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jueves, 27 de marzo de 2014

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA - VIERNES DE LA TERCERA SEMANA DE CUARESMA

MEDITACIONES PARA LA CUARESMA
     
Tomado de "Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero y de los fieles", P. Andrés Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo: desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de Pascua. Segunda Edición argentina, Editorial Guadalupe, Buenos Aires, 1962.
     
VIERNES DE LA TERCERA SEMANA DE CUARESMA
    
RESUMEN PARA LA VÍSPERA EN LA NOCHE
     
Meditaremos mañana sobre la devoción a las cinco llagas de Nuestro Señor, que la Iglesia ofrece en este día a nuestra piedad, y consideraremos: 1º Que nada hay más justo que esta devoción; 2°Que a ella están vinculadas las gracias más preciosas.
   
—En seguida tomaremos la resolución: 1° De tener un crucifijo a nuestra vista durante nuestro trabajo, mirarlo con amor, principalmente en nuestras tentaciones y penas, y posar con frecuencia nuestros labios en sus llagas venerables, sobre todo en la llaga del sagrado costado; 2º De practicar algunas mortificaciones en honra de las cinco Llagas. Nuestro ramillete espiritual serán las palabras de Isaías: “Nuestros pecados son la causa de sus heridas”.
     
MEDITACIÓN DE LA MAÑANA
         
Postrémonos delante de la Cruz de Nuestro Señor y tributemos nuestros homenajes de adoración, de gratitud y de amor a las llagas de los Pies, a las de las Manos y, sobre todo, a la del divino Costado. ¡Oh! ¡Qué venerables son estas llagas y cuán justo es que nuestros corazones se derritan de amor al contemplarlas! ¡Oh llagas sagradas!, yo no puedo honraros cuanto quisiera; pero os ofrezco los sentimientos piadosos con que os honraron María y San Juan en el descendimiento de la Cruz. Derecho tengo a ello, puesto que, siendo María mi madre y San Juan mi hermano, sus méritos son un bien de familia, del cual puedo disponer en favor mío.
   
PUNTO PRIMERO - NADA MÁS JUSTO QUE LA DEVOCIÓN A LAS CINCO LLAGAS
     
No se miraría como un hombre, sino como un monstruo sin corazón, a un hijo que viera con indiferencia, sin ningún movimiento de compasión, de gratitud y de amor las llagas que hubiera recibido su padre para salvarle de la mayor desgracia y granjearle al mismo tiempo los más grandes bienes. Tal sería, y aún peor, el cristiano que fuera indiferente para con las llagas del Salvador, pues Jesucristo recibió estas llagas sagradas para salvarnos del infierno y abrirnos el Cielo, para ofrecernos en ellas otras tantas fuentes de salvación, de donde podemos sacar gracia, fuerza y consuelos. “¡Oh alma cristiana! —exclama San Buenaventura— ¿Cómo al recuerdo de estas llagas puedes moderar tus ímpetus de amor? El amable Jesús se hace en los pies y en las manos grandes heridas para acogerte en ellas, y ¿Tú no te apresuras a entrar ahí? Se abrió el costado para darte su corazón, y ¿Tú no vas a unirte con él, corazón con corazón?” “En cuanto a mí —continúa el santo doctor— es ahí donde me gusta habitar; es ahí donde quiero hacer tres moradas: la primera, en los pies de mi Jesús; la segunda, en sus manos; la tercera, en su sagrado costado. Es ahí donde quiero tomar mi descanso; ahí velaré, leeré y conversaré”. ¡Oh llagas amabilísimas! Siempre los ojos de mi corazón estarán fijos en vosotras: durante el día, desde la salida del sol hasta su ocaso, y en la noche, tantas veces, cuantas se retire el sueño de mis párpados. Me estaré, sobre todo en la abertura del sagrado costado, para hablar ahí al corazón de mi Maestro y conseguir lo que quiera. “¡Oh Jesús! —Dice en el mismo sentido San Bernardo— vuestro Costado fue abierto para darnos entrada a vuestro Corazón y revelarnos por esta llaga visible la llaga invisible de vuestro amor. Yo aplicaré a ella mis labios y beberé la miel del amor y la unción de los consuelos divinos”. ¿Seremos nosotros los hijos de los santos si, después de tales ejemplos, no tenemos una tierna devoción a las cinco llagas?
       
PUNTO SEGUNDO - GRACIAS PROPIAS DE LA DEVOCIÓN A LAS CINCO LLAGAS
    
El alma encuentra en estas llagas todo lo que es necesario y útil para salvarse. “En ninguna parte he encontrado, dice San Agustín, remedio tan eficaz para todos los males del alma”. “Cualesquiera que sean las enfermedades espirituales, añade San Bernardo, la meditación asidua de las llagas del Salvador es su curación”. Mirarán mis Llagas, dice el mismo Jesucristo por su profeta, y se convertirán. “El Corazón de Jesús es un océano, y sus llagas son los canales por donde corren las aguas de la gracia y de la misericordia”, dice también San Bernardo. En esas llagas es, en efecto, donde se forma la fe viva; ahí es donde se dilata la confianza en Dios, ahí es, sobre todo donde la caridad se enciende como en su verdadera hoguera. A fuerza de considerar el exceso de amor que abrió estas llagas para nosotros, viles criaturas y miserables pecadores, el corazón se enciende todo y no se puede vivir más que de amor. También San Agustín llama a estas sagradas llagas “su refugio en las penas, su asilo en las tribulaciones, su remedio en las enfermedades del alma!”; de ahí sacó Santo Tomás de Aquino toda su ciencia; ahí San Francisco de Asís, a fuerza de meditar en ellas, llegó a ser, por los ardores seráficos de su caridad, un milagro de semejanza con Jesús crucificado; ahí San Buenaventura se llenó del espíritu de piedad que embalsama todos sus escritos; este digno discípulo de San Francisco gastó los pies de su crucifijo a fuerza de besarlos y no cesó de exhortar a todos los fieles a gustar por sí mismos los gozos inefables y la unción de piedad deliciosa que procura la devoción a las llagas sagradas. “Si no podéis, dice la Imitación de Cristo, elevaros a altas contemplaciones, permaneced humildemente en las llagas del Salvador: ahí encontraréis fuerza y consuelo”. ¿Son éstas nuestras disposiciones?

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