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viernes, 30 de septiembre de 2016

¿A LAS PUERTAS DEL DIACONADO FEMENINO?

Tomado de CATÓLICOS ALERTA
"Es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia. Las mujeres están formulando cuestiones profundas que debemos afrontar. La Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer y el papel que ésta desempeña. La mujer es imprescindible para la Iglesia. María, una mujer, es más importante que los Obispos. Digo esto porque no hay que confundir la función con la dignidad. Es preciso, por tanto, profundizar más en la figura de la mujer en la Iglesia. Hay que trabajar más para elaborar una teología profunda de la mujer". (Bergoglio)
  
EL 80 POR CIEN DE LOS DEUTEROVATICANOS EUROPEOS Y ESPAÑOLES ACOGERÍAN A MUJERES SACERDOTES 
Noticia tomada del DEIA
 
“¿Podrán las mujeres en un futuro próximo ser ordenadas diáconas o diaconisas?”, se pregunta la teóloga María José Arana. Ella es moderadamente optimista. Tiene motivos para ello por la respuesta que el “Papa” Francisco ofreció el pasado mes de agosto a las 900 religiosas de la Unión Internacional de las Superioras Generales que fueron recibidas por el pontífice en el Vaticano. “¿Por qué marginar del diaconado a la mujer?”, le cuestionaron. “Las mujeres diaconisas son una posibilidad para hoy”, respondió Bergoglio.
 
La promesa más inmediata es que el “Papa” ya ha nombrado una comisión paritaria que debe estudiar el papel de la mujer en la Iglesia romana. “Creo sinceramente que Francisco está más sensibilizado que los papas anteriores; cuando dice que va a hacer una cosa la realiza. Desde el inicio del pontificado ha ido evolucionando para bien”, apunta la teóloga.
 
DE JUSTICIA
Partidaria de que la mujer y el varón tengan la misma igualdad en la Iglesia en tiempos en los que se está proclamando en todos los ámbitos de la vida, le entristece que la jerarquía de la Iglesia no sea consciente de lo que se está perdiendo al infravalorar un capital de altísimo rendimiento. “Tenemos que trabajar para que la igualdad civil que poco a poco se está logrando en la sociedad llegue también al seno de la Iglesia; no es una petición descabellada; es una demanda de justicia social”, recalca.
 
Gran cantidad de jóvenes han abandonado la Iglesia en silencio y no hace falta más que echar una ojeada en cualquier iglesia y parroquia los domingos o festivos para ver la edad de la feligresía. “Parece un geriátrico y los jóvenes que acuden son católicos recalcitrantes próximos a opciones extremistas. Y la cúpula eclesial sin enterarse o van pasando hasta que sea demasiado tarde”, dice con dolor Amaia Mendizabal Ituarte, profesora de Filosofía desde hace más de 30 años en un instituto guipuzcoano y con vocación sacerdotal, pero sin posibilidad de ejercerla como sus compañeros varones. “Con las mujeres puede suceder lo mismo que con la juventud; muchas han dejado la Iglesia sin que las altas jerarquías les ofrezca una salida a sus aspiraciones sacerdotales o ministeriales”, dice ilusionada y también escéptica ante la comisión anunciada por el “Papa” Francisco. “Son muchos años esperando ocupar el puesto que nos merecemos en la Iglesia, porque nosotras también queremos, sabemos y podemos servir como Dios manda”, dice sonriente.
 
En la práctica, muchos domingos en una pequeña iglesia del interior de Guipúzcoa, Amaia ya ejerce como diaconisa. Porque el diácono es en general un hombre soltero o casado, habilitado por la jerarquía para presidir algunas celebraciones. Viene a ser una especie de sacerdocio de tercer grado. “Está capacitado para impartir los sacramentos del bautismo, el matrimonio, pero no le está permitido confesar ni tampoco impartir la extremaunción, y, por supuesto, no puede ejercer la principal función que tienen encomendados los eclesiásticos ordenados: la consagración en eucarística”, explica.
 
Para María José Arana, la feligresía está concienciada sobre la necesidad de abrir la Iglesia a las mujeres en igualdad de condiciones; “actualmente ya son las que están a pie de obra sosteniendo gran parte del servicio religioso. De distintas encuestas hechas hace ya años se desprendía que el 70% de los católicos [sic] en Europa y en el Estado estarían dispuestos a recibir mujeres sacerdotes. A día de hoy el porcentaje ha crecido, sería superior al 80%. A la mayoría de la gente le da igual el tema, el resto estaría a favor y luego un 10% que mete ruido en contra de la posibilidad de que las mujeres puedan ser diáconas o ser ordenadas sacerdotisas”, dice Arana, a la que le cuesta entender esa resistencia tan militante.

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