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lunes, 31 de marzo de 2014

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA - MARTES DE LA CUARTA SEMANA DE CUARESMA

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA
     
Tomado de "Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles", P. Andrés Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo: desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de Pascua. Segunda Edición argentina, Editorial Guadalupe, Buenos Aires, 1962.
         

MARTES DE LA CUARTA SEMANA DE CUARESMA
   
RESUMEN PARA LA VÍSPERA EN LA NOCHE
  
Mañana meditaremos sobre el firme propósito, que forma parte esencial de la contrición, y veremos: 1° Cuál es su naturaleza y absoluta necesidad; 2° Cuál es su carácter.
   
—Tomaremos las siguientes resoluciones: 1° Evitar con cuidado toda ocasión de pecar; 2° No descuidar ningún medio para ser mejores, cualesquiera que sean los sacrificios que nos cueste y la violencia que tengamos que hacernos; y reservaremos para ramillete espiritual las palabras del salmo: “Juro, Señor, y estoy resuelto a observar la ley de vuestra justicia”.
    
MEDITACIÓN DE LA MAÑANA
   
Adoremos al Espíritu Santo que inspiró a los santos de uno y otro Testamento el firme propósito, tan enérgico como constante, de la vida perfecta. David exclama: "He jurado odio al pecado; lo abomino; ya lo he dicho; estoy resuelto; la diestra del Altísimo ha hecho en mí este cambio''. San Pedro deja correr de sus ojos dos fuentes de lágrimas inagotables y repara su falta con una vida toda de abnegación; Magdalena cambia sus amores profanos en una hoguera de amor divino; los mártires llevan al cadalso el firme propósito de no traicionar su fe; San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier renuncian al mundo y a su gloria, para darse enteramente al cuidado de su propia salvación. Adoremos al Espíritu Santo, que obra en esas grandes almas tan sublimes resoluciones, y presentémosle nuestros homenajes en vista de ello.
     
PUNTO PRIMERO - NATURALEZA Y NECESIDAD DEL FIRME PROPÓSITO
   
El firme propósito, con gran diferencia de esas veleidades de que el infierno está lleno, de esos deseos estériles que nos dejan siempre iguales, es una determinación enérgica; una resolución de cambiar de vida, cueste lo que costare, de ser en adelante sólidamente virtuoso, aunque para ello sea necesario sacrificarse, hacerse violencia e inmolar muchas repugnancias. El alma, después de este firme propósito, no dice: “Yo querría no volver a caer”, sino que dice con energía: “Yo no quiero; es una cosa resuelta; y, si se tratara de volver a empezar, preferiría perderlo todo y sufrirlo todo antes que cometer la falta de que me he hecho culpable”. Es, en fin, una determinación como la que toma un hombre de mundo de no hacer tal o cual cosa que pondría en peligro su fortuna, su honor, su libertad o su vida. El firme propósito, comprendido así, es inherente a la contrición y se confunde con ella, puesto que el sentimiento de lo pasado trae necesariamente la voluntad de hacer lo contrario. Los motivos del uno son esencialmente los del otro; de tal manera que, sin firme propósito no puede haber contrición, y, por consiguiente, ni sacramento ni justificación. “Dios no puede borrar el pecado, sino estando el alma completamente resuelta a no volver a caer en él, y sería hacerle una nueva ofensa el decirle: ‘Yo me acuso y me arrepiento’, cuando en el fondo estamos dispuestos a renovar la falta, si se presenta la ocasión”, dice Lactancio. Entremos en nosotros mismos: en nuestra vida, ¿Cuántas confesiones hemos hecho sin resolución seria y sin firme propósito de corregirnos? De otro modo ¿Seríamos siempre los mismos?
    
PUNTO SEGUNDO - CARÁCTER Y SEÑALES DEL FIRME PROPÓSITO
    
El firme propósito debe, como la contrición, ser: 1º UNIVERSAL, es decir, extenderse por lo menos, a todos los pecados mortales sin excepción. Con Dios, todo o nada. Pero el firme propósito debe aplicarse, sobre todo, a los pecados habituales, es decir, a aquellas faltas a las cuales el corazón tiene una inclinación que lo hace caer fácilmente y sin gran resistencia y que hasta le hace buscar las ocasiones. Ahí está el verdadero peligro del alma, la parte débil de la plaza que tenemos que defender contra el demonio; ahí, por consiguiente, debe dirigirse principalmente nuestro firme propósito. 2° El firme propósito debe ser SUMO EN EL APRECIO, es decir, superior a todos los apegos, hasta romperlos, a todas las dificultades hasta vencerlas, si el servicio de Dios así lo exige. Dios debe ser antes que todo; ése es su derecho. 3º El firme propósito debe ser PRÁCTICO, es decir, descender de la resolución general a los medios para conseguir el fin que se propone. EL PRIMER MEDIO ES LA ORACIÓN, canal de la gracia, sin la cual nada se puede. EL SEGUNDO ES LA VIGILANCIA sobre lo que se dice y lo que se hace, sobre lo que se oye y lo que se ve, sobre los pensamientos, las intenciones, las faltas más frecuentes, sobre todo, la pasión dominante; y esta vigilancia debe tener por objeto principal apartarnos de las ocasiones de pecar y castigarnos después de cada caída. EL TERCER MEDIO ES LA MORTIFICACIÓN, única cosa que puede poner en orden nuestra mala naturaleza, recoger su disipación y matar la pasión rehusándole lo que la lisonjea. 4° El firme propósito debe ser PERSEVERANTE. No basta querer el bien por algún tiempo; es necesario desearlo para siempre. Quien rehúsa a Dios un solo instante de la vida, no puede serle agradable si no vuelve a Él. Examinemos si nuestro firme propósito ha tenido estas cuatro condiciones.

POLÍTICO EN EL INFIERNO, O SOBRE LAS TENTACIONES, O SOBRE LA DEMOCRACIA (Bueno, de todo un poco)

Tomado de CATOLICIDAD
    
La muerte del pecador
  
Un día, mientras caminaba por la calle, un dirigente de un importante partido político es trágicamente atropellado por un camión y muere.
   
Su alma llega al paraíso y se encuentra, en la entrada, a San Pedro en persona.
   
- "Bienvenido al paraíso", le dice San Pedro: "Antes de que te acomodes, parece que hay un problema. Verás, muy raramente un alto político ha llegado aquí y no estamos seguros de qué hacer contigo. Lo que haremos será hacerte pasar un día en el infierno y otro en el paraíso, y luego podrás elegir dónde pasar la eternidad".
    
Y con esto, San Pedro acompaña al político al ascensor y baja, baja hasta el infierno.
    
Las puertas se abren y se encuentra justo en medio de un verde campo de golf.
  
A lo lejos hay un club y, de pie, delante de él, están todos sus amigos políticos que habían trabajado con él, todos vestidos con traje de noche y muy contentos. Corren a saludarlo, lo abrazan y recuerdan los buenos tiempos en los que se enriquecían a costa del pueblo. Juegan un agradable partido de golf y luego, por la noche, cenan juntos en el Restaurante Gourmet del club, con langosta como plato principal y los atienden hermosísimas meseras.
    
 Se encuentra también al Diablo, que de hecho es un tipo muy simpático y se divierte mucho contando chistes y bailando.
     
Se está divirtiendo tanto que, antes de que se de cuenta, es ya hora de irse. Todos le dan un apretón de manos y lo despiden mientras sube al ascensor.
     
 El ascensor sube, sube, sube, y se reabre la puerta del paraíso donde San Pedro lo está esperando. "Ahora es el momento de pasar a la antesala del paraíso".
     
Así que el político (inescrupuloso, ciertamente), pasa las 24 horas sucesivas saltando de nube en nube, tocando el arpa y cantando en la antesala del paraíso. Antes de que se dé cuenta, las 24 horas ya han pasado y San Pedro va a buscarlo.
     
- "Ya has pasado un día en el infierno y otro en la antesala del paraíso, ahora debes elegir tu eternidad".
    
El hombre reflexiona un momento y luego responde: "Bueno, el paraíso ha sido precioso y todos son muy amables. Aunque sólo conocí la antesala. Sin embargo, creo que he estado mejor en el infierno. Además allá están casi todos mis amigos".
    
Así que San Pedro lo acompaña hasta el ascensor y otra vez baja, baja, baja, hasta el infierno. Cuando las puertas del ascensor se abren, se encuentra en medio de una tierra sombría y desierta, cubierta de excrementos y desperdicios. Ve a todos sus amigos atormentados por los demonios en medio de llamas devoradoras que los calcinan.
   
El Diablo lo alcanza y le pone un brazo en el cuello.
   
"No entiendo -balbucea el político-. Ayer estuve aquí y había lindas mujeres, un campo de golf y un club, comimos langosta y caviar, bailamos y nos divertimos mucho. Ahora todo lo que hay es un terreno desértico lleno de fuego, inmundicias y tormentos sin fin...".
    
 El Diablo lo mira, sonríe y maliciosamente le responde:
    
- "Ayer estábamos en campaña. ¡¡¡Hoy..., ya votaste por nosotros...!!! ¡¡¡Malvenido, infeliz!!!".

domingo, 30 de marzo de 2014

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA - LUNES DE LA CUARTA SEMANA DE CUARESMA

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA
     
Tomado de "Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles", P. Andrés Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo: desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de Pascua. Segunda Edición argentina, Editorial Guadalupe, Buenos Aires, 1962.
        
LUNES DE LA CUARTA SEMANA DE CUARESMA
     
RESUMEN PARA LA VÍSPERA EN LA NOCHE
    
Volveremos mañana a nuestras meditaciones sobre los motivos de contrición y veremos: 1° Los males que nos ocasiona el pecado venial; 2º Los males mucho mayores aún que nos ocasiona el pecado mortal.
     
— Tomaremos en seguida las resoluciones siguientes: 1º De tener horror a las menores faltas y humillarnos profundamente ante Dios por haber cometido tantos pecados en el curso de nuestra vida; 2° De huir de la menor ocasión del pecado más que de la peste, desconfiar de nosotros mismos, velar y rogar para no caer en él en lo porvenir. Reservaremos como ramillete espiritual las palabras del publicano: “¡Oh Dios, tened piedad de mí, que soy un pecador!”
     
MEDITACIÓN DE LA MAÑANA
       
Adoremos a nuestro Señor Jesucristo cubierto de llagas y clavado en la cruz por nuestros pecados. Nuestros crímenes son sus verdugos, y nosotros somos sus asesinos. ¡Oh Dios víctima! Yo os adoro y os amo; y lloro mi soberbia, que te ha coronado de espinas, mi tibieza, que ha despedazado vuestros miembros; mi amor a la independencia, que os ha llevado a la cruz. ¡Oh divino sacrificado! Formad en mi corazón el odio al pecado, mal tan grande que sólo pudo ser reparado por vuestra muerte, y hacedme comprender los males que pecando me he ocasionado.
   
PUNTO PRIMERO - MALES QUE NOS CAUSA EL PECADO VENIAL
      
No se podría decir cuánto mal nos hace el pecado venial. Si no ha sido expiado, en la otra vida retardará para nosotros por largos años quizás los goces del paraíso y nos costará terribles castigos. Aun después de haber sido expiado, nos privará por toda la eternidad del grado de gloria y felicidad a que nos hubiera elevado el acto de la virtud contraria. En esta vida enfría la amistad de Dios y disminuye sus gracias, que tan necesarias son a nuestra debilidad; disminuye en nosotros la fe y el sentimiento de las verdades eternas, arranca del alma el tierno gusto de la piedad, el goce del Espíritu Santo y las delicias de la inocencia; el pecado debilita la voluntad, la inclina poco a poco hacia el mal, ahoga el remordimiento, disipa la vigilancia, y por allí conduce a las grandes caídas, que nunca son otra cosa que la consecuencia de una serie de relajamientos. En fin, cuando se ha convertido en costumbre, reduce al alma a un estado peor en cierto modo que la muerte, a la tibieza. Porque ese horrible estado tiene por carácter fundamental el hábito de los pecados veniales. Santa Teresa misma nos dice que Dios le hizo ver un día el lugar que ella habría ocupado en el infierno si hubiera cedido a una tentación de vanidad y no se hubiera apartado de ciertos peligros. ¡Oh Dios mío! ¡Cuán funesto nos es el pecado venial! ¡Y, sin embargo, lo temo tan poco y lo cometo tan fácilmente! ¡Oh Señor, inspiradme un constante horror a él!
    
PUNTO SEGUNDO - MALES QUE PRODUCE EL PECADO MORTAL
    
1º NOS QUITA LA AMISTAD DE DIOS Y NOS DEJA SU ODIO. Antes de caer, éramos hijos amados de Dios, templo suyo y objeto de sus complacencias. Elevábamos al cielo nuestras miradas llenas de confianza y veíamos en Él a un Padre que sólo tenía para nosotros pensamientos de bondad y de amor. Pero, cometido el pecado, ¡Cómo cambia nuestra suerte y qué desdichados somos! Esclavos del demonio, hijos de ira y objetos de maldición, si no nos convertimos, no hay ya para nosotros en el cielo más que un Juez severo cuyo rayo nos amenaza. ¡Ay! Por muy poco que reflexionemos, nos encontraremos bien desgraciados bajo el peso de este pensamiento: “¡Yo he merecido el odio de Dios!” 2º EL PECADO NOS QUITA LA PAZ DEL CORAZÓN Y NOS DEJA EL REMORDIMIENTO. Cuando éramos inocentes, éramos felices; la calma reinaba en nuestro interior y una alegría amable y dulce reflejaba en el exterior la dicha de un corazón puro. Pero, con el pecado, la paz desapareció y dio lugar a la turbación, al remordimiento, a la inquietud, a la agitación de la conciencia, que se revuelve en todo sentido y sólo encuentra padecimientos. Porque Vos, ¡oh Señor!, nos habéis hecho para Vos, y fuera de Vos no hay paz ni felicidad. 3° EL PECADO NOS QUITA TODOS NUESTROS MÉRITOS Y NOS DEJA LA DESNUDEZ Y LA INDIGENCIA. Aun cuando un hombre hubiera vivido sesenta siglos y merecido a cada momento tanto como todos los santos juntos, un solo pecado mortal lo destruye todo, arranca al alma todos sus méritos, y la hace incapaz de merecer nada nuevamente, mientras esté bajo su imperio. 4º EL PECADO NOS PRIVA DEL CIELO Y NOS DEJA EL INFIERNO. Mientras estemos en pecado, no pretendamos ir a los bellos tronos en que debíamos sentarnos, ni aspiremos a las coronas que debían ceñir nuestras frentes, ni a la sociedad encantadora de los ángeles y santos, de María y de la humanidad santa de Jesucristo, ni a la posesión de Dios. El infierno es lo único que nos queda. Los demonios están pidiendo a Dios que les permita precipitar en él al pecador. ¡Qué situación, gran Dios! ¡No estoy más que a un paso del infierno! ¿No resuena para mí el trueno? ¡Oh! ¡Cuán temerario e imprudente soy! ¡Perdón, Dios mío, y misericordia! Deploro mis pecados y los detesto con todo mi corazón.

FRANCISCO: HEREJE Y CISMÁTICO (ADEMÁS DE APÓSTATA)

Desde LUMEN MARIAE
  
Francisco Bergoglio, asesino de almas y precursor del anticristo
     
En este año de desgracias en la Iglesia, sólo se puede presentar a Francisco como un hereje y un cismático. Hereje porque predica una doctrina contraria a la verdad, que es Cristo. En su doctrina no se guarda el depósito de la fe, sino que se va en contra de toda la Tradición, del Magisterio Auténtico de la Iglesia y del Evangelio.
     
Francisco es cismático porque ha puesto una obra que divide a la Iglesia: su gobierno horizontal. Y ese cisma, encubierto ahora, será la raíz de todos los males que se van a producir en la Iglesia.
        
Francisco ha dicho muchas cosas, pero damos sólo las más importantes.

1. La noche de su elección, Francisco se presentó como el «Obispo de Roma», sin pronunciar la palabra «Papa». Pero, lo más importante, es que se ha dedicado, en este año, a rebajar y a anular el Papado. Apareció con una cruz masónica, que es la que lleva comúnmente. Una cruz en la que aparece una paloma, que es símbolo de la libertad, un Jesús, que está en medio de una multitud, que representa la igualdad; y que carga en sus hombros una oveja, que es símbolo de la fraternidad.
      
2. Antes de impartir la bendición apostólica a los fieles congregados en la plaza San Pedro, Francisco pidió a la muchedumbre que rezara primero por él para que Dios lo bendijese. Se pide la bendición al pueblo, porque es lo más importante en su iglesia. Es la iglesia del pueblo, pero no la Iglesia de Cristo. Es la iglesia que ha fundado el pueblo en su caminar por toda la historia. Jesús, para Francisco, es uno más del pueblo, que inició una iglesia, que hay que vivirla en el pueblo y para el pueblo. Ya no es necesario dar la bendición que viene de lo alto, porque el sacerdote está para servir al pueblo, no tiene autoridad; la tiene el pueblo. Hay que pedírsela al pueblo. Esto sólo representa su política comunista, pero no es un acto de humildad; porque la misión de todo sacerdote es bendecir al pueblo, no pedir la bendición. Un sacerdote no pide la bendición al hombre, sino que le da al hombre las cosas de Dios. Pero a Francisco le gusta ser popular entre la gente, ser uno más entre los hombres, llegar con estos gestos heréticos a las personas.
     
3. El 16 de marzo de 2013, al final de la audiencia otorgada a los periodistas del mundo entero, en la sala Pablo VI del Vaticano, Francisco les dio una bendición totalmente protestante, una «bendición silenciosa, respetando la conciencia de cada uno». No se dignó a hacer el signo de la Cruz sobre la multitud de periodistas ni a pronunciar el santo nombre de las Tres Personas Divinas. Porque no cree en un Dios católico, sino en su dios, en su concepto de dios.
     
4. Durante esa misma audiencia dijo que deseaba «una Iglesia pobre para los pobres». Es el deseo de un hombre, pero no de un sacerdote que debe ser otro Cristo, y debe querer una Iglesia para salvar y santificar las almas, ya de los ricos, ya de los pobres. A los periodistas les dio su doctrina comunista, que es contraria al Evangelio.
      
5. La Santa Cena del Señor, de la Semana Santa del 2013, no fue celebrada en la Basílica de San Pedro, ni en la Catedral de San Juan de Letrán, como es el protocolo, la costumbre en Roma, para así acoger a todos los peregrinos del mundo entero que están en Roma en esas fechas, y unirse a todo el clero romano; sino que Francisco fue a una cárcel, a un centro de detención de menores de Roma. Y, en ese lugar, cometió el sacrilegio de lavar los pies a dos mujeres y, entre los hombres, había musulmanes. Rebajó el culto divino celebrando una Misa en un lugar no santo, no sagrado; no predicó sobre la Eucaristía, sobre el significado de la Institución de este Sacramento; no hubo clero, no hubo fieles, invitando a participar en la ceremonia a infieles. Claro ejemplo de su falta de fe en Cristo y en el Sacerdocio de Cristo. A Francisco sólo le interesaba salir en la foto lavando los pies a las mujeres y haciendo una ceremonia para gente marginada por la sociedad, para así dar la nota de que él ama a todo el mundo y se preocupa de todo el mundo. Francisco vive para la sociedad, para hacer vida social, para imitar a los hombres en la sociedad; no vive para Cristo, para imitar a Cristo en su sacerdocio ni en la Iglesia.
      
6. El 13 de abril del 2013, a un mes de estar en la Silla de Pedro, anuncia que ha decidido poner en la Iglesia un gobierno horizontal, que se hace efectivo en Octubre de ese año. Con ello, Francisco abre el cisma dentro de la Iglesia. Se opone al dogma de la Verticalidad en la Iglesia y, en consecuencia, a todo el Papado. Se rebaja y se anula el Papado en la Iglesia. El gobierno horizontal es su obra cismática, propia de un anticristo en la Iglesia. Es un pecado en contra del Espíritu Santo; es decir, una blasfemia, de la cual no hay perdón. El Espíritu Santo enseña en la Iglesia a tener un Vértice. Todo aquel que anule el Vértice comete el pecado contra el Espíritu. Es un pecado contra la Iglesia, contra el Espíritu de la Iglesia. No es un pecado contra Cristo, sino contra la Obra de Cristo, que es la Iglesia. Porque la Iglesia es regida por el Espíritu de Cristo. Y todo aquel que peque contra la Iglesia, está pecando contra el Espíritu de Cristo, no contra Cristo. Y, por eso, ese pecado es una blasfemia y no tiene perdón. Y la consecuencia de esta blasfemia es clara: del gobierno horizontal saldrá la destrucción de toda la Iglesia. Es una obra del demonio en el Vértice de la Iglesia. En esa obra, se destruye el Vértice y todo lo demás en la Iglesia.
     
7. Con ocasión de las JMJ celebradas en julio 2013 en Río de Janeiro, Francisco declaró, durante una entrevista de prensa concedida a la televisión brasilera, que «si un niño recibe su educación de los católicos, protestantes, ortodoxos o judíos, eso no me interesa». Lo que le interesa es «que lo eduquen y que le den de comer». Enseñarle a vivir de fe, enseñarle la ley moral, eso ya no es cuestión de la Iglesia ni de las familias, porque hay que estar en la Iglesia y tener hijos para el mundo, no para Dios, no para el Cielo, sino para el infierno. Los hombres deben aprender, desde pequeños, a abrazar los postulados errados que siguen los hombres y el mundo.
    
8. Con ocasión de su homilía en la Casa Santa Marta, en el Vaticano, el 22 de mayo de 2013, Francisco dijo que “El Señor nos ha redimido con la sangre de Cristo, a todos, no sólo a los católicos”, y que de este modo todos los hombres se convierten en «hijos de Dios»: “Esta es la sangre que nos hace hijos de Dios». Y Francisco confunde las cosas en su mente, porque pone la bondad del hombre en ser creado por Dios, pero se olvida del pecado del hombre: “El Señor nos ha creado a su imagen; y si Él hace el bien, todos tenemos en nuestro corazón este mandamiento: Haz el bien y no hacer el mal. Todos”. La imagen de Dios en el hombre es diferente a la ley divina escrita en cada corazón. Pero a Francisco esto le interesa muy poco, porque va a lo que va: a negar el pecado. La Sangre de Cristo no produce el ser hijo de Dios, sino que redime, es decir, pone al hombre un camino de Misericordia en la Justicia del Padre, un camino de salvación, pero no de justificación. Hay que merecer salvarse, santificarse, ser justo. Y esto es lo que niega Francisco en los que no son católicos. También ellos se salvan (dice) porque son buenos por creación divina. Sólo el Bautismo es lo que hace ser hijo de Dios. Y el Bautismo es un Gracia conquistada por la Sangre de Cristo.
    
9. Francisco organizó una jornada de oración y de ayuno por la paz en Siria, lo que es en sí mismo algo laudable, pero extendió la invitación «a todos los cristianos de otras confesiones, a los hombres y mujeres de cada religión, así como a los hermanos y hermanas no creyentes». Sólo Dios escucha la oración del humilde, es decir, del que se aleja del pecado, del error, de la mentira, de una vida de engaño y de pecado. Y, por tanto, no se puede invitar a la oración para conseguir la paz a aquellos que, por su vida de pecado, están en guerra con el Señor y, en consecuencia, con todos los hombres. Porque la paz entre los hombres es el fruto de una vida piadosa, vida de fe, vida de gracia, vida espiritual. De otra manera, se está diciendo que tanto fieles como infieles son buenos ante Dios y, en sus vidas de pecado, también Dios los escucha. Dios no da la paz al hombre sin darle la paz a su corazón. Y el corazón no encuentra la paz si no se aleja de su pecado. La Iglesia tiene que dirigirse a los suyos, a sus almas, no a los infieles del mundo para solucionar un conflicto en el mundo; porque sólo en la Iglesia está el camino verdadero para dar solución a cualquier problema en el mundo: el camino de la Cruz, que el mundo no quiere aceptar. El camino de la penitencia: oración y ayuno, pero en la Gracia del Señor, no en el pecado del alma.
   
10. Francisco recibió a José Mújica, presidente del Uruguay, el sábado 1 de junio con motivo de una larga audiencia privada. Luego de ella declaró a la prensa sentirse «muy feliz de haber podido discutir con un hombre sabio». Este hombre «sabio» fue miembro de los Tupamaros, una de las principales organizaciones terroristas latino-americanas durante los años 60’/70’. Pasó 15 años en la cárcel, condenado por asesinato, secuestro y actos de terrorismo. Fue liberado en 1985, «amnistiado» por el gobierno de Julio Sanguinetti. Mujica se negó a asistir a la ceremonia de inauguración del nuevo pontificado, en razón de su ateísmo militante. Su gobierno aprobó la ley autorizando el aborto en octubre de 2010, la del «matrimonio» homosexual y de la adopción «homo-parental» en abril de 2013 y la de la legalización del cultivo, la venta y el consumo de marihuana en diciembre de 2013. Estos son los hombres sabios de los que Francisco se rodea y aplaude para decretar la ruina de la Iglesia.
      
11. Su primer viaje oficial tuvo por beneficiario a gente de otra religión: el 8 de julio acudió a Lampedusa, en memoria de los inmigrantes clandestinos musulmanes, que se ahogaron tratando de alcanzar esa isla italiana desde África en el transcurso de los últimos quince años. Con esto Francisco quiere darle al mundo lo primero, lo principal; pero se olvida de la Iglesia, olvida que se es sacerdote para las almas de Cristo. Francisco es un hombre para las almas del mundo, para la gente que no ama ni a Cristo ni a la Iglesia.
      
12. En una conferencia de prensa dada el 29 de julio de 2013, en el vuelo entre Río de Janeiro y Roma, de regreso de las JMJ, Francisco pronunció la frase siguiente: «Si una persona es gay y busca al Señor con buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgar?» En la entrevista concedida por Francisco a las revistas culturales jesuitas los días 19, 23 y 29 de agosto y publicada en L’Osservatore Romano del 21 de septiembre, Francisco dio a conocer mejor su pensamiento sobre los homosexuales: «En Buenos Aires recibí cartas de personas homosexuales, heridas socialmente, porque se sienten desde siempre condenados por la Iglesia. Pero eso no es lo que la Iglesia quiere. Durante el vuelo de regreso desde Río de Janeiro dije que si una persona homosexual tiene buena voluntad y está buscando a Dios, yo no soy quien para juzgar. Al decir eso, dije lo que indica el Catecismo (el herético, de 1983). La religión tiene derecho a expresar su opinión al servicio de las personas, pero Dios nos ha creado libres: la injerencia espiritual en la vida de la gente no es posible. Un día alguien me preguntó de manera provocante si yo aprobaba la homosexualidad. Yo le respondí con otra pregunta: ‘‘Dime: Dios, cuando mira a una persona homosexual, ¿aprueba su existencia con afecto o la rechaza condenándola?’’ Siempre hay que considerar a la persona. Entramos aquí en el misterio del hombre. En la vida cotidiana, Dios acompaña a la gente y nosotros debemos acompañarla tomando en cuenta su condición. Hay que acompañar con misericordia. Cuando esto sucede, el Espíritu Santo inspira al sacerdote para que diga la palabra más adecuada.» En este pensamiento se ve claro la herejía de Francisco. Para Francisco lo que importa es la libertad de la persona. Como Dios ha creado libres a las personas, entonces que cada persona elija su vida. Ésta es su herejía. Siempre Francisco va a la raíz de su pecado: el hombre es bueno por naturaleza. Éste es su pecado. Francisco no ve el mal que hace el mismo hombre en la Creación, en el Paraíso. Ese mal no lo llama pecado, sino otra cosa. Y, por eso, Francisco tiene que anular la ley natural: el hombre es para una mujer; la mujer es para un hombre. Esta ley natural, que está inscrita en cada ser humano, sea hombre o mujer, queda anulado por la libertad que Francisco da a al hombre: Dios nos ha creado libres. Francisco pone la imagen de Dios en el hombre en ser bueno el hombre. No comprende lo que es la imagen ni la semejanza de Dios en el hombre, porque sólo se fija en la bondad del hombre: el hombre es bueno porque Dios lo ha creado bueno, y lo ha hecho libre. Al anular el pecado, no puede comprender lo que es un homosexual. Sólo lo mira de forma humana. Y, por eso, cae en su sentimentalismo: “Hay que acompañar con misericordia”. Es su misericordia sin verdad, sin ley divina, sin ley moral, sin ley natural, porque, para él sólo hay una razón: el homosexual es bueno; Dios lo ha hecho libre. Hay que dejarle que viva su vida. No hay que juzgarlo. Y, entonces, anula lo que es la ley divina: “La religión tiene derecho a expresar su opinión al servicio de las personas”. La Iglesia tiene derecho a decir la Verdad sobre el homosexualismo; no tiene derecho a opinar sobre el homosexualismo. Francisco se carga todo, porque es un hombre sin fe divina; sólo anclado en su fe humana, que es su comunismo, su protestantismo, su marxismo, su condición masónica.
     
13. El 28 de agosto, Francisco recibió en la basílica de San Pedro un grupo de 500 jóvenes peregrinos de la diócesis de Piacenza. Hacia el final, les pidió: «recen por mí, porque este trabajo es insalubre, no hace bien». Francisco busca su bien humano en su vida humana y, por tanto, no le gusta trabajar en la Iglesia. Quiere sus comodidades, sus asuntos humanos, sus conquistas humanas. Y la Iglesia es para otra cosa, que a él no le gusta. A él le gustaría una iglesia más popular, más de la comunidad, más social, mas mundana, mas profana, más pecadora. Y, por eso, no le gusta hacer cosas santas, sagradas, divinas, porque su alma está ennegrecida por su pecado.
      
14. En el reportaje concedido a las revistas culturales jesuitas, efectuado por el Padre Antonio Spadaro s.j., director de La Civiltà Cattolica, en el mes de agosto y publicado en L’Osservatore Romano del 21 de septiembre, Francisco expresó: «Por supuesto, en ese buscar y encontrar a Dios en todas las cosas, queda siempre una zona de incertidumbre. Debe existir. Si alguien dice que encontró a Dios con una certeza total y que no deja ningún margen de incertidumbre, significa que algo no funciona (…) El riesgo de buscar y de hallar a Dios en todo es entonces la voluntad de explicitar demasiado; de decir con certeza humana y arrogancia: ‘‘Dios está aquí’’. Así sólo encontraremos un Dios a nuestra medida (…) Quien hoy día no aspira sino a soluciones disciplinares, quien tiende de manera exagerada a la ‘‘seguridad’’ doctrinal, quien busca obstinadamente recuperar el pasado perdido, tiene una visión estática y no evolutiva. De este modo, la Fe se vuelve una ideología como cualquier otra». Francisco reiteró la misma idea en su Mensaje para la jornada de las comunicaciones sociales, presentado el 23 de enero, en el cual sostiene que «dialogar significa estar convencido que el otro tiene algo bueno para decirnos, hacerle un lugar a su punto de vista, a sus proposiciones. Dialogar no significa renunciar a sus propias ideas y tradiciones, pero sí a la pretensión de que sean únicas y absolutas». Para Francisco, no existe la Verdad Absoluta y, por tanto, no existe la ley divina ni la ley natural. No existe una Iglesia que posea toda la Verdad. No existe una doctrina de dogmas, de verdades absolutas. No existen soluciones disciplinares. El hombre no puede encontrar a Dios con certeza absoluta, porque Dios existe, pero no es algo personal, no es algo absoluto, no es algo concreto. Hay que comprender a Dios en todas las cosas, en todos los hombres, en todas las culturas, en toda la historia. Francisco tiene que caer en el paganismo y en su dios: todo es dios. Toda verdad relativa se hace absoluta en el pensamiento del hombre. Es el culto a la mente del hombre que le lleva al hombre a obrar sólo lo bueno humano, sin poder discernir la Verdad de lo divino ni, por tanto, el bien divino. Francisco anula la fe divina al poner en el hombre la verdad: “dialogar significa estar convencido que el otro tiene algo bueno para decirnos”. Para amar al prójimo no hay que buscar una palabra en el prójimo, sino que hay que darle la Voluntad de Dios, la ley de Dios, la ley natural, el mandamiento divino, la norma de moralidad, que sólo es posible cuando no se anula la Verdad Absoluta. El diálogo mata la fe en Dios y pone la vida en la fe de cada hombre. Pero Francisco quiere amar al prójimo con la palabra del hombre, con la idea del mundo, con la conquista de la ciencia. Por eso, tiene que anular toda Verdad, toda certeza, a un Dios que sea personal, para el hombre. Tiene que ofrecer a un dios que sea para todo el mundo, para todo hombre. Un dios basado en una relación, en un pensamiento relativo, no absoluto.
      
15. En su Exhortación Apostólica 'Evangelii Gaudium' (§ 247 a 249), publicada el 24 de noviembre, Francisco afirma que la Antigua Alianza «no ha sido nunca revocada», que no debe considerarse al judaísmo talmúdico actual como a «una religión extranjera» ni decir que los judíos estén llamados a «convertirse al verdadero Dios», puesto que juntos creemos «en el único Dios que actúa en la historia» y «acogemos con ellos la común Palabra revelada». Francisco prosigue diciendo: «Dios sigue obrando en el pueblo de la primera Alianza y hace nacer tesoros de sabiduría que brotan de su encuentro con la Palabra divina. Por eso, la Iglesia también se enriquece cuando acoge los valores del judaísmo (…) Existe una rica complementariedad que nos permite leer juntos los textos de la Biblia hebraica y ayudarnos recíprocamente para profundizar las riquezas de la Palabra». Francisco es un hombre que ama a los hombres, pero no ama a Cristo en los hombres; no ve la Verdad de Cristo en cada hombre y, por eso, no sabe discernir las Palabras de Dios sobre los judíos. Francisco sólo se llena de palabras humanas para acoger a todos los hombres, pero no es capaz de dar a ningún hombre la Palabra del Evangelio, una Palabra de Verdad sobre su vida. Y, así, debe caer de forma necesaria en esta herejía.
     
16. En una entrevista mantenida con el periodista ateo Eugenio Scalfari el 24 de septiembre en el Vaticano, publicada por el cotidiano izquierdista La Repubblica el 1 de octubre, Francisco puso en claro su doctrina comunista: «Los males más graves que afligen al mundo hoy son el desempleo de los jóvenes y la soledad en la que son abandonados los ancianos». A renglón seguido, dice: «El proselitismo es soberanamente absurdo, no tiene ningún sentido. Hay que conocerse, escucharse mutuamente y aumentar el conocimiento del mundo que nos rodea (…) Creo que ya he dicho al comienzo que nuestro objetivo no es el proselitismo sino la escucha de las necesidades, de los deseos, de las ilusiones perdidas, de la desesperación y de la esperanza. Tenemos que devolverles la esperanza a los jóvenes, ayudar a los viejos, mirar al futuro, propagar el amor». Éste es el pensamiento de un masón, de un humanista, de un libre pensador, pero no de un sacerdote ni menos de un Obispo. Porque el mal más grave que aflige, no sólo al mundo, sino a la Iglesia, es el pecado. Esto es lo que niega Francisco, la raíz espiritual de todos los males en los hombres; para fijarse sólo en la apariencia externa de todos los males. Y, por eso, quiere resolver todos los problemas con su concepto del bien y del mal: «Todo ser humano posee su propia visión del bien y del mal. Nuestra tarea reside en incitarlo a seguir el camino que el considere bueno (…) No dudo en repetirlo: cada uno tiene su propia concepción del bien y del mal, y cada uno debe escoger seguir el bien y combatir el mal según su propia idea». Esta es la doctrina del protestantismo, totalmente contraria a la doctrina católica. Pero Francisco tiene este concepto del bien y del mal por su fe masónica: «Yo creo en Dios. No en un Dios católico, porque no existe un Dios católico, existe Dios (…) Por mi parte, observo que Dios es luz que ilumina las tinieblas, incluso si no las disipa, y que una chispa de esta luz divina se encuentra dentro de cada uno de nosotros (…) (Pero) la trascendencia permanece, porque esta luz, toda la luz que se encuentra en todos, trasciende el universo y las especies que lo habitan durante esta fase». Si no cree en la Santísima Trinidad, ¿para qué está en la Iglesia Católica?
      
17. Con ocasión de su homilía en la Casa Santa Marta, en el Vaticano, el 28 de octubre de 2013, Francisco dijo que “Es el intercesor, el que reza, y reza a Dios con nosotros y ante nosotros. Jesús nos ha salvado, hizo esta gran oración, su sacrificio, su vida, para salvarnos, para justificarnos: estamos justificados gracias a Él. Ahora se ha ido, y reza ¿Pero Jesús es un espíritu? ¡Jesús no es un espíritu! Jesús es una persona, un hombre, con carne como la nuestra, pero en la gloria. Jesús tiene las llagas en las manos, en los pies, en el costado y cuando ora al Padre muestra este precio de la justificación, y reza por nosotros, como diciendo: ‘Pero, Padre, que esto no se pierda’”. Decir que Jesús no es un espíritu, sino que está en la gloria como hombre, es anular todos los dogmas en la Iglesia. En estas pocas palabras, está todo el pensamiento de Francisco sobre Jesús y sobre la Iglesia. Por eso, lleva a la Iglesia hacia su ruina más total.
    
18. Durante una homilía pronunciada el viernes 20 de diciembre en la capilla de la Casa Santa Marta, en el Vaticano, Francisco dijo palabras escandalosas sobre la Virgen María: «Ella estaba silenciosa, pero en su corazón, ¡cuántas cosas le decía al Señor! ¡Tú, aquel día, me dijiste que sería grande; me dijiste que le darías el trono de David, su padre, que reinaría para siempre y ahora lo veo aquí (en la Cruz)! ¡La Virgen era humana! Y tal vez tenía ganas de decir: ¡Mentiras! ¡Me han engañado!» Francisco atribuye a María sentimientos de rebeldía, de duda, ante el dolor de Su Hijo. Estas palabras no sólo son escandalosas, sino una blasfemia contra la Pureza de la Virgen María. Decía San Alfonso María de Ligorio: «Contemplemos unos instantes la amargura de esta pena, que hizo de la divina Madre la Reina de los mártires, dado que su martirio sobrepasa el de todos los mártires (…) Como la Pasión de Jesús comenzó a su nacimiento, según San Bernardo, así María, semejante en todo a su divino Hijo, sufrió el martirio durante toda su vida». En María ni había rebeldía ni pudo haberla, sino una completa sumisión a la Voluntad de Dios desde el principio: “He aquí la Esclava del Señor. Hágase en Mí según Tu Palabra”.
    
19. En sus mensajes a la Cuaresma de este año 2014, está su doctrina comunista y protestante. Una Cuaresma para hacer dinero, para ocuparse de los problemas de los hombres, para un encuentro con todos los hombres, para un abrirse a la mentalidad del mundo: “A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas. (…) En los pobres y en los últimos vemos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres amamos y servimos a Cristo. Nuestros esfuerzos se orientan asimismo a encontrar el modo de que cesen en el mundo las violaciones de la dignidad humana, las discriminaciones y los abusos, que, en tantos casos, son el origen de la miseria. Cuando el poder, el lujo y el dinero se convierten en ídolos, se anteponen a la exigencia de una distribución justa de las riquezas. Por tanto, es necesario que las conciencias se conviertan a la justicia, a la igualdad, a la sobriedad y al compartir”. No hay una enseñanza de Francisco ni en cómo resolver el pecado en la vida espiritual, ni en cómo combatir al demonio, que es el maestro del pecado en los hombres, es el que enseña a pecar; ni cómo expiar los pecados, que producen cantidad de males entre los hombres, en la sociedad, en todo el espectro humano. Francisco no alimenta las almas con la verdad, sino la mente con la mentira.
      
Y podríamos seguir, pero queda bien claro lo que es Francisco: un hombre que predica la mentira y que obra el engaño. Y de estas dos cosas, que son sus dos pecados, nace todo lo que obra en la Iglesia. Mentiroso para llegar a las mentes de los hombres; engañador de almas, para llevarlas a lo más profundo del infierno.

ADOLFO SUÁREZ, TRAIDOR A DIOS, LA PATRIA Y AL GENERALÍSIMO

Mensaje enviado al correo por JUAN SANTIAGO
 
"Francisco Franco es uno de los grandes hitos de la Historia de España. Gracias a él y a su profunda obra constituyente, nuestro país cuenta hoy con un Estado moderno que no se cierra sobre sí mismo, sino que se proyecta sobre el mañana.
Jamás nadie logró crear las condiciones básicas de partida que Franco, identificado con su pueblo, supo levantar. El paso de los siglos no borrará el eco de su nombre. Con él, logró España ser Una, Grande y Libre. No se puede menospreciar la gigantesca obra de ese español irrepetible al que siempre deberemos homenaje de gratitud, que se llamaba Francisco Franco.      
Su obra perdurará a través de las generaciones"
 
(Palabras de Adolfo Suárez el 20 de Noviembre de 1975, con motivo del fallecimiento del Caudillo)
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En la política española ha habido ejemplos arrebatadores de camaleonismo, pero ninguno tan indigno y vomitimo como el de Adolfo Suárez.
    
Adolfo Suárez, marioneta de la izquierda antiespañola
     
Con un padre, de nombre Hipólito Suárez, que fuera militante del partido "Acción Republicana" de Manuel Azaña -otro ejemplar- , además de jugador y mujeriego, y que por cierto, tuvo que huir de casa abandonando a su familia por un escandalo de negocios turbios, el joven Adolfito, abogado mediocre y sin fortuna, indudablemente muy conocido entonces en su casa, por su familia y sus amigos, comenzó su meterórica carrera política en 1961 al convertirse en Jefe del Gabinete Técnico del Vicesecretario General de F.E.T. y de las JONS; desde allí, no paró: Procurador en las Cortes Españolas por Ávila en 1967; Gobernador Civil y Jefe Provincial del Movimiento en Segovia en 1968...
    
Hipólito Suárez Guerra (padre de Adolfo), era jugador, mujeriego y esbirro de la República roja
     
Su popularidad comienza a crecer, y su aparentemente demostrada fidelidad a los Principios del Régimen del 18 de Julio le lleva a convertirse en Director General de Radiodifusión y Televisión Española, permaneciendo en el cargo hasta 1973.
     
Sin dejar en ningún momento su vinculación con el Movimiento Nacional, Adolfo Suárez es nombrado Ministro-Secretario General del mismo el 11 de diciembre de 1975 tras el trágico fallecimiento de su indiscutible mentor, Fernando Herrero Tejedor y un mes después de la muerte del Generalísimo Franco.
            
Como la política democráticamente entendida es el arte de decir "digo donde ayer se decía Diego", Suárez se acopló con tanta docilidad a los nuevos aires democráticos que fue llamado por el Borbón  para la puesta en escena del guión rupturista (falsamente reformista) minuciosamente elaborado por la CIA y la Secretaría de Estado norteamericana, desde poco tiempo antes de la voladura por los aires del Almirante Luis Carrero Blanco.
     
La "Operación Ogro" fue orquestada por la CIA y la ETA para darle muerte al Almirante Luis Carrero Blanco (Presidente de gobierno durante los últimos años de Franco).
   
Comenzaba así un ignominiosa época, la de los "demócratas de toda la vida", en la que casi todos arrumbaron al cajón de los recuerdos las gloriosas banderas que siempre habían defendido. Suárez el primero.
    
El mediocre abogado abulense vio entonces la posibilidad de lucir, de subirse al púlpito -al mismo que se subían sus antiguos enemigos políticos, incluídos los comunistas y los separatistas- y de pregonar a los cuatro vientos con una labia digna del mejor tahur y vendeburras, su amor a la Democracia y al Liberalismo, abrazándose y compadreando con los enemigos seculares de la Nación española.
     
Suárez departe con el genocida de Paracuellos, Santiago Carrillo (de maldita memoria)
     
Es oportuno y conveniente hablar hoy, teniendo que dar por fin las debidas cuentas de sus acciones ante el Altísimo, que Suárez fue la mascarada más visible y grotesca del actual aquelarre democrático, al permitir que España desviara el rumbo de su destino histórico, que él juró defender.
      
Suárez juró ante Dios y con la mano en los Evangelios, defender el legado del Generalísimo Franco (como en su momento hizo Juan Carlos de Borbón), Y COMO JUAN CARLOS DE BORBÓN, JURÓ EN VANO
   
Suárez simboliza la perpetuación de un proyecto político que durante los últimos 37 años ha sido índice de una perniciosa decadencia en todos los campos de la vida española, y que no ha sido remedio de ninguno de nuestros males, sino que los extendió y agravó aún más, favoreciendo las desigualdades sociales, la voracidad de las multinacionales, la discordia entre los españoles, los enfrentamientos entre las regiones y que sacrificó con despiadada crueldad los intereses y los derechos de las familias, de los ancianos, de los trabajadores, de los no nacidos
     
El legislador tiene obligación de procurar el Bien Común. Ese es un principio que Suárez ignoró a los pocos meses de morir Franco, su viejo mentor. Suárez avaló el establecimiento de las bases legales y políticas para que la descomposición, la anarquía y el sometimiento a los intereses extranjeros se apoderara de la Nación española. Suárez es también el máximo responsable, en tanto precusor del actual "Estado de las Autonomías", de las divisiones y deslealtades que hoy ponen en peligro la supervivencia de España como Nación.
       
A Suárez debemos que el Ejército dejara de ser la base de la Patria para la guarda de la Unidad y del Derecho. A su obstinado compromiso con la desmilitarización de España, siguiendo las siniestras órdenes de las correspondientes Logias extranjeras -a las que se debió durante años- hay que sumar su responsabilidad en la debilitación del vínculo familiar (la Ley del Divorcio fue aprobada con él al frente del Gobierno de UCD); la destrucción de las bases en las que se asentó el milagro económico español de los años 60; la aceptación del chantaje de los separatistas, a veces acompañado de la violencia terrorista, como instrumento coactivo para el logro de objetivos políticos; la cesión a la Izquierda del control ideológico en las escuelas, los centros de trabajo y los medios informativos.
    
Un individuo que, hasta su llegada a la Presidencia del Gobierno de España, ETA había cometido 44 asesinatos desde su fundación en 1959 hasta 1976, y que desde ese año hasta su dimisión como Presidente, se contabilizaron ¡499! muertos a manos de los terroristas de distinto pelaje.
     
Un individuo que engañó a los militares españoles, legalizando al Partido Comunista; un Presidente que cogió España con una de tasa de paro inferior al 10%, y lo dejó con una tasa cercana al 21 %; con un IPC que durante su mandato subió un 137 %, con un récord histórico en el año 1977 del 26,4%...

En definitiva, Adolfo Suárez hizo todo lo contrario de aquello que juró, ante Dios y sobre los Santos Evangelios, defender como Secretario General del Movimiento, y abjuró al inicio de la Transición de cualquier principio que defendiera y estimulara nuestros bienes espirituales, que evitara el enfrentamiento de españoles contra españoles, que diera al pueblo la realidad de una mejor economía, de una más auténtica Justicia Social, de una más efectiva participación, de una mayor cultura, de un derecho vivido, de una democracia que enraizara con la tradición española y fuese contraria al actual engendro partitocrático, foco de corrupción y lubridio.
     
Si en serio hay que recordar en algo a este interfecto, que no se engañe a nadie: su puesto estaría entre los peores canallas que han dilapidado la herencia recibida en 1975, y junto a los nombres de los más infames traidores de la secular historia de nuestra Patria, como el Obispo Don Oppas o el Conde Don Julián (esos que abrieron de par en par las puertas de España a los musulmanes), y desde luego, no con los españoles de historial clarísimo, ejemplo claro, y vida rectilínea.
    
La victoria de los moros en la Batalla de Guadalete (711) se debió a la traición y apostasía de Don Julián, Don Oppas
  
¿Rezar por él para que Dios le perdone y le libre del Infierno eterno?  Que se sepa, según la Teología Católica, para recibir de Nuestro Señor el Perdón, es necesario -en lo interior- Examen de Conciencia y Dolor de los Pecados, y además -en lo exterior- cuando el pecado ha sido público, constante y de consecuencias nefastas, Propósito de Enmienda y declaración pública de reparar todo el daño causado. Pues bien, por lo que se ve, en los últimos años de vida de Adolfo Suárez no consta en absoluto las referidas premisas. Y el Alzheimer no excusa. Más bien, Justicia Divina.      
    
A buen entendedor....

BEATO AMADEO, DUQUE DE SABOYA

Él fue probado por medio del oro, y hallado perfecto, por lo que reportará gloria eterna. Él podía pecar y no pecó, hacer mal y no le hizo: por eso sus bienes están asegurados en el Señor, y celebrará sus limosnas toda la congregación de los santos”. (Eclesiástico 31, 10-11)
    
Beato Amadeo IX, tercer duque de Saboya
    
El Beato Amadeo de Saboya fue el noveno de este nombre y el tercer duque de aquel Estado; vivió treinta y siete años (1435-1472); reinó solamente siete (1465-1472); y fue inscrito en el catálogo de los bienaventurados dos siglos más tarde bajo el pontificado del Beato Inocencio XI.
   
La Saboya fue siempre uno de los lugares más bellos de la región alpina; situada en el centro de Europa, en territorio francés, al occidente de la cadena de los Alpes, guarda dentro de sí las cumbres más elevadas desde el Monte Blanco hasta el monte Thabor. La magnificencia de sus costas, la grandiosidad de su paisaje, su infinita variedad, los contrastes de color y de vida, la melancólica belleza de las ruinas de castillos y monasterios, ofrecen un espectáculo estupendo, que arrebata la admiración. Sus habitantes son conocidos por la bondad de su carácter y por la sencillez de sus costumbres; defendidos del influjo y contacto con otras gentes por la aspereza de sus montañas, han sabido conservar sus primitivas tradiciones. El saboyano es fuerte y alegre; tiene pocas necesidades y sabe desde antiguo solucionárselas por sí mismo; es además religioso y amante de sus instituciones. Cada uno de los siete valles principales de las tierras saboyanas tiene su propia fisonomía en tipos y maneras, hablándose por este motivo de los “siete países saboyanos”, variedades de un mismo tipo social montañés.
    
La casa de Saboya es una de las familias más antiguas e ilustres, que han reinado en Europa casi hasta nuestros días. Parece ser que su fundador fue Humberto I Blancamano, descendiente de la casa de Sajonia, que vivió en los años 985 al 1048; prestó buenos servicios al rey de Arlés Rodolfo III, y al emperador Conrado el “Sálico”, recibiendo en recompensa numerosas tierras y privilegios. A través de los siglos el Estado saboyano fue ensanchando sus límites geográficos; las guerras entre los señores feudales, las alianzas, las capitulaciones matrimoniales y las herencias de nobles, fueron abriendo camino al esplendor de la casa de Saboya. En el siglo XV, durante el largo gobierno de Amadeo VIII, los dominios saboyanos alcanzaron la máxima extensión, comprendiendo entre otros territorios la Saboya, el Piamonte y el País de Vaud. Aunque se había avanzado notablemente en el sentido de sustituir el antiguo régimen feudal por un Estado moderno, sin embargo, aún no había desaparecido la organización feudal, que se desarrolló más en la Saboya que en el Piamonte, con grandes y poderosas casas señoriales, afincadas en los cerrados valles alpinos con escasos centros urbanos.
    
Amadeo VIII de Saboya, de sobrenombre “el Pacífico”, consiguió en 1416 del emperador Segismundo la transformación del condado en ducado, recibiendo la solemne investidura. Destacaron en este príncipe sus inquietudes espirituales y su amor por la vida ascética, llegando a crear en la corte un acentuado ambiente de religiosidad, dentro del cual discurrieron los primeros años de vida de su nieto el Beato Amadeo IX de Saboya. Amadeo VIII “el Pacífico”, después de haber llevado su casa a una altura jamás soñada en tiempos atrás, se dedicó a dejar el gobierno en manos de su hijo Luis II de Saboya y a retirarse a la vida eremítica con algunos de sus mejores amigos y fieles consejeros; fundó la Orden Militar de San Mauricio, a la que señaló como residencia un nuevo monasterio levantado por su mandato en Ripaglia, cerca de Tournon, y entró en el retiro con sus amigos el día 16 de octubre de 1434, vistiendo todos una túnica y capucha grises, llevando como distintivo un cinturón dorado y una cruz también dorada sobre el pecho. La decisión del duque de Saboya causó honda impresión en Europa, y llamó la atención de los Padres del concilio de Basilea, quienes, después de haber depuesto al Papa de Roma Eugenio IV, lo eligieron como sucesor de San Pedro. El duque aceptó la tiara y fue consagrado y coronado el 24 de julio de 1440 con el nombre de Félix V; nueve años más tarde, en bien de la paz de la Iglesia, el antipapa Félix renunció al papado en el concilio de Lausana de 1449; el nuevo pontífice Nicolás V lo preconizó cardenal obispo de Saboya y delegado apostólico en Saboya y parte de Suiza; murió en 1451 y sus huesos hallaron descanso en un magnífico monumento erigido en su nombre en la catedral de Turín.
   
Su nieto, el Beato Amadeo IX de Saboya, nació en Tournon el 1 de febrero de 1435, habiendo sido el hijo primogénito de Luis II de Saboya y de Ana de Lusiñán, hija del rey de Chipre. La dulcedumbre del lago de Ginebra, al pie de cuyas colinas se alza el pequeño pueblo de Tournon, comunicó al joven Amadeo su encanto y su poesía, y las cimas nevadas del San Bernardo Y del Monte Blanco infundieron en su alma el amor por todo lo cándido y puro. Sus cristianos padres lo educaron en el santo temor de Dios, juntamente con sus otros diecisiete hermanos. Muy pronto se manifestaron en el príncipe los piadosos sentimientos y una natural inclinación hacia la virtud; de niño, cuando jugaba y paseaba por los jardines de su palacio, gustaba de hincarse de rodillas y elevar sus manos y sus ojos al cielo, dirigiendo a Dios fervorosas jaculatorias; de joven, se apartaba del fastuoso brillo de la corte, prefiriendo la conversación con los pastores y la meditación en la pasión de Jesucristo, arrasándosele los ojos de lágrimas al contemplar el crucifijo. Su semblante siempre risueño, sus maneras apacibles, su estilo a la vez humano y majestuoso, le hicieron muy pronto dueño de todos los corazones. El Beato Amadeo de Saboya tuvo desde los primeros años de su juventud aquélla dulzura, aquel encanto e irresistible simpatía que desprende la santidad verdadera; sin votos de religión, sin hábitos sacerdotales, en medio del bullicio de una corte europea del medioevo, supo llevar a la práctica aquel mandamiento de Jesucristo: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”; porque la santidad puede y debe hacerse en todos los lugares y tiempos, y en todos los modos de vida, acomodando nuestra voluntad a la voluntad de Dios y guardando sus santos preceptos.
    
Después del tratado de Cleppié (1453), a los diecisiete años de edad, Amadeo IX de Saboya contrajo matrimonio con Violante de Valois, también conocida con el nombre de Yolanda de Saboya, hija del rey de Francia Carlos VII y hermana del más tarde también rey de Francia Luis XI, de la cual estaba prometido desde la cuna (1436). Fue Violante una mujer afectuosa, fiel y amante de su casa y familia; ambos esposos estuvieron desde un principio muy unidos, no sólo en la comunidad de vida, sino principalmente en la rectitud de conciencia y en idénticos sentimientos. La castidad matrimonial fue fecunda, habiendo nacido del amor conyugal nueve hijos, a los que sus padres supieron legar, además de los bienes de fortuna, su religión y virtud; una de sus hijas subió a los altares con el nombre de Beata Luisa de Saboya, la cual, muerto su marido, se encerró en un convento de clarisas, siendo autorizado su culto por el Papa Gregorio XVI.
      
En el año 1465 el Beato Amadeo IX de Saboya sucedió a su padre en el trono, y con este motivo las virtudes que adornaron al príncipe alcanzaron mayor brillo con la diadema. Desde un primer momento, sabedor de que toda autoridad y poder viene de Dios, se esforzó en imponer en la corte sus piadosas tendencias, volviendo la vida cortesana a lograr el mismo o mayor nivel de religiosidad que tuvo en los tiempos de su abuelo Amadeo VIII “el Pacífico”. El ejemplo de los príncipes es siempre poderoso y eficaz en la mejoría de las costumbres; el modo de vida del Beato Amadeo de Saboya impuso en todos sus vasallos un sello tan fuerte de honradez, que por mucho tiempo se vio el vicio desamparado en todos sus Estados. La falta de compostura en el templo, el hablar con menosprecio de la religión, las conversaciones licenciosas en la corte, eran motivo suficiente para incurrir en la desgracia del príncipe, quien siempre se mostró resoluto e intransigente cuando estuvieron por medio los intereses de Dios. Fue norma constante en su vida de gobierno el anteponer el servicio de Dios a todas las restantes cosas. No hubo a la sazón corte más brillante ni mejor arreglada en toda Europa; reinando la paz y la justicia con todos sus derechos, y extendiéndose la vigilancia del príncipe a todos sus Estados con segura política interior.
           
Argumento singular de santidad en el Beato Amadeo de Saboya fue su amor a los pobres; teniendo delante de los ojos aquellas palabras de Jesucristo: “Lo que hiciereis con los necesitados, conmigo lo hacéis”, solía repetir, para justificar sus afanes en favor de los desvalidos: “Me conduelo tanto de los pobres, que al verlos no puedo contenerlas lágrimas. Si no amase a los pobres, me parecería que no amaba a Dios”. Empleó mucha parte de sus riquezas en fundar hospitales y en dotar los ya existentes con mayores rentas, conservándose todavía en el Piamonte y en la Saboya numerosos vestigios de la magnificencia del caritativo príncipe. Con su propia mano atendía a los necesitados, gozando al distribuirles personalmente las limosnas, visitaba a los enfermos en sus humildes viviendas, socorriéndoles con tanto cariño y solicitud, que alguno de ellos llegó a decir, que sólo por haber sido asistido por el santo duque bendecía la hora en que Dios le había postrado en el lecho víctima de penosa enfermedad; llamábanle el padre de los necesitados, y a su palacio, el jardín de los pobres.
      
La tradición nos ha conservado una simpática anécdota, que nos descubre hasta dónde llegó la caridad del corazón del Beato Amadeo de Saboya. En cierta ocasión, habiéndole preguntado un embajador de un príncipe extranjero si tenía jauría de perros y si le gustaba la caza como entretenimiento, el duque le contestó: “Tengo otros entretenimientos, en los que me ocupo con mayor placer; deseo que vea el señor embajador con sus propios ojos el, objeto de mis distracciones”. Seguidamente el príncipe abrió el balcón de la sala, descubriéndose un gran patio, en el cual iban y tornaban numerosos criados atendiendo y dando de comer a más de quinientos pobres. “Ved ahí señor embajador, mis divertimientos, con los que intento conseguir el reino de los cielos”. El embajador intentó diplomáticamente censurar la conducta del santo duque, y le dijo: “Muchas gentes se echan a mendigar por pereza y holgazanería”. A lo que respondió el caritativo príncipe: “No permita el cielo que entre yo a investigar con demasiada curiosidad la condición de los pobres que acuden a mi puerta; porque si el Señor mirase de igual manera nuestras acciones, nos hallaría con mucha frecuencia faltos de rectitud”. Replicó el embajador: “Si todos los príncipes fuesen de semejante parecer, sus súbditos buscarían más la pobreza que la riqueza”. A lo que contestó el Beato Amadeo de Saboya: “¡Felices los Estados en los que el apego a las riquezas se viera por siempre desterrado! ¿Qué produce el amor desordenado de los bienes materiales, sino orgullo, insolencia, injusticia y robos? Por el contrario, la pobreza tiene un cortejo formado por las más bellas virtudes”. Añadió el embajador: “En verdad que vuestra ciencia, en relación con los restantes príncipes de este mundo, es totalmente distinta; porque en todas partes es mejor ser rico que pobre, pero en vuestros Estados los pobres son los preferidos”. Continuó el santo duque: “Así lo he aprendido de Jesucristo. Mis soldados me defienden de los hombres; pero los pobres me defienden delante de Dios”. Ningún otro príncipe rayó a tanta altura en el ejercicio de la caridad; un día sus ministros le advirtieron que el tesoro se hallaba exhausto a causa de tantas limosnas, y el santo no dudó un momento en entregarles el rico collar de la orden militar que llevaba sobre su pecho, para remediar las necesidades más urgentes de los pobres que acudían a su palacio. Fue siempre clemente y compasivo, sin que estas cualidades le desviaran en ningún caso de la justicia, que administraba con entera rectitud.
        
Pero quiso Dios probar su virtud con diferentes y graves adversidades, purificando el alma de su siervo como oro en crisol, para que resplandeciera mayormente su santidad. Porque la virtud tanto más vale, cuanto mayor esfuerzo significa; por ello la santidad es patrimonio de almas heroicas, aunque ayudadas siempre de la gracia divina. Durante toda la vida se vio el Beato Amadeo de Saboya atormentado por frecuentes ataques de epilepsia; esta enfermedad, tan sensible como vergonzosa por los impropios movimientos que causan las contorsiones, le sirvió para ejercitarse en la paciencia cristiana, aceptando con alegría la voluntad del cielo. Solía repetir: “Nada más útil para los grandes y poderosos, que las dolencias habituales, que les sirven de freno para reprimir la vivacidad de las pasiones y templan las dulzuras de esta vida con una amargura saludable”. Por razón de esta dolencia, los enfermos atacados de epilepsia vienen acudiendo en sus súplicas al Beato Amadeo de Saboya, desde el momento de su muerte, como a especial abogado, encontrando eficaz ayuda y remedio para su mal.
        
Otra fuente de numerosos sinsabores y grandes amarguras para el Beato Amadeo de Saboya fue la defensa de sus Estados, en tiempos en que la ambición de los príncipes multiplicaba las guerras. Rico de virtudes personales, pero pobre de salud, el santo duque hubiera abdicado si la duquesa Yolanda, mujer de gran energía, no se lo hubiera impedido, para asegurar la sucesión de sus hijos, ocupándose ésta directamente del gobierno de Estado por encomienda de su esposo. Conocedores de esta situación de aparente debilidad, algunos príncipes de los Estados colindantes intentaron incrementar sus dominios a costa de la casa de Saboya, e incluso algún familiar del santo duque pretendió destronarlo para ceñirse la corona ducal; unos y otros tropezaron con la entereza del Beato Amadeo de Saboya en la defensa de sus derechos, quien supo poner remedio pacífico a violentas situaciones con la magnanimidad de su corazón. Concedió inmediatamente la libertad al duque Galeazzo María Sforcia, tan pronto como supo que sus soldados lo habían arrestado, sorprendiéndolo al atravesar disfrazado las tierras de Saboya, cuando regresaba desde Francia a sus Estados; sin embargo, no pudo conseguir la amistad del duque, desde antiguo enemigo de la casa de Saboya. Años más tarde, cuando el marqués de Monferrato rechazó el derecho del Beato Amadeo IX de Saboya al homenaje, reclamado en conformidad con el tratado de 1412, dando con ello origen a la guerra en el Piamonte, el duque de Milán, Galeazzo María Sforcia, intervino a favor del marqués; la duquesa Yolanda se alió con Borgoña y Venecia, nombró capitán general de sus tropas a Felipe de Bressa, hermano del duque de Saboya, y logró ayuda de su hermano Luis XI de Francia; mas otra vez el bondadoso corazón del Beato Amadeo se interpuso a favor del duque de Milán, firmó con él nuevos tratados, le dio como esposa a su hermana menor Bona de Saboya, logrando una paz definitiva en 1468. Felipe de Bressa, de carácter levantisco e inquieto, apoyado por el duque de Borgoña, intentó apoderarse del Estado, asediando a Montmélian en 1471, donde se encontraba la corte; pero tan sólo pudo hacer prisionero a su hermano Amadeo, mientras Yolanda se refugiaba en Grenoble, salvando a sus hijos en Francia; la intervención de Luis XI de Francia y la presión diplomática de Milán y Suiza hicieron el acuerdo; Felipe de Bressa dejó que Amadeo retornase con su mujer, devolvió las fortalezas, y obtuvo para sí la lugartenencia por benigna concesión de su hermano ya enfermo de muerte. Yolanda de Saboya condujo ahora al príncipe al Piamonte, estableciéndose en la ciudad de Verceli, en otros tiempos de la corona de Saboya, pero a la sazón en poder del duque de Milán, amparándose en la protección del duque.
      
Rodeado de tantas desventuras, el Beato Amadeo de Saboya fortalecía la entereza de su carácter y la bondad de su corazón con los consuelos de la religión; muchas veces fue a pie, acompañado de su esposa, a Chambery, para tributar culto al Santo Sudario, que se veneraba en aquella ciudad; fue muy devoto de la Santísima Virgen, a la que llamaba su Señora y a la que honraba con frecuentes devociones; hizo a Roma de incógnito una visita, encontrando en aquellos santos lugares paz para su alma e incremento de su piedad, dejando en la iglesia de San Pedro y en otras de la Ciudad Eterna ricos presentes.
           
Consumido, en fin, a violencias de tantos rigores, conociendo cercano su acabamiento, llamó a su presencia a los principales señores de su corte, nombró regente de sus Estados a la duquesa, su mujer, fiel compañera, e hizo testamento político con estas palabras: “Mucho os recomiendo a los pobres, derramad sobre ellos liberalmente vuestras limosnas, y el Señor derramará abundantemente sobre vosotros sus bendiciones; haced justicia a todos sin acepción de personas; aplicad todos vuestros esfuerzos para que florezca la religión y para que Dios sea servido”. Este fue su testamento, y también el programa de su política durante los pocos años de su reinado. Murió en Verceli en el año 1472 en el día 31 de marzo, fecha en que la Iglesia celebra su fiesta. La noticia de su muerte puso fin a las procesiones públicas rogativas, llevando el luto a todos los lugares de la Saboya y el Piamonte. Fue sepultado en la románica iglesia de San Eusebio de Verceli, debajo de las gradas del altar mayor, confirmando el cielo con numerosos milagros la fama de santidad que ya en vida gozaba Amadeo IX de Saboya.
       
Su compaisano San Francisco de Sales un siglo más tarde, haciendo viaje a Roma, quiso pasar por Verceli, para rezar delante de las reliquias del siervo de Dios Amadeo, encontrando alegría para su alma en la iglesia de San Eusebio; y testigo del vivo culto popular, alimentado con los muchos prodigios acaecidos junto a su sepulcro, rogó al papa Paulo V que fuese canónicamente reconocido; pero fue otro siglo después cuando el papa Beato Inocencio XI concedió a Amadeo IX de Saboya los honores de la beatificación, y dio licencia para que se rezase oficio y se dijese misa en su honra dentro de los dominios del duque de Saboya y dentro de Roma en la iglesia de la nación. En el largo espacio de cinco siglos no se ha entibiado la devoción de los pueblos hacia el santo duque, existiendo en la actualidad en casi todos los lugares del antiguo ducado de Saboya numerosos testimonios del culto popular.
        
Uno de sus sucesores, Carlos Manuel I (1580-1630), durante su reinado mandó acuñar algunas monedas de plata con la efigie del Beato Amadeo, rodeada de la siguiente inscripción: “Bendice a tu descendencia”; el pueblo llamó a las monedas mayores de nueve florines “Beatos Amadeos”, y a las monedas más pequeñas de tres florines simplemente “beatas”, nombre que sirvió durante mucho tiempo para designar en general a todas las monedas de plata de pequeño tamaño en los países de Europa.
   
DOROTEO FERNÁNDEZ RUIZ. Año Cristiano, Tomo I. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.
  
ORACIÓN
Oh Dios, que trasladaste a tu confesor el bienaventurado Amadeo del principado terreno a la gloria celestial, concédenos te suplicamos, que por sus méritos y su imitación nos desprendamos de los bienes temporales, para no perder los eternos. Por J. C. N. S. Amén.

sábado, 29 de marzo de 2014

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA - CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA
     
Tomado de "Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles", P. Andrés Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo: desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de Pascua. Segunda Edición argentina, Editorial Guadalupe, Buenos Aires, 1962.
   
CUARTO DOMINGO DE CUARESMA
   
+ EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (6, 1-15)
En aquel tiempo, pasó Jesús al otro lado del mar de Galilea, que es el lago de Tiberíades y, como le siguiese una muchedumbre de gentes porque veían los milagros que hacía con los enfermos, subióse a un monte y sentóse allí con sus discípulos. Acercábase ya la Pascua, que es la gran fiesta de los judíos. Habiendo pues Jesús levantado los ojos y viendo venir hacia Sí a un grandísimo gentío, dijo a Felipe: “¿Dónde compraremos panes para dar de comer a toda esa gente?”. Mas esto lo decía para probarle, pues bien sabía Él mismo lo que había de hacer. Respondióle Felipe: “Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno de ellos tome un bocado”. Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro: “Aquí está un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; mas ¿qué es esto para tanta gente?”. Pero Jesús dijo: “Haced sentar a esas gentes”. El sitio estaba cubierto de hierba. Sentáronse, pues, al pie de cinco mil hombres. Jesús entonces tomó los panes y, después de haber dado gracias a su Eterno Padre, repartiólos por medio de sus discípulos entre los que estaban sentados, y lo mismo hizo con los peces, dando a todos cuanto querían. Después que quedaron saciados, dijo a sus discípulos: “Recoged los pedazos que han sobrado, para que no se pierdan”. Hiciéronlo así y llenaron doce cestos de los pedazos que habían sobrado de los cinco panes de cebada, después que todos hubieron comido. Visto el milagro que Jesús había hecho, decían aquellos hombres: “Este, sin duda, es el gran Profeta que ha de venir al mundo”. Por cual, conociendo Jesús que había de venir para llevársele por fuerza y levantarle por rey, huyó Él solo otra vez al monte.
    
RESUMEN DE LA VÍSPERA EN LA NOCHE
     
Mañana meditaremos: 1° En la bondad de Jesucristo al multiplicar el pan material que alimenta al cuerpo: 2° En su bondad, mucho mayor aún, en la multiplicación del pan eucarístico que alimenta al alma.
   
— Tomaremos las siguientes resoluciones: 1º De acompañar nuestras comidas con sentimientos de reconocimiento con la Providencia que nos las da; 2º De honrar la santa Eucaristía por medio de Comuniones más fervorosas y frecuentes, y con visitas al Santísimo Sacramento más regulares y recogidas. Nuestro ramillete espiritual serán las palabras del Salmista: “¡Cuan bueno es el Señor para con los que tienen un corazón recto!”.
   
MEDITACIÓN DE LA MAÑANA
     
Adoremos la ternura de Jesucristo con los pueblos que le siguen en el desierto: su corazón dulcísimo se conmueve al ver sus necesidades y las remedia de una manera verdaderamente milagrosa. Adoremos su bondad, que se muestra más grande aún en la institución del pan eucarístico que alimenta nuestras almas. ¡Oh! ¡Cuán digna es de nuestras alabanzas y de nuestro amor tanta bondad!
     
PUNTO PRIMERO - BONDAD DE NUESTRO SEÑOR EN LA MULTIPLICACIÓN DEL PAN QUE ALIMENTA EL CUERPO
   
Es, sin duda, un gran milagro multiplicar cinco panes y dos peces, hasta satisfacer a cinco mil hombres y llenar todavía doce cestos con las sobras. Todo el pueblo, testigo de tal prodigio, tenía razón para querer proclamar rey al autor de semejante maravilla y llegarse a él para no separarse jamás de su lado. Pero todos los días Jesús renueva y continuará hasta el fin de los siglos renovando un milagro mucho más sorprendente: La multiplicación anual de los granos y de los frutos, hasta hacerlos bastar al alimento de todo el género humano y darle, no solamente lo necesario, sino lo útil, y lo agradable; acción divina que, cada año, hace germinar las semillas, las hace crecer y madurar de manera que provean a todas las necesidades en todos los puntos del globo. Este brillante milagro apenas es notado por los hombres ingratos. Muy pocos dan gracias a Dios por él con verdadera efusión. Muchos llegan aun a servirse de sus favores para ofenderle. Y, sin embargo, ¡Oh prodigio! Tanta ingratitud no debilita su amor, porque siempre derrama su rocío y su calor sobre el campo del pecador y sobre la propiedad del justo. ¡Oh! ¡Cuán bueno es Dios! ¡Cómo cuida de los suyos! ¡Cuán justo es amarle, bendecirle y darle gracias continuamente!
   
PUNTO SEGUNDO - BONDAD DE NUESTRO SEÑOR EN LA MULTIPLICACIÓN DEL PAN EUCARÍSTICO QUE ALIMENTA EL ALMA
    
Hay, en este solo hecho, un mundo de milagros. Aquí Jesucristo multiplica su presencia en tantos puntos como altares hay en que el sacerdote celebra el sacrificio; en tantas hostias, cuantas se contienen en todas las custodias del mundo; en tantas partículas como encierra cada hostia. Aquí Jesucristo se encuentra siempre presente y continúa, después del sacrificio, despreciado, solitario, desconocido, abandonado, abrumado de irreverencias, de profanaciones, de ultrajes y, en medio de todo esto, ruega y se inmola por los hombres que corresponden tan mal a su amor. Se deja distribuir como alimento a todos los que se presentan, aun a los más indignos; se deja llevar a los enfermos que desean recibirlo; hasta en la más humilde cabaña. Acoge a todo el que desea hablarle, llama a los afligidos para consolarlos, a los débiles para sostenerlos, y no hay un momento del día o de la noche en que no se considere feliz con dar audiencias. Pone sus gracias a disposición del que quiera recibirlas, y todo el que recurre a Él puede decirle como Job: “Nada temo mientras estoy cerca de Vos”. ¿Puede el amor ir más lejos? Y en presencia de estos milagros, ¿qué debe hacer el corazón, sino amar y alabar al Dios que tanto ha amado a los hombres, y qué partido debe tomar, sino el de recibirle a menudo y piadosamente? Si su deseo es darse a nosotros, nuestro supremo deseo sea también darnos a Él.

viernes, 28 de marzo de 2014

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA - SÁBADO DE LA TERCERA SEMANA DE CUARESMA

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA
     
Tomado de "Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles", P. Andrés Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo: desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de Pascua. Segunda Edición argentina, Editorial Guadalupe, Buenos Aires, 1962.
     
SÁBADO DE LA TERCERA SEMANA DE CUARESMA
   
RESUMEN PARA LA VÍSPERA EN LA NOCHE
        
Emplearemos la meditación de mañana: 1° En repasar la mitad ya transcurrida de la Cuaresma; 2° En preparar los medios de pasar mejor la otra mitad de ella.
     
—Tomaremos la resolución: 1º De aplicarnos a la práctica del recogimiento y al espíritu de oración por el uso frecuente de las jaculatorias; 2° De utilizar mejor la predicación que oigamos y las lecturas piadosas que tuviéremos. Nuestro ramillete espiritual serán las palabras de San Agustín: “Temed perder la gracia que pasa”.
      
MEDITACIÓN DE LA MAÑANA
       
Adoremos a Jesucristo solitario en el desierto, durante la santa Cuarentena que allí pasó, misterio que ahora veneramos. Este divino solitario nos invita a adelantar en la virtud durante estos días de salvación. Confundámonos de haber correspondido tan mal a su llamamiento hasta ahora y pidámosle la gracia de corresponder mejor durante la segunda mitad de este tiempo.
      
PUNTO PRIMERO - NO HEMOS SIDO LO QUE DEBÍAMOS SER, DURANTE LA PRIMERA MITAD DE LA CUARESMA
      
Para comprenderlo, basta considerar lo que debíamos ser y lo que hemos sido. —Primeramente, lo que debíamos ser— Es un grande error pensar que, para asegurar la salvación basta no cometer grandes faltas. El joven del Evangelio, que había practicado todos los mandamientos, “rehusó abrazar la más alta perfección, que era vender todos sus bienes y dar su precio a los pobres: y esto bastó para que Nuestro Señor dijera, gimiendo: ‘¡Qué difícil es que los ricos se salven!’, y a los Apóstoles: ‘Si éste no se salva, ¿quién se salvará?’”. Sentencias, ambas que parecen una profecía de la perdición de este desgraciado. Los Apóstoles mismos tuvieron entre sí una discusión de amor propio que no excedía los límites del pecado venial, y sin embargo, Jesucristo les dijo: “Si no os convertís y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos”. El Obispo de Éfeso, que se cree sería San Timoteo, mereció ser alabado por Nuestro Señor por sus trabajos y su celo; sin embargo, no se hubiera salvado si no se hubiera esforzado en hacerse mejor: “Erais más fervoroso al comenzar, le dijo Jesucristo: Si no volvéis al primitivo fervor, quitaré el candelero de su lugar, es decir, os retiraré la luz de mi gracia”. Todos estos ejemplos nos dicen claramente que es un error creer asegurar la salvación por el solo hecho de no cometer de ordinario graves faltas. Para hacer cierta la propia vocación y elección, es preciso tomar a pecho la vida perfecta y multiplicar las buenas obras. Es necesario corresponder a las gracias que se reciben y llevar una vida conforme a ellas, “pues se le pedirá más a quien más haya recibido”. Tales debieron ser nuestros diarios esfuerzos durante esta primera mitad de la Cuaresma. — Pero, ¿Es así como hemos vivido? ¿Hemos tomado a pecho la grande obra de nuestra perfección? ¿Hemos comprendido que estas palabras de Nuestro Señor: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”, no expresan un simple consejo, sino un precepto de aspirar a la perfección según nuestras fuerzas y la gracia que Dios nos da? Por consiguiente, ¿Hemos procurado cada día ser mejores que el anterior, y en cada hora vivir más santamente que en la que pasó? ¿Qué frutos hemos sacado de todos los medios de salvación de este santo tiempo, de tantas lecturas y piadosos ejemplos, de tantos buenos pensamientos y piadosas inspiraciones y de tantas gracias interiores y exteriores? ¡Ay! Reconozcámoslo gimiendo: NO HEMOS SIDO LO QUE DEBÍAMOS SER.
    
PUNTO SEGUNDO - MEDIOS DE PASAR MEJOR LA SEGUNDA MITAD DE LA CUARESMA
    
1° Es preciso DEJAR LA VIDA DE DISIPACIÓN para entregarnos a la práctica del recogimiento, sin la cual toda virtud es imposible. 2° Es preciso decirse en el fondo del corazón: “Yo quiero ser santo”; y, como consecuencia de esta resolución, hay que EVITAR CON CUIDADO AÚN LAS FALTAS VENIALES, sin permitirnos ninguna con propósito deliberado; después, hacernos con frecuencia esta pregunta: “¿Es así como los santos pensaban, obraban, oraban y conversaban?”, y arreglar, según esto, nuestra conducta. 3º Es necesario NO RESISTIR A NINGUNA GRACIA, sino ponernos en manos de Dios, para dejarnos conducir por el Espíritu Santo, como el niño por la mano de su madre. En cada lectura que hagamos y en cada instrucción que oigamos, es necesario decirnos: “¿Qué fruto sacaré de esto?” A cada buen pensamiento que nos venga, es necesario responder a Dios como Samuel: “Aquí estoy, Señor”, y seguir la inspiración. 4º Es preciso DETERMINAR ALGÚN DEFECTO PARTICULAR QUE REFORMAR en lo que resta de la Cuaresma, como el amor propio, el carácter o los pecados de la lengua.