vuestro santo temor toda su vida jamás cometió la menor culpa contra Vos. Amén.
 
Ahora se rezarán los tres credos y las nueve Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
    
DÍA QUINTO - 6 DE OCTUBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración preparatoria.
 
CONSIDERACIÓN: MISERICORDIA DE DIOS, Y DULZURA DE MARÍA SANTÍSIMA.
Considera la misericordia de Dios que singularmente resplandece en este Misterio de su Encarnación: pues siendo Dios el ofendido, y el hombre el culpado, y no permitiéndole su Justicia dejar el pecado sin castigo, mejor quiso tomar una naturaleza pasible, y sufrir la pena que nosotros debíamos, que perder a los que éramos sus enemigos. ¿Y es posible que después de esta muestra de su clemencia, dude volverse a Dios el pecador, aunque esté manchado con los crímenes más horribles? ¿No pesa más una sola gota de esta Sangre Divina que todos los delitos del mundo? ¿Podía dar este Señor mayor prueba de que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, que el hacerse Hombre, y morir en Cruz para salvarle? Y si su Justicia rigurosa atemoriza, acogeos al patrocinio de María Santísima, su amorosa Madre, Reina de misericordia y de dulzura, y Abogada de pecadores, de cuya virginal y purísima Sangre el Espíritu Santo formó la preciosísima de su Santísimo Hijo, que había de servir para el precio del rescate de aquellos; y la dio también para con ellos un corazón de Madre, más tierna que la misma que nos dio a luz en este mundo.
      
Alabarás a Dios en esta perfeccion suya, y virtud de Maria Santísima, diciendo la siguiente Oración:
Dios de Misericordia, que sois aquel buen Pastor, que teniendo en el Cielo a los nueve Coros de los Ángeles, como otras tantas ovejas fieles, bajasteis a la tierra a buscar con inmensos trabajos a las que se habían descarriado, tomando su misma naturaleza, y dando vuestra vida por ellas en la Cruz. Yo os adoro en esta perfección vuestra, y junto mi adoración a las que os rindieron los Principados en el mismo instante de vuestra encarnación, y también a las que Os rindió el Arcángel San Gabriel, dichoso mensajero del decreto de vuestra Misericordia infinita; y lleno de confianza en ella, me vuelvo a Vos, Dios mío, y Redentor amorosísimo; a vuestros pies lloro todos mis pecados: su enormidad me aflige y me atemoriza; pero no disminuye mi confianza, que me dice: que todo lo debo esperar de un Dios que se hizo hombre por mi amor y que cuanto mayores sean mis culpas más resplandecerá en su perdón vuestra Misericordia, y la virtud infinita de aquella Sangre preciosa que derramasteis por mí. Este perdón os pido por la intercesión de María Santísima, vuestra Madre amorosa; para que viviendo aquí en vuestra gracia; pueda luego en el Cielo cantar eternamente vuestras Misericordias; «Misericórdias Dómini in ætérnum cantábo». Amén.
 
Ahora se rezarán los tres credos y las nueve Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
    
DÍA SEXTO - 7 DE OCTUBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración preparatoria.
 
CONSIDERACIÓN: PODER DE DIOS, Y PODER Y DIGNIDAD DE MARÍA SANTÍSIMA.
Considera el poder infinito de Dios, que singularmente resplandece en este misterio de la Encarnación, juntando, en una sola persona, dos naturalezas tan distintas, cuales una increada, y otra creada; una impasible y otra pasible; eterna la una y la otra mortal; haciéndose esta unión de Persona, sin confusión de naturalezas, y de un modo tan admirable, que ni perdió nada con la humanidad de la Gloria del Padre, ni disminuyó nada con el nacimiento, la virginidad de la Madre.
  
Considera al mismo tiempo la sublime dignidad y alto poder a que por esta Divina Maternidad, ascendió Maria Santísima, quedando, no solo por ella constituida Reina del Cielo y de la tierra, y superior a todos los Coros Angélicos, sino logrando derechos de Madre para con el mismo Dios, el cual habipendola guardado, en su vida mortal, todos los respetos del Hijo más tierno y obediente, la colocó después en el Cielo en el Trono más cercano al suyo; y más consigue con Él un ruego de su Madre, que los de todos los Santos del Cielo y de la tierra juntos.
   
Alabarás a Dios en esta perfeccion suya, y virtud de Maria Santísima, diciendo la siguiente Oración:
Dios Omnipotente, ante cuya Faz se derriten los montes, y a cuyo mandato cede todo el orden de la naturaleza. Yo os adoro en esta vuestra perfección infinita, juntando mis adoraciones a las que os rindieron las Potestades en el mismo instante de vuestra Encarnación, y también a las que os rindió vuestro Arcángel San Gabriel, que anunció al mundo esta obra maestra de vuestra Omnipotencia.
 
Os alabo mil veces por haber querido emplear esta, no en perdernos, como lo teníamos merecido, sino en obrar nuestra salvación por un medio tan admirable, cual era el haceros hombre y morir en Cruz por nuestro amor. Yo os suplico que con aquel poder con que unisteis la naturaleza humana a vuestra Divina Persona, y la hicisteis inseparable de ella, unáis nuestros corazones a Vos, con tan fuerte vinculo de amor y de fidelidad a vuestras leyes, que nada sea capaz de apartarnos de ellas. Así os lo pido por la intercesión de María Santísima vuestra dulcísima Madre, a la cual como Hijo el más amante que hubo ni habrá jamás, nada negareis de lo que os pida. Amén.
 
Ahora se rezarán los tres credos y las nueve Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días..
    
DÍA SÉPTIMO - 8 DE OCTUBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración preparatoria.
 
CONSIDERACIÓN: FIDELIDAD Y VERDAD DE DIOS, Y FE DE MARÍA SANTÍSIMA.
Considera la fidelidad y verdad de Dios, que singularmente resplandecen en este Misterio de la Encarnación; pues habiendo prometido el Señor a nuestros primeros Padres, después de su caida, que les enviaría un Redentor; y habiendo ratificado esta promesa a muchos Santos Patriarcas y profetas, envía hoy a su Unigénito Hijo para cumplirla, verificando hasta las menores circunstancias que les habia revelado con tanta anticipación, para que cuando llegase el caso, sirviesen de firme fundamento a nuestra fe.

Considera al mismo tiempo cuán grande fue esta fe en María Santísima, pues siendo tan extraordinarias las cosas que el Ángel la anunciaba, no dudó un momento, ni pidió señal como Zacarías, siendo mayor cosa parir virgen que parir estéril, y parir a Dios que parir a un puro hombre, pues aunque preguntó «¿cómo se hará esto?», no fue dudar de que Dios podía hacerlo, sino solamente preguntar sobre el modo con que se haría, pues ella tenía hecho voto de virginidad.
       
Alabarás a Dios en esta perfeccion suya, y virtud de Maria Santísima, diciendo la siguiente Oración:
Dios de verdad, tan fiel en vuestras promesas, que llegado el tiempo que teníais determinado desde la Eternidad, venisteis Vos mismo en persona a cumplir las que habíais hecho a nuestros primeros Padres, y a muchos Siervos vuestros que les sucedieron. Yo os alabo con todo mi corazón, en estas vuestras perfecciones infinitas, juntando mis adoraciones a las que os rindieron las Virtudes de los Cielos en el mismo instante de vuestra Encarnación; y también a las que os rindió el Arcángel San Gabriel, que habiendo ratificado a Daniel vuestras promesas antiguas, fue elegido también para anunciar a María Santísima que había llegado el dichoso instante de su cumplimiento; y protesto que apoyado en esa vuestra misma fidelidad y verdad eterna, creo firmemente cuanto habéis revelado a vuestra Iglesia, sujetándome en todo y por todo a sus decisiones, pronto a sellarlas todas con la última gota de mi sangre, poque Vos, Dios mío, habéis prometido estar con ella hasta el fin de los siglos.
  
Dignaos fortificar esta Fe en mi corazón, y hacerla viva por la caridad y las buenas obras; así os lo pido por vuestros méritos, y por la intercesión de María Santísima, vuestra digna Madre, que fue bienaventurada porque creyó Amén.
 
Ahora se rezarán los tres credos y las nueve Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
    
DÍA OCTAVO - 9 DE OCTUBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración preparatoria.
 
CONSIDERACIÓN: SABIDURÍA DE DIOS, Y CONFORMIDAD DE MARÍA SANTÍSIMA.
Considera la Sabiduría de Dios que singularmente resplandece en este Misterio de su Encarnación, escogiendo para la salvación del género humano, un medio tan admirable, que jamás se les hubiera ocurrido a los mas sublimes Espíritus del Empíreo. Mira cómo supo combinar con tanta sabiduría, la dignidad y decoro debidos a su Divina Persona, y la humildad, de la cual quería dar ejemplo a los hombres. Es concebido, pero es por obra y gracia del Espíritu Santo; nace de mujer, pero es de Madre virgen; es puesto en un pesebre, pero es cantado por los Ángeles: de modo que en todo cuanto hizo, unió estos dos extremos con tanta perfección; que su humildad hizo más visible su grandeza; y esta dio más fuerza a los ejemplos de su humildad. Considera también con qué docilidad se dejó guiar María Santísima por la Divina Sabiduría, pues estando tan distante su modestia de aspirar a la honra que aquella la destinaba, con todo, apenas oyó que era esta la voluntad de Dios, se sujetó a ella sin réplica, diciendo: «He aquí la Esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra».
       
Alabarás a Dios en esta perfeccion suya, y virtud de Maria Santísima, diciendo la siguiente Oración:
Dios de luz, Sol de Justicia que iluminais a todos los que vienen al mundo, y que con admirable sabiduría supisteis unir la satisfacción debida por la culpa con el remedio del culpado. Yo os adoro en este perfección vuestra, que tanto resplandece en este Misterio de vuestra Encarnacion; juntando mis adoraciones a las que desde el primer instante de ella os rindieron los ilustrados Querubines, y vuestro Arcángel San Gabriel, que tuvo la dicha de anunciar a los hombres en el tiempo, lo que desde la Eternidad estaba resuelto en los Consejos de vuestra Sabiduría infinita.
  
Os reconozco por mi guía segura; por mi luz infalible, y por el camino que solo puede conducirme a la vida eterna: como a tal me sujeto a Vos y a todas vuestras disposiciones sin replicar ni titubear un instante: conducidme por donde queráis; haced de mí lo que os agrade; yo os seguiré con los ojos cerrados; y aunque levantareis sobre mi cabeza la espada de la muerte, viniendo de vuestra mano el golpe, yo inclinaría gozoso el cuello para recibirle. Arraigad y fortificad en mi corazón estos sentimientos hasta que en la Patria Celestial, cuyo camino Vos me habéis abierto, por un medio tan admirable, cual era el haceros hombre y morir en Cruz, vea yo descubiertos los consejos de vuestra Sabiduría, que ahora adoro por la luz de la Fe. Así os lo pido por la intercesión de María Santísima, vuestra Purísima Madre, que fue al mismo tiempo la más obediente de vuestras esclavas, y la más dócil de vuestras discípulas. Amén.
 
Ahora se rezarán los tres credos y las nueve Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.
    
DÍA NOVENO - 10 DE OCTUBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración preparatoria.
 
CONSIDERACIÓN: AMOR DE DIOS A LOS HOMBRES, Y CARIDAD DE MARÍA SANTÍSIMA.
Considera el amor de Dios hacia nosotros, que singularmente resplandece en este Misterio de su Encarnación. ¿Que ganaba este Señor con hacerse Hombre? Todos los bienes están encerrados en la Naturaleza Divina. ¿Qué pudo, pues, buscar en la nuestra? ¡Ah! Nada mas que las humillaciones, los dolores y la muerte, de que es incapaz la Divinidad. ¿Y por qué quiso cargar con unas miserias, a las cuales no estaba sujeto? Por nuestro amor por nuestro remedio. ¿Y qué fruto esperaba de sementera tan costosa? Ninguna ventaja propia. Pero a lo menos, ¿iba a encontrar en nosotros unos corazones agradecidos? ¡Ah, no!, que bien preveía nuestra dureza, y el abuso que tantos habían de hacer de su Sangre y de sus beneficios: y aun cuando todos correspondiéramos a ellos, ¿qué aumentaba a su Gloria, ni nuestra gratitud, ni nuestra felicidad eterna? Pero, ¿acaso ignoraba lo trabajoso de la obra que iba a emprender? Tampoco, Él preveía cuántas penas iba a pacar en la Naturaleza que tomaba; y sabiendo sus circustancias, y conociendo su peso, tomó esta Naturaleza, y abrazó estas penas para salvar al hombre de las eternas que merecían sus culpas. ¡Oh admirable efecto del amor más ardiente y más puro! ¡Oh muestra incomprensible de la caridad de aquel Divino pecho! ¡Con que mientras el hombre, merecedor de muerte, busca tantos recursos para huir los trabajo:;, este Señor, á quien adoran y aclaman Santo los mas elevados Espíritus del Empíreo, este Rio de deleites, que inunda la Celestial Jerusalén, hace el milagro más estupendo, hasta trastornar todo el Orden de la naturaleza, para poder padecer por unos hijos rebeldes, y llevar sobre sí sus dolores, y curarlos con sus cardenales! Amémosle, pues, de todo corazón, ya que Él nos amó tanto el primero. Tomemos por modelo de nuestra Caridad la de María Santísima; y contemplando aquel Sagrado Corazón en el dichoso momento de la Encarnación del Verbo, aprendamos en él los afectos que deben inflamarnos hacia nuestro amabilísimo Redentor, cuyo Amor inefable y Caridad de su virginal madre, procuraremos alabar, según nuestras fuerzas, diciendo la siguiente oración:
    
Dios amorosísimo, fuente de Caridad inagotable, que por puro amor, sin ningún interés propio, bajasteis del Cielo a la tierra para salvar a los hombres a costa de vuestros trabajos, de vuestros sudores, y de la efusión de vuestra Sangre preciosa; yo os adoro en esta prueba inaudita de vuestra ternura Paternal; juntando mis adoraciones a las que los abrasados Serafines os rindieron en el mismo instante de vuestra Encarnación: ¡ojalá tuviera yo todos sus ardores, y los de vuestro Arcángel San Gabriel, en aquel dichoso momento que nos trajo este mensaje de amor y de piedad, puesto que más agradecido os debo yo estar por este Misterio que los Ángeles y Serafines, siendo mi naturaleza la que recibió la honra incomparable de ser unida a vuestra Divina Persona; y mi salvación el objeto de vuestra venida; siendo yo la oveja descarriada que queríais volver al redil, y la dracma perdida que buscasteis con tantos trabajos. Ámeos yo, pues, con todas las fuerzas de mi corazón, ¡oh Redentor amantísimo y amabilísimo!; ámeos con amor ardiente, por el vuestro, que no conoce límites; con amor puro y desinteresado, por el que me mostrasteis aun siendo yo vuestro enemigo; con amor activo y generoso, por el que os trajo del Cielo a la tierra, y os metió entre las espinas, os ató a la columna, y os llevó a la muerte por nosotros; con un amor constante e invencible; por esa Caridad más fuerte que la muerte, cuyas llamas no pudieron apagar las muchas aguas de las tribulaciones; en fin, con un amor eterno en la Gloria que me ganó el vuestro, que no tuvo principio, y no tendrá fin, como mis culpas no rompan su dulce vínculo. No permitáis esta desgracia, Padre amorosísimo: quitadme la vida, si quéreis: pero no dejéis que me aparte de Vos, que sois mi verdadera vida; unido con Vos se hallan manantiales de dulzura en medio de los mayores trabajos; y sin Vos nada hay que pueda llenar nuestro Corazon; el Cielo mismo no es Cielo sino porque se os ve y se os goza en él; ni el Infierno es Infierno sino porque nos separa de vuestro amor. ¡Oh Vos!, que venisteis a encender este fuego en la tierra, y no deseasteis otra cosa sino que ardiera: echad en nuestros fríos corazones alguna centella de aquel incendio Divino que abrasa el vuestro: para que, unidos a Vos con fuertísimo vínculo de amor, y fortificados por la gracia que nos mereció el vuestro, podamos exclamar con vuestro Apóstol: «¿Quién nos separará de la Caridad de Cristo? Ni la tribulación, ni la angustia, ni criatura alguna de cuantas hay en el Cielo y en la tierra». Así os lo suplicamos por la intercesión de María Santísima, Madre del amor hermoso, y más abrasada en Caridad en el primer instante de su Inmaculada Concepción, que todos los Santos juntos en el último de su vida. Amén.
 
Ahora se rezarán los tres credos y las nueve Ave Marías. La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

MES DE OCTUBRE AL SANTÍSIMO ROSARIO - DÍA SEGUNDO

Tomado de El Rosario: Meditaciones para los 31 días del mes de Octubre, de la autoría del licenciado Juan Luis Tercero. Publicada en Ciudad Victoria, México, en el año 1894 por la Imprenta Oficial de Víctor Pérez Ortíz. Imprimátur concedido el 12 de Marzo de 1894 por Mons. José Ignacio Eduardo Sánchez y Camacho, Obispo de Ciudad Victoria-Tamaulipas (actual Tampico).

CAPÍTULO VI. OTRA VEZ LA ENCARNACIÓN DEL DIVINO VERBO
Para entender y amar a Jesucristo, no hay como entender y amar a la Madre de Dios; y recíprocamente: para entender y amar a esa santa Madre, tampoco hay como entender y amar a Jesucristo, hemos dicho al fin del anterior capítulo y nos es grato hacer de ello el total asunto del presente.
  
La obra maestra de Dios omnipotente es la encarnación de su Unigénito; la gran cooperadora de esa obra es la Santísima Virgen, la dulcísima Reina de la misericordia. Esto es verdad, y si lo es, ¿de qué mejor manera podemos entender y amar esa encarnación, si no entendiendo y amando a esa gran cooperadora?
  
Mas, para estimar y agradecer ese favor enormísimo de la piedad divina por su cooperadora, necesario es averiguar qué tanto ha importado y ha valido esa cooperación. Veámoslo. El amor divino, que es el alma de la encarnación, necesitaba todo esto: unir hasta lo sumo al Criador con la creación, tomar como medio a una especie que resumiese de lo celeste y de lo terreno todos los órdenes, a saber: la especie humana; escoger a una mujer para madre del Hijo eterno del Padre celestial, y escogerla por eso como el pleno objeto de todos sus favores, como la Primogénita y la Reina de todo lo criado; todo eso había de ser la Cooperadora. Todo el género humano, todo el Universo iba a ser con ello infinitamente favorecido, cada uno en la medida de su capacidad; mas la capacidad de gracia plena de esa Reina, era no sólo un medio para el beneficio de todos, sino un intento supremo y antecedente en beneficio de Ella. Esto enseñan con su alta ciencia y esto adoran los sabios y los santos más entendidos y agradecidos de los divinos favores; esta es la teología de los Santos Padres y la de los Doctores y Santos desde la más antigua época hasta la más reciente, es decir, la de todos los siglos cristianos y aun la de los tiempos de los Patriarcas y de la Sinagoga, si bien bajo las sombras de lo figurado y de lo profético.

Según eso, Dios se hizo hombre, pero de tal manera, que una sola persona resultase de la unión de la Divinidad y de la naturaleza humana; con tan maravilloso efecto, que, en lo humano de Jesucristo, se viese la divina actitud, digamos así, del infinito Dios; y recíprocamente, a lo divino de ese mismo Jesucristo, lo humano de él pudiese conducirnos como la expresiva y fiel traducción de lo visible a lo invisible, según todos los días se goza en cantarlo la Iglesia: «ut dum visibíliter Deum cognóscimus, per Hunc in invisibílium amórem rapiámur».
  
Dínos, amadísimo lector, si no es eso estupenda sabiduría, capaz por su buen sentido celeste, de despertar la más renuente fe, a la más solícita aquiescencia.
  
Como que en ello se descubre el altísimo carácter de un Dios infinito en bondad, en ciencia, en poder, en justicia y en misericordia; bondad que quiere el bien de lo criado, ciencia que entiende los fines, los medios y los principios del designio divino; poder que no conoce otro límite a este sino el de su querer; justicia que no deja impune el delito ni sin reparación; misericordia que permite en ajena cabeza y a costa propia del ofendido, por decirlo así, la vindicta y reparación que pide la justicia.
  
Ese es el carácter del Dios que la encarnación nos revela ¡Qué garantía tan completa de verdad! ¡Qué prenda tan expresiva del vivísimo amor de ese Dios! Pero, como hemos dicho, la excelsa Virgen María cuenta en ese divino plan con un lugar tan preferente, que nada menos antecede a todo en el divino designio, después del lugar que en él ocupa su principal intento, su principal objeto que es la glorificación del Verbo, la persona de Jesucristo. Según esto, volvemos a encontrarnos con que por Jesucristo conoceremos y amaremos a María y por ella a Jesucristo.
  
Si es por el lugar que ambos ocupan en el plan divino, nada más semejante que Él y Ella, porque nada hay que medie en la estrecha unión de ellos; no hay entre Él y Ella ningún intermedio.
   
Es una gran verdad, que en todo lo criado hay una maravillosa gradación en la cuasi infinita muchedumbre de los seres, en tales términos, que, de un ser a otro la semejanza es suma y las diferencias minoradas también en grado sumo; de manera que de lo menor se sirve el bondadoso y sabio Criador para el esplendor y gloria de lo mayor, y también de manera que sin perjuicio de eso, lo menor tenga el fin y la gloria que le corresponden por la ciencia y la bondad de ese mismo Criador.
 
Si Jesucristo es el esplendor de la gloria del Padre (esplendor hecho hombre), María es el espejo purísimo en que ese esplendor se refleja («splendor glóriæ et figúra substántias ejus». Heb. 1-3); si se hace hombre, es de la substancia de las entrañas virginales («Factum ex Muliére». Gal. 4-4); si Jesucristo expresa de tal manera a su Padre, que quien a Él ve, decir puede que vio a su Padre, María expresa de tal manera a su divino Hijo, que, quien a ella la ve, mucho puede decir que ha visto de Jesucristo, a más de que sin ella Jesucristo no se deja ver ni se da a ver. Si a Ella la vemos bendita entre todas las mujeres, a Él ya podemos suponerlo el más hermoso entre los hijos de los hombres («Speciósus forma præ fíliis hóminum». Salm. 44); si a Ella la vemos hermosa como la luna, su Hijo ha de ser esplendoroso como el sol («Pulchra ut luna, elécta ut sol»); si Ella es llena de gracia, sólo su Hijo tendrá la gracia en toda la plenitud mayor que reclama la persona única de un hombre Dios; si Ella es humilde, como no lo fue criatura alguna, y en ese grado inmaculada e inflamada en plena caridad, su Hijo podrá decir y sólo él: «aprended de mí que soy manso y humilde de corazón»; si Ella es el huerto cerrado y la fuente sellada, Él es el árbol de la vida plantado en medio de ese huerto y el agua vivificante que brota de esa fuente; es Ella la raíz do Jessé que germina el tallo del cual nace la flor Jesucristo sobre la que posa el Espíritu Santo; Ella en fin y en una palabra, ella con Jesucristo y Jesucristo con ella, son eso nuevo, esa novedad, esa obra estupenda que el Señor iba á ofrecer como el gran espectáculo de gloria de todos los siglos: una Virgen que concibe, y esa concepción el Verbo hecho carne («Novum creávit Dóminus super terram: fœ́mina circúmdabit Virum». Jerem. 52-22.), como anunciaba el gran profeta.

Cuánto es de entenderse lo amable que será al Padre celestial el Verbo humanado, cuando se piense en lo amable que le es la inmaculada María, y en que si Ella es un portento de gracias y de méritos, mayor portento es de gracias y de méritos su Hijo divino; Ella con la grandeza de ese «quid infinítum», de ese cuasi infinito de la que ha encontrado gracia a los ojos del Señor, y Él con la del Verbo igual a Dios. Y en cuanto a nosotros que no podemos alcanzar el concepto intenso de lo infinito, cuánta luz nos da para elevarnos a ese concepto y qué bien predispónenos a amarle más y más, el reflexionar que si es tan grande la belleza y tan suave la ternura de esa mujer inmaculada, mayores han de ser la belleza y ternura de quien la sacó de la nada, de quien la ideó de intento y sobre todos sus intentos para que por Ella fuese Él conocido mejor. Apiadáos de nosotros, ¡oh divino Verbo, oh dulce Madre de Dios! para que entendamos el gran lucro que reporta quien os entiende y os ama como el único verdadero tesoro, como el único bien que vale por todos los negocios y por todos los bienes.
  
Pero si tanto nos interesa conocer y amar al Hijo por la Madre, al sol por la luna, al ideal supremo por su semejanza, al Autor infinito de todo bien, por la obra maestra y suprema de su bondad entre lo criado, por eso mismo nos interesa tanto conocer a esa Madre, a ese astro de modestia, a ese símil de la grandeza divina, a esa obra maestra de la bondad eterna. Mas, ese conocimiento y el amor que a él le sigue, no pueden ser mejores que ayudados del conocimiento mismo que tenemos, así como del amor que nos une a ese infinito Dios y a su enviado Jesucristo.

Para conocerte y amarte, altísima Señora nuestra, después que admiramos tu humildad, tu pureza limpia de toda mancha, tu fortaleza y tu misericordia, mucho más nos dice todavía pensar en lo que es Dios y en lo que de ti quiso. El Señor Dios de las virtudes contiene todo bien y lo es en infinito grado; pues ¡ea! ese sumo bien que cuanto quiere puede, quiso tanto para ti y tan eficazmente lo quiso, que ya no pudo querer más; de ahí que fue como infinito lo que hizo en ti, ¡oh Señora!
  
Luego, a la inversa de lo que a la Samaritana decían los suyos, diremos nosotros: tu grandeza, Señora, es mayor de la que vemos y concebimos, y eres más hermosa y amable de cuanto pudiéramos idear; porque su medida consiste nada menos que en el querer del infinito Dios llevado a lo sumo del favor dispensado a una criatura, es decir, otra vez al «quid infinítum» del Ángel de las escuelas, al «grátia plena» del arcángel celeste. Por eso es tan de buen sentido teológico, buen sentido que brota en el hermoso discurrir de los mayores santos, esta sentencia: la grandeza, la belleza, la santidad de María, sólo Dios puede alcanzar a conocerla y sólo su excelsa Majestad puede amarla hasta el grado que esa dichosa Mujer merece.
  
¡Oh Madre nuestra dichosísima! Madre de pecadores, que no somos otra cosa; conozcamos por ti a nuestro Jesús y por ti amémosle más; conozcamos y amemos más y mas a ti por tu Jesús, y de nuevo conozcamos y amemos más y más a Jesús, Dios por todos los siglos; y que de la recitación y meditación de tu Rosario, saquemos cada día más frutos de paz para el viaje y gran fruto de gloria en la Patria! 

martes, 1 de octubre de 2019

DISIDENTE CHINO: «EL RÉGIMEN DICTATORIAL NO DURARÁ MÁS»

Noticia tomada de BBC.
  

China celebra esta semana 70 años de la fundación de la República Popular. 
      
70 años.
  
Se cumplen siete décadas desde que Mao Zedong se hiciera con el poder en China y creara la República Popular, gobernada por un único partido, el comunista, que se ha mantenido hasta hoy en la cúpula.
  
Pekín no ha escatimado en las celebraciones para marcar el triunfo de la Revolución y el histórico ascenso económico del país desde entonces, pero hay quien cree que el tiempo del Partido Comunista chino (PCCh) se agota.
  
Es el caso del prominente abogado de derechos civiles y académico Teng Biao, una de las voces más destacadas de la disidencia china.
  
Teng, que se vio forzado a huir del país tras la creciente presión de las autoridades, lo tiene claro: el PCCh «no sobrevivirá mucho más tiempo».
  
«El gobierno chino cada vez está topándose con más desafíos», subraya el letrado, educado en una de las universidades más prestigiosas del país asiático.
  

Teng, ante el Congreso de Estados Unidos en 2015, donde habló del deterioro de la situación de derechos humanos en China.
 
De cara al importante aniversario que festeja Pekín, BBC Mundo habló con Teng en Estados Unidos, donde trabajó como profesor visitante de Harvard y actualmente hace lo propio en la Universidad de la Ciudad de Nueva York.
  
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BBC: El 1 de octubre, China celebra 70 años de la fundación de la República Popular, o en otras palabras, el triunfo del Partido Comunista. ¿Seguirá el PCCh otros 70 años en el poder?
TENG BIAO: De ninguna manera. La dictadura que ha durado más tiempo en la historia logró mantenerse unos 74 años y no creo que el PCCh pueda sobrevivir otros 70 años, o incluso otros 30.
   
Se ha hablado mucho sobre que el PCCh se está enfrentando a una crisis política, económica e ideológica, y cada vez hay un mayor número de países democráticos en el mundo y menos regímenes dictatoriales, autoritarios.
  
El régimen dictatorial va contra la naturaleza humana, contra la humanidad, así que no durará mucho.
  
BBC: De cara a este aniversario, muchos recuerdan el legado de Mao Zedong, que llevó al PCCh al poder. Cuando Xi Jinping logró eliminar los límites presidenciales hace un año y poder así perpetuarse en el gobierno, múltiples analistas le compararon con el histórico líder. ¿Es Xi un nuevo Mao?
TENG BIAO: Depende. Si hablamos en términos de un dictador totalitario, de acumular poder en una sola persona y del culto a la personalidad, Xi Jinping es similar a Mao Zedong. Está adoptando cada vez más políticas de la era maoísta, ha realizado numerosos discursos tradicionales y en contra de las ideas occidentales. Pero Xi Jinping no es el nuevo Mao Zedong.
   
De izquierda a derecha, líderes destacados de China: Mao Zedong, Deng Xiaoping, Jiang Zemin, Hu Jintao y Xi Jinping.
  
Para empezar, Mao Zedong estableció una economía planificada y lo que Xi Jinping quiere no es una economía planificada socialista, sino de mercado, aunque no como en Occidente, (quiere) una economía de mercado totalmente controlada por el PCCh. Algunos académicos lo llaman una “cleptocracia”. Los miembros del partido en realidad manipulan el sistema político y económico.
  
En cuestión de ideología política, las ideas de Xi no son las mismas que las de Mao, aunque tienen muchas similitudes, pero Xi tiene algunas nuevas: él quiere jugar un rol más agresivo en el plano internacional.
  
Lo que está instaurando en China es lo que yo defino como un totalitarismo de alta tecnología: a través del reconocimiento facial o de voz, la inteligencia artificial, y todo tipo de herramientas usadas por el PCCh para reforzar su control.
  
BBC: ¿Es Xi Jinping tan poderoso dentro del Partido como lo fue Mao?
TENG BIAO: Mao tenía un poder absoluto en el seno del PCCh: nadie en el partido, nadie en la sociedad, podía desafiarle. Xi Jinping está dispuesto a conseguir ese poder absoluto en la formación y casi ha conseguido el poder de Mao, pero de momento no es como él.
  
Tiene algunos rivales políticos en el partido, existen diferentes intereses políticos, hay luchas internas a pesar de que hay pocos líderes que puedan desafiar a Xi de manera pública, pero sí tienen opiniones diferentes.
   
BBC: Sobre el rol de Xi en la arena política mundial, ¿cómo ve las relaciones entre China y el resto del mundo, especialmente con Estados Unidos y Latinoamérica?
TENG BIAO: El PCCh no se preocupa de los chinos, lo que más le preocupa es prolongar su monopolio de poder en China y quiere crear un ambiente internacional que le sea favorable.
  
La frase más famosa de Deng Xiaoping reza «esconder la fuerza y aguardar el momento» [en chino 韜光 养晦, tāoguāng yǎnghuì], pero cuando China se convirtió en un país más poderoso, se volvió más activo y agresivo internacionalmente. Tenemos multitud de ejemplos: la Nueva Ruta de la Seda, el proyecto «fabricado en China 2025», las construcciones en el Mar de China Meridional, (la creación del) Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, los institutos Confucio alrededor del mundo...
   
Y hemos visto cosas preocupantes en la última década, por ejemplo, el secuestro por parte del gobierno chino de editores o libreros en Tailandia y en Hong Kong y devueltos a China continental, donde les hicieron desaparecer y les forzaron a que hicieran una confesión. Y algunos de ellos incluso tenían pasaporte extranjero, como Liu Minhai, con pasaporte sueco; o el multimillonario hongkonés Xiao Jianhua, de pasaporte canadiense.
  
China también ha manipulado la ONU, especialmente la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas. El gobierno chino apoyó a casi cualquier régimen dictatorial en el mundo.
  
Con estos ejemplos, podemos ver que la relación entre China y el resto del mundo es extremadamente preocupante.
  
El proyecto de la nueva Ruta de la Seda atraviesa al menos nueve países y tiene una extensión de más de 11.000 kilómetros.
  
BBC: Por otro lado, desde China se defiende que el país se ha convertido en un actor responsable a nivel internacional y que está ayudando a que otros se desarrollen y crezcan, con inversiones alrededor del mundo. ¿Qué opina al respecto?
TENG BIAO: Tenemos cientos de ejemplos de que China no cumplió con sus compromisos internacionales. Por ejemplo, China ha reconocido y firmado al menos 25 tratados sobre derechos humanos, por ejemplo la Convención Contra la Tortura, (...) pero la tortura sigue siendo sistemática en China.
  
Otro ejemplo es Hong Kong. China firmó la declaración sino-británica y se creó la Ley Básica (mini Constitución), con el respaldo de la ONU, pero China ha destruido el mecanismo de «un país, dos sistemas». Lo que ocurre en Hong Kong es un perfecto ejemplo de que China no quiere cumplir con sus compromisos internacionales.
  
BBC: ¿Cuáles son los principales desafíos a los que se enfrenta China para mantenerse como potencia mundial?
TENG BIAO: El gobierno chino está topándose cada vez con más desafíos.
  
El contexto internacional se está volviendo más hostil para China, porque durante la última década la situación de derechos humanos no ha hecho más que empeorar.
  
Antes había una percepción ampliamente aceptada: académicos, diplomáticos y la sociedad civil pensaron que al permitir que China se incorporara al orden económico y político mundial, animándole a que ratificara cada vez más tratados internacionales, eso presionaría al país y llevaría al cambio, forzándole hacia la transición democrática. Pero eso no ocurrió.
   
Así que cada vez un mayor número de expertos retomaron su temor anterior. La incorporación de China a los mecanismos internacionales no consiguió democratizarla. Esto es lo que está detrás del actual cambio de política hacia el país.
  
Si Estados Unidos continúa con su actual tendencia (en referencia a la guerra comercial, entre otras cosas), eso será uno de los grandes desafíos que enfrentará el PCCh. Otros muchos países, aliados de EE.UU., los europeos o los japoneses, Corea del Sur, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, podrán seguir el ejemplo de EE.UU., lo que aumentará el desafío para China.
  
Otro de los desafíos vendrá de la propia sociedad. 
  
Gracias al desarrollo de internet en China y la divulgación de ideas liberales en la última década, cada vez más ciudadanos chinos asumen las ideas de la democracia occidental y la libertad. No es como antes, que el país estaba bloqueado por el PCCh y tenía muy pocas conexiones con otros países; ahora cada vez es más difícil para el gobierno chino censurar información en la red.
  
Los ciudadanos chinos quieren un cambio político.
  
BBC: Pero, ¿son las reformas democráticas una de las prioridades de los ciudadanos chinos (dejando a un lado a los hongkoneses)?
TENG BIAO: El PCCh da lo mejor de sí mismo para prevenir que ocurra un cambio democrático en China. Quieren reforzar su control. 
  
El mecanismo de control y propaganda del PCCh les ha lavado el cerebro a los ciudadanos chinos. Muy pocos chinos se dan cuenta de la importancia de la democracia, el constitucionalismo y un Estado de derecho.
  
«El mecanismo de control y propaganda del PCCh les han lavado el cerebro a los chinos», según Teng.
  
En general, el lavado de cerebro y la propaganda son bastante efectivos en China, así que la mayoría de los chinos no pueden pensar de manera independiente, tienen miedo de hablar de democracia o de derechos humanos.
  
Pero si los ciudadanos chinos pudieran disfrutar de la libertad de información y de expresión, sin ninguna duda demandarían un cambio democrático.
  
BBC: No obstante, hay ciudadanos chinos que, pese a estar estudiando o trabajando unos años en otro país, vuelven a China con las mismas ideas, considerando que el país no necesita un cambio político y que el sistema actual es el adecuado «por la complejidad de la nación y el tamaño de su población». ¿A qué lo atribuye?
TENG BIAO: Eso es interesante.
  
Hay algunos artículos al respecto sobre cómo ciudadanos chinos, académicos, por ejemplo, que estudiaron en una sociedad abierta, aún apoyan al gobierno chino.
  
Lo primero es que la mayoría de ellos proceden de familias privilegiadas. Son ricos, o forman parte de familias con miembros del gobierno o de líderes del partido, y tienen la oportunidad de estudiar en el extranjero. La mayoría de los chinos de familias humildes, de la clase trabajadora, no pueden permitírselo. Así que apoyan el sistema porque se benefician de él.
  
Lo segundo es que la propaganda y el lavado de cerebro es tan efectivo que, incluso viviendo en una sociedad de libertades durante unos años, no pueden cuestionar su manera de pensar, su ideología, las ideas formadas en China, especialmente las nacionalistas, como por ejemplo en relación al Tíbet, Hong Kong, Taiwán, Xinjiang...
   
Son nacionalistas, y el sentimiento nacionalista tiene raíces muy profundas y es tan poderoso que no son capaces de cuestionar sus propias ideas.
  
Otra cosa es que incluso en países como EE.UU. o democracias occidentales, los académicos chinos están vigilados y tienen que autocensurarse. Por ejemplo, si se oponen públicamente al gobierno chino o lo critican, serán denunciados por otros ciudadanos y entonces tendrán problemas si quieren volver a China o los tendrán miembros de su familia en el país asiático.
  
Así que los chinos, no solo los académicos, otros chinos también que viven en el extranjero, se autocensuran.
  
BBC: Usted lleva viviendo ya unos años en Estados Unidos, ¿tiene alguna prueba de que vigilen a estas personas? ¿Le ha ocurrido a usted?
TENG BIAO: De hecho, es el objetivo de mi más reciente trabajo de investigación. He estado documentado estos casos: activistas chinos y disidentes han sido vigilados, perseguidos e incluso atacados físicamente por funcionarios del gobierno chino u otras personas trabajando para ellos, en el extranjero.
    
Organizaciones en defensa de derechos humanos también han denunciado la “persecución” del gobierno chino, incluso fuera de las fronteras del país. 
  
En mi caso, me cancelaron una charla en una universidad y (el Colegio de Abogados de Estados Unidos) se negó a publicar mi libro (sobre el movimiento en defensa de los derechos humanos impulsado por abogados en China) a pesar del acuerdo al que habíamos llegado. A mi mujer la despidieron de su empresa después de 17 años. Todo por presiones del gobierno chino.
  
Recibí amenazas. No puedo volver a China, pero incluso aquí, tengo miedo de la gran sombra del gobierno chino.
  
BBC: En un artículo reciente, usted señaló que una de las razones principales del milagro chino fue su «ventaja por el deterioro en derechos humanos». ¿Considera entonces que si fuera una democracia, no habría experimentado esa expansión económica?
TENG BIAO: Si la ventaja de tener un estándar de derechos humanos muy bajo no existiera, el milagro chino de las pasadas tres décadas no habría sido posible. El bajo coste de los productos chinos es una de las razones más importantes del boom económico, y las enormes inversiones internacionales que llegaron especialmente tras la entrada de China a la OMC...
  
Así que, como expliqué en mi artículo, sin los salarios bajos de los trabajadores chinos, las pésimas condiciones de trabajo, la ausencia de sindicatos, la falta de libertad de expresión, ese bajo nivel de derechos humanos, el milagro chino no se habría conseguido.
   
De cara al aniversario, China inauguró varias exposiciones resaltando los logros del Partido Comunista. En la imagen, el presidente Xi. 
   
BBC: Si la gran mayoría de la población china no busca activamente una reforma política, ¿cómo cree entonces que se podría producir?
TENG BIAO: Algunos ciudadanos chinos trabajan muy duro y sacrifican mucho por la democracia y el Estado de derecho en China, como el movimiento de Xidan de finales de los 70, el movimiento democrático de Tiananmen de 1989, la campaña iniciada por abogados de derechos humanos en 2013...
  
Pero el PCCh no tolera nada de esto, no quiere un cambio político, así que mandan a la cárcel a estas personas, les torturan, les hacen desaparecer, pero los chinos no dejan de luchar por su libertad y la democracia.
  
No sabemos cuánto tiempo llevará... pero creemos que la sociedad china disfrutará de democracia y de un Estado de derecho.
  
Esperamos que la comunidad internacional preste más atención a los asuntos de derechos humanos en China y dé más apoyo a la sociedad.
   
BBC: ¿Podrá China convertirse en la primera potencia mundial con un régimen de Partido único?
TENG BIAO: Si hablamos de economía, China se convertirá en la primera economía del mundo en un futuro cercano. El PIB sobrepasará al de Estados Unidos en unos 10 ó 15 años. En términos de poder militar, la fuerza militar de China está creciendo muy rápido también...
  
Pero China no puede dominar el mundo. Si China dominara el mundo, una catástrofe caerá sobre todos nosotros.
  
El mundo no debería continuar con su política de conciliación hacia China: lo único que hará es fortalecer más y más al país y al mismo tiempo alejarle aun más de la democracia y la libertad.
   
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¿Y Hong Kong?
Las protestas de Hong Kong se han convertido en la mayor crisis política para el PCCh desde el movimiento de Tiananmen, que acabó en masacre en 1989.
  
Teng augura que las manifestaciones continuarán y cree que Pekín probablemente optará por esperar a que el movimiento pierda apoyos con el tiempo y entre episodios de violencia.
  
El letrado acusa de estos incidentes a las autoridades y justifica los radicalismos de algunos grupos de manifestantes: «Es Pekín quien les enseñó que la vía pacífica es inútil».
   
«El 99% de la violencia fue provocada por la policía de Hong Kong y las triadas», subraya.
  
De momento, las protestas ya han tenido una consecuencia política, aunque no en esa región.
  
«Lo que ocurre en Hong Kong tiene una gran influencia política en Taiwán», apunta Teng.
  
La isla celebrará elecciones presidenciales en enero y el partido que es más proclive al acercamiento a Pekín, Kuomintang, ya está bajando en popularidad.

MES DE OCTUBRE AL SANTÍSIMO ROSARIO - DÍA PRIMERO

Tomado de El Rosario: Meditaciones para los 31 días del mes de Octubre, de la autoría del licenciado Juan Luis Tercero. Publicada en Ciudad Victoria, México, en el año 1894 por la Imprenta Oficial de Víctor Pérez Ortíz. Imprimátur concedido el 12 de Marzo de 1894 por Mons. José Ignacio Eduardo Sánchez y Camacho, Obispo de Ciudad Victoria-Tamaulipas (actual Tampico).

CAPÍTULO V. MISTERIO PRIMERO: LA ENCARNACIÓN DEL DIVINO VERBO.
Cristiano: aquí está tu tesoro, ¡pon en él tu corazón! Este es el verdadero tesoro; lo demás nada vale. Todo lo puedes hacer valer con él; pero sin él, nada aprovecha lo demás. ¡Jesucristo, Jesucristo, ese es nuestro tesoro! Dios con nosotros, Dios humanado, Dios revelado a los hombres por su encarnación. Si hay tiempo para todo, y si una sola cosa es necesaria, vamos, amadísimo lector, despacio, muy despacio; no tanto que desconociésemos que, al fin, de Marta tenemos tiempo que invertir en los negocios de la vida, pero ni tan de prisa que olvidásemos deber algún tiempo también a la contemplación de Magdalena.
  
Algún rato es debido a solazarnos con Nuestro Dios y con su Santa Madre, a regocijarnos con ellos y a llorar también en su presencia, porque de todo ello habemos urgente necesidad. General de ejércitos, estadista, canciller de imperio, gran letrado, banquero abstraído en finanzas, ¡paso a un rato de intimidad con nuestro Dios y con su Santa Madre! No hay negocio importante, ni grandeza, ni ciencia alguna que valgan como Jesucristo y por él María nuestra Señora. Las grandezas de ciencia y de Tunor que en todos los misterios de Jesucristo y de María se contienen, son admirables.

Gocémonos en exponer algo siquiera de ese primer misterio de la Encarnación.
   
Este Sacramento de piedad, como le llama San Pablo, contemplado con humilde atención y afectuoso agradecimiento, es capaz de despertar en la inteligencia la visión de fe de que nuestro Dios es el verdadero, y Jesucristo su Verbo de verdad y de vida, y capaz también de inflamar el corazón en llamas de amor dichosísimo.
   
El Evangelio narra el portento con su asombrosa ingenua sencillez: El ángel Gabriel fue enviado por Dios a Nazaret a anunciar a María la gran dignación del Altísimo. Primero la saluda con títulos de honra jamás oídos; la humilde se turba y no sabe qué pensar de tan excelente tratamiento. El ángel la ilustra y la saca de su temor; la hace saber que Dios la ama, y que ella concebirá y dará a luz un hijo cuyo nombre será Jesús, tan grande que será llamado Hijo del Altísimo, y eterno en su persona el reino de David. Ya no sólo la humilde sino la castísima Virgen objeta haber sido siempre su voto no conocer varón. El ángel le descubre que se trata de una concepción milagrosa y para más asegurarla le refiere otro milagro análogo y evidente, sucedido en su familia seis meses hacía: la fecundidad de la Madre del Bautista antes estéril y anciana. La humilde, la casta y la obediente, sabe entonces resolver lo que tan bien cumplía a la llena de gracia: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra».
  
Este relato, equivalente al del Evangelio, contiene tantas grandezas, que es en ellas inagotable; San Gregorio Taumaturgo, San Agustín, San Jerónimo, San Ambrosio, San Bernardo, San Buenaventura y muchos otros exponen, con sabiduría y belleza, que a toda sabiduría y belleza superan, mucho pero no todo de lo que aquello contiene; y en concordancia maravillosa con esos santos Padres y Doctores, se tienen también los relatos de la virtuosa reina Santa Brígida, cuyas revelaciones aprobadas por la Iglesia figuran a la par de aquellos comentarios en la exposición del sabio escriturista Cornelio Alápide. Recojamos algunas de esas celestes flores, libemos algo de esas angélicas dulzuras. San Gregorio Taumaturgo dice de la embajada del ángel: «Gabriel ha sido enviado para que preparase un digno tálamo al purísimo Esposo. Gabriel ha sido enviado para que contratase los esponsales entre la cria tura y el Criador. Gabriel ha sido enviado al Palacio vivo del Rey. Gabriel ha sido enviado a una Virgen desposada, es verdad, con José, pero conservada en su integridad para Jesús hijo de Dios. Ha sido enviada una antorcha que indicase al sol de justicia».
  
Mas de la santa Virgen exclama San Bernardo: «Ni en la tierra podía encontrarse lugar más digno de recibir al Verbo de Dios, que el templo de ese vientre virginal, en el que María le recibió; ni en el cielo podía levantarse más digno solio real que aquel a que el Hijo divino sublimó a María». Y en otro pasaje:
  
«¿Oué pureza de ángel se atrevería alguno a comparar con la de esa Virgen, que fue digna de ser constituida en sagrario del Espíritu Santo y aposento del Hijo de Dios?».
  
Esa estrella de los mares, la cual etimología del nombre dulcísimo de la Virgen nos dan San Isidoro, San Jerónimo y San Gregorio Taumaturgo, y que fue tan llena de gracia, que podía compararse a un mar de gracias que superase en su contenido a la suma de las que tuvieron los ángeles, los patriarcas, los profetas, los apóstoles, los mártires, los confesores y las vírgenes, —dice San Buenaventura— esa estrella de los mares, ese mar de gracias, esa lluvia tempestiva, no podía menos de ser saludada como el ángel la saludó: Dios te salve, es decir, gózate, alegráte, la paz sea contigo, cuán dichosa eres, cuánta gloria es y será la tuya, a la que Dios dándote la plenitud de su gracia, te ha elegido.
   
De esa «llena de gracia», ¡cuántas dulzuras y con qué elocuencia nos han dejado los fervorosos Santos Padres! San Pedro Crisólogo: «Esta gracia es la que ha dado a los cielos gloria, a la tierra Dios, a las naciones la fe, a los vicios la muerte, a la vida el orden, a las buenas costumbres la regla. Esta gracia es la que ha revelado el ángel, la que ha recibido la Virgen y la que dará la salvación a los siglos». «Esta Virgen, y sólo ella, de tal manera recibe a Dios en el hospedaje de su seno, de tal manera lo abarca y lo complace, que nada menos la paz para la tierra, la gloria para los cielos, la salvación para los perdidos, la vida para los muertos, las nupcias de lo terreno con lo celestial, el comercio del mismo Dios con la carne, son la pensión exigida por el hospedaje, la recompensa de ese albergue; de suerte que en toda su plenitud se cumple en esa Virgen aquella profecía: He aquí la herencia que dá el Señor: los hijos. las ganancias, los frutos de vientre de su santa promesa!».

De esa «llena de gracia», como resumen de exactísima teología, dice el gran teólogo Suárez, que, doblando la admirable Virgen la gracia de que estuvo llena desde el primer instante de su inmaculada concepción, doblándola con una cooperación a ella, siempre firme y asidua, y adquiriendo cada vez mayor capacidad para mayor plenitud, y siendo desde aquel primer instante más llena de gracia que el mayor de los ángeles, ¡cómo no crecería en los instantes, en los días y en los años sucesivos en una vida de 72 años! Esa «llena de gracia» ha sido a Dios más grata ella sola, que juntos los ángeles y santos y que toda la Iglesia! ¡Abismo de grandeza y abismo de verdad teológica que tan bien se contienen en estas dos sencillas frases evangélicas: «la llena de gracia», «la Madre de Dios». Esto es lo que encanta el alma del sabio y el corazón del santo; esta es la verdadera ciencia, sabida la cual es pura ignorancia todo lo que el mundo presuntuoso llama ciencia y llama dicha. Esto es lo que hace comprender la profunda razón con que San Pablo, de una manera análoga, se gozaba tanto en no querer saber otra cosa que a Jesucristo y, éste, crucificado.
  
¡Cuánto se goza la Virgen Madre en esta ciencia, como lo revelan hermosas palabras suyas que la dichosa Santa Brígida fue digna de escuchar y de consignarnos! (lib. 4 Revel. c. 108). «Tres Santos son —dice el Señor a la Virgen Madre— los que han hecho mi complacencia con preferencia a los demás: María mi Madre, Juan Bautista y María Magdalena; mi Madre cuando nació y después de nacida era tan hermosa, que en ella no había mancha alguna; esto lo conocían los demonios y lo llevaron de tan mal grado, que, hablando por un símil, parecía que una especie de voz de esos perversos partiendo del infierno hubiese resonado y dijese: esta sola Virgen es concebida y aparece como la obra de tan milagroso poder, que supera a todos los moradores tanto de la tierra como del cielo, y tendrá que llegar hasta sentarse en el trono de Dios».

Y así, el reclamo que la ciencia de la Santa Virgen hace a la ciencia del Verbo Encarnado, es tan poderoso en sus efectos de inteligencia y amor, que nunca podría entender y amar mucho al Verbo divino, quien no entendiese y amase a su maravillosa Madre; y recíprocamente, mientras más entendamos y amemos a Jesucristo, más entenderemos y amaremos a la Madre de Dios.
   
El pueblo cristiano, los hijos fieles de la Santa Iglesia Católica Romana, poseen un sentido tan fino de estas verdades, que de ninguna manera sufren el que se deje de tributar todo elogio y atribuir toda grandeza a la Madre de Dios; porque se apresuran a decir: ¿qué puede negar a su madre, de qué dones pudo haber dejado de proveer  su madre un hijo que es Dios? Ese buen sentido es el de la verdadera fe, fe más razonable que la de la más encumbrada razón; fe y razón que a la mayor de las humanas inteligencias, la de Santo Tomás de Aquino, dictaron la más breve fórmula que pueda darse de la total grandeza de la Santísima Virgen: «quid infinútum»; algo como un infinito, el infinito en la criatura, el total de la grandeza posible en ella, la plenitud del favor de Dios en aquella a quien Dios quiere favorecer.
  
Dígasenos ahora, si no es hermoso, si no es debido, si no es fructuoso, si no es sapientísimo, si no es dulcísimo esforzarnos en entender y amar a Jesucristo por medio de la meditación en su divina Madre, y para mejor conseguir esto, entenderla y amarla a ella por medio de la meditación en el divino Hijo. Este es el pensamiento del Rosario y de su sistema de meditaciones, no sólo en este primer misterio, sino en todos los de esa sublime quincena.
  
¡Oh Verbo encarnado! ¡Oh Madre admirable de ese Verbo divino, qué ciencia tan dulce es la vuestra, qué delicia tan suave es la de vuestro amor!
  
Dios que se hace hombre, que se hace párvulo para ser como nuestro hijo y nuestro hermano, y aún más todavía, que se hace nuestro alimento con su verdadero cuerpo y sangre en la sagrada Hostia, para salvarnos, para redimirnos, para regenerarnos, para santificarnos, para glorificarnos con gloria de infinita dicha; y a la par la Virgen Santa, criada con tantas gracias y con tan poderosos auxilios y milagros del poder divino, que fuese nada menos constituida la obra maestra de todos los atributos divinos y la mediadora para con el mediador Dios hombre, el gran triunfo de la naturaleza, de la gracia y de la gloria del Todopoderoso y todo clemente Dios... ¡qué ciencia, qué amor tan divinos!
  
Ese es el gran asunto de la meditación del primer misterio del Rosario. Ese es el incendio que Dios quería prender en la tierra por medio de Jesucristo y de su excelsa Madre. Inflamadnos en él, ¡oh Dios nuestro, oh Reina nuestra!

COMPARACIÓN ENTRE LOS CÓDIGOS PÍO-BENEDICTINO Y WOJTYLIANO DE DERECHO CANÓNICO

Por el P. Etienne de Blois FSSPX, publicado originalmente en la revista Le Petit Eudiste, del Priorato San Juan Eudes de Gavrus (Francia), y tomado de LA PORTE LATINE. Traducción nuestra.

La Roma antigua conquistó el mundo por su fuerza armada, se cree. En realidad esto fue sobre todo por su organización, su administración y su ley, que pudo conquistar a sus enemigos. Napoleón, de su parte, para establecer tan sólidamente como fue posible el Estado revolucionario sobre las ruinas humeantes de la monarquía, no tuvo mayor presión que la de crear el código legislativo que lleva su nombre, bajo el cual vivimos a pesar de tantas y tantas reformas.
 
Un código es como edificación de murallas. Estas murallas tienen un doble rol: por un lado, mantiene las amenazas a distancia, y por otra guía a todos los ciudadanos en su vida cotidiana. La ley puede conducir todos los días de una misma manera, y los hombres toman así hábitos. Estos hábitos pueden ser buenos, y los ciudadanos ser virtuosos; o por el contrario, pueden ser malos y los ciudadanos, caen en los vicios.
 
En 1983 Juan Pablo II le dio a su Iglesia un «Nuevo Código» de leyes. ¿Es para conquistar las almas, o más bien para establecer la Revolución en la Iglesia?
  
Un poco de historia
Las primeras leyes eclesiásticas fueron promulgadas por los Apóstoles después del Concilio de Jerusalén. Estas leyes eran concernientes a la ley judaica. Uno encuentra también un catálogo de leyes en la Didajé, de finales del siglo I. El Papa promulgaba las leyes concernientes a la Iglesia universal, pero el mayor número de leyes era promulgadas por los obispos para sus diócesis, lo que presentaría mayor dificultad en esta época donde los hombres estaban arraigados a su tierra. Súmese a ello la realización de concilios regionales y nacionales, como por ejemplo los Concilios de Toledo en la Hispania visigoda o los de Sens en los reinos francos. Por tanto era difícil a los juristas establecer de manera cierta la validez de cada ley, pues bien sabido es que una nueva ley deroga la precedente, sin notificación explícita. Los Papas y los teólogos resolvieron entonces reunir muchas de estas leyes, y se esforzaron en armonizarlas, por medio de colecciones llamadas decretales.
  
Antes de hablar de la época moderna, consideremos que estos dos mil años de historia permitieron encontrar el vínculo fundamental entre la costumbre y la ley. La ley nace de la costumbre: los hombres toman el hábito de proceder de una manera que les parece buena. Por el hecho de que cada uno asume el deber de seguir esta loable costumbre, ella adquiere «fuerza de ley». Bastaba que la autoridad la autentificara, codificara y publicase para dar nacimiento a una ley. Aquel que la intente desacatar deberá ser castigado, porque atenta contra el orden público. Inversamente, la puesta en ejecución de una ley debería siempre establecer una costumbre: los hombres, en su sometimiento a la ley, adquieren un hábito, que se cristaliza en costumbre para la comunidad y en virtud para muchos de ellos.
  
En 1789, la Revolución llamada francesa sumió a Europa en la anarquía, la revolución industrial aceleró también la movilidad de las gentes. Las numerosas decretales, desordenadas y a veces contradictorias, no permiteron gobernar muy correctamente a la Iglesia, por lo que se hizo necesaria una reforma. Pío IX y León XIII no se atrevieron a realizar semejante trabajo, si no que publicaron solamente leyes sobre uno que otro asunto grave. Faltó la audacia y la modernidad sanamente asumida de San Pío X para que la curia se dispusiera a elaborar un «Código de derecho canónico» que contuviese toda la ley de la Iglesia romana. Este código no se promulgó hasta 1917, tres años después de morir su inspirador. Es de remarcar que este código (Códex Juris Canónici, en adelante Código Pío-Benedictino o CJC 1917) es conciso, pues su volumen es más pequeño que un misal cotidiano.
  
Codificar la ley no es congelarla. El hecho todavía la explica, en ocasiones la corrige, pero también la adapta conforme evolucionan las situaciones. El canonista (y todo sacerdote es algo canonista) se ponía al corriente con las Acta Apostólicæ Sedis, algo similar al Diario Oficial de cada país.
  
Esta parte de la historia nos enseña que la ley de la Iglesia no es obra muerta ni mortífera como lo es la ley liberal-comunizante. El Código se contenta en dar los grandes trazos, siendo la ley diocesana y la costumbre local la encarga de darle vida a esta regla según las costumbres particulares de la región.
 
En 1965 concluyó el Concilio Vaticano II, de triste memoria. Desupés de él (e incluso desde antes), la Oración y Creencia fue destruida por pretextos tan contradictorios como retornar a las fuentes y adaptarse a la época. La «Nueva Misa» no tiene nada que ver, desde el vamos, con la Misa de siempre, esta planta vigorosa que, sin ruptura, extendió sus raíces en la época apostólica, fue sabiamente edificada por los Padres y ornamentada por mil años de santidad y de arte. El «Nuevo Código» promulgado en 1983 por Juan Pablo II, si bien recupera ciertos cánones de 1917, introduce en revancha muchos otros que modifican radicalmente el plan y el espíritu de la ley de la Iglesia.
 
Parece que hubo un espíritu revolucionario, haciendo tabla rasa del pasado, que presidió la elaboración de estas nuevas leyes litúrgicas y canónicas. ¿Estará esto en el designio de fundar una nueva Iglesia?

El fin propuesto por el CJC 1983
En la Constitución apostólica Sacræ Disciplínæ Leges, que promulgó el nuevo código, Juan Pablo II explica el fin propuesto: «la novedad fundamental que, sin separarse nunca de la tradición legislativa de la Iglesia, se encuentra en el Concilio Vaticano II, sobre todo en lo que se refiere a su doctrina eclesiológica, constituye también la novedad en el nuevo Código» (Antipapa Juan Pablo II, Const. Sacræ Disciplínæ Leges, § 21). El inciso "sin separarse nunca de la tradición" (o lo que es lo mismo, interpretar el Concilio en función de continuidad) es erróneo como lo muestra el siguiente párrafo:
«De entre los elementos que expresan la verdadera y propia imagen de la Iglesia, han de mencionarse principalmente éstos:
  • la doctrina que propone a la Iglesia como el pueblo de Dios (cf. const. Lumen Géntium cap. 2) y a la autoridad jerárquica como servicio (ibid., cap. 3);
  • la doctrina que expone a la Iglesia como comunión y establece, por tanto, las relaciones mutuas que deben darse entre la Iglesia particular y la universal y entre la colegialidad y el primado;
  • la doctrina según la cual todos los miembros del pueblo de Dios participan, a su modo propio, de la triple función de Cristo, o sea, de la sacerdotal, de la profética y de la regia [...];
  • y, finalmente, el empeño que la Iglesia debe poner por el ecumenismo». (Antipapa Juan Pablo II, Const. Sacræ Disciplínæ Leges, § 22)
Si nos quedaba una duda en cuanto a la intención del legislador, el párrafo 27 la disipa:
«Es bien de desear que la nueva legislación canónica llegue a ser el instrumento eficaz con el que la Iglesia pueda perfeccionarse a sí misma según el espíritu del Concilio Vaticano II».
 
Todo está dicho: el contenido del nuevo código tiene el objetivo de transformar a los Cristianos en modernistas.
 
Contenido del nuevo código
Señalemos algunos ejemplos para mostrar que este Código (en adelante CJC 1983) tiene todo para realizar su funesta función.
  
Antes que nada, conviene mirar el plan revolucionario del libro II del código de 1983. En el código de 1917, el libro II, titulado «De las personas» estaba organizado así: hablaba, en este orden, de los Clérigos, luego de los Religiosos y finalmente, de los Laicos. En el nuevo código, este libro, titulado «El pueblo de Dios», nos presenta primero a los Fieles de Cristo, luego la Constitución jerárquica de la Iglesia y, en último, los Religiosos. Esta perturbación resume certeramente la estructura social revolucionaria en pirámide invertida de la neo-Iglesia, la jerarquía puesta al servicio de la dignidad de la persona.
   
En cuanto a la colegialidad, el nuevo Código explica que el detentador del poder supremo de la Iglesia es doble: por una parte el Papa que «es cabeza del Colegio de los Obispos, Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal en la tierra» (CJC 1983, canon 331), y por otra el Colegio de los Obispos que «es también, en unión con su cabeza y nunca sin esa cabeza, sujeto de la potestad suprema y plena sobre toda la Iglesia» (CJC 1983, canon 336). Si la noción de este Cerbero bicéfalo cual es la colegialidad ha hecho correr mucha tinta, con todo hay dos cosas que son ciertas: la colegialidad retira al Papa la unicidad de su rol, y esta misma colegialidad está bien presente en el Código wojtyliano. Es importante conocer todo este libro II para ver cómo se ha infiltrado hasta en las estructuras parroquiales, que se convierten en democracias locales.
   
El ecumenismo está bien servido: hay lugar a un canon blasfematorio sobre los sacramentos (canon 844). Bajo el poético apelativo de la «hospitalidad sacramental» se oculta esta sacrílega autorización de conferir los sacramentos a los herejes o a los cismáticos (no convertidos) con ciertas condiciones entre las cuales se encuentra creer en el sacramento que van a recibir.
 
No se puede ignorar tampoco la grave cuestión de los fines del matrimonio. El fin primero del matrimonio es la procreación y la educación de los hijos, siendo el segundo la ayuda mutua de los cónyuges. Así lo presenta Wojtyla en su nuevo Código: «la alianza matrimonial,... [está] ordenad[a] por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole» (CJC 1983, canon 1055 §1). Además de ser próxima hǽresim, esta inversión fundamenta la disciplina modernista sobre el matrimonio, disciplina que lo llevará a su destrucción. Si no, mirad una de las reformas bandera de Bergoglio en el espíritu de Amóris Letítia: mayor celeridad a los procesos de nulidad matrimonial y por motivos fútiles.
  
No podemos entrar en detalle en algunos cánones y mucho menos enumerar los que están en contra de la ley divina o al espíritu de la Iglesia. Ello no sería de ayuda ni utilidad para el fin propuesto. Baste saber que estos cánones, los más escandalosos, nos hacen simplemente señalar que este Código es la expresión jurídica del Vaticano II, es decir, un arma de destrucción masiva de la Fe Católica.
 
La Ley divina contra la ley humana
El primer reflejo del cristiano es rehusarse a someterse a estos cánones contrarios a la Fe. Y este reflejo es evidentemente justo: es mejor obedecer las órdenes divinas que las leyes humanas. El nuevo Código se presenta entonces como una colección de leyes que en una cantidad notable es inválida. ¿Qué hacer con las otras? ¿Este Código tendrá alguna utilidad?
   
Para rehusarnos a seguir estos cánones perniciosos, hemos invocado el principio de que la Ley divina está por encima de la ley humana. Este principio está ligado a este otro: «la ley es una ordenación al bien común». Por consiguiente una ley contraria al bien común no tiene ningún valor. Un padre debe dar órdenes por el bien de su familia, no con miras a su destrucción. Un capitán de naves puede dar órdenes en todo lo que concierne a la conservación de sus pasajeros, pero no puede hundir la nave (a menos que sea necesario para un bien común superior, como el de la nación).
  
En la parte precedente, el legislador nos indica claramente su intención: el nuevo Código tiene por fin aplicar las novedades heréticas del Vaticano II. Lo que es evidentemente contrario al bien común de la Iglesia que es la gloria de Dios y la salvación de las almas. De ahí la conclusión de Mons. Lefebvre que tenía la promulgación de este código por dudosa: «La autoridad eclesiástica perdió de vista su verdadero fin, tomando necesariamente la vía de los abusos de poder y la arbitrariedad. Las promulgaciones de leyes son dudosas, falsificadas. […] Este derecho canónico es inaceptable. No es sino una nueva eclesiología en la Iglesia. […] Nosotros hacemos guardar antiguo derecho canónico tomando los principios fundamentales y comparamos con el nuevo derecho canónico para juzgar el nuevo derecho canónico, al igual que guardamos la Tradición para juzgar también los nuevos libros litúrgicos». (7)
  
Al día siguiente, Monseñor preguntó: «¿Por qué, a mi entender, nos es imposible aceptar en bloque el derecho canónico tal como ha sido editado? Porque lo está precisamente en la línea del Vaticano II». (8)
   
Y, el 21 de Noviembre de 1983, Mons. Lefebvre y Mons. de Castro Mayer concluyen así su Carta pública a Juan Pablo II:
«Está en el fin de acudir en ayuda de Vuestra Santidad que demos el grito de alarma, dado más vehementemente todavía por los errores del Nuevo Derecho Canónico, para no hablar de las herejías, y por las ceremonias y discutsos en ocasión del quinto centenario del nacimiento de Lutero. Verdaderamente, se ha colmado la medida».
  
Así, el Católico que rechaza a la Deuterovaticanidad y sus reclamantes al Papado, su liturgia adulterada y sus dogmas heréticos, debe rechazar por entero su Derecho Canónico, dada su dudosa ortodoxia (In dúbiis, ábstine), y que la ley de la Iglesia explica cómo recibir las leyes dudosas:
  • «En caso de dudas de jure, las leyes no deben ser obligatorias». (CJC 1917, canon 15)
  • «En caso de duda, no se puede considerar derogada la ley preexistente, sino que se la debe comparar con las leyes más recientes y, en lo posible, conciliarlas». (CJC 1917, canon 23)
Así, el Código Pío-Benedictino de 1917 es la ley de la Iglesia de siempre.
  
Pero miremos muy de cerca al último canon citado: para permanecer en el espíritu de la Iglesia donde la ley está viva e íntimamente ligada a la costumbre, es necesario conciliar en la medida de lo posible los dos códigos, la legislación de la Iglesia ha entre otras evolicionado antes del Concilio. Uno no puede por tanto quedarse en 1917. El nuevo Código es tal vez la expresión de una evolución, legítima y homogénea, de la ley. Algunos de sus cánones forman como una jurisprudencia auténtica. Además, es la voluntad del Papa la que determina la validez de ciertos actos, por ejemplo las indulgencias o las impugnaciones de matrimonio. Puesto que no están claramente opuestos al bien común, estos actos de voluntad del Papa tienen sus efectos incluso en contra del Código. También hace considerar que el Código de 1917 con las modificaciones posteriores es siempre la ley de la Iglesia y se inspira del Código de 1983 cuando es conciliable con el de 1917.
  
La posición de la Fraternidad San Pío X no consiste en «seguir el Código de 1983 con el espíritu de aquél de 1917» sino en rechazar el código de 1983, en cuanto código. Aceptar su legitimidad sería reconocer el bien fundado de la intención del legislador, someterse a la reforma conciliar. De más está decir que pretender seguir el código de 1983 con otro espíritu que el del Concilio es una utopía. ¡Tanto cortar las hojas en el sentido de la profundidad! El espíritu de una ley es llevado por su letra, y si puede ser distinguida no puede ser separado de ésta. La ley no hace sino ordenar los actos y es la repetición de estos actos lo que produce su espíritu.

Conclusión
El nuevo código es la expresión jurídica del Vaticano II. Reconocerlo como legítimo es aceptar en derecho el modernismo e impregnarse en él. Por eso Mons. Lefebvre decía: «Nos es imposible aceptar del todo el nuevo Código». La regla de conducta del católico debe conformarse al Código de 1917.
  
La consecuencia es grave: de ninguna manera el Católico tradicional puede aceptar vivir bajo la autoridad de la curia romana que mediante su legislación pone la fe en peligro. ¿Cómo esta jerarquía volverá a la fe? Dejemos la respuesta a la divina Providencia.
  
NOTAS
(1). Conferencia en Écône el 14 de Marzo de 1983.
(2). Conferencia en Écône el 15 de Marzo de 1983.
(3). El 5 de Mayo de 1988, Mons. Lefebvre se comprometió, entre otras, «a respetar la disciplina común de la Iglesia y las leyes eclesiásticas, especialmente las contenidas en el Código de 1983, salvo la disciplina especial concedida a la Fraternidad San Pío X». Y Mons. Lefebvre afirmó el 9 de Junio: «Sí, es verdad yo firmé el protocolo del 5 de Mayo, un poco delicadamente, vale decir, mas sin embargo, en sí era aceptable, sin que yo lo hubiese firmado, por supuesto». Solamente, se sabe que la noche del 5 de Mayo, Mons. Lefebvre pasó una malísima noche, y que la mañana siguiente le dió al padre Emmanuel du Chalard una carta que calificó de «bomba» y de «retracto» (Mgr. Lefebvre, Une vie, Mons. Tissier de Mallerais, pág. 584). Más tarde, Mons. Lefebvre afirmó también: «Así, ahora, a los que me vengan a decir: llegad a entendimiento con Roma, creo poder decirles que he ido más lejos incluso de lo que hubiera ido». (Fideliter nº 79). Dijo también en el Fideliter de junio de 1988: «Las conversaciones que han habido nos han decepcionado. Nos han puesto un texto doctrinal, y acompañado del nuevo Derecho Canónico, Roma se reserva cinco miembros de siete en la comisión». Este acuerdo, retractado la mañana siguiente, no puede por tanto, constituir argumento de autoridad para la legitimidad del nuevo Código.

MES DE LOS DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA - DÍA TRIGESIMOPRIMERO

Tomado del libro El Servita instruido en el obsequio y amor de su madre María Santísima, o sea, Un mes dedicado y ofrecido a la meditacion de los dolores de María, del padre Víctor Perote, y publicado en Madrid por la Imprenta de Eusebio Aguado en 1839.
 
      
PREPARACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dios y Señor mío, que por el hombre ingrato os hicisteis también hombre, sin dejar por eso la divinidad, y os sujetasteis a las miserias que consigo lleva tal condición; a vuestros pies se postran la más inferior de todas vuestras criaturas y la más ingrata a vuestras misericordias, trayendo sujetas las potencias del alma con las cadenas fuertes del amor, y los sentidos del cuerpo con las prisiones estrechísimas de la más pronta voluntad, para rendirlos y consagrarlos desde hoy a vuestro santo servicio. Bien conozco, dueño mío, que merezco sin duda alguna ser arrojado de vuestra soberana presencia por mis repetidas culpas y continuos pecados, sepultándome vuestra justicia en lo profundo del abismo en castigo de ellos; mas la rectitud de mi intención, y el noble objeto que me coloca ante Vos en este afortunado momento, estoy seguro, mi buen Dios, Dios de mi alma, suavizará el rigor de vuestra indignación, y me hará digno de llamaros sin rubor… Padre de misericordia.
  
No es esta otra más que el implorar los auxilios de vuestra gracia y los dones de vuestra bondad para que, derramados sobre el corazón del más indigno siervo de vuestra Madre, que atraído por su amor y dulcemente enajenado por su fineza viene a pedir esta merced, reflexione y contemple debidamente sus amargos dolores, y causarla de esta manera algún alivio en cuanto sea susceptible con esta ocupación y la seria meditación de mis culpas. Concededme, Señor, lo que os pido por la intercesión de vuestra Madre, a quien tanto amáis. Y vos, purísima Virgen y afligidísima Reina mía, interponed vuestra mediación para que vuestro siervo consiga lo que pide. Yo, amantísima Madre de mi corazón, lo tengo por seguro de vuestra clemencia; porque sé que todo el que os venera alcanzará lo que suplica, y aunque esté en la tribulación se librará de ella, pues no tenéis corazón para deleitaros en nuestras desgracias, y disfrutáis de tanto poder en el Cielo que tenéis el primado en toda nación y pueblo ¡Feliz mil veces acierto a conseguir vuestras gracias para emplearme en tan laudable ejercicio! Derramad, Señora, sobre mí vuestras soberanas bendiciones; muévase mi alma a sentimiento en la consideración de vuestros santísimos dolores; inflámese mi voluntad para amaros cada vez más. Entonces sí que os podré decir: «Oh Señora, yo soy tu siervo…» (Salmo CXV, 16). Consiga yo, en fin, cuanto os pido, siendo para mayor honra de Dios y gloria vuestra, como lo espero, consiguiendo seguro la salvación de mi alma. Amén.
  
DÍA TRIGESIMOPRIMERO
REFLEXIÓN: SUSPIROS Y PENAS DE MARÍA SANTÍSIMA CUANDO SEPULTARON A SU AMANTÍSIMO HIJO, Y SU AMARGA SOLEDAD
Consumida por el amor y anegada en suspiros, clamores y llantos estaba María Santísima con el cadaver de su adorado dueño en sus brazos, quejándose inconsolablemente de la ingratitud y fiereza de sus enemigos. No cesaba de mirarle con suma ternura… no se hartaba de besarle y abrazarle, levantando sus ojos al Cielo y diciendo a su Eterno Padre… «¡Dios mío y Señor mío, he aquí la víctima, que aún está reciente!… ¡Este es vuestro Hijo y mi amado Jesús!… ¿Es posible que vuestra justicia le haya hecho apurar un tan amargo caliz?…». Así se desahogaba su amante pecho, y en semejantes exclamaciones se expresaba, cuando el hijo adoptivo de María, José y Nicodemo se acercaron a la Señora y la pidieron el cuerpo difunto para enterrarle y embalsamarle… «¡Tan pronto, ah, les responde abrazándose de nuevo con él, tan pronto me queréis separar de mi preciosa alhaja!… ¡Poco me habéis concedido para consolarme con él! ¡Oh, no, por Dios… no me arranqueis tan sin piedad á mi adorado Corazón, vida y alma… no me lo quitéis sin compasión!…». Hicieron a la angustiadísima Señora muchas reflexiones, diciéndola que a ellos era igualmente doloroso el sepultarle tan pronto, y apartar de su vista tan delicioso objeto; pero que como la noche estaba ya para llegar y tenían que embalsamarle y darle sepultura, en esto se había de tardar, y portanto era preciso comenzarlo… Convencida quedó la tristísima Reina, y aunque con mucha violencia cedió a sus instancias. Solícita y devota acompañó en cuanto pudo a aromatizarle y a envolverle en una sábana limpia y nueva, que había traído el famosísimo José; finalizado lo cual cogieron con la mayor reverencia el cadaver para sepultarle… Pero… ¿qué vais a hacer, santos varones?… ¡Aguardad… deteneos un poco… dad lugar a esa afligida y triste Madre para que por última vez se despida de su dilectísimo Hijo!… Se arrodilla… le abraza, y exclama con los suspiros más inexplicables… «¡A Dios, Hijo de mi vida… a Dios, bien único de mi alma… a Dios, adorado dueño de mis potencias… a Dios, esperanza alhagüeña de mis sentidos… a Dios, luz de mis ojos… a Dios, sangre de mis venas… a Dios… a Dios… que sin ti ya no deseo la vida, que más me será muerte y tormento!…». En estos lastimosos ayes quedó María mientras daban sepultura a su querido Jesús… Mas después que ya no le tenía presente ni veía, aunque cárdeno y desfigurado; después que ya no disfrutaba de su presencia, lloraba amargamente su soledad y desamparo… «Hijo mío dulcísimo, exclamaba, ¿dónde estás? ¿Cómo no te veo, o cómo vivo sin verte? ¡Oh Juan, muéstrame a tu Maestro!… ¡Oh Magdalena, dime donde está aquel amante a quien tanto querías!… ¡Donde está!… ¡Ah… mi Dios sepultado y yo estoy sobre la tierra!… No lo creyera de mí… Parientes míos, ¿qué se ha hecho de vuestro pariente y mi Hijo? ¡Murió nuestro gozo y nuestra dulzura, y murió cercado de penas!… ¡Ay, este es el punto grave de mi dolor!… ¡Pena fuera superior a mi vida verlo muerto… pero con tal muerte!… ¡Oh Hijo mío, anoche te prendieron, poco después te entregaron a los jueces, esta mañana te sentenciaron, a medio día te crucificaron, esta tarde te vi muerto. y ahora te adoro sepultado y lejos de mí!… ¡Qué distancia tan amarga… qué separacion tan funesta, qué memoria tan triste!…» (San Buenaventura, Meditaciones de la vida de Cristo, cap. LXXXIII). Reflexiona, alma mia, con detencion la soledad y tristeza de María, y para que mejor lo adviertas escucha las palabras de San Anselmo, quien no sabiendo cómo explicarse dice así… «¿Qué diré a esto?… ¿Qué más?… No lo sé, ni tengo voces, ni sé quien me las dé, para manifestar a la consideración de los hombres el estado de tus dolores cuando no veías ya a tu santísimo Hijo… (De las excelencias de la Bienaventurada Virgen María, IV)»…
  
SENTIMIENTOS Y PROPÓSITOS PARA ESTE DÍA  
¡Como es esto, Señora mía!… «Apartaos de mí, lloraré eternamente; no queráis cansaros en consolarme» (Divino Oficio, Dolores de María Santísima, Laudes) nos decís… ¿Hablaréis acaso, Reina de mi vida, con vuestros siervos inútiles y vanos, que entregándose sin rienda al pecado se quieren llamar vuestros esclavos y gozar de este honroso título?… ¿Se dirigirán vuestras palabras a los corazones que, pegados a lo terreno y pecaminoso, arrastran alegres las vergonzosas cadenas de las pasiones, y los pesados grillos de sus apetitos?… Pero a mí, Madre de mi alma… a mí, gloria de mi corazon… a mí, esperanza y refugio de mis intenciones y deseos… a mí, finalmente, que estoy resuelto y determinado a ser vuestro verdadero, legítimo y fiel siervo… ¿cómo es posible, celestial Princesa, cómo es posible que mis deseos firmísimos y mis constantes propósitos tan pronta e ignominiosamente se hayan resfriado, y más en unas circunstancias tan críticas?… ¡Vos gimiendo y llorando, y yo sin verter siquiera una lágrima de compasión! ¡Vos tristísima y yo sin consolaros! ¡Vos luchando entre las mayores angustias y desfalleciendo de dolor, y yo sin acelerarme a confortaros y alentaros! ¡Vos sola y desamparada, y yo sin acompañaros!… No será así, porque todo cuanto he ofrecido y a cuanto me he obligado lo cumpliré fielmente. Es verdad que aquellos pésimos siervos a quienes dirigiréis acaso vuestras palabras, con sus desvaríos, yerros y descomedimientos aumentarán vuestras penas, duplicarán vuestras angustias, y harán más insufrible vuestra soledad… Cierto es que os causarán sentimientos indecibles por su cobardía y bajo proceder, afrentándose con sus obras y envileciéndose con sus bajezas… Pero yo de mi parte, herido mi corazón de sumo dolor, y penetrada mi alma de amarguras sin número por haber recorrido con la reflexión la tragedia asombrosa de vuestros dolores… me determino… ¡oidme, cielos!… me resuelvo… ¡testigos sedme, criaturas todas!… a portarme como Servita fiel… ¡Qué vergüenza, haber recibido de María dolorosa tantas gracias, favores y prerogativas, y no agradecerlas como es debido!… No haré tal, Virgen Santísima de los Dolores… Asistiré puntual a los ejercicios de piedad y devoción… rezaré devoto la Corona dolorosa y las devociones propias de un Servita… imitaré vuestros ejemplos… seguiré la virtud con valor, y con el mismo detestaré la culpa; y todo cuanto bueno sea y pueda lo ejecutaré fervorosamente, puesto siempre bajo vuestra soberana protección… Sea así, Reina de mi alma… Estos son mis sentimientos; estos mis propósitos. Bendícelos, Madre mía, para que siendo tu verdadero siervo en esta vida, sea después tu venerador eterno en la gloria.…
 
CONCLUSIÓN PARA TODOS LOS DÍAS.
¿Por qué, oh Dios mío, no he de daros las más humildes gracias, cuando en esta breve consideración os habéis dignado comunicar a mi alma los importantísimos conocimientos de unas verdades que tan olvidadas y menospreciadas tenía por mi abandono y necedad? ¿Por qué no he de concluir este saludable ejercicio rindiéndoos las más profundas alabanzas, cuando en él siento haberse encendido en mi corazón la llama del amor divino, que tan amortiguada estaba por un necio desvarío y por una fatal corrupción de mi entendimiento? Y pues que Vos, que sois la verdad infalible y el verdadero camino que conduce a la patria celestial, habéis tenido a bien de comunicar a mi alma los efectos propios de vuestro amor, con los que puedo distinguir lo cierto e indudable que me sea útil a la salvación, y lo falso y mentiroso que me precipitará a mi perdición, por tanto, Señor, quiero aprovecharme desde este momento de tan divinas instrucciones, para caminar con libertad y seguridad entre tantos estorbos y peligros como me presenta este mundo miserable, y de este modo llegar más pronto a unirme con Vos. Consígalo así, Virgen Santísima, para vivir compadeciéndome de vuestros dolores y aflicciones, y cumpliendo la promesa que os hice de ser siervo vuestro. Esta sea mi ocupación, estos mis desvelos y cuidados en este valle de lágrimas, porque así después disfrute en la celestial Jerusalén de vuestra compañía, en unión de tantos fieles Servitas que recibieron ya el premio de vuestros servicios, reinando a vuestro lado por los siglos de los siglos. Amén.