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sábado, 5 de octubre de 2013

VLADIMIR PUTIN DEFIENDE LA IDENTIDAD CRISTIANA DE RUSIA

Sorprenden estas palabras en boca de un gobernante, toda vez que la constante es separar el Estado de la Religión, como ha ocurrido en muchos países de tradición Católica como España, México y Colombia. Y que esa apostasía, ese “destronar a Cristo”, como denunciara Mons. Marcel Lefebvre, hubiese trascendido por obra de la apostasía vaticana. Aún más, que esta declaración haya surgido en un país que otrora fuera abanderado del ateísmo, como lo fuera Rusia durante la dictadura comunista.

Pero, no olvidemos que los designios de Dios son incomprensibles e incuestionables. Y que la Santísima Virgen María, cuando se apareció a los pastorcitos en Fátima, pidió la Consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón. Dicha consagración se realizó por el Papa Pío XII en 1952. Mons. Marcel Lefebvre hizo otra consagración en 1987. Y ahora se están viendo algunos frutos, un tanto tardíos, pero bienvenidos: la caida del régimen comunista en Rusia, el resurgimiento de la Iglesia Ortodoxa, la defensa de la familia tradicional, mejores condiciones para que los Católicos expresemos la fe (aunque aún queda mucho por hacer),...

 Vladimir Putin y el Patriarca Cirilo I de Moscú: una muestra de las buenas relaciones Iglesia-Estado en Rusia

Sin más introducción, el presidente ruso Vladimir Putin, en la sesión de clausura de la X Edición del Club Valdai (foro internacional organizado por la agencia de noticias RIA NOVOSTI), que esta vez trató sobre la búsqueda de la identidad de Rusia, dio esta declaración sobre la importancia de la Religión en la identidad nacional, y criticó la actitud ''políticamente correcta'' de Occidente:

Necesitamos hoy nuevas estrategias para preservar nuestra identidad en un mundo de rápidos cambios, un mundo que devino más abierto, transparente e interdependiente. Para nosotros (y estoy hablando sobre los rusos y Rusia), cuestiones como quiénes somos y qué queremos ser son cada vez más relevantes en nuestra sociedad. Hemos dejado atrás la ideología soviética, y no habrá retorno. Partidarios de un conservadurismo básico que idealizan la Rusia anterior a 1917 parecen estar igualmente lejos de la realidad, del mismo modo que los adeptos a un extremo liberalismo al estilo occidental.

Es evidente que es imposible ir hacia adelante sin una autodeterminación espiritual, cultural y nacional. Sin éstas no seremos capaces de resistir los retos internos y externos, ni podremos sobrellevar las competencias globales. Y hoy vemos un nuevo giro en estas competencias. El mundo se está volviendo más rígido, y a menudo renuncia no sólo al derecho internacional, sino incluso a la elemental decencia.

Entendemos también que la identidad y la idea nacional no pueden ser impuestas desde arriba, no pueden fundarse en un monopolio ideológico. Una construcción tal es muy inestable y vulnerable; conocemos esto por experiencia personal. Esto no tiene futuro en el mundo moderno. Necesitamos creatividad histórica, una síntesis de las mejores ideas y prácticas nacionales, una comprensión de nuestras tradiciones culturales, espirituales y políticas desde diferentes puntos de vista, y comprender que la identidad nacional no es algo rígido que perdurará por siempre, sino más bien un organismo viviente.

Otro serio desafío para la identidad de Rusia está relacionado con los eventos que tienen lugar en el mundo. Acá se encuentran la política extranjera y el aspecto moral. Podemos apreciar cómo muchas de las naciones euro-atlánticas están rechazando sus raíces, incluyendo los valores cristianos que constituyen el fundamento de la civilización occidental. Están negando los principios morales y toda identidad tradicional: nacional, cultural, religiosa e incluso sexual. Están implementando políticas que equiparan las familias numerosas con las parejas del mismo sexo, la fe en Dios con la fe en Satanás.

Los excesos de la corrección política alcanzaron un punto tal que la gente habla en serio acerca de registrar partidos políticos cuya aspiración es promover la pedofilia. La gente en muchas naciones europeas se siente avergonzada o temerosa de hablar de su filiación religiosa. Las fiestas religiosas son abolidas o bien toman un nombre distinto; su significado permanece oculto, tanto como su origen moral. Y se está tratando de exportar agresivamente este modelo a todo el mundo. Estoy convencido de que esto abre un camino directo a la degradación y al primitivismo, acabando en una profunda crisis demográfica y moral.

¿Qué otra cosa mejor que la pérdida de la capacidad de reproducirse puede ofrecer el testimonio de la crisis moral que enfrenta una sociedad humana? Hoy día casi todas las naciones desarrolladas están incapacitadas para perpetuarse, incluso con la ayuda de la inmigración. Sin los valores incorporados del cristianismo y de las otras religiones históricas, sin las normas de moralidad que tomaron forma a lo largo de milenios, los pueblos perderán inevitablemente su dignidad humana.

Al mismo tiempo, notamos intentos por hacer revivir de alguna manera un modelo estandarizado de mundo unipolar y de ofuscar las instituciones de derecho internacional y la soberanía nacional. Un tal mundo unipolar y estandarizado no requiere Estados soberanos: requiere vasallos. En un sentido histórico, esto equivale al reniego de la propia identidad, a la diversidad del mundo donada por Dios.

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