domingo, 1 de noviembre de 2020

NOVENA EN HONOR A SANTA CRISTINA LA ADMIRABLE

Novena compuesta por el padre José Tercero, de la Compañía de Jesús, y publicada en Puebla de los Ángeles en 1726.
   
El Padre Dimas Serpi OFM en su libro intitulado Tratado del Purgatorio, al cap. 17, y el Padre José Tercero de la Sagrada Compañía de Jesús, en el que escribió e imprimió en la Ciudad de la Puebla, el año de 1726 de la Vida y Prodigios de Santa Cristina Virgen la Admirable, expresionan llena su discreción de pasmos, los agigantados y exquisitos progresos de esta purísima Santa, y dejando en sus doctas plumas tan debidos elogios, desea solo la devoción de quien este Novenario escribe, el que a vista de este rasgo de la Divina Omnipotencia conozca el Cristiano lo que hace Dios con quien de veras le ama. Por el dedo pequeño de este cuadernito bien puede conocerse cuán gigante es la Virgen Cristina; y el modo será aprender a imitar sus nobles pasos, los que en cada día de los nueve se hallarán manifiestos.
    
Materia bastante daba un solo prodigio de la Soberana Mano del Altísimo para que conocieras lo que mereció Cristina, y si no, publíquenlo en nevadas planas sus cast{isimos pechos; pues en el espacio de nueve semanas no se mantuvo más que con la suave leche que de estos milagrosamente le destilaban; pero pues en la esfera de las admiraciones es una via lecta toda su vida, siendo cada paso una estrella, es más propio que toda la tinedas, para que la debilidad de Cristina te mueva a hacer una vida toda muerte.
    
Si la oración, comunión y mortificaciones consultas con un docto Confesor, o con tu Padre espiritual, si por tu dicha lo tienes, y obedeces sus órdenes (ojalá y todos se sujetaran a un Confesor), tendrás el más seguro acierto en cuanto intentares ejecutar en obsequio de la peregrina Virgen Cristina y sufragio de las Almas del Purgatorio, y por esto es forzoso prevenirte, lo que espero diestramente te enseñen.
    
Lo que te encargo es, tengas a Dios presente en todos instantes, y verás como no le ofendes. No tengas miedo a la Oración mental, aunque discurras no sabes, como se tiene, que es ardid del demonio para quitarte la llave de la mano, con que has de entrar en el Cielo: frecuenta la Comunión Sagrada, que es pan de cada día, y mal puedes vivir si no comes. No te horrorices de las penitencias: contempla en la VIrgen Santa Cristina, y te dará vergüenza tu temor. Harás un Acto de Contrición al principio del ejercicio de cada día, poniendo cuidado en lo que es arrepentimiento de las culpas, por solo amor de Dios, y que el propósito de la enmienda sea heroicamente firme.
   
NOVENA A SANTA CRISTINA LA ADMIRABLE, VIRGEN ABOGADA DE LAS ALMAS BENDITAS DEL PURGATORIO Y LOS PECADORES ARREPENTIDOS

   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Clementísimo Dios y Amantísimo Dueño de las almas, Padre a quien debo el ser y a quien, cual hijo pródigo, sin reparar en que la Bondad y Majestad, que yo, vil gusanillo, ofendía, era la misma a quien sirven con amor los Serafines, y adoran con reverencia los Ángeles. Pésame, Dios mío, de todo corazón de haberos disgustado: pésame una y mil veces de haberos ofendido. Oh, ¡y quién pudiera no haber nacido por no haber pecado, solo por ser tan bueno como sois, digno de ser amado y temido! Yo, Señor, os ofrezco enmendarme, y con vuestra gracia primero perder la vida, que otra vez volver a ofenderos. Ofrezco, Señor, mis obras, juntas con vuestros méritos, para que me perdonéis, y deis auxilio para perseverar en vuestro servicio hasta la hora de mi muerte. Amén.
   
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh gloriosísima y amorosísima Virgen Santa Cristina! Consuelo apetecido de las pacientes Almas del Purgatorio, embeleso de los cristianos corazones, extática esposa del Divino Dueño Jesús: Tù que con razón gozas el especial renombre de Admirable por lo prodigioso de tu muerte y nueva Vida, por el exquisito modo de padecer, y por los muchos favores y dotes con que nuestro Piadosísimo Padre Jesús te enriqueció; Tú que supiste en vida, y sabes en muerte patrocinar a los que en tan espantosas agonías esperan aquel severo Juicio formado según el proceder de nuestras obras: Tú que tanto alcanzaste de tu Divino Esposo para bien de las afligidas Almas que en cárceles de fuego suspiran, es muy propio de tu caridad consigas para todos los que devotamente te veneran, haciendo admiración de tus virtudes, el que pues es todo fuego el Mundo, donde la terrible llama de la culpa aniquila el espíritu y hace retirar a Dios el Rostro, siendo tan sensible daño la mayor pena, pidas a su Majestad Divina sepa yo conocer mis errores, advertir sus confusiones, pensar sus daños y así desengañado camine con pie fijo entre sus espinas, hasta que a la trémula llama de la candela, teniendo ya mi corazón abrazado en amor de un Dios Trino, lleno de fe y esperanza, sean mis lágrimas como verdaderamente arrepentido de mis pecados, las que apaguen los encendidos enojos de la Divina Justicia; y confesando a Dios Uno y Trino, muera en su humildad y gracia, y por tu intercesión confío el especial favor que en esta Novena te pido, si es muy del agrado de su Divina Majestad, que ceda en su mayor gloria. Amén. 
   
DÍA PRIMERO – 15 DE JULIO
Nació Santa Cristina en una villa llamada San Trudón, de la provincia de Haebania en Alemania, dedicáronla dos hermanas que tuvo al blando ejercicio de pastora (por fiel pronóstico de que en la carrera de sus años, lo había de ser de las almas), en el que se mantuvo llena del temor de Dios, único Maestro que la enseñó como buen Pastor, para que la voz muda de la Pastora fuera continua oración hasta que antes de cumplir doce años de edad, murió naturalmente.
    
Rezar la Estación mayor, consistente en seis Padrenuestros y Avemarías gloriados, para que por las muchas Indulgencias concedidas, aplicándolas a las Almas del Purgatorio, se les aumente el sufragio.
   
ORACIÓN
¡Oh Esclarecida Virgen Santa Cristina la Admirable! A tu vista comienzan hoy los tiernos validos con que mi alma se queja a tu piedad, pues no escucha otra cosa que los roncos aullidos del Demonio, carnicero lobo, que rodeando el mísero redil de mi alma genere malos pensamientos, tentaciones, y engaños, contra la presa en su descuido: más pues Tu bella Pastorcita, sin que te estorbara el cuidado del rebaño, supiste no apartarte de Dios en tan tiernos años: haz como te lo suplico, que en los días que viviere busque a mi Dios en la quietud de la Oración, donde con tu intercesión espero conseguir hasta la hora de la muerte, fortaleza contra los malos pensamientos y tentaciones, para el mayor remedio de mi alma: Y así mismo te ruego, que las Santas Almas del Purgatorio se libren con tu Patrocinio de las penas en que se hallaren, pasando a descansar para siempre a la Gloria. Amén.
     
Rezar un Credo a la Santísima Trinidad.
      
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Augustísima, Amabilísima y Misericordiosísima Trinidad, Dios Trino y Uno, en quien creo, a quien venero y adoro, humildemente te pido por los méritos de tu querida Sierva Santa Cristina, hagas que tu Admirable Nombre sea exaltado y alabado de todas las gentes, que nuestra Santa Fe Católica se aumente, reduciendo a su dulce gremio a los bárbaros gentiles y herejes, destruyendo sus errores y sectas; que la Cabeza de la Iglesia nuestro Romano Pontífice sea obedecido de los rebeldes, admitiendo sus gloriosas determinaciones; que nuestros Reyes Católicos, Príncipes y demás Monarcas Cristianos vivan el paz, y muy unidos declaren guerra contra el paganismo; que los Sagrados Lugares de Jerusalén y miserables cautivos sean libres del poder del sarraceno, que los frutos de la tierra sean los más óptimos, y las lluvias en su tiempo las más fecundas, que las necesidades de la Iglesia sean socorridas al deseo de nuestros Cristianos pechos. Y por fin, te pido que mediante estas Oraciones, con ellas cumpla en todo la intención de los Sumos Pontífices, que han concedido innumerables Indulgencias a  los que en forma de Estación se te consagran, para que aplicándolas según tu soberana voluntad, por las Almas del Purgatorio, consigan el eterno y único descanso de irte a ver, confesar Santo, Santo, Santo, a los Alcázares de la Gloria. Amén.
  
℣. Ruega por nosotros, Bienaventurada Cristina.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.
  
ORACIÓN
Omnipotente Dios y Señor mío, que no quieres que alguno se condene, sino que todos logren vuestra gloria: Ruégoos por los merecimientos de vuestra Sierva Santa Cristina tengáis misericordia de mi alma, y que me deis, que arrepentido de mis muchos pecados, prevenido con los Sacramentos dignamente recibidos, muera en vuestra amistad y gracia, con el amparo de la Santa Virgen. Amén.
  
Un Padre nuestro y Ave María por los que están en pecado mortal.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
DÍA SEGUNDO – 16 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición.
     
Estando ofreciéndose por su Alma el Santo Sacrificio de la Misa, al pronunciar el Sacerdote el tercer Agnus Dei, resucitó Cristina, y con ligereza de ave voló, sentándose sobre la cornisa de la cúpula del Templo, hasta que a la voz del Sacerdote bajó humilde, siendo este su repentino vuelo, efecto a la viveza suma del olfato con que Dios le prevenía para que con Él padeciera, no pudiendo sufrir el hedor que arrojaban los cuerpos humanos de los circunstantes.
     
Rezar la Estación mayor, consistente en seis Padrenuestros y Avemarías gloriados, para que por las muchas Indulgencias concedidas, aplicándolas a las Almas del Purgatorio, se les aumente el sufragio.
  
ORACIÓN
¡Oh Singular Virgen Santa Cristina la Admirable! ¿Es posible que a tu vista he de estar respirando hediondeces por la corrompida costumbre de pecar en que me hallo expuesta a ella a morir para siempre, y que cuando piense en resucitar a la vida de la gracia, estén tan cansadas las voces del arrepentimiento, que ni aun por señas le perciban? No lo permita tu caridad, venga a mi corazón tu amparo, y pues aquellas piadosísimas palabras de que el Divino Cordero quita los pecados del Mundo, fueron el aliento de tu vida cuando reposaba en el féretro tu delicado Cuerpo: haz que el mansísimo Cordero Jesús tenga misericordia de mí, perdone mis culpas, me dé vida para servirle, destruya el pestífero aliento de mis pasiones, y prestándole alas a mi debido amor haga que vuele ligero a la más encumbrada cúpula de su amistad y gracia. Y también te ruego, que las Almas Santas del Purgatorio suban volando a descansar para siempre a la Gloria. Amén.
    
Rézase un Credo a la Santísima Trinidad. Las demás oraciones se rezarán todos los días.
     
DÍA TERCERO – 17 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición.
  
Vuelta Cristina a su casa, les dijo a sus hermanasm y a otras muchas personas, que luego que su Alma se había desatado de su cuerpo, la llevaron los Ángeles al lugar del Purgatorio, después al del Infierno, y por último al Paraíso, desde donde conducida al Augustísmo Trono de Dios Uno y Trino, fue de su Majestad divina benignamente favorecida, y escuchó de sus piadosísimos labios estas tiernas palabras:
A ti, dulcísima Hija, te han subido a este Solio de mi eterno Reino los brazos de mi gracia, aquí reinarás conmigo para siempre, pero mi infinita piedad y las entrañas de mi misericordia mal conocida y peor correspondida en los hombres me convidan a darte esta opción. Te han movido a compasión las penas del Purgatorio, y aunque tienen las dichosas Almas que allí padecen la suerte de Esposas mías, están con manchas, que para parecer ante mis Purísimos Ojos es preciso se limpien, que satisfacciones ajenas ofrecidas por ellas las purifiquen: viste los tormentos que padecen los rebeldes que despreciaron mis llamamientos. Mas tú puedes, Hija, hacer con la asistencia de mi gracia, que se acaben las penas de las Almas del Purgatorio, y no se aumenten las de los condenados: permito, pues, a tu libre elección, o permanecer gloriosa desde ahora, o volver por el tiempo de mi voluntad a la tierra a vestirte de tu cuerpo (en que conservará mi Poder, aunque debiera fallecer) con el destino de sentir voluntarios tormentos, penitencias, y hacer Oraciones por mis amadas Almas que padecen en el Purgatorio y tanta compasión te causan. Y a los pecadores que viven, y son capaces de corregir sus vidas, muevas con tus ejemplos y asperísimas penitencias a que enmienden sus vidas para lograr el Cielo.
Dijo, y derritiéndose el corazón de Cristina en ternuras, aceptó prontamente la divina propuesta de Jesús, disponiéndose a padecer constante en este mudno los tormentos más excesivos en satisfacción de las Almas del Purgatorio.
     
Rezar la Estación mayor, consistente en seis Padrenuestros y Avemarías gloriados, para que por las muchas Indulgencias concedidas, aplicándolas a las Almas del Purgatorio, se les aumente el sufragio.
     
ORACIÓN
¡Oh Caritativa Virgen Santa Cristina la Admirable! en cuya presencia quiero ponderar los Beneficios que a mi Padre Dios debo, y confieso, para que como publicadora de ellos me ayudes a darle justas, y humildes gracias. La Misericordia Divina empeñada, no solo en facilitar el alivio, y del calor a las Almas Santas del Purgatorio, llamándolas con el amoroso nombre de Esposas, sino en prevenir su sufrimiento en los rígidos golpes del padecer, porque los pecadores, como Yo no sé condenen. Qué ceguedad es la mía, que no mira con los ojos del alma, tan desmedidas finesas del amor de su Dios. Y al mismo tiempo no considera la razón el noble esfuerzo, y constante animo con que Tú, Santa mía, te ofreces a los tormentos. Más ya herido el discurso con el filo del desengaño conozco la suma infinita caridad de mi Dios, y por ella arrepentido de mis maldades, prometo enmendar mi desastrada vida, y dejar al Mundo siguiendo en cuanto pueda tus generosísimos pasos para satisfacer a Dios por mis ofensas, vaya conseguir su Gracia. Y te ruego que las Almas Santos del Purgatorio, logren por tu intercesión el eterno descanso de la Gloria. Amén.
    
Rézase un Credo a la Santísima Trinidad. Las demás oraciones se rezarán todos los días.
     
DÍA CUARTO – 18 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición.
    
Avivado el olfato de Cristina, era tal el hedor que percibía de los hombres vivientes, que aunque a veces lo toleraba por comenzar a padecer, otras casi desmayada se retiraba a buscar el socorro de Dios en los campos, donde eran frecuentes sus oraciones, repetidas las disciplinas: y mostrando sus hermanas tanta extrañez, teniéndola por loca, la pusieron en duras prisiones, que la soberana diestra desató, después de que gimió entre ellas lo necesario, pasándose la misma prisión a la boca, pues nada comía, ni tenía entre las breñas por donde caminó como fugitiva más socorro que agua que destilaba de la líquida nieve de aquel frigidísimo sitio, y un tanto de sueño sobre secas yerbas, hasta que compadecido nuestro amoroso Dios, le facilitó el sustento en sus castos pecos en blanda leche por el espacio de nueve semanas, que pasadas volvió a ser presa de las tiranas manos de sus hermanas, pero las de Dios como más fuertes le dieron en breve libertad, quedando solo presa de la divina palabra, que le intimó pasase a la ciudad de Lieja, teatro glorioso de sus proezas, donde como Sagrada Heroína, para entrar en la cruda batalla de penas que le esperaba, procuró fortalecerse con el mejor Pan, que da valor a los débiles: y notando el Párroco de San Cristóbal, a quien le pidió le ministrara este sustento, su celeridad en las súplicas hasta conseguir de otro Sacerdote la posesión deseada de su alma, y la prisa con que salía de la Iglesia, ambos la fueron siguiendo por averiguar quién era tal mujer. Y su desengaño fue admirar el portento de verla pasar a pie enjuto por sobre las caudalosas corrientes del río Mosa.
      
     
Rezar la Estación mayor, consistente en seis Padrenuestros y Avemarías gloriados, para que por las muchas Indulgencias concedidas, aplicándolas a las Almas del Purgatorio, se les aumente el sufragio.
      
ORACIÓN
¡Oh Invicta Virgen Santa Cristina la Admirable! es tan pestilente el hedor de una mala conciencia, que, aunque no te hubiera avivado el olfato la Divina Providencia, no lo pudiera tolerar tu cándida pureza. Pobre de mí si tan fétida se haya a mía, y más si es fatal cubierta dé la fea sensualidad, y de la soberbia, las que, como hermanas moletas, ponen en infernal prisión a mi alma, de la que no saldrá jamás si no busca por seguro el Sagrado de la penitencia, huyendo presurosa pues para que así lo logre de la culpa. Abogada mía, concédeme el gustar la preciosa leche de tu enseñanza, y que, con ella bien criado, mueva los palios al retiro de la mortificación, pidiéndole a tu Divino Esposo, el que siempre le reciba Sacramentado con humildad, y pureza para que así fortalecido me aliente a pasar el caudaloso Rio de los trabajos, que mis culpas merecen, y por ellos inundarme después en un torrente de gracia. Y te ruego que las Almas Santos del Purgatorio, logren por tu intercesión el eterno descanso de la Gloria. Amén.
    
Rézase un Credo a la Santísima Trinidad. Las demás oraciones se rezarán todos los días.
     
DÍA QUINTO – 19 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición.
    
No hay humana lengua que pueda explicar los continuados tormentos que Cristina se hacía a sí misma padecer. Arrojábase entre las voraces llamas de los hornos de cal, barro y vidrio. Quedaba formada estatua de nieve entre los empedernidos hielos del río Mosa. Se reducía a menudos pedazos entre las violentas ruedas de los batanes. Se sujetaba al imperioso golpe de aguas que despiden los rodeznos de los molinos, la que cuajaba sus delicdas carnes en cristales que fabrica el invierno. Se entregaba animosa a los dentados tórculos de hierro. Se suspendía de un cordel en las horcas. Se enterraba en las más funestas y hediondas sepulturas. Se fingía en las más noches espantajos de los perros, y poniéndose en cuatro pies, incitaba a los brutos para que furiosos la despedazasen. Se desnudaba con la licencia de la noche el pobre saco que vestía, y así se recostaba festiva entre las espinas, o las levantaba como azote para rasgar sus carnes. En cada martirio se le achacaba la vida, pero como el empeño era padecer más y más, queaba en cada uno de ellos sin lesión alguna. Y como le faltaba el tiempo para más penar, era su alimento el muy preciso, su sueño el más breve: mas el orar y sentir el más dilatado.
     
Rezar la Estación mayor, consistente en seis Padrenuestros y Avemarías gloriados, para que por las muchas Indulgencias concedidas, aplicándolas a las Almas del Purgatorio, se les aumente el sufragio.
        
ORACIÓN
¡Oh Penitente Virgen Santa Cristina la Admirable! Así coio me asombran los incesantes tormentos que con tanta resignación padeciste, también me confunde el pensar que pudiendo tu noble caridad destinaste a sentir un solo género de tormento repetido, no quisieras sino su variedad en fuego y agua en ecúleos y horcas; en nieve, y hielos; en espinas y golpes; quizá porque como tu paciente vida fue el más florido Jardín de tu Jesús Esposo, y donde tenía sus delicias, previno tu cuidado para los mares y ríos, alelíes, claveles, y violetas, que cortaran las soberanas manos de Jesús, y con la mezcla de sus ensangrentados matices conociera su amor, que cuando más variabas en las penas, tanto más guardabas la constancia del padecer. Por ese amor con que obedeciste, te suplico me alcances de Nuestro Padre Dios, me envíe en esta vida los trabajos, y penas que por mis pecados merezco; aliente mi espíritu para que solo se acuerde de la eternidad, y que, castigando el vil cuerpo, ya que aprisionado vivo tenga modo de satisfacer a un Dios ofendido. Y te ruego que las Almas Santos del Purgatorio, logren por tu intercesión el eterno descanso de la Gloria. Amén.
    
Rézase un Credo a la Santísima Trinidad. Las demás oraciones se rezarán todos los días.
     
DÍA SEXTO – 20 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición.
     
Fue tan privilegiada la Santa Virgen en esta la especial dote de agilidad y levedad, pues parecía toda espíritu y nada carne, y cuando deseaba remontarlo en los más nobles extremos de quitud y sosiego, ligeramente se encaramaba en los árboles, y aun se sabía mantener cual pequeña ave, sobre la más débil rama, y si en la Ciudad procuraba sus dulces retiros, subía veloz a las más altas cúpulas de los templos, y aun en lo superior de las veletas: y en tales abstracciones, cuando ya fuera de sí entre de los deliquios con su amado, se enajenaba, experimentaba una maravilla nunca vista, cual era el estrecharse su cuerpo al tamaño de un pequeño globo, hasta quedar en figura esquelética: pasado el rapto, se restituía a su antigua conexión, y con el artículo dolor que le causaba la extensión de sus huesos, tenía nuevo asunto de padecer y como este por todos modos se lo preparaba la Voluntad divina, dio licencia a sus hermanas y pariente para que indignadas contra tantos prodigios, que les parecían alucinaciones, conmovieran el dañado genio de un mal ombre tan cruel y riguroso, que arrojándole una clava de hierro tuvo el logro de quebrarle una pierna, y entregarla herida y presa a sus hermanas, las cuales al parecer condolidas, determinaron transportarla en un carro a la ciudad del Lieja, para que los Cirujanos la curaran. Disposiciones todas de Dios, pues con el trasiego del camino se había de acrecentar el dolor: y sujeta a la rigurosa curación del Arte, había de sufrir tirones, tablas, estopas y ligamentos, como sucedió en manos de un Cirujano,, quien receloso de los frecuentes vuelos de la enferma, no permitió se le quitasen las prisiones, con que le había asegurado la tiranía, ni que se moviese de una sala bien amurallada: mas, ¡oh prodigios de Dios! a corto espacio, movida de secreta y particular inspiración, rompió las prisiones, destrozó las ligaduras, quedándos con sus soldada pierna tan fuerte, que pudo en un vuelo saltar las altas paredes que la enclaustraban.
   
ORACIÓN
¡Oh Peregrina Virgen Santa Cristina la Admirable! qué entendimiento por más alto que sea, llegará a conocer los excesos de amor con que nuestro Santísimo Jesús te regalaba, ni el grande con que tu generoso corazón le correspondía. Lo que conozco solo es, que tu Coro eran las cúpulas y beleces de los Templos; su facistol las ramas y los troncos; el instrumento tu ciega voluntad; y el compás la acorde quietud del espíritu; y que porque estos coloquios con su Amado tuvieran consonancia con sus penas eran continuados ayes las voces, que en el breve esférico punto de tu Cuerpo, más le alegraban, siendo para Tí las prisiones, otra nueva dulzura con que a Ti misma te celebrabas hasta conseguir la libertad, y la fuga por entre dificultades, y paredes, pues querida Santa mía, si todo esto conozco, haz que también conozca cómo te lo pido, el que solo es verdadera quietud: cuando el alma busca á su Dios, teniendo siempre los altos pensamientos de amarle, que conociendo mi bajeza confiese el que vivo reducido a la nada de mi miseria, para que, aunque gima en las peladas cadenas de este Mundo, sea con la esperanza de que llegará el día de vencerlas desastradas para ir a cantar al Cielo la victoria. Y te ruego que las Almas Santos del Purgatorio, logren por tu intercesión el eterno descanso de la Gloria. Amén.
    
Rézase un Credo a la Santísima Trinidad. Las demás oraciones se rezarán todos los días.
     
DÍA SÉPTIMO – 21 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición.
    
Viéndose claramente burladas las hermanas y deudos de Cristina (y aun el molesto Cirujano, que la había afligido y no curado) de la impensada fuga trataron ciegos e indignados de cebar su encono en perseguir de nuevo a la paciente Virgen hasta prenderla, y así lo lograron, sujetándola con duros cordeles a un palo, quitándole todos los movimientos hasta el de la boca, pues solo le daban un escaso mendrugo de pan, como si fuera lebrel de su casa, la que solo ladraba con el ejemplo. La ligera moción que le permitían las ligaduras, le fue más heroico empeño a su padecer, por habérsele llagado todo su virginal cuerpo, y después empodrecido, de que le resultaron vehementes dolores, no quedándole el alivio, aun de reclinarse, porque no podía del tronco desunirse. Mas el Médico divino, preparando remedio a tanta llaga, quiso que de sus honestísimos pechos manase un licor como aceite, con el que ungiéndose quedaba sana, y con él mismo, mojándose los mendrugos los masticaba blandos y gustosos. A vista de tanto prodigio, fueron arrepentimiento de sus hermanas y demás verdugos verdaderos, confesando las maravillas del Altísimo, y dejándola libre para que siguiese la voluntad de Dios, que en este tiempo fue la de temperarse sus continuos tormentos, disponiendo su gran Providencia para ello el que entrando en una Iglesia, se arojaba súbitamente en la Pila bautismal que había en ella, bañándose toda en sus sagradas aguas, quedando con este saludable baño, destruida la rigidez de sus  sus martirios, conservándose en la línea de otras usuales mortificaciones, aunque su interior se mantuvo todo caridad, todo fuego.
   
ORACIÓN
¡Oh Paciente Virgen Santa Cristina la Admirable! qué fatales y engañosas son las redes del Demonio, pues cuando más alegres vivimos en las bonanzas, que nos promete el mar del Mundo, entonces logra nuestro común enemigo el lance y burlándose de la facilidad con que caemos nos deja miserablemente presos, y atados al infame tronco de la culpa, para que perezcamos en ella llagados, y empodrecidos, mas, o caridad divina, que derramándole sobre nuestras pobrecitas Almas nos cura, sana, sustenta y libra de aquella fuerte red de la perdición eterna; y pues así, amada Santa mía, Yo lo confieso, y en su nombre a todos los pecadores lo público, deba a tu piedad, y te debamos todos, el que nos mantengamos sanos y libres de ofender a nuestro Padre Dios, y que habiéndonos enteramente purificado en las aguas de la Confesión, no volvamos a engañarnos ni a herirnos con nuevos delitos, si, procuremos mortificarnos con la interior penitencia de nuestras pasiones, para vivir y morir en paz. Y te ruego que las Almas Santos del Purgatorio, logren por tu intercesión el eterno descanso de la Gloria. Amén.
         
Rézase un Credo a la Santísima Trinidad. Las demás oraciones se rezarán todos los días.
     
DÍA OCTAVO – 22 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición.
    
Ya que en Cristina había cesado la furiosa tempestad de tormentos corporales, la puso el Señor a padecer otra espantosa tormenta, cual fue de mandarle se vistiese y sustentase de lo que mendigara a las puertas, no de los misericordiosos, sino de los usureros, forajidos y otros de escandalosas costumbres, ya para que obligada de la limosna, echase sobre sí el peso de los pecados de tan perversa gente, ya que para esta se buscase a la poca costa de la dádiva eficaces auxilios que le compeliese a salir del abominable estado de los vicios. Así lo ejecutaba la obediente Virgen, siendo un puñal cada voz que levantaba para pedir la limosna. Era tan constante su amor y celo del prójimo, que que cuando moría alguno, luego que Dios se dignaba de manifestarle la sentencia de aquella alma; si era de salvación, no cabían en su pecho los júbilos; y si de condenación, todo él se convertía en lágrimas, suspiros y otros afectos compasivos. Cuando volvía de los éxtasis en que continuamente se hallaba, reprendía severamente los pecados del mundo, y en otras ocasiones, estando hospedada en el castillo de Laon, en casa de una venerable mujer llamada Ibeta, después que retirada a la Iglesia, había oído cantar en ella los Maitines, y regalándose dulcemente a su Amado, comenzaba a pasearse y a cantar con tan peregrina suavidad, que parecía Ángel, y excedía con ella a cuantos instrumentos músicos se han inventado, siendo lo que cantaba elegantísimos himnos que componía su enamorado corazón, como iluminada. Predijo muchos casos de admirables circunstancias, y entre ellos el de la perdición de los Lugares Santos de Jerusalén.
  
ORACIÓN
¡Oh Excelente Virgen Santa Cristina la Admirable! es verdad, que pidiendo una limosna hoy te contemplo, más bien advierto, que, mendigando el socorro, has sabido atesorar corazones: usureros buscabas, y dejándolos por tu caridad movidos a la restitución, comprabas mucha parte de las culpas que habían ganado entre sus vicios, para satisfacer por ellos con nuevos tormentos. A Ladrones pedías, y con ofrecerte una corta dadivados robabas el alma para dársela a Dios arrepentida. Seguía tu caridad los pasos a la muerte, doliéndose de los que la padecían eterna, alegrándole de los que la convertían en eterna vida. Pronosticabas sucesos memorables, mas eran siempre para el aprovechamiento de los pecadores. Y pues ahora te miras, no solo rica de eternos bienes, sino poderosa de los continuos favores de tu Divino Esposo y nuestro Padre Jesús, te suplico, y pido socorras mis graves necesidades, alcanzando de fu Majestad Soberana el remedio seguro de mi alma, y que, logrando en el severo punto de la eternidad, una Favorable sentencia asiendo desde ahora feliz pronóstico de mis dichas, la tierna devoción con que te venero. Y te ruego que las Almas Santos del Purgatorio, logren por tu intercesión el eterno descanso de la Gloria. Amén.
    
Rézase un Credo a la Santísima Trinidad. Las demás oraciones se rezarán todos los días.
     
DÍA NOVENO – 23 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición.
      
Después de haber estado nueve años en el Castillo de Leon, la Virgen Cristina se restituyó a su patria San Trudón, mas fue para vivir en un monasterio de Religiosas Benedictinas que tiernísimamente la amaban, aunque sin guardar clausura, porque salía a sus muy piadosas correrías cuando Dios se lo mandaba. Allí fueron continuos sus raptos, con tanta singularidad advertidos por las Religiosas, que a sus movimientos no se le podían percibir ni ojos, ni mejillas, frete, brazos ni manos, revolviéndose todo en un globo, según en el día sexto va referido, y después de muchas horas de estos movimientos, se aquietaba su cuerpo y comenzaba a recibirse otro prodigio, porque dentro de su pecho se escuchaba una hermosa música de la que solo se entendía la consonancia, hasta que vuelta en los sentidos llamada a las Religiosas, para que la ayudasen a dar gracias a Dios por los beneficios. Un año antes de su dichosa muerte, todo lo pasó en incesante Oración y éxtasis repetidos, sin que se le viese en todo él una vez reír, sino todo suspirar, por lo que se le representaban los fatales insultos de los pecadores, y las ocasiones que entraba en el Monasterio a tomar un corto alimento (que fueron pocas, porque el más tiempo se lo pasaba en el desierto), nunca pudieron las Religiosas atenderle una sola voz. Llegó el tiempo de su dichoso tránsito, y tres semanas antes se recogió en una cama que le dispuso una Religiosa llamada Beatriz, a sufrir en ella un epílogo de los tormentos que antes había padecido en los contrarios efectos de fuego y nieve, hambre y sed, aunque el que más la vejó fue la desolación y desamparo en que la dejó su divino Esposo Jesús, hasta que al tiempo de recibir por Viático su Sacratísimo Cuerpo, experimentó el lleno de consolaciones, luces y deleites celestiales. Apartóse de la celda Beatriz, creída en que de la dejaba arrebatada en sus delicias: y cuando dio breve la vuelta, halló el sagrado Cadáver en el suelo, vestido de su remendado saco, siendo con tal silencio con tal silencio la muerte de Cristina, porque así se lo había pedido a Dios, y que suspendiese el esplendor de milagros con que pudiera en este tiempo favorecerla. La afligida Beatriz toda se redujo a lágrimas, mas impaciente de su dolor la conjuró en nombre de Jesucristo para que volviese su alma al cuerpo, a sólo desatarle algunas dudas monásticas que la afligían. Resucitó Cristina segunda vez, y aunque se quejó de la Religiosa porque le suspendía sus glorias, satisfizo a cuanto le preguntó, dióles bendición a todas las Monjas, y restituyóse a la Patria Celestial.
   
ORACIÓN
¡Oh Religiosa Virgen Santa Cristina la Admirable! Si en el Claustro del Convento de Santa Catalina, y al mismo tiempo en los desiertos de tu Patria, supiste no apartarte un punto de la Oración y unión con nuestro Padre Dios, logrando por ello favores inexplicables: si en el último año de tu vida te empeñaste en no hablar más que con quien solo es la verdadera palabra, llorando con silencio el mísero estado de los infelices reos de culpas. Por todo te suplico rendidamente; intercedas con Dios nuestro Señor me dé su gracia (y a todos los pecadores) para que con ella no me aparte jamás de su Presencia, y que mortificado de mi cuerpo, y mis pasiones, pueda levantar el espíritu, hasta unirme con sus apetecidos amores, sin que le falten a mis ojos lágrimas de haberle ofendido, nacidas del corazón donde reside el dolor; para que así alcance una dichosa muerte, y sin los horrores, tentaciones, y sobresaltos de aquella precisa hora, camine en paz a la deseada Patria, y en el día de la resurrección de mi cuerpo, merezca verle compañero de mi alma en el Cielo. Y te ruego que las Almas Santos del Purgatorio, logren por tu intercesión el eterno descanso de la Gloria. Amén.
    
Rézase un Credo a la Santísima Trinidad. Las demás oraciones se rezarán todos los días.

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