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miércoles, 1 de agosto de 2012

YAHVEH, EL QUE EXISTE POR SÍ MISMO

Queremos durante esta semana (de hoy hasta el 4 de Agosto) rendir un homenaje a Yahveh, Dios Padre Todopoderoso (a quien sea dada toda la Gloria con el Hijo y el Espíritu Santo per sécula seculorum, Amén). A este propósito, republicamos este artículo de SURSUM CORDA sobre el Nombre de Dios desde una perspectiva patrística.
  
EL QUE EXISTE POR SÍ MISMO 
  
En el libro de Éxodo leemos que Moisés pregunta al Señor:
Si voy a los israelitas y les digo: ‘El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros’, y si ellos me preguntan ‘¿Cuál es su nombre?’ ¿qué les diré? Dios respondió a Moisés “Yo Soy el que Soy”. (Ex 3: 13-14).
  
Vocación de Moisés
 
Junto con primer versículo de Génesis, éste debe ser uno de los que más atención ha reclamado de parte de los hermeneutas. Cualquier nota en una Biblia católica (una buena Biblia católica) nos expone parte del interesante debate que se ha realizado, desde la Patrística sobre las contundentes palabras de Dios: “Yo Soy el que Soy”. La mayoría de los críticos (especialmente desde el siglo XVIII a la actualidad) han interpretado esta respuesta como una evasión a la pregunta de Moisés. Dios le da un hombre, YHWH el cual hasta el día de hoy los judíos herederos de la tradición rabínica (no los karaítas) se niegan a pronunciar.
  
En esta publicación quisiera que recuperemos la interpretación de la filosofía patrística y finalmente hacer una pequeña reflexión sobre esta nueva hermenéutica. Debemos a San Gregorio de Nisa considerar que la respuesta “Yo Soy el que Soy” como un punto de partida para la definición ontológica de Dios. Por su parte, San Gregorio Nacianceno consideró la respuesta de Dios como una revelación de la naturaleza divina:
“Los nombres más propios de la esencia de Dios son el ‘ente’ y el de ‘Dios’; y el mas propio de estos es el nombre de ‘ente’, no sólo porque Dios mismo lo enseñó a Moisés (…) sino porque por él buscamos decir la naturaleza que tiene por sí el ser mismo y que no lo une con otra cosa” (Discursos teológicos IV, 18).
  
Dios es ante todo ente, eso significa “Dios Es”. Ahora bien, Dios le dice a Moisés “Yo soy el que soy”, es decir, Es Él Mismo, no un ser que se confunde con otro, sino un Ser que en sí mismo existe, que existe por sí mismo, no es creado, no fue formado, sino que es autoexistente y es consciente de esa autoexistencia. De esta manera se define el primer atributo de la divinidad: la Existencia sin dependencia de ningún ser, porque es el primero y también el ser por el cual los demás pueden existir. ¡Hermosa revelación a la inteligencia limitada de los hombres que no podemos escapar del proceso de causa-consecuencia! Pensemos que en la filosofía griega esta propiedad de la divinidad era absolutamente desconocida. Recordemos: el Demiurgo de Platón coexiste con la materia, las ideas y el tiempo. “Yo soy el que soy”, es decir, “el que existe por sí mismo”. Por eso San Gregorio Nacianceno concluye que Dios es el único ser propiamente con calidad de tal, ya que no está circunscripto a nada que le sea anterior ni posterior. San Hilario, continuando en esta línea afirma “nada es más propio de Dios que ‘el Ser’”.
  
Retomamos, la respuesta de la Divinidad al hombre que, temeroso se asomó a ver el asombroso hecho de la zarza que ardía sin consumirse es la obscura luz de la Naturaleza Divina, que no podemos comprender si no es con el auxilio de la Gracia, y aún así sólo llegaremos a un conocimiento limitado a nuestra inteligencia humana, mortalmente herida por el pecado original. Dios nos eleva de nuestra miserable condición para que podamos conocerle y amarle, nos restituye aquello que perdimos con la caída de los Padres. Allí está la verdadera apocatástasis de aquellos cuyo nombre está inscripto en el Libro de la Vida y que podrán contemplar al Creador cara a cara.
  
Pero no podemos concluir este breve examen de Éxodo 3, 14 sin referirnos a la moderna hermenéutica. La misma sostiene que la respuesta de Dios a Moisés no es una revelación ontológica, sino, únicamente una evasión. Dios no le dice “Yo soy el que existe por sí mismo”, no afirma ser el único Dios, y por lo tanto el único Ser propiamente definible como tal… por el simple hecho de que la mentalidad hebrea es primitiva y no había alcanzado aún (de ser histórico tal suceso, algo que los más modernos “críticos” niegan) tal desarrollo de la filosofía. ¿Qué implica esto? Implica la imperfección de la revelación y que la misma está sujeta a un crecimiento, a una evolución. Volvemos aquí a los errores kantianos sobre la imposibilidad de conocer la esencia de las cosas, aún con nuestra inteligencia herida mortalmente, sino únicamente los fenómenos, es decir, el revestimiento externo, y por lo tanto, un conocimiento perfectible y mudable. Un conocimiento, volvemos, evolutivo. ¿Por qué Dios no podía decirle a Dios que Él Es el Que Existe por Sí Mismo? Por que los griegos nunca llegaron a esa idea. Sinceramente se trata de una respuesta carente de toda lógica. La filosofía profana, como todo conocimiento que no provenga de Dios es limitado y circunscripto a la contigencia humana; pero el conocimiento que proviene de Dios, es decir, el que es infundido por el Creador tiene como fin ordenar todo a Dios. Un argumento comparable es el que utilizan aquellos que defienden la ordenación de mujeres al sacerdocio cuándo pretextan que Cristo no eligió a mujeres entre los apóstoles por las convenciones sociales e históricas de su tiempo. ¿Acaso está Cristo atado a la temporalidad y a las leyes del hombre? ¿Acaso Dios, volviendo, se encuentra limitado a la inteligencia humana? En distintos momentos históricos Dios decidió levantar a los hombres de su miserable condición para que le conocieran y le amaran, estableciendo así sucesivos pactos.
 
Limitar el significado del texto bíblico, haciéndolo mero accidente de una época no es otra cosa que negar que se trate de el Único Texto que tiene por autor al Mismo Dios. Nosotros como católicos estamos obligados a creer que la Sagrada Escritura es la Palabra de Dios. En ella, Dios se nos revela como se le reveló a Moisés en el Monte. Cuándo Dios se revela a Moisés des-vela su majestad. Moisés recibió por voluntad de Dios la ousía de la Divinidad y fue comisionado a transmitirla junto con el mensaje de liberación. De la misma manera nosotros, fieles de la Iglesia Católica estamos obligados a transmitir la Verdad, que es Cristo Mismo. Moisés se enfrentó a la incredulidad de los Israelitas y el poderío del Faraón.
  
Nosotros tenemos como adversarios al Mundo y a su Príncipe. 
Moisés tenía el conocimiento y la Fe. 
Nosotros también.

2 comentarios:

  1. Gracias por haber publicado este artículo.

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  2. He vuelto a publicar este artículo en la Segunda Época de Sursum Corde. Te invito a comentar, a preguntar y a cuestionar.
    Dios te bendiga

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