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sábado, 12 de septiembre de 2015

VALDENSES A BERGOGLIO: "QUE TU DIOS TE PERDONE, QUE NOSOTROS NO PODEMOS HACERLO"

El día en el que Antipapa Francisco I visitó a los herejes valdenses de Turín, pronunció estas palabras:
“Por parte de la Iglesia católica (sic) les pido perdón. Les pido perdón por las actitudes y los comportamientos no cristianos, incluso no humanos que, en la historia, hemos tenido contra ustedes. En nombre del Señor Jesucristo, ¡perdónenos!”.
 
Incluso, como gesto de hermanamiento, comisionó a Piergiorgio Debernardi ("obispo" de Pinerolo y miembro de la Comisión para el Ecumenismo y el Diálogo de la Conferencia Episcopal Italiana) para enviarle al Sínodo de la Iglesia Metodista Valdense de Turín sus saludos y asegurarles “sus oraciones fervientes rogando que el Señor conceda a todos caminar con sinceridad de corazón hacia una comunión completa”.
  
Pero dos días después, los valdenses publicaron una carta (la traducción está aquí) y su explicación en el semanario protestante RIFORMA donde respondieron «Es el inicio de una nueva historia: perdonar vicariamente en el puesto de las víctimas es imposible, pero se puede en cambio aceptar la voluntad de la Iglesia católica (sic) de disociarse radicalmente del pasado», por respeto a sí mismos, a su fe y a sus antepasados (cosa que Bergoglio, ni Ratzinger ni Wojtyla tuvieron nunca hacia la Fe Católica y a sus innúmeros Mártires y Santos). Ellos afirman que el Sínodo “recibió con profundo respeto y no sin emocion el pedido de perdon [de Francisco Bergoglio]…”, PERO aseveran que estas actuaciones “no nos autorizan a perdonar a los católicos sustituyendo a aquéllos [Valdenses] que sellaron con su sangre y con otros tormentos su testimonio de fe evangélica”. De ello se ahonda en la explicación de la carta:
“…De la frase «Esta nueva situación no nos autoriza a sustituir a cuantos han pagado con sangre y con otros castigos su testimonio de la fe evangélica y perdonarlos en su nombre», algunos diarios han construido sobre ella la trama de una suerte de novela de vaqueros a la italiana, que bien pudiera intitularse Dios perdona, el Sínodo no. Pero quien lea sin prejuicios podrá comprender su real significado: el Sínodo no tiene la autoridad de los mártires, ni sentarse sobre un estrado de juez, desde lo alto del cual proferir palabras a buen precio sobre la sangre de las víctimas y sobre la humildad de quien pide perdón. Si el Papa (sic) pide perdón, con grande valentía, en nombre de su iglesia, nosotros NO PODEMOS IDENTIFICARNOS DIRECTAMENTE CON LOS PERSEGUIDOS. Acoger la petición de perdón significa, de hecho, abrir una nueva página, coniéndonos en conjunto con las otras iglesias, en el signo de la gracia de Dios. Entre otros, l’Avvenire, Enzo Bianchi en La Repubblica, pero especialmente el obispo (sic) de Pinerolo, Piergiorgio De Bernardi, en L’Osservatore Romano, han entendido con precisión la intención del Sínodo en nuestro comunicado...”

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